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Notas de mayo de 2010 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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lunes, 31 de mayo de 2010

Las nuevas ediciones de clásicos son siempre como una nueva oportunidad para quienes todavía no los conozcan. Esta vez, de El dragón perezoso, de Kenneth Grahame, y El príncipe que todo lo aprendió en los libros, de Jacinto Benavente. Además, he añadido también datos de una nueva edición de Owen, de Kevin Henkes.

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domingo, 30 de mayo de 2010

El perdón y otros ensayos
contiene varios artículos, sermones y conferencias de C. S. Lewis: El perdón (1947), Calidad de miembros (1945), El aprendizaje en tiempo de guerra (1939), El historicismo (1950), La última noche del mundo (1951-1952), La religión y la técnica de los cohetes (1958), La eficacia de la oración (1959), Esporas de helecho y elefantes (1959).

Algunas citas:

—«En toda actividad humana los medios tienden de manera fatal a invadir los fines que están destinados a servir. Así, el dinero obstaculiza el intercambio de mercancías, las reglas del arte ponen trabas al genio y los exámenes impiden el aprendizaje de los jóvenes». (Calidad de miembros)

—Disfrutamos con El viento en los sauces porque el trío protagonista «simboliza la unión armoniosa entre individuos muy distintos» y en ella «reconocemos de manera intuitiva el verdadero refugio contra la soledad y el colectivismo». (Calidad de miembros)

—«Si no leemos buenos libros, leeremos libros de mala calidad. Si dejamos de pensar racionalmente, lo haremos en forma irracional. Si rechazamos las satisfacciones estéticas, caeremos en las satisfacciones de la sensualidad». (El aprendizaje en tiempo de guerra)

C. S. Lewis. El perdón y otros ensayos (Fern-seed and Elephants and other essays on Christianity). Barcelona: Andrés Bello, 1999; 128 pp.; trad. de José Liborio Bravo; prefacio de Walter Hooper; ISBN: 84-89691-84-3.

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sábado, 29 de mayo de 2010

Decía Chesterton que las dos grandes fuerzas que componen la poesía de la vida siempre han sido el amor a la mujer y el amor a la tierra pero que ambas se han corrompido en nuestros tiempos. Señala que, en este aspecto, «el hedor del paganismo decadente no era tan malo como el hedor de la cristiandad decadente»: un caso más del viejo adagio de que la corrupción de lo mejor es lo peor. Lo explica señalando que, en el paganismo antiguo, había un pecado que estaba «del lado de la Naturaleza», «del lado de la vida»; pero que «ha sido dejado a los últimos cristianos, o mejor, a los primeros cristianos dedicados a blasfemar y negar el cristianismo, el inventar una nueva clase de adoración del sexo, que no es siquiera una adoración de la vida. Ha sido dejado a los últimos modernistas proclamar una religión erótica que a la vez exalta la lujuria y prohíbe la fertilidad».

En paralelo, «la noción de limitar el sentido de la propiedad meramente al goce del dinero, es exactamente lo mismo que limitar el amor al mero goce del sexo. En los dos casos un placer secundario, aislado, servil y hasta secreto sustituye a la participación en un gran proceso creativo, y aún más que eso: en la eterna creación del mundo». Sin duda, el poder actual promueve el sexo como mero placer para que nunca pueda convertirse en poder. Pero, sin duda también, «el mundo ha olvidado simultáneamente que trabajar una granja es algo más grande que lograr un beneficio, o un producto, en el sentido de complacerse en el gusto del azúcar de remolacha, y que fundar una familia es algo mucho más grande que el sexo en el sentido limitado de la literatura corriente». («Sexo y propiedad», El Pozo y los charcos)

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viernes, 28 de mayo de 2010

En su momento hablé de Escolios escogidos, una selección de aforismos de Nicolás Gómez Dávila. Ahora se han publicado en un único volumen todos sus Escolios a un texto implícito, una obra extraordinaria y editada magníficamente. Señalo, por ahora, varios aforismos que podrían calificarse de autobiográficos (algunos ya mencionados en otros lugares).

Primero, personales:

—«Nunca respira bien entre edificios el que recuerda los olores de la hierba hollada por sus pies desnudos».

—«Nunca me volvió a importar donde vivir, desde que vi morir los amplios caserones y cubrirse de inmundicia industrial y humana los anchos campos solitarios de mi infancia».

—«Canónigo obscurantista del viejo capítulo metropolitano de Santa Fe, agria beata bogotana, rudo hacendado sabanero, somos de la misma ralea. Con mis actuales compatriotas sólo comparto pasaporte».

—«No soy un intelectual moderno inconforme, sino un campesino medieval indignado».

Segundo, en relación a sus aspiraciones al escribir:

—«Algunos intentamos escribir tan sólo para prolongar la vida cotidiana en vida inteligente».

—«El texto que admita paráfrasis es subalterno».

—«Perfeccionemos la insolencia de nuestras ideas».

—«Escribir es la única manera de distanciarse del siglo en el que le cupo a uno nacer».

Tercero, en relación a sus ideas sobre los aforismos:

—«Acusar al aforismo de no expresar sino parte de la verdad equivale a suponer que el discurso prolijo puede expresarla toda».

—«La aserción breve no debe ser ocurrencia repentina, sino conclusión lacónica».

—«La ventaja del aforismo sobre el sistema es la facilidad con que se demuestra su insuficiencia. Entre pocas palabras es tan difícil esconderse como entre pocos árboles».

Cuarto, en relación a su posición intelectual y vital:

—«La inteligencia tiene hoy el deber de pelear hasta el fin batallas de antemano perdidas».

—«Sólo debemos consagrarnos a causas que la derrota dejaría intactas».

—«El que no esté listo a preferir la derrota en determinadas circunstancias comete tarde o temprano los crímenes que denuncia».

Nicolás Gómez Dávila. Escolios a un texto implícito (1977, 1986, 1992). Girona: Atalanta, 2010; 1407 pp.; prólogo de Franco Volpi; ISBN: 978-84-937247-7-1.

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jueves, 27 de mayo de 2010

Un libro que vale la pena leer si uno no lo ha leído y releer si uno lo ha leído hace tiempo: Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand.

