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Notas de octubre de 2008 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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viernes, 31 de octubre de 2008

La ira del fuego
continúa la historia de Sofia, niña en El secreto del fuego y adolescente en Jugar con fuego. Esta vez Sofia está casada con Armando y ya tiene tres hijos pequeños, Leonardo, Maria y Rosa. Armando trabaja en un taller mecánico en la ciudad y vuelve al pueblo los fines de semana. Todo cambia dramáticamente cuando Sofia descubre y confirma que Armando la está engañando con otra mujer.

En conjunto, la trilogía compone un intento elogiable de mostrar la dureza de algunas vidas en África. Esta tercera novela me ha gustado porque tiene fuerza documental: las cosas se cuentan bien y de modo convincente, en tercera persona pero desde dentro de Sofia, que acaba siendo un personaje bien perfilado a partir de sus actuaciones.

Alguna vez, sin embargo, el autor deja los acentos narrativos y entra en el interior de la protagonista para formular pensamientos que, al menos a mis oídos, suenan totalmente primermundistas, y no tanto en su contenido como en su formulación. Es el caso de cuando, al final, se dice que Sofia «hablaba también con las estrellas, con Rosa y Maria [sus hermanas fallecidas], con la señora Muazena [también fallecida]. Pero nadie tenía respuestas. Comprendió que sólo ella podía encontrar la respuesta, si es que la había. “Quizá lo que está ocurriendo justo ahora me enseña lo que implica hacerse mayor”, pensó. “Comprender que hay preguntas que no tienen respuestas evidentes. Que hay que darse las respuestas que uno mismo considere”».

Henning Mankell. La ira del fuego (Eldens vrede, 2007). Madrid: Siruela, 2008; 168 pp.; col. Las tres edades; trad. de Pontus Sánchez Giménez y María Teresa Giménez González; ISBN 13: 978-84-9841-159-1.

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jueves, 30 de octubre de 2008

A pesar de sus limitaciones, Los Inklings, de Humphrey Carpenter, es un libro básico en la bibliografía sobre C. S. Lewis y J. R. R. Tolkien. Los Inklings fueron el grupo formado principalmente por Lewis, Tolkien, Charles Williams, Hugo Dyson, Warren Lewis, Owen Barfield, y más tarde Christopher Tolkien, todos ellos escritores, profesores y amigos que se reunieron durante años, una o dos veces por semana, en un pub de Oxford y en las habitaciones de Lewis. Su importancia como grupo se deriva del impacto que sus intercambios de opiniones tuvieron en las vidas y en las obras de todos ellos, especialmente Lewis y Tolkien. En realidad, como uno de los asistentes a las reuniones dice a Carpenter, «éramos sólo un grupo de amigos», «existe una cierta tendencia a tomarnos más en serio de lo que nosotros mismos lo hacíamos».

Como Carpenter había publicado en 1977 una biografía sobre Tolkien, abordó esta obra centrándose sobre todo en la figura de Lewis, el alma de los Inklings, y dedicando también especial atención a Williams. Ambos libros, la biografía sobre Tolkien y este, tienen interés porque su autor tuvo acceso a muchos documentos inéditos y porque, al haber sido preparados poco después de la muerte de Lewis, en 1963, y de Tolkien, en 1973, pudo recoger muchos datos y sucedidos de primera mano. Esto último, sin embargo, es también una desventaja: se da pábulo a conjeturas más que discutibles, y se cuentan anécdotas o hechos que no parecen realmente significativos, o que podrían ser enfocados de otro modo si uno prescinde de las mezquindades y rivalidades académicas.

La obra tampoco deja clara la importancia de las obras de Tolkien y Lewis, en parte porque a finales de los setenta su éxito aún no tenía las dimensiones que con el paso de los años hemos visto, pero sobre todo porque Carpenter, al igual que la crítica oficial de aquella época, tampoco parece creer en la excepcionalidad literaria de Tolkien y de Lewis. Por otra parte, igual que cuando biografió a Tolkien se veía que Carpenter no se hacía cargo de aspectos nucleares de su vida —intentar ser un buen padre de familia con cinco hijos y grandes agobios económicos, intentar vivir su fe católica con profundidad y sin limitarse al cumplimiento externo de unas prácticas religiosas—, tampoco aquí parece sentirse cómodo cuando trata sobre los empeños apologéticos de Lewis: es significativo que califique de verdadera la máxima de Charles Williams de que «no se puede hacer otra cosa, salvo decidir en lo que se cree», y parece ir contra los datos reales el que afirme como posible que Lewis aprendiera esa lección...

Sorprenden algunas cosas de la traducción: entre otras, que donde debería decir Cuaresma diga siempre Lent (=Cuaresma).

Humphrey Carpenter. Los Inklings (The Inklings, 1978). Madrid: Homo Legens, 2008; 479 pp.; trad. de Juan Castilla Plaza; ISBN: 978-84-936433-8-6.

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miércoles, 29 de octubre de 2008

Dos novelas de intriga policiaca de Andrea Ferrari que me han gustado: El camino de Sherlock —del año pasado pero que acabo de leer ahora— y El diamante oscuro. Las narraciones tienen calidad, y los protagonistas y los argumentos de ambas tienen garra más que suficiente para dejar de lado las reticencias ante algunas inverosimilitudes más peliculeras.

