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Notas de febrero de 2016 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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lunes, 29 de febrero de 2016

Después de la lluvia, de Miguel Cerro, cuenta que, debido a unas lluvias continuas e intensas, los animales del bosque han de refugiarse en una cueva. Más tarde se organizan para salir a buscar comida y bebida, y se reparten los trabajos. Pero al zorro, a pesar de sus deseos de ayudar, no le dejan hacer nada.

Álbum bien planificado, con unas ilustraciones que son, a la vez, oscuras y luminosas. Son algo estáticas, pero resultan expresivas, las figuras de los animales. Tal vez la narración con palabras podría ser menos explícita y dejar que las imágenes llevasen casi todo el peso. El argumento hace pensar en cómo algunos prejuicios nos pueden hacer injustos y trae también a la mente la misma idea de Frederick, de lo que acaban aportando los poetas a la vida de todos.

Miguel Cerro. Después de la lluvia (2015). Pontevedra: Kalandraka, 2015; 32 pp.; ISBN: 978-84-8464-967-0. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 27 de febrero de 2016

Pintura y realidad, de Étienne Gilson, es un magnífico libro de 1957 que reúne conferencias pronunciadas por el autor en la National Gallery of Art de Washington. Empleando testimonios de pintores de distintas épocas, habla de la naturaleza de la pintura como arte y de sus características propias en comparación con otras artes. Al hilo de su ordenada reflexión, va dando ideas sobre cuestiones como la diferencia entre la pintura y otras artes, la educación estética, la función de los museos, la diferencia entre la ilustración y la pintura, la significación y el valor de la pintura, etc. En sábados sucesivos pondré algunas notas tomadas de su exposición. Empiezo por unos comentarios que hace acerca de la diferencia entre apreciar el arte y conocer historia del arte u otras cosas relacionadas con el arte:

«¿Qué es conocer arte? Más precisamente: ¿es el conocimiento de la historia del arte, en cualquiera de sus sentidos, un conocimiento del arte? Es, ciertamente, un conocimiento sobre el arte, pero su objeto no es el arte sino sólo su historia. En el caso de la pintura, como en el de la poesía, es posible saber todo sobre su historia sin saber mucho, si es que se sabe algo, sobre la pintura y la poesía mismas. Por limitarnos a la pintura, no es raro ver padres de buena voluntad encargarse de la educación artística de sus hijos a una edad muy temprana, arrastrarles a los museos, hacerles contemplar libros de arte y tarjetas, embotellando en sus pobres cabezas todas las imágenes de pinturas famosas y todos los nombres de pintores famosos posibles (incluyendo incluso fechas); todo ello desde el supuesto de que nunca es demasiado pronto para empezar una educación artística. Este no es el principio de una educación artística, es el principio de una educación histórica. El hecho de que a algunos niños les guste esto, no prueba que estén dotados para la experiencia estética; ni tampoco el hecho de que algunos niños lo odien prueba que no estén dotados para el goce de la pintura. Se trata simplemente de no confundir dos órdenes distintos y de los peligros que origina su confusión. Ciertamente, es mejor que el arte y la historia gusten juntamente, pero es completamente posible sentir indiferencia por la historia del arte y amar intensamente el arte. La tendencia presente a confundir estas dos esferas puede causar mucho perjuicio. Puede llevar al desánimo a muchas vocaciones artísticas sin incitar en todos los casos vocaciones históricas. En resumen, este es un ejemplo del equívoco ampliamente difundido acerca de la verdadera relación de la inteligencia y el arte».

Étienne Gilson. Pintura y Realidad (Painting and Reality, 1957). Pamplona: Eunsa, 2000; 398 pp.; col. Cátedra Félix Huarte; trad. del inglés de Manuel Fuentes Senot, versión actualizada de Rosa Fernández Urtasun; ISBN: 84-313-1767-1. [
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viernes, 26 de febrero de 2016

Pieles rojas y blancos fue el primer libro de Owen Wister y contiene ocho relatos que, según parece, fueron escritos a partir de hechos reales, titulados El hechicero de Little Big Horn (Little Big Horn Medicine), Specimen Jones, La serenata de Siskiyou (The Serenade at Siskiyou), El “farol” del general (The General’s Bluff), Salvation Gap, El segundo pacto de Missouri (The Second Missouri Compromise), La Tinaja bonita, Un peregrinaje al Gila (A Pilgrim on the Gila).

El hechicero de Little Big Horn trata sobre una rebelión en los indios crow que intenta liderar un joven jefe, ansioso de mandar y de guerra, mientras su padre intenta que se comporte con sensatez, y sofocada con mano izquierda por el ejército. Specimen Jones, un personaje que saldrá en otros relatos, es un tipo que salva la vida de un imprudente joven recién llegado del Este, primero debido a su comportamiento en un bar y luego en una expedición a través de territorio indio. La serenata de Siskiyou habla de un asalto a una diligencia, de la captura y condena de los culpables, y de la actuación insensata de unas señoras compasivas. En El “farol” del general reaparece Jones alistado a las órdenes del hábil general Crook que, con muy pocos soldados, ha de hacer frente a una tribu india díscola. En Salvation Gap, nombre de un pueblo, presenciamos un crimen pasional, en el que un minero asesina a una prostituta que le engaña y le roba, y a la detención posterior del hombre equivocado. En El segundo pacto de Missouri vemos a unos políticos tramposos que, al final, no se salen con la suya gracias de nuevo a la hábil actuación de Specimen Jones, aquí ya cabo. La Tinaja Bonita, nombre de un paraje, es un drama cuyos personajes son una chica mexicana, su pretendiente mexicano, y su celoso novio americano. Un peregrinaje al Gila tiene un narrador en primera persona: un observador que acaba comprobando la poca honradez de los personajes que va encontrando en un viaje por Arizona.

El narrador emplea un tono de buen humor —por ejemplo: «el cementerio de Boisé (Idaho) tenía, este año, veintisiete residentes: dos por meningitis y veinticinco por diferencias de opinión»—, pero es también serio a la hora de presentar momentos duros: muertes, linchamientos, comportamientos venales, etc. No hay en estos relatos personajes heroicos —como el cowboy y la maestra modélicos que pintó el autor en El Virginiano—. Hay una intención de presentar al ejército como la única institución fiable de aquellos momentos y aquellas tierras, lo cual era, seguramente, cierto y una opinión muy extendida. El autor tiene una visión de los indios que intenta ser equilibrada, aunque se da por supuesta la legitimidad de las políticas que se seguían, de recluirlos y mantenerlos en reservas. Están bien las descripciones de paisajes y no faltan observaciones al paso bien hechas: «La época de los pioneros terminaba. Sus días de gloria, francachelas e irresponsabilidad se habían acabado, solo quedaban los rescoldos. ¡La juventud sin ataduras es una cosa tan grande y fácil, y en cambio la vejez sin ataduras, algo tan lóbrego!».

