Este sitio emplea cookies de Google para prestar sus servicios, para personalizar anuncios y para analizar el tráfico. Google recibe información sobre su uso de este sitio web. Si utiliza este sitio web, se sobreentiende que acepta el uso de cookies. Entendido | Más información
Notas de octubre de 2016 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
Archivo por temas:
KraussSendaHoyo2.jpg
lunes, 31 de octubre de 2016

Se ha publicado hace pocas semanas en España un álbum verdaderamente imprescindible, uno de esos álbumes históricamente importantes en el que se realiza el milagro de que conserva su encanto igual que cuando se publicó: Un hoyo es para escarbar, con texto de Ruth Krauss e imágenes de Maurice Sendak.

Enviar Imprimir
FazioAmIngenua.jpg
domingo, 30 de octubre de 2016

Después de Imperios del mundo atlántico, en mi lista de lecturas de historia le tocó el turno a La América ingenua, un libro en el que Mariano Fazio hace un resumen excelente de lo que sucedió en el continente americano después de la llegada de Cristóbal Colón en 1492. Con todas las dificultades que hay para resumir un buen resumen, doy a continuación algunas ideas, que se pueden completar con esta reseña.

Son ocho capítulos, titulados «Los protagonistas», «Los antecedentes», «El ciclo Colombino», «El ámbito antillano», «Las grandes conquistas armadas», «La evangelización», «La búsqueda de la justicia», «Las consecuencias». En los primeros el autor habla de la miopía de unos para no ver las barbaridades realizadas por los conquistadores hispanos y la de otros para no ver lo positivo de su labor civilizadora y evangelizadora; señala la necesidad de intentar comprender las diferencias que había, tanto entre los europeos que llegaron como entre los pueblos americanos que encontraron; apunta las luces y sombras de las culturas precolombinas pues, por ejemplo, antes que la de los españoles, hubo invasiones incaicas y aztecas «más crueles e inhumanas que las europeas».

Explica bien luego que, pasada la época de los conquistadores, como los reyes no querían que en las Indias «retoñase el régimen señorial», abrieron la época de los funcionarios públicos: así «nacía la burocracia americana, que tras cinco siglos de vida aún hoy goza de demasiada buena salud». Esto comenzó en «el laboratorio de las Antillas» y puso en pie una gran organización burocrática oficial con una dependencia estrecha de la Corona de Castilla. También dedica unas pocas y amenas páginas a cada uno de los conquistadores que fueron llegando a cada territorio, y señala sus errores y aciertos.

Explica el importante papel de Francisco de Vitoria, apunta el hecho asombroso de que en la España imperial e inquisitorial se le permitiese a Las Casas decir todo lo que dijo, y hace notar la gran búsqueda de la justicia que se dio en España en aquellos tiempos. Respecto a lo anterior un episodio revelador, sin precedentes, fue que, durante la celebración de la Junta de Valladolid —unos debates públicos en los años 1550 y 1551—, Carlos V dio la sorprendente orden de que cesasen las conquistas en América hasta que se decidiera si eran o no justas. Al final el autor concluye que las Leyes de Indias honran a España y a América: aunque tuvieran sus limitaciones en su redacción y en su aplicación manifiestan la altura moral a la que se llegó.

Mariano Fazio. La América ingenua: breve historia del descubrimiento, conquista y evangelización (2009). Madrid: Rialp, 2009; 187 pp.; ISBN: 978-84-321-3719-8. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
sábado, 29 de octubre de 2016

Después de las contenidas en Maneras de leer y en Fundamentalmente frivolidad, una cita más de W. H. Auden acerca de la crítica literaria:

«¿Cuál es la función de un crítico? En lo que a mí respecta, puede prestarme uno o más de los siguientes servicios:

1. Darme a conocer autores que hasta ese momento ignoraba.

2. Convencerme de que he menospreciado a cierto autor o determinada obra por no haberla leído con suficiente cuidado.

3. Mostrarme relaciones entre obras de distintas épocas y culturas que jamás habría descubierto por mí mismo porque no sé lo suficiente y nunca lo sabré.

4. Ofrecerme una “lectura” de determinada obra que mejore mi comprensión de la misma.

5. Arrojar luz sobre el proceso del “hacer” artístico.

6. Arrojar luz sobre el arte de vivir, sobre la ciencia, la economía, la ética, la religión, etc.

De estos seis servicios, los tres primeros requieren erudición. Un erudito no es solamente aquel que posee un enorme caudal de conocimientos; ese conocimiento ha de ser valioso para los demás. No se puede llamar erudito a alguien que conoce de memoria la guía telefónica de Manhattan (…). Puesto que la erudición implica una relación entre uno que sabe más y otro que sabe menos, se trata por fuerza de una condición temporal: con respecto del público, cualquier reseñista es temporalmente un erudito, puesto que ha leído el libro que quiere reseñar, y el público no. (…)

En cuanto a los tres últimos servicios, no requieren un conocimiento superior, sino una mayor lucidez. La lucidez de un crítico puede medirse por la novedad e importancia de sus preguntas, más allá de que uno pueda estar en desacuerdo con sus respuestas».

W. H. Auden. «Leer» (en The Dyer’s Hand, 1962), El arte de leer (2013). Barcelona: Lumen, 2013; 463 pp.; trad. de Juan Antonio Montiel; edición de Andreu Jaume; ISBN: 978-84-264-2164-7. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
BobinBajisimo2.jpg
viernes, 28 de octubre de 2016

He puesto datos de nuevas ediciones de Cepillo, La casa bajo la arena y El Bajísimo.

Enviar Imprimir
GoniCuentameMito.jpg
jueves, 27 de octubre de 2016

Un libro que no había puesto aquí todavía, y que sin embargo he recomendado con frecuencia cuando me han preguntado por los mitos clásicos, es Cuéntame un mito, de Carlos Goñi.

Después de una presentación, en él hay cuarenta y tres relatos, un epílogo y bibliografías. En cada relato se cuenta un mito y, a continuación, se hacen algunas sugerencias que contienen unos breves comentarios explicativos con citas de algunos otros libros que son como pistas a seguir. Así, en «Crono, el que todo lo devora», el autor se refiere a El lobo y los siete cabritillos; en «Ío, el aguijón de la conciencia», cita la relación entre Pinocho y Pepito Grillo; en «Narciso y Eco, la flor y la voz» habla del síndrome de Peter Pan (y podría haber mencionado Con mis mil ojos…); en «Psique, la belleza del alma», recuerda la novela de C. S. Lewis titulada Mientras no tengamos rostro, y muchas más..