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martes, 28 de octubre de 2008

El secreto de If,
de Ana Alonso y Javier Pelegrín, una historia que reúne y ensambla bien muchos elementos de cuentos clásicos, atrae y se lee con interés.

El relato comienza con la noticia de que se han concertado las bodas entre la princesa Dahud, heredera del reino de Kildar, y el príncipe Arland, heredero del contiguo reino de If. Pero Dahud desea saber antes más cosas de su futuro esposo y, con ese fin, urde un plan: por un lado manda por barco a una de sus doncellas para que se haga pasar por ella; por otro, viaja a If disfrazada de hombre y en compañía del anciano pero fuerte y hábil Sirio. En el camino rescatan de la muerte a una mujer anciana y un poco impertinente que, sin embargo, promete a Dahud que se cumplirán sus deseos, y, además, rescatan también de un hechizo a un joven encerrado en una torre.

Lo mejor es que la intriga está bien urdida y la historia bien contada, ya desde que la cita introductoria de La vida es sueño de Calderón de la Barca por un lado da pistas al lector y, al mismo tiempo, le hace pensar en una resolución distinta de la que tendrá la novela. Luego, el que algunos pasajes sean predecibles y el que, salvo el personaje de Dahud, los demás son algo esquemáticos, es algo normal en los relatos con acentos de cuento popular y también en eso está su encanto. El texto ganaría si evitase frases vacías y algo rimbombantes (por ejemplo la de que «un navegante nunca deja de ser un navegante: elegante, extraño e impredecible»). Supongo que las ilustraciones que van en todas las páginas, dibujos que presentan las acciones que se cuentan en el texto, se pueden dar por buenas si contribuyen a meter más en el relato a ciertos lectores pero, para otros como yo, no lo mejoran.

Ana Alonso y Javier Pelegrín. El secreto de If (2008). Madrid: SM, 2008; 216 pp.; col. El Barco de vapor; ilust. de Marcelo Pérez. ISBN: 978-84-675-2935-7.

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lunes, 27 de octubre de 2008

Lo normal en los álbumes es tensar la relación entre palabras e imágenes para que sean estas últimas las que lleven el máximo peso de la narración. Pero también se puede llamar álbum a una historia que se apoya no en la tensión entre palabras e imágenes sino en unas ilustraciones con personalidad propia.

Es el caso de Al señor zorro le gustan los libros, de Franziska Biermann, un álbum original dentro de los muchos que tratan sobre libros pues, aparentemente, no se presenta con el deseo de ayudar a los niños a que aprecien los libros, o el de ayudar a los padres a que sepan inculcar ese aprecio correctamente, sino con la intención de mostrar el poder adictivo que puede tener el afán lector.

Véase: al protagonista le gustaban los libros para comérselos y, cuantos más comía, más le gustaban y más necesitaba; en fin, eso le conduce a la delincuencia: a robar en la biblioteca, a atracar una librería...; y, cuando lo encarcelan escribe un libro que gusta muchísimo al carcelero y que le hará famoso, todo un final hollywoodiense.

Las ilustraciones de Franziska Biermann, con figuras angulosas y colores fuertemente contrastados, son comparables con las de Rotraut Suzanne Berner por su claridad narrativa y por el despliegue de los objetos en la página renunciando a la perspectiva.

Franziska Biermann. Al señor zorro le gustan los libros (Herr Fuchs mag Bücher, 2001). Madrid: Los cuatro azules, 2008; 56 pp.; trad. de Alejandra Navarro; ISBN: 978-84-936292-0-5. [Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 26 de octubre de 2008

Explica Robert Spaemann que «la palabra “multiculturalidad” posee un doble significado. Por un lado apunta en la dirección de que la riqueza del mundo radica en que en él se dan muchas culturas. Pero, por otro, apunta en una dirección opuesta pues la conservación de cada una de esas culturas requiere un espacio suficiente. Pongamos un ejemplo: la cultura del domingo sólo se da en tanto en cuanto el domingo no es una cuestión meramente privada; sólo si es algo público puede entonces desarrollarse un determinado estilo de domingo. Por tanto, multiculturalidad en un mismo territorio, en último término sólo puede significar una cierta eliminación de todas las culturas diversas que conviven en él a favor de una asimilación cultural».

Robert Spaeman. Texto de una entrevista del año 2000 contenida en Ética, política y cristianismo (2007). Madrid: Palabra, 2007; 299 pp.; col. Biblioteca Palabra; ed. de José María Barrio, trad. de José María Barrio y Ricardo Barrio; ISBN: 978-84-9480-106-6.

