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Notas del archivo 'Ciencia-ficción juvenil' :: bienvenidosalafiesta ::    
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jueves, 5 de marzo de 2015

Actualización en noviembre de 2016

Decía, en marzo de 2015, que «Cress, de Marissa Meyer, la tercera entrega de las Crónicas Lunares después de Cinder y Scarlet, no será publicada en castellano, según se lee en la voz sobre la autora de Wikipedia. Supongo que la decisión cambiará si las películas correspondientes tienen éxito. Es una pena porque es una novela tan entretenida y hábil como las previas». Pero, ahora, la voz de Wikipedia ya no dice nada al respecto y se acaba de traducir y publicar...

Si Cinder estaba basada en Cenicienta y Scarlet en Caperucita Roja, Cress lo está en Rapunzel y, según se anuncia, la cuarta y última entrega lo estará en Blancanieves. De hecho, al final de esta novela ya sabemos quién será: la princesa Winter, una chica mentalmente inestable, cosa que no es de extrañar con una madrastra como Levana.

Cress, Crescent Moon, tiene dieciséis años y vive sola en un satélite que, desde hace años, es su prisión. Es una expertísima hacker y, por orden de su vigilante, la taumaturga Sybil Mira, ha de seguir el rastro de la nave Rampion, donde van los fugados Cinder, Scarlet, Thorne, Wolf... Pero Cress entra en contacto con ellos y acuerda que la rescaten, también porque está enamorada románticamente de Thorne (a quien no conoce pero cuya historia ha rastreado en la red concienzudamente). Pero, en la operación, Wolf es herido de gravedad, Scarlet es hecha prisionera por Mira, mientras la nave en la que iban Cress y Thorne acaba cayendo en el Sahara. Pero también Cinder, junto con un sorprendente guardián lunar que se cambia de bando, logra llegar con la Rampion al poblado de África donde está el único que puede salvar a Wolf: su viejo conocido el doctor Erland. Entretanto, los preparativos para la boda de Levana con Kai continúan y Cinder piensa y planea cómo evitarla.

La historia está bien construida. Además, a diferencia de las distopías juveniles de los últimos tiempos, tan poco convincentes, tanto en general como en muchos pasos argumentales, las imposibilidades en esta trama se aceptan mejor gracias al punto de ingenuidad que le da la conexión, tan bien hecha, con los cuentos populares en los que se basa. En lo anterior está también la explicación de que los héroes que ocupan en cada relato el centro del escenario sean interesantes y significativamente distintos de los de las anteriores entregas. En este caso destaca Cress, cuya personalidad sigue bien el modelo de Rapunzel: es una chica soñadora y ansiosa, capaz de imaginarse toda clase de historias, y con muchos más recursos de los que ella misma supone cuando deja el mundo de pantallas y ordenadores en el que vivía y entra en contacto con la realidad. También aprende y madura Thorne, un tipo frívolo en las novelas previas, pero que aquí gana enteros gracias también a la ingenuidad y bondad de la heroína. De todos modos, la protagonista principal sigue siendo Cinder, que aquí adopta ya, decididamente, su papel de salvadora de la humanidad.

Marissa Meyer. Cress (2014). Barcelona: Montena, 2016; 576 pp.; col. Ellas Montena; trad. de Rosanna Erdman; ISBN: 978-8490437117. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 25 de septiembre de 2014

Scarlet,
de Marissa Meyer, es la continuación de Cinder. Y, de nuevo, la novela es más atractiva y bastante diferente de lo que la portada sugiere. Cualquier lector del subgénero verá ya la pauta común al segundo volumen de esta clase de series (que mencioné semanas atrás en otro comentario): respuestas a cuestiones planteadas antes, descubrimiento de una conspiración en marcha, maduración de la heroína, acontecimientos que se dirigen a que sea ella quien lidere una rebelión.

La narración comienza en un pueblo francés. Los protagonistas principales, al principio, son una chica con una sudadera y el pelo rojos, Scarlet, que trabaja en una granja y que vive agobiada por la reciente desaparición de su abuela (Michelle Benoit, a quien los lectores atentos de Cinder recordarán). Un tipo llamado Lobo, que le causa desconfianza, pero que sin duda es un gran combatiente, se ofrece a ir a París con ella para encontrar a su abuela. El lector va sabiendo en paralelo qué ocurre con Cinder, perseguida por los secuaces de la reina Levana, y cómo su destino acaba confluyendo en Francia con el de Scarlet.

La narración tiene iguales cualidades que Cinder pero es inferior. Aquí sí abundan las peleas de distinto tipo con las características descripciones «imposibles» de poner por escrito y de imaginar. Thorne, un piloto de una nave espacial que huye con Cinder, resulta un tipo estereotipado. Pero, sobre todo, el fallo mayor es que las capacidades de seducción y control por medio de poderes mentales que tienen los «lunares», que se anunciaron en la primera novela y que allí practicó la reina Levana, esta vez tienen importancia para resolver determinadas situaciones difíciles de la trama. Con todo, los nuevos personajes de Scarlet y Lobo —sin tener la consistencia de Cinder y de Kai—, y el ritmo constante del argumento, consiguen captar el interés del lector y dejarle a la espera de la tercera novela. También esta vez la recreación del cuento clásico es verdaderamente hábil.

Marissa Meyer. Scarlet (2013). Barcelona: Montena, 2013; 479 pp.; col. Crónicas lunares, libro 2; trad. de Laura Martín de Dios; ISBN: 978-84-8441-892-4. [
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jueves, 18 de septiembre de 2014

Cinder, de Marissa Meyer, el primer libro de una serie de ciencia-ficción juvenil llamada Crónicas lunares, me ha parecido el mejor relato de este tipo de todos los que he leído en los últimos tiempos. No lo hubiera dicho a la vista de la cubierta que tiene, ni de la colección en la que va, ni del subgénero en el que se encuadra.

