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Notas de octubre de 2007 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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miércoles, 31 de octubre de 2007

Me ha gustado El secreto del fuego, de Henning Mankell. Si a Comedia infantil, otra novelita del autor sobre una banda de niños mozambiqueños, le faltaban ritmo y equilibrio, no es así en esta historia que, además, tiene una protagonista convincente y conmovedora.

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martes, 30 de octubre de 2007

Flaubert: «He leído estos días los cuentos de hadas de Perrault; son encantadores, encantadores. ¿Qué me dices de esta frase: “La habitación era tan pequeña que la cola de aquel bello vestido no podía desplegarse”? Enorme en cuanto al efecto, ¿no? Y esta otra: “Vinieron reyes de todos los países; unos en sillas de manos, otros en cabriolés y, los más alejados, montados en elefantes, tigres, águilas”».

Gustave Flaubert. En una carta de 1852 a Louise Colet, Sobre la creación literaria: extractos de la correspondencia de Gustave Flaubert. Madrid: Ediciones y Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja, 1998; 243 pp.; col. El oficio de escritor; selección, prólogo y traducción de Cecilia Yepes; ISBN: 84-95079-76-3.

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lunes, 29 de octubre de 2007

Noche de tormenta
,
de Michelle Lemieux, es un álbum inteligente y audaz en su concepción, que deja que ilustraciones y textos resuenen en el lector sin énfasis innecesarios.

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domingo, 28 de octubre de 2007

Gerhard von Rad: 
«El único modo de entender correctamente las respuestas de los maestros antiguos consiste en interpretarlas desde una perspectiva que se ajuste lo más posible a los presupuestos de su propia comprensión de la realidad, sin los cuales toda respuesta resulta arbitraria. Cualquier manifestación de la realidad es, en sí misma, una magnitud insondable. Sólo una mentalidad ingenua puede apreciarla de manera tan evidente que la lleve a la convicción de que puede medir, sin más, el bagaje cultural y religioso de los demás pueblos con la medida de sus concepciones personales. La visión que tenía Israel de su realidad circundante era totalmente distinta de la de Sófocles. Las doctrinas con las que Israel daba respuesta a las cuestiones más acuciantes de la vida provenían de una mentalidad totalmente liberada de la fe en unos poderes míticos e intramundanos. Su lucha por el conocimiento obedecía a las directrices de una razón perfectamente lúcida que la orientaba hacia un universo desmitificado. Pero las convergencias entre esta desmitificación del mundo, llevada a cabo por Israel, y nuestra concepción moderna de la realidad no son más que aparentes, porque aquella visión del mundo tan radicalmente profana respondía a la idea de que ese mundo estaba no menos radicalmente sometido a la soberana actuación de Dios, es decir, que ese mundo no era más que el resultado de una acción creadora de Dios».

Gerhard von Rad. Sabiduría en Israel (Weisheit in Israel, 1982). Madrid: Cristiandad, 1985; 408 pp.; trad. de D. Mínguez Fernández; ISBN: 84-7057-377-2.

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sábado, 27 de octubre de 2007

«Un frecuente lugar común consiste en afirmar que los Clásicos son eternos. Lo son, pero no por la razón que se supone, esto es, no por haber encontrado la verdad, como sobre todo por haberla dicho bien, es decir, incompletamente; pues este es un hábil medio de respetarla. No hay que confundir ser claro con ser completo. La fuerza clásica descansa en esa distinción; los Clásicos fueron claros, de una claridad terrible, pero tan clara que, en esa transparencia, presentimos vacíos inquietantes; de los que no sabemos, debido a su habilidad, si los han puesto o simplemente los han dejado. Un clásico no lo dice todo, ni mucho menos (dejando aparte el caso en que nos imaginamos que lo encontramos todo en él); dice un poco más de lo evidente, e incluso el suplemento de desconocimiento lo dice como si fuese evidente (...). Pero eso hace pensar, pensar indefinidamente».

Y, en otro momento, el mismo Roland Barthes dice:

«Para leer a los Clásicos, todos los móviles son buenos, pues no engañan, no abusan y no decepcionan; por lo tanto, incluso podemos recomendar su lectura por vanidad.
Luego, hay que leerlos con un propósito muy personal. Voy a buscar, bajo la generalidad de su arte, la flecha que me dispararon a través de los siglos».

