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Notas de febrero de 2014 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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viernes, 28 de febrero de 2014

Ritos de paso es una novela de William Golding que comienza una trilogía titulada El fin de la tierra. Este primer volumen es el mejor porque tiene una unidad estructural que a los otros dos les falta, ya que son muy dependientes de este primero, aunque sí son necesarios para completar la evolución del protagonista y terminar el viaje que aquí comienza. En conjunto forman el relato más accesible de Golding, después de El señor de las moscas, y el que cuenta con un desenlace más amable. Al comienzo de la edición que cito el traductor pone una nota donde señala la genialidad del título, que tiene un sentido antropológico —ritos de iniciación—, un sentido geográfico —ritos de paso del Ecuador del barco—, un sentido marinero —ritos de cruce de la línea blanca, trazada a ambos lados del palo de mesana y que es la divisoria entre la oficialidad y los pasajeros distinguidos, de la marinería y el resto del pasaje—; y, además, si pensamos que rite y right suenan igual, el título también alude al derecho marítimo.

Los hechos suceden en 1815, al final de la guerra contra Napoleón. Un antiguo barco de Guerra inglés, transformado en barco de carga y de pasajeros, hace un largo viaje a Australia. El joven aristócrata Edmund Talbot, nombrado asistente del gobernador en Australia, lleva un diario del viaje con vistas a entregárselo, más adelante, a su padrino y protector, un culto lord inglés. A través de sus ojos vemos a los tripulantes y pasajeros —personas de distinta extracción social que han de convivir estrechamente— y, junto con él, vamos conociendo el funcionamiento del barco. Es tensa su relación con el capitán pero conecta bien con uno de los dos tenientes de a bordo, Summers. Entre los diversos encuentros con pasajeras y pasajeros los más importantes son los que tiene con un clérigo joven e inexperto, el reverendo Colley: Talbot lo desprecia, por más que lo trate con amabilidad, y, en parte debido a gestiones que hizo con buena voluntad, será la causa de que su destino sea trágico.

El relato está escrito con el lenguaje y estilo que podemos esperar de un aristócrata inglés deseoso de mostrarse complaciente con su mentor. No es siempre preciso en algunas cuestiones marineras de la época (como en su momento hizo notar Patrick O’Brien en una crítica) pero sí lo es, y de modo extraordinario, en cuanto al clima propio del barco. En los años de su redacción Golding había vuelvo a releer novelas de Jane Austen, cada vez con más placer, de ahí que la novela tenga también algo de comedia social y que se oriente, también, hacia un caer en la cuenta con un cierto arrepentimiento al final. Como es habitual en el autor, se cambia el foco cerca del desenlace de la historia, cuando aparece una carta de Colley que cuenta lo sucedido tal como él lo vivió.

La novela desea poner de relieve las consecuencias de la estratificación social en las relaciones humanas: en un momento dado, con toda ingenuidad, Talbot felicita a Summers «por imitar a la perfección los modales y el habla de una condición en la vida algo más elevada de aquella en la que nació usted»; y, más adelante, Summers le recuerda esa frase y le hace notar que «el idioma de la Gran Bretaña es la clase». Desea también tratar sobre cómo reacciona la gente en circunstancias extremas y, en particular, poner de manifiesto cómo los seres humanos somos capaces de humillarnos unos a otros: cuando Talbot es consciente de lo que ha sufrido Colley anota en su diario: «que se inserte esta frase en el volumen no demasiado amplio del conocimiento del Hombre por el hombre. Hay hombres que pueden morir de vergüenza».

William Golding. Ritos de paso (Rites of Passage, 1980). Madrid: Alianza, 1983, 2ª ed.; 278 pp.; trad. de Fernando Santos Fontela; ISBN: 8420630969. Nueva edición en 2010; 320 pp.; col. El Libro De Bolsillo, Biblioteca Golding; ISBN: 978-8420674162.

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jueves, 27 de febrero de 2014

En esta entrada de su blog, Adolfo Torrecilla explica el contenido de Dos gardenias para ti y otros relatos. No hay mucho que añadir, pues esos párrafos dicen todo lo que hay que saber, pero tal vez sí conviene subrayar que si todos los relatos son divertidos algunos, como el que da título al libro, son hilarantes. Habrá quien disfrute más con relatos como «Amores con colesterol» y su exhaustiva enumeración de pinchos, tapas y platos que se comen los protagonistas, pero habrá también, como es mi caso, a quienes se les salten las lágrimas de risa con «Camilo Troilo, en la distancia», la biografía de un escritor, o con el análisis narrativo de «Dos gardenias para ti».

Así, para dar idea del tono, en relación a la canción «Dos gardenias para ti» se dice que la interpretación de «Machín se queda en el punto justo, ni más ni menos: se planta en la puerta del engañoso plumaje del susurro almibarado y huye de la hierática interpretación mecánica. No es cierto que en esta canción, como dice Saussure en su Curso de Lingüística General, exista una relación arbitraria entre el significado y el significante —hay otros que opinan que esa relación es "no necesaria" o "convencional"». O este otro párrafo: «"Dos gardenias para ti", dice el verso 1. Encabezamiento directo y sentido, y también numérico y real. Podíamos preguntarnos, como hace Tinianov, ¿por qué esos principios tan abruptos? ¿Por qué dos gardenias y no tres, cuatro o cinco? ¿Por qué no un ramo? ¿Por qué gardenias y no rosas? ¿Por qué para ti? El profundo conocimiento de las culturas precolombinas, el innato indigenismo de estos autores, ayuda a comprender mejor el alcance de este verso».

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miércoles, 26 de febrero de 2014

He leído Buscando plan…, de Jeff Kinney, el séptimo libro de Greg. No es gran cosa pero, como los anteriores, acierta en algunas críticas educativas formuladas de modo indirecto.

Por ejemplo, Greg cuenta esto: «Mamá dice que si le decimos a Manny [el pequeño] que sus amigos [invisibles] no existen, podría “traumatizarse”, así que tenemos que seguirle la corriente. Espero que lo supere pronto, porque ya raya en lo ridículo. A veces tengo que esperar hasta que todos los amigos imaginarios de Manny hayan terminado de usar el cuarto de baño antes de poder entrar».

O esto: «A la dirección del colegio le gusta invitar a Kristina [una cantante] a las fiestas porque las letras de sus canciones son muy positivas». Y se ve un dibujo con la chica cantando lo siguiente: «Confía en tus sueños y verás tu corazón feliz. Intenta alcanzar las estrellas y no te rindas. ¡Tú triunfarás y a lo alto llegarás!».

Jeff. Kinney. Buscando plan… (Diary of a Wimpy Kid. The Third Wheel, 2013). Barcelona: RBA, 2013; 218 pp.; trad. de Esteban Morán; ISBN: 978-84-272-0416-4.