Es una historia que sigue de cerca el argumento de Cenicienta, como se podría esperar. Su protagonista, Cinder, diecisiete años, es una cyborg (¿o ciborg?) —tiene una pierna y una mano biónicas y más conexiones cerebrales artificiales que le dan capacidades especiales—, y trabaja como mecánica en una Nueva Pekín abigarrada, capital de la Comunidad Oriental. Está adoptada por una mujer con dos hijas que, no hay que decirlo, la explota. Un día se presenta en su puesto de venta en el mercado un encapuchado que resulta ser el príncipe Kai: desea que le repare su androide favorito. Aprendemos en ese momento que la humanidad está amenazada por una peste mortal que, cuando se declara, obliga a ingresar inmediatamente al enfermo y a declarar en cuarentena a quienes han estado en contacto con él. Hecho este planteamiento de las cosas, luego sabremos que la malvada reina Lunar, Levana, desea casarse con Kai y ser así también la emperatriz de la Comunidad Oriental, aunque toda la Tierra lo teme, pues es conocida su falsedad. Y, a todo esto, parece ser que Levana mató, hace años, a una princesa que sería la verdadera heredera de su reino.

La narración es excelente. No hay ningún alarde descriptivo ni las típicas peleas complejas, de las que han sido pensadas para ser filmadas, y todo está centrado en los dilemas a los que se van enfrentando Cinder —una heroína que asombra por sus habilidades ingenieriles e informáticas— y Kai —un heredero agobiado por los problemas que se le vienen encima—. La convivencia entre seres humanos, cyborgs y androides es divertida y se presenta de modo convincente. Las extraordinarias capacidades de la protagonista —al margen de otras cuestiones que se sabrán a su tiempo— no causan extrañeza excesiva —por ejemplo, al ver la referencia de un aparato se conecta mentalmente con la red, se descarga el manual y ya sabe cómo actuar—. Los comportamientos de los personajes encajan bien, los dilemas éticos que se les presentan entran dentro de lo comprensible (al menos para cyborgs y androides y demás), y los sistemas de gobierno y la organización sociopolítica de fondo los puede comprender cualquiera. Por otra parte, los paralelismos con el cuento clásico funcionan muy bien.

Marissa Meyer. Cinder (2012). Barcelona: Montena, 2012; 427 pp.; col. Crónicas lunares, libro 1; trad. de Laura Martín de Dios; ISBN: 978-84-8441-869-6. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 7 de mayo de 2014

El héroe de WondLa, de Tony DiTerlizzi, continúa con las aventuras de Eva Nueve en el planeta Orbona, tal vez la Tierra en un futuro muy lejano. Es un libro que conviene leer después del primero; se podría decir que no sólo después sino justo a continuación del primero para recordar bien a los personajes que aparecieron entonces. Incluso he pensado que tal vez sería mejor esperar a que aparezca el tercer volumen para leer los tres seguidos...

Al final del libro anterior Eva Nueve había entrado en contacto con un chico llamado Hailey que venía en una nave espacial un poco antigua. Al comienzo de esta historia los lleva, a ella y a Rovender, a Nueva Ática, un lugar donde, aparentemente, todo es armonía. Pero enseguida queda claro que la felicidad que supuestamente hay allí, y tanto control como ejerce Cadmus Pryde, el fundador de la colonia, esconde algo turbio. Por tanto, Eva, Rovender, Hailey y una tal Eva Ocho —que había llegado tiempo atrás a la ciudad— terminan huyendo y siendo perseguidos por los guerrobots y otros seres que Cadmus envía tras ellos.

El libro tiene iguales cualidades que la primera entrega. En primer lugar, claridad narrativa y buenas descripciones de personajes singulares y de ciudades o escenarios como los de La Guerra de las Galaxias. Pero, sobre todo, pues es lo más distintivo de la serie y lo que la pone por encima de otras, las ilustraciones magníficas con las que se da comienzo cada capítulo, aparte de algunas otras en el interior, inspiradas en las de Denslow para los libros de Oz. También hay toques de buen humor en el lenguaje que usan las adolescentes de Nueva Ática: «¡Clóname!», «¡qué electromoción!», «¡qué pirotécnico!», «¡me dejas completamente cortocircuitada!»…; y ejemplos de moda funcional y futurista, como las «emotiprendas, para demostrar tus verdaderos sentimientos», o las «utilitúnicas con climatifibras termotintadas».

El libro sigue las pautas habituales de las segundas entregas de este tipo de distopías: se responden algunas preguntas planteadas en la primera novela, la protagonista ya no es una niña y ha madurado, se descubre una conspiración en marcha, y los acontecimientos se van dirigiendo hacia que sea ella precisamente quien lidere una rebelión en la que su figura será la que aglutine a los pueblos sojuzgados —«el liderazgo no se hereda, se gana con las acciones. Tú te comportas como un líder, Eva Nueve. Como un héroe. Eres mi WondLa»—. La narración acentúa el valor de la lealtad y la amistad y, naturalmente, el respeto a la naturaleza: «la tierra no le pertenece a nadie. Nosotros pertenecemos a la tierra. El planeta debe ser libre para respirar y crecer, igual que nosotros respiramos y crecemos».

