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Notas de abril de 2016 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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sábado, 30 de abril de 2016

Álbum[es], de Sophie van der Linden, es un libro excelente, y magníficamente compuesto, acerca de los libros-álbum o de los libros que muchos solemos llamar álbumes ilustrados. Me ahorro explicaciones remitiendo a esta reseña, donde se habla de su contenido. Está muy bien también el apartado titulado Complementos, realizado por Teresa Durán, que son como notas a pie de página en las que se añaden precisiones y ejemplos de más álbumes, y los dos apéndices firmados por Teresa Durán y por Ana Garralón sobre los álbumes en España y en América Latina.

Entre las muchas cosas que me han interesado, una es la clasificación que hace de los álbumes en tres tipos básicos que, resumidamente y a mi modo, sería como sigue:

Uno, el de «los álbumes ilustrados»: en ellos el relato con palabras es lo primero cronológicamente y es la base de la narración; en este caso estarían, por ejemplo, aquellos cuentos clásicos ilustrados a partir del relato original (por ejemplo, esta edición de El Gato con Botas). Otro, el de «los álbumes narrativos»: en ellos la narración se basa en una combinación inseparable entre texto e imágenes (por ejemplo, Donde viven los monstruos o los cuentos clásicos transformados en nuevas historias al modo de Snow White in New York). Y otro más, «los álbumes gráficos»: en ellos todo se articula en una composición global que da prioridad total a lo visual y a la componente objetual del libro —a su formato, a su escala y tamaño, etc.— (por ejemplo, muchos de Bruno Munari o álbumes concebidos para sacar el máximo partido a su condición de libros impresos como Espejo).

Lo anterior habría que matizarlo luego caso por caso pues, por un lado, todos los álbumes son ilustrados, narrativos y gráficos; y, por otro, es cierto que algunos pertenecerían principalmente a un grupo y secundariamente a los otros.

Sophie van der Linden. Álbum[es] (Album(s), 2013). Barcelona: Ekaré, Variopinta, Banco del Libro, 2015; 128 pp.; trad. y adaptación de Teresa Durán; apéndices sobre el álbum en España de Teresa Durán y sobre el álbum en América Latina de Ana Garralón; ISBN: 978-84-944291-0-1. [Vista del libro en amazon.es]

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Hanff84Charing.JPG
viernes, 29 de abril de 2016

Los libros sobre libros sólo suelen gustar a los convencidos, pues las claves para disfrutarlos sólo las suelen tener los iniciados en la cuestión, y además, con frecuencia, sus autores suelen hacer planteamientos artificiosos y pasarse de vueltas en los elogios entusiastas. El recientemente reeditado 84 Charing Cross Road, un libro de la norteamericana Helene Hanff (1918-1997), no cumple tales condiciones y, quizá por eso, ha tenido tantos seguidores desde su publicación.

La historia es elemental y se sigue sólo mediante la correspondencia entre la autora, guionista de televisión norteamericana, y una librería inglesa de libros antiguos, entre 1949 y 1969. A lo largo de sucesivas peticiones de libros y de las respuestas, los interlocutores se van desvelando poco a poco y la relación se va transformando: al saber que los alimentos están racionados en Inglaterra, Helene se las arregla para ir haciéndoles llegar comida; no sólo el empleado con el que trata, Frank Doel, sino también su mujer y los demás empleados, van tratando con Helene para mostrarles su agradecimiento, y de paso ella va expresando sus opiniones sobre libros y otros aspectos de la vida, con frescura, buen humor y elegancia.

Hay también entusiasmo por los buenos libros, por los libros bien editados, por los libros escritos por testigos oculares. Dos opiniones sensatas de la autora (que supongo que lo son al margen de que coincidan con las mías, claro), ya citadas hace tiempo en esta página:

—«Va contra mis principios comprar un libro que no he leído previamente: es como comprar un vestido sin probártelo».

—«Mis amigos son muy peculiares en cuestión de libros. Leen todos los best sellers que caen en sus manos, devorándolos lo más rápidamente posible..., y saltándose montones de párrafos, según creo. Pero luego JAMÁS releen nada, con lo que al cabo de un año no recuerdan ni una palabra de lo que leyeron. Sin embargo se escandalizan de que yo arroje un libro a la basura o lo regale. (...) Personalmente creo que no hay nada menos sacrosanto que un mal libro e incluso un libro mediocre».

Helene Hanff. 84, Charing Cross Road (1970). Barcelona: Anagrama, 2004, 5ª impr.; 126 pp.; col. Panorama de narrativas; trad. de Javier Calzada; post-scriptum de Thomas Simonnet; ISBN: 84-339-6982-X. Nueva edición en 2016. [Vista del libro en amazon.es]

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StiefvaterCaza2.jpg
jueves, 28 de abril de 2016

El segundo libro de la serie Spirit Animals, La caza, escrito por Maggie Stiefvater, comienza en el castillo de Puertoverde, donde los cuatro héroes están entrenándose para los desafíos futuros. Especialmente les insisten en que deben aprender a luchar juntos. En busca de una de las Grandes Bestias, el Jabalí Rumfuss, viajan a Trunswick, de donde procede Conor, que ha de luchar contra su gran rival de la infancia, y que, al final, ha de optar entre salvar a su familia o actuar de un modo que sabe que sus amigos entenderán como una traición (llegado el momento su madre le dirá el inevitable «sigue tu corazón, hijo»). Además, Meilin está cada vez más nerviosa por el peligro que corren Zhong y su padre, y se plantea dejar a sus compañeros.

En esta novela, y en las otras dos que continúan la serie, no se nota el cambio de autor: la forma de narrar es igualmente directa, sin florituras ni falsos acentos poéticos. También en ella el relato avanza rápido, con abundantes enfrentamientos pensados para ser vistos, filmados, y parte del videojuego (lo cual quiere decir que, si ya es difícil describir bien cualquier pelea embarullada, mucho más cuando en ellas aparecen toda clase de animales con poderes asombrosos). Otro rasgo constructivo es el de que, dentro de cada novela, tiene mucho peso algún o algunos personajes más, normalmente algún Capa verde que los héroes encuentran en su camino.

También se va viendo cómo cada uno de los protagonistas —que se comportan física y mentalmente muy por encima de su edad de doce años— ha de hacer frente a distintos conflictos de lealtades: por un lado, han de aprender a confiar unos en otros a pesar de los que parecen errores del pasado; por otro, han de comprender su lucha en un marco más global y no dejarse arrastrar por sus inclinaciones inmediatas. En este segundo relato, cuyo héroe principal es Conor —las portadas anuncian siempre quién está en el centro de cada libro—, averiguan que hay otra forma de convocar un espíritu animal, que es la que usan sus rivales, los Conquistadores, y que causa consecuencias trágicas. También, algunos comienzan a pensar que las cosas no son exactamente lo que parecen.

