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Notas de julio de 2012 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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martes, 31 de julio de 2012

Uno de los libros infantiles españoles más populares, en su época y hasta hoy, fue y es Fray Perico y su borrico, de Juan Muñoz Martín. Tanto este como los demás relatos que continúan la serie, son libros bienhumorados que parecen sencillos, cuando uno los lee, pero que ya se ve que no lo son tanto, cuando uno ve cuántos intentan y qué pocos logran tanta eficacia.

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lunes, 30 de julio de 2012

Un álbum ideal para dormilones, no editado en España, que se puede poner como ejemplo de cuento acumulativo y encadenado: The Napping House, de Don y Audrey Wood. Hay versión en castellano, La casa adormecida, que no conozco.

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domingo, 29 de julio de 2012

Gombrich: «Sé perfectamente que la artesanía sola no es lo mismo que el genio artístico. [Pero…] (…) creo que gran parte de la estética contemporánea tiende a descuidar lo que he llamado el aspecto técnico de los grandes logros de la historia del arte. Hasta donde nosotros sabemos, estos trascendentales logros siempre han surgido del suelo preparado y fertilizado por una gran tradición artesanal. Creo que en este y en otros aspectos, tendemos a usar la palabra creatividad con demasiada ligereza. La creatividad no surge de la nada. Es el impulso de la búsqueda de las posibilidades y la variedad de soluciones que ofrece la tradición artesanal lo que producirá novedad y originalidad, porque lo que el artesano aprende no es sólo a copiar sino también a variar, a explotar sus recursos al completo y a exprimir su habilidad hasta los últimos límites de lo que una tarea permita y sugiera. Esto es lo que casi todo maestro hará, pero el individuo destacado trascenderá este alto nivel y producirá una obra que luego veremos como la culminación de la tradición: un violín Stradivarius en Cremona, un Taj Mahal en la India, o la vidriera de cristal emplonado de la Belle Vierge en la catedral de Chartres».

E. H. Gombrich. «Enfoques de la historia del arte: tres puntos de discusión» (1988), Temas de nuestro tiempo. Propuestas del siglo XX acerca del saber y del arte (Topics of our Time, 1991). Madrid: Debate, 1997; 223 pp.; trad. de Mónica Rubio; ISBN: 84-8306-067-1.

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sábado, 28 de julio de 2012

Decía Chesterton que una lectura sabia e imaginativa de los antiguos cuentos de hadas normalmente nos muestra que son avisos contra la magia más que anuncios de la magia. Muchos describen las complicaciones y contradicciones en las que se ven envueltos los hombres por lo que, al principio, parecía ser una especie de suerte preternatural. La moraleja de muchos cuentos de hadas es la del cuento de Thackeray titulado The Rose and the Ring: «Fairy roses, fairy rings, turn out sometimes troublesome things». Así son las historias del oro del rey Midas o la admirable anécdota del Black Pudding (del cuento The Three Wishes, recogido por Joseph Jacobs en More English Fairy Tales (1894). Y, del mismo modo, una sabia e imaginativa lectura de los modernos cuentos de hadas muestra la misma lógica: cómo los nuevos poderes causan nuevos enredos. El nuevo palacio de Aladino tendrá un avión para llevarle al Polo Sur y una televisión para traerle el Polo Sur a casa. Pero cada uno de los poderes será una razón para no usar el otro, pues la gradual transformación del Polo Sur, exactamente por el uso de los aviones e instrumentos científicos, pronto será una razón para no acudir a él tampoco.

G. K. Chesterton. «Of Some Contradictiones in Modern Ideas», artículo del 24 de marzo de 1928, The Illustrated London News, Collected Works volumen XXXIV.

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viernes, 27 de julio de 2012

Otro libro acerca de situaciones familiares duras tal como las contempla un niño, en este caso, irlandés: Paddy Clarke, ja, ja, ja, de Roddy Doyle.  Se podría describir como divertido y doloroso, bienhumorado en la presentación de muchos momentos de la vida infantil y trágico según el narrador y protagonista va comprendiendo la situación.

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jueves, 26 de julio de 2012

La joven de las naranjas
,
de Jostein Gaarder, transmite bien algunos sentimientos de asombro maravillado y el encandilamiento del primer amor juvenil.

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miércoles, 25 de julio de 2012

Un relato extravagante y simpático de hace tiempo: La piedra blanca, de Gunnel Linde.

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martes, 24 de julio de 2012

Ya que puse hace unos días Un perro y un gato, recuerdo álbumes de hace ya un tiempo cuyo texto tiene también orígenes en narraciones orales: El pequeño conejo blanco y La cebra Camila, ilustrados por Oscar Villán.

