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Notas de marzo de 2016 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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jueves, 31 de marzo de 2016

Los descazadores de especies perdidas es otro feliz relato, en la mejor tradición de las historias inglesas de nonsense, firmado por Diego Arboleda y Raúl Sagospe. Si el título ya indica el tono humorístico, el subtítulo, «Genios e ingenios de los años del vapor», hace pensar enseguida que la historia tendrá ciertos aires steampunk.

La narración tiene varios capítulos desconectados entre sí pero que, más o menos, al final confluirán. Después de un episodio de presentación, empieza en 1920, con la pequeña Minerva Vapour, «última descendiente de una familia de genios». Continúa, en 1916-1918, con el relato de la válvula del señor Bisiesto. Luego, en 1840, se narrará «el sueño de Victoria Vapour», una antepasada de Minerva. El siguiente tramo, entre 1867 y 1877, se ocupa de «la lechuza dorada de Iris Vapour», de la misma saga familiar. Después, entre 1870 y 1920, se presenta «El álbum fotográfico de William Aimer», un lord inglés. En 1920, aparece «Zazia, nieta de Zazel», una mujer bala, nada menos. Y en 1921, ya llegan «Los descazadores de especies perdidas», donde vuelven a escena Minerva, lord Aimer y otros.

Lo que atrae del libro es que todo se narra con ingenio y un buen uso del lenguaje. Es un gran personaje la pequeña Minerva y es un gran episodio el de Val de V, un lugar cuyos habitantes usan nombres que comienzan por «v». Por otro lado, aunque sea un hilo débil, lo cierto es que, como al comienzo de cada capítulo se da la ficha de alguna especie animal perdida, el lector también lee a la espera del momento en el que los hilos de la trama se anuden.

Tiene interés, al menos para mí, pensar en cómo una historia como esta suena bien no sólo cuando, como es el caso, está bien escrita y armada, sino cuando los nombres de los personajes y los escenarios se refieren a mundos como el francés o el inglés: es como si el género lo exigiera, como si, entre nosotros, este fuera un interruptor necesario para suspender la incredulidad.

Diego Arboleda. Los descazadores de especies perdidas (2015). Madrid: Anaya, 2015; 256 pp.; ilust. de Raúl Sagospe; ISBN: 978-84-678-7178-4. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 30 de marzo de 2016

El oso que no estaba, un texto del compositor israelí Oren Lavie, ilustrado por Wolf Erlbruch, tiene todas las cualidades gráficas propias de los álbumes firmados por Erlbruch (y se suma a otros relatos suyos con osos como protagonistas), pero su atractivo está también en que es una singular y divertida narración.

El protagonista es un oso muy positivo y optimista que, cuando se despierta, se ve perdido en el bosque. Entonces decide intentar encontrarse a sí mismo y, a continuación, se pasa el álbum hablando con unos y otros para buscar respuestas a las preguntas que le preocupan: la de quién es él, la de si es un oso amable, la de si es un oso feliz, y la de si es un oso guapo...

El relato es ingenioso al modo autoreferencial posmoderno —habrá quien diga que nos habla de la búsqueda de la propia identidad…—. Lo es también como lo son tantas historias de nonsense —pues aparecen personajes como una Vaca Valerosa, una Lagartija Lánguida, un Pingüino Pintoresco, una Tortuga Taxi, etc.—. Y algunos encontrarán en la historia, además, un modo de reforzar la autoestima de los lectores…, pues el héroe no se corta nada en los elogios que se hace a sí mismo (a pesar de lo cual, cae bien al lector).

Wolf Erlbruch. El oso que no estaba (Der Bär, der nicht da war, ; traducido desde la traducción inglesa: The bear who was not there). Texto de Oren Lavie. Granada: Barbara Fiore, 2015; 36 pp.; col. Cuentos; trad. de Marina Bornas; ISBN: 978-84-15208-69-3. [Vista del álbum en amazon.es]

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martes, 29 de marzo de 2016

Pequeños cuentos para leer en 1 minuto, de Fernando Martínez y Mónica Sempere, son 24 relatos que ocupan menos de una página cada uno. Son de distinto tipo y prácticamente todos están inspirados en cuentos de hadas o en relatos infantiles conocidos. En unas instrucciones que se dan antes de comenzar se propone primero leerlos de un tirón y luego buscar pistas ocultas en las ilustraciones. Esto, si uno conoce el cuento original es fácil y, en ocasiones, más fácil aún, porque se menciona expresamente a un personaje, por ejemplo Pinocho, o un lugar, como Hamelín...., pero no siempre. Las imágenes, por otro lado, nos muestran las cosas con puntos de vista diferentes y, con frecuencia, tienen toques surrealistas. Hay que añadir que no son cuentos para niños pequeños ni, me parece, los más apropiados para lo que indica el título de la colección —leer antes de dormir—, sino, más bien, para quienes ya conozcan los cuentos a los que se aluden y tengan ya una cierta destreza lectora.

Fernando Martínez. Pequeños cuentos para leer en 1 minuto (2015). Texto de Mónica Sempere. Barcelona: Beascoa, 2015; 58 pp.; col. Libros para leer antes de dormir; ISBN: 978-84-488-4393-9. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 28 de marzo de 2016

La hija del Grúfalo, de Axel Scheffler y Julia Donaldson, es una magnífica secuela del álbum previo, con un argumento en el que los papeles se invierten. La hija del Grúfalo no se acaba de creer los cuentos de su padre sobre el temible Gran Ratón Malvado que les amenaza. Sale a dar un paseo nocturno por el bosque y, después de un rato, en el que todo marcha como ella piensa, encuentra un pequeño ratón, así que lo atrapa y decide comérselo.

No hace falta insistir en el reconocido talento de los autores. Una vez más es oportuno recordar que hay gran diferencia entre el original inglés, en verso, y el texto castellano, sabiamente traducido en prosa. Por ejemplo: «His eyes are like pools of terrible fire, and his terrible whiskers are tougher than wire» suena muy distinto a «Sus ojos son como bolas de fuego y sus temibles bigotes son más duros que el alambre».

Axel Scheffler. La hija del Grúfalo (The Gruffalo’s Child, 2004). Texto de Julia Donaldson. Madrid: Bruño, 2015; 32 pp.; trad. de Roberto Vivero; ISBN: 978-84-696-0328-4. [Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 27 de marzo de 2016

John Henry Newman es uno de esos personajes decisivos que permanece oculto para muchos. En el pasado cité una biografía suya —Un maestro de la controversia—, y su novela Perder y ganar —por dos veces: Concentrar o desparramar, Esclavos sin remedio—. También aparecieron palabras suyas con ocasión de comentar El despertar de la señorita PrimAñoranzas de otro futuro—, en una cita de Luigi Giussani —Novedades verdaderas—, y hablando de un libro de Chesterton —La otra cara de algunos argumentos—.