Roland Barthes. «Gustar de los clásicos», texto de 1944 contenido en Variaciones sobre la literatura (artículos extraídos de Oeuvres Complètes). Barcelona: Paidós, 2002; 280 pp.; col. Paidós comunicación; selección y traducción de Enrique Folch González; ISBN: 84-493-1267-1.

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viernes, 26 de octubre de 2007

Otra escritora norteamericana que, como Thomas Wolfe pero de un modo muy distinto, también retrata con tanta maestría como perplejidad la confusión interior de sus jóvenes protagonistas es Carson McCullers, por ejemplo en Frankie y la boda:

«—Me parece que quieres muchas cosas —dijo Berenice.
—Quisiera ser otra persona que no fuera yo».

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jueves, 25 de octubre de 2007

El enigma del séptimo paso,
de Tonke Dragt, trata sobre un profesor que inventa historias para sus alumnos al que le comienzan a suceder cosas extrañas: entra en relación con personajes singulares y acaba en medio de una especie de antigua leyenda sobre un niño y un tesoro escondido; a todo esto, va contando a sus alumnos lo que le pasa y ellos intervienen.

Después de las novelas anteriores de la autora, Carta al Rey y Los secretos del Bosque Salvaje, comencé a leer con interés este relato pero me cansó enseguida. Sin duda está bien escrito y revela talento salir indemne de un argumento tan enredado: cada uno de los siete capítulos tiene tantos «pasos» como indica su número, y hay varios juegos más con el número siete, como el misterio de un cruce de caminos llamado el Séptimo paso pero al que sólo llegan seis caminos.

Supongo que la decepción tiene que ver con las expectativas del comienzo, o tal vez con mi idea de que los acertijos han de ser cortos y no largos. En cualquier caso me parece que la historia pide demasiado tiempo y atención para la recompensa que se obtiene.

Tonke Dragt. El enigma del séptimo paso (De Zevensprong, 1967). Madrid: Siruela, 2007; 315 pp.; col. Las tres edades; ilust. de la autora; trad. de María Lerma; ISBN: 978-84-9841-051-8.

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miércoles, 24 de octubre de 2007

A mí me gusta visitar museos, porque es la única manera de conocer de primera mano algunas cosas, pero entiendo bien que a muchos no les resulten atractivos y comparto el rechazo conceptual hacia ellos que formulan gente como Valéry y Gombrowiz.

Paul Valéry: «El oído no soportaría escuchar diez orquestas a la vez. El espíritu no puede ni seguir ni dirigir varias operaciones distintas, y no hay razonamientos simultáneos. Pero el ojo se encuentra obligado a admitir en la abertura de su ángulo movedizo y en el instante de la percepción un retrato y una marina, una cocina y un triunfo, y personajes de los más diversos estados y dimensiones; y encima ha de acoger en una misma mirada armonías y maneras de mirar mutuamente incomparables».

Witold Gombrowicz: «Los cuadros no están hechos para ser colocados uno al lado del otro en una pared desnuda; un cuadro sirve para adornar un interior y ser la alegría de quienes pueden disfrutar de su presencia. Aquí, en cambio, se produce una saturación, la cantidad ahoga la calidad, las obras maestras contadas por docenas dejan de ser maestras».

Paul Valéry. «El problema de los museos» (Le problème des musées, 1923), Piezas sobre arte (Pièces sur l’art). Madrid: Visor, 1999; 282 pp.; col. La balsa de la Medusa; trad. de José Luis Arántegui; ISBN: 84-7774-600-1.
Witold Gombrowicz. Diario 1 (Dziennik 1953-1956). Madrid: Alianza, 1988; 391 pp.; col. Alianza 3; trad. y presentación de Bozena Zabolklicka y Francesc Miravilles; ISBN: 84-206-3229-5.

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martes, 23 de octubre de 2007

Todo sobre mí y Líos de ortografía son dos ¿relatos? de Lauren Child sobre su personaje Ana Tarambana. Son libros para primeros lectores que no resisten, ni tampoco necesitan, una crítica literaria: al lector natural de estas historias le da igual si el lenguaje es o no apropiado, si algunas consideraciones quedan o no fuera del alcance de la narradora, u otras cosas. Las cosas que le importarán, si el personaje le atrae, son los acentos graciosos y la frescura de su protagonista así como el estilo desenfadado de las ilustraciones y de la tipografía.