Maggie Stiefvater. La caza (Hunted, 2014). Madrid: SM, 2014; 190 pp.; col. Spirit Animals 2; trad. de Paco Vara; ISBN: 978-84-675-7419-7. [Vista del libro en amazon.es]

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MullIndomables2.jpg
miércoles, 27 de abril de 2016

Los libros de la serie titulada Spirit Animals, pensados para ser multiplataforma, nacieron cuando la editorial Scholastic pidió a Brandon Mull (el autor de Fablehaven) que diseñara el mundo en el que se desarrollarían las aventuras, la línea argumental básica, y el primer libro. En notas sucesivas hablaré de los cuatro que se han publicado en castellano hasta el momento.

Erdas es un mundo con cuatro continentes principales —Nilo (como África), Eura (como Europa), Amaya (como América), Zhong (como Asia)—, y dos pequeños —Ártica y Stetriol—. Antes de cumplir los doce años, los chicos de Erdas pasan por un ritual en el que descubren si tienen o no un espíritu animal, algo que (al modo de unas conocidas novelas de Philip Pullman) les concede las cualidades propias de ese animal, y que puedan invocarlo para que aparezca físicamente o poseerlo en forma de tatuaje. Para eso han de tomar el Néctar, suministrado por los Capas Verdes, una especie de sacerdotes-guerreros.

Los héroes son cuatro chicos que convocan a unos animales especiales, llamados los Cuatro Caídos, que les concederán unos poderes extraordinarios, necesarios para que Erdas pueda enfrentarse al regreso del Devorador. Son: Abeke, una chica de Nilo que convoca a un leopardo llamado Uraza; Conor, un pastor de Eura cuyo animal es el lobo Briggan; Meilin, la hija del general al mando de Zhong, cuyo animal es el oso panda Jhi; y Rollan, un ladronzuelo de la ciudad de Concorba, en Amaya, cuyo animal es el halcón Essix.

Un gran guerrero de los Capas Verdes, llamado Tarik, los liderará en las misiones a las que deberán enfrentarse a lo largo de los libros. En cada uno irán en busca de una de las Grandes Bestias —que son quince animales, los Cuatro Caídos y once más, que han protegido Erdas desde siempre—, para pedirles el talismán que posee cada uno: si recuperan esos talismanes acumularán el poder que necesitan para enfrentarse a quienes les amenazan.

En Indomables se plantean las cosas, se apuntan los rasgos de personalidad y los conflictos interiores de los héroes, se ve cómo comienzan su entrenamiento, se dan algunas explicaciones del pasado de Erdas que más o menos aclaran lo que sucede, se ve cómo la vinculación de los humanos con sus espíritus animales no es siempre igual ni sencilla, y aparecen los bandos combatientes. Este primer libro está centrado, sobre todo, en Abeke y, en él, los héroes quieren encontrar al carnero Arax.

Brandon Mull. Indomables (Wild Born). Madrid: SM, 2014: 207 pp.; col. Spirit Animals 1; trad. de Paco Vara; ISBN: 978-84-675-7418-0. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 26 de abril de 2016

El pequeño jardinero, de la hawaiana Emily Hughes, es un niño que cuida de un jardín con una vegetación exuberante, con tantas ganas como poco éxito. Hasta que un día se queda dormido y alguien, ¿un hermano mayor?, cuida el jardín por él.

Por un lado, parece difícil comprender parte de la historia: en concreto, que se diga que el pequeño jardinero «pasó todo el día, toda la semana, todo el mes durmiendo», y que no se sepa quién es y de dónde sale y por qué actúa como lo hace el misterioso ayudante. Lo anterior es menos comprensible si, tal como he leído en algunos sitios, la historia se presenta como un canto a la perseverancia, o a la esperanza, o al trabajo en equipo, o al cuidado del medio ambiente.

Por otro, la historia como tal puede tener su sentido si la entendemos como una metáfora del trabajo de alguien muy pequeño en un mundo muy grande cuyas dimensiones se le escapan. Por ejemplo, un artista entusiasmado con su obra y que se siente incapaz de conseguir lo que desea, tal como un Tolkien explica de sí mismo en su cuento Hoja de Niggle. Pero estas consideraciones que un adulto puede hacer quedan más bien fuera del alcance de los lectores pequeños.

Bien, sea como sea, es un álbum vistoso, con magníficas ilustraciones, y mucho encanto para los entusiastas de la jardinería y por la simpatía que siempre inspira un pulgarcito tan voluntarioso.

Emily Hughes. El pequeño jardinero (The Little Gardener, 2015). Madrid: Impedimenta, 2015; 34 pp.; trad. de Susana Rodríguez Álvarez; ISBN: 978-84-16542-25-3. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 25 de abril de 2016

Nieve, de Kaori Tajima, es un elegante álbum bedtime. Su composición es sencilla y eficaz: primero una doble página en la que vemos un bosque con un lecho de hojas rojas en el que caen copos de nieve, y dos animales, el conejito blanco protagonista y otro; después, otra doble página en la que el conejito observa cómo el otro animal se refugia. Los copos de nieve van en aumento y los cuatro animales, a los que se ve pero no se nombra, se refugian, uno en su nido, otro en su refugio, otro en su madriguera, y otro en su guarida. Cuando ya todo está blanco y no hay nadie a su alrededor, el conejito parece sentirse perdido... Las palabras que acompañan las imágenes son las justas. La única frase que los distintos animales repiten antes de ocultarse es la de «¡estoy tan cansado!»... En algunos lugares, por lo que he visto, el álbum se ha transformado en un teatrillo kamishibai.

Kaori Tajima. Nieve (Neige, 2013). Girona: Tramuntana, 2014; 36 pp.; trad. de María Teresa Rivas; ISBN: 978-84-941662-8-0. [Vista del álbum en amazon.es]

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domingo, 24 de abril de 2016

He leído últimamente, por recomendación de un amigo, Los señores de las finanzas: los cuatro hombres que arruinaron el mundo, un libro que obtuvo muchos premios y cuyo autor es Liaquat Ahamed, un keniata de origen indio que estudió en Cambridge y Harvard. Para mí, que no domino nada el mundo de la economía, ha sido un gran descubrimiento no tanto por lo que cuenta como por la claridad con que lo hace.

Los cuatro hombres del subtítulo fueron «los encargados de reconstruir la maquinaria financiera mundial tras la Primera Guerra Mundial» y, por tanto, los principales responsables de la economía durante la Gran Depresión: el gobernador del Banco de Inglaterra, Montagu Norman; el de la Banque de France, Émile Moreau; el del Reichsbank, Hjalmar Schacht; y el del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, Benjamin Strong —«el máximo responsable de la invención de la figura del banquero central moderno»—.

