Este sitio emplea cookies de Google para prestar sus servicios, para personalizar anuncios y para analizar el tráfico. Google recibe información sobre su uso de este sitio web. Si utiliza este sitio web, se sobreentiende que acepta el uso de cookies. Entendido | Más información
Notas de enero de 2006 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
Archivo por temas:
Moers.jpg
martes, 31 de enero de 2006

Construir una novela de fantasía en serio, con pretensiones de que la lea un adulto y no le dé la risa floja, requiere talento literario. Como, por ejemplo, el deTolkien en El Señor de los anillos, o el de Ursula Le Guin en Un mago de Terramar..., por citar dos ejemplos. Cuando no hay tanto talento ni tanto trabajo, los autores de esta clase de novelas caen en una solemnidad vacua, en una adjetivación barroca, en alardes de autocomplacencia tipo ¿veis qué dominio del lenguaje y qué imaginación tengo? Y peor aún es cuando a eso se añaden aires magisteriales... En fin, que puestos a producir tonterías, muchísimo mejor es la opción de quien, al menos, no se las cree y opta por una ironía inteligente como la de Walter Moers en su extensa Las trece vidas y media del Capitán Osoazul, un personaje que adquiere una solidísima formación, que se convierte en un tipo increíblemente leído, todo un diccionario andante que no sabía una sola cosa: «para qué servía saber todo eso».

Enviar Imprimir
LionniPA.jpg
lunes, 30 de enero de 2006

Por fin está editado en castellano un álbum histórico: Pequeño Azul y Pequeño Amarillo, de Leo Lionni. Es el primer álbum abstracto-conceptual, una demostración de sabiduría gráfica con la que su autor se introdujo en el mundo de los álbumes. Y sí, aunque nunca es tarde si la dicha es buena, el que un álbum clave como este llegue al mercado español treinta y muchos años después es un indicador más...

Enviar Imprimir
MannMM.jpg
domingo, 29 de enero de 2006

Una clave para la lectura de La montaña mágica, de Thomas Mann, la da su autor en este texto: «El individuo puede tener presentes toda clase de objetivos personales, de fines, de esperanzas, de perspectivas, de los cuales extrae la energía para los grandes esfuerzos y actividades; ahora bien, cuando lo impersonal que le rodea, cuando la época misma, a pesar de su agitación, en el fondo está falta de objetivos y esperanzas, cuando ésta se le revela como una época sin esperanzas, sin perspectivas y sin rumbo, y cuando la pregunta sobre el sentido último, inmediato y más que personal de todos esos esfuerzos y actividades —pregunta planteada de manera consciente o inconsciente, pero planteada al fin y al cabo—, no encuentra otra respuesta que el silencio del vacío, resultará inevitable que, precisamente a los individuos más rectos, esta circunstancia conlleve cierto efecto paralizante que, por vía de lo espiritual y moral, se extienda sobre todo a la parte física y orgánica del individuo. Para estar dispuesto a realizar un esfuerzo considerable que rebase la medida de lo que comúnmente se practica, aunque la época no pueda dar una respuesta satisfactoria a la pregunta "¿para qué?", se requiere bien una independencia y una pureza moral que son raras y propias de una naturaleza heroica, o bien una particular fortaleza de carácter. Hans Castorp no poseía ni lo uno ni lo otro, y no era, por tanto, más que un hombre mediocre, eso sí, en uno de los sentidos más honrosos del término».

Thomas Mann. La montaña mágica (Der Zauberberg, 1924). Barcelona: Edhasa, 2005; 933 pp.; col. Edhasa Literaria; trad. de Isabel García Adánez; ISBN: 84-350-0891-6.

Enviar Imprimir
sábado, 28 de enero de 2006

En relación a Dostoievski, además de la superbiografía de Joseph Frank, varias veces citada, vale la pena conocer El universo religioso de Dostoievski, de Romano Guardini. Eso sí, hay que buscarlo en bibliotecas con buenos fondos o en librerías de viejo, pues hace décadas que no está en el mercado español. Otro misterio editorial.

