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Notas del archivo 'África' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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jueves, 4 de septiembre de 2014

Me llamo Suleimán, escrito por Antonio Lozano, es un relato conseguido. El autor, profesor en un instituto de Gran Canaria, lo ha construido a partir de las experiencias de un chico que llegó a su isla en patera y que fue su alumno durante un tiempo.

Suleimán habla, primero, de la pobreza en la que vivía en su país, Malí, y de los deseos suyos y de muchos de llegar a Europa para poder ganar dinero y vivir más dignamente. Con doce años emprende un viaje hasta Marruecos con la intención de llegar a España saltando la valla de Melilla, donde fallecen sus dos amigos. De regreso a su país, después de un viaje no menos duro que el primero, trabaja un tiempo y decide intentarlo de nuevo por mar.

El tono del narrador, que se dirige a un interlocutor que conoceremos al final, es reflexivo y convincente, pues han pasado ya unos años y ya sabe hablar castellano y poner en perspectiva lo vivido. Cuenta con viveza y serenidad las situaciones límite por las que atravesó y no deja de arrepentirse de aquello que cree que hizo mal. Lo que tiene su historia de denuncia, que apunta en distintas direcciones, surge de los hechos con naturalidad y es muy eficaz por el acierto del autor al no elegir un protagonista rencoroso (cosa que podría haber hecho con toda legitimidad).

Antonio Lozano. Me llamo Suleimán (2014). Madrid: Anaya, 2014; 197 pp.; col. El volcán; ISBN: 978-84-678-6093-1. [
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viernes, 6 de diciembre de 2013
 
El frágil vuelo de los pájaros es la primera novela de Christie Watson, una enfermera inglesa casada con un nigeriano. Es una buena historia que pretende descubrir un mundo desconocido para muchos lectores occidentales y concienciarles sobre algunos problemas sociales. De hecho, en el posfacio se dan algunas referencias bibliográficas para obtener más información sobre la situación política que se describe y sobre la práctica de la mutilación genital femenina.

La narradora es Blessing, una mujer que, cuando comienza su relato, tiene doce años, y vive en Lagos con sus padres y su hermano mayor, Ezikiel, de catorce. Todos los privilegios asociados con pertenecer a la clase alta se vienen abajo cuando sus padres se separan y su madre vuelve al pueblo de sus padres, Warri, en el Delta del Niger. Sus vidas cambian de modo drástico pues han de acostumbrarse a vivir sin agua corriente, con frecuencia sin electricidad, y en un entorno a veces muy violento debido, entre otras cosas, a las protestas contra la compañía petrolera cercana. Ezikiel tiene más problemas con su asma y con sus estudios, y acaba siendo tentado por los grupos armados jóvenes que hay en la región; la madre de Blessing encuentra trabajo pero a duras penas consigue dinero para mantenerlos; y Blessing deja de ir al colegio para ser ayudante de Abuela, la partera de la comarca y la gran protagonista de la novela.

Los personajes-mujeres tienen hondura pero no así los hombres nigerianos que son relevantes en la historia. La trama interesa, tanto los aspectos de tipo humano como los más informativos sobre las situaciones que se describen. Entre ellas destacan las que tienen que ver con el aprendizaje de Blessing: la novela contiene un catálogo de toda clase de partos, descritos con detalle y dramatismo. Sobre algunas cuestiones deberían opinar los lectores del lugar: da la impresión de que la autora se ha documentado mucho y bien, pero también parece que algunos enfoques y episodios están pensados y narrados para consumo de occidentales.

En cualquier caso, es un acierto el punto de vista: los lectores acompañan a Blessing en todos sus descubrimientos, en el malestar que siente ante las incomodidades que son nuevas para ella, en las sorpresas que se va llevando, en las numerosas preguntas que se hace a sí misma y para las que, al menos inicialmente, no encuentra respuestas. En este sentido la novela sirve para ensanchar la mente de los lectores y hacerles pensar en qué piensan los personajes y por qué motivos razonan o reaccionan como lo hacen.

