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Notas de enero de 2013 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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jueves, 31 de enero de 2013

Debido a la insistencia de un amigo que habitualmente lee esta página en su teléfono móvil, he abierto un blog titulado Primer cuaderno donde se reproducen las mismas notas diarias que salen aquí. Mi amigo dice que así las lee mejor incluso que con google reader, no sé bien por qué. Sea como sea, como no cuesta ni trabajo ni dinero, ahí está.

He hecho lo anterior de paso que abría otro titulado Segundo cuaderno, para ir poniendo en él breves comentarios sobre cuestiones no literarias y, al menos por ahora, siempre con enlaces. Está pensado para escribir notas «de impulso», según leo o veo algo que me interesa.

Diciembre de 2013: he dejado inactivo, de momento, el primer blog.

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miércoles, 30 de enero de 2013

Hace pocas semanas se publicó en castellano el sexto libro de Jeff Kinney sobre Greg: ¡Atrapados en la nieve!, así que he aprovechado la ocasión para poner un comentario al conjunto de los libros. Recomiendo conocer los intentos de los adultos para convertir a Greg en lector, empezando por las escenas del club de lectura que monta su madre, en el libro cuarto, con el lema «Leer es guay»...

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martes, 29 de enero de 2013

Te quiero un montón, de María Luisa Torcida y Juan Carlos Chandro, es un álbum de la misma «familia» y eficacia que Adivina cuanto te quiero.

Garbancito está triste, dice la primera frase, mientras en la ilustración de la derecha le vemos tirar de la bata de su madre, con cara de cansada y su carpeta con dibujos bajo el brazo. Cuando la madre se da cuenta de las necesidades de su hijo, inicia una serie de juegos con su hijo para decirle que le quiere mucho.

Excelentes y dinámicos dibujos que tienen la singularidad de presentar una madre contundente y afectuosa de lo más natural. Cada doble página contiene una ilustración que ocupa los dos tercios de la doble página y, en la franja en blanco restante va el texto y otro dibujo más pequeño, a veces con un perro y un ratón de cuerda que replica lo que ve a la derecha.

María Luisa Torcida. Te quiero un montón (2012). Texto de Juan Carlos Chandro. Madrid: Bruño, 2012; 32 pp.; ISBN: 978-84-216-8766-6.

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lunes, 28 de enero de 2013

¿Qué haría yo si tuviera un sombrero mágico que concediera deseos? De eso trata un álbum descatalogado, que me gustó mucho en su momento: Toribio y el sombrero mágico, de Annegert Fuchshuber.

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domingo, 27 de enero de 2013

Al hablar de Hiroshima la semana pasada recordé la obra que el periodista austriaco Robert Jungk publicó, en 1956, titulada Más brillante que mil soles (e inexplicablemente descatalogada). Es un gran libro reportaje, muy ameno, acerca de la construcción de la bomba atómica: cómo se fraguaron y llevaron a cabo el proyecto Manhattan y el proyecto alemán paralelo. Para escribirlo se entrevistó con muchas personas que trabajaron en los dos y, en el libro, intentó transmitir las distintas perspectivas que los científicos tenían ante los pasos que se iban dando.

No sé si hay libros posteriores sobre la materia, e imagino que la investigación histórica dirá que no todas las cosas son tal como Jungk las narra pero, sea como sea, su libro tiene la ventaja de haber sido escrito muy poco después de que ocurrieran los hechos. Una de las cosas que se pone de manifiesto en él es que los científicos tenían claro a qué jugaban: «se podría decir que vivimos en un polvorín, escribió en 1921 el físico alemán y premio Nobel Walter Nernst, al intentar explicar los descubrimientos entonces recientes de Rutherford a un público más amplio. Pero añadió enseguida, tranquilizadoramente, «pero gracias a Dios aún no hemos encontrado la cerilla». Luego, el relato va dando cuenta de los sucesivos descubrimientos y de las relaciones entre los científicos de diferentes nacionalidades hasta que, cuando Hitler alcanza el poder, se formaron dos bandos: de la narración se deduce que los científicos alemanes no se esforzaron mucho, para no poner en manos del régimen nazi la bomba, y que, sin embargo, los occidentales encabezados por Oppenheimer sí trabajaron como posesos para fabricarla.

Para explicar el comportamiento de los científicos el autor indica que el ambiente prebélico y bélico no era el más propicio para reflexionar con claridad y habla de la dificultad de medir el peso que tuvieron en ellos factores políticos o personales. Hay momentos en los que intenta echar la responsabilidad mayor sobre las autoridades civiles y militares al frente de la construcción de la bomba. De hecho, en una ocasión afirma que «nadie imaginaba que el nuevo mecenas, el Estado, pudiera alguna vez decir, como lo dijo: “quien paga, manda”»: algo difícil de creer. En cualquier caso, sí dice con claridad que los científicos «hicieron mucho más que obedecer órdenes. Una y otra vez tomaron ellos la iniciativa para dar al mundo esta arma terrible». Por supuesto, se mencionan los intentos de quienes quisieron frenar las cosas, pero «hubiera sido contrario al espíritu de la ciencia y de la técnica moderna el abandonar libremente y a mitad de camino la exploración de un campo tan importante de investigación, por muchos y muy graves que fueran los peligros» futuros. Justo después de arrojar las bombas sobre Japón, decía C. P. Weizsäcker: «Hemos jugado con el fuego como chiquillos y las llamas se han levantado antes de lo que esperábamos», buen comentario…, pero un tanto exculpatorio porque de chiquillos, nada.