Enviar Imprimir
viernes, 27 de enero de 2006

La idea mencionada, días atrás, de «ceñirse al canal», no se aplica sólo a los escritores sino también a los críticos. A la hora de valorar unos libros interesa conocer las fuentes, pero de ningún modo atribuir todo el mérito a lo bien que ha vendimiado en ellas el autor, como si fuera tan fácil. También puede ser útil conocer algunas circunstancias históricas del autor o de la composición de su obra, pero el juicio que la obra merece no depende casi nunca de las conjeturas que se suelen hacer, que normalmente son irrelevantes. Tampoco ayudan al lector, aunque sí le digan algo del crítico, los adjetivos calificativos o descalificativos que previenen a favor o en contra. Esto viene a cuento de comentarios leídos a propósito de C. S. Lewis y las Crónicas de Narnia.

Enviar Imprimir
jueves, 26 de enero de 2006


En un futuro muy lejano, cuando hombres y otras criaturas extraterrestres conviven en la galaxia, no sin tensiones, Lorenzo Smythe, un actor en paro, es contratado para sustituir a un líder político, jefe de la oposición, en una ineludible ceremonia protocolaria en Marte. Es preparado concienzudamente para ello, pero los acontecimientos se precipitan y deberá sustituirlo más tiempo y en más ocasiones de las previstas. Ese es el argumento básico de Estrella doble, una novela de ciencia-ficción de Robert A. Heinlein.

La historia es amena pero, además, contiene algunas ideas interesantes. El protagonista, al verse obligado a ir más lejos de lo que pensaba en un principio, reflexiona más profundamente sobre los motivos que le hacen aceptar, se pregunta cuáles son sus normas de conducta, y se responde:

«El espectáculo debe continuar. Siempre había creído y vivido en y para eso. Pero, ¿por qué debe continuar el espectáculo?..., sobre todo teniendo en cuenta que algunas de las obras son sencillamente horribles... Pues bien, porque uno había aceptado realizar su trabajo, porque el público espera allí fuera; han pagado su entrada y tienen derecho a lo mejor que se les pueda dar. Uno se lo debe. Se lo debe también a los tramoyistas, al director y al empresario y a todos los demás miembros de la compañía..., y a aquellos que le han enseñado su profesión y a cientos y cientos de artistas que se alinean en el pasado, hasta los teatros al aire libre y graderías de piedra, y hasta los narradores de leyendas en los bazares morunos. Noblesse oblige. Comprendí que la misma idea podía aplicarse a cualquier clase de profesión. Debemos dar tanto como recibimos. Construir con escuadra y nivel. El juramento de Hipócrates. No dejemos perder al equipo. Trabajo honrado para una paga honrada. Tales cosas no necesitan ser probadas; constituyen una parte esencial de la vida..., ciertas por toda la eternidad, verdaderas en los más lejanos límites de la Galaxia».
 

Enviar Imprimir
Kropp.jpg
miércoles, 25 de enero de 2006


El esquema normal de las series de aventuras fantásticas mencionadas semanas atrás es siempre parecido: unos protagonistas huérfanos (o casi) tienen por delante una misión; pronto ven que no les faltan recursos para cumplirla y probablemente descubren que hay profecías que anuncian su futuro triunfo si, como el lector no duda que harán, son capaces de resolver algunos acertijos y enigmas; y, de camino, seguramente averiguan qué misterios hay en su pasado.

Otras dos series en marcha, con este formato, son:

—Kai Meyer. Los caminantes del mar. De momento, dos novelas: Capitanes del Caribe, Rumbo a las tinieblas. He leído sólo la primera: una mezcla de novelas clásicas de piratas con una fantasía desbocada, cuyos protagonistas son unos chicos que pueden andar sobre el agua y a los que se llama renacuajos. Hay plantaciones en las que trabajan espectros y piratas sorprendentes. Se ve que el escritor es experto: cuenta bien, maneja con soltura su material... Pero todo me ha parecido excesivo y en ningún momento me ha enganchado.

