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Notas de junio de 2013 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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domingo, 30 de junio de 2013

La influencia en nosotros de las ficciones la describe así Frank Kermode: «Nunca corremos el peligro de creer que la muerte del Rey Lear, que tanto explica, sea verdad. A la afirmación de que murió en tales y cuales circunstancias —pronunciando estas palabras sobre el cuerpo de Cordelia, pidiendo un espejo, jugando con un botón— damos un asentimiento experimental. Si lo hacemos bien, nos beneficiamos porque nunca volveremos a adoptar del todo la posición ante la vida y la muerte que teníamos antes. Desde luego, puede decirse que al cambiar nosotros mismos hemos cambiado el mundo de la mejor manera indirecta posible».

Frank Kermode. El sentido de un final. Estudios sobre la teoría de la ficción (The Sense of an Ending, 1966). Barcelona: Gedisa, 2000, 2ª ed.; 175 pp.; col. Crítica Literaria; trad. de Lucrecia Moreno de Sáenz; ISBN: 84-7432-181-6.

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sábado, 29 de junio de 2013

Algunos textos de Emociones en construcción:

«Las emociones propias de los niños y de los jóvenes, las que figuran en los libros que se les dirigen y que, por lo general, ellos aceptan con gusto, coinciden con las de la metáfora que, durante la Edad Moderna, se asociaba con la identidad: la figura del peregrino. En cambio, no coinciden con las que nos sugieren las metáforas posmodernas de la identidad: la del turista, o la del paseante, o la del vagabundo».

«Los álbumes ilustrados emplean recursos como la autorreferencialidad, la metaficción o la ironía, precisamente para orientar a sus lectores dentro de un mundo confuso. Más aún: en el caso de los mejores álbumes se ve cómo esos recursos están puestos al servicio de lograr una claridad narrativa que deje fuera lo superfluo y centre los mensajes en lo esencial».

«Los álbumes ilustrados son herederos del espíritu renovador de “las vanguardias clásicas” pero, al contrario que otros productos que reclaman esa herencia para sí, ellos han nacido para ser duraderos. Pues si alguna experiencia tenemos en esta cuestión es que los libros que pasan de generaciones en generaciones y atraen a niños de tantas sociedades distintas tienen cimientos indestructibles».

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viernes, 28 de junio de 2013

Unos párrafos de Cosas que nadie sabe, a propósito de la lectura de grandes libros.

Hay un momento de la historia en el que la protagonista se ve retratada cuando leen en alto, en clase, La Odisea: «¿Es que la Odisea podía ser su historia? (...) En el hijo de Ulises, Margherita encontró un amigo capaz de escuchar su dolor. (…) Sintió el miedo de Telémaco y su esperanza. Sintió que el chico le entraba en la piel. Él también sin padre, él también niño llamado a convertirse en adulto. Nada había cambiado a lo largo de los siglos. El mayor poema jamás escrito empezaba con un chiquillo que debe buscar a su padre».

Más adelante, cuando su profesor lee un fragmento sobre un padre y una hija de una obra de Shakespeare, el narrador indica que «Margherita se preguntó si toda la literatura hablaba de ella. El profesor se había convertido, sin saberlo, en la puerta a cuyo través entran, desde mundo lejano y más real que el nuestro, respuestas a cosas que nadie quiere saber. En la vida de todos los días nadie te pide que cuentes la historia que te atormenta el corazón o te lo corroe, y si alguien te lo pide, en la vida de todos los días nadie consigue contar esa historia, porque nunca encuentras las palabras y los matices adecuados, no te atreves a ser frágil y auténtico, a estar desnudo. Esa historia debe llegar desde fuera, como cuando los libros nos eligen y los autores se convierten en amigos a los que nos gustraría llamar por teléfono al concluir la lectura para preguntarles cómo es que nos conocen o dónde han oído nuestra historia. Esa historia es un espejo que te sorprende exclamando: habla de mí, este soy yo, pero no tenía palabras para contarlo. Y a lo mejor descubres que no estás solo, definitivamente solo».

Alessandro D’Avenia. Cosas que nadie sabe (Cose che nessuno sa, 2011). Barcelona: Grijalbo, 2013; 334 pp.; trad. de César Palma; ISBN: 978-84-253-4910-2.

