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Notas de julio de 2005 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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domingo, 31 de julio de 2005

Cuando en los Estados Unidos comenzó a imponerse jurídicamente la integración racial, Hannah Arendt protestó vehementemente señalando que hacer de los niños la vanguardia de la integración era una flagrante abdicación de la responsabilidad de los padres: ¿cómo podemos tener la cara dura de cargar sobre las espaldas de los niños el cambio del mundo?, venía a decir. Y, señalando que la educación no debe ser ni la única ni la más importante fuente del cambio político y social, atacaba ese sistema educativo que destruía la autoridad natural de los maestros e imponía un comportamiento de pequeños adultos a los niños, que les privaba de tener su propio tiempo y espacio prepolíticos en la escuela y de poder gozar de un periodo protector de maduración que tan necesario es para que puedan llegar a estar en el mundo como en su casa. Y, con otra manera de decir la famosa frase d´orsiana de que, por favor, los experimentos con gaseosa, comentaba: «precisamente por lo que es nuevo y revolucionario en todo niño, la educación debe ser conservadora».

Elisabeth Young-Bruehl. Hannah Arendt.

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sábado, 30 de julio de 2005

«Los localismos tribales degradan el amor por el lugar de nacimiento, porque lo convierten en un tosco fetiche, objeto y culto idólatra y folclore chabacano». Por eso, sigue Claudio Magris, «cultura significa siempre pensar y sentir en grande, tener el sentido de la unidad por encima de las diferencias, darse cuenta de que el amor por el paisaje que se ve desde la ventana de uno está vivo sólo si se abre al contraste con el mundo, si se inserta espontáneamente en una realidad más grande, como la ola en el mar y el árbol en el bosque».

Claudio Magris. Utopía y desencanto – Historias, esperanzas e ilusiones de la modernidad.

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viernes, 29 de julio de 2005

Cuenta Edith Stein en su impresionante autobiografía de infancia y juventud, Estrellas amarillas, que tres amigas de juventud compartían con ella la preocupación por la cuestión femenina y se planteaban «la doble vocación». Ellas sostenían la necesidad de renunciar a la profesión debido a la maternidad y sólo Edith Stein sostenía que por nada del mundo renunciaría a su profesión. Al final, cuenta, «las tres se casaron y a pesar de ello ejercieron su profesión. Únicamente yo no me casé, pero también soy la única que hice un compromiso por el cual hubiera sacrificado con toda la alegría cualquier profesión». Ya se ve que la historia nunca está escrita.

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jueves, 28 de julio de 2005

Las numerosas novelas de aventuras que se localizan en Egipto y en el Centro de África tienen su origen en la duradera presencia inglesa en aquellos territorios, que comenzó y se afianzó con las abundantes expediciones que se hicieron, a partir del siglo XVI, para descubrir nuevos territorios y, en concreto, a la búsqueda de las fuentes del Nilo. Las obras de Alan Moorehead, El Nilo Blanco y El Nilo Azul, describen la zona y las aportaciones de los distintos expedicionarios. La más atractiva es, sin duda, El Nilo Blanco. En su primera parte, Moorehead habla de los primeros exploradores aventureros, y en la segunda se detiene en las expediciones militares enviadas para extender el poder de Inglaterra. El Nilo Azul añade datos y perspectiva histórica a «una historia que transcurre entre rivalidad, orgullo, codicia y, a la postre, derramamiento de sangre». Y habla, entre muchos otros, de personajes como James Bruce, un aventurero «engreído, dogmático, que embrolla y exagera las cosas», que publica en 1790 cinco volúmenes explicando sus aventuras. Con ellos «dio vida a una leyenda y exaltó la imaginación de la gente, (...) vuelca las miradas en el Nilo», y provoca una nueva generación de exploradores y hombres de acción, que descubrirán también que Bruce, «lejos de ser un novelista, era un guía muy de fiar».