Owen Wister. Pieles rojas y blancos: historias verídicas del viejo Oeste (Red Men and White, 1895). Villafranca del Penedés (Barcelona): Erasmus, 2015; 215 pp.; trad. de Carlos Vendrell; ISBN: 978-84-15462-48-4. [Vista del libro en amzon.es]

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jueves, 25 de febrero de 2016

La tierra de los abetos puntiagudos, de Sarah Orne Jewett, es una novela corta, casi sin argumento, que algunos críticos literarios consideran el mejor relato de su autora, y que Willa Cather consideraba una de las mejores obras norteamericanas del XIX, junto con Las aventuras de Huckleberry Finn y La letra escarlata.

La narradora es una escritora bostoniana que pasa unos meses en Dunnet Landing, un pueblo costero de Maine, con la intención de terminar un libro. Se hospeda en casa de Almira Todd, una mujer de unos sesenta años, viuda, experta en hierbas y en sus usos terapéuticos. Va conociendo a distintos habitantes del lugar, como a la señora Bennett y a William, la madre y el hermano de la señora Todd, que viven en una isla cercana, un viejo capitán, un anciano marinero, y otros. Se suceden escenas en las que sus nuevos conocidos le cuentan historias pasadas, propias o ajenas, o en las que describe con sobriedad los paisajes costeros, dominados por bosques de abetos y enebros puntiagudos, y reflexiona sobre la calidad humana de las personas que trata. El relato termina cuando la narradora se marcha. Los acentos son siempre amables y abunda el buen humor, que lo ponen, sobre todo, la ironía, también puntiaguda, de algunos comentarios o cotilleos, normalmente de la enérgica señora Todd.

Véase un ejemplo, cuando la señora Todd, durante una reunión familiar, dice lo siguiente a su interlocutora en un aparte: «Recuerdo que el día que me prometí a Nathan me alteré mucho, con todo lo feliz que me sentía, por darme cuenta de que una de sus primas tendría que ser parte de mi familia toda la vida. Casi me muero. El pobre Nathan vio que algo me preocupaba, tenía muy buenos sentimientos, y cuando me preguntó qué me pasaba, se lo conté. “A mi tampoco me ha caído nunca bien”, dijo él, “no te preocupes, querida”, y fue una de las cosas que me hizo darme cuenta de lo que valía Nathan, no tenía la costumbre de llevar siempre la contraria, como otros hombres. “Sí”, le contesté yo, “pero piensa en Acción de Gracias, y en los funerales, es nuestra familia, y tendremos que cumplir”. Los jóvenes no piensan en esas cosas. Por ahí pasa ahora, saludémosla —dijo la señora Todd transitando de forma alarmante de las opiniones generales a las animosidades particulares—. La odio igual que siempre, pero lleva un vestido verdaderamente encantador».

Sarah Orne Jewett. La tierra de los abetos puntiagudos (The Country of the Pointed Firs, 1896). Madrid: Dos Bigotes, 2015; 166 pp.; trad. de Raquel G. Rojas; ISBN: 978-84-943559-6-7. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 24 de febrero de 2016

El regreso a los sauces, de Jacqueline Kelly, es un libro compuesto, según anuncia el subtítulo, como una «respetuosa secuela de El viento en los sauces, de Kenneth Grahame, con comentarios útiles y notas explicativas». Esto se ajusta bien a lo que ha hecho la escritora: una continuación de aquel relato, con los mismos personajes —Rata, Topo, Tejón y Sapo—, con iguales acentos amables y cordiales, y con notas bromistas al pie. Aparte, la edición cuenta con unas ilustraciones vistosas.

El argumento se parece al del relato primero: esta vez Sapo se entusiasma no con un coche sino con un globo e, igual que entonces, se mete en líos enormes. Al final, sus amigos y él han de luchar contra las comadrejas. Hay algunos personajes nuevos, como un sobrino de Sapo, Humphrey, un entusiasta de los experimentos científicos; y una rata llamada Matilda, de la que se enamora Rata. Tiene particular gracia un tramo en el que Sapo, cuya inteligencia aumentó muchísimo después de haber provocado y sufrido una enorme explosión, es invitado a dar clases en Cambridge.

La autora consigue recuperar el encanto de El viento en los sauces. Como Rata y Topo son personajes que valoran mucho el ser educados y amables, el relato hace pensar en los sentimientos de los otros, a veces directamente y a veces con elaborados paréntesis. Por ejemplo, cuando Topo medita una respuesta para un maleducado Vencejo, pero este se marcha antes de que la encuentre, el narrador añade entre paréntesis: «y casi mejor así, porque no es cierto que haya que responder a la mala educación con más mala educación, en la misma medida. A veces uno tiene que tomar el camino más elevado de la buena conducta, aunque sea la mala conducta de los demás la que nos obligue a hacerlo».

Las notas al pie, que a unos les parecerán de más y a otros les harán gracia, son de distinto tipo y desiguales. Unas son simpáticas, aunque hagan bromas conocidas —después de un enorme golpe del Sapo la nota pone: «La autora desea asegurarle al lector que ningún sapo resultó herido durante la redacción de este libro»—. Otras explican, con simpatía, las palabras francesas que algunas veces se mencionan en el texto. También las hay innecesarias.

Jacqueline Kelly. El regreso a los sauces (Return to the Willows, 2012). Barcelona: Roca, 2015; 281 pp.; ilust. de Clint Young; trad. de Jorge Rizzo; ISBN: 978-84-16306-46-6. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 23 de febrero de 2016

En Yo, Jane, de Patrick McDonnell, se ficciona la infancia de Jane Goodall: se habla de su afecto por un chimpancé de peluche llamado Jubilee, se ve que era una niña que leía Tarzán y soñaba con irse a vivir a África… Es un álbum de los que cuentan una vocación profesional marcada y cultivada desde muy pronto, como se aprecia en las notas que la protagonista tomó en su infancia y que están bien integradas en el álbum, y que también persigue dar a conocer las causas que promueve la biografiada. Es un libro bien construido, como es habitual en el autor, en el que se deja que de la historia salgan los mensajes, sin subrayados enfáticos y sin declaraciones que estarían fuera de lugar en un álbum infantil.

