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Notas de agosto de 2018 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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viernes, 31 de agosto de 2018

Un artículo de Breviario de saberes inútiles, de Simon Leys, titulado «Un imperio de fealdad» está dedicado a responder a la bajeza hipócrita de un libro de Christopher Hitchens sobre la Madre Teresa de Calcuta. He recordado, al leerlo, la defensa que hizo R. L. Stevenson del padre Damián —a quien fue a ver a la isla de Molokai—, frente al ataque, con aires de aristocrática superioridad, del pastor presbiteriano C. M. Hyde (me referí a ella en esta nota; aquí hay un resumen de la polémica y de la carta de Stevenson).

Leys termina su artículo —en el que recoge sus cartas a medios donde había publicado artículos Hitchens y el intercambio de cartas que mantuvo con él—, con este comentario espléndido:

«Los verdaderos filisteos no son incapaces de reconocer la belleza; la reconocen demasiado bien; detectan su presencia en cualquier parte, de inmediato y con un olfato tan infalible como el esteta más sensible, pero en su caso para poder lanzarse mejor sobre ella y destruirla antes de que encuentre un punto de apoyo en su imperio universal del fealdad. La ignorancia no es simplemente ausencia de conocimiento, el oscurantismo no se debe a la escasez de luz, el mal gusto no es una carencia de buen gusto, la estupidez no es sólo falta de inteligencia: se trata en todos los casos de fuerzas ferozmente activas, que se afirman con furia en toda ocasión, que no toleran ningún desafío a su dominio omnipresente. En todos los campos de la actividad humana, el talento inspirado es una ofensa insoportable a la mediocridad. Si esto es cierto en el reino de la estética, en el de la ética lo es todavía más. La belleza moral parece exasperar más que la belleza artística a nuestra patética especie. La necesidad de rebajar a nuestro miserable nivel, de desfigurar, de ridiculizar y de desacreditar cualquier esplendor que se eleve por encima de nosotros, probablemente sea el impulso más deplorable de la naturaleza humana».

Simon Leys. «Un imperio de fealdad» (An Empire of Ugliness, 1997), Breviario de saberes inútiles. Ensayos sobre sabiduría en China y literatura occidental (The Hall of Uselessness, 2011). Barcelona: Acantilado, 2016; 592 pp.; trad. de José Manuel Álvarez-Flórez y José Ramón Monreal; ISBN: 978-84-16748-07-5. [Vista del libro en amazon.es]

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GedaMarCocodrilos.jpg
jueves, 30 de agosto de 2018

El narrador de En el mar hay cocodrilos es un chico afgano, Enaiatollah Akbari, que, ya instalado en Italia, rememora su vida en una conversación con el escritor italiano Fabio Geda. Empieza en 2002 cuando los talibanes controlan su pueblo y, con diez años, su madre decide llevarle a Pakistán y dejarle allí, solo, y sin darle ninguna explicación. Enaiat trabaja primero en una especie de hostal y luego en un establecimiento de sandalias. Luego decide marcharse a Irán, donde trabaja como ilegal en la construcción. Más adelante vuelve a irse a Turquía y, desde allí, a Grecia. Finalmente consigue llegar a Italia cuando tiene quince años. Termina su relato poco después de haber cumplido veintiún años.

La narración es emocionante tanto por las peripecias, intensas y verosímiles, como por la voz de Enaiat, perspicaz y bienhumorada (y ya consciente de a qué público se dirige y qué clase de bromas ha de hacer). Por ejemplo, antes de contar uno de sus viajes de un país a otro, señala que «no pensábamos en los peligros de la travesía. La muerte es siempre un pensamiento lejano, incluso cuando la sientes cerca. Piensas que te las arreglarás, y tus amigos también». O, por poner un ejemplo del tono, en una ocasión dice que se siente khasta kofta que «significa “cansado como una albóndiga”, porque cuando las mujeres hacen albóndigas, en nuestra tierra, las golpean y golpean y golpean, mucho tiempo».

Son conmovedores los momentos en los que tropieza con personas que le ayudan de verdad: una abuela griega, un chico en Venecia, una señora en Turín… Al encontrar al segundo dice que pensó que «quizá fuera pariente de la abuela griega; tanta amabilidad, según mi opinión, sólo se transmite con el ejemplo». Y el trato con esas personas es lo que le hace desear «vivir en el mismo país en que vivían ellas. Si todos los italianos son así, pensé, creo que éste es un sitio en el que incluso podría quedarme. Estaba cansado, a decir verdad».

El relato se interrumpe, a veces, con preguntas que hace Fabio Geda para que precise algo más lo que va diciendo. «¿Cómo se encuentra un sitio para crecer, Enaiat? ¿Cómo se le distingue de los otros?», le pregunta; y Enaiat dice: «Lo reconoces porque no sientes ganas de irte. No porque sea perfecto. No existen los sitios perfectos. Pero existen sitios donde, por lo menos, nadie intenta hacerte daño».

