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Notas de julio de 2007 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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martes, 31 de julio de 2007

Escribí Caminos hacia la mejor educación literaria, para Hipertexto y en esa revista fue publicado con el (para mí) extraño título Perspectivas hacia la periferia. La propuesta que me hicieron era que hablara de qué libros infantiles escritos en España consideraba yo los mejores pero el artículo que resultó al final incide, sobre todo, en qué tipo de libros tienden, o tendemos, a escoger los expertos como los mejores.

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lunes, 30 de julio de 2007

Grandes y pequeños clásicos
es una reflexión acerca del valor de los clásicos infantiles y juveniles, de su permanente novedad y su papel de puentes hacia la mejor literatura, del interés que tiene su lectura para los adultos y no sólo para los niños.

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domingo, 29 de julio de 2007

Joseph Ratzinger: «La razón humana necesita apoyarse en las tradiciones religiosas de la humanidad. Es cierto que debe contemplar con ojo crítico las diversas tradiciones religiosas. La patología de la religión es la enfermedad más peligrosa de la mente humana. Pero esa patología de las religiones existe también allí donde se rechaza la religión como tal y donde se atribuye rango absoluto a los bienes relativos: los sistemas ateos de la Edad Moderna son los ejemplos más aterradores de una pasión religiosa alienada en cuanto a su esencia íntima, y esto significa también que son una enfermedad mortalmente peligrosa para la mente humana. Donde se niega a Dios, no se edifica la libertad, sino que la priva de su fundamento y de esta manera se la distorsiona. Donde se rechazan por completo las tradiciones religiosas más puras y profundas, el hombre se separa de su verdad, vive en contra de ella y no consigue ser libre. La ética filosófica no puede ser tampoco absolutamente autónoma. No puede renunciar a la idea de Dios y no puede renunciar a una idea de la verdad que tenga carácter ético. Si no hay verdad acerca del hombre, el hombre no tiene tampoco libertad. Sólo la verdad hace libres».

Joseph Ratzinger. Fe, verdad y tolerancia. El cristianismo y las religiones del mundo (Glaube, Warheit, Toleranz. Das Christentum und die Weltreligionen, 2003). Salamanca: Sígueme, 2006, 6ª ed.; 237 pp.; trad. de Constantino Ruiz Garrido; ISBN: 84-301-1519-6.

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sábado, 28 de julio de 2007

Wim Wenders: «El cine puede alterar la visión, seguro. Puede hacer visible algo, pero también puede hacerlo invisible. Una película puede cerrarte realmente los ojos, cualquier película; muchas no hacen otra cosa. Sales del cine y no ves nada durante días. ¡De verdad! Como si obstruyera todos los sentidos. Y con otras películas, sales, y estás más abierto al mundo que nunca».

Wim Wenders. El acto de ver: textos y conversaciones.

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viernes, 27 de julio de 2007

En Sanditon, una obra inacabada de Jane Austen: «A las Beaufort les encantó enseguida “el círculo donde se movían en Sanditon”, por utilizar las palabras exactas, pues ahora todo el mundo debe “moverse en un círculo”; a la preponderancia de dicho movimiento rotatorio pueden atribuirse quizá muchos mareos y pasos en falso».

Tomado de Stuart Kelly, La Biblioteca de los libros perdidos (The Book of Lost Books, 2005). Barcelona: Paidós, 2007; 391 pp.; trad. de Miguel Candel y de Marta Pino; ISBN: 84-493-1985-3.

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En Secuestrado (Stevenson).
Ilust. de N.C.Wyeth.
jueves, 26 de julio de 2007

Para completar un poco lo dicho ayer con un texto de La historia interminable, quizá no esté de más recordar al mejor de los novelistas de aventuras, R. L. Stevenson, cuando decía que «los libros están bien en su estilo pero son un pálido sustitutivo de la vida». Y, mal asunto cuando los libros acaban siendo, sólo «sabiduría de bolsillo», «concebida para uso de la gente mediocre, con objeto de disuadirles de ambiciosos proyectos y consolarlos de su mediocridad».

