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Notas de julio de 2013 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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miércoles, 31 de julio de 2013

Ya que hablé ayer de un autor checo, una obra histórica en ese idioma, que yo he leído en inglés, es The Chattertooth Eleven, de Eduard Bass. Se publicó en 1923 y una de sus singularidades es la de ser una novelita sobre fútbol aunque, por la ingenuidad de sus planteamientos, no creo que guste mucho a los aficionados actuales.
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martes, 30 de julio de 2013

Cuando preparé la primera edición de Bienvenidos a la fiesta (libro) busqué las obras publicadas en castellano de los autores que habían recibido el Premio Andersen. Del checo Bohumil Riha no había (y no hay) casi nada. La única que recuerdo y que puse allí fue Doctor Ping, simpática y amable.

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lunes, 29 de julio de 2013

Otro álbum que no estaba aún puesto aquí pero que cito en Emociones en construcción, porque habla de la importancia que tiene para los niños sentirse seguros del afecto de sus padres: Siempre te querré, de Debi Gliori.

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domingo, 28 de julio de 2013

Dice Bauman: «La memorable sentencia de Robert Louis Stevenson: “Viajar con ilusión es mejor que llegar”, nunca ha sonado tan verdadera como ahora, en este líquido y fluido mundo moderno. Cuando los destinos cambian y aquellos que no lo hacen pierden sus encantos a más velocidad de la que la gente utiliza al caminar, los coches al correr o los aviones al volar, seguir en movimiento importa más que el destino. Evitar convertir en hábito cualquier cosa que se haga en cualquier momento o evitar atarse al legado del propio pasado, llevar la identidad actual como una camiseta que puede ser rápidamente reemplazada en el momento en que pasa de moda, despreciar las lecciones del pasado y desdeñar las aptitudes propias de otros tiempos y hacerlo sin ninguna inhibición o pena: todo ello se está convirtiendo en característica distintiva de las actuales políticas líquidas de la vida moderna, y en los atributos de la racionalidad líquida moderna. La cultura líquida moderna ya no siente que es una cultura de aprendizaje y acumulación, como las culturas registradas en los informes de “historiadores” y “etnógrafos”. A cambio, se nos aparece como “una cultura del desapego, de la discontinuidad y del olvido»”.

Pero ni la sentencia de Stevenson ni la postura posmoderna que describe Bauman tiene mucha lógica, al menos según decía Chesterton y, antes todavía, según Samuel Johnson: «Quien dirige sus pasos hacia un determinado lugar, con frecuencia ha de levantar la mirada hacia el punto que se ha propuesto alcanzar; quien está sometido a penosas labores procura superar el desánimo imaginando su futura recompensa. En la agricultura, que es una de las ocupaciones más simples y necesarias, nadie se dedica a abrir surcos en la tierra como no sea pensando en la cosecha, la misma cosecha que las plagas pueden malograr, las inundaciones arrasar, o que la muerte y las calamidades pueden impedirle al labrador recoger».

Zygmunt Bauman. Sobre la educación en un mundo líquido. Conversaciones con Riccardo Mazzeo (On Education, 2012). Barcelona: Paidós, 2013; 151 pp.; col. Estado y sociedad; trad. de Dolores Payás Puignarnau; ISBN: 978-84-493-2811-4.
Samuel Johnson. «El futuro», artículo del 24 de marzo de 1750 en The Rambler, contenido en El patriota y otros ensayos (The Patriot y artículos escogidos). Madrid: El Buey Mudo, 2010; 238 pp.; trad. de Ana María Nuño y Mariano José Vázquez Alonso; selección de Carlos Segade; ISBN: 978-84-937417-7-8.

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sábado, 27 de julio de 2013

Con el comentario que sigue termino el plan de reseñar obras de Chesterton aunque lo continuaré con la noticia de varias obras sobre él.

Es sabido que había manifestado su intención de escribir un libro sobre Shakespeare y parece ser que se lo habían encargado poco antes de fallecer. Seguramente por eso, una de las selecciones de textos publicadas póstumamente por Dorothy Collins, el año 1972, fue Chesterton on Shakespeare. Los artículos de aquel libro, poco difundido y desde hace mucho imposible de conseguir en el mercado de segunda mano, están incluidos en una recopilación del año 2012 de Dale Ahlquist, que añade otros —como los citados en los comentarios a Lectura y locura o a The Spice of Life and Other Essays—, e incluye fragmentos de artículos y extractos de más obras de Chesterton, como Chaucer y Shaw, en los que hay referencias a Shakespeare.

