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Notas de enero de 2007 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
Archivo por temas:
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miércoles, 31 de enero de 2007

Otro clásico ilustrador inglés al que no hay que perder de vista: E. H. Shepard. Con las imágenes que puso a  Winnie the Pooh (a la derecha, y cuya reseña introduciré más adelante), a El dragón perezoso y a una de las primeras ediciones de El viento en los sauces, estableció un nuevo estándar en la ilustración de los libros infantiles.

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Ilustr. de Binette Schroeder.
martes, 30 de enero de 2007

El cuento más popular con el tema de que es el amor el que nos hace amables, es La Bella y la Bestia, de Marie Leprince de Beaumont. Acaba de salir una edición con buenas ilustraciones de Angela Barrett, aunque yo prefiero las de Binette Schroeder de una edición anterior. Es curioso cómo se produce esa conexión mental entre algunas historias y unas ilustraciones determinadas y cómo después nos cuesta cambiar mentalmente y no podemos ver las nuevas sin compararlas con las anteriores. Es una indicación más de que las imágenes ponen carriles a la imaginación, y quizá podemos concluir de ahí que si eso pasa con imágenes que contemplamos reflexivamente, mucho más ocurrirá cuando llegan a una imaginación aún virgen en forma continua y a través de tantos canales. Buena parte del trabajo de un educador, hoy, es pensar, en cada caso, cuando y cómo y cuánto hay que regular esos canales para que su caudal riegue y no asole...

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lunes, 29 de enero de 2007

Ejemplos de cómo unas ilustraciones magníficas recogen el espíritu de historias poderosas están en Cuentos de la vieja Rusia, donde Guennadi Spirin potencia más aún unos relatos de Pushkin, Gógol y Chéjov.

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domingo, 28 de enero de 2007

Andréi Tarkovski:
«Cualquier trabajo de creación aspira a la sencillez, a conseguir expresarse de un modo absolutamente simple, con esa tensión interna característica que conlleva una carga explosiva. Decir mucho con gran economía de medios, encontrar el camino más corto entre lo que quieres expresar y su reproducción última en la imagen: esa es la parte más dolorosa del trabajo creativo. La lucha por la sencillez es la penosa búsqueda de una forma adecuada a la verdad que has alcanzado y quieres comunicar».

Rafael Llano. Andréi Tarkovski: vida y obra, volumen 2.

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sábado, 27 de enero de 2007

Wayne Booth: «Algunas de las mejores investigaciones prueban que una noción que durante mucho tiempo se consideró “actualizada y autorizada” en realidad no es verdadera. Durante décadas, personas de muy diversas áreas citaron el “hecho” de que los Inuit del Ártico tenían docenas de términos para diferentes clases de nieve. Cuando una investigadora intentó confirmarlo, encontró que en realidad sólo tenían tres (o al menos eso es lo que ella afirma)».

Wayne C. Booth, Gregory G. Colomb, Joseph M. Williams. Cómo convertirse en un hábil investigador (The Craft of Research, 1995). Barcelona: Gedisa, 2001; 318 pp.; col. Biblioteca de Educación – Herramientas universitarias; trad. de José A. Álvarez; ISBN: 84-7432-817-9.

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viernes, 26 de enero de 2007

Un apéndice al comentario de ayer.

Cuando leí este texto de Philip Pullman:

«La penitencia y absolución preventivas eran unas doctrinas que (...) implicaban realizar penitencia por un pecado aún no cometido, una penitencia intensa y ferviente acompañada por castigos corporales y flagelación que tenía por objeto acumular una especie de cuenta de crédito. Cuando la penitencia había alcanzado el nivel adecuado en relación con un determinado pecado, al penitente se le concedía la absolución por adelantado, aunque tal vez nunca cometiera tal pecado. A veces era preciso matar a alguien, por poner un ejemplo, y esa acción resultaba mucho menos ingrata para el asesino si lo ejecutaba en estado de gracia».

