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Notas de noviembre de 2007 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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viernes, 30 de noviembre de 2007

Después de El legado del rey Tsongor y El sol de los Scorta he leído con ganas Eldorado, de Laurent Gaudé. Me parece que, como novela, se queda bastante por debajo del nivel de las dos anteriores pero, en cualquier caso, me ha gustado leerla.

En él se cuentan dos historias en paralelo. Una es la del comandante de barco Salvatore Piracci, que vigila las fronteras marítimas del sur de Italia desde hace más de veinte años y, con frecuencia, recoge inmigrantes que llegan en penosas condiciones: varios incidentes le hacen replantearse su vida. Otra, contada en primera persona y con frases muy cortas, es la de Soleimán, un chico sudanés que comienza con su hermano una larga expedición hacia las costas de Libia para poder pasarse a Europa: en ella experimenta lo que pueden hacer los «hombres corrompidos por el miedo y la necesidad» pero también la fortaleza que da no ser egoístas y preocuparse por los demás.

Las improbabilidades que se detectan o se suponen —la narración de Soleimán, no los hechos que cuenta ni los sentimientos que tiene; la evolución final de la vida de Piracci, no la narración—, no afectan al  poder emocional y a la veracidad de fondo de la historia. Tal vez, en la sensación de obra no conseguida  que me ha quedado, influya que, después del interés que despierta el primer incidente que se narra, el encuentro de Piracci con una mujer a la que había rescatado dos años atrás, ningún otro suceso conmueve igual.

El sintético título viene de un comentario que hace un hombrecillo misterioso que se acerca al comandante Piracci cuando está contemplando, en el cementerio de Lampedusa, las tumbas donde están enterrados muchos de los primeros que habían intentado llegar a Italia: «Es el cementerio de Eldorado. (...) Así lo llamo yo. (...) Eldorado, comandante. Lo tenían en el fondo de los ojos. Lo desearon hasta que volcó su embarcación. En eso fueron más ricos que usted y que yo. Nosotros tenemos el fondo de los ojos seco. Y nuestras vidas son lentas».

Y el espíritu de la obra tal vez se corresponda con el momento en que Piracci se despide de su amigo Angelo y éste «encomendó a su amigo al cielo diciéndose que los hombres eran más o menos bellos en virtud de las decisiones que tomaban».

Laurent Gaudé. Eldorado (2006). Barcelona: Salamandra, 2007; 234 pp.; trad. de Jordi Martin Lloret; ISBN: 978-84-9838-123-8.

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jueves, 29 de noviembre de 2007

He releído la nueva edición de Huracán en Jamaica, de Richard Hughes, que había mencionado semanas atrás, y he rectificado mi opinión y la reseña que había puesto anteriormente: creo que la primera vez que lo leí quedé más impresionado de la cuenta por ciertos aspectos rompedores del planteamiento. Ahora me han seguido pareciendo originales algunas cosas pero nunca diría, como la contracubierta, que la novela se caracteriza por la «agudeza psicológica»: como con frecuencia les ocurre a quienes son ingeniosos, el autor se queda en la superficie y sus descripciones y muchas consideraciones son brillantes pero externas.

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miércoles, 28 de noviembre de 2007

En primaria todos éramos muy listos
,
de Enrique Gudín, es un relato que, por un lado, es muy divertido debido al narrador caradura, y, por otro, sabe presentar oblicuamente y sin frivolidad los sufrimientos de un chaval pequeño con problemas familiares.

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martes, 27 de noviembre de 2007

Pralino
,
de Axel Hacke, es un cuento de un padre a su hijo en Navidad que se alinea con los relatos de juguetes que reviven. No es genial pero está bien contado y cuenta con ilustraciones sugerentes de Michael Sowa.

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lunes, 26 de noviembre de 2007

Un álbum excelente que ahora se puede conseguir en España: Guillermo Jorge Manuel José, de Julie Vivas y Mem Fox. Y ojalá se publique también aquí Possum magic, de las mismas autoras.

