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Notas de septiembre de 2012 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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domingo, 30 de septiembre de 2012

Un ejemplo de cómo ha de ser enseñada la historia a los niños y los jóvenes, que coincide con las ideas de Tony Judt, es la Breve historia del mundo que, cuando era muy joven, Gombrich escribió para su hija pequeña y que se tradujo al inglés muchos años más tarde.

Al margen de que falten cosas, o de que tal vez habría que subrayar más la importancia de otras, lo cierto es que, tanto su esquema como la forma de contar, resulta eficaz. Esto lo prueba su éxito hasta hoy: recientemente venía incluido en una selección hecha en Inglaterra de los cincuenta mejores libros infantiles-juveniles. El libro contiene, al hilo de los sucesos históricos, anécdotas famosas y explicaciones amenas acerca del origen de muchas expresiones de uso común. Pero, sobre todo, tal vez lo más interesante sea que viene a ser, para muchísimos lectores, como un mapa de lo que no saben: un mapa que permite buscar y ahondar luego en temas poco conocidos.

El último capítulo, preparado por el autor muchos años después, indica errores que cometió cuando escribió su libro pues algunos hechos, con algo más de perspectiva y de investigación histórica, se ven mejor. Por ejemplo, indica que había terminado el capítulo dedicado a la Primera Guerra Mundial señalando que «todos esperamos un futuro mejor y, por tanto, ¡tendrá que llegar!», pero señala cómo, para mucha gente, eso no ha sido así ni mucho menos.

Aquí viene a cuento el comentario de John Lukacs acerca de que la historia «es un pasado recordado, cuya reconstrucción resulta ser necesariamente incompleta y difícil, porque un pasado recordado es a la vez algo menos y algo más que la reconstrucción de un pasado a partir de los restos que de él permanecen».

Ernst H. Gombrich. Breve historia del mundo (Eine kurze Weltgeschichte für junge Leser, 1935; con un capítulo añadido en 1998). Barcelona: Península, 2007; 352 pp.; col. Gran Atalaya; trad. de José Gil Aristu; ISBN: 84-8307-801-3. Nueva edición en Booket, 2014; 352 pp.; ISBN: 978-8499423470. [Vista del libro en amazon.es]
John Lukacs. El futuro de la Historia (The Future of History, 2011). Madrid: Turner, 2011; 158 pp.; col. Noema; trad. de María Sierra; ISBN: 978-84-7506-446-8. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 29 de septiembre de 2012

En un discurso ante arquitectos japoneses, en 1991, Wim Wenders hablaba de cómo pensó la filmación de El cielo sobre Berlín, y decía:

«Tenía la sensación de que esta ciudad se puede describir mejor por los espacios vacíos que por los llenos. Cuando hay mucho para ver, cuando una imagen está demasiado llena o cuando hay muchas imágenes, ya no ves nada. Del “demasiado” se pasa muy rápido al “casi nada”. Ustedes lo saben bien.

También conocen el efecto contrario: cuando una imagen está casi vacía, cuando es muy pobre, puede poner tantas cosas al descubierto que el espectador queda completamente saciado al ver que del vacío sale un “todo”.

El cineasta se enfrenta a este problema cada vez que prepara una toma. En la medida en que quieres capturar algo para mostrarlo, tienes que preocuparte por no hacerlo entrar en la imagen. Lo que se quiere mostrar, lo que se quiere tener en la imagen, se explica por lo que se deja fuera de campo».

Wim Wenders. El acto de ver: textos y conversaciones (The Act of Seeing. Texte und Gespräche, 1992). Barcelona: Paidós, 2005; 267 pp.; col. La memoria del cine; trad. de Héctor Piquer; ISBN: 84-493-1718-5.

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viernes, 28 de septiembre de 2012

El futuro de la historia, de John Lukacs, es un extraordinario libro breve acerca del trabajo de los historiadores. El autor escribe su obra con 87 años, con acentos bromistas e irónicos en muchas ocasiones, para señalar por un lado sus esperanzas —pues existe hambre de conocer historia y se publica mucha historia de buena calidad—, y por otro sus temores —sobre todo debido al creciente aumento del gran defecto del carácter democrático: el hábito de la desatención del que habló Tocqueville—. Todo lo que dice Lukacs tiene mucho interés pero, personalmente, me han parecido clarificadores sus comentarios acerca de cómo la novela ha sido el género que más ha contribuido a formar la conciencia histórica, y sus juicios acerca de tantas novelas que mezclan hechos reales e imaginarios, en una «mezcolanza que lleva a que muchas novelas resulten imprecisas, ilegítimas, sin criterio o manipuladoras».

El autor no teme criticar obras aplaudidas, como La conjura contra América, de Philip Roth, del que dice que «es un libro muy malo en el que no caben más errores y representaciones históricas erradas». Ni le cuesta trabajo señalar que «cada vez más personas, conscientemente o no, parecen tener en cuenta ese epigrama de Cicerón que dice: “La ignorancia de lo que sucedió antes de que naciéramos nos convierte en niños eternos”», y citar, como ejemplos evidentes de que la puerilidad campa hoy a sus anchas, palabras y gestos ridículos de los últimos presidentes norteamericanos.