—Rick Yancey. Las extraordinarias aventuras de Alfred Kroop. Aventuras artúricas ambientadas hoy. La voz narrativa es graciosa, el contraste entre la forma de hablar de un chaval de ahora y la de un caballero medieval da lugar a golpes que a veces son excelentes, pero la historia se disparata bastante según avanza. Contiene algunos tacos innecesarios, creo yo. De todas formas, siempre se lee mejor un relato con acentos de farsa y persecuciones de «thriller» que una narración enfática y solemne como algunas anteriores ya mencionadas. Y una observación: cuando un autor, en una novela de fantasía de esta clase, habla de «rezar», de «cielo», de «infierno», se ve que no sabe de qué está hablando.

Total, en los dos casos, a no ser que alguien de confianza me aconseje lo contrario, he tenido suficiente.
 

Enviar Imprimir
JusterRP.jpg
martes, 24 de enero de 2006

Ha llegado hace poco al mercado español un inteligente libro de Norton Juster, titulado La recta y el punto: «Tú eres el principio y el fin, el núcleo y la quintaesencia», le dice la recta al frívolo punto. Pero más importante y jugoso aún es La cabina mágica, un relato excepcional.

Enviar Imprimir
Willems201.jpg
lunes, 23 de enero de 2006
Otro autor mencionado hace unos meses, que intenta prolongar en un segundo álbum la fórmula que le dio el éxito, es Mo Willems con ¡La paloma encuentra un hot dog!
Enviar Imprimir
domingo, 22 de enero de 2006

Cuando Thomas Buddenbrook se da cuenta de que no lleva ya las riendas de su vida, que su mano ya no sujeta «los imponderables con la firmeza de otros tiempos», reflexiona y, a la pregunta «¿qué es el éxito?», se responde que viene a ser como «una fuerza, una prudencia y una aptitud enigmática, indefinible»; como «la conciencia de imprimir un impulso al movimiento de la vida con la propia personalidad»; como una «fe en la docilidad de la vida a nuestros mandatos»… Cuando su fatiga y abatimiento van en aumento con el paso de los años, cada vez con más intensidad siente un gran vacío dentro de sí mismo. Su vida, indica el narrador, «no venía a ser sino la de un actor, pero la de un actor condenado a representar siempre, hasta en los más mínimos detalles, un solo y único papel que, salvo en contadas y brevísimas horas de laxitud y soledad, pone a contribución todas las energías y las devora...»

Thomas Mann. Los Buddenbrook (Buddenbrooks, 1901). Barcelona: Plaza & Janés, 1999, 4ª impr.; 747 pp.; col. Ave Fénix; trad. de Francisco Payarols; ISBN: 84-01-42863-7.

Enviar Imprimir
sábado, 21 de enero de 2006


Flannery O'Connor: 
«La novela es una forma de arte y cuando la utilizas para algo que no sea arte, la perviertes. No me lo he inventado yo. Lo encontré en Santo Tomás (a través de Maritain), quien asegura que el arte está totalmente preocupado con el bien de aquello que se hace y no tiene una finalidad utilitaria. Si eres capaz de lograr usarlo con fines sociales, religiosos o de otro tipo es porque, en primer lugar, has hecho algo artístico».

Flannery O´Connor. El hábito de ser.

Enviar Imprimir
viernes, 20 de enero de 2006


Wayne Booth:
 «Hay un placer en ver triunfar sobre las dificultades de la vida a alguien que nos gusta y hay un placer en reconocer que la vida es tan compleja que nadie triunfa inequívocamente. Ambos placeres no pueden realizarse del todo en la misma obra. (…) Si está claro sobre dónde se concentra el foco, un gran artista puede, por supuesto, hacer alguna justicia a las complejidades del mundo y alcanzar todavía un alto grado de envolvimiento emocional. Dostoievski, como Shakespeare, deriva parte de su preeminencia en su habilidad para mostrar qué clase de asunto turbio es realmente el mundo moral al propio tiempo que mantiene lúcidas las líneas de nuestras simpatías morales. Sus criminales continúan profundamente simpáticos porque sabe, y nos hace saber, por qué son criminales y por qué son, sin embargo, simpáticos. No parece ser su secreto la genuina ambigüedad sino más bien la complejidad con claridad. Si fuese a dejar el mérito básico de Raskolnikov o de Dmitri ambiguo, o si fuese a dejarnos en duda respecto a la sinceridad de Iván en su dialéctica con Alyosha, nunca podríamos vernos afectados tan profundamente con su destino como lo estamos».

