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Notas de octubre de 2018 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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GoddenElrio.jpg
sábado, 20 de octubre de 2018

He mejorado y ampliado el texto del comentario de El río, de Margaret Rumer Godden, novela de la que además ha salido hace poco una nueva edición.

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NoahProhibidoN.jpg
viernes, 19 de octubre de 2018

Trevor Noah es un cómico sudafricano que, actualmente, al ser el presentador del programa estadounidense The Daily Show, es una persona muy conocida en todo el mundo. En Prohibido nacer habla de su infancia y adolescencia en Sudáfrica, de las dificultades propias del ambiente en el que creció y, como podemos esperar de un libro así, de sus talentos y habilidades particulares. Es un relato en el que abundan las situaciones trágicas que, sin embargo, se cuentan de modo divertido: el lector puede reírse a gusto porque, al fin, sabe que todo terminará con el éxito social del narrador.

El personaje principal es su madre, una mujer shosha con una singular fe, sobre la que se bromea en muchos momentos, pero a la que se rinde homenaje con un extraordinario golpe final. Una parte de los episodios tienen que ver con travesuras de infancia: «mi madre y yo teníamos una relación muy de Tom y Jerry. Ella imponía la disciplina más estricta y yo me portaba mal de narices». Otra, con las escasas relaciones que tuvo con su padre, un suizo alemán con el que sólo podía estar dentro de casa y con el que no podía caminar por la misma acera. Otra más, con los estallidos de violencia que ocurrían a su alrededor que, sin embargo, no cambiaban el modo de comportarse de su madre: «daba igual que tuviéramos una guerra frente a la misma puerta de casa. Ella tenía cosas que hacer y sitios a los que ir. Era la misma testarudez que la impulsaba a acudir a la iglesia a pesar de tener el coche averiado. Podía haber quinientos agitadores prendiendo una barricada de neumáticos en la avenida principal de Eden Park, y aún así mi madre me decía: “Vístete. Tengo que ir a trabajar. Y tú tienes que ir a la escuela”».

Su madre le puso de nombre Trevor porque era un nombre normal, sin significados: «mi madre no quería que estuviera en deuda con ningún destino. Quería que yo fuese libre para ir adonde quisiera, hacer lo que quisiera y ser quien quisiera». Además, sigue, «me dio las herramientas para lograrlo. Me enseñó el inglés como primera lengua. Me leía todo el tiempo», empezando por la Biblia, y poniendo a su disposición toda clase de libros, como una enciclopedia antigua, los libros de Roald Dahl, las Crónicas de Narnia… Y le hizo aprenderse los salmos y preguntarse qué significaban: «me enseñaba a pensar». Así que, gracias a ella, aprendió, además del inglés —el idioma del dinero—, el xhosa de su madre, el zulú —parecido al xhosa—, el alemán de su padre, el afrikaans —porque era útil saber el idioma de tus opresores—, y el sotho en las calles. Cuenta incidentes que le «hicieron comprender que el idioma, todavía más que el color, define quién eres para la gente».

Habla de que madre nunca se dejó llevar por la autocompasión: «Aprende de tu pasado y haz que ese pasado te ayude a ser mejor persona. No te aferres a tu dolor, no te amargues». Señala que «nunca se quejó, ni de las privaciones de su juventud, ni de las traiciones de sus padres», y que siempre le «crió como si las cosas que yo podía hacer y los sitios a los que podía ir no tuvieran límite alguno. Cuando me acuerdo de aquella época me doy cuenta de que me crió como si yo fuera un niño blanco; no en términos culturales sino en el sentido de hacerme creer que el mundo estaba a mis pies, que tenía que decir siempre lo que pensaba y que mis ideas, pensamientos y decisiones importaban». Es más que interesante la forma en que Noah plantea las tundas que recibió siendo niño: «Cuando mi madre me zurraba jamás le tuve miedo. No me gustaba recibirlas, claro está. Cuando ella decía: “Te pego porque te quiero”, yo no estaba necesariamente de acuerdo con ese razonamiento. Pero yo entendía que aquello era disciplina y que tenía un propósito». Al fin, concluye, «el amor es una acción creativa: cuando amas a alguien, creas un mundo para él. Mi madre hizo eso por mí».

