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Notas de junio de 2007 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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sábado, 30 de junio de 2007

Más citas acerca de cómo entendía el cine Robert Bresson:

«Cuando basta un solo violín, no emplear dos».

«Asegúrate de haber agotado todo lo que se comunica por la inmovilidad y el silencio».

«No corras tras la poesía. Ella penetra por sí sola a través de las junturas (elipsis)».

«El silencio es necesario para la música pero no forma parte de ella. La música se sostiene sobre él».

Robert Bresson. Notas sobre el cinematógrafo.

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viernes, 29 de junio de 2007

En la nota novelas que enseñan cómo y qué desear hay un comentario a Emma, de Jane Austen. Esta nota sólo quiere hacer constar el momento el momento en el que la protagonista reconoce sus errores del pasado:

«Con una vanidad espantosa había creído estar en posesión del secreto de los sentimientos de todo el mundo; con una arrogancia imperdonable se había propuesto arreglarles el destino a los demás. Se había demostrado que estaba rotundamente equivocada; y ni siquiera había sido una inútil total, porque sí había hecho daño».

Jane Austen. Emma (1816). Madrid: Cátedra, 1997; 617 pp.; col. Letras universales; edición y trad. de Juani Guerra; ISBN: 84-376-1560-7. Otra edición en Madrid: Alianza, 2013; 576 pp.; col. 13/20; trad. de José Luis López Muñoz; ISBN: 978-8420678405. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 28 de junio de 2007

Las mejores novelas de aventuras juveniles escritas en España, en mi opinión, son las que componen la primera serie de los Episodios Nacionales, de Benito Pérez Galdós. Aunque no lo racionalizara entonces así, algo parecido pensé cuando era un feroz lector de todos los libros de aventuras que caían en mis manos, con catorce años, y retiraba de la biblioteca pública tomo tras tomo en unas vacaciones de verano con largas tardes de lectura. Y, ahora, cuando puedo comparar con más criterio, también me lo parece.

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miércoles, 27 de junio de 2007

Aprovechando que cité un álbum firmado por Thomas Docherty, traigo aquí que también ilustró con acierto, hace poco, una nueva edición de Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez. Es apropiado al caso algo que, en otro contexto, dice Cyril Connolly: «la historia literaria demuestra que la poesía lírica es el medio que, más que cualquier otro, desafía al tiempo».

Cyril Connolly. Obra selecta. Barcelona: Lumen, 2005; 1014 pp.; col. Ensayo; trad. de Miguel Aguilar, Mauricio Bach y Jordi Fibla; ISBN: 84-264-1520-2.

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martes, 26 de junio de 2007

Otro recopilador y autor de cuentos populares, del que, creo, no hay muchas cosas editadas en España es Ludwig Bechstein.

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lunes, 25 de junio de 2007

El sueño de Pipa
,
de Thomas Docherty, es un álbum con todo lo necesario para gustar: una simpática historia, unas buenas ilustraciones bien secuenciadas, una edición y una traducción cuidadas...

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domingo, 24 de junio de 2007

Explica Dámaso Alonso que San Juan de la Cruz era «todo lo contrario de lo que suele ser un pedantito intelectual de nuestros días: cultura toda de infinitos retazos, que impregna el ser y no puede llegar al corazón. No; San Juan de la Cruz leía poco, pero había pensado mucho lo leído; lo había pensado en la soledad con Dios y unido a la raíz de su pueblo. Digámoslo sin miedo: el arte, en sí mismo, no era nada, no significaba nada para él; Dios lo llenaba todo».

Y, más adelante, sigue: «San Juan de la Cruz estaba, pues, a una astronómica distancia de toda idea del “arte por el arte” (hipócrita y seudoaristocrática capa moderna de toda ridícula sublimidad, de toda impotencia y todo vacío interior)».

Dámaso Alonso. Poesía española: ensayo de métodos y límites estilísticos.

