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Notas de abril de 2010 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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viernes, 30 de abril de 2010

Durante la Feria del Libro de Valladolid, que comienza hoy, será la presentación (por fin) de Cruces de caminos – Álbumes ilustrados: construcción y lectura. Esta es la invitación.

El día previsto es el viernes, 7 de mayo, a las 12 de la mañana, en el Palacio de Cristal del Paseo del Campo Grande. Intervendremos los autores, Fernando Zaparaín y yo, y Pedro Conde Parrado, director del Servicio de Publicaciones de la Universidad de Valladolid.

Mi parte del trabajo es el estudio de los álbumes desde un punto de vista narrativo y desde la recepción, y la parte de Fernando es el análisis de los aspectos gráficos en la construcción de los álbumes.

El libro está coeditado por la Universidad de Valladolid y la de Castilla-La Mancha con gran generosidad, pues tiene casi cuatrocientas páginas y cuatrocientas ilustraciones en color.

Pero, a fecha de hoy, no he visto aún el libro. Así que, cuando lo vea, diré más cosas. De momento, para dar idea de su contenido, aquí dejo el texto que yo tengo de la introducción y un sumario completo (el que aparecerá en el libro está reducido).

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jueves, 29 de abril de 2010

¿Por qué todos me miran la cabeza?,
de Randa Abdel-Fattah, es la primera novela de su autora, australiana de origen palestino. Por su destreza y por su enfoque causó gran impacto en los países anglosajones cuando salió. Se publicó en España hace ya dos años pero yo la he leído hace pocas semanas. Tanto si la juzgamos como una obra primeriza como si la comparamos con las muchas novelas de chicas adolescentes merece muy buena nota.

Amal, una chica de dieciséis años, hija única de médicos palestinos afincados en Australia, cuenta qué ocurre cuando decide llevar el hiyab puesto a todas horas. Sus padres, que al principio intentan disuadirla porque suponen lo que sufrirá su hija, ya que será la única en su colegio en esa situación, se alegran y refuerzan su propósito. Además de los líos escolares y amorosos, Amal tendrá que tratar con una vecina mayor muy arisca y que apoyar a una prima de origen turco que tiene muchos problemas familiares por la rigidez de su madre.

Lo primero que se ha de decir es que la novela tiene todo lo típico del género. Se mencionan muchas canciones, películas, series de televisión, y actores y actrices de moda. Amal y sus amigas se pirran por ir de compras, hablan continuamente de problemas con las comidas, y se pasan la vida charlando por teléfono y haciendo conjeturas sobre cuestiones amorosas y quién dijo qué a quién y qué significa eso, etc. Hay espadachineos dialécticos agresivos e insultantes entre Amal, o sus amigas, y sus rivales (que pueden ser más guapas pero son más cortas...). Amal, que todo lo cuenta en presente con fluidez y con ingenio, resulta muy atractiva para el lector por su carácter combativo, y por su extraordinaria claridad para explicar sus confusiones. Su personalidad evoluciona: va logrando controlar mejor sus emociones y al final sufre una especie de arrepentimiento a lo Jane Austen pues ve que no sólo quienes están a su alrededor la juzgan mal sino que también ella ha juzgado mal a otros y no ha sabido ponerse en su lugar.

Lo segundo es que la novela, al mostrar la incomodidad que Amal siente cuando todo el mundo se dirige a ella debido a noticias como un programa de televisión sobre los talibanes u otro sobre la ablación en África,  o cuando no le dan un trabajo en un bar porque le dicen que su pañuelo es antihigiénico, consigue su objetivo de hacer pensar al lector occidental en algunos estereotipos injustos que difunden los medios de comunicación. También contribuye a su presentación positiva del Islam la imagen de sensatez educativa que dan sus padres —«te conozco demasiado bien, Amal», le dice su madre, «el numerito “es el fin del mundo” no va a funcionarte conmigo»—, y las bromas que sabe hacer sobre algunas costumbres de su religión: cuando habla del Ramadán, por ejemplo, explica que no va sólo de pasar hambre y sed sino que «la verdad es que nos damos atracones», «madre mía, qué atracones»...

Pero quizá lo mejor sea lo bien que se presentan los argumentos de Amal en favor de sus opciones. Cuando sale con hiyab por primera vez se siente «protegida de toda esa porquería sobre la belleza y la imagen». Decide rezar a las horas marcadas porque se da cuenta de que no es recto hacerlo a toda prisa para que le dé tiempo a ver su culebrón favorito. Aunque toda la narración es como decir a las lectoras jóvenes un «eh, que soy como vosotras», también comenta qué raro es que se considere normal a quien se emborracha todos los fines de semana pero se llame freaky a quien lleva un trozo de tela en la cabeza. Su bronca con el chico que le gusta, para explicarle su inflexibilidad en su concepción de un noviazgo sin pruebas, tampoco tiene desperdicio. Es acertado su reconocimiento final de que no sirve de nada «ser fiel a tu religión en el aspecto externo si no cambias lo que hay en tu interior, que es lo que verdaderamente cuenta»: «me he estado engañando. Ponerme el hiyab no es el final del trayecto. Es sólo el principio».

La historia da pie para tratar más cuestiones, en las que no entraré porque no las conozco bien y no me corresponde a mí discutirlas, pero que menciono rápidamente. Una, que la novela se alinea con otras novelas o libros de memorias de mujeres musulmanas que desean afirmar la validez del Islam para vivir en el mundo occidental. Otra, que no hay novelas simétricas o parecidas que procedan de países musulmanes. Otra es la pregunta de si, según el Corán, el propósito del hiyab es el que indica el libro de reafirmar la identidad musulmana o el de, como indica la misma palabra, ocultar a la vista o esconder. Otra, la recepción del libro no entre occidentales sino entre musulmanes, debido al estilo descarado y directo de Amal, y debido a que muchos pueden sentir que la novela anima más a ver telenovelas y a un estilo de vida consumista que a vivir según el Corán. De todas maneras, tal vez lo más justo es ver la novela como lo que es, una historia concreta, y no intentar verla como representativa de todos los musulmanes que viven en Occidente, y ni siquiera de la mayoría.