Fabio Geda. En el mar hay cocodrilos: la historia de Enaiatollah Akbari (Nel mare ci sono i coccodrilli. Storia vera di Enaiatollah Akbari, 2010). Madrid: Austral, 2012; 196 pp.; trad. de Justo Navarro; ISBN: 978-8423324996. [Vista del libro en amazon.es]

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HematocriticoLoboBotas.jpg
miércoles, 29 de agosto de 2018

El lobo con botas, de El Hematocrítico y Alberto Vázquez, continúa la línea de Agente Ricitos. Se nos cuenta que el Lobo Feroz tiene una sastrería pero no le va muy bien. Cuando le regala unas viejas botas a su sobrino Lobito, y este ve que son como las del Gato con Botas, le falta tiempo para presumir ante sus amigos. El Lobo Feroz descubre así una forma de hacer dinero: hacer más botas iguales y venderlas a todos los deseosos de tenerlas. Luego hace lo mismo con otros objetos del Gato con Botas. Pero este descubre que el Lobo Feroz está ganando dinero a su costa y decide tomar cartas en el asunto: es decir, ponerse de acuerdo con él para nuevos negocios.

Son graciosas tanto la narración como las ilustraciones grandes que van en cada página. Está bien presentada la forma en que los deseos de cosas que no tenemos se inducen en los futuros compradores, y en cómo los juegos acaban siendo sustituidos por el ansia de tener y comprar lo último. El relato puede ayudar a que algunos lectores se den cuenta de lo anterior, aunque, como todo transcurre de modo amable y finaliza muy satisfactoriamente, seguro que necesitarán más empujoncitos para entender que las cosas nunca se arreglan con tanta sencillez. Como siempre ocurre con esta clase de historias, también esta la podrán apreciar mejor quienes hayan conocido ya y disfrutado ingenuamente de las originales.

El Hematocrítico. El lobo con botas (2018). Madrid: Anaya, 2018; 71 pp.; ilust. de Alberto Vázquez; ISBN: 978-84-698-3342-1. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 28 de agosto de 2018

El ratoncito protagonista de Blanco como nieve, un álbum con poemas de Mar Benegas e imágenes de Andrea Antinori, empieza cantando y anunciando su modo de actuar: «Soy un ratón blanco / blanco como nieve. / Solamente salgo / al ver que no llueve». Pero sale con su guitarra, se pierde y no puede volver, por lo que va entrando en en distintas casas —del Viento, el Fuego, el Agua...—, donde le proponen acertijos para dejarle ir. Y así, el héroe, físicamente tan parecido a Frederick, o a cualquiera de los ratones de Leo Lionni, acaba realizando un viaje lleno de grandes descubrimientos que termina con un feliz regreso. Las ilustraciones, alegres y coloristas, se apoyan en el blanco del papel para resaltar lo característico del personaje, y cumplen con discreción y eficacia su papel de acompañar las amables cancioncillas en verso y las sugerentes adivinanzas con las que avanza la historia. En esta noticia del álbum se pueden ver algunas de sus páginas.

Mar Benegas. Blanco como nieve (2018). Barcelona: A buen paso, 2018; 49 pp.; ilust. de Andrea Antinori; ISBN: 978-84-947446-2-4. [Vista del álbum en amazon.es]

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CastilloHestLector.jpg
lunes, 27 de agosto de 2018

El pequeño protagonista de El lector, álbum de Lauren Castillo y Amy Hest, es un niño que, acompañado por su perro, sube a un pequeño montículo nevado, arrastrando un trineo en el que lleva un misterioso maletín de color marrón. Se hace notar que subir es un trabajo duro y la gran alegría que siente cuando alcanza la cima, que comparte jugando con su perro. Y entonces se acomodan los dos y el chico abre el maletín.

Álbum de argumento sencillo, tanto de descubrimiento del mundo como de amistad entre niño y perro. El relato indica que las grandes satisfacciones a veces requieren una preparación costosa y se acaba centrando en lo que anuncia el título: en lo sabrosos que son los momentos de lectura compartida. Son evocadoras las ilustraciones, con figuras contundentes de contornos gruesos, y la narración de algunos pensamientos que el chico podría tener: por ejemplo, se indica que las marcas que va dejando su trineo son «impecablemente rectas. Son hermosas».

Lauren Castillo. El lector (The Reader, 2012). Texto de Amy Hest. Barcelona: Picarona, 2018; 40 pp.; trad. de Raquel Mosquera; ISBN: 978-84-9145-134-1. [Vista del álbum en amazon.es]

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JuanManuelLucanorVicensV2.jpg
sábado, 25 de agosto de 2018

He incluido, en la información sobre El conde Lucanor, de don Juan Manuel, los datos de una versión adaptada que he leído últimamente y que cuenta con unas buenas ilustraciones de Victor G. Ambrus.

