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Notas del archivo 'Dostoievski' :: bienvenidosalafiesta ::    
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sábado, 22 de junio de 2013

Termino la serie de comentarios a libros de Dostoievski con dos observaciones que hace Maurice Baring en An Outline of Russian Literature para señalar que las razones de su grandeza no están en sus cualidades literarias pues, en esa dirección, podríamos encontrar escritores que ganarían siempre la comparación con él.

Una la ejemplifica con un episodio de Crimen y castigo en el que Raskolnikov se arrodilla ante Sonia y le dice que no lo hace ante ella sino ante todo el sufrimiento de la humanidad: esto es lo que hace Dostoievski en todos sus libros.

Otra la cifra en la forma en que logra presentar las tragedias de la vida y los conflictos del alma humana: nunca oculta el mal ni presenta su fuerza como menor de la que es en realidad, pero siempre inspira coraje y bondad al lector, pues de sus libros siempre brotan la caridad, la fe y la esperanza cristianas.

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sábado, 15 de junio de 2013

En Diario de un escritor se contienen varios relatos cortos de Dostoievski.

Bobok es un cuento en la tradición de la sátira menipea grecorromana. El escritor Iván Ivanovich cuenta un diálogo que oyó entre los muertos de un cementerio, en el que recuerdan los placeres de la vida y siguen ateniéndose a las posiciones sociales que tenían. Dostoievski deseaba narrar, de forma breve, la corrupción moral de los estratos gobernantes de la sociedad rusa y, para eso, a sus personajes les pone nombres que tienen que ver con la función que tuvieron en vida.

El niño con la manita es un relato parecido a La niña de los fósforos, que Andersen había escrito en 1846. El narrador empieza diciendo que, en víspera de la Navidad, conoció un chico de unos siete años que iba vestido de verano cuando hacía un frío horrible; eso le hizo interesarse por los niños mendigos —habla de que «la manita» significa pedir limosna— y a continuación cuenta la historia de un chico de seis años que vivía en un sótano.

Aunque colocado en boca de otra persona, El campesino Marey, es un relato de un incidente mínimo de la infancia del autor, un gesto espontáneo de generosidad que tuvo con él un campesino, siervo de su padre, cuando estaba perdido y temeroso de los lobos. El autor señala cómo ese suceso permaneció en su mente como algo «típico de la capacidad del pueblo ruso en momentos de crisis moral», como un gesto que indicaba cómo el hombre ruso más humilde «sabía ponerse a la altura de los ideales cristianos que de palabra reverenciaba, pero que tantas veces infringía y traicionaba en los hechos de su vida diaria».

El sueño de un hombre ridículo, un relato con afán aleccionador y un gran desenlace, tiene un narrador que comienza calificándose a sí mismo de hombre ridículo, pues piensa que la vida no tiene sentido y está considerando suicidarse. Encuentra un día, por la calle, a una niña que acude a él para que ayude a su madre enferma y, aunque al principio no le hace caso, luego tiene un sueño que le hace reconsiderar las cosas.

La mansa, subtitulado «Una historia fantástica», empieza con la muerte de una mujer y, a continuación, el narrador explica los hechos: es un prestamista que acaba casándose con una chica joven que frecuenta su establecimiento; el matrimonio comienza bien porque ella es muy sumisa pero, según va quedando de manifiesto la mezquindad del marido, las cosas cambian. El narrador se parece un tanto al de Memorias del subsuelo y a los prestamistas que aparecen en otras obras del autor y que son personas tan obsesionadas con lo material que no se dan cuenta ninguna de las necesidades de otros.

Fiódor Dostoievski. Bobok (Бобок, 1873), El niño con la manita (Мальчик С Ручкой, 1876), El campesino Marei (Мужик Марей, 1876), El sueño de un hombre ridículo (Сон смешного человека, 1877), La mansa (Кроткая, 1876). Figuran en Diario de un escritor. Se pueden encontrar también en la edición titulada Cuentos. Madrid: Siruela, 2007; 520 pp.; col. Libros del Tiempo; edición y trad. de Bela Martinova; ISBN: 978-84-9841-086-0.

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sábado, 8 de junio de 2013

En su momento puse una nota titulada Recuerdos de infancia sobre una edición resumida de Diario de un escritor. Una edición completa de todos los textos de Dostoievski de los últimos años es la titulada Diario de un escritor. Crónicas, artículos, crítica y apuntes. Como indica su editor, Diario de un escritor es un libro que, como tal, nunca existió, pero a él pertenecen artículos de prensa que Dostoievski publicó bajo ese título, en 1873, en una sección de la revista El Ciudadano; luego, los textos que figuraron en un cuadernillo, también titulado Diario de un escritor, que comenzó a publicar mensualmente tres años después, en 1876, durante dos años; y, en tercer lugar, otros cuadernillos que salieron en 1880 y 1881.

Aunque no faltan muchas observaciones de tipo literario, con comentarios acerca de El Quijote, o con críticas largas a obras de Tolstoi o a la figura de Pushkin, el mismo Dostoievski afirma que «nunca escribiré eso que se llama memorias literarias» sino que sólo deseaba escribir un «un diario de mis impresiones personales». En un momento de su redacción menciona un proverbio turco que dice que «si, dirigiéndote a un destino, te detienes en el camino para tirar piedras a todo perro que te ladre, nunca llegarás a tu destino», e indica que «en este Diario mío, voy a seguir en lo posible este sabio proverbio, aunque, por lo demás, no querría atarme de antemano con promesas».

Además de los numerosos comentarios en los que se revela la gran preocupación de Dostoievski por la educación de los niños —como los de Reeducación de los padres o Padres responsables y razonables—, he aquí otro texto interesante, del año 1877, que menciona Joseph Frank: «Los padres de hoy, escribe Dostoievski, no poseen ninguna “gran idea” que puedan transmitir a sus hijos, y “en el fondo de sus corazones” no tienen mucha fe en semejante idea. Y, sin embargo, “sólo una gran fe de esta índole es capaz de hacer nacer algo hermoso en las memorias de los niños, como en realidad puede hacerlo, aun a pesar del más duro ambiente de la niñez, de la pobreza y a pesar, incluso, de esa misma suciedad moral que rodeó sus cunas. Oh, hay casos en que hasta el más caído de los padres, pero que aún logró conservar en su alma tal vez solo una imagen oscura de su anterior gran idea y su fe en ella, ha podido trasplantar la semilla de esta gran idea y este gran sentimiento a las almas impresionables y sedientas de sus pobres hijos, y ha sido después perdonado por ellos de corazón a causa de esta buena acción, a pesar de otras cosas”».

Fiódor Dostoievski. Diario de un escritor. Crónicas, artículos, crítica y apuntes (Дневник писателя). Edición de Paul Viejo. Madrid: Páginas de Espuma, 2010; 1610 pp.; trad. de Elisa de Beaumont, Eugenia Bulátova y Liudmila Rabdanó; ISBN: 978-84-8393-039-7.

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sábado, 1 de junio de 2013

Una de las ideas que se deben destacar, entre las que se tratan en Los hermanos Karamázov, es la de la impostura, que si «aparece como una presencia obsesiva en las páginas de Dostoievski, de la primera a la última, comenzando por El doble y continuando en Los demonios», dice Joseph Frank, culmina de modo majestuoso en esta novela con La Leyenda del Gran Inquisidor que figura en el capítulo quinto. Si gran parte del simbolismo de Los demonios se basaba en la idea de una belleza falsa que ha sustituido a la auténtica belleza y que, por tanto, ha de hablar, engañosamente, en nombre de la Verdad y de Dios, esto se pone más de manifiesto en la dialéctica del Gran Inquisidor cuando, en un pasaje repetidamente citado, habla en nombre de Cristo al mismo Cristo.

Otra de las ideas, que se basa en una experiencia personal del autor convenientemente transfigurada, la explica Frank del siguiente modo: «En una ocasión en que Dostoievski estaba releyendo el Libro de Job una vez más (…), le escribió a su esposa que esa lectura le produjo un estado de “arrobamiento tan enfermizo” que casi le hizo llorar. “Es una cosa extraña, Ania, este libro fue de los primeros en mi vida que me causó una honda impresión; en aquel entonces, yo era todavía casi un niño”. En Los hermanos Karamazov aparece una alusión a esta experiencia reveladora, cuando el padre Zósima recuerda la gran conmoción que le produjo la lectura del Libro de Job a los ocho años de edad y dice que sintió que “por primera vez en mi vida recibí conscientemente la palabra de Dios en mi corazón”. Esta simiente habría de florecer un día en la magnífica exuberancia de la protesta apasionada de Iván Karamazov contra la injusticia de Dios en La leyenda del Gran Inquisidor; pero también habría de fructificar en la sumisión de Aliosha ante la grandiosidad abrumadora del infinito, que también a Job le hizo inclinar la cabeza, y en las enseñanzas de Zósima acerca de la necesidad de una inquebrantable fe en la bondad de la misteriosa sabiduría de Dios. El genio de Dostoievski como escritor estriba en haber sido capaz de sentir (y de expresar) estos dos extremos del rechazo y la aceptación».

Fiódor Dostoievski. Los hermanos Karamásovi (Братья Карамазовы, 1879), en Obras Completas, tomo III. Barcelona: Aguilar, 1949, 4ª ed.; 598 pp.; trad., introd., prólogos, notas y censo de personajes, de Rafael Cansinos Asens. Edición en dos volúmenes, titulada Los hermanos Karamázov, en Madrid: Alianza, 2006; 504 y 688 pp.; col. Bolsilllo Literatura; trad. de Augusto Vidal Roget; ISBN: 978-8420660639 y 978-8420660646. Otra edición está en Barcelona: Alba, 2013; 1008 pp.; col. Clásica Maior; trad. de Marta Rebón, Fernando Otero, Marta Sánchez-Nieves; ISBN: 978-8484289210. [Vista de esta última edición en amazon.es]

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sábado, 25 de mayo de 2013

Los hermanos Karamázov es la obra de Dostoievski en la que todas confluyen. Sin duda, en ella más que en ninguna otra de sus novelas, dice Joseph Frank, queda clara una de las cualidades más sobresalientes de Dostoievski como novelista: «su capacidad no sólo de pintar caracteres con un escrupuloso realismo social y psicológico sino también de vincular sus conflictos y dilemas con una exploración de los problemas últimos de la existencia humana: las preguntas “malditas”, que tradicionalmente han sido planteadas (y contestadas) por la religión». Entre otras, si el fundamento de la moral es el temor de Dios o la solidaridad humana como quieren los moralistas sin Dios; el problema de la responsabilidad moral y la gravedad del crimen en la intención; la culpabilidad ante Dios y la solidaridad de todos en la culpa… Además, es una de las obra más perfectas jamás escritas para ilustrar los horrores morales que sobrevienen cuando se destruyen los lazos familiares.

