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Notas de octubre de 2006 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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martes, 31 de octubre de 2006

Leo que acaba de fallecer Colin Thiele, un escritor australiano del que yo sólo conozco El faro de Hammerhead, un relato que conjuga bien emotividad y naturalidad.

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lunes, 30 de octubre de 2006

Desde hace años son frecuentes los álbumes sobre museos. Uno bueno, por ejemplo, es Lucas, un detective en el museo, con imágenes de Lauren Child y texto de Alexander Sturgis, uno de los conservadores de la National Gallery de Londres.

Hace pocas semanas ha llegado al mercado español un álbum acerca del MOMA de Nueva York, firmado por Lane Smith y Jon Scieszka. A pesar de su atractivo diseño y del probado talento de los autores, no es especialmente brillante: quizá porque algunas obras de arte moderno no son para ver en formato pequeño, quizá porque antes de llegar a ellas hay que pasar por otra clase de obras, quizá porque un libro infantil debe centrar mejor el tiro y no intentar abarcar demasiado...; y sobre todo porque la historia de un chico que intenta encontrar a su amigo Art en el museo no es gran cosa. A esto se ha de añadir la dificultad de traducir la frasecilla que contiene la gracieta del relato, la pregunta que formula el protagonista una y otra vez a los transeúntes: «Have you seen Art?»: en castellano el protagonista se llama Artemiro, Arte para los amigos, y la preguntita es «¿Ha visto a Arte?»...

Lane Smith. MOMA: En busca de Arte (Seen Art?, 2005). Texto de Jon Scieszka. Barcelona: Serres, 2006; 43 pp.; ISBN: 84-7871-643-2.

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domingo, 29 de octubre de 2006

Wayne Booth:
 «Algunos de los errores de interpretación más increíbles que conozco se han producido cuando un lector inteligente se ha permitido penetrar, con excesiva confianza, en un terreno poco conocido. De hecho, contamos en esto con una ley clara y absoluta, aun tratándose de un campo en [el que] no hay absolutos: cuanto más alejada me resulta una obra (alejada de mi siglo, país, familia, profesión, iglesia, club, generación) tantos más errores cometeré en un momento determinado de la lectura. (…) La confianza en mis inferencias debe variar en sentido inverso a la distancia, y en el caso de tener que hacer inferencias cuando me muevo en un terreno que me resulta poco familiar (y esto es algo que ocurre con frecuencia) mis esfuerzos por llegar a conocerlo deben ser directamente proporcionales a la distancia. Los miembros de los consejos de administración deberían hacerse preceder de expertos en reconocimiento del terreno cuando se aventuran por el mundo de la prensa underground o incluso si se trata del boletín oficial de los alumnos; los especialistas en Swift harían bien si se abstuvieran de hacer comentarios sobre las máximas de Confucio en tanto no hayan dedicado cierto tiempo a conocerlo».

Wayne C. Booth. Retórica de la ironía (A Rethoric of Irony, 1974). Madrid: Taurus, 1989, 2ª ed.; 368 pp.; col. Persiles; trad. de Jesús Fernández Zulaica y Aurelio Martínez Benito; ISBN: 84-306-2160-1.

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sábado, 28 de octubre de 2006

Hace unos días colgaba un texto de Allan Bloom acerca de cómo los jóvenes que «han asistido a una escuela de relaciones condicionales», tienen luego dificultades para entender la gran literatura clásica. Y apuntaba que, sin embargo, en otro momento del mismo libro Bloom hace unas consideraciones que se podrían considerar opuestas: es cuando indica que si un libro como El guardián entre el centeno es el favorito de muchos estudiantes se debe a que apoya la propia interpretación de sí mismos que tienen los jóvenes, y a continuación dice que tal preferencia revela la necesidad de ayuda que tienen para que su interpretación sea mejor y afirma que un educador tiene ahí el hueco para mostrar a los estudiantes que hay libros poderosos que seguramente pueden orientarles más.

