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Notas de noviembre de 2016 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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miércoles, 30 de noviembre de 2016

Perros y Gatos. Bajo la lupa de los científicos, con texto de Antonio Fischetti e ilustraciones de Sébastien Mourrain, es un libro informativo de gran formato. Contiene trece capítulos para los perros y trece para los gatos, con títulos como «Gramática del ladrido», «De tal perro tal dueño», «La vida sexual del perro», «La sociedad perruna»…, o «El temperamento del gato», «¿Cómo acariciar un gato?», «El gato, paracaidista y funambulista»... Como se puede deducir, la exposición de la información tiene un tono bromista. El texto va en las páginas izquierdas siempre y las ilustraciones ocupan las páginas derechas completas. No son ilustraciones explicativas o informativas sino de alguna escena graciosa o de algún detalle. A los interesados en el tema les gustará compararlo con un libro titulado igual, pero con otro enfoque y más énfasis en el aspecto gráfico, de Steve Jenkins.

Antonio Fischetti. Perros y Gatos. Bajo la lupa de los científicos (Chien et chats, sous la loupe des scientifiques, 2015). Madrid: Nórdica, 2016; 61 pp.; col. Nórdicainfantil; ilust. de Sébastien Mourrain; trad. de Delfín G. Marcos; ISBN: 978-84-16830-04. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 29 de noviembre de 2016

Cinco minutos de paz, de Jill Murphy, es un álbum de hace años que ha vuelto a ser editado en castellano. En él vemos a una madre elefanta (la señora Enorme en la primera edición, Mamá Grande en la más reciente) que, cuando sus tres elefantitos van a desayunar y todo alrededor es un caos, decide tomarse un respiro: se lleva una bandeja con el desayuno al baño con la esperanza de estar sola unos momentos. Pero los pequeños le preguntan a dónde va, y por qué —«porque necesito cinco minutos de paz sin vosotros, por eso»—, y todo se complica.

La historia es muy simpática tanto porque las imágenes son graciosas, como por las situaciones que se suceden. Es un buen ejemplo de cómo hacer brotar el humor no sólo de la gracia que tienen las escenas y los personajes, sino de las reflexiones que se avivan en el lector al ver los contrastes entre lo que se muestra y lo que afirman las palabras. Las cosas que ocurren serán, creo yo, más valoradas por los padres que por los hijos más pequeños: el foco está en el agobio de la madre, al principio, y en su enorme paciencia, según avanza el relato.

Jill Murphy. Cinco minutos de paz (Five Minute’s Peace, 1986). Barcelona: Edhasa, 1989; 28 pp.: trad. de Angelina Gatell; ISBN: 84-350-9091-4. Nueva edición en Pontevedra: Kalandraka, 2016; 28 pp.; col. Libros para soñar; trad. de Sandra Senra Gómez y Oscar Senra Gómez; ISBN: 978-84-8464-240-4. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 28 de noviembre de 2016

Mi amigo Libro, de Dasha Tolstikova y Kirsten Hall, comienza presentando al personaje: «Libro era un libro. Y tenía todo lo que un libro puede soñar. Era fuerte y resistente. Contaba una historia ingeniosa y divertida». El relato cuenta que deseaba estar en manos de un niño y su vida desde que está en la librería hasta que se lo lleva una niña que tiene un perro agurruñado llamado Natillas.

Álbum interesante, también por ser el primero de la escritora y de la ilustradora. Las imágenes, realizadas con pastel y lápices, a veces como esbozos, son ágiles y bien adaptadas a lo que se narra en cada momento. La historia es simpática y está bien pensada para ganarse a quienes ya les gustan los libros y a quienes tienen interés en promover la lectura entre los niños. Por otro lado, tal como anuncia el título original, The Jacket, La camisa o el forro que traen algunos libros, el relato conduce al interés y a la importancia que puede tener ese componente físico del libro. Y, al respecto, le hace una propuesta final al lector.

Dasha Tolstikova. Mi amigo Libro (The Jacket, 2014). Texto de Kirsten Hall. Barcelona: Blackie Books, 2016; 48 pp.; trad. de Victoria Simó; ISBN: 978-84-16290-69-7. [
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sábado, 26 de noviembre de 2016

Más lecturas sobre Cervantes y el Quijote de los últimos meses: El Quijote y su idea de virtud y Cervantes todavía, de Ángel Pérez Martínez. El primer libro, que fue antes la tesis doctoral del autor, aborda el Quijote como una obra que sirve para comprender la perspectiva moral de una época, y que hace notar el asombro y desconcierto que provoca un personaje que a la vez es «un loco prudente, un soldado que intenta ser justo, un anciano fuerte y un amante templado». El segundo reúne varios artículos académicos en los que se hacen reflexiones de tipo narrativo sobre la obra de Cervantes que se pueden aplicar hoy a temas como la lectura digital, la importancia de los viajes, la educación de los jóvenes, etc. Ambos ponen de manifiesto, una vez más, como la lectura de los mejores clásicos nos enriquece y, tal como decía recientemente Carlos García Gual, nos ayudan «a entender aspectos esenciales de la condición humana: su mensaje se reinterpreta con los años, abre nuevos horizontes y moldea a personas más críticas e imaginativas».

Ángel Pérez Martínez. El Quijote y su idea de virtud (2012). Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2012; 278 pp.; ISBN: 978-84-00-09562-8.
Ángel Pérez Martínez. Cervantes todavía. Apuntes desde la crítica literaria (2015). Madrid: Corchete editorial, 2015, 126 pp.; ISBN: 978-84-945013-0-2. [
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viernes, 25 de noviembre de 2016

Mujeres excelentes, de Barbara Pym, es una comedia costumbrista inteligente y muy divertida, que vuelve al mercado español. En ella no importa tanto el argumento como el retrato de los personajes a través de una sucesión de incidentes menores y de diálogos agudos.

Londres, poco después de la segunda Guerra Mundial. La protagonista y narradora es Mildred Lathbury, una mujer de poco más de treinta años, soltera, que trabaja en labores asistenciales y es una de las principales colaboradoras de su párroco anglicano, «mujeres excelentes». El relato comienza cuando se instalan, en su misma casa, el matrimonio Napier, formado por una antropóloga y un oficial de la Marina, y cuando, en la casa del párroco y su hermana, alquila un apartamento una mujer joven, viuda de un pastor, «que presentaba trazas muy concretas del tipo más fiable»…

Los ambientes y personajes que se retratan coinciden con aquellos en los que vivió la escritora. Su narración es elegantemente autoirónica, amable siempre y cómica en muchos momentos. En ella se suceden los encuentros de unos y otros, con invitaciones frecuentes a tomar el té o a comer y cenar; y se presentan los problemas del matrimonio Napier, el trato entre Mildred y un antropólogo llamado Everard Bone, y la relación entre el párroco y la viuda. En relación a esto último la narradora nos advierte pronto que, en cuanto la conoció, pensó que iba «demasiado bien vestida para ser viuda de un pastor (…), acordándome de otras muchas a las que había conocido».