Al empezar a preparar esta nota estaba convencido de que había puesto también una reseña de su autobiografía, Apología pro vita sua, pero estaba equivocado, aunque sí había dicho el origen de su redacción en la breve biografía de Charles Kingsley. Sabía, eso sí, que nunca había puesto notas sobre sus magníficos sermones —de los que hay citas abundantes en castellano, por ejemplo, en el blog En Compostela; y que se pueden leer, en inglés, igual que todas sus obras, en la extraordinaria página newmanreader—.

Hace pocos días leí Vida y pensamiento del cardenal Newman, de Charles Stephen Dessain, que me regalaron con ocasión de intervenir en un ciclo de conferencias organizado por el Club Chesterton de Granada y por el Seminario de estudios J. H. Newman de la universidad de Granada. Y, desde que la terminé, la he recomendado ya varias veces: me parece una excelente biografía y una gran introducción a las ideas de Newman.

El prologuista recuerda que se lo llamó «el hombre más peligroso de Inglaterra» y lo califica de «rebelde-obediente como ningún otro». El autor se refiere a él como «un heraldo de verdades olvidadas» que «se daba cuenta del daño que causaba una presentación del cristianismo desequilibrada o incompleta». Quienes le conocieron y oyeron decían que sus sermones «hacían que los hombres pensaran en las cosas de las que hablaba el predicador, y no en el sermón ni en el predicador» y que «nunca se oyó una voz mejor adaptada a persuadir sin irritar».

Charles Stephen Dessain. Vida y pensamiento del cardenal Newman (John Henry Newman, 1980). Madrid: San Pablo, 1998, 2ª ed.; 238 pp.; col. Testigos; trad. de Aureli Boix; prólogo de José Luis Martín Descalzo; ISBN: 84-285-1335-X.

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sábado, 26 de marzo de 2016

Unas distinciones entre ilustrar y pintar que hace Etienne Gilson en Pintura y realidad:

«La ilustración es un arte porque incluye todas las técnicas que llevan a su fin, que es construir imágenes». Pero es erróneo juzgar las ilustraciones desde el punto de vista de la pintura y la pintura desde el punto de vista de la ilustración, igual que gozar de las grandes pinturas como ilustraciones y no como pinturas, pues ilustrar no es pintar.

«Una pintura tiene su ley y su justificación en sí misma. Una ilustración tiene su criterio fuera de sí misma, en la realidad externa que imita». Hacer notar que «el arte no representativo tiene su mayor defecto en el hecho de no guardar relación con la realidad externa y, por ello, carecer de un criterio para ser juzgado», sería un argumento válido «si el arte de la pintura fuera el arte de ilustrar». Pero «una pintura es la incorporación de una forma en una materia» mientras que «todo el ser de una ilustración queda determinado por la relación que establece entre la imagen y una realidad externa».

Se puede decir que «el arte de ilustrar es un caso particular de la función general del lenguaje. Es una rama de la literatura. (…) Las imágenes tienen siempre una significación, y son justamente juzgadas según su éxito o su fracaso en representarla. (…) Las imágenes participan tan evidentemente de la naturaleza de sus objetos, que a las imágenes religiosas, por ejemplo, se les atribuye muy frecuentemente algo de sagrado que en realidad pertenece a lo que ellos representan, es decir, a su significación».

Una consecuencia de lo anterior es que las ilustraciones pueden verse como documentos históricos, mientras que las pinturas raramente y sólo de modo accidental: se pueden poner como ejemplos de cada caso a Daumier y a Cézanne. Otra es que en el arte religioso lo que abundan son las ilustraciones y en él resulta difícil encontrar verdaderas pinturas religiosas, salvo, si acaso, las «naturalezas muertas religiosas» como, por ejemplo, una Corona de espinas.

Étienne Gilson. Pintura y Realidad (Painting and Reality, 1957). Pamplona: Eunsa, 2000; 398 pp.; col. Cátedra Félix Huarte; trad. del inglés de Manuel Fuentes Senot, versión actualizada de Rosa Fernández Urtasun; ISBN: 84-313-1767-1. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 25 de marzo de 2016

Vida hogareña fue la primera de las cuatro novelas escritas, hasta la fecha, por Marilynne Robinson. Como las otras tres, escritas muchos años después y ya publicadas en castellano, esta también tiene una calidad literaria excepcional aunque sus protagonistas, tan excéntricas, no tienen igual calidez humana. Del mismo modo que aquellas, también pide un lector atento, pero más atento incluso: dice Ruthie, la narradora, que los hechos no explican nada sino que, por el contrario, son los hechos los que requieren explicaciones…, pero las suyas son más bien elusivas.

El escenario es un pueblo ficticio del Oeste llamado Fingerbone, un lugar de clima extremo con un lago cercano que atraviesa un puente por el que pasa el tren. Se deduce, de modo indirecto, que todo pasa en los años cincuenta. Ruthie empieza por contar cómo sus abuelos se instalaron en Fingerbone y el fallecimiento de su abuelo en un accidente; luego, la educación de sus tres hijas, sólo al cargo de la abuela, y su marcha lejos de casa de las tres; después, el momento en el que su madre, cuando la narradora y su hermana pequeña Lucille tienen pocos años, vuelve al pueblo para dejarlas con su abuela y suicidarse a continuación de forma trágica e inesperada.

Se podría decir que la narración comienza en ese punto: habla de sus vidas con su abuela primero y, cuando fallece, primero con dos tías abuelas y luego con su tía Sylvie, la hermana menor de su madre, una mujer bondadosa que llevaba vida de vagabunda y cuyo comportamiento es errático. Esta parte final, la convivencia de las dos chicas con su tía, la evolución de los acontecimientos cuando Lucille se distancia y los vecinos se preocupan por lo que puede ocurrirles a las niñas, es el grueso de la historia.

La extraordinaria sofisticación de la narradora —que dice de sí misma que «nunca he distinguido con facilidad entre pensar y soñar»— parece, a primera vista, incompatible con lo que conocemos de su vida. Sea como sea, es admirablemente detallista y precisa, tanto al reconstruir paisajes, escenarios y sucesos, como al explicarnos sus pensamientos y conjeturas, por ejemplo cuando habla de ella y su hermana como si fueran supervivientes de un naufragio, que se tienen que pasar la vida recogiendo restos, o como si fueran unas chicas perdidas y desorientadas en la oscuridad.

Hábilmente, las consideraciones más poéticas y de fondo aparecen cuando el lector está ya introducido en la historia y la narradora ya tiene una edad suficiente para empezar a planteárselas. El título, vida hogareña, no se refiere a lo que cualquiera podría pensar sino a cómo a todos nos configuran no tanto las presencias como las ausencias familiares. Así, la narradora señala cómo, en cualquier casa, incluso las cosas perdidas permanecen «como penas olvidadas o sueños incipientes»; y su tía Sylvie afirma que en cualquier familia sientes más la presencia de los que faltan justo cuando se han ido.