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viernes, 27 de octubre de 2006

Muchas novelas escritas hoy pero que narran infancias duras en el pasado dejan el regusto de que mejor hubiera sido para el niño la separación de sus padres. Pero esto es una visión de ahora pues los novelistas de otros tiempos no solían apuntar esa posibilidad, quizá porque, al tener los mismos esquemas mentales y sociales que sus contemporáneos, pensaban que las ventajas de unos entornos familiares y sociales cohesionados eran superiores a los inconvenientes que tenían para los chicos las rupturas familiares. De pasada lo menciona Henry Roth en Una estrella brilla sobre Mount Morris Park (1994), escrita con ochenta años, y en la que vuelve a las mismos personajes y situaciones que trató cuando tenía 28 en Llámalo sueño (1934), su gran novela. Al recordar el cambio de vivienda de un barrio judío a un barrio multirracial, que se produjo cuando tenía seis años, explica: «Mientras tuve, por lo menos, un ambiente exterior que me sostenía y era homogéneo, el East Side ortodoxo, pude soportar el extrañamiento de un padre violento e inestable. Sin embargo, allí en Harlem, tanto la vida en casa como en la calle tenía un elemento de inseguridad, era despreciativa si no hostil (excepto en lo que se refiere a Mamá que, con su indulgencia, fue probablemente la que contribuyó más al desastroso deterioro de mi psique)».

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jueves, 26 de octubre de 2006

Entre los cuentos jasídicos citados días atrás, de Martin Buber, también los hay bromistas, como el titulado De las invenciones modernas:

«“Se puede aprender de cualquier cosa”, dijo una vez el rabí de Sadagora a sus jasidim. “Cada cosa puede enseñarnos algo, y no sólo lo que ha creado Dios. Lo que hizo el hombre también puede enseñarnos”.
“¿Qué podemos aprender de un tren?”, preguntó dubitativamente un jasid.
“Que a causa de un segundo podemos perderlo todo”.
“¿Y del telégrafo?”
“Que cada palabra se cuenta y se cobra”
“¿Y del teléfono?”
“Que lo que decimos aquí se oye allá”»

Martin Buber. Cuentos jasídicos: los maestros continuadores.

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JanssonCometa.jpg
miércoles, 25 de octubre de 2006

Es una buena noticia que Siruela haga una nueva edición de La llegada del cometa, de Tove Jansson, y que anuncie la salida de los demás libros de la serie, pues se supone que, así, la versión española tendrá por fin la coherencia global que ahora le falta. De momento cuelgo la ficha de todos los libros, según las ediciones anteriores. Cuando haya leído todos los libros de la serie en las nuevas ediciones cambiaré los datos y las referencias.

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martes, 24 de octubre de 2006

Gracias a las recopilaciones de cuentos de Andrew Lang, Los libros de colores de los cuentos de hadas, desde principios del siglo XX los niños ingleses crecieron teniendo a su disposición todas las historias populares, normalmente en sus versiones más optimistas. En lo que se refiere a la historia de la literatura infantil, pasado ya un siglo es fácil ver las consecuencias de un trabajo así si se comparan con lo sucedido en países que no tuvieron una suerte semejante.

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lunes, 23 de octubre de 2006

En la voz de Joseph Jacobs mencionaba, de paso, que había una versión de Los tres cerditos firmada por Erik Blegvad, un buen ilustrador del que muchos recuerdan Ana Banana y yo, una de las muchas historias infantiles con protagonista niña supermovida. Un álbum que fue publicado en un formato muy pequeño y vertical, cuando el original es apaisado, tal como se ve a la derecha. Ahora está descatalogado, que yo sepa.