Un ejemplo, especialmente bueno, se da cuando la segunda y alocada mujer del no menos alocado abuelo de Blessing tiene gemelos y, después del parto, dice:
«—No mereció la pena —repitió.
Imaginé a mamá mirándome después de nacer, qué habría dicho.
—No hables así —dijo Abuela—. Incluso los oídos pequeños pueden oírte. Estos hijos son pedazos de tu propia alma que se han desprendido. Ahora estás dividida en tres, Celestine. Si les haces daño, te harás daño a ti misma —Abuela dijo las palabras con mucha rapidez, no estaba segura de haberlas oído bien—. Tu alma está dividida —continuó—. Por eso dar a luz duele tanto.
A veces me preguntaba si Abuela lo sabía todo».

Christie Watson. El frágil vuelo de los pájaros (Tiny sunbirds, far away, 2011). Madrid: Alevosía, 2013; 363 pp.; trad. de Dora Sales; ISBN: 978-84-15608-51-6.

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jueves, 5 de diciembre de 2013

Una excelente novelita, (creo que) no traducida: The Mzungu Boy, del escritor keniano Meja Mwangi. Su protagonista es un niño y tiene lugar en los años cincuenta cuando, en los alrededores de su pueblo, los guerrilleros mau-mau combatían contra el gobierno y los terratenientes blancos. El relato tiene toda la tensión de un buen relato de aventuras y de crecimiento, pero también un enfoque ponderado y prudente de las cuestiones difíciles que son su telón de fondo.

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jueves, 23 de febrero de 2012

Además de las citadas semanas atrás, una novela reciente de Alexander McCall Smith sobre Mma Ramotswe es Un marido bueno, un buen marido. Como las anteriores, sus protagonistas hacen frente a varios casos: tres extrañas muertes en la unidad de cuidados intensivos de un hospital; una mujer que quiere saber a dónde va su marido después del trabajo; quién es el responsable de los robos en una imprenta. Además, el marido de mma Ramotswe, el señor Matekoni, quiere ser también detective; su ayudante, mma Makutsi, piensa que ha llegado el momento de tener otro empleo y se despide; un aprendiz del taller del señor Matekoni quiere montar un negocio por su cuenta y también se marcha.

Los casos detectivescos, que tiran del lector hacia delante y dan continuidad a la historia, sirven para vayan perfilándose cada vez más los personajes, para poder presentar momentos de buen humor, escenas emotivas, algunas estupendas descripciones de la sabana, observaciones acerca de la vida en Botsuana y en África, y muchas consideraciones llenas de sentido común. Casi todas ellas ironizan amablemente sobre las formas de vida occidentales al contrastarlas con los enfoques de los personajes. Un ejemplo se ve cuando mma Makutsi piensa que «había dejado su empleo para ganar en calidad de vida. Era el tema estrella del momento: la calidad de vida. Bien, en ésas estaba ahora ella, y sólo podía confiar en que la supuesta calidad de vida fuese la calidad debida».

Otros tienen que ver con las relaciones entre sexos. Así, el señor Matekoni piensa que «hoy en día las mujeres tenían a su disposición revistas donde salían esos hombres fascinantes, de miradas atractivas y luminosas, posando con mujeres sonrientes, todos como si se lo estuvieran pasando la mar de bien», y reflexiona que un marido como él «podía tratar de ser moderno —y lograrlo, hasta cierto punto—, pero eso de ser fascinante le parecía mucho más complicado».  En otra ocasión, cuenta el narrador cómo, «en este mundo, pensaba Mma Ramotswe, había sitio para cosas hechas por hombres y cosas hechas por mujeres; a veces los papeles eran intercambiables, pero no siempre. Tanto en un sentido como en el otro, por supuesto».

Alexander McCall Smith. Un marido bueno, un buen marido (The Good Husband of Zebra Drive, 2007). Madrid: Suma de Letras, 2011; 313 pp.; Smith; trad. de Luis Murillo Fort; ISBN: 978-84-8365-107-0.

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jueves, 19 de enero de 2012

Un buen consejo de una lectora de la página me llevó hace unos meses a leer varios libros de Alexander McCall Smith, un escocés que nació y pasó su infancia en Zimbaue (antigua Rodesia), protagonizados por Precious Ramotswe: La primera detective de Botsuana, Las lágrimas de la jirafa, Zapatitos azules y felicidad. Hay más pero, de momento, no los conozco.