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sábado, 25 de octubre de 2008

Después de haber hablado extensamente sobre Napoleón, un «forjador de yugos», Chateaubriand hace un comentario muy ajustado al valor de tantas famas que vemos crecer alrededor: «Si he conseguido expresar lo que sentía, lo que quedará de mi retrato será una de las primeras figuras de la historia; pero no he admitido nada de esa criatura fantástica que es un compuesto de mentiras; mentiras que he visto nacer, que, tomadas primero por lo que eran, han pasado con el tiempo a la condición de verdad por la infatuación y la estúpida credulidad humanas. No quiero ser un pazguato ni caerme de espaldas de admiración. Lo que yo me propongo es describir a los personajes en conciencia, sin quitarles lo que les es propio, pero tampoco atribuyéndoles lo que no son. Si el éxito fuera considerado inocencia; si, corrompiéndola hasta la posteridad, la cargase con sus cadenas; si, futura esclava, engendrada por un pasado esclavo, esta posteridad sobornada se convirtiera en cómplice de quien hubiera triunfado, ¿dónde estaría el derecho, dónde el valor de los sacrificios? Al no ser el bien y el mal sino relativos, toda moralidad desaparecería de las acciones humanas».

François-René de Chateaubriand. Memorias de ultratumba (Mémories d’outre tombe, 1848). Barcelona: El Acantilado, 2004; dos volúmenes, 2723 pp.; presentación de Marc Fumaroli, prólogo de Jean-Claude Berchet, trad. de José Monreal Salvador, ISBN 10: 84-96136-85-X y 84-96136-86-8.

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viernes, 24 de octubre de 2008

Creadores,
de Paul Johnson, es un libro que desea ser complementario pero es inferior a otro que publicó unos años atrás, Intelectuales —más poderoso y más trabajado—, y que me ha dejado el mismo regusto: interés por muchos datos y apreciaciones, disgusto por los acentos del autor cuando habla de quien desea criticar, incomodidad por las anécdotas procaces a las que tan aficionado es (y no porque me molesten, que me molestan, sino porque muchas veces resultan injustas con quienes las protagonizan o porque parecen responder al deseo del autor de dejar a alguien en mal lugar). Tampoco me parece que Johnson cumpla con las expectativas que anuncia de hablar del trabajo creativo, aunque sí dé pinceladas sobre cómo se manifiesta la creatividad; más bien presenta biografías, y subraya en cada caso algún aspecto, de personajes muy diferentes entre sí: escritores como Chaucer, Durero, Shakespeare, Jane Austen, Víctor Hugo y Twain; músicos como Bach; pintores como Durero, Turner, Hokusai o Picasso; arquitectos como Pugin y Viollet-Le-Duc; modistos como Balenciaga y Dior; diseñadores-empresarios como Tiffany; cineastas como Disney... En mi opinión está fuera de lugar y es particularmente desafortunado el paralelismo final entre Picasso y Disney: las fobias y el afán polémico del autor le hacen perder pie.

Paul Johnson. Creadores (Creators, 2006). Barcelona: Ediciones B, 2008; 352 pp.; trad. de Gabriela Tenner; col. No ficción / Historia; ISBN 13: 978-84-666-2482-4.

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jueves, 23 de octubre de 2008

Me han preguntado algunas veces por la saga de Stephenie Meyer que comienza con Crepúsculo (Twilight, 2005), continúa con Luna nueva (New Moon, 2006) y Eclipse (2007), editadas en castellano por Alfaguara, y termina con la recién publicada Amanecer (Breaking Dawn, 2008). No las he leído y en principio no lo haré. Me ha bastado ver lo que ponen las solapas, echar un vistazo a las primeras páginas y a algunas críticas: no me aporta mucho el género gótico rosa (vampiros y hombres-lobo mezclados con amores adolescentes), no parece una obra definitiva ni mucho menos, y como son relatos muy largos tendría una horrible sensación de pérdida de tiempo. Quien esté interesado en la cuestión encontrará útil el comentario titulado The best thing since Harry Potter?

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miércoles, 22 de octubre de 2008

Como algunas veces me preguntan por adaptaciones y conozco pocas, esa es la verdad, he leído últimamente las preparadas por Rosa Navarro Durán de El Cid y del Lazarillo. Me han gustado y pienso que pueden cumplir bien la doble función de dar a conocer las obras originales a muchos que nunca las leerán, y de servir de primer acercamiento a las obras originales para otros. También me han parecido apropiadas las ilustraciones de Francesc Rovira: populares, eficaces, con aires de cómic y bien compuestas. Sé qué hay más adaptaciones de clásicos en la misma colección pero no las he visto con calma.

Sin estar del todo convencido, al leerlas pensaba que mientras no veo inconvenientes en versionar para niños algunas obras populares, en el sentido en que llamamos populares a El Cid o La Iliada o El Quijote, veo más problemático el resultado con obras como el Lazarillo o la Divina Comedia o, en general, libros donde los acentos adultos, picarescos o cultos en los casos citados, son tan imprescindibles que cualquier aire infantil traiciona bastante las obras. Es decir: me parece relativamente fácil que una versión infantil de obras del primer tipo dé una idea de sus contenidos y de su espíritu, me parece muy complicado conseguir lo mismo con obras del segundo tipo, en las que casi preferiría una selección de capítulos o de textos originales. Sin duda que muchos lectores adultos no las leerán en ningún caso, y en esa dirección cabe la defensa de las adaptaciones, pero tal vez a quienes las lean les llegarán adulteradas en exceso.
Aunque supongo que, como casi siempre, mucho depende de la transmisión, del ambiente y de las personas que rodean al lector.