En el epílogo se señala cómo, en los mitos, «el hombre descubre verdades sobre él mismo, sobre la naturaleza, sobre su propio destino; verdades que se le presentan con una fuerza sobrehumana y que él no es libre para rechazarlas o cambiarlas. Esto quiere decir (…) que el mito no se inventa, sino que se impone. Impone su propia lógica» que a veces choca con cierta racionalidad, en especial con esa miopía intelectual que ha forzado la vista en los detalles y «a fuerza de mirar de cerca, ha perdido la capacidad de ver de lejos». Así que, afirma el autor, con relatos como los que nos cuentan los mitos clásicos, abrimos «el objetivo de nuestra razón para que entre más luz, no sólo la que nosotros mismos arrojamos».

Carlos Goñi. Cuéntame un mito (2001). Barcelona: Ariel, 2001; 256 pp.; col. Claves Ariel; ISBN: 978-84-34400573. [
Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
TabareRelatosInmortales.jpg
miércoles, 26 de octubre de 2016

He conocido hace poco Relatos (in)mortales, adaptaciones al cómic de dieciséis relatos folclóricos, con guiones de María Cristina Thomson y dibujos de Tabaré. Cada una ocupa unas diez o doce páginas y son historias tomadas de recopilaciones variadas, normalmente irlandesas o gaélicas, prácticamente todas ellas de tipo fantástico, sobre aparecidos y fantasmas —al modo, por ejemplo, de La leyenda de Sleepy Hollow—. Al final de cada una se indica su origen. Los dibujos caricaturescos, en blanco y negro, de figuras rústicas y escenarios rurales, transmiten dinamismo y tienen el tono apropiado para esta clase de historias.

Tabaré y María Cristina Thomson. Relatos (in)mortales. Narraciones tradicionales ilustradas (2012). Ciudad Jardín: Casa de Papel, 2012; 120 pp.; col. Letra & Línea; ISBN: 978-987-27233-9-2.

Enviar Imprimir
MartinezRoCalila.jpg
martes, 25 de octubre de 2016

Después de haber hablado, hace unos días, de una edición completa del Calila y Dimna, toca mencionar el estupendo álbum Del maravilloso libro de Calila y Dimna, de Rocío Martínez.

Para curar la melancolía del rey, su médico viaja en busca de unas hierbas milagrosas pero, al final, un mercader le regala un libro y le dice que lo lea de principio a fin. En el libro aparecen los lobos Calila y Dimna que hablan entre sí y se entretejen entonces varios relatos —cada uno de los cuales ocupa una doble página—: el del perro engañado por el reflejo del agua, el de la Zorra y el tambor, el de la tortuga y los patos. Finalmente, el médico entregó el libro al rey que, gracias a los cuentos, se hizo cada vez más sabio.

Cada breve historia —la del rey, la del médico, las conversaciones entre Calila y Dimna, los relatos que Calila y Dimna cuentan— tiene unos marcos y una tipografía distinta. En el epílogo la autora da unos datos básicos sobre la obra; comenta cómo este libro, con otros, representó el esplendor de los libros ilustrados entre 1230 y 1350; explica que, para la ilustración, ha usado el grafismo medieval combinado con cenefas orientalizadas de motivos geométricos y arasbescos basados en los que hay en la Alhambra de Granada y la Mezquita de Córdoba; e indica que, como en el arte islámico no está permitida la representación humana, optó por representaciones de hombres como sombras de un teatro de títeres.

Rocío Martínez. Del maravilloso libro de Calila y Dimna (2015). Barcelona: Thule, 2015; 24 pp.; col. Acervo; ISBN: 978-84-15357-74-2. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
HyunGiungDientesLeon.jpg
lunes, 24 de octubre de 2016

Después de mencionar La piscina, le toca el turno (por casualidad) a otro álbum coreano de concepción minimalista: Dientes de león, de Hyun-Gyung Oh y Jang-Sung Kim. Las palabras del relato sólo dicen, una y otra vez, que «los dientes de león son dientes de león», al tiempo que los muestran, en distintos lugares —suelos, tejados, paredes, campos…—, y momentos —cuando brotan, aparecen sus hojas, crecen y florecen…—. Es una forma original, o que yo no había visto antes, de presentar el ciclo de la vida mostrando esa planta silvestre que tan acostumbrados estamos a ver y en la que, seguramente, casi nunca nos fijamos (tal vez se nos quiere decir que tenemos alrededor una belleza que deberíamos saber apreciar más). En las primeras guardas vemos dibujadas caras de niños y niñas, y en las últimas dientes de león en distintos momentos de su ciclo (y aquí también tal vez se alude a que todos somos iguales y a que cada uno somos el mismo aunque cambiemos de lugar y aunque transcurra el tiempo).

Hyun-Gyung Oh. Dientes de león (2014). Texto de Jang-Sung Kim. Girona: Tramuntana, 2016; 32 pp.; trad. de Sebastián Parodi; ISBN: 978-84-16578-14-6. [Vista del libro en amazon.es].

Enviar Imprimir
ElliottImperios.jpg
domingo, 23 de octubre de 2016

Una fructífera lectura de los últimos meses: Imperios del mundo atlántico: España y Gran Bretaña en América, 1492-1830, un libro de hace unos años de John H. Elliott. Dos buenas reseñas explicativas salieron una en El Cultural y otra en Letras Libres.

Es una larga y documentada narración en la que se comparan los imperios coloniales español e inglés en América hasta 1830. Está dividido en tres partes tituladas «La Ocupación», «La Consolidación» y «La Emancipación», que a su vez tienen cuatro capítulos cada una. En la primera parte hay un desfase temporal en la comparación pues el autor contrasta lo que ocurrió después de las llegadas de Cortés a México en 1519 y de Christopher Newport en 1606 a lo que sería Jamestown, la que sería la Veracruz inglesa, una especie de base de reconocimiento y aprovisionamiento. Ya en las otras dos partes el contraste se da entre situaciones que se dieron a la vez en el tiempo.

El autor va señalando similitudes y diferencias entre los dos procesos, tan deudores ambos de muchos factores: motivos y métodos de unos y otros, relaciones entre los recién llegados y las distintas poblaciones, las ambiciones humanas y espirituales en juego, las instituciones económicas que se pusieron en marcha, el peso y las decisiones de los sucesivos gobiernos en España y en Inglaterra, los diferentes orígenes y rasgos de las comunidades locales que se crearon, las razones por las que fueron estallando los conflictos, etc. Es un gran intento de comprender las cosas mejor pues el autor se fija en el momento en el que se produjeron los acontecimientos y huye de los prejuicios o estereotipos falsos asentados con el tiempo.

