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Notas de junio de 2008 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
Archivo por temas:
lunes, 30 de junio de 2008

Cuando comencé a poner Notas en esta página web me propuse dejar que la vida misma impusiera las secciones temáticas en las que agruparlas. Pero, en lo que se refiere a los álbumes, he pensado que tal vez convenga explicar algo los distintos grupos en los que voy colocándolas. Por eso, en lunes sucesivos iré señalando posibles modos de agrupar y clasificar los álbumes: según la historia, según edades, según cuestiones formales, según contenidos, según estructuras, según estilos artísticos, y según otras posibilidades.

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domingo, 29 de junio de 2008

Joseph Ratzinger: «Es posible que el hombre más simple, que tiene sentido para las cosas elevadas y, por tanto, sensibilidad para los otros, para lo justo, lo bello y lo verdadero, sea infinitamente más cultivado que el más consumado tecnócrata con sus computadoras». De ahí que San Agustín, sorprendido y emocionado, dijera que su madre, una mujer sin formación, «se hallaba en la cúspide de la filosofía». Por eso, una visión verdaderamente cristiana «nunca identifica la cultura de un pueblo con el número de sus universitarios, nunca equipara la formación a los títulos; nunca hace de la ilustración el objetivo único de la formación, sino que busca siempre también los factores concomitantes, sin los que el aumento del saber lleva aparejada la destrucción de la cultura».

Joseph Ratzinger. Teoría de los principios teológicos. Materiales para una teología fundamental (Theologische Prinzipienlehre, 1982). Barcelona: Herder, 2005; 1ª ed., 2ª reimpr.; 476 pp.; col. Biblioteca Herder; trad. de Marciano Villanueva; ISBN: 84-254-1511-X.

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sábado, 28 de junio de 2008

Flannery O'Connor: «Arte es una palabra que asusta enseguida a la gente, porque les parece que tiene demasiada enjundia. Pero para mí no significa otra cosa que escribir algo que tenga valor y que funcione por sí mismo. La base del arte es la verdad, tanto en la forma como en el contenido. La persona que aspira al arte en su trabajo aspira a la verdad, en sentido imaginario, ni más ni menos. Santo Tomás decía que el artista se ocupa del bien de la obra. (...)

Este tipo de enfoque elimina muchas cosas de la discusión. Elimina cualquier preocupación por la motivación del escritor, salvo cuando ésta encuentra un lugar en la obra. Elimina cualquier preocupación por el lector como potencial comprador de libros. También elimina esa polémica tediosa y siempre encendida entre quienes afirman que escriben para expresarse, y quienes afirman que escriben para llenarse la cartera, si es posible».

Flannery O’Connor. Misterio y Maneras (Mystery and Manners, 1969). Madrid: Encuentro, 2007; 236 pp.; col. Literatura; edición de Guadalupe Arbona, trad. y notas de Esther Navío; ISBN: 978-84-7490-894-7.

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viernes, 27 de junio de 2008

No había leído antes un comentario como este:

«¿Cuál es la esencia de la obra de Dickens? ¿Por qué es tan grande este novelista que a primera vista es un simple narrador de melodramas? El secreto está en que en su obra ni los malos son tan malos. Más bien hacen de malos, así se lo marca el guión.

Dickens es el Orígenes del mundo moderno. En su obra reconocemos fácilmente a un adepto de la apocatástasis origenista. El lector entiende que en Dickens todos se redimen al final porque todos se van a arrepentir previamente. Todo acabará bien. Lo malo y los malos sólo han sido apariencias pasajeras.
La apocatástasis —el secreto de la obra de Dickens y de su inmenso y sorprendente éxito— no es ortodoxa. La Iglesia la condenó hace mucho. Por su culpa Orígenes no se ha sumado a las filas de los santos. Pero sigue siendo una dulce ilusión de nuestra alma».

Nicolae Steinhardt. El diario de la felicidad (Jurnalul Fericirii, 1991). Salamanca, Sígueme, 2007; 634 pp.; trad. de Viorica Patea, Fernando Sánchez Miret y George Ardeleanu; ISBN: 978-84-301-1658-4.

