viernes, 5 de junio de 2009
Un libro encontrado sin buscarlo y sin conocerlo de nada en los estantes de una librería y que resulta toda una revelación: Tú di que eres uno de ellos, el primer libro de de Uwem Akpan, un escritor nigeriano, sacerdote jesuita desde 2003, que posee un máster en escritura creativa por una universidad norteamericana y es actualmente profesor en un seminario en Zimbabue. Son cinco relatos que se caracterizan por tener niños en el centro de sus tramas y por ser de una enorme dureza. Algunos fueron publicados antes en The New Yorker.
«Festín de Navidad» se desarrolla en Nairobi: el narrador es un chico de doce años que, años después, habla de que los pocos ingresos en su casa los traía su hermana mayor, adolescente y prostituta en la calle, y de ellos dependían sus futuros estudios. En «Engordar para ir a Gabón» también cuenta las cosas un chico de diez años que, junto con su hermana pequeña, y debido a que sus padres han fallecido de SIDA, vive con su tío y descubre que planea venderlos como esclavos. En «Qué lenguaje es ese», dos niñas etíopes de clase alta, muy amigas, son obligadas por sus familias a no volver a tener relación entre sí pues una es cristiana y la otra musulmana. En «Coches fúnebres de lujo», situado durante la guerra civil en Nigeria, un chico musulmán de padre cristiano huye hacia el sur en un autobús donde intenta que nadie vea que su mano está cortada. En «La habitación de mis padres», que se desarrolla en Ruanda, la narradora es una niña de nueve años hija de un hutu y una tutsi, que cuenta lo que pasa y no comprende cuando la persecución se desencadena y su madre le pide que cuide de su hermano pequeño Jean.
El autor narra con claridad, con viveza en los diálogos y sobriedad en las descripciones ambientales. No es morboso cuando ha de contar los momentos más críticos y, al mismo tiempo, no intenta suavizar sus explosivas historias lo más mínimo. Se ve que tiene la voluntad de presentar situaciones vitales extremas, tal como son o como fueron para mucha gente, pero es cuidadoso para no echar las culpas a nadie de modo simplificado. No parece tampoco que pretenda obtener conclusiones sino, más bien, dar voz a los niños y dejar que hablen al lector los mismos hechos que cuenta y los finales sin anestesia en los que se acaba la infancia de sus protagonistas.
Uwem Akpan. Tú di que eres uno de ellos (Say you’re one of them, 2008). Madrid: El tercer nombre, 2009; 379 pp.; trad. de María Alonso del Yerro; ISBN: 978-84-96693-53-1.
viernes, 7 de noviembre de 2008
Mi vida en la Maleza de los Fantasmas, del nigeriano Amos Tutuola (1920-1987), es un relato de hace ya varias décadas que está basado en cuentos populares yorubas. Aunque sea literariamente tosco resulta por otros conceptos muy interesante. El narrador es un niño que, cuando los soldados invaden su poblado y su hermano mayor y él huyen, se oculta en la selva y allí tiene que hacer frente a los fantasmas que le acechan y sufrir toda clase de transformaciones. La historia tiene acentos delirantes y pesadillescos: el animismo y toda su colección de muertos vivientes y espíritus con poderes mágicos pueblan un mundo que no es tranquilizador precisamente. En el origen oral de este relato de Tutuola, como de tantas narraciones africanas, está su fuerza y su capacidad de llegar al lector, pero también su debilidad literaria, que la traductora señala en una breve nota inicial. El autor de la introducción habla del valor antropológico del libro, pero parece que desea distanciarse de interpretaciones abusivas cuando dice que los psicólogos lo apreciarán, «especialmente los que siguen las enseñanzas de Jung sobre la mitología y los arquetipos del inconsciente», y los que presten atención a «la morbosa fascinación por la suciedad, la sangre, las serpientes, los insectos, los olores, la fealdad, la deformidad, la desproporción y todo lo que es grotesco», que se ven en él.
Amos Tutuola. Mi vida en la Maleza de los Fantasmas (My Life in the Bush of Ghosts, 1954). Madrid: Siruela, 2008; 198 pp.; col. Nuevos Tiempos; trad. de Maribel de Juan; introd. de Geoffrey Parrinder; ISBN: 84-7844-028-3.
viernes, 31 de octubre de 2008
La ira del fuego continúa la historia de Sofia, niña en
El secreto del fuego y adolescente en
Jugar con fuego.
Esta vez Sofia está casada con Armando y ya tiene tres hijos pequeños, Leonardo, Maria y Rosa. Armando trabaja en un taller mecánico en la ciudad y vuelve al pueblo los fines de semana. Todo cambia dramáticamente cuando Sofia descubre y confirma que Armando la está engañando con otra mujer.
En conjunto, la trilogía compone un intento elogiable de mostrar la dureza de algunas vidas en África. Esta tercera novela me ha gustado porque tiene fuerza documental: las cosas se cuentan bien y de modo convincente, en tercera persona pero desde dentro de Sofia, que acaba siendo un personaje bien perfilado a partir de sus actuaciones.
Alguna vez, sin embargo, el autor deja los acentos narrativos y entra en el interior de la protagonista para formular pensamientos que, al menos a mis oídos, suenan totalmente primermundistas, y no tanto en su contenido como en su formulación. Es el caso de cuando, al final, se dice que Sofia «hablaba también con las estrellas, con Rosa y Maria [sus hermanas fallecidas], con la señora Muazena [también fallecida]. Pero nadie tenía respuestas. Comprendió que sólo ella podía encontrar la respuesta, si es que la había. “Quizá lo que está ocurriendo justo ahora me enseña lo que implica hacerse mayor”, pensó. “Comprender que hay preguntas que no tienen respuestas evidentes. Que hay que darse las respuestas que uno mismo considere”».