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sábado, 23 de junio de 2007

José Jiménez Lozano: «Sobre un camión de basura que circula por el pueblo, esta leyenda: VEHÍCULO DE TRANSFERENCIA DE RESIDUOS SÓLIDOS URBANOS. ¡Qué cosas! La necedad de esta leyenda resulta cómica; pero sólo por un instante porque es la misma gramática que llamaba “medida suprema de defensa social” a la pena de muerte. O “aldea” a un campo de concentración, y “violencia de género” al asesinato de mujeres. Gramática infecta todo ello, encubriendo realidades monstruosas, o simplemente la basura».

José Jiménez Lozano. Advenimientos.

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viernes, 22 de junio de 2007

«Consideré lo ocurrido, vi que (...) mis actos no habían sido sino una sucesión de imprudencias cometidas contra mí misma, una falta de consideración hacia los demás. Vi que mis propios sentimientos habían preparado mis agonías, y que había sido mi falta de entereza ante ellos la que casi me lleva a la tumba. (...) Siempre que recordaba lo sucedido, veía algún deber incumplido, alguna falta cometida. Todos parecían haber sufrido algún daño por mi culpa».

Jane Austen. Juicio y sentimiento (Sense and Sensibility, 1811). Madrid: Rialp, 1993; 367 pp.; trad. y prólogo de Luis Magrinyà; ISBN: 84-321-2987-9.

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jueves, 21 de junio de 2007

Más de Cornell Woolrich. Cuando leí, hace tiempo, 18 relatos cortos recogidos en un volumen de Acervo, La ventana indiscreta entre ellos, tomé unas notas. Aquí están: bien armados, bien contados, optimistas; juega con la sorpresa, tiene un aire a O. Henry algunas veces; sus protagonistas son gente dispuesta a meterse en la boca del lobo sin sentir temor, policías honrados, hijos de policías que colaboran con sus padres; ambientes conseguidos, sentimientos humanos bien pillados muchas veces, sin detalles crudos ni explotación de lo sensual, alusiones a supersticiones banales; finales satisfactorios en los que se esclarece la verdad y se hace justicia...

Cornell Woolrich. Obras escogidas. Barcelona: Acervo, 1973, 5ª ed.; 476 pp.; selección y prólogo de José A. Llorens; versión española de Jacinto León; ISBN: 84-7002-126-5.

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miércoles, 20 de junio de 2007

Cornell Woolrich
(1903-1968) fue un prolífico escritor norteamericano al que se considera uno de los mejores autores de relatos de intriga. Firmó muchos con el seudónimo de William Irish y no pocos de sus argumentos han sido llevadas al cine.

Cuatro relatos en los que demuestra sus dotes de narrador y de creador de climas de suspense, y que están incluidos en dos libros juveniles de la misma colección, son El ojo de cristal, Charlie saldrá esta noche, Aprendiz de detective y Un robo muy costoso. No sé por qué dos se publican con su nombre y los otras dos con su seudónimo y los libros no dicen nada de que es el mismo autor. También pienso que sería mejor haber juntado en un sólo libro El ojo de cristal y Aprendiz de detective, pues ambas historias están protagonizadas y narradas por un chico de unos doce años con un padre inspector de policía, y en las dos es el chico quien casi resuelve solo el caso. Me parecen inferiores Charlie saldrá esta noche, sobre un policía que sospecha que su hijo sea el asaltante de estancos que una y otra vez se le escabulle, y Un robo muy costoso, sobre una mujer que deja un testamento extraño y unos patéticos ladrones hacen un plan para robar su tumba.

Los dos libros cuentan con ilustraciones muy apropiadas y la colección en la que se publican tiene un buen diseño de conjunto, incluidas actividades escolares al final, cosa que comprendo aunque no me guste. Sin embargo, las continuas aclaraciones de vocabulario en forma de notas al pie me parece que resultan no sólo incómodas sino incluso insultantes (ej.: brebaje = bebida desagradable; tenue = débil...).

