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Notas de abril de 2008 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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miércoles, 30 de abril de 2008

Cruzada en jeans
,
de Thea Beckman, es otra novelita que habla de un viaje temporal pero, en este caso, sólo como pretexto para colocar al protagonista en la Edad Media y contar algunas cosas a través de sus ojos. Es un relato que se puede calificar de ciencia-ficción o de aventuras.

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martes, 29 de abril de 2008

El argumento de ayer recuerda mucho un relato de los años treinta: Popper y sus pingüinos, de Florence y Richard Atwater. Ya puestos, recuerdo que, de las reseñas ya colgadas aquí, otra historia de pingüinos es Mi pingüino Osvaldo.

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365pinguinos.jpg
lunes, 28 de abril de 2008

La narración de 365 pingüinos, de Joëlle Jolivet y Jean-Luc Fromental, comienza: «El uno de enero, a las nueve de la mañana, un mensajero llamó a la puerta. Abrí yo el paquete: un pingüino». Y, cada día del año, la familia sigue recibiendo pingüinos. Al final, el misterio se aclara, logran deshacerse de los 365 pingüinos y comienzan a respirar pero...

Álbum vistoso de formato grande, como otros de la ilustradora. Las ilustraciones están bien compuestas y son narrativamente claras. En ellas se usan sólo colores planos, se disponen todos los elementos contra el fondo normalmente blanco y algunas veces azul, y tienen particular gracia las escenas de pingüinos amontonados.

La historia refleja una familia típica del primer mundo —padres, niño y niña— y responde a lo políticamente imperante ahora, pues todo tiene su origen en que los pingüinos están amenazados por el calentamiento global. Lo anterior servirá para que haya quien lo recomiende con más entusiasmo, y para que otros lo rechacen visceralmente, pero su atractivo real está en la propuesta gráfica y en que suma un relato disparatado e hiperbólico que conecta bien con el niño y que, a la vez, le propone diversas operaciones matemáticas.

Joëlle Jolivet. 365 pingüinos (365 Pingouins, 2006). Texto de Jean-Luc Fromental. Madrid: Kókinos, 2007; 48 pp.; trad. de Miguel Ángel Mendo; ISBN: 978-84-96629-40-0.


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GirardJob.jpg
domingo, 27 de abril de 2008

Esta es una nota un poco deshilachada, pero ahí va.

Escuché a Joni Mitchell en los años ochenta e incorporé canciones suyas a mi reproductor hace unos años. Mi atención hacia ella creció cuando conocí sus famosas declaraciones de 2002 a la revista Rolling Stone, en las que decía sentir vergüenza de haber contribuido al mundo de la música tal como ahora es: «It's an insane business. Now, this is all calculated music. It's calculated for sales, it's sonically calculated, it's rudely calculated. I'm ashamed to be a part of the music business. You know, I just think it's a cesspool».

Este comentario conduce a que he oído con interés su disco último, Shine, y también The Joni’s Letters, otro (premiado) álbum reciente de Herbie Hancock basado en sus letras. Aún tengo que darles más oportunidades, pues del primero ahora sólo recuerdo una canción como Hana, y el segundo no me ha gustado mucho, sin duda porque no soy capaz de apreciar las sutilezas pianístico-jazzisticas, y también porque yo hubiera escogido canciones tan poderosas como Slouching Toward Bethlehem, basada en un poema de W. B. Yeats, o The Sire of Sorrow, inspirada en el Libro de Job...

Y este rollete termina con que, aunque en relación al Libro de Job he colgado ya notas en el pasado —La fe y el absurdo, El sufrimiento como amor— y una referencia en el comentario a El hombre que era jueves, me ha interesado mucho la sugerente interpretación que de ese libro tan misterioso hace René Girard en La ruta antigua de los hombres perversos. En él, subraya que «en la Biblia, es la víctima quien tiene la última palabra» y que Job tiene una «virtud rara y preciosa entre todas: la inmunidad al mimetismo». Habla de Job como de un Edipo que «se niega hasta el final a unir su voz a la de sus perseguidores», y como de una «Antígona de su propia causa» a quien «le piden que reconozca que su martirio está justificado y se niega». Apunta cómo los amigos de Job cumplen la función terapéutica propia de de los buitres. Y al final acentúa que nunca se pueden situar en el mismo plano «la verdad de los perseguidores» y «la verdad de los perseguidos», y que para comprender de verdad a Job se necesita el texto de la Pasión de Jesucristo, «puesto que Cristo lleva hasta el final lo que Job sólo consigue a medias».