Cada uno de los ocho capítulos está unificado por un tema pero no todos son igual de homogéneos. Los más claros son: el de los comentarios a las tragedias, sobre todo Macbeth, El Rey Lear, Hamlet, Otelo, Julio César; el que habla de las comedias, sobre todo El mercader de Venecia, Sueño de una noche de verano, Trabajos de amor perdidos; el que se pregunta si Shakespeare fue católico, algo de lo que Chesterton está convencido y, sin tantas pruebas históricas como han llegado a recogerse después, lo asegura deduciéndolo del contenido de sus obras; y el final, acerca de la polémica recurrente sobre si las obras de Shakespeare las escribió Bacon u otro, que tantas veces se formula con planteamientos que a Chesterton le provocan una hilaridad que transmite a sus lectores.

Son más cajón de sastre los demás capítulos: el primero es como un marco y explica rasgos de las obras de teatro isabelinas y de la «inglesidad» de Shakespeare; el cuarto se centra en el mundo del teatro y sus convenciones y señala con ejemplos la maestría verbal y constructiva de Shakespeare; el quinto contiene comentarios a sus obras históricas, señala cualidades como su enorme inventiva y defectos como su exuberancia un tanto descontrolada; el séptimo, breve, habla de la oposición de Shaw hacia Shakespeare, una especie de pose de la que, sin embargo, Chesterton saca petróleo. En cualquier lugar aparecen críticas a los críticos: Chesterton se distancia siempre de cualquier postura pedante y pone mucho empeño en dejar en su sitio las cosas: ni Hamlet puede ser interpretado psicoanalíticamente, ni Portia puede ser considerada una moderna y joven abogada, etc.

En uno de los artículos seleccionados se dice que el test del trabajo de un crítico al opinar sobre una obra maestra está en si nos la presenta como algo fresco o en si nos la presenta como algo rancio; en si nos empuja a leerla por primera vez o en si nos envía a ella como si fuera la centésima vez. Es decir, sigue Chesterton, «hay una clase de crítica que nos recuerda que hemos leído un libro y hay otra clase, mucho mejor, que nos convence de que nunca lo hemos leído». Esto es lo que consigue Chesterton: quien le lee tiene ganas de comprobar por qué no hay ningún drama teatral tan grande como Macbeth, ninguna obra de diseño tan perfecto como Sueño de una noche de verano, ningún personaje tan acabado como Bottom the Weaver (Lanzadera, el tejedor), ningún fanfarrón tan humilde como Falstaff.

G. K. Chesterton. The Soul of Wit. G.K. Chesterton on William Shakespeare (2012). Edited and with an Introduction by Dale Ahlquist. New York: Dover Publications, 2012; 320 pp.; ISBN: 978-0-486-48919-3.

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viernes, 26 de julio de 2013

Natalia Ginzburg describe así su oficio como escritora: «Normalmente, no da mucho dinero, es más, para vivir siempre hay que hacer otro trabajo al mismo tiempo. A veces también da un poco: y tener dinero gracias a él es una cosa muy dulce, como recibir dinero y regalos del ser amado. Así es mi oficio. No sé mucho, digo, sobre el valor de los resultados que me ha dado y que podrá darme, o mejor dicho, de los resultados obtenidos conozco el valor relativo, aunque no el absoluto. Cuando escribo algo, suelo pensar que es muy importante y que yo soy una gran escritora. Creo que a todos les ocurre igual. Pero hay un rinconcito de mi alma donde sé muy bien, y siempre, lo que soy, es decir, una escritora pequeña, muy pequeña. Juro que lo sé. Pero no me importa mucho. Sólo que no quiero pensar en nombres; he comprobado que si me pregunto “¿una pequeña escritora como quién?”, me entristece pensar en nombres de otros pequeños escritores. Prefiero creer que nadie ha sido nunca como yo, por pequeña escritora que o sea, aunque como escritora sea una pulga o un mosquito. Lo que sí es importante, en cambio, es tener la convicción de que es justamente un oficio, una profesión, algo que se hará toda la vida. Pero, como oficio, no es broma. Existen incontables peligros (…). Estamos continuamente amenazados por graves peligros en el mismo instante de redactar nuestra página. Existe el peligro de ponerse de repente a coquetear y a cantar. Yo siempre tengo unas ganas locas de ponerme a cantar, debo contenerme mucho para no hacerlo. Y está el peligro de estafar con palabras que no existen de veras en nosotros, que hemos encontrado por casualidad fuera de nosotros y que reunimos con destreza porque hemos llegado a ser bastante listos. Está el peligro de pasarnos de listos y estafar. Es un oficio bastante difícil, como veis, pero es el más bonito del mundo. Los días y los asuntos de nuestra vida, los días y los asuntos de la vida de los demás a los que asistimos, lecturas e imágenes y pensamientos y conversaciones lo alimentan y crece en nuestro interior. Es un oficio que se nutre también de cosas horribles, se come lo mejor y lo peor de nuestra vida, en su sangre fluyen tanto nuestros sentimientos malos como los buenos. Se alimenta y crece en nuestro interior».