Cornell Woolrich. El ojo de cristal y Charlie saldrá esta noche. Barcelona: Vicens Vives, 2005, 6ª reimpr.; pp.; col. Cucaña; ilust. de Tha; trad. de Jordi Arbonès; ISBN: 84-316-5358-2.
William Irish. Aprendiz de detective y Un robo muy costoso. Barcelona: Vicens Vives, 2006, 9ª reimpr.; pp.; col. Cucaña; ilust. de Rubén Pellejero; trad. de Gabriel Casas; ISBN: 84-316-4753-1.

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martes, 19 de junio de 2007

Hace poco falleció Pierre Probst, un ilustrador francés que publicó álbumes populares pero al que yo recuerdo por las dinámicas ilustraciones en blanco y negro que puso a un libro de aventuras excelente, y agotado, titulado El príncipe de la jungla, de René Guillot.

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lunes, 18 de junio de 2007

León de biblioteca,
de Kevin Hawkes y Michelle Knudsen, es un álbum que será popular. Se ambienta en una biblioteca pública (en el país de las bibliotecas, los Estados Unidos), y cuenta que una vez entró un león y, aunque algunos se alarmaron, no así la directora, a quien no le molestaba en absoluto que deambulara y asistiera, como uno más, a la sesión de cuentacuentos. La historia es optimista y positiva, y las ilustraciones con acrílicos y lápiz transmiten también sentimientos de bondad y ternura... Y, aunque el argumento sea blandito, me alegrará que la historia cumpla su objetivo de crear aficionados a las bibliotecas.

Kevin Hawkes. León de biblioteca (Library Lion, 2006). Texto de Michelle Knudsen. Barcelona: Ekaré, 2007; 48 pp.; trad. de Carmen Diana Dearden; ISBN: 978-84-934863-1-0.

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domingo, 17 de junio de 2007

Algunas frases de Jean Guitton en Mi testamento filosófico.

«Si Dios fuese fácil, estaría al alcance de la mano. No sería trascendente y no sería Dios. Pero si Dios es Dios, hay una desproporción entre él y nosotros. No es de extrañar que, para verlo, tengamos que ponernos de puntillas sobre la punta del espíritu».

«Me gustaría poder deducir la existencia de Dios a partir de mí. Compruebo que es imposible. En este sentido, me duele. Pero si creyese así, no creería en Él, y el Dios al que me adheriría no sería Dios. Así, pues, no poder creer de esa manera me ayuda a creer».

«Mis razones para creer son mis razones para no creer en las razones para no creer».

«Mis certezas tienen sus raíces en mi duda. Mi duda es una conciencia de mi debilidad y de mi miseria».

Jean Guitton. Mi testamento filosófico (Mon testament philosophique, 1997). Madrid: Encuentro, 1998; 207 pp.; col ensayos; trad. de Beatriz Gerez Kraemer; ISBN: 84-7490-502-8.

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sábado, 16 de junio de 2007

Dos citas del director de cine Robert Bresson, que distinguía entre cinematógrafo, el cine como arte, y cine, el habitual:

«Lo verdadero del cinematógrafo no puede ser lo verdadero del teatro, ni lo verdadero de la novela, ni lo verdadero de la pintura. (Lo que el cinematógrafo atrapa con sus medios propios no puede ser lo que el teatro, la novela y la pintura atrapan con los suyos)».

«Nada más inelegante y más ineficaz que un arte concebido bajo la forma de otro».

Robert Bresson. Notas sobre el cinematógrafo (Notes sur le cinématographe, 1975). Madrid: Árdora, 2002; 131 pp.; edición y traducción de Daniel Aragó Strasser; ISBN: 84-88020-07-4.