Patrick McDonnell. Yo Jane (Me… Jane, 2011). Barcelona: Océano Travesía, 2015; 40 pp.; trad. de Mónica Villa; ISBN: 978-607-735-403-1. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 22 de febrero de 2016

Hay bastantes álbumes que comienzan bien pero terminan como pueden: sus autores tienen una idea de partida buena y mucho talento gráfico pero, por la razón que sea, no han conseguido entregar unos álbumes cuyo argumento y desenlace sean plenamente satisfactorios.

Esa impresión he tenido con Tina superfriolera, de la islandesa Lani Yamamoto. Su heroína es una niña que siempre tiene mucho frío, algo que se detalla con todas su rarezas, por lo que no se atreve a salir y se queda en casa cada vez más abrigada, hasta que… La edición del álbum es excelente, los dibujos de línea son elegantes y cuidadosos, las ilustraciones —todas ellas sobre fondo blanco menos algunas con fondos amarillos o naranjas…— están muy bien compuestas. Que Tina se haga un estupendo chocolate y nos dé su receta particular para que lo hagamos nosotros también, mejora el álbum pero no arregla la falta de sustancia de la trama ni el flojo desenlace.

También la he tenido con El río de los cocodrilos, de Gustavo Roldán. En esta historia un tipo de traje rojo llega a donde viven unos cocodrilos y le dice al cocodrilo jefe que acaba de comprar el río…, pero el cocodrilo le planta cara. El talento del ilustrador para contar una historia con dibujos cómicos es innegable y la historia comienza muy bien, pero su resolución no está lograda. Con todo, el álbum puede servir, igual que otros de tipo llamémosle político, para discutir sobre conflctos o cuestiones sociales y demás.

Lani Yamamoto. Tina superfriolera (2013). Madrid: Nórdica, 2015; 44 pp.; trad. de Enrique Bernárdez; ISBN: 978-84-16440-10-8. [Vista del álbum en amazon.es]
Gustavo Roldán. El río de los cocodrilos (2015). Barcelona: A Buen Paso, 2015; 42 pp.; ISBN: 978-84-944076-6-6. [
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domingo, 21 de febrero de 2016

He releído El amor a la sabiduría, del filósofo tomista Etienne Gilson, en una edición antigua, más completa que otra, reeditada hace poco, que sólo contiene los dos primeros de los cuatro textos originales. La primera conferencia, pronunciada en Harvard en 1927, se titula «Ética de los Estudios Superiores»; la segunda, en Marquette, en 1947, «Historia de la Filosofía y educación filosófica»; la tercera, en Marquette también, en 1951, «Sabiduría y amor en Santo Tomás de Aquino»; y el cuarto texto, que no es de una conferencia sino un capítulo del libro Cristianismo y Filosofía, fue publicado en París en 1949. Selecciono a continuación unos textos.

En la primera conferencia dice Gilson a sus oyentes que «es verdad que existió una vez la superstición de que todo lo viejo era verdad; pero ahora sufrimos la contraria y no menos peligrosa superstición de que todo lo viejo es falso y todo lo nuevo es verdad. De hecho, el tiempo no tiene nada que ver con la verdad. Una verdad nueva puede y debe reemplazar viejos errores, pero no puede reemplazar viejas verdades. (…) La verdad os hará libres. La sumisión a la verdad os hará grandes».

En la segunda les recuerda que, cuando no logramos encontrar un maestro en el presente debemos mirar al pasado: «así lo hizo una vez el Altissimo poeta, Dante, cuando —encontrándose sin nadie que pudiera enseñarle a ser poeta— retrocedió más de mil años y encontró a Virgilio». Gilson se refiere, naturalmente, a su maestro Tomás de Aquino, pero en general vale la pena recordar, como él hace, que, en el mundo del pensamiento, no hay muertos o, si se quiere, que todos los muertos están vivos y algunos mucho más vivos que otros.

En la tercera, una invitación a seguir el método de santo Tomás en filosofía, advierte que, «desde la época de Platón siempre ha habido ruidosas muchedumbres para aclamar el gran espectáculo presentado por los sofistas en la plaza pública», y, frente a esa realidad, subraya que «Tomás es el más grande entre los pocos filósofos a quienes ha sido dado a la vez ser originales y estar en lo correcto», y que «si nosotros no podemos ser originales, que al menos estemos en lo correcto».

Para ilustrar el método y el talante de santo Tomás recuerda que una vez le dijo a él A. N. Whitehead que, «para un filósofo, la primera cualidad es tener buen carácter», y, a continuación, lo explica: «La mente de un filósofo debe estar en paz. No tener carácter en filosofía quiere decir no enfadarse nunca con una idea. Hacerlo es, primero que nada, una perfecta tontería; pero, sobre todo, el único interés del filósofo es comprender. (…) Un filósofo de buen carácter nunca ataca a un hombre para desembarazarse de una idea; no critica lo que no está seguro de haber entendido correctamente; no rechaza superficialmente las objeciones como no merecedoras de discusión; no toma los argumentos en un sentido menos razonable de lo que se desprende de sus términos. Por el contrario, puesto que su interés es la verdad y nada más, su único cuidado será hacer entera justicia incluso a aquel poco de verdad que hay en cada error».

En el último texto se centra en la seriedad, o profesionalidad, que debe tener su actividad filósofica como cristiano, es decir, como alguien que dirige su inteligencia no sólo hacia las cosas visibles y pasajeras sino, sobre todo, a las cosas invisibles y eternas. Termina diciendo que «no depende de nosotros que [la palabra de Jesucristo y la Iglesia] sea creída, pero podemos hacer mucho para que se la respete, y si ocurre que aquellos de entre nosotros que no se sonrojan del Evangelio fracasan en hacerse seguir, aquellos que se sonrojan pueden estar seguros de que ni siquiera se harán respetar».