Como espera cualquiera familiarizado con la autora no faltan las referencias bíblicas, aunque son pocas y sin el gran peso que tienen en sus otras novelas. Ruthie va explicando cómo evolucionó su modo de ser hasta el punto de que su vida llegó a estar «compuesta enteramente de esperas» —de una llegada, una explicación, una disculpa…— y cómo esa costumbre de la espera «convierte cualquier momento presente en importante sólo por lo que todavía no contiene». Esto puede unirse, más adelante, con la sugerente observación de que como el primer acontecimiento de la historia es una expulsión, y el último esperamos que sea una reconciliación y un regreso, por eso es la memoria la que nos impulsa hacia delante y la profecía es como una memoria deslumbrante.

Marilynne Robinson. Vida hogareña (Housekeeping, 1980). Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2016; 217 pp.; trad. de Vicente Campos; ISBN: 978-84-15863-86-1. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 24 de marzo de 2016

Tal como esperaba después de leer esta reseña, me ha parecido formidable Adviento en la montaña, una novela corta del islandés Gunnar Gunnarsson. Su argumento es sencillo: desde hace veintisiete años un pastor del norte de Islandia, Benedikt, se adentra en las montañas para ir en busca de las ovejas perdidas, las suyas y las de sus vecinos, justo antes de la Navidad y de que llegue lo más crudo del invierno. La novela cuenta esa expedición, de Benedikt, junto con su perro León y un carnero llamado Recio, que comienza con retraso por hacer unos servicios que le piden, lo que también implica que las condiciones climatológicas serán más duras. La narración sigue tanto el curso de los acontecimientos como el de los pensamientos del protagonista, un hombre bondadoso y poco hablador.

El narrador habla de que, para Benedikt, era «como si su vida se hubiera convertido en un Adviento. Porque, mirándolo bien, qué era su vida, qué era la vida de un hombre sino un servicio imperfecto, justificado por la esperanza en algo mejor, por la espera, por la preparación, por el convencimiento de que algo bueno tenía que llegar». En otro momento, al pensar en la escena de Jesucristo entrando en Jerusalén montado en un borrico, explica que «nada hay demasiado pequeño en el mundo que no pueda prestar un servicio, ni nada tan miserable que no pueda ser consagrado por medio del servicio. Ni demasiado grande. Incluso el Hijo de Dios. Y sólo por medio del servicio».

Abundan las frases sencillas y felices: «los imprevistos nunca eran causa de alegría, pero todo sucedía por algún motivo y así había que aceptarlo»; ante una enorme tormenta de viento y nieve, «de nada servía lamentarse. Si uno pone un pie delante del otro en la buena dirección, siempre se consigue avanzar»; cuando se plantea las dificultades de lo que está intentando, el curso de sus pensamientos vuelve al ejemplo y las enseñanzas de Jesucristo: «¡Pero no deberíamos olvidarnos de lo que había hecho el Señor con cinco panes y dos peces! Había dado de comer a miles con esa cantidad. Con eso en mente, era difícil perder la esperanza», aunque, eso sí, también recuerda que «ninguno de los mandamientos prohíbe la cautela».

Este comentario explica bien el «estilo de la reticencia» que cultiva el prologuista para negar lo evidente.

Gunnar Gunnarsson. Adviento en la montaña (Advent, 1936). Madrid: Encuentro, 2015; 112 pp.; trad. de Teodoro Manrique Antón; prólogo de Jón Kalman; ISBN: 978-84-90551172. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 23 de marzo de 2016

Loco por los monos, de Owen Davey, es un álbum informativo ideal para quienes compartan el interés del autor por los monos. En 16 capítulos explica muchas cosas sobre algunas de las 250 especies de monos conocidas: vida social, cuáles son los más grandes y los más pequeños, cuáles son propios viejo mundo y cuáles del nuevo, los monos en la mitología, etc. Como suele ocurrir en álbumes así, los datos que se dan no son completos y suelen ser los más vistosos, con el propósito de avivar la curiosidad y el interés. Las ilustraciones son atractivas, tanto las de las figuras de los distintos monos como las compuestas para ofrecer comparaciones o informaciones de distinta clase.

Owen Davey. Loco por los monos (Mad about Monkeys, 2015). Madrid: SM, 2016; 37 pp.; trad. de Fernando Bort; ISBN: 978-84-675-8300-7. [Vista del álbum en amazon.es]

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martes, 22 de marzo de 2016

Imagina, de Aaron Becker, es un premiado álbum sin palabras —aunque tenga, en la página anterior al comienzo de la historia, una innecesaria introducción explicativa—.

Una niña está jugando en su casa y ni su padre, ni su madre, ni su hermana mayor le hacen caso. Luego, en su habitación, toma un lápiz rojo con el que pinta una puerta en la pared que la conduce a un bosque; al llegar a un río pinta una barca y, en ella, llega a una ciudad con calles que son canales; cae por una cascada y entonces pinta un globo para salvarse; en el aire ve varias aeronaves (propias de películas de Miyazaki) y cómo, desde una, dan caza a un pájaro de color morado a quien ella luego libera; pero…

Libro de planteamiento semejante a Harold y el lápiz morado pero, en este caso, el encanto no está tanto en el niño que dibuja, como en los ricos escenarios de ciudades colgantes y de naves steampunk, y en el interés de un argumento que tiene un inteligente desenlace al modo de El libro rojo, y una imagen conclusiva que abre nuevas posibilidades. Igual que esos libros, a los que homenajea, Imagina también habla bien de cómo con su lápiz y su imaginación la protagonista entra en otros mundos y se relaciona con otros personajes.

Aaron Becker. Imagina (Journey, 2013). Sevilla: Kokoro Multimedia, 2014; 40 pp.; col. El gato y la luna; trad. de Adriana Zurera; ISBN: 978-84-940417-4-7. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 21 de marzo de 2016

El gato de Matilda, de Emily Gravett, nos muestra, en sucesivas dobles páginas, a una niña que, con un disfraz de gato, hace toda clase de travesuras mientras juega. En todas las imágenes vemos a un gato, atemorizado, que contempla las hazañas de su dueña (como, por ejemplo, lo hace muchas veces Hobbes cuando ve a Calvin en acción). Como es habitual en la ilustradora, los dibujos son magníficos y respiran simpatía. En cambio, para lo que podrían esperar quienes conozcan sus otros álbumes, tiene un estupendo desenlace que romperá sus expectativas.

Emily Gravett. El gato de Matilda (Matilda’s Cat, 2012). Barcelona: Picarona, 2014; 32 pp.; trad. de Joana Delgado; ISBN: 978-84-16117-10-9. [Vista del álbum en amazon.es]

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domingo, 20 de marzo de 2016

Más de una vez, a propósito del papel de las mujeres en la Edad Media, he recomendado biografías firmadas por Regine Pernoud, como las de Leonor de Aquitania, Blanca de Castilla, Cristina de Pizán, o Juana de Arco, y otra, no mencionada en la página hasta el momento: la de Hildegarda de Bingen (1098-1179).

