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Notas de enero de 2008 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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jueves, 31 de enero de 2008

Me ha gustado Las vidas de Joseph Conrad, de John Stape, por estar bien escrita y porque responde a un trabajo de investigación meticuloso. El autor se ciñe cuidadosamente a los hechos conocidos de la vida de Conrad y se acaba centrando sobre todo en sus relaciones familiares, profesionales, y de amistad. No entra en el análisis de sus obras aunque sitúe cuándo y cómo las escribió, y mencione circunstancias que facilitan comprender mejor algunos aspectos. Tampoco hay ningún intento de situar en perspectiva la importancia y la novedad de su aportación a la historia de la literatura.

La vida y personalidad de Conrad, jugosas por los años tan agitados de su vida como marino y por la fuerza y calidad de sus mejores obras, no acaban de resultar atractivas. Sin duda, para sus lectores y seguidores de la vida literaria en general, tienen interés tanto los pormenores de su formación como escritor como sus relaciones con los editores y con otros escritores. Sin embargo, la biografía deja una impresión predominante, al mismo tiempo cierta, porque responde a hechos conocidos, y falsa, porque esa no es toda la verdad, de que fue una persona de trato difícil, cada vez más incapaz de mantener sus impecables modales debido a sus frecuentes ataques de gota y recaídas en la depresión.

John Stape. Las vidas de Joseph Conrad (The Several Lifes of Joseph Conrad, 2007). Barcelona: Lumen, 2007; 548 pp.; col. Memorias y biografía; trad. de Ramón Vilà; ISBN: 978-84-264-1625-4.

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miércoles, 30 de enero de 2008

En La gloria de los niños, de Luis Mateo Díez, se cuenta que, por encargo de su padre, Pulgar debe buscar a sus hermanos pequeños, perdidos tras el bombardeo de la ciudad, y cómo, en su búsqueda, entra en contacto con personajes variados. La novela ha recibido elogiosas críticas, a las que me sumo porque me interesa el tema de la guerra civil, porque Pulgar resulta convincente y muy atractivo, y porque comparto la defensa «de la pureza y energía de la inocencia infantil» que respira la historia. Dicho esto, pienso que la voluntad literaria del autor, aun cuando da lugar a pasajes muy logrados, deja una impresión de rebuscamiento artificioso.

Luis Mateo Díez. La gloria de los niños (2007). Madrid: Alfaguara, 2007; 227 pp.; ISBN: 84-204-7030-9.

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martes, 29 de enero de 2008

José Jiménez Lozano:
«G., con tres años y medio, dice de repente, alzando los ojos de un dibujo que está haciendo: “¡Apagad la televisión, que me hace daño a los ojos y me duele la cabeza!”. Si sigue así otros cuatro o cinco años más, quedará inmune de estupidez toda su vida.

Quizás en el descubrir a los pequeños el placer de apagar tal aparato está todo. Y sin quizás».

Pascal Bruckner: «La televisión sólo exige del espectador un acto de valor —aunque sobrehumano—, que es apagarla».

José Jiménez Lozano. Advenimientos (2006). Valencia: Pre-Textos, 2006; 215 pp.; col. Narrativa Contemporánea; ISBN: 84-8191-770-2.
Pascal Bruckner. La tentación de la inocencia (La tentation de l´innocence, 1995). Barcelona: Anagrama, 1996; 293 pp.; col. Argumentos; trad. de Thomas Kauf; ISBN: 84-339-0528-7.

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lunes, 28 de enero de 2008

El hilo de la vida
,
de Davide Cali y Serge Bloch, es una obra magnífica, que se puede llamar álbum por su extensión o novela gráfica en cuanto relato en imágenes que abarca todo el arco de una vida y que intenta convocar emociones de adulto.

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domingo, 27 de enero de 2008

Más aforismos:

—«Gran escritor no es el que carece de defectos, sino el que logra que sus defectos no importen».

—«La originalidad no es algo que se busque, sino algo que se encuentra».

—«Al que dibuja el mapa del mundo, el mundo se le suele volver mapa».

—«Los críticos patriotas les inventan genios a las literaturas pobres. Nada daña más el gusto que el patriotismo».

—«Las frases son piedrecillas que el escritor arroja en el alma del lector. El diámetro de las ondas concéntricas que desplazan depende de las dimensiones del estanque».