Para Lukacs, la tarea que define a los historiadores, lo que siempre los hará necesarios, es la de «luchar contra todo tipo de mistificaciones, contra las muchas formas de la falsedad, detectarlas y sacarlas a la luz por el bien de todos y con la conciencia de que la búsqueda de la verdad pasa, hoy como ayer, por abrirse camino a machetazos entre una selva de mentiras».

John Lukacs. El futuro de la Historia (The Future of History, 2011). Madrid: Turner, 2011; 158 pp.; col. Noema; trad. de María Sierra; ISBN: 978-84-7506-446-8.

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jueves, 27 de septiembre de 2012

Delirium y Pandemonium, de Lauren Oliver, son dos novelas muy muy parecidas a las mencionadas de Ally Condie: se publicaron con pocos meses de diferencia y tienen hilos narrativos calcados, con una chica protagonista que también es corredora, que también descubre poesías clásicas prohibidas, y acaba en medio del triángulo amoroso habitual del subgénero.

Un Estados Unidos donde el amor se considera una enfermedad: delirium. Por esa razón, a los 17 o 18 años los jóvenes sufren una operación que les cura de esa enfermedad. Cuando le faltan 95 días para ese momento, Lena conoce a Alex, un chico que resulta ser un «inválido»: así se conoce a quienes no están curados y, al menos en principio, deberían vivir en la llamada Tierra Salvaje. Todo cambia y Lena empieza a cuestionarse la sociedad en la que vive.

En Pandemonium, que comienza cuando Lena piensa que Alex ha muerto, hay dos hilos narrativos con tipografías diferenes: Ahora y Entonces. En Entonces vemos a Lena viviendo en la Tierra Salvaje y preparándose para formar parte de la Resistencia. En Ahora la vemos en Nueva York, ya trabajando para la Resistencia y, en una operación, acaba tratándose con Julián Fineman, un chico que representa todo lo que combate pero del que se enamora.

La primera novela es muy lenta, pues casi toda ella se va en el autoanálisis de Lena, y la segunda novela es confusa, un verdadero pandemónium. El presupuesto básico del argumento —una operación en el cerebro para quitar las inclinaciones amorosas— rechina mucho. A las novelas les falta tirón porque no hay ningún oponente real salvo las estructuras sociales. Supongo que habrá lectores y lectoras encantados con los momentos supuestamente poéticos como, por ejemplo, cuando Lena mira a Alex y piensa esto: «En algún sitio, creo, posee un núcleo. Ese núcleo brilla como un fragmento de carbón aplastado lentamente por el peso de toneladas de roca hasta convertirse en diamante».

Como es habitual, la narración es en presente, un recurso que suena falso y resulta cargante. La idea del narrador que mira, reflexiona y nos lo cuenta, tiene sentido cuando la insignificancia de los detalles es precisamente lo significativo. La mala literatura, sin embargo, se caracteriza porque el lector percibe, a cada paso, que no hay nada significativo en lo que se le cuenta, que se acumulan detalles superfluos uno tras otro. Esto suele ocurrirles a los escritores que han visto muchas películas y multiplican hasta el infinito informaciones auditivas o visuales como la de que suenan los «tacones en el linóleo» y que «el corredor tiene una claridad cegadora»: ¿y? Para esto es mejor no recomendar libros sino, directamente, películas.

Lauren Oliver. Delirium (2011). Madrid: SM, 2011; 445 pp.; trad. de Carmen Valle; ISBN: 978-84-675-4733-7.
Lauren Oliver. Pandemonium (2012). Madrid: SM, 2012; 379 pp.; trad. de Carmen Valle; ISBN: 978-84-675-5318-5.

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miércoles, 26 de septiembre de 2012

Después de los ilustradores citados ayer y anteayer, otro ejemplo más de autor que lleva tiempo ganando adictos, en sus álbumes y en sus libros, es Javier Sáez Castán. Un último paso en esa dirección es Nada Pura 100 %, un libro ilustrado que tiene como protagonistas al estrambótico doctor Campbell y a su ayudante, un ingenuo cerdito. Su argumento es que, cuando abren un bote de Nada Pura, toda la realidad se transforma, o se diluye, por lo que el doctor Campbell ve que algo deben hacer para reponer las cosas a su verdadero ser.

Las intenciones crítico-bromistas del relato se pueden apreciar en el momento en que Campbell reconoce lo que pasa: «durante años he ido viendo como esa aviesa Nada se iba introduciendo entre nosotros: cerveza sin alcohol, café descafeinado, zumo sin azúcar, leche desnatada, cero por ciento de calorías… [avances a los que, por mi parte, añadiría el jamón islámico]. Todo eso no eran más que anuncios o prolegómenos de lo que ahora acaba de suceder. No, no es ahora momento para libretitas, sino para deshacernos de esta amenaza mundial». Sus intenciones positivas quedan claras desde la cita introductoria: «El mundo está tan lleno de tantas cosas que creo que todos hemos de ser tan felices como reyes», de Robert Louis Stevenson.

Javier Sáez Castán. Nada pura 100%. Una odisea científica del profesor Campbell (2011). Madrid: Anaya, 2011; 134 pp.; ISBN: 978-84-667-9422-0.