No se puede hablar de argumento, aunque los incidentes que se cuentan estén más o menos hilados, sino de una presentación del entorno familiar, colegial y de amigos de Ana, así como de su mundo mental «absoluuutamente» invadido por las aventuras de la detective Lara Guevara... En el primer libro citado esto se articula encabezando cada capítulo con el día de la semana, en el segundo con títulos tales como «algunos días que empiezan mal pueden terminar bien», «es difícil estar a buenas con tu mejor amigo cuando no te aguantas ni tú mismo», «A veces, cuando hace falta que las cosas mejoren, van y empeoran»...

Todo sobre mí, Ana Tarambana (Utterly Me, Clarice Bean, 2002). Barcelona: Serres, 2006; 187 pp.; trad. de Esteban Morán; ISBN: 84-7871-624-6.
Líos de ortografía (Clarice Bean Spells Trouble, 2004). Barcelona: Serres, 2007; 194 pp.; ISBN: 978-84-7871-974-1.

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lunes, 22 de octubre de 2007

Otro álbum de Leo Lionni: Una piedra extraordinaria. Tres ranas encuentran una piedra que resulta ser un huevo; el ser que nace del huevo se hace su amigo y, al final, acaba encontrando a su madre. La historia se cuenta con ilustraciones que mezclan collages, lápices y acuarela. Los mensajes de amistad, cordialidad y convivencia, y el estilo narrativo gráfico son tan optimistas y claros como acostumbra el autor. No me parece un álbum tan conseguido como Frederick, El sueño de Matías o Nadarín, pero en cualquier caso está muy bien. Ya he comentado en alguna ocasión anterior que, con los grandes autores de álbumes pasa que, incluso cuando no aciertan del todo, tampoco fallan. No sé por qué el título castellano no es equivalente al original inglés.

Leo Lionni. Una piedra extraordinaria (An Extraordinary Egg, 1994). Caracas: Ekaré, 2006, 3ª ed.; 32 pp.; trad. de Verónica Uribe; ISBN: 980-257-239-X. Nueva edición en Barcelona: Ekaré, 2014, formato más grande; ISBN: 978-84-941716-7-3.

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domingo, 21 de octubre de 2007

Paul Valéry: «Degas en ocasiones hacía versos y ha dejado algunos deliciosos. Pero con frecuencia encontraba grandes dificultades en ese trabajo accesorio para su pintura. (Por otra parte él era hombre para introducir en cualquier arte toda la dificultad posible). Dijo un día a Mallarmé: “Su oficio es infernal. No consigo hacer lo que quiero y sin embargo estoy lleno de ideas...” Y Mallarmé le respondió: “No es con las ideas, mi querido Degas, con lo que se hacen los versos. Es con las palabras”».

Paul Valéry. «Poesía y pensamiento abstracto», texto de 1939 contenido en Teoría poética y estética. Madrid: Visor, 1990; 207 pp.; col. La balsa de la Medusa; trad. de Carmen Santos; ISBN: 84-7774-539-0.

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sábado, 20 de octubre de 2007

Al inicio de su ensayo biográfico sobre Dickens, Chesterton dice que, con frecuencia, en sus años se podían escuchar o leer frases imprecisas del estilo «¿por qué no tenemos hoy grandes hombres como (...) Dickens?». Y comenta: «Aunque estas expresiones parezcan, como digo, arbitrarias y vagas, no debemos pasar de largo ante ellas. “Grande”, por supuesto, significa algo, y la prueba de la efectividad de su significado la ofrece, mejor que cosa alguna, el modo instintivo y resuelto con que aplicamos la calificación a unos determinados hombres y no a otros (...). El término encaja, sin duda, en un objeto definido: Dickens es lo que quiere decir ese término. Hasta los exquisitos y desventurados pedantes que no pueden leer sus libros sin exasperación, le colgarán el predicado como la cosa más natural del mundo, sin pararse a pensarlo. Aún ésos, no teniéndole por buen escritor, sienten que Dickens es un gran escritor. Se le trata como a un clásico, es decir, como a un rey del que se puede desertar, pero a quien no cabe destronar».