Robert Jungk. Más brillante que mil soles: los hombres del átomo ante la historia y ante su conciencia (Heller als tausend Sonnen, 1956). Barcelona: Argos, 1976, 2ª ed.; 334 pp.; ISBN: 84-7017-282-4. Descatalogado.

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sábado, 26 de enero de 2013

Señala Joseph Frank que, en sus primeros escritos, Dostoievski tiene un deseo de mostrar, con un «naturalismo sentimental», los valores humanos ocultos en las vidas de los más humildes y oprimidos, incluso cuando difícilmente podían ser considerados ejemplos de virtud. Esto se ve bien en los cuentos cortos que, al principio de su carrera, publicó en distintas revistas.

Una novela en nueve cartas es una breve historia que describe críticamente, mediante cartas que se dirigen dos personas, el funcionamiento de la burocracia, el carácter de los peterburgueses y un mundo de chismorreos, todo con acentos de lo más cortés. El señor Projarchin, un relato sobre cómo la avaricia puede aislar y volver egoístas a los hombres, trata sobre un personaje con una vida mísera, de quien todos en su pensión tienen lástima hasta que, cuando muere, se descubre la verdad. Como Projarchin, también fue funcionario Polzunkov, una especie de bufón con buenos sentimientos que no cesa de pedir dinero a todos los que le rodean debido a las desgracias que le sucedieron en el pasado con el que fuera su jefe. Un corazón débil trata sobre dos amigos muy unidos, uno de los cuales está enamorado y no para de mostrar su entusiasmo, con una emotividad desbordada y excesiva, mientras el otro intenta frenarle un poco y hacerle notar las limitaciones que le impone su trabajo de funcionario. La mujer ajena y el marido debajo de la cama es una breve comedia de enredo, un relato en el que Dostoievski se dejó llevar por un raro ataque de frivolidad. En El ladrón honrado, un viejo soldado, criado del narrador, cuando a este le ha desaparecido el abrigo le cuenta un suceso acerca de otro criado, Yemelyan, que bebía en exceso y robó el abrigo de su amo.

Ninguno de los relatos citados es de los mejores del autor pero sí dan idea de su notable capacidad descriptiva, de su afán de mostrar minuciosamente los mundos interiores de sus personajes, y de cómo, en cada uno, aborda situaciones distintas o cambia de tono y de narrador según haga falta. En ellos, aparte de que se muestra el talento particular de Dostoievski para componer buena parte de sus historias por medio de diálogos ágiles, se ven sus primeros intentos de crear tipos y actitudes que luego perfeccionará —como la psicología del avaro, de Projarchin, que retomará en personajes de El jugador, El idiota, o El adolescente—, y se ve su intención de que sus héroes tragicómicos sean como un espejo en el que todos puedan ver cuál es su verdadera condición —como cuando los oyentes se ríen al oír las desventuras de Polzunkov en medio de la jungla burocrática que todos en realidad sufren y sostienen—.

Fiódor Dostoievski. Una novela en nueve cartas (Роман в девяти письмах, 1845-1847), en Obras completas tomo I, Madrid: Aguilar, 1991; 12 pp. de 1369 pp.; introducción, trad. y breves prólogos a cada obra de Rafael Cansinos Assens; ISBN: 968-19-0140-1.
Fiódor Dostoievski. El señor Projarchin (Γοcпoдин Пpoxapчин, 1846), Polzunkov (Πoлзyнкoв, 1847), La mujer ajena y el marido debajo de la cama (Чужая жена и муж под кроватью, 1848), El ladrón honrado (Честныйвор, 1848), Un corazón débil (Слабое сердце, 1848), en Cuentos. Madrid: Siruela, 2007; 520 pp.; col. Libros del Tiempo; edición y trad. de Bela Martinova; ISBN: 978-84-9841-086-0.

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viernes, 25 de enero de 2013

Hace poco falleció Bryce Courtenay, autor de La potencia de uno, una historia subyugante con personajes  atractivos y momentos magníficos.

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jueves, 24 de enero de 2013

En El viaje de Bilbo, Joseph Pearce tiene la intención de hacer una lectura cristiana de El Hobbit, algo legítimo puesto que conocemos bien la solidez de la educación y del comportamiento católicos de Tolkien, pero algo que a él tal vez no le hubiera gustado porque, según manifestó, deseaba que sus obras fueran leídas y juzgadas de acuerdo con sus méritos como novelas. Es sabido, también, que él mismo se arrepintió de haber bajado el nivel literario en El hobbit por plantearlo como un relato algo condescendiente con sus primeros oyentes y lectores, que fueron sus hijos. En esa dirección, una de las mejores cosas del libro de Pearce es, precisamente, que va señalando las diferencias de tono y de calidad en algunos momentos y personajes de El hobbit respecto a El Señor de los anillos. A mí me ha gustado e interesado el libro de Pearce, y creo que lo mismo les pasará a muchos lectores de Tolkien, pues Pearce domina el tema y es capaz de dar informaciones y hacer anotaciones jugosas. Ahora bien: es claro que por momentos va más allá de la crítica o glosa literaria y que su principal interés es subrayar cosas como, por ejemplo, que el «viaje espiritual» de Bilbo le hace madurar interiormente y «crecer lo suficiente para darse cuenta de lo pequeño que es».

Joseph Pearce. El viaje de Bilbo. Descubriendo el significado oculto en El Hobbit (Bilbo’s Journey. Discovering the Hidden Meaning of The Hobbit, 2012). Madrid: Palabra, 2012; 147 pp.; trad. de Angel García y Maite Barrera; ISBN: 978-84-9840-792-1.

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miércoles, 23 de enero de 2013

Para los apasionados por la montaña, una novela juvenil, no traducida al castellano, es Banner in the Sky, de James Ramsey Ullman.