...me vino a la cabeza este otro de Terry Pratchett, tomado de Mort, cuando habla de las «uvas reanuales» y el narrador explica que

«reciben el nombre de reanuales aquellas plantas que crecen hacia atrás en el tiempo. Se siembran este año y crecen el año pasado». Y sigue: «Los cultivadores de reanuales eran, por lo general, hombres corpulentos y serios, muy dados a la introspección y al análisis exhaustivo del calendario. Un agricultor que se olvida de sembrar semillas normales sólo pierde la cosecha, mientras que quien se olvida de sembrar las semillas de una cosecha que ya ha sido recogida doce meses antes, se arriesga a poner en peligro toda la estructura de la causalidad, por no mencionar que es una vergüenza enorme para él».

El segundo es gracioso. La solemnidad del primero lo vuelve ridículo.

Philip Pullman. El catalejo lacado (The Amber Spyglass, 2001). Barcelona: Ediciones B, 2001; 444 pp.; col. La escritura desatada; trad. Dolors Gallart y Camila Batlles; ISBN: 84-406-9947-6.
Terry Pratchett. Mort (1987). Barcelona: Plaza & Janes, 1998, 2ª impr.; 320 pp.; col. Los Jet; trad. de Cristina Macía, con la colaboración de Celia Filipetto; ISBN: 84-01-47941-X.

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jueves, 25 de enero de 2007

Siempre me ha parecido más prudente hablar de libros que de autores, también porque hasta los mejores escritores a veces se columpian. Para mí es el caso de Philip Pullman con su jaleada trilogía La Materia Oscura. A pesar de sus méritos literarios es una obra muy descompensada y lastrada por los prejuicios del autor. Es, también, un ejemplo de manual de cómo hay misiones que nunca se le pueden encargar a un relato (supuestamente) infantil-juvenil —es todo demasiado complejo—, o a una novela de fantasía —todo acaba siendo ridículo—, o a una novela extensa —un relato corto sugiere pero uno largo se atasca—. Para quien eso no le baste, el comentario extenso que va con esta nota desarrolla esas opiniones.

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miércoles, 24 de enero de 2007

Antes que lo hiciera Tolstoi, claro, Alexander Pushkin había probado a recontar a su modo algunos cuentos populares. Cuatro historias están en la edición titulada El Zar Saltán y otros cuentos rusos.

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Reading House,
«Literary Digest», 1922.
martes, 23 de enero de 2007

Ya que salió el otro día Frederic Remington, ahora le toca el turno a Norman Rockwell, otro de los ilustradores norteamericanos de referencia del siglo XX, que se ve que no cae muy bien a Robert Hughes:

«Su obra se dirigía a su vasta audiencia a través de la reproducción. Sus imágenes no tienen superficie. Su minuciosa verosimilitud, así como la exageración de cada guiño, ceño fruncido, sonrisa o mueca de los rostros de sus personajes tiene la claridad narrativa carente de profundidad de la televisión [claridad narrativa sí, carencia de profundidad según]. Ofrecía una Arcadia [como Pollock un barullo, si vamos a eso]. En la América de Rockwell [y en el mundo en el que yo crecí], los ancianos no eran arrojados como vegetales paralíticos e incontinentes a asilos por sus hijos, sino que se quedaban en casa, respetados, tomando el sol en el porche, con sus mejillas sonrosadas y eternamente activos [pocos, pero los hay; en cualquier caso, esta última frase es la exageración de quien sabe que sus afirmaciones anteriores están forzadas]. Los chicos no tomaban éxtasis [claro, no había] ni las chicas se quedaban embarazadas [entonces pasaba mucho menos y, ¿por qué había de pintar justamente eso?]; robaban manzanas, pero rezaban una oración antes de las comidas [así sucedía muchas veces]. El gran hecho social era la continuidad de la familia [y menos mal, se puede decir]. Se trataba de un mundo ajeno a la duda, la violencia o la avaricia [el mundo que pintaba Rockwell sí, era una mezcla entre el que conocía y el que deseaba; hay relatos que hablan no de lo que los hombres son sino de lo que los hombres sueñan, decía Stevenson, y todos los necesitamos]. (...) Norman Rockwell era más hogareño que la tarta de manzana, más americano que la bandera, más amable y positivo que papá, y esto era lo que quería el público americano a principios de los años cincuenta [¿y?]».

