bienvenidos a la fiesta
Archivo por temas:
BaccalarioMoore01.jpg
jueves, 9 de septiembre de 2010
He leído los tres primeros libros de la serie de Ulysses Moore, de Pierdomenico Baccalario, y he echado un vistazo a los dos siguientes. Están publicados originalmente por la misma editorial italiana a la que pertenecen los libros de Stilton, y parecen confeccionados también con el propósito de armar una serie comercial juvenil.
Todos ellos comienzan con una carta del autor a la editorial: supuestamente, les envía, traducidos, unos manuscritos de un misterioso personaje, Ulysses Moore, antiguo propietario de una casa llamada Villa Argo, situada en la bahía de Kilmore Cove, costa de Cornualles.
El primer libro, La puerta del tiempo, contiene la presentación de los personajes y es, en realidad, sólo la primera parte de una historia pues se interrumpe en el momento clave (una trampa para el lector-comprador que, a mi juicio, es poco limpia, pues no se avisa). Los señores Covenant, padres de los gemelos Julia y Jason, han comprado Villa Argo. Los dejan allí un fin de semana, junto con el jardinero y cuidador, Néstor, que había trabajado para Ulysses Moore y su mujer. Cuando los dos hermanos se quedan solos el primer fin de semana, junto con Néstor, invitan a un amigo del pueblo, Rick Banner, un chico que ha oído muchas cosas de Villa Argo y tiene ganas de verla por dentro. Exploran la casa y los alrededores, averiguan cosas, tropiezan con una misteriosa mujer, Oblivia Newton, y su chófer Manfred.
El segundo libro, La tienda de los mapas olvidados, comienza con los chicos en el antiguo Egipto, adonde también llega Oblivia Newton. El tercero, La casa de los espejos, se desarrolla todo él en Kilmore Cove: los chicos se pasan la novela de descubrimiento en descubrimiento por distintas casas del pueblo y por sus alrededores.
La presentación de los libros tiene un aire a Una serie de catastróficas desdichas: por el marco general de un autor enigmático que escribe a la editorial; por el tipo de ilustraciones, las que van al comienzo de cada capítulo y las que aparecen al final de cada libro con el aspecto de los distintos personajes. Se pueden comparar un poco, también, con los libros de Enid Blyton donde una pandilla de hermanos y amigos, con habilidades repartidas, pueden actuar en ausencia de los padres.
Abundan los misterios. Hay uno que recorre todo el libro: quién es Ulysses Moore para los niños y para el escritor. Hay otros que van presentándose: quién es en realidad Néstor, quiénes son esos enemigos a la vez tan listos y tan torpes... Y luego están los propios de los relatos góticos donde hay casas con puertas secretas y trampillas ocultas, donde a cada poco estás en un pasadizo incierto y tienes por delante un acertijo en el que te juegas la vida... La serie también pulsa la tecla de que hay un mundo escondido bajo el mundo que conocemos y que, aquí, hay puertas hacia otras épocas.
Son libros fáciles de leer. Físicamente, por su buen diseño, su letra holgada, su buena integración con las ilustraciones. También por su estructura en capítulos cortos que terminan proponiendo un nuevo misterio, o introduciendo un nuevo paso que hay que dar, o cambiando radicalmente de escenario para reavivar la emoción. Luego, porque no tienen ningún alarde descriptivo, aunque la prosa es periodística y lineal y no faltan las expresiones tópicas. Los lectores más expertos echarán de menos una intriga más inteligente, pues aquí todo va desplegándose al hilo de la inventiva del autor, que se saca de la manga nuevos incidentes o nuevas soluciones según las necesitan unos protagonistas que no paran de correr de un lado a otro. En cualquier caso, se leen bien y, por lo que veo, atraen a no pocos lectores.
Pierdomenico Baccalario. La puerta del tiempo (La porta del tempo, 2004). Barcelona: Montena, 2006; 215 pp.; col. Serie infinita; ilust. de Iacopo Bruno; trad. de Santiago Jordán Sempere; ISBN-10: 84-8441-292-X.