Barbara Pym. Mujeres excelentes (Excellent Women, 1952). Barcelona: Anagrama, 1985; 256 pp.; col. Panorama de narrativas; trad. de Jaime Zulaika; ISBN: 978-8433930682. Nueva edición en Barcelona: Gatopardo, 2016; 320 pp.; trad. de Jaime Zulaika; ISBN: 978-8433930682. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 24 de noviembre de 2016

La casa, de Paco Roca, es un magnífico cómic con acentos autobiográficos, pues el autor lo compuso en el momento en el que fue padre y falleció su padre, que a mí me ha recordado Barrio lejano, de Jiro Taniguchi.

Es un relato sobre tres hermanos, dos varones y una mujer, que, cuando su padre fallece, arreglan la casa del pueblo en donde vivía para ponerla en venta. Al hacerlo, conocen a un vecino que les cuenta cosas que decía y hacía su padre, charlan entre sí acerca del momento en el que murió, van recordando su modo de ser y las relaciones de cada uno con él; entre otras cosas, su empeño por construir poco a poco aquella casa, haciendo él todas las mejoras con la colaboración de sus hijos en fines de semana. También salen a la luz pequeños reproches y malos entendidos entre unos y otros, que así van redimensionándose y curándose.

La historia está muy bien contada, con un comienzo intrigante y sugerente, con saltos adelante y atrás que se siguen bien, gracias a la variación de forma y de ritmo de las viñetas o a los cambios de colorido, con momentos que son como pausas en los que alguna viñeta o sucesión de viñetas tienen una fuerte carga simbólica. Muchas personas que fueron jóvenes en las décadas de los sesenta, setenta y ochenta, sentirán la cercanía emocional de lo que se cuenta en la historia: el espíritu de personas como el padre, una persona que progresa socialmente desde orígenes humildes y logra sacar adelante a su familia. E, igual que dije ayer a propósito de unos álbumes, un cómic como este, o como fue Arrugas tiempo atrás, han de ser destacados porque son de los que ayudan de verdad a comprendernos mejor y a comprender más.

Paco Roca. La casa (2015). Bilbao: Astiberri, 2016; 127 pp.; col. Sillón orejero; ISBN: 978-84-16251-00-1. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 23 de noviembre de 2016

Algunos álbumes están concebidos para enseñar a sus lectores a comprender a quienes sufren enfermedades difíciles y a saber ponerse, un poco al menos, en el lugar de los demás. No son álbumes para todos o para cualquier momento: lo son, sobre todo, para quienes tienen cerca casos como los que se cuenta, niños o adultos; lugares naturales para algunos pueden ser, por ejemplo, las salas de los hospitales o las consultas de los médicos donde se tratan esas enfermedades…

En Los martes, mi tío y los extraterrestres, de Roger Ballabrera y Dídac Micaló Rebaque, el niño narrador habla de que los martes son especiales pues es el día en el que pasa la tarde con la abuela y su tío, un personaje singular. Cuenta como hay veces que su tío es divertidísimo, un extraterrestre, y otros días está recluido en su habitación sin desear salir. La abuela le explica que su tío padede una enfermedad que hace daño a las emociones. Al final del álbum hay explicaciones médicas acerca del trastorno bipolar y se comenta la necesidad de que los niños pierdan el miedo a las enfermedades mentales. Las ilustraciones van de acuerdo con lo que se cuenta: ya desde la portada se sugieren las fases maníaca y depresiva por las que pasa el tío; las escenas de juegos en el parque reflejan las cosas curiosas que le dice al niño; son alegres y dinámicas o apagadas y estáticas según que correspondan a una fase u otra de la enfermedad del tío.

Si el álbum anterior tiene como destinatarios los niños, por su sofisticada realización gráfica y por su tono llamémosle poético se dirige más a un público algo mayor —por ejemplo, a quien tiene familiares en esa situación—, Me gustan los globos, de Pablo Caracol. Sus protagonistas son Lola, una niña —en realidad una anciana con Alzheimer— y Antonio, un anciano a quien Lola considera su abuelo. El álbum presenta distintas escenas de la forma de comportarse de Lola —de su afición por los globos, de que no sabe bien su edad, de que se le escapan las palabras…—. En las ilustraciones hay collages y se combinan distintos materiales; en ellas figuran viejas fotografías y objetos que forman o han formado parte de la vida de los protagonistas; se hacen notar las ausencias de Lola, su incapacidad para reconocer los rostros, con el recurso gráfico de sustituirlos por huellas digitales.

Roger Ballabrera. Los martes, mi tío y los extraterrestres (2016). Texto de Dídac Micaló Rebaque. Girona: Tramuntana, 2016; 32 pp.; revisión científica de Francesc Colom; ISBN: 978-8416578023. [Vista del álbum en amazon.es]
Pablo Caracol. Me gustan los globos (2016). Madrid: Narval, 2016; 44 pp.; ISBN: 978-84-944642-5-6. [
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martes, 22 de noviembre de 2016

Imelda y el Rey de los Duendes es el primer álbum de Briony May Smith. Su protagonista es Imelda, una chica de lo más resuelta que hace un plan para liberar a la reina de las hadas de su bosque vecino, secuestrada por el horrible Rey de los Duendes, y de paso darle una buena lección.

El bosque en el que se interna Imelda está repleto de toda clase de seres: no es un bosque de tipo victoriano con sólo gnomos y hadas, sino que en él hay, incluso, algunos seres con el aire típico de pequeños marcianos. Las ilustraciones, abigarradas y coloristas, son de todos los tamaños —las hay que ocupan la doble página, las hay de una página sólo, en ocasiones hay dos por página…—, y las palabras, que se leen en los bordes inferiores en blanco, también van en globos de texto al modo de los cómics.

La historia es simple pero entretenida: las figuras están dibujadas para provocar atracción o rechazo a primera vista; la narración es directa y, aunque trate de hadas y seres mágicos, los comportamientos de valor o de maldad son netos. A diferencia de muchas historias con personajes parecidos. en esta no son las hadas las que ayudan sino que es la chica humana la que va en su rescate. También, a diferencia de tantos relatos con mensajes políticamente correctos, aquí no se propone «diálogo, diálogo, diálogo», sino que la heroína es amable primero pero, cuando las cosas no se arreglan, va en directo al enfrentamiento.

Briony May Smith. Imelda y el Rey de los Duendes (Imelda and the Goblin King, 2015). Madrid: SM, 2016; 32 pp.; trad. de Ángeles García Bermejo; ISBN: 978-84-675-8620-6. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 21 de noviembre de 2016

Abeja, de Britta Teckentrup y Patricia Hegarty, es un buen álbum de conocimientos, amable, sencillo y bien construido. En la portada, y en muchas páginas consecutivas, vemos el troquelado de un panal. A partir de ahí, todas las ilustraciones ocupan la doble página y, en la parte de abajo, en letra grande, dos versos sencillos van contando el viaje de la abeja por el prado, el huerto, el bosque, posándose en las flores para recoger el néctar de cada una y luego ir esparciendo el polen sobre otras flores… Las rimas no siempre fluyen bien y la historia se centra sólo en la importante tarea de la polinización que cumplen las abejas, y no en otras cosas, pero sea como sea, es un libro bonito y atractivo que cumple bien su función.