Al hilo de la narración Noah expone bien los orígenes de las actuales tensiones sociales de Sudáfrica y explica los distintos grupos que conviven y chocan por distintos motivos: negros zulú, negros shosha, de color o mestizos, orientales, blancos... Explica la diferencia entre el racismo británico y el racismo afrikáner del siguiente modo: «el racismo británico decía: “si el mono puede andar como un hombre y hablar como un hombre, quizás sea un hombre”. El racismo afrikáner decía: ¿Para qué vamos a darle un libro a un mono?».

Al mismo tiempo hace comparaciones útiles para los lectores occidentales. En una época en la que pertenecía a un grupo musical, cuenta que tenían un bailarín excepcional llamado Hitler y el caos que se desató cuando fueron a tocar en la escuela King David pues, al salir a bailar Hitler, los demás chicos del grupo de baile empezaron a jalearlo con «ale Hitler, ale Hitler…». Explica, con ese motivo, que «Hitler no ofende a un sudafricano negro porque Hitler no es lo peor puede imaginarse un sudafricano negro. Todos los países creen que su historia es la más importante y esto se aplica especialmente a Occidente. (…) Muchos occidentales insisten en que el Holocausto ha sido incuestionablemente la peor atrocidad de la historia de la humanidad. Sí, fue horrible. Pero a menudo me pregunto: las atrocidades cometidas en África, por ejemplo la del Congo, ¿cómo de horribles fueron? Una cosa que no tienen los africanos pero sí tuvieron los judíos es documentación. (…) ¿Cuántos negros murieron recogiendo caucho en el Congo? ¿Y en las minas de oro y diamantes del Transvaal? Así, pues, en Europa y en América, sí, Hitler es el Mayor Loco de la Historia. Pero en África no es más que otro de los hombres poderosos de los libros de historia. Durante el tiempo que fui amigo de Hitler, no me pregunté ni una sola vez: ¿Por qué se llama Hitler? Se llamaba Hitler porque su madre le había puesto ese nombre y ya está».

Trevor Noah. Prohibido nacer: memorias de racismo, rabia y risa (Born a Crime, 2016). Barcelona: Blackie Books, 2017; 326 pp.; trad. de Javier Calvo; ISBN: 978-84-17059-12-5. [Vista del libro en amazon.es]

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LawrenceContrab.jpg
jueves, 18 de octubre de 2018

Otros libros que pensaba que había puesto aquí ya, que son eficaces y amenos relatos de aventuras marineras de lo más clásicas, y que gustarán a quienes siguen el género: Piratas de tierra, Los contrabandistas y Los bucaneros, de Iain Lawrence. Pero, en este caso, no están ya en el mercado y han de buscarse en bibliotecas.

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KnowlesMaddenViajamos.jpg
miércoles, 17 de octubre de 2018

Viajamos tan lejos, de Chris Madden y Laura Knowles, presenta veinticinco especies animales que migran, cada una en una doble página, explicando un poco los motivos para el viaje, las dificultades que han de superar… Con ilustraciones vistosas y bien compuestas vemos a la tortuga laúd, la ballena jorobada, el salmón rojo, la langosta del Caribe, el elefante marino..., etc. Al final, después de una doble página sobre las emigraciones humanas, no muy coherente aunque se distinga bien de lo presentado hasta el momento, se dan datos sobre los lugares y distintas que recorre cada especie.

Chris Madden. Viajamos tan lejos (We Travel So Far…, 2017). Textos de Laura Knowles. Madrid: SM, 2018; 64 pp.; trad. de Patrycja Jurkowska; ISBN: 978-84-675-9695-3. [Vista del álbum en amazon.es]

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BlexbolexVacaciones.jpg
martes, 16 de octubre de 2018

Vacaciones, de Blexbolex, es un enigmático álbum, casi sin palabras, magníficamente pensado, de los que gustan muchísimo a quienes siguen de cerca la narrativa propia de los álbumes y de los que, precisamente por su sofisticación constructiva, puede atraer menos a quienes desean relatos más fáciles.

El lector tiene una referencia del contenido en el texto de la contracubierta: «Las vacaciones estaban a punto de terminar. Lo tenía todo, el sol, los campos, el jardín y el lago, sólo para mí. Pero entonces, el abuelo invitó a ese patán…». Al empezar la lectura está claro que los protagonistas son: una niña, el abuelo y un elefante pequeño, el patán al que se refiere la niña. La historia progresa por medio de ilustraciones que ocupan una o dos páginas en las que, a veces, hay recuadros como ventanas que adelantan lo que vendrá después, o que presentan escenas de otras cosas que ocurren, o que se imagina o sueña la niña protagonista. El juego que se propone al lector está en que vea las posibilidades que le ofrece la narración y reinterprete las relaciones de rivalidad y antipatía entre los protagonistas que conducen a un sugerente desenlace.

