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Notas del archivo 'Aventuras del Oeste (primeras)' :: bienvenidosalafiesta ::    
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viernes, 26 de febrero de 2016

Pieles rojas y blancos fue el primer libro de Owen Wister y contiene ocho relatos que, según parece, fueron escritos a partir de hechos reales, titulados El hechicero de Little Big Horn (Little Big Horn Medicine), Specimen Jones, La serenata de Siskiyou (The Serenade at Siskiyou), El “farol” del general (The General’s Bluff), Salvation Gap, El segundo pacto de Missouri (The Second Missouri Compromise), La Tinaja bonita, Un peregrinaje al Gila (A Pilgrim on the Gila).

El hechicero de Little Big Horn trata sobre una rebelión en los indios crow que intenta liderar un joven jefe, ansioso de mandar y de guerra, mientras su padre intenta que se comporte con sensatez, y sofocada con mano izquierda por el ejército. Specimen Jones, un personaje que saldrá en otros relatos, es un tipo que salva la vida de un imprudente joven recién llegado del Este, primero debido a su comportamiento en un bar y luego en una expedición a través de territorio indio. La serenata de Siskiyou habla de un asalto a una diligencia, de la captura y condena de los culpables, y de la actuación insensata de unas señoras compasivas. En El “farol” del general reaparece Jones alistado a las órdenes del hábil general Crook que, con muy pocos soldados, ha de hacer frente a una tribu india díscola. En Salvation Gap, nombre de un pueblo, presenciamos un crimen pasional, en el que un minero asesina a una prostituta que le engaña y le roba, y a la detención posterior del hombre equivocado. En El segundo pacto de Missouri vemos a unos políticos tramposos que, al final, no se salen con la suya gracias de nuevo a la hábil actuación de Specimen Jones, aquí ya cabo. La Tinaja Bonita, nombre de un paraje, es un drama cuyos personajes son una chica mexicana, su pretendiente mexicano, y su celoso novio americano. Un peregrinaje al Gila tiene un narrador en primera persona: un observador que acaba comprobando la poca honradez de los personajes que va encontrando en un viaje por Arizona.

El narrador emplea un tono de buen humor —por ejemplo: «el cementerio de Boisé (Idaho) tenía, este año, veintisiete residentes: dos por meningitis y veinticinco por diferencias de opinión»—, pero es también serio a la hora de presentar momentos duros: muertes, linchamientos, comportamientos venales, etc. No hay en estos relatos personajes heroicos —como el cowboy y la maestra modélicos que pintó el autor en El Virginiano—. Hay una intención de presentar al ejército como la única institución fiable de aquellos momentos y aquellas tierras, lo cual era, seguramente, cierto y una opinión muy extendida. El autor tiene una visión de los indios que intenta ser equilibrada, aunque se da por supuesta la legitimidad de las políticas que se seguían, de recluirlos y mantenerlos en reservas. Están bien las descripciones de paisajes y no faltan observaciones al paso bien hechas: «La época de los pioneros terminaba. Sus días de gloria, francachelas e irresponsabilidad se habían acabado, solo quedaban los rescoldos. ¡La juventud sin ataduras es una cosa tan grande y fácil, y en cambio la vejez sin ataduras, algo tan lóbrego!».

Owen Wister. Pieles rojas y blancos: historias verídicas del viejo Oeste (Red Men and White, 1895). Villafranca del Penedés (Barcelona): Erasmus, 2015; 215 pp.; trad. de Carlos Vendrell; ISBN: 978-84-15462-48-4. [Vista del libro en amzon.es]

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miércoles, 9 de enero de 2013

He incluido en la voz de Robert Ballantyne un comentario a uno de sus relatos de aventuras más populares, The Dog Crusoe, pues es uno de los primeros con un perro magnífico como protagonista, además de ser una buena historia sobre los encuentros, amistosos o no, de tramperos y cazadores con distintas tribus de indios en el Oeste.

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viernes, 11 de febrero de 2011

Hace pocos meses se publicó una nueva edición de El tesoro de Sierra Madre, del misterioso B. Traven, un tipo que dijo que  no quería «ocupar el centro del escenario. Siento que soy un trabajador que, como tantos trabajadores, aporta su grano de arena para hacer que la humanidad adelante otros pasos. Me siento como un grano de la arena de la que está hecha la tierra. Mis obras son importantes, mi persona no lo es». Su historia es de las que hace pensar y contiene una condena contundente de la codicia humana: «las más de las veces el oro es lavado con sangre humana en lugar de jabón». Como construcción novelesca tiene cosas magníficas aunque, por momentos, sea un relato pesado.