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viernes, 15 de junio de 2007

«“¡Cuán ruinmente me he comportado!” exclamó. “¡Yo, que siempre he presumido de mi discernimiento! ¡Que me he valorado por mi inteligencia! Que con frecuencia he desdeñado el generoso candor de mi hermana para satisfacer mi vanidad con una desconfianza tan inútil como condenable. ¡Qué humillante es este descubrimiento! Y, sin embargo, ¡qué humillación tan merecida! Ni siquiera el amor podría haberme hecho actuar con una ceguera más lamentable. Pero la causa de mi locura ha sido la vanidad, no el amor. Halagada por la preferencia de uno y ofendida por la indiferencia de otro al comienzo mismo de nuestra relación, he cortejado el prejuicio y la ignorancia y he puesto en fuga a la razón en todo lo relacionado con cualquiera de los dos. Hasta este momento nunca me había conocido».

Jane Austen. Orgullo y prejuicio (Pride and Prejudice, 1813). Madrid: Alianza, 1996; 424 pp.; col. Alianza Tres; trad. de José Luis López Muñoz; ISBN: 84-206-3290-2.

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jueves, 14 de junio de 2007

Krazy Kat
,
el personaje de cómic creado por George Herriman, tiene grandes y escasos admiradores, y a lo largo de la historia son muchos los famosos que la han aplaudido (y a veces no se puede distinguir en qué casos el elogio es sincero y en cuáles es un autoelogio a un gusto tan exclusivo). Para los entusiastas será un regalo la edición de dos años de sus páginas dominicales. Para otros, puede ser una oportunidad de ver si conectan con el particular humor surrealista del autor. Confieso que a mí me hace gracia pero no me cautiva.

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miércoles, 13 de junio de 2007

Cuenta también Astrid Lindgren que «“¡Domínate y sigue!” eran las palabras de nuestra madre cuando uno se ponía a pensar en las musarañas mientras enjuagaba algo en el fregadero o en una tina, porque desde luego [cuando éramos niños] también nos hacían ayudar en la casa. Una frase así no se olvida: “¡Domínate y sigue!” No sé cuántas veces me la repetí yo, cuando deseaba rehuir un trabajo desagradable que, sin embargo, tenía que hacerse».

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martes, 12 de junio de 2007

Dice Astrid Lindgren en sus memorias de que, cuando era niña, leyó multitud de relatos y, de su experiencia, concluye que el campo de lectura del niño ha de ser muy amplio pues, afirma, «no creo que los niños deban ser considerados críticos literarios». Y habla a los padres de que han de inculcar pronto el camino del libro a los hijos: «Ahora mismo, cuando vuestro hijo tiene seis, u ocho, o diez, o doce años. Luego sería demasiado tarde. Demasiado tarde para Blancanieves y para el Doctor Dolittle, demasiado tarde para unas Aventuras de Tom Sawyer y un Robinson Crusoe; demasiado tarde para tanta ilusión y tantas emociones. Sencillamente, demasiado tarde para encontrar el camino de la más extraordinaria de todas las aventuras».

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lunes, 11 de junio de 2007

Un buen libro de arte para niños: Mirar la pintura a través de los siglos, de Caroline Desnoëttes, que me ha gustado, entre otras cosas, por su sencillez. Se muestran 18 cuadros clásicos, completos y con algunos recortes de detalles, y se dan explicaciones sobre cada uno. Están bien escogidos, porque cada uno representa bien una época y porque no son los más conocidos, con la excepción de la Mona Lisa. Al final se añaden más explicaciones históricas.

Caroline Desnoëttes. Mirar la pintura a través de los siglos (Regarde la peinture à travers les siècles, 2006). Pontevedra: Factoría K de libros, 2006; 60 pp.; trad. de Pedro A. Almeida; ISBN: 84-934641-8-X.

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domingo, 10 de junio de 2007

Entre los distintos interlocutores con los que Jean Guitton charla en Mi testamento filosófico, ¡vaya libro!, uno es el diablo, que le dice:

«—Dudar forma parte del método racional para llegar a la verdad y la duda hace tabla rasa. Así nace la libertad de espíritu. Y esta libertad, Guitton, excluye su fe.
—Hay que dudar, pero dudar bien. ¿Está usted seguro de dudar bien? Cree usted dudar de todo, pero no duda usted de su duda misma. La duda realmente universal incluiría una duda misma sobre la duda. El espíritu realmente crítico incluiría una crítica de la crítica. Vea usted, querido amigo-enemigo, así es como soy crítico o intento serlo. Ésta me parece racionalmente superior. Y esa duda no hace tabla rasa y presenta una libertad más sustancial, que no está reñida con mi fe.
—Renuncia usted a la razón.
—No mucho más de lo que se renuncia a la República cuando se guarda la guillotina».