La composición del libro hace pensar en la de álbumes anteriores del autor, como Romance, pero también en la de una novela gráfica como Aquí. Las imágenes, con un aire a serigrafías impresas en telas, evocan los cuadros pixelados de Roy Lichtenstein y el estilo de los populares Little Golden Books —unos antiguos álbumes norteamericanos de los años cuarenta y cincuenta—.  Estas opciones formales, tan interesantes en sí mismas por el tono antiguo que dan al relato y porque gustan a quienes están más o menos al tanto de estas cuestiones históricas, no son las mejores para dar una mayor claridad a la narración y para ganarse más fácilmente a muchos lectores, como antes decía.

Ahora bien, seguramente para el autor esto también forma parte de su propuesta, tan meticulosamente construida. Esta no deja de ser una manera de pedirle al lector que ahonde más, que aprecie que la forma en que se cuenta todo va de acuerdo con los mismos sentimientos de desasosiego confuso de la protagonista, que caiga en la cuenta de que las cosas no siempre son como pensamos que deberían ser, que compruebe que hay que seguir hasta el final y entonces volver atrás para entender algo más lo sucedido, y aún así...

Blexbolex. Vacaciones (Nos vacances, 2017). Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2018; 128 pp.; ISBN: 978-8494728433. [Vista del libro en amazon.es]

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AlemagnaUnGranDia.jpg
lunes, 15 de octubre de 2018

Una idea que gana fuerza en los álbumes es la de ¡Qué aburrimiento!: la necesidad de tiempo para descubrir las cosas que nos rodean y asombrarnos con ellas. De lo mismo trata, tal vez de una manera más cercana para muchos lectores pequeños porque pueden verse más reflejados en los personajes, Un gran día de nada, de Beatrice Alemagna. Una niña y su madre pasan unos días de vacaciones y mientras la madre trabaja, la niña no para de matar marcianos en su tableta mientras piensa en todo lo que le habría enseñado su padre si estuviera con ella. Cuando, empujada por su madre, sale a dar un paseo por el bosque, durante un tiempo que parece otoñal, se le cae al agua la tableta...

Cuenta la historia, en primera persona, la niña. Se conduce bien la narración hacia los momentos en los que descubre la vida del bosque y sus habitantes —caracoles, setas, pájaros...—, y en los que recupera sensaciones no diré que olvidadas sino universales —trepar a un árbol, chapotear, hablar con un pájaro…—. Las ilustraciones son tan expresivas y vivas como acostumbra la autora. A esto contribuye también la parka roja de la protagonista que contrasta tan fuertemente contra los fondos. Aumenta el realismo del relato el toque final en el que se hace notar que la niña siente cerca la presencia y el ánimo de su padre (se supone que fallecido). Un punto más: ni el álbum citado al principio ni este aciertan con el título: sus contenidos son positivos pero los títulos resultan «negativos»...

Beatrice Alemagna. Un gran día de nada (Un grand jour de rien, 2016). Barcelona: Combel, 2016; 44 pp.; trad. de Bel Olid; ISBN: 978-84-9101-174-3. [Vista del álbum en amazon.es]

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McCarthyCaballos.jpg
sábado, 13 de octubre de 2018

He puesto datos de nuevas ediciones de varios libros de Cormac McCarthy: La carretera, Todos los hermosos caballos, En la frontera.

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CarrWembley.jpg
viernes, 12 de octubre de 2018

Cómo llegamos a la final de Wembley, de J. L. Carr, es una novela graciosa, de ambiente muy inglés, que aquí está bien reseñada. El narrador, al que no le gusta el fútbol pero que es como el administrativo que lleva la organización del equipo porque le gusta estar en medio de los asuntos, explica cómo el equipo de fútbol de su pueblo, de medio centenar de habitantes, alcanza la final de una competición, la FA Cup, gracias a los consejos de un doctor húngaro, al saber hacer del presidente y a la calidad de su entrenador, que también es jugador.

