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Notas de enero de 2017 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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martes, 31 de enero de 2017

El guardián del árbol, de Anja Klauss y Myriam Ouyessad cuenta una leyenda inspirada en unas pinturas de Gustav Klimt.

A Minoa, una mujer anciana y sabia, o loca según algunos, la visita un chico llamado Khalil y ella le habla de las semillas de distintos árboles. El álbum comienza cuando Minoa le da una caja especial que le dice que ha de guardar con cuidado pues contiene una semilla única; luego ha de plantarla cuando llegue el momento y proteger su crecimiento. Así lo hace Khalil con ayuda de un halcón al que adiestra para que cace a los animales que amenacen el árbol. Cuando lo planta, crece de modo extraordinario y luego da un fruto que Khalil come; tiene entonces un sueño y ve que una gran amenaza se cierne sobre la ciudad de Ganhar.

La historia es atractiva y el álbum es tan colorista como se puede suponer. Al final hay unas explicaciones sobre Gustav Klimt, sobre Viena en su época, y sobre las pinturas de Klimt en las que se han inspirado las autoras —los bocetos de un árbol de la vida, para un mural, que están expuestos en Viena; y dos imágenes más, de una joven que representa la espera y de una pareja que se abraza—. También se explica cómo los elementos del álbum están inspirados en esas pinturas —los motivos de la ropa de Kahlil recuerdan los del árbol, las espirales del árbol son también los cabellos rizados, los rectángulos del abrigo de Khalil son los de las cajas de semillas o las casas de la ciudad, etc.—.

Anja Klauss. El guardián del árbol (Le gardien de l’arbre, 2015). Texto de Myriam Ouyessad. Barcelona: Juventud, 2016; 28 pp.; col. La Puerta del Arte; trad. de Susana Tornero; ISBN: 978-84-261-4395-2. [Vista del álbum en amazon.es]

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LemniscatesJardinM.jpg
lunes, 30 de enero de 2017

El jardín mágico, de Lemniscates, es un álbum informativo que, como el anterior Árboles, no da mucha información pero, con ilustraciones vistosas y alegres, muestra cosas y provoca preguntas. Su protagonista, una niña llamada Cloe, vive en un jardín mágico aunque se nos dice que ella no lo sabe. Pero se suceden escenas en medio del jardín y Cloe se detiene, mira y escucha: paso de las estaciones, gusanos a mariposas, insectos de todo tipo, pequeñas serpientes, pájaros y arañas, abejas… y flores, frutos… Cloe quiere saber más. Al final, algunas preguntas: ¿por qué la oruga se convierte en mariposa? ¿por qué las luciérnagas son luminosas?, etc.

Lemniscates. El jardín mágico (2016). Barcelona: Ekaré, 2016; 32 pp.; ISBN: 978-84-944988-1-7. [Vista del álbum en amazon.es]

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sábado, 28 de enero de 2017

Algunos trucos de composición literaria que Borges confesaba:

—[Al recontar un hecho sucedido hace mucho tiempo suelo ejecutar] «un viejo truco literario, el truco de simular que no sé absolutamente nada sobre muchas cosas, de modo que el lector crea en las otras».

—«En un relato me permito hacer (…) observaciones menores, de vez en cuando, a fin de evitar referir una historia totalmente desnuda o despojada».

—«Supongo que todos los escritores tienen que [atenuar las cosas], ya que si cuentan una historia improbable de una manera improbable, eso es decididamente descorazonador».

—«Yo creo que uno debería narrar los hechos como si no los entendiera del todo, puesto que así es la realidad. Si ustedes exponen un hecho dado y luego aseguran no saber nada en absoluto acerca de un segundo elemento, eso hace del primero un hecho real, ya que le otorga a la totalidad una existencia más extensa».

—«Se puede contar una historia sin ser muy vívido o visual. De hecho, yo pienso que si uno es muy vívido, está en efecto creando irrealidad, porque el hecho de ver las cosas de esa forma las desdibuja».

—[A veces doy mi propio nombre a un personaje del relato]. «Desde luego, no pretendo hacer una sátira de mí mismo. Es un viejo truco literario; lo mismo hizo Boswell cuando escribió La vida de Samuel Johnson. Hizo de él un personaje ridículo, pero no lo era. Boswell era un hombre muy inteligente».

—«No digo "el hombre es ciego", porque ese sería un enunciado algo amplio, sería muy afirmativo. Digo, en cambio, "el hombre, quien, dicho sea de paso, es ciego", y eso lo hace, creo, más eficaz. Es una voz diferente. Uno tiene que ir administrando la información a medida que avanza».

Jorge Luis Borges. El aprendizaje del escritor (1971-2015). Barcelona: Debolsillo, 2015; 176 pp.; col. Contemporánea; edición de Thomas di Giovanni, Daniel Halpern y Frank MacShane; trad. de Julián E. Ezquerra; ISBN: 978-8490625569. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 27 de enero de 2017

Se llamaba Carolina, de José Jiménez Lozano, se sitúa en un pueblo castellano poco después de terminada la Guerra civil española. Una compañía de artistas ambulantes prepara una representación de Hamlet y, por distintas razones, necesitan que actúen algunas personas del pueblo. En concreto, necesitan convencer a una joven maestra, Carolina, para que haga de Ofelia. La historia la narra uno de sus jóvenes alumnos y, al hilo de lo que va contando, surgen historias de amores y desamores en el pueblo que replican o recuerdan las de la obra de Shakespeare.

Igual que otros narradores de más novelas del autor, el de esta usa un tono coloquial y sencillo que, sin embargo, no le impide usar un vocabulario rico y hacer descripciones muy precisas. También, como es habitual en el autor, el modo expositivo conversacional puede hacer que muchos lectores no aprecien la enorme sofisticación narrativa de la novela ni su riqueza y profundidadad. Tal como explica con brillantez el largo prefacio, «Se llamaba Carolina es un prodigio de arquitectura, de densidad semiótica, de gracia y armonía; es el típico texto literario que se lee más de una vez y que en cada lectura descubre relaciones y sentidos nuevos».