Bueno, ya dije que la nota era un poco rara.

René Girard. La ruta antigua de los hombres perversos (Le route antique des hommes pervers, 1985). Barcelona: Anagrama, 2002, 2ª ed.; 197 pp.; col. Argumentos; trad. de Francisco Díez del Corral; ISBN: 978-84-3391-325-8.

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sábado, 26 de abril de 2008

Aforismo de Goethe, de una carta escrita el 13 de junio de 1819: «Hay tres tipos de lector: el que disfruta sin juicio; el que, sin disfrutar, enjuicia, y otro, intermedio, que enjuicia disfrutando y disfruta enjuiciando; éste es el que de verdad reproduce una obra de arte convirtiéndola en algo nuevo».

Leído en el libro de Hans Robert Jauss, Experiencia estética y hermenéutica literaria: ensayos en el campo de la experiencia estética (Ästhetische Erfahrung und literarische Hermenutik, 1977). Madrid: Taurus, 1986; 436 pp.; col. Persiles, Teoría y crítica literaria; trad. de Jaime Siles y Ela María Fernández-Palacios; ISBN: 84-306-2167-9.

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viernes, 25 de abril de 2008

Michael Kohlhaas,
de Heinrich von Kleist, es un apasionante relato corto acerca de un honrado tratante de caballos que sufre una injusticia y que, como no logra la reparación adecuada, decide actuar por su cuenta. La historia engancha enseguida aunque su segunda mitad es un continuo vaivén de complejidades jurídicas y de intrigas cortesanas, narrado con claridad pero en sí mismo difícil de seguir.

Remito a la excelente reseña de Pablo d’Ors en ABCD de hace algún tiempo (aunque se refiere a otra edición), gracias a la cual yo anoté que debía leer esta novela. En mi opinión merece la pena también conocerla por lo que tiene de historia prekafkiana —como se la califica con acierto en la contracubierta de la edición de Alba—, que hace pensar en los límites y las insuficiencias de la justicia humana.

Heinrich von Kleist. Michael Kohlhaas (1810). Barcelona: Alba, 2007; 141 pp.; col. Alba clásica; trad. y notas de Isabel Hernández; ISBN: 84-8428-326-7. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 24 de abril de 2008

De los siete libros de Chesterton que fueron editados o reeditados en España el año 2007 he reseñado ya cinco y no he mencionado todavía El escándalo del Padre Brown, el último de la serie que llevaba mucho tiempo fuera del mercado. Con ese motivo, hace unos días he actualizado la ficha de Chesterton: he desarrollado más los argumentos de todos los libros del Padre Brown, he mejorado el comentario general, he añadido algunas citas en varios apartados, y he actualizado la bibliografía. En jueves sucesivos haré un comentario, que no exactamente reseñas, a cada uno de los libros señalando ideas que se repiten en todos. También podría hacerse al revés, un comentario a cada una de las ideas que se repiten en cada libro...

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miércoles, 23 de abril de 2008

Hood,
de Stephen Lawhead, es el primer libro de una trilogía que recrea las leyendas sobre Robin Hood aunque con cambios significativos: no se ambientan en Inglaterra sino en Gales y están entremezcladas con otras leyendas populares galesas; tienen lugar en 1093 cuando reinan los hijos de Guillermo el Conquistador, y no en la época de Juan sin Tierra y Ricardo Corazón de León de dos siglos después. El autor, que ha publicado antes varias series de novelas en las que recrea viejas leyendas —muy vendidas y que no conozco—, explica sus elecciones en un epílogo: la impenetrabilidad de Gales a la conquista normanda, la densidad de sus bosques, la maestría de los galeses en la fabricación y el uso del arco largo... A la vez también reconoce que ningún apoyo más hay para ellas en las canciones populares medievales que tratan sobre Hood.

