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Notas de febrero de 2012 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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miércoles, 29 de febrero de 2012

¡Rumbo a Poniente!,
de Charles Kingsley, fue una popular novela inglesa decimonónica, de aventuras marineras, que acaba de ser editada en castellano por primera vez. El subtítulo explica el argumento y da idea del tono: «Los viajes y aventuras de Sir Amyas Leigh, caballero de Burrough, en el condado de Devon, durante el reinado de su más gloriosa majestad, la reina Isabel». La edición es valiosa: la traducción es buena, las ilustraciones de Wyeth —para una edición norteamericana de 1920— tienen sabor (aunque no me parecen de las mejores suyas), y contiene un corto y buen prólogo que aclara cuestiones y da unos datos biográficos del autor. Con todo, y por más que a mí me haya interesado conocerla, la novela es muy floja y no hemos pedido mucho por su ausencia de las bibliotecas españolas durante tantas décadas. Al leerla es fácil comprender por qué algunos autores no pueden durar y por qué otros, como Stevenson, duran siempre.

Por un lado, el narrador pone un gran énfasis al atacar ferozmente a los españoles, a los papistas y, en especial, a los jesuitas. Por otro, defiende ardorosamente la grandeza de Isabel I y de personajes como Drake: un personaje del que se afirma que «si todos los hombres llevasen una vida tan pura como la suya (del capitán Drake), el mundo se ahorraría la mitad de las lágrimas que en él se derraman». Además, la lectura desborda un romanticismo empalagoso y afirma la superioridad racial inglesa. Así, cuando una chica india descubre que su madre había sido inglesa, el  narrador asegura que cambió por completo: «la idea de que era inglesa; de que ella, la india primitiva, era en realidad como esos grandes hombres blancos a los que había aprendido a rendir culto, produjo en ella un cambio regenerador: recuperó su majestuosidad, acompañada de un autocontrol, una moderación y una dulzura que no había demostrado antes». (Bueno, también Tarzán cambió mucho cuando supo que era un lord inglés).

Charles Kingsley. ¡Rumbo a Poniente! (Westard Ho!, 1855). Madrid: El Rey Lear, 2011; 598 pp.; ilust. de N. C. Wyeth; trad. de Susana Carral; ISBN: 978-84-92403-85-1.

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martes, 28 de febrero de 2012

Nueva edición en castellano de dos álbumes más de Miroslav Sasek: Esto es Nueva York y Esto es Roma.

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lunes, 27 de febrero de 2012

Un álbum reciente, logradísimo, de los que causan impacto por sus troquelados de filigrana y por la finura de su argumento, es Luna Llena, de Antoine Guilloppé.

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domingo, 26 de febrero de 2012

Christopher Lasch:
«En épocas pasadas, el hombre hecho a sí mismo se jactaba de su aptitud para juzgar el carácter y la probidad; hoy escudriña ansiosamente los rostros de sus colegas, no tanto para evaluar su credibilidad como para calibrar su susceptibilidad a los elogios. Practica las artes clásicas de la seducción y, con la misma indiferencia de siempre a las sutilezas morales, espera ganar el corazón de otros a la par que les roba la cartera. (…) Si Robinson Crusoe encarnaba el tipo ideal de hombre económico, el héroe de la sociedad burguesa en ascenso, el que predomina en su etapa senil, [nuestra época], es el espíritu de Moll Flanders [la prostituta feliz]».

Christopher Lasch. La cultura del narcisismo (The Culture of Narcisism, 1979; revisión y posfacio del autor de 1990). Barcelona: Andrés Bello, 1999; 330 pp.; trad. de Jaime Collyer; ISBN: 84-89691-97-5.

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sábado, 25 de febrero de 2012

Dickens
fue a Norteamérica en 1842 y a Italia cuatro años después. De ambas estancias dejó constancia en sus libros American Notes y Pictures from Italy. Son libros para los entusiastas del autor y para quienes disfruten especialmente con esta clase de relatos viajeros.

En Viaje a América Dickens criticó los aspectos de la sociedad norteamericana que no le gustaron —desde la esclavitud a la falta de cortesía en el trato—, igual que hizo, mucho mejor, en algunos pasajes de su novela Martin Chuzzlewit. En Italia, un país raro para Dickens, se dedicó a observar lo que le chocaba, como hace quien va de vacaciones, y, a veces, narra las cosas como si le hubieran ocurrido a otro; quizás lo más atractivo sea la descripción de una sesión de marionetas, en Génova, acerca de la muerte de Napoleón en Santa Elena: «el espectáculo más gracioso que he visto en mi vida», «indescriptiblemente grotesco».