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jueves, 26 de junio de 2008

En Insensatez humana decía que no había una edición actual de Cántico por Leibowitz pero no es cierto, según me han hecho notar: recientemente se ha publicado una en Barcelona: Ediciones B; colección Byblos, ISBN: 978-84-666-0858-9.

De paso advierto que he visto también nuevas ediciones de Historia de una manzana roja, (La historia de la manzana roja en la nueva edición) un álbum de Jan Lööf, y otra de El veranillo de San Martín (Verano tardío en la nueva edición) de Adalbert Stifter.

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miércoles, 25 de junio de 2008

Y, siguiendo con libros ingleses ya clásicos, esta vez sobre perros, vale la pena conocer Lassie vuelve a casa, de Eric Knight, que muchos recordarán por la película y por la serie televisiva posteriores.

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martes, 24 de junio de 2008

Un libro históricamente importante, y que hoy se deja leer bien, es la autobiografía de un caballo titulada Belleza Negra, de Anna Sewell.

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lunes, 23 de junio de 2008

Si he arrancado miniseries de libros sobre caballos y sobre perros, este comentario tiene la intención de rematar —de momento—, una sobre cocodrilos... (también para que quede constancia de que no me caen mal los cocodrilos dibujados). Por eso, después de Guyi Guyi, Lágrimas de cocodrilo, ¿Qué hace un cocodrilo por la noche? (cuyo personaje principal protagoniza también el reciente Coco y la luna, que tiene un argumento sin tanto encanto), Yo, Cocodrilo, ¡Qué mas quisieras!, El cocodrilo enorme (de Roald Dahl), le toca el turno a El cocodrilo pintor, de Max Velthuijs, un álbum con cuyo argumento podría ponerse en paralelo el de Pablo el Artista.

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domingo, 22 de junio de 2008

Cuando hace unos años le preguntaron a Win Wenders cuál era su moral como cineasta, respondió que podría describirse o identificarse con la palabra Einstellung, un término alemán que se puede traducir tanto por plano cinematográfico como por actitud: «es decir, tanto lo que se incluye en el encuadre, en el plano, como la actitud que adopta quien lo ha organizado todo y espera que aparezca algo; yo diría que la moral, el acto moral que se da en cada plano a través de la actitud de la persona que asume la responsabilidad, se basa en el respeto. Respeto por lo que pasa delante de esta cámara y dentro de este plano, y por lo que se conserva para la pantalla, sin traicionar en lo posible a la verdad y de acuerdo con la persona o la cosa que vaya a aparecer. Creo que esta conservación sólo puede describirse como un acto de respeto. En la medida de lo posible, intentas respetar lo que tienes delante y mantener el nivel de verdad de lo que trasladas a la pantalla».

Wim Wenders. El acto de ver: textos y conversaciones (The Act of Seeing. Texte und Gespräche, 1992). Barcelona: Paidós, 2005; 267 pp.; col. La memoria del cine; trad. de Héctor Piquer; ISBN: 84-493-1718-5.

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sábado, 21 de junio de 2008

Northrop Frye: Un crítico «debe suponer, como axioma heurístico esencial, que la obra tal como está producida constituye el registro definitivo de la intención del autor. Tocante a las muchas fallas que un crítico inexperto pueda detectar, basta con la respuesta: “pero corresponde que sea así”. Cualesquiera otras declaraciones de intención, por muy documentadas que estén, despiertan sospecha. El poeta puede cambiar de idea o de humor; puede haber intentado una cosa y hecho otra, y luego haber racionalizado lo que hizo. (Un dibujo en un New Yorker de hace algunos años aludió galanamente a este último problema: mostraba a un escultor en el acto de examinar la estatua que acababa de hacer, mientras le dice a un amigo: “Sí, la cabeza salió demasiado grande. Cuando la exponga le pondré el título de “Mujer con cabeza grande”)».

Northrop Frye. Anatomía de la crítica (Anatomy of Criticism, Four Essays, 1977). Caracas: Monte Avila Editores, 1991, 2ª ed.; 497 pp.; trad. de Edison Simons; ISBN: 980-01-0504-2.