La novela se compone de doce libros y un epílogo. Sus protagonistas son los Karamázov, el padre y cuatro hijos de personalidades muy distintas. Alioscha es el pequeño e inocente; Iván es inteligente y frío; Dmitri es iracundo y pasional; Smerdiákov es un hijo bastardo y resentido. Hay varios conflictos entre ellos debidos a distintas cosas: a la historia de Smerdiákov y su madre; a la disputa por la herencia entre Dmitri y su padre; a los amores por la misma mujer entre el padre y Dmitri y entre Dmitri e Iván… Por supuesto, hay más personajes y relatos engarzados en el hilo principal, el del asesinato del padre y los niveles de complicidad de los distintos hijos. Para escribir esta historia Dostoievski se inspiró en un joven a quien había conocido en el presidio: allí estaba condenado por parricidio pero años más tarde se descubrió que no era culpable; parece que algunos rasgos de Dmitri Karamázov son los de aquel presidiario. Además, cuando estaba preparando la novela, falleció su hijo Aliosha, de tres años, debido a la epilepsia que sufría: un suceso parecido le ocurrirá, en la novela, al capitán Snegiriov y, además, Dostoievski hará que su principal héroe se llame Aliosha también.

De forma incluso más explícita que en sus otras obras, en Los hermanos Karamázov Dostoievski plantea el combate indirecto entre las ideas que desea tratar, no con argumentos explícitos sino mediante la dramatización de sus consecuencias en el destino de sus personajes, y lleva hasta el extremo uno de sus rasgos formales más destacados: el de renunciar a usar una voz autoritaria en su historia y, a cambio, presentar una gran variedad de puntos de vista. Lo consigue haciendo hablar a cada uno de sus personajes, a veces dejando que haya tramos extensos narrados por ellos mismos, de forma que se ponga de manifiesto cuál es su personalidad; y abandonando la trama principal a veces para entrar en las vidas y el mundo interior de otros secundarios que, al menos en principio, el lector no considera importantes pero que iluminan lo que desea transmitir el autor.

Fiódor Dostoievski. Los hermanos Karamásovi (Братья Карамазовы, 1879), en Obras Completas, tomo III. Barcelona: Aguilar, 1949, 4ª ed.; 598 pp.; trad., introd., prólogos, notas y censo de personajes, de Rafael Cansinos Asens. Edición en dos volúmenes, titulada Los hermanos Karamázov, en Madrid: Alianza, 2006; 504 y 688 pp.; col. Bolsilllo Literatura; trad. de Augusto Vidal Roget; ISBN: 978-8420660639 y 978-8420660646. Otra edición está en Barcelona: Alba, 2013; 1008 pp.; col. Clásica Maior; trad. de Marta Rebón, Fernando Otero, Marta Sánchez-Nieves; ISBN: 978-8484289210. [Vista de esta última edición en amazon.es]

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sábado, 18 de mayo de 2013

En la nota Timidez e insolencia a un tiempo mencioné las ideas de Dostoievski al componer El adolescente, la novela menos conocida y la más endeble de su época última. Es una narración en primera persona, en la que Arkadiy Dolgoruki, un chico de 19 años, que dice de sí mismo ser «desconfiado, adusto e insociable», habla de sus conflictos interiores, derivados de ser hijo ilegítimo de un hombre con fama de mujeriego, Andrei Versilov, e hijo legal de un hombre mayor y respetado, Makar Dolgoruki. Cuenta la formación de su carácter, sus recuerdos de infancia y de la personalidad de su padre natural, a quien primero rechaza y con quien luego se reconcilia. El personaje de Makar, sin ser el protagonista, representa los valores de bondad y abnegación como, por ejemplo, Mishkin en El idiota, Tijón en Los demonios, o Zósima y Alioscha en Los hermanos Karamázov. Versilov representa la generación romántica del decenio de 1840 y su hijo Arkadiy el nihilismo joven del decenio de 1860.

Dostoievski escribió esta novela para publicarla en una revista titulada Notas de la Patria por lo que se adaptó a las normas literarias e ideológicas de sus lectores naturales, más bien populistas. Por eso, dice Joseph Frank, Dostoievski «decidió escribir una novela sociopsicológica de alcance relativamente limitado, en lugar de dramatizar la colisión de absolutos moral-espirituales en conflicto que invariablemente inspiró sus mejores obras». Consiguió un relato donde se mezclan los acentos picarescos y los propios de una novela de formación pero donde la tragedia se vuelve melodrama y, más que en otras novelas, tiene un tono emocional alto que resulta cansino y suena inflado. Esto se puede apreciar, por ejemplo, cuando el narrador se califica a sí mismo de ser «harto propenso a echar la culpa a los demás; pero esta propensión muchas veces engendraba otra idea, sobrado enojosa para mí; la de ¿no sería yo el culpable y no ellos? Así que a menudo solía culparme a mí mismo de un modo horrible». Con todo, a pesar también de la menor unidad estructural comparada con las otras novelas extensas de Dostoievski, tiene valor como estudio psicológico y es representativa de sus preocupaciones.

Fiódor Dostoievski. El adolescente (Подросток, 1875), en Obras Completas, tomo II. Madrid: Aguilar, 1949, 4ª ed.; 384 pp.; trad., introducción, prólogo, notas y censo de personajes de Rafael Cansinos Asens.

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sábado, 11 de mayo de 2013

Los demonios es, dice Joseph Frank, una enciclopedia de la cultura decimonónica rusa presentada por medio de un filtro satírico. Dostoievski la escribió en Dresde impresionado por la noticia del crimen que, por motivos ideológicos, cometió Necháyev al asesinar a un compañero de su misma célula revolucionaria. El autor deseaba mostrar los males moral-espirituales que afligían a la cultura rusa y que, tal como él lo veía, llegaban a su clímax cuando se sumaban el nihilismo de Nechayev y sus cómplices con el enfrentamiento entre generaciones que había retratado Turguénev en Padres e hijos.

La acción se desarrolla en una ciudad provinciana. El narrador es un observador pero también un participante con lo que así puede alternar la intensidad de algunas escenas dramáticas en las que interviene con los comentarios generales propios de un cronista. Los personajes principales son Stepan Trofimovich —que, como Versílov en El adolescente, representa los liberales de la década de 1840—, y su hijo Piotr Verkhovensky, un joven revolucionario que teje una red de conspiradores; Varvara Stavrogina y su hijo Nikolai, cuyo tutor fue Stepan, y a quien cabe considerar el protagonista principal de la novela porque, aunque no está en el primer plano, es quien la domina tanto por sus dotes humanas como por su perversidad moral.

Dice Frank que la vastedad del panorama que presenta el autor, la brillante ferocidad de su ingenio, el poder profético y la visión de su sátira, su capacidad de encarnar en personajes vivos las cuestiones filosófico-morales y las ideas sociales más profundas y complejas, son factores que se suman para que esta obra sea, tal vez, la más deslumbrante de sus creaciones. «Es un drama histórico-simbólico sin precedente, que pretende abarcar todas las fuerzas de la cultura rusa del siglo XIX hasta su momento»; es, también, un «retrato asombrosamente profético de los dilemas morales y de las posibilidades de traicionar los más altos principios, que han continuado obsesionando al ideal revolucionario desde los días de Dostoievski hasta (aun más espectacularmente) los nuestros». Dan idea de su acierto permanente notas como las que, tiempo atrás, titulé Puñado de sandios y El secreto.

De la intención que tuvo Dostoievski habla él mismo en «Una de las mentiras actuales», un texto de 1873 contenido en Diario de un escritor, donde dice: «En mi novela Los demonios he intentado reflejar distintos motivos, según los cuales, incluso los de corazón más puro y los más ingenuos pueden ser involucrados en una maldad tan monstruosa. Precisamente en eso consiste todo el horror: ¡en nuestro país es posible cometer la acción más infame y repugnante sin ser un malvado! Y no sólo en nuestro país, es así en todo el mundo, desde el principio de los siglos, en los tiempos de transición, en los tiempos de revoluciones en la vida de la gente, de dudas y negaciones, del escepticismo y de la inestabilidad sobre las fundamentales convicciones sociales. Pero en nuestro país es más factible que en cualquier otra parte, y este es el rasgo más enfermizo y triste del tiempo presente. En la posibilidad de no considerarse, y a veces casi sin ser realmente un infame, a pesar de haber cometido una villanía evidente e indiscutible, ¡en esto está nuestra moderna desgracia!».

Fiódor Dostoievski. Los demonios (Бесы, 1871-1872). Madrid: Alianza, 2002; dos volúmenes, 869 pp.; col. El libro de bolsillo; introducción y trad. de Juan López-Morillas; ISBN: 84-206-3783-1. Nueva edición en Barcelona: Alba, 2016; 792 pp.; col. Clásica Maior; trad. de Fernando Otero Macías; ISBN: 978-8490651926. [Vista de esta edición en amazon.es]

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sábado, 4 de mayo de 2013

Tal vez El eterno marido, dice Joseph Frank, sea la más perfecta y pulida de las obras breves, y la más clásica en su construcción, de Dostoievski. En ella presenta, una vez más, una lucha entre egoísmo y conciencia, y unos personajes atrapados en la dialéctica del orgullo y la humillación. El relato cuenta la complicada relación entre dos personajes, Velchaninov y Trusotsky. Llegamos a saber que, hace unos años, el primero vivió en la misma ciudad del segundo y fue amante de su mujer, cuando el segundo, al morir su esposa, se presenta en San Petersburgo, junto con su hija, y se hace el encontradizo con Velchaninov. Cuando este se hace cargo de la situación, decide llevar a Liza con una familia conocida para que la eduquen, pero Liza enferma y muere. Además, el comportamiento de Trusotsky es cada vez más patético.