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martes, 22 de enero de 2013

A veces, un pequeño incidente doméstico puede dar lugar a una historia que, bien contada, funciona más que bien en un álbum. Es el caso de ¿Me ayudas, gatito?, de Gisela Messing.

Una gata blanca tiene seis hijos, de distintos colores y nombres en inglés: Red, Blue, Tiger, Green, Yellow, Black. Cuando la madre les pide ayuda en las tareas de la casa ninguno acepta, excepto Black. Eso sí, cuando se trata de comer un pastel, todos están dispuestos.

Relato de vida cotidiana, de personajillos que huyen o colaboran en las tareas de la casa. Las ilustraciones, compuestas con recortes y collages, contribuyen con su simpatía y colorido a los acentos afectuosos de una historia bien planteada y bien resuelta.

Gisela Messing. ¿Me ayudas, gatito? (2012). Barcelona: Ekaré, 2012; 24 pp.; ISBN: 978-84-939912-0-3.

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lunes, 21 de enero de 2013

Dos álbumes muy simpáticos no editados en España: Martha speaks y Hog-Eye, de Susan Meddaugh. Ejemplifican bien el éxito basado sobre unos personajes bien pensados: una perra que habla después de tomarse una sopa de letras y una cerdita-caperucita de lo más resuelta.
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domingo, 20 de enero de 2013

Hiroshima, de John Hersey, fue un largo reportaje que su autor publicó, en el The New Yorker, en 1946,  acerca de seis personas que sobrevivieron a la bomba atómica: una oficinista de una fábrica, el director de un hospital privado, una mujer viuda de un sastre, un jesuita alemán, un joven médico y un pastor metodista. En 1985 le añadió un capítulo, titulado en castellano «Las secuelas del desastre», contando la vida posterior de aquellas personas. Está considerado como una de las grandes piezas periodísticas del siglo veinte: la claridad y la serenidad de la narración contribuye a que todo el horror de lo sucedido produzca un gran impacto en el lector. Además de que sea un libro valioso que merece ser conocido, lo recuerdo ahora para contrastar el modo cuidadoso y respetuoso que utiliza Hersey para contar una situación trágica, con el de la fabulación contenida en El violonchelista de Sarajevo (que, por otra parte, como dije, es un relato ameno e interesante).

John Hersey. Hiroshima (1946-1985). Madrid: Turner, 2002; 187 pp.; col. Armas y Letras; trad. de Juan Gabriel Vasquez; ISBN: 84-7506-537-6. Nueva edición en Debolsillo, 2009; 192 pp.; col. Ensayo; ISBN: 978-8483468548. Nueva edición en Madrid: Debate, 2015; 192 pp.; col. Debate; ISBN: 978-8499925172. [Vista de esta edición en amazon.es]

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sábado, 19 de enero de 2013

El doble fue la segunda obra de Dostoievski. Su acogida no fue buena, debido a que las expectativas creadas por su libro anterior eran muy altas, y debido también a que no se le perdonó, como la primera vez, su parecido con obras previas de Gógol. El narrador y protagonista es un funcionario público llamado Goliadkin que, ya desde los comienzos, resulta un tanto ridículo por sus aires de grandeza y su inseguridad. Al principio su jefe lo rechaza en una comida y, después, al volver a su casa, descubre a un personaje misterioso que resulta ser un doble suyo, Goliadkin II, el cual, en días sucesivos va mostrando un modo de ser resuelto que choca una y otra vez con el original.

En esta historia se ve clara la influencia de Hoffmann, un autor con querencia por los estados emocionales patológicos y la combinación de trivialidades reales con mundos oníricos. Su importancia está en que Goliadkin es un antecesor de las personalidades desgarradas que Dostoievski creó, aunque aquí sólo le pone un marco de referencia exclusivamente socio-psicológico. La narración es en tercera persona pero desde dentro del protagonista: el autor desea presentar una lucha psicológica como si fuera real. Esto indica que no se sabe muy bien si es o no cierto lo que se cuenta: por momentos queda claro que Goliadkin tiene alucinaciones pero, en otros, todo parece responder a una realidad objetiva. Esta técnica, de usar un narrador que por un lado está parodiando a Goliadkin pero que, por otro, usa su mismo lenguaje y finge que se ciñe a su horizonte, provoca que la historia resulte una tragicomedia poco equilibrada.

El mismo Dostoievski, señala Joseph Frank, reconocía que había fracasado al darle al relato un «titubeante vaivén entre lo psíquico y lo sobrenatural. El doble, como proyección imaginaria derivada del delirio de Golyadkin, es un fenómeno perfectamente concebible; en cambio, como su imagen refractada con existencia propia y su mismo nombre, resulta perturbador y misterioso. En el futuro Dostoievski jamás volverá a mostrarse vacilante a este respecto: sus dobles serán alucinaciones definidas, o bien lo que podríamos denominar “cuasidobles”, personajes con vida propia que a la vez son una manifestación más visible de algún aspecto interno de otro personaje».

Fiódor Dostoievski. El doble: poema de Petersburgo (Двойник, 1846). Madrid: Alianza, 2000; 195 pp.; col. El libro de bolsillo, Literatura; nota preliminar y trad, de Juan López-Morillas; ISBN: 84-206-3557-X. Otra edición en 2011; 240 pp.; col. Biblioteca Dostoyevski; ISBN: 978-8420664477.

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viernes, 18 de enero de 2013

A la hora de orientar las lecturas juveniles tal vez una de las líneas más interesantes (en la que yo insisto a mis amigos profesores) sea la de ayudar a descubrir los libros que podrían agruparse bajo el título de «libros para la rebelión». Entre otros, por ejemplo, estarían Antígona y Guillermo Tell, mencionados tiempo atrás.