Es un acierto la elección del narrador, al que le interesa, y cuenta sobre todo, la vida de sus conciudadanos. Sus comentarios irónicos son con frecuencia muy certeros. Por ejemplo: «a diferencia del público del críquet, los aficionados al fútbol no destacan, en general, por su inteligencia, sino por su emoción». O bien, cuando confiesa que siguieron el consejo del doctor húngaro de deteriorar el campo para que los equipos visitantes jugasen peor: algo así, les dijo, no debía causarles remordimientos de conciencia pues «los ingleses son adecuadamente famosos entre los europeos por sus declaraciones de honorabilidad mientras se dedican a preparar la destrucción de sus enemigos».

Pero, sobre todo, hay una escena memorable que vale toda la novela: la entrevista televisiva que le hace un periodista estrella —experto en «drogar a sus víctimas con halagos hasta que entraban en un estado de autoaprobación y aturdimiento para luego hacerlas pedazos con preguntas explosivas a las que no podían responder»— al presidente del club. La filmación tiene lugar en su misma casa y el primer impacto que causa en los espectadores es verla decorada con el criterio del apretujamiento, tan «enemigo de los muebles instantáneos de cooperativa, del diseño funcional escandinavo y de las ofertas especiales de suplemento dominical». Las bombas las lanzará el presidente con sus declaraciones: entre otras, la de que «los ingleses somos justo lo que siempre hemos sido: gente tranquila y decente gobernada por parásitos», completamente «hartos de que los políticos, los burócratas en sus oficinas y los sabelotodos nos digan quiénes somos y qué queremos».

J. L. Carr. Cómo llegamos a la final de Wembley (How Steeple Sinderby Wanderers Won the F.A. Cup, 1975). Barcelona: Tusquets, 2018; 203 pp.; col. Andanzas; trad. de Puerto Barruetabeña; ISBN: 978-84-9066-480-3. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 11 de octubre de 2018

En los últimos meses, al hablar con algunas personas sobre libros antiguos y decirles que buscasen aquí la referencia completa..., comprobé que no los había puesto. Uno de ellos es un buen relato de aventuras, deudor del Kim de Kipling, del que además se ha publicado una nueva edición hace poco más de un año: El rubí del Ganges, de Manuel Alfonseca.

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DefoeRobinson2.jpg
miércoles, 10 de octubre de 2018

He leído en los últimos meses varias adaptaciones de clásicos. Respecto a varias, que no comentaré, dos observaciones .Una: que a veces las ilustraciones, aun teniendo calidad, no van de acuerdo con el tono de la obra, como cuando unos dibujos cómicos infantiles, más o menos disneyanos, van con un texto satírico de crítica social. Otra: que una introducción a una obra medieval, por ejemplo, no debería, en ningún caso, presentar lo que ahí se cuenta como tonterías de otras épocas; la misión del adaptador es quitar obstáculos a la lectura y dejar que el lector disfrute, o no, la historia tal como su autor la contó; luego, si es el caso, corresponde al educador hacer su trabajo.

En cambio, sí me han parecido buenas adaptaciones algunas de obras novelescas largas a las que sí se les pueden quitar páginas sin que se pierda ni el tirón aventurero ni se alteren los contenidos básicos de la narración. Si, además, las ilustraciones tienen calidad y acompañan el espíritu propio de esos relatos, lo que a veces quiere decir que no importa que tengan un punto de romanticismo algo exagerado, los libros cumplirán bien su función con lectores que de ninguna manera leerán los originales. Es el caso de Ivanhoe, con ilustraciones de John Rush (excelentes las de combate y de caballos, algo dulzonas las románticas), y de Robinson Crusoe, con ilustraciones de Robert Ingpen que, a veces. recuerdan las clásicas de Wyeth.

Walter Scott. Ivanhoe. Barcelona: Vicens Vives, 2011, 3ª reimpr; 137 pp.; con. Cucaña; adaptación, notas y trad. de Manuel Broncano; ilust. de John Rush; ISBN: 978-84-316-8483-9. [Vista del libro en amazon.es]

Daniel Defoe. Robinson Crusoe. Barcelona: Vicens Vives, 2013; 144 pp.; col. Cucaña; adaptación y notas de Eduardo Alonso; ilust. de Robert Ingpen; actividades de Joan Manuel Soldevilla; ISBN: 978-84-316-6804-4. [
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VereLeon.jpg
martes, 9 de octubre de 2018

El afán de transmitir mensajes educativos en historias dirigidas a los más pequeños a veces causa problemas. Decirle a un niño pequeño que ha ser él mismo puede parecerle confuso. Decirle que un león puede ser él mismo (es decir, no ser feroz, componer poesía, hacerse amigo de una pata y no comérsela), también puede ser difícil de comprender (en especial si uno sabe algo de cómo son los leones de verdad).

