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Notas de octubre de 2005 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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lunes, 31 de octubre de 2005

No es fácil encontrar un nuevo libro de poesías infantiles realmente divertidas y con calidad, y menos aún que funcione magníficamente como álbum ilustrado. Pero sí existen: véase Chamario, de Eduardo Polo.

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domingo, 30 de octubre de 2005

Insiste Anne Applebaum a lo largo de su libro Gulag en que las historias de cada tragedia masiva del siglo XX han sido únicas y en la importancia de conocerlas bien. Mi libro, dice al final, «no ha sido escrito "para que no se vuelva a repetir", tal como dice el cliché. Este libro ha sido escrito porque casi con seguridad ocurrirá otra vez. Las filosofías totalitarias han tenido, y continuarán teniendo, un gran atractivo para millones de personas. La destrucción del "enemigo objetivo" como decía Hannah Arendt, sigue siendo una meta fundamental de muchas dictaduras. Necesitamos saber por qué, y cada relato, cada texto de memorias, cada documento de la historia del Gulag es una pieza de este rompecabezas, una parte de la explicación». Y sí, nuestra sociedad consumista también tiene sus «enemigos objetivos».

Anne Applebaum. Gulag: historia de los campos de concentración soviéticos.

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sábado, 29 de octubre de 2005

Existe una diferencia entre realismo de contenido y realismo de presentación. Ambos son independientes entre sí, aunque indudablemente pueden mezclarse. Así, Tolstoi con Guerra y Paz o George Eliot con Middlemarch, componen obras con realismo de contenido y de presentación: nos sentimos inclinados a decir "la vida es así". La tragedia francesa es realista de contenido pero no de presentación. Los romances medievales lo son de presentación pero no de contenido. Y hay obras sin ninguna de las dos clases de realismo, como Edipo Rey o Orlando furioso. El lector maduro sabe que que cada libro ha de tener el tipo de realismo que pretenda tener y no se verá engañado por ninguno, porque no confunde el arte con la vida ni con la filosofía.

C. S. Lewis. La experiencia de leer.

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viernes, 28 de octubre de 2005

Uno de los libros más poderosamente atractivos que se han escrito nunca en castellano es El bosque animado, de Wenceslao Fernández Flórez. Con una prosa completamente mágica, distintas historias se combinan para realizar una pormenorizada descripción de un bosque gallego. Unas están protagonizadas por animales y son como fábulas, y otras hablan de algunos personajes que viven en el bosque, y todas logran emocionar y divertir al lector.

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jueves, 27 de octubre de 2005

No creo que a El espía, de Fenimore Cooper, se le pueda calificar exactamente como el primer thriller, aunque ciertamente trata de un personaje que, durante la guerra de independencia norteamericana, pasa información de un lado al otro. Es un espía fiel, un hombre que se mueve por patriotismo, que sabe que su trabajo quedará sin reconocimiento público, y que incluso renunciará a cualquier compensación económica privada. En cualquier caso, se le puede conceder el primer puesto cronológico entre las novelas con esa clase de protagonista, de las que iré mencionando algunas en las próximas semanas.

Fenimore Cooper. El espía (The Spy, 1821); Madrid: Círculo de amigos de la Historia, 1971; 351 pp.; ISBN: 84-225-2991-2; agotado.

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miércoles, 26 de octubre de 2005

Es una satisfacción que haya vuelto al mercado la edición de Pinocho, de Carlo Collodi, con las fantásticas ilustraciones de Roberto Innocenti. Collodi compuso Pinocho como una continua lección moral y con prisas debido a las urgencias de la revista donde debían ir apareciendo sus capítulos. Pero consiguó un relato con personajes y resonancias inolvidables, entre las que destaca Gepeto y su inalterable amor por su hijo, rebelde al principio y agradecido al final.

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martes, 25 de octubre de 2005

Como cuenta en su libro autobiográfico Cautivado por la Alegría, C. S. Lewis aprendió personalmente que, en ese mundo de fantasía al que se accede siendo niño, hay intuiciones profundas que vale la pena seguir hasta el final. Con las Crónicas de Narnia quiso avivar en sus lectores esa conciencia y hacerles notar que no deben desecharlas cuando crezcan. Y, de hecho, una de las líneas de fuerza de las novelas es, justamente, cómo los personajes comprueban que las enseñanzas que aprendieron con las historias y las rimas infantiles tenían razón.