Como es sabido, es una obra teatral escrita en verso con pasajes románticos, picarescos y divertidos, que se ambienta en la Francia de Richelieu. Su protagonista es Cyrano, uno de los mejores espadachines de París, uno de los mejores poetas de Francia, un tipo muy feo debido a su larga nariz, y uno de los seres más susceptibles e irritables del mundo. Para su tormento, está enamorado de prima Roxana pero ella lo está de un subordinado de Cyrano.

Quizá el pasaje que más me gusta sea el rechazo frontal de Cyrano a ser un adulador servil:

«................¿Y qué tengo que hacer?
¿Buscarme un valedor poderoso, un buen amo,
y al igual que la hiedra, que se enrosca en un ramo
buscando en casa ajena protección y refuerzo,
trepar con artimañas, en vez de con esfuerzo?
No, gracias. ¿Ser esclavo, como tantos lo son,
de algún hombre importante? ¿Servirle de bufón
con la vil pretensión de que algún verso mío
Dibuje una sonrisa en su rostro sombrío?
No, gracias. ¿O tragarme cada mañana un sapo,
Llevar el pecho hundido, la ropa hecho un harapo
De tanto arrodillarme con aire servicial?
¿Sobrevivir a expensas de mi espina dorsal?
No, gracias. ¿Ser como esos que veis a Dios rogando
—oh, hipócritas malditos— y con el mazo dando?
¿Y que, con la esperanza de alguna sinecura,
atufan con incienso a quien se las procura?
No, gracias. ¿Arrastrarme de salón en salón
hasta verme perdido en mi propia ambición?
¿O navegar con remos hechos de madrigales
y, por viento, el suspiro de doncellas banales?
No, gracias. ¿Publicar poniendo yo el dinero
de mi propio bolsillo? Muchas gracias, no quiero.
¿Hacerme nombrar papa en esas chirigotas
que en los cafés celebran, reunidos, los idiotas?
No, gracias. ¿Desvivirme para forjarme un nombre
que tenga de endiosado lo que no tiene de hombre?
No, gracias. ¿Afiliarme a un club de marionetas?
¿Querer a toda costa salir en las gacetas?
¿Y decirme a mí mismo: no hay nada que me importe
con tal de que mi ingenio se cotice en la Corte?
No, gracias. ¿Ser miedoso? ¿Calculador? ¿Cobarde?
¿Tener con mil visitas ocupada la tarde?
¿Utilizar mi pluma para escribir falacias?
No, gracias, compañero. La respuesta es: no, gracias.
Cantar, soñar en cambio. Estar solo, ser libre.
Que mis ojos destellen y mi garganta vibre.
Ponerme, si me place, el sombrero al revés,
batirme por capricho o hacer un entremés.
Trabajar sin afán de gloria o de fortuna.
Imaginar que marcho a conquistar la Luna.
No escribir nunca nada que no rime conmigo
y decirme, modesto: ah, mi pequeño amigo,
que te basten las flores, las frutas y las hojas
siempre que en su jardín sea donde las recojas.
Y si por suerte un día logras la gloria así,
no habrás de darle al César lo que él no te dio a ti.
Que a tu mérito debas tu ventura, no a medra,
y, en resumen, que haciendo lo que no hace la hiedra,
aun cuando le faltare la robustez del roble,
lo que pierdas de grande, no te falte de noble».

Edmond de Rostand. Cyrano de Bergerac (1897). Madrid: Espasa, 2000; 200 pp.; col. Austral; prólogo de Jaime Campmany, trad. de Jaime y Laura Campmany; ISBN: 84-239-9875-4.

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miércoles, 26 de mayo de 2010

Cuentos japoneses,
recopilación preparada por Anna Gasol y Teresa Blanch, contiene veinte relatos populares: ¿Por qué el mar es salado?; La leyenda de Urashima Taro; El Dios de la Pobreza; El gorrión herido; El agradecimiento de la grulla; El Anciano de las Flores de Cerezo; El mono y los cangrejos; El comprador de un sueño; Déjalas y vete; Hikoichi y el tanuki; Yuki Onna, la Mujer de Nieve; La capa mágica del tengu; Hachizuke y el zorro blanco; El reyezuelo es el rey de los pájaros; El tengu azul y el tengu rojo; Momotaro; El cortador de bambú; La aventura de Gombei; El retrato de la novia; La lengua del gorrión.

La mayoría son sobre la recompensa que un hombre obtiene por ser amable con los animales; algunos tratan sobre pillos afortunados; Yuki Onna, la Mujer de Nieve se basa en la idea típica de muchos cuentos populares sobre una condición para la felicidad que nunca se debe romper. Urashima, ya mencionado en la versión de álbum ilustrado de Taro Yashima titulada Seashore Story, y El cortador de bambú son, tal vez, los cuentos japoneses más reproducidos en distintas antologías.

Se pueden encontrar versiones algo más largas de casi todos estos cuentos, y muchos otros, junto con explicaciones acerca de las peculiaridades de los cuentos japoneses y sus orígenes shintoístas y budistas, en las tres recopilaciones hechas y comentadas por Luis Caeiro que cito abajo.

Anna Gasol y Teresa Blanch. Cuentos japoneses. Barcelona: Edebé, 2009; 151 pp.; ilust. de Juan M. Moreno; ISBN: 978-84-236-9417-4.
Luis Caeiro. Cuentos tradicionales japoneses I - El mundo sobrenatural. Madrid: Hiperión, 1993; 228 pp.; Libros Hiperión; ISBN: 84-7517-379-9.
Luis Caeiro. Cuentos y tradiciones japoneses II - El mundo animal. Madrid: Hiperión, 1994; 201 pp.; col. Libros Hiperión; ISBN: 8475174132.

Luis Caeiro. Cuentos y tradiciones japoneses: III. El mundo humano. Madrid: Hiperión, 2002, 2ª ed.; 200 pp.; col. Libros Hiperión; ISBN: 84-7517-461-2.

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martes, 25 de mayo de 2010

El tigre y el gato,
de Eitaro Oshima, cuenta de dónde procede la enemistad entre los tigres y los gatos, y por qué los gatos prefieren vivir en las casas y los tigres en las profundidades de los bosques.

Un tigre tontorrón que no sabía cazar pide consejo y enseñanzas a un gato habilísimo que, pacientemente, le enseña cómo acercarse a un presa, cómo correr velozmente, cómo saltar desde lugares elevados...