Etienne Gilson. El amor a la sabiduría. Caracas: Ayse, 1974; 99 pp.; col. Senderos; agotada. Nueva edición, titulada igual, en Madrid: Rialp, 2015; 72 pp.; col. Doce Uvas; trad. de Rafael Tomás Caldera; ISBN: 978-8432145131. [
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LeeTrilogLimite.JPG
sábado, 20 de febrero de 2016

A muchos álbumes ilustrados actuales, en los que se ve un indudable talento gráfico y que se apoyan en relatos interesantes, les suelen faltar algunos puntos de acierto, que a veces parecen proceder del apresuramiento al publicar —hay álbumes que comienzan muy bien y acaban como pueden…— y a veces de cierta falta de reflexión sobre la naturaleza propia de los álbumes —hay álbumes en los que vendría muy bien pulir mucho más, e incluso suprimir, las palabras…—.

Para comprender este tipo de cosas viene bien leer La trilogía del límite, de Suzy Lee, un extraordinario libro en el que la ilustradora explica, paso a paso, tres álbumes suyos sin palabras —Espejo, La ola, Sombras—, que tienen en común no sólo una realización magnífica sino el hecho infrecuente de que los tres den un sentido narrativo fuerte al pliegue central del libro. Para los interesados en la cuestión, Shirley Hughes habla de lo mismo en sus memorias cuando comenta con detalle su álbum Alfie Gets in First.

Además, a las explicaciones concretas sobre esos álbumes, la ilustradora coreana añade comentarios certeros acerca de cómo comprende los álbumes: «los álbumes ilustrados cautivadores son aquellos en los que puedes sentir que el artista ha tenido en cuenta el aspecto físico y la escala del libro». Lee habla de que un álbum tiene unas características muy definidas en tanto que objeto físico como para que sea concebido simplemente como una pantalla, de la importancia de un formato u otro, del interés que tiene un uso limitado del color, de cómo la forma del libro contiene ya su contenido potencial…

Subraya que los álbumes son libros con una consistencia física: «Si una determinada forma de arte “puede contener una historia íntima, accesible, directa, portátil, asequible, que puede repetirse, fabricarse de forma masiva y ser universal, ¿es que hay algo mejor que eso?”, pensé. No son más que las cualidades intrínsecas de un libro impreso». Es decir: los álbumes ilustrados son interesantes precisamente por tener la forma de un libro: «en esta era digital, un libro puede que parezca un medio básico y limitado. Sin embargo, ¿acaso hay más libertad cuando no hay límites?». Por supuesto que no, responde Suzy Lee, que insiste en que todo artista ama sus limitaciones.

En la misma línea de reivindicar el libro en papel frente a otras posibles formas narrativas habla de la importancia, y de los efectos propios, del paso de página: «Los dedos del lector forman parte del libro. El tiempo es diferente según la página que leemos. El lector puede ajustar el tiempo mientras pasa las páginas. La situación cambia por etapas, paso a paso, a medida que el lector pasa la página, igual que un torero con cada muletazo. El significado aparece entre las páginas y con el mismo acto de pasar a la siguiente».

Suzy Lee. La trilogía del límite (2013). Granada: Barbara Fiore, 2014; 180 pp.; trad. de de Albert Vitó i Godina; ISBN: 978-84-15208-44-0. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 19 de febrero de 2016

Flores para la señora Harris, de Paul Gallico, es una novela corta de hace décadas, que hace sonreír, y que se puede leer como un homenaje a las personas sencillas que hacen bien los trabajos de servicio aparentemente más humildes.

Su protagonista es Ada Harris, una señora de la limpieza londinense, viuda, de unos 60 años. Un día que ve un traje de noche de Dior en el armario de una casa en la que trabaja, se siente arrebatada por el deseo de comprarlo. Con ese fin juega a las quinielas, y le sale bien, apuesta en el canódromo, y le sale mal, y sobre todo ahorra tenazmente durante unos años hasta que reúne todo el dinero necesario. Viaja entonces a París, con cierto temor hacia los franceses, gente de la que desconfía, y se presenta en la casa central de Christian Dior. Allí, a pesar del desconcierto que provoca, es bien acogida por la gerente Madame Colbert que, al fin, le consigue un pase para que vea el desfile de la colección de primavera.

La señora Harris es todo un personaje: tiene una visión optimista y singularmente providencialista de la vida, se siente orgullosa de proporcionar alegría y satisfacción con su trabajo, habla con descarada soltura pero al mismo tiempo es afectuosa en sus reacciones… El relato va ganando interés según avanza y, también, adquiriendo acentos de cuento de hadas: la bondad y el entusiasmo de la señora Harris, que corresponde siempre con amabilidad, consigue arreglar varios entuertos con igual eficacia que la mejor hada madrina. No interviene mucho pero, frente a la heroína, es un buen contraste su amiga la señora Butterfield, cuyo lema es que «si no esperas nada de nada luego no te llevas un chasco».

Paul Gallico. Flores para la señora Harris (Flowers for Mrs Harris, 1958).Barcelona: Alba, 2015; 166 pp.; trad. de Ismael Attrache; ISBN: 978-84-9065-152-0. [
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jueves, 18 de febrero de 2016

La contracubierta de Las fabulosas aventuras del Profesor Furia y Mr. Cristal, de César Mallorquí, pone sobre aviso: el relato está dedicado a las víctimas de los asesinatos en el instituto Columbine, hace unos años. El lector esperará, y encontrará, por tanto, una trama semejante a lo que ocurrió allí: un grupo de chicos violentos (en este caso pronazis) que irrumpirán, disparando, en un instituto de secundaria. Un chico superdotado, al que le gusta pasar inadvertido y gran aficionado a los cómics, percibe y termina sabiendo las razones del comportamiento de un profesor que irrita muchísimo a los alumnos y, antes de que suceda, también intuye algo raro en el cabecilla de la agresión.

Como es de esperar del autor, la narración está bien construida, bien escrita, y atrapa el interés. El narrador hace algunas apostillas a lo que va sucediendo para señalar los errores que cometieron algunos personajes y que se fueron sumando hasta el trágico final. Son certeras las descripciones de muchos personajes con dos excepciones. Una, la del héroe, asombrosamente perspicaz aunque sea tan atractivo. Otra, el individuo al que se culpabiliza sin atenuantes: el padre del chico que se vuelve loco, un militar autoritario, en su casa y en la educación de su hijo, hasta extremos enfermizos. Este segundo es un cliché muy recargado y, parcialmente al menos, se ha quedado algo antiguo ya.

César Mallorquí. Las fabulosas aventuras del Profesor Furia y Mr. Cristal (2015). Barcelona: Edebé, 2015; 271 pp.; col. Periscopio; ISBN: 978-84-683-1953-7. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 17 de febrero de 2016

El pequeño (y algo chiflado) Frank Einstein, de Jon Scieszka y Brian Giggs, es un libro de ciencia-ficción humorística.