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miércoles, 26 de febrero de 2014

Acabo de poner una revista en Flipboard con una selección de 52 álbumes ilustrados imprescindibles. En meses sucesivos iré preparando algunas más con diversas selecciones de álbumes.

Después de La discreción del bien, sobre Dostoievski, dentro de unos días publicaré otro librito, parecido en dimensiones y en estructura, con reseñas extensas sobre los libros de Cormac McCarthy. El título aún está en el horno.

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martes, 25 de febrero de 2014

Cada cuadro con su cuento. El mundo de la pintura, de Juan Ramón Brotons y Ximena Maier, es un buen álbum informativo sobre arte. Su propósito es mostrar a los niños varios cuadros famosos y explicarles algunas cosas de arte. Se presentan veinte pinturas: La Gioconda, de Leonardo Da Vinci, Las meninas de Velázquez, Terraza de café por la noche en Arlés de Van Gogh, Casa junto a la vía del tren, de Edward Hopper, y otras. Cada una va con un pequeño relato inventado, con explicaciones y preguntas o propuestas o adivinanzas para el lector. Es un libro útil en manos de quien, a la vez que da explicaciones, puede también advertir y razonar que la pintura, como cualquier arte, no es un mundo «plano», sin jerarquía, como si todos los autores o cuadros fueran igual de importantes, como si Velázquez o Picasso se pudieran poner en línea con Dalí o Richard Hamilton…

Juan Ramón Brotons. Cada cuadro con su cuento. El mundo de la pintura (2013). Madrid: Anaya, 2013; 91 pp.; ilustraciones de Ximena Maier; ISBN: 978-84-678-4028-5.

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lunes, 24 de febrero de 2014

La primavera de las 999 hermanas ranas, de Yasunari Murakami y Ken Kimura, es el tercer álbum de la serie publicado en España, después de 999 hermanas ranas y 999 hermanas ranas se mudan de charca.

Esta vez, al llegar la primavera, todas las ranas se despiertan menos una, la mayor. Cuando la dormilona despierta, por fin, alguien sigue roncando: una tortuga. Ranas y tortuga se maravillan al ver el cerezo todavía en flor. Y a continuación van despertando una lagartija, las mariquitas, una gran serpiente…

Como en los álbumes anteriores, hay simpatía en el argumento y en las figuras de los personajes, información sobre la vida en la naturaleza, mucha claridad narrativa y economía máxima en las ilustraciones y en la secuencia que siguen, y perspectivas cambiantes, como corresponde a un relato de protagonista múltiple.

Yasunari Murakami. La primavera de las 999 hermanas ranas (999 Hiki no kyódai no harudesuyo, 1989). Texto de Ken Kimura. Albolote: Barbara Fiore, 2013; 40 pp.: trad. de Marina Bornas Montaña; ISBN: 978-84-15208-38-9.

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domingo, 23 de febrero de 2014

En el libro citado hace unos días, antes de llegar a la conclusión de que Hitler fue un nacionalista extremo, «tal vez el que más de todas las personalidades destacadas del siglo XX», y de que por eso en él «el odio hacia sus adversarios era más fuerte y menos abstracto que el amor por su pueblo», una «marca distintiva de la mente de todo nacionalista extremo», John Lukacs hace unas interesantes distinciones:

«Cuando Samuel Johnson pronunció su célebre dictamen “el patriotismo es el último refugio de un canalla”, quería decir nacionalismo, ya que esa palabra aún no existía en inglés. El patriotismo (como observa George Orwell en uno de los pocos ensayos existentes acerca de su diferencia con el nacionalismo) es defensivo, mientras que el nacionalismo es agresivo; el patriotismo está arraigado en la tierra, en un país particular, mientras que el nacionalismo se aplica al mito de un pueblo (de hecho, a una supuesta mayoría); el patriotismo es tradicionalista, el nacionalismo es populista. El populismo es völkisch (folkish), el patriotismo no lo es. Este fenómeno —o, mejor, tendencia— es casi universal en el siglo XX; el siglo XIX estuvo lleno de nacionalistas liberales, algunos de ellos personajes ejemplares y nobles, en el siglo XX esto rara vez fue así. Cien años antes, la distinción de Orwell (1943) entre nacionalismo y patriotismo habría parecido forzada, habría tenido relativamente poco sentido. Incluso hoy el nacionalismo y el patriotismo se solapan a menudo en la mente y el corazón de una misma persona. Sin embargo, debemos ser conscientes de las diferencias entre ellos; debido al fenómeno del nacionalismo populista que, al contrario que el anticuado patriotismo, es inseparable del mito de un pueblo. Es posible ser un patriota y, al menos culturalmente, cosmopolita, pero un populista es, de modo inevitable, una especie de nacionalista mediocre. El patriotismo, igualmente, es menos racista que el populismo: un patriota no excluiría a una persona de otra raza de la comunidad en la que han convivido y a la que conoce de hace muchos años, pero un nacionalista siempre mantendrá sus recelos hacia alguien que no parece pertenecer a su pueblo, o, más probable, a su manera de pensar. “El nacionalista patriotero”, dijo con acierto Alfred Duff Cooper, “es siempre el primero en denunciar por traidores a sus compatriotas”».

John Lukacs. El Hitler de la historia: juicio a los biógrafos de Hitler (The Hitler of History, 1997). Madrid: Turner, México: Fondo de Cultura Económica, 2003; 293 pp.; trad. de Saúl Martínez; ISBN: 84-7506-595-3.

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sábado, 22 de febrero de 2014

En Los abogados de la literatura, Marcel Reich Ranicki habla de los críticos literarios alemanes más importantes a lo largo de la historia. Utilizando muy bien sus opiniones, y explicando las polémicas que cada uno tuvo en su tiempo respectivo, hace muchas acotaciones interesantes sobre qué se puede esperar y qué no del trabajo de un crítico. Unos ejemplos:

Friedrich Nicolai: «Los errores de los críticos no causan tanto daño como las alabanzas que se dedican los escritores mutuamente»;

Alfred Kerr: «La crítica es resistencia. Criticar significa enderezar»; «el autor es un constructor. El crítico, un constructor de constructores»;

Moritz Heimann: «La crítica no es teoría. La teoría cae casi siempre en la tentación de usurpar el trono que corresponde únicamente al arte vivo, y una vez sentado en él se vuelve gris de envidia. El crítico ha de tener la discreción de no dejarse atrapar por la teoría, sino aceptar sólo de ella servicios de criada. Cuando deja caer de la mano la bola de cristal ha de saber volverla a atrapar antes de que toque el suelo; el teórico, desdeñoso e inhábil, dejará que se estrelle. (…) Lo que protege al crítico de engañarse a sí mismo es actuar siempre con sentido práctico. Lo práctico es para él lo que la realidad para el artista; se puede reconocer como soporte metodológico incluso en los momentos de humor más incontrolados, y le obliga constantemente a renunciar a su libertad».