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domingo, 22 de octubre de 2006

Explicaba Neil Postman en Divertirse hasta morir la diferencia entre una cultura centrada en la palabra y una cultura centrada en la imagen señalando cómo, en el pasado, si alguien hablaba de grandes hombres públicos (abogados, políticos, predicadores, hombres de ciencia…), pensaba en sus posiciones públicas y en sus argumentos de acuerdo con lo que había leído en los libros. En cambio, decía, cuando pensamos hoy en algún personaje público de la misma clase, lo primero que viene a nuestra mente es una imagen, una cara en la pantalla de la televisión. En cualquier caso, y como afirmaba el mismo autor, no medimos una cultura por su producción de trivialidades, sino por lo que se juzga significativo: esto no arregla el presente pero da una cierta confianza en el futuro.

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sábado, 21 de octubre de 2006

Escucho en la radio a Phil Collins una canción que habla de los dolorosos sentimientos posdivorcio, como subraya la entusiasta locutora poniendo voz de pena. Y recuerdo, no por primera vez, el excelente prólogo de Henry James a Lo que Maisie sabía, donde reflexiona sinuosamente sobre cómo tratar novelescamente la situación de un niño cuyos padres se divorcian. Allí habla James de cómo su «interesante pequeño mortal» vive «con toda intensidad y perplejidad y felicidad en su pequeño mundo terriblemente enrarecido: uniendo a personas que, como poco, obrarían con mayor corrección permaneciendo separadas; desuniendo a personas que, como poco, obrarían con mayor corrección permaneciendo juntas; adquiriendo madurez, hasta cierto grado, al precio de la infracción de muchas convenciones y decoros, inclusive decencias; manteniendo de veras encendida la antorcha de la virtud en un ambiente infinitamente proclive a apagarla». En fin, termina James su larguísimo párrafo, «extrayendo de entre el hedor a egoísmo cierta excéntrica fragancia a ideal, esparciendo en un erial yermo, por medio de su sola presencia, la semilla de la vida moral».

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viernes, 20 de octubre de 2006

Acerca de la dificultad de algunos jóvenes para leer clásicos dice Allan Bloom: «El afecto condicional o limitado de un joven a sus padres divorciados no hace sino corresponder a lo que necesariamente él ve como afecto condicional de ellos hacia él, y es por completo diferente del clásico problema de lealtad para con las familias, u otras instituciones, que se hallaban claramente dedicadas a sus miembros. En el pasado esa ruptura era a veces necesaria, pero siempre moralmente problemática. Hoy es normal, y ésta es otra razón por la que la literatura clásica les resulta ajena a tantos de nuestros jóvenes, pues versa principalmente sobre la liberación de vínculos reales —como la familia, la fe o la patria—, mientras que ahora el movimiento avanza, en dirección contraria, en pos de vínculos que tengan alguna validez. Debe esperarse que quienes han asistido a una escuela de relaciones condicionales, contemplen el mundo a la luz de lo que aprendieron allí».

Interesante..., aunque se puede plantear al revés. Como se verá, el mismo autor lo hace, quizá sin darse cuenta, en otro momento del mismo libro.

Allan Bloom. El cierre de la mente moderna.

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jueves, 19 de octubre de 2006

«En su práctica como novelista y escritor de cuentos, Henry James había desarrollado una fe firme en que el punto de vista restringido daba una expresividad y una verosimilitud superiores. Creía que un narrador debía representar la vida tal como una conciencia individual la experimentaba en la realidad, con todas las lagunas, enigmas y falsas percepciones y reflexiones que entrañaba una perspectiva semejante; y si varios personajes tenían que compartir esta función a lo largo de una novela, debían transmitírsela unos a otros, como el testigo en una carrera de relevos, con un esquema más o menos regular. La antítesis de este método (...) [se producía cuando] el narrador del relato, a la manera de Thackeray, sacaba a sus títeres de la caja, los ponía a hacer cabriolas y te decía con su voz confidencial y meditabunda de autor lo que todos estaban pensando exactamente en un momento determinado, y les concedía puntos por buenos o malos motivos, por si había algún peligro de que el público tuviera que hacer un esfuerzo interpretativo por su cuenta».

David Lodge. ¡El autor, el autor!

