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Notas de marzo de 2006 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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viernes, 31 de marzo de 2006


Chesterton: «De todos los rasgos de la modernidad que parecen señalar una especie de decadencia, no hay ninguno más amenazador y peligroso que la exaltación de los asuntos más nimios y secundarios frente a los verdaderamente grandes y primordiales. Si hay algo peor que el debilitamiento moderno de los grandes principios morales es el reforzamiento de los pequeños principios morales».

G. K. Chesterton. «Quedarse en la cama», en Correr tras el propio sombrero (On Lying in Bed and Other Essays). Barcelona: El Acantilado, 2005; 628 pp.; selección y prólogo de Alberto Manguel; trad. de Miguel Temprano García; ISBN: 84-96489-27-2. El artículo original está en Enormes minucias.

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jueves, 30 de marzo de 2006

La fascinación de las novelas de Jane Austen y de George Eliot está en con qué perspicacia e inteligencia nos presentan, desde dentro, los entresijos de unas maneras de ver y juzgar el mundo con unas perspectivas característicamente femeninas. De la primera decidí no seleccionar ninguna obra para Bienvenidos a la Fiesta, aunque tentado estuve, y estoy, de incluir Orgullo y prejuicio. De Eliot sí elegí El molino sobre el Floss, por ser un relato sobre la infancia de dos hermanos, pero sin duda es más poderosa Middlemarch, un prodigio de novela. Cientos de libros después sigo viendo esas novelas a siglos-luz de distancia del noventa y nueve por cien de las novelitas de asuntos femeninos de ahora. Y me alegra comprobar que las chicas listas que conozco también.

Actualización: incluyo a Jane Austen el 18.XII.2008.

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miércoles, 29 de marzo de 2006

Uno de los autores de fantasía que hoy tiene más prestigio es Philip Pullman. Poco tiempo después de las novelas de Harry Potter, publicó su trilogía de teología-ficción La materia oscura, serie muy elogiada con unas tesis claramente anticristianas. Pero Pullman es un buen escritor cuando no se deja llevar por su animadversión hacia C. S. Lewis o por sus afanes propagandistas, como se puede ver en sus obras para primeros lectores Lila y el secreto de los fuegos y ¡Yo era una rata!

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martes, 28 de marzo de 2006

Dice Michael Ende que la literatura y la mentira están hechas de la misma sustancia, la ficción, que puede ser «una medicina o un veneno, dependiendo de las manos en las que caiga», que puede darnos la vista o volvernos ciegos.

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lunes, 27 de marzo de 2006

Una de las ilustradoras históricamente más importantes es Kate Greenaway. Que yo sepa, sin embargo, nunca se ha editado en castellano su versión ilustrada del poema de Robert Browning El Flautista de Hamelín. A ver si alguna editorial se anima (bilingüe, please).

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domingo, 26 de marzo de 2006

Me asombra el caso que se les hace a muchos deportistas. Con frecuencia me viene a la cabeza lo que cuenta Nick Hornby de que hay tipos para los que correr por un campo de fútbol con el uniforme de jugador es la mejor manera de impedir que los expulsen del estadio.

Nick Hornby. Fiebre en las gradas.

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sábado, 25 de marzo de 2006

«En los EE.UU., en los últimos cuarenta años, ninguno de los programas dirigidos a resolver un problema social mediante la acción del gobierno ha producido resultados significativos. Pero los organismos no lucrativos independientes (y en especial los que están en manos católicas, dice también Peter F. Drucker) han conseguido resultados impresionantes».

Peter F. Drucker. En «A la ciudadanía por el sector social», La sociedad poscapitalista.

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viernes, 24 de marzo de 2006

Una novela norteamericana más de conflictos juveniles, de las que siguen el camino abierto por Huck Finn y por Holden Caulfield, es Vida de este chico, de Tobías Wolff.