Jean Guitton. Mi testamento filosófico (Mon testament philosophique, 1997). Madrid: Encuentro, 1998; 207 pp.; col ensayos; trad. de Beatriz Gerez Kraemer; ISBN: 84-7490-502-8.

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sábado, 9 de junio de 2007

En Lo que hacen los mejores profesores universitarios, de Ken Bain, se recogen las conclusiones de una investigación realizada en los Estados Unidos. Quizá sea un poco repetitivo y algo enfático pero está muy bien. Como suele suceder en estos casos, se subrayan mucho algunas obviedades que luego resulta que no lo son tanto: esos profesores conocen su materia extraordinariamente bien, dedican tanta atención a su investigación como a su docencia, confían en sus alumnos y los tratan con amabilidad y exigencia, evalúan sus logros y rectifican si es necesario...

Ken Bain. Lo que hacen los mejores profesores universitarios (What the Best College Teachers Do, 2004). Valencia: Universitat de Valencia, 2007, 2ª ed.; 229 pp.; trad. de Oscar Barberá; ISBN: 84-370-6667-7.

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viernes, 8 de junio de 2007

Chesterton
,
en el prólogo que pone a una serie de textos juveniles de Jane Austen titulados Amor y amistad, interesantes por lo que dicen de su precocidad y de su talento, dice lo siguiente:

«Jane Austen no se inflamó, no se inspiró para ser un genio, ni siquiera lo persiguió; simplemente era un genio. (...) Con su propio talento artístico ella hizo interesante lo que miles de personas aparentemente iguales hubieran hecho aburrido. (...) El talento de Jane Austen es absoluto, no puede analizarse en términos de influencias. Ha sido comparada con Shakespeare, y en este sentido nos hace recordar la broma sobre el hombre que dijo que podría escribir como Shakespeare si tuviera su inteligencia. En este caso nos parece ver a miles de solteronas, sentadas ante miles de mesas de té: todas ellas podrían haber escrito Emma si hubieran tenido su inteligencia».

Jane Austen. Amor y amistad (Love and Friendship). Barcelona: Alba, 2006, 3ª ed.; 285 pp.; col. Alba Clásica; prólogo de G. K. Chesterton; trad. de Menchu Gutiérrez; ISBN: 84-89846-09-X. Nueva edición en Alba, 2017; 296 pp; col. Alba minus; ISBN: 978-8490652695. [Vista de esta edición en amazon.es]

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jueves, 7 de junio de 2007

En su momento hablé de las excelentes adaptaciones de la Iliada y la Odisea firmadas por Rosemary Sutcliff. Con el mismo respeto y categoría literaria ha realizado Penelope Lively la suya de la Eneida, una versión en prosa que presenta cronológicamente todas las andanzas de Eneas y sus compañeros: marcha de Troya, estancia en Cartago, descenso a los infiernos, asentamiento en Italia. El relato conserva su sabor propio y, en mi opinión, puede acercar a muchos a la obra de Virgilio. Además, la edición sirve para contrastar el talento particular de Victor Ambrus para las ilustraciones de época y, en particular, las de caballos.

Penelope Lively. En busca de una patria. La historia de la Eneida (In Search of a Homeland: The Story of the Aeneid, 2001). Barcelona: Vicens Vives, 2006; 189 pp.; col. Clásicos adaptados; ilust. de Victor G. Ambrus; introd. de Stefano Baldini; notas y actividades de Manuel Otero; trad. de Susana Camps; ISBN: 9788431681319.

