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Notas de febrero de 2007 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
Archivo por temas:
France-Monvel-Niños.JPG
En Los pequeños lobos de mar, Anatole France.
Ilust. de Maurice Boutet de Monvel.
miércoles, 28 de febrero de 2007

Al hablar de Boutet de Monvel mencioné Nuestros niños, de Anatole France, unos relatos con gracia pero que, sobre todo, revelan el talento del ilustrador francés para dar vida en el papel a niños normales de su época.

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martes, 27 de febrero de 2007

Cuentos que no me provocan entusiasmo pero que, desde un punto de vista histórico, han de ser recordados, son los contenidos en El cuarto de las hadas, de Madame D’Aulnoy.

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lunes, 26 de febrero de 2007

Mejillas rojas
,
con ilustraciones de Aljoscha Blau y texto de Heinz Janisch, es un álbum excelente, uno más de los que tratan de la relación de un niño con su abuelo (como los ya recogidos aquí, Mi abuelo es pirata, El ángel del abuelo, Buenas noches abuelo...) Está bien armado, las ilustraciones tienen calidad, y la historia combina bien afecto, nostalgia e ingenio.

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BurleighPoderT.jpg
domingo, 25 de febrero de 2007

He leído con interés Poder terrenal y Causas sagradas, de Michael Burleigh. En algunos tramos me han parecido periodísticos en exceso, creo que el autor no es siempre preciso en los calificativos y que, a veces, acentúa innecesariamente la extravagancia de ciertos comportamientos (como hace Paul Johnson, por ejemplo, en Intelectuales)... Es también patente, como el mismo Burleigh advierte, que se deja llevar por sus simpatías y antipatías. Por ejemplo, en el malicioso comentario que formula cuando, al comentar la Francia de finales del XIX, hace referencia a que «una de las características más persistentes de la izquierda es la proyección sin inhibiciones de sus propias fantasías conspiratorias y su propio modus operandi corrupto».

Pero, entre otras, para mí destaca la descripción del segundo libro, que el mismo autor declara «malhumorada», de la década de los sesenta, «asociada siempre a su cultura pop y a una élite estudiantil que agitaba pancartas con Marx, Lenin y Mao. La primera tuvo eco en los jóvenes del otro lado del Telón de Acero, en sociedades donde escuchar música rock era un delito de subversión. Sin embargo, Marx, Lenin y Mao no tenían ningún poder de compra allí, pues los dos primeros eran los filósofos del orden establecido comunista dominante. Por eso Europa oriental y la Unión Soviética eran una molesta carga para los revolucionarios estudiantiles occidentales. Para horror de la izquierda liberal occidental, las Iglesias cristianas también tenían una gran autoridad en algunas sociedades comunistas...»

Michael Burleigh. Poder terrenal (Earthly Powers. The Conflict between Religion and Politics. From the French Revolution to the Great War, 2004). Madrid: Taurus, 2005; 600 pp.; trad. de José Manuel Álvarez Flórez; ISBN: 84-306-0593-2.
Michael Burleigh. Causas sagradas (Sacred Causes. Politics and Religion in Europe. From the Great War to Islamics Terrorism, 2005). Madrid: Taurus, 2006; 640 pp.; trad. de José Manuel Álvarez Flórez; ISBN: 84-306-0621-1.

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sábado, 24 de febrero de 2007

Adam Zagajewski: «Hay que imaginarse el momento en que la Divina Comedia existe como manuscrito inacabado, cuando aún no se ha convertido en el poema que despierta la admiración del mundo entero. Dante está escribiendo digamos el canto cuarto, y todo es posible; puede coger una pulmonía y morir antes, incluso, de haber acabado el Infierno. La visión de la totalidad, por supuesto, ya está latente en su cabeza, pero de ahí a su segura plasmación en el papel hay todavía un largo y peligroso camino; bacterias y virus —y también los enemigos políticos— no andan ociosos.