Pero, eso sí, conviene hacer caso a lo que se indica: es un «Prefacio para leer entre la primera y la segunda lectura de Se llamaba Carolina». Así que se recomienda mucho leer la novela antes de abordar el prefacio, igual que también conviene conocer antes Hamlet, al menos básicamente o, como en la representación que se hará en el pueblo, aunque sea con textos recortados. Tal como le dice un personaje a Carolina: «Se trata de que la gente se encariñe tanto con los personajes de la literatura como con los santos, aprenda su lenguaje, y pensemos todos luego lo que dicen. Son amistades imprescindibles para la alegría y la seriedad del vivir, y más ahora que los españoles nos acabamos de matar unos a otros, y tenemos que purificarnos con la vergüenza y el pesar de haberlo hecho».

José Jiménez Lozano. Se llamaba Carolina (2016). Madrid: Encuentro, 2016; 240 pp.; col. Literaria; prefacio de María del Camen Bobes Naves; ISBN: 978-8490551400. [
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jueves, 26 de enero de 2017

De una de las mejores series de fantasía, tal vez la mejor, Los mundos de Chrestomanci, de Diana Wynne Jones, no han sido publicados en castellano los tres últimos libros: Conrad’s Fate, Pinhoe’s Egg y una colección de cuatro relatos cortos titulada Mixed Magic. Para completar el comentario a la serie, indico en esta nota los argumentos y, en una posterior, diré algunas cosas más.

Se ha de advertir, en primer lugar, que son relatos en los que solo se entra con facilidad si se conocen las novelas previas y las peculiaridades propias del mundo fantástico creado por la autora, aunque al final de cada libro hay unas explicaciones sobre los distintos mundos interrelacionados, sobre cómo se viaja de un mundo a otro y cómo afectan las cosas que uno hace a los mundos paralelos, acerca del oficio de Chrestomanci y las nueve vidas que poseen los sucesivos Chrestomancis, etc.

Conrad’s Fate tiene lugar en Stallery, una pequeña ciudad de los Alpes ingleses —estamos en el mundo Siete, en el que las islas británicas están unidas al continente—. El narrador es Conrad, un chico de quince años. Su tío le ha dicho muchas veces que tiene mala suerte por algún encantamiento que sufrió en una vida previa y que ha de arreglar cuentas con el culpable, que está en la Mansión Stallery, donde viven el Conde, su familia y su servidumbre. Así que le organizan las cosas para que se pueda introducir allí como uno más de los sirvientes, cosa que hace cambiando de apellido. Coincide allí con otro chico de su edad, amable pero también irritante, llamado Christopher que, según averigua pronto, también ha mentido sobre su apellido para entrar y tiene un objetivo: localizar a Millie, una chica que huyó del mundo 12 en el que ambos vivían. Conrad y Christopher comienzan sus averiguaciones, que les llevan a todos los rincones de la gran casa y a viajar por otros lugares. La trama, que al principio avanza lentamente, se va enredando mucho: con idas y venidas entre mundos distintos, con noviazgos que van contra lo esperado por los padres de unos y otros…

En Pinhoe’s Egg, una novela que, como la previa, empieza lentamente para ir complicándose después, hay dos protagonistas paralelos. La narración es en tercera persona y unas veces sigue a Marianne Pinhoe, una chica que descubrirá su propio poder y que, al principio, cuida de su loca y temible abuela Gammer, la gran matriarca de su familia. Otras veces el narrador sigue a Cat Chant, que vive con su tío en el castillo vecino, tiene quince años, y acaba encontrando un curioso huevo en casa de la abuela de Marianne. Los Pinhoe son una extraña familia que guardan en secreto la magia que poseen, que se llevan mal con otra familia rara, los Farleighs, y que no desea que el Gran Hombre, Chrestomanci (Christopher Chant), interfiera con ellos. Las cosas irán cambiando de signo con la entrada en escena de la joven y encantadora Irene Pinhoe, con la eclosión del huevo y el nacimiento de un grifo, y con la amistad entre Cat y Marianne —un hilo argumental paralelo a otro de Conrad’s Fate: Millie, la chica que Christopher buscaba en aquella historia, es su esposa en esta novela—.

En Mixed Magics hay cuatro relatos. Warlock at the Wheel (1984) es cortito y habla de un mago ladronzuelo castigado sin poder practicar magia, por lo que huye a otro mundo donde, cuando comprueba que allí sí puede hacer magia, asalta un banco…, pero al huir roba un coche en el que hay un perro y una niña pequeña dentro. Stealer of Souls (2000), el más largo de todos, habla de una visita de Tonino Montana (personaje de Los magos de Caprona) al castillo de Chrestomanci y Cat Chant, que ha de atenderle, no se siente muy cómodo con él; luego, de que ambos van a visitar al anciano Chrestomanci Gabriel de Witt, y de que son secuestrados por Neville Spiderman, el mayor de los magos malvados de la historia que busca capturar las vidas de los encantadores de nueve vidas —como Cat—, pero como Cat y Tonino no le dan sus verdaderos nombres no sabe cuál de los dos chicos es el que busca. Carol Oneir's Hundredth Dream (1986), tiene lugar poco después del relato anterior, cuando Chrestomanci y su familia están en Francia de vacaciones: una chica, Carol, tiene unos sueños proféticos que se interrumpen cuando está a punto de tener el sueño número 100, y su madre acude con ella para que Chrestomanci lo solucione. The Sage of Theare (1982), se ambienta en un mundo como de dioses antiguos que tiene la particularidad de que, en él, las profecías se cumplen: así que cuando se sienten amenazados por una intentan frenarla…, por lo que al final tendrá que aparecer por allí Chrestomanci.

Diana Wynne Jones. Conrad's Fate (2005). HarperCollins Children's Books, 2008; 352 pp.; ISBN: 978-0007278190. [Vista del libro en amazon.es]
Diana Wynne Jones. Pinhoe Egg (2006). HarperCollins Children's Books, 2007; 416 pp.; ISBN: 978-0007228553. [
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Diana Wynne Jones. Mixed Magics (2000). HarperCollins Children's Books, 2008; 176 pp.; ISBN: 978-0006755296. [
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miércoles, 25 de enero de 2017

Ya que hace unas semanas puse un libro en inglés de Hester Burton recuerdo ahora una novelita suya, corta y tensa, publicada en castellano años atrás y titulada Cinco días de agosto.