Los párrafos finales del epílogo dicen lo siguiente:

«La historia podría haber sido muy distinta. Es posible imaginar un guión alternativo, en modo alguno inverosímil, si Enrique VII hubiera estado dispuesto a financiar el primer viaje de Colón y una fuerza expedicionaria de hombres del suroeste de Inglaterra hubiera conquistado México para Enrique VIII: un enorme aumento en la riqueza de la corona inglesa al llenarse las arcas reales de cantidades crecientes de plata americana, el desarrollo de una estrategia imperial coherente para explotar los recursos del Nuevo Mundo, la creación de una burocracia imperial para gobernar las sociedades colonizadoras y sus poblaciones subyugadas, una menguante influencia del parlamento en la vida nacional y el establecimiento de una monarquía inglesa absolutista financiada con la plata de América.

La historia no siguió tal curso. El conquistador de México resultó ser un fiel vasallo del rey de Castilla, no del rey de Inglaterra, y fue una compañía mercantil inglesa, no una española, la que encargó a un antiguo corsario que fundara la primera colonia de su país en el continente americano. Detrás de los valores culturales y los imperativos económicos y sociales que configuraron los imperios español y británico del mundo atlántico se halla una multitud de elecciones personales y las consecuencias imprevisibles de acontecimientos inesperados».

John H. Elliott. Imperios del mundo atlántico: España y Gran Bretaña en América, 1492-1830 (Empires of the Atlantic world, Britain and Spain in America 1492-1830, 2006). Madrid: Taurus, 2006; 830 pp.; trad. de Marta Balcells revisada por el autor; ISBN: 978-8430606177. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
sábado, 22 de octubre de 2016

Después de las citas del pasado sábado, algunos párrafos más de W. H. Auden, en El arte de leer, en este caso sobre la poesía.

—«Un poema no tiene que ser grandioso, ni siquiera serio, para ser bueno».

—«La poesía puede hacer mil y una cosas: deleitar, entristecer, perturbar, divertir, instruir; puede expresar la menor sombra de emoción y describir cualquier clase de evento imaginable; sin embargo, tiene un único deber: debe alabar hasta donde le sea posible lo que es y lo que acontece».

—«Cuando uno lee un poema escrito en su propia lengua, puede considerar personalmente antipática la sensibilidad del poeta y verse, sin embargo, inducido a admirar su manera de expresarse, pero cuando lo que leemos es una traducción, todo queda reducido a la sensibilidad, que puede gustarnos o disgustarnos».

—«Creo que la poesía es frivolidad, fundamentalmente. Yo mismo escribo poesía simplemente porque me gusta hacerlo. Lo único verdaderamente serio es amar a Dios y al prójimo. Porque uno puede decir: “no soy matemático” o bien “no soy artista y me parece muy bien, porque no tengo talento para eso”. Todo aquello que no es indispensable para uno es fundamentalmente frívolo. Nadie puede decir que no ama a su prójimo porque no tiene talento para eso: es indispensable para todo el mundo».

W. H. Auden. El arte de leer (2013). Barcelona: Lumen, 2013; 463 pp.; trad. de Juan Antonio Montiel; edición de Andreu Jaume; ISBN: 978-84-264-2164-7. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
ReindhartTrainK.jpg
viernes, 21 de octubre de 2016

En el epílogo a Train Kids, su autor, el periodista alemán Dirk Reinhardt, cuenta que, para componerla, charló con muchas personas relacionadas con su tema: los chicos de países centroamericanos que atraviesan México en trenes hacia los Estados Unidos, y gente de distinto tipo que se relaciona con ellos.

Los protagonistas son un grupo de chicos que se conocen en la frontera entre Guatemala y México y deciden viajar juntos para intentar llegar a la frontera con Estados Unidos. Son Fernando, el mayor y el guía, pues ha intentado el viaje y el paso algunas veces; una chica disfrazada de chico llamada Jaz; Miguel, el narrador, que tiene catorce años; Emilio, un chico indígena, y Ángel, un chaval más pequeño que los demás. El relato va contando sus pasados, sus orígenes, los motivos que tienen para el viaje y a quién van a buscar en los Estados Unidos, mientras van sucediéndose los incidentes: deben evitar a los empleados del tren, a la Policía y a los funcionarios de la Migra (el Instituto Nacional de Emigración); tienen también que procurar escabullirse de quienes les desean robar el dinero que llevan, incluidos, en una ocasión, el cártel de los Zetas...

La narración tiene tirón: todo se cuenta bien y se sigue con interés. Al lector le queda claro el mundo tan difícil en el que viven quienes se embarcan en un viaje así, y no es necesario saber mucho del tema para entender que las cosas son, incluso, mucho peores. En ambos sentidos, como relato emocionante y como información que vale la pena conocer, es una lectura valiosa. Los defectos que se le pueden achacar se derivan de su condición de novela juvenil: algunos mensajes se refuerzan para que no se le olviden al lector y es artificial, aunque sea eficaz, el modo de ir dando toda la información.

En relación a lo primero un ejemplo se da cuando el narrador se pregunta cosas como «¿de dónde saca la gente el derecho a llamarme extranjero? ¿Por no ser de aquí, debería volver al lugar de dónde vengo? ¿Por qué razón puede decir alguien que un país es suyo?». Otro, cuando se insiste, varias veces, en ideas novelescas cuando, por boca de Jaz, se dice que, «al final, lo que nos quedará será lo que vivamos durante el camino»…

En relación a lo segundo está forzado el personaje de Fernando: por medio de las cosas que cuenta y de las advertencias que hace se van dando las aclaraciones oportunas. Así, logran atravesar Chiapas gracias a la protección que les presta un amigo de Fernando, perteneciente a una «mara» cruel, y Fernando les explica por qué la policía mira hacia otro lado cuando les ven con él: «si le haces daño a un mara, mejor que ese mismo día hagas testamento porque no vas a vivir mucho más».

Aunque suavizados. no faltan momentos de crueldad e incluso, al final del trayecto, se apuntan comportamientos pervertidos. No abundan pero no faltan situaciones de alivio: en Tapachula les protege de la policía el párroco de una iglesia en la que entran, un personaje inspirado en un sacerdote que regenta un albergue para emigrantes, a quien cita el autor en su epílogo. Ahora bien, cuando poco después, un viejo les engaña y les roba, es al sacerdote a quien Fernando culpa de todo: «no tengo nada contra él, es una buena persona, pero el problema es que cuando te encuentras a alguien así, empiezas a confiar en la gente. Y ese es el peor error que puedes cometer. Estás perdido si confías en los otros, sin conocerlos. Me podéis creer: si no hubiéramos conocido al padre, el viejo no nos habría engañado».