Nicolás Gómez Dávila. Escolios escogidos. Sevilla: Los Papeles del Sitio, 2007; 205 pp.; edición y prólogo de Juan Arana; ISBN: 84-935892-1-7.

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sábado, 26 de enero de 2008

Más aforismos de Joubert:

—«Homero escribió para ser contado; Sófocles para ser declamado; Herodoto para ser recitado; y Jenofonte para ser leído. De estas diferencias de propósitos en sus obras debía nacer una multitud de diferencias en sus estilos».
—«Sólo se debe emplear en un libro la dosis de ingenio que se requiere, pero en la conversación se puede emplear más de la que se requiere».
—«La ignorancia, que en moral atenúa la falta, es en literatura una falta capital».
—«Lo que acarrea todos los males a nuestra literatura se halla en que nuestros sabios tienen poco ingenio y nuestros hombres de ingenio no son sabios».
—«Los libros que uno se propone releer en la edad madura son muy semejantes a los lugares en donde uno quisiera envejecer».
—«Es imposible volvernos instruidos si sólo leemos lo que nos gusta».

Joseph Joubert. Sobre arte y literatura (de la selección y edición póstuma que hizo Chateaubriand en 1838). Cáceres: Periférica, 2007; 101 pp.; col. Biblioteca portátil; trad. de Luis Eduardo Rivera; ISBN: 978-84-935492-8-2.

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viernes, 25 de enero de 2008

Jiménez Lozano: «La ideología, la sociología, la psicología, etc., no tienen que hacer nada en una narración, no sólo serían puro mobiliario, como decía la también excelente novelista norteamericana Willa Cather, sino abominables ectoplasmas para relleno, irrisorias explicaciones especulativas. El material narrativo es siempre concretísimo: el de las pasiones humanas encarnadas en unos personajes vivos y contadas en una historia».

José Jiménez Lozano, en la recopilación de relatos de Flannery O´Connor, Un encuentro tardío con el enemigo.

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jueves, 24 de enero de 2008

El hombre que sabía demasiado
es un libro de Chesterton que no tiene relación con la película de Hitchcock del mismo nombre. Contiene ocho relatos protagonizados por Horne Fisher, una especie de aristócrata detective, indolente y somnoliento excepto cuando su inteligencia entra en acción. Aunque cada caso es independiente de los demás, es mejor una lectura de conjunto pues así se dibuja de modo más completo la personalidad de Fisher; en cada uno debe hacer frente a un «adversario» de distinto tipo —un financiero, un político, un aristócrata, un militar, un funcionario...—; su amigo el periodista Harold March aprende cosas a lo largo de las aventuras que comparten juntos; el primero de los casos plantea una pregunta que se contesta en el último; y en esta última narración se da una importante clave para comprender tanto la conducta previa del protagonista como el mensaje que desea transmitir el autor.

En cuanto historias detectivescas tal vez las mejores son El príncipe fugitivo y El agujero en el muro. Las de un desenlace más inesperado y contundente son La manía del pescador y La venganza de la estatua. Además de las cuatro mencionadas, contienen un asesinato por resolver El rostro en el blanco y El pozo sin fondo. En El templo del silencio, aventura de juventud igual que El príncipe fugitivo, Fisher participa en una campaña política. Y en El alma del colegial debe aclarar un robo enigmático. Todos los relatos tratan básicamente de los manejos turbios y oscuros de financieros arribistas por un lado, y el comportamiento delictivo de políticos, aristócratas y funcionarios para defender sus intereses. Fisher conoce todo eso, lo desvela, y al final lo ha de dejar como estaba: no sólo es que si dijera la verdad el gobierno se hundiría, sino que Fisher pertenece a la misma clase social que los culpables, e incluso algunos son de su familia y sus amigos, e incluso pueden tener buenos motivos para los crímenes que cometen, e incluso el culpable puede ser él mismo...

En varias ocasiones, como en El pozo sin fondo, el protagonista muestra su desazón por lo que sabe: «El lado sórdido de las cosas, los motivos secretos, los móviles corrompidos, el soborno y el chantaje al que llaman política». Eso sí, cuando en La venganza de la estatua el idealista Harold March le hace notar su complicidad con esos comportamientos que dice rechazar, Fisher también tiene algo que alegar: «Nunca se conoce lo mejor de un hombre hasta que no se conoce lo peor. (...) Incluso en un palacio se puede llevar una vida recta e incluso en el Parlamento se puede vivir haciendo algún que otro esfuerzo por vivir rectamente. (...) Sólo Dios sabe lo que es capaz de soportar la conciencia, o hasta qué punto un hombre que ha perdido el honor intentará salvar su alma».