Britta Teckentrup. Un pequeño milagro de la naturaleza. Abeja (Nature’s tiny miracle: Bee, 2016). Texto de Patricia Hegarty. Madrid: Bruño, 2016; 32 pp.; col. Cubilete; trad. de Virtudes Tardón; ISBN: 978-84-696-0622-3. [Vista del álbum en amazon.es]

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domingo, 20 de noviembre de 2016

Me ha gustado leer Algunos hombres buenos: historias de mujeres y hombres que pusieron la justicia por encima de las ideologías durante la Guerra Civil, de Octavio Ruiz-Manjón. Son breves semblanzas de personas de distinto tipo, unos más conocidos que otros, todos ellos buenos ejemplos de gente que, decía Julián Marías, «conservaron la cordura, el sentido moral, la capacidad de juicio», durante un tiempo de locura. Los biografiados son: Antonio Escobar, Julián Besteiro, Melchor Rodríguez, Juan Peset, Manuel de Irujo, Julián Marías, Mercedes Sanz-Bachiller, Luis Lucía, Marcelino Olaechea, Manuel de Falla, Ramón Rubio, Ricardo Amor, Antonio Machado, Miguel de Unamuno.

En el colofón afirma el autor: «estos hombres y mujeres cabales, como nos gusta llamarlos, tuvieron responsabilidades diversas durante aquellos años de enfrentamiento fratricida. Algunos, como Besteiro, estuvieron muy cerca de los círculos más altos del poder, aunque prefirieran mantenerse al margen de ellos. Otros, como Manuel de Falla, parecieron vivir enclaustrados mientras la gran tragedia se desataba a su alrededor. Todos ellos, en cualquier caso, se negaron a dejarse arrastrar por el odio que parecía dominarlo todo. Cada uno mantuvo sus lealtades, pero todos supieron ver las injusticias y pasiones que se escondían en la falsa lógica de un enfrentamiento civil. Por otra parte, procuraron mantener esas actitudes frente a la barbarie, aunque, como ninguno de ellos fue un superhéroe de cómic, no dejaron de afrontar momentos de desfallecimiento».

Octavio Ruiz-Manjón. Algunos hombres buenos: historias de mujeres y hombres que pusieron la justicia por encima de las ideologías durante la Guerra Civil (2016). Barcelona: Espasa, 2016; 250 pp.; ISBN: 978-84-670-4668-7. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 19 de noviembre de 2016

Leer y escribir. Dos mundos, contiene dos textos en los que V. S. Naipaul recuerda su formación como escritor. En el primero habla de algunas influencias literarias y en el segundo explica las dificultades que tuvo para escribir una novela sobre sus antepasados indios.

Afirma que «la ficción funciona mejor en un área moral y cultural cerrada, donde las reglas son conocidas por la mayoría; y en esa área delimitada trata cosas —emociones, impulsos, ansiedades morales— que serían inasibles o quedarían incompletas en otras formas literarias». Habla de los grandes autores de habla inglesa que «escribieron en tiempos del imperio» y señala que ellos eran inevitablemente «medio imperiales» y, si estaban o iban a la India, usaban «los incidentes del viaje para definir sus personalidades metropolitanas contra un telón de fondo extranjero». En cambio, dice, «mis viajes no eran así. Yo era un colono que viajaba en colonias de cultivo del Nuevo Mundo muy parecidas a aquella en la que yo había crecido» y «tuve que escribir porque no existían libros sobre temas que me dieran lo que quería. Tuve que esclarecer mi mundo, dilucidarlo, para mí mismo».

Para llegar a esto, el autor habla de su infancia en Trinidad y de sus años jóvenes en Inglaterra. Indica cómo, «de niño, al tratar de leer, había sentido que dos mundos me separaban de los libros que me ofrecían en la escuela y en las bibliotecas: el mundo de la infancia de nuestra India recordada y el mundo más colonial de nuestra ciudad. Yo pensé que las dificultades tenían que ver con los problemas sociales y afectivos de mi infancia —esa sensación de haber entrado al cine mucho después de empezada la película— y que las dificultades se desvanecerían cuando yo creciera». Pero no fue así y, pasado el tiempo, sigue Naipaul, las áreas de oscuridad que tuvo de niño se convirtieron en sus temas como escritor: «la tierra; los aborígenes; el Nuevo Mundo; la colonia; la Historia; India; el mundo musulmán, con el cual también me siento unido; África; y luego Inglaterra, lugar donde estaba escribiendo».

Tal como se indica en esta buena reseña de hace tiempo, «pocas veces se ha contado —este libro es también una narración— el tema del exilio, tan pegado a todo escritor y a la relación de la creación misma con el medio en que ha de desarrollarse, con la originalidad de enfoque y la seriedad que lo hace Leer y escribir».

V. S. Naipaul. Leer y escribir. Dos mundos (Reading and Writing. A Personal Account, 2000). Barcelona: Debolsillo, 2006; 112 pp.; col. Contemporánea; trad. de Flora Casas; ISBN: 978-8497939683. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 18 de noviembre de 2016

Lecturas de los rehenes, de Yoko Ogawa, contiene varios relatos, muy distintos entre sí, a los que, un primer capítulo que se titula como el libro, les pone un marco: en un país extranjero fueron secuestrados un grupo de turistas japoneses y su intento de liberación terminó trágicamente; se descubrieron entonces unos textos escritos por ellos y, más adelante, apareció una cinta magnetofónica en la que se contenían esas historias leídas por los mismos rehenes —pues se habían logrado introducir micrófonos en la casa donde estaban, en el interior de los víveres y el botiquín que la Cruz Roja les había hecho llegar—; tiempo después se reprodujeron por radio.

Todos ellos son recuerdos de los narradores: un encuentro con una persona singular, una casualidad inexplicable, un suceso algo misterioso, un gesto de generosidad, un momento de reconocimiento, etc. En el último capítulo se añade un relato más, contado por un miembro del cuerpo de operaciones especiales del ejército que se había encargado de las escuchas, el único no japonés que, sin embargo, cuenta el primer encuentro que tuvo en su vida con un extranjero, precisamente un entomólogo japonés que investigaba «Las hormigas cortadoras de hojas».

En «El bastón», una diseñadora de interiores recuerda cómo, siendo niña, ayudó a una persona que trabajaba en una herrería cercana y había tenido un accidente, y cómo, años después, reapareció aquel herrero en su vida. Una profesora de repostería, que siendo joven trabajó en la fábrica de «Las galletas Eco», cuenta cómo, usando esas galletitas con forma de letras, intimó con la hosca señora que le alquilaba su piso. Un escritor habla de las curiosas reuniones, por ejemplo de interesados en conservar lenguas en extinción, que tenían lugar en «La sala B de reuniones» de un centro cultural. En «El lirón que hibernaba» un profesor de oftalmología rememora su relación, cuando era joven, con un vendedor de raros peluches al que vio en una parada de tranvía que frecuentaba. El director de una fábrica de maquinaria de precisión firma «La virtuosa del consomé», acerca de cuando, con ocho años, ayudó a una vecina a preparar un consomé para su madre enferma. La empleada de una empresa de importación recuerda unas horas de fascinación, que le sirvieron para rehacerse interiormente, contemplando el entrenamiento de «El joven lanzador de jabalina». «Te pareces mucho a mi difunta abuela» es el comienzo de «La abuela difunta», donde un ama de casa explica que, varias veces en su vida, le dijeron aquella frase. «El ramo de flores» que le regalaron, cuando era joven, al guía turístico de los rehenes, es su punto de partida para recordar varios asuntos y, al final, para usarlo como una forma de agradecimiento y de oración.