Me gusta imaginarme ese momento, y no sólo por razones de naturaleza filológica. En cierto sentido, el mundo siempre se halla en esa misma condición —en la situación de un manuscrito inacabado—, incluso aunque nos parezca que ninguna obra maestra está fraguándose en este preciso instante».

Adam Zagajewski. En la belleza ajena (W cudzym pięknie, 2000). Valencia: Pre-Textos, 2003; 248 pp.; col. Narrativa contemporánea; trad. de Angel Enrique Díaz-Pintado Hilario; ISBN: 84-8191-568-8.

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viernes, 23 de febrero de 2007

Al comentario de ayer sobre la serie de Alatriste se puede añadir que un gran libro de historia sobre la época es El Conde Duque de Olivares, de John Elliott, que ya cité a propósito de Dumas.

Además, los interesados disfrutarán el Discurso de mi vida. Aventura corsaria de un honorable capitán, donde un personaje real llamado Alonso de Contreras —que combatió en Flandes, Milán, Nápoles, Sicilia, Puerto Rico, Túnez...— narra treinta años de su asombrosa vida. Como se indica en la introducción de una de las ediciones citadas, Alonso de Contreras fue un hombre de acción, «duro como el pedernal» y más bruto incluso que Alatriste. Su relato está escrito entre 1630 y 1633, y, en sus propias palabras, «ello va seco y sin llover, como Dios lo crió y como a mí se me alcanza, sin retóricas ni discreterías, no más que el hecho de la verdad».

Como se cuenta en El caballero del jubón amarillo, Alonso de Contreras fue amigo de Lope de Vega, que «me tuvo por su camarada más de ocho meses, dándome de comer y cenar, y aun vestido me dio. Dios se lo pague. Y no contento con eso, sino que me dedicó una comedia en la veinte parte de El Rey sin reino, a imitación del testimonio que me levantaron los moriscos».

De sus andanzas por el Mediterráneo se puede traer aquí un suceso que sonará conocido a quien haya leído Corsarios de Levante: después de que su barco capture una presa, el capitán manda que nadie juegue a bordo, ordena echar los dados y naipes al mar y poner graves penas a quien juegue, con lo cual los marineros organizaron el juego así: «hacían un círculo en una mesa, como la palma de una mano, y en el centro de él, otro círculo chiquito como de un real de a ocho, en el cual todos los que jugaban cada uno metía dentro de este círculo chico un piojo, y cada uno tenía cuenta con el suyo y apostaban muy grandes apuestas, y el piojo que primero salía del círculo grande tiraba toda la puesta, que certifico la hubo de ochenta cequíes».

Y su estilo rápido de narración y de acción se puede mostrar con un breve pasaje: «...llegó a mí un gentilhombre sin vara con un criado, y dijo “¿Cómo trae ese coleto?” —que era de ante—. Dije “Puesto”. Dijo “Pues quítesele”. Respondí “No quiero”. El criado dijo “Pues yo se lo quitaré”. Iba a ponerlo por obra, fue fuerza sacar la espada, que ellos no fueron perezosos en hacerlo, pero yo fui más pronto...»

Alonso de Contreras. Discurso de mi vida. Aventura corsaria de un honorable capitán (1633). San Lorenzo de El Escorial: Langre, 2006; 222 pp.; edición crítica de Gonzalo Gil; ISBN: 84-934384-4-8. Otra edición en Madrid: Ediciones Internacionales Universitarias, 2004; 238 pp.; ISBN: 84-8469-098-9.

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jueves, 22 de febrero de 2007

Cuando preparé la primera edición de Bienvenidos a la Fiesta omití una referencia a las novelas de Alatriste, de Arturo Pérez Reverte, porque, aunque había salido la primera novela se anunciaban seis, y decidí esperar. Ahora que han salido ya seis y se sabe que habrá más, se ve con claridad que la serie ha cambiado de signo y se puede afirmar que no es equiparable con ninguna serie de aventuras juveniles al uso. Aprovechando la publicación de Corsarios de Levante he vuelto a leer todas las andanzas del personaje y he preparado un comentario a las seis novelas.