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viernes, 20 de junio de 2008

Y, continuando con lo de ayer, vale la pena recordar la obra de Viktor Frankl titulada El hombre en busca de sentido, que se puede contraponer a la de Levi porque refleja la misma dureza pero tiene un enfoque del que obtiene unas consecuencias diferentes. El autor cuenta su estancia en Auschwitz con una intención particular: «describir, desde mi experiencia y mi perspectiva de psiquiatra, cómo el prisionero vivía en el campo y cómo esa vida influía en su psicología». Así, Frankl se plantea que «la principal preocupación de los prisioneros se resumía en esta pregunta: ¿Sobreviviremos al campo de concentración? De no ser así, aquellos atroces y continuos sufrimientos, ¿para qué valdrían?» Sin embargo, dice, él se hacía «otra pregunta: ¿tienen algún sentido estos sufrimientos, estas muertes? Si carecieran de sentido, entonces tampoco lo tendría el sobrevivir al internamiento». En el mismo libro el autor completa su narración y sus reflexiones con una explicación breve de la logoterapia, llamada la «Tercera escuela vienesa de Psicoterapia», un método curativo que no es introspectivo ni retrospectivo como el psicoanálisis, sino que mira hacia el futuro y «se centra en el sentido de la existencia humana y en la búsqueda de ese sentido por parte del hombre».

Viktor Frankl. El hombre en busca de sentido (Der Mensch vor dem Frage nach dem sinn, 1945). Barcelona: Herder, 2013, 11ª ed. de la edición de 2004, revisada; 160 pp.; col. Psicología; trad. de Christine Kopplhuber y Gabriel Insausti; edición y prólogo de José Benigno Freire; ISBN: 978-84-254-2331-4. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 19 de junio de 2008

Como mencioné hace unos días indirectamente a Primo Levi, recupero un comentario que preparé hace tiempo acerca de Si esto es un hombre.

En ese relato testimonial Primo Levi justifica dejar por escrito el testimonio del horror de su vida en el campo de concentración porque, dice, «si comprender es imposible, conocer es necesario, porque lo sucedido puede volver a suceder, las conciencias pueden ser seducidas y obnubiladas de nuevo: las nuestras también». Y porque narrar lo ocurrido es la mejor forma de combatir una ideología, el nazismo, que «es producto de un concepto del mundo llevado hasta sus últimas consecuencias con una coherencia rigurosa», y Levi sabe que «mientras el concepto susbsiste las consecuencias nos amenazan».

Se puede destacar que, por encima del tono desesperanzado, brillan las luces de la amistad, como la de Alberto, en quien Levi afirma que «siempre vi, y todavía veo en él, la rara figura del hombre fuerte y apacible contra quien se rompen las armas de la noche». O la de Lorenzo «a quien debo el estar hoy vivo; y no tanto por su ayuda material como por haberme recordado constantemente con su presencia, con su manera tan llana y fácil de ser bueno, que todavía había un mundo justo fuera del nuestro, algo y alguien todavía puro y entero, no corrompido ni salvaje, ajeno al odio y al miedo; algo difícilmente definible, una remota posibilidad de bondad, debido a la cual merecía la pena salvarse». (...) «Gracias a Lorenzo no me olvidé yo mismo de que era un hombre».

Primo Levi. Si esto es un hombre (Se questo è un homo, 1958). Barcelona: El Aleph, 2002; 352 pp.; col. Ediciones de bolsillo; trad. de Pilar Gómez Bedate; ISBN: 84-7669-525-X.

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miércoles, 18 de junio de 2008

Un buen relato español de hace años sobre un chico entusiasmado con un caballo extraordinario: Dardo, el caballo del bosque, de Rafael Morales.

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martes, 17 de junio de 2008

Del mismo modo que podríamos comparar Emigrantes o Desencuentros con novelas de texto extensas, hay álbumes como El hilo de la vida que son equiparables con relatos cortos. A este tipo de álbumes, que pretenden mostrar emociones adultas, pertenecen dos que firma Jutta Bauer.

Uno es Selma, una ovejita que intenta responder, a su modo, en qué consiste la felicidad. En este mini-relato, publicado hace tiempo por Zambón Iberoamericana y recuperado ahora, lo importante es la idea y la realización gráfica se pone a su servicio: imágenes a la derecha y texto en la página en blanco de la izquierda; imágenes recuadradas para la vida ordinaria y sin marco para cuando la ovejita sueña.