Wayne C. Booth. La retórica de la ficción (The Rhetoric of Fiction, 1961). Barcelona: Antoni Bosch, 1974; 423 pp.; versión española, notas y bibliografía de Santiago Gubern Garriga-Nogues; col. Ensayo; ISBN: 84-7162-631-4.

 

Enviar Imprimir
HeinleinPV.jpg
jueves, 19 de enero de 2006


Si alguien quiere comprobar, y de paso entretenerse un poco, por qué las novelas de ciencia-ficción no son duraderas, puede leer Una puerta al verano, de Robert A. Heinlein. El narrador, un ingeniero muy capaz, inventor de multitud de robots, es engañado por sus socios y decide tomar el «largo sueño» o «sueño frío» para despertar treinta años después, el año 2000; cuando despierta vuelve a regresar atrás en el tiempo para dejar las cosas bien arregladas y, de nuevo, volver a ser las cuentas mucho mejor de lo que se suponía. De las que conozco, no es la mejor de su autor, pero en ella se reúnen muchos elementos típicos del género, deja claro por qué las novelas de ciencia-ficción siempre se quedan desfasadas cuando pasa el tiempo y, además, acaba de ser publicada. Volveré a Heinlein en futuros comentarios.

Robert Anson Heinlein. Una puerta al verano (The door into Summer, 1957). Madrid: La factoría de ideas, 2005; 218 pp.; trad. de F. Hernández; ISBN: 84-96525-34-1.

Enviar Imprimir
DautremPrinc.jpg
miércoles, 18 de enero de 2006

Aquí está la reseña prometida del álbum Princesas olvidadas o desconocidas, con ilustraciones de Rébecca Dautremer y texto de Philippe Lechermeier. En este caso, un libro para todas las edades.

Enviar Imprimir
martes, 17 de enero de 2006

En su momento mencioné, como uno de los mejores álbumes del año pasado, El árbol rojo, del australiano Shaun Tan.

Enviar Imprimir
CarleCaba.jpg
lunes, 16 de enero de 2006


Un nuevo álbum de Eric Carle que merece ser conocido es Don Caballito de Mar, una historia que, como habla de variedades de peces en las que son los machos y no las hembras quienes cuidan a los huevos, puede ser una buena opción como regalo para padres reticentes.

Sí, es cierto que la indirecta no es muy sutil pero eso tiene la ventaja de que no quedan dudas de lo que se quiere decir. Es un ejemplo más de que, no pocas veces, todos preferimos que las moralejas de un cuento estén bien claras.

La originalidad de diseño con la que Carle nos obsequia esta vez es que, según avanza la historia, a veces hay páginas transparentes en las que se ven unos juncos, unos arrecifes de coral, unas algas, detrás de los cuales se ocultan distintos animales.
 

Enviar Imprimir
domingo, 15 de enero de 2006

Auden:
 «El arte está atado a lo único y a lo excepcional, ya sea en el carácter, en la situación o en el tiempo».

W. H. Auden. Trabajos de amor dispersos: conferencias sobre Shakespeare.

Enviar Imprimir
sábado, 14 de enero de 2006

Una idea que C. S. Lewis repitió bastantes veces: «Como nadie puede engañarnos sin antes habernos convencido de que dice la verdad, es más fácil que nos engañe una historia que se ajuste a un realismo de contenido al menos superficial o aparente. Por eso podemos decir que el romántico más descarado engaña mucho menos que el realista más superficial, que la literatura ostensiblemente fantástica nunca consigue engañar al lector. Los cuentos de hadas no engañan a los niños. Las historias que sí suelen engañarlos, y mucho, son las historias que oyen en la escuela. La ciencia-ficción no engaña, las revistas femeninas sí. El peligro real acecha en las novelas de aspecto muy sobrio donde todo parece muy probable pero, en realidad, están concebidas para transmitir determinado comentario social, ético, religioso o antirreligioso "sobre la vida". Hablo de engaño porque al menos algunos de esos comentarios tienen que ser falsos».