Natalia Ginzburg. «Mi oficio», Las pequeñas virtudes (Le piccole virtú, 1962, 1983). Barcelona: El Acantilado, 2002; 164 pp.; trad. de Celia Filipetto; ISBN: 84-95359-66-9. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 25 de julio de 2013

El subtítulo de ¡Abajo el colejio!, de Geoffrey Willans y Ronald Searle, es «Un manual de instrucciones para la vida escolar destinado a alumnos y padres». Y, en la misma portadilla de presentación, bajo la palabra Contenidos, se dice: «Información privilegiada sobre colejios, empollones, chibatos, canallas, direztores, criquet, guarros, habusones, padres, profesores, hartistas del engaño, malas llerbas en jeneral, bromitas de dormitorio y desastres diversos… En realidad… EL TINGLADO AL COMPLETO». El narrador es nigel molesworth (con minúsculas) y el colegio del que habla es San Custodio, «un sitio húmedo y cutre», un «balle de lágrimas».

Como corresponde a textos e imágenes publicadas, hace décadas, en la revista Punch, los destinatarios naturales del relato no son tanto los niños como los adultos (igual que si fueran textos publicados en España en La Codorniz en los años cincuenta y sesenta). Aunque, lógicamente, para comprender el libro, o por qué es posible un libro así, hace falta pensar en antecedentes como Tomás Brown, Vice Versa, Stalky & Cia, The Pothunters..., lo cierto es que un protagonista como nigel no es comparable con los de aquellos libros o con los de, por ejemplo, Guillermo Brown o El pequeño Nicolás: aquí no hay piedad para nadie, ya que ningún profesor ni padre se salva, ni el mismo narrador tiene afán alguno de presentar una versión mejorada de sí mismo. Son formidables los dibujos y caricaturas de Searle, y es sensacional el trabajo de traducción-adaptación al castellano. Más información, aquí.

Geoffrey Willans y Ronald Searle. ¡Abajo el colejio! (Down with skool!, 1953). Madrid: Impedimenta, 2013; 110 pp.; trad. de Jon Bilbao; ISBN: 978-84-15578-35-2.

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miércoles, 24 de julio de 2013

Un libro en inglés, de ambiente hispano, que fue importante hace años y que tiene como protagonista a un simpático pastor de ovejas de doce años: ...And Now Miguel, de Joseph Krumgold.

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martes, 23 de julio de 2013

Pongo en el diccionario la voz de Sonja Bougaeva y los libros suyos que había citado en las notas.

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lunes, 22 de julio de 2013

Con motivo de su 90 cumpleaños la prensa inglesa ha hablado mucho últimamente de Judith Kerr, como en este artículo. Por eso he añadido en la página uno de sus álbumes más populares Mog: the forgetful cat (1970), un olvidadizo personaje inolvidable.
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domingo, 21 de julio de 2013

Tiempo atrás puse una nota titulada El gólem. La misma historia contada de otra manera:

Jorge Bergoglio: «Cuando el hombre se ensoberbece, crea un monstruo que se le va de las manos. Es importante para la ciencia ponerse el límite para poder decir: “Desde acá ya no creo cultura sino que es otra forma de incultura, que es destructiva”».

Abraham Skorka:
«Ése es el mensaje que encierra la historia del Golem. En Praga, un rabí creó un muñeco, un autómata, para defender a los judíos de los ataques antisemitas. Le grabó la palabra “emet” en la frente, el tetragrama de Dios puso en su boca, y ordenaba al Golem que le sirviera a él. Una versión de la leyenda dice que un viernes, antes del Shabat, el muñeco se independizó y empezó a romper todo. El rabí le borró la primera letra de la frente y quedó “met”, que significa muerto, y le quitó el papelito de la boca, entonces volvió a la arcilla de la cual el rabino lo había hecho. Es el paradigma de cuando el hombre no domina lo creado por su intelecto, cuando el resultado de su creación se le escapa de las manos».

Jorge Bergoglio y Abraham Skorka. Sobre el cielo y la tierra (2010). Barcelona: Debate, 2013; 224 pp.; edición a cargo de Diego F. Rosemberg; ISBN: 978-8499923369.

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sábado, 20 de julio de 2013

Lord Kitchener (1850-1916), un militar con una larga carrera en Sudán, Sudáfrica e India, fue nombrado secretario de Estado para la Guerra cuando comenzó la primera Guerra Mundial. Era un hombre admirado y querido por la gente pero rechazado por la clase política, pues «nunca fue y nunca quiso ser ni más ni menos que un buen militar», algo que Chesterton apreciaba mucho. Falleció durante un viaje a Rusia cuando su barco se hundió al chocar con una mina alemana cerca de las islas Orcadas. Pocas semanas después, el 17 de junio de 1916, Chesterton publicó «The Death of Kitchener», un artículo en The Illustrated London News elogiando las cualidades que, como jefe militar, había demostrado en el pasado: la de ser un hombre de tratados y no de guerra, un hombre de mente abierta y un negociador fiable, un hombre que combatía con dignidad pero capaz de alcanzar acuerdos con sus enemigos. El Departamento de Información del Gobierno británico le pidió que ampliase el texto para publicar una semblanza biográfica un poco más extensa, por la que luego le mandó calurosas felicitaciones el jefe del Departamento, el escritor John Buchan.