Relato de una doble crisis moral en el que se puede ver la influencia en Dostoievski de una obra como Madame Bovary. Se puede destacar la creación, una vez más, de un personaje como Velchaninov, que tenía «el arte de aparentar completa franqueza y hacer creer a sus oyentes que los consideraba tan francos como él», y que se considera con ideas «superiores» a los demás. Otro punto de interés, señala Frank, es que la presencia y el destino de Liza convierte la obra en tragedia y vuelve a la idea de que la categoría moral de los adultos se mide por la responsabilidad que muestran hacia los niños: el recuerdo de Liza queda «como un símbolo de pureza y bondad por el que Velchaninov se evalúa constantemente».

Fiódor Dostoievski. El eterno marido (Вечный муж, 1870). Madrid: Alianza, 1995; 198 pp.; col. El libro de bolsillo; nota preliminar y trad. de Juan López-Morillas; ISBN: 84-206-0751-7.

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sábado, 27 de abril de 2013

Después del personaje de Aleksey Valkovsky en Humillados y ofendidos, Dostoievski intenta reflejar de nuevo una bondad positiva, una inocente ingenuidad, en El idiota. En esta novela desigual, «la más personal de sus obras mayores», dice Joseph Frank, el autor puso de manifiesto sus convicciones más íntimas: intentó dar forma novelesca a su idea de que «sólo se puede simbolizar la bondad divina en la historia con la completa impotencia». Al príncipe Lev Nikoláyevich Myshkin, huérfano, le mandaron a Suiza cuando era un niño para ser tratado de la epilepsia que sufría. Regresa a San Petersburgo donde vive su única pariente viva, su prima lejana, la generala Lizaveta Yepanchina, a quien no conoce personalmente. Las relaciones de Mishkin con la familia de su prima dan lugar a que tenga un trato especial con su hija Aglaya, y con Nastasya Filippovna, la prometida de Gania, el secretario del marido de su prima, el general Yepanchin. Ambas mujeres son personalidades complejas, que contrastan con el modo de ser inocente hasta la simpleza de Myshkin.

Con este relato Dostoievski se propuso representar lo positivamente bello. En su opinión, «de las figuras bellas de la literatura cristiana, la más completa es la de Don Quijote. Pero sólo es bueno porque al mismo tiempo es ridículo. También es ridícula la figura del Pickwick de Dickens (concepción infinitamente menor a la de Don Quijote, pero, aún así, enorme), y esa es la única razón de que triunfe. La compasión hacia el hombre bello que es ridiculizado y que no tiene conciencia de su propio valor despierta la simpatía del lector. Y esta capacidad de despertar compasión es el secreto del humorismo. Jean Valjean [Los miserables] constituye otro poderoso intento, pero despierta la simpatía por causa de su terrible infortunio y de las injusticias que con él comete la sociedad. Pero no hay nada de esa índole en mi novela y por ello tengo un miedo terrible de que sea un auténtico fracaso».

En efecto, la novela como tal no es convincente para muchos lectores. En primer lugar, porque no lo es la figura de Myshkin, «un enigma inexplicable», «un personaje que trasciende las categorías de la experiencia moral-social mundana». En segundo lugar, a causa de las muchas digresiones de la historia con las que, sin embargo, el narrador pretende señalar las cualidades del príncipe que no lograba presentar en el hilo principal. Con todo, dice Frank, la forma grotesca de tratar algunos asuntos tiene un atractivo comparable a los efectos de las obras de Chagall, que retornan a formas anteriores ingenuas de arte popular para resucitar sentimientos de reverencia y maravillamiento. Además, la novela contiene algunas de las mejores escenas de toda la obra de Dostoievski, como la fiesta de cumpleaños de Nastasya, la cita en el parque de Myshkin y Aglaya, o el velatorio del cadáver de Nastasya.

Uno de los problemas que tiene Myshkin para ser un personaje convincente, al menos como figura de Jesucristo, es que, dice Romano Guardini, «estando en el plano en el que todo tiene sentido, debe moverse en este insensato mundo donde las pequeñas gentes se tienen por importantes. Y todo ello sin entender él mismo nada de cuanto le rodea. Sólo sabe que así debe ser». O, como él mismo afirma: «¿qué clase de idiota puedo ser ahora cuando yo mismo comprendo que me toman por idiota?». En cualquier caso, Dostoievski sí consigue con Myshkin crear, al menos en muchos momentos, un personaje que, por su veracidad indiferente a las consecuencias, acaba siendo el punto de referencia del obrar de los demás; alguien que parece venir de un lugar representado por lo que significan los niños y que tiene una clara conciencia de que las raíces de su vida están en otra parte. Por eso Nastasya, en quien el autor ha buscado recrear literariamente la figura de la pecadora del Evangelio, acaba despidiéndose de Myschkin con un «adiós, príncipe. Por primera vez en mi vida he visto a un hombre».

Fiódor Dostoievski. El idiota (Идиот, 1868). Madrid: Alianza, 2004, 3ª reimpr.; dos volúmenes, 865 pp.; col. El libro de bolsillo; introducción y trad. de Juan López-Morillas; ISBN: 84-206-3621-5.

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sábado, 20 de abril de 2013

En la voz de Dostoievski hay ya un resumen del argumento y un comentario a Crimen y castigo. A ellos —siguiendo ideas que desarrolla Joseph Frank—, se puede añadir que, con esa novela, Dostoievski pretendía explorar las deficiencias filosóficas y morales de la ideología progresista-radical que él mismo había aceptado en el pasado. Para eso va mostrando las distintas fases de las motivaciones de Raskolnikov, para llevarle a él y a los lectores a comprender las contradicciones internas de las ideas en las que creía y para comprobar, al final, que su conciencia lo castigará más severamente que la más dura ley: «lo que debes hacer es aceptar el sufrimiento y redimirte por él», le dice Sonia, y cuando él se niega, ella insiste: «Entonces, ¿cómo vas a vivir, di, cómo vas a vivir con ese peso encima? (...) ¿Cómo vas a soportar ese tormento? Y para toda la vida, ¿te das cuenta?, para toda la vida».

El misterio que la novela resuelve está en el entramado de motivos del asesino que, al final, cobra conciencia de que el propósito moral que lo inspiró ni mucho menos explica su conducta. En esta búsqueda está el suspense del relato, similar al de la búsqueda de un culpable, pero que así es más profundo y, por supuesto, moralmente mucho más complejo. La narración progresa con una sucesión de acusaciones erróneas o de justificaciones con las que Dostoievski, aparte de avivar el interés del lector, consigue contrastes que tienen importancia temática —uno sencillo, por ejemplo, es cuando dice Raskolnikov: «Yo sólo maté a un piojo, Sonia. Un piojo asqueroso, inútil, maligno»; y contesta Sonia: «¿Piojo un ser humano?»—. Todo ese avance hacia la autocomprensión de Raskolnikov, debido a los interrogatorios del magistrado Porfiry Petrovich, le permite al autor integrar en la narración las ideas de cómo se debe leer su novela, es decir, proporcionar «una hermenéutica de su interpretación, que es parte integral de su tema antirradical y que muestra la fe de Dostoievski, frecuentemente expresada, en la importancia de las ideas y en su capacidad de influir sobre la conducta humana».

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sábado, 13 de abril de 2013

El jugador es una novela corta y ramificada de Dostoievski que se sitúa en la imaginaria ciudad de Roulettenbourg, Alemania. El narrador, Alexei, es el tutor de los hijos de un antiguo general ruso que vive a la espera de que muera su anciana tía para heredarla y así poder pagar sus deudas y casarse. Pero la tía, conocida como la Abuela, llega y, asombrosamente, se aficiona al juego y pide que Alexei sea su guía. Otro hilo es que Alexei está enamorado de Polina, la distante hija mayor del general, y que se hace amigo de un inglés que también está muy atento a Polina. El narrador, impulsado por distintos motivos, a veces se comporta de forma insolente. Según avanza la historia se acaba enviciando con el juego con rachas de fortuna y de pérdidas.

El estilo que aquí adopta Dostoievski de comedia social satírica hace que la narración no se pueda interpretar biográficamente, por más que recoja experiencias personales. De todos modos, a través de la forma en que el narrador en primera persona —que no es del todo digno de confianza pues no controla en absoluto sus emociones—, trata de modo calumnioso a los exiliados polacos sí parecen traslucirse algunas ideas un tanto xenófobas de Dostoievski. Fue una novela corta completada con prisa porque, cuando la compuso, el autor estaba apurado por unas deudas contraídas en el juego y necesitaba el dinero que le pagarían. También fue un relato dictado a una taquígrafa recién contratada, Anna Grigorievna Snitkina, que meses después se convertiría en su segunda esposa.

Estas circunstancias influyen en que la narración sea rápida y en que Dostoievski, más que construir un relato bien armado, desease principalmente reflejar el vaivén interior de las sensaciones del jugador, al sentir los escalofríos del riesgo y el vértigo de ganar y perder. El relato es intenso y tiene momentos formidables como, en concreto, la irrupción de la Abuela en la ciudad y en los casinos. Y su protagonista, igual que harán otros de las novelas posteriores del autor, dice al lector: ««una cosa sí haré notar: que últimamente me ha sido —no sé por qué— profundamente repulsivo ajustar mi conducta y mis pensamientos a cualquier género de patrón moral».

Fiódor Dostoievski. El jugador (Игрок, 1866). Madrid: Alianza, 1993, 4ª reimpr.; 180 pp.; col. El libro de bolsillo; trad. de Juan López-Morillas; ISBN: 978-84-206-9238-8. Nueva edición en 2011; 224 pp.; col. Biblioteca Dostoyevski; ISBN: 978-84-206-4194-2.

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sábado, 6 de abril de 2013

Después de haber pintado, en sus relatos previos, a funcionarios como Projarchin o Goliadkin, Dostoievski retrata otro más, de distinto tipo, en El cocodrilo, un cuento satírico inconcluso que se puede considerar un precedente de  Kafka por su denuncia de la burocracia. El narrador dice lo que le ocurrió a su amigo, Ivan Matveich, cuando, en una especie de feria, un cocodrilo que había allí, se lo traga. La curiosa evolución de los acontecimientos es que ni el narrador ni la esposa de su amigo consiguen llegar a un acuerdo con el propietario alemán del cocodrilo para liberar a Matveich, y que, además, él decide quedarse a vivir en su interior y seguir trabajando como funcionario desde allí.