Es curioso, dice Chesterton, cómo los títulos revelan ya la facilidad que Dickens tenía para decir verdades inconscientes, sobre todo en cuestiones pequeñas. Las American Notes son realmente notas, como las notas de un estudiante, o de un inspector, o de un testigo con una obligación profesional. En cambio, Pictures from Italy son solamente cuadros como las impresiones misceláneas que un turista (y un turista inglés) puede traer de allí. Además, otros puntos destacables son, por un lado, la homogeneidad de las obras de Dickens con el contenido de sus cartas privadas, algo que se puede decir de pocos hombres públicos; y, por otro, el hecho de que, con el paso del tiempo, de Dickens no aguanta bien lo que redactó con intenciones sólidas y, sin embargo, duran para siempre, como rocas, sus comentarios frívolos o sus bromas momentáneas.

Charles Dickens. American Notes (1843-1844). Edición española, titulada Notas de América, en Barcelona: Zeta bosillo, 2010; 384 pp.; col. Zeta; trad. de Beatriz Iglesias Lama; ISBN-13: 978-8498724165.
Charles Dickens.
Pictures from Italy (1846). Edición española, titulada Estampas de Italia, en Barcelona: Alba, 2002; 288 pp.; col. Alba Clásica; trad. de Ángela Pérez; ISBN: 84-84281396.

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viernes, 24 de febrero de 2012

Con buen humor y mala idea, Gérard Genette presentaba una revisión de uno de sus trabajos claves, Discurso del relato, explicando esto: «Leerse a uno mismo con la vista puesta en las críticas recibidas es un ejercicio de escasos riesgos, en el que tenemos constantemente la posibilidad de elegir entre una respuesta triunfante (“¡Ah, tenía razón!”), una enmienda honorable que también resulta muy gratificante (“Sí, me había equivocado, y tengo la elegancia de reconocerlo”) y una autocrítica espontánea francamente glorificadora: “Me había equivocado y ninguna otra persona se había dado cuenta; decididamente soy el mejor”».

Gérard Genette. Nuevo discurso del relato (Nouveau discours du récit, 1993). Madrid: Cátedra, 1998; 117 pp.; col. Crítica y estudios literarios; trad. de Marisa Rodríguez Tapia; ISBN: 84-376-1603-4.

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jueves, 23 de febrero de 2012

Además de las citadas semanas atrás, una novela reciente de Alexander McCall Smith sobre Mma Ramotswe es Un marido bueno, un buen marido. Como las anteriores, sus protagonistas hacen frente a varios casos: tres extrañas muertes en la unidad de cuidados intensivos de un hospital; una mujer que quiere saber a dónde va su marido después del trabajo; quién es el responsable de los robos en una imprenta. Además, el marido de mma Ramotswe, el señor Matekoni, quiere ser también detective; su ayudante, mma Makutsi, piensa que ha llegado el momento de tener otro empleo y se despide; un aprendiz del taller del señor Matekoni quiere montar un negocio por su cuenta y también se marcha.

Los casos detectivescos, que tiran del lector hacia delante y dan continuidad a la historia, sirven para vayan perfilándose cada vez más los personajes, para poder presentar momentos de buen humor, escenas emotivas, algunas estupendas descripciones de la sabana, observaciones acerca de la vida en Botsuana y en África, y muchas consideraciones llenas de sentido común. Casi todas ellas ironizan amablemente sobre las formas de vida occidentales al contrastarlas con los enfoques de los personajes. Un ejemplo se ve cuando mma Makutsi piensa que «había dejado su empleo para ganar en calidad de vida. Era el tema estrella del momento: la calidad de vida. Bien, en ésas estaba ahora ella, y sólo podía confiar en que la supuesta calidad de vida fuese la calidad debida».

Otros tienen que ver con las relaciones entre sexos. Así, el señor Matekoni piensa que «hoy en día las mujeres tenían a su disposición revistas donde salían esos hombres fascinantes, de miradas atractivas y luminosas, posando con mujeres sonrientes, todos como si se lo estuvieran pasando la mar de bien», y reflexiona que un marido como él «podía tratar de ser moderno —y lograrlo, hasta cierto punto—, pero eso de ser fascinante le parecía mucho más complicado».  En otra ocasión, cuenta el narrador cómo, «en este mundo, pensaba Mma Ramotswe, había sitio para cosas hechas por hombres y cosas hechas por mujeres; a veces los papeles eran intercambiables, pero no siempre. Tanto en un sentido como en el otro, por supuesto».

Alexander McCall Smith. Un marido bueno, un buen marido (The Good Husband of Zebra Drive, 2007). Madrid: Suma de Letras, 2011; 313 pp.; Smith; trad. de Luis Murillo Fort; ISBN: 978-84-8365-107-0.