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martes, 25 de septiembre de 2012

Tal vez el ejemplo español más característico de lo que citaba ayer, de un autor con un estilo personal y unas historias imaginativas basadas en personajes excéntricos, es Francisco Meléndez. Entre otros álbumes semejantes, el que a mí más me gustó en su momento, fue Leopold, la conquista del aire.

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lunes, 24 de septiembre de 2012

Algunos ilustradores tienen la particularidad de que, con su estilo y con el contenido de sus libros, crean mundos propios que, aunque normalmente no son o no serán nunca masivamente populares, sí captan un buen número de adictos. Es el caso de Iban Barrenetxea con El cuento del carpintero, más bien un relato ilustrado que un álbum ilustrado. Su protagonista es Firmín, un carpintero muy experto a quien llama sucesivas veces el Barón von Bombus para que repare las consecuencias de sus guerras: primero un brazo, luego otro brazo, luego una pierna, etc. Y el trabajo de Firmín es tan bueno que, cada vez, su pieza de recambio es mejor que la original.

Palabras e ilustraciones ocupan dobles páginas alternas. Hay una única ilustración desplegable que aparece al comienzo. Las imágenes, compuestas con figuras estilizadas que siempre aparecen de cuerpo entero, reflejan escenarios y vestuarios decimonónicos, y el colorido prácticamente sólo lo ponen el pelo del carpintero y la doncella. La narración facilita que la secuencia sea clara y, además, a lo largo de las imágenes se desarrolla otra historia de la que no se habla nada en el texto. El mensaje de rechazo hacia los ímpetus bélicos del barón queda claro sin necesidad alguna de insistir.

Iban Barrenetxea. El cuento del carpintero (2011). Barcelona: A buen paso, 2011; 43 pp.; ISBN: 978-84-939414-2-.

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domingo, 23 de septiembre de 2012

Tony Judt:
«No creo que desatender el pasado sea nuestro mayor riesgo; el error característico del presente es citarlo desde la ignorancia. Condolezza Rice, que es doctora en Ciencias Políticas y fue rectora de la Universidad de Stanford, invocó la ocupación estadounidense de la Alemania de la postguerra para justificar la guerra de Irak. ¿Qué grado de analfabetismo histórico cabe detectar en esa analogía? Dado que siempre vamos a explotar el pasado para justificar la conducta pública del presente, la necesidad de saber de verdad historia es incontestable. Una ciudadanía mejor informada es menos susceptible de que la engañen con un uso abusivo del pasado al servicio de los errores del presente. (…) Amañar el pasado es la forma más antigua de control del conocimiento: si tienes en tus manos el poder de la interpretación de lo que pasó antes (o simplemente puedes mentir acerca de ello), el presente y el futuro están a tu disposición. De modo que, por simple prudencia democrática, conviene garantizar que la ciudadanía esté mejor informada históricamente».

Tony Judt con Timothy Snyder. Pensar el siglo XX (Thinking the Twentieth Century, 2012). Madrid: Taurus, 2012; 400 pp.; col. Taurushistoria; trad. de Victoria Gordo del Rey; ISBN: 978-84-306-0910-9.

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sábado, 22 de septiembre de 2012

Adam Zagajewski: «En cierta ocasión, dos sabios se encontraron en un claro del bosque. Hablaron de la miseria del mundo, de la civilización inhumana, de la catástrofe que había sufrido la vida interior de las personas, de la destrucción del sentimiento religioso. Coincidían casi por completo: la palabra de uno de ellos podría ser la palabra del otro. El silencio de uno era el silencio del otro. Condenaban lo que merecía ser condenado, y, no obstante la gravedad de la situación, secretamente casi se alegraban de no estar solos en este mundo atroz y desierto, de tenerse el uno al otro.

El primer desacuerdo salió a la luz por la tarde, tras el crepúsculo, cuando, despidiéndose con cordialidad y aprontándose a partir, se confiaron mutuamente sus planes.
—Yo vuelvo al desierto —dijo el primer sabio—; ayunaré, meditaré, despreciaré el mundo y leeré a los clásicos.
—Pues yo —repuso el segundo sabio— voy a Antioquía, me encontraré con la gente, la convenceré de mi (de nuestra) visión de las cosas, voy a pensar y a escribir, a publicar artículos y libros, y a lo mejor resulta que alguien los lee y puedo convencerlo y hacer que cambie.

El primer sabio lo miró con hostil desdén, con indisimulable desprecio, y desapareció en la oscuridad».

Adam Zagajewski. En la belleza ajena (W cudzym pięknie, 2000). Valencia: Pre-Textos, 2003; 248 pp.; col. Narrativa contemporánea; trad. de Angel Enrique Díaz-Pintado Hilario; ISBN: 84-8191-568-8.

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viernes, 21 de septiembre de 2012

Se acaba de publicar una edición de un conocido ensayo de Paul Valéry titulado Degas Danza Dibujo, unas entremezcladas reflexiones del autor acerca del arte, la poesía, la danza, la fotografía, etc. Es interesante conocerlo, pero, cuando lo leí, no me pareció un texto clave, o tan importante, como dicen los entusiastas de Valéry.