Pierdomenico Baccalario. La tienda de los mapas olvidados (La bottega delle mappe dimenticate, 2005). Barcelona: Montena, 2006; 253 pp.; col. Serie infinita; ilust. de Jacopo Bruno; trad. de María Lozano; ISBN-10: 84-8441-324-1.
Pierdomenico Baccalario. La casa delos espejos (La Casa degli Specchi, 2005). Barcelona: Random House Mondadori, 2008, 4ª ed.; 232 pp.; col. Serie Infinita; trad. de María Lozano; ISBN: 978-84-8441-354-7.
Enviar Imprimir
MasefieldMedianoche.jpg
miércoles, 25 de agosto de 2010
Los personajes de la medianoche y su secuela, La caja de las delicias, de John Masefield, son unos antiguos relatos de fantasía ingleses, muy valorados por su buen lenguaje y por unos argumentos inquietantes que abrieron camino a otros parecidos. Vale la pena conocerlos por eso, aunque su artificiosidad y la falta de convicción del autor en el poder de sus historias se notan mucho. A la derecha, cubierta de una edición inglesa reciente que no conozco y que, por lo que veo, viene con ilustraciones de Quentin Blake.
Enviar Imprimir
FlemingChitty.jpg
martes, 28 de julio de 2009
Chitty Chitty Bang Bang, de Ian Fleming, se publicó en castellano en los años setenta pero (me parece que) ya no está en el mercado. Es un relato que se puede recordar porque la historia es graciosa, los acentos del narrador son simpáticos, y, dentro de la mini-historia de la literatura infantil, creo que es la primera sobre un coche que vuela.
Enviar Imprimir
GisbertTokland.jpg
miércoles, 15 de julio de 2009
De los relatos de fantasía de Joan Manuel Gisbert que he leído, todos de buen nivel, sigo recomendando más que cualquier otro sus primeras novelas de aventuras fantásticas, Escenarios fantásticos y El misterio de la isla de Tökland, pues aún recuerdo cuando los leí y cómo me fascinaron por su originalidad.
Enviar Imprimir
RocaTransp.jpg
jueves, 10 de mayo de 2007
Subiendo un poco la edad respecto al libro de ayer, otro de aventuras fantásticas escrito en castellano es Transparente, de Ibán Roca. Es un relato con muchos préstamos de obras del género cuyo protagonista es un chico que ha de aprender a bandearse con los personajes tan singulares que aparecen en sus sueños y que cobran vida real. Quizá le sobra un punto de arbitrariedad y le falta otro de claridad argumental, pero el autor demuestra dotes narrativas, talento imaginativo y una sobresaliente capacidad para nombrar en español los lugares y los seres del mundo imaginativo que crea (por eso no me acaba de sonar bien un protagonista y un entorno californianos).
Ibán Roca. Transparente y la torre del destino (2005). Barcelona: RBA, 2005; 267 pp.; col. Samarkanda; ISBN: 84-7871-434-0.
Enviar Imprimir
RoigPratsLabSec.jpg
miércoles, 9 de mayo de 2007
Después de una historia como la de ayer, y de otros bodrios de los que no hablaré, uno valora más relatos que, con todos sus defectos, tienen frescura y hacen pensar que sus autores pueden entregarnos obras mejores.
Uno es El laboratorio secreto, de Lluís Prats y Enric Roig, una novelita pensada con un cierto aire de película de dibujos animados. Los hermanos Robles viajan con sus padres a París y allí descubren el laboratorio secreto del loco doctor Lafitte y los malvados planes de la empresa tecnológica Trouton. Los autores montan un relato de intriga humorística, con diálogos competitivos entre los hermanos, escenas propias de cine cómico, y aires de fantaciencia. Necesitaría estar más podado y pulido pero, en cualquier caso, es resultón con sus lectores naturales, más cerca de 10-12 que de 15 años.
