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Notas de enero de 2016 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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domingo, 31 de enero de 2016

Hace años leí una biografía de Lenin, firmada por David Shub, de la que recordaba pocas cosas. Hace unos dos meses seguí el consejo de un amigo historiador y busqué la biografía posterior escrita por Robert Service, que me ha parecido ordenada, clara y bien documentada.

En ella se cuentan bien los pormenores de su vida personal: padres, educación, infancia y juventud, el acontecimiento decisivo de la detención y posterior muerte de su hermano mayor, el afecto que siempre le tuvieron su madre y sus hermanas, y sus relaciones con otros revolucionarios como él, su esposa incluida, pues, desde muy joven, Lenin no dejó nunca que cualquier clase de sentimentalismo tuviera cabida en sus decisiones políticas.

El biógrafo lo describe como alguien reservado, que rara vez confió a alguien sus cálculos más íntimos, y culto, buen lector y admirador de músicos como Wagner y Beethoven, aspectos que ocultaba tras una máscara de frialdad científica. Se detiene a explicar cómo albergó una rabia profunda y creciente contra el régimen zarista hasta el punto de que, quienes le conocieron en sus primeras escaramuzas políticas, se sorprendían al ver su desconcertante dureza y que «se complacía en rechazar conceptos como conciencia, compasión y caridad». Sin embargo parece que a él «no le preocupaba la posibilidad de que su actitud horrorizase a otros».

En su vida política era tenaz, «un luchador nato», y un optimista, porque «dejaba que la imaginación y la ideología bloqueasen el juicio sereno». Tenía «una claridad de propósito que no poseía nadie más de su partido» y supo aprovechar las oportunidades que se le presentaron para llegar a dirigirlo. «Su criterio de moralidad era simple: ¿Apoya u obstaculiza determinada acción la causa de la revolución? Aunque raras veces mintiese descaradamente en política, tenía una habilidad inigualable para eludir la veracidad». No tenía dudas de sus propios análisis. El Estado debía ser, según él, «como un motor de coordinación y adoctrinamiento».

Para él y sus colaboradores eran valores básicos el orden, el centralismo, la jerarquía, la unidad monolítica y la disciplina, no importaba el precio que hubiera que pagar. Abundan los documentos en los que queda constancia de que «Lenin ordenó, dirigió y aprobó la violencia, incluido el terrorismo de Estado directo». El fundamento teórico de su vehemencia colérica, y de considerarse legitimado para imponer criminalmente su régimen, lo buscó en Maquiavelo, quien explicaba que, a veces, es necesario recurrir a la brutalidad «lo más intensa posible a corto plazo para que no fuese necesario prolongarla excesivamente en el tiempo». Así que «Lenin prefería excederse en los golpes que arriesgarse a que el adversario aguantase el asalto».

El libro explica bien, pero sin detalle, las actividades y las personalidades de sus principales colaboradores —Trotski, Stalin, Bujarin, Zinóviev, Kámenev—, todos ellos hábiles y seguros de sí mismos, así como sus relaciones con ellos y entre ellos. A Stalin pasó de considerarlo «el maravilloso georgiano», cuando le conoció en 1912, a verlo como su gran enemigo en los últimos años.

Robert Service. Lenin. Una biografía (Lenin. A biography, 2000). Madrid: Siglo veintiuno de España editores, 2001; 644 pp.; trad. de José Manuel Álvarez Flórez; prólogo de Manuel Vázquez Montalbán; ISBN: 84-323-1065-4. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 30 de enero de 2016

Dos extraordinarios libros de y sobre Saúl Steinberg, uno de los dibujantes en prensa más importantes del siglo XX: Reflejos y sombras, una narración autobiográfica, y Cartas a Aldo Buzzi, 1945-1999, una epistolario que da mucha idea de las lecturas, amistades e intereses de Steinberg.

El primer libro contiene una narración, que proviene de las conversaciones de Steinberg con Aldo Buzzi, un antiguo compañero de estudios, y que tiene cuatro capítulos: «Rumanía», «Italia», «Norteamérica», «El oficio de dibujante». Hay después un álbum de ilustraciones de Steinberg y una biografía sintética suya firmada por Vicente Ferrer.

El título tiene que ver con el gran interés de Steinberg por los reflejos y las sombras, que una y otra vez aparecen en sus dibujos: los «reflejos me encantan por la extrañeza de su existencia (la extrañeza es una cualidad de los milagros)». Son muy interesantes todas sus disquisiciones sobre el valor del dibujo al natural (que citaré más adelante) y sus consideraciones acerca de su trabajo como dibujante de humor: «un oficio difícil, sobre todo porque uno debe ser su propio editor: eliminar, eliminar, eliminar».

En el epistolario del segundo libro, del que se han suprimido textos más personales y material circunstancial —de acuerdo con Steinberg, que dio el visto bueno a la publicación—, Steinberg habla de sus lecturas —algunas continuas, como Chéjov, otras que son redescubrimientos, como las novelas de Evelyn Waugh o Willa Cather—, de películas que le gustan —como Los duelistas— o no le gustan —como Blade Runner—, de su amistad con escritores como Saúl Bellow, etc.

Al leerlo es fácil entender por qué Steinberg decía de sí mismo que «era un escritor que en lugar de escribir dibujaba». En este segundo libro hay un gran comentario a la obra de Steinberg que toma la forma de un intercambio de postales entre el editor y Carlos Pérez. En él hay un interesante apartado acerca de la influencia de Steinberg en humoristas españoles como, sobre todo, Chumy Chúmez; se le describe con acierto como «un observador que se autoobserva»; y se recuerdan los elogios que le dedicó Gombrich cuando indicó que Steinberg era quien más sabía «sobre filosofía de la representación».