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miércoles, 22 de febrero de 2012

Otras dos ideas de Bruno Munari más que aplicables a los álbumes ilustrados:

En el campo del lenguaje y la comunicación visual «no existe el artista que dice: yo lo veo así, y los demás que se arreglen; si no lo comprenden, peor para ellos. [La imagen personal del mundo de un artista] sólo tiene un valor si la comunicación visual, el soporte de la imagen, tiene un valor objetivo, ya que en otro caso se entra en el terreno de los códigos más o menos secretos, en el que solamente algunos mensajes pueden ser entendidos solamente por algunas personas, y entre ellas, aquellas que ya conocen de antemano el mensaje».

«Cada medio de comunicación visual se ha de utilizar de acuerdo con sus características y sus posibilidades; creo que es un error intentar hacer literatura con los colores al óleo, hacer filosofía con la cultura, hacer teatro con el cine, hacer arte visual con la literatura y así sucesivamente. Sin duda puede hacerse, de la misma manera que puede ararse un campo de trigo enganchando el arado a un Cadillac de oro macizo, pero creo que es mejor utilizar un medio de acuerdo con sus posibilidades».

Bruno Munari. Diseño y comunicación visual: contribución a una metodología didáctica (Design e comunicazione visiva. Contributo a una metodología didatica, 1973, 6ª ed. ampliada). Barcelona: Gustavo Gili, 1987, 9ª ed.; 365 pp.; col. Diseño; trad. de Francesc Serra i Cantarell; ISBN: 8425212030.

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martes, 21 de febrero de 2012

Algunas veces se cita, como primer libro-álbum singular, Sobre dos cuadrados (1922), del diseñador gráfico El Lissitzky (1890-1941).

Y, con ocasión de algunos álbumes experimentales, a veces se habla del trabajo que hizo Warja Lavater (1913-2007), una diseñadora suiza que preparó unos álbumes acordeón que narran cuentos clásicos por medio de símbolos. En la bibliografía de su voz de Wikipedia se remite a lugares donde se pueden consultar varios álbumes completos como, entre otros, Blancanieves y Cenicienta.

No sé decir cuánta fue la influencia real de estas obras en los libros infantiles posteriores. En cualquier caso, me parece significativo que quienes sabían mucho de nuevas formas gráficas y han dejado álbumes memorables no pensaron nunca en experimentar con el niño como lector: buenos ejemplos son Bruno Munari, Leo Lionni o Paul Rand.

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lunes, 20 de febrero de 2012

Gracias a este buen comentario, con vídeo incluido, llego a Un libro, de Hervé Tullet, un álbum de metaficción inteligente.

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domingo, 19 de febrero de 2012

Dice Christopher Lasch que la esperanza de alcanzar la madurez emocional empieza por el reconocimiento de nuestra necesidad y de nuestra dependencia de gente que, nos guste o no, es distinta de nosotros y no acepta someterse a nuestros caprichos. Esa esperanza «descansa en un reconocimiento de los demás, no como proyección de nuestros deseos sino como entidades independientes que tienen sus propios deseos». En otro sentido, descansa en que aceptemos nuestros límites: «el psicoanálisis corrobora la vieja conclusión de índole religiosa de que la única forma de alcanzar la felicidad consiste en aceptar las propias limitaciones, en actitud de gratitud y contrición, y no en intentar anular esas limitaciones o en renegar amargamente de ellas».

Christopher Lasch. La cultura del narcisismo (The Culture of Narcisism, 1979; revisión y posfacio del autor de 1990). Barcelona: Andrés Bello, 1999; 330 pp.; trad. de Jaime Collyer; ISBN: 84-89691-97-5.

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sábado, 18 de febrero de 2012

En un comentario a varios relatos cortos de Dickens, Chesterton apunta cómo algunos de sus mejores textos están, dentro de sus historias, en tramos que son narraciones ligeras con rasgos que podrían llamarse periodísticos.

Un ejemplo está en Somebody’s Luggage, cuyo narrador, que orgullosamente comienza indicando que viene de una familia de camareros y que actualmente tiene cinco hermanos y una hermana, todos ellos camareros, nos habla de las obligaciones y de la dignidad de un camarero en el capítulo inicial. Este soliloquio acerca de los verdaderos principios del «camarerismo» es una sátira verdaderamente magnífica comparable, por ejemplo, con la descripción que hace Mr. Bumble (Oliver Twist) de los cuidados que dan en el orfanato cuando afirma que allí dan a los pobres lo que no desean y así nunca vuelven. O con la descripción que hace Mr. Podsnap (Nuestro común amigo) de la Constitución británica que la Providencia concedió a los ingleses. O con la genealogía de los Chuzzlewit o las escenas neblinosas que abren, respectivamente, Martin Chuzzlewit y Casa Desolada.