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jueves, 23 de marzo de 2006

«Dickens (como Shakespeare), percibió y expresó «que hay idiotas sin remedio que con mucha frecuencia tienen un verdadero don y entusiasmo por las letras. El señor Micawber (personaje de David Copperfield) amaba la elocuencia y la poesía con toda su alma inmortal: las palabras y las imágenes visionarias le mantenían con vida, a falta de comida y de dinero, como podrían haber mantenido a un santo ayunando en el desierto. Dick Swiveller (de Almacén de antigüedades) no citaba de manera inimitable a Moore y a Byron sólo por el gusto de hacer frívolas digresiones, sino porque amaba una gran escuela poética. El sincero amor por los libros no tiene más que ver con la inteligencia o la estupidez que cualquier otro amor sincero. Es una cualidad del carácter, una frescura, una capacidad de experimentar placer, de sentir fe. Un estúpido puede disfrutar leyendo obras maestras exactamente igual que un estúpido puede disfrutar recogiendo florecillas».

G. K. Chesterton. «Sueño de una noche de verano», Correr tras el propio sombrero (On Lying in Bed and Other Essays). Barcelona: El Acantilado, 2005; 628 pp.; selección y prólogo de Alberto Manguel; trad. de Miguel Temprano García; ISBN: 84-96489-27-2. El artículo original está en El hombre común y otros ensayos sobre la modernidad.

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miércoles, 22 de marzo de 2006


Me han interesado muchas cosas del libro Little Nemo 1905-2005 – Un siglo de sueños, sobre Winsor Mckay y su personaje. Pero es una pena que la maquetación no sea mejor, y más aún teniendo en cuenta qué clase de libro es, y que no incluya más historietas completas del personaje, pues de eso se trata. Además, le sobran algunos sesudos comentarios intelectuosos, como el que habla de «la cama como lugar privilegiado de la actividad onírica»... En fin, lo que al final importa son las tiras del Pequeño Nemo, un prodigio de imaginación y de calidad gráfica.

Little Nemo 1905-2005. Un siglo de sueños (2005). Volumen colectivo coordinado por Bênoit Peeters. Madrid: Sinsentido, 2005; 104 pp.; trad. de Lorenzo F. Díaz y Julio Reija; ISBN: 84-95634-72-4.
 

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martes, 21 de marzo de 2006

Existe una clase de literatura o, mejor, una clase de libros que podríamos llamar nutritivos. Y, como con los alimentos, no sólo nos nutre lo que nos gusta, sino que, más aún, lo que nos gusta mucho puede no ser lo que más nos alimenta e incluso puede ser lo que más daño nos hace. Esto también se aplica en el caso de los libros para niños: no es necesario que todos sean geniales, pero sí es importante que todos sean sanos.

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lunes, 20 de marzo de 2006

Entre los ilustradores que apuestan por entregar a los más pequeños unos álbumes pictóricos, poderosos y serenos a la vez, se puede mencionar a Georg Hallensleben. No hace mucho se ha publicado La gran casa azul, un álbum de vida cotidiana sin la pegada de otros anteriores suyos, como Cierra los ojos o las historias de Gaspar en Venecia y Lola en Nueva York, pero que también es valioso.

Georg Hallensleben. La gran casa azul (The Great Blue House, 2005). Texto de Kate Banks. Barcelona: Juventud, 2005; 35 pp.; trad. de Christiane Reyes; ISBN: 84-261-3484-X.

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domingo, 19 de marzo de 2006

El grito ¡sálvese a los niños!, dice Chesterton, es «una especie de expediente desesperado para tiempos de pánico», algo propio de los naufragios cuando se considera necesario separar a los niños de los padres. Ahora bien, «este grito de “sálvese a los niños” contiene en sí la odiosa implicación de que es imposible salvar a los padres» o, dicho de otro modo, que muchos millones de personas han de ser ignoradas y dadas por perdidas.

El planteamiento mejor quizá sea otro: el de que «a menos que se salve a los padres no se puede salvar a los hijos», que no se puede enseñar civismo a los niños si los padres no son ciudadanos, que nadie les podrá transmitir aquello que les salvará si los padres no lo saben primero.