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jueves, 22 de julio de 2010

Una novela del Oeste diferente a las más conocidas: El oro, de Blaise Cendrars. Es como un gran panorama de un mundo en ebullición al que continuamente llegaban barcos llenos de toda clase de gente y, en cada uno, asegura el narrador, «hay al menos un representante de la fuerte raza de los aventureros».

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jueves, 4 de marzo de 2010

Hay un tipo de libros a los que podemos poner con toda justicia la etiqueta de literatura juvenil: los libros que han leído generaciones enteras de gente joven de muy distintos ambientes. Sí, tal vez algunos ahora los jóvenes los lean menos por la razón que sea, pero sin duda son más literatura juvenil que los que no han pasado aún esa doble prueba del tiempo y de la conexión con públicos jóvenes diferentes.

Entre los libros de los que podemos decir lo anterior, son especialmente importantes aquellos que aportaron algo distinto, como abrir un subgénero o crear un personaje arquetípico, porque un aspecto básico de la educación literaria es saber quién fue el primero en algo. Así, El virginiano, de Owen Wister, (libro del que no conozco edición en castellano y que muchos recordamos por una serie famosa de televisión de hace décadas), fue una novela de 1902 que fijó los estereotipos de muchísimas novelas y películas del Oeste posteriores.

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jueves, 15 de octubre de 2009

Hace unas semanas abrí una sección de Aventuras del Oeste, un tipo de relatos por el que tuve querencia muchos años atrás. Incluyo ahora, después de citar hace pocos días a Hamlin Garland, a un contemporáneo suyo que fue uno de los grandes popularizadores del género: Zane Grey. En sus obras hay acentos épicos que a veces son excesivos pero, con todo, en ellas también quedan de manifiesto la injusticia y la crueldad de muchos comportamientos.

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jueves, 8 de octubre de 2009

Novelas como la citada Warlock han sido posibles después de una larga historia de novelas populares del Oeste. En esa historia ocupa un lugar especial, como uno de los primeros relatos del género, de los que contribuyó a popularizarlo y a fijar clichés posteriores, El capitán de los caballos grises, de Hamlin Garland. Que yo sepa, en castellano sólo se puede encontrar en bibliotecas y en la edición que cito.

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Hiawatha. Ilust. de F. Remington.
martes, 3 de febrero de 2009

Dos escritores importantes: Washington Irving, el iniciador de la gran tradición norteamericana de autores de relatos cortos, y su amigo Henry Longfellow, autor de El canto de Hiawatha, un poema narrativo acerca de un mitológico jefe indio que ilustró en su momento Frederic Remington.

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jueves, 27 de septiembre de 2007

En La muerte llama al arzobispo, una poderosa novela basada en hechos y personas reales, Willa Cather cuenta la historia de Jean Latour y Joseph Vaillant, dos amigos desde la niñez en Francia que llegan a ser obispos en los Estados Unidos, donde atienden y organizan la diócesis de Santa Fe a mitad del siglo XIX. También aquí las figuras de los protagonistas son muy atractivas. Así, del padre Vaillant se dice que era un hombre cuyo destino era romper lazos, «decir adiós y adentrarse en lo desconocido», y cuya máxima era que «si lo primero que haces es rezar, luego encuentras tiempo para todo». En otro momento se le califica como uno de esos hombres que «añadía brillo a cualquier grupo humano en el que caía, lo mismo una cabaña navaja que una aldehuela mejicana de chozas miserables o una reunión de monseñores y cardenales en Roma».

Willa Cather. La muerte llama al arzobispo (Death Comes for the Archbishop, 1927). Madrid: Cátedra, 2000; 332 pp.; col. Letras universales; edición de Manuel Broncano; trad. de Julio César Santoyo y Manuel Broncano; 84-376-1793-6. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 5 de julio de 2007

A mí me pasa que muchos relatos de aventuras del XIX me dejan la impresión de tener más frescura que muchas fantasmadas de ahora y pienso que autores como Mayne Reid o Gustave Aimard manejan la escayola con más convicción y destreza que sus colegas de hoy.

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