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lunes, 23 de julio de 2012

Se acaban de publicar en castellano dos álbumes de una ilustradora experta en relatos protagonizados por animales, extraordinariamente bien dibujados, Emily Gravett: ¡Un huevo con sorpresa! y Perros. A ver si pronto están otros como, por ejemplo Meerkat Mail, un álbum interesante por la historia, por las imágenes, por la información que contiene, por su concepto parecido al de El cartero simpático.

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domingo, 22 de julio de 2012

Gombrich: «Sé que hay muchas personas que niegan que existan criterios con los que juzgar la calidad. No soy una de ellas. Creo que el arte grande es tan raro en la pintura como en la música o en la poesía, pero que cuando lo encontramos vemos en él una riqueza y una maestría de recursos que trasciende la comprensión humana normal. Aun así, la preferencia por lo primitivo es una reacción comprensible, porque el aumento de recursos artísticos hace aumentar también el riesgo de fracaso. La línea de fondo es más segura y más atractiva en este sentido. Sin embargo, es humano querer trascender esas limitaciones y mejorar el lenguaje del arte, los instrumentos de expresión, tendiendo a una articulación cada vez más sutil. Esto es, creo yo, lo que el siglo XX intentó hacer absorbiendo en sus recursos los modos y métodos de la imaginería primitiva. Amplió la gama expresiva, incluyendo tanto la regresión como el refinamiento. [Así, Picasso] jugó con los recursos del estilo como si tocara un órgano de iglesia, utilizando conceptos clásicos y primitivos según la inspiración del espíritu; y Paul Klee, un explorador más suave de los medios de expresión artística, (…) hizo realidad su intención de aprender del arte de los niños, sin resultar jamás infantil. Cuanto más te guste lo primitivo, menos primitivo debes volverte».

E. H. Gombrich. La preferencia por lo primitivo. Episodios de la historia del gusto y el arte de Occidente (The Preference for the Primitive, 2002). Madrid: Debate, 2003; 324 pp.; trad. de Juan Manuel Ibeas; ISBN: 84-8306-148-1.

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sábado, 21 de julio de 2012

He puesto en la página datos de nuevas ediciones de La danza de los esclavos, ¿Dónde está Wally? y de una edición en España de Harold y el lápiz de color morado.
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viernes, 20 de julio de 2012

Una novela, en muchos sentidos excelente, como Un mundo para Julius, de Alfredo Bryce Echenique, a mí al menos me hace pensar que un enorme talento para el sarcasmo puede iluminar algunas realidades pero, a veces, no es la mejor manera ni de mostrar el sufrimiento interior de un niño ni de buscar salidas a situaciones dolorosas.

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jueves, 19 de julio de 2012

Después de un libro de poesía y de una novela juvenil, un relato de fantasía de hace tiempo que trata bien los vaivenes del enamoramiento: Con mis mil ojos, de Paola Capriolo.

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miércoles, 18 de julio de 2012

Al poner días atrás Mi abuelo, que trata uno de los temas más frecuentes en los relatos para pequeños, recordé que aún no había mencionado aquí una de las historias españolas más populares y duraderas sobre la cuestión: Abuelita Opalina, de María Puncel.

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martes, 17 de julio de 2012

Hay relatos que vienen como anillo al dedo a determinados ambientes y modos de actuar. Es lo que ocurre con Cosas de Ramón Lamote, de Paco Martín, una historia genuinamente gallega.

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lunes, 16 de julio de 2012

Un perro y un gato,
de Chené Gómez y Paula Carbonell, es un buen ejemplo de un tipo de álbumes: el que forman los basados en textos de narradores orales, donde las frases son cortas, contundentes y sonoras, para ser leídas o dichas en voz alta y, si es el caso, enfáticamente: «Un perro y un gato se conocieron. El perro dijo: ¡Guau!. El gato dijo: ¡Miau! Pero no se entendieron». Al tiempo que la historia progresa, el vocabulario aumenta: «El perro gruñía. El gato bufaba».

El argumento también es una muestra de cómo algunos relatos, por medio de personajes interpuestos, sirven para que los lectores y oyentes saquen conclusiones: en este caso, acerca de los motivos nimios para los enfados y la irritación que a veces pueden brotar en la convivencia, y acerca del cauce que, al final, se les ha de dar. Las ilustraciones, compuestas equilibradamente con dibujos en ceras y collages, presentan figuras amables con actitudes reconocibles, y usan con acierto los escenarios y los colores para sugerir más de lo que las palabras solas dicen.

