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Notas de mayo de 2009 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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domingo, 31 de mayo de 2009

Historia de la familia contemporánea,
de Mercedes Vázquez de Prada, es un libro clarificador. La autora presenta los cambios que ha sufrido la familia en los siglos XIX y XX, en el mundo occidental, como resultado de factores muy variados: la industrialización, el descenso de la mortalidad, la influencia del feminismo y la emancipación de la mujer, los cambios en la forma de comprender la sexualidad, o el proceso de «desinstitucionalización» del matrimonio de las últimas décadas, etc. Como indica el prologuista, la autora no profundiza en valores morales, pues su oficio es el de hacer historia, y en todo momento mantiene su discurso en una línea de objetividad y distante de cualquier teorización.

Al final, dice: «La importancia de los cambios en la familia no está tanto en el rechazo de la vieja ordenación histórica de las relaciones humanas dentro de la sociedad, que expresan las convenciones y prohibiciones sociales, sino en que no se plantean otras alternativas aparte de la exaltación de un individualismo egocéntrico llevado hasta el extremo. La consecuencia ha sido dramática, sobre todo para aquellos grupos sociales más débiles (ancianos, niños y enfermos), que han perdido el apoyo que antes proporcionaban la familia y la comunidad o los vecinos, y a quienes no llegan los cuidados del estado del bienestar. Por otra parte, la debilitación o la falta de valores que tradicionalmente se aprendían en la familia, como el hábito de trabajo, el ahorro, la obediencia o la lealtad, han puesto en cuestión incluso los cimientos del sistema capitalista, lo que se deja ver en los problemas de las empresas por la conducta antisocial y corrupta de algunos de sus miembros».

Mercedes Vázquez de Prada. Historia de la familia contemporánea. Principales cambios en los siglos XIX y XX (2009). Madrid: Rialp, 2008; 222 pp.; col. Biblioteca Instituto de Ciencias para la Familia; presentación de Agustín González Enciso; ISBN: 978-84-321-3707-5.

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PROBABLEMENTE NADA COMO TÚ 01/03.
Óleo sobre aluminio lacado negro.
Rodrigo Zaparaín.
domingo, 31 de mayo de 2009

Ramificaciones
es una exposición de Fernando y Rodrigo Zaparaín. Uno de los motivos por los que la cito es que una parte de las observaciones que hago sobre álbumes proceden de verlos con ellos. Otro, porque Rodrigo es el diseñador del logo de esta página web y porque con Fernando he preparado un libro sobre la construcción de los álbumes —yo firmo la parte sobre la construcción narrativa y él la parte sobre la construcción gráfica—, que la Universidad de Valladolid publicará este año (en principio y si la crisis no lo impide...). Pero el principal motivo es que la exposición merece verse, más aún cuando las fotos caseras de los cuadros que se pueden ver aquí y aquí no les hacen justicia.

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sábado, 30 de mayo de 2009

Para comenzar una serie de comentarios a libros que recopilan artículos de Chesterton, traigo en primer lugar Correr tras el propio sombrero, una selección de textos tomados de distintos libros y distribuidos en bloques temáticos. Aunque yo prefiero los libros originales que se publicaron en vida del autor, en favor de este libro hay que decir que, ahora mismo, es el más completo de su tipo en castellano, y que la elección de los textos y la traducción son excelentes. Eso sí, la edición podría ser mejor: no se indican los títulos originales, ni las fechas de los artículos, ni los libros de los que se han extraído.

El prologuista y antólogo declara que «al leer a Chesterton nos embarga una peculiar sensación de felicidad» y subraya su sentido del humor y su capacidad para exprimir al máximo el lenguaje. Aunque lo dice, creo que no acentúa suficiente, sin embargo, que para Chesterton «el humor, como el ingenio, está relacionado, aunque sea de manera indirecta, con la verdad y las virtudes eternas»; que, en su opinión, «el humor equivale a la humana virtud de la humildad» y tiene algo divino pues gracias a él se puede captar mejor el sentido de los misterios. Luego, me parece muy desacertado el comentario acerca de que Chesterton tenía un lado más oscuro —vaga expresión que sirve para cualquiera y para cualquier cosa— del que surgían torpes observaciones antisemitas, antifeministas y racistas: si acaso se podría decir que, como le sucede a cualquier caricaturista, en algún artículo concreto exagera rasgos, pero de su vida y el conjunto de su obra no se puede deducir nada semejante.

La selección abarca muchas cuestiones: sobre todo literarias pero también sociales y políticas. Los textos de este último tipo, incluidos en el último bloque, justifican los elogios que Chesterton recibe de una buena parte de los intelectuales de izquierdas y la desconfianza que siente hacia él una parte de la derecha. Un ejemplo: «El poder de la riqueza en su forma más vil aumenta en el mundo moderno. Un pueblo muy bueno y justo, sin esta tentación [de sentir una admiración vergonzosa hacia los poderosos, que Chesterton había ilustrado en el artículo con una anécdota personal], tal vez podría no necesitar crear normas y sistemas para protegerse contra el poder de nuestros grandes financieros. Pero eso es porque un pueblo muy justo les habría fusilado hace mucho tiempo, por mera buena fe» («Unos policías y una moraleja», Enormes minucias).

Notas en las que aparecen referencias a este libro son: Problemas de una novela puzzle, Leyes educativas, La importancia de un buen chiste, Tontos enamorados de los libros, Prohibido fumar, La paradoja del crítico, El mejor autor de obras de nonsense, Alicia, maestra de escuela, La fe y el absurdo, El sufrimiento como amor, Del amor a las preguntas, Aprender a describir, Lujo y necesidad.

G. K. Chesterton. Correr tras el propio sombrero (On Lying in Bed and Other Essays). Barcelona: El Acantilado, 2005; 628 pp.; selección y prólogo de Alberto Manguel; trad. de Miguel Temprano García; ISBN: 84-96489-27-2.

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sábado, 30 de mayo de 2009

Un lector de la página me hace notar dos títulos de los que comentaba que no había edición en castellano pero sí hay: uno de Charles Kingsley, Los niños del agua (The Water Babies, 1863); y otro de Laura Ingalls Wilder, Aquellos años dorados (These Happy Golden Years, 1943), así que corrijo los datos en el interior.

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viernes, 29 de mayo de 2009

Hacia otro verano
es un relato muy especial de Janet Framelo escribió en 1963 y lo guardó por considerarlo demasiado personal, aunque parece ser que lo dejó preparado con la intención de que fuera publicado tras su muerte.

Lo importante del libro es la descripción de la inseguridad interior y la torpeza para las relaciones con los demás de una escritora neozelandesa llamada Grace Cleeve, se deduce que la misma Frame. La primera parte, que actúa como presentación de la protagonista, son las horas previas a un viaje para pasar un fin de semana con un matrimonio amigo. La segunda parte, ya en la casa de sus amigos, son los pequeños sucesos de la convivencia con ellos y sus hijos pequeños junto con que, en algunos momentos, se produce un cambio de paso cuando se ve como inundada por recuerdos de infancia. Toda se cuenta en tercera persona pero desde dentro de la protagonista, con cambios a la primera persona en algunos tramos o párrafos de la segunda parte.

Al leerla recordaba un comentario del crítico alemán Marcel Reich-Ranicki cuando, para explicar por qué un crítico puede con frecuencia juzgar un libro mejor que el mismo escritor aunque no pueda ni de lejos imitar su trabajo, decía que un pájaro no tiene por qué saber ornitología y un ornitólogo normalmente no sabe volar. Una razón es porque Grace Cleeve se ve a sí misma como un pájaro migratorio, alguien fuera de sitio y que todo lo sobrevuela; y otra porque, al principio, se cuenta que un día le hacen una entrevista y, tal como le suele pasar, no sabe responder: «Suspiró, repitiendo Lo siento, Lo siento, en un susurro, mientras negaba con la cabeza. —No lo sé, no lo sé. ¿De qué tratan mis libros? ¿Por qué habría yo de saberlo? ¿Mi estilo? ¿Qué más da?».