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OlaizolaElcano.jpg
viernes, 24 de agosto de 2018

Coincidió que, justo antes de leer el Breviario de saberes inútiles, de Simon Leys, había leído Juan Sebastián Elcano. La mayor travesía de la historia, de José Luis Olaizola. Y Leys comenta, en uno de sus textos, un libro monumental de mil páginas editado en Francia por Xavier de Castro, Jocelyne Hamon y Luis Filipe Thomaz, titulado Le voyage de Magellan. Explica bien el viaje que hicieron Magallanes y Elcano y aclara, para comenzar, que se sabía ya que la tierra era redonda y que su gran descubrimiento fue su circunnavegabilidad, el hecho de que todos los océanos se comunicaban; pero que este no fue el propósito de la expedición pues lo que ellos deseaban era encontrar una ruta alternativa hacia Oriente, un atajo hacia la fuente de la prosperidad de Portugal, y que en principio iban a regresar por la misma ruta.

En cambio, a pesar de la magnitud de la empresa, casi no hay en España obras dedicadas a Elcano, tal como comenta de paso esta reseña de la obra de Olaizola, que resume, de modo ameno, las peripecias de la travesía. Se vale del artificio de que su narrador, Mateo de Zubileta, un marinero «de la parte de Baracaldo, en tierras de Vizcaya», converse con dos frailes benedictinos que intentan componer un memorial de lo sucedido en el viaje (10 de agosto de 1519 a 6 de septiembre de 1522). El propósito del memorial es esclarecer algunos hechos y replicar a las falsedades de otro participante en la expedición, Antonio Pigafetta, que toma como héroe a Magallanes e ignora a Elcano.

De los 16 capítulos los cuatro primeros son de presentación: del memorándum, del narrador, de don Domingo Elcano, y de Juan Sebastián Elcano. Vienen después los de preparación de la escuadra y los de los múltiples incidentes de la travesía —entre otros, sublevación contra Magallanes, descubrimiento del paso del Atlántico al Pacífico, estancias en las Filipinas y otras islas, muerte de Magallanes en una de ellas en 1522, regreso de la nave Victoria mandada por Elcano—. Y, por último, hay un epílogo sobre cómo terminan los amores del narrador y un texto más, fechado el 15 de febrero del 1527, sobre qué pasó después con Elcano. El relato tiene los acentos propios de un hombre de la época, que razona como era lo habitual entonces, y que lo explica todo en largos párrafos bien articulados.

El relato de lo sucedido, de los hechos de los que hay constancia, se alterna con algunas andanzas imaginadas y un poco picarescas del narrador, cuyo nombre sí se corresponde con el de uno de los 18 marineros que regresaron con Elcano. Se presentan bien las personalidades y los méritos propios tanto de Elcano —valentía, señorío de trato, grandes dotes marineras, generosidad al repartir las ganancias al terminar su aventura—, como de Magallanes —audacia, honradez personal, sabiduría indiscutible como navegante, pero también autoritario hasta el exceso, y temerario a veces, como en el episodio que terminó con su muerte—.

Simon Leys. «En la estela de Magallanes» (In the Wake of Magellan, 2008), Breviario de saberes inútiles. Ensayos sobre sabiduría en China y literatura occidental (The Hall of Uselessness, 2011). Barcelona: Acantilado, 2016; 592 pp.; trad. de José Manuel Álvarez-Flórez y José Ramón Monreal; ISBN: 978-84-16748-07-5. [Vista del libro en amazon.es]

José Luis Olaizola. Juan Sebastián Elcano. La mayor travesía de la historia (2002). Madrid: Temas de Hoy, 2002; 200 pp.; col. Nombres de la historia; ISBN: 978-84-8460-227-9. Nueva edición en Madrid: BibliotecaOnline, 2018; 168 pp.; ISBN: 978-8415998952. [
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jueves, 23 de agosto de 2018

Comunicación efímera: De la cultura de la huella a la cultura del impacto, de Montse Doval, ha sido una provechosa lectura de verano. En este artículo la misma autora resume bien el libro. En él desarrolla y aplica ideas de Marshall McLuhan a nuestra situación concreta actual, como la del arte como antiambiente, o la de que somos como corchos en un mar tempestuoso, o la de que nuestro sistema educativo no va en la línea de recuperar la «ecología de la atención», sino en la de la parcelación y, por tanto, no es capaz de dar los contextos adecuados para entender las cosas.