Otro es Sencillamente tú, con texto de Heinz Janisch, donde se muestran de modo a la vez poético y gracioso los altibajos que puede pasar una relación entre un gato y una gata... Los dibujos, tan expresivos y sintéticos como acostumbra la ilustradora, comunican las distintas emociones o sentimientos que menciona el texto.

Parecen «poca cosa» y, si atendemos a su tamaño, efectivamente cabría llamarlos «obritas menores», pero ambos están pensados y realizados con un talento que pasa como inadvertido y que también se advierte por comparación con tantos productos inflados.

Jutta Bauer. Selma (1997). Madrid: Los Cuatro Azules, 2008; 48 pp.; trad. de Moka Seco Reeg; ISBN 13: 978-84-936292-2-9
Jutta Bauer. Sencillamente tú (Einfach du, 2006). Texto de Heinz Janisch. Salamanca: Lóguez, 2007; 32 pp.; col. Rosa y manzana; trad. de Eduardo Martínez García; ISBN 13: 978-84-96646-15-5 .

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lunes, 16 de junio de 2008

Comienzo con esta nota otra miniserie, ahora sobre relatos protagonizados por perros —aunque hay en la página ya muchos relatos sobre ellos— con otro álbum antiguo: Harry el perrito sucio, de Gene ZionMargaret Bloy Graham. Es un modelo de cómo contar una historia simpática con la que puede identificarse un lector niño y cuyo éxito está también en su gran utilidad educativa...

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domingo, 15 de junio de 2008

Gerhard von Rad: «“El necio se irrita contra Dios” (Proverbios 19, 3). [En el mismo Antiguo Testamento] posteriormente esta misma idea se formula con mayor profundidad teológica: “Piensa el necio: ‘No hay Dios’” (Salmos 14, 1). El ateísmo práctico se ve como una necedad. Esta valoración moral, e incluso teológica, de un conocimiento imperfecto, más aún, de un conocimiento rechazado, refleja una de las concepciones antropológicas más interesantes de todo el Antiguo Testamento».

Gerhard von Rad. Sabiduría en Israel (Weisheit in Israel, 1982). Madrid: Cristiandad, 1985; 408 pp.; trad. de D. Mínguez Fernández; ISBN: 84-7057-377-2.

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sábado, 14 de junio de 2008

Hans Robert Jauss: «”Media are not mediations”: los nuevos "mass-media" del arte contemporáneo no sólo han conmocionado la vieja cultura del leer, propia de la era burguesa, sino que, además, amenazan con la primacía del signo sobre la palabra, con la efectividad del "shock" y con la invasión mediante estímulos que hay que recoger y que —con esa violencia manipuladora que tienen las informaciones que sólo se acumulan y que difícilmente pueden integrarse en el recuerdo personal— eliminan tanto el placer intelectivo de la lectura como la formación de la experiencia estética en el sentido tradicional».

Hans Robert Jauss. Experiencia estética y hermenéutica literaria: ensayos en el campo de la experiencia estética (Ästhetische Erfahrung und literarische Hermenutik, 1977). Madrid: Taurus, 1986; 436 pp.; col. Persiles, Teoría y crítica literaria; trad. de Jaime Siles y Ela María Fernández-Palacios; ISBN: 84-306-2167-9.

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viernes, 13 de junio de 2008

Me gusta mucho este comentario:

«Los protestantes que se ríen de san Antonio de Padua me parecen muy incomprensivos. En san Antonio de Padua ven al patrón de las llaves y perros perdidos. Es de buen gusto encoger los hombros y sonreír cuando oyes hablar de un santo que se ha especializado en estas minucias y recluta a su clientela entre viejas sordas, desmemoriados, maniáticos y diabéticos... Incluso muchos de los fieles de la iglesia lo evitan, prefiriendo la sociedad selecta de un Agustín, un Tomás de Aquino, un Jerónimo... San Francisco de Asís, con todos sus rasgos contestatarios y de hippy —iba por ahí desnudo, hablaba con los pájaros, vivía de la caridad— está mejor visto porque es pintoresco (los pájaros son poéticos), ¿pero qué se puede pensar de un santo que cuida de seres tan poco apetecibles e interesantes como los viejos que no encuentran sus llaves, que han perdido el perro, que se olvidan de qué se han olvidado?