En opinión de Chesterton, Kitchener tenía las cualidades del héroe de una obra épica, de alguien que no es poeta pero sí es la materia de los poetas; tenía las cualidades del principal actor de una gran alegoría mucho más enorme de lo que podría él mismo darse cuenta. Una de las razones era que no sólo pedía consejo a los amigos sino que también sabía dialogar y dejarse aconsejar por quienes eran sus enemigos en el combate: cada vez que había tenido que negociar personalmente con alguno el resultado nunca fue de más enfrentamiento sino de más comprensión mutua. Otro de los motivos para las alabanzas de Chesterton fue que Kitchener lamentó el horror de la forma de luchar de los ejércitos alemanes durante la primera Guerra Mundial y declaró que las barbaridades que cometieron habían dejado una mancha imborrable sobre la profesión militar. Frente a ese modo de comportarse, Kitchener saludó la noble caballerosidad de sus antiguos enemigos en Sudán, y deploró que las academias militares y las oficinas gubernamentales europeas se hubiesen dejado arrastrar por una locura tan cruel e inmunda que merecería el desdén del más loco de los derviches del desierto.

G. K. Chesterton. Lord Kitchener (1917).

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viernes, 19 de julio de 2013

Sonallah Ibrahim, un conocido escritor egipcio, recrea en A escondidas algunas escenas de su infancia en un barrio popular de El Cairo, el año 1948. Un niño de diez años sin nombre narra, en presente, la vida cotidiana con su padre, un funcionario jubilado. Cuenta incidentes de su vida familiar y vecinal, deja entrever su enorme nostalgia de su madre, e indica de modo bastante aséptico los descubrimientos de la vida que hace o intuye. Al fondo, a través de lo poco que comprende el narrador, se aprecian las tensiones políticas del momento.

Todo se cuenta con frases cortas, de forma sobria pero, a la vez, detallada, como con la intención de acentuar, a los ojos del lector, la curiosidad e ingenuidad infantil. No es una lectura memorable, pues nada digno de mención ocurre ni los personajes se ganan al lector, ya que ni hay humor ni los comportamientos amables o bondadosos se presentan de modo atractivo. En cualquier caso sí es una pieza de interés más para los que siguen la narrativa propia de los países árabes.

Sonallah Ibrahim. A escondidas (Al Talassus, 2007). Madrid: Ediciones del oriente y del mediterráneo, 2013; 235 pp.; trad. de M. Luz Comendador Pérez; ISBN: 978-84-96327-99-3.
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jueves, 18 de julio de 2013

Un lector ingenuo de novelas juveniles escritas en las últimas décadas y ambientadas en el pasado podría suponer que, continuamente, las chicas se disfrazaban de chicos para ir allí donde nadie las dejaba ir... Esto hay quien lo plantea mal pero hay quien lo plantea bien..., tal como una novela de hace algún tiempo ya: La Expedición del Pacífico, de Marilar Aleixandre.

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miércoles, 17 de julio de 2013

Dos libros infantiles, algo distintos a los habituales, del israelí David Grossman: Un niño y su papá, que son seis relatos cortos, y Duelo, sobre la amistad de un chico con dos ancianos.

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martes, 16 de julio de 2013

Entre los álbumes humorísticos de Babette Cole de hace ya un tiempo, hubo varios que presentaban cuentos populares donde las chicas ocupaban el lugar de los chicos y los chicos el lugar de las chicas, como La princesa listilla, El príncipe ceniciento o Tarzana. Tienen gracia pero, como corresponde a este tipo de relatos que triunfan, en cuanto la marea baja ya no vuelven: de hecho, ninguno está en el mercado español ahora. (Los pongo ahora también porque no estaban aquí todavía pero los cito en Emociones en construcción).

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lunes, 15 de julio de 2013

Pongo en el diccionario la voz de Mélanie Watt y los libros suyos que había citado en las notas.

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domingo, 14 de julio de 2013