El protagonista, llamado Bran, es el joven y alocado hijo del rey de Elfael que, al comienzo de la historia, fallece junto con sus hombres en una emboscada. Cuando Bran intenta que le sean reconocidos sus derechos hereditarios es perseguido y dado por muerto. Gracias a los cuidados que le presta una hechicera del bosque se recupera físicamente y también se hace consciente de su destino: aceptar el liderazgo de su gente y luchar por ellos. En esta novela se presentan el conflicto que origina la lucha del protagonista; su mundo interior un tanto convulso; quiénes son sus compañeros y sus enemigos; su relación con lady Mérian. Al final, el lector queda situado: conoce la frágil posición de Bran en medio de un juego de intrigas a varias bandas. Al fondo, se ve que todo está regido por una leyenda-profecía sobre un Rey Cuervo —Rhi Bran—, que Bran escucha de labios de la hechicera cuando está convaleciente.

A la espera de cómo aborda las siguientes novelas de la serie, se puede alabar el trabajo del autor. A partir de un capítulo introductorio excelente, la narración coge un paso tranquilo que se sigue con el interés de una novela clásica de aventuras. Los personajes se van definiendo bien de acuerdo con sus acciones, la tensión de las escaramuzas guerreras está conseguida y, poco a poco, el lector siente crecer sus deseos de que los malvados reciban por fin su merecido. Los ambientes medievales están reflejados sobriamente y las descripciones son buenas; algunas escenas están particularmente cuidadas, como las que dan protagonismo al bosque y la que narra la fabricación del arco y las flechas que usará Bran. El autor se toma en serio a sus personajes y evita cualquier clase de ironía torpe, al tiempo que refleja la mezcla de fe y barbarie de algunos comportamientos. Tal vez le sobren los ribetes misteriosos-esotéricos que tiene Angharad, la hechicera, aunque ciertamente no es un aspecto en el que se cargue la mano.

De momento, por tanto, se puede decir lo mejor de un relato así: que abre los deseos de leer la segunda parte con la esperanza de que se mantenga el nivel.

Stephen Lawhead. Hood (2007). Barcelona: Timun Mas, 2008; 458 pp.; trad. de Isabel Clúa Ginés; ISBN: 978-84-480-3623-2.

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martes, 22 de abril de 2008

Un relato de animales muy popular, que Disney llevó al cine hace tiempo, es Viaje increíble, de Sheila Burnford. No sé bien por qué no hay edición en castellano disponible actualmente pues es excelente.

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lunes, 21 de abril de 2008

Lothar Meggendorfer
fue autor de más de treinta libros tridimensionales a finales del siglo XIX. Uno de los más conocidos, editado en España tiempo atrás, fue Circo Internacional. No está disponible ahora en las librerías españolas pero se puede conseguir en librerías on-line: no tiene texto.

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domingo, 20 de abril de 2008

He aprendido cosas con El poder del arte, de Simon Schama, una obra preparada para mostrar la obra cumbre de ocho pintores famosos en una serie de televisión de la BBC, a pesar de la decepción que me han causado algunos comentarios irónicos y «sobreinterpretativos» que no vienen a cuento.

Del capítulo dedicado a Picasso, centrado en el Guernica, una cita: «Esto es lo que debe lograr todo el gran arte: impactar en nuestra perezosa rutina. El Guernica combate el hábito verdaderamente mortífero, enfermedad de nuestros tiempos y de los suyos, de acostumbrarnos a los actos violentos y perversos, de bostezar cuando contemplamos una matanza en la pantalla: ¡ya lo he visto!; ¡venga, otra cosa!; ¡no estropeemos el placer que nos da el arte! No fue creado para entretener. Fue concebido para levantar ampollas, para quitarnos el sueño. Y lo hizo».

Al leer esto pensaba —no por primera vez— si alguna obra de arte tendrá esa capacidad en el caso de una tragedia como la del aborto en nuestras sociedades desarrolladas. Y, de momento al menos, mi conclusión es que no: además de que sus dimensiones son incomparables con las de cualquier conflicto bélico o con cualquier catástrofe, sigue habiendo muchas complicidades interesadas en orientar los altavoces y los focos de modo que una mayoría no escuche y mire hacia otro lado.

Simon Schama. El poder del arte (The Power of Art, 2006). Barcelona: Crítica, 2007; 499 pp.; trad. de Juan Rabasseda Gascón; ISBN (10): 84-8432-872-4.

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sábado, 19 de abril de 2008

Northrop Frye: «La crítica (literaria), como la religión, es uno de esos campos infraacadémicos donde una gran cantidad de personas siguen disfrutando de libertad para dar rienda suelta a sus ansiedades, en lugar de proceder al estudio del tema. Cualquier mención que se haga de este hecho puede provocar la respuesta: “Por supuesto, usted no entiende lo importantes que son nuestras ansiedades”».

