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Notas del archivo 'Conflictos familiares de niños y jóvenes' :: bienvenidosalafiesta ::    
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jueves, 7 de junio de 2018

Apple y Rain, de Sarah Crossan, es una novela difícil de categorizar —colegial, de conflictos familiares, de maduración, de primer desengaño y primer amor...—, que resulta interesante por algunos asuntos que plantea y que, por lo que conozco (que no es mucho), es superior a las habituales entre las que presentan chicas adolescentes que comienzan a tontear.

Apple tiene trece años y pocos meses. Vive con su abuela Nana pues su madre la dejó poco después de dar a luz y se marchó a Estados Unidos para ser actriz. Su padre vive en Londres, espera un hijo con su novia, y no le hace mucho caso. Los conflictos, que se irán anudando, son: su abuela es estricta y la controla mucho; vuelve su madre y le propone vivir con ella, y Apple accede, pero pronto descubre, por un lado, que tiene una hermana de diez años llamada Rain que no se comporta de modo muy normal, y, por otro, que la responsabilidad no es lo fuerte de su madre; su mejor amiga Pilar la deja de lado y se va con Donna, la más vistosa de la clase que, además, no se lleva bien con Apple; le cae muy bien un chico mayor con el que coincide en clase de música pero que ni la mira y, al mismo tiempo, aparece un nuevo vecino y compañero de clase, Del, simpático pero un poco desastrado; un nuevo profesor de lengua les empieza a leer poemas y a proponerles en clase que ellos hagan los suyos y Apple conecta muy bien con esto. Se darán previsibles situaciones un tanto trágicas para reorientar algo las cosas.

Por un lado es evidente que la novela podría ser mucho mejor. Hay personajes, como el padre, que simplemente desaparece una vez presentado al principio. Tiene algunos clichés suavizantes y comerciales propios de tanto libro juvenil: aparición del vecino rarito que acaba ayudando a Apple (aunque sea un tanto turbio pues espía a sus vecinas con prismáticos); resolución demasiado positiva (es rarísimo salir indemne de algunas conductas como las que se cuentan); conexión del libro con algunas prescripciones escolares (aunque esto se haga bien: la autora parece ser una buena poeta y en el argumento aparecen textos de Lewis Carroll, de Rupert Brooke, de Seamus Heaney...).

Por otro, atrae la figura de Apple, una chica lista, un tanto áspera, que sin embargo toma una mala decisión cuando se va con su madre, pero no se atreve a dar marcha atrás y ha de hacer frente a la responsabilidad de atender a su hermana de la que su madre huye. Pero, sobre todo, la novela refleja muy bien qué puede ocurrir cuando la madre tiene una conducta que no solo es egoísta e irresponsable, sino que, para ganarse a su hija, actúa como su alcahueta, punto que la narración acaba presentando como algo indigno y sórdido pero que también disculpa demasiado (esto se ve claro si hacemos algunos ejercicios mentales de sustitución: ¿y si en vez de la madre fuera el padre quien se comporta así...?). Además, el lector que se plantee cuál será el futuro de los personajes tal vez piense, como yo, que aunque Apple sea una chica reflexiva y valiosa, comienzan muy pronto, y no muy bien, sus relaciones amorosas con Del.

Con todo es una novela que puede hacer pensar un poco a ciertos lectores y de la que se puede decir, elogiosamente, que aunque tenga toques comerciales, como dije, no está planteada de modo «comercial». Es obvio que, aunque sea una novela premiada (lo que sería impensable con el ejercicio de sustitución que digo atrás...) será difícil que guste mayoritariamente: por sus contenidos poéticos y su interés en presentar la poesía como algo curativo, y porque las situaciones por las que pasa la protagonista son realmente duras para ella e incómodas para los lectores.

Sarah Crossan. Apple y Rain (Apple and Rain, 2014). Rocaeditorial, 2018; 271 pp.; trad. de María Angulo Fernández; ISBN: 978-84-17092 -40-5. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 10 de marzo de 2017

Termino ya con la serie de relatos con amigos imaginarios, esta vez con una novela que me ha recordado a los muchos personajes tipo Pepito Grillo que hay en la LIJ, y a los tebeos de la infancia en los que un personaje tenía un angelito bueno en un hombro y otro malo en el otro: Una voz escondida, de la iraní Parinoush Saniee.

Tiene lugar en Irán y comienza el año 2002. Su protagonista, y en muchos momentos narrador, es Shahab es un niño de cinco años que no habla: los médicos dicen que no le ocurre nada y así lo piensa su madre también, pero no así su padre y el resto de su familia. Shahab no se siente querido por su padre y este no solo no le muestra ninguna clase de afecto sino que se irrita continuamente con él —«yo, por muy pequeño que fuese, comprendía con total claridad cuál era la situación»— y de ahí que decida no hablar y mentalmente siempre se refiera a su padre como «el padre de Arash», su hermano mayor. Como represalias a cosas que ve injustas, Shahab hace fuertes travesuras ocultas que su madre procura encubrir, pues comprende un poco lo que pasa por su interior. Se sucederán los incidentes —tensiones entre su madre y su padre, insatisfacción de su madre por no poder ejercer su carrera, relaciones con un primo que se burla de Shahab, una prima que tiene un embarazo y la madre de Shahab le facilita que aborte...—. Todo cambiará cuando su abuela pase una temporada en su casa: es la primera que le reconoce su derecho a enfadarse y la primera que le dice que «en tu lugar, yo tampoco hablaría».