En otro orden de cosas, la novela ha recibido elogios por su buen inglés, según he leído. En español algunos párrafos no encajan bien: por ejemplo, una magnífica respuesta de Amal sobre qué significa para ella pararse unos minutos al día para rezar —que compara con los tiempos muertos del baloncesto—, no suena bien a quienes conozcan el baloncesto. Y, en particular, la traducción usa varias veces expresiones malsonantes con la palabra «hostia» en boca de la narradora (y no en boca de alguien que use un lenguaje callejero). En fin: es difícil pensar que no haya traducciones más correctas de algunas expresiones de argot australianas; es también raro que una chica musulmana que asistió a un colegio católico en su infancia hable así; esto es menos comprensible aún dentro de un libro que habla de respeto a las costumbres de otros, y menos todavía en un libro que se publica en España. ¿Inconsciencia?, ¿incompetencia?, ¿deseos de meter el dedo en el ojo?

Y, a propósito de la reciente polémica sobre una chica, en Madrid, a la que se le prohibió ir a clase con velo, este artículo me parece certero.

Randa Abdel-Fattah. ¿Por qué todos me miran la cabeza? (Does My Head Look Big In This?, 2005). Barcelona: La Galera, 2008; 347 pp.; trad. de Pepa Devesa; ISBN: 978-84-246-3048-5.

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miércoles, 28 de abril de 2010

Se ha vuelto a reeditar Endrina y el secreto del peregrino, de Concha López Narváez, un relato bien comentado aquí. Por cierto, que con motivo del actual Año Jacobeo también podría volver al mercado El bordón y la estrella de Joaquín Aguirre Bellver.

Siglo XII. Endrina, una chica navarra, se une a un anciano y un joven franceses que hacen el Camino de Santiago. En el viaje ocurren distintos incidentes y Endrina se termina enterando de los secretos que ocultan sus compañeros.

El argumento interesa y hay una buena reconstrucción ambiental con explicaciones a pie de página para traducir expresiones o aclarar cosas. El lenguaje que usan no sólo los personajes sino también el narrador, está excesivamente «medievalizado» y, para mi gusto, resulta recargado, aunque también eso indique la voluntad de la escritora de realizar un trabajo serio (y es de agradecer siempre que uno se pase por ese lado y no por el contrario).

Concha López Narváez, Endrina y el secreto del peregrino (1987). Madrid: Espasa, 2009; 208 pp.; col. Austral Juvenil; ilust. de Shula Goldman; ISBN 13: 978-84-670-3230-7.

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martes, 27 de abril de 2010

La cara oculta de (la llegada del hombre a la luna,
con ilustraciones de Roger Elm (Roger Olmos) y texto de Lewis York (Lluís Llort), es un álbum que cuenta una historia bromista que conecta bien con algunos lectores (como yo mismo) y no tan bien con otros (por más jóvenes o por el tipo de humor).

En él se nos habla del primer viaje a la Luna y se cuentan entrevistas con personajes que niegan que aquello fuera verdad o que dicen conocer cosas que se nos escamotearon. Entre ellos están el profesor Hilario García Pozos (H. G. Pozos), el director de cine Estanislao Cubric y otros incluso más raros.

Esta clase de bromas y referencias más o menos cultas en el texto y en las imágenes, y otras con un toque gamberro, dan idea de que no son los niños los destinatarios de la historia. Las ilustraciones, con estética propia de los años de aquel viaje, atraen también porque contienen detalles chistosos para fijarse.

Roger Elm. La cara oculta de (la llegada del hombre a) la luna (2009). Texto de Lewis York. Barcelona: Lumen, 2009; 30 pp.; ISBN: 978-84-488-2874-5.

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lunes, 26 de abril de 2010

Cuando me visto de marinero,
de Uri Shulevitz es un álbum aparentemente sencillo con un breve argumento tomado de un recuerdo infantil del autor.

Un niño se viste de marinero y sube a casa de unos vecinos a jugar con la maqueta de un barco antiguo; allí, con la imaginación, viaja por todo el mundo. Pero se siente observado y amenazado desde un viejo retrato por un marinero de rostro muy serio y, asustado, vuelve a casa...

Narración contada con vocabulario infantil pero con palabras ricas propias de las novelas de aventuras. Las ilustraciones, acuarelas cálidas y amables, cuentan con claridad la historia. Sugieren bien cómo el escenario real se transforma en el mundo imaginativo cuando el protagonista embarca y comienza sus juegos.

El álbum, dedicado por Shulevitz a su madre, presenta en el comienzo cómo la madre anima a su hijo a jugar y, más tarde, con su figura en el fondo, sugiere que fue ella quien dio al niño la seguridad que necesitaba para vencer sus temores.

Uri Shulevitz. Cuando me visto de marinero (When I Wore My Sailor Suit, 2009). Barcelona: Juventud, 2009; 32 pp.; trad. de Elodie Bourgeois; ISBN: 978-84-261-3773-9.

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domingo, 25 de abril de 2010

Una idea a la que vuelve una y otra vez Ernst Jünger en el segundo tomo de Radiaciones está encerrada en la frase de Goethe «Pero en lo interior sí está hecho». En una entrada de fecha 12 de febrero de 1943 dice que los libros y los cuadros causan efecto incluso si nadie los ve o los lee, idea incomprensible para muchos en nuestro mundo, a medida que se «van sustituyendo los vínculos espirituales por los técnicos», pero tan cierta como que las oraciones de un monje son importantes aunque no las oigan aquellos por quienes rezan. Lo explica de modo completo en la última entrada del libro, del 2 de diciembre de 1948:
«“Pero en el interior sí está hecho”. Una frase para meditar sobre ella, llena de significado. Hay una terminación de nuestras acciones en lo absoluto, un complemento que es siempre independiente del éxito o del fracaso. Eso representa un gran consuelo.