Northrop Frye. El camino crítico: ensayo sobre el contexto social de la crítica literaria (The Critical Path, 1971). Madrid: Taurus, 1986; 149 pp.; col. Persiles, serie Teoría y Crítica literaria; trad. de Miguel Mac-Veigh; ISBN: 8430621660.

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viernes, 18 de abril de 2008

En Diario de un escritor, Dostoievski habla con entusiasmo de Infancia, adolescencia y juventud, de Tolstoi, a la que califica de «estudio psicológico sobre el alma infantil de una gran profundidad y admirablemente escrito», centrado en un muchacho que «pertenece a ese tipo de familias de la nobleza medio alta de las que el conde Tolstoi, siguiendo el legado de Pushkin, se ha erigido de manera plena en historiador y poeta».

En ese mismo libro Dostoievski explica cómo su interés en otro tipo de chicos dio lugar a su novela El adolescente: «Hace tiempo que me he propuesto escribir una novela sobre los niños rusos de hoy, y desde luego también sobre sus padres y sobre sus actuales relaciones mutuas. El esquema está listo y pensado de antemano, como debe hacer siempre un novelista. En la medida de lo posible, tomaré a los padres y a los hijos de todas las capas de la sociedad y seguiré a los niños desde su más tierna infancia».

[Hace año y medio estuve a punto de comenzar pero] «en lugar de eso escribí El adolescente, un primer esbozo de mi idea. Pero en esa obra el niño ya ha salido de la infancia y aparece como un hombre inmaduro que, con timidez e insolencia a un tiempo, trata de dar cuanto antes su primer paso en la vida. Tomé un alma inocente, pero ya ensuciada por la terrible posibilidad del vicio, por un odio prematuro a la insignificancia y el carácter “casual” de la naturaleza, por la facilidad con que su alma, aún casta, acoge conscientemente el vicio en sus pensamientos, lo acaricia ya en su corazón y se deleita con él en sus sueños todavía pudibundos, pero ya osados y tormentosos; y todo eso abandonado a sus propias fuerzas y a su discreción, así como también, naturalmente, a Dios. Son los abortos de la sociedad, los miembros “casuales” de familias “casuales”».

En relación a esta novela, Nicolae Steindhart comenta en El diario de la felicidad que, aunque no es la mejor de su autor, en ella se contiene un tesoro encerrado en un personaje secundario: Makar Ivanovich, el padre adoptivo del joven Arkadi Dolgoruki, «un hombre siempre feliz, un peregrino que no conoce el cansancio, un hombre al que la injusticia y el mal no pueden alcanzar».

Fiódor Dostoievski. Enero 1877, «La celebración del santo», y Enero de 1876, «Una novela futura. Otra “familia casual”». Diario de un escritor (Dnevnik pisatelia, 1873-1880). Barcelona: Alba, 2007; 630 pp.; col. Alba Maior; trad., selección, introducción y notas de Víctor Gallego Ballestero; ISBN: 978-84-8428-354-6.

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jueves, 17 de abril de 2008

Ya que salió citado ayer, he aquí una breve ficha de Milton Caniff, un histórico dibujante al que los entusiastas llaman el Rembrandt de los cómics, no por los guiones obviamente.

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miércoles, 16 de abril de 2008

Los Hermanos Negros
,
de Lisa Teztner, fue una interesante historia dickensiana de los años cuarenta, apoyada en hechos reales, que no tuvo eco cuando se publicó en España. Hace pocos años el ilustrador suizo Hannes Binder preparó una novela gráfica basada en ella: redujo el texto y realizó unas excelentes ilustraciones como grabados en blanco y negro, basadas en los escenarios de la novela. Esta versión, que obtuvo importantes premios y que ha recibido muchos elogios, acaba de ser publicada en español. En mi caso hubiera preferido la novela original completa, pues creo que la versión abreviada pierde mucho, pero por supuesto acompañada por los dramáticos claroscuros a lo Milton Caniff que ha preparado Binder.

Hannes Binder. Los Hermanos Negros (Die Schwarzen Brüder, 2002). Novela gráfica basada en la novela de Lisa Tetzner titulada igual. Salamanca: Lóguez, 2007; 142 pp.; trad. de Eduardo Martínez; ISBN: 978-84-96646-16-2.