Tiempo atrás, en una entrada dije algo que cuenta Valéry sobre Degas y Mallarmé: Una anécdota muy citada. A los mismos protagonistas se refiere otra nota, tomada de una edición previa de Degas Danza Dibujo, que titulé La paciencia que nos falta. Bien, y otro chascarrilo que figura en el mismo libro se refiere a que, según parece, Zola le dijo a Mallarmé que, a sus ojos, «la m... valía lo que el diamante. “Sí, dijo Mallarmé, pero el diamante es más raro”».

Paul Valery. Degas Danza Dibujo (Degas Danse Design et divers écrits sur la Peinture, 1938), en Piezas sobre arte (Pièces sur l’art). Madrid: Visor, 1999; 282 pp.; col. La balsa de la Medusa; trad. de José Luis Arántegui; ISBN: 84-7774-600-1. Nueva edición en Barcelona: Nortesur, 2012; 168 pp.; col. Primera Persona; trad. de María Teresa Gallego Urrutia; ISBN: 978-8493877804.

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jueves, 20 de septiembre de 2012

Otro libro que, como el de ayer, apunta que las personas con más suerte no son quienes pensamos: Un amor especial, de Kenzaburo Oé, un libro de hace unos años donde se recogen distintos artículos del autor acerca de su hijo Hikari, que nació con una anomalía cerebral. Este acontecimiento lo considera Oé como el más decisivo de su vida y su literatura: para él, Hikari «fue en realidad un sanador de toda nuestra familia». A lo largo del libro habla de muchas cosas en relación a la educación de Hikari: unas relacionadas con su afición y posterior dedicación profesional a la música, y otras relativas al mismo aprendizaje de sus padres para saber tratarle adecuadamente. Me han parecido especialmente interesantes las observaciones de Oé acerca de cuál ha de ser la aceptación pública y privada de la minusvalía: cómo una influye mucho en la otra, y cómo, en su opinión, se ha de «modelar una sociedad, sus mejores esfuerzos, basándose en las de la familia que ha acogido activamente a un niño minusválido en su seno».

Kenzaburo Oé. Un amor especial (A Healing Family, 1995). Barcelona: Martínez Roca, 1998; 153 pp.; trad. de Jordi Fibla; ISBN: 84-270-2335-9. Nueva edición en 2012; 160 pp.; col. Testimonio; ISBN: 978-8427035423.

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miércoles, 19 de septiembre de 2012

La máquina de Efrén, de Cristina Durán y Miguel A. Giner Bou, una continuación de Una posibilidad entre mil, narra el proceso de adopción de una niña etíope por parte de los autores: desde la decisión, y todos los pasos burocráticos posteriores, hasta el viaje a Etiopía, y el regreso feliz con Selamawit. La narración, que como es lógico vuelve a veces a Laia, la protagonista de Una posibilidad entre mil, tiene calidez humana y notable claridad gráfica y narrativa. La historia muestra comprensión ante lo que parece un exceso de control y de papeleo, y representa con figuras animales a las personas maleducadas que hacen comentarios desafortunados. Como en el relato anterior, el lector termina contagiado por el ánimo y el espíritu de lucha que transmiten los protagonistas —es asombrosa la tenacidad y la paciencia que han de poner en práctica los futuros padres para vencer todas las dificultades burocráticas—, y termina deseándoles lo mejor —o rezando por ellos, aunque tal cosa parece inquietar al narrador—.

Cristina Durán y Miguel A. Giner Bou. La máquina de Efrén (2012). Madrid: Sinsentido, 2012; 126 pp.; ISBN: 978-84-96722-45-3.

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martes, 18 de septiembre de 2012

Al poner, hace unos días, El secreto del huevo azul, recordé un buen relato acerca de los líos que causa decir mentiras o, también, cómo hay que ser muy prudentes para saber decir siempre la verdad: La puerta para salir del mundo, de Ana María Shua.

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lunes, 17 de septiembre de 2012

Nueva edición de El aniversario, un álbum de Carme Solé con un texto irónicamente melancólico de Miquel Martí i Pol, acerca de un tal Señor M. que, después de diez años de casado, reflexiona y se siente un don nadie. Entonces decide ponerse sombrero y no quitárselo nunca, lo que al principio es considerado una extravagancia y, más tarde, acaba siendo una fuente de conflictos.

Álbum cuyo argumento, dentro de la LIJ se podría poner en línea con, por ejemplo, El hombrecito vestido de gris, de Fernando Alonso. Tiene interés su edición, aparte de las excelentes ilustraciones y de la lograda composición como álbum, por su valor dentro de la historia particular de la LIJ: igual que se podría decir de Cepillo —aunque en ese caso el protagonista es un niño—, preparar un álbum con un contenido así era una gran novedad en los ochenta. Incluso lo es hoy.

Carme Solé. El aniversario (L’Aniversari, 1983). Texto de Miquel Martí i Pol. Barcelona: Hymsa, 1983; 24 pp.; col. Baúl de cuentos; trad. de Fabricio Caivano; ISBN: 84-7183-291-7. Nueva edición en Madrid: El Jinete Azul, 2012; ISBN: 978-84-939213-3-0.