Tony DiTerlizzi. El héroe de WondLa (A Hero for WondLa, 2012). Madrid: Hidra, 2013; 445 pp.; trad. de Adela Padín Romero; ISBN: 978-84-15709-07-7. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 17 de abril de 2013

Hace unas semanas vi esta foto de un oso de agua y me quedé con el enlace para ponerlo cuando hablara de En busca de WondLa, una simpática y bien construida novela de Tony DiTerlizzi. El motivo es que un oso de agua gigante es uno de los acompañantes de la protagonista en su peligroso viaje por el curioso planeta Orbona.
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jueves, 21 de febrero de 2013

La isla de Bowen, de César Mallorquí, es una novela de aventuras y de ciencia-ficción,  deudora en estilo y en contenidos de obras de Verne, Conan Doyle o Wells, compuesta con inteligencia y contada con amenidad. Difícil pedir más. 
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miércoles, 6 de febrero de 2013

Cuando leí, hace años, Una arruga en el tiempo, de Madeleine L'Engle, decidí no incluirlo en Bienvenidos a la fiesta (libro) por la primera de las razones que indico en el comentario que hago. Ahora he decidido ponerla aquí porque, al margen de lo que yo piense, el libro tiene grandes cualidades y es una referencia para muchos: incluso he comprobado que varios lectores norteamericanos con los que hablé del libro no entendían mis objeciones, en especial la primera. Pero el motivo inmediato es que un buen libro del que hablaré mañana no se comprende sin esta historia.

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miércoles, 10 de octubre de 2012

Os gustará esto (como a todos),
de Ruth White, es una novela de ciencia-ficción más bien infantil y muy muy estadounidense, demasiado diría yo. Cuando la familia Blue —los hijos Maggie y David, la madre y el abuelo— debe huir de su ciudad, terminan llegando a Fashion City, una ciudad que pertenece a un Estados Unidos paralelo y muy distinto. Allí ven que todo está muy controlado, comprueban que los ancianos y los discapacitados no tienen ningún futuro y, enseguida, se dan cuenta de que deben huir.

Para muchos lectores, la presentación de personajes de distinto tipo —como Elvis, Baum, Lincoln, Luther King…—, que aparecen en la novela todos al mismo tiempo y nivel, resulta, por lo menos, chocante. No falta tampoco el enfoque voluntarista disneyano: «Nada es imposible si nos lo proponemos de todo corazón y con ganas», dice la madre a sus hijos. Dejando esas cuestiones de lado, es un relato hecho con oficio, con una narradora simpática y un gran comienzo. Como es habitual en el subgénero, todo se cuenta en presente; la narración corre a cargo, casi alternativamente, de los dos hermanos, aunque predomina la visión de Maggie; hay referencias a personajes de moda, etc.

Ruth White. Os gustará esto (como a todos) (You’ll like it here (everybody does), 2011). Zaragoza: Hidra, 2012; 314 pp.; trad. de Marta Morros Serret; ISBN: 978-84-92939-80-0.

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jueves, 10 de noviembre de 2011

Incarceron
y Sáfico, de Catherine Fisher, son dos largas novelas de ciencia-ficción y fantasía que vienen a ser un cuento de hadas sofisticado. Esto se ve si se cuenta el argumento así: en la primera parte, una reina malvada con poderes extraordinarios ha encantado al anterior príncipe heredero y lo ha enviado a una extraña prisión, pero Claudia, la hija del misterioso y poderoso guardián de la prisión, cuya boda está concertada con el hijo impresentable de la reina, tiene recuerdos del príncipe de cuando eran niños y jugaban juntos; en la segunda parte, ha regresado el príncipe pero no recuerda las cosas, y entonces aparece otro príncipe que sí lo recuerda todo y que reclama una confrontación para que unos jueces imparciales decidan quién es el heredero destinado a casarse con Claudia. La ciencia-ficción está en que la Prisión es un mundo incomunicado del Exterior, un mundo que se rige por el Protocolo: aunque los avances tecnológicos son muchos, estos sólo están al alcance de los privilegiados y toda la gente ha de comportarse como si vivieran siglos atrás.

Son novelas bien escritas y originales (al menos de acuerdo con mis lecturas de este tipo, poquísimas para las que se publican). Tienen momentos intensos, como el comienzo de Incarceron o una especie de representación teatral en Sáfico, y es de agradecer que no haya más descripciones imaginativas que las justas para el desarrollo de la acción. Están construidas con habilidad, pero con una complejidad que, al menos a mí, siempre me hace pensar en que el autor no acaba de confiar en atraer al lector con un relato básicamente lineal: se alterna lo que ocurre en la Prisión con lo que pasa en el Exterior y los contactos entre ambos mundos son escasos y se dan al final de cada relato; cada capítulo tiene un texto enigmático al comienzo; a veces hay alternancias de puntos de vista que añaden misterio, sí, pero desconciertan.

Los personajes, al menos para un lector como yo, resultan fríos: esto es lógico en una historia tan asombrosa, donde si no te crees el entorno difícilmente te crees las emociones de nadie. No encuentro mucho sentido a que la cárcel, como tal, cobre vida y sea un personaje más; el fundamental Sáfico resulta demasiado misterioso y sigue siéndolo incluso al terminar la novela; otros secundarios son sólo como postes donde atar los hilos. Luego, aunque mi lectura del segundo libro ha sido bastante rápida, me ha parecido que han quedado cabos sueltos o, al menos, que como no todo se resuelve de forma completa, las explicaciones que se dan no dejarán satisfechos a muchos lectores. Conclusión: tienen más nivel que otras novelas semejantes pero piden demasiado tiempo de lectura para lo que dan a cambio y no, no creo que planteen ninguna reflexión (seria) sobre si «a lo mejor la Cárcel está dentro de nosotros» o sobre la diferencia ente huir y ser libre, y cosas así.

Catherine Fisher. Incarceron (2007). Barcelona: Molino, 2010; 510 pp.; trad. de Ana Mata Buil; ISBN: 978-84-272-0047-0.
Catherine Fisher. Sáfico (Sapphique, 2008). Barcelona: Molino, 2011; 523 pp.; trad. de Ana Mata Buil; ISBN: 978-84-2720-071-5.