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lunes, 24 de octubre de 2005

Por terminar con la serie de libros que contienen fábulas, se puede recordar el libro titulado justamente así, Fábulas, y firmado por Arnold Lobel, uno de los grandes escritores del siglo XX para primeros lectores. Aunque los libros más conocidos de Lobel son los de su serie de Sapo y Sepo, estas fábulas son también excelentes y demuestran que hoy, como siempre, ningún buen escrior teme a las moralejas clásicas.

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domingo, 23 de octubre de 2005

Me ha gustado mucho Gulag, de Anne Applebaum (quizá gustado no sea la mejor palabra). Son interesantes y acertadas las distinciones que hace para señalar cómo «el Gulag y Auschwitz pertenecen a la misma tradición intelectual e histórica», pero a la vez son distintos, «tanto entre sí como respecto a otros sistemas de campos establecidos por otros regímenes». Me ha convencido la explicación de por qué todos esos hechos espantosos, tan conocidos, «no han penetrado en la conciencia colectiva occidental» como lo han hecho los del nazismo. Y comparto el subrayado que hace de que resulta lamentable el espectáculo de occidentales que se sentirían incómodos al pensar en llevar una esvástica, pero no tienen inconvenientes en llevar la hoz y el martillo en la camiseta o en la gorra: «Mientras el símbolo de un asesinato masivo nos llena de horror, el símbolo de otro asesinato masivo nos hace sonreír».

Anne Applebaum. Gulag: historia de los campos de concentración soviéticos (Gulag. A History, 2003). Barcelona: Debate, 2004; 670 pp.; col. Debate historias; trad. de Magdalena Chocano; ISBN: 84-8306-578-9. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 22 de octubre de 2005

El Guernica de Picasso fue la «última pintura moderna de primera magnitud que tomaba su tema de la política con la intención de cambiar la manera de entender y sentir el poder de la mayoría de la gente». Aunque con posterioridad se han producido algunas obras con referencias políticas, «la idea de que un artista, pintando o esculpiendo, puede introducir imágenes en la corriente de la opinión pública, cambiando de este modo el discurso político, ha desaparecido, probablemente para bien, junto con el ideal decimonónico del artista como hombre público». Y, sigue Hughes, «por lo que a la política de hoy se refiere, la mayoría del arte aspira a la condición de hilo musical. Proporciona la arrulladora música de fondo para el poder».

Robert Hughes. El impacto de lo nuevo.

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viernes, 21 de octubre de 2005

En un ensayo de David Lodge se habla de que algunas novelas nos dan un conocimiento convincente de cómo es la conciencia de la gente de modo que, al terminarlas, nos dejan la impresión cierta de que hemos aprendido a comprender mejor a los demás. Son novelas que se adentran en cómo los hombres interpretamos el mundo en nuestro interior y en cómo nos equivocamos, en cómo analizamos las cosas y sospechamos de nuestras motivaciones o de las de los demás...

Y eso es lo que nunca ninguna película consigue nunca reflejar. En una película, aspectos como la expresión facial y el lenguaje corporal, la imaginería visual y la música, pueden aportar información pero carecen en cambio de precisión y capacidad discriminatoria, pues apelan a emociones básicas, obvias: el miedo, el deseo o la dicha. Con las palabras, por el contrario, podemos trabajar hasta el extremo los matices psicológicos.

David Lodge. La conciencia y la novela - Crítica literaria y creación literaria (Consciousness and the Novel, 2002). Barcelona: Península, 2004; pp.; col. Atalaya; traducción de Miguel Martínez Lage, con la colaboración de Eugenia Vázquez-nacarino; ISBN: 84-8307-610-1.

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jueves, 20 de octubre de 2005

La primera y más conocida de las expediciones promovidas y capitaneadas por el noruego Thor Heyerdahl fue La expedición de la Kon-Tiki, una historia cuya narración dejó una huella profunda en muchísimos lectores y sigue teniendo interés hoy.

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miércoles, 19 de octubre de 2005

Si pensamos en que Rastros de tinta es la novela con la que debuta Paul Bajoria, podemos elogiarla. Sigue habiendo demanda para relatos ambientados en el Londres victoriano y narrados por otro joven y entrometido huérfano más, en este caso un ayudante de un impresor que acaba en el centro de un misterioso misterio en el que también se involucra otro huérfano que se parece muchísimo al primero y que también conoce como la palma de su mano los bajos fondos. En este caso los inevitables toques propios de una novela infantil-juvenil escrita hoy –protagonismo femenino, amor a los animales, etc.—, aunque podamos discutir si corresponden a la época, no lastran la historia. Sí lo hace sin embargo la prisa con la que se narra todo. Y es que los autores que deciden volver a la época victoriana, y que podrían escribir buenas historias, deberían darse cuenta de que va contra sus intereses hacer avanzar todo demasiado rápido. Si se fijaran más en los maestros Charles Dickens y Wilkie Collins verían que si contaban las cosas con calma era porque, aunque sabían muy bien que cualquier lector está deseando que lleguen unas coincidencias formidables, sabían igual de bien que no se puede apurar el paso para que se produzcan. En fin, difícil parece que se arregle la cuestión en las secuelas que vienen.