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miércoles, 18 de octubre de 2006

A quienes me hablan con excesivo entusiasmo de autores y libros de autoayuda les recomiendo que descubran las mejores recopilaciones de fábulas y apólogos y, por ejemplo, los cuentos jasídicos que publicó hace unas décadas Martin Buber.

Como este supercortito, titulado La brecha: «Rabí Méndel se preocupó de que sus jasidim no usaran nada alrededor del cuello mientras oraban porque —decía— nada debe separar el corazón del cerebro».

Martin Buber. Cuentos jasídicos: los maestros continuadores (Die Erzäblungen der Chassidim, 1949). Barcelona: Paidós, 1983, 1ª reimpr.; dos volúmenes, 171 y 205 pp.; col. Paidos Orientalia; trad. de Salomón Merener, revisión de Marshall T. Meyer; ISBN: 84-7509-216-0 y 84-7509-213-6.

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MafuzRa.jpg
martes, 17 de octubre de 2006

Ya que ha fallecido hace pocas semanas, aquí está una ficha de Naguib Mahfuz y una novelita de aventuras que publicó al comienzo de su carrera, no gran cosa pero amena, titulada La maldición de Ra.

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TigreTrepador.jpg
lunes, 16 de octubre de 2006

Tigre trepador
,
del ilustrador indio Pulak Biswas, es un buen álbum, distinto a los habituales no tanto por sus imágenes con aspecto de grabados antiguos en madera, como por su confección editorial artesanal y su papel de tacto rugoso.

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domingo, 15 de octubre de 2006

En su momento me gustó mucho Divertirse hasta morir, un análisis lúcido-pesimista de Neil Postman acerca del paso de una cultura tipográfica, o centrada en la palabra, a una cultura centrada en las imágenes. Ciertamente, algunos aspectos de aquél análisis de Postman habría que reformularlos de nuevo pues, aunque seguimos viviendo en un entorno de información fragmentaria y descontextualizada que mayoritariamente sólo vive para la diversión, la irrupción y extensión de Internet ha cambiado las cosas.

Pero, con todo, siguen siendo certeras sus observaciones de que cuando una cultura se desplaza de oral a escrita, de impresa a televisiva, sus ideas sobre la verdad se desplazan con ella: todos vemos cómo la televisión proporciona una nueva definición de la verdad pues la credibilidad de un narrador es la prueba definitiva de la verdad de una proposición. Frente a esto, Postman explicaba su preferencia por el discurso escrito, que nos hace pensar conceptual, deductiva y secuencialmente; que nos hace valorar la razón y el orden; que nos hace aborrecer la contradicción; y que nos da más capacidad para la imparcialidad y la objetividad, y una tolerancia hacia la respuesta dilatada.

Neil Postman. Divertirse hasta morir: el discurso público en la era del “show business” (Amusing Ourselves to Death: Public Discourse in the Age of the Show Business, 1985). Barcelona: Ediciones de la Tempestad, 2001; 195 pp.; trad. de Enrique Odell; ISBN; 84-7948-046-7.

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sábado, 14 de octubre de 2006

Un campo de concentración puede ser modélico en su género. Una gran obra de ingeniería puede hacerse con el trabajo de muchos esclavos. Una película estremecedora puede filmarse asesinando gente. La foto de una niña muriéndose de hambre puede ganar un gran premio. Un libro sobre suicidas puede provocar más suicidios. Por eso tiene razón Victor Klemperer cuando dice que «no confío en las consideraciones puramente estéticas en los ámbitos de la historia de las ideas, de la literatura, del arte, de la lengua. Es preciso partir de posturas humanas básicas; los medios de expresión sensibles pueden ser los mismos, aún siendo los objetivos totalmente opuestos».

Victor Klemperer. LTI – La lengua del Tercer Reich – Apuntes de un filólogo (LTI. Notizbuch eines Philologen, 1947). Barcelona: Minúscula, 2004, 3ª reimpr.; 414 pp.; trad. de Adan Kovacsics; ISBN: 84-95587-07-6.