Saúl Steinberg y Aldo Buzzi. Reflejos y sombras (Riflexi e ombre, 2001). Valencia: Media Vaca, 2012; 141 pp.; col. Grandes y pequeños; trad. de María José Gil Mendoza ; ISBN: 978-84-938692-1-2. [
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Saul Steinberg. Cartas a Aldo Buzzi, 1945-1999 (al cuidado del destinatario) (Lettere a Aldo Buzzi 1945-1999, a cura del destinatario, ). Valencia: Media Vaca, 2012; 261 pp.; col. Grandes y pequeños; trad. de Juan Carlos Gentile Vitale; el libro contiene una parte final compuesta por 17 postales de tema steinberguiano intercambiadas entre Carlos Pérez y Vicente Ferrer; ISBN: 978-84-938692-2-9. [
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viernes, 29 de enero de 2016

Esta es una reseña completa de No está solo, un buen thriller firmado por Sandrone Dazieri. En ella se resume bien su argumento: la desaparición de un niño provoca una investigación, en paralelo con las pesquisas oficiales, conducida por una joven y competente policía que está de baja, y a la que ayuda un tipo singular que había estado secuestrado varios años en el pasado. En esa reseña se indican los principales puntos de apoyo de la novela: las personalidades complejas de los protagonistas y el creciente temor que inspira el desconocido enemigo contra el que luchan. Y se menciona el gran mérito del autor: que controla en todo momento una narración larga y enredada con varios giros inesperados, así como el de que crea un oponente al que los héroes y los lectores acaban teniéndole verdadero miedo. Tiene, para mi gusto, un defecto que, realmente, tiene poca importancia —dado el género y dado que, si una novela puede atraparte mucho, acabas perdonándoselo todo—, y es que, después de una trama original, me hubiera gustado una explicación última que también lo fuera y no me recordara una famosa película de hace años...

Sandrone Dazieri. No está solo (Uccidi il padre, 2014). Madrid: Alfaguara, 2015; 552 pp.; col. Alfaguara negra; trad. de Xavier González Rovira; ISBN: 978-8420410784. [
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jueves, 28 de enero de 2016

El niño bisiesto,
de José Luis Alonso de Santos, es Daniel, un chico de diez años que nació un 29 de febrero. El mismo nos cuenta que sus amigos le llaman Bisi, que su padre es escritor y director de teatro, y que se lleva regular con su lista hermana mayor Lara. Escribe muy bien —aunque no parece saber cuándo ha de escribir Dios con mayúscula o con minúscula— y cuenta episodios familiares y colegiales con mucho sentido del humor autoirónico (normalmente propio de alguien más mayor). Por ejemplo:

—«Yo, si te digo la verdad, nunca me he sentido capaz de hacerle nada malo a nadie (no tanto por pacifista como por miedo a que luego me hicieran a mí algo peor)».

—«Nadie que no haya sido reserva sabe lo mal que se pasa en los partidos, esperando en el banquillo que alguno de tu equipo se caiga o se parta una pierna, o le den una patada que le rompa la espinilla, para poder entrar tú a jugar. Además, te sientes una mala persona».

—«Un día le pregunté a mi padre cuánto tiempo había que estar aprendiendo cosas, y él me contestó que toda la vida. Me estuvo bien empleado, por preguntar».

Aunque tal vez a la mayoría de los lectores niños les sorprenda, a muchos lectores adultos les encantará comprobar que Daniel es un lector y espectador excepcional. Así, ha leído numerosísimos libros que cita oportunamente —entre otros Huck Finn, Alicia, La historia interminable, La isla del tesoro, Harry Potter, El Señor de los anillos…—, recuerda bien otros de los que ha leído trozos o conoce indirectamente —El Quijote, Platero, Los viajes de Gulliver—, ha ido a ver obras teatrales —como Juan Tenorio, Ricardo III, Fuenteovejuna…—, y también ha visto muchas películas…

José Luis Alonso de Santos. El niño bisiesto (2015). Pontevedra: Kalandraka, 2015; 96 pp.; col. Siete leguas; ilust. de Federico DELICADO; ISBN: 978-84-8464-975-5. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 27 de enero de 2016

La memoria del elefante. Un viaje inolvidable por la memoria de Marcel, un álbum de gran formato firmado por Jean-François Martin y Sophie Strady, tiene un subtítulo en su interior que lo describe bien: «Una enciclopedia tipo cajón de sastre». Es un libro vistoso en el que la mucha información se presenta de un modo un tanto caótico pero atrayente, por ejemplo al modo de Atlas del mundo o Bestiario, con unas ilustraciones elegantes que tienen toques art-decó y deseos de reflejar un poco cosas de moda del pasado.

El protagonista es Marcel, un elefante viejo, del que se nos cuenta su vida. Vemos así los muebles de su casa, su desayuno, su baño, su vestuario, el trabajo en su oficina, un salón con muchos paquetes, varios instrumentos musicales pues se nos cuenta que tuvo un grupo de música hace años, sus viajes por el mundo hasta terminar en París, su fiesta de cumpleaños con varios amigos…

Al hilo de lo que se cuenta y se muestra se nos habla sobre los elefantes, del guardarropa de Marcel, de varios edificios muy altos como el de su oficina, sobre los instrumentos musicales que aparecen, de los barcos en los que viajó, de plantas, de aves… Y, al final, también hay recetas de los dulces que había en su mesa, datos de los muebles de diseño de su casa y su oficina, información sobre sus amigos animales, y bibliografía.

Jean-François Martin. La memoria del elefante. Un viaje inolvidable por la memoria de Marcel (La mémoire de l’elephant, 2012). Texto de Sophie Strady. Granada: Barbara Fiore, 2015; 36 pp.; trad. de Mercedes Corral; ISBN: 978-84-15208-07-9. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 26 de enero de 2016

Después de asombrar con su primer álbum, Torben Kuhlmann ha conseguido un relato con ilustraciones igual de brillantes pero con una trama más consistente: Moletown. La ciudad de los topos.