A esos se podrían sumar Un hombre para la eternidad, de Robert Bolt, otra obra teatral cuya versión escrita ninguna editorial española publicó, creo, y cuya edición hispanoamericana resulta difícil de encontrar en la red de bibliotecas públicas. Queda el consuelo de que la versión original es fácil de conseguir y que la excelente película basada en esa obra teatral lo es más.

Acerca del mismo personaje, Tomas Moro, se acaba de publicar, recientemente, otro drama que, según la información que da el prólogo de la edición que cito, parece haber sido escrito principalmente por Shakespeare. Al respecto se pueden leer esta reseña extensa y este otro comentario de uno de los traductores.

Actualizacion: reseña más extensa de Un hombre para eternidad en septiembre de 2015.

William Shakespeare, Anthony Munday, Henry Chettle, Thomas Dekker, Thomas Heywood. Tomás Moro (The Book of Thomas More, 1600). Madrid: Rialp, 2012; 170 pp.; trad. de Aurora Rice y Enrique García-Máiquez; prólogo de Joseph Pearce; ISBN: 978-84-321-4222-2.
Robert Bolt. Un hombre para la eternidad (A man for all seasons, 1954-1960). Madrid: Ediciones Iberoamericanas, 1967; 181 pp.; col. Universal Eisa; trad. de Luis Escobar.

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jueves, 17 de enero de 2013

Rectificando un poco el texto que apareció, tiempo atrás, en Bienvenidos a la fiesta (libro), he puesto aquí la voz de Virginia Hamilton. En su momento me guié por los dos únicos libros suyos que se habían publicado en castellano, Primos y Plain City, que claramente dan una idea insuficiente de su mérito y del interés de su obra: reflejar los conflictos interiores de chicas y chicos negros en Estados Unidos, como consecuencia de las dificultades para crecer que cualquiera puede tener, sumadas a las de que, con frecuencia, viven en entornos sociales y familiares conflictivos.

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miércoles, 16 de enero de 2013

He puesto datos de nuevas ediciones, recientes, de Cuaderno de una espera y La increíble caminata, y de una de hace ya dos años de Rebelión en la granja que tiene unas magníficas ilustraciones.
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martes, 15 de enero de 2013

La invisible brisa y El árbol generoso, textos de Pedro de la Osa con ilustraciones de Xavier Salomó, son relatos amables que pueden ser llamados álbumes porque se cuentan por medio de una sucesión de ilustraciones a doble página, pero que también podríamos llamar cuentos ilustrados porque el texto es largo y parece independiente de las imágenes que lo acompañan. El primero habla de un día en el que el sol calienta demasiado, y ni los animales pueden aguantar el calor ni los Vientos pueden arreglarlo, hasta que la Luna tiene una idea. El segundo tiene como protagonista a Don Fresno, un árbol muy viejo que se siente inútil, hasta que tanto Gorrión como la gente del pueblo deciden demostrarle que no es verdad.

La composición gráfica de los dos libros es notable: tienen unas ilustraciones equilibradas, con una composición elegante, donde se acomodan bien los bloques de texto, y unas figuras simpáticas. Ambos van acompañados de CDs en donde se narran los cuentos con música especialmente preparada para ellos. Tanto al ver esto último como la edición en pasta dura, igual que me pasa con otros álbumes he pensado, sin tener idea de si se han vendido mucho o no, si no hubiera sido mejor una edición más económica: al menos es lo que me parece que habría que hacer cuando está claro que un relato puede cumplir bien su función pero no va a pasar a la historia de la literatura infantil. Y si este pronóstico se demostrara que no es certero, ojalá, siempre se pueden luego preparar ediciones caras.

Xavier Salomó. La invisible brisa (2010) y El árbol generoso (2010). Textos de Pedro López de la Osa. Madrid: SM, 2010; 48 pp.; ambos álbumes contienen un CD con música de Vicente Martínez interpretada por la Joven Orquesta Juan Crisóstomo Arriaga; ISBN: 978-84-675-3517-4 y 978-84-675-3516-7.

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lunes, 14 de enero de 2013

El primer álbum que ilustró Allen Say fue The boy of the three-year nap, un relato gracioso, inspirado en un cuento popular, sobre un chico perezoso y pícaro que recibe una buena lección. 

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domingo, 13 de enero de 2013

Me gusta la observación de Zygmunt Bauman acerca de que hay eslóganes que suenan convincentes pero que, si los observamos más detenidamente, no lo son. En concreto se refiere a los de «no hay tolerancia para los enemigos de la tolerancia», o el de «no hay libertad para los enemigos de la libertad». En primer lugar son eslóganes que «afirman como algo demostrado lo que tiene que demostrarse, anticipándose a la pregunta de si aquellos cuya condena y supresión pretenden legitimar el eslogan son realmente culpables de las transgresiones de las que se les acusa». Pero es que, además, «omiten la pregunta acerca del derecho [que se atribuyen quienes hacen aquellas afirmaciones] a sancionar y a disculpar una fusión ilegal entre los papeles de fiscal y juez».

Zymunt Bauman. Esto no es un diario (This is not a diary, 2011). Barcelona: Paidós, 2012; 283 pp.; col. Estado y sociedad; trad. de Albino Santos Mosquera y Antonio Francisco Rodríguez Esteban; ISBN: 978-84-493-2717-9.

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sábado, 12 de enero de 2013

Pobre gente, la primera obra de Dostoievski, fue aplaudida por el crítico más influyente del momento y le convirtió en un escritor reconocido. Su contenido es un intercambio epistolar entre un hombre mayor, el funcionario Makar Alekséievich Dévushkin, y una joven huérfana, Varvara Alekséievna Dobrosiólova, donde se cuentan uno al otro los incidentes de sus trágicas vidas.