El relato cuenta con amenidad sus vidas, primero hasta que llegan a ocupar esos puestos, y luego sus actuaciones posteriores. Lógicamente, aparecen también otros altos financieros y cargos políticos, entre los que ocupa un lugar destacado John Maynard Keynes —cuya «combinación de éxito y de inteligencia lo hacía a veces insoportable»—. La narración explica primero las consecuencias económicas de la primera Guerra Mundial, dedica la segunda parte a las negociaciones posteriores —deudas de guerra, indemnizaciones que debía pagar Alemania, etc.—, se centra después en las medidas que se tomaron entre 1923 y 1928, cuenta lo sucedido entre 1928 y 1933 bajo el título «Recoger otra tempestad», y se ocupa, en la quinta parte, de las Secuelas, que terminan, durante 1944, en la conferencia de Bretton Woods.

En el epílogo el autor resume sus conclusiones así: «sostengo que la Gran Depresión no fue una fuerza mayor ni el resultado de ninguna contradicción arraigada en el capitalismo, sino el resultado directo de una serie de juicios erróneos por parte de los responsables del establecimiento de la política económica, algunos de los cuales se remontaban a la década de los veinte y otros tuvieron lugar después del inicio de las primeras crisis, y representaron, en todo caso, la más dramática serie de errores garrafales colectivos jamás cometida por los altos funcionarios financieros».

Liaquat Ahamed. Los señores de las finanzas: los cuatro hombres que arruinaron el mundo (Lords of finance, 2009). Barcelona: Deusto, 2010; 606 pp.; trad. de Jorge Paredes; ISBN: 978-84-234-2787-1. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 23 de abril de 2016

Más comentarios de José Jiménez Lozano en Impresiones provinciales acerca de la comprensión de sí mismos que tienen algunos escritores.

«Es un vacuo romanticismo seguir hablando de los genios incomprendidos que pasan necesariamente hasta por el calvario del hambre, pero a quienes se reserva la gloria inmortal del futuro. ¿Para qué la querrían incluso estando vivos? Porque probado está que no hace inmortal a nadie, y la gloria o la fama también mueren en una “seconda morte”, como decía Petrarca. Toda carne perece como la hierba convertida en heno, pero también todo nombre y memoria de él acaban, lógicamente».

«Laurent Seksik, en un relato novelado cuyo título e historia es Los últimos días de Stefan Zweig, habla de una visita a Bernanos, y éste dice, según el texto de la novela: “El mundo que protegemos se salvará gracias a los escritores y a los poetas”; y Zweig parece que se muestra escéptico y, desde luego, rechaza la petición que Bernanos le hace de un texto político. Pero mi pregunta es: ¿Creería de verdad que al mundo le salvarían los escritores y los poetas? No puedo pensar que nadie tenga un pensamiento así; y por mi parte pienso que siempre son los diez justos bíblicos, que no conocemos ni conoceremos nunca, quienes salvan al mundo, y seguramente sin hablar ni escribir palabra».

José Jiménez Lozano. Impresiones provinciales. Cuadernos 2010-2014 (2015). Almería: Confluencias, 2015; 168 pp.; ISBN: 978-84-944413-4-9. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 22 de abril de 2016

He mencionado aquí novelas de Richard Ford varias veces: en Percepciones de padres e hijos, en Autosuperación unidimensional, en Torrentes de incertidumbre, en Somos un misterio. También lo he citado con ocasión del excepcional prólogo que pone a una selección de cuentos de Chéjov preparada por él mismo.

Últimamente ha publicado Francamente Frank, un último libro con cuatro historias de su personaje Frank Bascombe. Se desarrollan cuando tiene unos 68 años, está jubilado, y hace pocas semanas que el huracán Sandy acaba de causar enormes destrozos en donde vive.

Con la forma típica de narrar de Ford, con frases largas y sinuosas, precisas y bien construidas, su héroe vuelve a exponer sus opiniones políticas y su modo de comprender la vida. En esta ocasión lo formula con lo que llama su «Yo por Defecto», un modo de vivir «que permite preguntas, pero sólo las que requieren respuesta», y que niega que la vida tenga una «trayectoria», un concepto falaz, dice Bascombe.

Él mismo ya decía en El periodista deportivo, que «el pasado no vale nada. Supongo que la historia de mi pasado puede parecer misteriosa porque yo no la acabo de entender, porque no la he explicado con detalle o porque la he simplificado mucho». Y el narrador de Canadá subrayaba que «lo que uno ve es más o menos lo que hay» y «el sentido oculto no existe».

Me gusta mucho Ford pero —tal como le dicen a su narrador en El día de la independencia— no puedo leerlo sin pensar que «contigo todo es entre comillas, Frank». Una y otra vez, y más según ha ido pasando el tiempo, tengo la impresión de que el autor «selecciona los recuerdos [de Bascombe] para amueblar mejor su pasado» y que también selecciona, en exceso, lo que le ocurre a su personaje para evitarse problemas adicionales, es decir, para dejarle al lector la impresión de que puede funcionar su estrategia de buscar una vida de «buena calidad en la eternidad del aquí y el ahora», sin pensar para nada en otras cosas. Lo que ocurre es que a la mayoría de la gente que conozco no le funciona nunca o, en todo caso, siempre llega el momento en el que no funciona...

Richard Ford. Francamente, Frank (Let Me be Frank With You, 2014). Barcelona: Anagrama, 2015; 229 pp.; col. Panorama de narrativas; trad. de Benito Gómez Ibáñez; ISBN: 978-84-339-7938-4. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 21 de abril de 2016

León Tolstoi escribió en 1886 un relato acerca de la codicia y ambición humanas titulado ¿Cuánta tierra necesita un hombre?, del que no hace mucho se han publicado una versión ilustrada por Elena Odriozola, otra con formato de novela gráfica ilustrada por Miguel Ángel Diez, y, más recientemente, una versión en álbum firmada por Annelise Heurtier y Raphaël Urwiller.

Como es sabido, su protagonista es un rico campesino siberiano llamado Pahom que nunca está conforme con la tierra que tiene. Después de aumentar sus posesiones varias veces, averigua que los habitantes de la región de Baskiria ofrecen tanta tierra como pueda recorrer en un día de marcha, con la condición de que al atardecer haya vuelto a su punto de partida.

En el álbum citado arriba en último lugar, el ilustrador, como hizo en Issun Boshi, presenta unas imágenes coloristas muy contrastadas, con predominio del amarillo, el rojo y el azul, que también es el color de la tipografía. Hay composiciones variadas, que se adaptan a lo que va pidiendo la narración: grandes escenarios, primeros planos, siluetas, etc. Es interesante comparar sus elecciones con las de los otros ilustradores que cito arriba.