Si algunas de las historias anteriores de Dostoievski transcurrían en un mundo un tanto alucinado, en ninguna como en esta había recurrido a una fantasía tan grotesca, o a un realismo fantástico si se quiere, un subgénero que cultivará más en relatos posteriores. Decía Dostoievski que tenía «una concepción de la realidad y del realismo totalmente distinta de la de nuestros novelistas y críticos», y reivindicaba su idealismo como más real que el realismo de algunos críticos, que «no puede iluminar una centésima parte de los hechos que son reales y que están ocurriendo». En cambio, señalaba con satisfacción, «con nuestro idealismo hemos predicho los hechos».

En Diario de un escritor, Dostoievski desmiente la interpretación que algunos hicieron de esta historia: la de que intentase hablar alegóricamente de un personaje que acababa de ser deportado, de forma que el cocodrilo representaba a Siberia y el funcionario sería ese personaje. Algunos, decía Dostoievski, «concluyeron que yo, que también había sido deportado y presidiario, me alegraba de la deportación de otro desdichado», algo que ni por asomo había pensado. Lo que sí deseaba criticar era, dice Joseph Frank, «la inhumanidad derivada de las “leyes de la economía”», que presenta como endémicas en la derecha y en la izquierda pues implícitamente identifica las dos en El cocodrilo, «mostrando al progresista Iván Matvéich aceptando la misma doctrina que el capitalista Ignaty Prokófich».

El relato no es consistente porque su autor no hace ningún intento por dar verosimilitud psicológica a sus personajes y a sus relaciones, más bien superficiales. Sin embargo, al mostrar cómo los objetivos humanitarios del amigo tropiezan con las ideas del burócrata convencido por el capitalista, y cómo estos dos hacen que la lógica de la utilidad triunfe por encima de las necesidades de un ser humano, Dostoievski adelanta en este relato una de las discusiones ideológicas cruciales de Crimen y castigo, donde el nihilista Raskolnikov reconoce la similitud de sus propias ideas utilitarias, que le han conducido al asesinato, con las del defensor del capitalismo, Luzhin.

Fiódor Dostoievski. El cocodrilo (Крокодил, 1865), en Cuentos. Madrid: Siruela, 2007; 520 pp.; col. Libros del Tiempo; edición y trad. de Bela Martinova; ISBN: 978-84-9841-086-0. Nueva edición en Madrid: Gadir, 2012; 108 pp.; col. El Bosque Viejo; ilust. de Eugenia Ábalos; trad. de Enrique Moya; ISBN: 978-8494044144.

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sábado, 30 de marzo de 2013

Memorias del subsuelo es una novela corta de Dostoievski sobre un personaje aturdido y escindido, escrita después del fallecimiento de su primera esposa y de su hermano más cercano, Mijaíl, y cuando el autor tenía grandes problemas financieros y con el juego. En cierto modo es una continuación de El doble solo que ahora los enemigos del protagonista ya no son imaginaciones sino su propia conciencia, al margen de que sea una más de las muchas historias sobre funcionarios que escribió.

La primera parte es un monólogo interior caótico de un antiguo funcionario, donde piensa venganzas y formula sus pensamientos sobre sus preocupaciones vitales e intelectuales. La segunda parte recuerda cosas de su pasado, un incidente con uno de sus antiguos compañeros de escuela, humillaciones que sufrió en el pasado, su trato ignominioso con una prostituta a la que maltratará.

Relato en el que se da una extraña fusión entre el realismo social de tantas novelas del XIX, la novela-folletón gótico-urbana, y la novela polifónica característica de Dostoievski, aparte del contacto que podemos descubrir con géneros más antiguos. No es cómodo de leer por el tipo de narrador en primera persona que, dice Joseph Frank, «nos toma por sus confidentes hasta un grado que nos incomoda», una incomodidad mayor aún debido a «la aparente falta de ilación de la secuencia narrativa, la combinación de ironía y pathos». Al margen del rechazo que suscita siempre alguien que apunta «¿De qué puede hablar un hombre decente? La respuesta: de sí mismo. Eso haré yo; hablaré de mí».

Una de las cosas más interesantes de la historia, dejando de lado que tal vez sea el más claro antecedente decimonónico del monólogo interior que tantos escritores usaron después, es que Dostoievski por primera vez se plantea exponer, de forma novelesca, los peligros sicológicos y morales que hay tras la ideología radical y mostrar las consecuencias, en la vida personal, de ciertas ideas: el personaje está «firmemente convencido de que cualquier dosis de conciencia es una enfermedad». Con este libro se ve claro algo que afirma Frank: que ningún escritor puede compararse con Dostoievski en su capacidad de retratar la «relación entre las ideas y sus efectos sobre la personalidad humana»; y, en concreto, qué significaría realmente para la conducta humana si se aceptara, como lo hace el hombre del subsuelo, la negación del libre albedrío. Se puede afirmar, por eso, que el genio del autor para mostrar los entresijos de la relación entre la ideología y la psicología, que aquí se reveló ya con fuerza, «se convirtió en la característica de su talento particular y allanó el camino a sus grandes creaciones novelísticas».

Fiódor Dostoievski. Memorias del subsuelo (Записки из подполья, 1864). Madrid: Cátedra, 2003; 198 pp.; col. Letras Universales; edición y trad. de Bela Martinova; ISBN: 84-376-2032-5. Otra edición, titulada Apuntes del subsuelo, en Madrid: Alianza, 2011; 184 pp.; col. Biblioteca Dostoyevski; trad. de Juan López-Morillas; ISBN: 978-8420664484.

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sábado, 23 de marzo de 2013

Apuntes de la Casa Muerta,
de Dostoievski, se ha titulado, en distintas ediciones en castellano, Recuerdos de la Casa Muerta, Memorias de la casa muerta, o Memorias de la casa de los muertos. Es un relato construido a partir de los sentimientos y experiencias del autor con ocasión de su encarcelamiento en Siberia durante cinco años.

En la introducción el primer narrador cuenta que conoció a un personaje que le entregó documentos entre los que había un cuaderno voluminoso y sin terminar: «Era una descripción, aunque incoherente, de los diez años de presidio sufridos por Alexandr Petróvich. En ciertos pasajes la narración era interrumpida por algún otro relato o por recuerdos tan extraños como espantosos, pergeñados con irregularidad febril, como por efecto de una coacción externa». El libro sigue, a continuación, ese cuaderno: cada capítulo describe anécdotas, momentos, o personajes, siempre con observaciones de interés acerca de la psicología de los delincuentes o, en general, de quienes están en la cárcel por distintas razones. La primera parte se centra en el primer año en el presidio. La segunda cuenta, sobre todo, escenas de su estancia, o de la de otros presos, en el hospital. Pero, al comienzo del capítulo 7 de esta segunda parte, titulado «La reclamación», el primer narrador interviene para señalar que un parricida del que habló Alesanrd Petróvich al principio, era en realidad inocente, según ha conocido ahora, y sin embargo padeció diez años de trabajo forzado.

Este libro, donde Dostoievski mezcla y recrea las memorias personales y las informaciones que otras personas que pasaron por lo mismo le transmitieron, tiene mucho de relato documental o testimonial pero, también, mucho de novela: las repeticiones y retornos forman parte de la estructura que pensó el autor precisamente para que las impresiones negativas se profundicen y transformen; para reforzar en los lectores la sensación de mundo cerrado, de rutina inmutable, de ciclo interminable que no permite cambios. Así que la falta de organización del material narrativo, dice Joseph Frank, es aparente, pues el autor buscaba formar las percepciones del lector y, al hacerle notar la relación del tiempo narrativo con la experiencia subjetiva, quería aproximarle a los sentimientos y sufrimientos de los prisioneros. Por ejemplo, de su mundo interior la narración subraya que «las ilusiones y el prolongado encierro hacían que la libertad nos pareciese más libre que la libertad verdadera, es decir, que la que existe en realidad. Los presos exageraban el concepto de la libertad auténtica, cosa muy natural y muy propia de todo cautivo».

Fiódor Dostoievski. Apuntes de la Casa Muerta (Записки из Мёртвого дома, 1862). Madrid: Alianza, 2011; 475 pp.; col. El libro de bolsillo; trad. de Luis Abollado Vargas; ISBN: 978-84-206-5066-1.
Nueva edición, con el título Memorias de la casa muerta, en Barcelona: Alba, 2017; 440 pp.; col. Alba Minus; trad. de Fernando Otero; ISBN: 978-8490652763. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 16 de marzo de 2013

Si, al principio de su carrera, Dostoievski presentaba figuras gogolianas —el escribano burócrata, el soñador romántico, el oficial corrupto…—, luego fue aumentando su ambición de crear personajes-tipo que fueran portadores de las tendencias y corrientes de pensamiento que veía crecer a su alrededor. Un ejemplo significativo es el relato corto Un episodio vergonzoso, una crítica burlesca de la condescendencia de algunos intelectuales.

En una reunión con otros funcionarios de alto nivel como él, Ivan Ilyich Pralinsky habla de su modo de pensar comprensivo y compasivo hacia la gente de condición social baja. Al dejar esa reunión, el protagonista encuentra, por casualidad, la boda de uno de sus subordinados y decide mostrar su benignidad con él y su familia entrando en la fiesta. La situación acaba siendo muy embarazosa para todos, incluido el protagonista que, poco a poco, va siendo consciente de que está completamente fuera de lugar.

Relato acerca de cómo la idea benevolente que un hombre tiene de sí mismo se deshace al ponerla en contacto con la realidad, y de la falsedad radical del humanitarismo «alimentado por clichés literarios», tan propio de algunas personas pudientes. Los buenos momentos cómicos de la historia y sus acentos satíricos no hacen tanto reír como provocar incomodidad, la misma que va sintiendo el héroe de la historia que, si bien va dándose cuenta de sus propios errores de juicio, tampoco desea reconocer de frente su mezquindad. Hay también, sigue señalando Joseph Frank, un «triunfo de la vida real con sus necesarios compromisos y limitaciones» sobre cualquier pomposidad ideológica.

