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Notas del archivo 'Novelas gráficas (+ cómic)' :: bienvenidosalafiesta ::    
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AbirachedPiano.jpg
jueves, 18 de mayo de 2017

Brevemente, mencioné hace tiempo El juego de las golondrinas, un cómic en el que la dibujante libanesa Zeina Abirached hablaba de su infancia en Beirut. El piano oriental es también un largo cómic parcialmente autobiográfico —en memoria de su abuelo, dice al final—, en el que se entrelazan dos hilos argumentales: en los años cincuenta y sesenta, la historia de Abdalah Kamanja, el inventor de un piano en el que se puedan tocar a la vez melodías occidentales y orientales —en estas, el intervalo mínimo es de un cuarto de tono; en los pianos occidentales el intervalo es siempre de un semitono—; y a finales del siglo XX, el relato de su nieta, una chica que se marcha de Beirut en 2004 y que «lucha» por saber pronunciar bien los dos idiomas con los que ha crecido, el francés y el árabe. El último tramo de la historia, después del fallecimiento de Abdalah en 1975, da cuenta de lo sucedido después en el país y con su invento.

El relato, como tal, no tiene una particular intensidad. Sin embargo, con las imágenes vectoriales propias de la autora, el libro es todo un alarde de cómo usar los recursos narrativos propios del cómic para presentar personajes variados y sus mundos de preocupaciones, y para mostrar situaciones y escenas de vida familiar o de vida ciudadana. En especial, es notable cómo la autora consigue representar la música en el papel, dándole ritmos distintos a sus páginas por medio de repeticiones de elementos gráficos y haciendo notar, mediante globos de texto que son como notas, distintos sonidos ambientales que proceden de Oriente o de Occidente. El mensaje de una búsqueda de entendimiento entre dos mundos, por otra parte, queda claro y, a la vez, irónica y certeramente se muestran sus dificultades.

Zeina Abirached. El piano oriental (Le piano oriental, 2015). Barcelona: Salamandra, 2016; 196 pp.: trad. de María Otero Porta; ISBN: 978-84-16131-24-2. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 24 de noviembre de 2016

La casa, de Paco Roca, es un magnífico cómic con acentos autobiográficos, pues el autor lo compuso en el momento en el que fue padre y falleció su padre, que a mí me ha recordado Barrio lejano, de Jiro Taniguchi.

Es un relato sobre tres hermanos, dos varones y una mujer, que, cuando su padre fallece, arreglan la casa del pueblo en donde vivía para ponerla en venta. Al hacerlo, conocen a un vecino que les cuenta cosas que decía y hacía su padre, charlan entre sí acerca del momento en el que murió, van recordando su modo de ser y las relaciones de cada uno con él; entre otras cosas, su empeño por construir poco a poco aquella casa, haciendo él todas las mejoras con la colaboración de sus hijos en fines de semana. También salen a la luz pequeños reproches y malos entendidos entre unos y otros, que así van redimensionándose y curándose.

La historia está muy bien contada, con un comienzo intrigante y sugerente, con saltos adelante y atrás que se siguen bien, gracias a la variación de forma y de ritmo de las viñetas o a los cambios de colorido, con momentos que son como pausas en los que alguna viñeta o sucesión de viñetas tienen una fuerte carga simbólica. Muchas personas que fueron jóvenes en las décadas de los sesenta, setenta y ochenta, sentirán la cercanía emocional de lo que se cuenta en la historia: el espíritu de personas como el padre, una persona que progresa socialmente desde orígenes humildes y logra sacar adelante a su familia. E, igual que dije ayer a propósito de unos álbumes, un cómic como este, o como fue Arrugas tiempo atrás, han de ser destacados porque son de los que ayudan de verdad a comprendernos mejor y a comprender más.