Marcel Reich-Ranicki. Los abogados de la literatura (Die AnwAlte der Literatur, 1994). Barcelona: Círculo de Lectores: Galaxia Gutenberg, 2006; 490 pp.; trad. de José Luis Gil Aristu; ISBN: 84-672-1737-5 (Círculo de Lectores), 84-8109-606-7 (Galaxia Gutenberg).

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viernes, 21 de febrero de 2014

Me habían recomendado tiempo atrás Agencia matrimonial para ricos, la primera novela de Farahad Zama, y, en efecto, es un relato que deja buen sabor de boca pues tiene todas las cualidades de una narración sonriente y bien llevada, y el atractivo de unos protagonistas convincentes y bien dibujados.

Vizag, ciudad costera del sureste de la India. El señor Ali, funcionario jubilado, decide poner en marcha una «Agencia matrimonial para ricos», cuya sede está en su casa. Le ayuda su mujer y acaba contratando a una chica muy eficiente de nombre Aruna. Los criterios que tienen para encontrar la pareja adecuada son sencillos: los deseos que formula quien acude a la agencia, la compatibilidad de casta y religión, un estatus económico parecido, y también una cierta coincidencia de rasgos físicos como la altura y la complexión. El orden y la seriedad con que llevan los asuntos les va ganando una clientela cada vez mayor. La narración se centra en las peculiaridades de los clientes que les van llegando y en los problemas que a veces les plantean, pero sigue al mismo tiempo dos hilos principales: que los señores Ali están preocupados por el activismo político de su hijo mayor y que a Aruna, que tiene graves dificultades económicas en su casa, le surge un pretendiente inesperado y socialmente imposible.

La novela es un gran retrato social: se cuentan muchas costumbres locales y se acaban describiendo con detalle una boda musulmana y otra brahmana a las que asisten los protagonistas. Los diálogos son claros y, en ellos, un tema que aparece una y otra vez, como era de esperar, es el de las condiciones para que la convivencia matrimonial funcione: vale la pena leer los consejos sensatos que dan el señor Ali y su mujer a quienes acuden a ellos con pretensiones excesivas, o a quienes, por distintos motivos, actúan de modo egoísta o desconsiderado.

Farahad Zama. Agencia matrimonial para ricos (The Marriage Bureau for Rich People, 2009). Barcelona: Ediciones B, 2009; 330 pp.; trad. de Pablo M. Migliozzi; ISBN: 978-84-666-3970-5.

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jueves, 20 de febrero de 2014

Otra serie muy amena de Emily Rodda —armada y escrita con gran profesionalidad pero sin unas portadas animantes...—, esta vez pensada para los entusiastas de las aventuras fantásticas, es Deltora. Está compuesta por ocho novelas que conviene leer por orden: Los bosques del silencio, El lago de las lágrimas, La ciudad de las ratas, Arenas movedizas, El Monte Terrible, El laberinto de la bestia, El Valle de los Perdidos, Regreso a Del.

Al principio se cuenta la historia de Deltora, un antiguo reino del que ha terminado apoderándose el Señor de las Sombras, y se presentan los héroes que han de hacer frente a los desafíos que se avecinan. El principal es Lief, el hijo de un herrero que había sido el mejor amigo del depuesto rey. A él, cuando cumple 16 años, sus padres lo envían a cumplir una misión: recuperar las gemas perdidas del Cinturón de Deltora, oculta cada una en un lugar amenazador, y necesarias todas para poder reponer en el trono al heredero legítimo, actualmente oculto. Esas gemas son: el topacio, símbolo de la fe; el rubí, de la felicidad; el ópalo, de la esperanza; el lapislázuli, un poderoso talismán; la esmeralda, del honor; la amatista, de la verdad; el diamante, de la fortaleza. Cada una tiene un poder especial que los héroes irán descubriendo aunque, al final, verán que hay otras cosas tan o más necesarias que las gemas. Con Lief viaja Barda, a quien él consideraba un mendigo pero que, en realidad, es un antiguo guarda real. Y, en su primer viaje, se les une una chica con unas dotes particulares para la comprensión de la naturaleza, Jasmine, junto con dos animales que la siguen: el cuervo Kree y un animalillo peludo llamado Filli.

Las novelas se dividen en capítulos cortos y todas están estructuradas del mismo modo: un viaje a unos extraños lugares, varios encuentros con amigos y enemigos, y un enfrentamiento final de todos, pero especialmente de Lief, con un ser horrible. Cualquier conocedor de cuentos populares, y de obras como El hobbit o El Señor de los anillos, reconocerá enseguida elementos familiares, bien en algún paso argumental bien en las singulares criaturas que aparecen. Como sucede con otras novelas de la escritora, también en estas los personajes crecen, se confunden, han de rectificar o ceder, y han de aprender a comprenderse unos a otros mejor. No faltan los acertijos, o los mensajes o sueños confusos, que han de resolver e interpretar: también una especialidad de la autora. El desenlace tiene varios giros consecutivos que sorprenderán a una mayoría de lectores. Tal vez ocho novelas resulten excesivas —al menos eso pensaba yo mientras las iba leyendo aunque, al final, también eso tiene sentido—, pero, sea como sea, el conjunto es toda una lección de técnica constructiva y narrativa.

Emily Rodda. DELTORA (Deltora Quest, 2000). Son ocho novelas: Los bosques del silencio (The Forest of Silence, 2000), El lago de las lágrimas (The Lake of Tears, 2000), La ciudad de las ratas (City of the Rats, 2000), Las arenas movedizas (The Shifting Sands, 2000), El Monte Terrible (Dread Mountain, 2000), El laberinto de la bestia (The Maze of the Beast, 2000), El Valle de los Perdidos (The Valley of the Lost, 2000), Regreso a Del (Return to Del, 2000). Barcelona: Círculo de Lectores, 2003, 2003, 2004, 2004, 2004, 2005, 2005, 2005; 140, 140, 138, 144, 137, 144, 138 y 138 pp.; ilust. de la autora; trad. de Albert Solé; ISBN: 84-672-0274-2, 84-672-0275-0, 84-672-0463-X, 84-672-0464-8, 84-672-0846-5, 84-672-0847-3, 84-672-1181-4, 84-672-1182-2.

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miércoles, 19 de febrero de 2014

En mi experiencia personal, y en la de la mayoría de las personas que conozco, la muerte de alguien cercano pone de pie una convicción que cabría llamar instintiva: la de que no puede acabarse todo, la de que las cosas buenas dadas y recibidas no pueden quedar en nada, la de que nuestra vida pide otra y no puede terminar con la muerte. Esta realidad, en la que no todos los libros infantiles que tratan sobre la muerte se detienen, se recoge con acierto en Mimi, de John Newman. Por lo que la narradora cuenta sabemos que su madre ha muerto hace poco, que su padre está más bien fuera de juego, que sus hermanos se comportan de modo un tanto anómalo, y que sus familiares, profesores y vecinos intentan echarles una mano. Además, la narradora, Mimi, una chica adoptada de origen chino, sufre burlas en su colegio.