Es evidente la influencia de obras de Gógol en la pintura que hace Dostoievski de las vidas de los funcionarios, algo que aparecerá una y otra vez en sus relatos posteriores. La novela refleja las inquietudes sociales del autor, su mirada de piedad hacia los desfavorecidos, a quienes presenta como seres bien conscientes de su propia dignidad y solidarios con los demás a pesar de que, dice Varvara, «la desgracia es una enfermedad contagiosa. Los desgraciados, los pobres, tenemos que estar apartados los unos de los otros para no agravar la infección».

Esta obra ejemplifica ya ciertos rasgos propios del arte literario de Dostoievski pues, dice Joseph Frank, «muestra su preferencia por una poética de la subjetividad en la que sus personajes expresan directamente sus pensamientos y sentimientos más íntimos; y en todas sus novelas continuaría favoreciendo los monólogos o diálogos dramáticos, en lugar de la exposición en tercera persona. Aun en las ocasiones en que se vale de un narrador en tercera persona como en su siguiente obra, El doble, este narrador nunca es un observador puramente objetivo y distanciado: se fusiona con la conciencia del personaje de una manera que ya hace prever ulteriores desarrollos de la técnica de la corriente de conciencia (también denominada monólogo interior)».

Fiódor Dostoievski. Pobre gente (Бедные людии, 1846). Barcelona: Alba, 2010; 220 pp.; col. Alba Clásica; trad. de Fernando Otero Macías y José Ignacio López Fernández; ISBN: 978-84-8428-552-6.

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viernes, 11 de enero de 2013

Nueva edición del extraordinario Contra toda esperanza: memorias, de Nadiezhda Mandelstam. Escrito a partir de 1956 y publicado en Occidente en 1970, en él se recogen las memorias de la viuda del poeta Osip Mandelstam quien, después de dar a conocer un poema contra Stalin en 1934, fue detenido y exiliado hasta que, finalmente, falleció en un campo de prisioneros en 1938. En capítulos que van adelante y atrás en el tiempo, la autora deja constancia de la vida de su marido y suya en los años veinte y treinta, así como del comportamiento de los escritores que se relacionaban con ellos: Gorki, Alexei Tolstoi, Pasternak, etc.

Uno de los aspectos del libro, el que ocupa más espacio, es el que da testimonio de cómo fue la persecución estalinista. Afirma que «tanto Mandelstam como Ajmátova fueron los primeros que sintieron en su propia piel lo que significaba la época estaliniana, pero poco a poco lo fueron sintiendo todos». Indica que, al principio, «escogimos todos el camino más fácil: callábamos en la confianza de que no nos matarían a nosotros sino al vecino. No sabíamos siquiera quién entre nosotros mataba y quién se salvaba simplemente, gracias a su silencio». Hasta que todo fue patente: «los hombres que ejercían la profesión de exterminadores inventaron un proverbio: “Dadnos al hombre, que la acusación ya la encontraremos”», expresión que «oímos por primera vez en Yalta (en 1928)». Con lo que llegó un momento en el que «proscribimos la pregunta “¿por qué lo han detenido?”, “¿por qué?”, gritaba furiosa Ajmátova cuando alguien de nuestro entorno, contagiado por el estilo general, hacía esa pregunta, “¿Cómo por qué? Ya es hora de saber que a la gente se la detiene por nada”…». También se anota cómo muchos intelectuales deseaban encontrar alguna justificación a la realidad con unos deseos patéticos de no quedarse al margen de la revolución, una palabra que poseía una fuerza grandiosa: «Mi hermano Evgueni decía que no fue ni el miedo ni el soborno —aunque hubo bastante tanto de lo uno como de lo otro— lo que jugó un papel decisivo en la domesticación de la intelectualidad, sino la palabra “revolución”, a la cual nadie quería renunciar. Con esa palabra no sólo sometía ciudades, sino también a muchos millones de seres».

Otro aspecto, como es lógico, es el de la personalidad de Osip Mandelstam, un hombre que, aunque provocó su propia muerte al escribir y difundir su poema contra Stalin, estaba contra el suicidio que, a veces, su mujer se planteaba como última salida. Además de decirle que «la vida es un don al que nadie tiene derecho a renunciar», usaba un argumento que, a ella, era el que le resultaba más convincente: «“¿Por qué se te ha metido en la cabeza que debes ser feliz?” Mandelstam era un ser lleno de amor por la vida que jamás buscó el infortunio, pero tampoco orientó su vida en busca de la así llamada felicidad. Para él esas categorías no existían». Es muy poderoso el capítulo titulado «El camino funesto», donde la autora se plantea por qué su marido actuó como lo hizo: «al elegir su forma de morir, Mandelstam utilizó una sorprendente peculiaridad de nuestros dirigentes: su excesivo, casi supersticioso, respeto por la poesía: “De qué te quejas”, me decía, “éste es el único país que respeta la poesía: matan por ella. En ningún otro lugar ocurre eso”…». Y, concluye, «Creo que no quiso abandonar la vida sin dejar un claro testimonio de todo cuanto sucedía ante nuestra vista».

Y otro más son los comentarios que, acerca de la creación poética, van apareciendo en distintos lugares. Así, dice la autora, «la atención —anotó en uno de sus borradores— es una virtud del poeta lírico. La distracción y la desidia son los subterfugios de la pereza lírica». O, en otro momento, afirma: «Creo que para todo artista la eternidad se hace perceptible en cada instante que existe y transcurre, instante que él detendría encantado para hacerlo aún más perceptible. La nostalgia del artista no es producida por el anhelo de la eternidad, sino por la pérdida temporal del sentimiento de que cada segundo tiene volumen, es ubérrimo, está lleno de sentido y equivale, por sí mismo, a cualquier eternidad».