Con todo, el libro en el que Hughes dice lo anterior, al que volveré, es magnífico. Aprendí mucho con él y sus juicios me parecen acertados casi siempre.

Robert Hughes. Visiones de América: la historia épica del arte norteamericano (American Visions: The Epic History of Art in America, 1997). Barcelona: Galaxia Gutemberg, 2001; 652 pp.; trad. de Vicente Campos; ISBN: 84-8109-344-0.

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lunes, 22 de enero de 2007

Algo tarde, lo sé, pero no siempre se puede llegar a tiempo, merece ser citado La mejor Navidad, de Chih- Yuan Chen, el mismo autor de Guyi-Guyi. Como en ese álbum, las ilustraciones están brillantemente compuestas y tanto los rostros como las figuras de los osos protagonistas reflejan muy bien las emociones de la historia. El argumento es sencillo y habla con acierto de una vida familiar con dificultades económicas, pero que se sobrellevan con elegancia y generosidad por parte de todos, digamos que como en la línea del famoso El regalo de los Reyes Magos de O. Henry. Es de esas historias que no es deslumbrante pero cumple muy bien su función. La tipografía de la edición original, según se ve en la ilustración que pongo a la derecha, era una letra courier típica de antigua máquina de escribir, a tono con el tipo de relato: yo la hubiera mantenido en la versión española.

Chih- Yuan Chen. La mejor Navidad (The Best Christmas Ever, 2005). Barcelona: Thule, 2006; 44 pp.; trad. de Aloe Azid; ISBN: 84-96473-50-3.

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domingo, 21 de enero de 2007

Popular (negocios): «Business is business» o «La pela es la pela» (de momento, al menos, «El euro es el euro» no suena igual).
Popular (ejército): «Las órdenes son las órdenes».
Frank Stella: «What you see is what you see».
Gertrude Stein (y Mecano): «Una rosa es una rosa».
Vujadin Boskov: «Fútbol es fútbol».
Iker Casillas: «I am what I am».
Joanne K. Rowling: «Human nature is human nature».
Un amigo mío (que prefiere seguir en el anonimato): «Un huerto es un huerto».

De todos modos, lo importante es el momento y la cara con que lo dices.

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sábado, 20 de enero de 2007

«Por trágicos y míseros que hayan sido los tiempos, la niñez es siempre una edad de oro. A Ortega y Gasset lo mandaron de niño interno al colegio malagueño de El Palo. Me figuro que un colegio de jesuitas a últimos del siglo XIX no correspondía a la idea que un niño pudiera tener del paraíso terrenal y, sin embargo, al evocar aquellos años, Ortega llegó a escribir: “Yo fui emperador en una gota de luz”. En esa gota de luz hemos vivido todos y algunos seguimos alumbrándonos con ella. Ya entonces, yo al menos, no tenía más remedio que vislumbrar las sombras que rodeaban aquella gota de luz, pero aun así son gratos mis recuerdos, y mi historia, con sombras o sin ellas, tuvo un final feliz. Las sombras pasan, la luz permanece. A esa edad los disgustos se olvidan con rapidez; de la miseria sólo se ve el lado cómico y de la tragedia el heroico. Ya sé que andan por ahí visiones sórdidas y sombrías de la niñez, pero a mi modo de ver esas visiones no son otra cosa que una proyección sobre la niñez de las frustraciones y resentimientos de la vida adulta. Desde la frustración y el resentimiento se ha evocado más de una vez la infancia en un internado, y es que es más fácil y socorrido echarles la culpa a los padres y a los maestros de las malas notas que se sacan en la vida que no atribuírselas a taras inconfesables. Es la técnica de los autores de Confesiones, grandes hipócritas algunos de ellos. (...) Yo, si tengo algún resentimiento y alguna frustración, son los de no haber pasado por aquellos internados donde los niños bien lo pasaban tan mal».