R. L. Stevenson. Virginibus puerisque y otros ensayos.

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miércoles, 25 de julio de 2007

Una reseña (demasiado rápida) sobre Harry Potter and the Deathly Hallows. Y la misma, resumida, en Aceprensa. Dentro de unos días la integraré en la ficha completa de J. K. Rowling. Algunas ideas en relación con la crítica de un libro así están en la nota que salió en su momento sobre Harry Potter and the Half-Blood Prince.

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miércoles, 25 de julio de 2007

En el comienzo de La historia interminable se cuenta que «la pasión de Bastián Baltasar Bux eran los libros.

Quien no haya pasado nunca tardes enteras delante de un libro, con las orejas ardiéndole y el pelo caído por la cara, leyendo y leyendo, olvidado del mundo y sin darse cuenta de que tenía hambre o se estaba quedando helado…

Quien nunca haya leído en secreto a la luz de una linterna, bajo la manta, porque Papá o Mamá o alguna otra persona solícita le ha apagado la luz con el argumento bien intencionado de que tiene que dormir, porque mañana hay que levantarse tempranito…

Quien nunca haya llorado abierta o disimuladamente lágrimas amargas, porque una historia maravillosa acababa y había que decir adiós a personajes con los que había corrido tantas aventuras, a los que quería y admiraba, por los que había temido y rezado, y sin cuya compañía la vida le parecería vacía y sin sentido…

Quien no conozca todo eso por propia experiencia, no podrá comprender probablemente lo que Bastián hizo entonces».

Ni tampoco a un autor como Michael Ende. (Ni una página web como esta.)

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martes, 24 de julio de 2007

Este comentario de Stanislaw Lem está muy bien: «Cualquier niño es capaz de leer el ingenuo cuento de La Cenicienta, pero, sin sofisticaciones y sin Freud, ¿cómo verlo como un ballet de perversión ideado por un sádico para masoquistas? Hoy, el rebatir que todo lo obsceno está oculto subliminalmente en los cuentos de hadas sólo muestra tu ingenuidad. Por consiguiente, diríamos que (...) el caprichoso comportamiento de Hamlet surge a partir de que Shakespeare incorporaba en la obra muchos elementos distintos de versiones anteriores. (...) En general, podemos ennoblecer una obra o tacharla de superficial, dependiendo del telón de fondo que le otorguemos en el escenario de nuestra mente como lector. Tampoco se trata de un telón de fondo pasivo, sino de un sistema de referencias en el que un palo roto podría sugerir una rama estilizada del Japón antiguo, y una piedra entallada se nos podría antojar una escultura que expresara el humor de nuestro tiempo fragmentado. Así, (...) podríamos gritar: “¡Incoherencia!”, o por el contrario: “¡Brillante disonancia!”, o: “¡El abismo bosquejado por la agrietada intención del caparazón de la lógica!”»

Stanislaw Lem. El castillo alto.

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lunes, 23 de julio de 2007

Escondites y secretos,
de Marie Barguirdjian Bletton, es un atractivo álbum de arte dedicado a la pintura holandesa del XVII. Con recursos como pestañas y pequeños desplegables, la autora monta una seudohistoria que nos pone delante cuadros de Johannes Vermeer, Pieter De Hooch, Gerrit Dou, Samuel Van Hoggstraten, Gerard Ter Borch, Adriaen S. Coorte y Rembrandt. Consigue su finalidad de interesar al lector y de darle a conocer el mundo interior de las viviendas de la época. A la vez, logra que no sea sólo una lección de arte sino que, también, prenda en nosotros el interés por las vidas y las tareas de las personas que muestran los cuadros.

Marie Barguirdjian Bletton. Escondites y secretos (Cachettes et secrets, 2006). Madrid: SM, 2006; 22 pp.; trad. de Teresa Tellechea; ISBN 84-675-1094-3.