Es una figura poco conocida pero que, sin embargo, dice Pernoud, «resulta esencial si queremos entender el siglo XII». En su libro repasa brevemente su vida y su obra, y resalta la singularidad de sus composiciones musicales; hace notar que fue autora de los únicos tratados de medicina, o de ciencias naturales, escritos entonces en el Occidente cristiano; habla de su audaz correspondencia con papas y emperadores, y se refiere a sus extraordinarias visiones cósmicas, lo más llamativo de su obra.

En la completa voz de Wikipedia en castellano, que da idea de lo asombroso del personaje, se menciona de pasada que se han propuesto explicaciones de tipo médico para sus visiones, aunque no dice, naturalmente, que unas justificaciones así son muchísimo más milagrosas que cualquier milagro.

Regine Pernoud. Hildegarda de Bingen: una conciencia inspirada en el siglo XII (Hildegarde de Bingen. Conscience inspirée du XII siècle, 1994). Barcelona: Paidós, 1998; 164 pp.; trad. de Alejandra González Bonilla; ISBN: 84-493-0617-5. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 19 de marzo de 2016

En El inicio de un juego fascinante Ernst Gombrich cuenta una anécdota que presenció en un museo. A eso mismo se refiere, de otra manera, Etienne Gilson en Pintura y realidad.

«El gran peligro que amenaza al arte de la pintura en las democracias modernas es la creciente creencia de que no hay ‘en principio distinción entre goce y aprendizaje’. Sólo el imperialismo pedagógico de algunos educadores explica la posibilidad de esta formulación. Está claro que no hay oposición entre goce y aprendizaje, pero si no mediara entre ellos una distinción esencial, el sentimiento de la belleza de todas las artes alcanzaría su cima en la conciencia de los arqueólogos, lo cual, poniéndonos en el mejor de los casos, no siempre ocurre. Inversamente, no gozaríamos de nada en un museo sin haber absorbido antes tanta información como fuera posible referente a los objetos de nuestro placer. Evidentemente, este no es nunca el caso. Lo que conocemos sobre una obra de arte es precisamente lo que deberíamos olvidar en el momento de gozar de ella».

Es necesario reivindicar la anterioridad de la experiencia estética respecto a toda forma de conocimiento discursivo. «El amante del arte tiene competencia para enfrentarse con la naturaleza de su amor, y es un hecho que nuestro amor se extiende más allá del alcance de nuestro conocimiento. La naturaleza no ha puesto condiciones de carácter escolar para el goce de la belleza». El aprendizaje debe tener lugar más en las escuelas y universidades que en los museos. «Mejor que formar a muchos hombres y mujeres una mala conciencia a cuenta de su ignorancia sobre estas materias, digámosles que todo lo que han de hacer en un museo es pasar un rato agradable. Sobre todo, evitemos que crean que toda la masa informativa puesta a su disposición es algo que deben aprender si quieren amar la pintura. En última instancia, todos los hombres desean conocer lo que aman y hallan un gran placer en esta clase de conocimiento, pero en la experiencia estética el amor viene primero».

Étienne Gilson. Pintura y Realidad (Painting and Reality, 1957). Pamplona: Eunsa, 2000; 398 pp.; col. Cátedra Félix Huarte; trad. del inglés de Manuel Fuentes Senot, versión actualizada de Rosa Fernández Urtasun; ISBN: 84-313-1767-1. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 18 de marzo de 2016

La casa del profesor, de Willa Cather, se desarrolla en la ciudad ficticia de Hamilton, a orillas del lago Michigan, a principios de los años veinte. Godfrey St. Peter, un prestigioso historiador especializado en las exploraciones españolas en el sudoeste de los Estados Unidos, decide seguir trabajando en su vieja casa y no trasladarse del todo a la nueva que se acaba de construir. No está cómodo con sus hijas y yernos (Rosamond y Louie Marsellus, y Kathleen y Scott McGregor), ni con el actual comportamiento de su mujer, Lilian, volcada en viajes, actividades, compras, etc.

En las vidas de todos está muy presente Tom Outland, que años atrás había sido el alumno más destacado del profesor y el novio de su hija Rosamond, pero que falleció en la primera Guerra Mundial. Además, Outland había hecho un importante descubrimiento técnico para la historia de la aviación, que luego explotó con mucho rendimiento económico el actual marido de Rosamond.

En el interior de la novela ocupa muchas páginas otra historia que recuerda el profesor: el descubrimiento que hizo Tom Outland de unos restos arqueológicos en Mesa Azul (inspirados en los del pueblo Ananazi en un lugar llamado Mesa Verde, al sur de Colorado; parecidos a otros que hará el padre Latour en La muerte llama al arzobispo).

En el extenso y clarificador prólogo de Manuel Broncano, autor también de la edición crítica de La muerte llama al arzobispo, se cita un texto en el que la misma Willa Cather habla de los experimentos formales que intentó en esta novela. En concreto señala cómo unas pinturas flamencas de interiores en las que, a través de una ventana cuadrada se veían mástiles de barcos o retazos de mar gris, le inspiraron la idea de que la casa y la vida del profesor aparecieran llenas de objetos hasta causar agobio y, en medio, se abriera la ventana cuadrada «para dejar entrar el aire que soplaba de Mesa Azul y el elegante desprecio hacia las trivialidades que había en la conducta de Tom Outland».

Como es habitual en las novelas de la escritora la narración es fluida, va ganando interés según avanza, los personajes están bien perfilados, y se anudan bien el conflicto principal con otros secundarios. No faltan los toques de ironía bienhumorada —cuando Louie invita sobre la marcha a cenar a varios profesores se afirma que «todos aceptaron: ¿quién ha oído de un profesor que alguna vez rechace una buena cena?»—, ni las observaciones inteligentes —el profesor le dice a su mujer que, desde la época de los caballeros del Rey Arturo, se «desarrolló el sentimiento de que un hombre debía hacer grandes gestas y nunca hablar de ellas, y que nunca debía pronunciar el nombre de su dama, sino cantar sobre ella (…). Es una bonita idea, callarse los sentimientos más profundos: los mantiene frescos»—.

Willa Cather. La casa del profesor (The Professor’s House, 1925). Madrid: Cátedra, 2015; 292 pp.; col. Letras universales; edición y trad. de Manuel Broncano; ISBN: 978-84-376-3481-4. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 17 de marzo de 2016

El tercer volumen de la serie Integral de Tanguy y Laverdure, de Jean-Michel Charlier, contiene los últimos episodios ilustrados por Albert Uderzo, antes de ser sustitudo por Jijé. En ellos, debido a ciertos problemas de salud y al exceso de trabajo, a Uderzo le ayudó su hermano Marcel y Charlier le pidó a Giraud que hiciera una prueba con algunas viñetas, sin éxito, pues el mundo de la aviación no era su fuerte. Un primer prólogo explica esta historia y un segundo prólogo contiene una larga charla con Uderzo en la que cuenta más pormenores.