Aquilino Duque. El Rey Mago y su elefante.

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viernes, 19 de enero de 2007

He leído (rápido) Panteón, de Laura Gallego, la última entrega de las Memorias de Idhún. Reafirmo mi juicio anterior sobre la saga: éxito muy por encima de sus méritos, realización muy por debajo de la capacidad de la autora. A eso añado algo en lo que no había reparado antes: a pocas novelas como a estas se las puede llamar con tanta propiedad culebrones, por motivos argumentales y por multitud de frases tipo «la hoguera del fuego de tus ojos». Además, por el modo en que se presentan las relaciones amorosas y sexuales entre adolescentes, también son un buen ejemplo de lo apuntado en la nota que titulé «Simuladores de vuelo engañosos».

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jueves, 18 de enero de 2007

La piedra inca,
de César Mallorquí, está escrita con el interés de sacar partido al (merecido) éxito que obtuvo La Cruz de El Dorado. Sin embargo, si con esta novela enganché por su novedad y frescura, no me ha pasado lo mismo con su continuación. Una primera explicación quizá sea que, vista la primera, ya me parece suficiente: al menos para mí ha pasado la época en la que leía secuelas y secuelas. Otra es que La piedra inca es mucho más caricaturesca: por ejemplo, se ha estirado en exceso el personaje de Yocasta, concediéndole inesperados conocimientos de idiomas, una abrumadora sabiduría histórica, y una formidable capacidad retórica. Una tercera es que involucrar a los templarios en el argumento me resulta ya demasiado: aunque el apéndice final ponga las cosas en su sitio, lo cierto es que Mallorquí no necesita recurrir a un tema tan manido para darle marcha a su novela. Otra más es que no me gustan como héroes los tipos que se pasan la vida de antro en antro: considero muy interesantes las novelas que presentan los antros y los personajes que los habitan tal y como son, me parecen engañosas las que toman demasiado a broma a gentes y lugares que, vistos de cerca, son cualquier cosa menos atractivos.

César Mallorquí. La piedra inca (2005). Barcelona: Edebé, 2005; 400 pp.; col. Las asombrosas aventuras de Jaime Mercader; ISBN: 84-236-7337-5.

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miércoles, 17 de enero de 2007

Cuentos que también vale la pena conocer son los que firma Tolstoi, por ejemplo en la edición titulada Iván el tonto y otros cuentos. Tienen los acentos moralizantes propios del autor pero, evidentemente, hay quien escribe y moraliza bien y hay quien lo hace mal. Tolstoi lo hace bien.

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martes, 16 de enero de 2007

Una recomendación que nunca falla: los cuentos de Beatrix Potter, quizá la primera escritora-ilustradora de libros infantiles que sabía comunicar tensión a sus historias a través de imágenes que dicen cosas que no cuenta el texto.

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lunes, 15 de enero de 2007

A finales del año pasado se reeditó Kivitán, un álbum en el que Sita Jucker propone acertijos visuales. Prefiero La oveja negra, un álbum navideño que habría sido más apropiado en aquellas fechas, pero en cualquier caso Kivitán demuestra bien el talento de la ilustradora suiza.

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domingo, 14 de enero de 2007

Wayne Booth: «Como dice Hume: “Un hombre con fiebre no puede considerar que su paladar es buen criterio para hablar de gustos; y el que tenga ictericia no puede intentar imponer su opinión sobre colores. En toda criatura hay un estado de salud y otro de enfermedad; sólo el primero se puede considerar como criterio de gusto y sentimiento”. Esto significa que tenemos que cultivar también el arriesgado arte de valorar el grado de alerta de otros lectores (como hacemos con otras cualidades). Se trata sencillamente de hacer más caso a los juicios de los que parece que han atendido con más cuidado».

Wayne C. Booth. Retórica de la ironía.