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domingo, 16 de septiembre de 2012

Tony Judt: «Me preocupa la enseñanza “progresista” de la historia. (…) Ha demostrado ser un grave error sustituir [la historia que se enseñaba antes] cargada de datos por la intuición de que el pasado era una serie de mentiras y prejuicios que necesitaban ser corregidos: prejuicios que favorecían a las personas de raza blanca o a los hombres en vez de a las mujeres, mentiras sobre el colonialismo o el capitalismo, o lo que sea».

Los nuevos enfoques, «supuestamente críticos, dirigidos —seamos generosos— a ayudar a los niños y estudiantes a formar sus propios juicios, son contraproducentes. Generan confusión más que perspicacia, y la confusión es la enemiga del conocimiento. Antes de que nadie —ya se trate de un niño o de un estudiante de postgrado— pueda entender el pasado, tiene que saber lo que ocurrió, con qué orden y con qué resultados. En cambio, hemos educado dos generaciones de ciudadanos completamente desprovistos de referencias comunes. A consecuencia de ello, pueden contribuir poco al gobierno de su sociedad. La tarea del historiador, si se quiere verlo de este modo, es proporcionar la dimensión del conocimiento y la narrativa histórica, sin lo cual no podemos ser un todo cívico. Si tenemos una responsabilidad cívica como historiadores, es esta»

Tony Judt con Timothy Snyder. Pensar el siglo XX (Thinking the Twentieth Century, 2012). Madrid: Taurus, 2012; 400 pp.; col. Taurushistoria; trad. de Victoria Gordo del Rey; ISBN: 978-84-306-0910-9.

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sábado, 15 de septiembre de 2012

En 1965, cuando le dieron el Premio Lessing de la ciudad de Hamburgo, Hannah Arendt decía: «un honor nos da una gran lección de modestia, puesto que implica que no nos corresponde juzgar nuestros propios méritos». Y seguía: «Con respecto a los premios, es el mundo quien tiene la palabra y, si aceptamos el premio y expresamos nuestra gratitud por él sólo podemos hacerlo ignorándonos a nosotros mismos y actuando plenamente dentro del marco de nuestra postura ante el mundo, un mundo y un público al que debemos el espacio en el que hablamos y en el que se nos escucha. Sin embargo, el honor no sólo nos recuerda con énfasis la gratitud que debemos al mundo; también nos hace contraer un alto grado de responsabilidad con él».

Teresa Gutiérrez de Cabiedes. El hechizo de la comprensión: vida y obra de Hannah Arendt (2009). Madrid: Encuentro, 2009; 454 pp.; prólogo de Alejandro Llano; ISBN: 978-84-9920-002-6.

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viernes, 14 de septiembre de 2012

A mis amigos interesados en aclararse de qué hablamos cuando hablamos de la posmodernidad, y de los problemas asociados con la identidad propios de un mundo posmoderno (eso siempre implica primer mundo, clase alta o bastante acomodada, carnaval cultural, etc.), les estoy recomendando estas últimas semanas Aire de Dylan, de Enrique Vila-Matas.

El narrador, un escritor barcelonés, habla de Vilnius, un personaje híbrido entre Hamlet y Oblomov interesado en el fracaso, que se plantea escribir sobre su padre, un escritor posmoderno, reconstruyendo la autobiografía que se supone que destruyó. Al final, al menos a mí, me queda la sensación de que tal vez el libro sea una especie de autobiografía inventada, de modo transversal y típicamente posmoderno, del mismo autor. O no.

No voy a dar más explicaciones ni a poner textos, que pueden ser interesantes, que lo son, y estar muy bien escritos, que lo están, pero que tienen mucho de pedaleo narcisista. Los problemas que se derivan de la frivolidad y la estupidez de los privilegiados pueden ser reales, y subjetivamente trágicos, pero, a fin de cuentas, en buena medida están causados por ellos mismos, y hay otros mucho más importantes y gente mucho más merecedora de atención.

Pero rescato una nota que, me parece, refleja bien un tipo de literatura que perdura siempre: «Los escritores que sobreviven (…) [son los que] aún muestran fuerzas para prestar atención a quienes, como ellos, traten de poner en orden a la enmarañada conciencia. Ese trabajo secreto con la conciencia no se ve jamás en la televisión, no es mediático, habita en las viejas casas de la vieja literatura de siempre».

Enrique Vila-Matas. Aire de Dylan (2012). Barcelona: Seix-Barral, 2012; 328 pp.; col. Biblioteca Breve; ISBN: 978-84-322-0964-2.

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jueves, 13 de septiembre de 2012

Juntos y Caminos Cruzados, de Ally Condie, son la primera y segunda entregas de una trilogía distópica más, de las que siguen el esquema básico de El Dador, que por lo que voy viendo sin duda es la mejor novela juvenil del género.

Juntos presenta un mundo futuro donde la Sociedad lo controla todo: qué hacer, qué ver, qué leer, cómo actuar… Cuando llega la edad correspondiente, hay una ceremonia en la que a cada chica o chico se le asigna una pareja. A Cassia, la narradora, le toca su amigo de la infancia, Xander, con el que se lleva muy bien. Pero, por un error, también por un momento se le dice que su pareja es Ky, otro chico misterioso de su calle. A partir de ahí, y de otros acontecimientos que afectan a sus padres, Cassia se replantea cosas y ve que su mundo no es tan perfecto como suponía.