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miércoles, 12 de octubre de 2011

La puerta de los tres cerrojos,
de Sonia Fernández Vidal, es una excelente narración, ágil y amena, que consigue lo que pretende: dar explicaciones claras sobre aspectos de la física cuántica.

Después de leer un misterioso mensaje que le dice que «si quieres que sucedan cosas diferentes, deja de hacer siempre lo mismo», Niko decide no ir a clase por el camino habitual. Cuando encuentra una casa extraña llama y, para su sorpresa, entra en el mundo cuántico. Guiado por un elfo y una elfa recorrerá ese mundo paralelo y verá que sus habitantes tienen una duda: ¿deben dejar entrar a los humanos en su mundo?

En cuanto novela le sucede lo habitual a este tipo de libros de conocimientos: el argumento está puesto al servicio de dar las explicaciones pertinentes. Le sobra, por muy trillada, la parte que el director del CIC (Centro de Inteligencia Cuántico) explica cuando señala que, siglos atrás, «había unos cuantos portales que conectaban el mundo de los humanos con el nuestro. Existía un punto de reunión donde los sabios se encontraban y escribían pergaminos con lo que habían visto y aprendido de nuestro mundo. Ese lugar se llamaba la Biblioteca de Alejandría. ¡Un nido de conocimiento! Sin embargo, la codicia de los humanos por poseer aquellos pergaminos y todos sus secretos desató una guerra descomunal». En la capital del mundo cuántico, Shambla, hay estatuas de los «iniciados», «humanos que han recorrido el laberinto», como Eratóstenes, Julio Verne, Mendeleyev, Newton, Hipatia (¿Hipatia?)… También pienso que la parte del argumento «chico encuentra elfa» no funciona: nunca me han parecido convincentes las historias de amor entre seres humanos y seres de fantasía.

Con todo, son asuntos menores pues tanto la simpatía como la claridad narrativa de la historia resultan sobresalientes. Los entusiastas de Harry Potter recordarán la frase de la elfa Quiona, tal vez sobrina-nieta de Dumbledore: «nuestras elecciones definen quienes somos y no las circunstancias que vivimos o nuestras habilidades».

Sonia Fernández-Vidal. La puerta de los tres cerrojos (2011). Barcelona: La Galera, 2011; 208 pp.; ilust. de Oriol Malet; ISBN: 978-84-246-3577-0.

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jueves, 17 de marzo de 2011

El otro día caí en la cuenta de que no había metido todavía en la página una obra de ciencia-ficción excelente:  La señora Frisby y las ratas de Nimh, de Robert O'Brien. Comprobé además, con frustración, que no hay ninguna edición reciente y que ni siquiera está en el catálogo actual de la editorial que la publicó hace tiempo. Pero tiene gran actualidad: en especial es muy útil estudiar el plan que las Ratas titulan «Vivir sin robar», que básicamente consiste en que, para dejar de robar definitivamente, se trata de robar durante un tiempo más que nunca. Es el plan que continuamente renuevan muchos políticos y hombres de negocios.

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miércoles, 2 de febrero de 2011

¡Bum!
de Mark Haddon, es una novelita que había sido publicada en 1992 con otro título y pasado entonces inadvertida, y que, para una nueva publicación, el autor ha rehecho un poco introduciendo referencias actuales, por ejemplo a google y a gadgets tecnológicos como el ipod.

James, o Jimbo, y su amigo Charlie, introducen en la sala de profesores un walkie-talkie para saber qué comentan sobre ellos pero, en vez de eso, escuchan cómo dos profesores hablan en un lenguaje raro cuando se quedan solos. Eso pica su curiosidad e investigan: para su asombro descubren que son extraterrestres. Las cosas se complican y, como anuncia el subtítulo del relato, «un viaje a 70 mil años luz», terminan a esa distancia en un planeta llamado Plonk.

La novela no es gran cosa pero tiene golpes buenos, acción trepidante, y algún personaje realmente gracioso como la araña marchosa extraterrestre Britney. El comportamiento del narrador, como el de su amigo y el de su hermana, se puede juzgar como gracioso pero propio de un futuro delincuente, o como propio de un futuro delicuente pero gracioso, según donde uno quiera poner el acento.

Es obvio, pero no está de más advertir, que ¡Bum! no tiene nada que ver, ni en calidad ni en interés, con El curioso incidente del perro a medianoche, y sólo parece un intento de sacar provecho al éxito y la popularidad que obtuvo el autor con esa novela.

Mark Haddon. ¡Bum! (Boom, 1992-2009). Barcelona: Salamandra, 2010; 186 pp.; trad. de Patricia Antón de Vez; ISBN: 978-84-9838-306-5.

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jueves, 12 de noviembre de 2009

He leído recientemente dos novelas de Philip Reeve que comienzan distintas series de ciencia-ficción: Máquinas mortales y Una casa en el espacio. Aunque tienen calidad no son libros para cualquier lector: es necesario ser un tanto adicto no solo al género sino tener también una conexión particular con el autor y sus narradores. En mi caso me ha bastado con leer esas dos novelas para hacerme cargo de su buen nivel y de los contenidos de cada saga y, en principio, no pienso seguir con las demás.

Ambas están bien escritas, son de acción continua, son extraordinariamente imaginativas en las situaciones y en los personajes, son claras en las descripciones sin ningún exceso poético. Las dos son también típicamente posmodernas, tanto en la multitud de guiños a relatos y sucesos del pasado como en los resortes que se pulsan para buscar conexiones con posibles lectores de ahora.

