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Notas de septiembre de 2013 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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lunes, 30 de septiembre de 2013

El Buen Lobito, de Nadia Shireen, es el primer álbum de su autora y es un gran debut. Es un relato de advertencia, como tantos cuentos populares, y con un humor semejante al de Emily Gravett y otros autores más bien sarcásticos.

En la primera doble página vemos a unos oyentes (tres cerditos rosa, una niña-caperucita de rojo, otra niña y un lobito gris) que atienden a alguien, a quien no vemos, mientras les cuenta un relato. Ese relato trata de una Abuelita y su amigo el Buen Lobito, muy parecido al oyente del principio. Al Buen Lobito le encantaba ser bueno pero Abuelita le advertía, sin embargo, que también había lobos malos y, en efecto, un día encuentra uno: un negrísimo Lobo Malo. Este le dice que los lobos son malos y le desafía a que se comporte como un lobo, cosa que el Buen Lobito intenta, pero no le sale..., hasta que ve a la Abuelita en peligro.

El relato es excelente y está muy bien contado pero habrá quien sufra con el desenlace. La cubierta, de las que sintetiza bien la historia, es un acierto. Los personajes atraen al lector pues son amables y graciosos. Una forma de transmitir gráficamente la bondad es que los ojos de la Abuelita y del Lobito Bueno, son circulares y tienen, sobre fondo blanco, una pupila pequeña; de hecho, cuando el Lobito Bueno se irrita mucho, la forma de sus ojos deja de ser circular. En cambio, el Lobo Malo tiene, aparte de la piel negra y un pelaje áspero que contrasta con el pelaje lanudo y abrazable del Lobito Bueno, unos ojos ovalados con fondo amarillo que respiran astucia.

Nadia Shireen. El buen lobito (Good Little Wolf, 2011). Madrid: Bruño, 2012; 32 pp.; trad. de Cristina González; ISBN: 978-84-216-8965-3.

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lunes, 30 de septiembre de 2013

Nueva revista en Flipboard, pensada sobre todo para tabletas y teléfonos, con todas las notas de septiembre: bienvenidosalafiesta 1309. En este mes también añadí alguna entradas a hablandodelij.

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domingo, 29 de septiembre de 2013

En la capacidad de prestar atención a lo concreto coinciden la mirada del niño con la del artista, que es, precisamente, quien ve y siente así la realidad pero, además, sabe luego expresarla con precisión. En relación a esto menciona Josef Pieper unos textos del poeta inglés G. M. Hopkins en sus diarios para señalar que poseía el don de mirar con atención y pasión la «disposición» de las cosas de forma que, por ejemplo, describe «la llama» como «más clara y tersa que el cristal, la seda o el agua». Apunta que, quien sabe mirar así, no elimina «la realidad de lo visible con una precipitada “simbolización”» y que «la mirada de la contemplación terrenal respeta lo visible de las cosas de este mundo e intenta retenerlo». Hay, en ese modo de actuar, un gran respeto a lo concreto que, continúa Pieper, tiene su origen en que «cada cosa guarda y oculta en su raíz un signo de origen divino. Quien se percata de ello ve que ésta y todas las cosas son buenas por encima de todo lo concebible. Lo ve y es feliz». Por otra parte, no está de más añadir cómo esa capacidad de observar las cosas no es ni mucho menos la propia de quien tiene mucha cultura literaria o artística, que a veces sólo sabe hablar de las cosas con palabras de otros, y cómo con frecuencia la encontramos en las personas más sencillas que saben mirar y asombrarse.

Josef Pieper, «Contemplación terrenal», La fe ante el reto de la cultura contemporánea (Über die Schwierigkeit heure zu glauben, 1974), Madrid: Rialp, 2000; 281 pp.; trad. de Juan José Gil Cremades; ISBN: 84-321-3294-2.

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sábado, 28 de septiembre de 2013

G. K. Chesterton: A Biography, de Ian Ker, autor de un extenso libro sobre Newman, es la más extensa y documentada de todas las biografías que se han publicado hasta la fecha. El autor recoge, y hasta donde puede completa, la información contenida en biografías previas y en las memorias de quienes le conocieron. Corrige textos ya publicados al compararlos con los originales, usa periódicos y comentarios contemporáneos a los hechos, y emplea fuentes no manejadas antes, como diarios de la mujer de Chesterton y notas de Dorothy Collins. El resultado es un libro muy largo pues abundan los documentos a pesar de que Chesterton había destruido muchos papeles y su mujer, al morir él, hizo que se destruyeran más.

Como es lógico, Ker sigue los pasos de biografías anteriores. En especial, las de Maisie Ward. Algo que ella no había hecho era poner el acento en las conexiones de Chesterton con Newman, cosa que Ker hace aunque no tanto como, al menos yo, esperaba. En cualquier caso, en primer lugar subraya que ambos fueron conversos, polemistas con un dominio de la ironía fuera de lo común, y escritores de ficción y de no-ficción. Luego, que Chesterton tenía un conocimiento completo de Newman y sus obras. También recuerda el comentario que había hecho el padre de Maisie Ward, Wilfrid Ward, en la reseña que había publicado en su momento sobre Ortodoxia: si Newman había escrito una Gramática del Asentimiento la obra de Chesterton era una Gramática de la Gratitud.

Igual que hicieron antes otros, Ker se detiene a explicar las razones de las acusaciones de antisemitismo contra Chesterton y a poner en su sitio los falsos testimonios de las memorias de su cuñada. Dice al principio Ker que desea insistir en la enorme categoría de Chesterton como crítico literario, algo evidente para muchos pero insuficientemente reconocido en ámbitos académicos o, en general, por quienes se incomodan debido a su estilo singular: Chesterton citaba siempre de memoria y, cuando se confundía, decía que así debía ser pues la literatura de verdad forma parte de uno mismo; además, no corregía imprecisiones o errores de otro tipo pues le parecía pedante. De todos modos me parece que no están bien aclarados sus verdaderos méritos literarios: la biografía de Joseph Pearce, junto con las referencias que también da Pearce en su obra Escritores Conversos, ponen más de manifiesto el peso humano y literario que tuvo en muchos de sus contemporáneos y en otros que siguieron sus huellas.