El protagonista de Cómo ser un león, de Ed Vere, es un león llamado Leonard con una actitud ante la vida como la de Ferdinando el toro y que, cuando recita una poesía a los otros leones, los conmueve y los convence de que no hay una única manera de ser un león. Esto último es lo más difícil de creer: que los demás leones se dejen persuadir tan rápidamente con una amable poesía.

Bien, los adultos podemos captar la idea y compartir las buenas intenciones, y podemos también admirar el talento gráfico con el que está preparado este álbum —con grandes ilustraciones de figuras como esbozadas y perfiladas con contornos gruesos—. Pero con los libros infantiles no hay que poner el carro —los mensajes que uno quiere transmitir— delante de los bueyes —la historia que uno quiere contar—; además, los bueyes han de ser lo suficientemente robustos —la historia tiene que ser emocionante, estar bien contada, y se ha de apoyar en personajes convincentes— para soportar la carga que se desea que arrastren.

Ed Vere. Cómo ser un león (How to be a lion, 2018). Barcelona: Juventud, 2018; 32 pp.; trad. de Teresa Farran; ISBN: 978-84-261-4488-1. [Vista del álbum en amazon.es]

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JeffersDaywaltColoresCeras.jpg
lunes, 8 de octubre de 2018

Un (mal) ejemplo de cómo intentar exprimir al máximo un éxito lo tenemos en El libro de los colores de las ceras y El libro de los números de las ceras, dos álbumes en cartoné para prelectores basados en El día que los crayones renunciaron, de Oliver Jeffers y Drew Daywalt. Pero, en este caso, no son libros nuevos con los mismos personajes sino, tal como se indica en los datos editoriales, álbumes construidos a partir de las ilustraciones del álbum original. En el primero se cuenta y se muestra lo que cada una de las ceras ha coloreado y, en la última doble página hay un dibujo con todos los objetos y seres pintados en las páginas anteriores. En el segundo se nos enseña la caja de las ceras vacía y se dice al lector que las busque: las diez aparecen en las páginas sucesivas. En sí mismos los libros son simpáticos, pero son decepcionantes para quienes esperabámos más de los autores y habrá quien los califique, no sin motivo, de poco honrados: a quien tenga o conozca ya el álbum primero es probable que le sobren estos dos.

Oliver Jeffers. El libro de los colores de las ceras (The Crayons’ Book of Colours, dibujos de 2013, texto de 2016). Texto de Drew Daywalt. Algemesí (Valencia): Andana, 2018; 18 pp.; trad. de Anna Llisterri; ISBN: 978-84-16394-87-6. [Vista del libro en amazon.es]
Oliver Jeffers. El libro de los números de las ceras (The Crayons’ Book of Numbers, dibujos de 2013, texto de 2016). Texto de Drew Daywalt. Algemesí (Valencia): Andana, 2018; 18 pp.; trad. de Anna Llisterri; ISBN: 978-84-16394-89-0. [
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MallorquiIslaBowen.jpg
sábado, 6 de octubre de 2018

He puesto datos de nuevas ediciones de Despereaux, La isla de Bowen y Nunca me abandones.

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viernes, 5 de octubre de 2018

Francisco Pizarro, crónica de una locura, de José Luis Olaizola, cuenta, en sus dos primeros capítulos, los primeros años del biografiado: hijo bastardo de un hidalgo de Trujillo, cuidador de cerdos un tiempo, se alistó como soldado en los Tercios de Italia y se fue a América en 1502; allí, entre las expediciones militares en las que participó, estuvo a las órdenes de Núñez de Balboa cuando, en 1513, descubrió el Océano Pacífico. El tercero empieza cuando tiene 46 años, es un hombre rico en Panamá, y constituye una sociedad con Diego de Almagro y Hernando de Soto para salir a la conquista del Perú, cosa que hace en 1524.