Dan, once años, dolido por la muerte reciente de su hermano mayor Nick, comienza las vacaciones con sus abuelos. En los alrededores de la casa hay una maltería en ruinas, en la que jugaba con su hermano en veranos anteriores y en la que tiene prohibido entrar pues es peligroso. Pero lo hace y, para su sorpresa, encuentra en el interior a Kevin, un chico escapado de la policía que es muy violento. Dan piensa que no pasará nada y le lleva comida, pero esto le causará dificultades: no dice nada a sus abuelos ni a otro chico del que se hace amigo esos días y los líos crecen. La tensión va en aumento según se agranda el conflicto interior de Dan, entre la obligación que cree tener, la de no delatar al chico fugitivo, y otra que sabe con seguridad que tiene, pues ve que callar ante sus abuelos y ante su amigo está mal.

La narración avanza mostrando los líos interiores crecientes de Dan: «¿Por qué sus padres no se lo habían llevado a Suiza? ¿Por qué le habían enviado hasta aquí para verse envuelto en tal embrollo? Había desobedecido a su abuelo, robado a su abuela y ahora había proferido la más estúpida de las mentiras. ¿Cómo podría salir bien librado de todo aquello?». Por otro lado, y como corresponde a un relato firmado por un buen autor, las cosas suceden sin buenismos pueriles, ni romanticismos tontos, ni soluciones ridículas, y Dan acaba teniendo que hacer frente a sus responsabilidades: «Su abuelo le miró y luego resopló. —Tienes once años, ¿no es cierto? De mala gana, Dan reconoció que, efectivamente, tenía once años. —Entonces, ya tienes edad para pensar más las cosas. No eres ningún tonto».

Hester Burton. Cinco días de agosto (Five August Days, 1981). Madrid: SM, 1997, 13ª ed.; 193 pp.; col. El barco de vapor, serie roja; ilust. de Arcadio LOBATO; trad. de Guillermo Solana; ISBN: 978-8434814547. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 24 de enero de 2017

Loco por los tiburones, de Owen Davey —autor también de Loco por los monos—, es un magnífico álbum informativo con mucha información y abundantes curiosidades, muy bien ordenadas y presentadas. En quince capítulos se habla de qué clase de animales son los tiburones, los distintos tipos que hay según sus aletas y otras cuestiones, del tiburón blanco, el tiburón martillo, los tiburones en la mitología, etc.

Las ilustraciones, en tonos grises, azules, rosas, van de acuerdo con el mundo submarino. Son descriptivas y esquemáticas cuando hace falta y más realistas en otras ocasiones. Hay páginas que muestran claras comparativas de tamaños. En general, como es habitual en muchos álbumes de este tipo, el diseño tiene un cierto aire retro.

Al final hay una página en el que el autor se pregunta ¿qué podemos hacer?, para ayudar a los tiburones, se entiende. Y dice que hay que cuidar la salud de los océanos. Para eso, propone al lector que camine, que use la bicicleta y haga todo lo que pueda para reducir la huella de carbono...; también, que consuma pescado y marisco sostenibles, que no eche residuos de plástico al mar, etc. ¿De verdad hacen falta estos comentarios en un álbum como este?

Owen Davey. Loco por los tiburones (Smart about sharks, 2016). Madrid: SM, 2016; 37 pp.; col. Busca y encuentra; trad. de Fernando Bort; ISBN: 978-84-675-9074-6. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 23 de enero de 2017

Cuéntame, de Ana Palmero Cáceres, es un álbum interesante por su origen y por su originalidad. En la cestería fabricada por la etnia Ye’kuana que vive al sur de Venezuela, en las riberas del Orinoco, se repiten ciertas figuras geométricas que representan animales o motivos de la naturaleza que aparecen en sus relatos populares. Con ellos la autora ha preparado un álbum de números, hasta el diez, utilizándolos —1 jaguar, 2 serpientes, 3 armadillos, 4 monos, etc.—, cada uno en dos colores sobre otro color de fondo, cuestión que no sé si tiene que ver o no con los animales correspondientes. Al final hay unas explicaciones breves.

Ana Palmero Cáceres. Cuéntame (2016). Barcelona: Ekaré, 2016; pp.; ISBN 978-980-257-379-0. [Vista del álbum en amazon.es]

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domingo, 22 de enero de 2017

Seis grandes escritores rusos, de Mariano Fazio, hace un buen resumen, e incita a la lectura, de algunas obras de Pushkin, Gógol, Turguenev, Dostoievski, Tolstoi y Chéjov.

De Pushkin, quien siempre se puede poner como contraejemplo a quienes piensan en que las obras rusas son largas y lentas, se acentúa que la precisión y la brevedad eran las cualidades que más valoraba: pocas novelas de aventuras más intensas y veloces que La hija del capitán, la primera novela histórica rusa.

Sobre Gógol, aparte de hablar de sus relatos cortos importantes —«todos salimos de El capote, de Gógol», dijo Dostoievski—, se subraya el mensaje de fondo de Tarás Bulba: «toda cultura, si quiere ser auténticamente humana, además de venerar sus raíces debe abrirse a lo universal: una cultura que se encierra en sí misma está destinada a perecer».

De Turguenev se apunta cómo, con Memorias de un cazador, puso «el dedo en la llaga de los prejuicios de clase y de la necesidad de preguntarnos continuamente por la justicia en las relaciones sociales»; también se habla por extenso de Padres e hijos, la primera obra literaria en donde se trata de los nihilistas, cuyo protagonista «piensa que entiende a las clases populares» pero «en el fondo también las desprecia, y él mismo es despreciado por ellas».

El autor dedica más espacio a Dostoievski e indica cómo, en su obra cumbre, Los hermanos Karamázov, «están presentes todos los temas de su visión del mundo: la libertad, el mal, el sentido de la existencia, etc.». Eso sí, advierte al lector de sus obras que ha de estar preparado: «Dostoievski no ayuda a descansar después de un día lleno de problemas».

También son bastantes las páginas sobre Tolstoi y obras como Anna Karenina y Guerra y Paz. Al indicar cómo algunos personajes de esta novela terminan descubriendo que «el secreto de la existencia plena radica en el olvido de sí y en la entrega a los demás», se subraya que «este mensaje es el que hace grande —a pesar de sus excentricidades e incoherencias— a Tolstoi».