Chené Gómez. Un perro y un gato (2011). Texto de Paula Carbonell. Pontevedra: OQO, 2011; 32 pp.; ISBN: 978-84-9871-362-6.

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domingo, 15 de julio de 2012

E. H. Gombrich:
 «Recuerdo una escena estimulante en un museo norteamericano (…). Un grupo abigarrado de chiquillos se había sentado en el suelo y los pequeños se dedicaban a manchar papeles con tinta, animados por una afectuosa maestra. Ésta me explicó que los niños acababan de ver allí las pinturas chinas a base de tinta y que ahora se iniciaban en ese juego fascinante. Desde luego, no les censuro esta satisfacción. Sólo espero que llegará también un momento en el que la maestra les explicará que lo que ellos hacían era lo contrario de lo que hacían los maestros chinos, y que requería años de concentración, trabajo y habilidad el dominio de las reglas y refinamientos de la tradición china. Para exponer la cuestión con cierta pedantería, las pinturas chinas de la era Sung pueden ser clasificadas con cualquier aplicación de la tinta, pero es más útil catalogarlas junto con las más refinadas evocaciones de la naturaleza conseguidas por la creatividad humana». Esto también quiere decir que si «nos aproximamos a ellas con esta convicción, lo más probable es que les prestemos diferente atención»: nuestros conocimientos y nuestras disposiciones previas antes de ver una obra de arte condicionan mucho nuestra forma de mirarla.

E. H. Gombrich. «El museo: pasado, presente y futuro» (1975), Ideales e ídolos. Ensayos sobre los valores en la Historia y en el Arte (Ideals & Idols, 1979). Madrid: Debate, 2004, 2ª ed.; 224 pp.; trad. de Esteve Riambau i Saurí; ISBN: 84-8306-585-1.

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sábado, 14 de julio de 2012

Decía Chesterton que, pensando en el arte como una manera de invocar visiones y de construir atmósferas, no imaginaba dos artistas más distintos que Stevenson y Poe, pues tanto las atmósferas de sus relatos como los recursos que utilizaron para crearlas fueron opuestos. El propósito de Poe no era meramente sugerir el horror sino la falta de esperanza, incluso cuando sugería el horror. El de Stevenson era el de no sugerir nunca la falta de esperanza, ni siquiera cuando sugería el horror.

Pero, además de las atmósferas morales, también las puramente artísticas son distintas. El método técnico de Stevenson es escueto y afilado: escoge mucho las palabras y es siempre cuidadoso del estilo porque es alguien siempre alerta y despierto. En cambio, el punto donde reside la belleza y el placer de la poesía de Poe es el de alguien que está medio dormido, como somnoliento. Además, Poe rezuma una incurable melancolía y se regodea en los lamentos como quien los ama. En cambio, la esencia del espíritu de Stevenson es que la melancolía no es incurable incluso aunque la desgracia lo sea.

G. K. Chesterton. «Stevenson vs. Poe», The Illustrated London News, artículo del 22 de septiembre de 1923, Collected Works volume XXXIII.

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viernes, 13 de julio de 2012

Se llevaron el cañón para Bachimba, de Rafael Felipe Muñoz, presenta un niño en medio de los combates de la revolución mexicana de comienzos del siglo XX.
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jueves, 12 de julio de 2012

Una interesante «novela de profesor» que narra un largo diálogo en la carretera de Vigo a Madrid, y que, por lo que veo, no está en el mercado ahora mismo: Anagnórisis, de María Victoria Moreno.

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miércoles, 11 de julio de 2012

Un importante detective infantil de hace décadas, ahora ya olvidado, fue Enciclopedia Brown, de Donald Sobol. A veces, este tipo de relatos y de series tienen interés para ver dónde bucean escritores más modernos en busca de ideas y recursos para sus historias.

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martes, 10 de julio de 2012

Un antiguo libro argentino de poesía infantil que, cuando lo leí, me pareció formidable: Las torres de Nuremberg, de José Sebastián Tallón.
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lunes, 9 de julio de 2012

Algunos álbumes que parecen muy sencillos, en sus ilustraciones, en sus palabras, y en su idea de fondo, aciertan de lleno en lo que desean transmitir. Pero el hecho de que otros álbumes que intentan lo mismo no lo consigan indica que las cosas no son tan fáciles como a simple vista podría parecer.