La autora señala que «la atención es el campo de batalla del siglo XXI y hay que parapetarse para que nuestra atención no sea invadida por los reclamos más sofisticados de la historia. No hay atajos: el saber, el conocimiento, la profundidad en el estudio cuestan mucho esfuerzo. (...) Un esfuerzo largo en el tiempo y sostenido, sin que se vean los frutos inmediatamente». Si es verdad que «una imagen nos impacta más que mil palabras», es importante tener en cuenta que «la imagen es siempre un encuadre parcial de la realidad desde una perspectiva determinada. Necesitamos mil palabras para explicar el contexto y la perspectiva. Si no tenemos las mil palabras, no dejemos que nos impacte tanto».

El libro tiene algo de manual para perodistas. Por ejemplo, apunta y explica que «el periodista no está para añadir munición al poder sino para contar la realidad. Tampoco está para dar la razón a los oprimidos, ni argumentos en su lucha sino para relatar lo que honradamente entiende que es la realidad». Pero es útil para cualquiera pues, en relación a las redes sociales, hace notar que «no tenemos la sensación de perder mucho tiempo porque no sumamos todo el tiempo que perdemos» y que no son «un buen sitio para polemizar ni reflexionar ya que la fricción es altísima y la falta de contexto, extrema».

Montse Doval. Comunicación efímera: De la cultura de la huella a la cultura del impacto (2018). Edición para Kindle, 2018, ASIN: B078JTG5MT. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 22 de agosto de 2018

La niña invisible, de Puño, es una chica llamada Trog que vive en tiempos prehistóricos y desafía las tradiciones de su tribu acerca de que solo los chicos pueden emprender el Viaje —el momento en que se les deja salir solos en busca de una presa—. Ella, con el apoyo de su familia, del sabio hechicero Groo, y de las mujeres de la tribu, se sale con la suya y acabará descubriendo muchas cosas.

Relato bien contado con situaciones y toques excelentes, como el descubrimiento que hace Trog de la cámara oscura para poder pintar animales —aunque la historia no es cómica en esa dirección como, por ejemplo, lo son las de Derek Sampson—, y como la broma del narrador cuando nos dice que «la tribu entera dormía como si fuera domingo (aunque todavía no los habían inventado)». En el debe de la historia se puede poner el didáctico planteamiento inicial, de la chica rebelde contra las convenciones, que a estas alturas resulta cansino, y algunas referencias de lo más improbables, como que en aquellos tiempos no se había inventado la forma de dar las gracias. Son excelentes las ilustraciones que acompañan la historia.

Puño. La niña invisible (2018). Madrid: SM, 2018; 107 pp.; col. El Barco de vapor, naranja; ilust. de Marta Altés; ISBN: 978-84-9107-634-6. [Vista del libro en amazon.es]

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PerezNavPayaso.jpg
martes, 21 de agosto de 2018

Se podría hacer una lista de los álbumes sobre las cosas que pueden pasar en un parque, como Voces en el parque o La merienda en el parque... A ellos habrá que sumar Payasa en el parque, de Cristina Pérez Navarro y Marisa López Soria, que trata de una niña que, cuando va al parque, mira en torno suyo —una pareja que se abraza, una pata que parece regañar a un patito, un niño y un perro, una hormiga…—, y eso le sirve para hilar reflexiones, «al solecico». La niña se pone, al poco de comenzar, una nariz roja de Payasa pues «le gustaba hacer monerías». Se indica, no se dice por qué, que a Payasa le han dicho que es diferente y ella, después de sus experiencias en el parque, termina contenta, «sin acabar de descifrar el misterio» de que todos somos «criaturas únicas e irrepetibles». El relato tiene calidez y calidad, tanto en las imágenes, que parecen compuestas con lápices de colores, como en las palabras que expresan bien la «ensaladilla de sensaciones alborotándole el pecho» que tiene Payasa y que, nos dice la narración la llevan a darse cuenta de «los caminos que el amor y la belleza tienen para manifestarse».

Cristina Pérez Navarro. Payasa en el parque (2018). Texto de Marisa López Soria. Barcelona: A buen paso, 2018; 28 pp.; ISBN: 978-84-947446-6-2. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 20 de agosto de 2018

Igual que otros álbumes de Gilles Bachelet, Un cuento que... se dirige más bien al adulto (a ciertos adultos en particular) que al niño, por más que pueda considerarse un relato para compartir con los pequeños en el momento de irse a dormir. Lo que vemos al pasar las hojas es, en cada página izquierda, que una mamá o un papá leen un cuento a su bebé que, a su vez, tiene su peluche; y, en la página derecha, una ilustración sobre qué tipo de cuento están leyendo: un cuento que protege, un cuento que brilla... Pero tanto los progenitores como sus hijos son de distinto tipo: osos panda, morsas, cigüeñas..., pero también extraterrestres, excavadoras…, y finalmente un padre y un bebé humanos, hasta doce. Todas las escenas se parecen entre sí y todas están excelentemente compuestas. El álbum tiene algo de juego de observación y adivinación pues la mantita de cada bebé anuncia la escena que viene después.