C. S. Lewis, La experiencia de leer.

Enviar Imprimir
viernes, 13 de enero de 2006

Anécdota que cuenta David Mamet. Un alumno del gran dramaturgo-actor Stanislavsky le preguntó una vez cómo hacía para elegir siempre lo correcto. Y él le respondió que, tiempo atrás, él le había preguntado lo mismo al capitán de un vapor que recorría el Volga y el capitán le dijo: «Cíñete al canal y no te equivocarás». O, dicho de otro modo, si las elecciones que haces no están hechas "en general", sino en ayuda de la historia, necesariamente serán correctas. Por eso, en un autor, decir que consiguió «unos efectos brillantes» es como decir que «hizo que los trenes llegaran puntualmente». Muchos autores de literatura infantil, eso de «ceñirse al canal», lo pierden de vista con facilidad.

David Mamet. Una profesión de putas (A Whore´s Profession, 1989). Madrid: Debate, 1995; trad. de Juan Manuel Ibeas y Jordi Mustieles; ISBN: 84-7444-929-4.

Enviar Imprimir
jueves, 12 de enero de 2006

Un relato más para la serie de Grandes Viajes es el firmado por Vladimir Arseniev, titulado Dersu Uzala y subtitulado Una aventura en Siberia, un ejemplo de argumento que muchos conocen debido a la magnífica película basada en él que hizo Akira Kurosawa.

En 1902, siendo un oficial del zar, el autor realiza varias expediciones de reconocimiento en la región del Ussuri, un territorio situado en Siberia oriental, en zonas fronterizas con China. En la primera encuentra un viejo cazador, Dersu Uzala, con el que entablará una gran amistad y que le acompañará en las siguientes. Su personalidad atraerá y conmoverá mucho al capitán Vladimir, y de él aprenderá también a considerar a la naturaleza como su familia y su mundo.

El autor ofrece brillantes descripciones de la naturaleza que recorre y cuenta con detalle algunos momentos dramáticos: una gran tormenta, un poderoso incendio en el bosque, distintas salidas de caza, incidentes con chinos y coreanos que a veces encuentran, etc. Pero toda la narración está dominada por Dersu, un entrañable personaje al que vemos siempre vestido con chaqueta y calzón de piel de reno, y armado con una vieja carabina y un tridente pequeño. Dersu, «nunca se agitaba, nunca perdía el tiempo inútilmente», y practicaba una especie de antropomorfismo que aplicaba a todos los seres, nos dirá el narrador. Incluso en alguna ocasión le reprende, cuando le ve actuar de un modo desconsiderado con la naturaleza, pues él «amaba la taiga y todo lo que la poblaba, cuidaba de ella tanto como podía», hasta el punto de que siempre dejaba todo preparado para quien viniera después, caminantes desconocidos o los más pequeños animales.

Vladimir Arseniev. Dersu Uzala. La Taiga del Ussuri (Dersou Ouzala, 1923). Barcelona: Grijalbo, 1984, 3ª ed.; col. Aventura vivida; trad. de Teresa Ramonet; ISBN: 8425310989.

Enviar Imprimir
Quintopino.jpg
miércoles, 11 de enero de 2006

Es refrescante descubrir, dentro de las colecciones de literatura juvenil al uso, un relato ameno y bien escrito que ofrece justo lo que dice: una historia optimista y bienhumorada protagonizada por gente normal. Su protagonista es Sergi, un licenciado en Derecho que saca una oposición y es destinado a Quintopino, un olvidado pueblo de los Pirineos. Una vez allí, ve que sus habitantes le tratan con amabilidad pero su comportamiento revela que algo esconden. Poco a poco ata cabos y, finalmente, descubre los motivos de sus reticencias. No importa mucho que la evolución del argumento sea más o menos previsible y que su final sea el esperado. Muchos lectores tendrán deseos de compartir las comidas caseras que le ponen a Sergi y disfrutarán con su redescubrimiento de novelas clásicas, en especial los que tengan raíces catalanas.

Xavier Fàbrega y Ramón Homs. El misterio de Quintopino (El misteri de Quintaforca, 2005). Madrid: Anaya, 2005; 168 pp.; col. Espacio Abierto; trad. de Tomás Caballero; ISBN: 84-667-4728-1.