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lunes, 25 de enero de 2016

Entre las recuperaciones de álbumes del pasado llega Soy un conejo, un libro de 1963 ilustrado por Richard Scarry, y con texto de Ole Risom, el que fue muchos años su editor. Al principio el mismo protagonista se presenta: «Soy un conejo. Me llamo Nicolás. Vivo en un árbol hueco». Y, a partir de ahí, lo vemos en el bosque, primero y durante varias páginas en primavera —rodeado de mariposas, pájaros, insectos, ranas, setas, dientes de león, etc.—, y luego, brevemente, en verano, otoño e invierno. Las ilustraciones, que se basan en un dibujo detallista de calidad, están bien compuestas, tienen mucho colorido y un tono dulce que se puede llamar disneyano. Todo resulta simpático y tranquilizador pues nada inquieta lo más mínimo a Nicolás.

Richard Scarry. Soy un conejo = I am a Bunny (1963). Texto de Ole Risom. Edición bilingüe. Madrid: Lata de Sal, 2015; 25 pp.; col. Vintage; trad. de Susana Collazo Rodríguez y Rafa Salgueiro; ISBN: 978-84-943696-5-0. [
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sábado, 23 de enero de 2016

Cuenta Leo Lionni en sus memorias cómo, en el origen de sus álbumes, están las cualidades que cultivó durante su trabajo como publicista. En concreto, Pequeño Azul y Pequeño Amarillo se benefició de los experimentos que había hecho, años atrás, con las dimensiones, formas y posiciones en la página de las manchas de colores, imaginando que eran personas en una habitación o en una plaza, para pensar en cómo unas elecciones u otras tenían distintos significados o provocaban diferentes sentimientos en el lector-espectador. Así, un punto en el centro parece indicar autoridad, formalidad; en una esquina vergüenza, temor, informalidad, etc.

En general, según explica él mismo, las características comunes de sus álbumes son el ritmo, la simplicidad de la acción, la lógica de la secuencia, y la composición de sus ilustraciones prestando especial atención a las posiciones de las figuras. Según fue preparando y publicando más álbumes, intentando que cada uno fuera diferente de los anteriores, indica que, aunque recurría a las memorias de su niñez, fue aprendiendo a distinguir entre sus experiencias personales y las experiencias universales de los niños. Señala que se suele decir que, para escribir para niños, debes ser tú el niño, pero que él lo ve al revés: al escribir para niños debes dar un paso atrás y mirar al niño con la perspectiva de un adulto.

Leo Lionni. Between Worlds. The Autobiography of Leo Lionni (1997). New York: Alfred A. Knopf, 1997; 296 pp.; ISBN: 0-679-42393-1. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 22 de enero de 2016

Los protagonistas de La luz que no puedes ver, de Anthony Doerr, son una chica francesa ciega, Marie-Laure, y un chico alemán, Werner. La narración está dividida en partes que se titulan con la fecha. La primera, cuando ambos tienen poco más de 16 años, es el 7 de agosto de 1944. Luego el relato va y vuelve varias veces entre 1934 y 1974. Los capítulos son cortitos y alternan lo que les va sucediendo a Marie-Laure y Werner, aunque hay algunos centrados en otros personajes. En especial varios están dedicados al sargento mayor Reinhold von Rumpel, un oficial alemán experto en cristalografía, empeñado en encontrar el famoso diamante El Mar de Llamas.

Cuando, a los seis años, Marie-Laure pierde la vista del todo, su padre, cerrajero mayor del Museo de Historia natural de París, le construye una maqueta del barrio en el que viven de forma que, poco a poco, logra que sepa orientarse sola por las calles. Marie-Laure aprende la historia de El Mar de Llamas, cuidadosamente guardado en el Museo, del que se dice que hace inmortal a su propietario pero que atrae desgracias a quienes tiene alrededor. Cuando tiene doce años y los nazis invaden París, su padre huye a Saint-Malo, a casa de su tío Etienne, un hombre algo enfermo: está enclaustrado en su casa, es experto en cuestiones científicas, y vive atendido por la sabia y audaz madame Manec. Además, las autoridades del museo han entregado al padre de Marie-Laure una de las cuatro copias del diamante para, si es el caso, desorientar a quien lo busque: los portadores de las copias no saben si la suya es o no la joya verdadera. De nuevo, el padre de Marie-Laure, fabrica para ella una maqueta detallada de Saint-Malo.

Werner vive, con su hermana pequeña Jutta, en un orfanato de una ciudad minera del oeste de Alemania. Aficionado a la ciencia, siendo ya un niño se convierte en un gran experto en radios. Un jerarca nazi que comprueba sus habilidades lo envía a una escuela de formación profesional para chicos del partido. Allí destaca mucho y, también, presencia muchas crueldades, en especial las que sufre su mejor amigo Frederick. Cuando tiene unos 16 años es asignado a un equipo que tiene la misión de descubrir emisoras clandestinas de la resistencia y destruirlas. Esto lo acaba llevando a Saint-Malo.

El argumento tiene tensión y la novela se lee muy bien. Todo está contado con frases cortas y directas pero también las hay poéticas, como algunas descripciones de lo que siente Marie-Laure. La trama se apoya sobre todo en las intrigas que afectan a los protagonistas: qué les deparará la guerra, cómo evolucionarán sus mundos interiores, cómo llegarán a entretejerse sus vidas, qué ocurrirá con El Mar de Llamas… Pero se sostiene también sobre secundarios cuyas historias atraen: Jutta, Etienne, Frederick, madame Manec, Von Rumpel. Están bien descritos los aprendizajes de los dos héroes y los logros técnicos de Werner, y están bien urdidos los paralelismos entre lo que pasa en la novela y las lecturas de Marie-Laure, Veinte mil leguas de viaje submarino en especial. Hay algunas escenas de guerra brutales, contadas sin morbo.

