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Notas de abril de 2005 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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sábado, 30 de abril de 2005

Ricardo Yepes:
«Existe una "cultura de la pantalla", un mundo ficticio creado por lo que muestra la televisión que ocupa la vida de muchos y que les hace vivir atados y confundidos. Esta peculiar confusión entre lo ficticio y lo real, entre lo que uno ve y lo que uno vive, puede desembocar en la pérdida de la distinción entre lo que es de verdad y lo que no, entre lo serio y la broma, entre realidad y sueño, capacidades y deseos, y abre así una puerta de par en par a la experiencia de la decepción o al aburrimiento ante lo cotidiano, ante lo que no es tan radiante como los mundos que nos venden desde la pantalla».

Ricardo Yepes Stork y Javier Aranguren. Fundamentos de antropología – Un ideal de la excelencia humana (1996).

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viernes, 29 de abril de 2005

Explica George Steiner en Lecciones de los maestros (Siruela, 2004) cómo «el judaísmo es inflexiblemente pedagógico», cómo en él se da una relación didáctica basada en un continuo diálogo, y cómo su supervivencia «ha dependido de este intercambio milenario en el aula o en la sinagoga, en la escuela talmúdica y en la tutoría». Esto se puede apreciar en las novelas de Chaim Potok, Los elegidos (agotado hace décadas, lamentablemente) y La promesa, publicado hace dos años en español. Son relatos que merecen ser conocidos por su extraordinaria calidad literaria, por la inusual categoría de sus personajes, y porque, al contrario de tantos novelistas judío-norteamericanos del siglo XX, Potok defiende a ultranza la fidelidad como norma de conducta.

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jueves, 28 de abril de 2005

Los libros de la serie protagonizada por Artemis Fowl, de Eoin Colfer, son entretenidos pero, tal como yo lo veo, en ellos no encajan bien marcos y contenidos: el género de aventura fantástica y los seres que la pueblan no son apropiados para usar los estereotipos y el estilo narrativo y conversacional propios de los «thriller» y las películas de acción. Sin duda, es enorme la facilidad del autor irlandés para esto último y por eso sus libros gustan a los aficionados a esa clase de ficciones con grandes tragaderas, pero no funcionan con quienes no ven nada sabrosa esa inverosímil mezcla en la que una pequeña elfa se comporta y habla como Bruce Willis. Personalmente no me parece que sean productos mínimamente duraderos: espero cosas mejores de Colfer para incluirlas en una selección de LIJ.

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miércoles, 27 de abril de 2005

A quienes desean a toda costa racionalizar el mundo les viene bien leer, entre otras obras, El señor de las moscas, de William Golding. Yendo más allá del comentario que una vez oí, que con este relato se da la razón a quienes piensan que un pesimista no es más que un optimista bien informado, lo cierto es que Golding revela lo evidente: hay una raíz interior del mal e ignorarlo sólo trae consecuencias terribles.

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martes, 26 de abril de 2005

Una parte de la explicación de algunos éxitos también está en lo que dice George Eliot en Middlemarch: «todo el mundo prefiere hacer conjeturas a saber simplemente la verdad porque las conjeturas llegan muy pronto a tener más confianza en sí mismas que el conocimiento, y aceptan con mucha más liberalidad afirmaciones antagónicas».

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lunes, 25 de abril de 2005

Otro rasgo de posmodernidad es la contaminación de géneros y en la mezcla de historias. Es el caso de los álbumes de David Wiesner, en su versión de Los tres cerditos y en Tuesday, un álbum genial sin texto no editado en España. La diferencia entre ambos es que si el primero es un álbum de adulto pues a él se dirigen y sólo él puede apreciar los juegos intertextuales y las referencias visuales y argumentales a otros relatos, el segundo es para todos pues aunque también las contiene no impiden que la historia pueda ser disfrutada por cualquiera. Por eso podemos decir que Tuesday es un gran álbum mientras que Los tres cerditos, a pesar de su excelencia en muchos sentidos, no lo es.