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domingo, 25 de noviembre de 2007

Wayne Booth: «Cuando la ironía se niega a ocupar su lugar, cuando se convierte cada vez más en un fin en sí misma, es imposible evitar la paradoja. Y no se trata precisamente de esa paradoja feliz y fecunda que es la que originalmente busca el ironista: la percepción de ruedas en el interior de otras ruedas, el vertiginoso pero a la larga delicioso descubrimiento de profundidades por debajo de las profundidades. No. Se trata de una paradoja que puede debilitar y al final destruir todo efecto artístico, incluso la percepción de la misma paradoja. Como la ironía actúa esencialmente por “sustracción”, siempre prescinde de algo, y una vez que se ha convertido en un espíritu o concepto a quien se deja libre por el mundo, se convierte en una ironía total que debe prescindir de sí misma, dejando… nada».

Wayne C. Booth. Retórica de la ironía.

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sábado, 24 de noviembre de 2007

Así describe Umberto Eco las reglas conversacionales de Paul Grice:

«Máxima de la cantidad: haz que tu contribución sea tan informativa como lo requiera la situación de intercambio. Situación cómica: “¿Sabe usted la hora?” “Sí”.

Máxima de la calidad: a) no decir lo que se crea que es falso. Situación cómica: “Dios mío, te lo ruego, dame una prueba de tu existencia”; b) No decir nada de lo cual no se tengan pruebas adecuadas. Situación cómica: “El pensamiento de Maritain me resulta tan inaceptable como irritante. ¡Menos mal que no he leído ninguno de sus libros!”

Máxima de la relación: Sé pertinente. Situación cómica: “¿Sabes conducir una lancha?” “Por supuesto. Hice la mili en los Alpes”.

Máximas de la manera: Evita las expresiones oscuras y ambiguas, sé breve y evita prolijidades inútiles, sé ordenado». Eco no pone ningún ejemplo pues, a fin de cuentas, esto sucede y nos sucede continuamente, pero no me resisto a poner uno, un comentario que me hicieron el otro día: «Es que tiene una enfermedad muy patológica».

Umberto Eco. «Lo cómico y la regla», La estrategia de la ilusión (Semiologia cotidiana, 1973-1977-1983). Barcelona: Lumen, 1996, 2ª ed.; 288 pp.; col. Palabra en el tiempo; trad. de Edgardo Oviedo; ISBN: 84-264-1164-9.

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viernes, 23 de noviembre de 2007

Anne Elliot y el capitán Harville discuten sobre si los sentimientos de los hombres o de las mujeres son más o menos fuertes. El capitán invoca en su favor el testimonio de los libros acerca de la ligereza femenina, y Anne replica: «Si no le importa, es mejor no citar ejemplos de los libros. Los hombres han tenido todas las posibilidades de contar su historia y nosotros ninguna. La educación siempre ha estado en sus manos, mucho más que en las nuestras; la pluma siempre ha sido de ustedes. No admitiré que los libros sean prueba de nada». Sin duda, los libros de la propia Jane Austen no servirían de argumento al capitán Harville.

Jane Austen. Persuasión (Persuasion, 1818). Madrid: Cátedra, 2003; 330 pp.; col. Letras universales; edición de Pilar Hidalgo, trad. de Juan Jesús Zaro; ISBN: 84-376-2062-7.

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jueves, 22 de noviembre de 2007

La fuga,
del canadiense Pascal Blanchet, es una novela gráfica casi sin texto, compuesta con ilustraciones a doble página inspiradas en el cartelismo y el grafismo publicitario de los años treinta y cuarenta. Las sucesivas imágenes, todas en rojo y marrón, muestran los recuerdos de un hombre: su juventud, su afición por el jazz, su noviazgo, su trabajo como pianista, su ancianidad. Hay acierto en la correspondencia que se da entre las ilustraciones, desproporcionadas y elásticas, y el ritmo propio del jazz; así como en el modo sintético y contenido en que se transmiten ambientes y emociones. Supongo que no todos los lectores conectarán con este mundo tan particular y con el modo tan estilizado en que se presenta. En cualquier caso el libro pide un tiempo de lectura pausado y, seguramente, sea una buena idea escuchar al mismo tiempo las canciones de la época que se sugieren al final (si uno las tiene a su alcance...).