¡Cuánta ceguera y estrechez! San Antonio es especialmente digno de toda admiración porque es tan bueno que se compadece de unos pobres seres de los que todo el mundo se ríe o a los que todos miran por encima del hombro, con ironía y condescendencia. Pero la pérdida de unas llaves puede ser ocasión de terrible sufrimiento (más penoso porque además parece ridículo) y la muerte de un perro querido es una tragedia para quien está solo y débil en el mundo y ante la vida. Existe también un esnobismo de la compasión: sólo se compadece uno ante los héroes y los acontecimientos solemnes. Por el contrario san Antonio se atreve a enternecerse por los dolores triviales y a inclinarse compasivo sobre los sufrientes vestidos de negro, sobre los escarnecidos y los amantes de los gatos.

Yo aquí veo un exceso de bondad, una caridad sutil: un tipo de misión no en las lejanas islas de los mares del sur, sino en las regiones más modestas de la psique, en el cruce entre la torpeza y la resignación. ¿Acaso los vencidos, los atolondrados y los desafortunados no tienen derecho a consuelo?».

Nicolae Steinhardt. El diario de la felicidad (Jurnalul Fericirii, 1991). Salamanca, Sígueme, 2007; 634 pp.; trad. de Viorica Patea, Fernando Sánchez Miret y George Ardeleanu; ISBN: 978-84-301-1658-4.

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jueves, 12 de junio de 2008

El pirata
es una de las novelas más conocidas de Walter Scott, que no tiene nada que ver con las más habituales suyas de tipo histórico. En una introducción de 1831 y en su advertencia a la primera edición explica sus orígenes: su inspiración en la vida del pirata John Gow y los conocimientos que había reunido sobre las Orcadas y las Shetland durante una visita oficial de varias semanas que tuvo que hacer a esas islas en 1814. A la edición, con una traducción antigua pero remozada —con algunas expresiones que parecen impropias—, le falta un buen mapa.

Se acción se desarrolla el año 1689. En la principal de las islas Shetland, el centro de la vida social es la casa señorial de Magnus Troil y sus hijas Minna y Brenda, con quienes está en muy buena relación el joven Mordaunt Merton. Este, ignorando la costumbre local de abastecerse de los restos de los naufragios pero de no socorrer a los náufragos porque así se atraen las maldiciones, salva la vida del pirata Clemente Cleveland. Pero, luego, además de que Cleveland se gana el amor de Minna, Mordaunt deja de ser bien visto en casa de los Troil. La llegada de un barco misterioso a Kirkwall, la capital de las Orcadas, precipita los acontecimientos. El personaje que lo domina todo es Norna de Fitful-Head, una mujer con un pasado dramático y fama de pitonisa, que a la vez profetiza e intenta dirigir los acontecimientos.

El lector de Scott puede adelantar qué defectos, o que rasgos que hoy vemos como defectos, encontrará: el inicio de la historia es lento y casi nada sucede durante cientos de páginas; abundan las digresiones e intrusiones del narrador —interesantes para quien desee conocer pormenores costumbristas o folclóricos—; todos los personajes hablan retóricamente; hay reacciones exacerbadamente románticas; se subraya la superioridad natural de los aristócratas...

Pero también conoce bien las cualidades que compensan la lectura: los ambientes están bien dibujados —los paisajes, las casas, en especial la extraordinaria vivienda de Norna—; abundan los secundarios singulares —el agricultor estudioso Triptolemo Yellowley, el incansable bardo Claudio Halcro, el repulsivo enano Nick Strumpfer o Pacolet, el pirata ex-actor Jack Bunce o Federico Altamonte...—; pero, sobre todo, la tensión argumental en aumento no se centrará tanto en la rivalidad entre los protagonistas como en el desvelamiento de los enigmáticos misterios del pasado.

Walter Scott. El Pirata (The Pirate, 1821). Madrid: Espasa, 2008; 425 pp.; col. Espasa Clásicos; trad. de Eugenio Xammar; ISBN: 978-84-670-2713-6.

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miércoles, 11 de junio de 2008

Más relatos cortos: con ocasión de La otra gente, de Pedro Antonio Urbina, hablé de un agudo libro de relatos de Peter Bichsel titulado engañosamente Historias para niños.