Dirk Reinhardt. Train Kids (2015). Lleida: Milenio, 2016; 364 pp; col. Nandibú; trad. de Montserrat Franquesa Gòdia; ISBN: 978-84-9743-731-8. [
Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
CalilayDimna.jpg
jueves, 20 de octubre de 2016

Por motivos de importancia histórica, porque sus lecciones siguen vigentes, y porque es una lectura muy amena, es recomendable la nueva y modernizada edición del Calila y Dimna, a cargo de José María Merino.

Enviar Imprimir
NesbitSeremosB.jpg
miércoles, 19 de octubre de 2016

En una excelente traducción se ha publicado hace poco en España Los Seremosbuenos, de Edith Nesbit, la continuación de Los buscadores de tesoros.

El relato empieza cuando los Bastable han cambiado de fortuna. Ellos pensaban que si fueran ricos serían «más felices y muy, muy buenos», pero descubren que no es tan fácil. También comprueban enseguida, y se lamentan, de «lo pronto que te acostumbras a las cosas, incluso a las que más deseabas». Así que, después de una travesura más, son enviados al campo, en verano, junto con dos amigos. Allí constituyen una sociedad, a la que deciden llamar los Seremosbuenos, cuyas dos primeras reglas son: 1) Todo el mundo tiene que ser lo más bueno posible; 2) No hay que ponerse demasiado pesado con lo de ser bueno (Oswald y Dicky pusieron esa regla)…

Como en el primer libro, también en este son divertidos los acentos del narrador, desconocido pero evidente, por los continuos autoelogios que se echa a sí mismo. Otro de sus rasgos está en que los protagonistas no logran que coincida lo que está bien a los ojos de los adultos con lo que a ellos les parece conveniente: Dicky le dice a Oswald que «tiene que haber algo divertido que “no esté mal”». Otro más está en lo bien que Nesbit siempre retrata el curso de los pensamientos de chicos y chicas, y muchos aspectos de las relaciones entre ellos. Luego, como en otros libros suyos, en los diálogos y comentarios hay referencias literarias que los protagonistas manejan con soltura y que, para los lectores actuales, quedan claras con las oportunas y aclaratorias notas al pie.

Edith Nesbit. Los Seremosbuenos (The Wouldbegoods, 1901). Córdoba: Toromítico, 2016; 254 pp.; ilust. de Pilar González, Antonio Cuesta y Oscar Córdoba; trad. de Nuria Reina Bachot; ISBN: 978-84-15943-46-4. [
Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
HyeonLeePiscina.jpg
martes, 18 de octubre de 2016

Otro primer álbum recibido con merecidos elogios en algunas reseñas. La piscina, de la coreana Ji Hyeon Lee. En él, sin palabras, se presenta un chico solitario que, en una piscina pública, se sumerge por debajo de donde se acumula la gente y allí encuentra un mundo de color y una compañía inesperada.

Los elogios son merecidos, primero porque las ilustraciones son excelentes por su composición, por su capacidad de sugerencia, por la forma en que hacen progresar la historia de un mundo más bien gris a un mundo de color. Luego, lo son por la pertinencia e interés del mensaje de fondo: que por debajo de la superficie, si nos sumergimos y guardamos silencio, hay un mundo rico al que podemos acceder; que hay personas con nuestros mismos intereses a las que debemos descubrir y con las que podemos llegar más lejos.

Por mi parte simpatizo con las imágenes y conecto con las «conclusiones» de la historia, pero al mismo tiempo me parece que es un álbum de los que no atrae a los niños sino a ciertos adultos, entre los que me incluyo. La idea de fondo está vestida de una manera que causa extrañeza: como sucede cuando, para expresar algo verdadero, alguien usa una metáfora brillante pero demasiado elaborada e incluso complicada. Con todo, habrá quien no vea las cosas así y, seguramente, saldrá ganando. Vale la pena, en cualquier caso, echar un vistazo a estas explicaciones de la autora sobre su álbum,

Ji Hyeon Lee. La piscina (Pool, 2013). Granada: Barbara Fiore, 2014; 50 pp.; ISBN: 978-84-15208-50-1. [Vista del álbum en amazon.es]

Enviar Imprimir
Hawcock0a20.jpg
lunes, 17 de octubre de 2016

Vuelvo a la idea y a un autor de hace unos días. Hay álbumes que son algo sosos (para lo que ahora mismo estamos acostumbrados) pero que pueden cumplir bien su función en manos de quien les sabe sacar partido, y me refiero tanto al niño lector como al adulto que lo comparte con él. Pensaba esto, una vez más, al tener entre las manos Del 0 al 20, de David Hawcock, un álbum tridimensional de formato pequeñito en el cual, al ir abriendo sus páginas, van surgiendo los números en blanco contra fondos de color. En la página izquierda vemos las siluetas de distintas figuras: un tractor, dos peces, tres pájaros, cuatro gatos… En la derecha, nada más que el número en letras mayúsculas. En principio cabría pensar que se le podrían añadir más cosas al libro, pero también puede verse una ventaja en su falta de sofisticación, dejando aparte la sorpresa que siempre causan los pop-ups, pues está bien alentar a los lectores a esforzarse por adivinar y nombrar las siluetas que se ven.

David Hawcock. Del 0 al 20 (0-20 Pop-Up Numbers, 2015). Madrid: Bruño, 2016; 44 pp.; ¿traducción? de Bárbara Fernández; ISBN: 978-84-696-0518-9. [
Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
AudenArteLeer.jpg
sábado, 15 de octubre de 2016

Pongo unas citas sobre la lectura tomadas de El arte de leer, un libro que reúne dieciséis ensayos de W. H. Auden (varios habían sido publicados en Prólogos y epílogos, libro del que había seleccionado algunos párrafos: El éxito literario, Felicidades a los Franciscos, Profundidad real y Buenos libros).

—«Una señal del valor literario de un libro es que pueda leerse de varias maneras distintas. A la inversa, la prueba de que la pornografía no posee el menor valor literario es que, si intentamos desviar nuestra lectura del estímulo sexual —si, por ejemplo, pretendemos leerla como si fuera un informe psicológico de las fantasías sexuales del autor—, nos aburrimos hasta las lágrimas».