Abraham Skorka: «El libro de Job nos da una gran enseñanza, porque —en síntesis— dice que no podemos entender cómo se manifiesta exactamente Dios en las acciones individuales. Job, que era un hombre de justicia, de rectitud, quiere saber por qué perdió todo, hasta su salud. Sus amigos le dicen que Dios lo castigó porque ha pecado. Él les contesta que aun si hubiera pecado, no era para tanto. Recién cuando aparece Dios, Job se queda tranquilo. No obtiene una respuesta, lo único que existe es un sentir del Señor. De este relato se pueden deducir varias cosas que marcan mi personal percepción de Dios. Primero: que los amigos de Job —que defendieron una tesis que decía “has pecado, por ende, Dios te ha castigado”, transformando a Dios en una especie de computadora que premia o castiga— incurrieron en arrogancia y necedad. Al final del relato, Dios le dice a Job —que tanto le recriminaba la injusticia que el Creador hizo con él— que interceda en oración por sus amigos, porque ellos habían hablado incorrectamente acerca de él. Quien gritó sus penas a los cuatro vientos al reclamar por la justicia celestial fue visto placenteramente por Dios. Los que sostenían un discurso esquemático acerca de la esencia de Dios fueron aborrecidos por Él. Dios, a mi entender, se revela a nosotros de un modo muy sutil. Nuestro sufrimiento en el presente podría ser una respuesta para otros en un futuro. O tal vez seamos nosotros una respuesta de algún pasado».

Jorge Bergoglio: «El libro de Job es una continua discusión sobre la definición de Dios. Hay cuatro sabios que van elaborando esa búsqueda teológica, y todo termina con una expresión de Job: “Antes te conocía de oídas, ahora te han visto mis ojos”. La imagen de Dios que tiene Job al final es distinta de la del principio. La intención de este relato es que la noción que tienen estos cuatro teólogos no es verdadera, porque a Dios siempre se lo está buscando y encontrando».

Jorge Bergoglio y Abraham Skorka. Sobre el cielo y la tierra (2010). Barcelona: Debate, 2013; 224 pp.; edición a cargo de Diego F. Rosemberg; ISBN: 978-8499923369.

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sábado, 13 de julio de 2013

En los próximos sábados pondré varias notas para completar el plan de reseñar obras de Chesterton.

En su juventud, a Chesterton le causaron gran impresión los artículos del fundador y editor del dominical The Clarion (El Clarín), Robert Blatchford, un hombre influido por William Morris y sus ideas acerca de las sociedades preindustriales donde los trabajadores eran artistas y artesanos. Un libro de Blatchford titulado Merrie England (1893), muy vendido, tuvo mucho peso en la gran admiración de Chesterton por la Edad Media, aparte de confirmar sus simpatías primeras por las ideas socialistas. Pasado el tiempo diría que se hizo socialista porque, cuando era joven, le parecía intolerable no serlo ya que los socialistas parecían ser los únicos que criticaban las desigualdades sociales.

Años después, cuando Robert Blatchford atacó el cristianismo en su periódico y ofreció sus páginas para discutirlo, Chesterton saltó a la palestra para polemizar con él y publicó, en The Clarion, varios artículos en defensa de las ideas cristianas. Fue la primera vez que públicamente confesó sus creencias en doctrinas centrales del cristianismo y, durante los meses que duró el intercambio de golpes dialécticos, muchos empezaron a familiarizarse con la forma de argumentar tan ágil y bienhumorada de Chesterton, que, paso a paso, tomaba las tesis de su oponente, las desplegaba más, y las volvía contra él. Se puede ver fácilmente cómo su manera de argumentar era semejante a la que describía Newman en su autobiografía: «No me resistía a guiar paso a paso a un oponente, en virtud de sus propias opiniones, hasta el borde de algún absurdo intelectual, y dejarle luego solo para que se apañase como mejor pudiera».

Así, cuando Blatchford decía que muchos pueblos tenían mitos paralelos a la Encarnación, le preguntaba Chesterton si no veía la otra cara de su argumento. Es decir, si el Dios de los cristianos se había hecho hombre, ¿no correrían rumores entre todos los demás pueblos, y no habría en ellos incluso perversiones, relacionados con esa venida de Dios a los hombres? Si el centro de nuestra vida fuera un determinado acontecimiento, ¿no habría gente alejada de nosotros que tendría una versión un tanto confusa de ese acontecimiento?

O bien, al asegurar Blatchford que ningún juez inglés aceptaría las evidencias de la resurrección de Jesucristo, Chesterton le hacía notar que, posiblemente, los cristianos no tenían esa «extravagante reverencia por los jueces ingleses que Blatchford parecía tener»; y, más aún, la misma historia del cristianismo les «ha dejado una ligera duda sobre la infalibilidad de los Tribunales de Justicia» .

G. K. Chesterton. The Blatchford Controversies (1905), en The Blatchford Controversies and Other Essays on Religion, edición Kindle, amazon.com, ASIN: B003YMMI3S.
La cita de John Henry Newman está en Apologia por Vita Sua. Historia de mis ideas religiosas (Apologia por Vita Sua: Being a History of his Religious Opinions, 1865), Madrid: Encuentro, 1996.

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viernes, 12 de julio de 2013

Hace años leí El final del cielo, de Alejandro Gándara, un buen relato cuyo protagonista reflexiona sobre sus cobardías y dejaciones como padre al encontrarse en una situación límite.