Del último de los autores estudiados, Chéjov, «un maestro a la hora de reflejar la insatisfacción existencial de sus personajes», se señala cómo «sus narraciones a veces nos hacen sonreír, otras nos llenan de melancolía, todas nos hacen pensar. Se advierte un deseo de fe y esperanza que el autor admiraba pero no poseía». Aunque las intuyera, como se aprecia en su cuento preferido, El estudiante.

Un párrafo del final dice lo siguiente: «Durante el siglo de oro de la literatura rusa —siglo intenso entre las primeras obras de Pushkin y la muerte de Tolstoi— se formularon continuamente muchas preguntas. No solo giraron en torno a la identidad rusa. Muchas veces, con ocasión de la búsqueda del alma rusa, las preguntas derivaron a problemas más universales: ¿cuál es el sentido de la vida?, ¿qué nos espera después de la muerte?, ¿por qué sufren los inocentes?, ¿cómo hay que vivir para ser felices? Plantearse preguntas de largo alcance es ya un mérito para una cultura determinada. Ofrecer respuestas es aún más meritorio».

Mariano Fazio. Seis grandes escritores rusos (2016). Madrid: Rialp, 2016; 194 pp.; col. Biografías y Testimonios; ISBN: 978-8432147098. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 21 de enero de 2017

Algunas ideas de Borges sobre la creación literaria que aparecen en El escritor y su obra.

—«En general, un escritor, creo yo, no comienza con una idea abstracta. Comienza con una imagen que —circunstancia— viene a él. Creo que Kipling dijo que a un escritor le estaba permitido hacer fábulas y no saber cuál era la moraleja de esas fábulas. Esto se repite en los demás. El escritor propone símbolos. En cuanto al sentido de estos símbolos, o a la moraleja que pueda sacarse, esto es asunto de la crítica, de los lectores, y no la suya».

—«No creo que sea posible encontrar nuevas metáforas. Creo que hay metáforas que corresponden a afinidades verdaderas entre las cosas. Podríamos citar un montón de metáforas en que se trata de la vida y el sueño, de la muerte y el dormir, del tiempo y del río, de las estrellas y los ojos, de las mujeres y las flores. Diría que estas metáforas, estos lugares comunes, estas trivialidades si se quiere, son verdaderas metáforas. Todo hombre en un momento determinado de su vida piensa, o siente más bien, de esta manera. Cuando se quiere hacer nuevas metáforas, se inventan afinidades que no existen. No se obtiene otro resultado que pasmar o irritar un poco al lector».

—En un relato, «cuando las circunstancias aparecen o se inventan con facilidad, siempre existe el peligro de que se abuse de ellas. Es muy fácil decir que Fulano estaba en tal reunión; que antes era rubio, pero que ahora tiene los cabellos grises; que la corbata que llevaba se la había regalado un amigo ya muerto. Todo esto es de tan fácil invención que es necesario no abusar de ello».

Jorge Luis Borges. El escritor y su obra: entrevistas de Georges Charbonnier con Jorge Luis Borges (1967). México: Siglo Veintiuno, 1970; 92 pp.; trad. de Martí Soler.

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viernes, 20 de enero de 2017

El tren de las 3:10 a Yuma y otros relatos del Oeste, de Elmore Leonard, es una colección de quince relatos cortos del Oeste, los primeros del autor. El libro contiene una buena introducción con datos de Leonard y comentarios sobre su obra. Se cuenta en ella que las alusiones que hace a hechos históricos, en la narración o los diálogos, no tienen más función que dar aires de historicidad a los relatos y se subraya que Leonard se caracteriza por situar a sus personajes ante dilemas morales que son como encrucijadas y por ponerles a sus historias unos excelentes finales. Es el caso de Los cuatreros: el jefe de la banda debe resolver la situación creada por su alocado hermano y otro miembro de la banda que han robado un centenar de cabezas de ganado por su cuenta así que, en ausencia del sheriff, decide lincharlos.

Son amenos todos y excelentes algunos. Varios, como el que inicia el libro, El rastro de los apaches y otro titulado Infierno en el Cañón del Diablo, están protagonizados por una pareja característica: el militar experto que conoce a los indios y el joven oficial novato que, juntos, han de hacer frente a unos astutos y peligrosos apaches. Entre los demás hay variedad de argumentos y, de todos ellos, tal vez el mejor sea el que da título a la colección, El tren de las 3:10 a Yuma, de argumento conocido por las dos películas basadas en él, aunque aquí el sheriff que ha de montar en el tren, junto con un peligroso bandido al que ha de llevar a la prisión, no tiene por delante a media humanidad y todo es más sencillo y más creíble.

Un ejemplo del tono característico de muchos relatos, tomado de Infierno en el Cañón del Diablo. Uno de sus protagonistas es el joven teniente Gordon Towner. El narrador dice: «A veces parece que algunos hombres están señalados para hacer grandes cosas, mientras que otros tienen que desempeñar el papel de tonto o de cobarde, predestinados desde la eternidad. Pero si uno examina atentamente todos los casos, y eso quiere decir toda la gente que hay en el mundo, termina descubriendo un momento, una circunstancia en la que cada cual tiene que tomar una decisión que hace de él un hombre o lo malogra. A veces la suerte ayuda. Pero ocurre a menudo en el Ejército, especialmente en un puesto fronterizo, y ahora le estaba ocurriendo al joven Gordon Towner».

Elmore Leonard. El tren de las 3:10 a Yuma y otros relatos del Oeste (Three-Ten to Yuma, 1953). Madrid: Valdemar, 2016; 368 pp.; col. Frontera; trad. de Marta Lila Murillo; introducción de Alfredo Lara; ISBN: 978-8477028321. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 19 de enero de 2017

Uno de los mayores expertos en cómics y libros ilustrados dijo, recientemente, que Trazado, Un atlas literario, de Andrew DeGraff y Daniel Harmon, era el libro ilustrado del año 2016 y, si me guío por lo que yo conozco, firmo la misma opinión. Es, además, una buena ejemplificación de lo dicho ayer y anteayer: los buenos lectores se forman a partir de los libros sancionados como mejores por la historia, en los grandes libros del pasado encontramos la inspiración y esas palabras nuevas que necesitamos para los mejores libros del presente.