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martes, 10 de junio de 2008

Ha fallecido hace unas semanas Luigi Malerba, un autor con algunos libros de relatos cortos, unos infantiles  y otros no, que vale la pena conocer.

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lunes, 9 de junio de 2008

Para comenzar una miniserie de relatos sobre caballos, dos álbumes no publicados en castellano: Wild Horses of the Red Desert y Once We Had a Horse, de Glen Rounds.  Son ejemplos de sencillez en los argumentos, de composición ordenada y de talento excepcional para el dibujo: una buena fórmula para conseguir álbumes duraderos.

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domingo, 8 de junio de 2008

Michael Ende: El predicador clama: «¡El dinero lo puede todo! Une a las personas a través del acto de dar y tomar, puede transformar todo en todo, espíritu en materia y materia en espíritu, convierte piedras en pan y crea valores de la nada, se autofecunda eternamente, ¡es todopoderoso, es la forma bajo la que dios está entre nosotros, es dios! Donde todos se enriquecen con todos, ¡se vuelven ricos todos al final! ¡Y donde todos se hacen ricos a costa de todos, nadie paga los gastos! ¡Milagro de milagros! Y si preguntáis, queridos creyentes, ¿de dónde viene toda esta riqueza? Yo os lo digo: ¡viene de su propio beneficio futuro! Su propio provecho futuro es lo que disfrutamos ahora. Cuanto más tengamos ahora, mayor será el beneficio futuro, y cuanto mayor sea el beneficio futuro, más tendremos ahora. De esta manera somos nuestros propios acreedores y nuestros propios deudores para siempre, y nosotros nos perdonamos nuestras deudas, ¡amén!»

Michael Ende. El espejo en el espejo. Un laberinto (Der Spiegel im Spiegel: ein Labyrinth, 1984). Madrid: Alfaguara, 1986; 261 pp.; ilust. de Edgar Ende; trad. de Anton y Genoveva Dieterich; ISBN: 84-204-2541-9.

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sábado, 7 de junio de 2008

En sus estudios sobre la experiencia estética señala Hans Robert Jauss que fue Baudelaire quien volvió al concepto histórico-filosófico de lo espontáneo y recordó el carácter primario de la percepción infantil. Y continúa: «La percepción infantil, gracias a su carácter inicial y a su totalidad sensorial, se convierte en la medida ideal de la experiencia estética. Lo que el niño reconoce como nuevo, porque lo ve por primera vez, también lo reconoce el adulto, porque en él está como experiencia pasada y puede volverse a recordar: el poeta que es capaz de superar el extrañamiento de la realidad y de reproducir, mediante una actividad estética consciente, el mundo en su carácter originario, devuelve a nuestra conciencia una realidad olvidada o reprimida. La teoría de la experiencia estética de Baudelaire se adelanta a un punto común de la estética de Freud y Proust: la profundidad de la experiencia estética ya no radica en la percepción sutil de lo nuevo o la representación sorprendente de otro mundo, sino en el abrir la puerta al reconocimiento de las vivencias sepultadas y olvidadas y reencontrar, así, el ya reencontrable tiempo perdido».

También por eso algunos disfrutamos con los (buenos) libros infantiles.

Hans Robert Jauss. Experiencia estética y hermenéutica literaria: ensayos en el campo de la experiencia estética (Ästhetische Erfahrung und literarische Hermenutik, 1977). Madrid: Taurus, 1986; 436 pp.; col. Persiles, Teoría y crítica literaria; trad. de Jaime Siles y Ela María Fernández-Palacios; ISBN: 84-306-2167-9.


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viernes, 6 de junio de 2008

El comprador de aniversarios,
de Adolfo García Ortega, es un relato más, pero un buen relato, acerca de la barbarie nazi. A partir de la breve mención que Primo Levi hace en La tregua de un niño de tres años llamado Hurbinek, el narrador compone un mosaico de historias y reflexiones. En cortas escenas sucesivas que saltan atrás y adelante, alterna hechos reales con otros imaginados, datos históricos y testimonios ciertos con suposiciones y con posibilidades futuras no cumplidas.