El Lazarillo contado a los niños. Versión de Rosa Navarro Durán con ilustraciones de Francesc Rovira. Barcelona: Edebé, 2008; 169 pp.; col. Clásicos contados a los niños; ISBN 978-84-236-8986-6.
El Cid contado a los niños. Versión de Rosa Navarro Durán con ilustraciones de Francesc Rovira. Barcelona: Edebé, 2007; 181 pp.; col. Clásicos contados a los niños; ISBN 978-84-236-8338-3.


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martes, 21 de octubre de 2008

La primera tarde después de Navidad
, de Marta Rivera de la Cruz, es un relato en la tradición de los que hablan de un personaje que llega inesperadamente y lo cambia todo para los niños, como Pippa, El gato garabato o Mary Poppins. Pero, en este caso, son los niños, los hermanos Marta y Nacho, de nueve y siete años, los que van a casa de la tía Melinda, donde sucede todo lo inimaginable y, además, se reconcilian entre sí. La historia está bien contada, es amena y tira del lector hábilmente hacia delante.

El título podría ser más preciso: lo que se cuenta sucedió el último día de las vacaciones de Navidad y no la tarde posterior al día de Navidad. Otro detalle: Marta, la narradora, en la primera página dice que «este año ocurrió algo que vino a cambiarlo todo» pero usa el tono de quien cuenta las cosas después de pasados los años y, en efecto, así se confirma en el desenlace.

Marta Rivera de la Cruz. La primera tarde después de Navidad (2008). Madrid: Anaya, 2008; 109 pp.; ilust. de Rafael Vivas; ISBN: 978-84-667-7681-3.

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lunes, 20 de octubre de 2008

Para muchos pequeños lectores los álbumes ayudan a educar los sentimientos en el sentido de que sirven para reconocer los propios sentimientos en los personajes de ficción y para descubrir cómo algunos personajes reaccionan de manera diferente a la propia. En esa dirección, pero no sólo en esa, un álbum excelente: Pingüino, de Polly Dunbar.

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domingo, 19 de octubre de 2008

Para responder a si hemos de relativizar todas nuestras convicciones o hemos de combatir por ellas, Robert Spaemann pone un ejemplo: si tengo la convicción de que la ablación femenina es algo malo, consideraré falsa la convicción contraria y la combatiré; de otro modo no podría considerar mi convicción como tal. Y cuando le preguntan cómo no asociar convicciones con intolerancia, explica que las convicciones son teóricamente intolerantes pero que una intolerancia teórica no implica una intolerancia práctica. Así, continúa, quien prescribe un medicamento no tiene por qué obligar al otro a tomarlo. Es decir: se puede tener la convicción de que no se puede forzar a otras personas en cuestiones de convicción.

Robert Spaeman. Texto modificado de una entrevista del año 1999 contenida en Ética, política y cristianismo (2007). Madrid: Palabra, 2007; 299 pp.; col. Biblioteca Palabra; ed. de José María Barrio, trad. de José María Barrio y Ricardo Barrio; ISBN: 978-84-9480-106-6.

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sábado, 18 de octubre de 2008

Después de las biografías mencionadas las últimas semanas, puede venir bien recordar esto: «La posteridad no es tan equitativa en sus juicios como se dice; hay pasiones, entusiasmos y errores de distancia como hay pasiones y errores de proximidad. Cuando la posteridad admira sin límites, se escandaliza de que los contemporáneos del hombre admirado no tuvieran con él la misma idea que ella. Lo cual tiene, sin embargo, una explicación: las cosas molestas de ese personaje son agua pasada; sus debilidades han muerto con él; no ha quedado de lo que fue más que su vida imperecedera; pero no por ello el daño que causó fue menos real; daño en sí y por sí, daño sobre todo para quienes lo soportaron».

François-René de Chateaubriand. Memorias de ultratumba (Mémories d’outre tombe, 1848). Barcelona: El Acantilado, 2004; dos volúmenes, 2723 pp.; presentación de Marc Fumaroli, prólogo de Jean-Claude Berchet, trad. de José Monreal Salvador, ISBN 10: 84-96136-85-X y 84-96136-86-8.

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viernes, 17 de octubre de 2008

Un relato extraordinario por muchas razones: El zorro ártico, del escritor islandés Sjón, poeta y letrista de canciones de Björk, para quien eso le interese. Una de las razones, para mí humanamente la mayor: cuando uno de los personajes ve por primera vez a una chica con síndrome de Down de nombre Abba, encerrada en una celda como si fuera un animal, el narrador dice que «levantó la cabeza y lo miró directamente a los ojos; sonrió, y su sonrisa multiplicó por dos la felicidad de esta tierra».

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jueves, 16 de octubre de 2008

Para terminar, de momento, con las referencias a Varied Types, de Chesterton, señalo que uno de los ensayos que más me atrajo de ese libro fue el dedicado a la obra de Bret Harte, uno de los grandes autores norteamericanos de relatos cortos del XIX. Ese comentario se termina con una observación que bien pudiera estar en el origen de Un hombre bueno es difícil de encontrar, uno de los cuentos más famosos de Flannery O’Connor: en ella se afirma que, en el lugar más salvaje y áspero de la tierra, Bret Harte vio con claridad que, aunque sea muy difícil encontrar un hombre verdaderamente bueno, es más raro todavía, raro hasta el punto de la monstruosidad, encontrar un hombre que no desee ser bueno o que no imagine que lo es ya.