Cuando sus padres se han marchado en un viaje turístico y Frank Einstein se queda solo con su abuelo Al, tan apasionado de la ciencia como él, hace un curioso experimento: aprovechar una tormenta eléctrica para ver si consigue que su robot SmartBot cobre vida. Y, en efecto, sin que Frank sepa muy bien cómo, un rayo activa a dos robots, Klink y Klank. Frank piensa en no presentarlos al Premio de Ciencias de Midville, dotado con cien mil dólares, sino en usarlos para que le ayuden a fabricar un Motor Antimateria. Pero su rival T. Edison tiene otros planes.

El relato avanza disparate tras disparate, apoyándolos, eso sí, en las famosas leyes de la robótica de Asimov. Pero los robots Klink, el listo, y Klank, el tonto, son graciosos; es un buen contrapunto la obsesión del amigo de Frank, llamado Watson, con los chicles; la tipografía está bien pensada y cambia cuando hablan los robots; y las ilustraciones son variadas y presentan imágenes, esquemas y aclaraciones, la mayoría bromistas y otras con buena información.

Jon Scieszka. El pequeño (y algo chiflado) Frank Einstein (Frank Einstein and the Animatter Motor, 2014). Madrid: Alfaguara, 2015; 192 pp.; ilust. de Brian Giggs; trad. de Julio Hermoso Oliveras; ISBN: 978-84-204-1907-7. [
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martes, 16 de febrero de 2016

La vaca Victoria, de Nono Granero, es una historia en álbum con un magnífico planteamiento y un desarrollo igualmente brillante. Tiene un comienzo imprevisto: «Esta es la historia de la vaca Victoria», se nos dice en la primera doble página mientras un dibujo nos la muestra; en la segunda doble página leemos: «Se murió la vaca», y la vemos espatarrada; y en la tercera leemos «y se acabó la historia», mientras en la página derecha vemos a la vaca en una tumba. Pero, a partir de ahí, el autor se plantea «¿de qué murió la vaca Victoria? Porque no da igual». Y nos habla de que, según cuál sea la explicación de como sucedió, su historia puede ser una leyenda, una poesía, un cuento, un suceso, un dicho, un relato,  una odisea…

Relato para contar, compartir, e imaginar posibilidades. El texto es fresco y, como sugiere el subtítulo, «variaciones sobre un breve cuento popular», tiene acentos propios de las narraciones orales. En un caso, al fondo de la imagen hay un periódico con una noticia sobre lo que le ocurrió a la heroína que merece ser leída. Las imágenes —sencillas unas y más elaboradas otras— tienen estilos que van de acuerdo con lo que se cuenta o sugiere: dibujos, grabados, pinturas clásicas, etc.

Nono Granero. La vaca Victoria. Variaciones sobre un breve cuento popular) (2014). Santander: Milrazones, 2014; 22 pp.; ISBN: 978-84-941831-6-4. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 15 de febrero de 2016

Felices sueños, camiones grandes y pequeños, de Tom Lichtenheld y Sherri Duskey Rinker, es un álbum bedtime con mucho encanto inspirado en los históricos La casita o Mike Mulligan and his Steam Shovel, de Virginia Lee Burton.

El narrador del álbum va despidiéndose —«hasta mañana», «que descanses bien»—, de la Señora Grúa, la Hormigonera, el Señor Volquete, el Amigo Bulldozer, la Excavadora…, mientras las ilustraciones presentan primero escenas de cada una de las máquinas, con tonos rojizos del atardecer, haciendo su última tarea del día, y después otras con tonos oscuros de la noche cuando se retiran a descansar y dormir.

No conozco la versión original pero la castellana está redactada con unos versos amables que suenan bien. Las ilustraciones, en pastel, son simpáticas y detallistas. La secuencia de imágenes viene facilitada por la estructura del minirelato. El álbum cumple bien su función de lectura para antes de dormir, comunica vocabulario, remite a la observación directa de lo que se muestra, y, también, indirectamente, hace pensar en tanta gente que trabaja a nuestro alrededor.

Tom Lichtenheld. Felices sueños, camiones grandes y pequeños (Goodnight, Goodnight, Construction Site, 2011). Texto de Sherri Duskey Rinker. Barcelona, Blok, 2014; 32 pp.; trad. de Roser Ruiz; ISBN: 978-84-15579-66-3. [Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 14 de febrero de 2016

He puesto datos de nuevas ediciones de dos álbumes: ¿Dónde está Spot? y Gente; de una nueva edición de Papá piernas largas; y de la edición en castellano de El gran libro de los miedos del ratoncito.

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sábado, 13 de febrero de 2016

Los grandes libros para los más pequeños es una versión en castellano de un libro firmado por la autora francesa Joëlle Turin en el que se comentan una serie de álbumes ilustrados que tratan «características profundas e universales de la primera infancia (los juegos, los miedos, las grandes preguntas, las relaciones con los demás, el mundo de las emociones y los sentimientos, la imaginación)».

Pero, para poner una versión del libro a disposición del público iberoamericano, los editores, con la colaboración de varios especialistas de distintos países, rehicieron el libro incluyendo sólo unos cien álbumes conocidos o asequibles en los países iberoamericanos a los que se destina principalmente esta edición. En cinco capítulos (titulados «¡Vamos a jugar!», «Espíritu de inventiva», «Niño y filósofo», «Todos juntos», «¡Cuántas emociones!»), se presentan reflexiones hiladas, a partir de las historias y las imágenes de los álbumes que se citan, acerca de distintos aspectos del crecimiento interior de los niños.

Joëlle Turin. Los grandes libros para los más pequeños (Grands Livre pour les tout petits). México: Fondo de Cultura Económica, 2014; 256 pp.; col. Espacios para la lectura; trad. de Rafael Segovia Albán; ISBN: 978-6071624086. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 12 de febrero de 2016

Una novela que me recomendaron y que yo no recomendaría jamás: House of Cards, un libro inspirado en la vida política inglesa escrito por Michael Dobbs, que fue jefe de gabinete de Margaret Thatcher varias legislaturas. Se divide en tres partes: Barajar, Cortar, Repartir. Trata de las maniobras de un político inglés entre bastidores para llegar a ser Primer Ministro. Quien recuerde la vida política inglesa posterior a Thatcher puede pensar en que algunos personajes se parecen a personas concretas de aquel tiempo.