Andrew DeGraff, un conocido ilustrador que trabajó elaborando mapas para La guerra de las galaxias, Indiana Jones y El Señor de los anillos, ha preparado mapas basados en 19 obras literarias que no se habían cartografiado antes. En una introducción explica su concepción inicial, su forma de trabajar con el editor y autor de algunos textos Daniel Harmon, y los límites que al final tiene su trabajo. Cada obra tiene una presentación breve y, a continuación, se despliegan mapas de distinto tipo: a veces recorren todo el libro (escenarios sucesivos de Hamlet; uno por cada capítulo de Canción de Navidad); a veces se centran en algún o algunos aspectos (recorridos de los conejos en La colina de Watership; detalles del ballenero y de la ballena en Moby Dick; la huida en balsa de Huck Finn por el río...). A diferencia de los anteriores, algunos libros van con un solo mapa relativamente simple, como los que corresponden a Orgullo y prejuicio, a La vuelta al mundo en ochenta días, o a Un hombre bueno es difícil de encontrar (de Flannery O'Connor).

Lógicamente, el libro lo apreciará más quien conozca ya las obras de las que habla el autor (entre las que también están, por ejemplo, la Odisea, un cuento de Borges, uno de Kafka, Una arruga en el tiempo...). En algunos casos servirá para ir a buscar la obra original, en otros para releerla o releer algunos tramos, y en todos para admirar el talento y el enorme trabajo que los autores han desplegado en cada caso. Hay quien ha dicho que algunos mapas tienen una tonalidad oscura, que algunos requerirían unas dimensiones mayores para poder apreciar los detalles, que hay diferencias notables entre el tratamiento de unas y otras obras, y más cosas. Pero, como suele ocurrir con una obra de esta clase, este tipo de reproches y observaciones sobre aspectos tan pequeños son nimios —e incluso a veces parecen mezquinos— comparados con la magnitud del trabajo, que ojalá tenga continuación en otros libros semejantes.

Andrew DeGraff. Trazado. Un Atlas literario (Plotter. A Literary Atlas, 2015). Textos de Daniel Harmon. Madrid: Impedimenta, 2016; 127 pp.; col. El chico amarillo; trad. de Arnoldo Langner; ISBN: 978-8416542-51-2. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 18 de enero de 2017

Los comentarios de ayer se aplican, más todavía, a otra buena noticia editorial del año pasado: la primera edición en castellano de Más allá del Viento del Norte, de George MacDonald, uno de los libros fundacionales de la Literatura infantil como tal —entre otras cosas porque tiene uno de los personajes infantiles más conmovedores de la historia—, y, sin duda ninguna, uno de los libros más poderosos a la hora de tratar sobre la muerte de los niños.

Digan lo que digan muchos supuestos expertos, digan lo que digan esos artículos en la prensa sobre los preocupados que todos estamos al ver qué poco se lee…, los buenos lectores se construyen siempre llegando a libros antiguos o extraordinarios como este, a los libros sancionados como mejores por muchas generaciones de lectores. Me alegra poder desmentir, con notas como esta o como la de ayer, aunque sólo sea por unas semanas o unos días, lo que otras veces he dicho de que la mejor literatura nunca hay que buscarla en los escaparates,  donde hay luz.

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martes, 17 de enero de 2017

No son pocos los comentarios desacertados que se leen y oyen acerca de los libros infantiles antiguos. A mí me gusta recordar que los relatos de ficción tienen, como finalidad básica, ayudarnos a comprendernos mejor y a comprender mejor a los demás, y que muchos libros antiguos —en especial esos que han durado tantas generaciones y han sido leídos con gusto en tantas sociedades distintas— nos enseñan a entender las vidas y aspiraciones de personas de otro tiempo. Por eso es necesario proponer esos libros, una y otra vez, a los lectores niños y jóvenes y hacerles notar que a todos nos conviene saber escucharles con sus propias voces, que tal vez sean más lentas que las nuestras, sí, pero que con tanta frecuencia están mucho mejor articuladas.

Viene lo anterior a cuento de que, entre las buenas noticias editoriales del año pasado, una fue la nueva edición de Heidi, de Joanna Spyri, con buena traducción y excelentes ilustraciones. Es un libro que vale la pena conocer y dar a conocer pensando, una vez más, en este gran comentario de Natalia Ginzburg: que algunos libros antiguos hablan de sentimientos que «habían existido o existían a un paso de distancia», que «las palabras para expresarlos, verdaderas y falsas, existían»; que a muchos «hoy en día la honestidad, el honor, el sacrificio» nos parecen extraños a nuestro mundo pero que deberíamos «encontrar palabras nuevas y verdaderas para las cosas que amamos». Un posible comienzo para lograrlo es leer y ayudar a leer libros como este.

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lunes, 16 de enero de 2017

El Rey Rollo es un personaje creado en 1979 por David McKee que luego protagonizó una serie de dibujos animados. El protagonista tiene atuendo de rey medieval pero es, en su comportamiento, un niño; le acompañan el Mago, que viene a ser su padre; la Cocinera, que viene a ser su madre; el espabilado gato Hamlet, y sus amigos, el rey Fermín y la reina Carlota. Los Minilibros Rey Rollo son seis relatos amables que cuentan pequeños incidentes de vida familiar o vecinal. Están compuestos del modo más clásico: con una ilustración recuadrada en cada página que lleva unas pocas líneas de texto debajo. Se pueden poner como ejemplo, una vez más, de que hay un talento particular, que no todos poseen, para componer relatos para los más pequeños, que nada tiene que ver con la sofisticación gráfica o narrativa y mucho con saber sacar partido a las cosas más sencillas. El formato de minilibros en un estuche le da un encanto propio, que algunos valorarán por el tamaño adaptado a dedos pequeñitos..., pero una dificultad añadida para la lectura por el tamaño de la letra, que a otros les desanimará.