La lectura es reconfortante por la calidad y la originalidad de las diferentes narraciones, por la bondad que respiran los tipos humanos que se presentan, y porque no faltan momentos conmovedores. En el último relato, el del soldado, se dice lo siguiente: «Las lecturas no eran un simple modo de matar el tiempo en aquel lugar, en aquella casa abandonada en la que estaban prisioneros. Se trataba de una acción similar a la de orar, cuyo propósito era hacer llegar sus voces hasta un lugar mucho más lejano de lo que podían imaginar, donde habría alguien con quien no podían comunicarse por medio de las palabras. Como prueba de que aquellas oraciones alcanzaban su destino, voy a proceder a presentar mi propia historia»...

Yoko Ogawa. Lecturas de los rehenes (Hitojichi no Rôdokukai, 2011). Madrid: Funambulista, 2016; 253 pp.; col. Literatudura; trad. de Juan Francisco González Sánchez; ISBN: 978-84-945526-4-9. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 17 de noviembre de 2016

Los secretos de los duendes, de William Alexander, un escritor experto en folclore y teatro, es una novela de hace tiempo que saqué de la biblioteca porque, al hojearla, vi que su originalidad había sido aplaudida por Peter Beagle, que estaba traducida por Verónica Murguía, y que había ganado un importante premio en los Estados Unidos. Ha cumplido ciertas expectativas —es un libro realmente original como dice Beagle y su versión castellana es fluida— pero no todas: no es fácil conectar emocionalmente ni con los personajes ni con el conflicto que se plantea.

Zombay, una ciudad en la que está prohibido el teatro —«los ciudadanos no pueden ser actores y no deben fingir que son lo que no son» dice un bando del alcalde—, salvo para una compañía de duendes que sí puede hacer representaciones —uno de ellos dice: «siempre usamos máscaras y pocos datos para encontrar la verdad, y cuando la encontramos, la moldeamos para que se vuelva más verdadera»—. El pequeño Rownie, pupilo de una vieja bruja llamada Graba —una rara gallina gigante con patas mecánicas, hermana de la famosa Baba Yaga—, huye de ella y se une a los duendes para intentar encontrar a su hermano mayor Rowan, desaparecido hace tiempo. Pero Graba le perseguirá de distintos modos y, además, Zombay se ve amenazada por una crecida del río.

Relato con referencias a viejas leyendas y cuentos —algunas se aclaran un poco en un glosario final—, con comentarios acerca del poder de las palabras, y un argumento que habla del importante papel de los comediantes. Pero, aunque sea interesante para lectores al tanto de las referencias al folclore, y capaces de seguir las insinuaciones que va dejando caer el narrador, es una lectura enredada y laboriosa. En unos escenarios poco familiares y con una mezcla de personajes de distinto tipo, ya de por sí difíciles de comprender del todo, hay también descripciones de representaciones teatrales, lo cual es pedirle al lector un triple o cuádruple salto mortal imaginativo. Con todo, a mí me ha interesado el libro, pues tiene altura, está bien escrito y apunta ideas valiosas..., pero, por lo dicho, no seguiré con la serie.

William Alexander. Los secretos de los duendes (Goblin Secrets, 2012). Barcelona: Océano, 2014; 268 pp.; col. Gran Travesía; trad. de Verónica Murguía; ISBN: 978-84-942582-5-1. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 16 de noviembre de 2016

En relación a qué clase de libros desean los niños, Roberto Innocenti da su opinión, de acuerdo con su experiencia: «Por mucho que los editores digan que hay que ser sencillo con los niños, he descubierto que los niños no tienen ese peso extra de tristezas, recuerdos, pensamientos, estrés…, todo eso que tenemos los adultos. Tienen la mente libre y, por tanto, abierta. Si les pones delante una cosa complicada, se divierten muchísimo desmontándola e intentando comprenderla. De modo que no es necesario simplificar. Una cosa es la simplicidad y otra es la simplificación que se ha impuesto al mundo entero».

Cuenta también que, una vez, se convocó un premio, en Ginebra, el que había dos jurados, uno compuesto por niños y otro por adultos, que debía dictaminar qué libros infantiles, de unos u otros autores, eran mejores. Quedaron dos finalistas, Tony Ross y él. Innocenti dice que suponía que los niños votarían a favor de Ross y los adultos a su favor, pero fue al revés. El jurado de los niños explicó sus motivos a favor de Innocenti diciendo que su libro «estaba bien dibujado, lleno de detalles, se podía leer hasta tres o cuatro veces y aún se descubría algo nuevo, y además suscitaba curiosidades y preguntas. La profusión de detalles no bloqueaba la curiosidad, sino que provocaba nuevas preguntas». En cambio, el jurado de los adultos opinó que Ross «era divertido y que, por tanto, debía de gustarles a los niños». Y continúa Innocenti diciendo que, desde luego, Tony Ross es divertido, pero que «se da muchas veces esta extraña situación: como casi siempre son los padres, es decir, los adultos, quienes compran los libros para los hijos, a ojos suyos mis libros parecen demasiado complejos para niños».

Roberto Innocenti. El cuento de mi vida. Una conversación con Roberto Innocenti (La mia vita in una fiaba, 2012). Entrevista de Rossana Dedola. Pontevedra: Kalandraka, 2016; 128 pp.; trad. de Carlos Acevedo; ilustraciones de obras de Innocenti; ISBN: 978-84-8464-265-7. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 15 de noviembre de 2016

El árbol de la escuela, de Emilio Urberuaga y Antonio Sandoval, tiene un tono didáctico explícito —igual que dije días atrás de otro álbum—. Su protagonista es un niño, Pedro que, al ver un árbol en el patio de su escuela, decide cuidarlo y, gracias a su ejemplo, sus compañeros e incluso su profesora también lo hacen. Y todo se transforma. La intención del álbum es animar a pensar mejor los patios escolares y a incluir en los proyectos educativos más actividades de cuidado de la naturaleza y de los árboles. La historia se cuenta con amenidad y las imágenes presentan bien, como es habitual en el ilustrador, a los niños «frente al mundo». Para quienes se fijen en esas cosas, es obvio que lo que se cuenta está condensado y el árbol crece demasiado rápido. Esta es una reseña más extensa.

Emilio Urberuaga. El árbol de la escuela (2016). Texto de Antonio Sandoval. Pontevedra: Kalandraka, 2016; 36 pp.; col. Libros para soñar; ISBN: 978-84-8464-258-9. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 14 de noviembre de 2016

El Príncipe Rana, de Poly Bernatene y Jonathan Emmett, es una historia con las mismas cualidades de otras de los autores: argumento y texto ingeniosos y divertidos, e ilustraciones bien compuestas, que reflejan el tono irónico del relato, con unas figuras muy atractivas.