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Mansfield.jpg
viernes, 13 de octubre de 2006

El enorme talento literario de Katherine Mansfield, una escritora movida por «estímulos que resultan imperceptibles para el lector casual e incomprensibles para el novelista comercial», lo sintetizaba Willa Cather de la siguiente manera: «Solía abordar las fuerzas mayores de la vida mediante incidentes comparativamente triviales. Elegía un pequeño reflector para lanzar un rayo luminoso al sombrío reino de las relaciones personales».

Willa Cather. Para mayores de cuarenta (Not Under Forty, 1936). Barcelona: Alba, 2002; 147 pp.; col. Alba clásica; trad. de Alejandro Palomas; ISBN: 84-8428-138-8.

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jueves, 12 de octubre de 2006

El comentario de ayer tiene que ver con que acabo de leer la biografía que Carmen Bravo-Villasante escribió, en 1957, sobre Bettina Brentano, hermana de Clemens Brentano, esposa de Achim von Arnim y madre de siete hijos, una mujer singular y devota (demasiado) de Goethe y de Beethoven... Me ha parecido jugosa: está bien escrita, se apoya mucho en las cartas de la biografiada, da información sobre la vida cultural alemana del momento... La autora se pone frente a cierta crítica histórica que tiene «una tendencia a dar la interpretación más baja a las grandes figuras, a considerarlas, simplemente, como casos clínicos», y que por tanto no duda en afirmar que «Bettina es una histérica». Pero al mismo tiempo señala que su facilidad para ocupar el centro del escenario era notable y que su epistolario contiene, junto a cartas auténticas, no pocas cartas falsas urdidas por su fantasía. Al final, y a pesar de que su fervor incondicional por los grandes artistas y su misticismo panteísta me repelen no poco, me ha llegado a caer bien, un mérito que también hay que atribuir al buen trabajo y al entusiasmo evidente pero comedido de la biógrafa.

Carmen Bravo-Villasante. Vida de Bettina Brentano: De Goethe a Beethoven (1957). Barcelona: Aedos, 1957; 315 pp.; col. Biblioteca Biográfica; prólogo de Dámaso Alonso; ISBN: 84-7003-042-6.

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miércoles, 11 de octubre de 2006

Otra recopilación antigua de cuentos populares que no conozco, pues creo que no hay edición completa en castellano, es la de Clemens Brentano.

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JacobsCuentosCeltas.jpg
martes, 10 de octubre de 2006

Más elementos del origen de algunas aventuras fantásticas están en las recopilaciones de Cuentos de hadas célticos de Joseph Jacobs (titulada Cuentos Celtas en una edición de Miraguano, a la derecha). Lo que ignoro es por qué se han editado en castellano sus recopilaciones de cuentos célticos pero no las que hizo de cuentos ingleses...

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lunes, 9 de octubre de 2006

Puss in Boots
,
la versión en álbum de Fred Marcellino de El Gato con Botas, no editada en España, se caracterizó por algo que no se puede repetir dos veces: una espectacular portada sin texto alguno.

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domingo, 8 de octubre de 2006

De los relatos contenidos en El ajuar de mamá, Jiménez Lozano dedica unos cuantos a los aires laicos que también corren por la vieja Castilla. En uno titulado «El debido respeto», se narra una escena sucedida cuando el pueblo tiene que ir a votar a una escuela de la que han quitado el Crucifijo y, al entrar un paisano, le dicen:
«—¡Descúbrete, Ambrosio! ¡Quítate la gorra! Hay que mostrar respeto.
—¡Anda! ¿Y por qué, si ya no está el que habéis quitado, y era el único que era Alguien, ¿no?
Porque él tenía respeto para todo el mundo, dijo, pero que había respetos y respetos, y que respeto, respeto lo que se decía respeto, eso era solamente para el que habían quitado, y era el único que era Alguien».