Alan Moorehead (Melbourne, 1910-1983). El Nilo Blanco (The White Nile, 1960). Barcelona: Alba, 2003; 504 pp.; col. Trayectos; trad. de Concepción Cardeñoso; ISBN: 84-8428-204-X.
Alan Moorehead. El Nilo Azul (The Blue Nile, 1962). Barcelona: Serbal, 1986; 320 pp.; col. Libros del buen andar; trad. de Manuel Crespo; ISBN: 84-7628-058-0; agotado.

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miércoles, 27 de julio de 2005

Eric Ambler,
cuya mejor y más conocida novela fue La máscara de Dimitros, está considerado el inventor de la novela de suspense y espionaje. Quien no le haya leído antes puede apreciar su pericia y su originalidad en Motivo de alarma, una historia realista sobre cómo un tipo cualquiera puede terminar en medio de un complicado enredo, con un argumento bien entretejido con los sucesos políticos del momento, en ese caso los de una Europa convulsa y al borde de la guerra.

Después de un corto pero magistral e inquietante prólogo, la intriga está estructurada en tres partes. En la Inglaterra de 1937, el ingeniero Nicky Marlow se queda sin trabajo y su novia le presiona para que opte a trabajar en la empresa de armamento Spartacus en Italia y por un año. Ya en Milán se le acercan personajes extraños que le hacen caer en la cuenta de que maneja una información valiosa para los servicios de espionaje, de que su predecesor no falleció en un accidente sino asesinado, de que aunque quiera no puede limitarse a cumplir su trabajo sin más... Finalmente debe huir de Italia pasándose a Yugoslavia, una última parte más floja en la que decae la tensión.

Con la voz del mismo Marlow tiempo después, Ambler cuenta las cosas con ritmo vivo pero tranquilo, es conciso en las descripciones y ataca cada capítulo con la nota justa, presenta personajes creíbles y no intenta que sus héroes sean unos genios. Destaca lo bien que se plantean las autoexcusas del protagonista: «...mi participación en el soborno se redujo meramente a consentir. A esta gente no la corrompí yo; ya estaba corrompida». Y que intenta justificarse con un «alguien tiene que hacerlo» cuando le hablan de que las balas que su empresa fabrica «un buen día pueden introducirse en los cuerpos de sus propios compatriotas».

Eric Ambler. Motivo de alarma (Cause for Alarm, 1938). Barcelona: El Aleph, 2005; 368 pp.; col. Clásicos Gimlet; trad. de M. Pais; ISBN: 84-7669-682-5.

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martes, 26 de julio de 2005

Hace algunas semanas, un escritor al que le preguntaban por qué publica tan poco, declaraba que a su alrededor no escuchaba un gran clamor reclamándole nuevos libros. Se ve que no les ocurre lo mismo a muchos escritores de literatura infantil y juvenil.

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lunes, 25 de julio de 2005

Que un lector se sienta obligado a pasar la página para saber qué ocurrirá luego es el recurso básico que un autor de álbumes debe saber manejar. Y si, después de haber arrastrado al lector hacia delante, el autor consigue que quiera volver a mirarlo todo con calma una y otra vez, ha logrado un gran álbum. Si, aún encima, en uno dirigido a primeros lectores, transmite conocimientos con toda naturalidad, es que ha obtenido un producto magnífico. Un ejemplo: ¿Qué harías con una cola como ésta? de Steve Jenkins y Robin Page.

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domingo, 24 de julio de 2005

Explica George Steiner en Errata la importancia de conducir a los jóvenes al estudio de «aquello que, en un principio, sobrepasa su entendimiento, pero cuya estatura y fascinación les obligan a persistir en el intento. La simplificación, la búsqueda del equilibrio, la moderación hoy predominantes en casi toda la educación privilegiada son mortales. Menoscaban de un modo fatal las capacidades desconocidas en nosotros mismos. Los ataques al así llamado "elitismo" enmascaran una vulgar condescendencia: hacia todos aquellos a priori juzgados incapaces de cosas mejores». Aunque algunos piensen que se trata de una bajada de nivel intolerable creo que de lo mismo trata también esa magnífica película titulada Los increíbles.