Todo está bien pensado para reforzar las ideas de fondo. Por un lado, con la historia de los héroes:  la forma en que Werner lucha una y otra vez con la estática de la radio para poder oír; cómo Marie-Laure sufre hasta que sabe orientarse en las calles y cómo más adelante descubre que «lo que está más allá de la maqueta es lo más emocionante del mundo». Por otro, con intervenciones del narrador: inserta un capítulo, en el que se detiene la acción, para subrayar la increíble «Simultaneidad de los instantes»; interrumpe el relato, justo después de un momento decisivo, para decir lo siguiente: «Todos llegamos a la existencia como una simple célula más pequeña que una mota de polvo, mucho más pequeña. Se divide, multiplica, añade y sustrae. La materia sufre cambios, los átomos salen y entran, las moléculas pivotan, las proteínas se unen, la mitocondria envía sus órdenes. Comenzamos siendo apenas un enjambre de conexiones eléctricas microscópicas. Los pulmones, el cerebro, el corazón. Cuarenta semanas después, seis billones de células se amontonan en el canal de nacimiento de nuestras madres y aullamos. Y entonces el mundo comienza en nosotros». O, dicho de otra manera, es cierto que, «matemáticamente hablando, toda luz es en realidad invisible», pero también lo es que gracias a la luz vemos y que hay quienes saben ver las cosas que la mayoría no ve.

Anthony Doerr. La luz que no puedes ver (All the Light We Cannot See, 2014). Barcelona: Suma de Letras, 2015; 658 pp.; trad. de Carmen Cáceres y Andrés Barba; ISBN: 978-84-8365-761-4. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 21 de enero de 2016

Abro voz en el diccionario a Georgette Heyer, Josephine Tey y Rosa Huertas.

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miércoles, 20 de enero de 2016

La microguerra de todos los tiempos, de Andrés Barba, empieza en Gombronia, un pueblo en el que todos están obsesionados con los relojes y el aprovechamiento máximo del tiempo. Cuando se estropea el reloj de la plaza, un reloj especial fabricado por un famoso relojero que desapareció poco después, el pueblo se altera. A un niño muy rápido llamado Manuel y A una niña muy lenta llamada Mara los mandan a una misión especial al interior del reloj, después de haberles dado unos caramelos especiales que los vuelven pequeñitos, y allí ven que hay una guerra continua entre los ejércitos del Hoy, del Ayer y del Mañana.

Libro amable, parecido en su estilo y sus recursos narrativos, a otros relatos infantiles del autor. Las reflexiones acerca del tiempo y los mensajes sobre que saber perderlo es también ganarlo, igual que las que se hacen a propósito del inicio de enamoramiento entre los dos héroes, o de las ensoñaciones futuras de ambos, resuenan con más fuerza en los lectores adultos o, al menos, algo mayores, y no tanto en los posibles lectores niños.

Andrés Barba. La microguerra de todos los tiempos (2015). Madrid: Siruela, 2015; 93 pp.; col. Las Tres Edades; ilust. de
Rafa Vivas; ISBN: 978-84-16465-09-5. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 19 de enero de 2016

He abierto voz en el diccionario a Øyvind Torseter, Aleksandra Mizielińska y Daniel Mizieliński.

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lunes, 18 de enero de 2016

He abierto voz en el diccionario a Albertine, Germano Zullo y Ethan Long.

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domingo, 17 de enero de 2016

En Seabiscuit: una leyenda americana, Laura Hillenbrand cuenta la historia de un famoso caballo de competición y hace una gran reconstrucción de la vida en los ambientes de las carreras de caballos en los Estados Unidos de los años treinta.

La autora se centra en los tres hombres que hicieron posibles los triunfos de Seabiscuit, un caballo menos elegante que otros y no tan joven como se suponía que debía ser, pero que fue descubierto por dos hombres que apreciaron su potencial en cuanto lo vieron. Uno fue su propietario, Charles Howard, y otro su entrenador, Tom Smith: «Smith era el último hombre auténtico del viejo Oeste, y Howard estaba asfaltando el oeste de Smith bajo las presurosas ruedas de sus automóviles. Howard se movía por la buena imagen» y Smith era, y no le importaba ser, antipático y huraño, algo que compensaba con su capacidad, según se cuenta, de una comunicación casi mística con los caballos. Un tercero decisivo fue el jockey, Red Pollard, un hombre a quien le gustaba citar a Ralph Waldo Emerson, aunque, debido a varias lesiones, tuvo que ser sustituido algunas veces por otros jockeys.

El relato cuenta que nadie había gozado de una fama y popularidad tan intensas como la que tuvo Seabiscuit a finales de los años 30. «Un estudio de los medios de comunicación reveló que en 1938 este caballito recibió más cobertura informativa que Roosevelt, que aparecía en segunda posición, Hitler (en tercera), Mussolini (cuarta) o ningún otro personaje público». Su carrera contra el que muchos consideraban el mejor caballo del momemto, War Admiral, «fue, casi con toda seguridad, el principal tema periodístico del año, además de uno de los acontecimientos deportivos más grandiosos del siglo». A ese momento cumbre se suma otro posterior: después de aquella carrera tanto Seabiscuit como Pollard tuvieron graves lesiones y, cuando nadie lo esperaba, fueron capaces de volver y protagonizar uno de los comeback más extraordinarios del deporte.

La narración es emocionante y contiene multitud de detalles bien documentados que, para un lector como yo, no harían falta, pero que cualquier aficionado valora muchísimo. Es magnífica la descripción del contexto socioeconómico: la dureza de las condiciones de vida de los jockeys sobre todo. De los tres personajes principales, dejando aparte a Seabiscuit, el que acaba ocupando más el centro de la narración es Tom Smith, un hombre al que la prensa odiaba, porque casi nunca les respondía lo que deseaban oír y siempre estaba intentando burlarles, pero también admiraba, por los mismos motivos y, naturalmente, porque solía tener razón en sus decisiones.

Laura Hillenbrand. Seabiscuit: una leyenda americana (Seabiscuit: An America Legend, 2001). Barcelona: Debate, 2003; 485 pp.; trad. de Isabel Payno; ISBN: 84-8306-926-1. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 16 de enero de 2016

Between Worlds, el libro de memorias de Leo Lionni, es atractivo por varias razones.