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jueves, 11 de julio de 2013

Dos valiosas novelas juveniles no traducidas al castellano: Moccasin Trail, del Oeste, y The Golden Goblet, ambientada en el antiguo Egipto, de Eloise Jarvis McGraw. Están ambientadas con rigor, son ricas en vocabulario y su acción es lenta, pues el interés y el punto fuerte de la escritora es mostrar los conflictos emocionales de sus héroes. Es decir, requieren atención y calma.

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miércoles, 10 de julio de 2013

Muchos buenos escritores tenían una gran inclinación, y con frecuencia un gran talento, para la pintura o el dibujo (Lewis Carroll, Ruyard Kipling, G.K. Chesterton…). Es como si sus creaciones literarias dependieran muchísimo de las imágenes que primero tuvieron en la mente y que incluso, en muchos casos, intentaron llevar antes al papel. Un buen ejemplo es Tolkien, como se puede ver en J.R.R. Tolkien: Artista e ilustrador, un libro dedicado al estudio de todas las imágenes que preparó él mismo para sus obras.

Los autores hablan de las influencias artísticas que Tolkien hizo suyas —pintores como Van Gogh o Munch, ilustradores como Arthur Rackham— y se indican otras de las que intentó distanciarse —como del ornamentalismo de Kay Nielsen—. Señalan cómo Tolkien se dio cuenta pronto de que la pintura no era su fuerte pero cómo su creatividad «a veces trabajaba por delante de su consciencia y en ocasiones el pintor se adelantaba al poeta». Muestran las obras y bocetos de Tolkien, desde sus primeros cuadros un tanto visionarios de su época de estudiante, hasta las ilustraciones más conseguidas para El hobbit y El Señor de los anillos. Apuntan cómo, en muchas, igual que en sus escritos, hay frecuentes símbolos de la libertad que sugieren movimiento y escapada: «un portal o una puerta, un sendero o una carretera que lleva a un lugar distante o a un portal o a una puerta, una vista lejana detrás del paisaje inmediato».

Es también interesante que Tolkien tenía claro cuál era el papel que las ilustraciones tenían que cumplir en sus libros: el de avivar la imaginación de los lectores y el de fijar su atención para comprender mejor las cosas. Esto se nota en que sus ilustraciones «priman el paisaje, punto fuerte del autor, sobre la figura o las figuras», algo que se debe a sus limitaciones pero también a que, al mostrar el lugar de los sucesos y no las cosas que ocurren, los lectores pueden ser dirigidos por el texto y no por imágenes muy específicas. Se nota también, por ejemplo, en las ilustraciones que puso a sus Cartas de Papá Noel, que contienen «muchos detalles para que los niños, sus hijos, los estudiaran a fondo y los compararan con los hechos expuestos por escrito».

Wayne G. Hammond y Christina Scull. J.R.R. Tolkien: Artista e ilustrador (J.R.R.Tolkien, Artist & Illustrator, 1995). Barcelona: Minotauro, 1995; 207 pp.; trad. de Ramón Ibero; ISBN: 84-450-7249-8.

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martes, 9 de julio de 2013

En paralelo con La recta y el punto, de Norton Juster, por razones formales, aunque con otras intenciones en su confección, recuerdo un álbum importante (que cito en Emociones en construcción) que no había puesto aquí todavía: La línea, de Ayax Barnes y Beatriz Doumerc.

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lunes, 8 de julio de 2013

Los relatos protagonizados por El Pequeño Rey, de Javier Sáez Castán, son un acercamiento perspicaz y singular al mundo imaginativo del niño. En el primero, el protagonista se da cuenta de que tiene tres soldados rotos y sale a buscar bichitos para su ejército, gorgojos, cochinillas y cucarachos. En el segundo piensa que el sonajero no es suficiente y sale también a formar una orquesta más rica con grillos, cigarras y chicharrones. En el tercero, harto de compota, sale a buscar ayudantes en los gorgojos, cochinillas y gusarapos, para fabricar platos más variados.

Los tres álbumes cuentan las historias con ilustraciones circulares, tal vez como si estuviéramos contemplando lo que ocurre por un agujero. Los tres tienen la misma estructura: un contratiempo inicial, una búsqueda, un primer momento de satisfacción, una dificultad, una solución y un regreso. Los tres inciden en cómo el niño se fabrica un mundo propio, con él en el centro desempeñando distintos papeles, y cómo las pequeñas contrariedades le van enseñando que no puede imponer siempre y a todos su voluntad.

Javier Sáez Castán. El Pequeño Rey: general de infantería (2009), El Pequeño Rey: director de orquesta (2010), El Pequeño Rey: maestro repostero (2013). Barcelona: Ekaré, 2009, 2010, 2013; 22 pp.; ISBN: 978-84-936504-8-3, 978-84-936843-8-9, 978-84-939138-7-8.