El hilo conductor lo dan los acontecimientos cotidianos de una protagonista consciente de que no piensa bien del todo, pues sus experiencias pasadas condicionan su comprensión de las personas, y consciente de que, incluso cuando piensa bien, luego tropezará con un muro insalvable al intentar trasladar sus pensamientos a la vida real. Luego, una parte del relato se pasa en esas posibilidades no cumplidas en las que Grace adelanta con la imaginación diálogos o situaciones que nunca tendrán lugar. Y la otra tiene que ver con algo que describe así ella misma: «En mi mente fluye una sustancia de crecimiento rápido, un tipo de compuesto favorable a momentos descartados que florecen tan altos y subrepticiamente se convierten en árboles encantados; y antes de que pueda parpadear una o dos veces ya hay un bosque —pájaros, animales, gente, casas, todo surge de ese momento sin importancia; ocurre a toda velocidad y a cámara lenta».

Para los cánones habituales es una novela inesperada y con un encanto fuera de lo común. En ella son muchas las imágenes potentes y abunda un buen humor que acaba resultando conmovedor: «Cuando la gente se dirigía a ella, Grace solía salpicar las observaciones que le hacían con un Sí, sí, ya veo, sí, y a veces con un murmurado m-m-m-m. Nunca decía No, no, no. ¡Qué extrañados se quedarían ella y los demás si dijera No, no, no! ¡No, no lo veo, no lo comprendo! Pero sí, lo veía, lo comprendía, sí sí claro, m-m-m-m». Luego, si el lector no pierde de vista que tiene delante a una gran escritora y, por tanto, que la historia está más estructurada de lo que parece, recordará ese párrafo cuando, hacia el final, lea: «Sí: una afirmación fea y despojada; un tratamiento carcelario para las ideas que se agolpan tras de los barrotes».

Janet Frame. Hacia otro verano (Towards Another Summer, 1963). Barcelona: Seix Barral, 2009; 269 pp.; col. Biblioteca Formentor; trad. de Aleix Montoto; ISBN: 978-84-322-2840-7.

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jueves, 28 de mayo de 2009

Se acaba de reeditar Krabat, de Otfried Preussler, una historia de miedo basada en un antiguo cuento alemán. He comprobado que algunos errores de la edición anterior han sido corregidos —vagabundeaje / vagabundeo, por ejemplo—, lo cual es de agradecer. Entre otras cosas, es un ejemplo valioso de cómo un libro triunfa por llegar en un momento y en un ambiente propicios pues su éxito se debió, en buena medida, a la oportunidad de su mensaje: el autor intentó reflejar el destino de una generación joven, casi la suya, atrapada en unos engranajes malvados.

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miércoles, 27 de mayo de 2009

Antes de poner una reseña de un libro editado hace poco, de la neozelandesa Janet Frame, cuelgo un comentario a un libro ¿infantil? suyo que me gusta mucho, Mona Minim, y así presento primero a la autora. Además, encaja con que uno de los protagonistas del recientemente comentado Sin principio ni fin es también una hormiga, igual que Mona Minim, que por cierto tal vez sea el mejor de los relatos que conozco con una hormiga como protagonista (bueno, no es que conozca muchos, pero unos cuantos sí).

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martes, 26 de mayo de 2009

A veces, muy pocas veces, uno tropieza con libros infantiles que, desde las primeras páginas, uno ve que se sitúan muy muy por encima de otros semejantes: es el caso de Cosmic, de Frank Cottrell Boyce. Inteligente, para lectores de cualquier edad a pesar de las apariencias e incluso más para padres que para hijos. Hacía mucho tiempo que no me reía tanto con un libro infantil-juvenil.

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lunes, 25 de mayo de 2009

El contador de cuentos,
un relato de Saki en formato de álbum ilustrado por Alba Marina Rivera, narra un viaje en tren en el que comparten apartamento dos niñas y un niño, su tía, y un viajero silencioso que, harto de la historia sobre una niña buena que la la tía intenta contarles a sus sobrinos, sin éxito, la desafía e inicia él otro relato. El texto es inteligentemente irónico respecto a la educación formalista de la época victoriana o eduardiana (la ironía de un cuento actual del mismo tipo debería ir contra la educación permisivista de ahora, supongo). Así, cuando el viajero habla de que su protagonista va a ser una niña «horriblemente» buena, sus oyentes se dan cuenta de que ahí se ha producido «una innovación digna de elogio», una variación notable respecto a los cuentos de la tía. (El lector que conozca Hipersúper Jezabel pensará que, tal vez, tenga su origen en esta historia: al menos eso se me ha ocurrido a mí).

Que las cosas se cuenten desde la perspectiva conjunta de los niños, haciendo notar sus reacciones de hastío ante un cuento igual a los que siempre les cuentan y las de sorpresa y animación ante las novedades que introduce la historia del viajero, es un buen recurso para inducir en el lector un pensamiento global de «así reaccionan los niños». Es ajustado a la historia el formato del álbum, apaisado como un vagón de ferrocarril, y le añade un atractivo (inicial) y una cierta originalidad el que venga dentro de un estuche. Las ilustraciones recogen bien el clima del relato, el paso de los niños del aburrimiento a la expectación, el hartazgo y el deseo de provocación del viajero y el enfado de la tía.

Alba Marina Rivera. El contador de cuentos (1914). Texto de Saki. Barcellona: Ekaré, 2008; 30 pp.; trad. de Verónica Canales y Juan Gabriel López Guix; ISBN: 978-84-936504-3-8.

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domingo, 24 de mayo de 2009

Todos sabemos bien que, a veces, hay ironías fuera de lugar, pero «¿dónde debemos detenernos en nuestra búsqueda del placer de la ironía?» se pregunta Wayne Booth. Y se responde: «Allí donde la obra nos diga que debemos hacerlo, donde nos ofrezca otras posibilidades que se verían destruidas por el recurso a la ironía. Sólo un lector muy inteligente puede captar todas las ironías de un Fielding o un Forster. Pero hace falta algo más que inteligencia para resistir a la tentación de ir demasiado lejos: el rito acompasado del lector experimentado, ávido de cambios imprevistos y estimulantes, pero consciente siempre de las exigencias de la forma de baile de que se trata y del compañero que le ha tocado».

Y, cuando vemos que un escritor (o alguien que conocemos) es muy, muy irónico, Zagajewski nos da una pista más: «Hay autores que usan la ironía para azotar la sociedad de consumo, otros aún luchan contra la religión o la burguesía. A veces la ironía expresa algo más: la desorientación en medio de una realidad plural. A menudo simplemente encubre la pobreza de pensamiento. Porque si no se sabe qué hacer, lo mejor es volverse irónico. Después, ya veremos».

Wayne C. Booth. Retórica de la ironía (A Rethoric of Irony, 1974). Madrid: Taurus, 1989, 2ª ed.; 368 pp.; col. Persiles; trad. de Jesús Fernández Zulaica y Aurelio Martínez Benito; ISBN: 84-306-2160-1.
Adam Zagajewski. En defensa del fervor (Obrona żarliwości, 2002). Barcelona: Acantilado, 2005; 215 pp.; trad. de J. Sławomirski y Anna Rubió; ISBN: 84-96489-15-9.