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jueves, 27 de junio de 2013

Estos útlimos meses he leído varias novelas que podrían llamarse luminosas —como La lección de August o El despertar de la señorita Prim—, y, ahora, Cosas que nadie sabe, de Alessandro D'Avenia. Es una novela de primer amor pero también de amores adultos, unos que se han roto y otros que han sobrevivido, y es una grandísima «novela de profesor»: del impacto que puede tener una enseñanza entusiasta de los clásicos.

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miércoles, 26 de junio de 2013

Otro libro humorístico de niño y perro: A cien kilómetros por hora con mi perro, de Jeremy Strong.

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martes, 25 de junio de 2013

Pongo en el diccionario la voz de Demi y los libros suyos que había citado en las notas.

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lunes, 24 de junio de 2013

Otro álbum descatalogado, y otro motivo más, para recordar una vieja colecciónEl muro, de Ángel Esteban.

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domingo, 23 de junio de 2013

Frank Kermode: «No se espera de los críticos, como se espera de los poetas, que nos ayuden a hallar sentido a nuestra vida. Les corresponde tan sólo intentar la hazaña menor de hallar sentido a las formas en que intentamos hallar sentido a nuestra vida».

Frank Kermode. El sentido de un final. Estudios sobre la teoría de la ficción (The Sense of an Ending, 1966). Barcelona: Gedisa, 2000, 2ª ed.; 175 pp.; col. Crítica Literaria; trad. de Lucrecia Moreno de Sáenz; ISBN: 84-7432-181-6.

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sábado, 22 de junio de 2013

Termino la serie de comentarios a libros de Dostoievski con dos observaciones que hace Maurice Baring en An Outline of Russian Literature para señalar que las razones de su grandeza no están en sus cualidades literarias pues, en esa dirección, podríamos encontrar escritores que ganarían siempre la comparación con él.

Una la ejemplifica con un episodio de Crimen y castigo en el que Raskolnikov se arrodilla ante Sonia y le dice que no lo hace ante ella sino ante todo el sufrimiento de la humanidad: esto es lo que hace Dostoievski en todos sus libros.

Otra la cifra en la forma en que logra presentar las tragedias de la vida y los conflictos del alma humana: nunca oculta el mal ni presenta su fuerza como menor de la que es en realidad, pero siempre inspira coraje y bondad al lector, pues de sus libros siempre brotan la caridad, la fe y la esperanza cristianas.

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viernes, 21 de junio de 2013

Ruta Sepetys, norteamericana descendiente de lituanos, ha compuesto su novela Entre tonos de gris a partir de recuerdos familiares, recogiendo testimonios personales y consultando documentación de la masiva deportación de los países bálticos que ordenó Stalin en los años 30. El libro, aunque sea una ficción, ha sido compuesto con la intención de dar a conocer a muchos lectores algunos episodios más del terror estalinista.

La narradora es Lina, una chica de quince años con grandes dotes para el dibujo. Todo comienza cuando, después de que su padre fuera detenido unos días atrás, también las arrestan a ella, a su madre y a su hermano pequeño, en medio de la noche. Hacinados en un maloliente vagón de un tren de mercancías, hacen un viaje angustioso de varias semanas hasta un campo de trabajo en Siberia, donde han de vivir en condiciones miserables. Tiempo después son trasladados de nuevo al extremo noroccidental de Siberia. La obsesión de Lina es hacer dibujos de todo para intentar hacerlos llegar, de mano en mano, allí donde piensa que se encuentra su padre. Una de las personas en las que puede apoyarse es Andrius, un chico algo mayor que, junto con su madre, comparte su mismo destino.

La novela suple los defectos que se le pueden encontrar con la intensidad emocional de lo que se cuenta. Está dividida en capítulos cortos que se suceden cronológicamente aunque, a veces, se intercalan en cursiva escenas de la vida familiar del pasado. No se ahorran escenas duras de crueldad por parte de los soldados, ni momentos crudos de comportamientos zafios o egoístas, pero tampoco faltan detalles de humanidad que sostienen la esperanza, incluidos algunos procedentes de personajes inesperados. El personaje central, por su fortaleza y bondad inalterables, es la madre de Lina. El título del relato, que alude también a la evolución interior de Lina, se toma de un momento del final cuando sale afuera de la choza y, con su mirada de dibujante, observa que «la blanca nieve iluminaba el paisaje como si fuera de carbón. Pero eso era todo lo que podíamos ver, distintos tonos de gris por todas partes».

Ruta Sepetys. Entre tonos de gris (Betwenn Shades of Gray, 2011). Madrid: Maeva, 2012; 296 pp.; col. Maeva Bolsillo; trad. de Isabel González-Gallarza; ISBN: 978-8415140672.