Se contienen tres historias. En Cañón Azul ha desaparecido los héroes han de probar el nuevo Mirage III E en una base norteamericana en Groenlandia, pero unos espías poderosos se logran hacer con uno de los aviones engañando a Laverdure. En Rumbo Cero continúa el relato previo hasta que, de más está decirlo, Tanguy remedia las cosas y Laverdure se comporta heroicamente. Piratas del Cielo se desarrolla en África: mientras los pilotos franceses hacen exhibiciones con sus Mirages para conseguir contratos, unos mercenarios planean asesinar a un presidente africano.

Hoy suenan un poco ridículas algunas expresiones en los diálogos —a veces porque lo son y a veces porque así se utilizaban en determinados ambientes—, y nos hace sonreír el énfasis en muchos momentos de la narración —como este párrafo: «a bordo de su avión desamparado, acribillado por el granizo, fulminado por los relámpagos, sacudido por los embates atmosféricos, Laverdure, sin conocimiento, cae cabeza abajo como un bólido a través del cumulonimbus»—. Sea como sea, tanto los guiones como los dibujos son excelentes, por lo que a los entusiastas del género, a quienes les guste ver cómo eran algunos aspectos de la tecnología en el pasado, a los seguidores de los autores, y a los nostálgicos de los personajes (a pesar de que Laverdure sea tan tonto), no nos importa mucho.

Jean-Michel Charlier y Uderzo. Integral Tanguy y Laverdure, volumen 3. Contiene Cañón Azul ha desaparecido (Canon bleu ne répond plus, 1966), Rumbo cero (Cap Zéro, 1967), Piratas del cielo (Pirates du ciel, 1967). Tarragona: Ponent Mon, 2015; 168 pp.; trad. de Fabián Rodríguez y María Serna; ISBN: 978-1-910856-07-9. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 16 de marzo de 2016

Después de la primera entrega del personaje leí la segunda: El loco invento de Frank Einstein, de Jon Scieszka y Brian Giggs. Esta vez, Frank, su amigo Watson, y los robots Klink y Klank, inventan el Electrodedo, un artilugio para dar energía gratis. Sus enemigos T. Edison y su ayudante Mr. Chimp tienen otros planes.

Supongo que los autores piensan ayudar al lector a que aprenda cosas acerca de los diferentes tipos de energía, que la energía no se crea ni se destruye, algo de las leyes de Newton, etc., aunque yo me pregunto si un libro como este atrae o no a un chico interesado por la ciencia y los inventos. Si me guío por mis recuerdos estudiantiles diría que no: a mi me gustaban los libros amenos, sin bromas que pudieran confundir las cosas; diría también que a quien sabe ya bastante esta clase de bromas disparatadas no le atraen y a quien sabe poco seguramente le marean…

En el interior del libro aparece que los personajes leen y citan el Diario de Greg y, en la cubierta, los libros reciben los elogios de Jeff Kinney. No me gusta este modo de actuar. Y dejémoslo ahí.

Jon Scieszka. El loco invento de Frank Einstein (Frank Einstein and the Elctro-Finger, 2015). Barcelona: Penguin Random House, 2015; 176 pp.; ilust. de Brian Giggs; trad. de Julio Hermoso Oliveras; ISBN: 978-84-204-8816-5.  [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 15 de marzo de 2016

En La princesa rebelde, de Sara Ogilvie y Anna Kemp, la protagonista es la princesa Susana, que se muere de aburrimiento hasta que llega un príncipe y se va con él. Pero el príncipe pretende que se comporte como siempre lo han hecho las princesas hasta que aparece un dragón y entonces la princesa ve su oportunidad.

Sir Nenúfar, de las mismas autoras, tiene como heroína a un rana diminuta y pecosa que deseaba que la llamaran Sir Nenúfar, la rana valerosa. Lee un día la historia de una rana que había sido convertida en príncipe gracias al beso de una princesa, ya suponemos cuál, por lo que sale a buscarla. Pero, cuando la encuentra, las cosas no salen como pensaba sino, incluso, mejor.

Los dos álbumes tienen rasgos parecidos, como es lógico. Las imágenes son simpáticas y su estilo recuerda, por momentos, el de Tony Ross o el de Quentin Blake. El texto, en verso, tiene momentos divertidos. Ambas historias están construidas a la contra de relatos tradicionales, y están bien, pero, a estas alturas, las princesas rebeldes están muy vistas y resultan ya cansinas; en cambio, las ranas inconformistas son menos frecuentes y, tal vez por eso, el de sir Nenúfar es un relato mejor.

Sara Ogilvie. La princesa rebelde (The Worst Princess, 2013). Texto de Anna Kemp, Barcelona: Blume, 2013; 29 pp.; trad. de Cristina Rodríguez Fisher; ISBN: 978-84-9801-704-5. [Vista del álbum en amazon.es]
Sara Ogilvie. Sir Nenúfar (Sir Lilipad, 2015). Texto de Anna Kemp. Barcelona: Blume, 2015; 30 pp.; trad. de Cristina Rodríguez Fischer; ISBN: 978-84-9801-865-3. [
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lunes, 14 de marzo de 2016

Dos años después de Felices sueños, camiones grandes y pequeños, Tom Lichtenheld y Sherri Duskey Rinker volvieron a triunfar con Que duermas bien, pequeño tren, otro álbum bedtime con rasgos parecidos al primero y, también, un éxito entre los entusiastas de los trenes de juguete.

Vemos un tren de mercancías antiguo que atraviesa las praderas por la noche y, cuando se para, entran en acción toda clase de operarios (monos, liebres, camellos, jirafas, canguros, elefantes, osos, pingüinos, tortugas, dinosaurios…), que se ocupan de cargarlo ordenadamente aunque, también, con las originalidades propias de los distintos animales.

Tanto el texto con las imágenes son humorísticos y conectan bien con el lector. No conozco la versión original pero la castellana está redactada con versos sonoros y amables. Vale la pena observar la última escena, muy conseguida, un buen ejemplo de los desenlaces de revelación que hacen que todo cobre sentido, algo que iene que ver con el título inglés original y no con el título castellano.

Tom Lichtenheld. Que duermas bien, pequeño tren (Stem Train, Dream Train, 2013). Texto de Sherri Duskey Rinker. Barcelona: Blok, 2014; 32 pp.; trad. de Roser Ruiz; ISBN: 978-84-15579-68-7. [Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 13 de marzo de 2016

A propósito de C.S Lewis: su biografía, de Alister McGrath, debo decir lo mismo que dije la semana pasada sobre una biografía de Tolkien: de los que he leído me parece el mejor primer acercamiento a la figura y a la obra de C. S. Lewis.

El autor ha consultado extensamente todo el epistolario de Lewis y ha reconstruido, hasta donde parece posible, los puntos menos claros de su vida, como por ejemplo algunos pormenores de su matrimonio con Joy Davidman. También hace precisiones cronológicas, entre las cuales la de más interés es la de aclarar la fecha exacta de su conversión, que no es la que da el mismo Lewis en Cautivado por la Alegría.