Paco Roca. La casa (2015). Bilbao: Astiberri, 2016; 127 pp.; col. Sillón orejero; ISBN: 978-84-16251-00-1. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 3 de diciembre de 2015

He leído ahora El coche de Intisar, una novela gráfica de Pedro Riera y Nacho Casanova que tenía en espera desde hace tiempo. Intisar es el nombre de la protagonista, una joven enfermera (o anestesista, no queda claro del todo) en Yemen. La historia cuenta distintos episodios —en su familia o en su trabajo, de amistad o de convivencia—, para poner de manifiesto tanto las condiciones de vida de las mujeres en su país como su mentalidad independiente y, parcialmente al menos, occidental. Así, le gusta conducir y fumar, tiene un enfermizo espíritu competitivo, rechaza uno tras otro a sus pretendientes, etc.

Una muestra más del poder del cómic que cabría llamar periodístico: es difícil pensar en otra forma de relato sobre la cuestión que cause igual impacto y deje igual recuerdo. Los apéndices dan información sobre la confección de la historia —el autor pasó un año en Yemen— y la realización gráfica con dibujos en blanco, gris y negro. Como la trama está centrada por completo en la situación de la mujer en Yemen tal vez hubiera estado bien que uno de los apéndices tratase sobre la historia, la actualidad, y otras cuestiones de interés del país.

Pedro Riera (texto) y Nacho Casanova (dibujos). El coche de Intisar: retrato de una mujer moderna en Yemen (2013). Barcelona: EDT, 2013; 192 pp. y 32 pp. de apéndices; ISBN: 978-84-9947-787-9. [
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OlivaresMeninas.JPG
viernes, 26 de junio de 2015

En la contracubierta de Las Meninas, un cómic firmado por Javier Olivares y Santiago García, se dice que es una inteligente deconstrucción del cuadro de Velázquez.

Lo es, en efecto, aunque la palabra deconstrucción a mí siempre me da un poco de miedo: anuncia complejidades constructivas que, a veces, tienen que ver con que los mejores autores de cómic, empeñados como están en reivindicar la categoría de su medio, apuestan con frecuencia por demostrar a los lectores sus conocimientos y su talento (algo que, al menos a mis ojos, no necesitan hacer).

Estamos, sin duda, ante un enorme trabajo conjunto, tanto de confección y articulación del guión —la vida de Velázquez salpicada de tramos que presentan alguna relación de otros artistas con Las Meninas—, como de realización gráfica, excepcional en su labor de síntesis y en sus numerosos guiños a la historia del arte.

Con todo debo decir que preferiría una narración lineal, o básicamente lineal, con un planteamiento más sencillo: sin las adiciones —ni las más comerciales ni las más sofisticadas—, y con un prólogo o un epílogo en el que se dieran los datos biográficos básicos de los personajes que se mencionan y se aclarase también qué se sabe de cierto y cuáles son los añadidos «novelescos». El relato habría perdido los puntos que tiene de grandilocuencia enfática y de artificiosidad posmoderna, y tanto el hilo narrativo como las poderosas viñetas habrían ganado claridad y, seguramente, tendrían un público más amplio.

Sea como sea, es una gran novela gráfica, de las que prestigia el género. Esta entrevista con Javier Olivares puede dar algo de idea del trabajo que hay detrás de su confección.

Aunque sean obras de otro género, son buenos ejemplos de cómo poner el acento en algunos asuntos misteriosos de la vida y la obra de Velázquez, novelas sencillas como El misterio Velázquez o I, Juan de Pareja.

Javier Olivares. Las Meninas (2014). Guión de Santiago García. Bilbao: Astiberri, 2014; 185 pp.; col. Sillón Orejero; ISBN: 978-84-15685-48-7. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 24 de septiembre de 2014

Al final, una novela gráfica o un álbum extenso con imágenes de Miguel Brieva y texto de Silvia Nanclares, cuenta una historia imaginativamente muy rica.