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domingo, 7 de julio de 2013

Abraham Skorka: «En la literatura rabínica se pregunta qué es lo que no le gustó a Dios en la torre de Babel. ¿Por qué frenó la construcción confundiendo las lenguas? La explicación más simple de la lectura del texto es porque esas construcciones que trataban de llegar a los cielos eran parte de un culto pagano. Implicaba un acto de arrogancia con respecto a Dios. El midrash dice que a Dios le molestó que a los constructores de la torre les importara más perder un ladrillo que si desde semejante altura se cayera un hombre. Eso es lo que pasa hoy, es el juego entre el don y la tarea. El equilibrio tiene que ser exacto, el hombre tiene que progresar pero para volver a ser hombre. Si bien el que sembró y generó todo es Dios, el centro de lo material y de la gran obra divina es el hombre. En la realidad que estamos viviendo lo único que importa es el éxito del sistema económico, y lo último que importa es el bienestar de todos los hombres».

Jorge Mario Bergoglio: «Lo que usted dijo es genial. En el síndrome de Babel no está solamente la postura constructivista, sino que también aparece la confusión de lenguas. Eso es típico de situaciones en las que se da una exageración de la tarea, ignorando el don, porque en ese caso el puro constructivismo lleva a la falta de diálogo, que a su vez conlleva la agresión, la desinformación, la crispación…»

Jorge Bergoglio y Abraham Skorka. Sobre el cielo y la tierra (2010). Barcelona: Debate, 2013; 224 pp.; edición a cargo de Diego F. Rosemberg; ISBN: 978-8499923369.

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sábado, 6 de julio de 2013

Para los seguidores de Chesterton es una gran noticia la nueva edición de Ortodoxia.

En sábados sucesivos volveré a poner aquí reseñas de algunos libros de y sobre Chesterton qué faltaban para completar este panorama que muy pronto, espero, será un libro.
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viernes, 5 de julio de 2013

En el postfacio a Enterrado en vida se cuenta que Arnold Bennett (1867-1931), un novelista inglés muy prolífico y popular en su tiempo, perdió relieve debido al enfrentamiento que tuvo con Virginia Woolf y el círculo de Bloomsbury. La principal razón es que a Bennett no le interesaba entrar en las interioridades de sus personajes sino, principalmente, ganar dinero y lograr buenas tramas que entretuvieran al lector: «si alguien piensa que mi objetivo es el arte por el arte siento decirle que está tremendamente equivocado», decía. No es extraño que se le acusase de «ser un mercenario de la sintaxis, un mercader del párrafo y un fariseo de la literatura».

Bien, pues para comprobar su valía es una buena recomendación Enterrado en vida, que su mismo autor consideraba la mejor de sus novelas humorísticas y satíricas. Su protagonista es un afamado pintor patológicamente tímido y asocial llamado Priam Farll. La historia comienza cuando su criado para todo, Henry Leek, enferma y muere, y Farll, arrastrado por los acontecimientos, toma el nombre y la identidad de su secretario, con lo que asiste así a su propio funeral. Lo echan también de su casa y conoce a una mujer, Alice Challice, con la que Leek había concertado una cita a través de una agencia matrimonial. Farll le cae bien y ella coge las riendas de su vida: se casan e instalan en un barrio londinense popular que, para Farll, resulta un enorme descubrimiento. Y los embrollos continúan.

El relato se puede colocar en la tradición de aquellos que presentan confusiones entre personajes, no al modo de algunos melodramáticos de Dickens o Wilkie Collins, sino con aires de comedia ligera. Se lee con gusto, primero porque interesa saber qué ocurrirá y porque algunas escenas son muy divertidas, pero también porque muchos diálogos y descripciones son excelentes y porque las observaciones irónicas del narrador aciertan en su crítica social y al mercado del arte. En efecto, el autor no pone gran interés en perfilar a los personajes salvo, en la medida que lo requieren los acontecimientos, a Farll y Alice, una mujer directa y con muchos recursos de la que, se afirma, «era comprensiva porque quería ser comprensiva. Y cuando no podía comprender las cosas, se engañaba a sí misma haciendo como que las comprendía, lo cual viene a ser poco más o menos lo mismo».

Arnold Bennett. Enterrado en vida (Buried Alive: A Tale of These Days, 1908). Madrid: Impedimenta, 2013; 299 pp.; trad. de Vicente Vera; edición de José C. Vales; ISBN: 978-84-15578-49-9.

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jueves, 4 de julio de 2013

Aunque admiro mucho a Roberto Innocenti y aunque me parece magnífica esta reseña de La niña de rojo —pues dice todo lo que hay decir y subraya la importancia y la calidad del diseño, la crítica social y política que contiene la trama, el contraste de las dos versiones del relato (la de Perrault y la de Grimm)—, debo decir que no me gusta la forma en que se cuenta la historia.

Una primera razón se podría buscar en la edad (la mía): parece que cuando uno va siendo mayor tal vez tiende a estar más apegado a versiones anteriores de los relatos. Pero esto no está claro: cuantas más versiones conoces de algunas historias más facilidad tienes para ver los méritos de las nuevas, méritos que no pueden apreciar igual quienes se acercan al relato por primera vez. En cualquier caso, creo que veo bien los méritos de la versión de Innocenti.