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viernes, 19 de octubre de 2007

Cómo la Iglesia construyó la civilización occidental
es un clarificador trabajo historiográfico de síntesis que coloca muchas ideas en su sitio. Ordenadamente, y con las referencias bibliográficas oportunas, el norteamericano Thomas Woods proporciona datos de interés acerca del nacimiento de las Universidades en Europa, sobre cómo se pusieron las bases del Derecho internacional y de la Economía, quiénes fundaron las instituciones de atención a los más necesitados, etc. Personalmente me alegra que dedique un espacio generoso al mundo de la Ciencia y que deje claro, para quien no lo sepa, por qué se desarrolló en el Occidente cristiano y no en otras civilizaciones...

Thomas Woods. Cómo la Iglesia construyó la civilización occidental (How the Catholic Church Built the Western Civilization, 2005). Madrid: Ciudadela, 2007; 280 pp.; col. Ciudadela ensayo; trad. de Catalina Martínez Muñoz; ISBN (10): 84-96836-05-3.

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jueves, 18 de octubre de 2007

Un libro que, cuando cayó en mis manos, me impresionó mucho fue Del tiempo y el río, de Thomas Wolfe. No es para cualquiera, pues no a todos los lectores les atrae su prosa torrencial y su barullo mental, pero creo que pocas veces se ha reflejado mejor el bullir efervescente de sentimientos confusos y de ansias de felicidad, propio de los años jóvenes.

Un párrafo: «Los que dicen que no leen más que lo mejor no son, como algunos los llaman, snobs. Son tontos. La batalla del espíritu no consiste en leer y conocer lo mejor, sino en descubrirlo. Anhelo los tesoros que se me antoja yacen en enterrados en un millón de libros olvidados; y sin embargo mi sentido común me dice que el tesoro oculto allí es tan pequeño que no merece la pena desenterrarlo. No siempre he estado de acuerdo en que todos los libros llamados grandes sean grandes, pero casi todos los libros que me lo han parecido pertenecían a aquel grupo».

Otro: «Ocurre tantas veces, cuando creemos haber ensanchado nuestra visión de la vida, haber roto muchas ataduras» (que) «en verdad no hemos hecho nada más que cambiar una nueva superstición por una vieja, olvidar un mito hermoso para sumergirnos en otro desprovisto de belleza».

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miércoles, 17 de octubre de 2007

Según Borges, una diferencia entre Verne y Wells es que «las ficciones de Verne trafican en cosas probables (un buque submarino, un buque más extenso que los de 1872, el descubrimiento del Polo Sur, la fotografía parlante, la travesía de África en globo, los cráteres de un volcán apagado que dan al centro de la tierra); las de Wells en meras posibilidades (un hombre invisible, una flor que devora a un hombre, un huevo de cristal que refleja los acontecimientos de Marte), cuando no en cosas imposibles: un hombre que regresa del porvenir con una flor futura, un hombre que regresa de la otra vida con el corazón a la derecha, porque lo han invertido íntegramente, igual que en un espejo». Entre las obras de Wells tiene particular actualidad La isla del doctor Moreau: una escalofriante anticipación de a dónde nos puede llevar la experimentación con seres humanos que se ha quedado ya muy corta.

Jorge Luis Borges. «El primer Wells», en Otras inquisiciones (primera ed. en 1952, ed. revisada por el autor en 1974). Madrid: Alianza, 1999, 296 pp.; col. El libro de bolsillo. Biblioteca Borges; ISBN: 84-206-3316-X.

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martes, 16 de octubre de 2007

Dick King-Smith
,
el autor de Babe, el cerdito valiente, es un maestro de las historias sobre animales, pues logra imaginar y reflejar sus reacciones y sus relaciones con los hombres sin caer nunca en la ñoñería. E, incluso cuando los relatos tienen toques de fantasía, sabe hacerlos creíbles.

Un relato recién publicado en español, no tan conseguido como otros pero, en cualquier caso, eficaz y simpático, es El caballo de agua. En la década de 1930, en Gales, Kirstie y Angus encuentran un extraño huevo en la playa: lo llevan a casa y nace un «kelpie» o caballo de agua, al que llaman Crusoe. Como crece muy rápido deben, primero, buscar la forma de que los extraños no lo vean y, más tarde, encontrarle una vivienda definitiva... ¿tal vez el lago Ness?

Dick King-Smith. El caballo de agua (The Water Horse, 1990). Madrid: SM, 2007; 135 pp.; trad. de Xohana Bastida; ISBN: 978-84-675-1806-1.