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sábado, 23 de julio de 2005

La aventura es, por su naturaleza, algo que nos llega desde fuera, algo que nos elige y no algo que nosotros elegimos, dice Chesterton. Por eso, sigue, la gran aventura es haber nacido, momento en el que «estamos repentinamente en una espléndida y sorprendente trampa. Vemos algo que no habíamos soñado. Nuestros padres nos vigilan y nos acechan como bandidos tras un matorral. Nuestro tío no sale de su sorpresa. Nuestra tía está que no cabe en sí de gozo. Cuando entramos en la familia, por el hecho de haber nacido, entramos en un mundo que tiene extrañas leyes, en un mundo que puede pasarse sin nosotros, en un mundo que nosotros no hemos hecho. En otras palabras, cuando entramos en la familia entramos en un cuento de hadas».

G. K. Chesterton. En «Ciertos modernos escritores y la institución de la familia», capítulo XIV de Herejes.

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viernes, 22 de julio de 2005

Uno de los libros más inteligentes y conmovedores y bien escritos de los últimos años, de los que yo he leído, es Verde agua, de Marisa Madieri. También en él podemos ver a un padre observado por su hija, como decía días atrás de Matar un ruiseñor (Harper Lee), pero en este caso bajo una luz poco favorable, aunque sobre todo lo que aquí destaca es la mirada de amor y agradecimiento de una hija hacia su madre, como la elección del título refleja.

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jueves, 21 de julio de 2005

Supongo que hablar de «valores» está bien si eso responde a lo que los hombres son y necesitan, pero también puede ser una trampa si esos valores se comprenden como una especie de piezas aisladas y se olvida que no hay una ética para cada cosa. En todas las áreas son necesarias las mismas virtudes, es esquizofrénico separar virtudes públicas y privadas, el mismo ser humano es padre y vecino y político... Y es que la vida es un tejido.

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miércoles, 20 de julio de 2005

A Helene Hanff, la protagonista del delicioso 84, Charing Cross Road, no le gustaban los libros sobre cosas que nunca sucedieron a personas que nunca existieron y, por el contrario, le apasionaban los libros escritos por testigos oculares que afirman orgullosamente un «yo estuve allí». Quienes pertenecen a esa clase de lectores suelen disfrutar especialmente con los relatos de grandes viajes y exploraciones del pasado donde no importa tanto que los autores sean unos genios literarios sino que, sin duda, tienen mucho que contar. En semanas sucesivas iré hablando de los mejores ejemplos que conozco de tales libros: en sentido amplio a todos los podemos calificar de juveniles aunque no a todos los incluyamos en lo que solemos llamar literatura juvenil.

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martes, 19 de julio de 2005


Un libro infantil-juvenil se dirige a niños y jóvenes. Por eso, una buena opción es acentuar mucho lo narrativo (igual que otra puede ser subrayar el humor). Otra, es centrar el interés en la evolución y las cualidades del personaje central (igual que otra puede ser centrarlo en un argumento interesante). Y otra, como una gran mayoría de los lectores leen personajes más que historias, es presentar sus aventuras con formato de serie (de igual modo que hay autores que, por principio, renuncian a escribir series).

Por eso, intentar desmerecer los libros de Harry Potter comparándolos con El señor de los anillos es como hacer de menos un partido de fútbol juvenil comparándolo con uno de primera división. Querer hacerlo poniendo a Rowling al nivel de Roald Dahl es como esperar que un pivot poderoso de 2,20 juegue como un base rápido de 1,90. Decir que las Crónicas de Narnia son mejores literariamente a causa de sus argumentos más variados y de sus descripciones de más calidad, es como decir que el tenis en tierra batida es mejor que el tenis en pista rápida. Reprocharle a Rowling que los seis libros publicados tengan la misma estructura es como afirmar que lo malo de las carreras de 1.500 metros es que todas tienen 1.500 metros.