Máquinas mortales tiene lugar en el siglo 30, cuando las cosas funcionan de otra manera debido a una terrible guerra del pasado que lo cambió todo. Las ciudades se desplazan de un lugar a otro y, para sobrevivir, según la doctrina del Darwinismo Municipal, se comen unas a otras. El protagonista es un joven aprendiz de tercera clase del Gremio de Historiadores, que, después de salvar la vida al famoso historiador y explorador Thaddeus Valentine y ganarse así la admiración de su hija Katherine, sin embargo acaba huyendo con quien intentó asesinar a Thaddeus, una chica con la cara desfigurada llamada Hester Shaw. Poco a poco, Tom va comprendiendo mejor la situación y las razones de la Liga anti-tracción para oponerse al poder establecido. Además, ocultamente, con la colaboración del Gremio de Ingenieros, el alcalde de Londres tiene malvados planes de conquista de otras ciudades.

Una casa en el espacio es distinta, para empezar, en sus acentos humorísticos que ya se ven en el subtítulo: «¡La venganza de los arácnidos blancos! o ¡Ida y vuelta a los anillos de Saturno!: un relato de coraje a toda prueba en los confines del espacio, según la crónica de Art Mumby». La acción se desarrolla en un siglo XIX diferente, como si después de Newton se hubieran sucedido invenciones que hubieran permitido al Imperio Británico explorar y conquistar el espacio igual que otros territorios de la tierra. El narrador es un chico con la mentalidad de la época victoriana, igual que su hermana mayor, de la que aparecerán fragmentos de su diario. La historia comienza cuando, a la extraña casa en la que viven en medio del espacio, llegan unos curiosos arácnidos que secuestran a su padre. Art y su hermana Myrtle huyen y acaban enrolados en la tripulación del famoso Jack Havoc, el pirata más famoso del espacio a pesar de su juventud.

Máquinas Mortales tiene un tono más bien serio con algunos toques de ironía que no encaja del todo con el tipo de relato y con unos personajes que podrían salir de cómics como Flash Gordon o Terry y los piratas; además, se dan por buenas algunas acciones más que discutibles de los héroes y sus amigos: el fin parece justificar los medios. Es mejor Una casa en el espacio, un pastiche de los relatos victorianos verdaderamente brillante —aunque con una enorme carga literaria e histórica que puede desanimar a muchos lectores—, que cuenta con unas ilustraciones bien integradas en la historia.

Obsérvese cómo explica Myrtle la conquista de Marte, la joya de la corona de las posesiones extraterrrestres de su Majestad: «Supongo que pocos marcianos imaginarían, a principios del siglo XVIII, que seres mucho más inteligentes que ellos, si bien igualmente mortales, los observaban desde el otro extremo del espacio...»; y véase cómo empezaba H. G. Wells La guerra de los mundos: «No one would have believed in the last years of the nineteenth century that this world was being watched keenly and closely by intelligences greater than man's and yet as mortal as his own...» (un texto que Ramiro de Maeztu tradujo así: «Nadie hubiera creído en los últimos años del siglo XIX que las cosas humanas fueran escudriñadas aguda y atentamente por inteligencias superiores al hombre, y mortales, sin embargo, como la de éste»).

Philip Reeve. Máquinas mortales (Mortal Engines, 2001). Madrid: Espasa, 2005; 320 pp.; trad. de Federico Eguiluz; ISBN: 84-670-1830-5. Nueva edición en Alfaguara, 2017; 368 pp.; ISBN: 978-8420486284. [Vista del libro en amazon.es]
Philip Reeve. Una casa en el espacio (Larklight, 2006). Barcelona: Salamandra, 2008; 280 pp.; ilust. de David Wyatt; trad. de Luis Murillo Fort; ISBN: 978-84-9838-185-6.

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jueves, 13 de noviembre de 2008

Después de La ciudad infinita leí (reconozco que demasiado rápido) El jinete de plata, la cuarta entrega de La llave del tiempo. Esta vez casi todo está centrado en la preparación, y luego en la participación, de Martín en los Campeonatos mundiales de Juegos de Arena, que serán la oportunidad de poder entrar en la Ciudad Roja de Ki. Los juegos de Arena son «una desconcertante mezcla de realidad y efectos especiales, un enfrentamiento brutal de nueve personas de carne y hueso sumergidas en un escenario semivirtual donde nada era lo que parecía».

Es de justicia señalar de nuevo que los andamiajes están bien montados y la calidad del lenguaje —cosas que se han de subrayar por contraste con otros productos novelescos más o menos semejantes—, pero también debo indicar que mi atención ha ido decreciendo a lo largo de la serie, por varios motivos. Uno, que la historia es demasiado larga y el argumento demasiado complejo, por lo que requiere un tiempo de lectura que, para mí, es excesivo. Otro, el pensamiento de que si las grandes sagas de ciencia-ficción del pasado se han quedado antiguas con más motivo a esta obra le sucederá lo mismo. Otro más, que con todo el mérito que tiene un ejercicio imaginativo y constructivo tan grande, los personajes no me convencen: todos hablan parecido y con frecuencia sus reacciones emotivas se describen con frases estereotipadas. Además, preferiría más contención y menos solemnidad en algunos comentarios: «El miedo, sea de la clase que sea, es siempre una forma de egoísmo», dice Jade a Martín, y sigue: «da lo mismo que sea miedo al dolor físico o al dolor moral. Es estrechez de miras. Es esclavitud. Es estar encadenado a tu propio reflejo».