En particular, están «escritas con un estilo chusco de considerable vigor cómico» algunas escenas de la celebración, precedentes de otras como el despertar de Marmeladov en Crimen y castigo y como la magistral escena de la fiesta en Los demonios. Pero, lo que eleva el cuento por encima de un simple esbozo de farsa, es el choque ideológico en el que Dostoievski emplea como portavoz suyo a un personaje cuyas ideas le desagradaban —un joven periodista radical—, «para desacreditar a otro personaje cuyas actitudes le repugnaban más aún». Y es que, dice Frank, «uno de los aspectos más asombrosos del genio de Dostoievski es su disposición a reconocer la relativa validez humana, en situaciones concretas, de puntos de vista con los que no estaba de acuerdo en otros contextos, y darles la más plena y animada vida artística»

Fiódor Dostoievski. Un episodio vergonzoso (Скверный анекдот, 1862), en Noches blancas, El pequeño héroe, Un episodio vergonzoso. Madrid: Alianza, 1988; 176 pp.; col. El Libro de Bolsillo; trad. de Juan López-Morillas; ISBN: 84-206-1883-7.

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sábado, 9 de marzo de 2013

Humillados y ofendidos, la primera novela que Dostoievski publicó después de regresar de su destierro en Siberia, puede calificarse de dickensiana por sus personajes, por su contenido melodramático, por su crítica de los poderosos, por su construcción en capítulos que tienen finales en punta que tiran del lector hacia delante, y por su desenlace favorable a los héroes. No fue bien recibida por la crítica pero sí fue, y sigue siendo, una de las novelas más populares del autor.

El narrador, Vania, es un escritor joven que publica una primera novela —cuyo contenido coincide con Pobres gentes—. Está enamorado de Natascha, la hija del administrador de las posesiones del príncipe Valkovski, pues crecieron juntos, pero Natascha se enamoró de Aliosha, el alocado y bondadoso hijo del príncipe, y huyó con él. La vida de Vania oscila entre cuidar a Nelly, una niña con epilepsia, después de rescatarla de la casa de la malvada señora Boubnova; consolar a los padres de Natascha, profundamente heridos por la huida de su hija; y mediar entre Aliosha y Natascha. Entretanto, los planes de Valkovski los amenazan a todos.

Dostoievski atribuyó parte de los defectos de su novela a que, debido a los plazos de entrega, estaba obligado a escribir tramos cortos y a que no pudo realizar todas las correcciones que le gustaría. Sea como sea, intentó desarrollar una trama en la línea de Balzac o Dickens, con un motivo temático: «tendremos que elaborar nuestra futura felicidad a base de sufrimiento», dice Natasha. Fue también una primera tentativa de dramatizar los peligros morales que hay en las ideas radicales: según Dostoievski el colmo de la perversión humana consiste en justificar una acción baja o viciosa con el motivo de que el sufrimiento que causa es bueno para la víctima involuntaria.

Es destacable la descripción realista de las vidas de los infortunados. Así, hablando del comportamiento de Nellie, el narrador dice: «se diría que se recreaba en el dolor, en el egoísmo del sufrimiento, si se me permite la expresión. Yo podía llegar a entender aquel enconamiento del dolor, aquel regodeo: era el deleite de tantos humillados y ofendidos, de tanta gente que había sido aplastada por el destino y había sentido en carne propia su iniquidad». E Ijmeniev, el padre de Natascha, afirma el poder del amor familiar frente a los abusos cuando se reconcilia por fin con su hija: «¡Aunque hayamos sido humillados, aunque hayamos sido ofendidos, otra vez estamos juntos, y ya pueden volver a triunfar los soberbios, los altivos que nos han humillado y nos han ofendido!»

La maldad del príncipe Valkovski, un personaje sin luz positiva ninguna, queda clara en una declaración a Vania: «Ámate a ti mismo: esa es la única regla que acato. La vida es una transacción comercial: no conviene tirar el dinero, pero hay que pagar cuando uno queda satisfecho; ésa es la única obligación que tenemos con el vecino. Esa es mi moral, por si quiere saberlo, aunque le confieso que, en mi opinión, es preferible no pagar al vecino, e ingeniárnoslas para que nos sirva de balde. No tengo ideales ni quiero tenerlos; nunca los he echado de menos». Y más adelante sigue: «No sé lo que son los remordimientos de conciencia. Estoy de acuerdo con todo siempre que me vaya bien: somos legión los que pensamos así, y lo cierto es que nos va de maravilla. Todo es perecedero en este mundo, pero nosotros jamás pereceremos. Existimos desde la noche de los tiempos. Ya puede hundirse el mundo entero que nosotros saldremos a flote».

Fiódor Dostoievski. Humillados y ofendidos (Униженные и оскорблённые, 1861). Barcelona: Alba, 2010; 437 pp.; col. Clásica; trad., introducción y notas de Fernando Otero Macías y José Ignacio López Fernández; ISBN: 978-84-8428-615-8.

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sábado, 2 de marzo de 2013

Stepanchikovo y sus moradores. Notas de un desconocido fue un relato pensado, al principio, para ser una obra de teatro y, como tantas veces en la vida de Dostoievski, compuesto para tener algunos ingresos. En ella, uno de los personajes, Serguéi Aleksándrovich, es presentado como autor y narrador de la historia. Esta comienza cuando su tío, el coronel Yegor Ilich, un hombre muy bondadoso pero extraordinariamente pusilánime, le manda ir a su casa de Stepánchikovo para que se case con la niñera de sus hijos pero, en realidad, pronto descubre que su tío es quien está enamorado de ella. La razón de la extraña intriga está en la influencia de un tal Fomá Fomich, un personaje absurdo y abrumador, convencido de su talento como escritor y que tiene una total autoridad ante la madre del coronel y ante todos los habitantes de la casa.

Narración con fuertes tonos de comedia, descripciones de ambientes y personajes interesantes, como siempre, aunque la presencia de Fomá lo domina todo y, por momentos, resulta excesivo. Basta ver que se lo retrata como un hombre mezquino, insignificante, repulsivo, inútil, asqueroso, «pero dotado de un amor propio inmenso, carente, además de toda capacidad de justificar de algún modo su enfermiza presunción»; es «la personificación de una vanidad ilimitada», de «la más descarada susceptibilidad, la suspicacia más delirante» y de «un orgullo ofendido, agraviado por fracasos anteriores, infectado hacía mucho, mucho tiempo, lleno de de odio y envidia hacia todos aquellos que triunfan». Pero, contra lo que cualquier lector podría pensar e incluso desear, el autor le da una salida digna y nos dirá que «había sido oprimido y había sentido de inmediato la necesidad de oprimir; se habían burlado de él y también él se burló de otros. Había sido bufón y él mismo se rodeó de sus propios bufones».

Explica Joseph Frank que Dostoievski intentó en este relato poner de manifiesto «la preeminencia moral de una persona débil, llena de amor y de perdón, sobre una persona fuerte, monstruosamente egoísta, devorada por la vanidad y el resentimiento». También fue su primer internto de crear «ese ideal de un hombre perfectamente bueno» por más que algunas personas, a su temor a herir y a ser cruel, le llamen cobardía, y por más que así obtenga burlas de aquellos mismos a quienes beneficia. Otro de los objetivos del autor es seguir ahondando en la psicología de la humillación y en el poder explosivo del resentimiento, igual que satirizar el comportamiento de quienes usan el cristianismo como pantalla del propio interés. De hecho, Fomá Fomich se ha convertido en un apodo en Rusia para cualquier insolente e impertinente hipócrita, mucho más que los dickensianos Uriah Heep y Pecksniff en Inglaterra.

Fiódor Dostoievski. Stepanchikovo y sus moradores. Notas de un desconocido (Село Степанчиково и его обитатели, 1859). Barcelona: El Aleph Editores, 2010; 277 pp.; col. Modernos y Clásicos de El Aleph; trad. de Lydia Kúper; ISBN: 978-84-7669-933-1.

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sábado, 23 de febrero de 2013

El sueño del tío (o El sueño de tito en la traducción antigua que yo he leído), junto con Stepanchikovo y sus moradores, la escribió Dostoievski durante su estancia en Siberia y la publicó, a su regreso, en 1859, cuando le habían obligado a residir en Tver, una ciudad cincuenta kilómetros al norte de Moscú. Ambas novelas se asemejan en que tienen lugar en un ambiente provinciano, en que tienen personajes parecidos —tío, sobrino, alguien muy maniobrero en medio— y que su núcleo es intentar el arreglo de un matrimonio por interés. En este caso, el relato se sitúa en el pueblo de Mordásov. Está centrado en un viejo y rico príncipe, algo lelo, al que una mujer enredadora, Maria Aleksandrovna, convence para que se case con joven hija Zina. Esta, que de ninguna manera lo desea, primero acepta los planes de su madre pero luego tiene un arranque de honradez. Entretanto, un sobrino convence al anciano tío de que nunca se comprometió al matrimonio sino que sólo tuvo un sueño.

El autor no concedía mucho valor a esta novela, ni cuando la estaba escribiendo ni con el paso del tiempo. Sin embargo, Joseph Frank la reivindica por dos cosas: la creación de la locuaz Maria Aleksandrovna, una personalidad fuerte y dominante, y la de contar las cosas por medio de un nuevo tipo de narrador: el de un cronista chismoso e interesado en el rumor y la calumnia. Dostoievski emplearía de nuevo un narrador de la misma clase para Los demonios y Los hermanos Karamazóv pues vio que tenía la ventaja de que así podía poner los personajes principales en el medio de un cuadro de rumores, opiniones y difamaciones que realizan, hasta cierto punto, la función del coro griego.

El hecho de que sea una novela poco conseguida se nota, también, en que casi no hay ediciones en castellano. De hecho, para leerla he recurrido a la meritoria edición de las obras completas de Dostoievski que hizo Rafael Cansinos Assens en las primeras décadas del siglo XX. Gracias a eso, debo decir, he hecho un redescubrimiento valioso, tanto al leer los prólogos que Cansinos Assens puso a todas las obras de Dostoievski, donde se ve su profundo conocimiento del autor, como al comprobar que si las traducciones que hizo tienen defectos tienen también el sabor del buen castellano de su época.