La historia es graciosa y el álbum, como tal, es clásico: la narración es buena, se apoya en unos dibujos de calidad, se distribuyen bien los textos en las ilustraciones, que siguen la secuencia señalada por el argumento. Para el lector occidental son graciosos unos animales completamente realistas pero vestidos con quimonos y un gato que, cuando cierra los ojos, los tiene rasgados.

Al final, el traductor comenta cómo el gato habla siempre de usted y con respeto a su alumno, mientras el tigre tutea sin consideración a su profesor. Entiendo que, a un lector japonés, la lectura del texto le daría esa clave de interpretación inicial y que, a mí, se me pasó por alto e hizo que el desenlace me cogiera por sorpresa: tal vez porque las imágenes al principio sugieren un gato presuntuoso y un tigre inocentón, o tal vez porque yo tenía en la cabeza un gato chulesco tipo Gato con Botas.

Eitaro Oshima. El tigre y el gato (Mukashi Mukashi Tora To Neko Wa – Chugoku No, 2009). Barcelona: Corimbo, 2010; 36 pp.; trad. de Rafael Ros; ISBN: 978-84-8470-372-3.

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YashimaUmbrella.jpg
lunes, 24 de mayo de 2010

Con el paso de los años son cada vez más los álbumes de origen oriental que nos llegan. Uno de los pioneros en publicar álbumes en Occidente, del que no conozco álbumes editados en España, fue Taro Yashima, un autor japonés afincado en Estados Unidos desde la segunda Guerra Mundial. Sus historias se pueden incluir entre las muchas que un autor escribe o ilustra para sus hijos o sobre sus hijos: unas para contarles cosas de su cultura de origen como Crow Boy; otras, como Umbrella, para narrar incidentes de la vida cotidiana como los deseos de una niña de salir a la calle, por primera vez, con su propio paraguas.

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domingo, 23 de mayo de 2010

En Microcosmos dice Claudio Magris que «los cafés son una especie de asilo para los indigentes del corazón» y, algunos de sus propietarios, «son también benefactores que les ofrecen un amparo provisional frente a la intemperie». Más adelante señala que, en nuestro mundo, el bar y la iglesia son «dos lugares liberales, en los que no se pregunta, al que entra, de dónde viene y bajo qué bandera o distintivo milita; en la iglesia no hace falta además ni siquiera pagar la consumición, encender una vela está aconsejado pero no es obligatorio». Más aún, señala: «Tal vez hoy las iglesias sean uno de los sitios en los que se respira más libremente».

He recordado esos comentarios, y los he buscado en mis notas, al leer un escolio de Nicolás Gómez Dávila que dice:

«La proposición científica presenta una alternativa abrupta: entenderla o no entenderla. La proposición filosófica, en cambio, es susceptible de intelección creciente. La proposición religiosa, en fin, es ascenso vertical que permite observar el mismo paisaje desde alturas distintas.

La ciencia contrapone ignorantes a sabios. La filosofía escalona discípulos y maestros. Para el cristianismo, finalmente, lo que cree la beata no difiere de lo que cree el santo.

El único recinto donde podemos compartir opiniones, sin sentirnos humillados, es una iglesia».

Claudio Magris. Microcosmos (Microcosmi, 1997). Barcelona: Anagrama, 1999; 323 pp.; col. Panorama de narrativas; trad. de J. A. González Sáinz; ISBN: 84-339-0889-8.
Nicolás Gómez Dávila. Escolios a un texto implícito (1977-1992). Girona: Atalanta, 2009; 1408 pp.; ISBN: 978-84-937247-1-9.


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sábado, 22 de mayo de 2010

Chesterton
habló algunas veces acerca de la obsesión creciente por el sexo en la sociedad. Ya indiqué cómo, tiempo antes de Un mundo feliz, en algunos de sus artículos hablaba del sexo como el más evidente de los sobornos que se puede ofrecer para esclavizar a alguien (Fancies versus Fads). En plan menos serio señalaba que el sexo y la respiración son las dos cosas que generalmente funcionan mejor cuando menos te preocupas por ellas, y que tal vez por eso no era casual que en su época se hubieran puesto a la vez de moda el feminismo y los ejercicios gimnásticos respiratorios («The Suffragist», A Miscellany of Men).

Pero al respecto tal vez la paradoja más sugerente que señaló fuera esta: «Puede decirse que nuestros tiempos, aunque se burlen de las inocencias sexuales, se inclinan a la generosa idolatría de la inocencia sexual, representada en la adoración de los niños. Pues todo el ame a los niños convendrá en que, si hay algo que turbe su peculiar belleza, ello está en los asomos de la sexualidad» (Ortodoxia). Y vuelve a la misma idea en La esfera y la Cruz, cuando uno de sus personajes afirma, satisfecho, que hoy en día tenemos un aprecio nuevo e imaginativo de los niños y su contrincante asiente: «tiene usted razón completamente: hay un culto moderno por los niños. ¿Y qué es (...) el culto moderno a los niños? ¿Qué es, en nombre de todos los ángeles y diablos, sino el culto a la virginidad? ¿Rendiría nadie culto a ser alguno solamente por el hecho de ser pequeño o de estar en ciernes?». Con lo que muchos han llegado a estar en una curiosa y paradójica situación: la de quienes huyen de un ideal pero «el mismo punto que habían señalado como meta de la huida resulta ser el mismo ideal de que huyen».

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viernes, 21 de mayo de 2010

Guardaba un buen recuerdo de La hora 25, de Constantin Virgil Gheorghiu, una novela que leí hace muchos años. Ahora, cuando acaba de ser republicada, la he vuelto a leer. Como suele pasar, he confirmado algunas de las impresiones que tuve pero también he visto defectos y méritos que había pasado por alto entonces.

Su principal protagonista es Iohann Moritz, un campesino rumano al que los acontecimientos zarandean de un lado a otro: cuando su hijo tiene dos años, en 1938, es internado en un campo de judíos de Rumanía, sin ser judío; en 1940, es enviado a un campo de rumanos en Hungría; en 1941 lo mandan a un campo de húngaros en Alemania; durante un tiempo es liberado y se casa de nuevo porque piensa que su primera mujer había pedido el divorcio; en 1945 entra en un campo de prisioneros de los norteamericanos... Y, después de trece años de campo en campo, abandona Dachau y vuelve a reencontrarse con su mujer, que ha tenido un hijo de un soldado ruso durante la guerra, y con su hijo de quince años.

