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Notas de mayo de 2007 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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jueves, 31 de mayo de 2007

Cuelgo hoy la ficha completa de Katherine Paterson, citada varias veces, la última con ocasión de la película basada en su libro Un puente hasta Terabithia.

En el interior está otro texto suyo recogido en The Invisible Child, en una traducción que apareció en la revista Amigos del Libro n. 45, del año 1999, y que pertenece a las palabras de recepción del Premio Andersen: «Hace años, cuando me preguntaban por qué escribía para niños, yo daba una respuesta frívola: “Yo no escribo para niños”, decía. “Escribo para mí misma y después voy al catálogo del editor para ver lo vieja que soy”. Pero no escribo para mí misma, escribo para niños. Nunca debería bromear con eso. Debo respeto a los niños. Ni puedo ser sentimental con respecto a los niños. Los únicos que pueden ser sentimentales con los niños son los que no conocen a ninguno (...). Pero escribir para ellos es una enorme responsabilidad, y quien escribe para ellos nunca debe olvidar este hecho. (...) (Los niños) nunca deben quedarse fuera de mi cuarto cuando estoy trabajando. No importa lo perdida que yo me encuentre en el relato, antes tengo que recordar que escribo para niños: debo hacerlo así, con honradez, respeto y compasión (...). Tenemos que ser lo bastante valientes para dar a los niños relatos que tengan el poder de curar».

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miércoles, 30 de mayo de 2007

Hace pocas semanas ha fallecido Maria Gripe, otra escritora sueca de referencia que comenzó su carrera, como Astrid Lindgren y tantos autores de literatura infantil y juvenil, escribiendo un primer libro para su hija.

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martes, 29 de mayo de 2007

En sus memorias, Astrid Lindgren, una de las más importantes escritoras infantiles del siglo XX, recuerda su infancia y a sus padres con gozo: «Era bonito ser niño allí, y bonito, sobre todo, ser hijo de Samuel August y Hanna. ¿Por qué era tan bonito? He pensado con frecuencia en ello, y creo que ya tengo la respuesta. Tuvimos dos cosas que hicieron de nuestra niñez lo que afortunadamente fue: sensación de seguridad, y libertad. Nos sentíamos seguros junto a unos padres que tanto se querían y que siempre tenían tiempo para nosotros, cuando les necesitábamos, pero que por lo demás nos dejaban jugar y retozar libremente por el maravilloso lugar que Näs representaba para unos chiquillos. Desde luego éramos educados con disciplina y en el temor de Dios, como requerían las costumbres, pero en nuestros juegos disfrutábamos de una libertad estupenda, y nadie nos vigilaba. Y nosotros no cesábamos de jugar y jugar, rayando casi en el milagro que no nos matásemos».

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lunes, 28 de mayo de 2007

Después de los ratones Pérez ya citados debo dejar constancia de El Ratoncito Pérez francés de Olga Lecaye, una magnífica ilustradora.

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domingo, 27 de mayo de 2007

Un ejemplo del citado quid quid recipitur es que, al escuchar Breathe, la canción que más me gusta de Faith Hill, me vienen a la cabeza las frases del Génesis acerca de cuando «el espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas» y «Yavé Dios se paseaba por el jardín a la brisa de la tarde». Y, sobre todo, pienso en la frase de Jesucristo a Nicodemo, en el Evangelio de San Juan, de que «el viento sopla donde quiere y oyes su voz pero no sabes de dónde viene ni a dónde va». Así son las cosas.

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sábado, 26 de mayo de 2007

Luigi Giussani: «Sólo una época de discípulos puede dar una época de genios, puesto que sólo el que es primeramente capaz de escuchar y comprender crece en una madurez personal que le hará después capaz de juzgar y afrontar la realidad, hasta —eventualmente— abandonar lo que le había alimentado».

Luigi Giussani. Educar es un riesgo.

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viernes, 25 de mayo de 2007

Joe Kubert
, uno de los grandes dibujantes de cómic de las últimas décadas, comparte con Maurice Sendak y Art Spiegelman el origen judío polaco. En Yossel, una novela gráfica sobre la rebelión del gueto de Varsovia, en la segunda Guerra Mundial, ha dejado más pruebas de su talento como dibujante.