Y una cuestión de diseño. Yo valoro positivamente la coherencia del autor de pedir que su libro vaya en un tipo de papel pulposo y de color crudo que recuerde las viejas fundas de papel de los discos de jazz de 78 rpm, pero lo cierto es que tal decisión va en detrimento del atractivo del libro, no creo que le aporte algo verdaderamente significativo y, a estas alturas, quienes podrían sentir la evocación que se busca no leerán un libro como éste, salvo excepciones excepcionalísimas. En cualquier caso reitero que, para mí, tal elección merece un aplauso, más aún cuando ya se ve que no está guiada por motivos comerciales.

Pascal Blanchet. La fuga (La fugue, 2005). Cádiz: Barbara Fiore, 2007; 136 pp.; ISBN: 978-84-934811-5-5.

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miércoles, 21 de noviembre de 2007

Del Laberinto al 30
,
de Carlos Goñi, es un relato acerca de una chica que se ve atrapada dentro de un Juego de la Oca. En su género de viajes a lo Alicia y en castellano, es de las historias más amenas y mejor construidas que he leído.

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martes, 20 de noviembre de 2007

Un relato de ciencia-ficción humorística para pequeños, disparatado pero bien hilado, ameno y con sustancia: Perengrín XXVI, de Angel Pérez.

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lunes, 19 de noviembre de 2007

Sentimento
es otro álbum extraordinario debido a las ilustraciones de Rébecca Dautremer. En él, la ilustradora usa la doble página de modo distinto a lo habitual: en cada lado se muestran momentos consecutivos de la narración, uno más cercano y otro más lejano, y gráficamente cada uno se vincula con el siguiente a través de algún elemento común como unas sombras o algún color. Un ejemplo, a la derecha.

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domingo, 18 de noviembre de 2007

Gerhard von Rad: «Nuestra comprensión actual del mundo que nos rodea es totalmente distinta de la concepción que tenían los antiguos. La diferencia se podría formular en dos palabras. Lo que más llama la atención al observador moderno es lo que se sale de la regla, lo que él no puede encuadrar en su sistema de leyes. En cambio, el hombre antiguo se maravillaba de que, en todo ese caos del acontecer cotidiano, se pudiera detectar siempre una regularidad constante».

Gerhard von Rad. Sabiduría en Israel (Weisheit in Israel, 1982). Madrid: Cristiandad, 1985; 408 pp.; trad. de D. Mínguez Fernández; ISBN: 84-7057-377-2.

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sábado, 17 de noviembre de 2007

George Steiner: «Un humanismo neutral es o una pedantería o un preludio de lo inhumano. (...) Es un asunto de seriedad y de equilibrio emocional, la convicción de que la enseñanza de la literatura, en el caso de que sea posible, es un oficio sumamente complejo y peligroso, puesto que se sabe que se tiene entre las manos lo que hay de más vivo en otro ser humano. De forma negativa, supongo que esto quiere decir que no se deben publicar trescientas o seiscientas páginas sobre un autor del siglo XVI o XVII sin pronunciarse sobre si hoy día vale o no la pena su lectura. O como dijo Kierkegaard: “No vale la pena recordar un pasado que no puede convertirse en presente”.

Enseñar literatura como si se tratara de un oficio superficial, un programa profesional, es peor que enseñarla mal. Enseñarla como si el texto crítico fuera más importante, más provechoso que el poema, como si el examen final fuera más importante que la aventura del descubrimiento privado, la digresión apasionada, es lo peor de todo».