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miércoles, 6 de junio de 2007

Dos excelentes relatos que fueron muy mal editados y que, tal vez por eso, tuvieron mala fortuna en nuestro país: El fantasma de Thomas Kempe y La casa de Norham Gardens, de la inglesa Penelope Lively.

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Snap the whip (1872). Winslow Homer.
martes, 5 de junio de 2007

Winslow Homer
fue un gran acuarelista norteamericano con un talento particular para captar escenas de vida al aire libre llenas de movimiento y dinamismo. No fue un ilustrador de libros infantiles pero su influencia en ilustradores posteriores será grande, y la identificación de su obra con el mundo de niños y jóvenes que refleja la literatura popular norteamericana merece ser tenida en cuenta. Como explica Robert Hughes, una «idealización de la infancia recorrió América en la década de 1870, en gran medida como reacción contra la guerra. La pintura norteamericana se inundó de pequeños rubicundos comiendo arándanos, y de sus hermanos mayores, vestidos con harapos extrayendo savia de arce o desollando mapaches. Los niños de Homer, aunque sensibleros en ocasiones, son mejores; están emparentados con los que aparecen en libros como Mujercitas, de Louise May Alcott, y Tom Sawyer, de Mark Twain. Son la América potencial, la cepa de la que brotará una vida renovada en la posguerra: joven, fuerte, de ingenio rápido y sin ostentación. Reflexionan, son serios, encarnan el sentido más profundo de la infancia».

Robert Hughes. Visiones de América: la historia épica del arte norteamericano.

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lunes, 4 de junio de 2007

Hay ilustraciones de Victor Ambrus en algunos libros editados en España, pero no se han publicado aquí ninguno de los álbumes por los que recibió el Premio Kate Greenaway. De ellos, cuando hace algunos años los pude ver con calma, me gustó mucho Horses in Battle, un magnífico álbum histórico-informativo.

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Beleg Arcofirme con Anglachel.
Ilust. de Alan Lee.
domingo, 3 de junio de 2007

Hay una escena en Los hijos de Húrin en la que se cuenta que, cuando el rey Thingol entrega la espada Anglachel a Beleg Arcofirme, la reina elfa Melian le dice: «Hay maldad en esta espada. El corazón del herrero sigue morando en ella, y era un corazón oscuro. No amará la mano a la que sirva, y tampoco estará contigo mucho tiempo».

Esa gran idea de que los objetos están impregnados del espíritu con el que han sido hechos se menciona también en el capítulo «Adiós a Lórien» de El Señor de los anillos, cuando los elfos de Lórien entregan a los expedicionarios unas capuchas y unas capas, «de esa tela sedosa, liviana y abrigada que tejían los Galadrim. Era difícil saber de qué color era: parecían grises, con los tonos del crepúsculo bajo los árboles; pero si se los movía, o se las ponía en otra luz, eran verdes como las hojas a la sombra, o pardas como los campos en barbecho al anochecer, o de plata oscura como el agua a la luz de las estrellas. Las capas se cerraban al cuello con un broche que parecía una hoja verde de nervaduras de plata.

—¿Son mantos mágicos? —preguntó Pippin mirándolos con asombro.

—No sé a qué te refieres —dijo el jefe de los Elfos—. Son vestiduras hermosas, y la tela es buena, pues ha sido tejida en este país. Son por cierto ropas élficas, si eso querías decir. Hoja y rama, agua y piedra: tienen el color y la belleza de todas esas cosas que amamos a la luz del crepúsculo en Lórien, pues en todo lo que hacemos ponemos el pensamiento de todo lo que amamos».