Otro ejemplo es el de los dos libros que dedicó a la Señora Lirriper —donde Dickens firma varios capítulos pero no todos, pues algunos amigos suyos añadieron otros—, una mujer que, a la muerte de su marido, abre una pensión, en Londres, para pagar a sus acreedores e iniciar una nueva vida. Si tiene mal genio es a menudo por las razones por las que las mujeres tienen mal genio («supongo que por las exasperantes cualidades del otro sexo», dice Chesterton), y si es tacaña no se le puede reprochar, pues si un marido hace de la generosidad un vicio es necesario que la esposa haga de la avaricia una virtud…

En relatos así se ve la diferencia entre Dickens y muchos novelistas modernos: estos intentan hacer novelas largas a partir de personajes sutiles, sin darse cuenta de que los personajes sutiles enseguida se terminan porque se construyen hacia el interior y allí terminan muriendo, mientras que los personajes simples tienen una energía y una frescura inextinguible porque, como han de construirse hacia el exterior de sí mismos, resultan expansivos y viven siempre.

Charles Dickens. Somebody’s Luggage (1862).
Charles Dickens.
Mrs. Lirriper’s Legacy (1863) y Mrs. Lirriper’s Lodgings (1864). Edición en  castellano de ambos, con el título La señora Lirriper, en Barcelona: Alba, 2010; 424 pp.; col. Alba Clásica; trad. de Miguel Temprano García; ISBN: 97884-84285694.

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viernes, 17 de febrero de 2012

Wilfred Owen
(1893-1918) fue un poeta británico que combatió en la primera Guerra Mundial y murió en ella poco antes de que terminara. Poemas de guerra reúne algunos de los poemas que escribió allí, entre 1917 y 1918, y es un libro sobrecogedor, de los que transmiten dolor auténtico e indignación justa, rechazo del patrioterismo estúpido pero que, a la vez, está muy lejos de cualquier pacifismo burgués de salón con aires de superioridad moral. La edición es bilingüe, la traducción de los poemas suena bien —incluso a un lector de poesía poco experto como yo—, y las notas aclaratorias, al final, son verdaderamente útiles. El editor y traductor hace un buen comentario aquí.

Wilfred Owen. Poemas de guerra. Barcelona: El Acantilado, 2011; 102 pp.; edición, trad. y notas de Gabriel Insausti; ISBN: 978-84-15277-30.9. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 16 de febrero de 2012

He colocado datos de nuevas ediciones de El valor de Sarah Noble, Sarah, sencilla y alta, y Mi Ántonia.

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miércoles, 15 de febrero de 2012

Ya que mencioné ayer a Bruno Munariun texto suyo, útil para pensar cómo ha de ser la ilustración en los libros infantiles, es éste:

Al estudiar el tipo de soporte más adecuado al tipo de información que se ha de transmitir, para transmitirla de una manera más completa, «se han de tener en cuenta el tipo de receptor y sus condiciones fisiológicas y sensoriales que, actuando como filtros, dejan pasar o no la información. Por ejemplo, el grado cultural de una determinada masa de público al que se le quiere dar un determinada información, se ha de tener en cuenta, pero no de la manera que lo hacen algunos publicitarios actualmente, que creen que siendo la categoría del público poco inteligente, se le han de dar mensajes estúpidos. En todo caso deben ser muy claros (lo cual exige un mayor trabajo de investigación, y por lo tanto no se hace). Con los niños se ha de ser muy sencillo y a la vez muy claro, y nada estúpido, ya que en otro caso no van a entender nada. Esto lo saben muy bien quienes se dedican a hacer libros para niños.

Siempre se trata de un problema de claridad, de simplicidad. Se ha de trabajar mucho, para quitar en lugar de para añadir. Quitar lo superfluo para dar una información exacta, en lugar de añadir para complicar la información».

Bruno Munari. Diseño y comunicación visual: contribución a una metodología didáctica (Design e comunicazione visiva. Contributo a una metodología didatica, 1973, 6ª ed. ampliada). Barcelona: Gustavo Gili, 1987, 9ª ed.; 365 pp.; col. Diseño; trad. de Francesc Serra i Cantarell; ISBN: 8425212030.

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martes, 14 de febrero de 2012

Dos álbumes importantes, de los que introdujeron en su momento novedades significativas, y que no han sido editados en España: Nella notte buia y Nella nebbia di Milano, de Bruno Munari.

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lunes, 13 de febrero de 2012

A quienes estén interesados en la historia de los álbumes les gustará conocer los de E. Boyd Smith, uno de los primeros autores de álbumes en los Estados Unidos: muchos de sus libros están disponibles en la red. Y las imágenes del más importante también: The Story of Noah’s Ark.