—«Aunque una obra literaria pueda leerse de varias maneras, estas lecturas no son infinitas y pueden ordenarse de un modo jerárquico: algunas lecturas son sin duda más “verdaderas” que otras, algunas resultan improbables, otras falsas, y otras, como empezar por el final e ir avanzando hacia el principio, francamente absurdas».

—«Los niños leen por placer, pero se trata de un placer indiferenciado, incapaz de distinguir, por ejemplo, el placer estético del aprendizaje o la ensoñación».

—«No se educa el paladar de nadie diciéndole que lo que está acostumbrado a comer —una col blanda y demasiado hervida, por ejemplo— es decididamente asqueroso, sino persuadiéndolo de que pruebe un plato de verduras bien prepararas. Es verdad que, en el caso de algunas personas, parece más efectivo decirles: “Sólo a la gente vulgar le gusta la col demasiado hervida: la gente fina la prefiere al estilo chino”, pero los resultados suelen ser menos duraderos».

W. H. Auden. «Leer» (en The Dyer’s Hand, 1962), El arte de leer (2013). Barcelona: Lumen, 2013; 463 pp.; trad. de Juan Antonio Montiel; edición de Andreu Jaume; ISBN: 978-84-264-2164-7. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
LovecraftWard.jpg
viernes, 14 de octubre de 2016

Hace unas semanas un amigo me animó, una vez más, a que intentase superar mis reticencias hacia H. P. Lovecraft. Así que, guiado por él, leí El caso de Charles Dexter Ward, una novela corta, una de las más valoradas del autor. Se ambienta en Providence y su protagonista es un chico que averigua, en 1918, que desciende de un tal Joseph Curwen, un tipo extraño que había practicado rituales cabalísticos. En los años que siguen adquiere una pasión insana por los cementerios, se comporta de modos raros, se va pareciendo cada vez más a Curwen, y sufre alteraciones físicas curiosas. Todo se cuenta, recomponiendo el pasado, describiendo lo que dicen unos y otros, aunque quien lleva la voz cantante es el médico Marinus Bicknell Willett.

La novela tiene una composición de rompecabezas que intriga y que conduce a una intensa persecución y a un extraño enfrentamiento. Todo se va contando, con destreza, por medio de testimonios de unos y otros, con vistas a reconstruir cómo Ward pudo cambiar tanto, quién había sido el misterioso Curwen, cuáles fueron sus actividades, y qué clase de vinculación tiene ahora con Ward. El narrador logra captar al lector, haciendo muchas insinuaciones y multiplicando las preguntas que se van haciendo los investigadores: «¿en qué sacrílega y abominable fusión habían caído dos épocas y dos personas?», (…) «¿acaso no había gritado de terror al volver a entrar en su biblioteca? ¿Qué había encontrado allí? O, ¿qué le había encontrado a él?»...

La historia tiene algo de advertencia, cuando al final se le dice al lector que Ward, al fin, «no fue ni un malvado ni un loco, sino únicamente un muchacho aficionado al estudio y excesivamente curioso respecto a materias que encerraban un gran peligro». Pero, aún aceptando el valor de ese comentario, lo cierto es que la conexión con el relato —dejando de lado sus méritos narrativos— solo me parece posible a partir de una fuerte «suspensión de la incredulidad», o de poseer ya un cierto espíritu inclinado a lo paranoico: el lector no sólo ha de vibrar un mínimo con rituales mágicos y oscuros sino que también ha de sentirse un tanto amenazado por desconocidos seres monstruosos.

H. P. Lovecraft. El caso de Charles Dexter Ward (The Case of Charles Dexter Ward, 1928). Madrid: Edaf, 2003; 175 pp.; trad. de José A. Álvaro Garrido; introd. de Alberto Santos Castillo; ISBN: 84-414-1303-7. Nueva edición en Madrid: Alianza, 2016; 208 pp.; col. El libro de bolsillo, Biblioteca Lovecraft; trad. de José María Aroca; ISBN: 978-84910420. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
BurtonTimeTrial.jpg
jueves, 13 de octubre de 2016

Hay un tipo de novelas históricas juveniles que, hace unas cuantas décadas, abundaban en el mundo de habla inglesa, y que nunca han sido frecuentes entre nosotros. Una muy premiada fue Time of Trial, de Hester Burton. Es un relato calmoso, de los que presentan a la vez un conflicto social y el mundo interior de una chica en medio de algunos problemas políticos y judiciales que no entiende del todo, y de otras inquietudes personales que sí comprende muy bien.

Enviar Imprimir
CrossleyHCanCoraz.jpg
miércoles, 12 de octubre de 2016

La canción del corazón es una novela corta de Kevin Crossley-Holland, aunque según se cuenta en los apéndices fue ideada por la ilustradora, Jane Ray, cuando visitó el Museo Vivaldi de Venecia..

Siglo XVIII, Venecia, cuando Antonio Vivaldi es maestro de música en el Ospedale de la Pietà, una institución que a la vez era orfanato y escuela de música. La narradora es una chica llamada Laura, muda, que primero explica cosas del orfanato y de cómo, por lo que le han dicho, a ella la dejaron allí cuando tenía seis meses, y luego se centra en su aprendizaje musical de la mano del padre Antonio. Cuenta que Vivaldi se dio cuenta de sus cualidades para tocar la flauta; que, a los nueve años, es una de las intérpretes de su orquesta; y que, cuando un día toca una canción propia, que tiene dentro, a Vivaldi le gusta y la pone por escrito.

Relato con un fondo histórico que merece ser conocido y con una historia tierna escrita en primera persona por Laura, por medio de párrafos sencillos y con acentos poéticos. Estos son los que prevalecen aunque quede claro el dramatismo de las situaciones personales —abandono, temor, rivalidades, etc.— de la narradora y algunas compañeras. Se habla bien del poder curativo de la música en sí misma y del valor del apoyo mutuo: «Tú, Laura, necesitas a Silvia para mejorar tu habilidad y la seguridad en ti misma; y tú, Silvia, necesitas a Laura para aprender a escuchar y tocar con los demás. En mi caso, [les dice el padre Antonio], aprendo a dar clases, y gracias a que las doy, compongo mejor».