Nuestras acciones son comparables a disparos que estuviesen animados de una fuerza doble. Por un lado son como flechas disparadas por el arco de la vida; esas flechas están sujetas al azar, a la fuerza de la gravedad, al viento. Dan en el blanco o fallan; no está en nuestras manos la trayectoria que siguen.
Pero, a la vez, la cuerda, al estar tensada también por la fuerza de amor, lanza la flecha hacia lo que está por encima de lo real, en una trayectoria recta, que alcanza su meta en lo invisible. Hay un segundo destinatario de nuestras palabras, de nuestros actos, de nuestros pensamientos.

Escribimos una carta a uno de nuestros allegados y la llevamos a correos. En el instante en que la echamos al buzón pensamos en su destinatario y nos invade la preocupación de si le llegará. Cuando reina el caos esta preocupación es muy grande. Y, sin embargo, resulta consolador el pensamiento de que, llegue o no a su destino, la carta la hemos escrito. Sentimos que eso ha introducido una modificación en el mundo. Es un sacrificio que hemos ofrecido, aunque nadie la lea. Pues “en el interior sí está hecho”.
Algo parecido ocurre con nuestra preocupación por los ausentes. Los pensamientos giran en torno a los guerreros, a los desaparecidos, a los prisioneros. Tal vez no nos lleguen nunca noticias de ellos, tal vez hasta varios años más tarde no nos enteremos de que cayeron en la guerra. Y nunca parecerá más fuerte el soplo de lo absurdo que cuando nos es preciso reconocer que estuvimos angustiándonos por una persona convertida en podre hacía ya tiempo. Pensábamos en ella como si estuviera viva. Hay algo maravilloso, sin embargo, en ese “como si”. Deberíamos pensar en cada muerto como si estuviera vivo, y en cada vivo, como si estuviera ya separado de nosotros por la muerte. Así nuestros deseos apuntan más alto, a la persona invulnerable. Y si tensamos bien el arco, experimentaremos el instante maravilloso en que nos llega la respuesta. Pues en el interior sí está hecho».

Ernst Jünger. Radiaciones II (Strahlungen II: Das zweite Pariser Tagebuch, Kirchhorster Blätter, Die Hütte im Weinberg -Jahre der Okkupation, 1979). Barcelona: Tusquets, 1992; 605 pp.; col. Andanzas; trad. de Andrés Sánchez Pascual; ISBN: 84-7223-480-0. Nueva edición en 2005; ISBN: 978-84-8310-442-2.


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sábado, 24 de abril de 2010

Chesterton
se refirió muchas veces a cómo la visión materialista de las cosas, el continuo hablar de aspectos económicos y de necesidades físicas, acaba distorsionando la percepción de la realidad.

Así, a propósito de la supuesta inflexibilidad de las leyes del mercado decía: «Una equivocación muy frecuente consiste en considerar como fin absoluto las condiciones de vida modernas y, en seguida, tratar de adaptar a ese fin las necesidades humanas, como si éstas sólo fueran un medio. Así, por ejemplo, se dice: “la vida familiar no se adapta bien a la vida de negocios de los tiempos actuales”. Lo cual es lo mismo que si se dijera: “Las cabezas no se adaptan a la clase de sombreros que están ahora de moda”». («En beneficio del golf», Charlas)

Razonar así, no preguntarse si el régimen de vida de hoy es apto para la vida familiar sino si la vida familiar es apta para las exigencias de la vida de hoy, es igual a preguntar, decía, si favorece al Imperio la democracia, si es el Arte benéfico para la pintura al fresco, si mejorarán los pies a las botas, si lesionan las manos a los bastones... En definitiva, no son preguntas acerca de si los medios se adaptan al fin, sino de «si el fin se adapta a los medios. No son preguntas sobre si el rabo conviene al perro. Todas ellas inquieren si un perro es —según los más excelsos cánones del arte— el apéndice más ornamental que se puede poner al extremo de un rabo. En suma: en lugar de preguntar si nuestras modernas combinaciones, nuestras calles, comercio, tratos, leyes e instituciones concretas se adaptan al primer y permanente ideal de la vida humana saludable, (...) lo único que se pregunta es si la vida humana saludable conviene a nuestras calles y comercio. La perfección puede, como fin, ser asequible o inasequible. Pero a todas luces pasa de lo tolerable hablar de la perfección como medio para la imperfección». («En el mundo al revés», Enormes minucias)

En otras hizo notar que la palabra propiedad está contaminada debido a que los grandes millonarios parecen grandes partidarios de la propiedad cuando, en realidad, «son sus enemigos, porque son enemigos de sus limitaciones. No desean su propia tierra, sino la ajena. (...) El hombre que sienta la verdadera poesía de la posesión desea ver la pared donde su jardín se encuentra con el de Smith (...). No podrá ver la forma de su propia tierra hasta que no vea los linderos de la de su vecino. Resulta la negación de la propiedad que el duque de Sutherland tenga todas las granjas de su condado, como sería la negación del matrimonio que tuviera todas nuestras esposas en un harén». (Lo que está mal en el mundo)

Por eso, siguiendo las ideas que primero formuló Hilaire Belloc en The Servile State, se convirtió en un gran propagandista del distributismo, una doctrina social que desarrolló en El perfil de la cordura y que se basa en «el principio esencial de que un hombre ni siquiera posee sus propios codos a menos que posea una habitación suficientemente grande para ellos; que no posee sus propias piernas a menos que tenga libertad para estirarlas; que no posee sus propios pies a menos que sea propietario del suelo sobre el que está de pie». («On the Closed Conspiracy», Come to Think of it)

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viernes, 23 de abril de 2010

Lorenza Mazzetti
fue directora de cine en los años cincuenta y realizadora de la RAI posteriormente. También escribió algunos libros, entre los que destaca El cielo se cae, una novela basada en sus recuerdos de infancia, tal como ella misma cuenta en un pequeño apéndice.

Durante los años de la segunda Guerra Mundial, las pequeñas Penny y Baby viven con sus tíos y primos en una villa italiana. Penny es la narradora y habla de sus juegos de niños y de todo lo que ocurre a su alrededor. Su tío, un personaje distante y serio, pero amable, era Robert Einstein, primo de Albert Einstein.