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miércoles, 15 de octubre de 2008

En su momento
dije que haría una miniserie sobre relatos con perros y, para quien no se haya dado cuenta, señalo que han ido apareciendo más de los mencionados expresamente, como Idéfix, en Astérix; Milú, en Tintín; y Gloria en Officer Buckle and Gloria, que recuerde ahora. Además, advierto de una nueva edición de un relato clásico de Chéjov: Kashtanka, que ya estaba citado dentro de Cuentos de la vieja Rusia, y que hace poco ha publicado Gádir con unas ilustraciones modernas, elegantes y eficaces, bien ajustadas al tipo de relato.

Antón Chéjov. Kashtanka (1887), Madrid: Gádir, 2008; 94 pp.; ilust. de Raquel Marín; trad. de José Laín Entralgo; ISBN: 978-84-96974-03-6.

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martes, 14 de octubre de 2008

A diferencia del citado ayer, un estupendo álbum de sentimientos adultos para el que no veo claro que su destinatario pueda ser un niño: Algún día, de Peter Reynolds. En él se reflejan los sentimientos de una madre que acaba de tener a su hija y que piensa en las etapas de su crecimiento hasta que, a su vez, su hija tenga también una niña.

Gráficamente la historia está muy bien contada. Las ilustraciones van en tinta y acuarela y, cada una, que a veces ocupa la doble página y a veces una sola, muestra una etapa del crecimiento de la niña. Los pensamientos de la madre son textos breves cuyo diseño, a veces, va de acuerdo con el contenido de la ilustración prolongando el movimiento de las figuras —por ejemplo, al trazar el arco del movimiento del columpio o de la chica que se tira a la piscina—. Son extraordinarios dos detalles: el de unas lilas que aparecen al principio y reaparecen en ilustraciones posteriores dando continuidad a toda la historia, y el de que la primera ilustración se convierta en un cuadro en la última.

Eso sí, habrá quien eche de menos al padre de la niña y al padre de la nieta en toda esta historia y quien la vea como una confirmación más de que vivimos en un matriarcado educativo...

Peter Reynolds. Algún día (Someday, 2007). Texto de Alison Meghee. Barcelona: Serres, 2007; 40 pp.; trad. de Teresa Mlawer; ISBN: 978-84-7871-068-3. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 13 de octubre de 2008

Como es lógico, la mayoría de los álbumes cuentan historias o tratan sobre acontecimientos que pueden comprender los destinatarios niños y, por tanto, son pocos los que abarcan periodos de tiempo largos que desbordan la comprensión del lector pequeño. Si, además, un álbum habla de sentimientos que no son inmediatos sino que son de los que van acumulándose con el paso del tiempo, parece que sus destinatarios naturales son más bien adultos. Si, además, el estilo artístico con el que se cuenta la historia tiene sus raíces en el arte románico, en principio se puede tender a pensar que pocos niños conectarán con él. Lo gracioso es que razones como estas a unos les valdrán para no dar un álbum así a los niños y otros, mi caso, las considerarán óptimas precisamente para dárselo. Es el  caso de De cómo nació la memoria de El Bosque, de Rocío Martínez, un valioso e inusual álbum.

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domingo, 12 de octubre de 2008

Una de las cuestiones por las que La diferencia prohibida merece la pena ser conocido es por cómo Tony Anatrella se refiere a la respuesta social ante las cuestiones que trata.

En general, dice, vivimos en «una sociedad que crea ella misma sus propias enfermedades para buscar después los medios de curarlas». Sin duda, la total falta de análisis y de comprensión con la que la mayoría de los políticos hacen frente a los retos educativos, así como el hecho frecuente de que su visión sea corta y sus mentes sean estrechas, añaden confusión a la confusión e irritan mucho por su esterilidad. Pero el fracaso de la educación es global y, aunque esté agudizado por tanta demagogia social y tanto idealismo sentimental, no adelantamos nada culpando a otros. El autor subraya que la voluntad de «no levantar olas», tan común, es anestésica; que la «inocencia gazmoña» que pretende que nada dependa del individuo y todo de la sociedad se llama irresponsabilidad; que los problemas se incuban y se desarrollan cuando no tenemos presente la fragilidad psíquica de los niños y adolescentes, y echamos sobre sus espaldas responsabilidades que no son las suyas, y más aún si «nuestros modelos actuales consisten en decir a los jóvenes: no os identifiquéis con nosotros, no tenemos nada que proponeros».

Son clarificadoras las páginas que dedica el autor a la pederastia, en las que afirma que, «al mismo tiempo que nuestra sociedad pone en guardia contra la pederastia, crea las condiciones» para que prolifere. También lo son las que dibujan una breve historia de cómo los adultos han ejercido su «derecho de vida y de muerte» sobre los niños de corta edad: si antiguamente los recién nacidos rechazados por sus padres eran abandonados en los bosques o en la plaza pública para dejarlos «al arbitrio de las adopciones con vistas a la esclavitud», o simplemente para que murieran, «con los progresos técnicos, la edad de su eliminación ha sido adelantada a los comienzos de la gestación» y, además, lo asombroso es que «las leyes protegen estas prácticas». Al final, concluye, «no es extraño que la violencia que pesa sobre el nacimiento del niño reaparezca en las conductas violentas de los niños y de los adolescentes en relación con la sociedad».