La narración se cuenta desde varios puntos de vista. El más importante es el de Shahab, que describe con mucho detalle (demasiado para ser verosímil) su mundo interior de entonces —sabremos al final que cuenta las cosas cuando ya es universitario—. Nos habla de sus amigos imaginarios, Asi el malo, que le azuza en sus trastadas, y Babi el bueno, que intenta calmarle, que fueron su único refugio durante mucho tiempo. El autoritarismo irracional y los comentarios insensibles del padre de Shahab, igual que los comportamientos de otros familiares, llevan de la mano al lector a ponerse del lado del chico y a gozar con Así cuando alguien recibe su merecido. El telón de fondo social también resulta más que agobiante pero, por lo que yo he podido entender, en esta novela no es más que eso, un telón de fondo, y me parece un tanto excesivo atribuir un significado de crítica política a la mudez de Shahab.

En general se dibujan bien los conflictos familiares, tanto los de la familia de Shahab como los de la gritona familia de su padre. Es una muestra de honradez que, al final, la novela reparta críticas a unos y otros sin cargar sólo la mano en el padre (o en otros varones energúmenos: se supone que la chica que aborta lo hace por temor a la reacción futura de su padre y de su hermano...). Así, cuando la madre de Shahab le dice a la abuela, su madre, que «he estudiado mucho, pero al final he acabado siendo ama de casa, exactamente igual que las mujeres de hace un siglo», la abuela Bibi estalla: «A tus hijos no les pasa nada. Los problemas los tenéis vosotros. Unos padres ariscos tienen hijos ariscos. Esos niños recogen lo que sembráis. (…) Los ancianos, aunque no habíamos estudiado tanto como vosotros, manteníamos una relación más sencilla con nuestros hijos. Tenían menos problemas, crecían de una forma más natural. ¿Sabes qué pasa? El que escribe su historia tirando de corazón no necesita libros ni cuadernos».

Parinoush Saniee. Una voz escondida (Pedar-e aan digari, 2004). Barcelona: Salamandra, 2016; 267 pp.; trad. del italiano de Carlos Mayor; ISBN: 978-84-9838-738-4. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 5 de noviembre de 2015

Goodnight, Mr. Tom, de Michelle Magorian, es un premiado y conmovedor libro inglés de hace varias décadas, que tal vez no está traducido al castellano por su lenguaje de argot, su ambientación histórica, y por su tono un tanto dickensiano.

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HollandManWFace.JPG
jueves, 21 de marzo de 2013

Un relato de hace tiempo, y que ahora creo que no está en el mercado español, sobre un chico con problemas personales y familiares serios pero que tiene la suerte de acabar encontrando quien le ayude: El hombre sin rostro, de Isabelle Holland. Los defectos que tiene quedan compensados por los aciertos en la definición del protagonista y su entorno, y por muchos diálogos excelentes.

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viernes, 27 de julio de 2012

Otro libro acerca de situaciones familiares duras tal como las contempla un niño, en este caso, irlandés: Paddy Clarke, ja, ja, ja, de Roddy Doyle.  Se podría describir como divertido y doloroso, bienhumorado en la presentación de muchos momentos de la vida infantil y trágico según el narrador y protagonista va comprendiendo la situación.

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viernes, 20 de julio de 2012

Una novela, en muchos sentidos excelente, como Un mundo para Julius, de Alfredo Bryce Echenique, a mí al menos me hace pensar que un enorme talento para el sarcasmo puede iluminar algunas realidades pero, a veces, no es la mejor manera ni de mostrar el sufrimiento interior de un niño ni de buscar salidas a situaciones dolorosas.

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viernes, 6 de julio de 2012

Voy a ir poniendo, en viernes sucesivos, algunos relatos duros «sobre niños», o relatos sobre niños en situaciones duras. Comienzo con El niño del ingenio de azúcar, del brasileño José Lins do Rego, una novela con acentos autobiográficos sobre un protagonista que, dice de sí mismo, abandona la infancia con el alma ya vieja.

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miércoles, 14 de septiembre de 2011

Ha salido una nueva edición, con otra traducción, de Mi planta de naranja lima, de José Mauro de Vasconcelos. He aprovechado para releerlo y, aunque cuantos más años pasan más desconfío de la limpieza de cualquier narrador adulto que pone voz a un niño, y en especial a un niño que sufre como es este caso, me han vuelto a impresionar la fuerza emocional de la historia y el talento narrativo del autor.