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sábado, 2 de junio de 2007

Sea cuales sean las intervenciones de Christopher Tolkien en los textos originales, además de algunas conexiones entre sus tramos, lo cierto es que la novela tiene la potencia y la magia narrativa propias de Tolkien pues, en primer lugar, tiene la consistencia que da tener unas fuertes raíces. Luego, Túrin es un protagonista de los que llena todo el escenario, y cuyas acciones valerosas y altaneras a la vez, van configurando su futuro de modo fatal. Le rodean una gran variedad de personajes y seres inolvidables, como el elfo Beleg Arcofirme —«el más fiel de los amigos»—, o el sarcástico Enano Mezquino Mîm —«tú eres uno de esos tontos a los que la primavera no echaría en falta si murieras en invierno», espetará a uno de los hombres de Túrin—, o el dragón hechicero Glaurung —que borrará la memoria de Níniel para que Túrin y ella no se reconozcan como hermanos cuando se encuentren—, entre otros. Son muchos y ricos los matices en las conversaciones y en los comentarios al paso que formula un sabio narrador, que cuenta los hechos con voz solemne y acentos de crónica, que hace descripciones precisas, sobrias y poéticas al mismo tiempo, sin énfasis ni adjetivos superfluos.

En cuanto a los contenidos conviene advertir que se trata de un relato profundamente trágico y violento con resonancias míticas y en el que no hay cabida para el humor. Sin duda, todo se redimensiona para quien conozca la obra de Tolkien, pero Túrin tiene un corazón cegado por el orgullo y por la mentira, no hace caso en ocasiones a los mejores consejos que recibe —«teme a la vez el calor y la frialdad de tu corazón, e intenta ser paciente, si puedes», le advierte al principio la reina Melian—, y las consecuencias y el final de sus acciones se presentan sin anestesia.

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viernes, 1 de junio de 2007

Como muchos saben, la historia que se cuenta en Los hijos de Húrin, de Tolkien, había sido ya publicada en versiones más breves. La versión que aparece ahora es una reconstrucción preparada por su hijo Christopher a partir de los borradores más extensos y de los pasajes esbozados que había dejado su padre. En los apéndices se cuenta todo el proceso y se resalta que, según la mente de Tolkien, ésta era una de las tres grandes historias de los Días Antiguos; no se dice nada, y a mí me queda la duda, de si fue la dureza del relato el motivo por el que Tolkien no se propuso seriamente terminarlo, a pesar de tenerlo casi acabado, hasta poder presentarlo en el contexto de un Sillmarillion más completo. La edición es magnífica, también por las poderosas y sugerentes ilustraciones de Alan Lee, pero, en mi opinión, mejor sería que no hubiera explicaciones previas y dejar a la historia sostenerse por sí sola, que lo hace muy bien.

Lo que se cuenta tiener lugar en la Primera Edad, mucho antes de lo que se cuenta en El hobbit y El Señor de los anillos, un mundo sin hobbits en el que conviven elfos y hombres que luchan contra los orcos de Morgoth. En la terrible Batalla de las Lágrimas Innumerables, después de derrotar a los ejércitos de los hombres y de los elfos, Morgoth captura como prisionero a Húrin, uno de los jefes de los hombres, y lo deja con vida para que pueda comprobar cómo se cumplirá la maldición que pronuncia sobre su descendencia: «A todos los que tú ames, mi pensamiento los cubrirá como una nube fatídica, y los envolverá en oscuridad y desesperanza. Dondequiera que vayan, el mal les saldrá al encuentro. Cada vez que hablen, sus palabras provocarán malentendidos. Todo lo que hagan se volverá contra ellos. Morirán sin esperanza, maldiciendo a la vez la vida y la muerte». A partir de aquí, el protagonismo lo tendrá Túrin, el hijo de Húrin, un niño de doce años al que su madre mandará con los elfos de Doriath, donde crece protegido y se convierte en un temible guerrero. Más adelante aparecerá en escena su hermana pequeña Níniel, nacida después de la partida de Túrin. El carácter orgulloso y las acciones coléricas de Túrin, unidos a las mentiras que distintos enviados de Morgoth tejerán a su alrededor, señalarán su destino.

John R. R. Tolkien. Los hijos de Húrin (The Tale of the Children of Húrin). Barcelona: Minotauro, 2007; 282 pp.; ilust. de Alan Lee; trad. de Estela Gutiérrez, revisión de Carme López; ISBN: 84-450-7634-7.

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