Un amigo mío suele decir que Pérez Reverte no es su historiador favorito pero, dejando de lado  los juicios que merezca su presentación de la época, que son tarea de los historiadores, en este comentario se puede hacer notar que, aunque Alatriste dice a Iñigo Balboa que «la pluma llega donde no lo hace la espada...», lo cierto es que la serie parece dar la razón a quien apostilla lo anterior con un «...siempre y cuando la pluma sea más larga y más afilada». Total, a mí me habría gustado menos espíritu didáctico y, sobre todo, menos violencia explícita y más contención.

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miércoles, 21 de febrero de 2007

Una vez mencionado E. H. Shepard parece obligado introducir la reseña de Winnie the Pooh, de A. A. Milne (El mundo de Puff o Winny de Puh, se titulan las versiones en español que yo conozco), uno de los libros imprescindibles en cualquier historia de la literatura infantil. Como más de una vez he comprobado que muchos padres conocen al personaje sólo a través de los dibujos animados, conviene advertir que se trata de un libro de asombrosa categoría literaria, de los que vale la pena tener siempre.

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martes, 20 de febrero de 2007

Más cuentos: los alemanes pero con aires orientales de Wilhelm Hauff, de los cuales hay varias ediciones en castellano muy cuidadas.

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lunes, 19 de febrero de 2007

Un álbum inteligente y trabajado como pocos, para jugar y observar durante tiempo y tiempo, es Imagina, del inglés Norman Messenger, un maestro en atizar la curiosidad y el espíritu de observación del lector. Con textos breves, con unas ilustraciones a base de acuarelas y lápices de colores, unas veces sugiere juegos de imaginación tipo ¿qué pasaría si?, otras propone al lector que se fije bien en lo que ve y busque diferencias o seres ocultos, otras presenta rostros que pueden contemplarse de distintas maneras, otras sugiere posibilidades imposibles a lo Magritte... No faltan ilustraciones con ventanas que se abren para dar lugar a nuevas figuras. Y, además del contenido de la ilustración principal, en cada doble página se propone algún juego-acertijo.

Norman Messenger. Imagina (Imagine, 2005). Madrid: SM, 2006; 32 pp.; trad. de Jimena Licitra; ISBN: 84-348-4430-3.

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domingo, 18 de febrero de 2007

Cualquier progreso hacia un mayor conocimiento exige ir desprendiéndose de los modelos imaginativos que un día cumplieron su función: si alguien se atasca en la imagen del átomo como unas bolitas que dan vueltas alrededor de una bolita mayor se queda incapacitado para entender la estructura de la materia; si en la mente de un estudiante arraiga la secuencia de dibujos en los que se ve como un mono va irguiéndose progresivamente hasta llegar a ser un hombre, nunca podrá estudiar seriamente la evolución; si un niño se queda con la imagen del diablo que le transmiten algunos cuentos no comprenderá nada de la presencia del mal en el mundo cuando sea mayor...

Para ilustrar esto último se puede recordar una anécdota, cuya versión original y fecha exacta no conozco, protagonizada por el cardenal de París, Jean-Marie Lustiger, judío converso y cuya madre falleció en Auschwitz en 1943. En una ocasión fue entrevistado en televisión «por un periodista, que le preguntó:

—Señor Cardenal, ¿cree usted en la existencia del demonio?
—Sí, si creo.
—Pero en una época de tantos progresos científicos y tecnológicos, ¿usted sigue creyendo en la existencia del demonio?
—Sí, sigo creyendo en él.
—¿Ha visto al demonio?
—Sí, lo he visto.
—¿Dónde?
—¡En Dachau, en Auschwitz, en Birkenau!
Entonces el periodista enmudeció».

F. X. Nguyen van Thuan. Testigos de esperanza (Testimoni della speranza, 2000). Madrid: Ciudad Nueva, 2000, 4ª ed.; 249 pp.; trad. de Juan Gil Aguilar; ISBN: 84-89651-8-2.