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viernes, 22 de abril de 2005

A propósito del aniversario de la muerte de Cervantes, una recomendación diferente: El otro árbol de Guernica (1967), de Luis de Castresana. En esta novela sobre un grupo de chicos vascos enviados a Francia y Bélgica durante la guerra civil española, una de las mejores que se han escrito en castellano sobre niños, se nos cuenta cómo el protagonista, Santiago Celaya, madura en circunstancias difíciles y amplía «paulatinamente, casi insensiblemente, su campo geográfico emocional», gracias también a la lectura de una versión adaptada de El Quijote, que cambia su vida y activa su futura vocación literaria. Ya se ve que las adaptaciones pueden cumplir muy bien su función.

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jueves, 21 de abril de 2005

«Eso es lo malo de los intelectuales, sólo quieren hablar de cosas serias cuando a ellos les apetece», se lamenta Holden Cauldfield, el protagonista de El guardián entre el centeno, hablando sobre esa clase de individuos a los que «no les gusta mantener una conversación a menos que sean ellos los que lleven la batuta. Siempre quieren que te calles cuando ellos se callan y que vuelvas a tu habitación cuando ellos quieren volver a su habitación». Son adultos que han olvidado cómo fueron ellos mismos y que no consideran relevante lo que ocupa la cabeza y el corazón de los jóvenes.

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miércoles, 20 de abril de 2005

Con el título El hábito de ser, hace pocos meses que se ha publicado el epistolario de la escritora norteamericana Flannery O´Connor, un libro espectacular por la categoría humana que revela, por su riqueza de contenido en opiniones literarias, por su buen humor afilado y muy inteligente. Con los criterios al uso la suya no es literatura juvenil, pero algunos de sus cuentos sí lo pueden ser para quien piense que los lectores jóvenes son a veces más perspicaces que los adultos. Y, en cualquier caso, sus relatos sobre niños o con niños son particularmente luminosos.

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martes, 19 de abril de 2005

En El escándalo del padre Brown dice Chesterton que «la verdad está todavía a media hora detrás de la calumnia, y nadie puede estar cierto de cuándo y dónde la alcanzará». El relato habla de cómo «la locuacidad de los periódicos y la ansiedad de los enemigos» propaga la primera versión de una historia incluso antes de que el periodista la mandase. Y, aunque fue instantáneamente corregida y desmentida por el mismo periodista en el segundo mensaje, estableciendo cómo acabó realmente la historia, eso de ningún modo mató aquella primera versión.

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lunes, 18 de abril de 2005

Un álbum puede ser llamado posmoderno cuando la historia que cuenta está en la manipulación del propio medio. Un buen ejemplo son LOS ÁLBUMES DEL RATÓN, de Monique Felix, una mezcla de acuarelas clásicas naturalistas donde los mismos dibujos interactúan con el álbum. Otro álbum de la ilustradora suiza, publicado hace un año, que representa de otro modo la fusión de elementos dispares tan característica de lo posmoderno es Las clases de tuba.

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viernes, 15 de abril de 2005

El singular Lemony Snicket, en uno de los libros de UNA SERIE DE CATASTRÓFICAS DESDICHAS, El aserradero lúgubre, dice lo siguiente sobre la autoestima: «A menudo, cuando los niños tienen problemas, oiréis decir a la gente que todo se debe a su baja autoestima. (...) En la mayoría de los casos, sin embargo, meterse en problemas no tiene nada que ver con la baja autoestima. Suele tener mucho más que ver con lo que está ocasionando el problema —un monstruo, un conductor de autobús, una piel de plátano, unas abejas asesinas, el director de la escuela— que con lo que pienses de ti mismo».

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jueves, 14 de abril de 2005

Cuenta Ernst Gombrich: «Hay personas que siempre están en contra de aprender fechas, pero las fechas son los postes más importantes de los que colgar el conocimiento de la historia. Naturalmente, mi padre solía llevarnos a los niños al Museo de Arte Histórico, que estaba muy cerca de donde vivíamos. Los domingos lluviosos solíamos ir allí, aunque cuando yo era muy pequeño hubiera preferido que nos llevase al Museo de Historia Natural, con sus animales disecados. Pero más tarde a mí también me gustaron los cuadros del Museo de Arte Histórico, siendo a la vez que la biblioteca de mis padres, sin duda, una de las mayores influencias de mi vida. No es que contaran con una biblioteca especialmente grande, pero tenían volúmenes de los Klassiker der Kunst. Y las colecciones editadas por Knackfuss —monografías de los principales maestros del Renacimiento italiano y del siglo XVII en Holanda— eran lectura obligada en casa. Mirábamos y comentábamos unos y otras. Así que mientras iba al colegio en el Gymnasium, adquirí un interés creciente, primero en la prehistoria —hachas de piedra y cosas que les interesan a los niños— y más tarde también en el antiguo Egipto y el arte clásico».