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domingo, 12 de febrero de 2012

Christopher Lasch:
«La mejor defensa contra los terrores de la existencia es el consuelo doméstico del amor, el trabajo y la vida familiar, que nos vinculan a un mundo independiente de nuestros deseos aunque sensible a nuestras necesidades. A través del amor y del trabajo, como Freud hacía notar en una anotación característicamente mordaz, podemos sustituir el conflicto emocional arrasador por una insatisfacción común y corriente. El amor y el trabajo nos capacitan para explorar un pequeño rincón del universo y llegar a aceptarlo como es». Eso sí, conviene reparar en que la sociedad en la que vivimos «tiende a devaluar esos pequeños consuelos o bien a esperar demasiado de ellos. Nuestros criterios acerca de lo que es “trabajo creativo y con sentido” son demasiado exaltados para que puedan sobrevivir el desengaño. Nuestro ideal del “verdadero enamoramiento” deposita en las relaciones íntimas una carga que resulta imposible sobrellevar. Exigimos demasiado a la vida y nos exigimos demasiado poco a nosotros mismos». (He cambiado un poco la traducción).

Christopher Lasch. La cultura del narcisismo (The Culture of Narcisism, 1979; revisión y posfacio del autor de 1990). Barcelona: Andrés Bello, 1999; 330 pp.; trad. de Jaime Collyer; ISBN: 84-89691-97-5.

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sábado, 11 de febrero de 2012

En un comentario a varios relatos navideños de Dickens, como Canción de Navidad, Las campanadas o El Grillo del Hogar, dice Chesterton que el mejor de todos es Canción de Navidad, un caso en el que se puede afirmar que han coincidido la mayor calidad y la mayor popularidad. Y al preguntarse por qué Dickens ha quedado asociado a la Navidad cuando, según su mentalidad, en principio podríamos pensar que calificaría de la Navidad de antigua superstición llamada a desaparecer, Chesterton da, entre otras razones, la de que Dickens dedicó su genio, de modo especial, a la descripción de la felicidad, y hay tres cualidades de la Navidad que lo son también de la felicidad humana, cualidades que con frecuencia ignoran u olvidan los paganos y los amantes de las utopías.

La primera es la cualidad dramática: la felicidad no es un estado sino una crisis, la felicidad está en una vigilia con un límite definido en la que la hora llega o no llega, y el ejemplo más claro es el nacimiento de un niño. El segundo elemento es el invierno: no como factor de contraste simplemente sino de antagonismo, pues toda comodidad está basada en la incomodidad, por algo quienes pusieron en marcha las antiguas fiestas invernales no se plantearon ponerlas en los momentos más soleados del año. El tercer elemento es el grotesco: si la poesía pastoril intentó hablar de la felicidad con figuras y ambientes maravillosos, Dickens entendió que como mejor se representa es con figuras feas pues hay algo misteriosamente asociado con la felicidad en, por ejemplo, la corpulencia de Falstaff (personaje de Shakespeare) o de Tony Weller (Los papeles de Pickwick), e incluso en la nariz roja de Bardolph (también un personaje de Shakespeare) o de Mr. Stiggins (también de Los Papeles de Pickwick).

Pues bien, Canción de Navidad es una historia feliz porque describe un cambio abrupto y dramático, en el que no sólo se narra una conversión sino una conversión repentina. Debe mucho de su tensión y de su hilaridad al hecho de que sea un cuento tan invernal. Y ejemplifica bien la relación tan estrecha que hay entre lo alegre y lo grotesco: es un relato en el que todo el mundo es feliz y nadie se presenta embellecido, hasta el punto de que incluso el pavo que Scrooge compró era tan gordo, dice Dickens, que no podía sostenerse de pie.

Charles Dickens. A Christmas Carol (1843); aquí menciono varias ediciones de este libro; The Chimes (1844); The Cricket in the Hearth (1845). Los tres están en una edición titulada Cuentos de Navidad (Christmas Books; edición que contiene: Canción de Navidad, Las Campanadas, El grillo del hogar, La batalla de la vida, El hechizado o El trato que hizo el fantasma, 1843-1848). Barcelona: Edhasa, 2007; 467 pp.; col. Los libros del tesoro; con 65 ilustraciones de John Leech, Daniel Maclise, Richard Doyle, Clarkson Stanfield, Edwin Landseer, John Tenniel y Frank Stone; trad. de Gregorio Cantera; ISBN: 978-84-350-4015-0.