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sábado, 7 de octubre de 2006

Una de las líneas de fuerza de la citada ¡El autor, el autor!, se condensa en un párrafo en el que se cuenta algo que le había contado a Henry James un día Flaubert «al referir con sosiego una devastadora acusación formulada por la madre del francés, y sin ánimo de negar su veracidad: “Tu manía de hacer frases te ha secado el corazón” había escrito la señora Flaubert a su hijo. Ya entonces, y aunque estas palabras iban dirigidas a otro hombre, había sentido el pequeño escrúpulo aprensivo de que algún día pudieran achacárselo a él, porque compartía con Flaubert la manía de las frases, de hacer frases de un equilibrio perfecto, una construcción intrincada, una cadencia sutil y un sentido de una densidad tan apretada como un relleno de carne».

David Lodge. ¡El autor, el autor!

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viernes, 6 de octubre de 2006

He aquí el juicio de Willa Cather sobre Sarah Orne Jewett, una escritora poco conocida entre nosotros, autora del excepcional relatito corto titulado Una garza blanca: «Cuando, dentro de cincuenta años, un estudiante lea las mejores muestras de la obra de la señorita Jewett, encontrará en ellas el sabor característico, el espíritu y la cadencia de una escritora norteamericana de primer orden, y de una nueva Inglaterra que para entonces formará parte del pasado».

Willa Cather. Para mayores de cuarenta (Not Under Forty, 1936).Barcelona: Alba, 2002; 147 pp.; col. Alba clásica; trad. de Alejandro Palomas; ISBN: 84-8428-138-8.

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jueves, 5 de octubre de 2006

Otra serie deudora del Mabinogion: The Dark is Rising, título de uno de los libros y de una pentalogía firmada por Susan Cooper. Debo indicar que, cuando preparé la primera edición de Bienvenidos a la Fiesta, tenía esta serie en las listas de libros que debía leer, pero no encontré una traducción al castellano y lo dejé. Pero hace dos meses, después de haber publicado la edición reciente de BF, he sabido que se había editado en España el año 2002. Quizá de más nivel literario que las Crónicas de Prydain en algunos tramos, no tiene su tirón aventurero y es bastante inferior en atractivo: el conflicto cósmico es excesivo para mi gusto.

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miércoles, 4 de octubre de 2006

Una medida del excepcional nivel literario de Selma Lagerlöf se puede apreciar leyendo Jerusalén, una extensa novela inspirada en la expedición real a Jerusalén de un grupo de campesinos suecos a finales del siglo XIX: una gran historia, un lenguaje rico, unos escenarios únicos, y unos personajes poderosos cuyos conflictos interiores se narran con viveza y verosimilitud.

Selma Lagerlöf. Jerusalén (Jerusalem, 1902). Barcelona: Ediciones B, 2005; 470 pp.; trad. de Caterina Pascual Söderbaum; ISBN: 84-666-1980-1.

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LagerlofNils.jpg
martes, 3 de octubre de 2006

Un clásico de los que no falta en ninguna historia de la literatura infantil es El maravilloso viaje de Nils Holgersson, del que yo he retenido siempre la historia de la vieja Okka: «es más fácil volar alto que bajo...» Pero se habrá hecho una idea equivocada de la categoría como escritora de Selma Lagerlöf quien la recuerde sólo por ese libro que, a fin de cuentas, no deja de ser una especie de manual escolar vestido de relato de fantasía.

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lunes, 2 de octubre de 2006

Si alguien desea saber cómo se cuidan todos los detalles de la confección de un álbum debería echar un vistazo a El secreto, de Eric Battut.

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domingo, 1 de octubre de 2006

Cuando veo las campañas de prevención del SIDA, o cuando leo muchas declaraciones al respecto, me viene a la cabeza el estadístico animoso que se ahogó queriendo vadear un río de un metro veinte de profundidad media. Pero pienso que, al menos, el estadístico era honrado y se ahogó él mismo, mientras que ahora son muchos los que nos azuzan, diciéndonos a todos: nada, tranquilos, lanzaos, lanzaos, la profundidad media sólo es de un metro veinte…

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