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domingo, 22 de julio de 2007

No, no todas las religiones son semejantes. «De hecho hay formas de religión degeneradas y morbosas, que no edifican al hombre, sino que lo alienan —la crítica marxista de la religión no brotó sencillamente de la nada—. E incluso religiones a las que se debe reconocer grandeza moral y el empeño por hallarse en el camino hacia la verdad, pueden ser morbosas en algunos trechos de su camino. En el hinduismo (que propiamente es un nombre colectivo que agrupa gran variedad de religiones) hay elementos grandiosos, pero también hay aspectos negativos: su conexión con el sistema de castas; la cremación de las viudas, algo que se había establecido inicialmente a partir de ideas simbólicas; los abusos del saktismo, por referirnos tan sólo a unos cuantos ejemplos. Pero también el islam, a pesar de sus grandezas, se halla en constante peligro de perder el equilibrio, de dar entrada a la violencia y de hacer que la religiosidad se desvíe hacia lo exterior y lo ritualista. Y, claro está, existen también, como todos sabemos perfectamente, formas morbosas de lo cristiano: por ejemplo, cuando los cruzados, al conquistar la ciudad santa de Jerusalén, en la que Cristo había muerto en favor de todos los hombres, realizaron, por su parte, un baño de sangre entre musulmanes y judíos. Esto significa que la religión exige diferenciación: diferenciación entre las formas de las religiones, y diferenciación en el interior de la religión misma, para apreciar cuál es su verdadera altura. Con la equiparación de los contenidos y con la idea de que todas las religiones son iguales en el fondo, no llegaremos muy lejos».

Joseph Ratzinger. Fe, verdad y tolerancia. El cristianismo y las religiones del mundo (Glaube, Warheit, Toleranz. Das Christentum und die Weltreligionen, 2003). Salamanca: Sígueme, 2006, 6ª ed.; 237 pp.; trad. de Constantino Ruiz Garrido; ISBN: 84-301-1519-6.

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sábado, 21 de julio de 2007

A la hora de juzgar un libro todos tenemos interiorizadas algunas normas que nos influyen. En relación a eso afirma Wolfang Iser que «resulta enormemente reveladora la gran controversia acerca de Milton entre C. S. Lewis y el crítico F. R. Leavis. El punto decisivo de la confrontación lo ha formulado C. S. Lewis así: “No es que él y yo veamos cosas diferentes cuando miramos al Paraíso Perdido, sino que él ve y no le gusta lo mismo que yo veo y no me gusta”. De aquí se deduce que ambos juzgan como objetivamente existentes las características en que basan su valoración».

Wolfang Iser. El acto de leer: teoría y efecto estético (Der Akt des Lesens. Theorie ästhetischer Wirkung, 1976). Madrid: Taurus, 1987; 357 pp.; col. Persiles. Teoría y crítica literaria; trad. del alemán por J. A. Gimbernat, traducción del inglés por Manuel Barbeito; ISBN: 8430621768.

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viernes, 20 de julio de 2007

«Resultaría humillante para los sentimientos de muchas damas si se les hiciera comprender lo poco que en el corazón de un hombre influyen el precio y la novedad de sus vestidos, lo poco que se deja influir por la textura de las muselinas y el mínimo afecto que despierta en él el hecho de que tengan lunares, puntillas o que el tejido sea fino o grueso. Si la mujer es refinada, lo es sólo para su propia satisfacción; ningún hombre la admirará más, ni ninguna mujer le tendrá mayor simpatía. La pulcritud y el estar a la moda bastan a los primeros, y un poco de pobreza o de descuido resultan sobremanera atractivo para las segundas. Sin embargo, ninguna de estas graves reflexiones turbaron la tranquilidad de Catherine».

Jane Austen. La abadía de Northanger (The Northanger Abbey, 1797; apareció póstumamente, en 1818). Barcelona: Alba, 1996; 287 pp.; col. Alba Clásica; trad. de Guillermo Lorenzo; ISBN: 84-88730-03-9.