Raphaël Urwiller. ¿Cuánta tierra necesita un hombre? (Combien de terre faut-il á un homme, 2014). Relato de León Tolstoi, de 1886, adaptado por Annelise Heurtier. Barcelona: Ekaré, 2016; 36 pp.; trad. de Leopoldo Iribarren; ISBN: 978-84-944291. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 20 de abril de 2016

Había visto hace tiempo, y he podido ver con más calma hace poco, Animalium, de Katie Scott y Jenny Broom, un libro de gran formato y espectaculares ilustraciones. Es original su planteamiento: no se presenta como un libro sino como un Museo «abierto las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana», del que las autoras son comisarias y en el que no hay capítulos sino seis grandes salas —Invertebrados, Peces, Anfibios, Reptiles, Aves, Mamíferos—, en cada una de las cuales hay varias especies.

No es un álbum de conocimientos con bromas gráficas o de contenido —como Bestiario— sino más bien una enciclopedia en la que, dicen las autoras, han organizado las especies «según un orden evolutivo para mostrar cómo el árbol de la vida ha evolucionado desde la simple esponja hasta la variedad que hoy conocemos». Las ilustraciones a tinta, de una gran precisión, presentan animales antiguos y modernos, grandes y pequeños, con el aspecto típico de las que solían hacer los naturalistas en los siglos dieciocho y diecinueve, algo que contribuye a darle al libro un elegante aire antiguo. 

Katie Scott. Animalium (Welcome to the Musseum Animalium, 2014). Texto de Jenny Broom. Madrid: Impedimenta, 2015; 100 pp.; trad. de Pep Amengual; ISBN: 978-84-15979-46-3. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 19 de abril de 2016

Busqué Otto, el perro cartero, de Tor Freeman, gracias a este comentario, en el que se habla de que es un libro de los que divierte y entretiene a un lector pequeño durante mucho tiempo, y que por eso es de los que permanecerá en su recuerdo. En él vemos una oficina de correos con empleados de todo tipo. El protagonista, Otto, es un perro cartero que ha de hacer una ronda y algunas entregas de paquetes: en el invernadero, el Mercado, el Museo de los Dinosaurios, un laboratorio, una orquesta, y un lugar especial.

Después de una doble página, con varias viñetas, en las que vemos la preparación de la entrega, viene otra doble página en el lugar de destino, un sitio siempre abigarrado —en el que se le dice al lector que localice al destinatario del paquete y otros objetos—. Luego, la siguiente doble página, la que mostrará los preparativos de la próxima entrega, comienza siempre con la apertura del paquete entregado. Las figuras son amables y simpáticas. Las composiciones son claras a pesar del mucho barullo que hay en algunos sitios. Las guardas están bien pensadas pues contienen los recorridos de Otto en el plano de la ciudad. El final es excelente.

Tor Freeman. Otto, el perro cartero (Digby Dog Delivers, 2014). Barcelona: Blackie Books, 2014; 26 pp.; trad. de Isabel Obiols; ISBN: 978-84-942580-4-6. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 18 de abril de 2016

Los rascacielos, de Albertine y Germano Zullo, es uno de esos álbumes que intentan sacar el máximo partido al formato vertical y cuya ironía de fondo se dirige principalmente a lectores mayores. En sus páginas enfrentadas vemos crecer dos edificios debido a que los dos propietarios compiten para ver cuál construye una casa más alta y cuál va poniéndole los añadidos más llamativos. No faltan las bromas, en las cosas que ocurren y en las cosas que dicen los personajes. En las ilustraciones, que son dibujos de línea, hay muchos detalles que harán sonreír a un lector pequeño. Pero parte del desarrollo de la historia y parte de los comentarios que se hacen sólo serán comprensibles para un lector consciente de muchas tontas vanidades y rivalidades del mundo adulto. Hay más información, y un breve vídeo sobre el álbum, en esta reseña.

Albertine. Los rascacielos (Les Gratte-Ciel, 2011). Texto de Germano Zullo. Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2014; 40 pp.; trad. de Palmira Freixas; ISBN: 978-84-941619-9-5. [Vista del álbum en amazon.es]

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domingo, 17 de abril de 2016

El diario de Rywka Lipszyc, una chica adolescente que vivió en el gueto de Lodz, Polonia, durante la segunda Guerra Mundial, fue un documento encontrado en Auschwitz por un médico del Ejército Rojo en 1945. Este lo guardó en su casa y, muchos años más tarde, su nieta, que había emigrado a los Estados Unidos, lo dio a conocer. Fue publicado por primera vez en San Francisco en 2014. El libro cuenta con cinco introducciones que dan cuenta de la historia del manuscrito y de qué se sabe de la autora. Es interesante por su valor testimonial, tanto por lo que habla de las condiciones de vida dentro del gueto durante la ocupación nazi, como por la personalidad de la autora, una chica con una gran curiosidad por el mundo y mucha confianza en Dios y en su religión judía.

Rywka Lipszyc. El diario de Rywka Lipszyc (Rywka's Diary: The Writings of a Jewish Girl from the Lodz Ghetto). Barcelona: Nube de Tinta, 2015; 189 pp.; trad. de Aurora Echevarría; ISBN: 978-84-15594-58-1. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 16 de abril de 2016

Comentario de José Jiménez Lozano en Impresiones provinciales acerca del papel de los escritores:

«Me resulta ajena y extraña la idea o concepción teológica del escritor que tiene, por ejemplo, Bernanos, pero me resulta más ajena y extraña aún, e incluso un poco cómica, la idea y concepción metafísica del escritor y de la escritura que tiene Gottfried Benn. Para mí la poesía no tiene ningún rango metafísico, ni ninguna “significación sacramental”, como dice Benn. Por esta vez, al menos, estoy más cerca de Claudel, que decía: “La belleza literaria de mi obra no tiene para mí más significación que la que podría encontrar un obrero, consciente de que ha realizado bien su tarea; yo sencillamente lo he hecho lo mejor que puedo; de ser carpintero me habría esforzado lo mismo en cepillar bien una tabla que, como escritor, en escribir bien”.

Pero tengo que poner un reparo. Claudel parece estar seguro de que ha escrito bien, y por mi parte no estoy tan seguro. La tabla bien cepillada del carpintero se ve que está bien cepillada indiscutiblemente. Las cosas, incluso cuando son clarísimas en el plano del escribir bien, no son ni mínimamente claras comparadas con la obvia lisura de la tabla que ha dejado el carpintero. No habrá ningún crítico que pueda negar esta lisura perfectamente conseguida, pero en el plano literario sí».

José Jiménez Lozano. Impresiones provinciales. Cuadernos 2010-2014 (2015). Almería: Confluencias, 2015; 168 pp.; ISBN: 978-84-944413-4-9. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 15 de abril de 2016

Centauros del desierto, escrita por Alan Le May casi al final de su carrera, es la novela en la que se basó la película de John Ford con el mismo título en castellano.