Aunque la tragedia se vea venir, el relato tiene gracia porque se recoge bien el punto de vista de quien habla de lo que ve sin comprenderlo bien: sus interpretaciones de la vida de Jesucristo y de las enseñanzas católicas que recibía, los incomprensibles comportamientos de los adultos, el ir y venir de los soldados alemanes que ocupan la casa, etc.

Es central, y quizá sea el mejor momento de toda la historia, un sueño de la narradora con Jesucristo cuando Pilatos está juzgandole:

«Fui donde Pilatos y le dije: “¿No ves que están a punto de matar a Jesús, nuestro Señor?”, pero él seguía lavándose las manos. Entonces voy y le digo a Pilatos que es un sapo repugnante.
“No —dijo Jesús—, no debes llamarlo así”.
Pero yo fui donde Pilatos, que iba vestido de verde, y lo llamé sapo y también le saqué la lengua; pero él seguía lavándose las manos».

En el apéndice final la escritora señala que siente como una obligación moral la de dar testimonio y de hacer constar su privilegio de que «esta vida me fue regalada sólo porque yo era “de otra raza”», por apellidarse Mazzetti y no Einstein.

Lorenza Mazzetti. El cielo se cae (Il cielo cade, 1961). Cáceres: Periférica, 2010; 200 pp.; trad. de Francisco de Julio Carrobles; ISBN: 978-84-92865-03-1.

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jueves, 22 de abril de 2010

Ya que hablé hace unos días de Reencuentro he de mencionar también Paradero desconocido, de Catherine Kressman Taylor, una obra de ficción de 1938 que anunció el nazismo de una forma que, vista hoy, parece sorprendente (aunque no lo era para quien había leído con atención a Hitler y se lo había tomado en serio). También es un relato sobre una amistad traicionada: no sé hasta qué punto Uhlman se pudo inspirar en él para escribir Reencuentro.

Es una historia corta epistolar que presenta la correspondencia entre dos amigos a partir de 1932, cuando ambos se sienten muy próximos. Uno es un judío que vive en San Francisco, y el otro un alemán que ha regresado a Berlín después de vivir unos años en Estados Unidos. El primero, Max Eisenstein, pasó su juventud en Alemania y es ahora propietario de una galería de arte. El segundo es su socio Martin Schulse, que vuelve a vivir con su familia en Munich y, con el paso de los años, se hace nazi.

La narración es intensa y se puede leer de un tirón. Su fuerza está en lo bien que habla de amistad, en lo creíble que resulta la evolución de la historia, y en el duro desenlace. Y, también, en su capacidad de agitar al lector, a quien le hace plantearse indirectamente cuál cuál sería la respuesta de su conciencia, y cuál sería su comportamiento, en situaciones como las descritas, o en otras semejantes que puedan poner igualmente a prueba su integridad moral.

Catherine Kressmann Taylor. Paradero desconocido (Address Unknown, 1938). Barcelona: RBA, 2001, 2ª ed.; 76 pp.; trad. de Carmen Aguilar; ISBN 84-7901-684-1.

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KellyTrumpeter.jpg
miércoles, 21 de abril de 2010

Una novela sobre la Polonia medieval no editada en España: The Trumpeter of Krakow, de Eric P. Kelly. Fue una de las primeras novelas que obtuvo el premio Newbery en Estados Unidos, cuando algunas personas, como Louise Seaman Bechtel, la editora que prologa el libro, estaban empeñadas en promover buena literatura juvenil y buscaban entregar al público joven unos relatos bien escritos que ampliaran su comprensión de otras gentes y otras épocas.

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martes, 20 de abril de 2010

El maravilloso viaje de Xia Tenzin,
de Patxi Zubizarreta, es un relato amable y ameno, bien contado y escrito con precisión.

Xia Tenzin, tibetano, el hombre más alto del mundo, de dos metros cuarenta centímetros, viaja desde su tierra hasta el mar en busca del paradero de su padre, que años atrás también había salido de su casa para ver el mar pero nunca regresó, y le ocurren todo tipo de cosas en el camino de ida y en el de vuelta.

El talante bondadoso del protagonista, así como su ritmo vital tranquilo, se trasmiten bien al lector y contrastan con la cantidad de incidentes que le suceden en nueve meses de viaje y en tan pocas páginas. Es notable la fluidez con que se integran en la narración tantos elementos distintos. Según avanza la historia, el decidido Xia Tenzin va comprobando que la profecía del brujo al que consultó antes de salir fue certera: «El viaje será accidentado, peligroso y lleno de imprevistos. Tendrás alegrías, tendrás tristezas; sentirás dolor, tendrás esperanza; causarás sorpresas y te sorprenderán. Alguien te esperará, alguien que te quiere de verdad».

Patxi Zubizarreta. El maravilloso viaje de Xia Tenzin (Xía Tenzinen bidaia miresgarria, 2009). Zaragoza: Edelvives, 2009; 96 pp.; col. Ala Delta, serie azul; ilust. de Jacobo Muñiz; ISBN: 978-84-263-7176-8.

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lunes, 19 de abril de 2010

El gran bostezo,
de Sonja Bougaeva y Monika Spang, es un divertido álbum bedtime. Excepto al comienzo y al final, donde se ve a un padre y a su hijo, en las demás páginas derechas se ven escenas con lo que los animales están haciendo a las ocho —tigres que juegan al ajedrez, cisnes que bailan, cerdos que comen, cocodrilos que hacen distintas cosas, burros que leen un cuento...—, y, luego, en la página izquierda consecutiva, bosteeeeeezan. El texto, en verso, va en las páginas izquierdas.

La idea es excelente. Las ilustraciones son humorísticas y, en ellas, abundan los detalles graciosos en los que fijarse, ya desde la portada en la que los animales llevan, cada uno, algo debajo del brazo. La estructura del álbum, una suma de mini-relatos de dos páginas, es sencilla y eficaz.

Sonja Bougaeva. El gran bostezo (Das Grosse Gähnen, 2007). Texto de Monika Spang. Barcelona: Océano travesía, 2009; 28 pp.; trad. de Gonzalo Vélez y Leónidas Rugioso; ISBN: 978-84-494-3884-4.