Quien conozca ya la vida y la obra de Lewis encontrará todas las cosas conocidas: el proceso de su conversión, desde que Owen Barfield desmontó su «orgullo cronológico» hasta sus decisivas conversaciones con Tolkien; la explicación, bien dada, de que su conversión no fue una demostración sino una especie de visión en la que, al descubrir que el cristianismo es verdadero, todo se coloca en su sitio; su papel como impulsor de Tolkien quien, seguramente, no habría continuado con su obra sin el aliento continuo de Lewis; algunas explicaciones interesantes sobre sus libros, etc.

Dos asuntos pequeños que me han interesado. Uno es el hecho de que, en un gran diccionario de literatura irlandesa de 1996, Lewis no figure: se ve que es el tipo equivocado de irlandés, dice McGrath. Otro, en el que no había pensado antes, es el de los silencios en Cautivado por la alegría: no habla nada de la muerte de su padre, de sus relaciones con la señora Moore, de lo que supuso para él la primera Guerra Mundial…

Alister McGrath. C.S Lewis: su biografía (C. S. Lewis: A Life: Eccentric Genius, Reluctant Prophet, 2013). Madrid: Rialp, 2014; 366 pp.; col. Biografías y Testimonios; trad. de José Morales Marín; ISBN: 978-84-321-4393-9. [
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sábado, 12 de marzo de 2016

Paul Valery era un gran enemigo de los museos pues, decía, no se pueden escuchar diez orquestas a la vez, comenta Etienne Gilson en Pintura y realidad. Explica que muchos museos, y otras instituciones, actúan con un espíritu que cabría llamar educativo con vistas a que los niños y la gente se acerquen al arte, con lo que «la misma educación corre peligro de arruinar sus propios propósitos» pues, a veces, el deseo de dar o de lograr una educación es uno de los obstáculos principales en el camino que conduce a ella. Esto se ve si pensamos en que la educación como fin en sí misma es un punto de vista propio del educador, por eso hay mucha educación en las escuelas y poca en los alumnos, y que la educación no es un fin a perseguir por sí mismo sino que es un resultado de la búsqueda desinteresada de aquello que merece ser anhelado y amado por sí mismo.

Es decir, sigue, «si el hombre busca la belleza para adquirir una educación, perderá tanto la belleza como la educación, pero si busca el goce de la belleza por sí misma, tendrá tanto la belleza como la educación. Busca primero la verdad y la belleza y la educación se te dará por añadidura». Sin duda, como el placer del arte mismo solo puede hallarse allí donde está el arte, es decir, no en los libros ni en el discurso sino en las pinturas, hay que ir a los museos y, sin duda también, depende de nosotros aprender a hacer buen uso de los museos que están a nuestra disposición.

Así que uno puede estar a favor de las visitas dirigidas, de las exposiciones especializadas, etc. Pero a la vez conviene tener en cuenta que «el hombre puede absorber dosis prácticamente ilimitadas de propaganda, información e incluso enseñanza, pero no de placer, ni siquiera cuando se trata de los más nobles». «Nuestra aptitud para el goce artístico es limitada. No se incrementa con la repetición de la experiencia estética. El vértigo de museo es el precio que se paga por emborracharse de pintura». Y, de más está decir, «nadie está obligado a emborracharse, ni siquiera de pintura. La cosa es que, por su naturaleza misma, los museos son posibilidades permanentes de intoxicación».

Étienne Gilson. Pintura y Realidad (Painting and Reality, 1957). Pamplona: Eunsa, 2000; 398 pp.; col. Cátedra Félix Huarte; trad. del inglés de Manuel Fuentes Senot, versión actualizada de Rosa Fernández Urtasun; ISBN: 84-313-1767-1. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 12 de marzo de 2016
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SchaeferShane2.jpg
viernes, 11 de marzo de 2016

En varias votaciones entre los aficionados al género fue elegida Shane, de Jack Schaefer, como la mejor novela del Oeste. Y es, en efecto, un gran relato, con un excepcional narrador: un hombre adulto que recuerda su mirada de niño cuando a su granja llegó un desconocido misterioso.

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jueves, 10 de marzo de 2016

Me parto total,
de James Patterson y Chris Grabenstein, es el tercer y (parece que) último libro sobre Jamie Grimm (después de Me parto y Me parto más). Los autores usan el mismo esquema de libros previos: esta vez Jamie participa en un concurso nacional televisado de monologuistas, en Hollywood, en la semifinal y en la final. El argumento se centra en cómo Jamie se envanece y trata mal a sus amigos primero y cómo se arrepiente y los recupera después. Se insiste mucho en el comportamiento de periodistas acosadores, de agentes artísticos que son como buitres, de fans enloquecidas, de rivales canallas e hipócritas... Abundan las bromas y juegos de palabras, y se citan de nuevo muchos humoristas famosos norteamericanos. Los chistes gráficos me han parecido mejores que los de los otros dos libros. Se reflejan bien las ansiedades propias del protagonista: el temor a quedarse en blanco y a hacerlo de pena; el temor a que le aplaudan y le premien por compasión; el deseo de triunfar y de ganar, más o menos normal en el caso de Jamie, completamente desquiciado en el caso de algunos de sus rivales.

James Patterson y Chris Grabenstein. Me parto total (I totally funniest, 2013). Barcelona: La Galera, 2015; 327 pp.; col. Novela Gráfica; ilust. de Laura Park; trad. de Diego de los Santos; ISBN: 978-84-246-5456-6. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 9 de marzo de 2016

Un álbum poderoso e inolvidable, de los mejores de los últimos tiempos: Akim corre, de Claude K. Dubois.

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martes, 8 de marzo de 2016

Macavity. El gato misterioso, de Arthur Robins, es una transformación en álbum de uno de los famosos poemas sobre gatos de T. S. Eliot. Su protagonista es Macavity, un gato delincuente y hábil, un gato sin igual al que la policía persigue pero nunca encuentra: el Napoleón del crimen… Eliot se inspiró, según parece, en Moriarty, el legendario enemigo de Sherlock Holmes. El poema original en inglés es muy apropiado para ser leído en alto y la versión en castellano está bien y transmite la simpatía del original (aunque Scotland Yard no nos pilla tan cerca). Las ilustraciones son dibujos ágiles a lo Tony Ross o a lo Quentin Blake que van bien con el personaje y el tono de la historia.