Una, por sus orígenes y relaciones familiares. Lionni nació en Amsterdam. Su padre era un hombre de negocios de origen judío y su madre era cantante de ópera. Se familiarizó siendo niño con el arte contemporáneo gracias a que tenía dos tíos propietarios de unas valiosas colecciones —con obras de Picasso, De Chirico, Modigliani, Miró, etc.—. Por motivos de trabajo de sus padres, siendo niño y adolescente, vivió en Estados Unidos, Italia y Suiza. Estudió comercio, pero se hizo un nombre como pintor y diseñador, en la Italia fascista. Se casó siendo muy joven con la nieta de uno de los fundadores del Partido Comunista italiano. Se marchó a los Estados Unidos en 1939 y su mujer, con sus hijos pequeños, le siguieron poco después, en el último barco que pudo salir antes del estallido de la Guerra Mundial.

Otra, por su excepcional trayectoria como diseñador en importantes agencias publicitarias en los años cuarenta y cincuenta. Intervino en campañas de primeras marcas como Ford o General Electric, siguió vinculado al grupo de arquitectos y artistas de la Bauhaus exiliados como Walter Gropius, fue amigo de diseñadores como Paul Rand y Bruno Munari, y de artistas como Ben Shahn y Alexander Calder. Fue director de arte de la revista Fortune en los años 50, trabajo que dejó cuando se fue a Italia en 1962 y se instaló allí como pintor y escultor.

Y una tercera razón, a la que dedica unas cuantas páginas en su libro, es su dedicación a los libros infantiles. Todo comenzó, según explica, cuando, para entretener a sus revoltosos nietos, de 5 y 3 años de edad, en un tren suburbano con mucha gente, abrió su maletín, recortó trozos azules, amarillos y verdes de una revista Life, puso el maletín en las rodillas y con voz profunda dijo: «Este es Pequeño Azul y este es Pequeño Amarillo», e improvisó la historia. Al llegar a casa, llevó a los niños a su estudio y les enseñó como transformar lo que habían hecho en un pequeño libro. Al día siguiente, viernes, un amigo editor vio lo que había hecho y le propuso editarlo… Así comenzó a publicar más o menos un álbum por año, intentando siempre algo nuevo cada vez, y llegaron una veintena de álbumes como Frederick, Nadarín, etc.

Leo Lionni. Between Worlds. The Autobiography of Leo Lionni (1997). New York: Alfred A. Knopf, 1997; 296 pp.; ISBN: 0-679-42393-1. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 15 de enero de 2016

Última nota de esta serie con citas de Samuel Johnson, esta vez acerca de cuestiones más o menos educativas:

—«Aquellos que no son capaces de juzgar las épocas pasadas sin remitirse a la propia suelen alcanzar conclusiones dudosas».

—«El alborozo auténtico ha de ser siempre natural y la naturaleza es uniforme: los hombres han sido sabios de maneras muy distintas, pero siempre han reído igual».

—«El hombre que amenaza al mundo es ridículo, pues el mundo puede continuar con mucha facilidad sin él, y en un plazo de tiempo brevísimo dejará de echarlo en falta».

—«La verdad es siempre verdad, y la razón es siempre la razón; poseen un valor intrínseco e inalterable, y constituyen el oro intelectual que desafía la destrucción; pero el oro puede envolverse en asuntos más corrientes, de manera que solo un químico pueda reconocerlo; el sentido puede quedar escondido entre entre palabras tan incultas y plebeyas que sólo los filósofos puedan distinguirlo; y estar tan enterrados entre impurezas que nadie corra con los gastos de la extracción».

—«Que debemos respetar a los jóvenes y evitar que nada indecente se aproxime a sus ojos y sus oídos es un precepto que el juicio y la virtud han aprendido de un escritor antiguo que de ningún modo se ha ganado la eminencia por la castidad de su pensamiento. La misma clase, aunque no el mismo grado de precaución, se requiere para cualquier cosa que presentemos ante ellos, para protegerlos de prejuicios injustos, opiniones perversas y combinaciones incongruentes de imágenes». Los libros tienen, entre otras, la misión de «iniciar a la juventud en el arte de saberse defender, una destreza necesaria, mediante encontronazos simulados, y aumentar la prudencia sin perjudicar la virtud».

—«Hay que inculcar de continuo [a los jóvenes] (…) que la virtud es la prueba más alta del entendimiento, y la única base sólida de la grandeza; y que el vicio es la consecuencia natural de los pensamientos estrechos, que comienzan en el error y terminan en la ignominia».

Samuel Johnson. Ensayos literarios. Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2015; 580 pp.; trad. de Gonzalo Torné de la Guardia, Antonio José Rodríguez Soria, Ernesto Castro Córdoba; edición y prólogo de Gonzalo Torné; ISBN: 978-84-15863-87-8. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 14 de enero de 2016

Tania Val de Lumbre, de Maria Parr, uno de los mejores relatos infantiles del año pasado, puede considerarse una versión actualizada de Heidi, que además es un libro que lee la protagonista, Tania, una chica de diez años, entusiasta y muy activa. Vive con su padre, granjero, en un valle de Noruega; su madre es bióloga y trabaja en una estación en Groenlandia. Su mejor amigo es el viejo y solitario Gunnvald. Su gran enemigo es el propietario de un camping al que no pueden acudir niños. Las cosas toman un aire distinto cuando Gunnvald sufre un accidente, debe irse al hospital, y entonces aparece una mujer que parece ser su hija.

Narración con encanto. Por un lado, el que tiene la incombustible protagonista, «el pequeño terremoto de Val de Lumbre». Por otro, el de varios personajes, que si parecen, e incluso son, hoscos, luego demuestran tener buen corazón. Además, abundan las pequeñas descripciones estupendas: así, cuando Tania intenta, esquiando, una maniobra imposible sucede que «aterriza de bruces en la nieve. Parece una gominola en una tarta de cumpleaños con exceso de nata»; o cuando va a ver a Gunnvald al hospital y ve que no está de humor, se subraya que «hoy también está más cruzado que un crucigrama».