Cuando la princesa Margarita y la princesa Marcela leen y se emocionan con un cuento titulado El Príncipe Rana, a la pequeña e intelectual princesa Marta le parece tonto al mismo tiempo que ve a una rana en el estanque y le parece lista. En efecto, la rana había oído a las princesas y le entraron ganas de vivir como un príncipe, así que hizo un plan para presentarse ante ellas como el príncipe Rana. Entonces, para sorpresa y asombro de Marta, sus hermanas se la llevan al palacio y le conceden todos los lujos que pide.

Pero «solo porque se cuente en un libro no significa que sea cierto», dice Marta cuando ve que sus hermanas hacen caso a los cuentos que leen. Así que se dedicó a investigar sobre las ranas y supo que las ranas no se convierten en príncipes, cosa que les dijo a sus hermanas. Pero ellas, lógicamente, le respondieron igual: «solo porque se cuente en un libro no significa que sea cierto»... Así que Marta, que no había leído los cuentos que sí habían leído sus hemanas, se pone a leerlos, momento en el que aparece una estupenda doble página con los personajes de multitud de cuentos...

Poly Bernatene. El Príncipe Rana (Prince Ribbit, 2016). Madrid: Maeva, 2016; 32 pp.; col. Maeva Young; trad. de Rocío de Isasa; ISBN: 978-84-16690-01-5. [Vista del álbum en amazon.es]

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domingo, 13 de noviembre de 2016

El caballero de El Dorado,
del escritor colombiano Germán Arciniegas, es una rica semblanza literaria de la vida y personalidad asombrosas de Gonzalo Jiménez de Quesada, el fundador de Nueva Granada, hoy Colombia. Es una descripción magnífica —sin duda imaginativa y algo barroca, pero bien apoyada en los documentos conocidos— de los ambientes y las gentes de la conquista y después, pasadas unas décadas, de los primeros pasos de la vida en la colonia, cuando Quesada, después de un tiempo en Europa, tiene un talante muy distinto, un poco de caballero andante…

Puede dar una idea del lenguaje y del estilo un párrafo sobre un momento crítico de una expedición frustrante. Indica el narrador cómo Quesada, «mirando en torno solo encuentra ojos que denuncian la fatiga y la fiebre; soldados de barba inmunda y revueltos cabellos, que con trajes desgarrados parecen una corte de mendigos azarosos; ilusos de ayer que han perdido la esperanza; compañeros leales que primero tuvieron fe en El Dorado y ahora, ya en derrota, melancólicos, la ponen en Dios y en Santa María».

El autor, aparte de contar las andanzas de su héroe, habla también de sus familiares, de otros dos Quesadas del siglo XVI: de Gaspar Quesada, «que sale de Andalucía en la expedición de Magallanes justamente cuando Gonzalo tendría veinte años» y que fue uno de los que se rebelaron contra Magallanes; de Alonso Quesada, «que saldrá de la Mancha muerto ya Gonzalo», cuya vida, conjetura el autor, «la escribirá un letrado que, si no consigue embarcarse con rumbo a América, no habrá de ser por falta de voluntad. Este letrado será don Miguel de Cervantes».

Al paso, el narrador se refiere a contemporáneos de Gonzalo Quesada y, por ejemplo, compara los comportamientos de los reyes indígenas ante la sed de oro de los españoles: en México, Moctezuma y Cuauhtemotzin ante Cortés; en Perú, Atahualpa frente a Pizarro; Caupolicán en Chile y Sacresaxigua frente a Quesada. Al final, dirá que «ningún conquistador pasó los trabajos que Quesada pasó. Ninguno fue tan duramente mordido por el desencanto y las tristezas. Ninguno murió más pobremente, ni más viejo y sufrido, a la sombra de tejas que no fueron suyas. Pero ¿qué significan todas estas vanidades? Gonzalo dijo: “Espero la resurrección de los muertos”. Y su epitafio está cumplido. Reverdece su vida en la de Don Quijote, que nunca habrá de marchitarse».

Germán Arciniegas. El caballero de El Dorado (1969). Madrid: Ediciones de la Revista de Occidente, 1969; 244 pp.; col. Cimas de América.

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sábado, 12 de noviembre de 2016

Algunas citas más de Sobre la escritura, de Francis Scott Fitzgerald, esta vez a propósito de su formación como escritor, con algunas opiniones sobre autores y novelas.

—«Me considero, en literatura, un ladrón profesional que busca ávidamente las mejores técnicas de todos y cada uno de los escritores de su generación».

—«El talento que madura pronto suele ser el poético, y el mío lo es en gran medida. El talento para la prosa depende de otros factores: hay que saber asimilar y elegir con cuidado el material literario o, para decirlo sin rodeos, tener algo que decir y un modo interesante y muy refinado de decirlo».

—«Haz el favor de no dejar los grandes libros a medio leer; de lo contrario no sacarás ningún provecho de ellos, los estropearás para ti».

—«No lograrás forjar un buen estilo a menos que te empapes de media docena de grandes escritores cada año. Mejor dicho: llegarás a tener un estilo, que no será, sin embargo, una amalgama inconsciente de todos los autores que admires, sino un simple remedo del último que hayas leído».

—«A muchos escritores, Conrad entre ellos, les ha beneficiado el hecho de formarse en un oficio totalmente ajeno a la literatura. Así han obtenido abundante material literario y, lo que es más importante, una perspectiva desde la que contemplar la realidad. En gran parte de la literatura actual se echan en falta las dos cosas: los autores no tienen una visión del mundo ni nada en que inspirarse, aparte de la experiencia acumulada en una vida puramente mundana. Sin embargo la gente, por lo general, no vive en playas ni en clubes de campo».

—«Me fascinó» El despertar, de Marjorie K. Rawlings. «Envidio la facilidad con la que escribe los episodios de acción, como ese tan complicado de la caza, que yo me habría guardado de escribir, sabiendo que seguramente me iba a salir forzado. En su caso todo fluye con naturalidad; los personajes piensan, hablan, sienten ininterrumpidamente, y el lector con ellos».

—«Si quieres un antiinflamatorio, lee Casa desolada (el mejor libro de Dickens); si quieres explorar el mundo emocional —no ahora, sino dentro de unos años—, te sugiero Los hermanos Karamázov. Entonces verás de lo que es capaz la novela / hasta dónde se puede llegar en la novela».

—«Una novela me puede interesar por cualquiera de estas dos razones: que sea completamente original y sincera, como La roja insignia del valor […], o que esté escrita por un autor de extraordinario talento, como Mark Twain o [Booth] Tarkington. Una gran novela reúne los dos elementos».

—«Las frases elogiosas que se ponen en las cubiertas de los libros no son más que patrañas; pero puede que este sea solo el punto de vista de un escritor y que el lector corriente no se dé cuenta del intercambio de favores que hay detrás de la mayoría de ellas».