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domingo, 18 de abril de 2010

Ernst Jünger
«Los libros. Es hermoso encontrar en ellos pensamientos, palabras, frases, que nos hacen presentir que el relato conduce, como un sendero trazado con arte, a través de vastos bosques que el lector no conoce. Es llevado así por territorios cuyos límites le quedan ocultos, y sólo de vez en cuando llega hasta él, como un soplo perfumado, la noticia de que allí hay grandes riquezas. El autor ha de parecerse a alguien que reparte regalos sacándolos de tesoros ilimitados; y mientras distribuye moneda corriente, con ella entremezcla de vez en cuando también otras monedas que tienen un cuño extraño – doblones en los que se distinguen las armas de reinos no explorados. La frase de Kipling: “Pero esto es otra historia”, debe figurar en el texto, figurar de un modo más sutil todavía».

Ernst Jünger. Radiaciones I (Strahlungen I: Gärten und Strassen, Das erste Pariser Tagebuch, Kaukasische Aufzeichnungen, 1979). Barcelona: Tusquets, 1989; 461 pp.; col. Andanzas; trad. de Andrés Sánchez Pascual; ISBN: 84-7223-110-0. Nueva edición en 2005; ISBN: 978-84-8310-427-9.

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sábado, 17 de abril de 2010

Chesterton
se lamentaba de cómo el poder corruptor de la riqueza infecta todos los estratos de la sociedad. Ya mencioné un artículo en el que hablaba de cómo la gente común tiende a caer en la tentación de una admiración vergonzosa hacia quien tiene una posición social alta («Dos policías y una moraleja», Correr tras el propio sombrero y Enormes minucias). También cité su comentario de que «una cosa es tolerar a los ricos porque son señores y otra tolerar a los despóticos porque son ricos». (Chaucer)

En otras ocasiones comparó al viejo adulador que daba por descontado que el rey era un hombre ordinario que actuaba extraordinariamente, con el adulador de hoy que da por descontado que es un hombre extraordinario y que, por eso, incluso las cosas ordinarias a su alrededor son interesantes. Se quejó del típico modo de adular periodístico, de aplicar a los poderosos calificativos como «modesto», apuntando que «si tenemos que elogiar el esplendor elogiémoslo como esplendor y no como simplicidad». («The Worship of the Wealthy», All Things considered)

En la misma línea denunció la falsedad de la presentación de la sencillez de los millonarios, que presumen de ser sencillos en las cosas sencillas como la comida, pero que son «fastuosos en las cosas fastuosas, especialmente en las pequeñas» (El hombre que sabía demasiado). Negó también «la teoría de que el escándalo de una situación es más castigo para el rico que para el pobre, cuando lo cierto es que cuanto más pobre es un hombre es más probable que tenga que echar mano de su vida pasada en toda ocasión en que requiera un lecho para dormir. Y es que «el honor es un lujo para los aristócratas pero es una necesidad para los porteros. Esta es una cuestión secundaria, pero es un ejemplo del principio general que presento: el principio de que se hace un gasto enorme de moderna ingenuidad en buscar defensa a la conducta». (Herejes)

Y, uniéndose a los satíricos de la época victoriana, atacó con ganas «la idea de que existían seres elegidos, inaccesibles a la tentación. Esto suponía una especie de jovial calvinismo. Ciertos tipos especiales, tales como el buen deportista, la dama inglesa, el franco e intrépido muchacho inglés (...), eran considerados, no como héroes que habían dominado las pasiones inferiores, sino como dioses que no podían haber sido tocados por la tentación. La fraseología de la época lo atestigua una y otra vez. Tales personas no eran inocentes de un crimen; eran “incapaces” de cometerlo. La corrupción política (...) era del todo imposible tratándose de quien ocupaba elevadas posiciones...» (Maestro de ceremonias)

Se reía del esnobismo de «novelita barata que describe al noble como un hombre que sonríe como Apolo o monta un elefante enloquecido» para señalar que «tales cosas pueden ser exageraciones de la belleza y el valor, pero la belleza y el valor son el ideal inconsciente de los aristócratas, incluso de los aristócratas estúpidos». Pero, continuaba, mientras el esnobismo de la mala literatura no es servil, el esnobismo de la buena literatura es el más servil de los servilismos: así como un «elogio puede ser gigantesco y demencial sin tener ninguna cualidad de halago mientras sea elogio de algo que perceptiblemente existe», otros elogios sí son claramente desmedidos. Por ejemplo: felicitar a la jirafa por su cuello es distinto de felicitarla por sus plumas. (Herejes)

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viernes, 16 de abril de 2010

Algunos aforismos tomados de Cuadernos de Escritura, una recopilación de textos de Carlos Pujol acerca del oficio de escribir y de criticar libros:

—«Las novelas malas son una mina de enseñanzas profesionales. El único inconveniente es tener que leerlas».

—«Sumisión al adjetivo esperado, al cliché que tranquiliza, al terminacho de moda, guiño al lector de periódicos. Así muere el estilo, generalmente antes de nacer».

—«Como sucedáneo de la religión, la literatura da poco de sí, ya puestos en este trance es mejor el ateísmo que la idolatría».

—«Un escritor no existe porque haya gente que hable bien de él, sino porque sabe hablar muy bien de lo que es la gente».

—«La poesía es la expresión esencial de las cosas. El que se lo toma como una forma adornada de escribir va listo».

Y dos citas tomadas de dos artículos:

—«Si es malo y erróneo hacer de la literatura una copia de la vida —con lo cual se obtiene una imagen plana y empobrecida—, aún es peor invertir los términos; vivir literariamente es un desastre y un engaño, confundir la luz del sol con las sombras significativas que sólo existen en el territorio de los sueños, aunque sean en el fondo una verdad tan necesaria como el uso de la imaginación». («Lenguaje y verdad»)

—«Criticar al crítico es una magnífica labor de aseo literario, no mejora la literatura pero se limpia el espejo en el que aparece su imagen pública, que mucha gente —esperemos que con talante desconfiado— confunde con la realidad». («Criticar al crítico»)

Carlos Pujol. Cuadernos de Escritura (2009). Valencia: Pre-Textos, 2009; 150 pp.; ISBN: 978-84-8191-982-0.