Arthur Robins. Macavity. El gato misterioso (Macavity: The Mistery Cat, 2014). Poema de T. S. Eliot. Madrid: Lata de Sal, 2015; 40 pp.; col. Gatos; trad. de Susana Collazo; ISBN: 978-8494434389. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 7 de marzo de 2016

¡Buen viaje, bebé!,
de Beatrice Alemagna, es un elogiado libro bedtime de los que parecen sencillos de hacer. Se narran, con buen humor y sentido de juego, las rutinas propias del momento de irse a la cama del niño como si fueran las mismas de un viaje para el que hay que prepararse con cuidado: escoger las cosas que se llevan, sin olvidarse del libro preferido; asearse y ponerse el traje apropiado; despedirse de papá, mamá y el gato, etc. Las figuras son amables y las escenas están bien compuestas, como es habitual en la autora.

Beatrice Alemagna. ¡Buen viaje, bebé! (Bon voyage, bébé!, 2013). Barcelona: A buen paso, 2015; 26 pp. en cartoné; trad. de Lara Meana; ISBN: 978-84-942854-8-6. [Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 6 de marzo de 2016

J. R. R. Tolkien: génesis de una leyenda, de Colin Duriez es una biografía sintética y ordenada. De las biografías que conozco y menciono en la bibliografía de la voz de Tolkien —como la de Humphrey Carpenter o los libros de Tom Shippey— esta es la más recomendable para un primer acercamiento a su vida y a su trabajo. Aunque para muchos ya sean conocidos, subrayo tres puntos que menciona Duriez:

Uno, la importancia que tuvo para Tolkien trabajar en la plantilla del Oxford English Dictionary después de la primera Guerra Mundial durante dos años —«aprendí más en aquellos dos años que en cualquier otro periodo de mi vida»—, pues le hizo familiarizarse con el trabajo lexicográfico y, al tener que dedicarse a estudiar palabras particulares, se desarrolló en él una gran pasión por las palabras y empezó a ver las «palabras como punto de partida de una aventura de la imaginación».

Otro, sus temores para el futuro cuando se desarrollaba la segunda Guerra Mundial y vio las decisiones que fue tomando el mando aliado para ganar la guerra. En una carta a su hijo, escribió que «estamos intentando vencer a Sauron con el Anillo. Y (parece que) triunfaremos. Pero hay un castigo, ya lo verás: criar nuevos Sauron, y poco a poco convertir a los hombres y a los elfos en orcos».

Un tercero, que no recordaba haber leído antes, es la profecía que, a un joven Tolkien cuando estaba hospitalizado, le hizo uno de sus amigos en una larga carta: «Cuando seas publicado, sorprenderás a nuestra generación como nadie lo ha hecho hasta ahora».

Colin Duriez. J. R. R. Tolkien: génesis de una leyenda (Tolkien: The Making of a Legend, 2012). Madrid: Rialp, 2013; 235 pp.; col. Biografía y Testimonios; trad. de José Manuel Mora Fandos; ISBN: 978-84-321-4277-2. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 5 de marzo de 2016

Habla Etienne Gilson en Pintura y realidad de que es imposible pintar con palabras, así como lo es hablar por medio de pinturas. «La objeción inmediata contra esto es que, de hecho, las pinturas explican cosas, y tan es así que en muchos casos un buen cuadro se considera y es mucho más fácil de entender que muchas palabras. Esto es verdad sólo con esta reserva: que cuando actúa como sustituto del lenguaje, un cuadro no es una pintura. (…) Un corolario de esta conclusión es que, cuando hay mucho que decir sobre una pintura, hay razón para temer que la obra en cuestión pertenezca menos a la pintura que a la literatura. Mal signo es para una pintura el que la gente se sienta impelida a traducirla en palabras».

Cuando usamos la frase «nos quedamos sin habla» con motivo de «la especial clase de silencio que crea la presencia de la belleza reconocida», es mejor no intentar explicar lo admirable porque las observaciones que hagamos romperán el hechizo. Precisamente ahí, si aplicamos eso a la pintura, vemos que los juicios estéticos «poseen certeza en la medida en que, en lugar de buscar su justificación mediante combinaciones de conceptos extraños a su naturaleza y a su objeto, la buscan en la relación única que la materia de toda pintura mantiene con su forma».

Eso nos dice que no hay por qué sentirse avergonzados de carecer de demostraciones que apoyen los juicios estéticos, aunque ni siquiera es necesario hablar de juicios: «la experiencia estética no incluye más juicio que el disfrute del espectador con el objeto de su aprehensión». También nos dice que muchos filósofos y escritores que hablan de pintura están con frecuencia equivocados pues «las opiniones que tienen de la pintura son las de hombres no familiarizados con problemas pictóricos específicos». De hecho, es frecuente que los pintores consideren «como no relativas al arte de la pintura las efusiones literarias de los escritores con motivo de algún cuadro» pues los pintores no confunden su arte con ninguna forma literaria.

Los críticos saben que sus críticas son como sombras que siguen al cuerpo pero, a veces, parecen pensar que las sombras preceden al cuerpo que siguen. Pero, además, es que «los críticos literarios crean literatura acerca de la literatura; escriben sobre escritos», mientras que «los críticos de arte no escriben música acerca de la música, ni pintura sobre pintura; se expresan mediante palabras sobre un arte que no es arte de palabras».

Étienne Gilson. Pintura y Realidad (Painting and Reality, 1957). Pamplona: Eunsa, 2000; 398 pp.; col. Cátedra Félix Huarte; trad. del inglés de Manuel Fuentes Senot, versión actualizada de Rosa Fernández Urtasun; ISBN: 84-313-1767-1. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 4 de marzo de 2016

A quien haya leído libros previos de Yoko Ogawa, no le sorprenderá que también Bailando con elefante y gato tenga como protagonista a un chico diferente, ni que la narración tenga una envidiable fluidez en la que las cosas más extrañas suceden con la mayor naturalidad.

Un niño que nace con los labios sellados, huérfano, que vive con sus abuelos y es extraordinariamente taciturno, tiene un mundo interior ocupado por dos personajes: una elefanta que vivió unos años en cautividad en un centro comercial, y alguien inexistente a quien llama la Momia, una chica de la que oyó decir que se había quedado atrapada entre las paredes de su casa. Un día conoce a un hombre muy gordo y muy amable, que vive en un autobús con su gato Peón, y le ofrece enseñarle a jugar al ajedrez. El chico aprende pero lo hace de una forma extraña: entre jugada y jugada se oculta debajo de la mesa, abrazado al gato. El niño se hace admirador de un antiguo campeón, Alexander Alekhine. Después de que, con once años, el chico gana por primera vez a quien siempre llama Maestro, este le lleva a un club de ajedrez en el que comienza una leyenda: la de Little Alekhine, un jugador que no se mostrará nunca pues estará oculto dentro de un autómata, moviendo las piezas con sus brazos mecánicos y ayudado por una joven a la que, en recuerdo de sus imaginaciones infantiles, llamará la Momia.