Francis Scott Fitgerald. Sobre la escritura (F. Scott Fitzgerald on Writing, 1985). Alba, 2014; edición para Kindle; trad. de Pablo Sauras; prólogo de Charles Scribner III; introd. y ed. de Larry W. Phillips; ASIN: B00OROEEYI. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 11 de noviembre de 2016

Fariña, de Nacho Carretero, es un extenso y clarificador reportaje sobre el nacimiento, el auge y la situación actual del narcotráfico en Galicia durante las últimas décadas.

La primera parte, breve, habla de naufragios en la Costa da Morte, del contrabando de supervivencia en la Raia seca —frontera entre Orense y Portugal— y en la Raia mollada —la frontera señalada por el río Miño en los kilómetros previos a su desembocadura, mi tierra—. Luego continúa con las redes organizadas de contrabando de tabaco, que nacieron y crecieron en los años sesenta y setenta del siglo pasado, y en su posterior transformación, en muchos casos, en poderosos clanes de narcotraficantes que introducían buena parte de la droga que procede de Sudamérica en Europa. Se mencionan y explican un poco las operaciones policiales y judiciales de las últimas décadas y, por último, se habla de algunos clanes conocidos y activos actualmente.

El relato es ameno —no faltan las anécdotas, entre las que hay algunas, inocentes, muy divertidas—, y está bien escrito y documentado. En él se dan muchos datos y figuran muchos nombres, por momentos demasiados (aunque tal vez no haya otra forma de contar las cosas). Lo anterior implica que seguirán mejor el relato quienes hayan estado más o menos informados de la cuestión en estos últimos años. En conjunto, el libro da idea de la situación y, a pesar de todo, tiene un tono esperanzador: por los ejemplos de valentía cívica que se cuentan y porque parece deducirse que se han dado pasos importantes en la lucha contra esta clase de delincuencia. El mismo trabajo del autor al poner todo esto por escrito es, en sí mismo, animante.

Una objeción menor. Comprendo el hilo narrativo: la continuidad geográfica y temporal que hay entre los primeros tipos de contrabando y el narcotráfico posterior. Sin embargo, no sé hasta qué punto eso puede confundir: en la solapa del libro hay un comentario de un conocido traficante a los jueces —«menos mal que yo no creo en la violencia, porque si no os mataba a todos»—, junto a otro de un alcalde de los años 80 —«los contrabandistas son la gente más honrada que existe»—, pero ambos son personajes de realidades que, por lo que yo conozco, no tienen nada que ver entre sí. El comentario del alcalde puede leerse irónicamente, claro está, pero, por bastantes motivos, así lo creía mucha gente de la zona. Entre otros, pero no es el único, porque «nunca se firmó un papel y nunca se rompió un trato», decía mi padre al respecto.

Nacho Carretero. Fariña (2015). Madrid: Libros del K.O., 2015, 4ª ed.; 367 pp.; ISBN: 978-84-16001-46-0. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 10 de noviembre de 2016

Al hablar y al escribir he confundido más de una vez los nombres de Auguste Dupin, el detective creado por Poe, y de Arsenio Lupin, el folletinesco «caballero ladrón» creado unas décadas más tarde por Maurice Leblanc. Además, pensaba que lo había mencionado ya en la página y no era así...

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miércoles, 9 de noviembre de 2016

En las explicaciones de Roberto Innocenti acerca de sus libros Rosa Blanca y La historia de Erika dice algunas cosas que son como una declaración moral sobre la forma de abordar algunos asuntos en los libros infantiles.

Acerca de Rosa Blanca —su primer proyecto como autor, preparado pensando en su hija de cuatro años, para cuando creciera, y pensando en acercar a los chicos a ese momento de la historia contemporánea—, explica que, aunque se tomó libertades por ejemplo al dibujar un carro de combate, procuró por todos los medios evitar determinadas imprecisiones de tipo histórico: «en lo que se refiere a los detalles de las tragedias humanas y de la brutalidad de los hechos históricos documentados tiendo a ser siempre exacto».

Lo explica más al hablar de La historia de Erika: «Por una cuestión de respeto no fui capaz de dibujar las caras de las víctimas, ni siquiera de copiarlas de fotografías, pues con estos temas no se deben hacer escenitas, es como hacer un relato de ficción sobre Auschwitz. Por favor, ¡que nadie me haga una ficción sobre Auschwitz!» (supongo que aquí hay una crítica a su compatriota Roberto Benigni y a libros como El niño con el pijama de rayas). Y continúa: «De modo que no aparecen rostros, los eliminé porque me pareció apropiado quitar los detalles. De hecho, si hubiera demasiados detalles, el cochecito de bebé se vería menos; solamente hay vías de tren, vagones, madera, hierro, cemento, un cielo gris y nada más. Me parecía innecesario añadir nada. Confié el dramatismo de esta historia a los objetos, que debían gritar: el cochecito abandonado en el andén, las vías brillantes, las manos que arrojan por la tronera el hatillo rosa, las ruinas lejanas entre la niebla». La idea de fondo, tan luminosa para un ilustrador, es que «para cada libro hay que encontrar la clave justa. La de La historia de Erika consistía en eliminar todo y dejar lo esencial; si dejas solo lo esencial, cada detalle se convierte en protagonista».

Roberto Innocenti. El cuento de mi vida. Una conversación con Roberto Innocenti (La mia vita in una fiaba, 2012). Entrevista de Rossana Dedola. Pontevedra: Kalandraka, 2016; 128 pp.; trad. de Carlos Acevedo; ilustraciones de obras de Innocenti; ISBN: 978-84-8464-265-7. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 8 de noviembre de 2016

El vuelo de la familia Knitter, de Anna Castagnoli y Guia Risari, cuenta que la familia Knitter, compuesta por los padres, dos hijos, y el canario, deciden irse de vacaciones… volando. El planteamiento argumental ya indica que la historia tiene un contenido metafórico y desea evocar unos momentos de vida familiar feliz, tanto para los padres como para los niños. Los aires ensoñadores del relato, acentuados por unas ilustraciones en las que predomina el azul del mar y del cielo, tienen su cumbre con tres dobles páginas consecutivas ocupadas por completo con las imágenes. Aquí hay una reseña extensa.

Anna Castagnoli. El vuelo de la familia Knitter (Il volo della famiglia Knitter, 2016). Texto de Guia Risari. Barcelona: A buen paso, 2016; 28 pp.; ISBN: 978-84-944076-9-7. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 7 de noviembre de 2016

Kena, la Hiena Buena. Ser el Mejor, de Gustavo Mazali y Gabriela Arellano, es el primero de una serie de libros que, tanto por su contenido como por su confección bilingüe, tienen una clara intención educativa. Con ese punto de vista, el álbum cumple bien su función: el argumento es sencillo y los lectores pequeños comprenderán, como Kena, que no tiene sentido presumir de ser el mejor y burlarse de los amigos. A eso también contriburiá la buena confección del álbum: resultan atractivos el texto, las figuras simpáticas y dinámicas de los héroes, y la calidad de las ilustraciones, que son alegres, tienen mucho colorido, y están compuestas de modo cinematográfico.