Los quince capítulos restantes narran las aventuras de Pizarro y sus hombres con algunos episodios de grandeza épica sin igual, como el de los trece de la fama o el de la batalla de Cajamarca. No se omiten las muchas crueldades y comportamientos viles de unos y otros, aunque se destacan las cualidades como capitán de Pizarro —que nunca mandaba una acción que no emprendiera él—, y se explica también que su éxito en Perú fue posible gracias al odio que había entre los partidarios de Huáscar y los de Atahualpa.

La narración es fluida e incluye páginas escritas por cronistas de aquel tiempo, memoriales para el Consejo de Indias, y cartas y opúsculos sobre la conquista. Esto deja claro cómo razonaban aquellos hombres y, con acierto, el narrador actual deja que las ironías, si las hay, broten de los comentarios de los protagonistas o de lo que se cuenta. Hay expresiones y palabras propias de la época, que piden diccionario y, a la vez, que ayudan a no interpretar las cosas tal como de modo natural haríamos si se usasen algunas frecuentes entre nosotros.

José Luis Olaizola. Francisco Pizarro: Crónica de una locura (1998). Barcelona: Planeta, 1998; 227 pp.; col. Documento; ISBN: 84-08-02356-X. Nueva edición en Madrid: BibliotecaOnline, 2018; 236 pp.; ISBN: 978-8415998556. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 4 de octubre de 2018

De las dos primeras novelas de la serie Máquinas mortales, de Philip Reeve, hablé un poco en la nota Futuras películas vistosas. Comentaré ahora la tercera y la cuarta: Inventos infernales y Una llanura tenebrosa. Diré poco, porque no he sido capaz de leerlas bien: la trama global está construida con destreza y los escenarios futuros imaginativos pueden dar mucho juego visual, pero como los personajes no son nada creíbles y como todo se complejiza en exceso —máxime cuando aparecen cyborgs demasiado «avanzados»—, la sensación de pérdida de tiempo al pasar las páginas es abrumadora (al menos para un lector como yo).

Inventos infernales comienza cuando los protagonistas anteriores, Tom y Hester, tienen ya una hija de 16 años, llamada Wren, y viven en Anchrorage. Wren está enfadada con su madre y huye con unos recién llegados que, además, la convencen de que robe para ellos un viejo libro. Sus padres salen en su búsqueda pero cada uno acaba siguiendo su propio camino. Además, pasan muchas otras cosas dentro del conflicto global, que culminan cuando Anna Fang y los antitraccionistas atacan Brighton, ciudad de recreo a la que ha ido a parar Wren y cuyo alcalde es nada menos que Pennyroyal.

En Una llanura tenebrosa, que comienza seis meses después de la novela previa, se ha conseguido una paz inestable entre las ciudades en movimiento y las ciudades estáticas. Tom y Wren, que ahora viajan juntos por el mundo en su aeronave, descubren que Londres, actualmente una ciudad radiactiva en ruinas, oculta un secreto que puede traer la paz. Gracias a uno de los niños perdidos, Anna Fang, derrotada al final de la novela previa, ha sido reconvertida en una peligrosa stalker —los stalkers son seres reconstruidos a partir de cadáveres empleando medios tecnológicos—. Por su lado, Hester ha de hacer frente a un enemigo que puede destruir la humanidad.

Como apunté arriba, ni resultan convincentes los personajes, cuyas decisiones son incomprensibles muchas veces y cuyos diálogos pretendidamente serios son muy forzados, ni resultan creíbles algunos giros argumentales, que parecen motivados porque la única forma de resolver los líos es hacer desaparecer a ciertos personajes cuanto antes. Que todo es muy artificial se nota también en que, al introducir distintas religiones, a cada cual más rara pero todas al mismo nivel, resulta inevitable pensar que el narrador no se cree nada de lo que dice (e incluso cabría plantearse si lo comprende). Supongo que la referencia que se hace al paso de una Walter Moers Platz es un guiño al autor alemán en cuyo mundo de fantasía disparatada encajaría todo más.

Philip Reeve. Inventos infernales (Infernal Devices, 2005). Barcelona: Penguin Random House, 2018; 349 pp.; trad. de Sara Cano; ISBN: 978-84-204-8687-1. [Vista del libro en amazon.es]
Philip Reeve. Una llanura tenebrosa (A Darkling Plain, 2006). Barcelona: Alfaguara, 2018; 541 pp.; trad. de Sara Cano; ISBN: 978-84-204-8718-2. [
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miércoles, 3 de octubre de 2018

Supersorda, de Cece Bell, es un buen cómic de corte autobiográfico. En veintiún capítulos se cuenta primero que la protagonista tiene meningitis de pequeña y se queda sorda, luego el proceso de adaptación a los audífonos, después el momento en el que acude al colegio con un audífono especial para oír a los profesores... El título revela que, cuando descubre que su audífono especial le permite oír comentarios de sus profesores aunque estén muy lejos, piensa que tiene poderes especiales y se imagina a sí misma como una superheroína.