Kevin Crossley-Holland. La canción del corazón (Heartsong, 2015). Madrid: Bruño, 2016; 135 pp.; ilust. de Jane Ray; trad. de Robert Vivero; ISBN: 978-84-696-0418-2. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
HughesSalvaje.jpg
martes, 11 de octubre de 2016

Los motivos para que un álbum sea elogiado por muchos pueden ser muy distintos y, con frecuencia, no los conocemos todos. Un motivo para los elogios, a veces, está en que es el primer y prometedor álbum de alguien que irrumpe con frescura. Ese fue el caso de Salvaje, de Emily Hughes. En él, con un inicio semejante al de Mowgli, se presenta una protagonista revoltosa de ojos muy grandes, que vive contenta en el bosque y con los animales. Luego, cuando unos hombres, torpes como ellos solos, la descubren e intentan educarla, se acaba rebelando furiosamente y huye.

El libro cuenta con unas ilustraciones ricas y un personaje atractivo. A pesar del enfado de la chica, no alinearía el libro con Donde viven los monstruos, tal como se indica en esta elogiosa reseña, sino, en todo caso y forzando mucho las cosas, con los libros sobre niñas rebeldes y resistentes a una educación formalista, como los de Pippi. Digo que forzando mucho las cosas porque la historia está muy descompensada: es como si propusiese que dejemos ser felizmente salvaje al niño y que nos despreocupemos. Que muchos lectores entendamos lo que se quiere decir, o que estemos dispuestos a darle una interpretación razonable, o que comprendamos bien que no todos los adultos son tan tontos y rígidos como los del álbum, no excusa el trabajo del autor para expresar mejor las cosas. Un álbum como Si yo fuera mayor… ejemplifica un modo de criticar con agudeza, y sin simpleza, las deficiencias educativas.

Emily Hughes. Salvaje (Wild, 2013). Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2014; 36 pp.; trad. de Regina López Muñoz; ISBN: 978-84-942473-4-7. [
Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
HawcockAZ.jpg
lunes, 10 de octubre de 2016

Acostumbrados como estamos a grandes libros pop-up y a que nos lleguen sofisticadísimos abecedarios, corremos el riesgo de desechar libros sencillos como, por ejemplo De la A a la Z, de David Hawcock. Es un álbum de formato pequeño en el que, al abrir cada página, se despliega la letra correspondiente, en blanco; a la izquierda vemos la silueta de una figura y a la derecha la palabra correspondiente…, en inglés y, debajo, la traducción en castellano. Fácil y efectivo. Me pregunto si la falta de sofisticación no será muchas veces una ventaja, pues puede permitir otras posibilidades tanto al niño lector como al adulto que comparte el libro con él.

David Hawcock. De la A a la Z: letras pop-up (Aa to Zz. A Pop-Up Alphabet, 2015). Madrid : Bruño, 2016; 50 pp.; edición bilingüe; trad. de Bárbara Fernández; ISBN: 978-84-696-0517-2. [Vista del álbum en amazon.es]

Enviar Imprimir
LuciaCervantes.jpg
domingo, 9 de octubre de 2016

La juventud de Cervantes. Una vida en construcción, de José Manuel Lucía —autor de Leer el Quijote en imágenes—, es la primera parte de una biografía diferente a las ya citadas, la de Cannavagio y la de Gracia, que abarca desde su nacimiento, en 1547, hasta 1580, cuando Cervantes ha dejado Argel y regresado a Madrid.

En esta reseña completa se destaca el enfoque del autor: hacer notar que hay muchos retratos falsos de Cervantes que se han ido componiendo de acuerdo con las diferentes corrientes estéticas y culturales, y se han ido «adaptando a los gustos de cada época, a los deseos y sueños que cada sociedad pone en el cuenco de sus héroes, de sus mitos».

Así, se pone de manifiesto que los salones de Bellas Artes durante el siglo XIX son «un buen ejemplo de cómo se ha ido escribiendo (y dibujando) la biografía de Cervantes intentando antes construir un mito que rescatar a un hombre». Se dan numerosos ejemplos «de cómo noticias y detalles de sus obras que se han considerado autobiográficas se han convertido en fuente documental para completar aspectos y momentos de su vida de los que, poco o nada, sabemos».

Como, además, el libro está bien escrito y bien confeccionado, con numerosas imágenes —lugares, ambientes, documentos, cuadros, ilustraciones— se hace muy ameno el entrelazamiento de los dos hilos narrativos, el que sigue la vida del Cervantes real y el que marca las etapas del Cervantes «mito». A modo de apéndice o epílogo, se cuentan los pormenores de la reciente búsqueda de los restos mortales de Cervantes en el convento de las Trinitarias de Madrid.

José Manuel Lucía Megías. La juventud de Cervantes. Una vida en construcción (2016). Madrid: Edaf, 2016; 304 pp.; col. Crónicas de la historia; ISBN: 978-8441436169. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
sábado, 8 de octubre de 2016

Sigo con más aforismos irónicos, esta vez no literarios, del agridulce Diario de Jules Renard.

—«Los burgueses son los demás».

—(Un 1 de enero). «Quiero tener un año excepcional, y empiezo levantándome tarde, almorzando demasiado y durmiéndome en un sillón hasta las tres».

—«Cuando me dicen que tengo talento no hace falta que lo repitan: lo entiendo a la primera».

—«Sé nadar lo justo para abstenerme de salvar a otros».

—«Los elogios se invierten como se invierte el dinero, para que nos lo devuelvan con intereses».

—«El talento es como el dinero: para hablar de él no hace falta tenerlo».

—«A los grandes la modestia les va bien. Lo que es difícil es no ser nadie y sin embargo ser modesto».

—«Vive de nada: un pequeño dolor le basta para llenar toda su vida».

—«Cuando uno se mira cinco minutos en el espejo, ya no se encuentra parecido».

—«A una mujer que acaba de pasarse una hora tocando el piano: —¿Le gusta la música, señora?»

—«Hay gente que retira sin problemas sus palabras, como quien retira la espalda del vientre del adversario».

—«La vida es corta, y aún así nos aburrimos».

—«Hay gente tan aburrida que te hace perder un día en cinco minutos».

—«Confieso que soy un sectario y no respeto lo que me parece idiota».

—«Un hombre con carácter no tiene buen carácter».

—«El coche, el tedio vertiginoso».

Jules Renard. Diario: 1887-1910 (Journal : 1897-1910, 1925). Barcelona: Grijalbo Mondadori, 1998; 243 pp.; selección y edición de Josep Massot e Ignacio Vidal-Folch; trad. de Ignacio Vidal-Folch; introd. de Josep Massot; ISBN: 84-397-0265-5. Nueva edición en Debolsillo, 2009; 304 pp.; ISBN: 978-8483467084. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
JamesJuliaB.jpg
viernes, 7 de octubre de 2016

A veces ocurre que, con el afán de leer a un autor clásico, hay quien elige la obra equivocada. Por ejemplo: así como dije que Los europeos era una buena primera novela para conocer a Henry James, sería un error acercarse por primera vez al autor leyendo un relato corto, recientemente publicado en castellano, titulado Julia Bride.