De todos modos, conviene separar mis impresiones de las que puedan tener otros lectores, mucho más frescos en sus apreciaciones y mucho más ansiosos que yo de ficciones largas que les entretengan. En relación a esto viene bien recordar el comentario de Chesterton que ya puse, a propósito de otra obra de ciencia-ficción, en Lujo y necesidad: «para muchos lectores una historia nunca es demasiado larga, pues su conclusión es siempre algo lamentable, como el último penique o la última cerilla».

Ana Alonso y Javier Pelegrín. El jinete de plata (2008). Madrid: Anaya, 2008; 573 pp.; col. La llave del tiempo; ISBN: 978-84-667-7685-1.

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jueves, 6 de noviembre de 2008

En La ciudad infinita, el tercer libro de La llave del tiempo que continúa La torre y la isla y La esfera de Medusa, los protagonistas escapan de la tierra y viajan a Marte, pasando por la Luna, gracias a unos piratas intergalácticos al mando de una chica llamada Jade (que parece sacada de las aventuras de Flash Gordon). Amenazados como siempre por Dédalo, esta vez con ayuda del traidor Aedh, llegan a Marte y allí viven en Arendel, la ciudad infinita en la que gobierna la legendaria Diana Scholem. Lógicamente, todos van teniendo más información sobre sus familias, sobre el pasado de la humanidad y sobre las cosas tan extrañas que les pasan.

Las cualidades de esta tercera parte son las mismas de las anteriores: ensamblaje cuidadoso de una historia ramificada, buen uso del lenguaje, poder imaginativo y descripciones claras. Los defectos, también los mismos, van siendo más patentes según avanza la serie: longitud excesiva, reiteraciones descriptivas, expresiones manidas propias de las novelas sentimentales... También pienso que los personajes se dedican en exceso a la interpretación de nuestro mundo actual, algo que lastra el relato pues además los acentos didácticos son a veces muy explícitos.

En ese sentido, dado que «los buenos» del relato son los perseguidos militantes antiglobalización, sorprende oír, en boca de un viejo y ponderado científico, esta interpretación de algo que pasa en nuestros días: entonces «era tan fácil conseguir grabaciones piratas de nuestros músicos favoritos que todos recurríamos a ellas sin pestañear. No nos dábamos cuenta de que con eso estábamos poniendo en peligro la supervivencia de esa música que tanto amábamos. Creíamos que estábamos engañando a las grandes empresas discográficas, que se llevaban unos márgenes de beneficio abusivos...». Y luego continúa: «Cuando las discográficas empezaron a perder dinero por culpa del pirateo, lo que hicieron fue rescindir sus contratos con los músicos que menos vendían, y apostar únicamente por productos seguros, cantantes muy comerciales patrocinados por las distintas cadenas televisivas. Así, los mejores músicos se quedaron sin trabajo, y tuvieron que dedicarse a otras cosas para sobrevivir». Difícil de creer...

Ana Alonso y Javier Pelegrín. La ciudad infinita (2007). Madrid: Anaya, 2007; 526 pp.; col. La llave del tiempo; ISBN: 978-84-667-6524-4.

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miércoles, 5 de noviembre de 2008

Los Stone,
de Robert Heinlein es un relato de ciencia-ficción tipo «aventura familiar» o «aventura de vacaciones» protagonizado por la espectacular familia Stone: Roger, el padre, es ingeniero; Edith, la madre, es médico; la abuela Hazel es ingeniera, los gemelos de diecisiete años Cástor y Póllux son unos genios de la mecánica, la hermana mayor Meade tiene dieciocho y el hermano pequeño Buster tiene seis y ya es un maestro del ajedrez porque adivina el pensamiento. Viven en la Luna y, cuando los gemelos plantean comprar una nave pequeña para realizar algunos negocios interplanetarios, toda la familia decide viajar a Marte: para eso compran una nave más amplia, que llaman Rolling Stone, y que cargan de bicicletas para vender a los buscadores de minerales de Marte...

Con este hilo conductor de la travesía entre distintos planetas o asteroides se van sucediendo distintos episodios y, en cada tramo del viaje, se ha de resolver una dificultad: la doctora Edith tiene que pasar a otra nave para curar una epidemia, los gemelos se las ingenian para vender las bicicletas en Marte, más tarde unos curiosos seres marcianos llamados gatolisos crecen desmedidamente en pleno vuelo, etc.

La novela ejemplifica bien cómo y cuánto y qué rápido envejece la ciencia-ficción, pero es simpática: los personajes tienen unas cualidades extraordinarias —los gemelos estaban acostumbrados a leer el mismo libro al mismo tiempo, uno del derecho y otro del revés—; los diálogos son ágiles y divertidos —tu madre está «tan loca como una órbita irregular»—; se ofrecen datos y explicaciones en abundancia —los lunamotos se producen debido a «los leves estremecimientos microscópicos propios de la Luna que sufría debido a los gigantescos tirones gravitatorios que su prima la Tierra, ochenta veces más pesada, ejercía sobre ella»—... Eso sí, el autor es muy consciente del tipo de libro que ofrece al lector: cuando Roger dice a su madre, la abuela Hazel, que en los episodios que escribe para una serie televisiva, hace trampas a la literatura, Hazel le responde con un «¿quién ha dicho que esto sea literatura?»

Robert A. Heinlein. Los Stone (The Rolling Stone, 1952). Barcelona: El andén, 2008; 279 pp.; col. Gran Vía express; trad. de Juan Pascual Martínez; ISBN: 978-84-96475-16-2.

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miércoles, 30 de abril de 2008

Cruzada en jeans
,
de Thea Beckman, es otra novelita que habla de un viaje temporal pero, en este caso, sólo como pretexto para colocar al protagonista en la Edad Media y contar algunas cosas a través de sus ojos. Es un relato que se puede calificar de ciencia-ficción o de aventuras.