Al respecto pueden leerse:  Semana negra, Los niños siguen siendo noticia, Cuánta razón.

Tony Anatrella. La diferencia prohibida. Sexualidad, educación y violencia: la herencia de mayo de 1968 (La différence interdite, 1998). Madrid: Encuentro, 2008; 336 pp.; trad. de Lázaro Sanz; col. Ensayos; ISBN: 978-84-7490-875-6.

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sábado, 11 de octubre de 2008

La diferencia prohibida,
de Tony Anatrella, me ha parecido un libro de los que ayudan a comprender un poco mejor en qué mundo vivimos. El autor elabora «un discurso de observación, de balance y de perspectiva» acerca de los problemas psicológicos y sociales que se derivan del trastocamiento de las relaciones entre sexos, y entre adultos y niños, que se ha producido en las últimas décadas. Sus observaciones, referidas a la Francia de hace unos años, siguen teniendo vigencia. Tal vez el texto podría estar más pulido pues hay repeticiones innecesarias y tampoco la traducción es brillante a veces.

Es particularmente lúcido su análisis sobre la devaluación de la figura paterna, y sobre las consecuencias que se derivan de ahí para el desarrollo psicológico equilibrado de los hijos. Señala que se ha perdido en nuestra sociedad el sentido de la educación como acto de transmisión, y subraya que «la educación es esencialmente una actitud, antes que una técnica y unos medios», que depende de la personalidad del adulto más que de la multiplicación de medios pedagógicos.

Dedica luego capítulos a mostrar las patologías de la interioridad, a las consecuencias psicológicas y sociales de algunas formas de comprender y vivir la sexualidad, y a la violencia juvenil como resultado natural de los errores educativos previos. Resalta que poner énfasis en la prevención no resulta eficaz sin un verdadero trabajo educativo que ayude a «los individuos a tomar conciencia de lo que viven» y que les dé «los medios de educar el sentido de su comportamiento».

Tony Anatrella. La diferencia prohibida. Sexualidad, educación y violencia: la herencia de mayo de 1968 (La différence interdite, 1998). Madrid: Encuentro, 2008; 336 pp.; trad. de Lázaro Sanz; col. Ensayos; ISBN: 978-84-7490-875-6.

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viernes, 10 de octubre de 2008

Después de decir que las biografías de Chesterton de san Francisco de Asís y de santo Tomás de Aquino no me gustan mucho como tales biografías, alguien me dice que si no podría sugerir algunas que cumplan la función de perfilar de otro modo a los personajes. Conozco dos.

Hermano Francisco, de Julien Green, es un relato lleno de viveza, como corresponde al gran escritor que es Green, y es un buen trabajo «por intentar descubrir la verdad bajo las variantes que los cronistas me han hecho soportar», tal como afirma él mismo en el epígrafe final.

Santo Tomás de Aquino: el oficio de sabio, de Eudaldo Forment Giralt, es un libro literariamente más plano pero intelectualmente denso, pues el autor entreteje los hechos de su vida con explicaciones del contenido de sus obras; en cualquier caso, la figura de Tomás de Aquino queda bien dibujada y también se ofrecen las opiniones que distintos biógrafos han dado sobre algunas cuestiones discutidas. Es tan interesante como una novela policiaca la polémica sobre si santo Tomás fue o no envenenado por el rey Carlos I de Anjou, tal como Dante apunta en la Divina Comedia.

Al final, como afirma Julien Green en su biografía «las generaciones de historiadores se suceden y se contradicen. Refutar a los predecesores parece ser un placer del que no se cansan. Se llega a negar en bloque hechos recibidos como auténticos desde hace siglos. Nuevos errores se añaden entonces a los vulnerables errores de ayer, pero este juego no carece de provecho, porque se da el caso de que algunas verdades quedan clarificadas».

Julien Green. Hermano Francisco (Frère François, 1983). Santander: Sal Terrae, 2002; 320 pp.; col. Servidores y testigos; trad. de José Luis Rouillón; ISBN 10: 84-293-1459-8. [Vista del libro en amazon.es]
Eudaldo Forment Giralt. Santo Tomás de Aquino: el oficio de sabio (2007). Barcelona: Ariel, 2007; 320 pp.; col. Biografías, ISBN 10: 84-344-5227-8.

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jueves, 9 de octubre de 2008

Incluyo en la página breves fichas de dos personajes que, además de su importancia por otras razones, tuvieron un peso particular en la historia de la literatura infantil: Thomas Bewick y William Morris. Del segundo señalo una observación interesante que le dedica Chesterton en Varied Types: por un lado, dice ahí que debemos estarle muy agradecidos por su empeño en embellecer las vidas cotidianas y en reconocer, y hacer que todos reconozcan, la belleza de todos los oficios; por otro, explica que sus limitaciones derivaban de que, aunque buscaba reformar la vida moderna, la odiaba en vez de amarla: con toda su salud y su energía, dice Chesterton, Morris no tuvo el valor supremo de hacer frente a la fealdad de las cosas, no se dio cuenta de que si la Bella se hubiera comportado como él frente a la Bestia, el cuento habría tenido un final bien distinto.