Lluís Prats y Enric Roig. El laboratorio secreto (2006). Barcelona: Bambú, 2006; 267 pp.; ISBN: 84-8343-014-2.
Enviar Imprimir
miércoles, 15 de noviembre de 2006
Un autor de aventuras fantásticas destacado en el mundo anglosajón es Alan Garner. Por eso, en su momento leí La piedra fantástica de Brisingamen, su única novela publicada en España,  su primera incursión en el género con una trama sobre dos niños que, de vacaciones, acaban involucrados en una lucha entre poderes mágicos. Sus méritos son que su lenguaje tiene calidad, que algunas escenas como la huida de los niños por misteriosos túneles tienen fuerza, y que es el primer libro infantil en la estela que, cinco años antes, acababa de abrir El Señor de los anillos. Sus defectos, que los protagonistas son planos, y que la trama mágica es excesiva y muy arraigada en tradiciones locales. Como no me acabó de convencer pero seguía leyendo elogios de los críticos ingleses, hace poco volví a leerla pero mi juicio siguió siendo el mismo. Y quedo a la espera de que se traduzcan y publiquen en España las obras posteriores del autor.
Alan Garner. La piedra fantástica de Brisingamen (The Weirdstone of Brisingamen, 1960). Madrid: Alfaguara, 1990; 254 pp.; col. Juvenil Alfaguara; trad. de Marta Sansigre; ISBN: 84-204-4677-7.
Enviar Imprimir
miércoles, 26 de julio de 2006
He recibido quejas quejosas de mis críticas a las novelas de aventuras fantásticas.
Unas dicen que yo no sería capaz de escribir nada semejante: es cierto, pero, como afirma el ya citado Reich-Ranicki, ni un ornitólogo sabe volar ni un pájaro sabe ornitología. Otras indican que si un libro lo leen millones de lectores algo tendrá, argumento cuya inconsistencia se ve con tal de que se aplique hasta el final en no pocas cosas. Y otras, por último, piensan que desprecio ese tipo de libros cuando es justo al contrario: cuando uno critica algo con fuerza es porque le interesa mucho y no porque lo desprecie.
En el otro lado están quienes opinan que dedico demasiado espacio a las aventuras fantásticas y argumentan que no son más que una moda. Es cierto, lo son, como, después del éxito de El mundo de Sofía, lo fueron los libros de conocimientos disfrazados de novelas. Más aún: son una moda que dejará tras de sí pocos productos perdurables pues la fantasía es el género literario que pide más trabajo y más categoría por parte de su autor, como Tolkien explicó teóricamente y mostró prácticamente (y como se puede demostrar ya con la experiencia que tenemos). Pero si no hablas de las cosas cuando están de moda quizá no lo hagas ya nunca.
Enviar Imprimir
FarmerTrolls.jpg
jueves, 1 de junio de 2006
De Nancy Farmer, una premiada escritora norteamericana que publica largas historias, algo laboriosas pero claras y bien entretejidas, acabo de leer El mar de los trolls.
Es un relato fantástico en el que Jack, un chico de doce años, adiestrado por un bardo inteligente, debe cumplir una misión complicada entre seres muy singulares y otros no tanto, como la doncella guerrera que, en una ficción juvenil norteamericana, no puede faltar.
Una objeción: en el apéndice se dice que «la destrucción de la Isla Sagrada de Lindisfarne el 8 de junio del 793 horrorizó a los anglosajones del mismo modo que el 11 de septiembre horrorizó a los americanos», un comentario hábil para enganchar a ciertos lectores pero en mi opinión nada certero.
Otra: el sabio Bardo transmite a Jack que las distintas religiones son todas parecidas, aunque a la vez le deja claro que conectarse y fusionarse con la «energía vital» es la religión básica. Dejando de lado (aunque sea mucho dejar) que tampoco aquí parece haber una verdadera comprensión de la cuestión, el hecho de que se presenten algunas creencias cristianas como absurdas, según muestra el comportamiento rígido-fanático-estúpido del padre de Jack, es poco limpio, por decirlo suavemente.