Además, «es vano salvar a los niños porque no pueden permanecer siendo niños. Por hipótesis estamos enseñándoles a ser hombres, y ¿cómo puede ser tan simple enseñar una virilidad ideal a otros si resulta tan vano y desesperado encontrarla para nosotros?»

G. K. Chesterton. En «Un grito perverso», Lo que está mal en el mundo (What´s Wrong with the World, 1910). De la p. 677 a p. 871, en Obras completas, tomo I; Barcelona: Plaza & Janés, 1967; 1676 pp.; trad. de Mario Amadeo.

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sábado, 18 de marzo de 2006

Peter Drucker: «El prototipo de la organización moderna es la orquesta sinfónica. (...) La orquesta funciona porque sus doscientos cincuenta músicos tienen la misma partitura, todos subordinan su especialidad a la tarea común y todos tocan sólo una pieza de música en un momento dado».

Peter F. Drucker. «La sociedad de las organizaciones», en La sociedad poscapitalista.

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viernes, 17 de marzo de 2006

No es necesario insistir en que J. D. Salinger es un autor clave. En la reseña sobre El guardián entre el centeno hago notar una conexión entre un texto clave de Chesterton en Ortodoxia, con el contenido central de aquella novela y con el de la ya citada El señor de las moscas, de William Golding.

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jueves, 16 de marzo de 2006

En un libro citado días atrás encontré un elogio que, al proceder de alguien que no habla a la ligera, para mí redimensionó a Janusz Korczak, el autor de un interesante, aunque no fácil, libro infantil: El Rey Matías I. El comentario es éste: «Figuras tan grandes como las de Janusz Korczak y la madre Teresa han demostrado en estos tiempos nuestros cómo se puede realizar el verdadero ser de la paternidad o la maternidad aun sin serlo biológicamente».

Joseph Ratzinger. El Dios de los cristianos.

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miércoles, 15 de marzo de 2006

Saturados como estamos de muchas ficciones ambientadas en la Edad Media que no respetan, siquiera mínimamente, la realidad histórica de aquella época, puede ser saludable recordar La espada y la rosa, una novela juvenil que hace unos años firmó Antonio Martínez Menchén.

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martes, 14 de marzo de 2006

Ian McEwan
,
uno de los mejores novelistas actuales, como conocen quienes han leído Expiación y la reciente Sábado, tiene un libro infantil, de gran calidad, titulado En las nubes. En él queda claro que McEwan también sabe meterse dentro del mundo imaginativo de un chaval.

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lunes, 13 de marzo de 2006

Se ha publicado hace poco en castellano La jardinera, de David Small y Sarah Stewart, un álbum gráficamente magnífico que cuenta muy bien una historia encantadora. Esta vez sí que algunos lectores, como yo mismo, lamentarán que la editorial haya optado por un formato mediano y no por un formato grande, con el que las ilustraciones resaltarían mucho más, como merecen.

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domingo, 12 de marzo de 2006

Henri J. M. Nouwen,
sacerdote y profesor en universidades norteamericanas, se trasladó en los últimos años de su vida a El Arca, Daybreak, Toronto, una institución que cuida enfermos mentales. Su libro titulado El regreso del hijo pródigo - Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt tuvo y sigue teniendo una extraordinaria difusión, que revela que su autor ha sabido tocar las fibras más profundas de muchas personas. Las consideraciones del autor sobre la parábola original y sobre el cuadro de Rembrandt se entrecruzan con reflexiones sobre su propia vida y sobre la vida del pintor. Este juego de espejos resulta muy luminoso: el autor se reconoce a sí mismo e induce al lector a verse también como un hijo pródigo, que siempre necesita aprender a volver; y como un hijo mayor resentido, cuyo extravío puede ser «tan difícil de reconocer precisamente porque está estrechamente ligado al deseo de ser bueno y virtuoso». Pero, sobre todo, el desarrollo que realiza el autor clarifica la imagen de Dios como Padre y el carácter incondicional de su perdón, que procede de una misericordia que no hace comparaciones y que «surge de un corazón que no reclama nada para sí, de un corazón que está completamente vacío de egoísmo». La verdadera madurez espiritual, propone el autor, consiste precisamente en ese comportamiento paterno cuya autoridad nada tiene que ver con el poder, la influencia o el control.