Nueva York, ambientes de alta sociedad. Julia, una chica joven que desea casarse con Basil French, tiene la preocupación de ser rechazada porque ha tenido demasiados pretendientes en el pasado. Además, la vida matrimonial de su madre ha sido turbulenta. Le pide, por eso, al último marido de su madre y a uno de sus antiguos novios que hagan saber, de uno u otro modo, a Basil y a su familia, que su comportamiento fue siempre correcto y que su fama está intacta. No es sorprendente que exmarido y exnovio aprovechen la ocasión para pedir un favor semejante al revés.

La edición del libro es muy buena: tiene una excelente introducción a la obra del autor y unas sabrosas ilustraciones, de época, de W. T. Smedley. Sin embargo, los larguísimos párrafos multiarticulados que aquí emplea James pueden resultar agotadores para la gran mayoría de los lectores, pues también lo han sido para mí. Se supone que la historia tiene un claro acento de rechazo de la hipocresía en las relaciones sociales, pero la crítica queda sepultada en la multitud de floripondios y sutilezas verbales que, además, dificultan incluso comprender enseguida el argumento. Es un buen ejemplo de cómo la forma impide llegar al fondo.

Henry James. Julia Bride (1908). Morcín (Asturias): dÉpoca, 2016; 128 pp.; ilust. de W. T. Smedley; ISBN: 978-84-943634-5-0. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
RoigTioCorreEt.jpg
jueves, 6 de octubre de 2016

A quien desee comprender mejor el trasfondo de una novela tan jugosa como El chico más veloz del mundo —el pasado del abuelo del protagonista, la enorme afición del chico a correr, su admiración por corredores como Haile Gebrselassie y Derartu Tulu— le interesará leer Corre como un etíope, de Marc Roig Tió, un libro con el que yo he disfrutado (aunque ya me pillen un poco lejos los planes que propone).

Es un libro ameno y bien escrito con un subtítulo algo engañoso: «Manual para entrenar como un atleta de élite». Es engañoso por defecto porque, aunque la segunda parte del libro tenga esa orientación —en ella se habla de las carreras y de lugares para entrenar en Etiopía, de planes posibles de entrenamiento a distintos niveles, y se dan informaciones propias de una guía de viajes—, los contenidos de la primera son de interés para cualquier lector aficionado al deporte, y en especial, como es lógico, para los admiradores de los grandes corredores de fondo etíopes y keniatas.

Esa primera parte, titulada «El país de los incansables», habla de cómo entrena un maratoniano en Etiopía, explica por qué son tan buenos corredores los etíopes, cuenta las historias de Abebe Bikila —el primer gran maratoniano de Etiopía, vencedor en la Olimpiada de Roma de 1960 corriendo descalzo— y de sus numerosos sucesores, detalla cuál es la dieta común del país y sus beneficios para quienes corren, comenta los récords de carreras de fondo que han ido batiendo etíopes y keniatas en las últimas décadas, señala cuáles son las ganancias de los corredores, y titula su capítulo final «¿cuál es el límite?» No faltan referencias a carreras disputadas en España y a corredores españoles que los aficionados al atletismo reconocerán.

El autor, corredor de fondo y fisioterapeuta, conoce de primera mano los ambientes de los que habla y a muchos de los corredores y entrenadores que menciona. Expone las cosas con claridad y simpatía, da muchos datos y explicaciones técnicas, entre otras cosas, acerca de las ventajas biológicas que se derivan de haber nacido y crecido en lugares situados a dos mil y tres mil metros de altitud; o de las razones biomecánicas, debidas a la constitución física, que justifican el rendimiento superior de algunos corredores; o de que algunas condiciones sociológicas desventajosas, como que los recorridos para ir a la escuela en zonas rurales sean muy largos, o el hecho de correr descalzos siendo niños, se acaban convirtiendo en factores positivos para el progreso de algunos corredores.

Marc Roig Tió. Corre como un etíope (2016). Madrid: La Esfera de los Libros, 2016; 229 pp.; ISBN: 978-84-9060-725-1. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
LairdChicoVeloz.jpg
miércoles, 5 de octubre de 2016

Una novela infantil excelente y distinta de las habituales: El chico más veloz del mundo, de Elizabeth Laird. Es un gran relato, ambientado en Etiopía, donde la autora vivió durante años, de interés para cualquiera y, en especial, para quienes les guste correr.

Enviar Imprimir
GravettHechizos2.jpg
martes, 4 de octubre de 2016

Hechizos, de Emily Gravett, es de esos álbumes que, por su sofisticada concepción, por sus referencias implícitas a los cuentos clásicos, por su poderosa ironía, y por su realización, apuntan más alto de lo que parecen.

El relato comienza en las guardas y termina en las guardas. El sapo protagonista abre un viejo libro de hechizos y, con recortes de distintos lugares, empieza sus pruebas (combinando las mitades superior e inferior de cinco páginas consecutivas, el lector verá qué resultado dará cada una) con la intención de llegar a ser un apuesto príncipe. Finalmente, parece que consigue su objetivo…

La ilustradora juega, una vez más, con los «efectos especiales» que se pueden conseguir a partir de la forma típica de un libro, en este caso multiplicando las posibilidades y los efectos propios del paso de página. Que las ilustraciones se presenten sobre negro y con colores limitados va bien con la clase de experimentos que lleva a cabo el protagonista. Como él, también el lector puede aprender la importancia de saber leer con atención y de pensar bien qué desea uno de verdad antes de meterse en tanto lío.

Emily Gravett. Hechizos (Spells, 2009). Barcelona: Picarona, 2016; 32 pp.; trad. de Joana Delgado; ISBN: 978-84-16648-08-5. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
GervaisPittauPapaAdora.jpg
lunes, 3 de octubre de 2016

¡Mi mamá me adora! y ¡Mi papá me adora!, de Bernadétte Gervais y Francesco Pittau, son dos álbumes con una estructura semejante, que desean reafirmar a los niños que el cariño de sus padres hacia ellos no cambia por más que hagan travesuras o tengan los defectos que tengan, al modo de, por ejemplo, ¡No, David! Son algo dulzones, sí, pero eficaces: transmiten bien el mensaje y están compuestos con destreza.