Caminos cruzados empieza cuando a Cassia y a Ky los han separado y ambos están destinados en las provincias exteriores. En capítulos alternos, unos narrados por Cassia y otros por Ky, vemos cómo Cassia intenta por todos los medios encontrar a Ky. Se desvelan más cosas del pasado de los dos y se aprecia, con más información y perspectiva, la rebelión en marcha contra la Sociedad.

La primera novela tiene un cierto interés a pesar de sus similitudes con otras. La segunda es una pura preparación para el conflicto total que se supone que ocurrirá en la tercera. El hecho de guiarse por criterios comerciales y construir una trilogía, sea esa una decisión del autor o de la editorial, es como una maldición: sobran muchísimas páginas. Centrar la historia en los sentimientos amorosos de Cassia puede atraer a lectoras jóvenes pero provoca demasiadas frases ampulosas y vacías de las que dan rubor. Darle al relato un aire poético —pues los protagonistas comparten poemas, desconocidos en su sociedad, de Dylan Thomas y Tennyson—, es muy artificial.

Lo rescatable tiene que ver con un temor que, ahora mismo, es real en quienes leen la historia: al igual que el protagonista de El Dador, Cassia se da cuenta de que, aunque «nuestra Sociedad se precia de no matar nunca a nadie, de haber abolido la pena de muerte», las estructuras y las normas imponen matar a los débiles, naturalmente que por motivos de compasión y «con la ayuda de nuestros dioses, por supuesto, los funcionarios». Otra es esto último: suena cercana la figura del funcionario que se atribuye a sí mismo misiones de ingeniería social, como la misma Cassia, que ha comenzado a trabajar y, en un momento dado, se lamenta: «he jugado a ser una funcionaria. Me he permitido creer que sabía qué era lo mejor y he cambiado la vida de alguien». Y, precisamente, el que podría ser un gran personaje de la primera novela si no fuera tan esquemático, es una exigente y amable mujer que vigila en todo momento a Cassia.

Volveré a otras cuestiones y a los curiosos parecidos con novelas semejantes.

Ally Condie. Juntos (Matched, 2010). Barcelona: Montena, 2011; 348 pp.; trad. de Rosa Pérez; ISBN: 978-84-8441-693-7.
Ally Condie. Caminos cruzados (Crossed, 2011). Barcelona: Montena, 2012; 361 pp.; trad. de Rosa Pérez Pérez; ISBN: 978-84-8441-863-4.

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miércoles, 12 de septiembre de 2012

Gruñón y el mamut peludo y su continuación son dos libros francamente divertidos de hace tiempo, firmados por Derek Sampson, un autor del que nunca he sabido nada por más que lo he intentado. Creo que no están disponibles en castellano, más que en bibliotecas.

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martes, 11 de septiembre de 2012

El secreto del huevo azul, de Catalina González Villar, puede alinearse con otros relatos que hablan de las mentiras —como Un pelotón de mentiras— y con los que presentan viajes de aprendizaje a países misteriosos —como La cabina mágica—.

El pequeño príncipe Rolav dice, ante toda la corte, una mentira. Luego quiere arreglarlo pero sin quedar mal. Así que Noisuli, el mago, le da otra solución: viajar al País de las Mentiras, «un lugar en el que las mentiras que contamos se hacen realidad». Allí puede buscar la lagartija de la que habló a la corte, traerla, y, al día siguiente, mostrársela a todos. Le anuncian que no será un viaje fácil pero, con todo, prefiere arriesgarse a todo lo que pueda venir antes que reconocer la verdad.

Relato amable, simpático e inteligentemente construido. Como es de suponer, las mentiras se multiplican con unas consecuencias imprevisibles. Más fácilmente que Rolav, el lector encontrará en los nombres las claves de lo que va ocurriendo —Rignif, el Puente del Adud, Oderne, Oslaf…—. Junto con él, irá conociendo, y reconociendo, a seres que son a la vez amenazantes y graciosos, como «una enorme bola de un intenso color rosa» con piernas y brazos diminutos: en ese mundo así son los rumores. Las ilustraciones mejoran la edición: son apropiadas al tono del relato, resultan vistosas y van bien entretejidas con el texto.

Catalina González Villar. El secreto del huevo azul (2012). Madrid: SM, 2012; 160 pp.; ilust. de Tomás Hijo; ISBN: 978-84-675-5435-9. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 10 de septiembre de 2012

Barnie es un nuevo álbum de Sonja Bougaeva. Su protagonista, Barnie, es un perro bajito, peludo y gordo, cuyo dueño está siempre increpándole. El álbum es una sucesión de situaciones donde Barnie se entromete, o donde su dueño le dice que se entromete, y le grita cosas como «¿no te da vergüenza?», «¡ven en aquí enseguida!», «¿estás loco?»...