Henri J. M. Nouwen. El regreso del hijo pródigo - Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt (The Return of the Prodigal Son, 1992). Madrid: PPC, 1998, 27ª ed., la primera ed. en 1994; 157 pp.; col. Sauce; trad. de Isabel García de Alzuru; ISBN: 84-288-1151-2.

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sábado, 11 de marzo de 2006

Chesterton: «La controversia auténtica, nítidamente expresada y delineada ante un auditorio común, se ha vuelto muy rara en nuestra época, porque el polemista sincero es, ante todo, un buen escucha. El entusiasmo realmente candente jamás interrumpe; oye las razones del adversario tan ansiosamente como un espía que prestara atención a los proyectos del enemigo».

G. K. Chesterton. «El nuevo hipócrita» en Lo que está mal en el mundo (What´s Wrong with the World, 1910). De la p. 677 a p. 871, en Obras completas, tomo I; Barcelona: Plaza & Janés, 1967; 1676 pp.; trad. de Mario Amadeo.

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viernes, 10 de marzo de 2006

Se cuenta, en una antigua leyenda judía, que «el profeta Jeremías y su hijo consiguieron hacer un día un hombre vivo mediante una correcta combinación de vocablos y letras. El hombre formado por el hombre, el gólem, llevaba escritas en la frente las letras con las que se había descifrado el secreto de la creación: “Yahvé es la verdad”. El gólem se arrancó una de aquellas letras que en hebreo componen esa frase, y entonces la inscripción pasó a decir: “Dios está muerto”. Horrorizados, el profeta y su hijo preguntaron al gólem por qué razón había hecho eso, a lo que el nuevo hombre respondió: “Si vosotros podéis hacer al hombre, Dios está muerto. Mi vida es la muerte de Dios. Si el hombre tiene todo el poder, Dios no tiene ninguno”». Y, continúa el autor, páginas adelante, «si Dios no tiene poder alguno sobre el mundo, sino que lo tenemos nosotros, ¿queda algo más que desesperación detrás de todas las grandes frases?»

Joseph Ratzinger. El Dios de los cristianos. Meditaciones (Der Gott Jesu Christi. Betrachtungen über die dreieningen Gott, 1976). Salamanca: Sígueme, 2005; pp.; col. Verdad e imagen Minor; trad. de Luis Huerga; ISBN: 84-301-1572-2.

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jueves, 9 de marzo de 2006

Uno de los autores que, incluso en sus obras menos conseguidas, siempre vale la pena es Charles Dickens. Aquí se puede recordar el principio de Tiempos Difíciles, cuando un funcionario público, una especie de inspector, advierte al director de un colegio: «Tenéis que suprimir por completo la palabra imaginación. La imaginación no sirve para nada en la vida. En los objetos de uso o adorno, rechazaréis lo que está en oposición con lo real. En la vida real no camináis pisando flores; pues tampoco caminaréis sobre flores en las alfombras». Y sí, esa clase de gente, «economistas utilitarios, maestros de escuela en esqueleto, comisarios de realidades, elegantes y agotados incrédulos, charlatanes de tantos credos pequeñitos y manoseados», siguen existiendo ahora.