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martes, 11 de marzo de 2008

Los Guardianes del Pasado,
de P.R.Gomez, es un relato de ciencia-ficción cuyo argumento a muchos les recordará películas como Terminator o Regreso al futuro.

La historia comienza en Pittsburg, a comienzos del siglo XXI. Ocultos bajo las identidades de un empleado de recogida de basuras y de ama de casa, los padres de Sem y Rosie Peres, de doce y diez años, son Guardianes del Pasado: vigilan que no se produzcan alteraciones en el presente que puedan cambiar el futuro. Cuando Sem impide que a Max Martin, el matón de su clase, lo arrolle un camión, provoca un giro nefasto en la historia posterior o al menos eso deduce de lo que ha oído a sus padres. Para deshacer el lío, Sem, Max y Rosie acaban viajando al futuro, pero la máquina del tiempo se avería y no pueden regresar.

El autor, ingeniero aeronáutico y profesor desde hace años en Estados Unidos, es un buen conocedor de la ciencia-ficción y se nota pues lo mejor, con diferencia, es que lo característico del género está excelentemente manejado. Se introducen de modo natural los aparatos tecnológicos en la vida cotidiana de los protagonistas, están dibujados con soltura los ambientes futuristas y los peculiares seres que viven en ellos, como los «dubles» y los «virgo». También se puede decir que, aceptadas las peculiaridades de este tipo de relatos, se lee con agrado pues la idea de partida es buena, los personajes principales tienen gancho, el hilo argumental y los diálogos tienen interés, se plantean bien algunos conflictos emocionales, y muchas descripciones se resuelven con comparaciones sencillas y eficaces.

Por otro lado, hubiera sido necesaria una entrada en ambiente más cuidadosa pues hay personajes poco definidos, y podrían justificarse mejor las cosas que ocurren y algunos comportamientos de los héroes; hay una escena crucial de un partido de «pítbol», un confuso deporte del futuro, contada con descripciones imposibles, un defecto habitual en esta clase de novelas «cinematográficas»; un trabajo editorial de revisión habría corregido expresiones y párrafos que parecen deudores de la redacción original en inglés. Con todo, y al margen de que hay sin duda material para una película simpática, es una lectura eficaz para el público al que va dirigido.

P.R.Gomez. Los Guardianes del Pasado (2007). Barcelona: Destino, 2007; 306 pp.; ISBN: 978-84-08076094.

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jueves, 10 de enero de 2008

Otro libro de Tonke Dragt que ha llegado al mercado español hace poco es El secreto del relojero, un relato con el subtítulo El tiempo lo dirá o El tiempo «te» lo dirá. Es una novelita de ciencia-ficción sobre una máquina para viajar en el tiempo en la que se mete un estudiante impaciente. De nuevo confieso mi admiración tanto por el talento que demuestra la escritora holandesa para construir relatos sofisticados (en este caso no tanto como El enigma del séptimo paso) como por su capacidad de atacar géneros tan distintos con soltura (aunque en ellos no sea tan convincente ni atraiga tanto como en Carta al rey). Así que otra posible y mejor recomendación de un viaje al pasado, si prescindimos del hecho de que cualquier libro lo es, sería una novela de ciencia-ficción de los setenta que se sostiene bien: Ahora y siempre, de Jack Finney.

Tonke Dragt. El secreto del relojero (Het geheim van de klokkenmaker, 1989). Madrid: Siruela, 2007; 137 pp.; col. Las tres edades; ilustraciones, colages, de la autora; trad. de María Lerma; ISBN: 978-84-9841-123-2.

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miércoles, 10 de octubre de 2007

Al comienzo de La esfera de Medusa, el título que continúa La torre y la isla, los protagonistas logran escapar de la Corporación Dédalo con ayuda de dos misteriosos gemelos, Deimos y Aedh. Ya en Nueva Alejandría son capturados por Dédalo de nuevo pero vuelven a escaparse y llegan a su cita en Medusa, una ciudad sumergida, donde conocen más cosas de su origen futuro (sí, está bien escrito).

Como en el primer relato, los autores usan el lenguaje con cuidado y son pocas las veces que se les escapan frases explicativas del estilo «como es lógico», o lugares comunes tipo una «expresión indefinible»; hay un esmerado trabajo de construcción de una historia tan articulada; las descripciones son claras, sugerentes y (casi) nada enfáticas. Por tanto, a pesar de los aspectos más previsibles del argumento, quienes fueron capturados por la primera historia tienen motivos para leer esta segunda.

Tal vez hubiera sido mejor que los luchadores por la libertad perseguidos por el poder omnipresente de la época, no se llamaran «antiglobalización», y no sólo porque ahora esa bandera sea tan confusa, sino porque esa clase de identificaciones obvias enseguida envejecen: como las novelas de ciencia-ficción de los ochenta que presentaban una poderosa URSS al comienzo del siglo XXI y ahora nos hacen sonreír.

Ana Alonso y Javier Pelegrín. La esfera de Medusa (2007). Madrid: Anaya, 2007, 2ª ed.; 334 pp.; col. La llave del tiempo; ISBN: 978-84-667-6278-6.

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viernes, 11 de mayo de 2007

La torre y la isla,
de Ana Isabel Alonso y Javier Pelegrín, es el primer volumen de una serie que se desarrolla el año 2121, en un mundo con grandes avances científicos y en el que unas poderosas compañías controlan el mundo. Los chicos protagonistas tienen un sistema inmunitario excepcional y la Corporación Dédalo los envía a un lugar donde se les somete a todo tipo de pruebas. Al darse cuenta de las verdaderas intenciones de quienes les controlan, deciden huir usando sus poderes especiales: dominio instintivo de la informática de Selene; visión de futuro de Casandra; poder de influir en el mundo interior de los demás de Martín; capacidad de hacerse invisible y crear visiones extrañas en otros de Jacob...