Esta reseña de Ana Garralón es excelente y explica bien tanto los rasgos como los contenidos del libro. A esos comentarios yo añadiría que facilitan su lectura la estructura en capítulos cortos y que plantea bien la importancia de la ayuda de todos en situaciones así. Además, diría que la verosimilitud de la historia se refuerza mucho cuando Mimí dice al final del capítulo 3: «Lo último que hago antes de quedarme frita es susurrar buenas noches a la foto de mami que hay en mi armario y pedirle que arregle el corazón roto de papá. Eso me hace llorar un poco, pero luego me quedo dormida». Y más adelante insiste: «Antes de ponerme a dormir cogí la foto de mamá y le dije a que Sally le gustaba George, y le pedí que no se olvidara de hacer que el sol brillara mañana, y le dije que la quería, le di las buenas noches y le deseé que durmiera bien». Y, al final, tampoco se olvida: «le di las buenas noches, le deseé que durmiera bien y de alguna manera sentí que ella estaba allí conmigo».

John Newman. Mimi (2010). Madrid: Siruela, 2013; 161 pp.; col. Las tres edades; trad. de Denise Despeyroux; ISBN: 978-84-15803-10-2.

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martes, 18 de febrero de 2014

El protagonista de ¡No!, de Marta Altés, es un perro que dice al lector, en la primera página, que se llama No. A continuación cuenta que su comportamiento es ejemplar siempre, y que todos en la familia están tan contentos con él que siempre tienen en la boca su nombre. Cada doble página muestra una escena que las palabras presentan de una manera y las imágenes inducen al lector a interpretarla de modo contrario a cómo la cuenta el perro. La historia es sencilla y eficaz. La ironía no está en que las imágenes contradigan el texto, pues no lo hacen (como sí sucede, por ejemplo, en Nothing ever happens on my block), sino en la distinta interpretación del perro y del lector, para quien lo que ve no significa lo que afirma el protagonista y narrador con palabras, distinto al narrador del álbum. Los dibujos son aclaratorios por sí mismos. La broma final es certera por más que sea predecible.

Marta Altés. ¡No! (2010). Barcelona: Thule, 2013; 28 pp.: col. Trampantojo; ISBN: 978-84-15357-30-8.

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lunes, 17 de febrero de 2014

Después de aprender a leer, Roc escribe una historia, cuenta Tad Hills. La narración comienza con un «Roc amaba los libros» (aunque la imagen nos lo muestra dormido encima de ellos). Luego nos dice que «a Roc también le gustaban las palabras» y cómo las busca, las escribe en tarjetas y las cuelga en un árbol. Más tarde, Roc tiene una idea: escribir una historia.

Álbum que consigue sus objetivos. Por un lado, tiene un personaje simpático, las ilustraciones tienen calidad y atraen, la historia tiene gracia, el final está conseguido. Por otro, sirve para presentar de modo cordial la lectura y la escritura. Tiene interés como recurso para quienes desean ayudar a los niños pequeños pues es amable y animante, tal vez lo mejor que se puede decir de un libro para primerísimos lectores.

Tad Hills. Roc escribe una historia (Rocket writes a Story, 2012). Barcelona: Juventud, 2013¸ 32 pp.; trad. de Anna Gasol: ISBN: 978-84-261-4001-2. [Vista del álbum en amazon.es]

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domingo, 16 de febrero de 2014

El Hitler de la historia: juicio a los biógrafos de Hitler, de John Lukacs, es, afirma el autor en la introducción, «la historia de una historia: la historia de la evolución de nuestro conocimiento de Hitler, tal y como ésta se observa en los escritos de un amplio surtido de sus múltiples biógrafos».

Lukacs señala cómo «el propósito de la historia a menudo no es tanto una relación definitiva de los acontecimientos de un periodo como la descripción y comprensión histórica de algunos problemas: descripción, mejor que definición, y comprensión mejor que omnisciencia, ya que si bien no es posible completar de manera perfecta nuestro conocimiento del pasado, un conocimiento razonable y adecuado de éste entra dentro de nuestras capacidades».

Vale la pena conocerlo y atender al cuidado con que Lukacs aplica los que llama sus principios de comprensión histórica: la «diferencia entre motivos y propósitos, entre racismo y nacionalismo, entre nacionalismo y patriotismo, entre opinión pública y sentimiento popular, entre nacionalsocialismo y fascismo (e incluyo aquí los paralelos irrazonables que bajo la categoría de “totalitarismo” se han establecido entre nacionalsocialismo y comunismo, incluso entre Stalin y Hitler)».

John Lukacs. El Hitler de la historia: juicio a los biógrafos de Hitler (The Hitler of History, 1997). Madrid: Turner, México: Fondo de Cultura Económica, 2003; 293 pp.; trad. de Saúl Martínez; ISBN: 84-7506-595-3.

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domingo, 16 de febrero de 2014

Literatura fantástica: recreación y realismo, un congreso sobre Lewis y Tolkien, que tendrá lugar en Madrid los días 24 y 25 de febrero.

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sábado, 15 de febrero de 2014

El duelo es una narración algo distinta de las demás de Joseph Conrad: por sus escenarios, por su tema, y porque no contiene digresiones sino que se ciñe casi totalmente a los hechos. Es también original en su forma de contar un episodio prolongado en el tiempo: es casi como si lo mismo volviese a ocurrir una y otra vez, de forma totalmente realista pero también con un cierto carácter de pesadilla para uno de los dos protagonistas.

Estos son, al comienzo, en 1800 y en Estrasburgo, dos tenientes en dos regimientos de húsares de Napoleón: Feraud, un tipo colérico y primario, y D’Hubert, un hombre cortés pero arrastrado por el ímpetu y la violencia de Feraud, además de por los usos sociales de su época y su ambiente. Feraud se siente ofendido por D’Hubert y lo reta; a ese primer duelo le seguirán otros, a lo largo de casi veinte años, en diferentes escenarios, pues por distintas razones ninguno termina con la muerte de uno de los dos y Feraud no acepta nunca una posible reconciliación.

Para quienes les rodean, el motivo para el duelo se oscurece con el tiempo y se termina transformando en un misterio para todos y en una especie de leyenda que se alza sobre algo desconocido, por más que todo sea tan estúpido. Un personaje, al final, dice: «en este asunto de honor creo que ha habido desde el principio hasta el final algo que nadie en el ejército ha podido desentrañar (…). En misterio se inició, en misterio se desarrolló, y en misterio acabará, según parece».