David McKee. Minilibros Rey Rollo. Son seis: Rey Rollo y el pan, Rey Rollo y el rey Fermín, Rey Rollo y los zapatos nuevos, Rey Rollo y la búsqueda, Rey Rollo y los platos, Rey Rollo y el baño. Barcelona: Ekaré, 2016, 2ª ed.; 26 pp. cada uno; trad. de Clarisa de la Rosa; ISBN: 978-84-944988-6-2. [Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 15 de enero de 2017

Hace tiempo leí aquí el discurso que Joseph Brodsky pronunció, en diciembre de 1988, en la ceremonia de graduación de la Universidad de Michigan, Ann Arbor. Lo he leído ahora, en castellano, en una colección de ensayos variados titulada Del dolor y la razón. Al principio de su discurso Brodsky se pregunta si podría transmitirles a sus oyentes «algo de la vida que pudiera serles útil o valioso», y, aunque afirma que existe «un muro invisible entre las generaciones, un telón irónico, por así decirlo, un velo transparente que casi impide el el paso de cualquier experiencia», y que, «como máximo, deja pasar la punta de algún consejo», se arriesga a proponerles algunas ideas y orientaciones. Elijo aquí unos párrafos, normalmente los que encabezan cada una de sus propuestas y, a veces, alguno más, y advierto que vale la pena leer el texto completo.

Estos consejos da Brodsky a sus jóvenes oyentes:

1. Ahora, y en el futuro, os compensará el esfuerzo de ser precisos con el lenguaje. Cuidad vuestro vocabulario como si se tratase de vuestra cuenta corriente. Dedicadle todo tipo de atenciones e intentad engrosarlo.

2. Ahora, y en el futuro, intentad ser amables con vuestros padres. (…) Si tenéis que rebelaros, rebelaos contra quienes no son tan vulnerables. Los padres constituyen una diana demasiado cercana (al igual que los hermanos, las hermanas, las esposas y los maridos): es imposible errar el tiro.

3. Intentad no conceder demasiada importancia a los políticos; no tanto por su estupidez o su deshonestidad, sin duda muy frecuentes, como por las dimensiones de su trabajo, excesivas incluso para los mejores de ellos, sean cuales sean el partido, la doctrina o el sistema político —o proyecto de tal— que consideremos. Como máximo pueden reducir algún mal social, no erradicarlo.

4. Procurad no sobresalir, procurad ser modestos. Somos muchos, y muy pronto vamos a ser muchos más. Por lo tanto, quien sube al escenario y se coloca bajo el foco lo hace a costa de los que no pueden. Que no nos quepa más remedio que pisarnos unos a otros no justifica que os subáis a los hombros de los otros. (…) Os aconsejaría también bajar el tono de vuestras voces, pero me temo que pensaríais que estoy yendo demasiado lejos. No olvidéis, sin embargo, que siempre hay alguien cerca de vosotros (…).

5. Intentad por todos los medios no caer en el victimismo. La parte del cuerpo más peligrosa es el dedo índice, siempre ansioso de señalar culpables. Un dedo que señala es el símbolo de la víctima, opuesto al signo de victoria y equivalente al de derrota. Por abominable que sea vuestra situación, procurad no echar las culpas a nada ni a nadie: la historia, el poder, los superiores, la raza, los padres, la fase lunar, la infancia, la etapa anal, etcétera. Las posibilidades son infinitas y tediosas, y su infinitud y su tedio justifican de sobra que nuestra inteligencia las rechace.

6. El mundo en el que estáis a punto de integraros no goza de buena reputación. (…) No es un lugar agradable, como muy pronto descubriréis, y albergo serias dudas de que cuando lo abandonéis haya mejorado un poco. Pero es el único mundo disponible: no existe alternativa, y aunque existiera, no tenemos garantías de que fuera mucho mejor. (…) Procurad no dar demasiada importancia a los que intenten hacer desdichada vuestra vida. (…) Sobre todo, intentad no contar historias sobre lo mucho que os maltrataron. (…) Cambiad de canal: no podéis dejar fuera de circulación a una cadena, pero sí contribuir al descenso de sus índices de audiencia. Esta solución probablemente no satisfará a los ángeles, pero la intención es dañar a los demonios, y por el momento eso es lo que importa.

Joseph Brodsky. Del dolor y la razón (From Pain and the Reason). Madrid: Siruela, 2015; 388 pp.; col. El Ojo del Tiempo; trad. de Antoni Martí García; ISBN: 978-8416280520. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 14 de enero de 2017

Tres textos de Borges acerca del trabajo literario.

Tomo uno de Con Borges. El autor hace un comentario revelador acerca de cuánto trabajo había detrás de su capacidad para la broma y el comentario ingenioso: «Observo cómo se prepara para una charla que debe dar en el Instituto Italiano de Cultura. La ha memorizado frase por frase, y repetido párrafo por párrafo, hasta que cada vacilación, cada aparente busca de la palabra correcta se haya asentado sonoramente en su cerebro. “Mis discursos públicos son como la venganza de un tímido”, dice riendo».

El otro está en El aprendizaje del escritor. Allí le preguntan cuánto tiempo elabora un poema en su cabeza antes de comenzar a dictarlo. Y Borges responde: «Naturalmente, hago borradores mentales que voy probando. Yo leí en Something of Myself (Algo de mí mismo) de Kipling que él probaba cada línea y que solo cuando las había purificado de errores, las escribía. Yo hago lo mismo. Mis primeros borradores los hago siempre caminando por la calle, como ya he dicho antes. Cuando me doy cuenta de que estoy por olvidarlo, dicto lo que tenga. Si no lo hago, me veo obstaculizado por el hecho de tener que retenerlo en la memoria. Luego continúo, puliendo y repuliendo».

Más en general, en ese mismo libro dice lo siguiente: «El oficio del poeta, el oficio del escritor, es un oficio raro. Chesterton dijo: «only one thing is needful, everything» (solo una cosa es necesaria, todo). Ese todo para un escritor es más que una palabra genérica; ese todo para un escritor es literal. Representa lo capital, lo esencial, representa las experiencias humanas».

Alberto Manguel. Con Borges (2004). Madrid: Alianza, 2004; 112 pp.; col. Alianza Literaria; ISBN: 978-8420643410. [Vista del libro en amazon.es]
Jorge Luis Borges. El aprendizaje del escritor (1971-2015). Barcelona: Debolsillo, 2015; 176 pp.; col. Contemporánea; edición de Thomas di Giovanni, Daniel Halpern y Frank MacShane; trad. de Julián E. Ezquerra; ISBN: 978-8490625569. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 13 de enero de 2017

Abro voces en el diccionario a Honoré de Balzac y a Wilkie Collins.