Enviar Imprimir
Goscin02.jpg
martes, 10 de enero de 2006

«—Es inútil lloriquear, Nicolás —dijo papá—. Mañana te quedarás en casa haciendo ejercicios de gramática. No quiero tener un hijo ignorante que no sea nada de nada. Más adelante me lo agradecerás.
—Si me das dinero, te lo agradeceré enseguida —dije yo».

Al leer las nuevas aventuras de El pequeño Nicolás, de René Goscinny, he visto los parecidos que tiene con Calvin, de Bill Watterson.

Enviar Imprimir
Couprie001.jpg
lunes, 9 de enero de 2006

Todo un mundo
es un elogiadísimo álbum sin texto, compuesto con ilustraciones encadenadas consecutivamente, al que se puede calificar, a la vez, de valioso para muchos adultos y de limitado interés para la inmensa mayoría de los niños.

Por un lado, es un sofisticado producto contemporáneo: todas las técnicas pictóricas y gráficas posibles están presentes en las ilustraciones sucesivas. Por otro, es un buen intento de comprender y mostrar cómo es la mente infantil: los autores intentan reflejar cómo los niños pequeños se relacionan con el mundo no con razonamientos sino con percepciones y sensaciones. En realidad, y como es lógico, el álbum muestra más bien el modo en que los adultos suponemos que los niños lo hacen, o el modo en que los adultos lo hacemos, pues las asociaciones sensoriales o intelectuales que aquí se presentan para provocar el paso de una imagen a otra no son necesariamente infantiles. Más aún: es dudoso que lo sean en la mayoría de los casos. Y, además, es necesario recordar que el interés del niño se dirige hacia cosas concretas y no hacia su mismo proceso de aprehensión de la realidad.

Por tanto, álbum que tiene mucho interés como producto para compartir entre adultos y niños, siempre y cuando el adulto esté muy interesado en el arte contemporáneo. Es decir, que quien quiera hacer un buen regalo al hijo pequeño de alguien así, no para poner contento al niño sino al padre o a la madre, aquí lo tiene.

Katy Couprie y Antonin Louchard. Todo un mundo (Tout un monde, 1999). Madrid: Anaya, 2003; 254 pp.; ISBN: 84-667-2723-X.

Enviar Imprimir
domingo, 8 de enero de 2006

«Si "religión" significa lo que el hombre dice de Dios, y no lo que Dios hace en el hombre, el Panteísmo "es" casi religión. Y "religión" en este sentido se enfrenta a la larga con sólo un formidable oponente: el Cristianismo». Por eso, indica el mismo autor en una nota, «Si un Ministro de Educación afirma que valora la religión y al mismo tiempo toma medidas para suprimir el Cristianismo, no se sigue necesariamente que sea hipócrita o siquiera necio (...). Quizá desee sinceramente más "religión" y vea acertadamente que la supresión del Cristianismo es una necesidad preliminar para realizar su intención».

C. S. Lewis. Los milagros (Miracles, 1947). Barcelona: Encuentro, 1996; 276 pp.; col. Libros de bolsillo; trad. de Jorge de la Cueva; ISBN: 84-7490-278-9.

Enviar Imprimir
sábado, 7 de enero de 2006

Contando una mini-anécdota de un rabino judío, que no creía en el respeto del sábado pero que indicó a uno de sus discípulos que lo cumpliera pues él sí creía, Claudio Magris dice: «El maestro es tal porque, aun afirmando sus propias convicciones, no quiere imponérselas a su discípulo; no busca adeptos, no quiere formar copias de sí mismo, sino inteligencias independientes, capaces de ir por su camino. Es más, es un maestro sólo en cuanto que sabe entender cuál es el camino adecuado para su alumno y sabe ayudarle a encontrarlo y a recorrerlo, a no traicionar la esencia de su persona». Un buen maestro, sigue Magris, no escarnece la ortodoxia codificada, «según la retórica de la transgresión tan cara a los espíritus banales, que creen afirmar su propia originalidad tirando desperdicios por la ventanilla sólo porque lo prohíbe un rótulo», sino que, al contrario «exhorta a su discípulo a observar el sábado que él, sin embargo, no reconoce».