Gustavo Mazali. Kena la Hiena Buena. Ser el Mejor (2016). Libro bilingüe español-inglés. Texto de Gabriela Arellano. Createspace, 2016; 28 pp.; ISBN: 978-1523804009. [Vista del álbum en amazon.es]

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sábado, 5 de noviembre de 2016

En Sobre la escritura se reúnen citas de Francis Scott Fitzgerald tomadas en su mayoría de su correspondencia pero, también, de sus novelas. Pongo algunas frases que he anotado sobre literatura en general y sobre cuestiones de técnica narrativa.

—«Las dos historias básicas de la literatura son Cenicienta y Jack, el cazagigantes: el encanto de las mujeres y la valentía de los hombres».

—Una de las maravillas de la literatura: «uno descubre que sus anhelos son universales, que no está solo, aislado del mundo».

—«Para los verdaderos artistas, el precursor de un estilo es infinitamente superior a quien se ocupa de refinarlo».

—«Contar las cosas extraordinarias como si fueran normales te introducirá en el arte de la ficción».

—«Da lo mismo que escriba sobre algo que pasó ayer o hace veinte años: tengo que partir de una emoción que sienta vivamente y que comprenda».

—«Las cosas sobre las que uno escribe son, por mucha atención que ponga en ellas, tan huidizas como el momento en que sucedieron, a menos que se vean purificadas por un estilo incorruptible y una emoción intensa».

—«En literatura, el cansancio, el tedio, el agotamiento, etc., no se deben transmitir mediante los signos que revisten la vida, puesto que el aburrimiento es esencialmente aburrido, y la fatiga, esencialmente fatigosa».

—«En una obra cómica, los personajes más interesantes han de ser los primeros en aparecer. Y es que, una vez que un personaje queda retratado como gracioso, todas sus acciones se vuelven cómicas. Por lo menos así sucede en la vida».

—«Más vale ceñirse a un puñado de expresiones sencillas y comunes, las que han servido a millones de antepasados nuestros y siguen sirviendo a todo el mundo menos a una ínfima minoría. […] Así que olvídate de todo cuanto te haya atraído hasta ahora de nuestro complejo código de gruñidos y vuelve a los más elementales, los que han superado la prueba del tiempo».

Francis Scott Fitgerald. Sobre la escritura (F. Scott Fitzgerald on Writing, 1985). Alba, 2014; edición para Kindle; trad. de Pablo Sauras; prólogo de Charles Scribner III; introd. y ed. de Larry W. Phillips; ASIN: B00OROEEYI. [
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viernes, 4 de noviembre de 2016

El rebelde Josey Wales, de Forrest Carter, contiene dos relatos de calidad desigual, Huido a Texas y La ruta de venganza de Josey Wales, con el mismo protagonista. Una buena presentación explica el contexto histórico de las historias —después de la guerra de Secesión, enfrentamientos entre guerrilleros nordistas de Kansas y sudistas de Missouri—, y da cuenta de la personalidad controvertida del autor —activista racista reconvertido en escritor popular después—.

Es un buen relato de género el primero: por la excelente narración, por el atractivo del héroe, porque las descripciones de los escenarios son concisas y las explicaciones de tipo histórico son las justas para comprender las cosas. Es un mal relato el segundo porque, aunque no falten escenas conseguidas, pone a una caricatura de malvado delante del héroe y, además, el narrador se dedica en exceso a dar lecciones de historia y de derechos humanos —y, al margen de que diga no pocas tonterías, es que sobran en cualquier caso—.

La primera novela comienza en 1866. Un guerrillero de Misuri llamado Josey Wales se separa de sus compañeros y decide huir a Texas; al principio le acompaña un chico joven, Jamie Burns, y luego se une a él un indio cheroqui, Lone Watie, mientras le persiguen muchos, y más según va en aumento la recompensa. La segunda empieza donde terminó la primera: Josey emprende una expedición de venganza contra unos soldados mexicanos, encabezados por el cruel capitán Jesús Escobedo, que han matado a unos amigos suyos (que le habían protegido en una ocasión en la novela previa).

Ambas novelas contienen buenos momentos y no pocas explicaciones prácticas sobre las formas de prepararse para una lucha desigual (reunir información acerca del rival antes de la pelea; dar prioridad al cuidado de los caballos; actuar de formas inesperadas…). Abundan las acciones crueles, en especial en la segunda novela. El narrador habla mucho del código moral de sus héroes —valentía, lealtad a los amigos, espíritu de venganza, orgullo ante los grandes enemigos…—, e informa de costumbres locales que conviene conocer: «Era de mala educación hacer preguntas en Texas. Siempre que un hombre formulaba una, la acompañaba invariablemente con un “sin acritud”… a menos, por supuesto, que sí quisiera mostrar acritud… en cuyo caso uno debía estar preparado para desenfundar su pistola».

Como se deduce de lo anterior, son novelas muy peliculeras. De hecho, los gestos de Wales en la segunda parecen moldeados sobre los de Clint Eastwood, protagonista de la película basada en la primera. Las dos evolucionan de acuerdo con los clichés del cine popular de su momento: no hay temor alguno a que algo termine saliendo mal para los héroes (sí para muchos de alrededor, claro). Y las dos elogian a los indios: la segunda a los apaches y la primera a los comanches. En esta, al final de un capítulo, después de un enfrentamiento entre Wales y el feroz jefe comanche Diez Osos, el narrador dice: «¿quién sabía con certeza qué era un salvaje?... Después de todo, tal vez fueran los hombres de dos lenguas, con sus suaves gestos y taimadas maneras, los verdaderos salvajes».

Forrest Carter. El rebelde Josey Wales: son dos relatos, Huido a Texas (Gone to Texas, 1972) y La ruta de venganza de Josey Wales (The Vengeance Trail of Josey Wales, 1976). Madrid: Valdemar, 2016; 467 pp.; col. Frontera; trad. de Marta Lila Murillo; presentación de Alfredo Lara; ISBN: 978-84-7702-826-0. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 3 de noviembre de 2016

La edad ingrata, de Booth Tarkington, es una novela humorística que se publicó, por entregas, en 1914, y como libro en 1916. Tiene como héroe a un chico de diecisiete años, llamado William Sylvanus Baxter, de clase acomodada y que vive en una pequeña ciudad norteamericana del este. Cuando conoce a una invitada de sus vecinos, llamada Lola Pratt, una chica que habla con lengua de trapo y que lleva siempre a un perrito faldero llamado Flopit, empieza a cortejarla. Su entusiasmo se ve dificultado porque sus amigos también lo hacen, por su propia precipitación, y por las intromisiones de su hermana pequeña Jane, que es el gran personaje de la historia.

Esto lo explica el narrador así: «Durante las delicias del primer amor, si existe una criatura más letal que el hermano pequeño de una mujer en ciernes, es la hermana pequeña de un hombre en ciernes. El hermano pequeño, al menos, pregona a los cuatro vientos lo que sabe, a menudo a pleno pulmón, y hasta eso puede evitarse, pues es extremadamente sobornable; pero la hermana pequeña tiende más a reservar la información para usarla en una ocasión terrible y venidera; y por muchos sobornos que acepte, con total seguridad se lo contará todo a su madre. En definitiva, un joven enamorado debería arreglárselas, en la medida de lo posible, para ser el único hijo de sus padres, de otro modo su madre y su hermana seguramente sabrán mucho más sobre él de lo que él sabe que saben».