Su protagonista es una niña que, como Alicia, se ve arrastrada de sitio en sitio y, en cada uno, le ocurren o presencia cosas de lo más sorprendente. En las primeras guardas la niña está saliendo del colegio, va por la acera al lado de un muro y, detrás, se ven ventanas de las casas con vecinos de distinto tipo, y una valla publicitaria dice «Pantayo, ¡tu mejor amigo!». En las últimas guardas, concluido su viaje, ya de noche, el mismo escenario está repleto de seres extraños de todo tipo y la misma valla dice: «Utiliza tu imaginación». Y es que uno de los rasgos del álbum es que abundan en él signficativos textos intraicónicos —carteles, murales, vallas publicitarias…—.

Los dibujos son como de cómic. Muchas dobles páginas tienen también una estructura de viñetas, como la de presentación de la protagonista a las puertas de su casa. Las palabras que acompañan las ilustraciones guían al lector. Así, en una página izquierda se indica «al final del callejón hay una puerta» y eso figura en la ilustración de la derecha; luego se dice «Atraviesas la puerta. Detrás encuentras una escalera. Subes la escalera y ves un arco», y las ilustraciones de la página derecha lo muestran. Y así continúa el relato, combinando momentos narrativos como los anteriores con momentos en los que hay ilustraciones a doble página ricas en detalles, que también encierran varios momentos de la narración pues podemos ver, en el mismo escenario, a la protagonista en posiciones consecutivas de la misma acción.

La exuberancia del relato —como de falta de contención o de un dejarse llevar sin freno—. tal vez sea excesiva para unos pero será gozosa sin embargo para otros. Abundan las referencias a historias conocidas —una parte del viaje incluye una estancia en el interior de una ballena, por ejemplo— y no faltan guiños metafictivos —en la habitación de la chica encontraremos el mismo álbum…—.

Miguel Brieva. Al final (2010). Texto de Silvia Nanclares. Madrid: Kókinos, 2010; 66 pp.; ISBN: 978-84-96629-92-9. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 19 de septiembre de 2012

La máquina de Efrén, de Cristina Durán y Miguel A. Giner Bou, una continuación de Una posibilidad entre mil, narra el proceso de adopción de una niña etíope por parte de los autores: desde la decisión, y todos los pasos burocráticos posteriores, hasta el viaje a Etiopía, y el regreso feliz con Selamawit. La narración, que como es lógico vuelve a veces a Laia, la protagonista de Una posibilidad entre mil, tiene calidez humana y notable claridad gráfica y narrativa. La historia muestra comprensión ante lo que parece un exceso de control y de papeleo, y representa con figuras animales a las personas maleducadas que hacen comentarios desafortunados. Como en el relato anterior, el lector termina contagiado por el ánimo y el espíritu de lucha que transmiten los protagonistas —es asombrosa la tenacidad y la paciencia que han de poner en práctica los futuros padres para vencer todas las dificultades burocráticas—, y termina deseándoles lo mejor —o rezando por ellos, aunque tal cosa parece inquietar al narrador—.

Cristina Durán y Miguel A. Giner Bou. La máquina de Efrén (2012). Madrid: Sinsentido, 2012; 126 pp.; ISBN: 978-84-96722-45-3.

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jueves, 2 de junio de 2011

A quienes, como yo, crecieron leyendo Pulgarcito y Tío Vivo, les gustará El invierno del dibujante, de Paco Roca.

Es un cómic, o una novela gráfica, sobre un episodio de la vida profesional de los dibujantes que hicieron aquellas revistas: cuando varios decidieron abandonar Pulgarcito, y la editorial Bruguera, para poner en pie su propia revista, Tío Vivo.

La narración es excelente, aparte de que resulta de lo más apropiado que la historia del cómic se cuente con lenguaje de cómic. Me queda la duda de si la historia será de fácil lectura para quienes no sitúen a los dibujantes y a sus personajes.

Aquí hay una reseña extensa, y aquí una entrevista con el autor.

Paco Roca. El invierno del dibujante (2010). Bilbao: Astiberri, 2010; 128 pp.; ISBN: 978-84-92769-81-0.

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viernes, 4 de febrero de 2011

Una posibilidad entre mil,
de Cristina Durán y Miguel A. Giner, es un relato emotivo que muestra las posibilidades específicas de las novelas gráficas o, dicho de otro modo, cómo algunas historias son muy apropiadas para este medio.