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viernes, 10 de febrero de 2012

Irse
son las memorias de infancia y juventud de Mihai Grunfeld, actualmente profesor de literatura española en una universidad de los Estados Unidos, pero que nació y crerció en Cluj, Rumania, hasta que, junto con su hermano mayor, se fugó de su país en 1969.

Sus padres eran judíos y supervivientes de los campos de concentración nazis, pero apenas le contaron cosas de su pasado y no le dieron una educación religiosa judía: con su libro el autor intenta recuperar y poner en orden sus pocos recuerdos. Otro aspecto de su relato es la vida que tuvo de niño y de joven: relaciones con sus padres y con sus amigos, sus estudios y su trabajo como tornero. Pero el único tramo que, al menos para mí, tiene verdadero interés es el de los pormenores de su escapada: con ocasión de un viaje que hace con su hermano mayor, a Praga, ambos buscan la manera de pasar a Austria para, desde allí, marcharse a Israel. Un epílogo breve da cuenta de cómo evolucionó su vida después.

El libro está bien escrito, por lo que se lee con comodidad pero, para lo que cuenta, su longitud es excesiva. Salvo las páginas finales de la huida lo demás tiene valor testimonial, porque deja ver algo del sufrimiento de quienes regresaron de los campos de exterminio y de la pobreza material y moral de muchos en la Rumanía de Ceaucescu. Pero los incidentes de crecimiento del protagonista, los propios de su maduración sexual y los que presentan sus rebeliones juveniles, sólo añaden páginas y, salvo para quien los vivió, resultan aburridos.

Mihai Grunfeld. Irse (Leaving Mermories of Romania, 2008). Madrid: Pre-Textos, 2011; 366 pp.; trad. de Mariano Peyrou Tubert; ISBN: 978-84-15297-37-6.

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jueves, 9 de febrero de 2012

Un destino por descubrir,
la primera novela de Clare Vanderpool, se desarrolla en Manifest, Kansas. La narración sigue dos cursos paralelos en épocas distintas, 1918 y 1936. Es un relato un poco malabarista, de los que mantiene varias bolas en el aire, con personajes atractivos y muy perspicaces, empezando por la espabiladísima narradora protagonista.

Esta es Abilene Tucker, una chica de doce años que tiene que pasar un verano en Manifest, el pueblo de su padre, cuando este ha de irse a trabajar a Iowa. En Manifest vive con el pastor Shady Howard, un tipo un tanto desarreglado pero acogedor. Abilene desea conocer el pasado de su padre, con el que ha vivido siempre vagabundeando de un lugar a otro, y va entrando en contacto con distinta gente del pueblo. Encuentra una cajita con objetos y cartas, entre las cuales hay una de 1917 en la que un tal Ned Gillen escribe a un amigo llamado Jinx hablándole del Merodeador. Esto despierta la curiosidad de Abilene, y sus nuevas amigas Ruthanne y Lettie, y es al fin Miss Sadie, una adivina gitana que vive sola, quien va lentamente desvelándole quiénes eran Ned y Jinx y, de paso, la historia de Manifest: un pueblo de inmigrantes que trabajaban en las minas y en donde tenía mucho peso el Ku Klux Klan. Esto se completa con cartas desde el frente de la primera Guerra Mundial y con columnas de un periódico local de la época.

La narración toca muchas teclas: los misterios del pasado, la nostalgia de un hogar que siente Abilene, la rebelión de los débiles contra los poderosos, el dolor a causa de las separaciones, las escenas de pillería de chicos… Están bien integrados los datos históricos y ambientales: la prohibición del alcohol, el trabajo en las minas, etc. De la versión en español no puedo decir lo mismo que una persona que reseña la narración en inglés —que no podía recordar cuando había leído por última vez un libro tan bien escrito como este— pero no sé si por defectos de traducción o porque todo está, en ocasiones, demasiado literaturizado: si esto casi siempre chirría, más aún con niños, y más todavía con un narrador en primera persona. Con todo, es cierto que, para ser una primera novela, es un debut más que sobresaliente, y que la lectura es amena y capta el interés.

Clare Vanderpool. Un destino por descubrir (Moon Over Manifest, 2010). Barcelona: Molino, 2011; 393 pp.; trad. de Anna Campeny Valls; ISBN: 978-84-2720-120-0.

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miércoles, 8 de febrero de 2012

Un libro magnífico: Luka y el Fuego de la Vida, de Salman Rushdie. Como Harún y el Mar de las Historias, es un viaje a un mundo de fantasía que un hijo debe hacer para salvar a su padre. Pero nadie debería pensar que es un libro más de fantasía infantil o juvenil: en muchos sentidos se puede decir que Rushdie juega en otra división.