Gombrich esencial - Textos escogidos sobre arte y cultura (The Essential Gombrich, 1996). Edición de Richard Woodfield. Madrid: Debate, 1997; 624 pp.; ISBN: 84-8306-066-3.

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miércoles, 13 de abril de 2005

Cuando Gandalf quiere averiguar la contraseña de las puertas de Moria ve que las palabras en élfico grabadas encima de las puertas dicen: «Las Puertas de Durin, Señor de Moria. Habla, amigo, y entra». Gandalf prueba un encantamiento tras otro hasta que se da cuenta de que debería haber traducido las palabras élficas como «di “amigo” y entra”»... «Sólo tuve que pronunciar la palabra “amigo” en élfico y las puertas se abrieron. Simple, demasiado simple para un docto maestro en estos días sospechosos. Aquéllos sin duda eran tiempos más felices».

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martes, 12 de abril de 2005

Chesterton: «Por lo menos en un sentido vale más leer la mala literatura que la buena. La buena literatura puede hablarnos de la mente de un hombre, pero la mala literatura puede hablarnos de la mente de muchos hombres. Una buena novela nos dice la verdad acerca de su héroe, pero una mala novela nos dice la verdad acerca de su autor. Hace mucho más aún: nos dice la verdad acerca de sus lectores; y, cosa muy curiosa, nos dice todo esto mejor y más claramente cuanto más cínico e inmoral es el motivo de su fabricación. (...) La novela sincera presenta la simplicidad de una persona particular; la novela insincera presenta la simplicidad de la humanidad».

G. K. Chesterton. En «Los novelistas elegantes y los elegantes», un capítulo de Herejes (Heretics, 1905). Obras completas, tomo I; Barcelona: Plaza & Janés, 1967; 1676 pp.; trad. de M. J. Barroso Bonzon.

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lunes, 11 de abril de 2005

Los occidentales leemos de izquierda a derecha y normalmente hacemos lo mismo cuando nos enfrentamos a un álbum ilustrado. Por eso algunos han sentido extrañeza cuando ha caído en sus manos Una pesadilla en mi armario, de Mercer Mayer: fue un álbum preparado para ser editado en Israel donde la lectura es de derecha a izquierda. Y si el editor cambió la portada para ponerla en una dirección que no choque, no lo hizo así en las ilustraciones interiores. Pero, como es un buen relato sobre miedos infantiles, eso no impide su eficacia y su éxito.

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viernes, 8 de abril de 2005

He comprendido mejor a Rudyard Kipling después de leer la biografía que le dedica David Gilmour. Un pequeño texto: Kipling «se compadecía de los hombres y mujeres de puestos remotos que intentaban mantener su dignidad e incluso su cordura. La imagen de los victorianos en el trópico arreglándose para sus cenas solitarias provoca invariablemente regocijo; pero Kipling supo ver la importancia de tales ritos en la lucha contra el resquebrajamiento interior o "para no venirse abajo". En uno de sus cuentos un funcionario forestal que vive solo en un bungaló en medio del bosque, se pone cada noche una camisa blanca almidonada para "conservar su autoestima en la soledad". Kipling hacía lo mismo en la casa de Lahore, incluso cuando su familia estaba fuera, porque "uno sabía que si se rompía el ritual de arreglarse para la cena uno se desprendía de su ancla de salvación"».

David Gilmour. La vida imperial de Rudyard Kipling: la larga retirada (The Long Recessional. The Imperial Life of Rudyard Kipling, 2002). Barcelona: Seix Barral, 2003; 447 pp.; col. Los tres mundos; trad. de Diego Valverde; ISBN: 84-322-0875-2.