Nadiezhda Mandelstam. Contra toda esperanza: memorias (Hope Against Hope. A Memoir, 1970). Madrid: Alianza, 1984; 500 pp.; col. Alianza tres; trad. de Lydia K. de Velasco; ISBN: 8420631350. Nueva edición en Barcelona: El Acantilado, 2012; 656 pp.; col. El Acantilado; trad. de Lydia Kúper; prólogo de Joseph Brodsky; ISBN: 978-84-15689-10-2.

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jueves, 10 de enero de 2013

Se acaba de volver a publicar Nosotros, de Yevgueni Zamiatin, tal vez la primera distopía sobre un mundo dictatorial. Escrita en Rusia en 1921, se publicó en Inglaterra en 1923, y a Rusia no llegó hasta 1988. Orwell se inspiró en ella para escribir 1984 y todo parece indicar que también lo hizo Huxley para Un mundo feliz, por más que dijera que no la conocía. Pero, por su tono más aséptico y su estructura más esquemática, tengo la impresión de que Nosotros ahora se lee mejor que sus continuadoras.

Los hechos se narran mediante textos del Periódico del Estado y las anotaciones de un ingeniero, llamado D-503, constructor de la nave Integral. Al principio es una persona completamente adaptada en su mundo, gobernado por el Bienhechor, aunque advierte: «voy a ser totalmente sincero: todavía no hemos resuelto definitivamente el problema de la felicidad». Su mundo se altera cuando conoce a I-330, una mujer diferente a las que había conocido antes, y cuando resulta que descubre a otras personas a las que les ocurre lo mismo que a él. Pero, tal como dice a sus lectores el Periódico del Estado, aunque «los Guardianes descubren cada vez con mayor frecuencia estas sonrisas y suspiros», «no sois culpables, porque estáis enfermos. Y el nombre de vuestra enfermedad es: la fantasía», algo que se arreglará con una irradiación en el cráneo.

El título Nosotros se refiere, como se puede suponer, a un mundo donde no existe respeto alguno a la individualidad y donde todos los hombres son y se les llama «números». El narrador se asombra de «la época en que la gente vivía todavía en libertad, es decir en un estado salvaje no organizado», y señala lo ridículo que era que el Estado del pasado «no controlase la vida sexual» de sus súbditos. Son muchas las referencias bíblicas y religiosas empleadas por el autor: por ejemplo, en el mundo de la novela se celebra «el día de la Unanimidad, algo parecido a la Pascua de los antiguos».

Yevgueni Zamiatin. Nosotros (Мы, 1921). Barcelona: Tusquets, 1991; 202 pp.; col. Andanzas; trad. de Margarita Estapé; ISBN: 84-7223-396-0. Nueva edición en Madrid: Cátedra, 2011; 320 pp.; col. Letras populares; trad. de Alfredo Hermosillo y Valeria Artemyeva; ISBN: 978-8437628936.

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miércoles, 9 de enero de 2013

He incluido en la voz de Robert Ballantyne un comentario a uno de sus relatos de aventuras más populares, The Dog Crusoe, pues es uno de los primeros con un perro magnífico como protagonista, además de ser una buena historia sobre los encuentros, amistosos o no, de tramperos y cazadores con distintas tribus de indios en el Oeste.

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martes, 8 de enero de 2013

Nunca me han hecho especial gracia los relatos de miedo para niños pero, tal vez porque veo muchos, ha llegado un momento en el que algunos sí me divierten. Dos ejemplos de los últimos meses, que también he comprobado que gustan a lectores pequeños, han sido ¡Qué susto!, que presenta cuatro escenas —La casa encantada, La bruja mala, Gastón el fantasma, El vampiro Modesto— con cuatro pequeñas ventanas en cada una; otro es La casa encantada, que contiene cinco pop-ups: una casa encantada, el hombre lobo, unas tumbas, una bruja en una torre, y un vampiro en el sótano.

Al margen de que sean libros divertidos los cito, también, porque las contracubiertas dicen, del primero, que es un libro rimado que fomenta la imaginación y la creatividad; y, del segundo, que es un libro interactivo con preguntas que estimulan el desarrollo intelectual y la imaginación del niño: lo podemos aceptar, desde luego, igual que un profesor que conozco que, cuando tiene que calificar los dibujos de sus alumnos, empieza siempre por «bueno, todo dibujo es un buen dibujo...». Y, en segundo lugar, los cito por la desconfianza, seguramente injustificada, que me causa leer en las contracubiertas que los dos libros han sido confeccionados, en China, con «papel de bosques sostenibles».

No dice autores. ¡Qué susto! (Spooky, 2011). Madrid: Macmillan, 2012; 4 hojas en cartoné; adaptación de Paz Barroso; ISBN: 978-84-15430-23-0.
Holly Ong-Seng. La casa encantada (Haunted House, 2012). Texto de Sarah Powell. Madrid: MacMillan, 2012; adaptación de Roberto Aliaga; ISBN: 978-84-15430-68-1.

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lunes, 7 de enero de 2013

Clic, Clac, Muu: vacas escritoras, de Betsy Lewin y Doreen Cronin, es un álbum divertido, editado en castellano pero no en España. Las vacas del granjero Brown tienen una máquina de escribir y, por medio de una nota clavada en la puerta del granero, le mandan el mensaje de que o les da mantas eléctricas o dejarán de dar leche. Como el granjero Brown se niega, las vacas cumplen su amenaza pero, además, las gallinas se unen a la rebelión y, por medio de las vacas, le dicen que sin mantas eléctricas no habrá huevos… Para llegar a un acuerdo entre ambos bandos el pato actuará como mensajero.