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jueves, 15 de abril de 2010

Veo una nueva edición de Reencuentro, de Fred Uhlman, uno de los mejores relatos sobre amistad juvenil que conozco.

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miércoles, 14 de abril de 2010

Una novela importante de finales del siglo XIX, no publicada en España que yo sepa, dentro del género de las novelas colegiales: The Hoosier Schoolboy, de Edward Eggleston. Es amena, tiene personajes atractivos, presenta (y combate) los frecuentes castigos físicos en la escuela, describe juegos habituales entonces entre los chicos, y, junto con una novela previa del autor, The Hoosier Schoolmaster, contribuyó a incrementar la popularidad de los concursos de spelling en Estados Unidos.

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martes, 13 de abril de 2010

Encuentro en una librería la reciente 38ª edición de La bruja Mon, un libro divertido de Pilar Mateos con excelentes ilustraciones de Viví Escrivá. En él se cuentan cuatro episodios donde las cosas no salen como la bruja pensaba: en «La rana» Mon convierte a una niña en rana, en «La apuesta» dice a la bruja Pirula que realizará cincuenta juegos de magia, en «El reloj» se cuentan sus intentos de conseguir uno, en «El eco» dice unas palabras mágicas equivocadas que la transforman en pez. Se comprende su éxito: Mon tiene apariencia de gruñona pero cae simpática y sus errores ofrecen al lector otros puntos de vista con los que mirar alrededor.

Y aprovecho para poner reseña de otros libros de la autora: Un pelotón de mentiras, un relato gracioso sobre las consecuencias en cadena de mentir, y Capitanes de plástico, un relato excelente descatalogado, según veo.

Pilar Mateos. La bruja Mon (1984). Madrid: SM, 2009, 38ª ed.; 63 pp.; col. El barco de vapor, serie azul; ilust. de Viví Escrivá; ISBN 13: 978-84-675-3290-6.

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lunes, 12 de abril de 2010

El rey el mar,
de Wolf Erlbruch y Heinz Janisch, son veintiuna historias muy cortas con el mismo protagonista y parecidas reflexiones. La primera es «El rey y el mar», y todas las demás se titulan igual: «El rey y la gata», y el árbol, y la ardilla, y el perro, y la noche, y la estrella, y la sal, etc.

Entre el rey y sus interlocutores hay diálogos en los que el rey aprende algo: se da más cuenta de sus limitaciones y, en general, reconoce mejor algún aspecto de la realidad. Son ideas amables y amablemente presentadas, tanto con el texto como con unas ilustraciones compuestas con la elegante sencillez que acostumbra Erlbruch.

Es un libro reflexivo que, se podría decir, habla de tener una relación cordial con el entorno y de abandonar cualquier pretensión de ser uno mismo el centro del universo. Habrá lectores niños que lo apreciarán pero, sobre todo, lo harán más los lectores adultos.

Wolf Erlbruch. El rey y el mar (Der König und das Meer, 2008). Texto de Heinz Janisch. Salamanca: Lóguez, 2009; pp.; trad. de L. Rodríguez López; ISBN: 978-84-96646-42-1.

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domingo, 11 de abril de 2010

Los cuatro amores
es un libro que C. S. Lewis escribió durante sus años de matrimonio a partir de unas conferencias que debió dar. Es uno de sus libros más citados pues ayuda mucho a ver lo que nos rodea con nueva profundidad. En él hace un agudo estudio fenomenológico del amor en sus cuatro manifestaciones: el afecto, la amistad, el amor conyugal, la caridad. Es un análisis hecho desde la experiencia, práctico y penetrante como siempre, fluido y muy bien hilado, en el que va de menos a más, haciendo notar cómo «lo más alto no puede sostenerse sin lo más bajo».

Aparecen referencias a este libro en la nota Gatos invisibles y en la voz de Rafael Sánchez Mazas.

C. S. Lewis. Los cuatro amores (Four Loves, 1960). Madrid: Rialp, 2005, 10ª impr.; 160 pp.; col. literaria; trad. de Pedro Antonio Urbina; ISBN: 84-321-2749-3. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 10 de abril de 2010

En comentarios generales a las obras de Chesterton han salido menciones de los rasgos del tirano —que un tirano es siempre un traidor (The Apostle and the Wild Ducks)—, y de las diferencias entre los tiranos de antes y los de hoy —que los antiguos, al menos, nunca tuvieron insolencia suficiente para predicar a quienes oprimían, tal como hacen los actuales (Herejes)—.

Otras veces habló del «tirano que es un anarquista para los que están encima pero un autoritario para los que están debajo» (Autobiografía), y de que si «los viejos tiranos invocaban al pasado; los nuevos tiranos invocarán al futuro» (Lo que está mal en el mundo). Se refirió al mal, propio de la aristocracia pero ahora mucho más extendido, de colocar las cosas «en manos de una clase de personas que pueden imponer lo que ellas están libres de sufrir» (Herejes). También dijo que si el plutócrata del pasado siempre fue un individualista, las cosas serían mucho peores cuando llegase a ser un socialista, como se veía venir en los primeros años del siglo XX, pues entonces el mundo vería tiranías como nunca se habían visto antes («Anonymity and Further Counsels», All Things considered).

Pero, si de algo habló muchísimas veces fue de que nuestra sociedad es, cada vez más, una sociedad secreta: «el moderno tirano es malvado también por su elusividad. No tiene más nombre que su esclavo. Es tan opresor como los tiranos del pasado pero también es más cobarde» («The Case for the Ephemeral», All Things considered). Y señalaba que la parte más importante de la vida política se desarrolla en privado: el político moderno lleva su vida pública en privado, aunque a veces condesciende a mostrar su vida privada en público. Pondrá el cumpleaños de su hijo en las revistas, pero no sus tratos con los millonarios. Permitirá que lo conozcamos todo acerca de sus perros y gatos, pero nada de aquellos animales más peligrosos (Irish Impressions).

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viernes, 9 de abril de 2010

El sargento en la nieve,
un libro extraordinario de Mario Rigoni, es un relato en primera persona de la retirada del ejército italiano de Rusia en 1943.