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jueves, 7 de abril de 2005

Ricardo Yepes: «El "Carpe diem!" no es aplicable a la vida profesional, donde impera la lógica de lo serio y de las tareas a largo plazo. Es, por tanto, un planteamiento incompleto de la vida, pues tampoco atiende al esfuerzo, al dolor, a la limitación y la enfermedad humanas, ante los que está amenazado de fatalismo. El hedonista, el hombre centrado en la consecución del placer, carece de respuestas ante el esfuerzo y el dolor. En el fondo, acaba viviendo siempre asustado, pues el presente sigue una sucesión imparable en el tiempo sobre la que él no tiene ningún dominio. Es la lógica de los inmaduros y los irresponsables».

Ricardo Yepes Stork y Javier Aranguren. Fundamentos de antropología – Un ideal de la excelencia humana (1996). Pamplona: Eunsa, 2003, 6ª ed.; 384 pp.; col. Filosófica; ISBN: 84-313-2109-1.

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miércoles, 6 de abril de 2005

Cuando veo el sentimentalismo que tantas veces asoma en historias de animales o el uso indebido de metáforas como «la libertad de los pájaros», «la fidelidad de los perros» o «el egoísmo de los erizos», recuerdo enseguida Vida de Pi, de Yann Martel, una inteligente y divertida novela donde queda claro que una vida instintiva no es una vida moral.

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martes, 5 de abril de 2005

Sobre algunos libros que me han preguntado:

Shadowmancer, de G. P. Taylor: no pasé de la página diez.

Molly Moon, de Georgia Byng: leí el primero y me pareció penosamente flojo, por lo que ya no leí el segundo.

Lionboy, de Zizou Corder: el protagonista resulta simpático y atrae también el interesante don que tiene de poder hablar «felino», pero pronto las aventuras se disparatan y la trama se complejiza de un modo absurdo, algo que se agudiza más aún en el segundo volumen titulado La caza.

Una cuestión de tiempo, de Michael Hoeye: en el primer libro están bien el arranque y la definición del personaje principal aunque resulta muy artificioso el conflicto final; y el segundo librito de la serie, El misterio del desierto, ya no se sostiene.

Se pueden decir más cosas, pero no merece mucho la pena. Son casos ilustrativos de cómo el talento literario que falta se intenta suplir con empuje publicitario y energía comercial.

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lunes, 4 de abril de 2005

Solo hay dos álbumes publicados en España de Sven Nordqvist, un ilustrador muy popular en Suecia y en todo el norte de Europa. De todos modos, tanto Tarta para el gato como Una trampa para zorros son un buen ejemplo de su estilo narrativo característico: páginas bien compuestas con dibujos agilísimos y ricos en detalles decorativos, abundancia de pequeñas escenas secundarias que atraen y divierten, argumentos simpáticos.

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viernes, 1 de abril de 2005

Como es sabido, mañana es el centenario de Hans Christian Andersen, un autor que con sus Cuentos se propuso enseñarnos a ver más allá de la superficie de las cosas, a saber observar la riqueza de la realidad. Véase lo que se indica en el relato titulado Lo que se puede imaginar (Hvad man kan hitte paa, 1869), cuando un poeta se queja:

«—¡Todo está escrito! —dijo él—. ¡Nuestra época no vale la pena!

—¡Qué va! —dijo la mujer—. En los viejos tiempos quemaban a las curanderas, y los poetas andaban por ahí con las tripas vacías y agujeros en el codo. Esta época es estupenda, es la mejor. Pero tú no ves bien las cosas, no has afinado tu oído y nunca rezas el padrenuestro por las noches. Hay un montón de cosas de las que hacer poesía en cualquier metro que quieras, y cosas que contar, si es que sabes contar historias. Las puedes sacar de las plantas de la tierra, extraerlas del agua corriente y del agua estancada, pero tienes que saber hacerlo, tienes que saber cazar un rayo de sol. Pruébate mis gafas, ponte mi trompetilla en el oído, reza a nuestro Señor, y deja de pensar solo en ti.

Lo último era muy difícil, más de lo que podía pedir una curandera».

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