El primero cuenta quién es la protagonista, una mujer de unos 35 años «de complexión tradicional» que monta la primera agencia de detectives de su país y, al hilo de casos a los que va enfrentándose, habla de su vida pasada —su infancia y juventud con su padre, Obed, ya fallecido; sus primeras experiencias profesionales como contable de una empresa; su desgraciado primer matrimonio con un trompetista y el dolor que le dejó el fallecimiento de su bebé recién nacido—. En el siguiente ocurren nuevos incidentes y, tal como se veía en el primero, se anuncia su futuro matrimonio con J. L. B. Matekoni, el competente y bondadoso jefe del taller mecánico Speedy Motors. En el tercero ya están casados y coge más protagonismo mma Makutsi, la que al principio era una celosa secretaria y ahora es ya detective adjunta.

Son narraciones ágiles y divertidas, amables y llenas de humanidad, con mucha información sobre las costumbres y formas de vida locales. En ellas se suceden y entrelazan pequeñas intrigas detectivescas sobre cuestiones distintas: un niño que desaparece, un doctor que a veces actúa bien y otras mal, una mujer que desconfía de su marido, otra que pensaba que su padre había desaparecido pero un día se presentó en su casa, etc. Las cosas se suelen ver desde la perspectiva de mma Ramotswe, pero hay momentos en los que se sigue el curso de los pensamientos de otros personajes. Esto le sirve al narrador para mostrar el orgullo nacional local, el dolor por los sufrimientos de África, las críticas contra la forma de conducir de sus vecinos sudafricanos, el deterioro de la tradicional buena educación africana junto con lamentos sobre que los jóvenes no son tan considerados como antes, etc. También hay quejas equilibradas de los males propios de África: en el primer libro se indica que la gran tradición africana de ayudar a la familia, tan positiva, también da facilidades a caraduras y parásitos, la clase de «gente que arruinaba el sistema, pensó mma Ramotswe, la que desprestigiaba las viejas costumbres»; o se comenta el temor a las brujerías: dice el señor Matekoni que «no nos gusta hablar de ello», pero «es de lo que más nos avergonzamos los africanos. Sabemos lo que ocurre, pero hacemos la vista gorda. Sabemos perfectamente qué pasa con los niños desaparecidos. Perfectamente».

Hay muchos momentos hilarantes. Unos son debidos a la resistencia de los hombres a realizar tareas que la mujer ha desempeñado tradicionalmente. Así, en Zapatitos azules y felicidad, un comerciante, Phuti Radiphuti, le pregunta a su futura esposa, mma Makutsi, si es feminista, y cuando ella le dice que naturalmente que lo es, el narrador nos dice los pensamientos del novio: «Había imaginado un futuro de ternura y de cuidados mutuos, pero ahora lo veía más como un futuro de griterío y conflictos». Otros toman la forma de diálogos incisivos entre mujeres como, por ejemplo, un coloquio entre mma Ramotswe y mma Makutsi, cuando esta se encapricha de unos zapatos puntiagudos y mma Ramotswe, como quien no quiere la cosa, le dice: «Pero, que yo sepa, nadie tiene los pies puntiagudos —objetó Mma Ramotswe—. Si tuviéramos los pies en punta, en lugar de cinco dedos tendríamos sólo uno. —Hizo una pausa, dudando del efecto de su observación—. Bueno, será que esos zapatos están pensados para personas con un solo dedo, y no cinco. Zapatos ortopédicos o algo así».

Alexander McCall Smith. La primera detective de Botsuana (The No.1 Ladies’ Detective Agency, 1998). Barcelona: Umbriel, 2003; 216 pp.; trad. de Marta Torent López de Lamadrid; ISBN: 84-95618-38-9. Nueva edición en Punto de Lectura, 2008; 272 pp.; ISBN-13: 978-8466321921.
Alexander McCall Smith. Las lágrimas de la jirafa (Tears of the Giraffe, 2000). Barcelona: Umbriel, 2004; 198 pp.; trad. de Marta Torent López de Lamadrid; ISBN: 84-95618-39-7.
Alexander McCall Smith. Zapatitos azules y felicidad (Blue Shoes and Happiness, 2008). Madrid: Suma de letras, 2009; 305 pp.; trad. de Luis Murillo Fort; ISBN: 978-84-8365-092-9.