Por delante del lector desfilan la vida de los padres de Hurbinek, los comportamientos y los testimonios de quienes acompañaban a Levi y a Hurbinek en el mismo barracón de Auschwitz, momentos de la vida previa y posterior del mismo Primo Levi, reflexiones y recuerdos del narrador encamado en un hospital de Frankfurt debido a un accidente de tráfico, descripciones de las torturas en los campos de concentración, comentarios a los experimentos de Mengele, sueños de Walter Benjamin...

La narración, bien escrita y estructurada con cuidado, puede llamarse posmoderna por la cantidad de referencias literarias que contiene, y también por convertir en el centro de todo al propio narrador, a su horror ante las crueldades cometidas con los niños y a su cambio interior después de su accidente. El mismo título se refiere a su deseo literario de que los niños fallecidos pudieran volver a celebrar sus cumpleaños. Para muchos lectores sonará todo conocido y artificioso y, lógicamente, sin la fuerza de los testimonios directos. No hay referencias positivas ni negativas a Dios o a cuestiones religiosas, lo que siempre choca en un relato de situaciones tan extremas.

Sea como sea, en una sociedad como la nuestra no está de más volver a poner delante de muchos lectores esta clase de crueldades: «Es fácil matar a un niño, es más fácil aún matar a miles de niños, pero no es nada fácil eliminar la memoria de los niños, cuando son masacrados. No sé la razón, a veces creo que es porque las vidas de los niños muertos son vidas no vividas que han de cumplir su existencia como fábula, en una especie de limbo sin tiempo ubicado en la historia, y cuya presencia irredenta vuelve para cobrarse una venganza justa. Si de verdad creyera en los fantasmas, sólo creería en los fantasmas de los niños masacrados».

Adolfo García Ortega. El comprador de aniversarios (2008). Barcelona: Seix Barral, 2008; 245 pp.; col. Biblioteca Breve; ISBN: 978-84-322-1248-2.

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jueves, 5 de junio de 2008

Mercaderes del espacio,
de Frederick Pohl y C. M. Kornbluth, es una utopía futurista de los años cincuenta, con problemas de estilo y de estructura, pero valiosa e inteligente.

El narrador es Mitchell Courtenay, el más joven de los jefes de publicidad de la Sociedad Fowler Schocken, una de las dos grandes compañías publicitarias que dominan el mundo. Cuando le nombran jefe de la sección Venus, el encargado de lanzar la campaña que promoverá la explotación de Venus, ve que alguien intenta desplazarle: la competencia o gente de su propia empresa o gente del movimiento conservacionista. Cuando lo consiguen acaba trabajando, bajo una identidad distinta, en una plantación en Costa Rica en la que se fabrican las proteínas Clorela. Allí descubrirá cómo es la vida real y logrará organizarse para volver.

El argumento acaba siendo algo enredado y ni el narrador ni los personajes son del todo convincentes. Además, como pasa con muchas novelas del género, el tiempo ha dejado atrás muchas referencias futuristas de los años en los que se redactó. Sin embargo, es entretenida e inteligente, fue la primera novela que planteó abiertamente la preocupación por la cuestión medioambiental y son certeros sus enfoques sobre la preponderancia de las agencias de publicidad en el mundo y sobre cómo la publicidad, que al principio sólo trataba de vender productos manufacturados, «un trabajo de niños», en el futuro moldea por completo las vidas y costumbres de la gente.

Frederik Pohl y C. M. Kornbluth. Mercaderes del espacio (The Space Merchants, 1955). Barcelona: Minotauro, 2008; 222 pp.; trad. de Luis Domènech; ISBN: 978-84-450-7695-8.

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miércoles, 4 de junio de 2008

La otra gente
,
de Pedro Antonio Urbina, es otro libro para poner en paralelo con los citados en Sentimientos encontrados, tanto por sus acentos evocadores de los años de infancia como por su calidad literaria.

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martes, 3 de junio de 2008

Un álbum agotado que me gustó mucho en su momento y que me ha vuelto a gustar al verlo hace unos días de nuevo: La niña calendulera, con poemas de Carlos Murciano e ilustraciones de Tino Gatagán. Me gusta porque los poemas son excelentes, como todos los que conozco del autor; porque las ilustraciones tienen calidad y llegan bien a un lector cualquiera; porque las ilustraciones no tocan los poemas y simplemente los acompañan con una imagen que va de acuerdo con su contenido; porque hay poquísimos álbumes con ese formato... El álbum tenía un fallo, sin embargo: si se titula La niña calendulera debería tener en portada la imagen correspondiente a ese poema (la que a la derecha se ve parcialmente) y no la de otro.