El párrafo anterior muestra que el relato es muy fluido y ameno. Muchas de las situaciones cómicas que se suceden responden a otra época, como se puede apreciar aquí: «La civilización es responsable de ciertos anhelos humanos: anhelos artificiales, pero a veces tan desgarradores como el hambre y la sed. De ellos, los más intensos son el de la muchacha por el velo de novia, el del muchacho por los pantalones largos, y el del joven por el traje de etiqueta». Mientras los personajes principales tienen un punto de exageración, de histerismo William y de estupidez Lola, que los hacen poco atractivos, el comportamiento de Jane resulta siempre cómico. Así, después de cometer una indiscreción con su hermano, el narrador indica que sus «punzadas de remordimiento se diluyeron en su amor por el sensacionalismo» y, por supuesto, continuó diciendo lo que no debía...

La novela, muy elogiada en su momento, ha sido a veces criticada por racista. En realidad, la historia en sí misma no lo es —los negros que aparecen en ella quedan retratados con simpatía y actúan con más inteligencia que sus empleadores blancos—, pero sí pone de manifiesto las actitudes racistas o clasistas de la gente de aquel ambiente: aunque para el lector quede claro quién está comportándose de modo estúpido, alguno se sobresaltará cuando vea que William se refiere, hablando con su madre, al criado negro, Genesis, como «ese abominable negro de ahí».

Booth Tarkington. La edad ingrata (Seventeen. A Tale of Youth and Summer Time and The Baxter Family Especially William, 1916). Madrid: Defausta, 2016; 219 pp.; trad. de Susana Prieto Mori; ISBN: 978-84-945029-1-0. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 2 de noviembre de 2016

Da idea de lo cuidadoso que es Roberto Innocenti en la documentación para sus álbumes, y es toda una lección, el siguiente comentario, que hace a propósito de los pasos que dio para ilustrar Canción de Navidad: «La peculiaridad de los libros con referencias históricas o ambientales, casi siempre clásicos, es que el ilustrador tiene que hacer de escenógrafo, diseñador de vestuario, camarógrafo, y dibujar a los actores principales prestando atención a no confundirse de época, ni siquiera en los detalles. No puedes ponerle a uno un sombrero que ya no se usa. Por eso los clásicos exigen mucho tiempo y esfuerzo».

Del mismo modo, es obvio, para cualquiera que conozca sus libros, que sus ilustraciones están muy pensadas. Pero, para saber cuánto, vale la pena leer lo que dice a propósito de la que considera la mejor escena de Pinocho: la que muestra la plaza en la que detienen a Gepetto, que tiene su punto de fuga sobre el horizonte, a dos metros del folio: «Lo afronté como si fuera una tesina de arquitectura, con un tesón que nadie me había pedido, como si quisiera ganarme a mí mismo una apuesta. Creo que me sirvió para todas las demás perspectivas que dibujé después de aquella experiencia».

Roberto Innocenti. El cuento de mi vida. Una conversación con Roberto Innocenti (La mia vita in una fiaba, 2012). Entrevista de Rossana Dedola. Pontevedra: Kalandraka, 2016; 128 pp.; trad. de Carlos Acevedo; ilustraciones de obras de Innocenti; ISBN: 978-84-8464-265-7. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 1 de noviembre de 2016

En bienvenidosalafiesta: notas de octubre. Entre los álbumes, es imprescindible la edición española del histórico Un hoyo para escarbar. Otro álbum excelente, y distinto a los habituales, es Del maravilloso libro de Calila y Dimna, que se puede presentar unido a la nueva edición del Calila y Dimna. Un relato infantil clásico recién publicado en castellano es Los Seremosbuenos. Una magnífica novela infantil es El chico más veloz del mundo. Una novela juvenil notable por su contenido es Train Kids. Entre los demás libros, aunque hay varios muy notables, destacaría la nueva edición castellana de El Bajísimo.

En Medium: Selección de relatos básicos para primeros lectores; Presentación de unas selecciones de libros infantiles y juvenilesSelección de álbumes ilustrados (y cómics) para lectores (algo) expertos; Selección de álbumes ilustrados informativos.

En Primer cuaderno: notas de octubre. Entre ellas, una sobre la importancia de contar cuentos a los niños es Una ingenuidad nada inocente.

En Segundo cuaderno: notas de octubre. Entre los enlaces a seguir que he seleccionado recomiendo los de Los clásicos siguen ahí y el de La búsqueda de la verdad.

Un artículo de hace unos años, recuperado con motivo del centenario: Roald Dahl, un escritor fuera de los cánones.

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martes, 1 de noviembre de 2016

Para cualquier interesado en el mundo de los álbumes ilustrados es gozoso leer El cuento de mi vida, una larga entrevista que hace Rossana Dedola a Roberto Innocenti. En ella el ilustrador italiano cuenta cosas de su infancia y de los trabajos que desempeñó en su juventud; de su aprendizaje como diseñador e impresor, y, luego, de su lanzamiento como cartelista e ilustrador; después, como autor de álbumes gracias al impulso de Etienne Delessert. Comenta también cada uno de sus álbumes y, al final del libro, hay una muestra de sus ilustraciones.

Una parte de la entrevista tiene algo de lamento. Por un lado, porque, como es habitual en muchos grandes diseñadores del pasado, también Innocenti vio con espanto que, con la irrupción de los ordenadores, se produjo una popularización del diseño y una proliferación de seudodiseñadores ignorantes del oficio. Por otro, porque se ve que Innocenti se ha sentido toda su vida ninguneado por las instituciones italianas, tan poco sensibles al interés de su trabajo, al tiempo que sus obras eran cada vez más reconocidas en muchos otros países.

Otro aspecto del libro que tiene interés, y gracia, es el rechazo que Innocenti siente hacia el mundo Disney. Se nota cuando habla de Cenicienta, su irrupción en la LIJ, que concibe buscando distanciarse del «tono patético» disneyano. Se nota, más aún, cuando habla de Pinocho y cuenta lo siguiente: «Respecto a la película de Disney, me molesta que se hayan apropiado de Pinocho sin siquiera citar al autor. A propósito de eso, puedo contar que recibí una carta de los abogados de Disney en la que me requerían que no emplease el nombre de Pinocho pues afirmaban estar en posesión de su copyright. Me divertí muchísimo respondiéndoles e invitándolos a informarse mejor antes de requerir nada, y a preguntarse si aquella broma era voluntaria o involuntaria».

Roberto Innocenti. El cuento de mi vida. Una conversación con Roberto Innocenti (La mia vita in una fiaba, 2012). Entrevista de Rossana Dedola. Pontevedra: Kalandraka, 2016; 128 pp.; trad. de Carlos Acevedo; ilustraciones de obras de Innocenti; ISBN: 978-84-8464-265-7. [Vista del libro en amazon.es]

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