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lunes, 15 de octubre de 2007

Entre los álbumes de Tony Ross que conozco, el que más me sigue gustando es Hipersúper Jezabel. En una entrevista de hace pocos meses en CLIJ él mismo da las razones de su eficacia: «un libro tiene que tener un buen principio y un final todavía mejor. Debe empezar con algo interesante que está pasando y terminar con un bombazo».

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domingo, 14 de octubre de 2007

Tengo a la espera de leer Teresa de Ávila y la España de su tiempo, de Joseph Pérez (Algaba, Madrid, 2007). Entre tanto, un día como hoy se puede recordar la excelente y documentada biografía de Marcelle Auclair, con la que disfruté hace tiempo, sin dejar de recomendar en primer lugar las obras originales de la autora. Y se puede citar un pequeño texto de Christian Bobin que me gustó: «San Juan de la Cruz (...) habla como muchacho, con esa impaciencia de ir hacia lo general, lo abstracto, lo metafísico. Es un hombre, por consiguiente quiere lo construído, lo sólido. Santa Teresa de Ávila, por su parte, se desliza como una trucha, ríe, salpica».

Marcelle Auclair. Santa Teresa de Jesús (La vie de Sainte Therese D´Avila, 1950). Madrid: Palabra, 1993, 9ª ed.; 516 pp.; col. Arcaduz; trad. de Joaquín Esteban Perruca; ISBN: 84-7118-298-X.
Christian Bobin. Autorretrato con radiador.

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sábado, 13 de octubre de 2007

En un texto breve que da título a una colección de artículos, Italo Calvino ensaya distintas definiciones de clásicos. A mí me gusta, sobre todas, esta: «Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir». En consecuencia, «los clásicos son libros que cuando más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad».

También me parece muy certera la afirmación de que «es clásico lo que tiende a relegar la actualidad a la categoría de ruido de fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de ese ruido de fondo». O, al revés, de que «es clásico lo que persiste como ruido de fondo incluso allí donde la actualidad más incompatible se impone».

Italo Calvino. Por qué leer los clásicos (Perche leggere i clasici, 1991). Barcelona: Tusquets, 1992; 278 pp.; col. Marginales; trad. de Aurora Bernárdez; ISBN: 84-7223-499-1.

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viernes, 12 de octubre de 2007
Un buen relato, aunque sin fanatismos, es el de Retrato de una familia turca, de Irfan Orga. El autor, nacido en 1908 en Estambul y trasladado a Inglaterra en 1941, rememora su vida: años de niñez en una familia acomodada, fallecimiento de su padre durante la primera guerra mundial, desgracias sucesivas y empobrecimiento progresivo de su familia, desgaste físico y psíquico de su madre, estudios y entrada en el ejército. Relato costumbrista y nostálgico, de los que muestran otros mundos al lector, escrito con cuidado aunque la traducción es mejorable. Un epílogo del hijo del autor explica más circunstancias de su vida.
Irfan Orga. Retrato de una familia turca (Portrait of a Turkish Family, 1950). Casiopea, 2001; 318 pp.; trad. de Víctor Alcázar Nebot; ISBN: 84-95446-07-3.
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jueves, 11 de octubre de 2007

La biografía sobre Solzhenitsyn de Joseph Pearce me ha parecido excelente. Siguiendo el arco de la vida del escritor ruso —familia, estudios universitarios de física y matemáticas, juventud en sintonía con la ideología comunista, participación en la segunda Guerra Mundial, nueva comprensión de la vida y conversión en claro paralelismo con Dostoievski, obras literarias, expulsión de la Unión Soviética, estancia en Vermont, regreso a Rusia—, Pearce presenta un buen resumen de la historia de las últimas décadas de Rusia. Además, gracias a las conversaciones personales con el autor y sus hijos, completa un buen dibujo de la personalidad de un Solzhenitsyn al que le da una talla de profeta. Como siempre que se lee algo relacionado con la historia de la URSS del siglo XX es inevitable preguntarse por las razones de la obstinada ignorancia y la gran frivolidad de tantos intelectuales y de tantos medios de comunicación occidentales.

Y a quien el personaje le interese le gustará leer una entrevista con él en Der Spiegel.

Joseph Pearce. Solzhenitsyn. Un alma en el exilio (Solzhenitsyn. A Soul in Exile, 2005). Madrid: Ciudadela, 2007; 441 pp.; col. Ciudadela ensayo; trad. de Íñigo Azurmendi Muñoa; ISBN: 978-84-96836-11-2.