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viernes, 2 de diciembre de 2011

Eslabones,
de Nuruddin Farah (1945-), un escritor somalí con una larga trayectoria, es una novela centrada en Jeebleh, un profesor de Universidad norteamericano de origen somalí que, dejando a su mujer e hijas en Nueva York, vuelve a su país, por primera vez después de veinte años, justo cuando hay guerra civil en Mogadiscio y poco después de la desgraciada intervención de los Estados Unidos en ella. Los motivos para el viaje son varios: desea conocer cómo fueron los últimos momentos de la vida de su madre y dónde fue enterrada; desea hacer las paces con su viejo amigo Bile, cuya sobrina ha sido secuestrada; y también se plantea matar a su hermanastro Calossha, un poderoso y repulsivo jefe de la guerra en ese momento.

La narración tiene fuerza, el hilo argumental interesa y las descripciones ambientales sobrecogen; los personajes malvados o, sencillamente, desquiciados, resultan inquietantes; el mundo interior del protagonista está bien dibujado, aunque resulta sobrecargado, pues tanto él como sus amigos Bile y el norirlandés Seamus, fueron compañeros cuando estudiaban sus carreras universitarias en Europa y eso añade un peso intelectual excesivo a las conversaciones. Por otra parte, las consideraciones que van haciendo distintos personajes sobre la intervención, primero de paz y luego de guerra, de Estados Unidos en Somalia parecen acertadas.

Los defectos de la novela son que contiene muchos pormenores descriptivos que no aportan nada; sueños o parábolas alegorizantes que cansan al lector y quitan vigor a la narración; imágenes artificiales desafortunadas que parecen pensadas para el consumo de lectores occidentales —«más contento que un yuppie celebrando su primera fiesta como anfitrión en su casa nueva»—; y no pocos momentos muy enfáticos, en especial los que se refieren a Raasta, la sobrina de Bile, una «una niña milagrosa» que «cuando vino al mundo ya había madurado plenamente». Luego, la novela tiene cinco partes y cada una se inicia con una cita del Infierno, de Dante: tal vez una lectura más cuidadosa de todas ellas, o un experto en el escritor italiano, puedan descubrir más ecos en la novela, aparte de que la Somalia en la que se adentra el protagonista sea un mundo laberíntico y amenazante.

Nuruddin Farah. Eslabones (Links, 2004). Madrid: Siruela, 2011; 416 pp.; col. Nuevos Tiempos; trad. de Miguel Martínez-Lage con la colaboración de Eugenia Vázquez Nacarino; ISBN: 978-84-9841-434-9.

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miércoles, 23 de noviembre de 2011

Un relato cuya protagonista es una una niña europea en Kenia: El león, de Joseph Kessel. Tanto las descripciones ambientales como el núcleo del conflicto, llamémosle «choque cultural», tienen mucha intensidad.

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miércoles, 22 de junio de 2011

Otro autor nigeriano con obras infantiles no traducidas al castellano: Cyprian Odiatu Ekwensi. De él yo conozco The Drummer Boy (1991), un relato sobre un chico ciego, con un don particular para la música, que recorre pueblos de su país alegrando la vida a los demás y, también, de problema en problema.

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miércoles, 15 de junio de 2011

Creo que no se han traducido al castellano los libros infantiles de Chinua Achebe. Yo sólo he leído Chike and the River, una buena novelita corta de los años sesenta, que dibuja un protagonista creíble que acaba metiéndose en líos, pinta un mundo que su autor conoce bien de primera mano, y engancha el interés del lector desde el comienzo.

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jueves, 4 de noviembre de 2010

El mundo incierto de Vikran Lall,
de M.G. Vassanji, una novela construida para narrar la transformación poscolonial de Kenia, tiene a su favor unos personajes que atraen, un ritmo que no flaquea, y que cuenta bien cosas muy interesantes.