Nancy Farmer. El mar de los trolls (The Sea of Trolls, 2004). Barcelona: Destino, 2006; 476 pp.; col. La isla del tiempo; trad. de Gemma Gallart; ISBN: 84-08-06077-5.
Enviar Imprimir
SanEscAnaSibila.jpg
miércoles, 31 de mayo de 2006
Ana y la Sibila, de Antonio Sánchez Escalonilla, es un relato cinematográfico en su confección, demasiado para mi gusto, pero de una riqueza de contenidos inusual entre los libros de aventuras fantásticas, lo que le hace un buen libro puente hacia el conocimiento del mundo antiguo.
Enviar Imprimir
miércoles, 15 de febrero de 2006
Al menos en su origen, entre las series de aventuras fantásticas las hay netamente infantiles y otras claramente juveniles. Las primeras vienen a ser como películas de dibujos animados, algo que no importa mucho con tal de que todo esté bien escrito y más o menos bien resuelto. En las segundas es donde se aprecia más la factura que pasa la prisa: abundan las faltas de rigor y las simplificaciones abusivas, la estructura narrativa es poco sólida, con frecuencia se afirman estupideces con aires solemnes, en algunos casos también se recurre al tironcillo erótico.
Se aprecia que hay autores sin la necesaria preparación —literaria, intelectual y vital—, para dar solidez a los mundos interiores de sus personajes, o para que las consideraciones morales propias de situaciones extremas tengan un mínimo de coherencia.
Se ve que se intenta dejar claro que los héroes se juegan cosas importantes. Eso da solemnidad al lenguaje y conduce a los escritores a convertir los relatos en libros de autoayuda untuosa. Así, abundan los mensajes tipo «déjate guiar por el corazón», «debes encontrar el camino invisible», etc. (Aquí resuena El principito: «lo esencial es invisible a los ojos»... Pero se ve que no hay claridad mental en quien lo dice y en quien lo escribe. Yo al menos recuerdo muchas veces aquello del tipo que decía «no sé qué quiero decir pero quiero decirlo pese a todo».)
Es patente la búsqueda de la conexión con los éxitos del momento o, si se quiere, con todo ese público que ha consumido antes triunfos novelísticos como El nombre de la rosa, Los pilares de la tierra, El código Da Vinci... Así, abundan las sociedades secretas, los enigmas ocultos, los enemigos fantoches, etc.
En fin, no es extraño que algunos lectores jóvenes se sientan insultados y reaccionen con desprecio cuando alguien va y les regala un libro de estos y les dice que son literatura juvenil.
Enviar Imprimir
miércoles, 8 de febrero de 2006
Algunas condiciones formales de la confección de muchas aventuras fantásticas de hoy son:
—Sentido narrativo. Se trata de darle a la trama una estructura que se apoya en personajes con gancho, y luego llevar a buen paso al lector y no perderlo, no dejarle pensar mucho pero a la vez ser claro.
—Alarde imaginativo. El reto es inventarse paisajes y seres singulares, y describirlos luego hasta en sus más mínimos detalles. Es como si los autores quisieran demostrar que son capaces de hacer más o menos creíbles los seres y lugares más asombrosos. Eso sí, como no hay forma de mantener esto, llega un momento en que sólo se puede recurrir al adjetivo más común: era un paisaje bellísimo, por ejemplo, y que cada uno imagine lo que pueda.
—Sentimientos en conflicto. Con frecuencia son confusos y los choques no están bien resueltos, aunque cualquiera reconozca que no hay experiencia que sirva para orientarse en medio de continuas situaciones-límite tan extravagantes.
—Construcción cinematográfica. Es necesario conectar con el lector joven (y no perder de vista la futura posible película). Han de abundar los diálogos rápidos y las descripciones visuales. Debe haber peleas espectaculares donde sucederán cosas imposibles que ya los efectos especiales nos mostrarán en toda su riqueza. No han de faltar episodios con el clásico suspense de saber si los héroes llegarán o no a tiempo... (Por eso, entre los escritores de libros infantiles hay cada vez más que son o que fueron guionistas de series de televisión.)