He pensado esto, una vez más, al leer Mi abuelo, de Marta Altés. Los protagonistas son un nieto y su abuelo, digamos que de una especie simplificada de osos, y las palabras de la narración son del nieto. En la doble página de presentación vemos al pequeño, desde detrás de un árbol, observar a su abuelo. En la siguiente doble página hay dos imágenes del abuelo contemplando como cae una hoja y, en la derecha, se afirma «Mi abuelo se está haciendo mayor». A continuación vemos al abuelo en el parque y el texto, de nuevo en la derecha, se dice: «A veces se siente solo». Después se suceden escenas con la relación entre ambos protagonistas.

Las figuras, siempre sobre fondo blanco, reflejan las actitudes de los personajes: de preocupación, de alegría, de inquietud… Armoniza bien que los fondos —casas, árboles, paisajes—, sean esquemáticos y claros, que haya un uso limitado de colores —rojo, verdes, marrones—, y que las palabras sean sobrias y no haya en ellas el más mínimo intento de ser poéticas. También contribuye al equilibrio del álbum el hecho de que las palabras se correspondan, apropiadamente, con la imagen de la página o con la imagen de la doble página. Además, es un álbum que combina con acierto algo difícil: gustar a la vez a niños y adultos.

Marta Altés. Mi abuelo (2012). Madrid: Macmillan, 2012; 28 pp.; ISBN: 978-84-1542-697-4.

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domingo, 8 de julio de 2012

Es sabido que poner en paralelo las pinturas primitivas y las de los niños es algo equivocado por más que sus autores, en los dos casos, usen métodos conceptuales. Señala E. H. Gombrich que mientras «la mayoría de las formas del arte autóctono están sumamente controladas», «el arte infantil es espontáneo, despreocupado, incluso chapucero, sobre todo desde que las escuelas modernas fomentan justamente la inventiva y la originalidad a costa de la destreza manual».

Pero, además, si consideramos cómo la función de una imagen puede influir sobre su forma, «el arte de los niños de nuestra época es el más impuro de los ejemplos. Los motivos y los fines por los que los niños dibujan son muy variados. Crecen en nuestro mundo, donde la imagen ha asumido ya sus múltiples funciones: retratar, ilustrar, decorar, seducir, expresar emoción. Nuestros niños conocen libros ilustrados y revistas, el cine y la televisión, y las pinturas que hacen reflejan esta experiencia de muchas maneras que el psicólogo infantil no percibe. En un “test de mosaico” se dio una nota alta a un niño que usó sus formas geométricas para representar a un zorro, visto desde atrás, al acecho de algo que tenía enfrente. No cabe duda de que la solución era ingeniosa y la nota bien merecida, pero es de lo más inverosímil que aquel niño viera jamás un zorro en tal posición. Debió de haber estado mirando libros ilustrados, y uno de ellos pudo ofrecerle un esquema acabado y adecuado para la adaptación por medio del mosaico. Los niños hacen tales pinturas por divertirse, por exhibirse, o porque sus madres no les dejan armar ruido. Continuamente, absorben y adaptan los criterios y esquemas del mundo de los mayores, aunque no todos ellos dispongan de teorías tan elaboradas como cierto hijo de un filósofo alemán que, cuando tenía cuatro años, contestaba a preguntas sobre sus dibujos: “¿Qué es esto?” “Un barco”. “¿Y este garabato?”. “Esto es arte”. La aprobación que los mayores otorgan a esa “actividad creadora” convence pronto al niño de que es más prudente tener malicia sobre el papel que en la vida real. Pero la misma idea de esta licencia presupone la creencia de que el arte es un consuelo de tontos, de país de Jauja, un reino de fantasmas donde damos rienda suelta a los sueños, o sea, la creencia contra la que Platón elevaba su protesta».

E. H. Gombrich. El primer párrafo pertenece a «Lo primitivo y su valor en el arte» (1979), Gombrich esencial - Textos escogidos sobre arte y cultura (The Essential Gombrich, 1996). Edición de Richard Woodfield. Madrid: Debate, 1997; 624 pp.; traducciones de los artículos, de muchos autores; ISBN: 84-8306-066-3.
El siguiente está en Arte e ilusión. Estudio sobre la psicología de la representación pictórica (Art and Illusion. A Study in the Psicology of Pictorial Representation, 1959). Madrid: Debate, 1997; 386 pp.; trad. de Gabriel Ferrer; ISBN: 84-8306-087-6.

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sábado, 7 de julio de 2012

En cuestiones educativas, como en la vida, advertía Chesterton que un placer puede matar otro placer, como un color puede matar otro color. Cada figura de color requiere un telón de fondo y, a menudo, la figura más brillante es la que tiene un color gris o negro de fondo. Las proporciones entre placer y sobriedad son un problema delicado, como las proporciones entre azul y negro, o gris y oro. Pero es un problema de dar con las proporciones, no de apilar los placeres uno encima de otro. La vida debería estar tan mezclada que haya en todos nuestros placeres un ligero elemento de sorpresa. Los niños entienden eso, pero la cuestión, aquí y ahora, es si tantos niños demasiado precoces no habrán perdido la capacidad de comprenderlo.