Los autores cuentan que, cuando su hija recién nacida, Laia, tuvo una enfermedad cerebral extraña, entraron en un carrusel de continuas emociones y de visitas médicas que, al fin, gracias al apoyo de muchos familiares, amigos y profesionales, terminó bien.

La narración es excelente: por su claridad, por el uso de metáforas gráficas certeras para comunicar sentimientos, y porque logra meter al lector en la preocupación angustiosa de los padres y comunicarle la simpatía y la capacidad de hacerse querer de Laia.

Al leerlo, un amigo me hizo notar lo que dije al principio: resulta difícil pensar en un formato mejor para esta historia que el de la novela gráfica pues parece improbable que, contada por escrito, e incluso contada con imágenes en movimiento, pudiera tener más intensidad.

Cristina Durán y Miguel A. Giner Bou. Una posibilidad entre mil (2009).Madrid: Sinsentido, 2009, 2ª ed.; 126 pp.; ISBN: 978-84-96722-51-4.

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jueves, 21 de mayo de 2009

Arrugas,
de Paco Roca, es una novela gráfica de las que muestran el poder del lenguaje del cómic para convocar emociones.

Su protagonista principal empieza siendo un hombre mayor, con comienzos de Alzeimer, al que su hijo ingresa en una residencia de ancianos; luego el foco se desplaza y el protagonismo es más colectivo, de un grupo de ancianos y de sus vidas en la residencia.

La narración es gráficamente clara. En el paso de unas viñetas a otras no se diferencia el presente de las incursiones en la imaginación o en el pasado de los personajes, pues para ellos todo eso es ya presente. Es magnífico el final con caras que se desvanecen y viñetas en blanco.

El relato muestra la vida tal como es en muchos casos, con realismo pero también con afecto. Como la historia se centra en el desamparo de los ancianos y en situaciones de abandono por parte de los hijos, el poso que deja es un tanto amargo. Sin duda, otra opción sería contarla incidiendo más en perspectivas que aquí se apuntan indirectamente, como la del empeño que muchas veces ponen quienes cuidan a los enfermos. Con todo, no faltan algunos respiros, como una evocación amable de un episodio de infancia, el afecto inalterable de una mujer por su marido ya impedido, la disposición de ayudar a los demás con la que termina el que al comienzo parece ser sólo un pícaro.

Paco Roca. Arrugas (2007). Bilbo: Astiberri, 2008, 2ª ed.; 100 pp.; col. El Sillón orejero; ISBN: 978-84-96815-39-1.

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jueves, 3 de abril de 2008

Quien sea un entusiasta de Jack London no debería perderse los relatos en cómic de Jiro Taniguchi contenidos en El viajero de la tundra, título de seis historias cortas publicadas entre los años 1994 y 2003. Dos están basadas en textos de Jack London; otra trata sobre una ballena jorobada; otra sobre un dibujante de cómic que comienza su carrera; otra sobre recuerdos de infancia del narrador cuando sus padres se han separado y un verano conoce a una chica; y otra sobre un oso que vuelve y un viejo cazador que va a por él porque en el pasado mató a su hijo. Poco se puede añadir a lo dicho en el comentario a Barrio lejano: es impresionante la maestría narrativa y la elegancia del dibujo de Taniguchi.

Jiro Taniguchi. El viajero de la tundra (Toudo no tabibito, 2005). Rasquera (Tarragona): Ponent Mon, 2006; 245 pp.; trad. de Shizuka Shimayana y Miguel Ángel Ibáñez Muñoz; ISBN: 84-96427-28-5.

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Taniguchi0.JPG
viernes, 26 de mayo de 2006

Otra buena historia en cómic, con un estilo gráfico completamente diferente al europeo y norteamericano, es Barrio lejano, de Jiro Taniguchi, un autor de referencia en el manga japonés, cuyo estilo resultará familiar también a quien haya visto películas como Primavera tardía, de Ozu.

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