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jueves, 24 de mayo de 2007

A lo largo de El Señor de los anillos hay «una especie de antiironía, a medida que uno se va dando cuenta poco a poco de que la frustración, el pesimismo, incluso casi el desespero, de los personajes son naturales y están justificados, y a la vez son innecesarios y erróneos. Las cosas van mal, pero podrían ir peor. Aun en el peor de los casos, hay cierta sensación proverbial que dice que nunca se puede estar seguro: “Con frecuencia el mal echa a perder el mal”, dice Gandalf; “un golpe apresurado suele no dar en el blanco”, dice Aragorn; “un traidor puede traicionarse a sí mismo y hacer involuntariamente el bien”, dice Gandalf de nuevo».

Tom Shippey. J. R. R. Tolkien: autor del siglo.

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miércoles, 23 de mayo de 2007

Dice Coetzee que Salman Rushdie es un escritor multicultural no sólo en el sentido débil de que hunde sus raíces en más de una cultura, sino en el fuerte de que utiliza una tradición literaria para renovar otra. Su debilidad es que a veces cae en la mera frivolidad posmoderna, que sigue y luego abandona hilos narrativos que no le llevan a ningún sitio. También esto se nota en Harún y el mar de las historias, que sin embargo es un buen e inteligente relato.

J. M. Coetzee. Costas extrañas: ensayos, 1986-1999.

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martes, 22 de mayo de 2007

Nueva edición de El sombrero del mago, otro libro de La Familia Mumin, o Los Mumin, de Tove Jansson. Hago algunos cambios en la ficha de la autora finlandesa para mostrar diferencias entre las nuevas traducciones de Siruela y las anteriores.

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lunes, 21 de mayo de 2007

Un álbum que tiene un aire de familia con El secreto, de Eric Battut, es El erizo, de Gustavo Roldán. En este caso el protagonista es un erizo que desea comer frutas de un árbol y, después de fallar en sus intentos de que otros animales le ayuden, acaba convenciendo a un elefante de que golpee el suelo para que caigan... Es una historia mínima, simpática, gráficamente bien contada.

Gustavo Roldán. El erizo (2007). Barcelona: Thule, 2007; 40 pp.; ISBN: 978-84-96473-63-8.

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domingo, 20 de mayo de 2007

Quizá por las coincidencias en gustos, además de que está bien escrito e hilado, lo he pasado bien leyendo Mis libros inolvidables, de Hilario Mendo. Quienes disfruten hablando de libros entrarán en sintonía con este «viene y va entre ficción y realidad, entre lo que nos gustaría ser y lo que de hecho somos», entre anécdotas personales y matizadas opiniones literarias. Dos de los juicios certeros que me han gustado: Karen Blixen como una escritora que capta y describe como nadie los momentos de plenitud, la obra de Paul Auster como «un monumento a la perplejidad»... Dos de las observaciones al paso bien traídas que también he anotado: la definición que daba Julián Marías de «pesado»: el que te quita la soledad y no te da la compañía; el «no corras, ve despacio, que adonde tienes que ir es a ti mismo», que decía Juan Ramón.

Hilario Mendo. Mis libros inolvidables 1966-2000 (2006). Madrid: Rialp, 2006; 200 pp.; ISBN: 84-321-3600-X.

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sábado, 19 de mayo de 2007

José Jiménez Lozano: «Oigo a una luminaria de las letras afirmar que es un absurdo dar a leer a los jóvenes —angelitos en torno a los dieciocho años— novelas de Valera o Galdós, y cosas como las de Azorín, porque tienen que serles necesariamente extrañas y resultarles absurda la España que pintan.

¿De dónde será este señor, y de dónde querrá que sean estos jovencitos? ¿Por qué es absurda la España de esos escritores? Pero esas lumbreras hablan siempre bajo palabra de honor, claro está. Aunque no menos claro es que la existencia de España es dudosa, y que, en cualquier caso, la doctrina ortodoxa de esta modernidad es que la España anterior era absurda, y que no tendría que haber existido».

José Jiménez Lozano. Los cuadernos de letra pequeña.

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viernes, 18 de mayo de 2007

Si tuviera que decir, ahora mismo, qué libro me ha impactado más de los últimos meses, no tendría dudas: Emigrantes, de Shaun Tan. Los entusiastas de las novelas gráficas, que a veces elogian en exceso productos visualmente interesantes pero de argumentos risibles, pueden recrearse aquí en la suerte: el autor hace rendir al máximo los recursos del cómic y de los álbumes ilustrados y obtiene un libro que reúne poder emocional, valor pictórico y el singular interés documental que procede, no de recoger datos históricos sino de capturar sentimientos humanos permanentes.