Acerca de este relato decía su autor que «lo que intentaba capturar con mi pequeña red» era el espíritu de heroica ingenuidad de una época «que no fue precisamente militarista pese al continuo fragor de los combates, sino juvenil, casi infantil en su exaltación de los sentimientos». Y apunta su amigo y crítico Edward Garnett, que «El duelo es un ejemplo perfecto del método de Conrad para presentar un asunto desde varias perspectivas complementarias, para mostrar el forro raído bajo el paño del abrigo». La primera edición que cito contiene un largo prólogo con lenguaje que, para mi gusto, es demasiado académico-técnico.

Joseph Conrad. El duelo (The Duel, 1908). Córdoba: Berenice, 2006; 218 pp.; edición e introducción de Julián Jiménez Heffernan; trad. de Mario Jurado; ISBN: 84-935047-4-2. Otra edición en Madrid: Alianza, 2008; 152 pp.; col. El libro de bolsillo, Biblioteca Conrad; trad. de Arturo Argüero; ISBN: 978-84-206-6836-9. Nueva edición en Alianza, 2016; 168 pp.; col. Libros Singulares; ISBN: 978-8491043331. [Vista del libro en amazon.es]
Joseph Conrad. Nota del autor: los prólogos de Conrad a sus obras (Conrad’s Prefaces to His Works, 1937). Segovia: La Uña Rota, 2013; 237 pp.; traducciones de Catalina Martínez Muñoz, Eugenia Vázquez Nacarino y Miguel Martínez-Lage; con un ensayo de Edward Garnett; ISBN: 978-84-95291-27-1. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 14 de febrero de 2014

Acabo de poner en amazon (solo en amazon, por ahora)  La discreción del bien, un librito donde reúno, mejor ordenada y algo extendida y mejorada, toda la información que había publicado aquí antes sobre Dostoievski. El contenido de las primeras páginas, con el índice, la presentación y la introducción del libro está en este documento. La cubierta es, como las de anteriores libros, de Rodrigo Zaparaín.
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jueves, 13 de febrero de 2014

Hace años se publicaron unas novelas juveniles de intriga detectivesca, firmadas por Emily Rodda y otros escritores, bien escritas y construidas, que son mucho más valiosas de lo que podría parecer: ni el diseño de las cubiertas, ni el nombre de la colección y del grupo de protagonistas, Teen Power, son afortunados. Los componentes de la pandilla son tres chicas y tres chicos que deciden ofrecerse para realizar toda clase de trabajos en su barrio y así ganar algo de dinero: Liz, responsable, la organizadora; Sunny, de origen chino, deportista y experta en artes marciales; Richelle, la guapa, muy pendiente de sí misma; Nick, un chico de clase alta, experto en ordenadores; Tom, larguirucho, buen dibujante, con un padrastro incómodo; Elmo, el hijo del propietario y director del periódico del barrio.

Cada relato lo narra uno de ellos, con lo que, al paso que se ven envueltos en un misterio, se ponen de manifiesto los modos de ser de cada uno, cómo se ven a sí mismos y cómo ven a los demás, las rivalidades que se dan entre ellos, la vida familiar que tienen, etc. Además, no es sólo que cada voz narrativa sea distinta, sino que también resulta convincente: aunque se respetan las convenciones del género, pues no hay exceso de violencia y los finales son satisfactorios, no se ocultan los defectos o los ramalazos egoístas o irritantes de sus protagonistas. Así, Richelle ve una chica con ropa pasada de moda y dice «sentí una punzada de compasión. Pobrecilla, pensé. Imagínate, tener que ir por ahí con esa ropa». Luego, al hilo principal de cada relato se le suman dos o tres pequeñas subtramas que añaden interés a la historia.

En el primer libro, que narra Liz, salvan de la desaparición el periódico local pues una compradora avariciosa quiere hacerse con él. En el segundo es Tom el que cuenta cómo resuelven una oleada de agresiones con robos en el barrio. En el tercero les contratan para que intervengan en la filmación de un anuncio, acompañando a una chica joven ya famosa, y es Richelle la que habla de lo que ocurre y de sus intentos de hacerse con el protagonismo. El cuarto, que cuenta Elmo, es sobre la desaparición de gatos en el barrio. En el quinto se disfrazan de conejos para intervenir en la promoción de una confitería, con una propietaria como la bruja de Hansel y Gretel, mientras Sunny, la narradora, se debate entre marcharse o no con su padre a Estados Unidos. En el sexto han de cuidar la casa de superlujo de unos amigos de los padres de Nick, joyeros, mientras ellos se marchan unos días.

Emily Rodda y otros autores. TEEN POWER (Teen Power Inc., 1994; reeditada, unos años después, como The Raven Hill Mysteries). Las seis novelas publicadas en castellano, las primeras y las únicas que conozco, son: Emily Rodda, El fantasma de Raven Hill (The Ghost of Raven Hill, 1994); Emily Rodda y John St. Claire, El aprendiz de brujo (The Sorcerer's Apprentice, 1994); Emily Rodda y Mary Forrest, Desaparece una estrella (The Disappearing TV Star, 1994); Emily Rodda y Mary Forrest, Maullidos (Cry of the Cat, 1994); Emily Rodda, Pánico en La Casita de Mazapán (Beware the Gingerbread House, 1994); Emily Rodda y John St. Claire, Alarma verde esmeralda (Green for Danger, 1994); Barcelona: Juventud, 1997; 127 pp.; trad. de Concha Cardeñoso; ISBN: 84-261-3046-1, 84-261-3048-8, 84-261-3050-X, 84-261-3055-0, 84-261-3068-2, 84-261-3070-4.

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miércoles, 12 de febrero de 2014

El hombre que abrazaba a los árboles, de Ignacio Sanz, tiene una marisabidilla narradora llamada Felicidad, que vive en Piñares, un pueblo rodeado de bosques de pinos. Con tono coloquial, un puntito impertinente, habla de un amigo leñador, Marcial, que trabajó unos años en Canadá y lo sabe todo del bosque.

El relato sirve de pretexto para dar, amablemente, mucha información sobre animales —como las urracas, el picapinos, el buey almizclero…— y sobre árboles —los olmos y su enfermedad de la grafiosis, las secuoyas…—. El enriquecimiento mutuo que se da en la relación entre la niña y el viejo se presenta bien y tiene acentos emotivos.

Como esperarán quienes ya siguen al autor, el lenguaje es excelente y la narración es simpática. Las ilustraciones tienen el toque de humor y de fantasía que pide la historia. Entre los lectores más urbanos se pueden dar las dos reacciones: de interés ante un mundo desconocido y de distancia por resultar todo poco conocido.

Ignacio Sanz. El hombre que abrazaba a los árboles (2013). Zaragoza: Edelvives, 2013; 131 pp.; col. Ala Delta; ilust. de Ester García; ISBN: 978-84-263-9049-3.