Argumento con los acentos alarmistas propios de la ciencia-ficción que presenta un futuro inquietante en el cual la ciencia se pone al servicio de ambiciones de poder y se cultiva sin referencias éticas. A pesar de su extrema inverosimilitud —sobre todo de la excesiva inteligencia y perspicacia de los personajes jóvenes— la novela destaca sobre otras de fantasía y ciencia-ficción porque está bien escrita y bien armada: engancha el interés del lector y tira de él hacia delante. Los personajes están dibujados con sobriedad, las expresiones y descripciones superfluas son escasas, la acción coge ritmo pronto, los adelantos tecnológicos se integran con naturalidad en la narración.

Ana Isabel Conejo Alonso y Javier Pelegrín. La torre y la isla (2006). Madrid: Anaya, 2006; 384 pp.; col. La llave del tiempo; ISBN: 84-667-5216-1.

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jueves, 4 de mayo de 2006

Más sobre Futuro azul y las cualidades de su autor.

¿Capacidad de atrapar al lector joven? Mucha. Véase la presentación que al comienzo hace Colfer de Ciudad Satélite, la ciudad del futuro, una superciudad de veinticinco millones de habitantes: «una ciudad entera hecha a medida para el tercer milenio: todo lo que quiera el cuerpo y nada de lo que necesite el alma».

¿Escribe y narra bien? En su estilo, muy bien. A un chaval bocazas, de los que no pueden dejar de hablar, se nos dice que «las palabras se le escaparon de la boca como abejas furiosas de una colmena». Sobre todo, tiene mucha gracia para el que no pestañee ante descripciones como: «el dolor lo azotó con tanta fuerza como si lo hubiese aplastado un glaciar gigante»; o, mejor todavía, «la mirada de Stefan podría haber hecho agujeros en un bloque de titanio».

¿Dibuja bien los personajes? A unos no pero a otros sí. En particular, es un gran caricaturista de los malvados desde que aparecen en escena: del supervisor Redwood se nos comenta que «parecía un gorila engominado, salvo por el tupé de color rojo con el que jugueteaba constantemente»; de otro tipo se indica que, «a su lado, los peces de colores parecían seres inteligentes».

¿Sabe hacer creíble lo que cuenta? Sí, para quien se deje llevar con facilidad y cuando, por ejemplo, se pregunte por qué los chicos del internado donde vive Cosmo Hill estaban siempre controlados, le baste saber que, cada vez que se duchan, «una lluvia de gotas microscópicas de una solución halógena electronegativa recubría su cuerpo, y la sustancia aparecía en el escáner» de su colegio. Es obvio, con esos microlocalizadores en los poros no hay problema ninguno.

¿Es Futuro azul mejor o peor que otras historias semejantes? Mejor en el sentido de que su autor evita toda solemnidad pues sabe perfectamente qué terreno pisa y no se toma muy en serio a sí mismo. Obsérvese cómo guiña el ojo al lector: «Estoy metido dentro de las páginas de un cómic —se dijo Cosmo para sus adentros—. Todo esto es como una novela gráfica, ahora mismo alguien estará pasando las páginas y diciendo: “Todo esto es demasiado raro, ¿quién podría creerse algo así?”».

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miércoles, 3 de mayo de 2006

Cuando, tiempo atrás, comenté mi opinión sobre las dos primeras novelas de la serie de Artemis Fowl, de Eoin Colfer, hubo quien no se mostró satisfecho. Entonces no comenté que otras dos novelas del autor, tituladas Benny y Omar y Benny y Babe, también con muchas réplicas de cine y continuos diálogos sarcásticos, me parecían mejores aunque para mi gusto sean muy artificiales y tengan demasiadas referencias circunstanciales a películas y actores... Lo cierto es que Colfer me parece gracioso y por eso acabo de leer una nueva novela suya titulada Futuro azul. Hoy resumo el argumento y pongo un breve comentario, mañana completo la información un poco.

Cosmo Hill, catorce años, vive en un orfanato del futuro, junto con otros chicos sin padres biológicos o adoptivos que son usados como conejillos de indias para todo tipo de experimentos. Aprovecha una oportunidad y escapa del cuidador sádico que tiene, pero está a punto de morir y en ese momento ve a unas extrañas criaturas, los Parásitos, seres que se llevan la energía de la gente. Es salvado entonces, y curado de sus heridas, por el extraño equipo de los sobrenaturalistas, formado por una chica de su edad, un adulto con aspecto de niño de seis años debido a que fue víctima de un raro experimento en el pasado, y el líder del grupo, ansioso de vengarse de los Parásitos desde que muriera su madre hace años.

Una vez más tenemos un huérfano desamparado que luego resulta tener muchos recursos. Ambiente futurista y secuencias de acción tipo Mátrix, no del todo claras para mentes que no tengan ya en la cabeza otras historias semejantes. Giros esperados e inesperados en la trama. Diálogos graciosos e irónicas réplicas contundentes. Todo parece indicar que habrá secuelas.

Eoin Colfer. Futuro azul (The Supernaturalist, 2003). Barcelona: Montena, 2006; 303 pp.; trad. de Ana Alcaina; ISBN: 84-8441-296-2.

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jueves, 9 de junio de 2005

Ya que ayer mencioné dos recientes libros de aventuras fantásticas, dignos pero prescindibles, se pueden recordar unas grandes novelas de ciencia-ficción juvenil: la Trilogía de los trípodes de John Christopher. Buen paso narrativo, protagonista y escenarios convincentes, el núcleo argumental siempre atractivo de dar una batalla por la libertad o, mejor, por evitar ser títeres en manos de otros.

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