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jueves, 17 de mayo de 2007

Historia de dos ciudades
y Barnaby Rudge, la quinta novela de Dickens  y la menos conocida de sus novelas largas, son sus únicas obras que no se ambientan en su propia época y que pretenden reflejar acontecimientos históricos. Señala Chesterton que ambas se ambientan en revoluciones del siglo XVIII que fueron completamente distintas: la francesa fue una revolución que ahora llamamos ilustrada y liberadora; la segunda, el Gordon Riot, fue una revuelta que ahora llamamos ignorante y oscurantista. Sin embargo, Dickens dibuja en las dos un mismo tipo de aristócrata dieciochesco, suponiendo que aristócratas así realmente existieron en el XVIII.

La primera parte se desarrolla el año 1775 y tiene lugar sobre todo en Chigwell, un pueblo cercano a Londres. Uno de los hilos románticos de la narración es que, a pesar de su animadversión mutua, el honrado pero brusco Geoffrey Haredale, sospechoso heredero de un hermano suyo asesinado 22 años antes, y el canalla pero educadísimo lord John Chester se ponen de acuerdo para impedir el noviazgo entre la sobrina del primero, Emma, y el hijo del segundo, Edward. Pero conspira más gente todavía contra la relación entre Joe, hijo del posadero del Maypole, John Willet, y Dolly, hija del cerrajero local Gabriel Varden y hermana de leche de Emma Haredale. En medio están Barnaby Rudge, un chico retrasado mental que posee un loro parlanchín, y su madre, una mujer que vive completamente para su hijo.

La segunda mitad tiene lugar cinco años después, cuando estallan en Londres unas algaradas callejeras anticatólicas encabezadas por Lord George Gordon. Llevan el peso principal del relato las vívidas descripciones de los disturbios, los enredos amorosos y el humor tienen poca cabida, y Dickens tiene interés en subrayar cómo hay astutos y malvados en la sombra que azuzan a los cabecillas visibles a comportarse violenta y brutalmente.

Como en todo Dickens, la fuerza mayor del relato está, por un lado, en la descripción de ambientes —la posada, la cerrajería, las calles de Londres—, y, por otro, en el dibujo de secundarios —el mentalmente lentísimo John Willet, la murmuradora intrigante Miggs y su ama, la mujer del cerrajero, entre muchos otros—. Naturalmente, la narración está bien entretejida y salpicada de consideraciones bromistas —«la meditación no engendra tan sólo ideas, sino que algunas veces también las adormece, por lo cual cuanto más meditaba, más ganas tenía de dormir»—; agudas —«nuestros afectos no son tan fáciles de herir como nuestras pasiones, pero el golpe profundiza más y la herida requiere más tiempo para cicatrizarse»—; y sensatas —como esta de Gabriel Varden: «de todas las cosas malas, las peores son las buenas cuando se hace mal uso de ellas. Por ejemplo: una mujer mala es muy mala, pero cuando se extravía una buena por malas influencias, es peor que la mala. Lo mismo sucede con la religión»—. El final es el que cabe esperar de Dickens pues los misterios se aclaran y los personajes buenos acaban con sus vidas encauzadas satisfactoriamente.

Charles Dickens. Barnaby Rudge (1841). Edición española en Barcelona: Belacqua, 2006; 827 pp.; col. La otra orilla; trad. de Ramón González Férriz; prólogo de Horacio Vázquez Rial; epílogo de G. K. Chesterton; ISBN: 84-96694-01-9.

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miércoles, 16 de mayo de 2007

El otro día cité, de paso, a Erich Kästner, un autor importante por muchas razones, una de las cuales es haber escrito Emilio y los detectives. En sus memorias, Marcel Reich-Ranicki afirma que no se puede alinear a Kästner con Rilke o Hölderlin «pero en más de una circunstancia de la vida no tenemos paciencia para escuchar las sinfonías de Bruckner y sí sentimos debilidad por Gershwin». Por eso, continúa el crítico alemán, «el escepticismo y el humor de la lírica urbana de Erich Kästner, absolutamente carente de solemnidad, me resultaron por un tiempo incomparablemente más próximos que la elevada poesía de los videntes».

Marcel Reich-Ranicki. Mi vida (Mein Leben, 1999). Barcelona: Galaxia Gutemberg – Círculo de lectores, 2000; 534 pp.; trad. de José Luis Gil Aristu; ISBN: 84-8109-303-3.