Tanto los acentos propios de la traducción como la complicidad del narrador se pueden apreciar en el párrafo donde se inician los enredos: «…para contestar cumplidamente esas preguntas será preciso que entremos en casa de la propia María Aleksándrovna, adonde rendidamente suplicamos al respetado lector que nos siga. Algo temprano es todavía, pues apenas si habrán dado las diez; pero yo estoy seguro de que ella no habrá de darnos con la puerta en las narices a nosotros, que somos sus mejores amigos, sino que, lejos de eso, nos recibirá con todo agrado».

Fiódor Dostoievski. El sueño de tito (Дядюшкин сон, 1859), en Obras completas tomo I, Madrid: Aguilar, 1991; 96 pp. de 1369 pp.; introducción, trad. y breves prólogos a cada obra de Rafael Cansinos Assens; ISBN: 968-19-0140-1.

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sábado, 16 de febrero de 2013

Nétochka Nezvánova fue una obra que, según los planes de Dostoievski, debía seguir la vida del personaje y constar de cinco o seis libros, cada uno independiente. Al fin, tal como fue publicada, consta de tres partes: en la primera, la niña protagonista tiene un padrastro patético, con ínfulas de gran músico; en la segunda es adoptada por un hombre rico y tiene unas relaciones de amistad curiosas con su caprichosa hija Katia; en la tercera vive, siendo ya joven, con la hermana mayor de Katia y su marido.

Novela tal vez algo deudora de Jane Eyre, y un poco dickensiana, que su autor consideraba valiosa. Su finalidad original era mostrar la función liberadora del arte por medio de la protagonista, que sería una gran artista pero, en relación a esa cuestión, lo que la novela muestra es un personaje, el padrastro de Nétochka, Yefímov, que no acepta los consejos que sus buenos amigos le dan —«no desprecies el trabajo humilde», «aprende a esperar, estudia»…—, y que ha quedado dibujado como paradigma del artista susceptible y frustrado que se justifica en su pobreza. Tal como indica el narrador, un artista deja de serlo cuando su anhelo es la gloria y ha «perdido el máximo instinto artístico, es decir, el amor al arte tal cual es y no por ninguna otra razón ni como medio de alcanzar la fama».

Entre otros puntos de interés de la novela, uno es el de las complejas relaciones de Netochka con su madre y su padrastro, de rechazo injusto hacia la primera y de disculpa excesiva del segundo, con los remordimientos y sentimientos de culpa posteriores: el autor quería mostrar aquí el proceso de maduración emocional y moral de su protagonista y, tal vez, dice Joseph Frank, pintó también su propio mundo interior en relación a su padre, al que pensaba que había tratado y juzgado mal. Otro es el intenso duelo psicológico entre Katia y Netotchka, junto con la creación de Katia, la primera de las «mujeres infernales» novelescas del autor aunque, al ser una niña, su herida interior no es aún profunda.

Fiódor Dostoievski. Nétochka Nezvánova (Неточка Незванова, 1849), en Novelas y relatos (1846-1849), en Obras completas I. Barcelona: Galaxia Gutenberg – Círculo de Lectores, 2009; 1197 pp.; trad. de Lidia Kúper y Luis Abollado; edición y prólogo de Ricardo San Vicente; ensayo introductorio de Augusto Vidal; ISBN: 978-84-8109-798-6 y 978-84-672-3449-7.

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sábado, 9 de febrero de 2013

Entre los relatos de su primera época Dostoievski publicó dos muy notables sobre niños: El Árbol de Navidad y una boda y El pequeño héroe. En ellos se ve bien la falta de sentimentalismo con la que el autor ruso aborda el mundo de la infancia y se insinúa la idea de que la categoría moral de alguien se mide por la forma en que trata a los niños.

En El Árbol de Navidad y una boda, el narrador empieza diciendo que, hace un par de días, estuvo en una boda. Para explicar sus sentimientos y sus reacciones, cuenta que, cinco años atrás, asistió a una fiesta en Navidad en honor de una niña que celebraba su cumpleaños. En ella presenció la recepción de regalos de los niños, de acuerdo con las distintas clases sociales a las que pertenecía cada uno; y, luego, los episodios, patéticos, en los que un hombre adinerado intenta ganarse la confianza de la niña, primero, y de rechazo a un chico pobre, después. El relato describe bien los comportamientos de los niños, desde las actitudes clasistas en las que han sido educados hasta las reacciones de afinidad entre ellos o de vergüenza ante algunos comportamientos adultos. Además, la narración desprende un fuerte desprecio hacia la fatuidad del rico y hacia el servilismo que algunos muestran hacia él.

En El pequeño héroe, el narrador recuerda cosas que le ocurrieron cuando, siendo un niño de once años, fue invitado a una fiesta de varios días en una casa de campo, en las afueras de Moscú. Allí estaba molesto porque una de las señoras le incomodaba con bromas equívocas y, a la vez, se sentía atraído por otra mujer, Madame M., amiga de la primera. Lo primero da lugar a reacciones de irritación del chico y un día, a modo de desafío, se sube a un caballo que nadie quería montar y él consigue hacerlo sin caerse. Como consecuencia se hace popular y eso facilita que Madame M. se fije en él, lo que le acaba conduciendo a darse cuenta de más cosas. Se puede destacar que aquí Dostoievski trata el mundo de los acaudalados terratenientes, como lo habían hecho Turguenev o Tolstoi, y que describe un problema «normal»: su protagonista no es ni un soñador ni alguien maltratado por la vida. Hay una parte ambiental, crítica con los «tunantes mundanos» que piensan de sí mismos que tienen «una profundísima simpatía por la humanidad», que «reprenden sin descanso el romanticismo y, con él, todo lo que es belleza y verdad». Y hay una parte de descripción y análisis de los sentimientos del niño: se dibujan muy bien los momentos de confusión y de angustia del chico, y se dejan ver sus primeros sentimientos de atracción hacia una mujer. El relato justamente termina con la frase «mi primera infancia terminó en ese instante».

Fiódor Dostoievski. El Árbol de Navidad y una boda (Ёлка и свадьба, 1848), en la recopilación titulada El Gran Inquisidor y otros cuentos. Madrid: Siruela, 2010; 280 pp.; col. Escolar (Filosofía); prólogo de José Antonio Marina; trad. y notas de Bela Martinova y Augusto Vidal; ISBN: 978-84-9841-458-5.
Fiódor Dostoievski. El pequeño héroe (Маленький герой, 1849), en Noches blancas, El pequeño héroe, Un episodio vergonzoso. Madrid: Alianza, 1988; 176 pp.; col. El Libro de Bolsillo; trad. de Juan López-Morillas; ISBN: 84-206-1883-7.

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sábado, 2 de febrero de 2013

Dentro de los relatos de la primera época de Dostoievski, tal vez sea La patrona el de un apasionamiento más exagerado y lejano a la mayoría de los lectores pero que cualquier interesado en el autor ruso debe conocer porque anticipa cuestiones que tratará mejor en obras posteriores. Por contraste, Noches blancas, el último relato que publicó antes de su deportación a Siberia, sí puede gustar a cualquier lector porque tiene una estructura cuidada y porque dibuja bien un tipo de personaje siempre actual. Los dos tienen en común que sus protagonistas viven bastante fuera de la realidad.

En La patrona un tal Órdinov se enamora de una mujer extraña y, por esa razón, se cambia de pensión. Pero la mujer resulta estar unida de forma misteriosa con un tipo mayor llamado Murin, también raro y epiléptico como el protagonista. En este relato, que Dostoievski no consideraba bueno, aborda problemas psicológicos nuevos como la expiación de un pecado imaginario y la fuerza de la sugestión pero, sobre todo, trata el tema de la libertad humana, que deseaba presentar como destruida por el despotismo y las condiciones de vida de la sociedad rusa. Hay que decir que su ambiente resulta irreal, de un romanticismo gótico exacerbado que tiene deudas del folclore. Es también es la primera vez en la que aparecen personajes epilépticos (que luego veremos en Humillados y Ofendidos, El Idiota, Los Demonios, Los Hermanos Karamázov).

El protagonista y narrador de Noches blancas —el relato mejor construido de todos los que Dostoievski firmó estos años—, es un hombre de 26 años, sin nombre, que vive solo en San Petersburgo, recreándose en sus sueños e imaginando que las casas son sus amigos. Un día ve que a una chica pueden asaltarla y lo impide; a partir de ahí entabla relación con ella: se enamora pero ella le advierte que prometió esperar a otro pretendiente que le aseguró que regresaría dentro de un plazo a punto de cumplirse. El subtítulo de «Novela sentimental (Recuerdos de un soñador)», da idea del tema fundamental: presentar un personaje arquetipo del que vive siempre en un mundo imaginario pero, esta vez, de una forma más bien amable, que se aparta de los tonos tragicómicos y satíricos de relatos anteriores.

Fiódor Dostoievski. La patrona (Xoзяйкa, 1847), en Novelas y relatos (1846-1849), trad. de Lidia Kúper de Velasco, en Obras completas I. Barcelona: Galaxia Gutenberg – Círculo de Lectores, 2009; 1197 pp.; trad. de Lidia Kúper y Luis Abollado; edición y prólogo de Ricardo San Vicente; ensayo introductorio de Augusto Vidal; ISBN: 978-84-8109-798-6 y 978-84-672-3449-7.
Fiódor Dostoievski. Noches blancas (Белые ночи, 1848), en Noches blancas, El pequeño héroe, Un episodio vergonzoso. Madrid: Alianza, 1988; 176 pp.; col. El Libro de Bolsillo; trad. de Juan López-Morillas; ISBN: 84-206-1883-7.


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sábado, 26 de enero de 2013

Señala Joseph Frank que, en sus primeros escritos, Dostoievski tiene un deseo de mostrar, con un «naturalismo sentimental», los valores humanos ocultos en las vidas de los más humildes y oprimidos, incluso cuando difícilmente podían ser considerados ejemplos de virtud. Esto se ve bien en los cuentos cortos que, al principio de su carrera, publicó en distintas revistas.