Lo mejor de la novela, y que sí recordaba bien, es su viveza, la mezcla singular de tanta tragedia con momentos propios de la comedia más chusca; también, que ofrece una visión poco habitual de lo que supuso la segunda Guerra Mundial para muchos: para gente como Moritz pero también para personajes como el escritor rumano Traian Koruga y su esposa, la empresaria judía Eleonora West. Las cosas que ahora he pensado son: una, que han envejecido mal las disquisiciones teóricas acerca del futuro del mundo que hace Koruga: son interesantes pero lastran mucho la historia; otra, que no recordaba en absoluto de mi lectura juvenil, es la enorme fuerza del desenlace, tan furiosamente crítico con los vencedores norteamericanos.

Constantin Virgil Gheorghiu. La hora 25 (Ora 25, 1949). Madrid: El Buey Mudo, 2010; 432 pp.; col. Narrativa; trad.de Jesús Ruiz Ruiz; ISBN 13: 978-84-937789-0-3.

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jueves, 20 de mayo de 2010

Dark Dude
es la primera y premiada novela para jóvenes de Oscar Hijuelos, premio Pulitzer hace años. No es genial y, para muchos, no tendrá un particular interés, pero sí habrá quien valore lo que se cuenta, por lo que tiene de buen retrato de unos chicos desorientados y de unos ambientes socialmente desastrados, y cómo se cuenta, con fluidez y mucha más elegancia de lo que se acostumbra en el género.

Finales de los años sesenta, Harlem, Nueva York. El narrador y protagonista es Rico Fuentes, un chico de dieciséis años, cubano pero rubio debido a un antepasado irlandés. Su padre tiene buen corazón pero es alcohólico. Su madre es una buena mujer pero muy gruñona. Su amigo Jimmy, portorriqueño, es drogadicto; junto con él, pues es un buen dibujante, Rico sueña con llegar a formar una pareja famosa de autores de cómic. Cuando cambia del colegio católico del Bronx a un nuevo centro escolar, por su aspecto de «frijol blanco» solitario en medio de una multitud de «frijoles pintos y negros», sufre un fuerte acoso que le hace dejar de ir a clase. Ante la amenaza de sus padres de mandarlo a Florida con un tío militar, y ante el deseo de Jimmy de abandonar el mundo de la droga, deciden huir y unirse a un amigo mayor, Gilberto, portorriqueño, que cuando había ganado la lotería se había marchado a una «tierra mágica de leche, mantequilla y maíz llamada Wisconsin». En ese punto comienza una nueva historia que poco tiene que ver con la del principio: primero un viaje por carretera con encuentros raros, luego las ocupaciones de una granja donde hay que realizar tareas inimaginables, después el trabajo nocturno en una gasolinera...

Narración buena con mucho lenguaje de argot y muchas palabras que van en español en el original inglés. Me queda la duda de si la expresión «ser cool» era una expresión juvenil propia de los años sesenta. Abundan las frases cortas y los puntos y aparte: una forma de facilitar la lectura al público joven poco lector que puede identificarse con las peripecias de Rico y sus amigos. El mundo interior del protagonista queda bien perfilado aunque no así el de los demás personajes: muchos acaban siendo como postes cuya única función es sostener el relato. Hay momentos intensos: por ejemplo cuando Rico, harto, decide drogarse y es su amigo drogadicto quien de ninguna manera le deja. Hay momentos tragicómicos: cuando Rico llega al colegio y sabe que un alumno ha muerto en un tiroteo y, por un lado, ve la satisfacción de sus compañeros por el día libre que les espera y, por otro, a la profesora Thompson que les da la noticia y dice: «Pero recuerden siempre que, sin importar cuán a menudo ocurran este tipo de sucesos trágicos, hemos de permanecer positivos, ¿entendido?». Hay honradez y elegancia en la forma de tratar las relaciones sexuales: el autor no recurre a esta cuestión para ganar lectores y su narrador explica que tiene por norma no hablar de algunos asuntos.

Como tantas novelas norteamericanas sobre chicos con problemas esta también es muy deudora de Las aventuras de Huckleberry Finn. Rico es un gran lector de esa novela: se siente identificado con la fuga de Huck y Jim en busca de la libertad, se le plantean problemas de conciencia como se le planteaban a Huck, y, como él, tiene un padre alcohólico, rasgo que comparte con otros personajes, entre otros la chica de la que se ennovia. En realidad, todos los personajes jóvenes de la historia huyen, y podemos apuntar en esa cuenta el hecho de que todos consuman marihuana; Rico, aunque confusamente intuye que no ha de hacerlo, no tiene ningún motivo fuerte para no tomarla y, muchas veces, se deja llevar por lo que hacen los demás (en otra novela del género un chico decía un «sé que no debo hacerlo pero no sé por qué»). En cualquier caso, la historia habla bien de amistad, de prestar ayuda y dar buenos consejos entre amigos, de responsabilidad familiar, también de los hijos hacia los padres, de ver el lado bueno del aprendizaje a partir de los fracasos. Habrá quien piense que no es mucho, lo sé...

Oscar Hijuelos. Dark Dude (2009). León: Everest, 2009; 430 pp.; trad. de Alberto Jiménez Rioja; ISBN: 978-84-441-4316-3.

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miércoles, 19 de mayo de 2010

Catalinasss,
de Marisa López Soria, es un relato bienhumorado con un vocabulario muy rico pero bien justificado por la historia.

La protagonista, Catalina, es una niña con un gran amor por las palabras desde que, a los cuatro años, se quedara fascinada por un viejo tratado con ilustraciones llamado «De la injerta y la poda». Se pasa la vida buscando la palabra más bonita del mundo y decide llamarse Catalinasss cuando se da cuenta de que ella es muchas Catalinas: simpática, furiosa, trabajadora, pintora...

El relato como tal no tiene más hilo conductor que la espera de Catalina y sus compañeros de clase de que llegue a clase un chico caribeño llamado Mateo. Hasta ese momento, el último capítulo, se suceden varios episodios familiares o colegiales, que son oportunidades para que Catalina vaya desplegando su amor por las palabras y su dominio del lenguaje, y el narrador una sobresaliente capacidad para recoger diálogos y emociones de la vida cotidiana.

Marisa López Soria. Catalinasss (2009). Barcelona: Bambú, 2009; 105 pp.; col. Jóvenes Lectores; ilust. de Araiz Mesanza; ISBN: 978-84-8343-059-0.