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jueves, 19 de julio de 2007

Hace unas semanas cogí para leer Tragedia de la infancia, de Alberto Savinio, guiado por el comentario de la solapa de que Leonardo Sciascia lo consideraba «el mayor escritor italiano de entreguerras. Sin embargo no atendí como debía al texto de la contracubierta en el que se decía que fue un escritor que «predicaba la profundidad de la superficialidad». Total, no me ha interesado ninguna de las escenas de infancia que se narran, ni por su contenido ni por su estilo engolado. Se pueden dominar muchos recursos de un idioma y tener poco que decir.

Me interesó un poco más El castillo alto, las memorias de infancia de Stanislaw Lem, que cogí porque Lem fue un escritor especialmente culto y listo, a pesar de que las novelas suyas que conozco me parecen plúmbeas. De todos modos, y aunque anoté algunas consideraciones irónico-intelectuales que me han gustado, también fue una decepción y en ningún momento enganché con la narración.

Alberto Savinio. Tragedia de la infancia (Tragedia dell’infanzia). Valencia: Pre-Textos, 2007; col. Contemporánea; trad. de César Palma; ISBN: 978-84-8191-799-4.
Stanislaw Lem. El castillo alto (Wysoki Zamek, 2005). Madrid: Funambulista, 2006; col. Literadura; trad. de Andrzej Kovalski; ISBN: 978-84-96601-18-5.

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miércoles, 18 de julio de 2007

Ray Bradbury
es uno de los autores de los que se habla en Escritores de cine. En ese libro se reproduce su opinión de que la ciencia-ficción gusta sobre todo a un público masculino: «Los hombres leen ciencia-ficción para construir el futuro. Las mujeres no necesitan leerlo. Ellas son el futuro». No sé si es cierto. Tampoco sé si tiene alguna importancia. En cualquier caso, libros como La feria de las tinieblas, Crónicas marcianas, Farenheit 451, El vino del estío son inolvidables, a mí me parece que para cualquiera. Y, en ellos, uno encuentra también comentarios tan sabios como este de Leo Auffmann en El vino del estío: «Lo primero que se aprende en la vida es que uno es tonto. Lo último que se aprende en la vida es que se sigue siéndolo».

Para los interesados en la cuestión, hace poco llegué, a través de barcepundit, a un artículo en el que Bradbury sale al paso de las malas interpretaciones que se han hecho de Farenheit 451: Bradbury no pretendía tanto atacar al estado, al modo de Orwell, como a la mentalidad de rebaño que la televisión fomenta...

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El poetastro (1842). Daumier.
martes, 17 de julio de 2007

Muchos ilustradores de ahora tienen a sus predecesores más ilustres entre los grandes caricaturistas de la vida política y social del XIX. Entre ellos, en Francia sobresalieron J. J. Grandville y Honoré Daumier.

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lunes, 16 de julio de 2007

Un gran autor de álbumes de las últimas décadas, que con frecuencia usa un registro adulto, es David McKee, el creador de Elmer. Me gustaría saber si para su conocido Ahora no, FernandoAhora no, Bernardo, en la traducción literal—, se inspiró en Cuento de hadas suburbano, de Katherine Mansfield.

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domingo, 15 de julio de 2007

Es frecuente que algunas descalificaciones hacia libros infantiles y juveniles procedan de defectos superficiales. Esto puede tener una cierta lógica: hay lectores que sólo se quedan con el impacto que les causa una escena o una descripción, o el lenguaje zafio pero gracioso de un protagonista... Sin embargo, en general ayuda más observar los planteamientos de fondo. Libertades de ficción intenta señalar cómo el aprendizaje de la vida que transmiten los libros está básicamente unido al concepto de libertad que manejan los autores y que, por tanto, explícita o implícitamente transmiten.

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sábado, 14 de julio de 2007

Criterios para la elección de buenos libros
es un texto que confeccioné para responder a quienes me pedían consejo acerca de la elección de buenos libros y, sobre todo, como una tentativa de aclararme a mí mismo algunos aspectos de mi trabajo. En él intento exponer algunas consideraciones básicas que un lector cualquiera ha de tener en cuenta cuando elige un libro infantil o juvenil, mientras alrededor hay tanto barullo mediático y tantas opiniones con poca base.