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martes, 11 de febrero de 2014

Quienes disfrutaron con las primeras historias de Mamá Muu y Cuervo, de Sven Nordqvist y Jujja Wieslander, lo harán también con Mamá Muu y el chichón.

Esta vez Mamá Muu recibe un golpe y el granjero debe curarla pero no le pone nada en el gran chichón de la frente. Ella le pide a Cuervo que le traiga algo frío del congelador, como un helado, para ponerlo encima y aliviar el dolor. Pero Cuervo dice que no hay nada en el congelador y que, además, le duele el estómago…

Quienes sigan a Nordqvist verán aquí algunas dobles páginas «marca de la casa», en las que se acumulan varios momentos consecutivos del relato. Y se admirarán de la exuberante ilustración donde se ve a Cuervo reponiéndose de la indigestión en su nido.

Sven Nordqvist. Mamá Muu y el chichón (Mamma Mu får ett sårr, 2006). Idea de Jujja Wieslander y Tomas Wieslander. Madrid: Maeva, 2013; 28 pp.; trad. de Carlos del Valle; ISBN: 978-84-15532-59-0.

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lunes, 10 de febrero de 2014

No sabía quien era Yoshitomo Nara, un conocido artista pop japonés, hasta ver el álbum El perrito que quería tener amigos, su primer libro infantil. Me ha dejado la impresión de que se publica por ser su autor alguien conocido y, por tanto, con un público que le sigue, pero que ningún editor de álbumes lo hubiera publicado, sin más, si viniera de la mano de un autor novel.

En él casi no se cuenta ninguna historia. Simplemente se muestra un perro gigante que se siente solo hasta que una niña muy pequeña lo encuentra y se hace su amiga. La narración, como tal, no dice más. La intención del autor parece estar en la bienintencionada exhortación final: «aunque tú también estés solo y te sientas muy triste, seguro que hay alguien en algún lugar que está esperando conocerte. ¡Lo que importa es que no dejes de buscar!».

Ni el argumento ni el álbum, como tales, tienen más interés que su tono afectuoso y alentador. Con todo, puede gustar pues atraen algunas imágenes: las del perro protagonista o las que contrastan su tamaño enorme con la pequeñez de la niña. El autor usa trazos gruesos para dibujar sus figuras y usa bien el recurso cinematográfico de poner primeros planos alternos de las caras del perro y de la niña mostrando sus emociones al estar frente a frente.

Yoshitomo Nara. El perrito que quería tener amigos (Lonesome Puppy, 1999). Granada: Barbara Fiore, 2013; 33 pp.; trad. de Marina Bornas; ISBN: 978-84-15208-36-5.

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domingo, 9 de febrero de 2014

En su biografía se cuenta que Virgilio pidió que, si no volvía de Grecia, se quemara su Eneida, inconclusa y, en su opinión, demasiado imperfecta. Augusto se negó porque esperaba mucho de esa obra y porque sentía que era necesaria para el Imperio. Confió su edición a los amigos del poeta con la indicación de que no le hicieran más que los retoques indispensables y, sobre todo, que no le agregaran nada. Y continúa Pierre Grimal:

«Uno comprende las razones que impulsaron a Augusto a salvar la Eneida: después del triple triunfo del año 29 a.C., exaltado por Virgilio, se habían acumulado las dificultades para el príncipe. Muchas tentativas para perpetuar el milagro y asegurar la concordia se habían revelado infructuosas; duelos, traiciones, intrigas, enfermedades, habían demorado la celebración de los juegos seculares. En el año 19 a. C., cuando murió Virgilio, el cielo parecía más sereno. ¿La predicción de la Égloga cuarta estaba por realizarse? El pequeño Cayo, hijo de Julia y Agripa, ¿sería testigo de la “nueva edad de oro”? Era importante para eso que la Eneida sobreviviera, inclusive inconclusa. Ella sola podía, después de las Bucólicas y las Geórgicas, dar su plena significación, su dimensión secular, a los ritos de la Roma que comenzaba a aparecer. Arribo de los troyanos a Italia, de los descendientes de Eneas a Roma, luchas alrededor de Lavinio de Ostia, predestinación de los Julios, victoria sobre Cartago, de la razón de Estado sobre la pasión, y esta continuidad que, desde los tiempos legendarios, converge a eso que cada uno veía: la larga línea de triunfadores sobre el foro de Augusto en torno a Marte Vengador. Todo eso sería más evidente, más fácil, si uno descubría, gracias a Virgilio, que el Destino había preparado, desde hacía tiempo, la Roma de Augusto. La Eneida fue salvada no solo porque era bella, sino por lo que importaba para la salvación del mundo».

Pierre Grimal. Virgilio o el segundo nacimiento de Roma (Virgile ou La seconde naissance de Rome, 1985). Madrid: Gredos, 2011; 227 pp.; col. Biblioteca de estudios clásicos; trad., prólogo y notas de Hugo Francisco Bauzá; ISBN: 978-84-249-2150-7.

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sábado, 8 de febrero de 2014

Crónica personal, de Joseph Conrad, es una especie de autorretrato fragmentario en el que habla de su infancia en Polonia, de sus primeros contactos con el mar, de su ingreso en la Marina mercante británica, de su despedida del trabajo en el mar, de cómo empezó a escribir su primera novela y de las dificultades que tuvo para redactar la segunda. Esa obra tiene dos introducciones, un prólogo que le puso en 1919 y otra, titulada Prefacio familiar, en la que habla de la forma en que comprende su trabajo literario. Dice así:

«A mí me gustaría empuñar esa varita mágica que gobierna las risas y las lágrimas y a la cual se tiene por logro más elevado de la literatura de ficción. Sólo que para ser un gran mago es menester rendirse a poderes ocultos y responsables, sean exteriores o se encuentren dentro del propio pecho. Todos hemos oído hablar de esos hombres de a pie que vendieron sus almas por amor o por poder, a un diablo grotesco. Hasta el intelecto más vulgar se dará cuenta, sin pasar por arduas reflexiones, de que cualquier trato de ese estilo por fuerza ha de ser el timo de la estampita. No creo ser acreedor de una sabiduría particular por el mero hecho de que tales transacciones me inspiran disgusto y desconfianza. Tal vez sea que mi aprendizaje de la marinería actúa sobre una disposición natural, léase, mantener a buen recaudo lo único que de veras me pertenece, pero lo cierto es que me espanta la posibilidad de perder, siquiera sea durante un solo y fugaz momento, el pleno dominio de mí mismo, que es a todas luces la primera condición de un servicio bien cumplido. Y esa noción del servicio bien cumplido la he llevado de mis años mozos a los años más recientes de mi existencia. Yo, que nunca he sondeado la palabra escrita en busca de otra cosa que no fuera una manifestación de la belleza, he llevado conmigo ese artículo de fe desde el puente de los barcos hasta ese espacio más circunscrito que conforma mi mesa de trabajo; mediante ese acto, me temo, me he tornado permanentemente imperfecto a los ojos de la inefable compañía de los estetas puros».