Como acostumbra la autora, las figuras son graciosas, las ilustraciones están bien compuestas, y las escenas resultan simpáticas. El final es, por un lado, satisfactorio para el lector que siente que no pocos de los reproches que Barnie soporta son injustos; pero, por otro, también le hace notar que quizá su dueño conozca bien a Barnie y no le falte razón para temerle...

Sonja Bougaeva. Barnie (2012). Barcelona: Takatuka, 2012; 24 pp.; trad. de Patric de San Pedro; ISBN: 978-84-92696-77-2.

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domingo, 9 de septiembre de 2012

Tony Judt: «El trabajo del historiador es establecer que cierto hecho ocurrió. Esto lo hacemos de la forma más efectiva que podemos, con el propósito de transmitir cómo fue lo que les ocurrió a esas personas, cuándo y dónde ocurrió, y con qué consecuencias.

Esta tarea bastante obvia de descripción es en realidad crucial. La corriente cultural y política fluye en la otra dirección, la de borrar acontecimientos pasados y explotarlos para otros propósitos. Es responsabilidad nuestra hacerlo bien: una vez y otra. Es una tarea de Sísifo: las distorsiones cambian de continuo y también el énfasis en la corrección fluctúa constantemente. Pero muchos historiadores no lo ven así y no sienten ninguna responsabilidad de este tipo. Desde mi punto de vista no son verdaderos historiadores».

Se podría decir que los historiadores «no somos las personas que ponen los muebles en la habitación, sólo los que los etiquetamos. Nuestro trabajo es decirle a alguien: este es un sofá grande con una estructura de madera, no es una mesa de plástico. Si usted cree que es una mesa de plástico, no sólo estará cometiendo un error categorial, y no sólo se hará daño cuando se choque con él, sino que lo usará de formas equivocadas. Vivirá mal en esta habitación, pero no tiene por qué vivir tan mal en esta habitación.

En otras palabras, creo profundamente que el historiador no está aquí para reescribir el pasado. Cuando reetiquetamos el pasado, no lo hacemos porque tengamos una nueva idea de cómo pensar en la categoría “muebles”; lo hacemos porque creemos que hemos llegado a una mejora en la apreciación de con qué tipo de muebles estamos tratando. Puede que un mueble etiquetado como “gran mesa de roble” no siempre haya estado etiquetado así. (…) Puede que no estuviera identificado como tal porque todo estaba hecho de roble y nadie hablaba de ello. Pero ahora, el roble importa porque —por ejemplo— es un material poco frecuente. De modo que estamos tratando con esta gran mesa de roble, y nuestra tarea consiste en subrayarlo».

Tony Judt con Timothy Snyder. Pensar el siglo XX (Thinking the Twentieth Century, 2012). Madrid: Taurus, 2012; 400 pp.; col. Taurushistoria; trad. de Victoria Gordo del Rey; ISBN: 978-84-306-0910-9.

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sábado, 8 de septiembre de 2012

James Wood: «La gente, como decía Edith Wharton, es como las casas de las demás personas: sólo sabemos de ellas lo que linda con las nuestras. Digamos que el hombre de pantalones descuidados entra en una habitación en la cual se encuentran de pie un hombre y una mujer. Habla primero a la mujer e ignora al hombre. Ah, nos decimos, es ese tipo de hombres. Pero luego el novelista nos revela que la mujer a la que habla es llamativamente poco atractiva. Y de repente habla la extraordinaria capacidad de la novela: a diferencia de una película, digamos, la novela nos puede decir qué está pensando un personaje. Y en ese momento el novelista decide añadir, en estilo indirecto libre, nada menos: “Mamá, muy tradicional a su manera, le había enseñado siempre que un caballero debe hablar primero a la mujer menos atractiva que hay en la habitación, para que se sienta a gusto. Simple caballerosidad”».

James Wood. Los mecanismos de la ficción. Cómo se construye una novela (How Fiction Works, 2008). Madrid: Gredos, 2009; 198 pp.; trad. de Ana Herrera; ISBN: 978-84-249-3610-5.

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viernes, 7 de septiembre de 2012

Tony Judt: «Cualquier compromiso con una decisión política tiene que ser triangulada mediante tres cuestiones diferentes. Una de ellas es la cuestión consecuencialista. ¿Estamos seguros de que las consecuencias de una determinada opción no son peligrosas, ya sea directamente o como ejemplos y precedentes?

En segundo lugar, está la cuestión realista: ¿qué nos reporta a nosotros? Esto debe tenerse en cuenta porque la política trata, al fin y al cabo, de gobierno, y de generar unos resultados que presuntamente beneficien a quienes han emprendido la acción. Pero la delgada línea que separa el realismo político del cinismo moral es muy fácil de cruzar…

Y la tercera pregunta debe ser: ¿lo que se va a hacer es algo bueno, correcto o justo, independientemente de mis dos consideraciones anteriores?

Es nuestra incapacidad actual para manejar estos tres diferentes conjuntos de consideraciones lo que refleja el gran fracaso del razonamiento político».

Tony Judt con Timothy Snyder. Pensar el siglo XX (Thinking the Twentieth Century, 2012). Madrid: Taurus, 2012; 400 pp.; col. Taurushistoria; trad. de Victoria Gordo del Rey; ISBN: 978-84-306-0910-9.