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martes, 15 de abril de 2008

Hay muchos relatos infantiles que tratan sobre libros a los que, a veces, los adultos acuden con la esperanza de que animen a leer a los niños o, al menos, les acerquen un poco a los libros. Uno de los mejores que conozco es C. El pequeño libro que no tenía nombre, de José Antonio Millán.

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lunes, 14 de abril de 2008

Un álbum «educativo» útil: ¡Me como esa coma!, con graciosas ilustraciones de Emilio Urberuaga y textos de José Antonio Millán. Es una sucesión de ilustraciones contrapuestas en cada doble página, cada una de las cuales muestra una imagen que se corresponde con la frase que va debajo: «Perdón imposible, que cumpla su condena» frente a «Perdón, imposible que cumpla su condena»; «Los niños que llevaban escafandra se metieron en la piscina» frente a «Los niños, que llevaban escafandra, se metieron en la piscina»; «¡Mira que bonito perro enano!» frente a «¡Mira que bonito perro, enano!, etc. Al final hay unos comentarios explicativos.

Emilio Urberuaga. ¡Me como esa coma! ¡Glups! parece que la puntuación es importante (2007). Texto de José Antonio Millán. Barcelona: Serres, 2007; 32 pp.; ISBN: 978-84-7871-934-1.

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domingo, 13 de abril de 2008

Octubre de 1956. En la época en la que Nicolae Steindhart trabaja de ordenanza en el Ministerio de Industria, observa el silencio que hay en los despachos mientras se mueve de un lugar a otro, y dice: «La gente se calla, todos meten las narices en los legajos y en los papeles. No se miran unos a otros. Pero se siente algo. Un silencio cargado, como en El silencio del mar, el gran libro de Vercors (en el que se ve que la dignidad no es una palabra vacía, en el que se canta la poesía del comportamiento —existe una poesía del comportamiento: fíjate en la epopeya de Roldán, fíjate en César, cuya última preocupación, herido de muerte, es cubrirse los pies con la toga—, en el que padre e hija no hablan con el invasor, por muy honrado que este sea, por muy simpático que les parezca, por mucho que lo sientan o por mucho que les cueste)».

Nicolae Steinhardt. El diario de la felicidad (Jurnalul Fericirii, 1991). Salamanca, Sígueme, 2007; 634 pp.; trad. de Viorica Patea, Fernando Sánchez Miret y George Ardeleanu; ISBN: 978-84-301-1658-4.

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sábado, 12 de abril de 2008

En varias ocasiones he indicado distintos motivos por los que contamos historias: en Literatura, en Gente que conocemos y gente que nos gustaría conocer, en Para una comprensión cabal de la vida, en Un animal que cuenta historias. Ahora, otro más: «Contamos historias porque, al fin y al cabo, las vidas humanas necesitan y merecen contarse. Esta observación adquiere toda su fuerza cuando evocamos la necesidad de salvar la historia de los vencidos y de los perdedores».

Paul Ricoeur. Tiempo y narración I. Configuración del tiempo en el relato histórico (Temps et Récit. L’histoire et le recit, 1983). Madrid: Cristiandad, 1987; 377 pp.; serie Libros Europa; trad. de Agustín Neira; ISBN: 84-7057-415-9.

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MillerLeibowitz.jpg
viernes, 11 de abril de 2008

Una excepción a la regla de que los relatos cortos de ciencia ficción son mejores y duran más que las novelas largas del género es Cántico por Leibowitz, de Walter Miller, «una de las novelas legendarias de la ciencia ficción», afirma el experto prologuista de la edición que cito abajo. Después de haber mencionado, semanas atrás, dos novelas situadas en un futuro postnuclear como La carretera y Mensajero del futuro, puede ser oportuno recordar esta.

Su argumento tiene tres partes: la primera se desarrolla seiscientos años después de la Tercera Guerra Mundial, cuando en el mundo quedan muy pocos documentos que hayan sobrevivido a la Era de la Simplificación; la segunda sucede seiscientos años después, cuando la ciencia ha resurgido y se discute sobre la responsabilidad de los científicos; la tercera, otros seiscientos años adelante, comienza cuando la humanidad está volviendo a fabricar armas nucleares...