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viernes, 16 de julio de 2010

Si Tierra de infancia, de Claudia Lars, que introduje hace una semana, me deslumbró y encantó cuando lo leí, Una noche de luna, del galés Caradog Prichard, que también me abrió los ojos a un mundo del que no había leído nada, me pareció fascinante por su potencia literaria y, sobre todo, me dejó abrumado como pocos libros antes: raras veces he visto descrito, con tanta fuerza, el dolor de un niño.

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viernes, 18 de diciembre de 2009

Si alguien piensa que a finales del siglo XIX y principios del XX sólo había relatos de niños desgraciados a los que un vuelco de fortuna, junto con su buen carácter, les cambiaba la vida, le interesará leer Pelo de Zanahoria, de Jules Renard. Entre otras cosas, porque siempre viene bien librarse de los estereotipos.

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viernes, 31 de julio de 2009

Entre los relatos cuyo narrador es un chico desequilibrado —como Flores para Algernon o El guardián entre el centeno— y que, por tanto, debemos leer con especial atención, no hay que perder de vista Lección de alemán, de Siegfried Lenz.

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jueves, 23 de abril de 2009

Después de mencionar a Blyton, una escritora muy diferente: la brasileña Lygia Bojunga Nunes Si a Blyton no le importan los conflictos sociales ni los problemas dramáticos que puedan tener los niños, a Nunes sí le importan mucho y, mientras que a la inglesa le interesa entretener a sus lectores, ella busca concienciarlos y por eso sus temas a veces resultan incómodos. Sea como sea, son libros serios en su intención, literariamente cuidados, y agudos en su presentación de algunas cuestiones. Me doy cuenta de que la contraposición entre las dos escritoras es un tanto artificial pero sirve como presentación periodística de un contraste típico entre dos formas de concebir la literatura infantil y juvenil: a mí me parecen necesarias ambas.

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viernes, 6 de febrero de 2009

La niña de los nueve dedos,
de Laia Fábregas, es un estupendo debut literario. La narradora es una mujer que recuerda su infancia y juventud: para ella tienen particular importancia el trauma que siempre le supuso tener nueve dedos y la educación que sus padres, militantes comunistas, les proporcionaron, a ella y a su hermana, en los años finales del franquismo y primeros de la democracia. El hilo conductor tiene que ver con el origen de que le falte un dedo y con la costumbre misteriosa que tenían sus padres de no hacer nunca fotografías, aunque la narradora y su hermana saben que, a veces, sí hacían fotografías y desean encontrarlas.

Lo mejor es el retrato del mundo interior de una niña tímida y de la forma en que la educación que recibió y los acontecimientos que vivió condicionaron su crecimiento y su percepción posterior de las cosas. Por ejemplo, está muy bien visto cómo, sus padres le dicen, siendo muy pequeña, que «la historia del Ratoncito Pérez es como la de los Reyes Magos: un cuento chino» y cómo luego se insinúa que, tal vez por aquella particular educación, «con treinta y cuatro años, Laura era como una niña de ocho que comienza a entrever que algo no cuadra en Gaspar, Melchor y Baltasar, los Reyes Magos de Oriente». La narración es también un buen retrato de una época y de un ambiente: cuando muere Franco y Laura ve a sus padres celebrarlo, dice que «por aquellas fechas experimenté por primera vez ese sentimiento de “nosotros contra ellos” que aún me asalta a veces a día de hoy en los momentos más inesperados». Me han resultado poco atrayentes, sin embargo, los capítulos que cabría llamar surrealistar de los sueños en los que Laura se ve a sí misma con menos dedos, igual que los acentos llorosos, como de desvalimiento, que respira toda la narración.

Laia Fábregas. La niña de los nueve dedos (Het meisje met de negen vingers, 2007). Barcelona: El Aleph, 2008; 192 pp.; col. Modernos y clásicos de El Aleph; trad. de Goedele de Sterck; ISBN 13: 978-84-7669-821-1.

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viernes, 26 de diciembre de 2008

Mi nombre es Asher Lev
,
un libro de Chaim Potok que se acaba de reeditar, se abre con una cita de Picasso: «El arte es una mentira que permite comprender la verdad». Inspirada en Marc Chagall, es una novela que habla de la felicidad y del sufrimiento que puede causar, a uno mismo y a otros, el hecho de tener un don artístico excepcional.

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viernes, 22 de diciembre de 2006

Es mejor no profundizar en qué indica del mundo editorial español que, hasta este año, no se haya publicado Vinieron como golondrinas, uno de los pocos relatos firmados por William Maxwell, editor de autores como John Cheever y J. D. Salinger, y redactor jefe en The New Yorker durante 40 años. Un relato extraordinario.

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viernes, 24 de marzo de 2006

Una novela norteamericana más de conflictos juveniles, de las que siguen el camino abierto por Huck Finn y por Holden Caulfield, es Vida de este chico, de Tobías Wolff.

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viernes, 17 de marzo de 2006

No es necesario insistir en que J. D. Salinger es un autor clave. En la reseña sobre El guardián entre el centeno hago notar una conexión entre un texto clave de Chesterton en Ortodoxia, con el contenido central de aquella novela y con el de la ya citada El señor de las moscas, de William Golding.

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