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sábado, 13 de enero de 2007

Al comienzo de Virtud en la guerra, uno de los relatos de Heridas bajo la lluvia, se cuenta que un tipo deja el ejército y es contratado por la Standard Oil. Y el narrador sigue: «La compañía Standard Oil se diferencia del gobierno de los Estados Unidos en que comprende la importancia del servicio inteligente y leal de un buen hombre y casi siempre se asegura de recompensarlo a costa de otros incapaces. Esta curiosa práctica no emana precisamente de una vocación caritativa de la Standard Oil, en cuyos sentimientos no se podría abrir una veta ni usando cincel y martillo. Sencillamente, la compañía Standard Oil sabe más que el gobierno de los Estados Unidos y hace uso de la virtud siempre que esa virtud le beneficie».

Stephen Crane. Heridas bajo la lluvia.

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viernes, 12 de enero de 2007

En su momento me interesó y me pareció valiosa la novela gráfica de Joe Sacco sobre Palestina, una especie de reportaje periodístico realizado durante los meses que pasó allí el autor, entre 1991 y 1992. A pesar de su notable y consciente sesgo, y aunque no me sirvió para entender más lo que sucede, sí me pareció útil para comprender algo mejor el sufrimiento de algunas personas y también me pareció una buena prueba, como intenta el autor, de la fuerza particular del cómic como medio expresivo. Eso sí, no me acaba de gustar que Sacco se dibuje a sí mismo y aparezca continuamente: prefiero el periodista que se mimetiza y que renuncia «a los discutibles y narcisistas beneficios de la hipervisibilidad», el periodista que «da la espalda a la pantalla» y se plantea narrar como «una acción de retaguardia», al modo que reclama Ryszard Kapuściński.

Joe Sacco. Palestina: en la franja de Gaza (Palestine, 1993). Barcelona: Planeta-DeAgostini, 2002; 285 pp.; col. Trazado; trad. de Roberto Rodríguez; ISBN: 84-395-9551-4.
Ryszard Kapuściński. Los cínicos no sirven para este oficio: sobre el buen periodismo (Il cinico non è adatto a questo mestiere. Conversazioni sul buon giornalismo, 2000). Barcelona: Anagrama, 2005; 128 pp.; col. Compactos Anagrama; edición de Maria Nadotti; trad. de Xavier González Rovira; ISBN: 84-339-6796-7.

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jueves, 11 de enero de 2007

Peter Pan de rojo escarlata,
firmado por Geraldine McCaughrean, fue uno de los libros más promocionados del año pasado, anunciado con el (incomprensible) rótulo de «la segunda parte OFICIAL». Dejando de lado el comienzo, pues unos adultos comportándose de modo pueril no resultan nada convincentes, a cualquiera que haya disfrutado con la historia original le puede interesar e incluso gustar: la escritora demuestra una sobresaliente soltura para dar continuidad temática, estilística y argumental al clásico.

Sin embargo, creo que la historia falla. El extraño encanto de la narración de Barrie estaba basado no sólo en su categoría literaria y en la creación del personaje que quería ser siempre niño, sino en sus acentos ambiguos y en lo que tenía de mezcla paródica de las historias de piratas y del Oeste populares en aquel momento histórico: lo primero era un gancho para los adultos y lo segundo para los niños. Cualquier intento de añadir más capas de parodia a una parodia es difícil, y quizá imposible; y atraer a los niños de ahora con personajes y temas como aquellos, por más que se adorne con algunas novedades, tampoco creo que funcione. Pero el tiempo lo dirá.

Geraldine McCaughrean. Peter Pan de rojo escarlata (Peter Pan in Scarlet, 2006). Madrid: Alfaguara, 2006; 304 pp.; trad. de Isabel González-Gallarza Granizo; col. Serie Azul; ISBN: 84-204-7068-6.

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The Last Stand, 1900. Frederic Remington.
miércoles, 10 de enero de 2007

En la introducción a Heridas bajo la lluvia, de Stephen Crane, se cuenta una historia cuyo protagonista fue el pintor, escultor y dibujante Frederic Remington. Cuando estaba cubriendo la guerra de Cuba entre EE.UU. y España, y propuso volver a casa, su jefe, Randolph Hearst, le contestó: «Permanezca en La Habana. Usted ponga las imágenes, que yo pondré la guerra». Al margen de lo anterior, muchos no saben que John Ford tomó muchas escenas de sus películas del trabajo que hiciera Remington, una referencia ineludible a la hora de imaginarnos el Oeste norteamericano.