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miércoles, 10 de octubre de 2007

Al comienzo de La esfera de Medusa, el título que continúa La torre y la isla, los protagonistas logran escapar de la Corporación Dédalo con ayuda de dos misteriosos gemelos, Deimos y Aedh. Ya en Nueva Alejandría son capturados por Dédalo de nuevo pero vuelven a escaparse y llegan a su cita en Medusa, una ciudad sumergida, donde conocen más cosas de su origen futuro (sí, está bien escrito).

Como en el primer relato, los autores usan el lenguaje con cuidado y son pocas las veces que se les escapan frases explicativas del estilo «como es lógico», o lugares comunes tipo una «expresión indefinible»; hay un esmerado trabajo de construcción de una historia tan articulada; las descripciones son claras, sugerentes y (casi) nada enfáticas. Por tanto, a pesar de los aspectos más previsibles del argumento, quienes fueron capturados por la primera historia tienen motivos para leer esta segunda.

Tal vez hubiera sido mejor que los luchadores por la libertad perseguidos por el poder omnipresente de la época, no se llamaran «antiglobalización», y no sólo porque ahora esa bandera sea tan confusa, sino porque esa clase de identificaciones obvias enseguida envejecen: como las novelas de ciencia-ficción de los ochenta que presentaban una poderosa URSS al comienzo del siglo XXI y ahora nos hacen sonreír.

Ana Alonso y Javier Pelegrín. La esfera de Medusa (2007). Madrid: Anaya, 2007, 2ª ed.; 334 pp.; col. La llave del tiempo; ISBN: 978-84-667-6278-6.

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martes, 9 de octubre de 2007

El narrador de El fantasma de Thomas Kempe dice: «Para James, la televisión tenía muchas ventajas, y una de ellas era la de que hacía ruido continuamente y suavizaba situaciones que podían ser insoportables en silencio». Y es que la televisión no es sólo uno de los ladrones de tiempo grises a los que se enfrenta Momo sino también uno de los ladrones del silencio que necesitamos para enfrentarnos responsablemente a las dificultades.

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lunes, 8 de octubre de 2007

Un álbum magistral: el que los los rusos Andrei Duguin y Olga Dúguina confeccionaron hace unos años a partir de un texto de Arnica Esterl que recrea un cuento tradicional: Las plumas del dragón. Eso sí, no cualquier público puede saborear plenamente sus ilustraciones pictóricas a doble página, desbordantes de símbolos y detalles, que homenajean a los artistas del Renacimiento.

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domingo, 7 de octubre de 2007

Cuenta Paul Valéry:

«En el Louvre, cierto día, recorría con Degas la galería principal. Nos paramos ante un importante lienzo de Rousseau que representa magníficamente una avenida de robles enormes.

Tras un rato de admiración señalé con qué minucia y qué paciencia había ejecutado el pintor, sin perder nada del efecto de las masas de follaje, un detalle infinito, o producido la ilusión del mismo lo suficiente para hacer pensar en una labor infinita.

—Es soberbio, dije, pero qué aburrimiento hacer todas esas hojas... tiene que ser un fastidio terrible...
—Calla, me dijo Degas, si no fuera aburrido no sería divertido.

El hecho es que ya casi nadie se divierte de manera tan laboriosa, y yo no había hecho más que traducir ingenuamente la creciente repugnancia de los hombres hacia cualquier trabajo de cadencia monótona, o que deba realizarse con acciones no muy distintas repetidas durante mucho tiempo. La máquina ha acabado con la paciencia».

Paul Valéry. En «Degas Danza Dibujo», texto de 1938 contenido en Piezas sobre arte (Pièces sur l’art). Madrid: Visor, 1999; 282 pp.; col. La balsa de la Medusa; trad. de José Luis Arántegui; ISBN: 84-7774-600-1.

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sábado, 6 de octubre de 2007

«¿Qué es un “clásico”? ¿Por qué pervive a lo largo del tiempo, en distintas lenguas y en sociedades cambiantes?», se pregunta George Steiner. Y se responde: Detrás de «un “clásico” de la literatura, de la música, de las artes, de la filosofía» no hay alguien a quien leemos o escuchamos sino alguien que nos lee o nos escucha. «El clásico nos interroga cada vez que lo abordamos. Desafía nuestros recursos de conciencia e intelecto, de mente y de cuerpo (gran parte de la respuesta primaria de tipo estético, e incluso intelectual, es corporal). El clásico nos preguntará: ¿has comprendido? ¿has re-imaginado con seriedad?, ¿estás preparado para abordar las cuestiones, las potencialidades del ser transformado y enriquecido que he planteado?».