Esto conduce a la segunda razón, en la que apoyo mis reticencias: hay relatos cuyo valor está en la sencillez y en la claridad de su argumento y de su mensaje, en lo bien que transmiten algo difícil con pocos elementos, por lo que añadirles complejidad gráfica o estructural no los suele mejorar. Se puede objetar a esto que los lectores jóvenes de una sociedad urbana, como la que pinta Innocenti, pueden entender la vieja historia en esos escenarios. Mi respuesta es que puede ser así en algunos casos pero pienso que no en la mayoría: lo sencillo lo pueden comprender todos y lo embarullado no. Con todo, no me voy a batir en duelo por esta opinión (que se puede desarrollar más) y, como he dicho algunas veces en casos semejantes, seguro que es más prudente fiarse de maestros como Innocenti (y como la autora de la reseña citada) que de mí.

Roberto Innocenti. La niña de rojo (The Girl in Red, 2012). Historia de Roberto Innocenti, escrita por Aaron Frisch, diseño de Rita Marshall. Sevilla: Kalandraka, 2013; 32 pp.; trad. de Carlos Heras Martínez. ISBN: 978-84-92608-66-9.

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miércoles, 3 de julio de 2013

De las novelas publicadas recientemente y citadas en la página, las que me han gustado de los últimos meses son:

   El libro de la señorita Buncle. D. E. Stevenson.
   El caso de la sirvienta desaparecida. Tarquin Hall.
   El caso del hombre que murió riendo. Tarquin Hall.
   Los litigantes. John Grisham.
   El despertar de la señorita Prim. Natalia Sanmartín.

Libros de no-ficción:

   El viaje de Bilbo. Joseph Pearce.
   Contra toda esperanza: memorias. Nadiezhda Mandelstam.
   La vida inmortal de Henrietta Lacks. Rebecca Skloot.
   Haciendo historia. John Elliott.
   El mundo invisible de Hayao Miyazaki. Laura Montero Plata.

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martes, 2 de julio de 2013

Libros infantiles, casi juveniles algunos, que me han gustado más en los últimos meses:

   En busca de WondLa. Tony Diterlizzi.
   La lección de August. R. J. Palacio.
   El Falso Príncipe. Jennifer Nielsen.
   Como un galgo. Roddy Doyle.
   Cuentos de Diego y Daniela. Verónica Uribe.
   Muncle Trogg. Janet Foxley.
  
Libros juveniles:

   Maravillas. Brian Selznick
   La isla de Bowen. César Mallorquí
   Bajo la misma estrella. John Green.
   El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares. Ramson Riggs.
   Verano en English Creek. Ivan Doig.
   Cuando me alcances. Rebecca Stead.
   Cosas que nadie sabe. Alessandro D’Avenia.
   Loba. Verónica Murguía.
   El acusado. John Grisham.
   Entre tonos de gris. Ruta Sepetys.

Álbumes o novelas gráficas para lectores jóvenes:

   El papagayo de Monsieur Hulot. David Merveille
   Diapasón. Laëtitia Devernay.
   El arenque rojo. Alicia Varela y Gonzalo Moure.
   Migrar. Javier Martínez Pedro y José Manuel Mateo.
   El país de jamás lo creerás. Norman Messenger.

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lunes, 1 de julio de 2013

Los mejores álbumes para prelectores leídos en los últimos meses:

   Te quiero un montón. María Luisa Torcida y Juan Carlos Chandro.
   El libro del oso. Georg Hallensleben y Kate Banks.
   ¡Oh no, Lucas! Chris Haughton.
   ¿Cómo te sientes? Anthony Browne.
   Te desafío a no bostezar. Serge Bloch y Hélène Boudreau.
   ¡Mamá! Mario Ramos.
   La brujita Mimí. Kathleen Amant.

Para primeros lectores:

   Historia de Nuk. Natascha Rosenberg y Paloma Sánchez Ibarzábal.
   ¡A la cola! Tomoko Ohmura.
   Un regalo muy especial y Entre monstruos. Vanessa Cabrera y Amaia Cia.
   Un perro. Alberto Gamón y Daniel Nesquens.
   Mamá Muu. Sven Nordqvist y Jujja Wieslander.
   ¡Todos a comer! Eva Armisén y Marc Parrot.

Para lectores más mayores:

   Animalario. Carmen Queralt y Àngels Navarro.
   Flora y el flamenco. Molly Idle.
   Cuando no estás aquí. María Hergueta.
   El pobre Pedro. Peter Schössow y Heinrich Heine.
   La Pregunta del Elefante. Kaatje Vermeire y Leen Van Den Berg.
   Mi papá. Kris Di Giacomo y Coralie Saudo.

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