La historia habla de los vaivenes por los que pasan sus relaciones con sus compañeras y compañeros de clase, los temores que la bloquean y las dificultades que tiene, aunque tanto sus padres como sus profesores son personas cercanas y dispuestas a facilitarle las cosas. En un epílogo la autora dice que su cómic «se basa en mi infancia» y señala que «me interesó más plasmar mis sentimientos concretos de niña con problemas de audición que ser fidedigna en los detalles». Es decir, que aunque procuró no retratar exactamente a nadie, «las sensaciones que sentía de niña son todas ciertas. Fui una niña sorda rodeada de niños que oían. Me sentía diferente y no lo veía como nada bueno».

El relato se podría poner en paralelo con Sonríe, de Raina Telgemeier. Aunque las figuras de Cece Bell no son «realistas» pues tienen aires conejiles —orejas y hocicos—, los escenarios son más simples y los personajes más esquemáticos, sí se pueden comparar los contenidos, el tono y la confección de la historia. Todo se cuenta con claridad, señalando bien los graciosos momentos imaginativos de la heroína, con unas nubecillas que rodean las viñetas, e indicando con globos de texto en blanco los momentos en los que la protagonista no escucha lo que le están diciendo.

Cece Bell. Supersorda (El Deafo, 2014). Madrid: Maeva Young, 2017; 248 pp.; color de David Lasky; trad. de Jofre Homedes Beutnagel; ISBN: 978-84-17108-16-8. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 2 de octubre de 2018

La casa de las cuatro estaciones, de Roger Duvoisin, es un álbum de hace muchas décadas que conserva toda su frescura. Una familia compuesta por el padre, la madre, un niño y una niña, salen en busca de una casa, la eligen, la compran y empiezan a realizar arreglos en ella. Se plantean de qué color pintarla y cada miembro de la familia prefiere una opción distinta, de acuerdo con las distintas estaciones. Pero cuando van a comprar los botes de pintura sólo les venden rojo, azul y amarillo, y entonces el padre les hace una demostración de cómo, mezclando esos colores, pueden obtener los demás que desean, y además les muestra que si los mezclan todos obtienen el blanco... Con figuras sintéticas expresivas, tan características de la mejor ilustración de las décadas centrales del siglo XX, Duvoisin compone una narración clara, que presenta bien el atractivo de los trabajos caseros que hace uno mismo y que da una buena primera lección sobre los colores.

Roger Duvoisin. La casa de las cuatro estaciones (The House of Four Seasons, 1956). Barcelona: Alba, 2018; 36 pp.; col. Cuentos Vintage; trad. de Concha Cardeñoso; ISBN: 978-8490654293. [
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lunes, 1 de octubre de 2018

La portada de Triángulo, de Jon Klassen y Mac Barnett, nos anuncia que estamos ante un álbum minimalista. Y así es: en las imágenes simples, en la historia que se cuenta, en las palabras que se usan.

Triángulo, que vive en una casa triangular con puerta triangular, decide ir a gastarle una broma a su amigo Cuadrado. En el camino pasa junto a triángulos pequeños, medianos y grandes, luego por formas sin nombre, y después junto a cuadrados pequeños, medianos y grandes. Y finalmente llega a la casa cuadrada de Cuadrado. Después de la broma, Cuadrado sale corriendo tras Triángulo.

Álbum para prelectores muy bien compuesto. Las imágenes —con texturas y en tonos apagados característicos de Klassen— tienen guiños visuales fácilmente identificables, las figuras son expresivas sólo con el movimiento de los ojos, la narración es sencilla y repetitiva y el miniargumento es gracioso. Nada raro sería que la serie continuase...

Jon Klassen. Triángulo (Triangle, 2017). Texto de Mac Barnett. Barcelona: Lumen, 2018; 46 pp.; col. Lumen ilustrados; trad. de Máximo González Lavarello; ISBN: 978-84-488-4964-1. [Vista del álbum en amazon.es]

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