Joseph Conrad. Crónica personal (A Personal Record, 1911). Barcelona: Alba, 1998; 166 pp.; col. Alba clásica; introducción y trad. de Miguel Martínez-Lage; ISBN: 84-89846-22-7.
Joseph Conrad. Nota del autor: los prólogos de Conrad a sus obras (Conrad’s Prefaces to His Works, 1937). Segovia: La Uña Rota, 2013; 237 pp.; traducciones de Catalina Martínez Muñoz, Eugenia Vázquez Nacarino y Miguel Martínez-Lage; con un ensayo de Edward Garnett; ISBN: 978-84-95291-27-1.

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viernes, 7 de febrero de 2014

Martín el náufrago fue la tercera novela que publicó William Golding. Algunos críticos la tienen como una de las mejores novelas del siglo XX (aunque no haya edición en castellano disponible desde hace años). En Inglaterra se tituló Pincher Martin y en Estados Unidos Las dos muertes de Chistopher Martin, explicitando así el final de modo innecesario. Es un relato que se podría llamar de supervivencia, pues trata sobre un náufrago cuyos problemas son diferentes a los de un Robinson Crusoe o del protagonista de Vida de PiLa edición que menciono contiene una clarificadora introducción que relaciona las primeras novelas del autor para señalar cómo, al fin, todas tratan de lo mismo: la posibilidad o no de salvación del hombre.

Atlántico Norte, segunda Guerra Mundial. Un hombre a punto de ahogarse alcanza un islote rocoso donde se acomoda. Poco a poco, de forma fragmentaria, pues la narración sigue sus pensamientos deslavazados, sabemos quién es el protagonista: Christopher Martin, teniente de un barco de guerra torpedeado y el único superviviente. También, lentamente, comprendemos que parece haber llegado a una roca en medio del océano donde, de modo confuso, le vemos planificar su supervivencia y su futuro rescate, al tiempo que tiene flashes inconexos de su vida pasada. Al final una ola lo barre. En la última escena un barco rescata el cuerpo.

El héroe sufre un naufragio no sólo físico sino también mental: no es tanto un hombre atrapado en una roca en medio del océano como un hombre atrapado en su pasado y en su autosuficiencia, en sus razonamientos acerca de cómo planifica su propia salvación —«”Yo no pretendo ser un héroe. Pero tengo salud y educación e inteligencia. Yo te venceré”. El mar no dijo nada»—. Al principio abundan las descripciones detalladas de lo que le ocurre y de su entorno. Luego, esas descripciones no sólo se van mezclando sino que también replican los recuerdos y movimientos de conciencia de Martin. Es un mundo como alucinado que tiene rasgos de una revisión de su vida —antiguo actor, mujeriego, mal amigo…— y, con los sufrimientos del momento, de penitencia que parece merecida.

Igual que hizo en sus novelas previas, Golding vuelve a usar aquí una técnica de desfamiliarización para mostrar acontecimientos reconocibles desde un punto de vista extraño. También, como en sus dos relatos anteriores, vuelve a cambiar el paso al lector en un último capítulo que, ya en tercera persona, no sólo explica más cosas sino que, justo con una última y única frase, hace tambalearse al lector al modo en que, por ejemplo, sucede también en una novela tan distinta como ReencuentroEntonces es el momento en el que se vuelven comprensibles muchas imágenes que había empleado antes el narrador.

William Golding. Martin el naúfrago (Pincher Martin: The Two Deaths of Christopher Martin, 1955). Madrid: Magisterio Español, 1984, 2ª ed.; 249 pp.; col. Novelas y cuentos; introducción y trad. de Clara Janés; ISBN: 84-265-7061-5.

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jueves, 6 de febrero de 2014

Ya que hablé, hace días, de Peñagrande, pongo ahora El oso, un conocido relato de William Faulkner. Es uno de los siete que, originalmente, componían ¡Desciende Moisés! (Go Down, Moses, 1942), todos los cuales se sitúan en el condado de Yoknapatawpha y comparten personajes, igual que otras novelas del autor. Como no es muy largo, para ciertos lectores dispuestos a ser pacientes puede ser un primer acercamiento al autor y a su forma de armar las historias.

Es una historia de crecimiento de un chico llamado Isaac, o Ike, McCaslin, cuyo gran deseo es salir en una expedición anual de caza que busca, sobre todo, abatir a un oso legendario: Old Ben. Aunque no sea exactamente así, pues los hechos y las reflexiones, de Ike y otros, van y vienen en el tiempo, cada uno de los cinco capítulos se centra en el momento en el que Ike tiene 10, 13, 16, y 21 años los dos últimos. Las tres primeras veces le vemos de caza: la primera vez que le permiten salir, la que ve frente a frente al oso, y la que logran abatirle. Después, la narración va desgranando recuerdos de su familia y las discusiones que tiene a raíz de que renuncia a heredar la tierra que le corresponde pues piensa que la tierra no es de nadie: ni de los indios, ni de los blancos, ni de los negros, ni de los cazadores…

El relato tiene intensidad emocional para quien logra entrar en el mundo propio de Faulkner, tanto en los arabescos de su estilo como en el entretejido de las vidas de sus personajes. Está centrado en la maduración del héroe, que adquiere un respeto enorme al animal que busca y a la naturaleza en general, y que acaba con la convicción de que la relación de los hombres con la tierra no ha de ser la que todos a su alrededor dan por sentada. De más está decir que la historia es como una pieza que ocupa su sitio dentro del diseño de conjunto de un gran rompecabezas (por lo que a uno le tiene que gustar el rompecabezas lo suficiente como para dedicarle tanto tiempo como pida).

La comparación que hice al principio con Peñagrande, que hará fruncir el ceño a quienes mitifican a los grandes autores y minusvaloran a quienes escriben LIJ o libros populares, tiene también este sentido: el oso de aquella novela es un oso que no se olvida, como titulé la nota con la que lo presentaba, mientras que de El oso de Faulkner normalmente a quien recordamos es a... Faulkner.

William Faulkner. El oso (The Bear, 1940). Barcelona: Anagrama, 1990; 151 pp.; col. Compactos Anagrama; trad. de Ana Mª Foronda; ISBN: 84-339-2024-3.