En algunos relatos se habla de que ciertos financieros de origen judío controlaban a los gobernantes de Inglaterra. Estas referencias, histéricamente agitadas, han servido a veces para ponerle a Chesterton la etiqueta de antisemita. En realidad, su objetivo es hacer frente a un cosmopolitismo que no sabe de amor a la propia nación y exponer un concepto del patriotismo como «la última de las virtudes»: hay hombres que pueden ser capaces de estafar o seducir pero que nunca venderían a su país...

G. K. Chesterton. El hombre que sabía demasiado (The Man Who Knew Too Much, 1922). Barcelona: Acantilado, 2007; 236 pp.; col. Narrativa; trad. de J. Martín Lloret; ISBN: 978-84-96489-90-5.

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miércoles, 23 de enero de 2008

Con Elogio y auge de los «crossover books» intento decir cómo, aunque las fronteras de libros por edades han sido siempre porosas, según pasa el tiempo lo son cada vez más. De todos modos, tiempo después de escribir ese artículo pensé que a eso se le podría objetar que la interpretación normal de un concepto editorial y escolar tan práctico como «colección» con frecuencia contribuye a lo contrario. O al menos eso parece cuando uno ve algunas bibliotecas organizadas según colores y tamaños para que las estanterías se vean más ordenaditas.

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martes, 22 de enero de 2008

Cuando tuve la oportunidad de trabajar un tiempo en la Internationale Jugend Bibliothek de Munich leí las memorias de Jella Lepman. Al regreso publiqué El increíble sueño de Jella Lepman, un artículo sobre mis impresiones tanto de la institución que ella fundó como de su libro. Aunque algunas referencias al momento de su publicación y los datos que doy en él han quedado un poco atrás, creo que conserva su validez igual y, además, queda como testimonio de mi admiración y agradecimiento a su trabajo, a la institución que puso en marcha y a las personas que trabajan allí.

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lunes, 21 de enero de 2008

Las aventuras de un pez fantasioso
es otro álbum firmado conjuntamente por Axel Scheffler y Julia Donaldson. Su protagonista es un pececillo que siempre llega tarde y se justifica contando cada vez una historia distinta de algo que le ha sucedido, que como son graciosas van luego corriéndose de boca en boca. Un día que no llega sus amigos van en su busca siguiendo el hilo de las historias que había contado.

Buena narración gráfica, que combina imágenes grandes a dos tercios de la doble página con otras más pequeñas en la franja en blanco que queda. Como se dan a conocer muchos peces distintos, la historia tiene algo de álbum de conocimientos. Y como habla del atractivo de los buenos relatos y de la gente que los cuenta, tiene algo del tirón de los «libros sobre libros». El argumento no es del todo redondo pero está bien.

Axel Scheffler. Las aventuras de un pez fantasioso (Tiddler, 2007). Texto de Julia Donaldson. Madrid: SM, 2007; 32 pp.; trad. de Teresa Tellechea; ISBN: 978-84-675-1927-3.

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domingo, 20 de enero de 2008

La misma introducción de ayer al libro de aforismos de Joseph Joubert se podría poner a Escolios escogidos, del colombiano Nicolás Gómez Dávila, un autor que se define diciendo que «no soy un intelectual moderno inconforme, sino un campesino medieval indignado». La presentación que acompaña la edición que cito explica bien sus peculiaridades, y la parcialidad y contundencia de muchos comentarios no necesita más justificación ni defensa que la que da el mismo autor: «Acusar al aforismo de no expresar sino parte de la verdad equivale a suponer que el discurso prolijo puede expresarla toda».

Algunas de sus máximas son estas:

—«El máximo error moderno no es anunciar que Dios murió, sino creer que el diablo ha muerto».

—«El diablo no puede hacer gran cosa sin la colaboración atolondrada de las virtudes».

—«No es tanto que la mentalidad moderna niegue la existencia de Dios, como que no logra dar sentido al vocablo».

—«La sabiduría se reduce a no enseñarle a Dios cómo se deben hacer las cosas».

Nicolás Gómez Dávila. Escolios escogidos. Sevilla: Los Papeles del Sitio, 2007; 205 pp.; edición y prólogo de Juan Arana; ISBN: 84-935892-1-7.