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martes, 18 de mayo de 2010

El niño gol,
de Ramón García Domínguez, es un relato sencillo que demuestra, una vez más, que un libro infantil eficaz se basa en una buena idea que toca con acierto alguna tecla del mundo interior del niño.

El padre de Quique, locutor radiofónico deportivo, anima continuamente a su hijo a que saque un sobresaliente: «sacar sobresaliente en clase es igual que meter un gol». Y Quique se esfuerza y se esfuerza hasta que saca uno. Pero, cuando vuelve a casa, la reacción de su padre no es la que esperaba.

Las ilustraciones de Emilio Urberuaga refuerzan la simpatía de la historia y los sentimientos del relato: los altibajos interiores de Quique y sus ansias de ganar la aprobación de su padre, un personaje extravagante pero amable.

Ramón García Domínguez. El niño gol (2010). Zaragoza: Edelvives, 2010; 36 pp.; ilust. de Emilio Urberuaga; ISBN: 978-84-263-7368-7.

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lunes, 17 de mayo de 2010

Si ahora mismo tuviera que decir cuál es el mejor álbum para pequeños de los últimos meses, no tendría dudas: NO, de Claudia Rueda. Relato mínimo, ilustraciones sobresalientes, texto exacto, emociones justas, todo en su sitio.

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domingo, 16 de mayo de 2010

Ernst Jünger:
«Después de los Salmos son pocos los pasajes de la literatura mundial en los que el ser humano, desligado de todas las ataduras temporales y locales, levante su voz como si en ella se concentrase el destino de todos los que fueron, son y serán. Lo que hay ahí no es ya la Tierra con sus montañas y sus mares, no es ya el Cielo con el sol y las estrellas, no son ya los pueblos con sus héroes y sus dioses — sólo él mismo, el hombre, es para sí el enigma, a solas con su destino. Tal vez haya sido ahí tocada la cuerda, encontrado el sonido que penetra más hondo en el Universo que todos los rayos de luz».

Ernst Jünger. Pasados los setenta I (1965-1970) - Radiaciones (Siebzig Verweht I Strahlungen III, 1982). Barcelona: Tusquets, 1995; 591 pp.; col. Andanzas; trad. de Andrés Sánchez Pascual; ISBN: 84-7223-848-2.

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sábado, 15 de mayo de 2010

Decía Chesterton que en nuestro mundo abunda «la adoración del éxito, esa cosa que no significa sino superar en algo a alguien. Puede significar la persona que más éxito haya obtenido en escapar corriendo de una batalla. Puede significar haber sido el más profundamente dormido de una hilera de hombres dormidos» («La prehistórica estación de ferrocarril», Enormes minucias).

Abunda también, junto con «la herejía del pesimismo», la «herejía gemela del optimismo», no tanto la de «un plácido y pacífico optimismo» como la de «una especie de insolente y opresivo optimismo», que dominó en su momento a Stevenson, y que se puede describir diciendo que «la reacción a la idea de que lo bueno fracasa siempre es la idea de que lo bueno triunfa siempre. Y de allí, muchos se dejan resbalar hasta el peor engaño: que lo que triunfa es bueno siempre» (Robert Louis Stevenson).

Sin embargo, y aunque sólo sea desde un punto de vista práctico, conviene advertir que quien «piensa mucho en el éxito es el sentimental más retrógrado pues siempre está mirando hacia atrás. Si sólo le gusta la victoria siempre llegará tarde a la batalla» (Lo que está mal en el mundo).

Además, conviene caer en la cuenta de que la táctica propia del político oportunista que actúa como quien «se aleja de los billares porque ha sido derrotado al billar» acaba siendo inoperante: nada debilita tanto «el propósito de trabajar como esta enorme importancia que se concede a la victoria inmediata», nada fracasa tanto como la búsqueda del éxito (Herejes).

Ahora bien, si a pesar de todo alguien desea seguir hasta el final esta senda hará bien en recordar a Voltaire cuando decía que para «tener éxito en el mundo no es suficiente ser necio, hay que tener también buenos modales». (Autobiografía)

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viernes, 14 de mayo de 2010

El rey blanco,
de Gyögry Dragomán, es una novela que ha obtenido premios y que tiene interés como una pieza más del mosaico que refleja la vida en los países comunistas del Este. Es la segunda novela de su autor, nacido en Rumanía en 1973, en una familia de la minoría húngara, y que vive en Budapest desde 1988.

Un país que no se nombra pero se supone que es Rumanía. Tampoco se dan fechas, pero al comienzo hay una mención de una catástrofe nuclear, y Chernobyl tuvo lugar en 1986. El protagonista y narrador, Djata, tiene once años al comienzo. En el primer capítulo cuenta que ve a su padre subir a una furgoneta y piensa que se va por unos días pero, según pasa el tiempo, descubre que se lo habían llevado para trabajos forzados en el canal del Danubio. Luego se suceden distintos episodios. En unos, Djata trata con un entrenador de fútbol sádico, con un profesor terrorífico, con unos crueles obreros de la construcción. Tienen su buena dosis de violencia otros, en los que habla de sus amigos y compañeros, algunos en situaciones familiares comparables a la suya. Son exagerados y chuscos los que cuentan dos incidentes de tipo sexual. Otros tratan del acoso de las autoridades a la madre y de sus intentos desesperados para dar con el paradero de su marido; y de la distante relación de Djata con los abuelos por parte de su padre —pues el abuelo había sido secretario general del partido antes de caer en desgracia—.

El modo de contar, con frecuencia en larguísimos párrafos sin puntos, y en capítulos que a veces comienzan en medio de lo que sucede para que luego el narrador retroceda, es artificioso pero no va mal con un tipo de relato que no da casi respiros de humor y de bondad, y con el punto de vista del niño que habla de cosas que no entiende pero que sí son comprensibles para el lector. Con todo, el narrador va muy por encima de su edad en algunas ocasiones. Las referencias a Dios en las expresiones que usan unos y otros personajes van siempre con minúscula en la novela, cosa que no sé si comprender como una muestra más de un mundo que no sólo es corrupto y violento, sino también surrealista e inepto hasta extremos cómicos. Lo más destacable son sus capítulos primero y último, y cómo refleja las ansias de Djata por reencontrarse con su padre y su conciencia creciente del sufrimiento de su madre.