Paul Bajoria. Rastros de tinta (The Printer’s Devil, 2004). Barcelona: Destino, 2005; 318 pp.; col. La isla del tiempo; trad. de Marc Rosich; ISBN 84-08-05931-9.

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martes, 18 de octubre de 2005

Después de preparar un librito sobre las Crónicas de Narnia, que no tardará en salir, espero, en las próximas semanas iré haciendo comentarios a propósito de ellas, e iré recogiendo algunas citas de C. S. Lewis de las muchas que he tomado de sus libros.

Para comenzar, de las Crónicas de Narnia puede decirse que, si no fueron fundacionales de un género, sí fueron un hito decisivo en la historia de la literatura infantil. Entre otras cosas porque Lewis tuvo muy presentes las peculiaridades propias de la Literatura infantil y se propuso escribir para niños sin bajar el nivel de vocabulario ni de lenguaje ni de ideas.

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lunes, 17 de octubre de 2005

Si hace unas semanas hablé de Paul Rand y su magnífico Little 1, hoy le toca el turno a una historia similar: Historia del uno, de María de la Luz Uribe y Fernando Krahn, un ilustrador del que también comento otros álbumes excelentes.

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domingo, 16 de octubre de 2005

Hubo un tiempo y un mundo en el que abundaban los fanáticos de lo políticamente correcto. Gobernaba entonces un rey llamado Quimby II, que aprobó algunas leyes con un intento decidido de que todas las afirmaciones que se hicieran fueran realmente precisas. Así, «si una leyenda hablaba de un célebre héroe y decía que "todos los hombres admiraban sus proezas", cualquier bardo que apreciase su vida añadiría rápidamente "excepto un par de personas en su pueblo natal que le consideraban un mentiroso y un montón de gente más que en su vida había oído hablar de él". Los símiles poéticos quedaban estrictamente limitados a afirmaciones como "su poderoso corcel era veloz como el viento en un día bastante tranquilo, pongamos Fuerza Tres". Lamentablemente, al final Quimby fue asesinado por un poeta descontento durante un experimento realizado para demostrar la discutida precisión del proverbio "La pluma es más poderosa que la espada", y en honor a él se acordó añadir, "sólo si la espada es muy pequeña y la pluma muy afilada"».

Terry Pratchett. La luz fantástica (The Light Fantastic, 1986). Barcelona: Plaza & Janés, 1998; 277 pp.; col. Los Jet; trad. de Cristina Macía; ISBN: 84-01-47944-4.

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sábado, 15 de octubre de 2005

Flannery O'Connor: «Tiendo a desconfiar de cualquiera que defina la novela y lo que no lo es. Me temo que alguien me excluya. La gente tiene sus motivos para usar la novela: Hemingway tenía que probar su hombría; V. Woolf tenía que hacer de ella un laboratorio y A. Huxley tenía que convertirla en un lugar para dar charlas. En su caso, supongo que ninguno de ellos podría haber escrito de otro modo. Puedes criticar lo que hicieron con ella, pero tienes que permitir que la definición sea lo suficientemente vaga para incluirlos».

Flannery O´Connor. El hábito de ser.

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viernes, 14 de octubre de 2005

Hace unos días citaba, de paso, La muerte de Ivan Ilich, de León Tolstoi. Del autor ruso, en la línea de los relatos que hablen de padres e hijos, se puede recordar Infancia, adolescencia y juventud, donde también se revela el dolor de un hijo al ver el comportamiento inmoral de su padre.

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jueves, 13 de octubre de 2005

Otra gran aventura marinera contada en primera persona es la de Joshua Slocum, Navegando en solitario alrededor del mundo. El autor empezó en 1898 un viaje que duró dos años y lo contó luego con amenidad y consiguiendo pasar con nota el test de que la jerga marinera no impida leerlo y disfrutarlo a cualquier lector.