Álbum gracioso de vida en una granja como, por ejemplo, Pato va en bici o Farmer Duck, que recuerde ahora. Las ilustraciones son acuarelas sobre dibujos de tinta. Las figuras, contorneadas con líneas gruesas, son muy expresivas. Uno de sus atractivos es que las caras de los personajes transmiten bien el humor que tienen en cada momento. El texto, sencillo y repetitivo, está pensado para la lectura enfática en voz alta. Supongo que más todavía en el original inglés. Lo que importa es la simpatía que desprenden los personajes y la historia y, desde luego, no sacar grandes conclusiones sobre cómo se han de llevar unas negociaciones en caso de conflicto...

Betsy Lewin. Clic, Clac, Muu: vacas escritoras (Click, clack, moo, 2000). Texto de Doreen Cronin. Lyndhurst, New Jersey: Lectorum Publications, 2002; 32 pp.; trad. de Alberto Jiménez Rioja; ISBN: 978-1-930332-40-9.

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domingo, 6 de enero de 2013

El siguiente comentario de Zygmunt Bauman describe bien algunos cambios que se han producido en nuestra sociedad:

«Cuando yo era joven, me advertían con frecuencia: “Lo que rápido se aprende, rápido se olvida”. Pero aquella máxima respondía a otro tipo de sabiduría, la sabiduría de una época que valoraba al máximo el “largo plazo” y en la que las personas que ocupaban la cima social marcaban su posición de privilegio rodeándose de objetos duraderos y dejaban lo fugaz y efímero a los que ocupaban los peldaños más bajos de la escala; aquella era una época en la que la capacidad de heredar, mantener, guardar, preservar, legar y, en definitiva, cuidar de cosas, se valoraba mucho más que la (entonces vergonzosa, lamentable y lamentada) capacidad de eliminación.

Hoy, sin embargo, muchos de nosotros no aprobaríamos una sabiduría como aquella. Lo que en tiempos fue virtud ha pasado a ser considerado vicio. En la jerarquía de las habilidades útiles y deseables, el arte de surfear la superficie ha ocupado el lugar del anterior arte de sondear las profundidades. (…) La posibilidad de olvido instantáneo no nos genera (…) molestia ni alegría alguna. Simplemente, resulta irrelevante. En esas condiciones, nadie tomaría en serio la vieja advertencia (“lo que rápido se aprende, rápido se olvida”), pero tampoco se molestaría nadie en burlarse de ella. Esta sería acogida, muy probablemente, con la más absoluta incomprensión».

Sin embargo, se podrían añadir algunas observaciones a lo anterior. Una, que Bauman aplica la máxima primera a los bienes de consumo materiales cuando su aplicación genuina es a otra clase de bienes. Dos, que lo de menos es cómo actuaban las personas que ocupaban la cima social, y lo de más es de hasta qué punto aquella forma de pensar y actuar era sabiduría verdadera y permanente, o no. Tres, que cuando dice «muchos de nosotros no aprobaríamos…» supongo que no se refiere a él mismo: Bauman puede hablar como lo hace y tener las intuiciones que tiene gracias a pertenecer a, o haber crecido en, un mundo donde aquella sabiduría sólida se valoraba mucho.

Zymunt Bauman. Esto no es un diario (This is not a diary, 2011). Barcelona: Paidós, 2012; 283 pp.; col. Estado y sociedad; trad. de Albino Santos Mosquera y Antonio Francisco Rodríguez Esteban; ISBN: 978-84-493-2717-9.

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sábado, 5 de enero de 2013

En la voz de Dostoievski hay, aparte de un comentario a Crimen y castigo, una mención de una obra de Romano Guardini donde analiza el universo religioso del autor ruso, y un comentario a la monumental biografía que le dedicó Joseph Frank. En una nota titulada Lucha en el corazón del hombre hablé también de un libro que dedicó a su pensamiento el filósofo italiano Luigi Pareyson. Aparte, hace poco he puesto una reseña de la biografía que escribió su hija Aimée.

Apoyándome, sobre todo, en los libros de Frank, al que citaré con frecuencia, me propongo, en sábados sucesivos, comentar las obras de Dostoievski por orden cronólogico. En los dos últimos años he ido leyendo las que no conocía y he releído total o parcialmente algunas otras de las que sí tenía notas de lectura para comprobar su excepcional grandeza humana y literaria. He constatado, como ya sabía, que Dostoievski no es siempre fácil de leer. Él mismo reconocía que su vicio literario era la prolijidad, que a veces le faltaban «mesura y armonía», que también en ocasiones intentaba «expresar una idea artística más allá de su capacidad». La verbosidad de algunos personajes, o el detallismo a veces enfermizo con el que se reflejan sus mundos interiores, que responden a la voluntad del autor de perfilar bien los modos de ser personales y de dar a cada uno su propia voz, puede producir cansancio al lector.

Pero conviene pensar que, al escribir así, lo hacía debido a lo que ya Mijail Bajtín advirtió: «Su manera de desarrollar el pensamiento es siempre igual: lo hace dialógicamente, pero no mediante un seco diálogo lógico, sino mediante la confrontación de voces íntegras y profundamente idealizadas. Incluso en sus artículos polémicos, Dostoievski en realidad no busca convencer, sino que orquesta voces, conjuga orientaciones de sentido, en la mayoría de los casos por medio de un cierto diálogo imaginado». Es decir, sigue Frank, fuese como novelista o como editor, Dostoievski nunca se inclinó a discutir en abstracto o conceptualmente y siempre prefería contraponer una imagen dramática a otra, y también por eso sigue siendo actual hoy. Una importante consecuencia de lo anterior es que Dostoievski nos hace comprender mejor a las personas, a todas las personas, a las más humildes y a las más abyectas. Otra es que su obra dura y durará siempre.