Gilles Bachelet. Un cuento que... (Une histoire qui..., 2016). Barcelona: Juventud, 2018; 24 pp.; trad. de Paula Jarrin Servidio; ISBN: 978-84-261-4490-4. [Vista del álbum en amazon.es]

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sábado, 18 de agosto de 2018

He puesto datos de ediciones más recientes de Antes cuando Venecia no existía, Puck de la colina de Pook,  y los dos volúmenes de los Cuentos de Poe.

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BlancoAmorCatedNi.jpg
viernes, 17 de agosto de 2018

Con prólogo de Andrés Trapiello, nueva edición de La catedral y el niño, la mejor novela del escritor orensano Eduardo Blanco Amor, que vivió emigrado en Argentina durante décadas y volvió a morir a su tierra en los años setenta del pasado siglo. Es, sobre todo, una novela de estampas, con magníficas descripciones de lugares y ambientes, que también tiene rasgos de novela de formación. Su lenguaje se caracteriza por un barroquismo gallego propio: Blanco Amor emplea un vocabulario rico y preciso, con algunas expresiones singulares y palabras gallegas castellanizadas, que articula en largos párrafos sonoros y zigzagueantes.

Casi toda la novela tiene lugar, a principios del siglo XX, en Auria, «un “pueblo levítico”, como decían los progresistas locales, sin saber cabalmente lo que decían», con algunos periodos en pazos o casonas rurales. Tiene tres partes que se titulan «La catedral», «Interludio», «La muerte, el amor y la vida». La primera es la más poderosa e interesante pues en ella se despliegan todos los escenarios y conflictos: es la que plantea la difícil situación familiar de Luis Torralba o, familiarmente, Bichín, un chico de ocho años cuya casa está enfrente de la catedral, que para él es como un refugio; termina, después de su accidentada primera comunión y del encarcelamiento de un tío suyo que le ha dado una buena paliza a un bruto canónigo navarro, nada sensible a las sutilezas de la tierra. La segunda, breve y poco relevante, cubre unos años que pasa el protagonista en un internado. La tercera, cuando ya es adolescente y joven estudiante, de vuelta en Auria, se centra en sus amistades, en varios episodios sexuales y amorosos, aborto incluido, y se descubren algunos secretos familiares apuntados al principio. La narración corre a cargo del protagonista pero, muchas veces, todo se cuenta en tercera persona.

La situación de Bichín es que sus padres están separados y disputan por su afecto; que su madre es bondadosa y su padre un juerguista que vivía «sin continuidad ni proyecto, en alocada sucesión de improvisaciones, sin conciencia clara de tal desorden y, consecuentemente, sin deseo alguno de oponerse a él». A su alrededor pululan muchos personajes de toda clase, unos doscientos, presentados prácticamente todos ellos, en sus primeros trazos, de forma caricaturesca: su tía Asunción, de «jarabosa memez tropical», su tía Lola, con «ladino aire monjil», la criada Joaquina, con «la raposería natural de aquellas aldeanas», los dos mellizos del encargado del pazo de Amoeiro, donde vive una temporada, dos pigmeos «cabezudos callados y mirones, perversos y solapados», etc. Si casi nadie sale bien parado, menos aún si el personaje no es del lugar: al hablar de una funcionaria se dice que, «como todos los castellanos, a pesar de su mucho tiempo de vecindad en Auria, continuaba impermeable al espíritu local».

El narrador dirá que «si bien la catedral regía, con la lengua de sus campanas, la norma de la ciudad, no condicionaba sus modos profundos de vida, quedándose sus admoniciones más bien flotando sobre la superficie de lo habitual, de lo consentido o de lo rutinario». Del mismo modo, sus descripciones de las procesiones y ceremonias litúrgicas son externas, como con asombro y admiración ante la solemnidad pero dando por supuesto que todo es una cáscara; el narrador no parece tener ni capacidad de penetrar debajo de lo que presentan ni de creer que haya gente con una religiosidad profunda y real. A lo más que llega es a resaltar algunos gestos de bondad de su madre y de un canónigo amable que se comporta con sentido común ante las travesuras del niño: «no está la Iglesia tan sobrada de amigos como para andar sembrando malos recuerdos en los espíritus», dice a otro canónigo que corrige al chico de modo amenazador.

Son memorables muchas páginas —empezando por las primeras que describen la catedral—, y muchos momentos —por ejemplo, las discusiones entre los miembros de la tertulia que tenían los ilustrados de la ciudad en la botica—. Son también inolvidables algunos personajes como don Narciso el Tarántula, algo arqueólogo y gran ateo, un «sujeto turbio y acre» que presumía de no haber bautizado a sus siete hijos diciendo que «ninguno pasó por las horcas caudinas del agua lustral». O, más todavía, las Fuchicas, «dos hermanas beatísimas, sin edad reconocible», «a quienes los rapaces llamaban “castellanas rabudas”» pues eran de origen maragato, las correveidile de la ciudad: «así como hay zurcidoras de voluntades ellas oficiaban de liberadoras de conciencias».