Por tanto, la crítica de un libro infantil ha de considerar qué resultados consigue ese libro con sus destinatarios. Ha de dejarse guiar por el texto mismo y no intentar aplicarle los propios prejuicios y criticar lo que no contiene ni ha querido contener nunca. Ha de ponerlo al lado de los libros semejantes a él, tanto en el tiempo en que fueron escritos como en la estructura elegida por sus autores.

Con esas ideas de fondo, aquí están una crítica de Harry Potter and the Half-Blood Prince, Harry Potter y el príncipe mestizo, y una ficha completa de J. K. Rowling.

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martes, 19 de julio de 2005

Con ilustraciones recuadradas de Natali Fortier en un lado y los textos a los que corresponden en el otro, Me encanta recoge mínimos momentos de felicidad de una niña y sus sentimientos de asombro, sorpresa, entusiasmo, etc. Se comprende bien por qué ha sido un álbum premiado y elogiado: las ilustraciones son muy sugerentes y tienen categoría, su lectura deja un buen sabor de boca, es un relato de los que renueva un poco la mirada con la que vemos lo cotidiano... los adultos. Esa es la cuestión, creo yo: se trata sobre todo de un producto que valoramos quienes comprendemos y sentimos la nostalgia, quienes empezamos a mirar hacia el pasado y quienes intentamos retener a toda costa los momentos de felicidad del presente. Dicho de otro modo: no tengo nada claro que sea un buen regalo para un niño, sí he comprobado que a mi tía le parece un tesoro.

Natali Fortier. Me encanta (J’aime, 2004). Texto de Minne. Madrid: Kókinos, 2004; 125 pp.; trad. de Esther Rubio; ISBN: 84-88342-74-8.

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lunes, 18 de julio de 2005

Un álbum gráficamente muy eficaz, gracioso, bien armado, con ilustraciones muy cinematográficas, como corresponde a un autor que ha trabajado para Disney y Pixar y DreamWorks, y un texto cuyos mensajes educativos se transmiten con un humor pillo, es Mi pingüino Osvaldo, de H. B. Lewis y E. C. Kimmel.

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domingo, 17 de julio de 2005

En novelas como por ejemplo las que componen El Círculo del crepúsculo, de Ralph Isau, por decir las últimas de esa clase que recuerdo, se hacen afirmaciones sobre personajes históricos, o se les atribuyen declaraciones e intenciones que quien ha leído algo de historia sabe que no son ciertas. Por supuesto, cualquier lector de ficción no debería ignorar que si algún hecho histórico se mete dentro de la ficción, esa historia debe considerarse ficción, y más aún si como, en esos casos, en los relatos hay una clara componente no-realista. Pero un inevitable resultado de lo anterior es que algunas personas acaban teniendo una percepción equivocada de lo que sucedió. Aunque la situación parece diferente hoy, debido a que las ficciones estúpidas y mentirosas son demasiadas, merece la pena recordar lo que decía Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo: que debido a ficciones e informaciones falsas que se propagaron durante décadas, la opinión pública centroeuropea llegó a tener una percepción equivocada sobre los judíos que favoreció el crecimiento del antisemitismo y la posterior llegada del nazismo. Las mentiras, también las frívolas, no son inocentes.

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sábado, 16 de julio de 2005

En el epistolario de Flannery O´Connor hay algunos comentarios interesantes a propósito de la crítica literaria. En una ocasión se dirige a una persona diciéndole que sus comentarios suenan a los propios de alguien que ha leído muchos libros críticos y es demasiado inteligente pero de un modo artificial, destructivo y muy limitado. En otra, a un profesor de inglés le aclara que «si los profesores se aproximan a un relato como si fuera un problema de investigación para el que cualquier respuesta es creíble con tal que no sea obvia, entonces creo que los estudiantes nunca aprenderán a disfrutar de la ficción. Ciertamente, el exceso de interpretación es peor que su falta, y donde falta la pasión por el relato, la teoría no la aportará».