Novela de las que te pueden hacer peor persona debido al cinismo inclemente que respiran las actuaciones del protagonista y de casi todos sus colegas. Leerla, como yo lo he hecho, casi en paralelo con esta biografía de Lenin, es revelador. En la reseña que puse a ese libro hay una cita semejante a esta: «Mi viejo ayudante (…) me dijo lo siguiente: “Si tienes que infligir dolor, asegúrate de que sea insoportable y abrumador, que quien lo sufra sepa que siempre le harás más daño del que él te pueda hacer a ti”. El ayudante hablaba de perros salvajes, por supuesto. Pero ha resultado también una buena lección en política».

Aquí está una reseña.

Una explicación de mi desagrado está en Libros como amigos: «Las experiencias de lectura en las que nos hacemos acompañar por un autor implícito con mal carácter, que forma deseos y proyectos sádicos, brutales, injustos o meramente displicentes y sensibleros, son particularmente negativas»...

A quien desee tener una visión crítica y certera, pero al mismo tiempo amable, de las interioridades de la política británica, vale la pena buscar la serie de la BBC, y los libros correspondientes, de Jonathan Lynn y Anthony Jay, de los que hablo brevemente en Políticos hocicones

Michael Dobbs. House of Cards (1989). Barcelona: Alba, 447 pp.; col. Contemporánea; trad. de Patricia Antón; ISBN: 978-84-9065-046-2. [
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jueves, 11 de febrero de 2016

El juego de Christopher, de R. J. Palacio, es una nueva secuela de La lección de August. Si en la primera, La historia de Julian, se contaba el mismo relato pero desde la perspectiva del acosador de August, o Auggie, aquí el narrador es Christopher, el mejor amigo de Auggie cuando ambos eran pequeños, en los años previos a que Auggie fuera al colegio, que es el comienzo de La lección de August.

El narrador habla de la amistad entre sus padres y los padres de Auggie; va poniendo de manifiesto los problemas que ve, a su alrededor, para que los demás acepten la singularidad de Auggie, y señala momentos en los que también él siente vergüenza. Todo conduce a un punto crítico, en el que Christopher tiene problemas: en clase de matemáticas; con sus compañeros de un grupo musical; y, otros, debidos a que su madre tiene un accidente cuando además, hace poco, sus padres han decidido vivir separados.

Es un relato que conviene leer después de los previos. Tiene iguales rasgos que ellos: redacción cuidada, personajes cercanos, conflictos personales bien planteados; propósitos educativos o, si se quiere, intenciones de hacer salir de sí mismos a los lectores, hacerles más comprensivos y bondadosos, ayudarles a ser mejores amigos de sus amigos...

R. J. Palacio El juego de Christopher (Pluto. A Wonder Story, 2015). Barcelona: Nube de tinta, 2015; 123 pp.; trad. de Diego de los Santos; ISBN: 978-84-15594-82-6 [
Vista del libro en amazon.es]. Este libro está contenido, junto con los otros dos relatos que complementan la historia de Auggie, en Auggie y yo. Tres cuentos de la lección de August, Barcelona: Random House, 2016; 448 pp.; col. Vintage; ISBN: 978-1101972229. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 10 de febrero de 2016

¿Verdad o mentira?, igual que otros libros de Jimmy Liao, no tiene casi argumento y presenta escenas consecutivas, gráficamente tan sugerentes y bien compuestas como siempre, que acompañan textos de distinto tipo, unos amables, otros bromistas, otros más o menos poéticos… Sin embargo, a diferencia de otros libros, hay muchas frases paradójicas que aparecen en distintos momentos del libro —a veces una que va con una ilustración, a veces varias en una sola página—, que provocan una enorme sensación de libro espeso que merecería ser repensado. Esto no es porque se pueda confundir el lector que, a fin de cuentas, se dará cuenta del juego que propone el autor, sino porque deja la impresión de que debería haber mayor orden y jerarquía en lo que se dice.

Así, podemos encontrarnos páginas con frases como: «La hipocresía es verdad. La sinceridad, mentira»; «La rivalidad es verdad. La solidaridad, mentira»; «El caos es verdad. El orden, mentira», etc. Sin embargo, en otros momentos, las frases responden a lo que sabemos (o a lo que algunos pensamos): «Que los cocodrilos son terribles es verdad. Que son una monada es mentira»; «Que los visones llevan pieles de visón es verdad. Que los cocodrilos lleven bolsos de cocodrilo es mentira»... Pero luego hay un tema en el que no hay bromas: «La destrucción del medio ambiente es verdad. Los ideales románticos son mentira»; «Que los icebergs se derriten es verdad. El calentamiento global, también»...

Jimmy Liao. ¿Verdad o mentira? (Lie to Me?, 2013). Granada: Barbara Fiore, 2015; 115 pp.; trad. de Jordi Ainaud i Escudero; ISBN: 978-84-15208-74-7. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 9 de febrero de 2016

Después de los álbumes mencionados ayer, otro al que se le pueden aplicar parecidas consideraciones es Ojos, de la polaca Iwona Chmielewska.

En este caso se repite varias veces el mismo esquema: una doble página con una frase en la izquierda y dos ojos con troquelados en la página derecha, y, en la siguiente doble página, un dibujo en la izquierda que se refiere a lo dicho atrás, y otro en la derecha en la que vemos el origen de los ojos. Así, en la primera doble página se dice «¡Qué regalo tan precioso son los ojos!»; en la página izquierda siguiente se ve un paquete de regalo  con un lazo y, en la derecha, dos flores, cuyos centros son los ojos. En la tercera doble página se dice «Los ojos nos guían cada día» y en la cuarta vemos unas llaves en la página izquierda y unas puertas cuyas mirillas eran los ojos que habíamos visto.

Es un libro bonito, compuesto con talento, con un empleo de los troquelados, y de los dibujos que los acompañan, que a veces son un acierto pleno y a veces parecen algo forzados. En cualquier caso, muy buen álbum.

Iwona Chmielewska. Ojos (2012). Sant Feliu de Guixols (Girona): Tramuntana, 2015; 77 pp.; trad. de Gisela Lara González; ISBN: 978-84-942842-4-3. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 8 de febrero de 2016

¿Dos ojos?, de Lucie Félix, es un álbum de los que ayudan a mirar alrededor con más atención, en el que su autora demuestra un gran talento para la creación de sucesivas escenas mediante troquelados en las páginas. Hay tramos, como los del comienzo, en los que el protagonismo lo tiene la misma narradora y autora.