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sábado, 17 de febrero de 2007

Allan Bloom:
 «Sólo en las naciones occidentales, esto es, en las influidas por la filosofía griega, existe cierta disposición a dudar de la identificación del bien con las formas de actuar propias. Del estudio de las culturas no occidentales se desprende que es primario, e incluso natural, no sólo preferir las propias formas y estilos, sino también creer que son los mejores, superiores a todos los demás». Y no sólo eso, sino que «el estudio científico de otras culturas es un fenómeno casi exclusivamente occidental, y en su origen estuvo claramente relacionado con la búsqueda de nuevos y mejores estilos, o, al menos, con la esperanza de poder confirmar que nuestra propia cultura es realmente la forma mejor de vida, confirmación, por cierto, que otras culturas no experimentan como necesaria».

Allan Bloom. El cierre de la mente moderna.

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viernes, 16 de febrero de 2007

Cuando en su momento leí los relatos autobiográficos de Dylan Thomas que dije días atrás, busqué una edición de su poesía para aprender un poco más sobre él. Allí leí que, según parece, pocas horas antes de caer en coma y fallecer, al volver a su hotel de Nueva York, comentó: «Me he tomado dieciocho whiskys seguidos. Todo un récord, creo yo». Si es cierta, esta anécdota última del poeta galés en su cuarto viaje a los EE.UU. para recitar públicamente sus poemas en distintas ciudades, una sucesión de triunfos y excesos clamorosos, es la que culmina su «malditismo».

En cualquier caso, aunque con limitaciones, sí aprecié un poco lo que señalan los editores: que la poesía de Dylan Thomas tiene un vigor y una musicalidad fuera de lo común, en buena parte irreproducible al trasladar sus textos al español, que proviene de las distintas influencias que recibió en su infancia y juventud: las canciones infantiles, las baladas escocesas, los himnos litúrgicos, las lecturas de la Biblia, las obras de autores como William Blake y Shakespeare… Y aunque sus poemas, construidos después de un trabajo de meses pues tardaba horas en pulir un verso, no son fáciles por su hermetismo, su puntuación caprichosa y sus sorprendentes saltos sintácticos, y porque tienen algo que podría calificarse de alucinamiento, sí logran a veces conectar con lo misterioso de la vida y avivar en los lectores los anhelos de una felicidad que Thomas quería rescatar de la infancia.

Dylan Thomas. Muertes y entradas: 1934-1953: antología poética. Madrid: Huerga y Fierro, 2003; 192 pp.; col. Signos; traducción y prólogo de Niall Binns y Vanesa Pérez- Sauquillo, edición bilingüe; ISBN: 84-8374-372-8.

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jueves, 15 de febrero de 2007

Otra excelente novela sobre guerra que leí hace tiempo es Las cosas que llevaban los hombres que lucharon, veintidós relatos cortos relacionados entre sí acerca de la guerra de Vietnam que firma Tim O'Brien. Aunque por entonces no pensaba en escribir una reseña, sí tomé algunas notas, como esta: «En Vietnam también teníamos nuestras maneras de hacer que los muertos no parecieran tan muertos. (...) Mediante el lenguaje que era a la vez duro y ansioso, transformábamos los cuerpos en montones descartables. (...) Aprendí que las palabras establecían una diferencia. Es más fácil enfrentarse con una estirada de pata que con un cadáver; si no es humano, no importa tanto que esté muerto. Por eso una enfermera del Vietcong, frita por el napalm, era un bocadillo crujiente. Un bebé vietnamita, que estaba tendido cerca, era un cacahuete tostado». Pero lo de cambiar el lenguaje para, por ejemplo, referirse a un bebé asesinado no era cosa de la maldad propia de la guerra del Vietnam ni de ninguna guerra, pues también aquí al lado lo hacen.