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jueves, 12 de enero de 2017

Abro voces en el diccionario a Jeanne Willis y Alice Melvin.

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miércoles, 11 de enero de 2017

Abro voces en el diccionario a Sean Taylor y Emily Hughes.

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martes, 10 de enero de 2017

Abro voces en el diccionario a Elisenda Roca y a Fernando Pérez Hernando.

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lunes, 9 de enero de 2017

Abro voces en el diccionario a Francesco Pittau y Bernadette Gervais.

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domingo, 8 de enero de 2017

En La expansión del cristianismo, Rodney Stark habla de cómo las ideas cristianas de que Dios ama a quienes lo aman eran extrañas y revolucionarias para las creencias paganas; indica que más extraña todavía lo era «la noción de que, debido a que Dios ama a la humanidad, los cristianos no pueden agradar a Dios a menos que se amen los unos a los otros», y la de que, «como Dios demuestra su amor por medio del sacrificio, los humanos deben demostrar su amor mediante el sacrificio a favor del prójimo».

Apunta también que, «como respuesta al caos, la miseria, el miedo y la brutalidad de la vida en el mundo de las ciudades grecorromanas», el cristianismo «ofreció tanto caridad como esperanza» y, con ellas, «una nueva base para la solidaridad social» pues, «en núcleos urbanos enfrentados a epidemias, incendios y terremotos, el cristiano ofreció atenciones y cuidados efectivos». Recuerda que, si Platón hablaba de arrojar a los mendigos fuera de las fronteras, el cristianismo enseñó que la misericordia era una de las virtudes esenciales.

Señala que muchos historiadores de hoy, reacios a tratar cómo las doctrinas pudieron haber moldeado los factores sociales, sienten como reacciones alérgicas cuando se les presentan argumentos que atribuyen la expansión del cristianismo a una teología superior. Sin embargo, el análisis de los datos y los hechos que presenta Stark conduce a una tesis que formula del siguiente modo: «Las doctrinas centrales del cristianismo hicieron surgir y mantuvieron organizaciones y relaciones sociales atractivas, liberadoras y eficaces».

Afirma que el cristianismo ofreció una cultura coherente, por un lado despojada de los componentes étnicos, y por otro acogedora con todos sin necesidad de pedirles que prescindiesen de sus vínculos étnicos. Estableció también un enfoque moral absolutamente incompatible con la despreocupada crueldad de la costumbre pagana de asistir a los espectáculos circenses habituales. Y, «finalmente, lo que el cristianismo devolvió a sus conversos fue nada menos que su humanidad. En este sentido, la virtud fue su recompensa».

Rodney Stark. La expansión del cristianismo. Un estudio sociológico (The rise of Christianity. A Sociologist Reconsiders History, 1996). Madrid: Trotta, 2009; 219 pp.; trad. de Antonio Piñero; ISBN: 978-84-9879-068-9. [Vista del libro en amazon.es]

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BorgesDiGiovanni.jpg
sábado, 7 de enero de 2017

Los textos de El aprendizaje del escritor proceden de una cinta magnetofónica en la que se había grabado el seminario sobre escritura que dio Borges en la Universidad de Columbia, en 1971. En ellos re recogen las conversaciones entre Borges, su traductor al inglés Thomas di Giovanni y los estudiantes que asistieron. Hay tres sesiones dedicadas a la escritura de ficción, a la escritura de poesía y a la traducción, todas ellas apoyadas en relatos y poemas de Borges. En la parte final interviene mucho Di Giovanni, como es lógico, y es él quien explica cosas, no sin algunas aclaraciones de Borges.

Además, al final hay una conferencia o alocución de Borges, en una recepción, en la que habló de la situación del joven escritor. En ella reivindica la seriedad de la literatura: «La literatura no es un mero juego de palabras; lo que importa es lo que no queda dicho, o lo que puede ser leído entre líneas. Si no fuera por este profundo ímpetu íntimo, la literatura no sería más que un juego, y todos nosotros sabemos que puede ser mucho más que eso». Y señala cuál es, en su opinión, la misión formativa de la universidad para un joven escritor… y para cualquiera: «Lo que una gran universidad debería ofrecer a un joven escritor es precisamente eso: conversación, discusión, el arte del acuerdo y, lo que es acaso más importante, el arte del desacuerdo».

Jorge Luis Borges. El aprendizaje del escritor (1971-2015). Barcelona: Debolsillo, 2015; 176 pp.; col. Contemporánea; edición de Thomas di Giovanni, Daniel Halpern y Frank MacShane; trad. de Julián E. Ezquerra; ISBN: 978-8490625569. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 6 de enero de 2017

Abro voces en el diccionario a Paco Roca y J. R. Moehringer.

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jueves, 5 de enero de 2017

He puesto datos de nuevas ediciones de Frankenstein, Breve historia del mundo, y de Santo Tomás de Aquino.

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miércoles, 4 de enero de 2017

Puestos a elegir libros de cada sección entre los mencionados días atrás, serían estos:

—álbumes para prelectores: Un hoyo es para escarbar, Míster Magnolia;

—álbumes para primeros lectores: La visita, Madeline;

—álbumes para lectores más mayores: Si yo fuera mayor…, Hija única;

—álbumes informativos: Teatro, Abejas;

—libros infantiles: La canción del corazón, El chico más veloz del mundo;

—libros juveniles: Calila y Dimna (edición reciente de José María Merino);

—cómics: La casa;

—libros de historia o periodísticos: El fin del “Homo sovieticus”, La juventud de Cervantes. Una vida en construcción;

—libros sobre ilustradores e ilustración: El cuento de mi vida. Una conversación con Roberto Innocenti.

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martes, 3 de enero de 2017

De las novelas o, en algunos casos, recopilaciones de relatos, citadas en la página, todas publicadas recientemente salvo la de Germán Arciniegas, las que me han gustado de los últimos meses son:

    Desde que el mundo existe. Rachel Field.
    El trampero. Vardis Fisher.
    Indian Country y El árbol del ahorcado y otros relatos de la frontera. Dorothy M. Johnson.
    El caballero de El Dorado. Germán Arciniegas.
    Lecturas de los rehenes. Yoko Ogawa.
    Mujeres excelentes. Barbara Pym.
    Me llamo Lucy Barton. Elizabeth Strout.