Así, en la primera doble página se dice, en la izquierda, «He dibujado ocho formas azules» y se ven esas formas; y en la derecha, se dice «he agujereado la hoja de papel…», y se ven los agujeros; luego, en la segunda doble página, en la página izquierda se ve el efecto de los recortes al montar sobre las formas azules, y en la derecha se dice «y se ha puesto a llover».

Sin embargo, los mejores momentos son aquellos en los que la narradora desaparece y tanto dibujos como recortes tienen una función narrativa y se ponen al servicio de la historia que se termina contando. Así, en una doble página del interior se dice: «Entonces me han mirado dos ojos. ¿Dos ojos?»; en la siguiente afirma: «¡Eran los huevos de una rana!»; y en la siguiente: «Han empezado a moverse». Y aparece una lechuza que amenaza a la rana…

Otro álbum parecido de la autora, Después, cuenta también una historia vistosa —una niña, su jardín, unas manzanas, unos petirrojos, una tormenta, una casita para los petirrojos…—, en la que hila muy bien los troquelados para introducir nuevos elementos y hacer aparecer formas inesperadas.

Lucie Félix. ¿Dos ojos? (2 Yeux?, 2012). Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2014; 47 pp.; col. Aprender y descubrir; trad. de Palmira Freixas; ISBN: 978-84-941619-6-4. [Vsita del libro en amazon.es]
Lucie Félix. Después (Après l`été, 2013). Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2015; 52 pp.; col. Aprender y descubrir; trad. de Palmira Feixas; ISBN: 978-84-943284-6-6. [
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domingo, 7 de febrero de 2016

Uno de los aforismos reunidos en Palomas y serpientes, de Enrique García-Máiquez, el único con la palabra sonrisa, es un consejo:

—Consejo de Jean Cocteau: «No incurrir en pleonasmos, no hacer poesía poética». Por el mismo motivo: no hablar jamás de nada serio sin una sonrisa.

Un consejo que el autor sigue, como se puede ver estos ejemplos de aforismos de tipo personal, político, social, paradójico:

—Me caigo bien, lo reconozco.
(Espero levantarme.)

—Sin principios se empieza mal.

—Se buscaba la gloria; luego, la fama; luego, el éxito; ahora, los «Me gusta» y los retuits; y todavía hay quien habla de progreso.

—«Hablar» empieza con hache muda.

Otro aforismo es una resolución:

—Propósito: escribir cada día mejor, o sea, que se note menos.

Así que aquí van algunos más, de tipo literario, en los que se ve cómo lo cumple:

—El primer verso te lo dan los dioses, y el último hay que devolvérselo. Con intereses.

—La literatura es usar más palabras de las necesarias y que resulten imprescindibles.

Diferencia
El poeta dice lo que no sabe y el narrador sabe lo que no dice.

Y de propina, dos más:

Cuento de hadas
El niño, siempre que pisa un charco, pasa a través del espejo.

—El gran problema de la sociedad es la educación, sí, pero el gran problema de la educación es la sociedad.

Aquí está una muy buena reseña. Y aquí, otra.

Enrique García-Máiquez. Palomas y serpientes (2015). Granada: Comares, 2015; 86 pp.; col. La Veleta; ISBN: 978-84-9045-357-5. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 6 de febrero de 2016

Cuenta Saul Steinberg en Reflejos y sombras que hizo dibujos del natural por primera vez durante un viaje de estudios a Ferrara y Roma: 

«Durante aquel viaje entendí lo difícil que es hacer un dibujo del natural, lo importante que es entender la naturaleza, la verdad de la realidad. (…) No se dibuja bien si se miente. Y al revés: si en un dibujo del natural se ha dicho la verdad, el dibujo se convierte automáticamente en un buen dibujo. Otra dificultad del dibujo al natural es que nos obliga a encontrar respuestas a preguntas que nunca nos habíamos planteado. Lo que se logra trabajando en el estudio es a menudo una respuesta a preguntas que ya se conocen». Más adelante sigue: «Lo que intento hacer es decir con la pintura algo más de lo que el ojo ve. (…) Soy más un director de orquesta (…) que un pintor que hace pintura. El mío es un trabajo que dice algo sobre otra cosa; y si es pintura, dice algo sobre la pintura, no sobre el hecho de que esto sea lo que es».

Parte de su estilo lo explica del siguiente modo: «Aprendí trabajando, y conseguí salir de ciertos callejones sin salida, de ciertas vulgaridades del dibujo humorístico y de ciertas banalidades del arte comercial, conservando siempre un poco de este elemento de mediocridad, casi diría que de vulgaridad, que no quiero abandonar porque lo considero algo necesario; como alguien que cambia de clase social y no quiere separarse de la mujer ni de los amigos de los viejos tiempos».

En otro momento se define a sí mismo diciendo: «Soy lo contrario de un expresionista. Y también, si se quiere, de un impresionista». Sin embargo, como cualquier expresionista o impresionista diría, explica que «se entiende a través de una emoción. Fue una gran felicidad cuando por primera vez entendí que había entendido. Difícil explicarlo mejor: entender que se ha entendido, entender que algo es posible y que, aunque hoy se haya perdido, no se ha perdido para siempre».

Saúl Steinberg y Aldo Buzzi. Reflejos y sombras (Riflexi e ombre, 2001). Valencia: Media Vaca, 2012; 141 pp.; col. Grandes y pequeños; trad. de María José Gil Mendoza ; ISBN: 978-84-938692-1-2. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 5 de febrero de 2016

Poco que añadir a esta buena reseña de El collar rojo, una novela corta y medida de Jean-Christopher Rufin.

La acción se desarrolla en verano de 1919 y tiene tres personajes principales: un héroe de guerra al que se acusa de una acción deshonrosa, un juez que desea averiguar los motivos y evitarle un castigo excesivo, y un perro que no deja de ladrar en las afueras de la prisión.

Es un relato que interesa por la precisión con la que está construido, porque su trama tiene tensión, y porque tienen consistencia las observaciones que se terminan haciendo sobre la fidelidad y sobre un rasgo propiamente humano del que los animales carecen por completo: el orgullo.