—Extensión. Escribir con prisa significa no tener tiempo para podar y pulir, y eso implica longitud. Las cosas se pueden ver de otro modo también: algunas tareas son una innecesaria pérdida de tiempo cuando uno no aspira a pasar a la historia de la literatura y esta es su ocupación porque de alguna forma hay que ganarse la vida.
—Secuelas. Esto es como una maldición. Autores que podrían escribir buenas novelas se ven atrapados por la espiral en la que han entrado: cumplir plazos o el deseo de triunfar y ganar dinero. Libros que podrían ser buenos están mal terminados y además la historia sigue y sigue, contando con que muchos lectores no leen libros sino personajes.
Enviar Imprimir
Kropp.jpg
miércoles, 25 de enero de 2006

El esquema normal de las series de aventuras fantásticas mencionadas semanas atrás es siempre parecido: unos protagonistas huérfanos (o casi) tienen por delante una misión; pronto ven que no les faltan recursos para cumplirla y probablemente descubren que hay profecías que anuncian su futuro triunfo si, como el lector no duda que harán, son capaces de resolver algunos acertijos y enigmas; y, de camino, seguramente averiguan qué misterios hay en su pasado.
Otras dos series en marcha, con este formato, son:
—Kai Meyer. Los caminantes del mar. De momento, dos novelas: Capitanes del Caribe, Rumbo a las tinieblas. He leído sólo la primera: una mezcla de novelas clásicas de piratas con una fantasía desbocada, cuyos protagonistas son unos chicos que pueden andar sobre el agua y a los que se llama renacuajos. Hay plantaciones en las que trabajan espectros y piratas sorprendentes. Se ve que el escritor es experto: cuenta bien, maneja con soltura su material... Pero todo me ha parecido excesivo y en ningún momento me ha enganchado.
—Rick Yancey. Las extraordinarias aventuras de Alfred Kroop. Aventuras artúricas ambientadas hoy. La voz narrativa es graciosa, el contraste entre la forma de hablar de un chaval de ahora y la de un caballero medieval da lugar a golpes que a veces son excelentes, pero la historia se disparata bastante según avanza. Contiene algunos tacos innecesarios, creo yo. De todas formas, siempre se lee mejor un relato con acentos de farsa y persecuciones de «thriller» que una narración enfática y solemne como algunas anteriores ya mencionadas. Y una observación: cuando un autor, en una novela de fantasía de esta clase, habla de «rezar», de «cielo», de «infierno», se ve que no sabe de qué está hablando.
Total, en los dos casos, a no ser que alguien de confianza me aconseje lo contrario, he tenido suficiente.

Enviar Imprimir
martes, 3 de enero de 2006
Un avance informativo sobre algunas aventuras fantásticas que he leído estos días, un tipo de historias en las que el arte ya no está en el libro sino en el marketing.
—Rafael Ábalos, Grímpow. Muy floja. En una estrafalaria Edad Media, el protagonista recibe unos conocimientos especiales y se une a la lucha de una gnóstica sociedad secreta que quiere acabar con «el oscurantismo religioso y fanático» de una Iglesia católica que predica la guerra y persigue a los sabios. Todos los personajes hablan igual. Los acentos, a veces poéticos, son muy artificiales: el negro manto de la noche les cubría, el cielo estaba pigmentado de estrellas, cosas así. Es morosa porque el peso está en las pretenciosas reflexiones que, además, al formularse solemnemente y con aires de gran descubrimiento, suenan ridículas. Los enigmas y acertijos son muchos y todo acaba siendo absurdo. Literariamente resulta incomprensible tanta promoción.
Cornelia Funke, Sangre de tinta. Superflua. Continuación de Corazón de tinta. Mejor hubiera sido una sola y buena novela: la escritora tiene talento y podría...