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jueves, 20 de junio de 2013

Mirjam Pressler
explica, en la nota final que pone a Natán el Sabio, sus fuentes y sus intenciones: desea recomponer la obra teatral del mismo título de Gotthold Ephraim Lessing, para volver a proponer su mensaje de convivencia pacífica entre religiones y de rechazo del fanatismo. Cuenta su historia, situada en Jerusalén en el siglo XII, centrando cada capítulo en alguno de los personajes: Recha la hija adoptiva de Natán; Daja, una cristiana, la acompañante de Recha; un joven templario que salva a Recha de un incendio; Gesem, un chico tullido que trabaja en la casa de Natán; etc. Todo se dirige al momento en el que Natán cuenta la parábola de los tres anillos a Saladino. El ejemplo de tolerancia y confianza en la razón de Natán cala en todos los que le tratan por más que la brutalidad siga su curso.

Como corresponde a una escritora experta, el relato está bien construido y contado. Pero se resiente bastante de su propósito pedagógico, tanto en que sus mensajes son obvios, como en que la construcción de la trama pone de manifiesto las simpatías básicas del narrador: los malvados en el relato son un joven musulmán fanático, no Saladino ni su maniobrera hermana, y el taimado e hipócrita patriarca católico de Jersusalén, no los cristianos de a pie del relato. Como es lógico la historia no entra en ningún análisis de  cada doctrina ni en el de las consecuencias de vivir o de no vivir sus enseñanzas, aunque a mí al menos me parece obvio que no es igual predicar y creer en el ojo por ojo que predicar y creer en el amor a los enemigos, que no es lo mismo un fundador que comienza su religión a sangre y fuego que uno que muere perdonando a sus enemigos…

Mirjam Pressler. Natán y sus hijos: Jerusalén 1192 (Nathan und seine Kinder, 2009). Madrid: Siruela, 2013; 213 pp.; trad. de Alfonso Castelló; ISBN: 978-84-9841-831-6.

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miércoles, 19 de junio de 2013

An Autobiography, de Bill Peet, es un libro que a todos los entusiastas de las grandes películas de los comienzos de Disney les gustará conocer. El autor cuenta su vida, con texto pero con muchísimos dibujos, desde su infancia y adolescencia, hasta su aterrizaje en los estudios Disney, su ascenso hasta ser uno de los principales dibujantes en las películas de los años 40 y 50, y sus relaciones con Walt Disney hasta el enfado final con el que terminó de trabajar allí.

La narración contiene muchas cosas de interés: acerca del modo de trabajar en las grandes películas de Disney, o acerca de la forma en que fue pensando en dejarlo y dedicarse a los álbumes, y de las dificultades que iba encontrando para construir relatos infantiles eficaces. Cuenta, por ejemplo, que disfrutó al tener que dibujar a Dumbo como bebé, para Disney, justo cuando su primer hijo acababa de nacer; o que su deseo de preparar sus primeros álbumes para niños fue creciendo cuando sus hijos eran pequeños y les contaba cuentos cada noche y veía sus respuestas entusiastas; o que, si bien era muy rápido y diestro como dibujante, tardaba mucho tiempo en escribir textos que le dejaran satisfecho…

Bill Peet. An Autobiography (1989). Boston: Houghton Mifflin Company, 1989; 190 pp.; ISBN: 0-395-50932-7.

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martes, 18 de junio de 2013

Un autor del que creo que no se ha publicado ningún álbum en España: Bill Peet, uno de los grandes dibujantes de Disney de los años cuarenta y cincuenta, un maestro de las historias humorísticas con animales humanizados. Su primer álbum fue Hubert´s Hair Rising Adventures.

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lunes, 17 de junio de 2013

¡Soy un blop!, de Hervé Tullet, es un libro ingenioso y bromista, que no sorprenderá a quien conozca un poco al autor, y al que uno ha de acercarse con espíritu festivo. Al principio se nos dice y se nos muestra una figura como un trébol de cuatro hojas: un blop. Y, a continuación, el autor nos presenta toda clase de blops de colores, muchos y pocos blops, en clase y en el museo, en el mar y en la montaña…, etc.