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viernes, 4 de enero de 2013

El libro de la señorita Buncle, de D. E. Stevenson, es una novela bien escrita y llena de buen humor, de lo mejor para pasar un buen rato, escrita en 1934 y nunca publicada en España.

Su protagonista es una mujer soltera llamada Barbara Buncle, que, para ganar algo más de dinero, escribe una novela sobre la vida en su pueblo. La titula El perturbador de la paz y la firma con el seudónimo de John Smith. El editor que la recibe le ve grandes posibilidades y la publica enseguida. Pero, cuando las personas de su pueblo se ven retratadas en la historia, intentan a toda costa descubrir a su autor. Entretanto, la señorita Buncle, aguijoneada por su editor y cada vez más acosada por todo lo que va ocurriendo a su alrededor, escribe otro relato: «una novela sobre una mujer que escribe una novela», un «juego de espejos como los de los sastres, en los que la mujer y su novela se reflejaban una y otra vez hasta el infinito», piensa su editor.

El comentario anterior, tan posmoderno, aparece al final de la historia y ejemplifica que determinados recursos no se han inventado ayer. Una muestra del tono amable del relato es esta: «como a casi todo el mundo, [al señor Hathaway] le gustaba hablar de sí mismo con un oyente comprensivo». Otro ejemplo de su acento, femenino más que feminista, es el de que «[los maridos] son muy útiles cuando se atascan los desagües o si se quiere abrir una ventana nueva», según dice una recién casada. Otro, de las acertadas comparaciones que sabe usar la escritora, es el de que Sally «siguió acariciando al gato entre las orejas y pasándole la manita por la curva del lomo, hasta que el minino empezó a ronronear como un Rolls-Royce en miniatura». Son añadidos a esta buena reseña.

D. E. Stevenson. El libro de la señorita Buncle (Miss Buncle's Book, 1934). Barcelona: Alba, 2012; 378 pp.; col. Rara Avis; trad. de Concha Cardeñoso Sáenz de Miera; ISBN: 978-84-8428-724-7.

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jueves, 3 de enero de 2013

Novelas que más me han gustado de los últimos meses:

   Rescoldo. Antonio Estrada.
   Gilead. Marilynne Robinson.
   En casa. Marilynne Robinson.
   Aire de Dylan. Enrique Vila-Matas.
   No tengo miedo. Niccolò Ammaniti.
   Mañana nunca lo hablamos. Eduardo Halfón.
   El lenguaje de las flores. Vanessa Diffenbaugh.

Libros de no-ficción:

   El futuro de la Historia. John Lukacs.
   Los cañones de agosto. Barbara W. Tuchman.
   Pensar el siglo XX. Tony Judt con Timothy Snyder.
   Visión de la memoria. Tomas Tranströmer.
   Un amor especial. Kenzaburo Oé.
   La silenciosa conquista china. Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo.
   Jugar el juego de las formas. Anthony Browne y Joe Browne.

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miércoles, 2 de enero de 2013

Libros infantiles que me han gustado más en los últimos meses:

   El secreto del huevo azul. Catalina González Villar.
   Un intruso en mi cuaderno. David Fernández Sifres.
   Nada pura 100%. Javier Sáez Castán.
   Un tesoro en el patio. Jaume Copons.
   El cuento del carpintero. Iban Barrenetxea.

Libros juveniles:

  El caso de los bandidos asesinos. Caroline Lawrence.
  Tesoros perdidos. Ramón Homs.
  Y, sin embargo, contento. Javier Arcas.
  Academia de princesas. Shannon Hale.
  La hija del rey del país de los elfos. Lord Dunsany.
  Biggles en Oriente. W. H. Johns.
  Ali y Nino. Kurban Said.

Álbumes o novelas gráficas especiales:

   No soy perfecta. Jimmy Liao.
   El aniversario. Miquel Martí i Pol y Carme Solé.
   Nocturno. Pascal Blanchet.
   La máquina de Efrén. Cristina Durán y Miguel A. Giner Bou.
   Abuelas de la A a la Z. Raquel Díaz Reguera.

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martes, 1 de enero de 2013

Los mejores álbumes para prelectores leídos en los últimos meses:

   Dog y los libros. Louise Yates.
   Otto, el oso de libro. Katie Cleminson.
   Un perro y un gato. Chené Gómez y Paula Carbonell.
   Barnie. Sofia Bougaeva.
   Perros. Emily Gravett.
   999 hermanas ranas. Yasunari Murakamki y Ken Kimura.
  ¿Qué pasaría si...? Laura Vaccaro Seeger.

Para primeros lectores:

   Yo quiero mi gorro. Jon Klassen.
   Un huevo con sorpresa. Emily Gravett.
   Mi abuelo. Marta Altés.
   Sombrero. Paul Hoppe.
   A partes iguales. Lina Žutautė y Darabuc.
   El oficial Correa y Gloria. Peggy Rathmann.

Para lectores más mayores:

   El jardín del abuelo. Lane Smith.
   Martes. David Wiesner.
   El bunyip. Ron Brooks y Jenny Wagner.
   El perro y la liebre. Rotraut Suzanne Berner.
   Los pájaros. Albertine y Germane Zullo.
   La señora Meier y el mirlo. Wolf Erlbruch.

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