El narrador, un keniano de origen indio que ha sido calificado como el hombre más corrupto del país, recuerda su vida desde Canadá, donde vive oculto. Alternando el pasado con algunas escenas del presente, habla de su infancia y adolescencia, en el pueblo de Nakuru, donde tuvo como compañeros de juegos a su hermana Deepa, a Njoroge, un chico kikuyo que vivía con su abuelo, y a dos chicos ingleses; y donde vio la violencia salvaje de los Mau Mau contra los blancos y adivinó complicidades que nunca comentó con nadie. Habla después de su juventud, cuando ya toda su familia vivía en Nairobi, él fue a la universidad y su hermana se enamoró de su antiguo amigo de la infancia, Njoroge, relación que rechazaba su familia. Se centra luego en su vida profesional como intermediario y hombre de negocios de gran peso, debido a su eficacia y, sobre todo, a su relación privilegiada con Jomo Kenyata.

Lo mejor de la historia es el marco: la pintura colorista de un mundo en transformación y, por momentos, lleno de tensión; en particular se describen especialmente bien las dificultades de arraigo de la comunidad india. El narrador merece un sobresaliente por su claridad: por cómo salva las dificultades para guiar al lector a través de tantos grupos sociales tan diversos. En el debe de la novela se ha de cargar el esquematismo de algunos personajes; que las escenas que cuentan los tejemanejes para el enriquecimiento brutal de algunos personajes quedan un tanto diluidas; y que algunos pasos de la historia, en especial el desenlace, no resultan del todo convincentes.

En cualquier caso, las cualidades de la novela son muchas y, además, termina yendo al núcleo del problema: «Para mí el mundo era como era; distaba mucho de la perfección y no me correspondía a mí cambiarlo. Por tanto, evitaba hacer juicios morales, y eso se convirtió en el secreto de mi éxito». En otro momento dice que sí, que amasó una fortuna de cientos de millones y que por eso «debe de parecer que he hecho algo malo. Pero ése también es un juicio fácil. Pregunto: ¿habría cambiado algo si hubiera rechazado el fortuito papel que me ofrecieron? No cabe duda de que otro habría ocupado mi lugar. El juego del dinero requiere la presencia de alguien como yo, un elemento neutral que facilite las gestiones».

M. G. Vassanji. El mundo incierto de Vikram Lall (The In-Between World of Vikram Lall, 2003). Barcelona: Salamandra, 2006; 445 pp.; col. Narrativa; trad. de Gemma Rovira Ortega; ISBN: 84-9838-029-4. Otra edición en Quinteto Bolsillo, 2008; 448 pp.; ISBN 13: 978-84-9711-080-8.

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jueves, 14 de octubre de 2010

Abela entre dos mundos,
de Berlie Doherty, es un relato intenso, que sin embargo se ve deslucido por algunos toques de poca verosimilitud narrativa, entre los que se cuentan algunas puntadas anticatólicas que son innecesarias para lo que se cuenta. Igual que otros libros que ya conocía de la autora, este tiene personajes bien caracterizados y está estructurado alternando puntos de vista de distintos actores del drama.

En Sheffield vive Rosa, de unos trece años, con su madre: aunque teme la llegada de una hermana o hermano adoptivo, como su madre le anuncia, le dan a ella la última palabra en la cuestión. Abela, de unos diez años, vive al principio en Tanzania, la envían luego a Inglaterra de una manera extraña, y pasa por varios lugares no muy acogedores antes de acabar en casa de Rosa. Todo se narra o en primera persona o en tercera persona pero desde dentro de Rosa y Abela.

Lo mejor es lo bien que se describen los ambientes y personajes ingleses, así como las circunstancias que rodean el proceso de adopción de un niño. Luego, sin duda, tiene mucho gancho el personaje de Abela, una niña valiente, y su historia es conmovedora. Pero, como ya dije en Filtros mentales europeos, no puedo evitar la desconfianza cuando un escritor occidental me cuenta lo que piensa y siente un niño africano (o, en general, de una cultura tan distinta de la suya). También chirrían algunas afirmaciones literaturizadas en boca de personajes niños, por ejemplo, cuando Abela dice cosas como que «puedo correr bajo el sol inclemente de África. Mis pies pertenecen a la tierra, forman parte de ella».