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martes, 9 de enero de 2007

Un cuento clásico cuyo atractivo está en los sonidos rítmicos del texto inglés original, y que por tanto a muchos niños españoles nunca les dijo nada, es Ricitos de oro, o Los tres osos en su versión original. Entre otros sitios, está en recogido en la recopilación de cuentos populares británicos realizada por Katharine Briggs.

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lunes, 8 de enero de 2007

Cuando sale la luna
es una historia mínima sobre juguetes que cobran vida cuando nadie los ve y que tiene una pequeña sorpresa final. Las ilustraciones de Elena Odriozola son poderosas, con dobles páginas magníficamente compuestas y un uso generoso y acertado del espacio en blanco. Quizá texto e ilustraciones podrían ir más de acuerdo: hay personajes a los que se nombra pero el lector no ve —como un ratón de madera del que se habla pero que no aparece hasta dos dobles-páginas después—, y hay otros que sí se les ve —como los dos muñecos de la ilustración de portada y de otra interior— pero no se les nombra. Pero, en cualquier caso, es un muy buen álbum.

Elena Odriozola. Cuando sale la luna (2006). Texto de Antonio Ventura. Barcelona: Thule, 2006; 28 pp.; col. Trampantojo; ISBN: 84-96473-42-2.

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domingo, 7 de enero de 2007

Hobbes: ¿Cómo van tus propósitos de Año Nuevo?
Calvin: No he hecho ninguno.
Calvin: Para mejorar uno mismo hay que tener claro lo que es “bueno”. Eso implica ciertos valores...

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sábado, 6 de enero de 2007

Un extraordinario libro de memorias de infancia: El Rey Mago y su elefante, de Aquilino Duque. Con una prosa magnífica, el autor habla de sus años de niñez en Sevilla y Zufre durante los años treinta, y de cómo «los sucesos que se precipitaron entre febrero y julio del 36 me adelantaron el uso de razón; me desgarraron aquella veladura traslúcida que me envolvía por igual lo soñado y lo vivido, me disolvía el tiempo, me fundía el espacio. La realidad, que hasta entonces había sido simultánea, pasaba a ser sucesiva, y ya no eran fogonazos y escenas aisladas en un presente que era a la vez pasado y futuro, sino una secuencia, una sintaxis, un orden de cosas con su principio y su fin». De todos modos, traigo aquí hoy esta historia para reproducir este párrafo: «Mi madre me llamó un tiempo Melchor; mi tía Manuela me decía que era un rey mago; la fiesta de Reyes, ya dije, es la fiesta que nadie me puede quitar y en la que siempre me quise identificar con los que trajeron el oro, el incienso y la mirra. Pero esos reyes venían de Oriente, y uno traía un caballo, y otro un camello, y otro un elefante, y por eso, pensándolo mejor, más que con tal o cual rey, por mago que sea, prefiero ahora identificarme con su cabalgadura, pero no con cualquiera, sino con el elefante precisamente. Y es que en punto a memoria, los elefantes tienen mucha, los reyes bastante menos. La sabiduría de aquel mago de Oriente estuvo en traer un elefante para que recordara por él. Aquel rey mago trajo su memoria por cabalgadura. La memoria es el elefante del rey».

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viernes, 5 de enero de 2007

Muchos padres y profesores pueden apreciar las consideraciones que figuran en Silas Marner, de George Eliot, sobre las consecuencias de la educación recibida por el joven Godfrey Cass. Su padre, se nos dice, «como muchos hombres violentos e implacables, dejaba crecer el mal a la sombra de su propio descuido, y cuando aquel se fortalecía y le molestaba, lo perseguía con una saña y una dureza indefinibles». Godfrey, sigue más adelante, «siempre había sabido que la indulgencia de su padre no era bondad, y había ansiado vagamente cierta disciplina que frenase sus tendencias descarriadas y fomentase sus mejores instintos».