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sábado, 19 de enero de 2008

No soy muy capaz de hacer una reseña de un libro de aforismos, y menos cuando rebosa tanta inteligencia como Sobre arte y literatura, de Joseph Joubert. Así que aquí está una primera selección personal de algunas de sus perlas:

—«Cuando se escribe con facilidad siempre se cree contar con más talento del que se tiene».
—«Antes de emplear una palabra hermosa hazle un sitio».
—«Son buenas obras sólo aquellas que han sido durante mucho tiempo, si no trabajadas, al menos soñadas».
—«En literatura nada vuelve tan imprudente y tan atrevido al intelecto como la ignorancia de los tiempos pasados y el desprecio por los libros antiguos».
—«Incluso para el éxito momentáneo no basta que una obra sea escrita con los atractivos propios del tema: tiene también que ser escrita con los atractivos propios del lector».

Joseph Joubert. Sobre arte y literatura (de la selección y edición póstuma que hizo Chateaubriand en 1838). Cáceres: Periférica, 2007; 101 pp.; col. Biblioteca portátil; trad. de Luis Eduardo Rivera; ISBN: 978-84-935492-8-2.

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viernes, 18 de enero de 2008

Herejes
es uno de los más importantes libros de Chesterton pues en él se apuntan muchas ideas que luego desarrollará más extensamente o redondeará en libros posteriores. De hecho, la objeción que se le hizo después de su publicación, de que sus críticas a otros no serían tomadas en serio mientras no declarase cuáles eran sus propias posturas, le llevó a escribir Ortodoxia unos años más tarde.

En el capítulo inicial explica que «lo más práctico y lo más importante de un hombre es su visión del universo», del mismo modo que «para una propietaria que considera a un posible inquilino es importante conocer sus ingresos, pero es aún más importante conocer su filosofía». Y, a partir de ahí, se propone analizar el pensamiento de contemporáneos suyos como Ibsen, Kipling, Shaw, Wells, y otros, y mostrar algunas consecuencias de sostener «herejías» como el negativismo, el relativismo, el progresismo, el puritanismo, el esteticismo, el servilismo, el individualismo...

En Herejes figura uno de los ensayos más citados de Chesterton, como Ciertos modernos escritores y la institución de la familia, pero conviene no perderse Omar y la sagrada viña, un gran análisis de la insuficiencia del «carpe diem», o las críticas feroces a los escritores despreciables en Los novelistas de los barrios pobres y los barrios pobres. En este capítulo hay una de las muchas expresiones felices del autor, tan aplicable a lo que vemos alrededor: «Los antiguos tiranos tenían insolencia suficiente para despojar a los pobres, pero no tenían insolencia suficiente para predicarles».

Al final, Chesterton vuelve a su idea inicial con una imagen inolvidable: «Ni el más distraído de los hombres es capaz de hacer una maleta y excluir la maleta. Todos tenemos una visión general de la existencia, nos guste o no; esa visión modifica, o, para decirlo con más exactitud, crea y envuelve todo lo que decimos y hacemos, nos guste o no».

G. K. Chesterton. Herejes (Heretics, 1905). Barcelona: Acantilado, 2007; 230 pp.; trad. de Stella Mastrangelo; ISBN: 978-84-96834-07-1.

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jueves, 17 de enero de 2008

Las damas de Grace Adieu,
de Susanna Clarke, que contiene ocho relatos, de los cuales todos menos uno habían sido publicados antes, parece ser una forma de contentar a sus seguidores mientras esperan la novela que continúe Jonathan Strange y el señor Norrell. Tal vez a ellos no les cansen estas historias acerca de ese mismo mundo de fantasía de magos y brujas y duendes. La que da título a la recopilación tiene que ver con los personajes de aquella novela, otros se ambientan también en las décadas iniciales del siglo XIX, otro es una recreación del clásico cuento Rumpelstiltskin, otro se sitúa en el mismo ambiente que una conocida novela de Neil Gaiman. Además, se presentan como si fueran una recopilación de un profesor universitario, y algunas van con las correspondientes notas a pie de página. El estilo cuidadoso y elegante de Clarke se ha comparado con el de Jane Austen pero, ciertamente, sus temas y sus preocupaciones tienen poco que ver. Las excelentes ilustraciones de línea de aire modernista, de Charles Vess, dan al libro el sabor decimonónico propio de la época en que se sitúan la mayoría de los relatos.