Laura Gallego, Tríada. Continuación de La resistencia. El entusiasmo de la autora por Paulo Coelho lastra sus obras: sus relatos ganarían sin las frases grandilocuentes y los comentarios enfáticos. Le sobran páginas y tiene defectos de redacción. Además, me resulta difícil creerme, o no soy capaz de comprender bien, los conflictos sentimentales de alguien que resulta ser mitad unicornio-mitad humano, o mitad dragón, o mitad serpiente alada... En fin. No creo que sea la edad.
Christopher Paolini, Eldest. Sólo para los adictos. Continuación de Eragon, tiene sus mismas cualidades y defectos. Abundan las altisonantes frases vacías tipo «encuentra la paz en tu interior y deja que tus acciones fluyan desde allí», aunque las hay más graciosas todavía.
Jonathan StroudEl ojo del Golem. Continuación de El amuleto de Samarkanda. Ambas son las mejores novelas de este grupo pues cuentan con Bartimeo, un personaje que, al menos, uno no se arrepiente de haber conocido. Con todo, y como a todas las anteriores, le sobran varios cientos de páginas (sí, he escrito cientos).
Más adelante hablaré un poco más sobre ellas y sobre otras. Esto es sólo para responder a algunas preguntas y evitar algunas compras tontas por Reyes. Si, con todo, alguien es un adicto al género y tiene curiosidad, mi consejo es que primero las busque y lea en las bibliotecas antes de gastarse dinero. Y, puestos a invertir horas de lectura, es infinitamente mejor el libro citado, días atrás, de Susanna Clarke.
Enviar Imprimir
Bajoria.jpg
miércoles, 19 de octubre de 2005
Si pensamos en que Rastros de tinta es la novela con la que debuta Paul Bajoria, podemos elogiarla. Sigue habiendo demanda para relatos ambientados en el Londres victoriano y narrados por otro joven y entrometido huérfano más, en este caso un ayudante de un impresor que acaba en el centro de un misterioso misterio en el que también se involucra otro huérfano que se parece muchísimo al primero y que también conoce como la palma de su mano los bajos fondos. En este caso los inevitables toques propios de una novela infantil-juvenil escrita hoy –protagonismo femenino, amor a los animales, etc.—, aunque podamos discutir si corresponden a la época, no lastran la historia. Sí lo hace sin embargo la prisa con la que se narra todo. Y es que los autores que deciden volver a la época victoriana, y que podrían escribir buenas historias, deberían darse cuenta de que va contra sus intereses hacer avanzar todo demasiado rápido. Si se fijaran más en los maestros Charles Dickens y Wilkie Collins verían que si contaban las cosas con calma era porque, aunque sabían muy bien que cualquier lector está deseando que lleguen unas coincidencias formidables, sabían igual de bien que no se puede apurar el paso para que se produzcan. En fin, difícil parece que se arregle la cuestión en las secuelas que vienen.
Paul Bajoria. Rastros de tinta (The Printer’s Devil, 2004). Barcelona: Destino, 2005; 318 pp.; col. La isla del tiempo; trad. de Marc Rosich; ISBN 84-08-05931-9.
Enviar Imprimir
martes, 21 de junio de 2005
Un relato de fantasía reciente basado en cuentos populares nórdicos antiguos, del que también se anuncian secuelas, es La colina de los trolls, de Katherine Langrish. Un chico huérfano que vive con sus malvados y brutos tíos se hace amigo de una chica vecina de su edad cuyo padre se ha embarcado, y ambos averiguan que los tíos desean el tesoro de los trols y para eso pretenden regalarles un chico y una chica humanos. Buena parte de los pasos del argumento son muy predecibles, se carga mucho la mano en la mezquindad y estupidez de los malvados así como en el sufrimiento del huérfano maltratado que merece toda la compasión del mundo. A favor tiene la originalidad del escenario y de algunos seres que son menos habituales en esta clase de tramas. Solo para entusiastas, por tanto.