El autor, entonces sargento mayor de un regimiento de alpinos, al mando de un pelotón de ametralladoras, narra con sencillez y claridad los hechos tan alborotados de una retirada en la que se suceden los enfrentamientos y las bajas. Dentro de la dureza de la situación no faltan toques de buen humor: un día que vuelve a su refugio, dice, «me preguntaba si encontraría correo y qué palabras nuevas debía escribir a mi novia. Pero resultaba que las palabras nuevas volvían a ser las viejas: besos, bien, amor, volveré. Me decía que si escribía: gato para Navidad, aceite para las armas, turno de vigilancia, Beppo, posiciones, teniente Moscioni, cabo Pintosi, alambradas, ella no entendería nada».

Lo más admirable, sin embargo, es el tono en el que todo se cuenta, lleno de respeto y humanidad, incluso en los momentos más dolorosos y conmovedores, como cuando habla del día en que murieron sus mejores amigos, el 26 de enero de 1943, y que, ahora, dice, junto con «muchísimos más duermen en los campos de grano y de amapolas y entre las hierbas floridas de la estepa, al lado de los viejos de las leyendas de Gógol y de Gorki». Además, asombra más todavía pensar que el autor comenzó a escribir estos recuerdos cuando estaba en un campo de concentración alemán, en 1944, y los terminó en 1947.

Un texto de Claudio Magris añade perspectiva: «El sargento en la nieve, de Mario Rigoni Stern, es una de las pocas obras épicas capaz, en su gran envergadura, de condenar el horrible mal de la guerra y rendir al mismo tiempo homenaje a las virtudes del valor y de la solidaridad que, pese a todo, existen en ella, pero no por casualidad es más una Odisea que una Iliada. La dificultad de representar la guerra se ha convertido casi en imposibilidad con la Segunda Guerra Mundial, de la que falta, a pesar de los muchos notabilísimos intentos, una narración adecuada a su realidad».

Ya dije que leería más libros de Rigoni. Tampoco este será el último.

Mario Rigoni. El sargento en la nieve (Il sergente nella neve. Ricordo della ritirata di Russia, 1953). Valencia: Pre-Textos, 2007; 151 pp.; col. Narrativa contemporánea; trad. de César Palma; ISBN: 978-84-8191-814-4. [Vista del libro en amazon.es]
Claudio Magris. «La guerra, una epopeya imposible», artículo de 1999, en Alfabetos. Ensayos de literatura (Alfabeti, 2008). Barcelona: Anagrama, 2010; 415 pp.; col. Argumentos; trad. de Pilar González Rodríguez; ISBN: 978-84-339-6315-4.

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jueves, 8 de abril de 2010

Es una satisfacción que, por fin, se haya publicado en castellano The Silver Branch, la segunda de una conocida serie de novelas de Rosemary Sutcliff. La felicidad no es completa porque la edición tiene algunas erratas y ha sido titulada El usurpardor del Imperio: a una escritora tan minuciosa en todos los aspectos de su obra —argumentos, lenguaje, caracterización de personajes, ambientación histórica...—, se le deberían respetar sus títulos originales, puestos con tanto cuidado (pues también The Lantern Bearers se tradujo como Aquila, el último romano). Y siguen quedando muchas buenas novelas de Sutcliff sin traducir.

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miércoles, 7 de abril de 2010

Una novela no editada en España: Roll of Thunder, Hear my Cry, de Mildred Taylor. Por los premios que obtuvo y por la forma en que abordaba la cuestión racial fue una novela importante y, leída hoy, sigue teniendo fuerza y capacidad de conmover.

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martes, 6 de abril de 2010

En la estela de grandes autores canadienses de relatos sobre la vida en la naturaleza ocupa un lugar importante Farley Mowat, autor de muchos libros entre los que se cuenta un divertido relato, bastante autobiográfico según parece, sobre un perro excepcional que tuvo en su infancia: Más que un perro. A la derecha, portada de una edición americana, pues la española creo que está descatalogada.

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lunes, 5 de abril de 2010

¿De qué maneras, a lo largo de la historia, han imaginado los hombres la tierra? En El libro de las tierras imaginadas, Guillaume Duprat indica e ilustra cómo lo han hecho distintas leyendas, mitos y religiones. Las ilustraciones son eficaces y están puestas al servicio de presentar la información de forma ordenada y clara. Veintidós pestañas que dan paso a distintas imágenes dan atractivo al libro para los lectores pequeños, y para todos, y lo pueden hacer un instrumento útil para un buen profesor que sepa subrayar el trabajo que nos ha precedido y conducido hasta hoy. Tal vez la conclusión de libro, que se formula con un contundente «en el siglo XX la tierra queda desvelada...», podría ser más cautelosa pues aunque los conocimientos sean muchos, en muchos aspectos nuestra ignorancia sigue siendo muy grande. Por mi parte también subrayaría que la inmensa mayoría de los avances científicos se han dado en un entorno cultural y sólo en uno, y no parece que por casualidad.

Guillaume Duprat. El libro de las tierras imaginadas (Le livre des terres imaginées, 2008). Barcelona: Oniro, 2009; 61 pp.; trad. de José Miguel González Marcén; ISBN: 978-84-9754-404-7.

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domingo, 4 de abril de 2010

Mientras no tengamos rostro,
de C. S. Lewis, es una nueva versión del mito de Cupido y Psique ambientado en un pequeño reino de la antigua Grecia. La narradora es Orual, una chica fea y hostil al amor de su hermana Psique, que pasa por un largo proceso de purificación hasta que se reconoce a sí misma tal como es. Una idea básica de la historia es la misma de las Crónicas de Narnia de que, ante Aslan, es necesario reconocerse uno a sí mismo tal como es, sin autoengaños. Según confesión del autor, su mejor novela y su mayor fracaso: probablemente debido a ser la más «limpia» de todas, literariamente hablando, pues en ella los mensajes se derivan única y exclusivamente de la narración.

C. S. Lewis. Mientras no tengamos rostro (Till We Have Faces: A Myth Retold, 1956). Madrid: Rialp, 2002, 5ª impr.; 296 pp.; col. literaria: trad. de Luis Magrinyá; ISBN: 84-321-2823-6.