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sábado, 23 de mayo de 2009

Fábulas y cuentos
es un libro que contiene treinta y un relatos de Chesterton que fueron publicados en distintos periódicos y revistas, entre 1896 y 1931. La edición que cito no indica nada pero, por los datos que tengo, me parece que se corresponde con la recopilación titulada Dailight and Nightmare (1986). Se dan los títulos en inglés de las historias pero entre ellas se anuncia «A Picture of Tuesday» (1896), que luego no está incluida (aunque se puede leer en Tratado elemental de demonología). En cualquier caso, varios textos son artículos ya contenidos en otros libros. Unos están en Alarmas y digresiones: «Las tres edades» (aunque su título original según este libro es «The Three Temples» y en Alarmas y digresiones era «Acerca de las gárgolas»), «Los duques», «Cómo encontré al superhombre», «El arco largo». Y, en Enormes minucias estaban «El gigante», «La calle irritada» (aunque su título original era «A Somewhat Improbable Story» y en este libro se cita como «The Angry Street»). «El árbol del orgullo» está en el interior del relato policial titulado Los árboles del orgullo.

Entre los relatos que responden a cuestiones que interesaban particularmente al autor, uno es «Un auténtico descubrimiento», acerca del misterio de la perspectiva: el narrador descubre los trabajos ocultos de un gran científico, empeñado en conseguir el descubrimiento más importante del siglo: fabricar distancia y fabricar silencio pues, afirma, «el hombre es una montaña que debe verse desde lejos. El hombre es un monumento o una estatua que requiere un espacio más abierto o un fondo más simple». Otro, que trata también de la verdad desde otro punto de vista, es El arco largo, basado en el dicho inglés acerca de que tirar con el arco largo es decir una gran mentira, habla de cuatro arqueros que cuentan historias al rey —«un rey de esos que nunca llegan a conocer el mundo, ni siquiera cuando lo conquistan»—, pero éste siempre les cree, por más absurdas que resulten: uno, que detiene a otros arqueros disparando a las flechas una a una; otro, que le dio al hombre de la Luna: no se le ve, por tanto le dio, la ciencia lo demuestra; otro, que sus flechas se convierten en pájaros: la evolución. Hasta que uno le cuenta algo que le afecta personalmente y entonces ya no le cree: os creo, les dice, porque me dais argumentos científicos, pero «no os creo cuando me contáis lo que sé que es mentira».

Varios responden a un modelo que a Chesterton le gustaba: el del personaje que acaba cayendo en la cuenta del error de sus posiciones previas. En «Duques» es un aristócrata francés que admira desde lejos a los aristócratas ingleses pero que, cuando los conoce de cerca, les acusa de haber extendido la vulgaridad, de haberse «hecho uña y carne con los avaros y aventureros hacia los cuales un caballero no tiene otro deber que el de mantenerlos a raya», para concluir: «no sé qué hará su pueblo con ustedes, pero el mío los mataría». En «Sobre tenderos como dioses» es el dependiente de una tienda, que decide abandonarla a la vista de la escasa moralidad del tendero, por lo que cruza el mar y se instala en una ciudad colectivista..., para volver luego a su antigua ciudad porque allí, «donde se pelean unos con otros como ratas», «muestran al menos que están vivos».

La misma idea se puede leer en «Conversión de un anarquista», cuyo protagonista es un tipo que, cuando comprueba que los miembros de un club anarquista lo soportan todo menos la sensatez y toleran todas las herejías pero no la ortodoxia, decide casarse por la iglesia tal y como desea su novia: «siempre has sido más lista que yo», reconoce al final. El personaje de una mujer joven que comprende las cosas más sencillamente y también con más profundidad que la gente supuestamente lista que tiene alrededor, está en el núcleo de «El fin de la sabiduría», donde un tipo recibe cartas anónimas durante un tiempo, luego se casa, y al final descubre que quien le había estado mandado las cartas era la que más tarde fue su mujer. Chesterton elogia, una vez más, la domesticidad, lo cercano, la sabiduría de quien sabe ver las cosas más grandes en lo que tiene más cerca: la moraleja de su relato es que «quien verdaderamente ha dado la vuelta al mundo entero es quien está deseoso de llegar a su casa; que el fin de la sabiduría es el principio de la vida y que incluso Dios se agachó para cruzar una puerta estrecha, en la hora en que la Palabra se hizo carne».

G. K. Chesterton. Fábulas y cuentos (relatos publicados entre 1896 y 1931). Madrid: Valdemar, 2000; 277 pp.; col. El Club Diógenes; trad. de Marta Torres Llopis; ISBN: 84-7702-330-1.

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viernes, 22 de mayo de 2009

El desencanto. El despertar de un izquierdista de toda la vida,
de Andrew Anthony, me ha parecido un libro con fuerza, por lo que tiene de meaculpa honrado, por el vigor de muchos argumentos, y por la información que contiene (centrada por completo en la vida del autor y en Inglaterra). La intención de Andrew Anthony es enseñar la lección de cómo se han construido las décadas pasadas muchas actitudes predominantes y opiniones desinformadas, y de cómo la realidad histórica que conocemos contradice a quienes piensan que «tener una visión de izquierdas, si esto significa algo, es estar en guardia contra las explicaciones fáciles y las opiniones populares (prefabricadas)». Y su conclusión es que si, «conceptualmente, la izquierda es un lugar humanitario e internacionalista», y el autor desea seguir en él, la izquierda política real hace mucho que no lo es. Al terminar la lectura, pensaba que tal vez la clave sea que cualquier verdadero ideal humanitario ha de huir de los planteamientos tácticos propios de la mentalidad de lucha política que muchas personas tienen incorporada en su flujo sanguíneo, y ha de proponerse buscar y defender seriamente los argumentos y comportamientos que son verdaderos, sean los que sean.

Andrew Anthony. El desencanto. El despertar de un izquierdista de toda la vida (The Fallout. How a Guilty Liberal Lost his Innocence, 2007). Barcelona: Planeta, 2008; 376 pp.; trad. de Núria Petit; ISBN: 978-84-08-08501-0.

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jueves, 21 de mayo de 2009

Arrugas,
de Paco Roca, es una novela gráfica de las que muestran el poder del lenguaje del cómic para convocar emociones.

Su protagonista principal empieza siendo un hombre mayor, con comienzos de Alzeimer, al que su hijo ingresa en una residencia de ancianos; luego el foco se desplaza y el protagonismo es más colectivo, de un grupo de ancianos y de sus vidas en la residencia.

La narración es gráficamente clara. En el paso de unas viñetas a otras no se diferencia el presente de las incursiones en la imaginación o en el pasado de los personajes, pues para ellos todo eso es ya presente. Es magnífico el final con caras que se desvanecen y viñetas en blanco.

El relato muestra la vida tal como es en muchos casos, con realismo pero también con afecto. Como la historia se centra en el desamparo de los ancianos y en situaciones de abandono por parte de los hijos, el poso que deja es un tanto amargo. Sin duda, otra opción sería contarla incidiendo más en perspectivas que aquí se apuntan indirectamente, como la del empeño que muchas veces ponen quienes cuidan a los enfermos. Con todo, no faltan algunos respiros, como una evocación amable de un episodio de infancia, el afecto inalterable de una mujer por su marido ya impedido, la disposición de ayudar a los demás con la que termina el que al comienzo parece ser sólo un pícaro.

Paco Roca. Arrugas (2007). Bilbo: Astiberri, 2008, 2ª ed.; 100 pp.; col. El Sillón orejero; ISBN: 978-84-96815-39-1.

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miércoles, 20 de mayo de 2009

El libro comentado ayer no es el primero protagonizado por un juguete de porcelana que sale al mundo y corre aventuras. Tiempo atrás fue famoso El ratón Manx, de Paul Gallico, relato que precede a otros de ratones que también salen a descubrir el mundo (de los que más adelante hablaré). Es una historia excelente que, con buenos motivos, J. K. Rowling recuerda como uno de los libros favoritos de su infancia. Ya, de paso, conviene no perder de vista el magnífico La gansa blanca.