Gyögry Dragomán. El rey blanco (A fehér király, 2005). Barcelona: RBA, 2010; 255 pp.; trad. de José Miguel González Trebejo; ISBN: 978-84-9867-717-1.

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jueves, 13 de mayo de 2010

Siguiendo con lo de ayer —con las polémicas de las últimas décadas acerca de la conveniencia o inconveniencia de algunos relatos del pasado—, unos cuentos norteamericanos del siglo XIX: los de Uncle Remus, de Joel Chandler Harris Han sido muy criticados en las últimas décadas (como dice Gómez Dávila hay progresistas que recorren las literaturas «como el puritano las catedrales, martillo en mano»), aunque fueron saludados en su momento como un gran paso por los folcloristas, y fueron también literariamente muy influyentes. Son relatos de animales humanizados, unos que son pícaros astutos que saben salirse siempre con la suya y otros que acaban siempre siendo sus víctimas, unas víctimas nada inocentes. Están disponibles en la red pero advierto que su inglés dialectal los hace difíciles de leer.

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SmuckerHuidaCanadá.jpg
miércoles, 12 de mayo de 2010

Otra reedición: Huida al Canadá, de Barbara Smucker. Es un buen relato que cabe calificar de nueva versión, más aceptable para los estándares de hoy, de La cabaña del tío Tom. Un ejercicio posible: comparar ambos libros y determinar de qué modo refleja cada uno la mentalidad de su tiempo, preguntarse si comprendemos mejor aquella época leyendo uno u otro...

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martes, 11 de mayo de 2010

Se acaba de reeditar Tía Yeska, de Boy Lornsen, un buen relato para pequeños, con el mismo motivo argumental, tan eficaz si se desarrolla bien, de Mary Poppins.

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lunes, 10 de mayo de 2010

Resumo la información ya dada sobre Cruces de Caminos (aquí y aquí) y añado algunas cosas más:

la cubierta;
los agradecimientos, el sumario y la introducción;
—un sumario más extenso del que figura en el libro;
—algunos comentarios que hicimos o se hicieron en la presentación junto con una explicación del contenido algo más extensa que la que se da en la solapa;
—los editores: Universidad de Valladolid (ISBN: 978-84-8448-537-7) y Universidad de Castilla-La Mancha (ISBN: 978-84-8427-744-6).
—datos: 384 páginas; 329 ilustraciones en color, con algunas que contienen dos, tres y cuatro imágenes; precio: 33,65 €.
—para comprarlo, en librerías. En Valladolid, por ejemplo, en Oletum, o en Margen, librerías a las que los autores les debemos haber podido acceder a muchos álbumes estos años.

Aviso: la edición es corta y pienso que se agotará pronto (a lo mejor soy muy optimista, pero no creo).

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domingo, 9 de mayo de 2010

Si Dios no escuchase
es un libro muy personal de C. S. Lewis, que fue publicado póstumamente, y que se compone de veintidós cartas que son respuestas personales del autor a un amigo. En ellas no intenta dar explicaciones teológicas completas sino hablar de distintos aspectos de su relación con Dios: de su participación en la liturgia, de su modo de rezar, de su creencia en el Purgatorio, etc. Cuando Lewis entregó el manuscrito a su secretario, Walter Hooper, estaba ya muy enfermo y le indicó que, si alguien decía que se contenía en él algo incorrecto, que le dijese que siempre había intentado ser fiel a Jesucristo tal como se decía en La última batalla de un personaje llamado Emeth.

Recuerdo la escena: cuando Emeth, un joven guerrero calormeno que combatió lealmente por Tash, cuenta su encuentro con Aslan más allá de la muerte, explica que intentó excusarse ante él por haber servido a Tash (el dios-demonio de los calormenos) , y Aslan le replicó: «Hijo, todos los servicios que has hecho a Tash los cuento como servicios hechos a mí». Ante lo cual, Emeth dice que le interrogó:

—«“Señor, ¿es entonces cierto, como dijo el simio, que vos y Tash sois uno y el mismo?” El León emitió un gruñido tal que tembló la tierra, aunque no iba su cólera dirigida contra mí, y dijo: “Es falso. No porque seamos uno, sino porque somos opuestos, tomo a mi favor los servicios que a él le has hecho. Y es que él y yo somos de tan diferente especie que ninguna vileza puede hacérseme, así como a él no puede hacérsele nada que no sea precisamente una vileza. Por tanto, si cualquier hombre jura fidelidad a Tash y le es en efecto fiel, su juramento es en mi nombre y seré yo quien le recompense su fidelidad. Y si cualquier hombre comete una crueldad en mi nombre, entonces, aunque diga hacerlo en nombre de Aslan, es a Tash a quien sirve, y es Tash quien acepta sus actos. ¿Vas entendiendo hijo?”».

C. S. Lewis. Si Dios no escuchase. Cartas a Malcolm (Prayers. Letters to Malcolm, 1963). Madrid: Rialp, 2004, 2ª impr.; 144 pp.; col. literaria; trad. de José Luis del Barco; ISBN: 84-321-3350-7.

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sábado, 8 de mayo de 2010

Algunos hábitos periodísticos según Chesterton:

—Atención a lo secundario y no a lo importante. Al presentar «un personaje cuyas opiniones se desvanecían bajo una retahíla de “peros”, “no obstante”, “por más que”…», el narrador subraya que «tenía, por tanto, las mejores «aptitudes para cultivar uno de los mayores artificios del periodismo moderno, o sea, para dejar de lado lo esencial de la cuestión, como si fuese algo que no corre prisa, y dedicarse con esmero a cualquier aspecto secundario». (La Taberna errante)

—Pintar sólo las excepciones. «La gran debilidad del periodismo, como pintura de nuestra existencia moderna, proviene de ser pintura formada enteramente de excepciones. (...) Pero no puede esperarse razonablemente que el periodismo insista sobre los milagros permanentes. (...) No pueden contar los tenedores que no se roban, ni los matrimonios que no se disuelven (...). De ahí que toda su pintura de la vida sea por necesidad, falaz; pueden reflejar únicamente lo desusado. Por democráticos que sean, sólo se ocupan de una minoría». (La esfera y la Cruz)

—Falta de autocrítica. «La maldición de todo el periodismo, especialmente del periodismo amarillo que es la vergüenza de nuestra profesión, es que nos creemos más listos que la gente para la que escribirnos, cuando, en realidad, generalmente somos más estúpidos». («On the Cryptic and the Ellipctic», All Things considered)