Claudio Magris. Maestros y alumnos, en Utopía y desencanto.

Enviar Imprimir
viernes, 6 de enero de 2006

A estas alturas habrá quedado claro que Dostoievski es uno de mis autores favoritos. Entre otras cosas, como explica Joseph Frank, porque fue un maestro en la creación de personajes que actuaban como encarnaciones de ideas y actitudes socioculturales, en tomar incidentes reales y ampliarlos y magnificarlos de acuerdo con la técnica de su realismo fantástico hasta convertirlos en los núcleos de sus historias. Quizá, para un lector joven, el primer libro a recomendar sea Crimen y castigo.

Enviar Imprimir
Salas.jpg
jueves, 5 de enero de 2006

«Los Reyes Magos con toda su leyenda, los camellos infatigables, las bolsas llenas de juguetes, casi reventando. Si mal no recuerdo, hasta los ocho años viví en aquel evangélico engaño y hasta cierta vez descubrí en la tierra húmeda la huella de los camellos, esos mismos camellos para los cuales queríamos dejar en esa noche de vísperas agua y pasto. (...) recuerdo con nostalgia aquellos días ingenuos en que escribíamos respetuosas cartas llenas de promesas, de testimonios y protestas de buena conducta y desaforados pedidos. (...) Aquellos días nos parecían el colmo de una dicha inagotable, que no nos cansaría jamás, que nunca podrían ponernos tristes, llenarnos de esa leve angustia que desde hace años nos traen las fiestas del calendario». Sirva este texto para señalar un libro excelente de Alberto Salas titulado El llamador.

Enviar Imprimir
miércoles, 4 de enero de 2006

Peter Drucker: «No ver el bosque por culpa de los árboles es un fallo serio; pero igualmente grave es no ver los árboles por culpa del bosque. Sólo podemos plantar árboles individuales, sólo podemos cortar árboles individuales. No obstante, el bosque es el medio ambiente sin el cual cada árbol individual no llegaría nunca a crecer. Para conseguir que el saber sea productivo tenemos que aprender a ver tanto el bosque como los árboles. Tenemos que aprender a "conectar"».

Peter F. Drucker. «El saber: su economía, su productividad», en La sociedad poscapitalista.

Enviar Imprimir
martes, 3 de enero de 2006

Un avance informativo sobre algunas aventuras fantásticas que he leído estos días, un tipo de historias en las que el arte ya no está en el libro sino en el marketing.

—Rafael Ábalos, Grímpow. Muy floja. En una estrafalaria Edad Media, el protagonista recibe unos conocimientos especiales y se une a la lucha de una gnóstica sociedad secreta que quiere acabar con «el oscurantismo religioso y fanático» de una Iglesia católica que predica la guerra y persigue a los sabios. Todos los personajes hablan igual. Los acentos, a veces poéticos, son muy artificiales: el negro manto de la noche les cubría, el cielo estaba pigmentado de estrellas, cosas así. Es morosa porque el peso está en las pretenciosas reflexiones que, además, al formularse solemnemente y con aires de gran descubrimiento, suenan ridículas. Los enigmas y acertijos son muchos y todo acaba siendo absurdo. Literariamente resulta incomprensible tanta promoción.

Cornelia Funke, Sangre de tinta. Superflua. Continuación de Corazón de tinta. Mejor hubiera sido una sola y buena novela: la escritora tiene talento y podría...

Laura Gallego, Tríada. Continuación de La resistencia. El entusiasmo de la autora por Paulo Coelho lastra sus obras: sus relatos ganarían sin las frases grandilocuentes y los comentarios enfáticos. Le sobran páginas y tiene defectos de redacción. Además, me resulta difícil creerme, o no soy capaz de comprender bien, los conflictos sentimentales de alguien que resulta ser mitad unicornio-mitad humano, o mitad dragón, o mitad serpiente alada... En fin. No creo que sea la edad.