Y, en relación al sesgo que apunto arriba, lo más destacado es que resultan injustos y no están justificados por las necesidades del relato, los acentos del capítulo inicial sobre un sacerdote que dice misa en el poblado de Abela: es como si se quisiera provocar rechazo hacia su figura y hacia lo que hace. 

Berlie Doherty. Abela entre dos mundos (Abela, The Girl Who Saw Lions, 2007). Barcelona: Salamandra, 2010; 192 pp.; trad. de Máximo González Lavarello; ISBN: 978-84-9838-285-3.

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viernes, 5 de junio de 2009

Un libro encontrado sin buscarlo y sin conocerlo de nada en los estantes de una librería y que resulta toda una revelación: Tú di que eres uno de ellos, el primer libro de de Uwem Akpan, un escritor nigeriano, sacerdote jesuita desde 2003, que posee un máster en escritura creativa por una universidad norteamericana y es actualmente profesor en un seminario en Zimbabue. Son cinco relatos que se caracterizan por tener niños en el centro de sus tramas y por ser de una enorme dureza. Algunos fueron publicados antes en The New Yorker.

«Festín de Navidad» se desarrolla en Nairobi: el narrador es un chico de doce años que, años después, habla de que los pocos ingresos en su casa los traía su hermana mayor, adolescente y prostituta en la calle, y de ellos dependían sus futuros estudios. En «Engordar para ir a Gabón» también cuenta las cosas un chico de diez años que, junto con su hermana pequeña, y debido a que sus padres han fallecido de SIDA, vive con su tío y descubre que planea venderlos como esclavos. En «Qué lenguaje es ese», dos niñas etíopes de clase alta, muy amigas, son obligadas por sus familias a no volver a tener relación entre sí pues una es cristiana y la otra musulmana. En «Coches fúnebres de lujo», situado durante la guerra civil en Nigeria, un chico musulmán de padre cristiano huye hacia el sur en un autobús donde intenta que nadie vea que su mano está cortada. En «La habitación de mis padres», que se desarrolla en Ruanda, la narradora es una niña de nueve años hija de un hutu y una tutsi, que cuenta lo que pasa y no comprende cuando la persecución se desencadena y su madre le pide que cuide de su hermano pequeño Jean.

El autor narra con claridad, con viveza en los diálogos y sobriedad en las descripciones ambientales. No es morboso cuando ha de contar los momentos más críticos y, al mismo tiempo, no intenta suavizar sus explosivas historias lo más mínimo. Se ve que tiene la voluntad de presentar situaciones vitales extremas, tal como son o como fueron para mucha gente, pero es cuidadoso para no echar las culpas a nadie de modo simplificado. No parece tampoco que pretenda obtener conclusiones sino, más bien, dar voz a los niños y dejar que hablen al lector los mismos hechos que cuenta y los finales sin anestesia en los que se acaba la infancia de sus protagonistas.

Uwem Akpan. Tú di que eres uno de ellos (Say you’re one of them, 2008). Madrid: El tercer nombre, 2009; 379 pp.; trad. de María Alonso del Yerro; ISBN: 978-84-96693-53-1.

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viernes, 7 de noviembre de 2008

Mi vida en la Maleza de los Fantasmas,
del nigeriano Amos Tutuola (1920-1987), es un relato de hace ya varias décadas que está basado en cuentos populares yorubas. Aunque sea literariamente tosco resulta por otros conceptos muy interesante. El narrador es un niño que, cuando los soldados invaden su poblado y su hermano mayor y él huyen, se oculta en la selva y allí tiene que hacer frente a los fantasmas que le acechan y sufrir toda clase de transformaciones. La historia tiene acentos delirantes y pesadillescos: el animismo y toda su colección de muertos vivientes y espíritus con poderes mágicos pueblan un mundo que no es tranquilizador precisamente. En el origen oral de este relato de Tutuola, como de tantas narraciones africanas, está su fuerza y su capacidad de llegar al lector, pero también su debilidad literaria, que la traductora señala en una breve nota inicial. El autor de la introducción habla del valor antropológico del libro, pero parece que desea distanciarse de interpretaciones abusivas cuando dice que los psicólogos lo apreciarán, «especialmente los que siguen las enseñanzas de Jung sobre la mitología y los arquetipos del inconsciente», y los que presten atención a «la morbosa fascinación por la suciedad, la sangre, las serpientes, los insectos, los olores, la fealdad, la deformidad, la desproporción y todo lo que es grotesco», que se ven en él.