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miércoles, 5 de febrero de 2014

Cuando leí este artículo busqué Dos cuentos para Manolillo, de Miguel Hernández. Tal como allí se dice son dos libros, uno con los dos cuentos que escribió e ilustró el autor en la cárcel, en facsímil, El potro obscuro y El conejito; y otro que los comenta titulado Últimas ausencias para un niño: algunas notas a dos cuentos traducidos por Miguel Hernández, escrito por José Carlos Rovira. Los dos cuentos se presentaron como traducciones libres de dos cuentos ingleses aunque parece ser que no lo eran. Eso sí, El Conejito, como Perico el conejo travieso, entró en un huerto, se atiborró, le persiguió un perro, le costó salir por donde había entrado… El Potro obscuro, que lleva a los niños hasta la ciudad del sueño, es un relato acumulativo en la mejor tradición de las historias infantiles para contar a los niños antes de dormir.

Miguel Hernández. Dos cuentos para Manolillo (para cuando sepa leer). Madrid: Palas Atenea, 1988; dos libros, 28 y 46 pp.; ilust. del autor; ISBN: 8478170014. Otra edición en 2003; ISBN: 978-8478170005.

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martes, 4 de febrero de 2014

En contraste con el álbum-abedecedario de ayer, que claramente tiene como propósito ayudar al aprendizaje del niño, o en cualquier caso puede ser usado con esa intención, está un álbum sin palabras tan singular como ALFabeto, de Puño. El libro comienza con dos felices excursionistas o montañeros cuyas figuras forman la A. Los vemos recorrer distintos ambientes en los que se muestran o insinúan las sucesivas letras —en escenas realistas de bosque o de camping unas, pero también en otras imaginativas, como de ciencia ficción o de intrusiones urbanas en el bosque—, y terminar su periplo en un bosque de árboles talados donde reconocemos la Z. Las mayúsculas del título y el contenido aluden, tal como explica el autor en una nota final, a que el libro es también una defensa del Abeto. Son muchos los guiños bromistas y cinéfilos. Algunas ilustraciones encadenan pequeñas subtramas (es notable la de la manifestación ecologista en la que un tipo se encadena al abeto).

Puño. ALFabeto (2012). Sevilla: Kalandraka, 2012; 58 pp.; col. Alfabetos; ISBN: 978-84-92608-61-4.

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lunes, 3 de febrero de 2014

Alphabet, de Paul Thurlby, es un álbum atractivo inspirado en el diseño y la ilustración de mediados del siglo XX con un estilo que ha sido denominado retromoderno. Cada letra ocupa una doble página: en la página izquierda se ven las dos letras, la mayúscula y la minúscula, sobre fondos para los que el ilustrador usa libros, postales o papeles antiguos; y en la derecha el autor se propuso conseguir que el ser o el objeto que designa la palabra tuvieran la forma de la letra. Por ejemplo, A de Awesome, o Asombroso, muestra un chico cuyo cuerpo forma una a; en Jazz vemos un tipo tocando un saxofón con forma de J; en Y, de yoga, es a un instructor de yoga a quien vemos haciendo estiramientos. Al final el autor explica cómo empezó el abecedario y sus intenciones; también, que comenzó a poner letras en su página de Flickr y, como tuvieron éxito, de ahí se transformaron en un libro y le atrajeron nuevos encargos.

Paul Thurlby. Alphabet (2011). Dorking (Surrey): Templar, 2011; 59 pp.; ISBN: 978-1-84877-009-6.

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domingo, 2 de febrero de 2014

Después de mi buena experiencia con Cicerón, leí Virgilio o el segundo nacimiento de Roma, también de Pierre Grimal.

El autor afirma que los romanos, gracias a Virgilio, tomaron conciencia de su sitio en el mundo y «de la misión que les había confiado la Providencia». Esta la resume así con las últimas palabras de Anquises: «Otros, dice, serán más hábiles en dar forma al bronce, en hacer salir del mármol rostros vivientes, en defender mejor las causas, en seguir sobre una esfera los movimientos del cielo, “tú, romano, piensa que tu destino es conducir a los pueblos bajo tu poder, esas serán tus artes; imponer la costumbre de la paz, perdonar a los sometidos y abatir a los soberbios” (VI, 851-853). Virgilio ha dado, en esos tres versos célebres, la fórmula del Imperio, tal como Augusto acaba de fundarlo de nuevo: el imperialismo de Roma no consiste, como en tiempo de Verres, en saquear a las personas, sino en establecer una ley que asegure la justicia y el derecho».

Concluye Grimal que Virgilio es uno de los personajes a los que Roma «les debe haber durado muchos siglos y, en espíritu, sobrevivido hasta nosotros». Afirma que sus «tres grandes poemas, las Bucólicas, las Geórgicas y la Eneida forman un conjunto semejante a uno de esos monumentos que se construían entonces, inmenso, equilibrado y estructurado de tal suerte que no se le puede sacar ni agregar ninguna piedra. Monumento ejemplar, capaz de actuar sobre los espíritus y, tal vez, de exorcizar las fuerzas malignas que continúan manifestándose en el Estado».

Pierre Grimal. Virgilio o el segundo nacimiento de Roma (Virgile ou La seconde naissance de Rome, 1985). Madrid: Gredos, 2011; 227 pp.; col. Biblioteca de estudios clásicos; trad., prólogo y notas de Hugo Francisco Bauzá; ISBN: 978-84-249-2150-7.

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sábado, 1 de febrero de 2014

En una nota sobre La línea de sombra explica Joseph Conrad sus intenciones así: «El propósito de este escrito era presentar ciertos hechos que sin duda guardan relación con el tránsito de la despreocupada y ferviente juventud a esa otra etapa más consciente y dolorosa que es la madurez. (…) Escribí este libro en los tres últimos meses del año 1916. De todos los temas de los que un escritor de novelas es más o menos consciente, era éste el único que en ese momento me hallaba en condiciones de tratar. La hondura de la emoción que me embargaba tal vez se exprese mejor que nada subrayando la dedicación, que ahora se me antoja desmedida, con que me entregué a la tarea, como un ejemplo más del aplastante poder que sobre nosotros ejercen las emociones. (…) Es ciertamente una experiencia personal, vista con la necesaria perspectiva mental y teñida por ese afecto que uno no puede dejar de sentir por determinados acontecimientos de la propia vida de los que no hay ninguna razón para avergonzarse. Dicho afecto es tan intenso (me refiero aquí a la experiencia universal) como lo es la vergüenza, casi la angustia, con que uno recuerda ciertos incidentes desafortunados, incluso algunos errores gramaticales, que ha perpetrado en el pasado. La perspectiva tiene en la memoria el efecto de agrandar las cosas, al aparecer aisladas sus partes esenciales de su entorno cotidiano de detalles insignificantes, borrados, como es natural, por el paso del tiempo».

Joseph Conrad. Nota del autor: los prólogos de Conrad a sus obras (Conrad’s Prefaces to His Works, 1937). Segovia: La Uña Rota, 2013; 237 pp.; traducciones de Catalina Martínez Muñoz, Eugenia Vázquez Nacarino y Miguel Martínez-Lage; con un ensayo de Edward Garnett; ISBN: 978-84-95291-27-1.
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