Libro que he recomendado siempre a las personas que tienen interés en Orense y que pienso que pueden apreciar su indudable valor literario y costumbrista, y su sentido del humor extraordinariamente sardónico. Al mismo tiempo siempre advierto que, como orensano que soy, es un libro que me incomoda e incluso me parece un tanto «canalla»: el narrador parece incapaz de salvar a un solo personaje por lo que la historia, con todo su nivel literario, termina dejando, humanamente, un amargo sabor de boca.

Eduardo Blanco Amor. La catedral y el niño (1948). Barcelona: Libros del Asteroide, 2018; 496 pp.; prólogo de Andrés Trapiello; ISBN: 978-84-17007-36-2. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 16 de agosto de 2018

Cuentos populares españoles es una interesante recopilación de relatos del siglo XIX realizada tiempo atrás por José María Guelbenzu.

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miércoles, 15 de agosto de 2018

Hay ilustradores que hacen un buen trabajo: ponen imágenes a relatos (o a ideas o a textos), suyos o de otros, y los libros resultantes son eficaces en el presente (porque hay quien los coloca en cauces que los llevan hacia un público apropiado) pero es evidente que no durarán en el tiempo. Hay, sin embargo, ilustradores que convierten cada uno de sus trabajos en algo memorable: sus imágenes permanecerán siempre. Roberto Innocenti no sólo pertenece a esta última clase de ilustradores sino que, además, consigue que haya que destacar entre los mejores cada uno de sus libros, como Mi barco.

En él se cuenta la historia de los cincuenta años de vida de un barco mercante, desde su construcción y su primer viaje a principios de los años 30, pasando por la etapa en la que fue utilizado por la Marina de los EE.UU. durante la segunda Guerra Mundial, hasta que, después de varias travesías comerciales más, se hundió y terminó en el fondo del mar. Aunque la historia como tal es ficticia, el barco es un modelo real del que se presentan, al final, unos dibujos señalando todas sus zonas y dependencias.

Innocenti lo cuenta todo con brevísimos textos que acompañan las magníficas ilustraciones, de una a siete en cada doble página. La narración tiene interés documental pero también transmite sentido épico en algunos momentos, en situaciones de dificultad y de guerra, y calidez humana, pues trata también de las cartas del capitán a su mujer y se ven, en las escenas de detalle, variadas acciones del protagonista y los demás tripulantes. Como siempre ocurre con las detalladas imágenes que prepara Innocenti, son muchos los detalles en los fijarse.

Roberto Innocenti. Mi barco (My Clementine, 2018). Pontevedra: Kalandraka, 2018; 40 pp.; idea de Roberto Innocenti, texto final de Amy Novesky; trad. de Carlos Heras Martínez; diseño de Rita Marshall;  ISBN: 978-84-8464-364-7. [Vista del libro en amazon.es]

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TimmersGaraje.jpg
martes, 14 de agosto de 2018

El garaje de Gus, de Leo Timmers, es un álbum bien construido, con un argumento simpático, y muchas pequeñas bromas visuales a las que atender.

Gus es un cerdo que tiene un taller mecánico. El álbum empieza cuando comienza su trabajo por la mañana y, a partir de ahí, cada dos dobles páginas suceden episodios parecidos: en una llega un cliente agobiado porque su vehículo tiene algún problema, y en la otra se marcha satisfecho con los arreglos que le ha hecho Gus. El primero es un rinoceronte, el segundo una jirafa, y luego llegan una morsa, una lora (o así), etc. Debajo de las imágenes, en cada página, hay una frase, y riman las dos de la doble página: «Hoy promete ser un día estupendo / Gus se pone a trabajar contento» es el primer pareado. Y, cuando cada cliente le cuenta su problema, Gus siempre responde: «Tengo unas cosas por aquí y por allá / Inventaré algo y ya está». Según avanza el relato y el día, los objetos que veíamos en el garaje de Gus al comienzo van disminuyendo pues va empleándolos para sus arreglos, y la luz va cambiando hasta «Es ya de noche y Gus se va a casa / ¡Pero si está lleno de grasa!».

Los personajes son atractivos, en especial el siempre sonriente protagonista, cuyo talante resolutivo y práctico es admirable. El tipo de historia propicia que la secuencia de las ilustraciones sea perfecta pero, además, tiene un buen cierre. Otro elemento de interés es la subtrama de lo que pasa por detrás de lo que vemos en el primer plano: unos pájaros observan lo que sucede y tienen sus propios intereses.