En Texas y Nuevo México, Amos Edwards y Martin Pauley, tío y hermano adoptivo de dos niñas raptadas por una partida de comanches después de asesinar a sus padres y hermanos, las buscan durante años. Aunque regresan a sus casas algunas veces, reemprenden de nuevo la búsqueda, casi inmediatamente, siempre impulsados por noticias que les llegan. Hasta que, por fin, dan con el jefe Cicatriz, que parece ser el hombre a quien desean ver.

Historia bien contada de una búsqueda épica y agotadora, con una «terquedad más allá de los límites de la razón», que acaba siendo una leyenda de la frontera. Todo se cuenta desde la perspectiva de Martin, preocupado por la obsesión vengativa de su tío, que no parece sentir remordimiento alguno por nada. Se narran bien los enfrentamientos y las escenas de violencia que van sucediéndose, así como la forma de comportarse propia de los indios, tan salvajes combatientes como quienes se les enfrentaban: «El hombre fronterizo sabe que la única forma de seguir con vida frente a otro hombre fronterizo enemigo es matándolo (…). No hay leyes, no hay normas morales. La única y suprema norma es la supervivencia, una supervivencia que no depende de la consecución de alimentos o de abrigo frente a las inclemencias meteorológicas sino de la muerte "del otro"».

El buen prólogo de la edición reciente de Valdemar explica que Le May se documentó bien para presentar las formas de comportarse de las tribus indias y para que su ficción se ajustase a los datos históricos conocidos. Quienes recuerden bien la película de John Ford verán diferencias con la novela: en esta la violencia es mayor, son diferentes algunos nombres, y el personaje de Martin tiene mucha más consistencia. Aquí hay otra reseña.

Alan Le May. Centauros del desierto (The Searchers, 1954). Madrid: Nebular, 2003; 288 pp.; col. Clásicos de Hollywood; trad. de Rosa López de Diego; epílogo de Vicente Domínguez; ISBN: 84-96066-02-9. Nueva edición en Madrid: Valdemar, 2013; 368 pp.; col. Frontera; trad. de Marta Lila Murillo; prólogo de Alfredo Lara López; ISBN: 978-8477027447. [
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jueves, 14 de abril de 2016

Poco tiempo después de publicar La lección de August, R. J. Palacio publicó un volumen que contenía tres relatos que, en España, se han publicado en libros distintos: La historia de Julian, El juego de Christopher y Charlotte tiene la palabra. En el prefacio a aquel libro, la autora explicaba que esos relatos formaban parte del trabajo que hizo para escribir La lección de August pero que, como no hacían avanzar su argumento principal, prescindió de ellos. En conjunto dan idea del trabajo que se tomó la escritora para construir su novela inicial y, aunque no son la explicación del éxito que tuvo, sí se pueden ver como una prueba de que la solidez de un buen libro depende de un gran trabajo escondido.

En el tercer libro la narradora y protagonista es Charlotte, la chica a la que el director de la escuela a la que llegó August le encomendó que fuera amable con él y le ayudara a integrarse. El lector se da cuenta rápido de cómo Charlotte, a pesar de su brillantez en tantos terrenos, es una chica insegura, tan deseosa de caer bien a todo el mundo que se justifica continuamente, ante los demás y ante sí misma. Eso sí, es divertido su afán por explicar todo lo que le sucede por medio de diagramas de Venn.

El relato se centra en el trato entre Charlotte y sus amigas y, en concreto, en cómo a ella, a la brillante Ximena Chin (de padre chino y madre madrileña), y a la bondadosa Summer (la mejor amiga de Auggie), las seleccionan para preparar un número de baile que tendrá lugar nada menos que en el Carnegie Hall. Se cuentan bien los vaivenes en el trato entre las tres chicas y con sus demás amigas; son excelentes algunos momentos en los que se pone de manifiesto el talento de algunas para los comentarios maliciosos, y otros en los que se dan reconocimientos de culpas y de juicios interiores equivocados…

Como las anteriores, la novela cumple bien su objetivo de hacer pensar en lo que piensan y sienten los demás y, por tanto, de promover comportamientos más bondadosos y comprensivos, y de hacer notar la importancia de ser siempre leales y veraces con los amigos. En los tiempos que corren, es también más que destacable que la autora vuelve a subrayar cuánto nos aportan quienes tendemos a ver al margen de la sociedad, a nuestro margen, por su condición social o por cualquier discapacidad: esta novela comienza y termina con un mendigo —a quien al principio Charlotte no se atreve a dirigirse— y tiene uno de sus momentos más emotivos cuando descubrimos a Ximena mucho más que encantada con su hermano pequeño con síndrome de Down.

R. J. Palacio. Charlotte tiene la palabra (Shingaling. A Wonder Story, 2015). Barcelona: Nube de tinta, 2016; 189 pp.; trad. de Diego de los Santos; ISBN: 978-84-15594-76-5 [Vista del libro en amazon.es]. Este libro está contenido, junto con los otros dos relatos que complementan la historia de Auggie, en Auggie y yo. Tres cuentos de la lección de August, Barcelona: Random House, 2016; 448 pp.; col. Vintage; ISBN: 978-1101972229. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 13 de abril de 2016

El navegador de cristal, de Nancy Kunhardt Lodge, es una novela precedida de premios y comentarios positivos que la presentaban como un viaje al modo de El mago de Oz. Su protagonista es Lucy Nightingale, una niña a la que su profesora encarga un trabajo sobre algunos pintores del pasado. Para eso, gracias a un perro llamado Wilbur que, con ayuda del Navegador (una especie de brújula con interruptores llenos de joyas, engranajes y demás), logra viajar en el tiempo y hablar con ellos acerca de algunas de sus obras.

Lo rescatable de la novela son algunos diálogos de la heroína con los pintores a los que visita: Boticelli, Leonardo da Vinci, Miguel Angel, Jacobo Pontormo, Van Gogh. Hay comentarios certeros sobre sus personalidades —que ayudan a Lucy a superar sus propios complejos y miedos— y sobre sus pinturas. Así, por ejemplo, Miguel Angel le dice a Lucy que «ante todo soy un escultor así que pinto igual que esculpo, creando redondez y volumen, y utilizando pinceladas con sombreados cruzados».

En cambio, no se sostiene la comparación con El mago de Oz o con cualquiera de los viajes de fantasía que se cuentan en libros clásicos. Suenan tontas las explicaciones para justificar el viaje en el tiempo (dice Wilbur: «He comprimido nuestros pensamientos en longitudes de onda. Luego los he puesto en ordenadores paralelos, lo que ha puesto en marcha el mecanismo de curvatura del espacio-tiempo»). El personaje de Wilbur es, también, poco consistente, aparte de que dice no pocas cosas sonrojantes («cuando aprendas a fusionar tu esencia con la esencia de otro ser vivo, brillarás del mismo color»). Y, por último, lo siento, pero no imagino a un Van Gogh diciéndole, ni a Lucy ni a nadie, que «no hay respuestas incorrectas, Lucy. Sólo lo que tus ojos y tu alma te digan».