Libro para entusiastas del ajedrez: hay referencias a grandes jugadores, se narran con detalle algunas partidas, y hay muchas consideraciones sobre la «mística del ajedrez» —«el ajedrez es un instrumento musical interpretado a cuatro manos: el rival y uno mismo»—. El protagonista, cuyo comportamiento es siempre inocente, piensa que crecer es una tragedia y, en efecto, con el paso de los años no crece, algo que sucede así, sin más. Es notable la bondad de quienes le rodean: sus abuelos, su hermano pequeño, el Maestro, la chica que le ayuda, una señora que juega contra él… Los momentos de conflicto, que no faltan, se cuentan con acentos dolidos pero serenos, como si fueran un mal sueño. Estas cosas hacen que la historia atrape más por la curiosidad que todo provoca que por la empatía con los personajes.

Yoko Ogawa. Bailando con elefante y gato (Neko wo Daite Zó to Oyogu, 2009). Madrid: Funambulista, 2015; 421 pp.; trad. de Juan Francisco González Sánchez; ISBN: 978-84-944443-2-6. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 3 de marzo de 2016

El curioso mundo de Calpurnia Tate, de Jacqueline Kelly, es el segundo libro del mismo personaje, que comienza en 1900 cuando Callie Vee, o Calpurnia Tate, tiene 13 años. Hay episodios relacionados con animales que Travis, el hermano menor de Callie, desea cuidar, con más o menos fortuna. Otros tienen que ver con unas enormes inundaciones en la costa del golfo de México, que el abuelo de Calpurnia predijo al ver una gaviota muy lejos del mar, y que tienen como consecuencias que se termine alojando, en la misma habitación de Callie, su prima mayor Aggie, una chica mecanógrafa, y que llegue al pueblo un nuevo veterinario. También ocurre un incidente lamentable: a Calpurnia le roban una moneda de oro que le había regalado su padre.

La forma de narrar de Calpurnia es, como en la primera novela, graciosa, ordenada, irónica con su hermano Lamar, afectuosa con su hermano Travis, temerosa con los mandatos de su madre, respetuosa y admirativa con su abuelo. Da mucha información científica, que le cuentan su abuelo y el veterinario, o que ella misma lee, y anota muchas preguntas en sus cuadernos de notas. Es consciente de la forma tan diferente con que se acercan a los animales ella y Travis: ella procura ser racional y no introducir elementos sentimentales en sus relaciones con ellos, mientras que Travis, por más que Callie lo intenta, no quiere saber nada de disecciones ni experimentos ni nada.

La historia tiene un tono cordial que sólo se altera un poco cuando Calpurnia, que se considera a sí misma una chica moderna americana, aprecia la diferencia de perspectivas que tienen sus padres respecto a su futuro profesional y al de sus hermanos varones, o cuando algún adulto hace comentarios condescendientes hacia ella por ser chica. De todos modos, cuenta con el apoyo incondicional, aunque silencioso, de su abuelo, y ha decidido ahorrar para poder ir, más adelante, a la Universidad, quieran sus padres o no, y al lector no le quedan dudas de que lo conseguirá.

Jacqueline Kelly. El curioso mundo de Calpurnia Tate (The curious world of Calpurnia Tate, 2015). Barcelona: Roca, 2015; 285 pp.; trad. de Santiago del Rey; ISBN: 978-84-9918-636-8. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 2 de marzo de 2016

La protagonista de Vacío, de Anna Llenas, es Julia, una niña normal y feliz. «Pero un día, de golpe, todo eso se fue y ella se quedó con un gran vacío», que se representa como un gran agujero en su centro. A continuación vemos distintas expresiones gráficas de lo que supone y significa ese vacío, vemos que Julia prueba con tapones de distintas clases —tapones buenos, aparentemente buenos, peligrosos…—, y no resuelve nada, hasta que para de buscar… Y ahí comienza la segunda parte de la historia.

Como el álbum previo de la ilustradora —cuya protagonista Rita se parece mucho gráficamente a Julia—, este también tiene un ritmo narrativo conseguido, unas ilustraciones eficaces y compuestas con talento, y un argumento más para mayores que para niños (con la dificultad, para llegar al público adulto, de que las ilustraciones son de las que siempre consideramos infantiles). El texto de la contracubierta («libro que nos habla de la resiliencia, o la capacidad de sobreponerse a la adversidad y encontrarle un sentido») nos anuncia un relato de autoayuda y, aunque algunas frases van en esa línea («busca en tu interior», «sensación de conexión»), la historia como tal se sostendría bien y sería mejor sin ellas (aunque supongo que vendería menos).

Anna Llenas. Vacío (2013). Granada: Barbara Fiore, 2015; 80 pp.; ISBN: 978-84-15208-72-3. [Vista del álbum en amazon.es]

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miércoles, 2 de marzo de 2016

En bienvenidosalafiesta: notas de febrero. Para quienes siguen los álbumes ilustrados lo mejor del mes es, sin duda, La trilogía del límite. Álbumes magníficos, de distinto tipo, son La vaca Victoria y Felices sueños, camiones grandes y pequeños. Una novela infantil excelente es El regreso a los sauces. Dentro de la tendencia actual a recuperar antiguas novelas amables y valiosas destacan La tierra de los abetos puntiagudos y Flores para la señora Harris.

En medium he puesto varias notas que ponen de manifiesto la tendencia de la que hablo al final del párrafo anterior: Novelas en paralelo con «clásicos» infantiles, Ediciones en 2015, en España, de más álbumes ilustrados «clásicos» (y 2), Ediciones en 2015, en España, de álbumes ilustrados «clásicos» (1), Una tendencia creciente: extensos álbumes de conocimientos, Ediciones recientes, en España, de otros diez libros infantiles antiguos (y 2), Ediciones recientes, en España, de diez libros infantiles antiguos (1).

En Primer cuaderno: notas de febrero. Destaco la entrevista en la que se habla de un sistema distinto para que los hijos sean lectores, y, en la misma línea del amor por la lectura y los libros, una reseña de la reedición de un gran libro: 84 Charing Cross Road.

En Segundo cuadernonotas de febrero. Entre las notas jugosas, una es la que cita El diario de la felicidad, otra la que explica la doctrina que se aprendía desde niño sobre la verdad, otra más la que menciona un artículo sobre el igualitarismo de género en el lenguaje.

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martes, 1 de marzo de 2016

La ballena azul, de Jenni Desmond, es un álbum informativo que podríamos llamar «introductorio», pues los conocimientos que transmite no son exhaustivos y están formulados para ser comprendidos y disfrutados por los lectores pequeños.

En la primera escena un niño lee un libro sobre la ballena azul. Y, a partir de ahí, se van dando datos: a veces se ve a la misma ballena; en otras imágenes hay comparaciones con otros seres para dar una idea de su tamaño, por ejemplo; otras aportan datos mientras se ve al niño del principio haciendo cosas. Las ilustraciones, que combinan collages, pinturas, lápices…, tienen fuerza y atraen.

Jenni Desmond. La ballena azul (The Blue Whale, 2015). Madrid: Kókinos, 2015; 44 pp.; trad. de Miguel Angel Mendo; ISBN: 978-84-16126-40-8. [Vsita del álbum en amazon.es]

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