Optar por ese fraccionamiento, por narrar a paso lento, por observar periodos de poca duración, por centrar el foco en pocos personajes, por evitar cualquier hondura de tipo tecnológico, son aciertos que dan a esta novela una textura particular que la diferencia de la inmensa mayoría del género. Comparte con esa mayoría, sin embargo, la poca confianza en la sensatez final de los hombres: «¿Está la especie humana congénitamente insana?» se preguntará el abad Zerchi, el personaje que mejor representa el positivo trabajo humanizador de los monjes que Miller desea subrayar.

Que yo sepa, la novela no está en el mercado ahora mismo y es necesario buscarla en bibliotecas públicas (o de un amigo). Hay que reconocer que la cubierta era desanimante.

Walter Miller. Cántico por Leibowitz (A Canticle for Leibowitz, 1955-1959). Barcelona: Ediciones B, 1992; 384 pp.; col. Nova ciencia ficción; prólogo de Miquel Barceló; trad. de I. Peypoch revisada por Pedro Jorge Romero; ISBN: 84-406-3131-6.

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jueves, 10 de abril de 2008

Igual que dije a propósito de Isaac Asimov, en mi opinión lo mejor del recientemente fallecido Arthur C. Clarke son sus relatos cortos, como los Cuentos de la taberna del Ciervo Blanco.

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miércoles, 9 de abril de 2008

Pocos años después de Jack London, tomó su relevo como autor popular de relatos sobre animales James Oliver Curwood, más optimista y positivo, y por tanto más popular, buen conocedor de los ambientes que trata en novelas con momentos a la vez «inolvidables y espeluznantes». Recientemente, además, ha salido una nueva edición del clásico Kazán, perro lobo.

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martes, 8 de abril de 2008

Entre las cualidades de El secuestro de la bibliotecaria, un libro de la neozelandesa Margaret Mahy, antigua bibliotecaria, una es muy importante para durar: conectar de lleno con quienes más hacen por prolongar la vida de los libros.

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lunes, 7 de abril de 2008

Un álbum de arte con una protagonista picassiana: Julieta y su caja de colores, de Carlos Pellicer López.

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domingo, 6 de abril de 2008

Anotación de Nicolae Steindhart fechada en 1971:

«No lo sabía —la respuesta de aquellos a los que se les habla de tortura, de los campos de concentración, de las cárceles, de las confesiones forzadas de los acusados, de los internamientos de políticos en manicomios—, no es una disculpa válida. Nadie está obligado a inventar la pólvora o a descubrir la teoría cuántica. Pero, por otra parte, una inteligencia elemental es un deber. Sobre todo para un cristiano, que tiene que estar siempre alerta ante las tentaciones. Y la estupidez es una tentación. Y no sólo para un cristiano. Y esto a causa de una constatación experimental objetiva: nadie sabe nada, pero todo el mundo lo sabe todo.

La ignorancia, la estupidez, el paso a ciegas por la vida y por las cosas, o el paso indiferente son cosa del diablo. El samaritano no ha sido sólo bueno; también ha estado atento: ha sabido ver».

Nicolae Steinhardt. El diario de la felicidad (Jurnalul Fericirii, 1991). Salamanca, Sígueme, 2007; 634 pp.; trad. de Viorica Patea, Fernando Sánchez Miret y George Ardeleanu; ISBN: 978-84-301-1658-4.

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sábado, 5 de abril de 2008

Wayne Booth: Si usted está trabajando en equipo, cuando «disienta sobre cuestiones que no tienen ningún impacto significativo sobre la totalidad, olvídelo. Reserve su intransigencia para cuestiones de principios éticos o cuestiones fundamentales».

Wayne C. Booth, Gregory G. Colomb, Joseph M. Williams. Cómo convertirse en un hábil investigador (The Craft of Research, 1995). Barcelona: Gedisa, 2001; 318 pp.; col. Biblioteca de Educación – Herramientas universitarias; trad. de José A. Álvarez; ISBN: 84-7432-817-9.