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martes, 7 de febrero de 2012

Acaban de salir en Aceprensa dos artículos sobre Dickens: Dickens, un genio popular y Las 14 novelas de Dickens (solo el segundo es de libre acceso, creo). Ambos resumen la información que ya se contiene, o que saldrá en las próximas semanas, en la voz de Dickens y en la sección Chesterton (obras de Dickens).

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martes, 7 de febrero de 2012

En la misma línea de los libros citados el pasado martes, pero para un público de menos edad, otros dos: ¿Negro? ¡Blanco! ¿Día? ¡Noche!: el libro de los opuestos y Los limones no son rojos, de la norteamericana Laura Vaccaro Seeger. Los dos están confeccionados con tanta sencillez como habilidad: con dibujos claros y colores contundentes, cumplen muy bien sus objetivos de ampliar vocabulario y de ayudar al lector a que afine prudentemente su espíritu de observación.

El primero habla de que las cosas no son lo que parecen. En cada página hay una ventana donde se ve algo que refleja lo que indica la primera palabra —estrecho, afuera, suma, etc.—, y luego se puede desplegar en vertical la hoja para ver un dibujo que presenta justo lo contrario —ancho, adentro, resta, etc.—.

El segundo es sobre los colores. Comienza con una doble página en amarillo: en la página izquierda se lee «Los limones no son rojos» y en la derecha se ve troquelada la forma de un limón sobre un fondo rojo; luego, al pasar la página, se ve la misma forma sobre el amarillo de la página anterior y el texto dice que «los limones son amarillos», mientras, en la derecha, se ve una manzana roja debajo de la cual pone «las manzanas son rojas». El mismo proceso se repite con zanahorias y berenjenas, flamencos y elefantes, etc., aunque algunas parejas no son igual de coherentes.

Laura Vaccaro Seeger. ¿Negro? ¡Blanco! ¿Día? ¡Noche!: el libro de los opuestos (Black? White! Day? Night!, 2006). Barcelona: Océano, 2011; 20 pp., cada una con un desplegable; ISBN: 978-84-494-4190-5.
Laura Vaccaro Seeger. Los limones no son rojos (Lemons Are Not Red, 2004). Barcelona: Océano Travesía, 2010; 27 pp.; ISBN: 978-84-494-4189-9.

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lunes, 6 de febrero de 2012

Brian Wildsmith
,
autor en su momento de un ABC que rompió con moldes anteriores, y, después, de muchos álbumes excelentes, es casi desconocido en España.

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domingo, 5 de febrero de 2012

La tercera objeción de Sócrates a la escritura tenía que ver con la pérdida de control sobre el lenguaje que significaba la palabra escrita. En realidad, el temor de Sócrates no tenía que ver con el lenguaje escrito como tal sino con que su popularización diera lugar a una comprensión superficial de las cosas. En ese sentido veía la lectura como una nueva versión de la caja de Pandora que, una vez abierta, hace perder el control de lo que se ha escrito, de quién lo lee y de cuántos lectores pueden usarlo e interpretarlo… Esto, sin duda, se parece a la avalancha de información que nos inunda hoy, a la reclamación que se nos hace a todos de que atendamos continua y parcialmente a una multitud de áreas, a la sensación que se nos transmite de que lo sabemos o podemos saberlo todo a golpes de click sobre pantallas en movimiento.

En fin «Sócrates no pudo evitar la difusión de la lectura más de lo que nosotros podemos evitar la adopción de tecnologías cada vez más sofisticadas». Su enemigo, en realidad, «nunca fue de hecho la escritura, algo de lo que bien se percató Platón»: lo que le preocupaba «no era tanto la escritura como lo que podía sucederle al conocimiento si los jóvenes accedían a la información sin orientación ni sentido crítico. Para Sócrates, la búsqueda del verdadero conocimiento no dependía de la información; antes al contrario, tenía que ver con hallar la esencia y el propósito de la existencia. Semejante búsqueda exigía un compromiso de por vida con el desarrollo de las capacidades críticas y analíticas, y con la asimilación del conocimiento personal usando una memoria prodigiosa y con un esfuerzo prolongado».

Maryanne Wolf. Cómo aprendemos a leer: historia y ciencia del cerebro y la lectura (Proust and the Squid, 2007). Barcelona: Ediciones B, 2008; 335 pp.; trad. de Martín Rodríguez-Courel; ISBN: 978-84-666-3835-7. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 4 de febrero de 2012

Dice Chesterton que, sin duda, es cierto que a las novelas de Dickens les falta unidad de construcción, pues es como si estuvieran compuestas a retazos, pero, a cambio, tienen una unidad de tono y de atmósfera: como la unidad de color de un cuadro. Así, si Nicholas Nickleby tiene la frescura que corresponde a un protagonista joven que se pasa la vida en las carreteras y en la calle, y si la historia central de Oliver Twist es sombría, Almacén de antigüedades tiene un aire siniestro e incluso su principal malvado, Quilp, es tan grotesco como una gárgola.