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viernes, 13 de julio de 2007

La propuesta de Harold Bloom
fue un comentario preparado con ocasión de una recopilación de lecturas infantiles que publicó el crítico norteamericano. En él comento su modo de acercarse a la literatura infantil, qué me parecen sus elecciones, e indico que su actitud muestra la dificultad que algunos expertos tienen para entender la LIJ. Indirectamente también se ve ahí que, si la crítica de LIJ es peculiar porque los adultos juzgamos productos que no son para nosotros, lo es más aún porque cuanto más hayamos leído más podemos alejamos del mundo de intereses del niño.

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jueves, 12 de julio de 2007

Tan importante como recibir unas enseñanzas morales correctas en la infancia es que las personas que nos las transmiten sean fiables y no nos las hagan llegar de modo contraproducente. Por eso no está de más salir En defensa de las moralejas, que no tienen culpa de nada y señalar con el dedo a los responsables de su desprestigio: adultos desconfiados e hipócritas por un lado, escritores incompetentes y frívolos por otro. Y, al hacerlo, algunos se sorprenderán cuando descubran que los libros verdaderamente multiculturales no son los que presentan niños de colores Benetton viviendo en armonía pastoril, sino los que desprenden unas enseñanzas morales válidas para todos y para siempre: una vez más, los clásicos universales.

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En Los tres cerditos (Jacobs).
Ilust. de Leslie Brooke.
miércoles, 11 de julio de 2007

Para completar la perspectiva del artículo citado ayer escribí La sabiduría de los mejores cuentos populares. En él deseaba mostrar la permanente validez que tienen esos cuentos y su potencia educativa indirecta cuando se cuentan bien.

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En Blancanieves (Grimm).
Ilust. de Kay Nielsen.
martes, 10 de julio de 2007

Usar los relatos como instrumentos para reforzar los mensajes educativos que se desean transmitir tiene una lógica desde un punto de vista educativo, pues los padres siempre han explicado y seguirán explicando cosas a sus hijos contándoles historias, pero puede desnaturalizar la literatura infantil cuando se pierde de vista que su gran capacidad de formación humana y su valor terapéutico es un resultado pero no una finalidad. Esta es una de las ideas que tenía en la cabeza cuando escribí El fin de los cuentos, un artículo preparado a partir de la lectura de La bruja debe morir, un libro de Sheldon Cashdan.

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lunes, 9 de julio de 2007

Nueva edición de Nadarín, uno de los álbumes que hicieron de Leo Lionni una referencia. El mensaje, o la moraleja, es explícita: si eres pequeño, la unión hace la fuerza.

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domingo, 8 de julio de 2007

Quienes sostienen que todas las culturas y religiones son igualmente respetables y que habría que restaurarlas, por lo menos habrían de observar «las diversas religiones para ver si realmente es deseable su restauración. Si pensamos, por ejemplo, que en la consagración de la última reforma del templo principal de los aztecas en el año 1487 —y según las estimaciones más modestas— “fueron sacrificadas en cuatro días 20.000 personas, que derramaron su sangre en los altares de Tenochtitlán” (la capital de los aztecas en la altiplanicie de México), ofrecidas como sacrificios humanos al dios Sol, entonces será difícil que a uno se le ocurra exigir la restauración de esa religión. Tal sacrificio se realizó porque el Sol vivía de la sangre que brotaba de corazones humanos, y tan sólo ofreciendo sacrificios humanos podía detenerse la destrucción del mundo. También entonces eran mandamiento divino las guerras, en las cuales se capturaban prisioneros que posteriormente eran usados como víctimas para los sacrificios humanos. A los dioses de la tierra y de la vegetación los aztecas ofrecían en sacrificio “hombres y mujeres, a los cuales, en la mayoría de los casos, se les desollaba”; a los dioses de la lluvia, concebidos como enanos, se les sacrificaban niños pequeños, a quienes se ahogaba en fuentes y charcas y en determinados lugares del lago Tetzcoco. Todo esto, como observa W. Krickeberg (Die Religiones des alten Amerika, 1961), no procedía de una innata “inclinación a la crueldad”, sino de la creencia fanática en la obligación de los hombres de preocuparse por la subsistencia del mundo. Se trata ciertamente de un ejemplo extremo pero que, así y todo, demuestra que no se puede ver en todas las religiones caminos de Dios hacia los hombres y de los hombres hacia Dios».