Nancy Kunhardt Lodge. El navegador de cristal (The Crystal Navigator, 2015). Madrid: Kolima Books, 2016; 155 pp.; trad. de Raquel Dueñas; ISBN: 978-84-163645-1-0. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 12 de abril de 2016

En El museo, un álbum firmado por Susan Verde y Peter Reynolds, vemos a una niña que va recorriendo salas de un museo y contándonos cómo se siente arrebatada delante de distintos cuadros y esculturas —de Degas, Rodin, van Gogh, Picasso, Munch, etc.—. Incluso, cuando está delante un cuadro todo blanco, «un lienzo todo en blanco, no me lo creo», piensa «¿será una broma?», y nos dice que entonces cierra los ojos «y pasa algo maravilloso».

La idea del álbum es excelente y está magníficamente compuesto, al modo habitual del ilustrador, que siempre busca que las palabras, escritas a mano, formen parte del diseño de las páginas. Ahora bien, conviene advertir que, en la mayoría de los casos, ocurrirá que las niñas o niños lectores del álbum pensarán que a ellos no les ocurre, ni de broma, lo mismo que a la entusiasmada protagonista: su énfasis sonará excesivo..., excepto para quienes hayan ya experimentado emociones parecidas a las que cuenta.

Peter H. Reynolds. El museo (The Museum, 2013). Texto de Susan Verde. Barcelona: RBA, 2014; 32 pp.; trad. de Víctor Manuel García de Isusi; ISBN: 978-84-8488-268-8. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 11 de abril de 2016

Tenía pendiente desde hace tiempo poner aquí El libro negro de los colores, de Menena Cottin y Rosana Faría, uno de esos álbumes diferentes que merece la pena conocer.

Todo él está en negro. En las páginas izquierdas hay un texto en blanco en la parte de abajo, y el mismo texto, en braille, en la parte de arriba. En las páginas derechas hay unas figuras impresas en relieves suaves, que se corresponden con aquello que se menciona en la izquierda, que siempre es la descripción de un color a través del sabor o el tacto de algo: «el color amarillo sabe a mostaza, pero es suave como las plumas de los pollitos», «el rojo es ácido como la fresa y dulce como la sandía, pero duele cuando se asoma por el raspón de la rodilla», etc. Al final del libro figura el alfabeto en braille.

Es un libro justamente premiado por estar basado en una buena idea, porque resulta un acierto el texto tan sensorial, y por lo que puede servir a muchos lectores para imaginar un poco cómo perciben el mundo quienes no ven. He leído y oído críticas al libro debido a que la impresión en braille no es del todo clara pero, en cualquier caso, para quienes no tenemos que usarlo con una finalidad puramente práctica, sus méritos son evidentes.

Menena Cottin y Rosana Faría. El libro negro de los colores (2006). Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2008; 22 pp.; col. Aprender y descubrir; ISBN: 978-84-92412-19-8. [Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 10 de abril de 2016

Invencible, de Laura Hillenbrand (la autora de Seabiscuit), es una narración documental que, al hilo de la historia de Louis Zamperini, da información sobre algunos aspectos de la segunda Guerra Mundial. Zamperini, italo-americano, nació en Torrance, California. Fue un chico alegre y muy gamberro que se convirtió en un gran corredor de media distancia. Con 19 años compitió en la Olimpiada de Berlín, en 1936, en la prueba de 5000 metros: fue el atleta más joven de la historia en la selección estadounidense. Cuando estalló la segunda Guerra Mundial se alistó en la Fuerza Aérea y fue tripulante de un bombardero. En mayo de 1943 el avión en el que iba cayó al mar y, él y el piloto, Russell Allen «Phil» Phillips, sobrevivieron en una balsa durante 47 días, un récord según parece. Capturado luego por los japoneses, pasó por distintos campos de prisioneros hasta el final de la guerra. Después se casó y tuvo muchos problemas debido al alcohol, que logró abandonar después de hacerse cristiano evangélico. Falleció en 2014.

La narración se basa en una investigación exhaustiva de todo tipo de fuentes aunque, sobre todo, se apoya en los datos que el protagonista dio a la autora. De vez en cuando ocupa el centro de la narración su compañero Phil y, más adelante, lo hace uno de los más crueles y psicópatas jefes de prisiones japonesas llamado Mutsuhiro Watanabe. En la primera parte se habla de los entrenamientos y competiciones de atletismo; en la segunda, de los bombarderos del ejército estadounidense; en la tercera, sobre la forma en que se avanzó, durante la guerra, para poder asegurar la supervivencia y la localización de los náufragos; luego, sobre los modos de vida en los campos de prisioneros japoneses, y los espeluznantes datos de la enorme mortalidad en ellos —uno de cada cuatro prisioneros de guerra frente al uno de cada cien en los campos equivalentes de los nazis y los italianos—. La última parte, el regreso a los Estados Unidos, da cuenta breve de su matrimonio, sus dificultades con el alcohol, su conversión, y el fallido intento de volver a entrar en contacto con Watanabe.

El libro tiene interés por la información que da, porque la narración tiene viveza, y porque la vida del protagonista es, realmente, asombrosa. Podría ser un libro mucho mejor si, en no pocos momentos, fuera más sobrio: algunos hechos solo pueden estar basados en los testimonios de Zamperini y, a veces, parecen haber sido trasladados tal cual por la escritora —por ejemplo, sus curiosas luchas con tiburones en alta mar, o las impresionantes palizas que recibe y de las que se recupera una y otra vez por completo—; en otros momentos, el énfasis en la dificultad de algo no parece proporcionado —«entrenó tan duro que una vez dejó ensangrentado un calcetín por haberse desollado un dedo del pie»—; además, es como si la autora no hubiese querido prescindir de uno solo de los detalles que le ha contado el protagonista o de los que ha recolectado de cualquier otra fuente, con lo que la lectura cansa un poco. También, el libro sería mejor si la traducción estuviera más pulida.

Laura Hillenbrand. Invencible (Unbroken. A World War II Story of Survival, Resilience, and Redemption, 2010). Madrid: Santillana, 2011; 436 pp.; trad. de Vicente Herrasti; ISBN: 978-84-03-10216-3. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 9 de abril de 2016

Pongo algunas reflexiones que hace José Jiménez Lozano en Impresiones provinciales a propósito de los cambios culturales que vivimos.

Dice que hace tiempo que ya no se oye el toque de campana en el lugar donde vive, una más de esas «realidades de infancia ya siempre idas», que desde ciertos ambientes se desprecian, «como si se las tuviera miedo verdaderamente». «Porque ¡quién sabe lo que puede resonar un tañido a muerto en un corazón humano! Y no se quieren experiencias de éstas que además nos hacen preguntas».

