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Notas del archivo 'Álbumes (emociones infantiles en el recuerdo)' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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miércoles, 22 de abril de 2015

Ojalá pudiera formular un deseo es libro semejante a otros anteriores de Jimmy Liao. En la primera guarda izquierda un niño en pijama dice «¡Uf! Sueño que estoy en un sueño ajeno». En la siguiente doble página, un niño de espaldas, con otro traje, por lo que o no es el mismo niño o es el mismo niño pero dentro de un sueño, está de espaldas y mira un cielo estrellado y dice «Ojalá pudiera formular un deseo»… Y a continuación se ven muchas escenas en las que vemos deseos de distinta clase de niños y niñas diferentes… En las últimas dobles páginas el niño del principio, al modo de Little Nemo, se despierta: «he tenido un sueño»

Hay poco que decir a quien ya conozca los demás libros de Liao. En este también se suceden imágenes ricas y pensamientos sugerentes sin que parezca haber una pretensión de hilarlas de un modo totalmente coherente. Se alternan imágenes en color, en las que aparece el niño del principio, e imágenes en blanco y negro para cuando aparecen otros personajes. En muchas se ve al habitual gato de Liao que observa o nos mira. Parece como si Liao, libro tras libro, fuese haciendo intentos de atrapar una realidad evanescente con seudoargumentos sin hilar del todo.  

Jimmy Liao. Ojalá pudiera formular un deseo (I Wish I Could Make I Wish, 2012). Granada: Barbara Fiore, 2014; 120 pp.; trad. de Jordi Ainaud i Escudero; ISBN: 978-84-15208-48-8. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 1 de octubre de 2014

En Las reglas del verano, de Shaun Tan, una primera doble página muestra, en un barrio industrial un tanto desolado, a dos niños, seguramente dos hermanos, el mayor inclinado hacia el menor como advirtiéndole de algo. La siguiente doble página contiene una frase: «He aquí lo que aprendí el pasado verano». A continuación vienen sucesivas escenas que se muestran en la página derecha y que van acompañadas de una frase breve en la página izquierda: «Nunca dejes un calcetín en el tendedero», y vemos a los dos hermanos acurrucados y un monstruo acechandoles; «nunca te comas una aceituna en una fiesta», y vemos al hermano mayor reteniendo al pequeño para que no coja la aceituna mientras, detrás, unos amenazantes pájaros de pico ganchudo les observan… Hasta que llega un «nunca pidas explicaciones» y vemos, en la derecha, peleándose a los dos chicos. Más adelante hay varias dobles páginas enigmáticas, sin texto alguno, en las que, supuestamente, el pequeño está dentro de un tren extraño y se aleja… Más adelante, el mayor lo rescata y, juntos, vuelven a casa.

Además, un cuervo o así contempla todas las escenas y, en la última doble página, el cuervo tiene una corona entre las patas y está como enterrándola. Un texto en la contracubierta refuerza un poco la interpretación de que un pequeño cuenta lo sucedido con su hermano mayor: «nunca rompas las reglas. Sobre todo si no las comprendes». Escribí lo anterior antes de haber leído las pormenorizadas explicaciones que da el mismo Shaun Tan acerca de su álbum —en las que hay muchos más matices, como es lógico—. En esos comentarios amplía la interpretación de forma interesante: «Una cosa que me gusta de los libros ilustrados, y del arte en general, es la sensación de tiempo colapsada que a veces se produce cuando el pasado, el presente y el futuro se unen. Pensándolo bien, esta no es solo una «historia» sobre la infancia ni de relaciones entre hermanos, sino algo más parecido a un ensueño acerca de los éxitos y fracasos en un sentido más amplio que se experimentan al tratar de entender nuestras relaciones con otros seres humanos».