Joseph Ratzinger. Fe, verdad y tolerancia. El cristianismo y las religiones del mundo (Glaube, Warheit, Toleranz. Das Christentum und die Weltreligionen, 2003). Salamanca: Sígueme, 2006, 6ª ed..; 237 pp.; trad. de Constantino Ruiz Garrido; ISBN: 84-301-1519-6.

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sábado, 7 de julio de 2007

Wim Wenders: «Algunos filmes son como espacios cerrados: entre las imágenes no existe el más mínimo orificio que permita ver otra cosa distinta de lo que la película muestra; la mirada y las ideas no pueden caminar libremente. No puedes poner nada de tu parte, ninguna sensación, ninguna experiencia, y sales del cine atontado, como si te hubiesen engañado. Únicamente las películas que dejan sitio para los agujeros entre las imágenes son las que explican una historia: estoy convencido de ello. Un historia solo cobra vida en la cabeza de quien la ve o la escucha. El otro tipo de películas, los sistemas cerrados, se limitan a fingir que cuentan una historia».

Wim Wenders. El acto de ver: textos y conversaciones (The Act of Seeing. Texte und Gespräche, 1992). Barcelona: Paidós, 2005; 267 pp.; col. La memoria del cine; trad. de Héctor Piquer; ISBN: 84-493-1718-5.

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viernes, 6 de julio de 2007

«He estado pensando en el pasado, intentando juzgar con imparcialidad errores y aciertos, en relación con mi persona, y la conclusión es que hice bien, que acerté plenamente, a pesar de lo mucho que sufrí, al dejarme guiar por esta persona, a la que aprenderás a querer en el futuro. Para mí, ocupó el lugar de una madre. Sin embargo, no quiero que me malinterpretes. No estoy diciendo que no errara en su consejo. Se trataba, quizá, de uno de esos casos en los que el consejo sólo es bueno o malo según deciden los acontecimientos; yo, si me encontrara en la misma tesitura, nunca daría un consejo semejante. Pero insisto en que obré bien haciéndole caso y que, si no lo hubiera hecho, habría sufrido más manteniendo el compromiso que rompiéndolo porque mi conciencia me habría hecho sufrir. Ahora, dentro de los límites que la naturaleza humana concede a dicho sentimiento, no tengo nada que reprocharme; si no estoy muy equivocada, un férreo sentido del deber es una buena cualidad para una mujer».

Jane Austen. Persuasión (Persuasion, 1818). Madrid: Cátedra, 2003; 330 pp.; col. Letras universales; edición de Pilar Hidalgo, trad. de Juan Jesús Zaro; ISBN: 84-376-2062-7. Otra edición en Madrid: Alianza, 2016; 320 pp.; col. 13/20; trad. de Juan Jesús Zaro; ISBN: 978-8491045151.[Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 5 de julio de 2007

A mí me pasa que muchos relatos de aventuras del XIX me dejan la impresión de tener más frescura que muchas fantasmadas de ahora y pienso que autores como Mayne Reid o Gustave Aimard manejan la escayola con más convicción y destreza que sus colegas de hoy.

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miércoles, 4 de julio de 2007

Las novelas que más me han gustado de los últimos meses:

    Emigrantes. Shaun Tan.
    Los hijos de Húrin. J. R. R. Tolkien.
    Barnaby Rudge. Charles Dickens.
    Cometas en el cielo. Khaled Hosseini.