Una novela en nueve cartas es una breve historia que describe críticamente, mediante cartas que se dirigen dos personas, el funcionamiento de la burocracia, el carácter de los peterburgueses y un mundo de chismorreos, todo con acentos de lo más cortés. El señor Projarchin, un relato sobre cómo la avaricia puede aislar y volver egoístas a los hombres, trata sobre un personaje con una vida mísera, de quien todos en su pensión tienen lástima hasta que, cuando muere, se descubre la verdad. Como Projarchin, también fue funcionario Polzunkov, una especie de bufón con buenos sentimientos que no cesa de pedir dinero a todos los que le rodean debido a las desgracias que le sucedieron en el pasado con el que fuera su jefe. Un corazón débil trata sobre dos amigos muy unidos, uno de los cuales está enamorado y no para de mostrar su entusiasmo, con una emotividad desbordada y excesiva, mientras el otro intenta frenarle un poco y hacerle notar las limitaciones que le impone su trabajo de funcionario. La mujer ajena y el marido debajo de la cama es una breve comedia de enredo, un relato en el que Dostoievski se dejó llevar por un raro ataque de frivolidad. En El ladrón honrado, un viejo soldado, criado del narrador, cuando a este le ha desaparecido el abrigo le cuenta un suceso acerca de otro criado, Yemelyan, que bebía en exceso y robó el abrigo de su amo.

Ninguno de los relatos citados es de los mejores del autor pero sí dan idea de su notable capacidad descriptiva, de su afán de mostrar minuciosamente los mundos interiores de sus personajes, y de cómo, en cada uno, aborda situaciones distintas o cambia de tono y de narrador según haga falta. En ellos, aparte de que se muestra el talento particular de Dostoievski para componer buena parte de sus historias por medio de diálogos ágiles, se ven sus primeros intentos de crear tipos y actitudes que luego perfeccionará —como la psicología del avaro, de Projarchin, que retomará en personajes de El jugador, El idiota, o El adolescente—, y se ve su intención de que sus héroes tragicómicos sean como un espejo en el que todos puedan ver cuál es su verdadera condición —como cuando los oyentes se ríen al oír las desventuras de Polzunkov en medio de la jungla burocrática que todos en realidad sufren y sostienen—.

Fiódor Dostoievski. Una novela en nueve cartas (Роман в девяти письмах, 1845-1847), en Obras completas tomo I, Madrid: Aguilar, 1991; 12 pp. de 1369 pp.; introducción, trad. y breves prólogos a cada obra de Rafael Cansinos Assens; ISBN: 968-19-0140-1.
Fiódor Dostoievski. El señor Projarchin (Γοcпoдин Пpoxapчин, 1846), Polzunkov (Πoлзyнкoв, 1847), La mujer ajena y el marido debajo de la cama (Чужая жена и муж под кроватью, 1848), El ladrón honrado (Честныйвор, 1848), Un corazón débil (Слабое сердце, 1848), en Cuentos. Madrid: Siruela, 2007; 520 pp.; col. Libros del Tiempo; edición y trad. de Bela Martinova; ISBN: 978-84-9841-086-0.

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sábado, 19 de enero de 2013

El doble fue la segunda obra de Dostoievski. Su acogida no fue buena, debido a que las expectativas creadas por su libro anterior eran muy altas, y debido también a que no se le perdonó, como la primera vez, su parecido con obras previas de Gógol. El narrador y protagonista es un funcionario público llamado Goliadkin que, ya desde los comienzos, resulta un tanto ridículo por sus aires de grandeza y su inseguridad. Al principio su jefe lo rechaza en una comida y, después, al volver a su casa, descubre a un personaje misterioso que resulta ser un doble suyo, Goliadkin II, el cual, en días sucesivos va mostrando un modo de ser resuelto que choca una y otra vez con el original.

En esta historia se ve clara la influencia de Hoffmann, un autor con querencia por los estados emocionales patológicos y la combinación de trivialidades reales con mundos oníricos. Su importancia está en que Goliadkin es un antecesor de las personalidades desgarradas que Dostoievski creó, aunque aquí sólo le pone un marco de referencia exclusivamente socio-psicológico. La narración es en tercera persona pero desde dentro del protagonista: el autor desea presentar una lucha psicológica como si fuera real. Esto indica que no se sabe muy bien si es o no cierto lo que se cuenta: por momentos queda claro que Goliadkin tiene alucinaciones pero, en otros, todo parece responder a una realidad objetiva. Esta técnica, de usar un narrador que por un lado está parodiando a Goliadkin pero que, por otro, usa su mismo lenguaje y finge que se ciñe a su horizonte, provoca que la historia resulte una tragicomedia poco equilibrada.

El mismo Dostoievski, señala Joseph Frank, reconocía que había fracasado al darle al relato un «titubeante vaivén entre lo psíquico y lo sobrenatural. El doble, como proyección imaginaria derivada del delirio de Golyadkin, es un fenómeno perfectamente concebible; en cambio, como su imagen refractada con existencia propia y su mismo nombre, resulta perturbador y misterioso. En el futuro Dostoievski jamás volverá a mostrarse vacilante a este respecto: sus dobles serán alucinaciones definidas, o bien lo que podríamos denominar “cuasidobles”, personajes con vida propia que a la vez son una manifestación más visible de algún aspecto interno de otro personaje».

Fiódor Dostoievski. El doble: poema de Petersburgo (Двойник, 1846). Madrid: Alianza, 2000; 195 pp.; col. El libro de bolsillo, Literatura; nota preliminar y trad, de Juan López-Morillas; ISBN: 84-206-3557-X. Otra edición en 2011; 240 pp.; col. Biblioteca Dostoyevski; ISBN: 978-8420664477.

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sábado, 12 de enero de 2013

Pobre gente, la primera obra de Dostoievski, fue aplaudida por el crítico más influyente del momento y le convirtió en un escritor reconocido. Su contenido es un intercambio epistolar entre un hombre mayor, el funcionario Makar Alekséievich Dévushkin, y una joven huérfana, Varvara Alekséievna Dobrosiólova, donde se cuentan uno al otro los incidentes de sus trágicas vidas.

Es evidente la influencia de obras de Gógol en la pintura que hace Dostoievski de las vidas de los funcionarios, algo que aparecerá una y otra vez en sus relatos posteriores. La novela refleja las inquietudes sociales del autor, su mirada de piedad hacia los desfavorecidos, a quienes presenta como seres bien conscientes de su propia dignidad y solidarios con los demás a pesar de que, dice Varvara, «la desgracia es una enfermedad contagiosa. Los desgraciados, los pobres, tenemos que estar apartados los unos de los otros para no agravar la infección».

Esta obra ejemplifica ya ciertos rasgos propios del arte literario de Dostoievski pues, dice Joseph Frank, «muestra su preferencia por una poética de la subjetividad en la que sus personajes expresan directamente sus pensamientos y sentimientos más íntimos; y en todas sus novelas continuaría favoreciendo los monólogos o diálogos dramáticos, en lugar de la exposición en tercera persona. Aun en las ocasiones en que se vale de un narrador en tercera persona como en su siguiente obra, El doble, este narrador nunca es un observador puramente objetivo y distanciado: se fusiona con la conciencia del personaje de una manera que ya hace prever ulteriores desarrollos de la técnica de la corriente de conciencia (también denominada monólogo interior)».

Fiódor Dostoievski. Pobre gente (Бедные людии, 1846). Barcelona: Alba, 2010; 220 pp.; col. Alba Clásica; trad. de Fernando Otero Macías y José Ignacio López Fernández; ISBN: 978-84-8428-552-6.

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sábado, 5 de enero de 2013

En la voz de Dostoievski hay, aparte de un comentario a Crimen y castigo, una mención de una obra de Romano Guardini donde analiza el universo religioso del autor ruso, y un comentario a la monumental biografía que le dedicó Joseph Frank. En una nota titulada Lucha en el corazón del hombre hablé también de un libro que dedicó a su pensamiento el filósofo italiano Luigi Pareyson. Aparte, hace poco he puesto una reseña de la biografía que escribió su hija Aimée.

Apoyándome, sobre todo, en los libros de Frank, al que citaré con frecuencia, me propongo, en sábados sucesivos, comentar las obras de Dostoievski por orden cronólogico. En los dos últimos años he ido leyendo las que no conocía y he releído total o parcialmente algunas otras de las que sí tenía notas de lectura para comprobar su excepcional grandeza humana y literaria. He constatado, como ya sabía, que Dostoievski no es siempre fácil de leer. Él mismo reconocía que su vicio literario era la prolijidad, que a veces le faltaban «mesura y armonía», que también en ocasiones intentaba «expresar una idea artística más allá de su capacidad». La verbosidad de algunos personajes, o el detallismo a veces enfermizo con el que se reflejan sus mundos interiores, que responden a la voluntad del autor de perfilar bien los modos de ser personales y de dar a cada uno su propia voz, puede producir cansancio al lector.

Pero conviene pensar que, al escribir así, lo hacía debido a lo que ya Mijail Bajtín advirtió: «Su manera de desarrollar el pensamiento es siempre igual: lo hace dialógicamente, pero no mediante un seco diálogo lógico, sino mediante la confrontación de voces íntegras y profundamente idealizadas. Incluso en sus artículos polémicos, Dostoievski en realidad no busca convencer, sino que orquesta voces, conjuga orientaciones de sentido, en la mayoría de los casos por medio de un cierto diálogo imaginado». Es decir, sigue Frank, fuese como novelista o como editor, Dostoievski nunca se inclinó a discutir en abstracto o conceptualmente y siempre prefería contraponer una imagen dramática a otra, y también por eso sigue siendo actual hoy. Una importante consecuencia de lo anterior es que Dostoievski nos hace comprender mejor a las personas, a todas las personas, a las más humildes y a las más abyectas. Otra es que su obra dura y durará siempre.

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domingo, 30 de agosto de 2009

Un libro muy poderoso: Dostoievski, filosofía, novela y experiencia religiosa, del filósofo italiano Luigi Pareyson. Quienes ya conozcan las obras del autor ruso lo disfrutarán mucho, y quienes no, o quienes hayan intentado leerlo y no hayan podido, encontrarán en él las claves de su pensamiento y (creo yo que) desearán leerlas después. La primera parte contiene cuatro capítulos: «Novela y filosofía», «El mal», «El bien» y «La libertad». En la segunda el autor vuelve a las mismas ideas en desarrollos titulados «La experiencia de la libertad», «La ambigüedad del hombre» —que contiene clarificadores comentarios acerca de El idiota: «ninguna imagen conviene más a Cristo que su humillación: el absurdo de que Dios haya elegido para encarnarse "la figura de un siervo" no es mayor que el absurdo de elegir a un "idiota" como símbolo de Cristo»—, y «El sufrimiento inútil».