Flannery O´Connor. El hábito de ser.

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viernes, 15 de julio de 2005

Hay quienes opinan que la distancia entre los sexos se da, sobre todo, entre padres e hijas, que la causa de tantos desastres vitales posteriores está en que muchas chicas han crecido sin un modelo paterno apropiado. No es el caso de Matar un ruiseñor, de Harper Lee, donde la narradora Scout Finch observa con admiración y cada vez mayor respeto a su padre, cuya categoría se refuerza no sólo por lo que los hijos ven sino por lo que afirman sobre él otros adultos que los niños respetan.

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jueves, 14 de julio de 2005

André François
,
un gran ilustrador, ha fallecido hace pocos días. De los libros infantiles que ha firmado no hay ninguno en el mercado español, aunque en las bibliotecas pueden consultarse las ilustraciones de dos, unos dibujos en blanco y negro para una novelita de Jacques Prevert y, sobre todo, las que puso a una versión del clásico inglés Las habichuelas mágicas (Jack and the Beanstalk), Madrid: Anaya, 1984; 30 pp.; col. Ratón Pérez; trad. de María Isabel Villarino; ISBN: 8475251617. A la derecha, un ejemplo.

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miércoles, 13 de julio de 2005

Hace pocas semanas ha fallecido James Houston, un escritor y artista canadiense que dio a conocer muchos aspectos de la vida y el arte de los esquimales, con quienes vivió durante años. Es autor de algunas excelentes novelas cortas infantiles: Fuego helado: una historia de coraje y Garras largas: una aventura ártica.

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martes, 12 de julio de 2005

Hasta el momento se han publicado en España dos álbumes de la ilustradora francesa Rébecca Dautremer: el poético Enamorados y Babayaga, la bruja característica del folclore ruso que figura en varios relatos de los recogidos por Alexander Afanásiev. Para mí son un buen ejemplo de una combinación que ocurre con cierta frecuencia: poderosas ilustraciones, álbumes fallidos. Si un adulto con conocimientos de arte apreciará la potencia del trabajo de la ilustradora, cualquier adulto dudará de que los álbumes como tales gusten a los niños, aunque por distintas razones. En el primer caso, y al margen de consideraciones sobre la conveniencia de ilustrar o no los textos poéticos, porque tales textos se dirigen a un tipo determinado de adultos y no a un público infantil. En el segundo caso, y sin entrar ahora en matizaciones, porque fallan los acentos del texto: cuando a un personaje temible de un cuento de hadas clásico se le trata con tonillo humorístico, su fuerza se diluye y entramos en el terreno Disney, y entonces hay un tipo de imágenes que no cuadran... Por otra parte, aunque como ya he dicho las ilustraciones están muy trabajadas e indican gran talento, una pregunta a la que no sé responder del todo es esta: los enfoques a veces tan forzados que usa la ilustradora, también tan de cine podríamos decir, ¿son necesarios siempre?, ¿están siempre al servicio de la historia? ¿no añaden una sofisticación artificiosa?

Rébecca Dautremer. Babayaga (2003). Texto de Taï-Marc Le Thanh. Zaragoza: Edelvives, 2004; 31 pp.; trad. de P. Rozarena; ISBN: 84-263-5505-6.

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lunes, 11 de julio de 2005

Ahora que se ha vuelto a poner de moda San Benito se puede recordar Ciudadelas de Dios, una novela sobre su figura, quizá la mejor de las que firmó el prolífico Louis de Wohl, un maestro en entretejer aventuras en escenarios históricos dominados por la figura de grandes santos que hábilmente siempre aparecen al fondo de los cuadros novelescos que pinta.