Susanna Clarke. Las damas de Grace Adieu (The Ladies of Grace Adieu, 2006). Barcelona: Salamandra, 2007; col. Narrativa; trad. de Ana María de la Fuente; ISBN: 978-84-9838-128-3.

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Ilust. de N. C. Wyeth.
miércoles, 16 de enero de 2008

Robinson Crusoe
figura en todas las historias de la Literatura infantil y juvenil porque, aunque Daniel Defoe no tuviera en la mente a un público joven cuando escribió su novela, los jóvenes hicieron suya la historia debido a su contenido aventurero y a que hubo multitud de versiones adaptadas enseguida. Sin embargo, según Chesterton, «Robinson Crusoe no es una novela de aventuras sino una novela de la ausencia de aventuras; (...) es absurdo comparar a un libro como este con los relatos corrientes acerca de goletas, palmeras, alfanjes y cueros cabelludos. La condena, la maldición de Crusoe no fue una vida aventurera sino una vida sin aventuras».

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martes, 15 de enero de 2008

Hace ya un tiempo me pidieron un artículo cortito en el que se comparase sintéticamente la literatura infantil y juvenil del pasado y la del presente. El resultado fue Antes y ahora de la literatura infantil, una especie de repaso a cosas que han cambiado. Puede servir algo a los adultos a la hora de pensar en la lectura de los chicos y no intentar conducir sólo atendiendo al retrovisor.

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lunes, 14 de enero de 2008

Cuando falleció, colgué una breve ficha de André François, un conocido dibujante de prensa y diseñador publicitario (que trabajó, entre otras empresas, para Citroën, Kodak, y muchas más marcas importantes). Pero ahora se ha publicado por fin en España una de sus incursiones en el mundo de la literatura infantil: su conseguido álbum de 1956 titulado Lágrimas de cocodrilo.

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domingo, 13 de enero de 2008

David Lodge: «Henry James fue el novelista supremo de la conciencia. La conciencia era su tema: cómo interpretan los individuos el mundo para sus adentros y, a menudo, yerran el tiro; cómo las mentes de individuos sensibles e inteligentes no cesan de analizar, interpretar, anticiparse a, sospechar de y cuestionar en el fondo sus propias motivaciones y las de los demás. Y es justamente ese tipo de conciencia de uno mismo, la que para el cine resulta más difícil de representar, puesto que no se trata de algo visible».

David Lodge. La conciencia y la novela - Crítica literaria y creación literaria (Consciousness and the Novel, 2002). Barcelona: Península, 2004; 272 pp.; col. Atalaya; traducción de Miguel Martínez Lage, con la colaboración de Eugenia Vázquez-Nacarino; ISBN: 84-8307-610-1.

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sábado, 12 de enero de 2008

Samuel Johnson: «El respeto por las obras que han perdurado en el tiempo no obedece, por tanto, a una crédula confianza en la superior sabiduría de tiempos pretéritos, ni a la sombría certidumbre de la inevitable decadencia de la humanidad, sino que es consecuencia de opiniones reconocidas e incontestables: lo que se conoce desde hace más tiempo ha sido examinado en más ocasiones, y lo que se ha examinado más se entiende mejor».

Samuel Johnson. Prefacio a Shakespeare (Preface to Shakespeare, 1765). Barcelona: Acantilado, 2003; 103 pp.; col. Cuadernos del Acantilado; trad. de Carmen Toledano; ISBN: 84-96136-12-4.

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viernes, 11 de enero de 2008

En un libro citado días atrás, a propósito de Bécquer y Galdós, Amado Alonso dedica un ensayo a los triunfos estilísticos de Ricardo Güiraldes en Don Segundo Sombra, un libro formidable. En la ficha pongo un resumen de lo que dice Amado Alonso.

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jueves, 10 de enero de 2008

Otro libro de Tonke Dragt que ha llegado al mercado español hace poco es El secreto del relojero, un relato con el subtítulo El tiempo lo dirá o El tiempo «te» lo dirá. Es una novelita de ciencia-ficción sobre una máquina para viajar en el tiempo en la que se mete un estudiante impaciente. De nuevo confieso mi admiración tanto por el talento que demuestra la escritora holandesa para construir relatos sofisticados (en este caso no tanto como El enigma del séptimo paso) como por su capacidad de atacar géneros tan distintos con soltura (aunque en ellos no sea tan convincente ni atraiga tanto como en Carta al rey). Así que otra posible y mejor recomendación de un viaje al pasado, si prescindimos del hecho de que cualquier libro lo es, sería una novela de ciencia-ficción de los setenta que se sostiene bien: Ahora y siempre, de Jack Finney.