George Steiner. «La formación cultural de nuestros caballeros», Lenguaje y silencio: ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano (Language and Silence, 1976). México: Gedisa, 2003, ed. completa y revisada; 475 pp.; trad. de Miguel Ultorio, Tomás Fernández Aúz y Beatriz Eguibar; ISBN: 84-9784-008-9.

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viernes, 16 de noviembre de 2007

«La única manera de escribir es considerar al lector a la misma altura que el autor», dice Cyril Connolly en «El frío elemento de la prosa», texto contenido en Obra selecta. Y luego añade que tratarle de otra manera es, por una parte, otorgar un valor a la incultura y, por otra, es ser condescendiente con el lector. La inesperada consecuencia de lo segundo, de la condescendencia con un lector al que se le trata sin esperar que haga esfuerzos, es la de azuzar en él una hostilidad contra el autor semejante a la que puede sentir un hambriento aborigen australiano hacia un gran chef que se digna servirle. No sé si ese sentimiento nacerá o no en el aborigen en cuestión (hay muchas clases de aborígenes), pero en cualquier caso es una comparación gráfica y contundente.

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jueves, 15 de noviembre de 2007

El otro día cité, de paso, el Diario de Ana Frank, así que aprovecho la ocasión tanto para colgar la ficha correspondiente como para decir lo poco que me ha gustado la vendidísima El niño con el pijama de rayas, de John Boyne. Al margen de su escasa calidad, es que acerca de la vida y la muerte en los campos de concentración nazis he leído tantos testimonios reales y poderosos que una novela tan comercial y artificial como la de Boyne me parece casi ofensiva.

John Boyne. El niño con el pijama de rayas (Boy in the striped pyjamas, 2006). Barcelona: Salamandra, 2007; 224 pp.; trad. de Gemma Rovira; ISBN: 978-84-9838-079-8.

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miércoles, 14 de noviembre de 2007

Incorporo al comentario sobre Krazy Kat, de George Herriman, un texto de Umberto Eco:

«En Krazy Kat la poesía nace de cierta terquedad lírica del autor que repite hasta el infinito su anécdota, haciendo siempre variaciones de un mismo tema (...). En una historieta semejante, el espectador, no solicitado por el gag desbordante, por la referencia realista o caricatural, por una llamada al sexo o a la violencia, substraído a la rutina de un gusto que lo lleva a buscar en los cómics la satisfacción de unas determinadas exigencias, descubre la posibilidad de un mundo puramente alusivo, un placer de tipo “musical”, un juego de sentimientos no banales».

A este comentario, que me parece certero, añadiría que no sé si la poesía de la que habla Eco se puede captar en un contexto tan diferente al de los lectores originales de la tira, que sí podían apreciar las singularidades de su lenguaje y de sus alusiones, y que tampoco sé si esa poesía puede surgir de una manera diferente a la de su origen, cuando las historietas llegaban periódicamente y así calaban poco a poco en el lector. En cualquier caso, tal vez dé igual.

Más información en La edición de Krazy Kat.

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martes, 13 de noviembre de 2007

Puestos a seguir con la misma época del álbum comentado ayer, pongo, a la derecha, la portada de una modélica edición con las mejores tiras dominicales de Little Nemo reproducidas a su tamaño original: periódico tipo sábana de 16 por 21 pulgadas. Como es un libro caro, que poca gente puede tener, hago una sugerencia: que lo tengan en las salas de espera en las que algunos sufren mucho, por ejemplo de los dentistas.

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lunes, 12 de noviembre de 2007

Merece grandes elogios la edición de El libro inclinado, un álbum de 1910 firmado por Peter Newell. Traducir un texto así, manteniendo la versificación, no es una tarea fácil: para mí hubiera sido mejor una edición bilingüe que conservara el original inglés.