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martes, 19 de mayo de 2009

El prodigioso viaje de Edward Tulane,
de Kate DiCamillo, es un relato de los que habla de las relaciones afectivas entre niños y juguetes..., desde la perspectiva del juguete. Lo podríamos poner en las tradiciones de cuentos como El conejo de terciopelo, aunque aquí el protagonista no habla sino que sólo siente y sufre, y en la de relatos sobre muñecos que duran generaciones: «En el negocio de los muñecos, tenemos un dicho: “El tiempo real es una cosa; el de los muñecos, otra”. Tú, mi distinguido amigo, has entrado en el tiempo de los muñecos», dirá el juguetero Lucius Clarke al protagonista.

El protagonista es Edward Tulane, un conejo de porcelana de lujo que pertenece a una chica que se llama Abilene. Sus aventuras comienzan en su casa, donde las cosas que le ocurren son más o menos normales, pero toman un nuevo rumbo cuando se cae al mar durante un crucero. Así comienza su periplo de años por las manos de dueños muy distintos: la mujer de un viejo pescador, un vagabundo, un chico pobre y su hermana muy enferma, un restaurador y vendedor de muñecos...

El relato está bien aunque me parece que la narración podría ser menos enfática: en vez de buscar una nueva voz narrativa muy original, como en sus otros libros, la autora también podría buscar que al lector se le olvide un poco que alguien está hablándole y haciéndole notar su presencia. También se podría haber evitado «la gratuita vulgaridad, tan frecuente en los libros para niños de hoy», de contar el incidente de que la perra de la casa vecina se orina en el comedor de Abilene (este comentario, que me parece acertado, salió en una reseña publicada en el New York Times acerca del libro): esto desafina más si se piensa en que la historia busca expresamente tener resonancias de un pasado donde nadie consentiría tales licencias. La contracubierta elogia la traducción —y aunque el traductor merece aplausos abundantes por otros libros—, yo no daría el aprobado a frases como «Edward podía ver su reflejo en el cristal. ¡Y qué reflejo era el suyo! ¡Cuán elegante figura componía!».

Kate DiCamillo. El prodigioso viaje de Edward Tulane (The Miraculous Journey of Edward Tulane, 2006). Barcelona: Noguer, 2007; 190 pp.; ilust. de Bagram Ibatoulline; trad. de Alberto Jiménez Rioja; ISBN: 978-84-279-5036-8.

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lunes, 18 de mayo de 2009

Tanto Estela como Inés Azul, dos álbumes con texto de Pablo Albo e ilustraciones de Miguel Ángel Díez y Pablo Auladell respectivamente, ejemplifican algo que a veces me ocurre: los textos y las imágenes tienen calidad y me gustan... pero el conjunto no tanto.

Estela habla de una estrella de los deseos que se pone contenta y brilla más cuantas más cosas le piden; pero un día la pilla una lluvia de estrellas y acaba cayendo en fosas cada vez más profundas del mar, donde todo es oscuridad y habita el pez ogro. Inés Azul, una historia poética sobre la percepción que puede tener o que le hacen tener a una niña de la muerte de un amigo, está contada por la propia protagonista, que habla de su amistad con un chico que no está y del que le dicen que no volverá.

Como corresponde a un relato de fantasía y a uno poético, los ilustradores recurren a su imaginación para crear unos mundos propios con los que unos lectores conectarán más y otros menos, tal vez más los adultos que los niños. Por su calidad son álbumes para conocer y, al menos por parte de un adulto como yo, suspender el juicio y ver su impacto en lectores concretos: a mí me parecen magníficas algunas escenas y los álbumes, como tales, están bien compuestos, pero no me atraen los monstruos que rodean a Estela y me dicen poco los toques surrealistas de Inés Azul —no sé por qué Inés lleva un extraño sombrero de copa, por ejemplo—. Pero habrá lectores que no reaccionen igual.

Miguel Ángel Díez. Estela (2007). Texto de Pablo Albo. Barcelona: Thule, 2007; 32 pp.; col. Trampantojo; ISBN: 978-84-96473-73-7. [Vsita del libro en amazon.es]
Pablo Auladell. Inés Azul (2009). Texto de Pablo Albo. Barcelona: Thule, 2007; 26 pp.; col. Trampantojo; ISBN: 978-84-92595-04-4. [Vista del libro en amazon.es]


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domingo, 17 de mayo de 2009

Catón el Viejo,
de Eugenio Corti, el autor de El caballo rojo, es una biografía novelada y contada como si fuera un guión para cine o para una serie de televisión. No está dividida en capítulos sino en escenas, los nombres de los personajes encabezan los diálogos, la narración usa expresiones como «Pausa» después de un comentario, «Fundido en negro» al terminar una escena, «La cámara enfoca...» para indicar lo que se contempla. No hay ninguna indicación en la edición que comento acerca de la finalidad del autor al escribir su libro que, por otro lado, tiene todos los rasgos de una novela histórica con deseos de ajustarse a los hechos documentados. El autor menciona los apoyos bibliográficos propios del caso e incluye anexos históricos explicativos en algunos momentos. Es un relato ameno porque Corti narra con claridad, sobriedad y dinamismo. Y lo es, también, porque Catón, cuya vida es rica en sucesos de todo tipo, fue un personaje decisivo en la configuración de la cultura europea, uno de los que Chesterton tenía en la cabeza cuando, en El hombre eterno, cuenta los enfrentamientos entre Roma y Cartago: «Si el paso del paganismo al cristianismo fue un puente al mismo tiempo que una ruptura, lo debemos a aquéllos que mantuvieron lo humano en el paganismo. Si, después de todo este tiempo estamos en cierto sentido en paz con el paganismo y podemos mirar con mayor agrado a nuestros padres, haríamos bien en recordar las cosas que sucedieron y las que podían haber sucedido».

Eugenio Corti. Catón el Viejo (Catone l’Antico, 2005). Salamanca: Sígueme, 2008; 384 pp.; col. El peso de los días; trad. de Fidel Argudo Sánchez; ISBN 13: 978-84-301-1678-2.

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sábado, 16 de mayo de 2009

En uno de los textos de El pozo y los charcos, Chesterton rechazó ser considerado como ensayista y se definió a sí mismo como articulista, es decir, como un hombre pequeño «que se ocupa permanentemente de cosas mayores que él» y no como un hombre que se considera grande y que trata todas las cosas como si fueran pequeñas.

Con todo, sus ocho obras más largas y con un hilo conductor claro podemos llamarlas con toda justicia ensayos aunque su estilo fuera siempre periodístico y, podríamos decir, aparentemente desenfadado.
En cinco se propuso exponer sus ideas sobre modos de pensar que veía alrededor y que consideraba equivocados, y hacer notar las consecuencias que se seguirían de tales modos de afrontar las cosas. Sin ser exacto cabe afirmar que tres libros están más volcados en el primero de los términos —Herejes, Lo que está mal en el mundo y La superstición del divorcio—, y que otros dos, donde se hilan artículos o textos anteriores con la intención de tratar un solo tema, tienen mayores acentos de advertencia: Eugenics and other evils (Eugenesia y otras maldades), la primera voz que se levantó para denunciar las consecuencias dramáticas y los sinsentidos que se seguirían de las teorías eugenésicas, y The Outline of Sanity (El perfil de la cordura), donde habla de sus teorías distributistas frente a los abusos crecientes del capitalismo y del socialismo.