Leo Timmers. El garaje de Gus (Garaje Gust, 2015). Madrid: HarperCollins Ibérica, 2018; 40 pp.; trad. de Marta Arguilé Bernal; ISBN: 978-84-17222-03-1. [Vista del álbum en amazon.es]

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YooEresunLeon.jpg
lunes, 13 de agosto de 2018

Hay ilustradoras cuyos dibujos sobre niños en movimiento son magistrales, como por ejemplo Jan Ormerod, Shirley Hughes o Helen Oxenbury, que recuerde ahora. En la misma liga juega también Taeeun Yoo, como se puede comprobar en ¡Eres un león! Posturas de yoga para niños.

Es un album que algunos presentan como «yoga para prelectores» y otros plantean como una forma útil para estimular habilidades motoras de los más pequeños. Para mí, y creo que para la mayoría, el atractivo del álbum es, por un lado, la gracia sensacional que tienen los dibujos de los niños ensayando posturas de león, de mariposa, de perro, de serpiente, de rana, de gato, de montaña; y, por otro, la misma sencillez del enfoque (sin necesidad de pensar para nada en el yoga) a la hora de ayudar a los niños a mirar alrededor y a jugar.

Taeeun Yoo. ¡Eres un león! Postura de yoga para niños (You Are a Lion!: And Other Fun Yoga Poses, 2012). Barcelona: Ekaré, 2018; 36 pp.; trad. de Verónica Uribe; ISBN: 978-8494811005. [Vista del álbum en amazon.es]

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FaulknerEscapada.jpg
sábado, 11 de agosto de 2018

He puesto datos de ediciones más recientes de El árbol de los deseos, La escapada (o Los rateros), y Doctor Rus.

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viernes, 10 de agosto de 2018

El arpa de Davita es una novela valiosa, como esperaba de Chaim Potok, pero menos conseguida que las otras tres que conocía y comento en su lugar. Parcialmente, porque la narración podría ser algo más tensa: se dan demasiados pormenores de algunas cosas, serían prescindibles o se podría dar menos relevancia a unos elementos y relatos poéticos que se incluyen en la historia, con sorprendente frecuencia los personajes cortan sus conversaciones y se retiran de escena con un «estoy muy cansado».

Nueva York, finales de los años treinta. La narradora y protagonista es una niña llamada Ilana Davita, que es hija de dos convencidos comunistas: su padre es un periodista norteamericano y su madre es una intelectual judía de origen polaco. Davita presencia y oye conversaciones entre sus padres y sus amigos, que con frecuencia vienen a su apartamento, y discuten continuamente sobre la marcha del mundo. El padre se va a España para informar desde allí de la Guerra civil. Un escritor europeo judío, también comunista, Jakob Daw, antiguo compañero de su madre, que pasa temporadas con ellos y le cuenta unos relatos misteriosos, también viaja a España. Una y otra vez se alude a los sonidos de una pequeña arpa colgada en la puerta de su casa y a un cuadro de caballos galopando por la playa.

Es la primera novela del autor cuya protagonista es una chica pero, como sus otros héroes, también ella es alguien atrapado en medio de unas fuerzas que, al principio, no comprende. Por un lado, el ateísmo y comunismo radicales de sus padres —personas bondadosas que dejan a Davita que haga lo quiera cuando decide ir a la sinagoga y cuando reza con la hermana de su padre, una mujer de profunda fe cristiana—, y por otro las prohibiciones y prejuicios que Davita encuentra en el judaísmo al que se acerca: le dicen que a las mujeres no les está permitido rezar el kadish en memoria de los muertos…; cuando es alumna de una escuela judía no le dan el premio académico que merece por ser chica, un hecho inspirado en algo sucedido a la esposa del autor.

El interés de la novela (al menos para mí) es lo que muestra del interior del mundo judío: de sus costumbres y de sus tensiones. No así, por conocido (para mí) y también porque se da mucha información de modo confuso (para quien no la conozca previamente), el mundo de los revolucionarios comunistas de aquella época y lugar, y su desencanto, primero al conocer las salvajadas de los estalinistas en la guerra de España y después al enterarse del pacto entre Stalin y Hitler. De más está decir que la visión de la guerra civil española que se desprende de la novela es limitada. No está logrado tampoco, porque se trata parcialmente y porque, dado el planteamiento, es innecesario, lo que se intenta mostrar de los cambios físicos y sentimentales por los que pasa Davita al dejar de ser una niña. Con todo, como dije al principio, novela valiosa.

Chaim Potok. El arpa de Davita (Davita’s Harp, 1985). Buenos Aires: Libros del Zorzal, 2015; 446 pp.; trad. de Mónica Herrero; ISBN: 978-987-599-442-3. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 9 de agosto de 2018
 
Pensaba, equivocadamente, que había puesto aquí Narradores de la noche, una recopilación de relatos con aires orientales que Rafik Schami publicó hace años y que es excelente.