Ya puestos a pedir, ojalá se publiquen también los otros libros del autor, también innovadores en diseño y formato, que no conozco: Topsys and Turvys (1893), con ilustraciones que pueden ser vistas al derecho y al revés; The Hole Book (1908), en el que una pistora se dispara en la primera escena y la bala atraviesa todas las páginas; The Rocket Book (1912), en el que se usa el mismo recurso pero esta vez es un cohete el que despega desde un sótano y atraviesa los veintiún pisos del edificio.

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domingo, 11 de noviembre de 2007

Octavio Paz:


«Alcé la cara al cielo, inmensa piedra
de gastadas letras:
nada me revelaron
las estrellas».

George Steiner:

«Quien haya leído La metamorfosis de Kafka y pueda mirarse impávido al espejo será capaz, técnicamente, de leer la letra impresa, pero es un analfabeto en el único sentido que cuenta».

Octavio Paz. «Analfabeto», Piedras sueltas (1955), Libertad bajo palabra (1935-1957). Madrid: Cátedra, 1988; 376 pp.; col. Letras Hispánicas; edición de Enrico Mario Santí; ISBN: 84-376-0775-2.
George Steiner. «Humanidad y capacidad literaria», Lenguaje y silencio: ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano (Language and Silence, 1976). México: Gedisa, 2003, ed. completa y revisada; 475 pp.; trad. de Miguel Ultorio, Tomás Fernández Aúz y Beatriz Eguibar; ISBN: 84-9784-008-9.


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sábado, 10 de noviembre de 2007

Flaubert: «¿Sabes lo que deberías hacer? Adquirir el hábito piadoso de leer todos los días un clásico durante al menos una hora».
«Hay una cosa a la que es necesario que te acostumbres, y es a leer todos los días (como un breviario) alguna cosa buena. A la larga penetra. (...) El talento, como la vida, se transmite por infusión, y hay que vivir en un ambiente noble, adoptar el espíritu de sociedad de los maestros».

Gustave Flaubert. En cartas de 1853 a Louise Colet, Sobre la creación literaria: extractos de la correspondencia de Gustave Flaubert. Madrid: Ediciones y Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja, 1998; 243 pp.; col. El oficio de escritor; selección, prólogo y traducción de Cecilia Yepes; ISBN: 84-95079-76-3.

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viernes, 9 de noviembre de 2007

Otra reciente «novela de profesor» es Palabras en la arena, de José Ramón Ayllón. El autor vuelve a los personajes y al esquema de Vigo es Vivaldi y Diario de Paula. De nuevo tenemos acceso al diario del protagonista, esta vez de los tres meses anteriores a lo que se cuenta en aquellas novelas. Cada entrada del diario se abre con una cita del Diario de Ana Frank y el narrador entabla una especie de diálogo con ella que resulta ser un pretexto para contar anécdotas escolares y vitales, propias o ajenas. Lo importante aquí, de nuevo, no es la construcción de la trama, ni la verosimilitud del narrador o de los diálogos tan agudos, ni si Vigo es o no una ciudad tan poética..., sino la calidad del lenguaje, las consideraciones jugosas sobre cuestiones vitales tan bien engarzadas... O, en otro nivel, cómo el libro logra enganchar con sus lectores y avivar en ellos la reflexión y remitir a lecturas como Matar un ruiseñor, de Harper Lee, o Antes del fin, de Ernesto Sábato, entre otras.

José Ramón Ayllón. Palabras en la arena (2007). Madrid: Palabra, 2007; 246 pp.; col. Astor; ISBN: 978-84-9840-102-8. Nueva edición en 2011; 256 pp.; col. Astor; ISBN: 978-84-9840-550-7.

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jueves, 8 de noviembre de 2007

El protagonista y narrador de El último día de mi vida, de Marcial Izquierdo, es Miguel, un estudiante que cuenta lo sucedido un día, desde primera hora de la mañana hasta la noche y, en cada tramo del relato, anuncia repetidamente que ese es el último día de su vida: se supone que un tren lo arrollará. Las consideraciones del profesor de filosofía sobre la muerte afectan al protagonista pero, cuando llega el momento de la juerga del viernes, de la bebida y de las apuestas locas, todo queda en segundo plano.