Los tres más poderosos son los directamente afirmativos: Ortodoxia, El hombre eterno y Autobiografía. En el primero presenta su itinerario interior hacia Dios y hacia la fe católica..., varios años antes de bautizarse. En el segundo muestra su visión de la historia de la humanidad en dos partes, antes y después de Jesucristo. En el tercero, un libro preparado poco antes de fallecer, cuenta parcialmente su vida y de paso aclara cosas que pretendió en sus libros o que fueron malinterpretadas. El alcance intelectual universal de El hombre eterno, así como la cantidad y calidad de recursos argumentativos que ha de poner en juego Chesterton para salir airoso del desafío que se propone, justifica que algunos lo consideren su libro mejor. Sin embargo, Ortodoxia es un libro más cercano a las vidas inmediatas de muchos y por eso es más popular. Por otro lado, su Autobiografía tiene un encanto particular, en especial para todos los que le han leído antes y también como recapitulación de muchas ideas expuestas en libros anteriores.

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viernes, 15 de mayo de 2009

He leído C. S. Lewis. Apologista y místico, el texto de una conferencia de James S. Custinger sobre si C. S. Lewis era o no un místico, si «sabía» o «no sabía», algo así como si tenía o no un conocimiento directo de lo divino. Sigo bien los razonamientos del autor pero no acabo de pillar del todo el interés del asunto: creo que hay que atenerse a lo que hay, a lo que se conoce de su vida y a sus libros, y no pasarse con las conjeturas. En cualquier caso, se dicen cosas aprovechables, como una frasecilla que le dijo un amigo de Lewis, Owen Barfield, al autor, sin saber cuál es su origen (y yo tampoco lo sé): «El que no sabe y no sabe que no sabe, es un necio. Dejadle. El que no sabe y sabe que no sabe, es un estudiante. Enseñadle. El que sabe y no sabe que sabe es un artista. Observadle. El que sabe y sabe que sabe, es un maestro. Seguidle». Para mí Lewis es un maestro, no para seguirle, sí para leer sus libros: unos me han gustado más, o me han parecido mejores que otros, pero todos están bien escritos, todos son inteligentes, con ninguno he perdido el tiempo, con todos he aprendido. Muchísimo más que suficiente.

James S. Custinger. C. S. Lewis. Apologista y místico (1998). Mallorca: Olañeta, 2008; 68 pp.; col. Padma; trad. de Esteve Serra; ISBN: 978-84-9716-555-6.

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jueves, 14 de mayo de 2009

He leído dos novelas juveniles del norteamericano Peter Abrahams, Al otro lado del espejo y Detrás del telón. Ambas se desarrollan en una ciudad llamada Echo Falls y su protagonista es Ingrid Levin-Hill, una chica lista de trece años, amiga del hijo del jefe de policía, jugadora de fútbol en el equipo de su colegio, aspirante a ser actriz en el futuro, admiradora de Sherlock Holmes hasta el punto de que se sabe sus casos y sus frases de memoria.

En el primer libro, fallece una extraña mujer a cuya casa fue un día Ingrid por casualidad y en la que se olvidó sus botas de fútbol. En el segundo alguien la intenta secuestrar aunque logra escaparse y, en sus averiguaciones posteriores, detecta una red que trafica con anabolizantes entre chicos deportistas. En ambas Ingrid actúa en obras de teatro, una versión de Alicia en la primera novela y una del El mago de Oz en la segunda, lo que permite al autor paralelismos y referencias literarias, además de las que ya propicia su entusiasmo por Holmes. En las dos tienen un papel importante las relaciones con sus padres y con su hermano mayor, jugador de fútbol americano, la presencia distante del jefe de su padre y la rivalidad artística de Ingrid con su hija.

Son relatos que demuestran el oficio del autor, un conocido escritor de thrillers, y que entretienen, pero que a mí no me han resultado del todo atractivos. Están bien entretejidos los elementos propios de distintos tipos de novelas de género —las de tensioncitas familiares, las de rivalidades colegiales entre alumnos y con profesores, las de competiciones deportivas, las de detectives jóvenes que interfieren con los detectives adultos...—, pero las novelas acaban siendo puzzles bien armados donde los personajes son los postes en los que se apoya la estructura y los sucesos son los tabiques que los unen. Total, el lector (como yo) tiene cierto interés en ver cómo acaba todo, aunque lo sospeche, pero no se siente interesado de verdad por los actores del drama.

Peter Abrahams. Al otro lado del espejo (Down the Rabbit Hole, 2005). Barcelona: Salamandra, 2007; 285 pp.; trad. de Patricia Antón de Vez; ISBN: 978-84-9838-084-2.
Peter Abrahams. Detrás del telón (Behind the Curtain, 2006). Barcelona: Salamandra, 2008; 283 pp.; trad. de Patricia Antón de Vez; ISBN: 978-84-9838-163-4.

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miércoles, 13 de mayo de 2009

Actualización de este comentario a finales de julio de 2017.

Se han reeditado en los últimos meses Las ruinas de Gorlan y El puente en llamas, y se anuncia para octubre La tierra del hielo, novelas del australiano John Flanagan, debido a que pronto habrá película sobre ellas. Hace años se presentaron en la colección Montaraces que ahora, siguiendo el título inglés más literalmente, se llama Aprendiz de Guardián. La serie original tiene doce volúmenes y sólo los tres primeros, los que yo conozco, han sido traducidos al castellano. Amplío un poco ahora el comentario global que hice hace tiempo.

En Las ruinas de Gorlan se presentan el escenario y los protagonistas: un mundo paramedieval —una isla semejante a Inglaterra en la que no hay magia pero sí criaturas extrañas (que recuerdan a los orcos de El Señor de los anillos)—; unos héroes en formación y un malvado al acecho al otro lado de las fronteras. Al comienzo se cuenta el día de la Elección en el Castillo de Redmont: un grupo de jóvenes de quince años son escogidos para distintos oficios y Will, un chico huérfano que desea entrar en la Escuela de Combate, no es seleccionado para ella por ser bajito, pero sí para entrar en el cuerpo de montaraces, los espías y vigilantes del reino; en cambio, su rival Horace sí es elegido para llegar a ser caballero. Luego se habla del aprendizaje de Will y de una persecución, junto con su maestro Halt y el también montaraz Gilan, de los espantosos kalkara, unos seres fortísimos de aspecto de oso y simio, prácticamente invulnerables. Además, Will desea saber quién fue su padre.

En El puente en llamas, durante una expedición al sur, al país de Céltica, Gilan, Will y Horace encuentran a la joven Evanlyn, que huye de una incursión de wargals (unos especímenes también parecidos a osos pero menos mortíferos que los kalkara), y descubren que no sólo es cierta la sospecha de que lord Morgarath desencadenará un ataque contra el reino de Araluen, sino que la amenaza es mucho mayor de lo que suponían pues se anuncian varias oleadas de invasores skandians.

El tercer libro, La tierra del hielo, tiene dos hilos conductores que no se juntan en ningún momento. Uno sigue la vida de Will y Evanlyn entre los skandians y sus infructuosos intentos de huir; otro cuenta la expedición de Halt y Horace por tierras de Gálica para intentar rescatarles y tiene algo de parodia de los libros artúricos con caballeros medievales en busca de rivales a los que vencer.

Estas tres primeras novelas tienen defectos pero, también y sobre todo, algunas de las cualidades de las mejores novelas de aventuras, empezando por la buena construcción del andamiaje inicial de la historia: la formación y las dudas del héroe y la presentación de quienes le rodean.

Defectos: el autor a veces hace aclaraciones explícitas innecesarias —«Will asintió, comprendiendo el razonamiento de su maestro»—; los malvados son planos —«el mal siempre atrae a los suyos, y en el círculo más próximo a Morgarath eran todos, sin excepción, malvados, depravados y de corazón tenebroso. Todos, no obstante, eran guerreros muy capaces y, la mayoría, asesinos despiadados»—; algunos episodios están sobrecargados; la gran batalla del segundo libro se resuelve muy fácilmente; los golpes de humor son poco humorísticos...