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miércoles, 12 de octubre de 2005

Se ve que Frank Cottrell Boyce, ganador del último premio Carnegie por Lluvia de millones, es un bromista nato (quizá influya lo de ser padre de siete hijos). Cuando le preguntaron cuál es su santo favorito dijo que San Piro, a quien también cita el pequeño Damian en el libro, un santo galés al que encontraron con una borrachera de muerte en el fondo de un pozo pero al que hicieron santo por un error administrativo. Un santo así, dice, nos da esperanza a todos.

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martes, 11 de octubre de 2005

Del decimonónico Juan Eugenio de Hartzenbusch se puede recordar la fábula del camello que le dijo al dromedario: «—Comparado contigo, / ¡cuánto más valgo! / —No cabe duda: / yo tengo dos jorobas; / tú tienes una». Ilustra bien, creo yo, las actitudes de los políticos que replican con un «pues yo más». Imagino a veces lo bien que nos lo pasaríamos con un parlamentario que supiera replicar con fábulas oportunas y en su momento dijera, por ejemplo, citando a Iriarte, «cuando en las obras del sabio / No encuentra defectos, / Contra la persona cargos / Suele hacer el necio». Pero quizá el talante de partido, nosotros somos los buenos y ellos son los malos, lo haga imposible: hay modos de pensar que son castrantes.

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lunes, 10 de octubre de 2005

En la literatura popular y, por tanto, en la literatura infantil, se suele decir que se leen personajes y no libros... Un ejemplo dentro de los álbumes son los protagonizados por Matías, que firma Rocío Martínez. Los primeros son también no sólo álbumes de personaje sino buenos álbumes que hablan de arte, y el último, Matías pierde su lápiz, es una pequeña historia de amistad.

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domingo, 9 de octubre de 2005

Northrop Frye: «Cualquiera que haya cruzado la divisoria entre el arte y la realidad ha compartido la experiencia del hombre de la parábola taoísta que soñó que era una mariposa y al despertar se preguntó si no sería una mariposa que soñaba con ser hombre. En las artes la realidad y la ilusión se intercambian los papeles; se apagan las luces de la casa y se encienden las del escenario. Pero con frecuencia llega al final un momento desconcertante y melancólico, cuando la realidad de la ilusión no se ha disipado del todo y la ilusión de la realidad no se ha reafirmado del todo y hemos de preguntarnos qué significa haber estado tan encantados por lo que ya no está, evidentemente, ahí».

David Cayley. Conversación con Northrop Frye.

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sábado, 8 de octubre de 2005

Afirma Paul Johnson que «las universidades son las instituciones más sobrevaloradas de nuestro tiempo. (...) Existe el mito de que las universidades son custodios de la razón. A decir verdad son invernáculos donde florece el extremismo, la irracionalidad, la intolerancia y el prejuicio, donde el esnobismo social e intelectual se cultiva casi deliberadamente y donde los profesores procuran contagiar a sus estudiantes su propio pecado de orgullo». No sé si exagera pero George Steiner también dice algo parecido: «Son los profesores (y sus asustados decanos) los que han quebrantado el "juramento hipocrático" de buscar la verdad, de proponerse lograr claridad en sus juicios, de arriesgarse a la impopularidad, cosa que un profesor tiene que hacer, aunque sea en su silencioso fuero interno, cuando obedece a su vocación. Las consecuencias –que llegan hasta la banalización del programa de estudios, del proceso de examen, de los nombramientos para puestos en los colleges y universidades, de la publicación seria y la financiación— han sido dañinas».

Paul Johnson. Al diablo con Picasso y otros ensayos (To Hell With Picasso, 1996). Buenos Aires: Javier Vergara, 1997; 315 pp.; trad. de Carlos Gardini; ISBN: 950-15-1795-0.
George Steiner. Lecciones de los maestros.

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viernes, 7 de octubre de 2005

«El dogmático dice "Lo sé"; el escéptico dice "No lo sé"; y el crítico intenta hacerse una idea de lo que sabe y lo que no sabe», dice Northrop Frye. Y continúa: «Creo que un crítico debe hacer juicios de valor sin olvidar en ningún momento que son sumamente provisionales, pero no puede dejar de hacerlos, porque gran parte de su actividad es anticonceptiva. Es decir, que indica a sus lectores lo que es probable que permanezca y lo que ha resultado un aborto al nacer». Y más adelante: «Lo único que el crítico nunca debe intentar hacer es decir al escritor cómo debe escribir o que, si hubiera hecho tal y cual cosa, habría podido escribir un libro mejor. A veces se puede sugerir algo así, pero no es ésa la función crítica. La función crítica es la de tomar el libro tal como se presenta y decir lo que vemos en el libro».