La narración se fija también en los sentimientos de afecto que siente Tania pero también hace notar cómo a veces se sorprende al descubrir reacciones egoístas, e incluso malas, en su interior. De fondo, como en tantos libros nórdicos, quedan claros los sufrimientos de los niños ante los comportamientos desleales o de falta de afecto de sus padres. Son varias las situaciones en las que esto se pone de manifiesto. En una de ellas, Tania riñe a su amigo Gunnvald diciéndole que «¡el que es padre, es padre para toda la vida! No se puede dejar de serlo cuando ocurre algo que no nos gusta».

La edición es magnífica y las ilustraciones, de algunos momentos de la narración, son muy apropiadas.

Maria Parr. Tania Val de Lumbre (Tonje Glimmerdal, 2009). Madrid: Nórdica, 2015; 228 pp.; col. Nórdica infantil; ilust. de Zuzanna Celej; trad. de Cristina Gómez-Baggethum; ISBN: 978-8416440269. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 13 de enero de 2016

La pequeña inuk, de Dàlia Adillon, con texto de Darabuc y la colaboración de Francesc Bailón, es un álbum de conocimientos acerca de los inuit. En primera persona, una niña inuit (y no esquimal, como ella misma explica), habla de su familia y cuenta cómo es su vida en el Ártico: de lo mucho que viajan, de sus comidas, de la caza, de los animales, de la dureza de la vida pero también de la disposición de todos para colaborar y ayudar. Al final hay un glosario que aclara un poco más algunas expresiones del texto. Tienen encanto las ilustraciones, que imitan xilografías y serigrafías, con colores bien elegidos, y respira viveza y agilidad el texto, que da con el tono y el nivel apropiados de una niña que sabe explicarse bien.

Dàlia Adillon. La pequeña inuk (2015). Idea original de Dàlia Adillon, texto de Darabuc, colaboración de Francesc Bailón. Fraga, Huesca: La fragatina, 2015; 36 pp.; ISBN: 978-84-16226-88-7. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 12 de enero de 2016

Poemas de animales es un álbum con dos pequeños relatos en verso, simpáticos y de calidad, de Aquiles Nazoa, ilustrados por Emilio Urberuaga.

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lunes, 11 de enero de 2016

Dos álbumes cuyas imágenes me han gustado pero cuyo argumento no me ha parecido bien resuelto.

Un viaje nunca visto, con ilustraciones de Federico Delicado y texto de Juan Senís, habla de que, en sus viajes por el mundo, un niño llamado Daniel ve cosas que nadie ha visto antes; y luego, en su casa de regreso, aquellas cosas que vio le son muy útiles.

Operación Frankestein, de Fermín Solís, habla de tres hermanos, Boris, Víctor y Elsa, que deciden fabricar un monstruo en casa y, para eso, van tomando piezas de diferentes sitios hasta que, al final, lo abandonan.

Del primero son magníficas las ilustraciones y toda la primera parte, cuando Daniel ve monumentos o paisajes de una forma especial. En cambio, aunque se comprende la idea, no está nada claro, e incluso suena exagerado, lo que se cuenta en la segunda mitad de la historia.

Del segundo es destacable la claridad gráfica, la simpatía de los personajes y la forma de contar la historia, como en un relato de cómic sin viñetas y varias escenas por página. Pero la resolución de la historia se apoya en una broma final, frecuente y más bien para el lector adulto; y, además, creo que una narración sin pareados sonaría mejor.

Federico Delicado. Un viaje nunca visto (2015). Texto de Juan Senís. Huesca: La Fragatina, 2015; 32 pp.; ISBN: 978-84-16226-67-2. [Vista del libro en amazon.es]
Fermín Solís. Operación Frankestein (2015). Madrid: Narval, 2015; 32 pp.; ISBN: 978-84-94228-9-4. [
Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 10 de enero de 2016

Acabo de publicar en amazon FUNCIONES Y TIPOS, un tercer libro que tiene su origen en las clases que, durante varios años, he dado (y sigo dando) en el Máster en Álbum Infantil Ilustrado. En la página de amazon se puede acceder a la presentación del libro y a unas páginas de la introducción. La ilustración de portada es un recorte tomado de El flautista de Hamelín.

Si Una breve historia era como una mirada histórica al mundo de los álbumes, y Una posible definición era como una mirada al interior de los álbumes, este libro ofrece un panorama de los álbumes tal como los vemos, dispuestos en las estanterías de bibliotecas y librerías. Por un lado, en él se habla de las funciones formativas que tienen, incluso aunque sus autores no se las planteen como tales: las de la educación lectora y literaria, cultural y artística, humana y emocional. Por otro, se indican distintos modos en los que los álbumes pueden agruparse, según edades, temas, parecidos estructurales, estilos artísticos, etc.

Como en un libro así ni se pueden mostrar los álbumes ni se pueden enseñar algunas ilustraciones representativas de lo que se quiere decir, y como son muchos los datos editoriales de los álbumes que cito, he preparado unas revistas en Flipboard en las que remito a datos de esta página. Esas revistas son:

—Apuntes: Funciones y tipos (1): http://flip.it/MdLHP
—Apuntes: Funciones y tipos (2): http://flip.it/hit4I
—Apuntes: Funciones y tipos (3): http://flip.it/7W0qS

Las entradas en ellos son prácticamente todas de álbumes. Han sido incluidas por su orden de aparición, por lo que si un álbum es citado al comienzo del texto, su entrada en la revista de Flipboard está al final. Cada álbum se menciona una sola vez, que se corresponde con la primera que figura en el texto. He aprovechado la ocasión para mejorar los textos de Una breve historia y Una posible definición: he corregido algunas cosas y añadido varias notas.