El autor, profesor de filosofía, ha escrito esta historia, inspirada en un hecho real, hilando muy bien algunas incidencias de vida colegial, con oportunas referencias a Platón, Jorge Manrique, Antonio Machado, etc., y con otras circunstanciales a Estopa, Melendi... Al estar todo contado en primera persona, suenan artificiosas las referencias que se contienen en cada capítulo al tren que viene de Madrid, aunque seguramente así subirá más la temperatura emocional de muchos lectores.

De todas maneras, este tipo de «novelas de profesor», en las que sus autores son profesores y escriben como tales, buscando que algunas enseñanzas lleguen a un público joven, han de medirse también (o sobre todo) por cómo consiguen el objetivo que buscan. Y, me parece, este libro es de los que puede hacer pensar un poco más acerca de cómo algunas inconsciencias pueden tener consecuencias trágicas.

Marcial Izquierdo. El ultimo día de mi vida (2007). Madrid: Bruño, 2007; 200 pp.; col. Paralelo cero; ISBN: 978-84-216-9153-3.

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miércoles, 7 de noviembre de 2007

Pocas semanas antes de los recientes disturbios en Birmania, o Burma, o Myammar, había leído El arpa birmana, de Michio Takeyama. No es una novela equilibrada del todo pero me atrapó: cuenta una buena historia, tiene unos atractivos personajes centrales, se ambienta en una época y un lugar del que conocía pocas cosas, enfoca la guerra desde un punto de vista diferente, habla con acierto de la piedad que merecen los difuntos...

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martes, 6 de noviembre de 2007

Se ha editado hace poco en España El fantasma de la tía Maruja, un relato humorístico (que se tituló Maruja en la edición argentina de 1989) el que brillan la inventiva y el espíritu bromista de Ema Wolf.

En él, Veremundo, «un monstruo fiero y destartalado» recibe la inesperada visita del fantasma de su tía Maruja que, además, viene con ánimo de quedarse en su mansión. Si a Veremundo le pone frenético el aliento de talco y el modo de ir y venir del fantasma por la casa, «condensándose y disipándose a su antojo», las cosas se complican más aún cuando decide montar una agencia de detectives.

No es el relato que más me gusta de los que conozco de Ema Wolf, pero es divertido y está repleto de imágenes ocurrentes.

Ema Wolf. El fantasma de la tía Maruja (1989). Barcelona: Montena, 2007; 75 pp.; ISBN: 978-84-8441-372-1.

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lunes, 5 de noviembre de 2007

En una entrevista de hace poco en CLIJ decía la ilustradora checa Kveta Pacovská, una experta en libros de construcción sofisticada, que «al final lo más importante es que los libros aporten algo a los niños».

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domingo, 4 de noviembre de 2007

Claudio Magris: «No es fácil ser señores enseguida, en las relaciones con el mundo, después de haber estado durante mucho tiempo sometidos: el señorío, la tranquila modestia que no tiene necesidad de afirmaciones ni reconocimientos, esa despreocupación en lo tocante a sí mismos que nos hace más desenvueltos y serenos, nacen de la libertad y la seguridad de las que la persona se ha empapado como cosa natural. La violencia y la injusticia, como cualquier otra penalidad y dolor, son mala escuela, dejan marcas en el rostro y en el alma de quien las sufre; los infelices y los parias son a menudo también desagradables. Pero por eso hay que amarles y ayudarles más, porque la culpa de esas cicatrices que los desfiguran espiritualmente es de quien les ha inflingido esas heridas. Los violentos y los prevaricadores, escribe Manzoni, son responsables no sólo del mal que infligen a sus víctimas, sino también de aquel al que les inducen a continuación los agravios sufridos. Toda minoría que sale de la marginación —nacional, cultural, religiosa, política, sexual— tiende, por lo menos al principio, al narcisismo exhibicionista y hasta que no se libera de él, aprendiendo a vivir espontáneamente su propia peculiaridad y a no hacerle demasiado caso, revela estar todavía, interiormente, en una condición de inferioridad».