Pareyson muestra que toda la obra de Dostoievski pone frente a frente una libertad entendida como obediencia a Dios y una libertad vivida como servicio al demonio: «el significado último del destino del hombre y de la historia radica en la lucha entre Dios y el demonio, entre el bien y el mal», (...) «el corazón del hombre es la sede de esta lucha y allí se concentra la aguda e implacable investigación de Dostoievski». Explica que la visión de la realidad de Dostoievski «no es optimista porque no minimiza la realidad del mal ni tampoco es pesimista, pues no afirma que el mal sea insuperable»; y el hecho de que las personificaciones del bien sean tan escasas en sus novelas se debe a «la discreción del bien» y a que, al fin, «es el mal mismo quien le rinde testimonio con su propia autodestrucción». Desarrolla con claridad la idea de que, para el autor ruso, la regeneración del hombre se produce «a través del dolor»: «sólo cuando el delito se perfila como castigo, sólo cuando la culpa genera el dolor y el pecado es sentido como un sufrimiento, sólo entonces comienza la obra de la redención y el nacimiento del hombre nuevo». Concibe «la experiencia de la libertad como el núcleo más profundo del hombre y la condición de todos los otros bienes o valores»: «la libertad es el único camino posible hacia el bien», «el bien puede ser negado de dos modos: o por la elección del mal o por la imposición del bien».

Se ve que, para Pareyson, Dostoievski es un autor para nuestros tiempos: «hoy en día, tras la intensa experiencia nihilista del hombre contemporáneo, la afirmación de Dios ya no puede transmitirse a través del dulce y familiar hábito de una costumbre o heredarse en el seguro patrimonio de una tradición. Afirmarla ahora exige el trabajo de una verdadera reapropiación personal (...). Dios debe ser objeto de una auténtica recuperación: es necesario saberlo descubrir en el corazón mismo de la negación», tal como hizo el autor ruso.

En este libro no se contiene «Dimitri confuta Iván», un escrito póstumo del autor que habla del problema del mal y de la ambigüedad de la libertad en clave cristiana, tal como comenta Pablo Blanco en «Los Karamazov discuten» o «Dostoievski vence a Nietzsche».

Luigi Pareyson. Dostoievski, filosofía, novela y experiencia religiosa (Dostoevskij: filosofia, romanzo ed esperienza religiosa, 1993). Madrid: Encuentro, 2008; 296 pp.; col. Ensayos; trad. de Constanza Giménez Salinas; ISBN 13: 978-84-7490-890-9.

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viernes, 18 de abril de 2008

En Diario de un escritor, Dostoievski habla con entusiasmo de Infancia, adolescencia y juventud, de Tolstoi, a la que califica de «estudio psicológico sobre el alma infantil de una gran profundidad y admirablemente escrito», centrado en un muchacho que «pertenece a ese tipo de familias de la nobleza medio alta de las que el conde Tolstoi, siguiendo el legado de Pushkin, se ha erigido de manera plena en historiador y poeta».

En ese mismo libro Dostoievski explica cómo su interés en otro tipo de chicos dio lugar a su novela El adolescente: «Hace tiempo que me he propuesto escribir una novela sobre los niños rusos de hoy, y desde luego también sobre sus padres y sobre sus actuales relaciones mutuas. El esquema está listo y pensado de antemano, como debe hacer siempre un novelista. En la medida de lo posible, tomaré a los padres y a los hijos de todas las capas de la sociedad y seguiré a los niños desde su más tierna infancia».

[Hace año y medio estuve a punto de comenzar pero] «en lugar de eso escribí El adolescente, un primer esbozo de mi idea. Pero en esa obra el niño ya ha salido de la infancia y aparece como un hombre inmaduro que, con timidez e insolencia a un tiempo, trata de dar cuanto antes su primer paso en la vida. Tomé un alma inocente, pero ya ensuciada por la terrible posibilidad del vicio, por un odio prematuro a la insignificancia y el carácter “casual” de la naturaleza, por la facilidad con que su alma, aún casta, acoge conscientemente el vicio en sus pensamientos, lo acaricia ya en su corazón y se deleita con él en sus sueños todavía pudibundos, pero ya osados y tormentosos; y todo eso abandonado a sus propias fuerzas y a su discreción, así como también, naturalmente, a Dios. Son los abortos de la sociedad, los miembros “casuales” de familias “casuales”».

En relación a esta novela, Nicolae Steindhart comenta en El diario de la felicidad que, aunque no es la mejor de su autor, en ella se contiene un tesoro encerrado en un personaje secundario: Makar Ivanovich, el padre adoptivo del joven Arkadi Dolgoruki, «un hombre siempre feliz, un peregrino que no conoce el cansancio, un hombre al que la injusticia y el mal no pueden alcanzar».

Fiódor Dostoievski. Enero 1877, «La celebración del santo», y Enero de 1876, «Una novela futura. Otra “familia casual”». Diario de un escritor (Dnevnik pisatelia, 1873-1880). Barcelona: Alba, 2007; 630 pp.; col. Alba Maior; trad., selección, introducción y notas de Víctor Gallego Ballestero; ISBN: 978-84-8428-354-6.

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miércoles, 5 de marzo de 2008

«No sé lo que enseñan ahora en las clases de literatura, pero el conocimiento de El Quijote, el libro más grande y más triste de cuantos ha creado el genio humano, elevaría sin duda el alma de los jóvenes merced a la grandeza de su pensamiento, despertaría en su corazón profundos interrogantes y contribuiría a apartar su espíritu de la adoración del eterno y estúpido ídolo de la mediocridad, la fatuidad autosatisfecha y la insulsa sensatez».

Fiódor Dostoievski. Septiembre de 1887, «Una mentira se palia con otra», Diario de un escritor (Dnevnik pisatelia, 1873-1880). Barcelona: Alba, 2007; 630 pp.; col. Alba Maior; trad., selección, introducción y notas de Víctor Gallego Ballestero; ISBN: 978-84-8428-354-6.

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sábado, 16 de febrero de 2008

Diario de un escritor,
de Dostoievski, es una miscelánea de relatos cortos, ensayos, crónicas judiciales, necrológicas, estampas de costumbres, etc. Dan idea del talento literario del autor, de su penetración psicológica fuera de lo común, de su voluntad de comprender y analizar hasta el fondo los asuntos, de sus prejuicios pero también de su honradez intelectual y su amplitud de miras. En la edición de Alba, que contiene una introducción clarificadora, hay una selección de relatos cortos —La mansa, Bobok, etc.—; de textos que inciden sobre cuestiones que le preocupaban mucho, como los malos tratos a los niños, la educación, los suicidios; y de comentarios literarios sobre Tolstoi, Pushkin o Don Quijote. Y dos escenas imprescindibles para comprender a Dostoievski como son El mújik Marei, el relato de un incidente que le ocurrió siendo niño, y Una conversación con un conocido de Moscú, a propósito de la importancia decisiva que acaban teniendo los recuerdos que adquirimos en la infancia.

F. Dostoievski. Diario de un escritor (Dnevnik pisatelia, 1873-1880). Barcelona: Alba, 2007; 630 pp.; col. Alba Maior; trad., selección, introducción y notas de Víctor Gallego Ballestero; ISBN: 978-84-8428-354-6.

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domingo, 2 de octubre de 2005

Uno de los personajes pintados por Dostoievski en Los demonios indica por qué las proclamas de algunos políticos tienen éxito: «¡Todo el secreto de sus efectos consiste en su estupidez! Sí, señoras y señores, si esa estupidez fuera deliberada, calculadamente fingida, ¡ah, eso sería una ocurrencia genial! Pero hay que ser absolutamente justo con ellos: no han fingido nada. Se trata de la estupidez más sencilla, más candorosa, más limitada... (...) Si hubieran puesto un ápice más de perspicacia, todo el mundo habría visto enseguida la absoluta nimiedad de esa estupidez. Pero ahora todo el mundo anda perplejo: nadie piensa que puede ser una estupidez elemental. "Imposible que eso no venga con segundas", dice para sí cada cual, poniéndose a buscar el secreto, viendo en ello un misterio, queriendo leer entre renglones... ¡y así se logra el efecto! Nunca antes ha recibido la estupidez tan triunfal galardón a pesar de haberlo merecido muy a menudo... Porque, (...) la estupidez, como el genio eximio, son de pareja utilidad en la configuración del destino humano...».

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domingo, 25 de septiembre de 2005

«En épocas turbias, de incertidumbre y transición, aparecen siempre y por doquier gentes de medio pelo. No hablo de los llamados "progresistas", de los que siempre se dan más prisa que los demás (tal es su afán cardinal), cuyos propósitos, aunque a menudo descabellados, están más o menos definidos. No. Hablo sólo de la canalla. En todo periodo de transición surge esa canalla de la que ninguna sociedad está libre, y surge no sólo para sembrar con ahínco la inquietud y la impaciencia. Y, sin embargo, esa canalla, sin advertirlo siquiera, cae casi siempre bajo el caudillaje de un puñado de "progresistas", que ya sí obran con un propósito definido, y son los que llevan a ese hato de truhanes a donde les da la gana, si es que ese puñado de "progresistas" no es también un puñado de sandios, lo que, por otra parte, sucede más de una vez».

F. M. Dostoyevski. Los demonios (Besy, 1871-1872). Madrid: Alianza, 2003; dos volúmenes, 869 pp.; col. El libro de bolsillo; trad. de Juan López Morillas; ISBN: 84-206-3783-1.

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sábado, 11 de junio de 2005

«A lo que más temo, dijo Dostoievski a su sobrina, es a la mediocridad», y dice su biógrafo que se mantuvo fiel a su promesa de no producir una mediocridad satisfactoria.

Joseph Frank. Dostoievski. Los años milagrosos, 1865-1871.

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