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SwiftGull01.jpg
viernes, 4 de abril de 2008

Jonathan Swift
es un autor que forma parte de la historia de la literatura infantil aunque ninguna de sus obras tiene nada de infantil, ni en sus intenciones satíricas ni en sus contenidos complejos ni en su escritura zigzagueante. Pero las dos primeras partes de Los Viajes de Gulliver, de un gigante entre seres minúsculos y de un enano entre gigantes, versionadas o suavizadas convenientemente, son historias cercanas al gusto de los niños y están en el origen —junto con cuentos populares de personajes semejantes— de muchísimos relatos posteriores. Es una pena que ya no esté en el mercado la edición con las ilustraciones decimonónicas de Grandville, como la de la derecha.

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jueves, 3 de abril de 2008

Quien sea un entusiasta de Jack London no debería perderse los relatos en cómic de Jiro Taniguchi contenidos en El viajero de la tundra, título de seis historias cortas publicadas entre los años 1994 y 2003. Dos están basadas en textos de Jack London; otra trata sobre una ballena jorobada; otra sobre un dibujante de cómic que comienza su carrera; otra sobre recuerdos de infancia del narrador cuando sus padres se han separado y un verano conoce a una chica; y otra sobre un oso que vuelve y un viejo cazador que va a por él porque en el pasado mató a su hijo. Poco se puede añadir a lo dicho en el comentario a Barrio lejano: es impresionante la maestría narrativa y la elegancia del dibujo de Taniguchi.

Jiro Taniguchi. El viajero de la tundra (Toudo no tabibito, 2005). Rasquera (Tarragona): Ponent Mon, 2006; 245 pp.; trad. de Shizuka Shimayana y Miguel Ángel Ibáñez Muñoz; ISBN: 84-96427-28-5.

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LondonLlamaSelva.jpg
miércoles, 2 de abril de 2008

Se puede considerar como el iniciador del subgénero tan popular de animales que corren aventuras a Jack London. Aunque sea recordado sobre todo por novelas como La llamada de lo salvaje y Colmillo blanco, con el paso del tiempo a mí me han llegado a gustar más algunos de sus relatos cortos, como varios contenidos en La quimera del oro.

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FotoNiñoOvni.jpg
martes, 1 de abril de 2008

Un comentario posible a la foto de la derecha es el de art234, que es donde la he visto y al que he llegado a través de vagón bar. Otro es señalar una de las razones por la que me gusta esa imagen: una figura de espaldas al espectador nos hace mirar en su misma dirección y nos hace comprender lo que vemos a través de su mirada; si esa figura es un niño nos resulta fácil imaginarnos su sorpresa y su diversión y todo el mundo interior que puede haber detrás. Y esa es la misión del arte, o una misión del arte: enseñarnos a ver de nuevo las cosas con la capacidad de asombro y el sentido de novedad de un niño...

También por eso pasan los años y me sigue gustando leer (buena) literatura infantil.

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martes, 1 de abril de 2008

Alasdair MacIntyre: «El hombre, tanto en sus acciones y sus prácticas como en sus ficciones es un animal que cuenta historias. Lo que no es esencialmente, aunque llegue a serlo a través de su historia, es un contador de historias que aspira a la verdad. Pero la pregunta clave para los hombres no versa sobre su autoría; sólo puedo contestar a la pregunta “¿qué voy a hacer?”, si puedo contestar a la pregunta previa “¿de qué historia o historias me encuentro formando parte?”. Entramos en la sociedad humana con uno o más papeles asignados, y tenemos que aprender en qué consisten para poder entender las respuestas que los demás nos dan y para construir las nuestras. Escuchando narraciones sobre madrastras malvadas, niños abandonados, reyes buenos pero mal aconsejados, lobas que amamantan gemelos, hijos menores que no reciben herencia y tienen que encontrar su propio camino en la vida e hijos primogénitos [?] que despilfarran su herencia en vidas licenciosas y marchan al destierro a vivir con los cerdos, los niños aprenden o no lo que son un niño y un padre, el tipo de personajes que pueden existir en el drama en el que han nacido y cuáles son los derroteros del mundo. Prívese a los niños de las narraciones y se les dejará sin guión, tartamudos angustiados en sus acciones y en sus palabras. No hay modo de entender ninguna sociedad, incluyendo la nuestra, que no pase por el cúmulo de narraciones que constituyen sus recursos dramáticos básicos».

Alasdair MacIntyre. Tras la virtud (After virtue, 1984). Barcelona: Crítica, 2004, 2ª impr.; 352 pp.; col. Biblioteca de bolsillo; trad. de Amelia Valcárcel; ISBN (10): 84-8432-170-3.

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