Como se puede suponer, es un libro para ver y no para reseñar aunque se puede dejar constancia que sirve para encender un poco más el espíritu de descubrimiento y de juego del lector pequeño, y que al lector adulto puede hacerle pensar en qué fácil parece crear un personaje como de la nada. Si uno quiere, puede buscar más significados en que la forma especial del libro, así como la singularidad-normalidad de los blops, es una forma de decir «vale, soy distinto, y qué», o bien «vale, no soy tan distinto, hay muchos otros como yo, sólo tienes que mirar alrededor», en fin, cosas así.

Hervé Tullet. ¡Soy un blop! (I am Blop!, 2012). Madrid: Kókinos, 2013; 110 pp.; trad. de Esther Rubio; ISBN: 978-84-92750-72-6.

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domingo, 16 de junio de 2013

En Valladolid, del 1 al 12 de julio: Ilustratour. De los talleres y del programa de las Jornadas, del 5 al 7, no me atrevo a decir que sean «mejores que nunca», pues los invitados de otros años han sido extraordinarios, pero el plantel de talleristas y ponentes de esta edición ni mucho menos baja el nivel. En cambio, lo que sin duda se puede decir es que ofrece «más que nunca», pues el conjunto de planes y actividades va en aumento.

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sábado, 15 de junio de 2013

En Diario de un escritor se contienen varios relatos cortos de Dostoievski.

Bobok es un cuento en la tradición de la sátira menipea grecorromana. El escritor Iván Ivanovich cuenta un diálogo que oyó entre los muertos de un cementerio, en el que recuerdan los placeres de la vida y siguen ateniéndose a las posiciones sociales que tenían. Dostoievski deseaba narrar, de forma breve, la corrupción moral de los estratos gobernantes de la sociedad rusa y, para eso, a sus personajes les pone nombres que tienen que ver con la función que tuvieron en vida.

El niño con la manita es un relato parecido a La niña de los fósforos, que Andersen había escrito en 1846. El narrador empieza diciendo que, en víspera de la Navidad, conoció un chico de unos siete años que iba vestido de verano cuando hacía un frío horrible; eso le hizo interesarse por los niños mendigos —habla de que «la manita» significa pedir limosna— y a continuación cuenta la historia de un chico de seis años que vivía en un sótano.

Aunque colocado en boca de otra persona, El campesino Marey, es un relato de un incidente mínimo de la infancia del autor, un gesto espontáneo de generosidad que tuvo con él un campesino, siervo de su padre, cuando estaba perdido y temeroso de los lobos. El autor señala cómo ese suceso permaneció en su mente como algo «típico de la capacidad del pueblo ruso en momentos de crisis moral», como un gesto que indicaba cómo el hombre ruso más humilde «sabía ponerse a la altura de los ideales cristianos que de palabra reverenciaba, pero que tantas veces infringía y traicionaba en los hechos de su vida diaria».

El sueño de un hombre ridículo, un relato con afán aleccionador y un gran desenlace, tiene un narrador que comienza calificándose a sí mismo de hombre ridículo, pues piensa que la vida no tiene sentido y está considerando suicidarse. Encuentra un día, por la calle, a una niña que acude a él para que ayude a su madre enferma y, aunque al principio no le hace caso, luego tiene un sueño que le hace reconsiderar las cosas.

La mansa, subtitulado «Una historia fantástica», empieza con la muerte de una mujer y, a continuación, el narrador explica los hechos: es un prestamista que acaba casándose con una chica joven que frecuenta su establecimiento; el matrimonio comienza bien porque ella es muy sumisa pero, según va quedando de manifiesto la mezquindad del marido, las cosas cambian. El narrador se parece un tanto al de Memorias del subsuelo y a los prestamistas que aparecen en otras obras del autor y que son personas tan obsesionadas con lo material que no se dan cuenta ninguna de las necesidades de otros.

Fiódor Dostoievski. Bobok (Бобок, 1873), El niño con la manita (Мальчик С Ручкой, 1876), El campesino Marei (Мужик Марей, 1876), El sueño de un hombre ridículo (Сон смешного человека, 1877), La mansa (Кроткая, 1876). Figuran en Diario de un escritor. Se pueden encontrar también en la edición titulada Cuentos. Madrid: Siruela, 2007; 520 pp.; col. Libros del Tiempo; edición y trad. de Bela Martinova; ISBN: 978-84-9841-086-0.