Con esas premisas, cuando llega el momento de hablar a su padre, Godfrey no se atreve y huye «a su refugio de costumbre, el de esperar que algún cambio de suerte imprevisto, alguna oportunidad favorable, le salvara de las consecuencias desagradables: tal vez hasta pudiera justificar su falta de sinceridad poniendo de manifiesto su prudencia». Y aquí emprende la escritora una de sus jugosas y características digresiones para explicarnos que «la tendencia de Godfrey a confiar en los datos de la fortuna no podría llamarse anticuada», y para poner distintos ejemplos de lo mismo, de cómo un hombre «que no cumple con los deberes de su cargo, confía en que no tendrá importancia aquello precisamente que ha dejado de hacer», o de cómo aquel «que traiciona a un amigo adorará la misma complejidad astuta llamada Suerte, y esperará que el amigo no llegue nunca a enterarse»... En fin, concluye, Godfrey practicaba una clase de religión «que desprecia el proceso ordenado que produce frutos como la semilla que los engendra».

George Eliot. Silas Marner (1861). Madrid: Valdemar, 2000; 286 pp.; col. El Club Diógenes; trad. de Ana D’Aumonville Alegría; ISBN: 84-7702-308-5.

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jueves, 4 de enero de 2007

Leyendo Suite francesa recordé otra novela sobre la segunda Guerra Mundial: El caballo rojo, de Eugenio Corti. En él se recrea la historia de Italia desde poco antes del comienzo de la 2ª Guerra Mundial hasta 1970. Los hilos básicos del monumental tapiz narrativo de Corti son tres generaciones de varias familias italianas, compuestas por unos personajes naturales y de gran atractivo humano. Por la edad de los principales protagonistas, aunque la extensión de la novela y la ambición de Corti vayan más allá, se puede decir que sus dos primeros tercios tienen un carácter «juvenil». En particular, pienso que la fuerza de la novela está en la enorme intensidad con que el autor describe el modo en que sus jóvenes protagonistas viven y sufren las acciones de guerra y la terrorífica campaña de Rusia.

Eugenio Corti. El caballo rojo (Il cavallo rosso, 1983). Madrid: Rialp, 1990; 1167 pp.; trad. de Pedro Antonio Urbina; ISBN: 84-321-2587-3. Nueva edición en Madrid: Ciudadela, 2007; 1084 pp.; ISBN: 978-84-96836-08-2.

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miércoles, 3 de enero de 2007

Las mejores novelas leídas en los últimos meses:

    William Maxwell. Vinieron como golondrinas.
    Michael Shaara. Ángeles asesinos.
    Muriel Spark. La plenitud de la señorita Brodie.
    Selma Lagerlöf. Jerusalén.
    David Lodge. ¡El autor, el autor!
    Irene Nevirovski. Suite francesa.
    Laurent Gaudé. El sol de los Scorta.
    Stephen Crane. Heridas bajo la lluvia.

Y otros libros:

    Plácido Gil. Un adolescente en la retaguardia.
    Joseph Pearce. Oscar Wilde.

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martes, 2 de enero de 2007

Los mejores libros infantiles-juveniles leídos en los últimos meses:

    Andrés Barba. Historia de Nadas.
    Eva Ibbotson. La esmeralda de Kazan.
    Hermann Schulz. Río abajo.
    Tove Jansson. La llegada del cometa.
    Walter Moers. La ciudad de los libros soñadores.
    Tonke Dragt. Los secretos del Bosque Salvaje.

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lunes, 1 de enero de 2007

Los mejores álbumes leídos en los últimos meses:

    Robert Sabuda. Alicia en el país de las maravillas.
    Eric Carle. La araña hacendosa.
    Ron Brooks. Zorro.
    Delphine Durand. La casa de Tomasa.
    Eric Battut. El secreto.
    Pulak Biswas. Tigre trepador.
    Paul Rand. El pequeño 1 y Chispas y Cascabeles.
    Istvan Banyai. El otro lado.
    Rebeca Dautremer. Nasrudin.

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