Tonke Dragt. El secreto del relojero (Het geheim van de klokkenmaker, 1989). Madrid: Siruela, 2007; 137 pp.; col. Las tres edades; ilustraciones, colages, de la autora; trad. de María Lerma; ISBN: 978-84-9841-123-2.

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miércoles, 9 de enero de 2008

Un libro de gran éxito que más bien es un cómic con formato libro, o una novela gráfica, si se quiere: La invención de Hugo Cabret, de Brian Selznick. Hay quienes elogian, en mi opinión en exceso, su condición de libro para no-lectores, como si a partir de un libro así se pudieran «construir» lectores. Sinceramente no lo creo, aunque sí piense que todo suma y reconozca que tiene gancho, es original y está bien. Lo que sí es seguro es que un libro así siempre conduce a una película, que ojalá tenga calidad.

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martes, 8 de enero de 2008

Una explicación imaginativa del origen de nuestro amor por las historias está en No era el único Noé, un relato simpático de Magolo Cárdenas que ha llegado a España hace poco.

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lunes, 7 de enero de 2008

Juego de pistas en Volubilis
es un álbum de Max Ducos dedicado a mostrar una casa de diseño ultramoderno. La narradora nos cuenta cómo descubrió el secreto de su casa cuando era una niña y siguió un juego de pistas que la fue llevando de una habitación a otra. La excusa narrativa no es muy convincente aunque no importa mucho pues el interés del álbum es otro: desplegar ante el lector-espectador perspectivas y rincones de la casa decorados, además, con cuadros de Picasso y Mondrian, con esculturas móviles de Calder y muebles de Bang & Olufsen..., referencias todas que aparecerán en una de las ilustraciones. La visión entusiasta del libro se puede contrastar con la que ofrecía Jacques Tati en Mi tío, una película de las que «hay que ver».

Max Ducos. Juego de pistas en Volubilis (Jeu de pistes à Volubilis, 2006). Madrid: Kókinos, 2007; 48 pp.; trad. de Miguel Ángel Mendo; ISBN: 978-84-96629-13-4.

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domingo, 6 de enero de 2008

Adam Zagajewski: «En las películas siempre domina el “ojo del mundo” de la época: el modo de mirar, de caminar, de rodar, la técnica de la cámara, la moda (en el vestir, en el maquillaje, en la forma de sonreír, de encogerse de hombros, de manifestar la malicia y la ternura); todas estas “contemporaneidades”, que cambian cada ocho o diez años y que la poesía, a diferencia de la novela realista, por regla general no registra en absoluto, se adhieren a la obra cinematográfica y hacen que amarillee como una vieja fotografía. La poesía —naturalmente, sólo la grande, la excelente— es una de las artes que menos amarillean».

Adam Zagajewski. «Observaciones acerca del estilo sublime», En defensa del fervor (Obrona żarliwości, 2002). Barcelona: Acantilado, 2005; 215 pp.; trad. de J. Sławomirski y Anna Rubió; ISBN: 84-96489-15-9.

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sábado, 5 de enero de 2008

Jiménez Lozano: «Ahora, cuando la educación de estos gobiernos científicos y desfanatizadores que hemos tenido (...) ya han convencido a los chavales de que no hay Reyes Magos, es cuando se monta la más fastuosa cabalgata de feria. Aquellos Magos se guiaban por una estrella e iban a Belén, y a éstos los dirige la policía municipal y no van a ningún sitio. Pero parece que hay prisa en hacer esta revelación suprema a los niños, esto es, la de que no vamos a ninguna parte, que sólo estamos haciendo una comedia más».

José Jiménez Lozano. Los cuadernos de letra pequeña (2003). Valencia: Pre-Textos, 2003; 248 pp.; col. Narrativa Contemporánea; ISBN: 84-8191-516-5.

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viernes, 4 de enero de 2008

Novelas que más me han gustado de los últimos meses:

    El maestro Juan Martínez estuvo allí. Manuel Chaves Nogales.
    La pesca del salmón en Yemen. Paul Torday.
    Eldorado. Laurent Gaudé.
    La carretera. Cormac McCarthy.