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viernes, 14 de junio de 2013

La mujer del juez, de Jane Gardam, es la misma historia que la de El viejo juez pero contada desde la perspectiva de su mujer, Betty. Tiene las mismas cualidades que aquella novela —soltura narrativa, gran ambientación, personajes con vida…—, pero amplía la perspectiva pues se fija más en las personas más importantes que rodearon a los protagonistas: en Albert Ross, un enano extraordinariamente fiel a la amistad del juez Filth; en el histórico rival de Filth, Terry Veneering; en el simpático y deslenguado hijo de Veneering, Harry, un niño con quien Betty entabla una relación muy estrecha; y en la gran confidente de Betty que es Amy, una misionera en China. Cuando acabo de escribir lo anterior leo que ha salido, en inglés, una tercera novela (que no he leído) que vuelve a narrar lo mismo pero con Veneering como personaje central.

Jane Gardam. La mujer del juez (The Man in the Wooden Hat, 2009). Barcelona: Salamandra, 2013; 251 pp.; trad. de Sonia Tapia; ISBN: 978-84-9838-497-0.

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jueves, 13 de junio de 2013

Pensaba que había introducido ya en la página Malka Mai, una dura y conmovedora novela de Mirjam Pressler, pero he visto que no, así que la pongo ahora.

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miércoles, 12 de junio de 2013

Relatos divertidos de un niño y un perro especial que, por lo que veo, no están en el mercado ahora: los de Mi perro Míster, de Thomas Winding.

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martes, 11 de junio de 2013

Como los citados ayer, otro libro alegre que también es un estupendo álbum-juego: Animalario, de Carmen Queralt, Àngels Navarro y Carmen Gil.

En las primeras guardas se presentan veinte animales, cada uno con una ilustración sintética y con un pareado divertido debajo: «El mapache es incapaz de salir sin antifaz», «Siempre me deja perplejo ver lo que salta un conejo»… En la primera doble página, donde vemos a los mismos animales y a cuatro más, se hacen preguntas o peticiones del estilo: ¿qué animal tiene el cuello más largo?, busca uno muy grande que tiene trompa… En la segunda el juego se repite pero hay algunas pequeñas variaciones: un animal lleva paraguas, otro un libro… En la tercera, algunos animales son algo raros: llevan una parte de otro animal, etc. Por último, en las guardas finales hay un sobre con fichas para seguir jugando.

Las imágenes tienen calidad y chispa, los textos son graciosos, la secuencia de las dobles páginas es la que pide un libro así. Además, los lectores habrán de dedicar tiempo a observar los detalles y a responder a las propuestas que se les hacen: frente a libros que «se acaban» enseguida, otros, como este, han nacido para ocupar un montón de horas.

Carmen Queralt. Animalario (2013). Texto de Àngels Navarro; Barcelona: Combel, 2013; 20 pp.; pareados de Carmen Gil; ISBN: 978-84-9825-801-1.

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lunes, 10 de junio de 2013

La brujita Mimí aprende un hechizo para dormir y La brujita Mimí no tiene miedo… ¿o sí?, de la holandesa Kathleen Amant, son dos álbumes con temas habituales en los libros para pequeños.

En el primero Mimí va a la escuela de magia y allí le enseñan un hechizo para dormirse de inmediato; vuelve a casa encantada (y, seguramente, sus padres también). En el segundo nos asegura que no tiene miedo pero, cuando se acuesta, hay muchos ojos que la miran, que resultan ser de sus juguetes pero también de alguien más.

Las ilustraciones son grandes y están bien compuestas, las figuras son contundentes, el tono de los relatos es amable, y la lectura es fácil para cualquiera. ¿Son geniales? No. ¿Cumplen bien su función? Sí. Y es que así como hay álbumes para pequeños que no parecen estar hechos para alegrar la vida de los niños y sus padres, estos sí.

Kathleen Amant. La brujita Mimí aprende un hechizo para dormir (Heksje Mimi tovert iedereeb in slaap, 2012) y La brujita Mimí no tiene miedo… ¿o sí? (Heksj Mimi is (niet) bang, 2012). Madrid: MacMillan, 2013; 26 pp.; trad. de Nadine Beliën y adaptación de Roberto Aliaga; ISBN: 978-84-15656-45-6 y 978-84-15656-44-9.

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domingo, 9 de junio de 2013

Umberto Eco: «En cada libro se incrustan, con el tiempo, todas las interpretaciones que hemos dado de él. No leemos a Shakespeare tal como escribió él. Nuestro Shakespeare es mucho más rico que el que se leía en sus tiempos. Para que una obra maestra lo sea, debe ser conocida, es decir, debe hacer absorbido todas las interpretaciones que ha estimulado, que ha contribuido a hacer de ella lo que es. Una obra maestra desconocida no ha tenido bastantes lectores, lecturas, interpretaciones».