G. K. Chesterton. «Pleasure-seeking in the Modern World», artículo del 9 de diciembre de 1922, The Illustrated London News, Collected Works volumen XXXII.

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viernes, 6 de julio de 2012

Voy a ir poniendo, en viernes sucesivos, algunos relatos duros «sobre niños», o relatos sobre niños en situaciones duras. Comienzo con El niño del ingenio de azúcar, del brasileño José Lins do Rego, una novela con acentos autobiográficos sobre un protagonista que, dice de sí mismo, abandona la infancia con el alma ya vieja.

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jueves, 5 de julio de 2012

Cuando me preguntan por novelas de amores juveniles siempre añado una recomendación adicional de poesía: La voz a ti debida, de Pedro Salinas.
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miércoles, 4 de julio de 2012

Una autora danesa: Cecil Bødker. Un libro suyo que me gustó, tiempo atrás, fue Leopardo: un relato ambientado en Etiopía que ahora no lo encuentro disponible en librerías. Uno de sus libros más famosos, que publicó Noguer y leí hace años pero que no me atrajo mucho entonces, es Silas (1967), sobre un niño que vagabundea, encuentra personajes curiosos, y tiene una flauta con la que consigue cualquier clase de sonido. A lo mejor después de Ilustratour 2012 vuelvo a echarle un vistazo...

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martes, 3 de julio de 2012

Novelas o colecciones de relatos que más me han gustado de los últimos meses:

   Un marido bueno, un buen marido. Alexander McCall Smith.
   La confesión. John Grisham.
   Un simple vestido de fiesta. Christian Bobin.
   Katrina. Sally Salminen.
   El Sunset Limited. Cormac McCarthy.
   La librería ambulante. Christopher Morley.
   Una puerta que nunca encontré. Thomas Wolfe.

De poesía:

   Poemas de guerra. Wilfred Owen.

Libros de no-ficción:

   ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Nicholas Carr.
   Roy Campbell. “España salvó mi alma”. Joseph Pearce.
   Piero della Francesca. Bernard-Henri Lévy.
   Manual de redacción. Luis Ramoneda.
   La aventura sin fin. T. S. Eliot.
   Plan B. 25 actividades gratuitas para tiempos de crisis. Echeve.
   La invención del cuadro. Victor Stoichita.
   El puño invisible. Carlos Granés.
   El pábilo vacilante. Enrique García-Máiquez.
   Las llagas y los colores del mundo. Entrevista a José Jiménez Lozano de Guadalupe Arbona.

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lunes, 2 de julio de 2012

Libros infantiles que más me han gustado en los últimos meses:

   La historia de Nycteris y Photogen. George MacDonald.
   La casa del Ángel de la Guarda. Kathy Clark.
   El lobo rojo. Friedrich Karl Waechter.
   Una vaca, dos niños, trescientos ruiseñores. Ignacio Sanz.

Libros juveniles:

   Reyes de la basura. Andy Mulligan.
   Un destino por descubrir. Clare Vanderpool.
   Luka y el fuego de la vida. Salman Rushdie.
   El santuario del pájaro elefante. Heinz Delam.
   Ciudad de huérfanos. Avi.
   El secuestro. John Grisham.

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domingo, 1 de julio de 2012

Los mejores álbumes para prelectores leídos en los últimos meses:

   Un libro. Hervé Tullet.
   ¿Negro? ¡Blanco! ¿Día? ¡Noche!: el libro de los opuestos. Laura Vaccaro Seeger.
   La campeona mundial de mantenerse despierta. Jimmy Liao y Sean Taylor.
   Conducir es fácil. Fernando Pérez Hernando.

Para primeros lectores:

   La Ardilla Miedosa por la noche. Mélanie Watt.
   Art y Max. David Wiesner.
   Henri viaja a París. Saul Bass y Leonore Klein.
   El oso y la solidaridad. Paz Rodero y José Morán.
   El tigre y la tolerancia. Jesús Gabán y José Morán.
   El dragón Zog. Axel Scheffler y Julia Donaldson.

Para lectores más mayores:

   Luna llena. Antoine Guilloppé.
   Reflejo. Jeannie Baker.
   Soy feliz. Jimmy Liao.
   La ventana. Sean Chuang.

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