Katherine Langrish. La colina de los trols (Troll fell, 2004). Madrid: Alfaguara, 2004; 279 pp.; col. Alfaguara juvenil; trad. de Amalia Bermejo; ISBN: 84-204-0167-6.
Enviar Imprimir
jueves, 28 de abril de 2005
Los libros de la serie protagonizada por Artemis Fowl, de Eoin Colfer, son entretenidos pero, tal como yo lo veo, en ellos no encajan bien marcos y contenidos: el género de aventura fantástica y los seres que la pueblan no son apropiados para usar los estereotipos y el estilo narrativo y conversacional propios de los «thriller» y las películas de acción. Sin duda, es enorme la facilidad del autor irlandés para esto último y por eso sus libros gustan a los aficionados a esa clase de ficciones con grandes tragaderas, pero no funcionan con quienes no ven nada sabrosa esa inverosímil mezcla en la que una pequeña elfa se comporta y habla como Bruce Willis. Personalmente no me parece que sean productos mínimamente duraderos: espero cosas mejores de Colfer para incluirlas en una selección de LIJ.
Enviar Imprimir
martes, 5 de abril de 2005
Sobre algunos libros que me han preguntado:
Shadowmancer, de G. P. Taylor: no pasé de la página diez.
Molly Moon, de Georgia Byng: leí el primero y me pareció penosamente flojo, por lo que ya no leí el segundo.
Lionboy, de Zizou Corder: el protagonista resulta simpático y atrae también el interesante don que tiene de poder hablar «felino», pero pronto las aventuras se disparatan y la trama se complejiza de un modo absurdo, algo que se agudiza más aún en el segundo volumen titulado La caza.
Una cuestión de tiempo, de Michael Hoeye: en el primer libro están bien el arranque y la definición del personaje principal aunque resulta muy artificioso el conflicto final; y el segundo librito de la serie, El misterio del desierto, ya no se sostiene.
Se pueden decir más cosas, pero no merece mucho la pena. Son casos ilustrativos de cómo el talento literario que falta se intenta suplir con empuje publicitario y energía comercial.
Enviar Imprimir
Goudge3.jpg
martes, 29 de marzo de 2005
Cuando va subiendo la marea del próximo Harry Potter se puede leer una novelita que fue una favorita de la infancia de Joanne K. Rowling: El pequeño caballo blanco, de Elizabeth Goudge. A pesar de sus defectos constructivos merece la pena pues tiene calidad literaria y una simpática protagonista.
Enviar Imprimir
miércoles, 2 de febrero de 2005
Desde hace dos o tres años está llegando a España la producción de la escritora e ilustradora alemana Cornelia Funke. Después de El jinete del dragón, quizá su mejor libro y que además cuenta con una excelente traducción al castellano, de El señor de los ladrones, menos sólido literariamente pero con más éxito popular, de Igraín la valiente, un libro para un escalón de edad más bajo, igual que la serie de Hugo, se acaba de publicar Corazón de tinta, el mejor después del citado en primer lugar y que lleva más de dos millones de ejemplares vendidos según la publicidad. En esta última novela el narrador indica que, de los libros favoritos de la joven protagonista, Meggie, «ninguno tenía una encuadernación de piel. Mientras leía, Meggie no quería imaginarse que habían despellejado a un ternero o a un cerdo para sus libros. Por fortuna, su padre la comprendía perfectamente. Hacía muchos cientos de años, le había contado cierto día a su hija, los libros muy valiosos se encuadernaban con la piel de terneros nonatos: Charta virginea non nata, un nombre maravilloso para un acto nefando. —Y esos libros —le había dicho su padre— encerraban luego un torrente de palabras inteligentes sobre el amor, la bondad y la compasión». Excelente: una niña educada con esta sensibilidad seguro que rechazará con energía en el futuro cualquier tipo de violencia contra seres humanos nonatos.
Enviar Imprimir
publicidad   política de privacidad   aviso legal   desarrollo