Umberto Eco y Jean-Claude Carrière. Nadie acabará con los libros (N’espérez pas vous débarrasser des libres, 2009). Entrevistas realizadas por Jean-Philippe de Tonnac. Barcelona: Lumen, 2010; 265 pp.; ilust. de André Kertész; trad. de Helena Lozano Miralles; ISBN: 978-84-264-1767-1.

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sábado, 8 de junio de 2013

En su momento puse una nota titulada Recuerdos de infancia sobre una edición resumida de Diario de un escritor. Una edición completa de todos los textos de Dostoievski de los últimos años es la titulada Diario de un escritor. Crónicas, artículos, crítica y apuntes. Como indica su editor, Diario de un escritor es un libro que, como tal, nunca existió, pero a él pertenecen artículos de prensa que Dostoievski publicó bajo ese título, en 1873, en una sección de la revista El Ciudadano; luego, los textos que figuraron en un cuadernillo, también titulado Diario de un escritor, que comenzó a publicar mensualmente tres años después, en 1876, durante dos años; y, en tercer lugar, otros cuadernillos que salieron en 1880 y 1881.

Aunque no faltan muchas observaciones de tipo literario, con comentarios acerca de El Quijote, o con críticas largas a obras de Tolstoi o a la figura de Pushkin, el mismo Dostoievski afirma que «nunca escribiré eso que se llama memorias literarias» sino que sólo deseaba escribir un «un diario de mis impresiones personales». En un momento de su redacción menciona un proverbio turco que dice que «si, dirigiéndote a un destino, te detienes en el camino para tirar piedras a todo perro que te ladre, nunca llegarás a tu destino», e indica que «en este Diario mío, voy a seguir en lo posible este sabio proverbio, aunque, por lo demás, no querría atarme de antemano con promesas».

Además de los numerosos comentarios en los que se revela la gran preocupación de Dostoievski por la educación de los niños —como los de Reeducación de los padres o Padres responsables y razonables—, he aquí otro texto interesante, del año 1877, que menciona Joseph Frank: «Los padres de hoy, escribe Dostoievski, no poseen ninguna “gran idea” que puedan transmitir a sus hijos, y “en el fondo de sus corazones” no tienen mucha fe en semejante idea. Y, sin embargo, “sólo una gran fe de esta índole es capaz de hacer nacer algo hermoso en las memorias de los niños, como en realidad puede hacerlo, aun a pesar del más duro ambiente de la niñez, de la pobreza y a pesar, incluso, de esa misma suciedad moral que rodeó sus cunas. Oh, hay casos en que hasta el más caído de los padres, pero que aún logró conservar en su alma tal vez solo una imagen oscura de su anterior gran idea y su fe en ella, ha podido trasplantar la semilla de esta gran idea y este gran sentimiento a las almas impresionables y sedientas de sus pobres hijos, y ha sido después perdonado por ellos de corazón a causa de esta buena acción, a pesar de otras cosas”».

Fiódor Dostoievski. Diario de un escritor. Crónicas, artículos, crítica y apuntes (Дневник писателя). Edición de Paul Viejo. Madrid: Páginas de Espuma, 2010; 1610 pp.; trad. de Elisa de Beaumont, Eugenia Bulátova y Liudmila Rabdanó; ISBN: 978-84-8393-039-7.

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viernes, 7 de junio de 2013

Una larga novela de aventuras fantásticas de primer nivel: Loba, de Verónica Murguía. He de advertir que, con pocas excepciones, me gustan poco este tipo de relatos: los veo muy artificiosos, o más artificiosos que muchos otros. En este caso, sin embargo, la novela se sostiene muy bien porque hay mucha destreza literaria y un enorme trabajo detrás. También se podría decir que hay una firme apuesta, a todo o nada, por el género de la fantasía épica.

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jueves, 6 de junio de 2013

El acusado
es el tercer relato que John Grisham dedica a Theodore Boone. Comienza con el juicio pendiente de la primera novela..., que se ha de aplazar por la incomparecencia del acusado. En cambio, Theo ve que alguien primero roba en su taquilla, luego que le pincha una y otra vez la bici, y, finalmente, que aparecen en su taquilla unas tabletas y móviles robados. No sabe quién puede ser y, además, él aparece, a la vista de la policía, como el sospechoso principal. Un discutible pero bien encaminado consejo de su tío Ike le pondrá sobre la pista.