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jueves, 6 de septiembre de 2012

De un modo que se podría comparar a Los incursores, las novelas sobre Los Mennym, de Silvia Waugh, hablan también de seres que andan en busca de su hueco en el mundo. La calidad de los relatos no ha sido suficiente, hasta el momento, para que se publicaran en castellano más novelas que la primera, que además, por lo que veo, no está en el mercado ahora.

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miércoles, 5 de septiembre de 2012

Muchos libros infantiles y juveniles presentan personajes niños que afianzan su personalidad entre adultos que no prestan atención a lo que les ocurre como, por ejemplo, Lili, libertad. Otro relato que refleja lo mismo, aunque la dificultad de la protagonista sea distinta, es Quiero ser la que seré, de Silvia Molina, sobre una niña cuyo entorno tardó tiempo en comprender sus problemas de dislexia.

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martes, 4 de septiembre de 2012

Pongo en la página dos relatos chistosos, con distinto registro, de Graciela Montes: de fantasía humorística Venancio vuela bajito y de vida cotidiana bienhumorada La venganza de la trenza.

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lunes, 3 de septiembre de 2012

El Perro y la Liebre, de Rotraut Suzanne Berner, no es un libro genial pero sí es un relato eficaz con sus lectores naturales, y un buen ejemplo de claridad narrativa. En él se cuenta que, aunque hay una vieja enemistad entre los Perros y las Liebres, Lucas Liebre y Pablo Perro llegan a ser amigos después de una carrera en la que participan.

Relato pensado para transmitir un mensaje de convivencia y amistad a los niños. Al lector se le facilitan las cosas con un plano del escenario de conjunto al principio y al final. Luego, la historia es sencilla y el texto va debajo de unos dibujos que son claros y, a veces, van recuadrados. El texto abunda en expresiones tomadas del refranero o de las canciones populares: «muerto el perro se acabó la rabia», «perro ladrador, poco mordedor», «donde menos se lo espera salta la liebre», etc.

Rotraut Suzanne Berner. El Perro y la Liebre (Hund & Hase, 2009). Barcelona: Juventud, 2012; 78 pp.; trad. de Susana Tornero; ISBN: 978-84-261-3876-7.

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domingo, 2 de septiembre de 2012

Gombrich: «Es un hecho que, a nuestro alrededor, hay quienes no entienden o menosprecian el arte del pasado». Dejando de lado que así se promueve un dañino empobrecimiento intelectual, sí conviene precisar que «la gente tiene diferentes valores y persigue diferentes problemas. Tal vez sólo podamos aprender acerca de los valores considerando esta gama y esta diversidad. En todas las civilizaciones el hombre se ha planteado problemas de habilidad y de osadía cuya solución exige cualidades sobresalientes. El dominio de juegos y de pruebas de destreza muestra a unos hombres sometidos a la misma clase de valores y todos podemos admirar estos logros aunque no queramos sumarnos al juego. Hay, esto sí, la historia del mandarín chino que se maravillaba ante los ejercicios físicos de los diplomáticos extranjeros en sus partidos cotidianos de tenis: “Aún en el caso de que por algún oscuro motivo estas pelotas tengan que ser lanzadas de un lado a otro, ¿no puede confiarse tan enojosa tarea a los criados?”. Nuestros modernos mandarines que contemplan las artes del pasado con una incomprensión similar tienen menos excusa, ya que el arte ha llegado a abarcar unos valores todavía más elevados que los que posee el tenis...».

E. H. Gombrich. «Arte y autotrascendencia» (1969), Ideales e ídolos. Ensayos sobre los valores en la Historia y en el Arte (Ideals & Idols, 1979). Madrid: Debate, 2004, 2ª ed.; 224 pp.; trad. de Esteve Riambau i Saurí; ISBN: 84-8306-585-1.

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sábado, 1 de septiembre de 2012

Hablando de obras que recurren a la ironía, señala Wayne Booth que «el peor enemigo que se puede tener a la hora de leer y hacer críticas es la aplicación de reglas abstractas que atentan contra la vida de las obras concretas. Tanto si pensamos que las grandes obras deben ser eminentemente irónicas como si consideramos que, por debajo de todas las ironías que pueda haber, en último término contienen una afirmación, debemos estar dispuestos a admitir que se han escrito obras importantes desde ambos puntos de vista. Se puede estropear una lectura bien por no llegar a una reconstrucción cuando se trata de ironías estables o bien por empeñarse en hacer una traducción literal cuando precisamente de lo que se trata es de destacar las inestabilidades. (…) Intentar reducir la filosofía de Platón a una serie de afirmaciones inequívocas, o insistir en que el Godot que esperan los personajes de Beckett tiene necesariamente que ser Dios, o que no puede serlo, es incurrir en un género de pedantería que tiene los méritos suficientes para ser objeto de los ataques de un ironista inteligente».

Wayne C. Booth. Retórica de la ironía (A Rethoric of Irony, 1974). Madrid: Taurus, 1989, 2ª ed.; 368 pp.; col. Persiles; trad. de Jesús Fernández Zulaica y Aurelio Martínez Benito; ISBN: 84-306-2160-1.

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