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martes, 15 de mayo de 2007

Siendo joven, Graham Greene fue autor de cuatro libritos para niños, simpáticos y bien compuestos, que hace unos años se publicaron juntos con el título global Todo marcha sobre ruedas.

Aprovecho la ocasión para señalar algunos modos de actuar de los críticos cinematográficos que, según acabo de leer, al autor inglés le molestaban, y que también se pueden aplicar a los críticos literarios, claro está. A Greene le parecía mal que un crítico hablase de una obra con alabanzas desproporcionadas, superiores incluso a las promocionales, y decía que, así, «el crítico simplemente se suma a la atmósfera de corrupción, retórica vaga, publicidad pagada, ambiente general de Gran Negocio sin escrúpulos». También le incomodaba el que se usasen luego esas frases como herramienta publicitaria adicional y que, con eso, el ego del crítico se hinchase aún más. Y tampoco «le parecía bien que el crítico entrevistara también a la estrella del filme: su reseña podía convertirse en un reportaje, donde la opinión y el análisis se diluían».

José María Aresté. Escritores de cine.

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lunes, 14 de mayo de 2007

Se ha publicado ahora en España El naufragio del Zéfiro, un álbum antiguo de Chris Van Allsburg. Aunque sea inferior a otros del autor, ilustraciones como la de la derecha, que oculta la luna después de indicar en el texto expresamente «había luna llena», vale todo el álbum.

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domingo, 13 de mayo de 2007

La misma idea
de hace días, en un libro extraordinario de Christian Bobin:

«Ayer fui a pagar mis impuestos. Delante de mí, había un hombre que estaba en el paro. (...). Al ver a ese hombre pensé que no soportaba a los escritores cuando hablan con cara de mártires del sufrimiento de escribir, de la dificultad de su trabajo. Un trabajo es algo que os pueden quitar un día. Conozco escritores pobres, no conozco ninguno que esté en el paro: privado de escribir —y por consiguiente de dicha, porque no hay que andarse con cuentos: escribir es una pura dicha, y cualquier otro razonamiento sobre ello es repugnante».

Christian Bobin. Autorretrato con radiador (Autoportrait au radiateur, 1997). Madrid: Árdora, 2006; 144 pp.; trad. de José Areán; ISBN: 84-88020-22-8.

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sábado, 12 de mayo de 2007

Luigi Giussani: «Hoy más que nunca es el ambiente, con todas sus formas expresivas, el educador o deseducador por excelencia. Por eso la crisis se perfila, en primer lugar, como ignorancia que hace a los mismos educadores colaboradores, quizá inconscientes, de las deficiencias del ambiente, y, en segundo lugar, como deficiencia de vitalidad en la actitud educativa, que lleva a no combatir con suficiente energía las influencias negativas del ambiente».

Luigi Giussani. Educar es un riesgo (Il rischio educativo, 1977, revisado en 1995). Madrid: Encuentro, 2006; 138 pp.; trad. de José Miguel Oriol; ISBN: 84-7490-787-X.

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viernes, 11 de mayo de 2007

La torre y la isla,
de Ana Isabel Alonso y Javier Pelegrín, es el primer volumen de una serie que se desarrolla el año 2121, en un mundo con grandes avances científicos y en el que unas poderosas compañías controlan el mundo. Los chicos protagonistas tienen un sistema inmunitario excepcional y la Corporación Dédalo los envía a un lugar donde se les somete a todo tipo de pruebas. Al darse cuenta de las verdaderas intenciones de quienes les controlan, deciden huir usando sus poderes especiales: dominio instintivo de la informática de Selene; visión de futuro de Casandra; poder de influir en el mundo interior de los demás de Martín; capacidad de hacerse invisible y crear visiones extrañas en otros de Jacob...

Argumento con los acentos alarmistas propios de la ciencia-ficción que presenta un futuro inquietante en el cual la ciencia se pone al servicio de ambiciones de poder y se cultiva sin referencias éticas. A pesar de su extrema inverosimilitud —sobre todo de la excesiva inteligencia y perspicacia de los personajes jóvenes— la novela destaca sobre otras de fantasía y ciencia-ficción porque está bien escrita y bien armada: engancha el interés del lector y tira de él hacia delante. Los personajes están dibujados con sobriedad, las expresiones y descripciones superfluas son escasas, la acción coge ritmo pronto, los adelantos tecnológicos se integran con naturalidad en la narración.