Shaun Tan. Las reglas del verano (Rules of Summer, 2013). Granada: Barbara Fiore, 2014; 48 pp.; trad. de Carles Andreu y Albert Vitó; ISBN: 978-84-15208-46-4. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 5 de mayo de 2014

Los muñecos de papel, con ilustraciones de Rebecca Cobb y texto de Julia Donaldson, es un estupendo álbum que aparentemente se dirige a prelectores pero, en realidad, es de los que tocan la tecla madre-hija como, por ejemplo, lo hace Algún día. En él, una niña y su madre hacen juntos unos muñecos recortados en papel. Luego, la niña juega con ellos y sus otros juguetes. Hasta que, un día, un niño invade sus juegos y rompe sus muñecos. Pero entonces…

Los dibujos de los personajes son amables. La secuencia de la historia es ordenada. Las dobles páginas están bien compuestas. En muchas vemos distintas escenas de la niña, y a veces también de su madre, jugando con los muñecos. Las ilustraciones ocupan la doble página completa cuando se representa la vida propia de los muñecos y en dos momentos más, bien escogidos.

La historia trata con acierto del mundo imaginativo de un niño y de cómo sus juegos infantiles enriquecerán mucho sus recuerdos. Pero el aspecto que hace del relato un álbum para madres y abuelas es que habla de cómo los juegos que una niña compartió con su madre pasan, a su vez, a ser los juegos que la niña, cuando es madre, vuelve a compartir con su hija. Supongo que el texto original de Donaldson es más sonoro y rítmico que la traducción castellana.

Rebecca Cobb. Los muñecos de papel (Paper Dolls, 2012). Texto de Julia Donaldson. Madrid: B de Blok, 2013; 32 pp.; trad. de Roser Ruiz; ISBN: 978-84-15579-13-7.

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WilsonMunschFaro.JPG
lunes, 26 de noviembre de 2012

Otro álbum más basado en recuerdos de infancia de un adulto:  El faro: historia de un recuerdo, de Janet Wilson y Robert Munsch.

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martes, 20 de noviembre de 2012

Por distintas razones, no abundan entre nosotros álbumes de memorias infantiles, cálidos y entrañables, como, por ejemplo, When I Was Young in the Mountains y Mira como salen las estrellas, ilustrados los dos por Diane Goode.

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martes, 28 de junio de 2011

Si en el caso de Mi primer coche rojo el narrador fingía o reacomodaba un recuerdo infantil, en El mar y otras cosas de las que también me acuerdo, Mónica Gutiérrez Serna transforma en un álbum algunos recuerdos nostálgicos y agradecidos. En este caso los acentos, tanto en el texto como en la composición de las ilustraciones, son poéticos y afectivos.

La narradora habla de sus paseos de niña con su abuelo, de las enseñanzas de todo tipo que le transmitió con naturalidad, y, entre ellas, su afición a dibujar y pintar. El álbum combina dibujos realistas con ilustraciones pictóricas. Para el tipo de historia, que habla de cómo recordamos el pasado —que no intenta tanto recoger los sentimientos del pasado tal como fueron sino que los reconstruye y los presenta tal como los apreciamos ahora—, es un recurso muy apropiado el de intercalar algunas hojas transparentes cuyos dibujos se superponen a otras imágenes y que son como veladuras.

Monica Gutierrez Serna. El mar y otras cosas de las que también me acuerdo (2011). Barcelona: Thule, 2011; 44 pp.; col. Trampantojo; ISBN: 978-84-92595-82-2.

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lunes, 20 de junio de 2011

Se podría formar un bloque de álbumes con aquellos que comparten un tipo característico de narrador: el del adulto que rememora un suceso de infancia y que, en las ilustraciones, muestra un poco cómo era el niño que fue y cómo vivió el acontecimiento que cuenta. (Sin que tal cosa quiera decir que lo que se narra sucediera o no al autor realmente). En ese grupo podríamos incluir el álbum de Peter Schössow titulado Mi primer coche era rojo.

El narrador recuerda que, cuando su abuelo le regaló un coche a pedales, lo preparó a conciencia, y luego, acompañado de un hermanito pequeño que lo presenció todo con ansia y curiosidad, hace un accidentado recorrido por los alrededores. (Un detalle del que deducimos que no es exactamente un recuerdo del pasado está en que el narrador dice que consiguió por internet algunas piezas para preparar a conciencia el coche).