Amos Tutuola. Mi vida en la Maleza de los Fantasmas (My Life in the Bush of Ghosts, 1954). Madrid: Siruela, 2008; 198 pp.; col. Nuevos Tiempos; trad. de Maribel de Juan; introd. de Geoffrey Parrinder; ISBN: 84-7844-028-3.

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viernes, 31 de octubre de 2008

La ira del fuego
continúa la historia de Sofia, niña en El secreto del fuego y adolescente en Jugar con fuego. Esta vez Sofia está casada con Armando y ya tiene tres hijos pequeños, Leonardo, Maria y Rosa. Armando trabaja en un taller mecánico en la ciudad y vuelve al pueblo los fines de semana. Todo cambia dramáticamente cuando Sofia descubre y confirma que Armando la está engañando con otra mujer.

En conjunto, la trilogía compone un intento elogiable de mostrar la dureza de algunas vidas en África. Esta tercera novela me ha gustado porque tiene fuerza documental: las cosas se cuentan bien y de modo convincente, en tercera persona pero desde dentro de Sofia, que acaba siendo un personaje bien perfilado a partir de sus actuaciones.

Alguna vez, sin embargo, el autor deja los acentos narrativos y entra en el interior de la protagonista para formular pensamientos que, al menos a mis oídos, suenan totalmente primermundistas, y no tanto en su contenido como en su formulación. Es el caso de cuando, al final, se dice que Sofia «hablaba también con las estrellas, con Rosa y Maria [sus hermanas fallecidas], con la señora Muazena [también fallecida]. Pero nadie tenía respuestas. Comprendió que sólo ella podía encontrar la respuesta, si es que la había. “Quizá lo que está ocurriendo justo ahora me enseña lo que implica hacerse mayor”, pensó. “Comprender que hay preguntas que no tienen respuestas evidentes. Que hay que darse las respuestas que uno mismo considere”».

Henning Mankell. La ira del fuego (Eldens vrede, 2007). Madrid: Siruela, 2008; 168 pp.; col. Las tres edades; trad. de Pontus Sánchez Giménez y María Teresa Giménez González; ISBN 13: 978-84-9841-159-1.

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viernes, 16 de mayo de 2008

A raíz de un comentario sobre una novelita de Henning MankellFiltros mentales europeos—, una lectora de la web me habló de Aké. Los años de la niñez, unas memorias infantiles de Wole Soyinka. Apoyo la recomendación: es fascinante la visión del mundo del pequeño protagonista, tanto aquellos aspectos propios de quien está creciendo y todo lo ve como nuevo, como los que reflejan las muchas peculiaridades de su entorno familiar y vecinal. Eso sí, el libro no está en el mercado y ha de buscarse en bibliotecas.

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miércoles, 26 de marzo de 2008

Un amigo me recomendó tiempo atrás Un ángel, probablemente, de Milo Milani, un relato con un cierto parecido a El secreto del fuego, de Henning Mankell. Es menos intenso y más blando pero cumple sus propósitos.

El protagonista es un ingeniero italiano que, siendo niño, sufrió las consecuencias de la guerra mundial. Se instala en un imaginario país africano y allí organiza las cosas para recoger a niños heridos o abandonados a causa de la guerra que asola el país, hasta que un día llegan soldados...

La narración está estructurada en capítulos cortos y contada en tercera persona. Los acentos son explicativos y amables aunque la dureza de lo que se narra es patente: el autor parece que trata de conmover sin golpear. En conjunto es un buen intento de transmitir la dureza de las vidas de los niños que se ven afectados por tantas guerras en África; es un elogio a quienes sacrifican sus comodidades para prestar ayuda, y un reconocimiento también de que, al final, siempre hace falta «un algo más» para que todo salga bien.