Ana Isabel Conejo Alonso y Javier Pelegrín. La torre y la isla (2006). Madrid: Anaya, 2006; 384 pp.; col. La llave del tiempo; ISBN: 84-667-5216-1.

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jueves, 10 de mayo de 2007

Subiendo un poco la edad respecto al libro de ayer, otro de aventuras fantásticas escrito en castellano es Transparente, de Ibán Roca. Es un relato con muchos préstamos de obras del género cuyo protagonista es un chico que ha de aprender a bandearse con los personajes tan singulares que aparecen en sus sueños y que cobran vida real. Quizá le sobra un punto de arbitrariedad y le falta otro de claridad argumental, pero el autor demuestra dotes narrativas, talento imaginativo y una sobresaliente capacidad para nombrar en español los lugares y los seres del mundo imaginativo que crea (por eso no me acaba de sonar bien un protagonista y un entorno californianos).

Ibán Roca. Transparente y la torre del destino (2005). Barcelona: RBA, 2005; 267 pp.; col. Samarkanda; ISBN: 84-7871-434-0.

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miércoles, 9 de mayo de 2007

Después de una historia como la de ayer, y de otros bodrios de los que no hablaré, uno valora más relatos que, con todos sus defectos, tienen frescura y hacen pensar que sus autores pueden entregarnos obras mejores.

Uno es El laboratorio secreto, de Lluís Prats y Enric Roig, una novelita pensada con un cierto aire de película de dibujos animados. Los hermanos Robles viajan con sus padres a París y allí descubren el laboratorio secreto del loco doctor Lafitte y los malvados planes de la empresa tecnológica Trouton. Los autores montan un relato de intriga humorística, con diálogos competitivos entre los hermanos, escenas propias de cine cómico, y aires de fantaciencia. Necesitaría estar más podado y pulido pero, en cualquier caso, es resultón con sus lectores naturales, más cerca de 10-12 que de 15 años.

Lluís Prats y Enric Roig. El laboratorio secreto (2006). Barcelona: Bambú, 2006; 267 pp.; ISBN: 84-8343-014-2.

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martes, 8 de mayo de 2007

Leo que Tierra de Dragones, de James A. Owen se ha convertido en el libro revelación del año (¿del agotamiento de un género, tal vez?).

La historia comienza cuando está teniendo lugar la primera Guerra Mundial y un profesor de Oxford es misteriosamente asesinado. Tres jóvenes que tenían relación con él entran en contacto con ese motivo: John, Jack y Charles (supuestamente Tolkien, Lewis y su amigo Charles Williams). Cuando se han reunido nada menos que en el 221 B de Baker Street, se les une un tipo extraño llamado Bert: les hace notar que han de huir y les facilita que dejen atrás a los perseguidores embarcando en un misterioso galeón. Emprenden un viaje cuya primera parada es Avalon y aprenden enseguida que la Imaginarium Geographica, que deben proteger, es un mapa de las tierras del mito: Bert fue uno de los Custodios en el pasado y esa misión corresponde ahora principalmente a John. Y, para conjurar el peligro que se cierne sobre los mundos de fantasía y nuestro mundo, han de vencer al Rey del Invierno y restaurar al rey adecuado.

La escritura deja que desear y los personajes son planos. El argumento no es convincente y la trama es pesada, pues hay derivaciones continuas, incontables referencias literarias y una mezcla incoherente de muchos motivos de la literatura de fantasía. Pero, según parece, es sólo el primer volumen de las Crónicas de la Geografía Imaginaria.

James A. Owen. Tierra de dragones (Here, there be Dragons, 2006). Barcelona: Destino, 2007; 366 pp.; col. La isla del tiempo; trad. de Gemma Gallart; ISBN: 978-84-08-07050-4.

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lunes, 7 de mayo de 2007

El pato y la muerte
es un álbum gráficamente irreprochable, como es habitual en Wolf Erlbruch, pero la composición tan luminosa y elegante no puede remontar la pobreza de un argumento en el que lo más importante no es lo que se cuenta sino lo que no se cuenta. El protagonista es un pato al que se le acerca la muerte, un personaje algo tétrico de aspecto, pero amable de trato. Después de pasar un tiempo juntos, como acostumbrándose el pato a lo que inevitablemente llegará, al fin se muere pacíficamente y la muerte incluso lo siente. Pienso que, al margen de que no contenga ninguna referencia a la trascendencia, o a la posibilidad de la trascendencia, contradice la experiencia universal del dolor propio y ajeno que va unido con la muerte. Así que sólo para estoicos materialistas ya perfectos o aspirantes a serlo.