Comentando un libro habla de «señales de Fin de los Tiempos o asedio de los bárbaros a la ya muy disminuida urbs» y cita, entre otros ejemplos, el de que «un pedagogo asegura que señalar en rojo las faltas de un examen es vejatorio para el alumno», y el de que, «en una universidad un profesor explica que los profesores no entienden el mundo en el que viven por culpa de su subconsciente franquista».

A propósito de «la afirmación de Mandelstam de que quienes en la niñez y la adolescencia habían ido a Belén tendrían ya siempre el don de la misericordia», indica que «toda instrucción y educación, sin el saber y, desde luego, sin el don de la misericordia, permiten que se ingrese en la barbarie muy tranquilamente, o hasta muy orgullosamente».

Vuelve dos veces a una misma frase de Flaubert. Una es esta: «Llevo tiempo dando vueltas a esta simple afirmación de Gustave Flaubert: “Escribir es corromper”. Pero ¿es que no ha sido “subvertir” y liquidar la vieja cultura el valor supremo de la escritura o las bellas artes en este tiempo nuestro? Flaubert llama a las cosas por su nombre, sencillamente».

José Jiménez Lozano. Impresiones provinciales. Cuadernos 2010-2014 (2015). Almería: Confluencias, 2015; 168 pp.; ISBN: 978-84-944413-4-9. [
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viernes, 8 de abril de 2016

Recuerdo las ocasiones en las que he citado ya diarios o dietarios de José Jiménez Lozano:

Los cuadernos de letra pequeña: La textura de la banalidad, Quizás era puro realismo, ¿Más privilegios?, Lumbreras, Cabalgatas de feria, Cómo son algunos escritores, El icono más maravilloso.

Advenimientos:  Contundente claridad, Sabor amargo, Gramática infecta, Valor contra la estupidez, Joven con alas de pájaro.

Los cuadernos de Rembrandt: Burlas e insultos, Lo peor que puede decirse de una narración, La culpa es de las víctimas, Seguridades elegantes.

Recientemente ha publicado Impresiones provinciales, notas tomadas entre los años 2010 y 2014. Como en los libros previos, hay observaciones sobre nuestro empobrecimiento cultural, comentarios acerca de cómo comprende la posición del escritor, notas de lectura, experiencias de infancia, descripciones de paisajes. Dos ejemplos de las últimas son las que siguen:

«Las nieblas son siempre una experiencia extraordinaria, cuando no suponen ningún riesgo para nosotros en el campo, porque no nos vamos a perder, ni podemos chocar con nada. Sobre todo esas nieblas de las que el viejo refrán dice: “Mañanas de niebla, tardes de paseo”, y luego vuelta al majestuoso avance de la niebla antes de caer la noche; mientras que la huida de esa niebla por la mañana a veces podríamos decir que parece un ejército vencido que se retira, pero otras veces es algo más delicado, como el alzarse de velo de una gasa sutilísima. A veces, cuando miramos, ya están ahí los pájaros que hacía un momento ni se oían siquiera. Y todo resulta como un cuadro repentinamente puesto entre nosotros».

«Nevada que cuaja, lo que es, para estas tierras, algo muy raro. Así que el espectáculo es la maravilla de las maravillas, como de un estreno del mundo; y me parece que así cae la alegría en nuestra alma, como la nieve, y así nos blanquea».

José Jiménez Lozano. Impresiones provinciales. Cuadernos 2010-2014 (2015). Almería: Confluencias, 2015; 168 pp.; ISBN: 978-84-944413-4-9. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 7 de abril de 2016

El fugitivo, de John Grisham, es la quinta novelita protagonizada por Theodore Boone. Esta vez, con motivo de un viaje de estudios a Washington, cree ver en el metro a Pete Duffy, un acusado de asesinato que, en la primera novela de la serie, había huido de su ciudad, Strattenburg. Primero lo graba con el móvil y lo sigue un poco. Luego llama a su tío Ike, que se presenta en Washington. Por último, ponen sobre aviso al FBI.

Como es habitual en las secuelas, se vuelven a dar las explicaciones pertinentes para quien no haya leído las novelas previas —se recuerdan cuestiones relacionadas con la vida familiar del héroe y los pormenores del asesinato que había cometido Duffy—, y como es habitual en Grisham, hay abundancia de detalles acerca del sistema judicial y las formas de actuar de abogados, fiscales y jueces. Además, en esta novela se le dan lector algunas informaciones de tipo cultural y patriótico con ocasión de las visitas que Theo y sus compañeros hacen a monumentos y lugares históricos.

Como he dicho en reseñas a otras novelas suyas, Grisham es mejor cuanto más se ciñe a los terrenos que más domina, y en este caso lo hace: las intervenciones de Theo son las justas y la novela se centra, sobre todo, en el caso que se juzga. La historia insiste en la importancia de actuar con valentía cívica, aunque tal cosa provoque molestias, y más que molestias. Por supuesto, queda en el aire, para la próxima novela, un asunto amenazador para Theo.

John Grisham. Theodore Boone: el fugitivo (The Fugitive, 2015). Barcelona: Montena, 2016; 220 pp; trad. de José Serra; ISBN: 978-84-9043-464-2. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 6 de abril de 2016

En la LIJ hay libros con un humor del que los niños disfrutan, hay libros con un humor dirigido a que los adultos disfruten de los niños, y hay libros con aires infantiles que ocultan un humor irónico adulto (a veces certero, a veces cínico, a veces con el tono «entérate cuanto antes, la vida es así»…).

Un ejemplo de los últimos es Todos mis patitos, de Janosch, un libro basado en una canción popular alemana que, después de un comienzo amable —«Todos mis patitos / nadaban en el lago, / nadaban en el lago. / Las colitas hacia arriba, / las cabecitas hacia abajo»—, presenta como van llegando un labrador, un gran pez, un cazador, un zorro, el lobo, Germán el malvado, un águila, el tejón, etc., hasta que sólo quedan una patita y un patito… que vuelven a tener diez patitos.

Es, como hay que esperar siempre del autor, un libro bien hecho, con ilustraciones eficaces que se presentan en una secuencia bien marcada por el ritmo de la cancioncilla, y con las líneas del texto debajo de las imágenes, al modo más clásico. Es, también, un libro de los que da una importante lección sobre la vida…, si se comprende bien.

Entre paréntesis, al preparar este comentario recordé un aforismo de Palomas y serpientes que dice:

Mysterium iniquitatis
Los niños dejan de cazar pájaros cuando pierden la inocencia.