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sábado, 9 de enero de 2016

Acabo de poner en amazon Una espléndida sinceridad. Comentarios a las obras de Robert Louis Stevenson (apoyados en opiniones de Chesterton), un libro que anuncié al publicar La eficacia del optimismo y Formas de la felicidad. En él reúno, repasadas y más completas, las notas que he venido publicando aquí el año pasado. A ellas les añado información biográfica de Stevenson, un comentario de conjunto de sus escritos, y nuevas y más extensas reseñas de algunas obras más conocidas (las infantiles y juveniles que figuran en la ficha de este sitio y que ya comenté, también, en Formas de la felicidad). La cubierta es, como las de anteriores libros, de Rodrigo Zaparaín.

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viernes, 8 de enero de 2016

Sigo con citas de Samuel Johnson, esta vez a propósito del oficio de crítico:

—«El deber de la crítica no consiste en despreciar, ni en dignificar mediante representaciones parciales, sino en sostener la luz de la razón, donde quiera que se encuentre; y promulgar las determinaciones de la verdad, sea cual sea el tema sobre el que se aplique».

—«La crítica de la sátira puede considerarse útil cuando rectifica los errores y mejora los juicios: quien refina el gusto del lector debe considerarse un benefactor público».

—«Aquello que nos sería indiferente a todos en su estado original puede atraer nuestra atención cuando lo relacionamos con la celebridad de un nombre. Un comentarista siempre está tentado a compensar con algo de crispación la poca dignidad de su oficio, y de ampliar su poca fortuna para que resulte atractivo lo que ningún arte ni esfuerzo consigue vigorizar».

—«Creo que el lector rara vez se alegra de que se anticipen a su opinión: es natural disfrutar más de lo que hacemos o conseguimos nosotros mismos que de lo que recibimos ya hecho. El juicio, como cualquier otra facultad, se incrementa con la práctica y su progreso se ve obstaculizado por las decisiones dictatoriales, igual que la memoria crece entorpecida si se usa una agenda. Sin embargo, cualquier destreza exige una iniciación: una parte debe ser infusa con preceptos, y otra parte obtenida con el hábito; he mostrado al aspirante a lector crítico todo lo que necesita para descubrir el resto por sí mismo».

—«Para valorar correctamente las acciones de un hombre se le debe comparar con la época en la que vivió y las oportunidades de las que dispuso, y aunque para el lector un libro no será peor o mejor según las vicisitudes de quien lo escribió, así como hay siempre una comparación tácita entre las obras de los hombres y sus habilidades, la curiosidad siempre está ocupada tanto en descubrir los instrumentos y en reconocer el trabajo esmerado, como en discernir cuanto puede atribuirse a los poderes originales y cuánto a una ayuda fortuita».

—«Quienes admiran la belleza de un gran poema a veces fuerzan su propio juicio para conseguir una falsa aprobación de sus piezas más pequeñas, obligándose así a creer que las personas admirables lo son sin fisuras».

—«Unos pocos, y son muy pocos, constituyen el gusto del momento; el juicio que ya se ha pronunciado se impone sobre los que son demasiado perezosos para discutirlo y los que son demasiado timoratos para contradecirlo: sin embargo, el poder de la crítica para rebajar una obra es superior al poder de exaltarla, pues la humanidad es más crédula ante la censura que ante el elogio».

Samuel Johnson. Ensayos literarios. Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2015; 580 pp.; trad. de Gonzalo Torné de la Guardia, Antonio José Rodríguez Soria, Ernesto Castro Córdoba; edición y prólogo de Gonzalo Torné; ISBN: 978-84-15863-87-8. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 7 de enero de 2016

Abro voces en el diccionario a Ana Alonso, Javier Pelegrín, Michel Girin.

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miércoles, 6 de enero de 2016

Abro voces en el diccionario a Diego Arboleda, Raúl Segospe y Ana Carlota González.

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martes, 5 de enero de 2016

Abro voces en el diccionario a Mac Barnett, Julie Fogliano y Britta Teckentrup.

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lunes, 4 de enero de 2016

Entre los álbumes para prelectores de los últimos meses mi primera elección seguramente sería ¡Qué viene el lobo! De los de primeros lectores Las cuatro estaciones desde el gran árbol me ha gustado mucho y Los huguis en: El Jersey nuevo y Los huguis en: Yo no he sido me han parecido muy hábiles e inteligentes. También El maravilloso mini-Pelicoso me ha parecido brillante y, aunque sea de hace algún tiempo, como dije, Ver la luz es un álbum encantador de perfecta ejecución y para cualquier edad.

Merecen grandes elogios las ediciones en castellano de libros antiguos, tan importantes en la historia de los álbumes y tan conseguidos como Los árboles son hermosos y El árbol generoso. Son notables, para lectores más expertos El bandido del colt de oro y las dos nuevas aventuras de Hilda, Hilda y la cabalgata del pájaro y Hilda y el perro negro.

De todos modos, el apartado en el que figuran los mejores álbumes del año es el de los que cabría llamar informativos. Mallko y papá es extraordinario y está fuera de cualquier categoría. Bestiario y Atlas del mundo son también de esos libros que cualquiera querría tener: amenos, divertidos, informativos, muy bien confeccionados. Hay más libros interesantes en este apartado pero los he leído en las dos o tres últimas semanas y, por tanto, no figuran en esta selección y los comentaré más adelante.

De los libros infantiles destacaría El turbante rojo por ser un libro póstumo de una de las mejores autoras de LIJ españolas de las últimas décadas. Luego, merecen una consideración especial las excelentes reediciones de LOS LIBROS DE OSITO, unos libros tan buenos y tan importantes en la historia de la LIJ. Aunque sea, por mi parte, un descubrimiento tardío, destaco Rasmus y el vagabundo. También en este apartado dejo para después algunos libros valiosos que me han llegado tarde.