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miércoles, 8 de octubre de 2008

Después del libro citado ayer, que habla muy bien de cómo una familia perfecta es siempre una familia imperfecta, o de cómo una familia imperfecta puede ser una familia perfecta, recuerdo dos relatos familiares españoles que a mí me gustaron mucho en su momento: Un tiesto lleno de lápices y El hijo del jardinero, de Juan Farias. En el caso del primer relato también por la figura de Nuria, la alegría de la familia con su «cara de los chinitos tristes».

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martes, 7 de octubre de 2008

Otro relato al que se puede aplicar lo dicho días atrás sobre un narrador infantil convincente: Los perfectos, de Rodrigo Muñoz Avia.

Álex cuenta que todos en su casa son perfectos menos él: su padre, físico teórico experto en mecánica de fluidos como el ketchup, su madre, decoradora sofisticada, sus listísimas hermanas mayores... Por el contrario, en la familia de su amigo Rafa Panocha todo es caótico. Total, Álex decide espiar a sus padres y hermanos para comprobar que alguna vez hacen algo mal.

Relato gracioso que atrapa el interés. La situación intriga, los personajes enganchan, los diálogos son certeros, las digresiones —en forma de redacciones de clase que debe hacer el narrador— resultan oportunas. Es fácil de leer, por la forma de narrar con frases cortas, a veces como sincopadas, y porque todo se cuenta ordenada y ponderadamente, de forma que el humor brota no de la exageración caricaturesca deformante —al modo un poco estridente de los relatos de Stink, por ejemplo—, sino del énfasis en subrayar mucho lo que se considera correcto pero, de vez en cuando, hacer observaciones que lo cuestionan. Por ejemplo, al explicar la decoración minimalista de su casa, el narrador cuenta que a sus padres «les gustan los espacios muy vacíos. El salón es de madera de barco y sobre él no hay nada. No sé para qué queremos un salón si sólo lo utilizamos para ir al jardín, donde tampoco hay nada, aparte de dos plantas. Pero a la gente que visita nuestra casa le encanta que el salón esté tan vacío. Cuando vas de visita, está muy bien que las casas estén vacías. Pero cuando vives en ellas es distinto».

Rodrigo Muñoz Avia. Los perfectos (2007). Barcelona: Edebé, 2007; 202 pp.; ilust. de Tesa González; ISBN: 978-84-236-8716-9.

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lunes, 6 de octubre de 2008

Nueva y remozada edición —toda ella en color— de Julieta estate quieta, de Rosemary Wells, un álbum modelo de cómo tratar de modo bienhumorado algunos problemitas en las relaciones entre hermanos. No sé cómo es la edición original pero, en esta que cito, es una pena el diseño de cubierta y contracubierta: esta última no se corresponde con la portada y es la mitad de una ilustración que va en las páginas de presentación del libro.

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domingo, 5 de octubre de 2008

Si el domingo pasado mencionaba una especie de cuento infantil dentro de una conferencia de Robert Spaemann, he aquí una especie de resumen de un relato de ciencia-ficción dentro de una entrevista:

«Hoy se confunde a menudo la felicidad con un estado de ánimo. Pero la felicidad es más que estar happy o que encontrarse bien. De lo contrario, el hombre más feliz habría de ser aquel al que se le mantuviese narcotizado durante un par de decenios, dejándole en un estado de euforia artificial a base de suministrarle sustancias estimulantes mediante hilos conectados al cerebro. Pero ¿quién de nosotros querría cambiarse por él? Nadie. Preferimos la vida real. Pues la felicidad tiene que ver con la realidad y eso es exactamente lo que la ética pone de relieve».

Robert Spaeman. Texto modificado de una entrevista del año 1999 contenida en Ética, política y cristianismo (2007). Madrid: Palabra, 2007; 299 pp.; col. Biblioteca Palabra; ed. de José María Barrio, trad. de José María Barrio y Ricardo Barrio; ISBN: 978-84-9480-106-6.

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sábado, 4 de octubre de 2008

Wisława Szymborska: «Constantemente se produce un gran número de películas biográficas sobre grandes científicos o sobre grandes artistas. La tarea de los ambiciosos directores de cine es presentar de manera creíble el proceso creativo, proceso que conduce finalmente a grandes descubrimientos científicos o la realización de famosísimas obras de arte. Con más o menos éxito muestran el trabajo de ciertos sabios: laboratorios, todo tipo de aparatos, mecanismos puestos en marcha que son capaces de mantener durante cierto tiempo la atención del público. Además, los momentos de expectación en espera de si un experimento, repetido por enésima vez con sólo una pequeñísima variación, sale o no sale, resultan muy dramáticos. Las películas sobre pintores, en las que se puede reproducir cada fase del movimiento de la pintura, desde el primer trazo hasta la última pincelada, sí que pueden ser espectaculares. Las películas sobre compositores están llenas de música, desde los primeros compases que el artista oye en su interior hasta la forma madura de la obra en la que cada instrumento tiene ya adjudicada su parte. Todo esto sigue siendo ingenuo y no nos dice nada sobre ese estado de ánimo llamado comúnmente inspiración, pero al menos hay algo que mirar y oír.