No hay nada nuevo para el seguidor del autor y del personaje. El relato es ameno y contiene más información sobre cómo funcionan la policía y el sistema judicial norteamericano. De nuevo Theo no encuentra el momento para hablar con sus padres porque están muy ocupados; de nuevo se plantea qué es lo correcto y qué no lo es, en unos casos un poco límite, sin poder llegar a una conclusión bien definida; otra vez se ven las graves consecuencias, en los hijos y en toda la sociedad, del deterioro de tantas familias rotas. Además, Grisham expone bien cómo son las reacciones interiores de un chico ante algunos comportamientos y consejos de adultos.

John Grisham. Theodore Boone: el acusado (Theodore Boone: the acused, 2012). Barcelona: Montena, 2013; 254 pp.; trad. de José Serra; ISBN: 978-84-15580-78-2.

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miércoles, 5 de junio de 2013

Un valioso y agudo relato de nonsense de hace ya un tiempo pero que todavía no había puesto aquí: La guía fantástica, de Joles Sennell.

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martes, 4 de junio de 2013

El pobre Pedro, de Peter Schössow, es un álbum de formato grande, magnífico para dos tipos de lectores: los entusiastas del teatro y los estudiosos de los álbumes. La historia es sencilla: unos niños representan una mini-obra teatral basada en un poema de Heine y otros acuden a verla. El álbum empieza cuando los niños van y termina cuando salen. En unas dobles páginas intermedias vamos viendo, a veces por encima de las cabezas de los espectadores, la representación de El pobre Pedro —sobre un chico enamorado de una chica que se casa con otro—; y en otras, como desde el escenario, vemos las caras de los espectadores —unos interesados y otros aburridos—.

El lector puede seguir la evolución de cada uno de los personajes, empezando por la niña con coletas que figura en la página de presentación y, terminado todo, en la última página izquierda; pero también los gestos de los espectadores restantes, a veces vistos por detrás y en otras imágenes vistos por delante mientras asisten a la obra, incluidos un osito y un muñeco como de hojalata que ocupan sus respectivos asientos; y también el deambular de un gato por distintos sitios. En países que no sean de habla alemana el interés por Heine será menor y, para la mayoría de lectores, el argumento ultraromántico del poema no tendrá tirón pero, en cualquier caso, la sobresaliente confección del álbum y la simpatía de sus figuras lo hacen atractivo.

Peter Schössow. El pobre Pedro (Der arme Peter, 1827-2013). Texto de Heinrich Heine. Salamanca: Lóguez, 2013; 34 pp.; versión de Teodoro Llorente; ISBN: 978-84-96646-86-5.

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lunes, 3 de junio de 2013

Mamá Muu y el tobogán y Mamá Muu y los libros, de Jujja Wieslander y Sven Nordqvist, son dos álbumes muy divertidos: por las imágenes, por los argumentos y, sobre todo, porque los dos protagonistas, una vaca ingenua y un cuervo gruñón, están muy bien perfilados.

En el primero Muu ve jugar a unos niños en un tobogán y le pide a Cuervo que la ayude a subirse: lo consigue, se tira, y lo destroza; así que los dos se ponen a pensar cómo arreglarlo. En el segundo Mamá Muu está en una biblioteca (biblioqueta, dice ella), leyendo. Entretanto, Cuervo se da cuenta de que nadie sabe por qué si la hierba que come la vaca es verde la leche que da es blanca y decide investigar para escribir un libro que le hará famoso.

En algunas escenas, como las de los complicados proyectos de Cuervo para poner en marcha el tobogán de nuevo, brilla particularmente la capacidad del ilustrador para contar muchas cosas en una sola imagen. La relación entre Muu y Cuervo es otro de los elementos que da personalidad a estos relatos: la condescendencia e irritabilidad de Cuervo acaba siendo sobrepasada por la insistente bondad de Muu.  

Sven Nordqvist. Mamá Muu y el tobogán (Mamma Mu åker rutschkana, 2003). Texto de Jujja Wieslander. Madrid: Maeva, 2012; 28 pp.; col. Mama Muu; trad. de Carlos del Valle; ISBN: 978-84-15120-91-9.
Sven Nordqvist. Mamá Muu y los libros (Mamma Mu lässer, 2011). Texto de Jujja Wieslander. Madrid: Maeva, 2012; 28 pp.; col. Mama Muu; trad. de Carlos del Valle; ISBN-13: 978-8415120902.