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sábado, 3 de abril de 2010

En Algunos sumandos de la crisis cité a Chéjov para señalar el daño que causa la mentalidad de partido en el mundo literario, algo que podemos aplicar también al daño que causa en la vida política y en las relaciones sociales.

En relación a esta cuestión, Chesterton habló muchas veces de que vivimos en un simulacro de democracia pues al ciudadano normal nunca se le permite nada más que elegir entre una política y otra: puede decidir sólo cómo votará y no qué cosas vota. Esto se debe a que la clase poderosa que nos gobierna —la que mueve los hilos de los políticos marionetas— elige dos cursos de acción, ambos seguros para ella, y parece conceder a la gente la satisfacción de poder elegir un rumbo u otro: es como el amo que toma dos cosas que no le importaría escoger con los ojos cerrados y luego, como una gran broma, permite a sus esclavos que escojan una u otra. («The Voter and the Two Voices», A Miscellany of Men)

Pero el daño mayor que hace a la sociedad una vida política dominada por el actual sistema de partidos, decía, es que inculca en los ciudadanos, ya desde la escuela, el desprecio a la verdad: «Si alguien tiene la más pequeña duda del desprecio hacia la verdad en los colegios puede disiparla completamente con una sencilla pregunta. ¿Puede alguien creer realmente que ver y decir la verdad completa es uno de los ideales de la clase gobernante de Inglaterra, y que puede existir tal cosa con el sistema inglés de partidos? El sistema de partidos inglés está fundado sobre la base de que decir la verdad completa no importa. Está fundado en el principio de que media verdad es mejor que ninguna política. Nuestro sistema deliberadamente convierte a una multitud de hombres, que podían ser imparciales, en partidarios irracionales. Enseña a algunos hombres a decir mentiras y enseña a todos los demás a creerlas. (...) Convierte una habitación llena de ciudadanos en una habitación llena de abogados. Sé que todo esto tiene sus encantos y sus virtudes, como la lucha y el compañerismo; y que tiene también el encanto y las virtudes del juego. Pero esto sería una imposibilidad absoluta en una nación que creyese en la importancia de decir la verdad». («The Boy», All Things considered)

Se pueden considerar notas sobre lo mismo, no chestertonianas, las de Puñado de sandios, Un servicio a la verdad..., Los políticos y la sinceridad.

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Rogier van der Weyden. Cristo en la
Cruz con María y san Juan, 1460.
viernes, 2 de abril de 2010

Decía Chesterton en El Camino de la Cruz que si la Pasión y Muerte de Jesucristo no fue un accidente sino «la agonía divina que exigía la restauración del mundo, entonces no es en modo alguno ilógico que tal lamento (y tal júbilo) dure hasta el final de los tiempos». Y continuaba: «El escéptico, que es también el sentimental, se enreda en este juego de argumentaciones. Se limita a decir que si la Pasión fue lo que él cree que fue, estamos muy equivocados al tratarla como pensamos que fue. Ciertamente, si Cristo no poseyera la esencia de la omnipotencia, no tendría sentido señalar la paradoja de su impotencia. Pero no estamos dispuestos a admitir nuestro error, sencillamente porque nuestra versión de la historia es la única que tiene sentido. Es totalmente cierto que ha habido una insistencia verdaderamente terrible sobre ese punto, cosa que nos parece muy comprensible. Se ha puesto mucha energía en ello; en resaltar el tema de la corona de espinas y en el martilleo de los clavos. Pero no nos vamos a unir a la opinión de ese crítico que se queja por tales detalles sin molestarse en ir al fondo de la cuestión. (...) [Más aún: insistiré en que] la misma repetición y realidad del tema depende del dogma que algunos considerarían muy dudoso, o de los detalles que para algunos serían sumamente morbosos. (...) [Y recordaré que], tanto en el presente como en el futuro, La Pasión es [y será] lo que fue entonces, en el instante en que tuvo lugar; algo que asombró a la gente; algo que sigue constituyendo una tragedia para la gente; un crimen de la gente, y también un consuelo para la gente; pero nunca un simple suceso que tuvo lugar en un tiempo determinado y ya muy lejano. Y su vitalidad procede precisamente de aquello que sus enemigos consideraron un escándalo; de su dogmatismo y de su horror. Sigue viva porque encierra la historia asombrosa de quien sufre y se afana con su Creación (...) y porque las ráfagas huracanadas procedentes de aquellas negras nubes de muerte se han transformado en un viento de vida eterna que recorre el mundo; un viento que despierta y da vida a todas las cosas».

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jueves, 1 de abril de 2010

Una de las cosas que demuestra la historia europea del siglo XX —para quien no lo tuviera claro antes— es que los juicios estéticos son inseparables de los juicios éticos. Lo dicen, entre otros, Victor Klemperer en LTI. La lengua del Tercer Reich. Apuntes de un filólogo, después de sus años bajo el nazismo, y Aleksander Wat en Mi siglo después de su experiencia con el comunismo. En el prólogo a este último libro, Adam Zagazevski resume así la postura de Wat: «Es también de importancia vital lo que Wat, fascinado en sus años mozos por la estética absurda del dadaísmo, y atraído durante un tiempo por el futurismo, dice sobre la metamorfosis que sufrió en las cárceles soviéticas al comprender que la lengua no puede ser objeto de deformaciones ni de frívolas piruetas estéticas, sino que debe ser respetada y protegida para ayudarnos a expresar la experiencia existencial en los momentos difíciles. (...) Lo que hay que hacer —le dijo a Milosz— no es descubrir el significado de cada palabra sino su dignidad. Esta afirmación es una crítica todavía actual a la frivolidad de la cultura literaria y filosófica —tan viva incluso hoy en día— que se complace en relativizar el concepto de la verdad».

Aleksander Wat. Mi siglo. Confesiones de un intelectual europeo (Moj wiek, 1977). Barcelona: El Acantilado, 2009; 1072 pp.; prefacio de trad. de J. Slawomirski y A. Rubió; presentación de Adam Zagajewski; ISBN: 978-84-92649-21-1.

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