En el primero, en las páginas izquierdas hay palabras que dicen cosas como: «¡Soy muy goloso!», «Grito sin parar», «¡He pintado a mi perro de rojo!»...; y en las páginas derechas se ve la imagen del niño haciendo lo que se indica hasta la última página con «Y aún así…». Del mismo modo, en el segundo, en la izquierda leemos: «No me gusta peimarme», «¡Me gusta pintar en la pared!», «No me gusta jugar con las muñecas»...; y en la derecha figura la imagen de la niña..., hasta una última página con el mismo «Y aún así…».

Bernadétte Gervais. ¡Mi mamá me adora! (Ma maman m’adore, 2009). Texto de Francesco Pittau. Barcelona: Picarona, 2016; 28 pp.; trad. de Joana Delgado; ISBN: 978-84-16117-91-8. [Vista del álbum en amazon.es]
Bernadétte Gervais. ¡Mi papá me adora! (Mon papa m’adore, 2009). Texto de Francesco Pittau. Barcelona: Picarona, 2016; 28 pp.; trad. de Joana Delgado; ISBN: 978-84-16117-90-1. [
Vista del álbum en amazon.es]

Enviar Imprimir
domingo, 2 de octubre de 2016

En la presentación de El fin del "Homo sovieticus" que hace Svetlana Aleksiévich y que se titula «Apuntes de una cómplice», aparecen algunas ideas que presiden su trabajo y que, aparte de ser útiles para comprenderlo, también pueden serlo para comprendernos a nosotros mismos.

Empieza por recordar el pasado trágico de la URSS y cita la famosa frase de Lenin (que sus seguidores actuales ignoran, olvidan o esconden): «Hay que colgar (y digo colgar, para que el pueblo lo vea) no menos de mil kulaks inveterados, a los ricos… Despojarlos de todo el trigo, tomar rehenes… Y hacerlo de tal manera que a cientos de verstas a la redonda el pueblo lo vea y tiemble de miedo» (Lenin, 1918).

Luego hace notar que tanto ella como sus entrevistados crecieron cuando «los océanos de sangre vertida por el comunismo habían caído ya en el olvido»..., lo cual, aunque funcione como una excusa no es una excusa, parece decir. Pues, señala, «cada vez que sacaba la idea del arrepentimiento en alguna charla, siempre había alguien que me replicaba: “¿Y de qué tengo yo que arrepentirme?”. Todos se sentían víctimas, pero nadie se consideraba cómplice».

En el otro lado está la decepción de muchos que deseaban que cayera el comunismo: «¿Es esta la libertad que anhelábamos? Estábamos dispuestos a morir por nuestros ideales, a combatir por ellos. Y de repente nos vimos convertidos en personajes de Chéjov. Nos vimos despojados de nuestro pasado. Todos los valores colapsaron, menos los valores de la vida»…, y los sueños nuevos de la gente fueron el coche, el jardín, los viajes…

Así que ahora, continúa la autora, «hemos entrado en una época en la que no se vive un tiempo auténtico, sino de segunda mano» y, a la vista de los jóvenes que ve por las calles «con camisetas con la hoz y el martillo o con el rostro de Lenin», se pregunta si sabrán de verdad lo que fue y es el comunismo. Uno de sus entrevistados se muestra pesimista: «pronto crecerán los lobeznos, como decía Stalin… Crecerán muy pronto…». Aunque libros como este también sean un motivo para el optimismo, espero.

Svetlana Aleksiévich. El fin del “Homo sovieticus” (Konets krásnogo cheloveka, 2013). Barcelona: Acantilado, 2015; 656 pp.; trad. de Jorge Ferrer Díaz; ISBN: 978-84-16011-84-1. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
sábado, 1 de octubre de 2016

En bienvenidosalafiesta: notas de septiembre. Este mes no destacaría especialmente ninguna de las «novedades» —salvo el «gran reportaje» de Svetlana Aleksiévich que comento algo— sino los libros antiguos valiosos que he reseñado, como los de Balzac, Henry James, Tolkien, o Innocenti.

Como dije en una nota, este mes he puesto en Amazon, de momento solo en Amazon, una segunda edición de Itinerarios lectores he rectificado cosas de la primera, he ampliado secciones, he corregido cosas pequeñas de redacción y he añadido nuevas observaciones.

En Medium: Presentación de cinco selección de álbumes ilustrados (y algunos cómics), álbumes ilustrados sobre vida familiar, álbumes ilustrados sobre vida social, álbumes ilustrados sobre aprendizajes personales. Habrá más de álbumes en las próximas semanas y luego de libros.

En Primer cuaderno: notas de septiembre. En Segundo cuaderno: notas de septiembre. En ambos casos he puesto pocas notas.

En Flipboard: una revista con todas las notas del tercer trimestre del año.

Enviar Imprimir
sábado, 1 de octubre de 2016

Algunos aforismos literarios del agridulce Diario de Jules Renard:

—«La verdad no siempre es el arte. El arte no es siempre la verdad, pero la verdad y el arte tienen puntos de contacto: yo los busco».

—«Conozco el punto exacto en que la literatura pierde pie y ya no toca el fondo de la vida».

—«Las palabras no deben ser más que el traje hecho a medida del pensamiento».

—«Para triunfar hay que escribir inmundicias o bien obras maestras. ¿De qué se siente usted más capaz?»

—«Ya puedes escribir pocos libros: la gente persiste en no conocerlos todos».

—«Un escritor solo tiene que ser escritor. Lo demás es literatura».

—«Hombre sin corazón, que sólo ha tenido emociones literarias».

—«Escribir es una forma de hablar sin que te interrumpan».

—«Recientemente una obra suya ha sido prohibida por el público».

—«Me felicitan por no escribir demasiado. Pronto me felicitarán por no escribir nada».

—«Sobre un fondo de hostilidad, todos los detalles adquieren relieve».

—«La justicia no existe: existe nuestro gusto y nuestro humor. Lo que tiene que hacer el crítico es formarse un gusto y controlar su humor».

—«Un crítico es un poco como un soldado que dispara contra su regimiento, o que se pasa al enemigo, el público».

Jules Renard. Diario: 1887-1910 (Journal : 1897-1910, 1925). Barcelona: Grijalbo Mondadori, 1998; 243 pp.; selección y edición de Josep Massot e Ignacio Vidal-Folch; trad. de Ignacio Vidal-Folch; introd. de Josep Massot; ISBN: 84-397-0265-5. Nueva edición en Debolsillo, 2009; 304 pp.; ISBN: 978-8483467084. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
publicidad   política de privacidad   aviso legal   desarrollo