Cualidades: acción bien llevada y claridad narrativa sin lirismos improcedentes; mundo interior inseguro de los protagonistas bien dibujado; tal vez lo mejor es lo precisas que son las descripciones de las habilidades que adquieren Will y Horace —tiro con arco, seguimiento de pistas, manejo de puñales y espadas...—; hay tensión en los combates singulares que se suceden y todos ellos son diferentes entre sí; está bien presentada la forma en que los protagonistas aprenden a huir de cualquier adulación y a ser conscientes de sus limitaciones y de sus capacidades...

Hay que advertir, además, que no son relatos independientes: es necesario leerlos por orden y conviene saber que las historias no se cierran al final de cada libro sino que quedan pendientes de un «continuará», lo que puede resultar frustrante.

John Flanagan. Las ruinas de Gorlan (Ranger’s Apprentice 1. The Ruins of Gorlan, 2004). Madrid: Alfaguara, 2008; 320 pp.; col. Montaraces; trad. Julio Ignacio Hermoso Oliveras; ISBN: 978-84-204-7303-1. Nueva edición en Madrid: Hidra, 2016; 256 pp.; col. Aprendiz de Guardián; ISBN: 978-8416387847. [Vista del libro en amazon.es]
John Flanagan. El puente en llamas (Ranger’s Apprentice 2. The Burning Bridge, 2005). Madrid: Alfaguara, 2008; 312 pp.; col. Montaraces; trad. Julio Ignacio Hermoso Oliveras; ISBN: 978-84-204-7459-5. Nueva edición en Madrid: Hidra, 2017; 256 pp.,; col. Aprendiz de Guardián; ISBN: 978-8416387854. [Vista del libro en amazon.es]
John Flanagan. La tierra del hielo (Ranger’s Apprentice 3. The Icebond Land, 2005). Madrid: Alfaguara, 2009; 353 pp.; col. Montaraces; trad. Julio Ignacio Hermoso Oliveras; ISBN: 978-84-204-7304-8. Nueva edición en Madrid: Hidra, 2017; 256 pp.; col. Aprendiz de Guardián; ISBN: 978-8416387861. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 12 de mayo de 2009

Se acaba de publicar un tercer libro de Luis Ramoneda sobre Cattus, unos relatos con protagonistas animales que se comportan, con toda naturalidad, como si fueran seres humanos (casi todos) bondadosos, es decir, no al modo de una película de dibujos animados de Disney sino al modo en que lo hacen en Babar.

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lunes, 11 de mayo de 2009

Un álbum más que advierte contra la violencia: El oso con la espada, de Gianluca Foli y Davide Cali.

El oso protagonista tiene una espada con la que lo rompe todo y, cuando el agua inunda el fortín en el que vive, decide hacérselo pagar a los responsables: los vigilantes de la presa le dicen que la culpa fue del babirusa, y éste que fue del zorro, y el zorro que fueron los pájaros, etc.

Relato de los que avanza en una dirección hasta que, a la mitad, retrocede y desanda los pasos anteriores. Las ilustraciones, sobre fondo blanco, tienen calidad y claridad: son sobrias en los colores —casi únicamente se ven el marrón del oso y el azul del agua—, muestran el dinamismo destructivo propio de las acciones violentas con objetos cortados y difuminados, están bien compuestas sobre la doble página.
Hay una buena intención de señalar, por un lado, que la violencia es destructiva y que si uno es violento acaba siendo él mismo el perjudicado, y, por otro, que puede haber un camino de regreso... Sin embargo, argumentalmente, el final resulta fácil y blando: se podría decir que si la idea de fondo de la historia es para lectores ya un poco mayorcitos, el final también debería serlo. En cualquier caso, buen álbum.

Gianluca Foli. El oso con la espada (L’orso con la spada, 2008). Texto de Davide Cali. Barbara Fiore, 2009; 28 pp.; trad. de Jordi Ainaud i Escudero; ISBN: 978-84-936185-8-2. [Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 10 de mayo de 2009

Lo que arraiga en el hueso,
novela de Robertson Davies. En uno de los primeros encuentros del experto Tancred Saraceni con el que será su alumno-aprendiz Francis Cornish, el primero le comenta unas pinturas prerrafaelitas que intentaban ilustrar la búsqueda del Grial y le dice: ese es «un tema mucho más apropiado para la poesía que para la pintura. ¿No le parece que el espíritu del Grial se evoca mejor con palabras que con imágenes? ¿Se me puede acusar de hereje por afirmar que a cada arte le corresponden la supremacía en una esfera diferente y, por tanto, se expone a grave peligro cuando invade otra? Pintar lo ilustrativo de una leyenda es convertir la pintura en una leyenda de segundo orden. La pintura que narra una historia es inútil porque es inmóvil: carece de movimiento, de matices y de posibilidades de cambiarlo, cualidades que resumen el alma de la narración. Supongo que no sería excesivo pensar que los poetas que se pusieron en ridículo con esas viejas, sucias y destrozadas pinturas tuvieran algo que decir a un maestro de la pintura, aun cuando éste no fuera poeta».

Robertson Davies. Lo que arraiga en el hueso (What’s Bred in the Bone). Barcelona: Libros del Asteroide, 2008; 487 pp.; trad. de Concha Cardeñosa Saenz de Miera; ISBN: 978-84-936597-6-9.

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sábado, 9 de mayo de 2009

The Outline of Sanity,
(El perfil de la cordura, según una edición en castellano que no conozco; Los límites de la cordura según otra de 2010), es una colección de artículos que originalmente aparecieron en 1925 en el G.K.’s Weekly y que, más tarde, Chesterton presentó hilados con el fin de mostrar su pensamiento social, el Distributismo. El título se refiere a la cordura, o sensatez, entendida como una visión de la realidad que sea completa y no parcial; o, al revés, se refiere a cómo impera en muchos planteamientos actuales la insensatez, una estrechez de mente y de miras que impide ver las cosas como realmente son. Esto último, señalar que las filosofías modernas llevan a la locura y, sin embargo, llaman loco a quien sostiene las verdades sanas, lo desarrolla Chesterton también en las ficciones que se contienen en El poeta y los lunáticos.

Las consideraciones que hace parten de la evolución histórica de Inglaterra y de la situación que veía entonces en su país y, en ese sentido, algunas observaciones se han quedado anticuadas. Con todo, se siguen bien las referencias que hace a personajes de su época, con quienes polemiza o a quienes rebate o contesta; al respecto dice que le divierte que haya hombres prácticos que le critiquen que generaliza demasiado porque no tiene planes prácticos, cuando la verdad es que si generaliza es porque las soluciones prácticas son muchas. Sin embargo, sus ideas de fondo siguen teniendo no sólo validez sino una sorprendente actualidad porque su intención no es formular líneas de acción bien definidas: más de vez señala que puede haber distintas soluciones distributistas a las cuestiones que plantea, e indica que lo importante para él son los presupuestos en los que se basa y los objetivos finales que persigue. Por otra parte, con el paso del tiempo se ha visto como muchas de sus ideas han ido incorporándose a modos de pensar actuales y es significativo que un economista de tanto peso como E. F. Schumacher adoptara sus propuestas y, en un libro tan influyente como fue Lo pequeño es hermoso, mostrara su viabilidad.