—Atención a los efectos y no a las causas. Es «una lástima que conozcamos tan a menudo las cosas del pasado sólo por su parte final», que «recordamos el ayer sólo por sus puestas de sol» («Un drama de muñecas», Alarmas y digresiones). Lo anterior, que se puede aplicar a nuestros recuerdos y conocimientos históricos, se aplica en particular a una mente alimentada de noticias periodísticas: «La maldición del periodismo es que sólo habla de las últimas noticias, es decir, se preocupa del final de la historia sin haber oído hablar siquiera de cuál fue su comienzo. Es decir, no hablamos de gente que no conoce el ABC de un tema sino del problema de la gente que conoce XYZ de un tema sin conocer el ABC. («On Love», All I Survey)

—Miedo a las explicaciones morales. A propósito de la broma de un chaval que pintó una estatua, Chesterton señala que los periódicos calificaron el hecho de «broma sin sentido» y se pregunta qué significa eso, si toda broma es un sinsentido y una protesta contra el sentido: «no es un buen ataque al sinsentido decir que un sinsentido tuvo gran éxito». El comentario real del asunto sería decir, no que no tiene sentido, sino que es malo maltratar o echar a perder estatuas que pertenecen a otros, no que fue un acto idiota o vulgar, sino que fue malo. Y es que si la sociedad no logra tener una ley moral definida, capaz de resistir las contra-atracciones del arte y del humor, simplemente se acabará viniendo abajo por quienes se las arreglen para hacer cosas malvadas de una forma divertida: al asesino que pueda matar de un modo entretenido se le permitirá asesinar, al ladrón que robe de forma humorística se le permitirá robar tanto como quiera. («The Boy», All Things considered)

De todas maneras, la gran maldición del periodismo actual es la tiranía del periodismo que podemos calificar de malo por ser completamente inmoral: «El periodismo no es lo mismo que la literatura; pero hay buen y mal periodismo igual que hay buena y mala literatura y buen y mal fútbol. Pero los últimos veinte años o así, los plutócratas que gobiernan Inglaterra no han permitido más que el mal periodismo. Muy mal periodismo, simplemente considerado como periodismo» («The Tyranny of bad Journalism», The Utopy of Usurers). Y, como sabemos, la situación a la que se refería Chesterton cuando decía que «mientras los dictadores suprimen periódicos los propietarios de periódicos suprimen noticias» («Por qué los protestantes prohíben», El Pozo y los charcos), es hoy mucho peor, cuando la mayoría de los medios subsisten gracias al dinero que reciben de las instituciones y de los negocios cuyos abusos deberían denunciar. Véase, por ejemplo, La Gran Hipocresía y La Gran Hipocresía II.

Notas sobre lo mismo, no chestertonianas, son: Moriremos atormentados, ¿Deben los colegiales leer periódicos?, Dificultades de expresión.

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viernes, 7 de mayo de 2010

Como ya dije
, hoy se presenta Cruces de Caminos. Diremos, más o menos, lo que figura en la introducción, aparte de responder a las preguntas que se nos hagan. Dentro de unos días haré un resumen de lo que se haya tratado en la presentación.

El título alude a la peculiar integración de imágenes y palabras propia de los álbumes, así como a la suma de influencias de todo tipo que se da en ellos. Tiene que ver también con que los álbumes contribuyen «a la superación de un enfoque de la realidad puramente lineal, en principio más característica de los relatos narrados sólo con palabras», y con su condición de instrumentos especialmente aptos para la educación sentimental o emocional así como para la formación lectora y estética.

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jueves, 6 de mayo de 2010

Nueva edición de Industrias y andanzas de Alfanhuí, de Rafael Sánchez Ferlosio, un relato con el que muchos no conectan pero que algunos adoran, en la línea del realismo mágico que preconizaba Bontempelli y que también podríamos llamar fantasía poética.

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miércoles, 5 de mayo de 2010

La tradición de relatos protagonizados por «niños malos» tiene, como principal representante a Tom Sawyer, de Mark Twain, en la literatura norteamericana. Y podemos considerar a su descendiente más famoso, en la literatura inglesa, a Guillermo, de Richmal Crompton. Pero, después de Tom y antes de Guillermo, fue muy popular Penrod, un personaje del varias veces premio Pulitzer Booth Tarkington, cuyas aventuras fueron publicadas parcialmente, y hace tiempo, en España con el título De la piel del diablo. Sus relatos son divertidos hasta la carcajada y tienen un nivel literario muy superior a lo habitual en el género, pero son rechazados hoy por muchos debido a su fuerte incorrección política para los estándares educativos actuales —el humor del autor es muy masculino—, y debido, sobre todo, al racismo subyacente que se trasluce (no tanto como algunos dicen aunque algo hay).

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martes, 4 de mayo de 2010

He visto esta entrevista con Francesca Simon acerca de su personaje Horrid Henry, creado en 1994 y popularizado en España como Pablo Diablo, cuando acababa de terminar dos libros recopilatorios con varias historias del monstruito: Pablo Diablo anda suelto y Enemigos de Pablo Diablo.

Son relatos que forman parte de la larga tradición de historias protagonizadas por «chicos malos» (a la que mañana volveré), pensadas para divertir pero también para señalar que los adultos de alrededor tienen mucho que ver en las hazañas del niño. En general se puede decir que son libros bien hechos, que algunas situaciones y golpes tienen gracia, y, en particular, que los dibujos de Tony Ross encajan como anillo al dedo con estos personajes e incidentes. Los libros que cito vienen con una tipografía colorista y movida (según el estilo que pusieron de moda los libros de Gerónimo Stilton). Tiene mérito la traducción, que ha de trasladar juegos de palabras y de sonidos de un idioma a otro (Horrid Henry = Pablo Diablo; Perfect Peter = Roberto el niño perfecto; Moody Margaret = Marga Caralarga, etc.).

Dicho esto, debo señalar que yo jamás compraría o regalaría estos libros para nadie que aprecie. No es que no le vea el chiste a fabricar brebajes asquerosos para que los acabe bebiendo el rival, o a echar una bomba fétida en el lugar adecuado, o a hacer fotocopias de un trasero..., sino que no tengo interés en dar a los niños unos libros así. Remedando una cita que ya puse aquí tiempo atrás, no es que yo vea cosas distintas en esos libros a las que otros ven, sino que las cosas que yo veo y no me gustan son las mismas que otros ven y sí les gustan. En fin, como señala Ernst Jünger en sus memorias, en el juicio sobre un libro cualquiera, no sólo los de este tipo sino también los que son literatura, el gusto cuenta: «Joyce, por ejemplo, en su Ulises, considera importante anotar todas las circunstancias del uso de un retrete».