El tono de la historia, tanto en el texto como en las imágenes, es amable, levemente bromista, y refleja bien el entusiasmo de un niño cuando desea algo. Gráficamente vale la pena observar cómo el autor logra condensar, en la ilustración única de algunas dobles páginas, varios momentos de la actividad del chico y, en especial, de su paseo. En este aspecto se ve, una vez más, la maestría del ilustrador alemán en el uso de capas tan propias de los programas de diseño y retoque fotográfico.

Argumentalmente resulta estupenda la intervención del hermanito pequeño: el lector podría esperar que fuese un incordio para el mayor pero no es así en absoluto.

Peter Schössow. Mi primer coche era rojo (Mein erstes Auto war rot, 2010). Barcelona: Juventud, 2011; 40 pp.; trad. de Christiane Reyes; ISBN: 978-84-261-3810-1.

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WolfeDondeYoVivo.jpg
lunes, 5 de julio de 2010

Hay unos pocos álbumes que citamos en Cruces de caminos y que no están aún en esta página. Uno es el nostálgico Donde yo vivo, de Frances Wolfe, un relato que no es más que una sucesión de escenas independientes unificadas por la perspectiva del narrador, unas porque son las cosas que él mismo ve, otras porque son las cosas que imagina el narrador que alguien podría contemplar (pues él mismo está en las escenas).

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lunes, 8 de febrero de 2010

Un álbum que intenta recoger emociones cotidianas: De otra manera, con ilustraciones de Mónica Gutiérrez Serna y textos de Ana Tortosa. En cada doble página un breve texto poético en primera persona se corresponde con una ilustración. Las escenas se agrupan de dos en dos: la narradora dice algo que le atemoriza primero, como el miedo a la oscuridad, y luego lo presenta de otro modo más positivo, como la satisfacción cuando llega la mañana. Las excelentes ilustraciones, modernas sin estridencias, son dibujos realistas de la niña protagonista contra un fondo, normalmente de papeles pintados, que sugieren los escenarios. Sin énfasis ni simbolismos excesivos, con calidez y claridad, los textos describen inquietudes interiores reconocibles.

Mónica Gutiérrez Serna. De otra manera (2009). Texto de Ana Tortosa. Barcelona: Thule, 2009; 28 pp.; col. Trampantojo; ISBN 13: 978-84-92595-31-0.

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PerezNavarro.jpg
lunes, 28 de noviembre de 2005

Otro buen álbum sin palabras, como el comentado días atrás de Gerda Muller, es el de Cristina Pérez, El último día del verano. En este caso la brevísima historia sólo pide lo que se muestra. Y, al igual que aquel y otros álbumes excelentes, ejemplifica también cómo, a veces, lo que interesa es acertar con una idea sencilla y saber contarla bien.

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martes, 19 de julio de 2005

Con ilustraciones recuadradas de Natali Fortier en un lado y los textos a los que corresponden en el otro, Me encanta recoge mínimos momentos de felicidad de una niña y sus sentimientos de asombro, sorpresa, entusiasmo, etc. Se comprende bien por qué ha sido un álbum premiado y elogiado: las ilustraciones son muy sugerentes y tienen categoría, su lectura deja un buen sabor de boca, es un relato de los que renueva un poco la mirada con la que vemos lo cotidiano... los adultos. Esa es la cuestión, creo yo: se trata sobre todo de un producto que valoramos quienes comprendemos y sentimos la nostalgia, quienes empezamos a mirar hacia el pasado y quienes intentamos retener a toda costa los momentos de felicidad del presente. Dicho de otro modo: no tengo nada claro que sea un buen regalo para un niño, sí he comprobado que a mi tía le parece un tesoro.

Natali Fortier. Me encanta (J’aime, 2004). Texto de Minne. Madrid: Kókinos, 2004; 125 pp.; trad. de Esther Rubio; ISBN: 84-88342-74-8.

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