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miércoles, 8 de marzo de 2006

Algunos relatos de fantasía (y de autoayuda) de hoy tienen una deuda clara con el popularísimo relato de los sesenta y setenta titulado Juan Salvador Gaviota, de Richard BACH, todo un prototipo de las historias que, al tiempo que realizan sugerentes invocaciones —a la libertad, al amor, a la felicidad, etc.—, dejan de lado otros aspectos básicos de las mismas realidades —la responsabilidad, la fidelidad, el esfuerzo, etc.—. Aunque contenía propuestas vitales de interés, además de sus planteamientos incompletos, era un relato caracterizado por contener una buena porrada de lemas vacíos que animan mucho pero no dicen nada, de juegos de ingenio verbal que condensan los juicios en forma de sentencias enigmáticas que dejan a la mente dando vueltas durante un rato. Por cierto, recuerdo que cuando vi a Forrest Gump correr y hacer correr a otros detrás suyo sin que ni él ni ellos supieran a dónde iban, me vino a la mente esta historia.

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martes, 7 de marzo de 2006


No conozco ninguna selección en castellano de las tiras cómicas de Walt KELLY. Y, sin embargo, su personaje POGO es toda una referencia de la que beben otros dibujantes posteriores, y el fue quien nos descubrió al enemigo. 
 

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lunes, 6 de marzo de 2006

Otro álbum con valor histórico (y que además puede interesar a los productores de naranjas), recientemente publicado, es El huevo del sol, de Elsa Beskow. De nuevo es una historia de seres pequeños que viven en los bosques: un hada, un duende, diversos animales.

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domingo, 5 de marzo de 2006

Simon Schama,
un profesor inglés afincado en los EE.UU., volcó en su libro Los ojos de Rembrandt un trabajo de décadas. Su obra va más allá de cualquier biografía convencional y de cualquier reconstrucción histórica de toda una época, en este caso la Holanda del siglo XVII. Al margen de las observaciones que los muy expertos puedan hacer a sus comentarios históricos y artísticos, es difícil sustraerse a la impresión de que pocas veces se han conjugado tan bien rigor académico y amenidad, precisión técnica y atención al lector común.

Después de doscientas páginas dedicadas a Rubens, «el parangón», a su vez una gran biografía y análisis de la obra del «príncipe de los pintores y pintor de los príncipes», Schama enfoca su objetivo hacia Rembrandt y cuenta su vida deteniéndose con minuciosidad en el análisis de sus cuadros y sus numerosos autorretratos. De su primera etapa obsesionado con Rubens en la que alcanza fama y riqueza, dos partes tituladas «el prodigio» y «el pródigo», a su caída en la desgracia y la pobreza debido en parte a que antepone su propio concepto del arte a las consideraciones comerciales, una parte llamada «el profeta».

Como la edición cuenta con reproducciones de los cuadros que se comentan, el lector puede fijarse con calma en los matices de la pintura de Rembrandt: en su capacidad para dar a «conocer la totalidad de un personaje mediante la revelación de un solo instante», para «ofrecer atisbos de posteridad, una consoladora relación entre el instante y la eternidad»; en su característica presentación teatral de luces y sombras; en su evolución hacia «un esencialismo pictórico desprovisto de anécdotas y de toques gratuitos de colorido local»... Y es que Rembrandt concebía cada cuadro como «un momento de verdad».

Simon Schama. Los ojos de Rembrandt (Rembrandt´s Eyes, 1999). Barcelona: Plaza & Janés, 2002; 854 pp.; col. Areté; trad. de Ricardo García Pérez; ISBN: 84-01-34164-7.

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sábado, 4 de marzo de 2006

Chesterton
:
 «Si yo tuviera que escoger entre la plutocracia y la piratería, decididamente preferiría la piratería; porque esta clase de crimen necesitaba alguna clase de virtud. El pirata que se enriquecía en alta mar no podía, al menos, catalogarse entre los cobardes; el pirata actual que se enriquece a costa de los altos precios, puede ser tanto un pirata como cualquier otra cosa indigna de este mundo. Además, el antiguo pirata era continuamente perseguido por la ley, y es evidente que no está en el Parlamento dictando la ley».

G. K. Chesterton. «Sobre la abstinencia total», Charlas (Generally Speaking, 1928). De la p. 1091 a la p. 1283, en Obras completas, Barcelona: Plaza & Janés, 1967; 1676 pp.; trad. de José Luis de Izquierdo.