Y otros libros:

    Advenimientos. José Jiménez Lozano.
    Autorretrato con radiador. Christian Bobin.
    Mis libros inolvidables. Hilario Mendo.
    Poder terrenal y Causas sagradas. Michael Burleigh.

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martes, 3 de julio de 2007

Los libros infantiles-juveniles que más me han gustado en los últimos meses:

    Cuentos populares ingleses. Flora Annie Steel.
    La viuda y el loro. Virginia Woolf.
    El niño y el río. Henri Bosco.
    Cómo se salvó Wang-Fo. Marguerite Yourcenar.
    El laboratorio secreto. Lluis Prats y Enric Roig.
    Transparente. Ibán Roca.
    La torre y la isla. Ana Isabel Alonso y Javier Pelegrín.

Además, y ya que se han estrenado películas sobre ellos, se pueden volver a recomendar:

    Cuentos. Beatrix Potter
    Las telarañas de Carlota. E. B. White.
    Un puente hasta Terabithia. Katherine Paterson.

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lunes, 2 de julio de 2007

Los mejores álbumes leídos en los últimos meses:

    La manzana y la mariposa. Iela Mari
    Eduardo, el niño más terrible del mundo. John Burningham.
    El rey cocodrilo. Gregoire Solotareff.
    Imagina. Norman Messenger.
    El astrónomo. Walt Whitman y Loren Long.
    Mejillas rojas. Heinz Janisch y Aljoscha Blau.
    El maravilloso mago de Oz. Robert Sabuda.
    El naufragio del Zéfiro. Chris van Allsburg
    Zap, un pez pintado. José Morán y Paz Rodero.
    Leos. Peter Reynolds.
    El sueño de Pipa. Thomas Docherty.

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lunes, 2 de julio de 2007

A partir de hoy abro, en Índices, una nueva sección de Artículos con uno titulado A modo de introducción. En ellos faltarán enlaces a títulos y autores que aún no he introducido en la página web, pero todo se andará. En su momento pensé organizarlos en un libro con el título Pistas que no vienen en los mapas, pero mejor están aquí. Los he revisado y ajustado un poco pero no he cambiado nada sustancial: está bien que se vea en qué fecha fueron escritos. Como dice Jean Guitton: «A veces es importante dejar en nuestros juicios la huella del movimiento que nos ha conducido a ellos. Un dibujo nos satisface cuando su línea reproduce el contorno de su objeto. El dibujo es todavía más perfecto cuando en torno a esta línea se percibe el bosquejo que de ella hizo el pintor, o su arrepentimiento: entonces la línea inmóvil parece estremecerse un poco ante la mirada».

Jean Guitton. Aprender a vivir y a pensar (Aprendre à vivre et à penser, 1957). Madrid: Encuentro, 2006; 95 pp.; col. Bolsillo; trad. de Javier Martín; ISBN: 84-7490-799-5.

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domingo, 1 de julio de 2007

En Autorretrato con radiador, Christian Bobin afirma: «La manera más pertinente de conocer a una sociedad es mirarla a partir de esos lugares donde lo humano está en vías de olvido, y orientar de ese modo el pensamiento: de abajo hacia arriba. (...) Porque con las sociedades pasa como con los individuos: lo real se encuentra siempre del lado de lo refractario, de lo fugitivo, de lo resistente, de todo lo que tratamos de calmar, ordenar, hacer callar, y que a pesar de todo vuelve, y vuelve de nuevo, y vuelve sin cesar —incorregible. La escritura está de ese lado. Todo lo que se empeña en vivir está de ese lado».

Y Adam Zagajewski, en En la belleza ajena, dice: «La posición de la literatura es muy ambigua. Es ella —suele serlo— la reina de la cultura, la gran dama, la gran experiencia, revelación y temblor, pero con una facilidad pasmosa cae de estas cumbres para convertirse en pasatiempo, en jeroglífico, en exhibición de destreza verbal. A veces, en la creación de un poeta eminente puede encontrarse una recaída en la lengua, en la retórica, en la palabrería incluso».

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