Henning Mankell. La ira del fuego (Eldens vrede, 2007). Madrid: Siruela, 2008; 168 pp.; col. Las tres edades; trad. de Pontus Sánchez Giménez y María Teresa Giménez González; ISBN 13: 978-84-9841-159-1.
viernes, 16 de mayo de 2008
A raíz de un comentario sobre una novelita de
Henning Mankell —
Filtros mentales europeos—, una lectora de la web me habló de
Aké. Los años de la niñez, unas memorias infantiles de
Wole Soyinka. Apoyo la recomendación: es fascinante la visión del mundo del pequeño protagonista, tanto aquellos aspectos propios de quien está creciendo y todo lo ve como nuevo, como los que reflejan las muchas peculiaridades de su entorno familiar y vecinal. Eso sí, el libro no está en el mercado y ha de buscarse en bibliotecas.
miércoles, 26 de marzo de 2008
Un amigo me recomendó tiempo atrás
Un ángel, probablemente, de
Milo Milani, un relato con un cierto parecido a
El secreto del fuego, de
Henning Mankell. Es menos intenso y más blando pero cumple sus propósitos.
El protagonista es un ingeniero italiano que, siendo niño, sufrió las consecuencias de la guerra mundial. Se instala en un imaginario país africano y allí organiza las cosas para recoger a niños heridos o abandonados a causa de la guerra que asola el país, hasta que un día llegan soldados...
La narración está estructurada en capítulos cortos y contada en tercera persona. Los acentos son explicativos y amables aunque la dureza de lo que se narra es patente: el autor parece que trata de conmover sin golpear. En conjunto es un buen intento de transmitir la dureza de las vidas de los niños que se ven afectados por tantas guerras en África; es un elogio a quienes sacrifican sus comodidades para prestar ayuda, y un reconocimiento también de que, al final, siempre hace falta «un algo más» para que todo salga bien.
Mino Milani. Un ángel, probablemente (Un angelo, probabilmente, 2004). Barcelona: Vicens Vives, 2007, 1ª reimpr.; 124 pp.; col. Cucaña; ilust. de Gianni de Conno; trad. de Elena del Amo; ISBN: 978-84-316-0975-7.
viernes, 14 de diciembre de 2007
Así como
El secreto del fuego me pareció excelente, no puedo decir lo mismo de
Jugar con fuego, relato en el que
Henning Mankell continúa la historia de la misma protagonista. Esta vez, Sofia habla de sus deseos amorosos, del SIDA que contrae su hermana, del hombre llamado Bastardo que quiere quitarles las tierras, de lo que piensa sobre distintas cosas. El relato tiene tramos buenos y escenas conseguidas, pero, en mi opinión, no sólo le falta solidez sino que incluso sus buenas intenciones lo hacen artificioso.
Sin entrar en detalles lo explicaría del siguiente modo: confío en Mankell cuando cuenta las andanzas y los problemas existenciales de un policía sueco como Kurt Wallander; también cuando muestra los conflictos interiores de un niño sueco de los años cincuenta y no intenta ser más poético de la cuenta; también cuando usa sus cualidades de narrador, como en
El secreto del fuego, y muestra de modo contenido el sufrimiento interior de la protagonista. Sin embargo, para entrar a fondo en los pensamientos y ansiedades de personas de culturas y ambientes muy distintos al propio, pienso que es preferible acudir a quien conoce las cosas de primera mano, y que además no contempla la realidad con los filtros europeos típicos de la condescendencia o de la ideología o del pensamiento dominante. Desgraciadamente no son muchos los escritores africanos que conozco, pero algunos sí: ya he incluido a la keniana
Margaret Ogola y
El río y la fuente, al sudafricano
Alan Paton y
Llanto por la tierra amada; y hoy añado al ghanés
Camara Laye y
El niño africano.
miércoles, 31 de octubre de 2007
Me ha gustado
El secreto del fuego, de
Henning Mankell. Si a
Comedia infantil, otra novelita del autor sobre una banda de niños mozambiqueños, le faltaban ritmo y equilibrio, no es así en esta historia que, además, tiene una protagonista convincente y conmovedora.
miércoles, 16 de agosto de 2006
jueves, 27 de abril de 2006
Cuando en su momento leí reseñas de
Corazón kikuyu, de
Stefanie Zweig, no me hice cargo (quizá porque las leí muy rápido), de que se trataba de un relato extraordinario y, en mi lista de libros a ir leyendo, fue quedado relegada una y otra vez... Pero fue un gran error y esta nota pretende remediarlo: es una historia magnífica, bien contada, que transmite a la vez entusiasmo y dolor, y un genuino amor por África.
viernes, 9 de septiembre de 2005
Dentro de la literatura juvenil abundan novelas escritas por periodistas o escritores que van a lugares lejanos y, con lo que averiguan y se inventan, venden aquí luego su historia. Son mucho mejores, por supuesto, los buenos relatos escritos desde dentro del propio ambiente y, si hablamos de literatura, conviene siempre buscar los libros de referencia del lugar, que al fin y al cabo son luego los más universales. En ese caso está
El río y la fuente. Cuatro historias de mujer en Kenia, de
Margaret Ogola, un libro sobre madres e hijas que atrapa el corazón y que descubre panoramas nuevos.
miércoles, 10 de agosto de 2005
Una novela que, como
La cabaña del tío Tom de
Harriet Beecher-Stowe a lo largo del siglo XIX, causó un enorme impacto emocional en muchos millones de personas a principios de la segunda mitad del XX y marcó un antes y un después, fue
Llanto por la tierra amada, de
Alan Paton. Es un relato poderoso con inolvidables personajes que merece la pena conocer..., aunque cueste un poco de trabajo encontrarlo pues ahora mismo no está en el mercado.