En Lo que está mal en el mundo Chesterton presentó a dos personajes que llamó Hudge y Gudge, el Gran Gobierno y el Gran Negocio, el Socialismo y el Capitalismo, y mostró que, a pesar de sus aparentes choques, en realidad trabajan juntos. Para que no haya dudas, aquí se preocupa de aclarar las cosas al comienzo: define una sociedad como capitalista cuando una mayoría de ciudadanos sirven a un grupo reducido de capitalistas por un salario, y a un sistema como socialista cuando los gobernantes regulan en exceso el modo de vivir de los ciudadanos. Señala que ninguno de los dos sistemas comprende correctamente la propiedad: un carterista promueve la libre empresa pero no la propiedad privada; el capitalismo predica la extensión del negocio pero no la conservación de lo que a uno le pertenece, y muchos de sus comportamientos son los del pirata en alta mar; el socialismo trata de reformar al carterista prohibiendo los bolsillos.

Frente a ellos Chesterton no piensa en el Distributismo como una ideología política que se pueda imponer a una sociedad, sino como un sistema nacido desde abajo y que posibilite que una mayoría de los ciudadanos pueda llegar a tener un verdadero control sobre su propia vida. Propone huir del modelo de trabajadores o consumidores que son como esclavos, y acercarse al ideal de los campesinos o de los artesanos que producen y usan sus propios productos sin depender de gente a la que no conocen. Insiste en que no pide la desaparición del Estado o del Negocio sino que tengan sus dimensiones justas de forma que la gente común pueda organizarse y tener mayor capacidad de elección, de ahí su defensa de los pequeños negocios frente a las grandes empresas. Sabe bien que las dificultades para llevar a la práctica lo que propone son obvias, y por eso califica el Distributismo de «movimiento moral» y apunta que sólo puede ser vivido «con el espíritu de una religión, de una revolución, y (...) de una renunciación». Y es que, dice más adelante, cuando los criminales son más fuertes que el Estado, y en tantos casos incluso se identifican con él, cualquier intento de combatirlos será ciertamente llamado una rebelión pero puede ser más correctamente calificado de Cruzada. El comentario que cierra el libro se corresponde con el argumento básico de Ortodoxia: que las verdades básicas del Evangelio son su inspiración y, en su opinión, la base más sólida para una sociedad sana.

G. K. Chesterton. The Outline of Sanity, 1926. Edición en castellano, titulada Los límites de la cordura. El distributismo y la cuestión social, en Madrid: El Buey Mudo, 2010; 240 pp.; col. Ensayo; trad. de María Raquel Bengolea; ISBN 13: 978-84-937789-9-6.

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viernes, 8 de mayo de 2009

Continuando con lo de ayer, para explicar que habría plenitud en la vida humana si el ser y el nombre verdadero fueran al unísono, Romano Guardini recurre a una escena de Kim, de Ruyard Kipling, en la que «Kim se sienta junto a una pared y se dice a sí mismo: “Yo, Kim; yo, Kim”. Se da cuenta de que cada vez llega más hondo y quiere arribar en ese punto donde nombre y ser se identifican. Sin embargo, inmediatamente lo deja; y lo deja tantas veces cuantas lo intenta. Pero un viejo brahmán está junto a él y asiente con tristeza: “Lo sé; sé que no se logra”. El verdadero nombre es una meta que nunca se logrará».

Romano Guardini. El fin de la modernidad (Das Ende der Neuzeit, 1950) y Quien sabe de Dios conoce al hombre (Der Menschen Erkennt nur, wer von Gott weiss, 1952). Madrid: PPC, 1995; 186 pp.; trad. de José María Hernández; ISBN: 84-288-1200-4.

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jueves, 7 de mayo de 2009

A propósito de lo mencionado en El nombre definitivo se pueden dar algunas pinceladas más. Un cuento clásico sobre la importancia del nombre: Rumpelstikin. Un libro (más o menos) infantil sobre la misma cuestión: Hugo y Josefina, de Maria Gripe. Un libro juvenil centrado en eso: Un mago de Terramar, el primer relato (en mi recuerdo el mejor, con diferencia) de los que componen los Cuentos de Terramar, de Ursula Le Guin, una serie de referencia entre las de aventuras fantásticas.

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miércoles, 6 de mayo de 2009

Muchas historias de animales humanizados, como las citadas ayer y anteayer, hablan a los niños del descubrimiento del mundo. Dos clásicos infantiles de principios del siglo XX que muestran que, a estos efectos, las cosas han cambiado poco, son El Pudding Mágico, del australiano Norman Lindsay, y Maya la abeja, del alemán Waldemar Bonsels.

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martes, 5 de mayo de 2009

Si ayer hablé del caracol de Leo Lionni, hoy le toca el turno al que protagoniza Sin principio ni fin, de Avi. Es una historia deudora de otras anteriores pero graciosa, bien contada, bien armada y bien editada. Además, ya puestos a colocar historias de caracoles aventureros, incluyo un álbum muy popular de Axel Scheffler y Julia Donaldson, no traducido al castellano, creo: The Snail and the Whale (El caracol y la ballena).

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lunes, 4 de mayo de 2009

La casa más grande del mundo
es un álbum de los años sesenta en el que Leo Lionni, con su modo habitual de componer ilustraciones, presenta una nueva fábula. En una familia de caracoles, uno de los pequeños dice a su padre que, cuando sea mayor, quiere tener la casa más grande del mundo. Sabiamente, su padre le hace notar los inconvenientes contándole una historia de otro pequeño caracol que consiguió ese deseo y su casa llegó a ser tan grande como un melón...

El relato da una lección de prudencia en los deseos y muestra bien que «las cosas grandes no siempre son mejores». En lo que se refiere al álbum como tal un pequeño fallo que no le quita valor pero sorprende en un maestro como Lionni: hacia el final hay dos dobles páginas consecutivas y descompensadas pues, contrariamente al modo de proceder en el resto del álbum, en el primer par va el texto que describe lo que contienen las cuatro páginas.

Leo Lionni. La casa más grande del mundo (The Biggest House in the World, 1968). Sevilla: Kalandraka, 2008; 32 pp.; col. Libros para soñar; trad. de Xosé Manuel González Barreiro; ISBN: 978-84-96388-92-5.

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domingo, 3 de mayo de 2009

A quienes esperan de un narrador más de lo que debe dar, Chéjov les dice:

«Me parece que no corresponde a los literatos resolver problemas como el de Dios, el pesimismo, etc. La tarea del narrador consiste únicamente en retratar a quienes han hablado o meditado sobre Dios o sobre el pesimismo, así como el modo y las circunstancias en que lo han hecho. El artista no debe convertirse en juez de sus personajes ni de sus palabras, sino en un testigo desapasionado. Si escucho un discurso incoherente y deslavazado de dos rusos sobre el pesimismo, debo referirlo en la misma forma en que lo he oído; emitir un juicio es cosa del jurado, es decir, de los lectores. Lo único que necesito es tener el talento necesario para distinguir las opiniones importantes de las que no lo son, saber presentar a los personajes y hablar con sus propias palabras».

En relación a lo mismo, tanto para el trabajo del escritor como para el del lector, afirma Flannery O’Connor:
«El arte nunca responde a los deseos de democratización: no es para todo el mundo, sino sólo para quienes están dispuestos a realizar el esfuerzo que su comprensión requiere. Se habla mucho de la humildad que se necesita para rebajarse, pero se necesita idéntica humildad y un auténtico amor a la verdad para elevarse y alcanzar nuevas cotas tras un ímprobo trabajo».

Antón Chéjov. Sin trama y sin final: 99 consejos para escritores (Senza trama e senza finale: 99 consegli di escritura, 2002). Barcelona: Alba, 2005; 103 pp.; col. Alba clásica; edición de Piero Brunello; trad. de Víctor Gallego Ballestero; ISBN: 84-8428-253-8.
Flannery O’Connor. Misterio y Maneras (Mystery and Manners, 1969). Madrid: Encuentro, 2007; 236 pp.; col. Literatura; edición de Guadalupe Arbona, trad. y notas de Esther Navío; ISBN: 978-84-7490-894-7.