La protagonista es Nell Trent, una chica de catorce años, que vive con su abuelo en Londres en una tienda de antigüedades. Lleva una existencia solitaria con casi ningún amigo de su edad, salvo Kit, un chico joven y honrado, empleado de la tienda, al que Nell está enseñando a escribir. Su abuelo quiere ganar dinero para ella y, con ese fin, tiene la feliz idea de dedicarse al juego. Pero su suerte es escasa e interviene Daniel Quilp, un prestamista deforme que, cuando el abuelo pierde lo último que le quedaba, decide hacerse con la tienda de antigüedades y echar a Nell y a su abuelo.

La muerte de Nell con la que termina la novela atrajo sobre Dickens fuertes acusaciones de sentimentalismo. Pero, indica Chesterton, esa es una crítica injusta: hay una gran diferencia entre un autor que piensa en las lágrimas de sus personajes y un autor que piensa en las lágrimas de su audiencia o, dicho de otra manera, a lo que hay que poner pegas no es a la muerte sino a la vida de Nell. La diferencia se ve si nos fijamos en la muerte de otro niño en Dombey e hijo, la del pequeño Paul Dombey: en ese caso sí que Dickens merece el reproche de recurrir a un sentimentalismo barato.

Sea como sea, los héroes reales de Almacén de Antiguedades no son los que ocupan el primer plano sino el tarambana Dick Swiveller y la pequeña criada la Marquesa, pues son dos seres humanos sanos y vivos que viven una historia de amor que puede calificarse de sólidamente romántica. Ellos ejemplifican bien que la efectividad de Dickens es máxima no cuando predica la caridad seriamente, sino cuando la presenta como ruidosamente y sin pretenderlo, por medio de personalidades contundentes y escenas vívidas. Se puede afirmar que si en sus páginas más serias nos dice que amenos a los hombres, en sus páginas más locas crea hombres a quienes podemos amar; que si con su solemnidad nos manda que amemos a nuestros vecinos, con sus caricaturas hace que los amemos.

Charles Dickens. The Old Curiosity Shop (1840-1841). Edición española, titulada Almacén de antigüedades, en Madrid: Promoción y Ediciones, 1983; 223 pp.; col. Grandes Genios de la Literatura Universal; prólogo de Reginald Francis Brown; ISBN: 84-7461-201-2. Otra edición, titulada La tienda de antigüedades, está en Madrid: Nocturna Ediciones, 2011; 782 pp.; col. Noches blancas; trad. de Bernardo Moreno; ISBN: 978-84-938013-7-3; nueva edición en 2017; 863 pp.; ISBN: 978-8416858026. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 3 de febrero de 2012

Manual de redacción,
de Luis Ramoneda, es un libro de los que viene bien tener a mano pues presenta ordenadamente toda la información necesaria para escribir de modo correcto. Son cuatro partes: ortografía, morfología y sintaxis, palabras y frases, tipos de textos. Contiene anexos útiles (palabras inglesas de origen latino cuyo significado no es igual en castellano, las voces de los animales…). Recoge un trabajo de muchos años, que se nota en la claridad expositiva y en la elección de los ejemplos que acompañan cada explicación. Es una pena que de la edición no se puedan decir los mismos elogios que del contenido: aunque la portada es magnífica, la maquetación interior deja muchísimo que desear y parece ser, sin más, el mismo archivo del procesador de textos.

Luis Ramoneda. Manual de redacción (2011). Madrid: Rialp, 2011; 304 pp.; ISBN: 978-84-321-3900-0.

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jueves, 2 de febrero de 2012

En la línea, que ahora es común, de rescatar relatos cortos de calidad en ediciones cuidadas, que incluyen nueva traducción, excelentes ilustraciones, buena integración de texto e imágenes, y maquetación holgada, se publica de nuevo el que tal vez sea el mejor relato corto de Jack LondonEncender una hoguera. En la recopilación La quimera del oro se titulaba La hoguera. Al leerlo de nuevo he caído en la cuenta del problema de su protagonista, según afirma el narrador: «su falta de imaginación».

Jack London. Encender una hoguera (To Build a Fire, 1908). Madrid: El Rey Lear, 2011; 69 pp.; ilust. de Raúl Arias; trad. de Catalina Martínez Muñoz; ISBN: 978-84-92403-86-8.

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miércoles, 1 de febrero de 2012

Otro cambio a mejor
: a fecha de hoy, en amazon.es, los precios de esos libros son de 2,99€ y 5,22€.

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