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domingo, 2 de junio de 2013

Umberto Eco: «Un escritor italiano, Leo Longanesi, escribió una vez que no puede haber un gran poeta búlgaro. La idea en sí parece un poco racista. Quizá quería decir una de estas dos cosas, o las dos juntas (y, en lugar de Bulgaria, habría podido elegir cualquier otro país pequeño): primero, que aunque haya habido algún gran poeta, su lengua no es bastante conocida y, por lo tanto, nunca tendremos la ocasión de leerlo. En este caso “grande” quiere decir famoso, pues se puede ser un buen poeta y no ser famoso. Una vez estuve en Georgia y me dijeron que su poema nacional El caballero de la piel de tigre, de Rustaveli, era una gran obra maestra. Es posible que sea verdad, ¡pero no ha tenido la resonancia de Shakespeare! Y segundo, que un país debe haber vivido los grandes acontecimientos de la historia para generar una conciencia capaz de pensar de forma universal».

Umberto Eco, en conversación con Jean-Claude Carrière. Nadie acabará con los libros (N’espérez pas vous débarrasser des libres, 2009). Entrevistas realizadas por Jean-Philippe de Tonnac. Barcelona: Lumen, 2010; 265 pp.; ilust. de André Kertész; trad. de Helena Lozano Miralles; ISBN: 978-84-264-1767-1.

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sábado, 1 de junio de 2013

Una de las ideas que se deben destacar, entre las que se tratan en Los hermanos Karamázov, es la de la impostura, que si «aparece como una presencia obsesiva en las páginas de Dostoievski, de la primera a la última, comenzando por El doble y continuando en Los demonios», dice Joseph Frank, culmina de modo majestuoso en esta novela con La Leyenda del Gran Inquisidor que figura en el capítulo quinto. Si gran parte del simbolismo de Los demonios se basaba en la idea de una belleza falsa que ha sustituido a la auténtica belleza y que, por tanto, ha de hablar, engañosamente, en nombre de la Verdad y de Dios, esto se pone más de manifiesto en la dialéctica del Gran Inquisidor cuando, en un pasaje repetidamente citado, habla en nombre de Cristo al mismo Cristo.

Otra de las ideas, que se basa en una experiencia personal del autor convenientemente transfigurada, la explica Frank del siguiente modo: «En una ocasión en que Dostoievski estaba releyendo el Libro de Job una vez más (…), le escribió a su esposa que esa lectura le produjo un estado de “arrobamiento tan enfermizo” que casi le hizo llorar. “Es una cosa extraña, Ania, este libro fue de los primeros en mi vida que me causó una honda impresión; en aquel entonces, yo era todavía casi un niño”. En Los hermanos Karamazov aparece una alusión a esta experiencia reveladora, cuando el padre Zósima recuerda la gran conmoción que le produjo la lectura del Libro de Job a los ocho años de edad y dice que sintió que “por primera vez en mi vida recibí conscientemente la palabra de Dios en mi corazón”. Esta simiente habría de florecer un día en la magnífica exuberancia de la protesta apasionada de Iván Karamazov contra la injusticia de Dios en La leyenda del Gran Inquisidor; pero también habría de fructificar en la sumisión de Aliosha ante la grandiosidad abrumadora del infinito, que también a Job le hizo inclinar la cabeza, y en las enseñanzas de Zósima acerca de la necesidad de una inquebrantable fe en la bondad de la misteriosa sabiduría de Dios. El genio de Dostoievski como escritor estriba en haber sido capaz de sentir (y de expresar) estos dos extremos del rechazo y la aceptación».

Fiódor Dostoievski. Los hermanos Karamásovi (Братья Карамазовы, 1879), en Obras Completas, tomo III. Barcelona: Aguilar, 1949, 4ª ed.; 598 pp.; trad., introd., prólogos, notas y censo de personajes, de Rafael Cansinos Asens. Edición en dos volúmenes, titulada Los hermanos Karamázov, en Madrid: Alianza, 2006; 504 y 688 pp.; col. Bolsilllo Literatura; trad. de Augusto Vidal Roget; ISBN: 978-8420660639 y 978-8420660646. Otra edición está en Barcelona: Alba, 2013; 1008 pp.; col. Clásica Maior; trad. de Marta Rebón, Fernando Otero, Marta Sánchez-Nieves; ISBN: 978-8484289210. [Vista de esta última edición en amazon.es]

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