Y libros de no-ficción:

    Solzhenitsyn. Un alma en el exilio. Joseph Pearce.
    Cómo la Iglesia construyó la civilización occidental. Thomas Woods.
    El misterioso caso alemán. Rosa Sala Rose.
    Jesús de Nazaret. Benedicto XVI.

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jueves, 3 de enero de 2008

Libros infantiles que más me han gustado en los últimos meses:

    Todo sobre mí, Ana Tarambana; Líos de ortografía. Lauren Child.
    El fantasma de la tía Maruja. Ema Wolf.
    El caballo de agua. Dick King-Smith.
    Perengrín XXVI. Angel Pérez.
    Del Laberinto al 30. Carlos Goñi.
    Pralino. Axel Hacke.

Y juveniles:

    La esfera de Medusa. Ana Alonso y Javier Pelegrín.
    El último día de mi vida. Marcial Izquierdo.
    En primaria todos éramos muy listos. Enrique Gudín.
    Palabras en la arena. José Ramón Ayllón.
    El secreto del fuego. Henning Mankell.
    La fuga. Pascal Blanchet.
    Kafka y la muñeca viajera. Jordi Sierra i Fabra.

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miércoles, 2 de enero de 2008

Los mejores álbumes para prelectores leídos (o releídos pues en algunos casos son reediciones) en los últimos meses:

    Las estaciones. Iela Mari.
    Los tres bandidos. Tomi Ungerer.
    Nadarín. Leo Lionni.
    Ramón preocupón. Anthony Browne.
    El libro inclinado. Peter Newell.
    ¿Quieres ser mi amigo? Eric Carle.

Y para primeros lectores:

    Guillermo Manuel José. Julie Vivas y Mem Fox.
    La ratonera. Peter Schössow.
    ¡La auténtica historia de los tres cerditos! por S. Lobo. Lane Smith y Jon Scieszka.
    Ningún beso para mamá. Tomi Ungerer.
    Retablillo de Navidad. Aquiles Nazoa y Ana Palmero Cáceres.
    La aventura formidable del hombrecillo indomable. Hans Traxler
    Sentimento. Rebecca Dautremer y Carl Norac.

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martes, 1 de enero de 2008

Cuando, según cuenta el primer libro de los Reyes, Dios se aparece a Salomón en sueños y le dice «pide qué quieres que te dé», la petición de Salomón se reduce a un corazón sabio y prudente, un corazón que sepa «escuchar» (1 Re 3, 9), una imagen que parece proceder del antiguo Egipto, cuyos sabios pensaban que el corazón era el órgano que servía al hombre para entender el significado y el orden del universo. «Lo que deseaba el rey, el sabio por antonomasia, no era lo que los modernos entendemos por razón, es decir, una cualidad interna, que dicta sus leyes y dispone soberanamente de las virtualidades inertes de la naturaleza, sino una razón “abierta” a la percepción de la verdad que brota del universo y llega al hombre como interpelación personal. Frente a esa realidad, la actitud de Salomón era de total apertura, de extremada receptividad. Pero eso no quiere decir, en absoluto, que se trate de una postura meramente pasiva, sino que consiste en una actividad tensa hacia la respuesta adecuada y hacia una articulación coherente de los materiales recabados.

Por el contrario, la búsqueda de la verdad, basada en el concepto moderno de razón, produce una sensación de dominio, capacita para disponer de la realidad y no es privilegio de individuos particulares. Nuestra razón está condicionada por el utilitarismo. Se reduce al conocimiento de las posibilidades humanas y, consiguientemente, no sólo se opone a la actitud receptiva propia de la sabiduría, sino que incluso llega a atacar directamente a cualquier clase de predisposición basada en la confianza. A pesar de todo, aún se conserva en nuestro lenguaje actual —por ejemplo, cuando hablamos de un “sabio”— una cierta huella de la concepción que tenían los antiguos sobre este fenómeno de la razón. Llamamos “sabio” al que es capaz de aportar algo más que una suma de conocimientos puramente utilitarios y aplicables al mundo de la técnica».

Gerhard von Rad. Sabiduría en Israel (Weisheit in Israel, 1982). Madrid: Cristiandad, 1985; 408 pp.; trad. de D. Mínguez Fernández; ISBN: 84-7057-377-2.

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