No estoy contento de la selección de libros juveniles que presento (debería leer más pero, debo decir, he probado varias novedades no sólo muy desanimantes sino también largas) pero, si tuviera que recomendar dos (que no son estrictamente juveniles o, mejor, no están en colecciones juveniles) serían estos: La señorita Pym dispone y El Marciano. Tampoco estoy especialmente satisfecho de las demás novelas seleccionadas (he leído pocas estos últimos meses) pero, en cualquier caso, la más satisfactoria, para mí, ha sido El final de Sancho Panza y otras suertes.

En cambio, y por distintos motivos, sí que me impresionó Sincronización en Birkenwald, sí que disfruté con Correr para vivir, y sí que he aprendido mucho con los Ensayos literarios de Samuel Johnson. Pero, como dije ayer, las mejores lecturas de los últimos meses figuran en las secciones Relecturas y Robert Louis Stevenson.

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domingo, 3 de enero de 2016

De las novelas publicadas recientemente y citadas en la página, las que me han gustado de los últimos meses son:

   El final de Sancho Panza y otras suertes. Andrés Trapiello.
   El impostor. Javier Cercas.
   La banda de los Sacco. Andrea Camilleri.
   Hasta aquí hemos llegado. Petros Márkaris.
   Ve y pon un centinela. Harper Lee.
   Cosas de niños. David Wagner.

Otros libros: 

   de teatro: Sincronización en Birkenwald. Viktor Frankl.
   de memorias: Correr para vivir. Joseph Lopez Lomong.
   de ensayo: Ensayos literarios. Samuel Johnson.

A ellos habría que añadir los que han ido e irán apareciendo en la sección Relecturas y los que vienen e irán apareciendo los sábados, hasta hace poco libros de Robert Louis Stevenson y, desde hace unas semanas, libros de y sobre algunos importantes ilustradores.

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sábado, 2 de enero de 2016

Álbumes o novelas gráficas para lectores jóvenes que más me han gustado en los últimos meses:

   El bandido del colt de oro. Simon Roussin.
   Hilda y la cabalgata del pájaro y Hilda y el perro negro. Luke Pearson.
   Y esto, ¿qué es? Wolf Erlbruch y Jürg Schubiger.
   Iliana, la niña que escuchaba al viento. Carme Solé Vendrell y Antonia Ródenas.
   El árbol generoso. Shel Silverstein.
   Filemón y Baucis. Lemniscates.

Álbumes informativos:

   Mallko y papá. Gusti.
   Bestiario. Adrienne Barman.
   Nunca sonrías a un mono. Steve Jenkins.
   Atlas del mundo. Alexksandra Mizielinska y Daniel Mizielinski.

Libros infantiles:

   Lágrimas de cocodrilo. Pep Molist y Emilio Urberuaga.
   El niño que no sabía jugar al fútbol. Ernesto Rodríguez Abad.
   La vida secreta de Rebecca Paradise. Pedro Mañas Romero.
   La casa de los ratones. Karina Schaapman.
   El signo prohibido. Rodrigo Muñoz Avia.
   Pastel espacial. Philip Reeve.
   El turbante rojo. Montserrat del Amo.
Luego, aunque no es una novedad, para mí si lo ha sido
   Rasmus y el vagabundo. Astrid Lindgren.
Y, como acontecimiento especial, hay que destacar la reedición de
   LOS LIBROS DE OSITO. Else Minarik y Maurice Sendak.

Libros juveniles:

   Flora y Ulises. Las aventuras iluminadas. Kate DiCamillo.
   La tumba de Aurora K. Pedro Riera.
   La señorita Pym dispone. Josephine Tey.
   El Marciano. Andy Weir.
   Mentira. Care Santos.
   Me parto más. James Patterson y Chris Grabenstein.
   Hola, abuelo. Querida nieta. Peter Härtling.
   El amigo Fritz. Emile Erckmann y Alexandre Chatrian.

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viernes, 1 de enero de 2016

Los mejores álbumes para prelectores leídos en los últimos meses:

   El paseo del elefante. Hirotaka Nakano.
   ¡Qué viene el lobo! Vincent Bourgeau y Cédric Ramadier.
   La escalera roja. Fernando Pérez Hernando.
   QuiénQuéQuién. Olivier Tallec.
   Las vacaciones de Pingüino. Salina Yoon.
   El día de Chu. Adam Rex y Neil Gaiman.
   Dónde está el pollito de Rosalía. Pat Hutchins.
   ¡Ya llegó! y ¿Pequeño o grande? Hervé Tullet.
   Un mundo de colores y ¿Dónde está la cajita amarilla? David A. Carter.
   El pollito valiente. Robert Byrd.

Para primeros lectores:

   La historia de por qué los perros tienen el hocico húmedo. Øyvind Torseter.
   Recién pintado. Puño.
   El oso en el parque de juegos. Wolf Erlbruch y Dolf Verroen.
   Por qué la señora G. se volvió tan gruñona… Sonja Bougaeva.
   Felicio, Rey del rebaño. Olivier Tallec.
   Hamamelis y el secreto y Hamamelis, Miosotis y el señor Sorpresa. Ivar da Coll.
   Las cuatro estaciones desde el gran árbol. Britta Teckentrup y Patricia Hegarty.
   La marmota Pancha y el zorro. Carmen Segovia y Susan Blackaby.
   Cómo esconder un león a la abuela. Helen Stephens.
   El cocodrilo al que no gustaba el agua. Gemma Merino.
   Los huguis en: El Jersey nuevo y Los huguis en: Yo no he sido. Oliver Jeffers.
   El maravilloso mini-Pelicoso.  Beatrice Alemagna.
   Ver la luz. Emma Giuliani.
   Chancho-Pancho. Maurice Sendak.
   He llegado tarde porque... Benjamin Chaud y Davide Cali.

También para primeros lectores, ediciones en castellano, o reediciones, de valiosos álbumes antiguos:

   Los árboles son hermosos. Marc Simont y Janice May Udry.
   Varios libros del Dr. Seuss.
   La luna de Juan. Carme Solé.

Mañana pondré más álbumes: informativos y para lectores más mayores.

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