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miércoles, 8 de agosto de 2018

Awoki y los piratas en playa Escondida, de Raquel Míguez, es un relato semejante a los clásicos del pasado sobre chicos en vacaciones a los que les ocurre algo extraordinario, y parecido en su ambiente, y en el giro que da el argumento de lo realista hacia lo fantasioso, a otra obra de la autora, El verano que desaparecieron los Trogloditas.

Su protagonista y narrador es un chico que, después del fallecimiento de su madre, pasa un verano en casa de su abuela Vilma, en un pueblo costero. Hace amistad con un vecino nuevo de su edad, Awoki, que le dice que es neozelandés y que pronto le demostrará que tiene grandes recursos. Ambos observan algunos movimientos en la costa que les extrañan y acaban descubriendo los manejos ilegales de la propietaria de una tienda de animales del pueblo.

La historia es amena y, aunque ambientada hoy, podría desarrollarse años atrás por el tipo de actividades, sin ninguna clase de aparatos electrónicos, de los protagonistas. La narración es sobria con algunas concesiones al lenguaje actual —los personajes repiten con frecuencia que las cosas «molan»…—. Las descripciones son sencillas y eficaces: el gato de la abuela «me sigue por toda la casa como si fuera un perro», en un momento de espera «las agujas del reloj avanzaban a velocidad de babosa».

Raquel Míguez. Awoki y los piratas en playa Escondida (2017). Madrid: Santillana, 2018; 213 pp.; col. Loqueleo; ilust. de Ana Pez; ISBN: 978-84-9122-565-2. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 7 de agosto de 2018

Aunque buena parte de sus golpes de humor serán más apreciados por los más mayores —se podrían comparar con los de los relatos de El pequeño Nicolás—, son cómics excelentes para pequeños los de Ariol: un burrito como tú y como yo y Ariol: el Caballero Caballo, ilustrados por Marc Boutavant con guión de Emmanuel Guibert.

El primero contiene doce relatos y el segundo trece. El protagonista es un burrito llamado Ariol y los demás personajes son sus compañeros de clase, cada uno un animal humanizado distinto. Algunos episodios tienen que ver con la fascinación de Ariol y sus amigos con Caballero Caballo, un superhéroe. Otros, con algunas «películas» imaginativas que Ariol se monta. Los hay relacionados con su vida colegial, con los comentarios que hacen Ariol y sus amigos sobre los profesores, o con sus travesuras y charletas en clase, o con el interés de Ariol por su compañera Pétula. También mantiene diálogos con sus padres: en uno, por ejemplo, su madre le hace ver que, siendo un burro, puede ser más listo que su compañero caballo Pánfilo. Es todo un acierto su amigo Ramono, un cerdo, al que invita a pasar las vacaciones con él a casa de sus abuelos a pesar de que los padres de Ariol le hacen ver que su forma de comportarse puede resultar explosiva.

La narración discurre con fluidez a base de tres o cuatro viñetas por página. Hay humor en el dibujo de las figuras y en las situaciones: los autores consiguen presentar las cosas con una ironía sencilla y cordial, que facilita que, con naturalidad, los lectores, niños y adultos, se rían de sí mismos y aprendan a ver con amabilidad modos de ser distintos.

Marc Boutavant. Ariol: un burrito como tú y como yo (Un petit âne comme vous et moi, 2011). Texto de Emmanuel Guibert. Madrid: HarperCollins Ibérica, 2018; 124 pp.; trad. de Pilar Garí; ISBN: 978-84-17222-04-8. [Vista del libro en amazon.es]
Marc Boutavant. Ariol: el Caballero Caballo (Ariol. Le Chevalier Cheval, 2011). Texto de Emmanuel Guibert. Madrid: HarperCollins Ibérica, 2018; 134 pp.; trad. de Juan Carlos Chandro; ISBN: 978-84-17222-05-5. [
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lunes, 6 de agosto de 2018

Paso a paso, de Leo Lionni, trata de una pequeña oruga que se va librando de ser comida por un petirrojo, un flamenco, un tucán, una garza, un faisán y un colibrí, haciéndoles notar que puede serles de utilidad pues sabe medir cosas, como la cola, el cuello, el pico, las patas… Hasta que un ruiseñor le pide que mida su canto y entonces la oruga tiene una idea.

Relato que, a la vez que da conocimientos al lector pequeño —nombres y figuras de aves, el concepto de «medida»—, lo atrapa con un personaje pillo que sabe salir airoso de las situaciones difíciles. Y no es necesario insistir en la calidad de las ilustraciones a base de collages características de Lionni, un autor cuyos álbumes fueron, son y seguirán siendo modélicos.

Leo Lionni. Paso a paso (Inch by Inch, 1960). Pontevedra: Kalandraka, 2018; 32 pp.; col. Libros para soñar; trad. de Xosé Manuel González; ISBN: 978-84-8464-379-1. [Vista del álbum en amazon.es]

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