Lo malo son los poetas. Su labor es de una lamentable falta de fotogeneidad. Uno está sentado a la mesa o tendido en un sofá, con la vista clavada en la pared o en el techo, de vez en cuando escribe siete versos, uno de los cuales tacha al cabo de un cuarto de hora, y pasa una hora más en la que no ocurre nada... ¿Qué espectador aguantaría semejante cosa?»

Wisława Szymborska. En El poeta y el mundo, discurso de recepción del Premio Nobel, contenido en El gran número, Fin y principio y otros poemas. Madrid: Hiperión, 1997; 197 pp.; col. Poesía Hiperión; edición al cuidado de María Filipowicz-Rudek y Juan Carlos Vidal; estudio introductorio de Malgorzata Baranowska; ISBN: 84-7517-524-4.

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viernes, 3 de octubre de 2008

Al leer las Memorias de ultratumba he actualizado los recuerdos que tenía de Fouché (1759-1820), un personaje con «la apariencia de una hiena vestida» y al que Chateaubriand, un día que fue a ver al rey y le dejaron sentado en un rincón a la espera, retrata con el siguiente párrafo: «De repente se abre una puerta: entra silenciosamente el vicio apoyado en el brazo del crimen, monsieur de Talleyrand caminaba sostenido por monsieur Fouché: la visión infernal pasa lentamente por delante de mí, entra en el gabinete del rey y desaparece. Fouché acababa de jurar fidelidad y homenaje a su señor; el fiel regicida, de hinojos, puso las manos que hicieron rodar la cabeza de Luis XVI entre las manos del hermano del rey mártir; el obispo apóstata hizo de garante del juramento».

«Traidor de nacimiento, miserable, intrigante, de naturaleza escurridiza de reptil, tránsfuga profesional, alma baja de esbirro, abyecto, amoral...», son algunos de los calificativos que mereció José Fouché, uno de los hombres más poderosos de su época y de los más extraordinarios de todos los tiempos, según dice Stefan Zweig en la biografía que le dedicó. «Cuesta trabajo imaginarse que el mismo hombre que fue sacerdote y profesor en 1790, saquease iglesias en 1792, fuese comunista en 1793, multimillonario cinco años después y Duque de Otranto algo más tarde». «Los gobiernos, los sistemas, las opiniones, los hombres cambian; todo cae y desaparece en el torbellino vertiginoso de aquel decenio; sólo uno permanece siempre en el mismo sitio, al servicio de todos y de todas las ideas: José Fouché». Napoleón recompensará a su ministro de policía con un título nobiliario cuyo escudo «muestra en el centro una columna áurea bien propia de este apasionado enamorado del oro. Y alrededor de la columna se enrosca una serpiente, probable y tácita alusión a la flexibilidad diplomática del nuevo duque».

François-René de Chateaubriand. Memorias de ultratumba (Mémories d’outre tombe, 1848). Barcelona: El Acantilado, 2004; dos volúmenes, 2723 pp.; presentación de Marc Fumaroli, prólogo de Jean-Claude Berchet, trad. de José Monreal Salvador, ISBN 10: 84-96136-85-X y 84-96136-86-8.
Stefan Zweig. Fouché (1929). Barcelona: Juventud, 1996; col. Libros de bolsillo Z; trad. de Ramón Mª Tenreiro; ISBN 10: 84-261-5502-2.

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jueves, 2 de octubre de 2008

¿Por qué gustan tanto los melodramas, esas mezclas tan artificiales de realismo pobre y romanticismo alto, de realidad cotidiana y enigmas asombrosos, de momentos de mucho sufrimiento y una gran felicidad al final...? Una respuesta es la que da Chesterton en Varied Types y en The Victorian Age of Literature cuando explica que las novelas de Charlotte Brontë y de su hermana, Emily Brontë, aunque tienen argumentos improbables y personajes inconsistentes, transmiten emoción porque muestran que un verdadero gozo contiene siempre un elemento de temor, porque revelan que por debajo de las vidas que parecen más grises puede haber grandes misterios, y porque también enseñan que a veces lo más real de los hombres está en sus sueños (un eco del comentario de Stevenson de que la gran literatura popular habla no de lo que los hombres son sino de lo que los hombres sueñan).

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miércoles, 1 de octubre de 2008

La escena de la derecha, que va en la página de apertura de Owl Moon, es una excelente forma de comenzar una historia pues al lector se le contagia de la excitación con la que sale al exterior la protagonista (en el inglés original no hay claves que nos hagan saber si es niña o niño: supongo que es niña porque la escritora es mujer). Además, evoca la imagen clásica, vista en el cine multitud de veces, de la figura que se recorta en la puerta contra el paisaje de fondo. En otro orden de cosas, esa imagen, y el álbum en su conjunto, ejemplifica cómo la acuarela basa su luminosidad en el blanco del papel y en ella se ha de trabajar yendo desde la claridad a la oscuridad (a diferencia de otras técnicas como el óleo, en las que se ha de ir desde la oscuridad a la claridad).

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miércoles, 1 de octubre de 2008

Cuando leí el relato citado ayer recordé otro de Paula Fox titulado El gato tuerto, una historia que también habla de lo agobiante y venenosa que puede llegar a ser la insinceridad.

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