Jean-Christophe Rufin. El collar rojo (Le collier rouge, 2014). Barcelona: Ediciones B, 2015; 158 pp.; trad. de Rosa Alapont; ISBN: 978-84-666-5651-1. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 4 de febrero de 2016

Me llamo Bud, no Buddy, de Christopher Paul Curtis, es un premiado libro norteamericano de hace algún tiempo. Su acción comienza en Flint, Michigan, el año 1936. Bud, un chico huérfano de diez años, es el protagonista y narrador. Cuenta los problemas que tuvo en un hogar de acogida y su fuga posterior del orfanato. Dentro de su ordenadita maleta con todos sus objetos, conserva una fotografía de una orquesta de jazz que tenía su madre, y piensa que su padre es el conocido Herman E. Calloway, el jefe de la orquesta. Va en su busca y consigue llegar junto a él con ayuda, sobre todo, de un hombre muy amable que le recoge en su coche cuando le ve andando, de madrugada y solo, por la carretera.

La narración tiene interés porque refleja un poco algunos ambientes de los años de la gran Depresión. Gusta también porque, a pesar de la dureza de los ambientes en los que se mueve, Bud siempre acaba encontrando personas que le ayudan. Pero atrae principalmente por la forma de narrar de Bud, que tiene un humor inconsciente cautivador. Siempre se presenta a sí mismo como «Bud, no buddy», porque su madre siempre le había dicho que no debía dejar que nadie le llamara Buddy que es nombre de perro. Tiene algunas reglas interpretativas para descifrar lo que dicen los adultos que, a veces, son certeras como, por ejemplo, la de que «no sé por qué los mayores no pueden decir que alguien se ha muerto; se creen que es más fácil decir “se ha ido”». Otras veces, sin embargo, su interpretación es inadvertidamente cómica, como cuando habla de su incredulidad «cuando la gente dice que los armarios son el único modo en que un fantasma o un monstruo puede entrar en tu cuarto. Apuesto que tienen formas de salir de debajo de la cama o, si desean agarrarte de verdad, apuesto a que pueden salir incluso de un cajón que tú crees que está cerrado y atrancado».

Christopher Paul Curtis. Me llamo Bud, no Buddy (Bud, not Buddy, 1999). León: Everest, 2002; 247 pp.; col. Punto de encuentro; trad. de Alberto Jiménez Rioja; ISBN: 84-241-8638-9. [
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miércoles, 3 de febrero de 2016

Uno de los autores citados en 100 joyas de la literatura infantil ilustrada cuya contribución a la LIJ no conocía es Ben Shahn, a quien menciona también en sus memorias su amigo Leo Lionni. Además, encontré en una biblioteca local un interesante libro ilustrado por él titulado The Alphabet of Creation, que reproduce una vieja leyenda recogida en el Zohar, un libro de la cábala judía que se atribuye a Moisés de León pero que este dice que procede de Shimon bar Yojai.

El relato cuenta cómo las letras del alfabeto hebreo fueron a ver a Dios, en orden inverso, para reclamarle o pedirle que se sirviera de ellas para la creación del mundo. A todas Dios les hace ver por qué no es posible. Hasta que, finalmente, la letra Alef pensó no presentarse, dado que todas las demás lo habían hecho inútilmente y porque, como Dios había usado ya la letra Bet (Beresit = al principio; Bara = creó; Baruk = Bendito) no le parecía bien reclamar lo que ya había concedido a otro. Cuando explicó eso a Dios, este le respondió que sería la primera de todas las letras y que sería la base de todos los cálculos y los actos del mundo.

En cada paso del relato se ven la letra correspondiente, caligrafiada en grande, y una ilustración alusiva a lo que se narra. Según parece, un abuelo de Shahn fue un escriba fascinado por la caligrafía y por la Cábala, a la que pertenece El Zohar. Una versión castellana del relato en el que se basa el libro de Shahn, que se titula La letra creadora, está en la página 49 de El libro del esplendor (siglo XII) (Barcelona: Obelisco, 1996; 244 pp.; trad. de Carles Giol; ISBN: 84-7720-463-2).

Ben Shahn. The Alphabet of creation: an ancient legend from the Zohar. New York: Schocken, 1965; 48 pp. Nueva edición en 1988, ISBN: 978-0805240573. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 2 de febrero de 2016

En Caldecott & Co. Notes on books & pictures, Maurice Sendak elogia mucho Hombre Luna, un album de Tomi Ungerer. Su protagonista, Hombre Luna, ve a la gente bailar en la Tierra y decide unirse a la diversión. Logra bajar a la Tierra pero, como arma un poco de jaleo, es encarcelado. De todos modos logra escapar, disfrutar un poco, y encontrar a un científico dispuesto a meterlo en un cohete y devolverlo a la Luna.

Relato como de aventuras, con un héroe rechoncho, en el que destacan el equilibrio y la claridad compositiva de las ilustraciones. Ungerer hace fácil la lectura para sus lectores naturales: abundan los detalles cómicos y coloca las palabras del relato en blanco sobre negro, o sobre un azul oscuro, o en negro sobre blanco.

En su comentario, Sendak habla cómo Ungerer entiende las demandas técnicas propias del género: sabe condensar las ideas y dejar fuera todo lo superfluo, sabe que «un álbum logrado es un poema visual». Apunta las dotes de Ungerer para la caricatura, señala el escape de la prisión de Hombre Luna como el momento cumbre de la historia, apunta el parecido del científico con el Dr. Strangelove. (Y precisamente guiños como este son los que hacen que algunos álbumes atraigan tanto a lectores adultos y no tanto a los lectores niños).

Tomi Ungerer. Hombre Luna (Moon Man, 1966). Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2012; 40 pp.; trad. de Elena del Amo; ISBN: 978-84-940336. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 1 de febrero de 2016

En bienvenidosalafiesta: notas de enero. He puesto notas de algunos libros del año pasado que no me dio tiempo a incluir en las selecciones últimas y que son excelentes, como los álbumes La memoria del elefante, Moletown, y los libros de Tania Val de Lumbre y La luz que no puedes ver.

En medium, sólo estas cuatro notas.

En Primer cuaderno: notas de enero. Atención al blog que ha comenzado con una reseña de Miguel el travieso.

En Segundo cuaderno: notas de enero. Los Aforismos con sentido común es la nota más vista, con diferencia.

He puesto en amazon, por fin, los libros que anuncié: Una espléndida sinceridad y Funciones y tipos.

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lunes, 1 de febrero de 2016

Abro voz en el diccionario a Alejandro Magallanes, Ken Kimura y Yasunari Murakami.

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