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viernes, 3 de marzo de 2006

Wayne Booth: «Cuando Gógol creó a Akaky Akakievitch Bashmatchkin, el pobre oficinista de El capote prácticamente anónimo detrás de su nombre “desusado y artificial”, una víctima de la burocracia, del destino y de su propia debilidad, típico de todos los oficinistas tontos y desmañados, ya había llevado a cabo la mayor parte de su tarea retórica. Cuando además atinó con la ocurrencia de usar un abrigo como un signo de las aspiraciones, de la decepción y de la final destrucción de su héroe, de nuevo eligió el “objeto natural” más conveniente para sus propósitos. Cuando contemplamos al empobrecido Bashmatchkin, desesperadamente frío y andrajoso, ahorrando desesperadamente su dinero para comprar un abrigo que cada vez más considera en su mente como un símbolo de seguridad, de situación social y de felicidad, se nos conduce con gran efectividad al robo del abrigo y a la muerte del héroe. Ningún recurso directo a la simpatía o ningún ataque directo a la brutalidad del “sistema” hubieran servido mejor. Uno tiene que pensar solamente en la evidente inferioridad de cualquier otro artículo de vestir para ver cuán apropiada fue la elección de este “objeto natural”».

Wayne C. Booth. La retórica de la ficción.

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jueves, 2 de marzo de 2006

Cuenta Thor Heyerdahl en La expedición de la Kon Tiki, que «ni un cielo tormentoso con baja presión, ni los vientos huracanados habrían sido más amenazadores para nosotros que el peligro de una tormenta psíquica entre seis hombres encerrados juntos durante meses en una balsa a la deriva. En tales circunstancias, un buen chiste podía ser tan valioso como un chaleco salvavidas».

Además, dice Chesterton, «un buen chiste es la única cosa sagrada y definitiva que no puede ser criticada. Nuestras relaciones con un buen chiste son directas y casi divinas. Hablamos de “verle la gracia” a un chiste exactamente igual que hablamos de “ver” a un fantasma o a una visión».

G. K. Chesterton. «Los papeles de Pickwick», Correr tras el propio sombrero (On Lying in Bed and Other Essays). Barcelona: El Acantilado, 2005; 628 pp.; selección y prólogo de Alberto Manguel; trad. de Miguel Temprano García; ISBN: 84-96489-27-2. El artículo original está en Appreciations and Criticisms of the Works of Charles Dickens.

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miércoles, 1 de marzo de 2006

Se acaba de publicar Las aventuras de Tom Bombadil, de J. R. R. Tolkien, un libro de poemas que interesará a los seguidores del autor. Es un libro bien editado, con magníficas ilustraciones de Pauline Baynes, y bilingüe, lo que es de agradecer. Yo hubiera preferido traducciones en prosa más ajustadas al texto y no las versiones versificadas que se ofrecen pero, en cualquier caso, el libro es excelente.

Con ese motivo, hoy cuelgo información sobre Tolkien y hago una observación personal más, en relación a lo comentado en semanas anteriores sobre las novelas de aventuras fantásticas, y dirigida sobre todo a los adictos al género: merece la pena releer con calma unas cuantas veces El Señor de los anillos, que a fin de cuentas es la cumbre con la que se han de medir las demás obras, antes que perder el tiempo en comprobar si un libro no es tan malo como dicen. La coherencia y rigor literario de la obra mayor de Tolkien son un ejemplo sin parangón, entre otras cosas por ser el resultado de toda una vida de trabajo y no el libro que alguien escribe un año que le da por ahí, y por ser la consecuencia de una preparación profesional específica como nadie ha tenido en ese terreno concreto.

J. R. R. Tolkien. Las aventuras de Tom Bombadil (The Adventures of Tom Bombadil and other verses from The Red Book, 1962). Barcelona: Minotauro, 2005; 157 pp.; ilust. de Pauline Baynes; varios traductores; ISBN: 84-450-7194-7.

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