Libros de historia o periodísticos publicados recientemente que me han gustado:

    El fin del “Homo sovieticus”. Svetlana Aleksiévich.
    Insumisos. Tzvetan Todorov.
    El Viejo Trueno. Joseph Pearce.
    El campeón ha vuelto. J. R. Moehringer.
    Fariña. Nacho Carretero.
    Algunos hombres buenos. Octavio Ruiz-Manjón.

Otros libros de historia de hace más tiempo, que he leído hace poco y que son destacables:

    Los comuneros. Joseph Pérez.
    La América ingenua. Mariano Fazio.
    Imperios del mundo atlántico. John H. Elliott.
    La expansión del cristianismo. Rodney Stark.

Más libros de distinto tipo:

    El cuento de mi vida. Una conversación con Roberto Innocenti, Entrevista de Rossana Dedola.
    Comer sin miedo. J. M. Mulet.
    El arte de leer. W. H. Auden.
    Corre como un etíope. Marc Roig Tió.

Además, he puesto algunos libros sobre Cervantes y el Quijote que han sido de las mejores lecturas del año:

    Miguel de Cervantes: la conquista de la ironía. Jordi Gracia.
    Cervantes. Jean Canavaggio.
    La juventud de Cervantes. Una vida en construcción. José Manuel Lucía.
    Leer el Quijote en imágenes. José Manuel Lucía Megías.
    Mimesis conflictiva: Ficción literaria y violencia en Cervantes y Calderón. Cesáreo Bandera.
    Cervantes todavía. Ángel Pérez Martínez.

Y, después de la relectura de las principales novelas de Dostoievski para la nueva edición ampliada de La discreción del bien, una recomendación, para quien no la conozca, o la tenga un poco olvidada, o quiera comprender algunas cosas de nuestro entorno político y social: Los demonios.

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lunes, 2 de enero de 2017

Álbumes «para mayores» que más me han gustado en los últimos meses:

   Si yo fuera mayor… László Réber y Éva Janikovszky.
   El viaje. Francesca Sanna.
   Hechizos. Emily Gravett.
   Del maravilloso libro de Calila y Dimna. Rocío Martínez.
   Hija única. Guojing.
   Una última carta. Iris Samartzi y Antonis Papatheodoulou.

Álbumes informativos:

   Érase una vez un alfabeto. Oliver Jeffers.
   El Bosco. La extraña historia de Hieronymus, el gorro, la mochila y la pelota. Thé Tiong-Khing.
   Teatro. Ricardo Henriques y André Letria.
   El gran libro de los bichos, Yuval Zommer y Barbara Taylor.
   Yo persona y Lo que tú quieras. Ellen Duthrie y Daniela Martagón.
   Dientes de león. Hyun-Gyung Oh y Jang-Sung Kim.
   Abeja. Britta Teckentrup y Patricia Hegarty.
   Abejas. Piotr Socha.
   Perros y Gatos. Antonio Fischetti y Sébastien Mourrain.
   La línea del tiempo. Peter Goes y Silvia Vanden Heede.

Libros infantiles:

   Vacaciones en Suecia. Edith Alice Unnerstad.
   Los Seremosbuenos. Edith Nesbit.
   La canción del corazón. Kevin Crossley-Holland.
   El chico más veloz del mundo. Elizabeth Laird.
   Oliver y las marpelucas. Philip Reeve.
   Benicio y el prodigioso náufrago. Iban Barrenetxea.

Libros juveniles, incluyendo algunos que no se suelen considerar, o no se han editado como, juveniles (Calila y Dimna, el cómic de Paco Roca), alguno históricamente interesante (La edad ingrata), y el de Harry Potter, que es teatro y se dirige a quienes fueron lectores de la serie:

   El niño y el pueblo perdido. Pere Marti i Bertran.
   Los dragones del castillo ruinoso. Terry Pratchett.
   El bosque de la bruja y los calcetines mágicos. Jutta Richter
   Train Kids. Dirk Reinhardt.
   Calila y Dimna. Edición de José María Merino,
   Harry Potter y el legado maldito. J. K. Rowling, John Tiffany y Jack Thorne.
   La edad ingrata. Booth Tarkington.
   La casa. Paco Roca.

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domingo, 1 de enero de 2017

Los mejores álbumes para prelectores leídos en los últimos meses:

   Cuando era pequeño y Cuando sea mayor. Bernadétte Gervais y Francesco Pittau.
   ¡Mi mamá me adora! y ¡Mi papá me adora! Bernadétte Gervais y Francesco Pittau.
   De la A a la Z y Del 0 al 20. David Hawcock.
   Cuenta los pájaros. Alice Melvin.
   Mi mono y yo. Emily Gravett.
   Dos como ninguno. Britta Teckentrup.
   Cómo atrapar al monstruo de tu armario en 10 sencillos pasos. Manu Callejón y Laura Gamero.
   Osos. Emily Hughes y Sean Taylor.
   La casa durmiente. Audrey y Don Wood.
   Un hoyo es para escarbar. Ruth Krauss y Maurice Sendak.
   Kena la Hiena Buena. Ser el Mejor. Gustavo Mazali y Gabriela Arellano.
   Mis amigos. Taro Gomi.

Para primeros lectores:

   La calle mayor. Alice Melvin.
   Agente Ricitos. El Hematocrítico.
   Mi amigo Libro. Dasha Tolstikova y Kirsten Hall.
   Armando. Fernando Pérez Hernando.
   La visita. Antje Damm.
   ¿Qué animal será el ideal? Dr. Seuss.
   Fred. El amigo imaginario. Oliver Jeffers y Eoin Colfer.
   ¡Camacadabra! Alejandrina Alfaro y Antonia Barros.
   Cinco minutos de paz. Jill Murphy.
   El Príncipe Rana. Poly Bernatene y Jonathan Emmett.
   El árbol de la escuela. Emilio Urberuaga y Antonio Sandoval.
   Imelda y el Rey de los Duendes. Briony May Smith.
   El vuelo de la familia Knitter. Anna Castagnoli y Guia Risari.
   ¡Mi maestra es un monstruo! Peter Brown.
   La casa de los erizos. Mercé López y Ángel Domingo.
   La historia de la Navidad. Robert Sabuda.

Mañana pondré más álbumes: informativos y para lectores más mayores.

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