Francesca Simon. Enemigos de Pablo Diablo (Horrid Henry's Evil Enemies). Madrid: SM, 2009; 195 pp.; ilust. de Tony ROSS; trad. de Miguel Azaola; ISBN: 978-84-675-3522-8.
Francesca Simon. Pablo Diablo anda Suelto (Horrid Henry Rules The World). Madrid: SM, 2008; 252 pp.; ilust. de Tony ROSS; trad. de Miguel Azaola; ISBN: 978-84-675-3105-3.

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lunes, 3 de mayo de 2010

La Ardilla Miedosa
y La Ardilla Miedosa encuentra un amigo, de Melanie Watt, son álbumes muy divertidos con una protagonista realmente graciosa. En el primero conocemos a Miedosa, una ardilla superprudente: nunca se aleja de su roble y tiene medido todo lo que ha de hacer incluso en caso de que surja un imprevisto. En el segundo sabemos también que no tiene amigos porque prefiere vivir sola a correr el riesgo de tropezar con alguien peligroso que le podría morder.

Relatos que, aunque no tuvieran unas buenas ilustraciones, que las tienen, serían muy eficaces. El narrador despliega bien todas las explicaciones —con gráficos y esquemas y listas— de las previsiones de Miedosa; da ordenadamente todos los motivos y todos los cálculos de la protagonista para obrar tal como ha pensado, y finalmente cómo algo termina cambiando sus planes y ha de reacomodarse a la nueva situación. La secuencia de las ilustraciones es excelente y algunos toques incidentales —como el del ambientador de pino— añaden más buen humor.

Quien lo desee puede verlos también como mini-relatos para combatir agobios y desenmascarar autoengaños, para impulsar los deseos de abrirse a los demás y favorecer la confianza en uno mismo, etcétera.

Melanie Watt. La Ardilla Miedosa (Scaredy Squirrel, 2006) y La Ardilla Miedosa encuentra un amigo (Scaredy Squirrel Makes a Friend, 2007). Madrid: Almadraba, 2010; 40 y 30 pp.; trad. de Alberto Clavería; ISBN: 978-84-9270-245-9.

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domingo, 2 de mayo de 2010

Los milagros
fue un libro que C. S. Lewis reescribió varias veces antes de su publicación. Su nivel de reflexión lógica-filosófica requiere más atención que otros libros suyos. El autor aclara que no pretende «pasar de contrabando una argumentación sobre la “inmortalidad del alma”» e intenta mostrar cómo «el arte divino del milagro no es el arte de suspender el patrón a los que los sucesos se conforman, sino de alimentar este patrón con nuevos acontecimientos». Al final, el autor avisa: «A menos que vivas cerca de la vía, no verás pasar trenes cerca de tu ventana. [...] Milagros y martirios tienden a juntarse en las mismas áreas de la historia; áreas que naturalmente tenemos pocos deseos de frecuentar».

Nota en la que aparece una referencia a este libro: Quizá no es hipocresía ni necedad.

C. S. Lewis. Los milagros (Miracles, 1947). Barcelona: Encuentro, 1996; 276 pp.; col. Libros de bolsillo; trad. de Jorge de la Cueva; ISBN: 84-7490-278-9.

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sábado, 1 de mayo de 2010

Chesterton
era muy consciente de las limitaciones y de las cualidades del trabajo periodístico. Ya indiqué su famosa idea de cómo los periódicos difunden noticias falsas y la verdad siempre tiene que viajar «media hora detrás de la calumnia, y nadie puede estar cierto de cuándo y dónde la alcanzará» (El escándalo del Padre Brown). Sabía bien, y dijo muchas veces, que «los periódicos nunca están al día. Quienes escriben artículos de opinión siempre están retrasados, porque van con prisa. Se ven obligados a apoyarse en sus anticuados puntos de vista y no tienen tiempo de concebir unos nuevos. Todo lo que se hace apresuradamente está condenado a ser anticuado» (George Bernard Shaw).

Sin embargo, también defendió ardientemente la importancia del trabajo inmediato propio del periodista, e incluso sostenía que el estilo rápido está «del lado de la moralidad». En «A Plea for Hasty Journalism» (The Apostle and the Ducks), un sensacional artículo que resumo, dice que lo primero para que el periodismo sea y se vea como un trabajo honesto es confesar que es periodismo y nada más. Es decir, que es un trabajo realizado con prisa y por hombres de inteligencia media, que no puede ser preciso pero sí puede ser honesto, y que si es honesto reconocerá que no puede ser preciso; y que aunque no pueda decir la verdad completa sobre las finanzas canadienses, sí puede y debe decir la verdad completa sobre la mente y las convicciones de quien escribe sobre esa cuestión. Por eso, el periódico debe ser el mejor relato posible de las impresiones diarias que puede hacer un hombre inteligente, de un lado o de otro. Si es otra cosa distinta es, o tiende a ser, un fraude: la leche honrada es leche sin nada más; el vino honrado es vino sin nada más; el periodismo honrado es periodismo que es periodístico y nada más. Un periodista es alguien que, diaria y constantemente, recibe noticias e intenta transmitirlas con fidelidad, y por eso su pecado más grave no es tanto que su artículo relate mal la historia, también porque nadie puede estar completamente seguro de que cuenta bien y de modo completo la historia, sino que su artículo represente mal su propia alma. Por eso, apuntaba Chesterton, sería de agradecer que, al principio o al final de cada artículo, hubiese una nota explicando la situación y condiciones en las que fue escrito.

La cuestión es que la gente sabe bien que el periodismo es un arte tan convencional como cualquier otro, que ha de seleccionar y acentuar, y que su némesis es la misma que la de las demás artes: el de que si pierde interés por la verdad lo pierde todo. «El pintor moderno que pinta demasiado inteligentemente, pinta una vaca que podía ser igualmente el terremoto de San Francisco. Y el periodista que informa de un discurso demasiado inteligentemente, hace que al final no signifique nada en absoluto» («On the Cryptic and the Elliptic», All Things considered).

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