Steiner, George. Errata – El examen de una vida.

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viernes, 5 de octubre de 2007

Una mujer anciana dice a una maestra que conoció años atrás: «La gente de mediana edad comete una equivocación cuando se cree que puede mejorar. No puede hacerlo si no tiene corazón. Y las otras mejoras no importan. No son personas reales, sino sólo pobres imitaciones que intentan parecerse a los anuncios. (...) Se lo aseguro, esa gente era más feliz cuando tenía sus hijos pequeños y luchaba y era auténtica gente de pueblo y no meros turistas. ¿Qué opina usted, señorita Knightly, de todo ese ir arriba y abajo de un lado para otro? (...) Una cosa sí que sé: nuestros mejores años son aquellos en los que trabajamos más y seguimos adelante aunque apenas podamos ver el camino».

Willa Cather. En Los mejores años, relato contenido en Los libros de cuentos. Barcelona: Alba, 2005; 553 pp.; col. Clásica Maior; trad. de Olivia de Miguel; ISBN: 84-8428-289-9.

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Jim Hawkins.
Ilust. de N. C. Wyeth.
jueves, 4 de octubre de 2007

Tiempo después del artículo mencionado ayer escribí Atractivo e influencia de las novelas de aventuras. Preguntas que tenía en la cabeza y que intentaba responder eran: ¿Por qué a un chico joven le gusta un libro? ¿Qué cosas ha de ver en él para que lo convierta en uno de sus libros de cabecera? ¿Qué protagonistas-héroes le gustan más? ¿Cuáles son los más frecuentes o los más apreciados en las ficciones de hoy? ¿Qué concepto de valor es el más acabado? ¿Cómo influye la lectura de tales novelas?

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En La isla misteriosa (Verne).
Ilust. de Jules Férat.
miércoles, 3 de octubre de 2007

Antiguos y modernos héroes
fue un comentario preparado con ocasión del centenario de Alexandre Dumas. En él contrastaba brevemente las novelas clásicas de aventuras con las de las últimas décadas: aunque casi siempre parto de la base de que con el paso del tiempo ganamos muchas cosas no viene mal pensar en qué perdemos con los cambios.

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martes, 2 de octubre de 2007

Un buen librito, de hace tiempo, sobre la figura del Cid: El juglar del Cid, de Joaquín Aguirre Bellver. De este autor, fallecido hace poco, hay también unas memorias de infancia, muy bien escritas, acerca de sus años en Madrid durante la guerra civil española: La mirada de un niño. Es un relato que suma otra perspectiva de la misma época y situación sobre la que tratan El otro árbol de Guernica, Incierta gloria, Un adolescente en la retaguardia, Los cipreses creen en Dios y su continuación Un millón de muertos... Y habrá más.

Joaquín Aguirre Bellver. La mirada de un niño. Novela memoria de la guerra civil (2006). Madrid: Ciudadela, 2006; 222 pp.; ISBN: 84-935173-4-8.

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lunes, 1 de octubre de 2007

¡Ay no!,
es un álbum que usa con sencillez y acierto la fórmula de presentar en sucesivas escenas a dos personajes opuestos que contrastan sus visiones de la vida. Las protagonistas son dos gallinas, una blanca y una negra. La blanca, en la izquierda, es una persona negativa que, ante la propuesta de la negra, en las páginas derechas, de hacer una excursión, sólo ve dificultades: «¡Ay no!», exclama, una y otra vez, ante las posibles molestias. Mientras, la negra, la responde siempre con un «¡y qué más da!». Como es habitual en Rotraut Suzanne Berner, la narrativa gráfica es clara. El argumento evoluciona hacia el momento en el que las protagonistas intercambian posiciones y actitudes.

Rotraut Suzanne Berner. ¡Ay, no! (Ach, nein! Und wenn schon!, 2005). Madrid: Anaya, 2007; 26 pp.; col. Sopa de cuentos. Primeros lectores; trad. de Moka Seco Reeg; ISBN: 978-84-667-6234-2.

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