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domingo, 10 de julio de 2005

Hablando de arte dice Robert Hugues que «la enseñanza de hoy no desea transmitir las difíciles habilidades de la pintura y la escultura sino producir personalidades realizadas», que son pocos los artistas «dispuestos a perseguir un ideal de lenta maduración» mientras que abundan los que aprovechan «cualquier recurso estilístico que llame la atención, no importa lo estéril que pueda resultar a la larga». Es necesario recordar que la idea del «último grito» es una «reliquia fosilizada» de la creencia en el progreso artístico y que «la filosófica belleza de los cuadrados y parrillas de Mondrian comienza con la belleza empírica de sus árboles de manzanas», con una sabiduría técnica bien aprendida y ejercitada.

Robert Hughes. A toda crítica. Ensayos sobre arte y artistas.

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sábado, 9 de julio de 2005

Cuando cuenta el insolente comportamiento juvenil de Alcibiades, reconoce su biógrafa: «Hay que confesar que son anécdotas divertidas. Se leen con esa indulgencia que las personas sensatas muestran a veces por las calaveradas de los jóvenes, porque ven en ellas un matiz de valor, desenfado y libertad. Pero no habría que disculparlas, porque, poco a poco, se pasa de una insolencia alegre a un verdadero atentado contra las personas y al desprecio de toda norma. La indulgencia no procede, visto lo resbaladiza que puede ser la pendiente. Como lo fue para Alcibiades», como lo es para tantos que luego, en la vida profesional o política o familiar, preferirán el oportunismo a los principios.

Jacqueline de Romilly. Alcibíades o los peligros de la ambición (Alcibiade ou les dangers de l´ambition, 1995). Barcelona: Seix Barral, 1996; 277 pp.; trad. de Ana María de la Fuente; ISBN: 84-322-4762-6.

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viernes, 8 de julio de 2005

A propósito de George Orwell, en uno de sus ensayos C. S. Lewis explica cómo «en las obras de ficción es fatal ese principio de que cualquier palo es bueno para golpear a un villano», y que algo así le pasa en sus libros largos como 1984. Por el contrario, en un libro cortito como Rebelión en la granja el autor inglés «usa su emoción sin que le inhabilite» y «la intensidad de su odio no le hace balbucear ni le embota», con lo que consigue una enorme claridad e intensidad, y el más acabado ejemplo literario de la relación entre la corrupción del lenguaje con la corrupción política y social.

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jueves, 7 de julio de 2005


Hombres en armas
es una de las mejores obras de Evelyn Waugh. En la edición de Cátedra cuenta con un magnífico estudio crítico que permite al lector comprender cuánto talento literario y cuánto trabajo de corrección hay detrás de los excelentes diálogos, las descripciones medidas y el desarrollo argumental inteligente que caracterizan las novelas de Waugh, un maestro de la sátira que no daba puntada sin hilo. Porque, por ejemplo, la frase «la orden era siempre permanecer alerta para recibir órdenes» no retrata sólo el ambiente caótico de un cuartel en época de guerra sino la inquietud infructuosa y la espera de no se sabe qué tan habituales en la vida cotidiana de hoy.

Evelyn Waugh. Hombres en armas (Men at Arms, 1952). Madrid: Cátedra, 2003; 407 pp.; col. Letras universales; edición crítica y traducción de Carlos Villar Flor; ISBN: 84-376-2106-2.