Christopher Paolini, Eldest. Sólo para los adictos. Continuación de Eragon, tiene sus mismas cualidades y defectos. Abundan las altisonantes frases vacías tipo «encuentra la paz en tu interior y deja que tus acciones fluyan desde allí», aunque las hay más graciosas todavía.

Jonathan StroudEl ojo del Golem. Continuación de El amuleto de Samarkanda. Ambas son las mejores novelas de este grupo pues cuentan con Bartimeo, un personaje que, al menos, uno no se arrepiente de haber conocido. Con todo, y como a todas las anteriores, le sobran varios cientos de páginas (sí, he escrito cientos).

Más adelante hablaré un poco más sobre ellas y sobre otras. Esto es sólo para responder a algunas preguntas y evitar algunas compras tontas por Reyes. Si, con todo, alguien es un adicto al género y tiene curiosidad, mi consejo es que primero las busque y lea en las bibliotecas antes de gastarse dinero.

Y, puestos a invertir horas de lectura, es infinitamente mejor el libro citado, días atrás, de Susanna Clarke.

Enviar Imprimir
ErlbruchGP.jpg
lunes, 2 de enero de 2006

En La gran pregunta, de Wolf Erlbruch, distintos personajes responden al para qué de la vida. Unos lo hacen de modo poético —para besar las nubes, dice el piloto—, otros en plan disfrutón —para que te acaricien, dice el conejo—, otros con mente darwinista —para luchar, dice el boxeador—, otros de modo afectivo —para que yo te quiera, dice la mamá—... Y la única respuesta que realmente responde a la pregunta sin irse por las ramas es la del pato: «No tengo ni idea».

Es frecuente que los ilustradores que se han ganado el prestigio de ser grandes autores de álbumes, se arriesguen con libros gráficamente más avanzados. Un tipo de textos apropiado para eso es el que no pide unas escenas secuenciadas sino el que propicia una sucesión de ilustraciones independientes en cada una de las dobles páginas. Erlbruch ha dado con ese tipo de texto y ofrece aquí unas ilustraciones compuestas con figuras grandes, usando materiales comunes, apostando por la sencillez, y buscando que cada una responda bien al tipo de personaje que representa y al tono de la respuesta que da.

En cuanto al contenido, el álbum cumple lo que mucha gente pide hoy: la satisfacción de pensar un poco aunque no se llegue muy lejos, la equiparación de distintas respuestas aunque todas se perciben como insuficientes e, incluso, como evasivas. En fin, para padres y profesores y lectores un poco mayorcitos no es mala recomendación El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl, un libro luminoso como pocos. Y, para todos, los mismos textos que cuentan la primera Navidad: ahí está la respuesta mejor a la gran pregunta.

Wolf Erlbruch. La gran pregunta (La grande question, 2004). Madrid: Kókinos, 2005; 52 pp.; trad. de Esther Rubio; ISBN: 84-88342-75-6.
Viktor Frankl. El hombre en busca de sentido. Barcelona: Herder, 2004, 2ª ed.; 160 pp.; col. Psicología; trad. de Christine Kopplhuber y Gabriel Insausti; ISBN: 84-254-2331-7.

Enviar Imprimir
Bloom.jpg
domingo, 1 de enero de 2006

Harold Bloom: «Leemos, creo, para reparar nuestra soledad, aunque en la práctica cuanto mejor leemos más solitarios nos volvemos. No considero que la lectura sea un vicio, pero tampoco es una virtud. (...) La razón más profunda para leer tiene que ser la búsqueda de sabiduría. (...) La sola lectura no nos salvará ni nos hará sabios, pero sin ella nos hundiremos en la muerte en vida de esta visión simplificada de la realidad que Estados Unidos, como tantas otras cosas, impone al mundo».

En días como estos, a este comentario, en muchos sentidos certero, algunos añadiríamos que la Navidad habla de otra Sabiduría, la que más importa, quizá la única que verdaderamente importa.

Harold Bloom. ¿Dónde se encuentra la sabiduría? (Where Shall Wisdom Be Found, 2004). Madrid: Taurus, 2005; 259 pp.; col. Pensamiento; trad. de Damian Alou; ISBN: 84-306-0576-2.

Enviar Imprimir
publicidad   política de privacidad   aviso legal   desarrollo