Tim O’ Brien. Las cosas que llevaban los hombres que lucharon (The Things They Carried, 1989). Barcelona: Anagrama, 1993; 217 pp.; col. Panorama de narrativas; trad. de Elvio E. Gandolfo; ISBN: 84-339-0638-0. Nueva edición en 2011; 272 pp.; col. Otra vuelta de tuerca; trad. de Elvio E. Gandolfo; ISBN: 978-84-339-7600-0.

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Parrish01.jpg
Humpty Dumpty, 1921.
Ilust. de Maxfield Parrish.
miércoles, 14 de febrero de 2007

Otro ilustrador extraordinariamente popular en los Estados Unidos, alumno de Howard Pyle, coetáneo de N. C. Wyeth y contemporáneo de Rockwell, fue Maxfield Parrish. Reproducciones de sus ilustraciones decoraron miles de casas durante décadas. Los mundos de fantasía pintados con suntuosidad y brillante colorido que vendrían después, en novelas y películas, le deben mucho. También puso imágenes a relatos infantiles y a «nursery rhymes» clásicas.

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martes, 13 de febrero de 2007

Otra colección de Cuentos populares ingleses, algo enriquecidos pero fieles a los contenidos originales, es la que Flora Annie Steel publicó en 1918. Se han editado en español hace unos meses, con las ilustraciones de Arthur Rackham y con una traducción que, acertadamente, incluye una sección final en la que van las Notas donde se dan las rimas originales que se mencionan en los cuentos.

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lunes, 12 de febrero de 2007

Un magnífico álbum minimalista más de Iela Mari, a sumar a los anteriores, y que esta vez firma con su marido Enzo Mari, es La manzana y la mariposa. Otro ejemplo de talento puesto al servicio de los más pequeños, como debe ser, como debería ser siempre.

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domingo, 11 de febrero de 2007

Una frase de Neil Postman en Divertirse hasta morir, aplicable a tantos y tantas que aparecen en portadas y revistas (aunque también pueden vivir justo al lado): no es que se rían en lugar de pensar, sino que no saben de qué se ríen porque han dejado de pensar.

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sábado, 10 de febrero de 2007

Wayne Booth: «La mala comprensión, en cuanto tal, no importa demasiado si se produce en dosis lo suficientemente pequeñas y suficientemente localizadas como para que se puedan aplicar antídotos. Los malentendidos existen desde que el hombre es hombre, y los errores cometidos pueden servirnos como vía de acceso a una comprensión ocasional cabal o a otros malentendidos. No me preocupa en absoluto el que algunos críticos consideran que es el único problema de la oscuridad: la imposibilidad de determinar cuál es el significado de algunos poemas que son deliberadamente ambiguos u oscuros. ¿Por qué no van a serlo? Que conserven su oscuridad. La pérdida grave se produce cuando los lectores, ante el bombardeo de los comentarios de los críticos que saludan el descubrimiento de las ambigüedades como si se tratara de una gran hazaña, se acostumbran a vivir con los sentidos y la atención embotados, con lo cual se niegan la posibilidad de disfrutar de la precisa y sutil comunicación que nos brindan los ironistas estables de talento».

Wayne C. Booth. Retórica de la ironía.

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viernes, 9 de febrero de 2007

Otros magníficos relatos más o menos autobiográficos de infancia y juventud, esta vez en ambientes muy distintos a los ya citados de Aquilino Duque y Muñoz Rojas, y también de un poeta excepcional, son los que firma el galés Dylan Thomas: En casa del abuelo y otros relatos, Retrato del artista cachorro.