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miércoles, 6 de julio de 2005

Tengo una cierta prevención hacia las novelitas históricas ambientadas en la Europa medieval y firmadas por norteamericanos. Me pasa eso, por ejemplo, con algunos premiados relatos de Karen Cushman, que me parece muy empeñada en pintar chicas con mentalidad feminista de hoy en aquella época... Me ha resultado más convincente en una novela como Rodzina, situada en la Norteamérica de finales del XIX cuando a muchos chicos huérfanos se los enviaba en trenes al Oeste para ser adoptados por diferentes familias. Sin embargo, no puedo evitar la impresión de que los intereses primarios de Cushman no son tanto contar una buena historia como subrayar el talante feminista de sus heroínas. Un ejemplo en contraste, donde me parece que tales acentos están más ajustados a la realidad y por tanto enriquecen y no lastran la novela, es Lyddie, de Katherine Paterson.

Karen Cushman. Rodzina (2003). Barcelona: Entrelibros, 2004; 223 pp.; trad. de Alberto Jiménez Rioja; ISBN: 84-933883-0-0.

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martes, 5 de julio de 2005

Se ha editado un libro-acertijo más de Julian Press titulado Misterio en el Monasterio del Cuervo. Sus libros, como el famoso Las aventuras de la Mano Negra que firmara su padre Hans Jürgen Press, revelan cómo, con primeros lectores, importa mucho el modo en que un autor agudiza el ingenio para tirar del lector hacia delante y meterle dentro de la historia, un asunto que no depende sólo de la calidad literaria.

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lunes, 4 de julio de 2005

Merece un aplauso la edición en España de los dos álbumes fundamentales de Jan Ormerod, Buenos días y Buenas noches, magníficos ejemplos de relatos para pequeños que cualquiera querría tener en su biblioteca para siempre.

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domingo, 3 de julio de 2005

Se requiere contención a la hora de juzgar a nuestros antepasados. Explica bien Robert Hughes que «al mirar los retratos nos proyectamos nosotros mismos hacia el pasado. Por pura rutina calificamos como "compasivas" las pinturas de enanos de Velázquez, no porque sepamos qué sentía Velázquez por los enanos sino porque creemos que debemos sentir pena por los deformes. Nos gusta detectar una feroz sátira antimonárquica en los retratos reales de Goya, a pesar de que la familia real española estaba encantada con ellos y nadie en la corte los consideraba irrespetuosos».

Robert Hughes. A toda crítica. Ensayos sobre arte y artistas (Nothing If Not Critical, 1990). Barcelona: Anagrama, 2002; 497 pp.; col. Argumentos; trad. de Alberto Coscarelli; ISBN: 84-339-1360-3.

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sábado, 2 de julio de 2005

Es interesante pensar, dice C. S. Lewis, que «de todos los libros que un niño lee, no hay ninguno que le dé una impresión menos falsa (que un cuento de hadas). Creo que es más probable que le engañen esas otras historias que pretenden pasar por literatura realista para niños. Yo nunca esperé que el mundo fuera como un cuento de hadas, pero creo que sí esperé que el colegio fuera como un cuento de colegios. Todas las historias en las que los niños experimentan aventuras y éxitos, posibles en el sentido de que no quiebran las leyes de la naturaleza pero de una improbabilidad casi absoluta, corren más peligro de despertar falsas expectativas que los cuentos de hadas». Trasladado ese comentario a nuestra vida ordinaria se puede formular así: lo que nos engaña son las revistas del corazón y los periódicos deportivos y las series de televisión sobre vidas cotidianas..., y no los relatos de fantasía.

C. S. Lewis, en «Tres formas de escribir para niños», ensayo en De este y otros mundos: ensayos sobre literatura fantástica.

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viernes, 1 de julio de 2005

Chesterton: «El único medio de volver (a casa) es irme a alguna otra parte, y esa es la finalidad auténtica de viajar y el auténtico placer de las vacaciones. (...) El objeto verdadero de un viaje no es pisar tierras extrañas sino volver a nuestro propio país como en una tierra extraña».

G. K. Chesterton. Enormes minucias (Tremendous Trifles, 1910), en Obras completas, tomo I; Barcelona: Plaza & Janés, 1967; 1676 pp.; trad. de Rafael Calleja.

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