Wolf Erlbruch. El pato y la muerte (Ente, Tod und Tulpe, 2007). Cádiz: Barbara Fiore, 2007; 32 pp.; trad. de Moka Seco Reeg; ISBN: 978-84-934811-8-6.

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domingo, 6 de mayo de 2007

Principios de los años treinta, un pueblecito alemán. Un joven profesor, entusiasmado por las ideas del momento, «hizo que se levantara un “árbol de mayo” y compuso una especie de plegaria como símbolo de la fuerza vital que constantemente se renueva. Aquel árbol debía representar el inicio de la restauración de la religión germánica (...). Con la misma intención, organizó además las fiestas del solsticio de verano, siempre como retorno a la santa naturaleza y a los orígenes propios y en polémica con las ideas de pecado y redención que, como sabíamos, habían sido introducidas e impuestas por las creencias extranjeras de judíos y romanos».

Joseph Ratzinger. Mi vida - Recuerdos (1927-1977)  (Aus meinem Leben Erinnerugen 1927-1977, 1997). Madrid: Encuentro, 1997; 133 pp.; trad. de Carlos d´Ors Führer; ISBN: 84-7490-766-7.

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sábado, 5 de mayo de 2007

José Jiménez Lozano: «¡Qué gran desolación puede producir el hecho de tener razón en una discusión con gentes que, como es demasiado habitual, son incapaces de separar su yo de lo que sostienen cuando discuten! ¿Cómo llegar entonces, por nuestra parte, a una demostración irrebatible y hasta in re? Puede el otro sentirse tan humillado, que, salvo si se trata de algo muy serio, parece que hay que preferir ceder y replegarse, porque en los triunfos dialécticos demasiado brillantes hay algo o mucho de un campo después de una batalla, o de un vencido atado a la rueda de nuestro carro de triunfo. Y seguramente todos tenemos la experiencia de cierto sabor amargo del haber tenido razón».

José Jiménez Lozano. Advenimientos.

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viernes, 4 de mayo de 2007

Christian Bobin: «Hemos recorrido un largo camino. De la infancia a la edad adulta, del error a la verdad. Sabemos ahora dónde está la verdad. Está en el sexo, en la economía y en la cultura. Y sabemos muy bien donde está la verdad de esta verdad. Está en la muerte. Creemos en el sexo, en la economía, en la cultura y en la muerte. Creemos que la palabra definitiva corresponde a la muerte, que rechina entre sus dientes que atenazan su presa, y contemplamos los siglos pasados desde lo alto de esta creencia, con indulgencia y desprecio, como todo lo que se contempla desde arriba. No podemos reprocharles sus errores. Eran sin duda necesarios. Ahora hemos crecido. Ahora sólo creemos en lo poderoso, razonable, adulto —y nada es más pueril que la luz de una vela temblando en la oscuridad».

Christian Bobin. El Bajísimo.

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jueves, 3 de mayo de 2007

En La historia secreta del Ratón Pérez, otro libro de José Manuel Pedrosa, se contiene Ratón Pérez, el clásico de Luis de Coloma. Además, en él se da toda la información imaginable acerca de los hermanos y primos del personaje en otras culturas, y de antecedentes como El ratoncito bondadoso, un cuento de 1698 escrito por Madame d’Aulnoy, argumentalmente lejano aún de los relatos que comienzan a proliferar en el siglo XIX.

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miércoles, 2 de mayo de 2007

En La vuelta al mundo del Ratón Pérez, el mismo protagonista cuenta por qué cambia los dientes que se caen a los niños, cómo empezó esa costumbre de dejarlos debajo de la almohada, cómo actúan otros colegas suyos en distintos lugares. El relato viene firmado por José Manuel Pedrosa, un experto filólogo y folclorista, que aporta datos de interés para los entusiastas (o para los afectados por la pérdida de dientes). Hubiera sido mejor un formato mayor y que las ilustraciones fueran en color, pero en cualquier caso el librito cumple su función. Y mañana más.

José Manuel Pedrosa. La vuelta al mundo del Ratón Pérez (2006). Madrid: Páginas de espuma, 2006; 62 pp.; ilust. de Paz RODERO; ISBN: 84-95642-89-1.

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martes, 1 de mayo de 2007

Cuelgo hoy las fichas de dos ilustradores-dibujantes históricamente importantes para la literatura infantil: el inglés George Cruikshank y el norteamericano Garth Williams.

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