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sábado, 2 de mayo de 2009

Eugenics and Other Evils,
Eugenesia y otras maldades, fue un libro que Chesterton comenzó a escribir en 1910 pero que finalmente publicó en 1922. La eugenesia, la «aplicación de las leyes biológicas de la herencia al perfeccionamiento de la especie humana» según el DRAE, se puso de moda en las primeras décadas del siglo XX: la prensa de la época informaba positivamente al respecto e importantes figuras públicas la promovían. En aquel momento, eugenesia se identificaba con los intentos de que nacieran niños sanos y se impidiesen los nacimientos de niños enfermos, con parte de lo que luego se ha llamado planificación familiar, y estaban aún lejos las fronteras que hoy hemos dejado muy atrás. Uno de los sucesos que originó el libro se cuenta en el último capítulo: los avatares de una pareja dispuesta a todos los sacrificios para que su hija fuera perfecta —tal vez también el origen del relato How I Found the Superman, un artículo publicado en Alarmas y Discusiones, en 1910—.

El motivo por que el que Chesterton aplazó el libro en su momento fue que estas cuestiones dejaron de tener relevancia en los periódicos, y de suscitar simpatías en los lectores ingleses, cuando estalló la primera Guerra Mundial, pues buena parte de los inspiradores científicos de la eugenesia eran alemanes. Y la razón por la que finalmente se decidió a publicarlo, unos años después del fin de la Gran Guerra, estuvo en que los mismos argumentos volvieron a cobrar fuerza y vio con claridad las consecuencias sociales que tendrían: «una revolución que no ha sucedido antes nunca». Por una parte todo parece indicar que Chesterton no creía que las cosas pudieran llegar tan lejos como luego han llegado: es gráfico su ejemplo de que «es esencial resistirse a una tiranía antes de que exista. No es una respuesta decir, con un optimismo lejano, que las ideas están solo en el aire. Un golpe de hacha puede sólo ser evitado mientras el hacha está en el aire». Pero, por otra, también pronosticó que la mente moderna estaba en una disposición de avanzar hacia una legislación eugenésica donde tendría cabida «cualquier extravagancia concebible o inconcebible».

Sea como sea, en aquella época sólo Chesterton escribió sobre la cuestión en esos términos tan alarmantes. Antes de Un mundo feliz, que Aldous Huxley escribió en 1931, Chesterton había mencionado la tiranía que deseaba controlar los «lugares sagrados y secretos de la libertad personal, que ningún hombre cuerdo había soñado siquiera con ver, y especialmente el santuario del sexo». Más tarde, la marcha de las cosas se frenó debido a la reacción emocional popular provocada por el conocimiento del uso que hizo Hitler de las teorías eugenésicas para intentar crear una raza superior y justificar así sus atrocidades. Pero, como es sabido, en países como Norteamérica se habían llevado a cabo políticas masivas de esterilización de los enfermos mentales y se habían defendido medidas para mejorar «la raza».

Después de una presentación-explicación, Chesterton divide su libro en dos partes, «La falsa teoría» y «El verdadero objetivo», con ocho y nueve capítulos respectivamente, aunque el último tiene una función de anexo, como ya dije. En cada uno trata una cuestión y, al terminar la primera parte, resume lo tratado hasta el momento para que, dice, «ninguna cuestión personal irrelevante o cualquier énfasis excesivo (al que sé bien que tengo tendencia) tuerza el curso del que creo que es un argumento limpio y consistente». Y, en efecto, el hilo conductor y los razonamientos que se desgranan se siguen bien, y tanto la mención de algunos nombres propios de científicos o propagandistas de la eugenesia como algunas referencias literarias o históricas, no afectan a la comprensión de lo que se dice.

Con ideas que había tratado ya en Lo que está mal en el mundo y que desarrollará de nuevo en The Outline of Sanity, Chesterton señala el avance que se ha producido hacia una tiranía burocrática cada vez mayor, propia de un estado socialista, sin que por el camino hayan disminuido las desigualdades propias de un estado capitalista. Resulta curioso leer ahora el anuncio de que llegaríamos a una situación en la que a los ciudadanos se les consultaría si, por ejemplo, se debe permitir o no a un país tercermundista lejano que tenga una flota de guerra, al mismo tiempo que no se les permitiría que sus hijos pudiesen jugar con espadas de madera.

Al final Chesterton confiesa que ve unas perspectivas muy malas pero —termina diciendo en un brillantísimo párrafo que recorto y adapto desde aquí al final— al menos podemos afirmar que la nuestra no es la protesta propia del demagogo. Aquellos a los que servimos nunca gobernarán, aquellos de los que nos compadecemos nunca crecerán. Nunca existirá un sindicato de niños disminuidos. Ningún gobierno moderno se tambaleará [debido a quienes no llegaron a nacer, o quedaron inválidos, o murieron]. Esos hombres poderosos [que ganan votos y poder y dinero con estas actividades] no necesitan enfadarse con nosotros, que a fin de cuentas rogamos por personas que nunca leerán nuestras palabras, ni premiarán nuestros esfuerzos, ni nos estarán agradecidos. Tampoco tienen motivos para preocuparse porque recordemos esas triviales tragedias de corazones y hogares rotos que se desvanecerán con el paso del tiempo, esos gritos ahogados por un furioso viento y esas palabras salvajes de desesperación escritas sólo en el agua que corre, «unless, indeed, as some so stubbornly and strangely say, they are somewhere cut deep into a rock, in the red granite of the wrath of God».

Notas en las que aparece citado este libro: Los sinsentidos que nos amenazan.

G. K. Chesterton. Eugenics and Other Evils, 1922. Nueva edición, titulada La eugenesia y otras desgracias, en Sevilla: Espuela de Plata, 2012; 240 pp.; col. Clásicos y modernos; trad. de Aurora Rice Derqui; ISBN: 978-84-1577-58-6.

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viernes, 1 de mayo de 2009

¿Para qué sirve la literatura?,
de Antoine de Compagnon, es una breve conferencia en la que se dan y contrastan muchos argumentos acerca de la utilidad y la permanencia de la literatura, con oportunas citas de autores famosos. Se habla de que la vida es más rica para los que leen que para los que no lo hacen (aunque supongo que tal cosa dependerá de qué leen); de que, si bien durante tiempo se pensó que la cultura literaria hacía mejores a los hombres, esto es más que dudoso (al respecto se puede recordar a George Steiner cuando dice que «me siento incapaz de afirmar con seguridad que las humanidades humanizan»). Se advierte que la literatura puede llegar a ser una especie de religión sustitutiva; que la lectura puede tener un poder terapéutico pero también de que, como cualquier remedio, también puede ser un veneno. Se constata que los poderes de la literatura son agradar, enseñar, reunificar la experiencia, restaurar la lengua; que «hay cosas que sólo la literatura puede ofrecernos» y que, con todas sus limitaciones, «la lectura sigue siendo el lugar por antonomasia del conocimiento de uno mismo y del otro». Total: sin descubrimientos, como era de esperar, pero bien.

Antoine de Compagnon. ¿Para qué sirve la literatura? (La littérature, pour quoi faire, 2006). Barcelona: Acantilado, 2008; 73 pp.; col. Cuadernos; trad. de Manuel Arranz; ISBN: 978-84-96834-78-1.
La cita de George Steiner está en «La formación cultural de nuestros caballeros», texto contenido en Lenguaje y silencio: ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano (Language and Silence, 1976). México: Gedisa, 2003, ed. completa y revisada; 475 pp.; trad. de Miguel Ultorio, Tomás Fernández Aúz y Beatriz Eguibar; ISBN: 84-9784-008-9.

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