Mino Milani. Un ángel, probablemente (Un angelo, probabilmente, 2004). Barcelona: Vicens Vives, 2007, 1ª reimpr.; 124 pp.; col. Cucaña; ilust. de Gianni de Conno; trad. de Elena del Amo; ISBN: 978-84-316-0975-7.

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viernes, 14 de diciembre de 2007

Así como El secreto del fuego me pareció excelente, no puedo decir lo mismo de Jugar con fuego, relato en el que Henning Mankell continúa la historia de la misma protagonista. Esta vez, Sofia habla de sus deseos amorosos, del SIDA que contrae su hermana, del hombre llamado Bastardo que quiere quitarles las tierras, de lo que piensa sobre distintas cosas. El relato tiene tramos buenos y escenas conseguidas, pero, en mi opinión, no sólo le falta solidez sino que incluso sus buenas intenciones lo hacen artificioso.

Sin entrar en detalles lo explicaría del siguiente modo: confío en Mankell cuando cuenta las andanzas y los problemas existenciales de un policía sueco como Kurt Wallander; también cuando muestra los conflictos interiores de un niño sueco de los años cincuenta y no intenta ser más poético de la cuenta; también cuando usa sus cualidades de narrador, como en El secreto del fuego, y muestra de modo contenido el sufrimiento interior de la protagonista. Sin embargo, para entrar a fondo en los pensamientos y ansiedades de personas de culturas y ambientes muy distintos al propio, pienso que es preferible acudir a quien conoce las cosas de primera mano, y que además no contempla la realidad con los filtros europeos típicos de la condescendencia o de la ideología o del pensamiento dominante. Desgraciadamente no son muchos los escritores africanos que conozco, pero algunos sí: ya he incluido a la keniana Margaret Ogola y El río y la fuente, al sudafricano Alan Paton y Llanto por la tierra amada; y hoy añado al guineano Camara Laye y El niño africano.

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miércoles, 31 de octubre de 2007

Me ha gustado El secreto del fuego, de Henning Mankell. Si a Comedia infantil, otra novelita del autor sobre una banda de niños mozambiqueños, le faltaban ritmo y equilibrio, no es así en esta historia que, además, tiene una protagonista convincente y conmovedora.

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miércoles, 16 de agosto de 2006

Me han parecido muy sabrosos, también por ser diferentes a los libros infantiles y juveniles habituales, los relatos de Hermann Schulz titulados Río abajo y Si un león te pregunta la hora, publicado hace un año pero anterior cronológicamente al primero.

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jueves, 27 de abril de 2006

Cuando en su momento leí reseñas de Corazón kikuyu, de Stefanie Zweig, no me hice cargo (quizá porque las leí muy rápido), de que se trataba de un relato extraordinario y, en mi lista de libros a ir leyendo, fue quedado relegada una y otra vez... Pero fue un gran error y esta nota pretende remediarlo: es una historia magnífica, bien contada, que transmite a la vez entusiasmo y dolor, y un genuino amor por África.

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viernes, 9 de septiembre de 2005

Dentro de la literatura juvenil abundan novelas escritas por periodistas o escritores que van a lugares lejanos y, con lo que averiguan y se inventan, venden aquí luego su historia. Son mucho mejores, por supuesto, los buenos relatos escritos desde dentro del propio ambiente y, si hablamos de literatura, conviene siempre buscar los libros de referencia del lugar, que al fin y al cabo son luego los más universales. En ese caso está El río y la fuente. Cuatro historias de mujer en Kenia, de Margaret Ogola, un libro sobre madres e hijas que atrapa el corazón y que descubre panoramas nuevos.

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miércoles, 10 de agosto de 2005

Una novela que, como La cabaña del tío Tom de Harriet Beecher-Stowe a lo largo del siglo XIX, causó un enorme impacto emocional en muchos millones de personas a principios de la segunda mitad del XX y marcó un antes y un después, fue Llanto por la tierra amada, de Alan Paton. Es un relato poderoso con inolvidables personajes que merece la pena conocer..., aunque cueste un poco de trabajo encontrarlo pues ahora mismo no está en el mercado.

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