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jueves, 8 de febrero de 2007
La primera novela de Khaled Hosseini, Cometas en el cielo, es una revelación. Como es una excelente narración, que atrapa porque sus personajes interesan y porque da información sobre un mundo poco conocido, es fácil pasar por alto sus defectos. Además, y después de la novela citada ayer, contribuye a que veamos un país tan maltratado como Afganistán con otros ojos.
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miércoles, 7 de febrero de 2007

El afgano,
de Frederick Forsyth, es una lección que da un maestro (a tantos aprendices poco competentes), de cómo debe ser un thriller: soltura narrativa, ritmo rápido, ironía medida, dominio de la materia, información precisa, ningún desparrame lírico, apuesta mundial en juego... y, cómo no, buenos y malos bien definidos. Vale, hay un evidente tufillo probritánico, hay una sobrevaloración de lo bien que funcionan algunos servicios secretos..., y, sobre todo, la inmoralidad de fondo de muchas acciones no sólo ni se plantea sino que se da por buena. En cualquier caso, los mismos o parecidos defectos encontramos en la prensa de todos los días, pero el relato de Forsyth tiene más enjundia y proporciona más información fiable que la inmensa mayoría de los reportajes periodísticos sobre Al Qaida.

Frederick Forsyth. El afgano (The Afghan, 2006). Barcelona: Mondadori, 2006; 334 pp.; trad. de Anuvela; ISBN: 84-01-33604-X.

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martes, 6 de febrero de 2007

Otro ilustrador decimonónico más, Maurice Boutet de Monvel, autor de Jeanne d’Arc, un álbum gráficamente asombroso, increíble si nos fijamos en la fecha de su composición. Nunca se ha hecho (que yo sepa) edición en español.

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lunes, 5 de febrero de 2007

Después de Princesas olvidadas o desconocidas, de Rébecca Dautremer y Philippe Lechermeier, me lancé a leer con ganas Semillas de cabañas, con texto del mismo autor e ilustraciones de Éric Puybaret. Pero hay mucha diferencia: el texto aquí arranca la sonrisa sólo de vez en cuando, por ejemplo cuando habla de «la cabaña de Troya»... Pero todo es más artificioso: estirar demasiado las buenas ideas no funciona bien. Las ilustraciones están bien pero no logran que salte la chispa y son muy deudoras del trabajo de Dautremer en Princesas.

Éric Puybaret. Semillas de cabañas (Graines de cabanes, 2005). Texto de Philippe Lechermeier. Zaragoza: Edelvives, 2006; 94 pp.; trad. de P. Rozarena; ISBN: 84-263-6156-0.

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domingo, 4 de febrero de 2007

La Biblia es también una llave de entrada en el arte occidental. Y aunque su conocimiento no es «el único medio de amueblar una mente», dice Allan Bloom, «sin un libro de similar gravedad, leído con la gravedad del creyente potencial, permanecerá desamueblada, es decir, vacía».

Allan Bloom. El cierre de la mente moderna.

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sábado, 3 de febrero de 2007

Después de notas como «Yo fui emperador...» y «A quién hacer más caso», puede ser conveniente señalar cuánta diferencia hay entre libros como el mencionado ayer, y como algunos más que citaré, y otros de memorias rencorosas con el pasado escritos por gente tan afectada por traumas infantiles, reales o imaginarios, verdaderas enfermedades biográficas. Por ejemplo, la de quien fue mordido por un perro siendo pequeño, y sostiene que todos los perros son iguales, y además pretende imponer unas restricciones excesivas a quien desea tenerlos. O, más aún, la de quien tiene un trauma de infancia no real sino reconstruido, una especie de sufrimiento a posteriori sobre cosas que nunca fueron un verdadero problema.

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viernes, 2 de febrero de 2007

Unas excepcionales memorias de infancia: Las musarañas, de José Antonio Muñoz Rojas. El escritor malagueño se centra en recuperar el mundo interior del niño que fue.

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jueves, 1 de febrero de 2007

En El Rey Mago y su elefante se dice que «para un niño el tiempo no existe; tiene tanto tiempo por delante que se olvida de su existencia hasta que algún acontecimiento importante le imprime tal o cual fecha en la imaginación». Esta consideración puede complementarse con la conciencia, que uno pronto adquiere, de qué distinta es la velocidad a la que transcurren las horas según cuáles sean nuestras expectativas o nuestras ocupaciones... Algo (sólo algo) de eso trata un relato inglés, ya clásico, titulado El jardín de medianoche, de Philippa Pearce, fallecida hace pocas semanas.

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