Claudio Magris. «La astilla y el mundo», Utopía y desencanto.

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sábado, 3 de noviembre de 2007

Borges: «Clásico no es un libro que necesariamente posee tales o cuales méritos; es un libro que las generaciones de los hombres, urgidas por diversas razones, leen con previo fervor y con una misteriosa lealtad».

Jorge Luis Borges. «Sobre los clásicos», en Otras inquisiciones (primera ed. en 1952, ed. revisada por el autor en 1974). Madrid: Alianza, 1999, 296 pp.; col. El libro de bolsillo. Biblioteca Borges; ISBN: 84-206-3316-X.

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viernes, 2 de noviembre de 2007

Decía Robert Bresson que al hacer cine tendía, «creo que por otra parte sin buscarlo, a la simplificación». Pero, añadía, «creo que la simplificación es algo que no es conveniente buscar jamás: cuando se ha trabajado suficientemente, la simplificación debe surgir por sí misma. Una cosa errónea es buscar demasiado pronto la simplificación, o la sencillez, lo que produce la mala pintura, la mala literatura, la mala poesía...». En mi opinión esto es particularmente aplicable a la literatura infantil y juvenil.

Robert Bresson. En una entrevista de Jean Luc Godard, el año 1966, en La política de los autores (La politique des auteurs, 2001). Entrevistas a Robert Bresson, Luis Buñuel, Howard Hawks, Alfred Hitchcock, Fritz Lang, Jean Renoir. Barcelona: Paidós, 2003; 189 pp.; trad. de Miguel Rubio; ISBN: 84-493-1414-3.

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jueves, 1 de noviembre de 2007

Lo he pasado bien leyendo La pesca del salmón en Yemen, de Paul Torday, una historia que gira en torno al deseo visionario de un jeque yemení de introducir el salmón en los ríos de Yemen. Es excelente la construcción del relato, a base de correos electrónicos, diarios, memorandos, etc., que consigue ir convenciendo tanto al protagonista como al lector de que, bueno, el asunto tal vez no sea tan demencial... La historia principal está bien anudada con el retrato de la penosa vida familiar del protagonista y el incordiante hociqueo de los políticos en el asunto.

Este último aspecto me ha recordado los memorables relatos de Jonathan Lynn y Anthony Jay, basados en una serie previa de la BBC, que se titularon en castellano Sí, ministro, Sí, presidente y No, presidente. Que yo sepa no están en el mercado ahora, pero sí se pueden buscar en bibliotecas y sí se pueden conseguir los DVDs de la serie original (excelentes a pesar de las odiosas risillas de fondo). Se ve que hay un estilo de ser y un modo de hacer de los políticos que no cambian de un sitio a otro ni de una década a otra y, ya que no puedes hacer mucho, al menos te ríes de lo tontos que son algunos y corres la voz.

Paul Torday. La pesca del salmón en Yemen (Salmon Fishing in the Yemen, 2007). Barcelona: Salamandra, 2007; 317 pp.; trad. de Luis Murillo Fort; ISBN: 978-849838-094-1.
Jonathan Lynn y Antony Jay. Sí, ministro: el diario de un ministro del gobierno por el Honorable James Hacker (Complete Yes Minister: The Diaries of a Cabinet Minister by the Right Honorable James Hacker). Barcelona: Ultramar, 1988, 2ª ed.; 614 pp.; trad. de Carlos Peralta; col. Best seller ; ISBN: 84-7386-433-6.
Jonathan Lynn y Antony Jay. Sí, presidente y No, presidente (Complete Yes Prime Minister: The Diaries of the Right Honorable James Hacker). Barcelona: Ultramar, 1987 y 1989; 302 y 303 pp.; col. Best seller; ISBN: 84-7386-476-X y 84-7386-539-1.


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