David Cayley. Conversación con Northrop Frye (Northrop Frye In Conversation, 1992). Barcelona: Península, 1997; 154 pp.; col. Historia, Ciencia, Sociedad; trad. de Carlos Manzano; ISBN: 84-8307-056-1.

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jueves, 6 de octubre de 2005

Una de las más influyentes aventuras marineras de siempre la protagonizó en 1834, y la contó en 1840, un universitario de Boston llamado Richard Henry Dana, en Dos años al pie del mástil. Es un relato realista sobre la vida en la mar, como un gran reportaje donde se nos dice pronto que cualquier joven marinero enseguida se despoja de cualquier ropaje mágico que hubiera imaginado y descubre que debajo no se «contiene otra cosa que trabajo y sufrimiento. Ésa es la luz con la que hay que mirar la vida del marinero».

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miércoles, 5 de octubre de 2005

El otro fabulista español, contemporáneo de Iriarte, es Félix María de Samaniego, cuyas Fábulas tomaban prestados muchos argumentos de La Fontaine y cuyo talante indicaba él mismo con un «me valgo de los animales para instruir a los hombres». Sus pequeñas historias tienen gracia y en ellas no faltan ni las orientaciones guiadas por la búsqueda del propio interés ni otras con referencias más altas: «Si haces lo que estuviere de tu parte, / pide al cielo favor; ha de ayudarte».

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martes, 4 de octubre de 2005

Auden
decía que Oscar Wilde era un conversador innato y no un escritor innato, «un maestro de la palabra improvisada a tenor del estímulo del momento». Son conocidas muchas de sus frases ingeniosas, por ejemplo la de que «como mi querido San Francisco de Asís, estoy casado con la pobreza. Lo malo es que, en mi caso, no es un matrimonio que vaya bien. Detesto a la novia que se me ha entregado». Wilde, que siendo joven no se convirtió al catolicismo porque, dijo, «convertirme al catolicismo equivaldría a sacrificar mis dos máximos dioses, el dinero y la ambición», lo hizo sin embargo poco antes de morir, cuando esos dioses le habían probado de sobra hasta donde podía llegar con ellos. San Francisco se dio cuenta mucho antes.

W. H. Auden. Prólogos y epílogos (Forewords and Afterwords). Barcelona: Península, 2003; 237 pp.; col. Ficciones; trad. de Miguel Martínez-Lage; ISBN: 84-8307-558-X. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 3 de octubre de 2005

Aunque ayer era el día más apropiado para este comentario, he decidido colocarlo hoy por conservar la pauta de dedicar los lunes a los álbumes ilustrados. En la misma línea que ha dado lugar a una película tan memorable como El cielo sobre Berlín, de Win Wenders, se puede inscribir también uno de los mejores álbumes de las últimas décadas: El ángel del abuelo, de Jutta Bauer.

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domingo, 2 de octubre de 2005

Uno de los personajes pintados por Dostoievski en Los demonios indica por qué las proclamas de algunos políticos tienen éxito: «¡Todo el secreto de sus efectos consiste en su estupidez! Sí, señoras y señores, si esa estupidez fuera deliberada, calculadamente fingida, ¡ah, eso sería una ocurrencia genial! Pero hay que ser absolutamente justo con ellos: no han fingido nada. Se trata de la estupidez más sencilla, más candorosa, más limitada... (...) Si hubieran puesto un ápice más de perspicacia, todo el mundo habría visto enseguida la absoluta nimiedad de esa estupidez. Pero ahora todo el mundo anda perplejo: nadie piensa que puede ser una estupidez elemental. "Imposible que eso no venga con segundas", dice para sí cada cual, poniéndose a buscar el secreto, viendo en ello un misterio, queriendo leer entre renglones... ¡y así se logra el efecto! Nunca antes ha recibido la estupidez tan triunfal galardón a pesar de haberlo merecido muy a menudo... Porque, (...) la estupidez, como el genio eximio, son de pareja utilidad en la configuración del destino humano...».

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sábado, 1 de octubre de 2005

Cuenta George Steiner en Errata que una vez su padre le leyó, en su cumpleaños, el canto XXI de La Ilíada donde Licaón pide perdón a Aquiles pero éste lo mata: «Llevar dentro de uno mismo este relato (aprenderlo de memoria) es poseer una guillotina contra la ilusión. Junto con La muerte de Iván Ilich, de Tolstoi (Tolstoi es uno de nuestros más eximios lectores de La Ilíada), el fatalismo de Aquiles —su ternura momentánea, vacía como los ojos de las figuras arcaicas griegas— nos instruye contra nuestra propia trivialidad».

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