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lunes, 2 de junio de 2008

Ya puestos, después de Arte y de El libro de los libros, otro relato más acerca de la creación artística: Pablo el artista, de Satoshi Kitamura, un magnífico autor de álbumes.

El protagonista es un elefante pintor que pertenece al club de arte de la calle Pezuña y que pasa por un momento de bloqueo: no se le ocurre qué pintar. Después de las sugerencias de sus amigos del club decide irse al campo, donde tiene un sueño que le inspira.

El argumento habla un poco de cómo, en los cuadros, tanto el pintor como los espectadores ponen lo que desean encontrar. Como es habitual en el autor, las ilustraciones están bien compuestas y en ellas abundan los detalles simpáticos, y la secuencia de imágenes y la forma de presentar las escenas de transición están bien resueltas, con marcos distintos para las escenas que muestran desplazamientos de un sitio a otro y para las que indican momentos de sueño de Pablo.

Satoshi Kitamura. Pablo el artista (Pablo the Artist, 2005). México: FCE, 2007; 28 pp.; col. Los especiales de A la orilla del viento; trad. de Marisol Ruiz Monter y Laura Emilia Pacheco; ISBN: 968-16-8271-8.

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domingo, 1 de junio de 2008

La escena de la derecha, tomada de El sonido de los colores, es un ejemplo de cómo las imágenes, aisladas del texto que las acompaña y de la secuencia de la que forman parte, pueden ser engañosas: la chica es ciega y en ese momento se está preguntando «¿quién me recitará un poema junto a la ventana (...)?»; la imagen es una ensoñación en medio de otras en las que la chica está en distintos escenarios laberínticos. Algunas reflexiones, entre otras, serían: es más importante la vida que los libros, el calor y la compañía más necesarios no proceden de los libros, hay quienes no encuentran ninguna salida en los libros, se puede poseer una gran riqueza interior sin ser lector...

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domingo, 1 de junio de 2008

En una nota anterior titulada Reeducación de los padres ponía una cita larga de Dostoievski  relativa a que el hombre no puede «vivir sin ese algo sagrado y precioso que le aportan los recuerdos de infancia»,  a la necesidad que tiene de «marcar mojones en su pasado que le permitan orientarse más tarde en la vida y sacar conclusiones de conjunto», y a que, «en ese sentido, los recuerdos más intensos e influyentes son casi siempre los que se conservan de la infancia»; y, más adelante, el escritor ruso apunta cómo los padres han de tener en cuenta los recuerdos que graban en sus hijos: «Cualquier padre responsable y razonable sabe, por ejemplo, que delante de sus hijos, (...) debe prescindir de hábitos nocivos y perniciosos, y, sobre todo, no desentenderse nunca de la opinión que los hijos puedan formarse de él, de la impresión desagradable, negativa y cómica que con tanta frecuencia despierta en su ánimo nuestra despreocupada conducta en el seno del hogar. ¿Me creeréis si os digo que un padre responsable a veces debe reeducarse por completo en consideración a sus hijos?».

Pues bien, lo anterior se puede unir con un comentario de Gérard Genette: «el verdadero milagro proustiano no es que una magdalena mojada en té tenga el mismo gusto que otra magdalena mojada en té y despierte el recuerdo; es, más bien, que esa segunda magdalena resucite con ella un cuarto, una casa, una ciudad entera, y que ese lugar antiguo pueda, por espacio de un segundo, “conmover la solidez” del lugar actual, forzar sus puertas y hacer vacilar sus muebles».

Fiódor Dostoievski. Julio-Agosto 1877, Diario de un escritor (Dnevnik pisatelia, 1873-1880). Barcelona: Alba, 2007; 630 pp.; col. Alba Maior; trad., selección, introducción y notas de Víctor Gallego Ballestero; ISBN: 978-84-8428-354-6.
Gérard Genette. «Metonimia en Proust». Figuras III (Figures III, 1972), página 30. Barcelona: Lumen, 1989; 338 pp.; trad. de Carlos Manzano; ISBN: 84-264-2358-2.

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