Janosch. Todos mis patitos (Alle meine Entlein, 2014). Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2014; 48 pp.; trad. de Helena Munín; ISBN: 978-84-941645-7-6. [
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martes, 5 de abril de 2016

Al final del comentario que titulé Matemáticamente invisible incluí un párrafo acerca de «la simultaneidad de los instantes». De lo mismo trata el álbum El primer paso, del norteamericano-australiano Bob Graham. En él todo empieza cuando una niña, Rosie, está a punto de dibujar el último botón de plata de un pato, escena que vemos antes de los datos editoriales del álbum y de que comience la historia, y todo termina cuando lo dibuja. El acontecimiento que narra el album es que Rosie ve que su hermano pequeño Pablo, justo a las diez menos un minuto, da su primer paso, y lo anuncia a su alrededor: a continuación vemos diversas escenas de todo tipo que ocurren al mismo tiempo, de un modo parecido a cómo las veríamos si una cámara se alejase y fuese mostrándonos en ese mismo momento la habitación, la casa, el barrio, la ciudad… No es necesario hacer comentarios sobre los magníficos dibujos ni sobre más cosas porque esta reseña extensa, con muchas imágenes, lo explica y muestra todo detalladamente. Parece claro que, aunque sea un libro excelente para cualquier edad, las reflexiones que suscita el concepto en el que se basa el álbum no son para prelectores.

Bob Graham. El primer paso (Silver Buttons, 2013). Barcelona: Juventud, 2015; 32 pp.; col. Álbumes ilustrados; trad. de Christiane Scheurer; ISBN: 978-84-261-4213-9. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 4 de abril de 2016

Es una buena noticia que llegue al mercado español un álbum más de Pat Hutchins, como Una fiesta sorpresa. En él Conejo le dice a Búho, al oído, que va a dar una fiesta que será una sorpresa; y luego la noticia va circulando de animal en animal…, pero levemente deformada según pasa de uno a otro. No es un álbum excepcional como El paseo de Rosalía o ¡Buenas noches, Búho!, pero es igualmente un modelo de claridad gráfica, de sencillez constructiva, y de relato simpático para que los más pequeños disfruten y también aprendan algunas cosas.

Pat Hutchins, Una fiesta sorpresa (A Surprise Party, 1991). Pontevedra: Kalandraka, 2016; 32 pp.; trad. de Sandra y Oscar Senra Gómez; ISBN: 978-84-8464-958-8. [Vista del álbum en amazon.es]

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sábado, 2 de abril de 2016

Explica Etienne Gilson en Pintura y realidad que, con frecuencia, adoptamos un punto de vista, que cabría llamar literario, acerca del arte: el de que si algo no tiene valor como documento histórico no tiene valor como arte. Y nada es menos evidente que esto.

«Es natural que un amante del arte tenga interés por la vida de los artistas, la historia de la pintura, el desarrollo de las distintas escuelas de pintores, los problemas estéticos relativos al arte en general y a la pintura en particular. Todo esto es natural, pero nada de ello es necesario. Por encima de todo, no se debería dejar que nada de esto adquiriera preferencia sobre la sustancia misma del arte. Esta es la razón última por la que sugerimos, en cuanto concierne al arte, que los problemas de autenticidad son secundarios en su importancia y habría que relegarlos a su lugar apropiado. Son puramente accidentales a la realidad sustancial de la pintura».

Conviene reflexionar acerca de que, dentro del conjunto de impresiones que nos causa una obra de arte, sólo un pequeño número de ellas se refieren de verdad al arte como tal y que, «si se considera una pintura como un medio para un fin distinto al de su contemplación, no se la ve como obra de arte». Es decir, que si se la ve como mercancía, como una inversión, también como un objeto del que hablar o como documento histórico, «el fin de la obra de arte queda fuera de ella; en el dinero, en la conferencia que hay que dar, en el artículo o libro que escribir, en todos estos casos la obra de arte será usada como medio para otro fin, dejará de actuar como obra de arte».

En general, la cuestión está en que los cuadros habilitan al espíritu para hablar al espíritu, y no al conocimiento para hablar al conocimiento. Un cuadro es un puente precisamente porque no enseña, no explica, no habla; es, simplemente, una cosa más entre las cosas. Es decir, la pintura nos pone delante realidades sobre las que meditar. Se podría decir que nos hace mirar mejor o, como dice Klee: «el arte no traduce lo visible; más bien lo hace visible», nos hace verdaderamente visible lo visible, podríamos decir.

Étienne Gilson. Pintura y Realidad (Painting and Reality, 1957). Pamplona: Eunsa, 2000; 398 pp.; col. Cátedra Félix Huarte; trad. del inglés de Manuel Fuentes Senot, versión actualizada de Rosa Fernández Urtasun; ISBN: 84-313-1767-1. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 1 de abril de 2016

En bienvenidosalafiesta: notas de marzo. Selecciono algunos de los muchos libros destacables del mes. Un álbum divertido: La hija del grúfalo. Uno de los grandes álbumes de los últimos tiempos: Akim corrre. Una estupenda novela juvenil: El curioso mundo de Calpurnia Tate. Una gran novela del Oeste: Shane. Un relato corto inolvidable: Adviento en la montaña. Dos excelentes novelas norteamericanas de muy distinto signo: La casa del profesor, Vida hogareña.

En medium, cuatro notas en marzo: 13 libros para lectores de unos trece años, 12 libros para lectores de unos doce años, 11 libros para lectores de unos once años, 10 libros para lectores de unos diez años.

En Primer cuaderno: notas de marzo. Para quienes siguen los álbumes la entrada sobre Mo Willems es muy interesante. Pero el mejor enlace de todos, sin duda, es el que figura en Otro tipo de chica.

En Segundo cuaderno: notas de marzo. Puestos a seleccionar dos entradas elegiría Derecho a la blasmia y Masculino y femenino (2). Pero la más leída, con diferencia, ha sido ¿Qué le pasa a Twitter?

En Flipboard: una revista con las notas de bienvenidosalafiesta del primer trimestre.

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viernes, 1 de abril de 2016

En Memoria por correspondencia, de la pintora y dibujante colombiana Emma Reyes (1919-2003), se reúnen unas cartas que, entre 1969 y 1997, le escribió a su amigo Germán Arciniegas contándole su triste infancia, con la condición de que se publicasen tras su muerte. Al principio la pequeña Emma y su hermana mayor Helena, viven con una mujer llamada María, y cambian de domicilio algunas veces; luego, cuando son abandonadas, son recogidas en un internado con unas monjas cuya forma de tratarlas es inhumana. Lo más destacable del libro es el tono distante y no dolido que usa la narradora, lo cual permite que la lectura de situaciones tan trágicas no resulte demasiado dolorosa. Hay varios apéndices, explicando el origen del libro y cosas de la vida de la autora. En esta reseña, que resume bien el contenido y los acentos del libro, se indica, con razón, que «su valor literario reside precisamente en ese estilo de escritura de quien simplemente vuelca lo vivido, sin revisar nada, tal y como sale».

Emma Reyes. Memoria por correspondencia. Barcelona: Libros del Asteroide, 2015; 211 pp.; prólogo de Leila Guerriero; apéndices de Germán Arciniegas y Diego Garzón; ISBN: 978-84-16213-22-1. [Vista del libro en amazon.es]

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