Hay un exceso de detalles en la narración de los viajes que hizo Cherterton: saber qué hicieron él y sus acompañantes día por día no siempre resulta relevante. Otro factor que hace algo pesado el libro, al menos para muchos lectores, son los extensos comentarios a los libros que iba publicando Chesterton: tal vez hubiera sido mejor separarlos de los hechos biográficos. Este rasgo, aparte de que da lugar a repeticiones innecesarias, hace ardua y fatigosa la lectura: como decía un crítico inglés, es un gran fallo hacer que Chesterton resulte aburrido. Uno de los aspectos que el libro no toca —pues termina con la muerte del biografiado—, y que sería interesante conocer, es el de las causas del oscurecimiento tan grande que sufrió Chesterton en la opinión pública inglesa. En cualquier caso, el trabajo de Ker es extraordinario y quedan claras las cualidades humanas, intelectuales y artísticas de Chesterton.

Ian Ker. G. K. Chesterton: A Biography (2011), Oxford University Press, edición para kindle, ISBN: 0199601283; ASIN: B0064A4XNK.

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viernes, 27 de septiembre de 2013

Por qué duele el amor. Una explicación sociológica, de Eva Illouz, es un análisis de los cambios que se han dado, en los últimos tiempos, «en tres aspectos del yo: la voluntad (cómo queremos algo), el reconocimiento (cómo construimos nuestro sentido del valor propio) y el deseo (qué deseamos y cómo lo deseamos)». Se podría describir también como un intento de «desenmascarar los fundamentos sociales de los pensamientos» para mostrar cómo «el enojo, la frustración y la decepción que con tanta frecuencia resultan inherentes al amor y el matrimonio, en realidad se fundan en ciertas disposiciones sociales y culturales».

Son luminosas las comparaciones con novelas del pasado para indicar de qué forma se ha dado una «Gran Transformación» de lo romántico, que ha modificado tanto la ecología como la arquitectura de las elecciones amorosas, el ambiente social que las orienta y los criterios y la forma en que se toman las decisiones. Así, por ejemplo, analiza lo que llama la «claridad moral» en el comportamiento y en el sufrimiento amoroso de las heroínas de Jane Austen, e indica cómo «los relatos contemporáneos de traición o abandono carecen por completo de esa “claridad moral” y señalan la existencia de una modificación sustancial en la estructura moral de la culpa y de los sentimientos que la acompañan». Intenta comprender las fuerzas sociales que dan forma a la evasividad emocional masculina y habla de cómo el miedo al compromiso, entre los varones sobre todo, tiene hoy proporciones de un ataque de pánico moral, un punto en el que se han dado cambios históricos.

Al final concluye que muchos aspectos de la cultura contemporánea impiden una verdadera experiencia de la pasión amorosa. Hace notar que «la libertad sexual mercantilizada interfiere con la capacidad de hombres y mujeres para forjar vínculos intensos, significativos e integrales, vínculos éstos que nos permiten saber qué clase de persona nos importa y nos preocupa». Apunta que la libertad ha de ser examinada críticamente en todas las esferas y no sólo en una: quien tiene claro que dar culto a la libertad, que una libertad desenfocada, puede causar devastación en el terreno económico, debería plantearse que lo mismo pasa en el terreno amoroso y sexual.

Desde una perspectiva feminista, la suya, indica que se deberían cuestionar el modelo cultural actual y reexaminar «los estados de alienación y distanciamiento que han generado la interacción y la intersección de la libertad sexual con las emociones y la economía». En su opinión ha llegado el momento de «contabilizar las dificultades inmensas que ha generado la matriz cultural que constituye el núcleo de la modernidad», en especial para las mujeres, que han quedado en una clara situación de desventaja estructural o en inferioridad de condiciones emocionales frente a los hombres, y de plantear una ética de las relaciones amorosas que pueda devolver al amor su verdadero significado.

Eva Illouz. Por qué duele el amor. Una explicación sociológica (Why Love Hurts. A Sociological Explanation, 2011). Madrid: Katz, 2012; 364 pp.; serie Ensayos; trad. de María Victoria Rodil; ISBN: 978-84-92946-47-1.

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jueves, 26 de septiembre de 2013

Tamango, de Prosper Mérimee, trata sobre un guerrero negro que captura hombres en el interior de África para venderlos como esclavos. El famoso capitán Ledoux, antes de abandonar su oficio, emprende un último viaje a las costas de África para cargar esclavos. Tamango se los suministra y, bebido, en el acuerdo al que llega con Ledoux incluye entregarle también una de sus esposas. Cuando, a la mañana siguiente, se da cuenta de lo que ha hecho, va en busca de Ledoux para reclamarla. El destino cambia entonces para todos.

Escrito en 1829, este es un corto y eficaz relato de denuncia. Ya desde los comienzos de la historia se pone de manifiesto la fuerte ironía del narrador contra el tráfico esclavista y contra las autoridades francesas que lo toleraban. Tienen viveza, tanto las descripciones de la forma en que actuaban los mercaderes como las de la posterior travesía y la rebelión. Las ilustraciones, a veces poco más que siluetas, transmiten bien el tono de la narración y refuerzan su impacto emocional en el lector.

Prosper Mérimee. Tamango (1829). Madrid: Gádir, 2013; 65 pp.; trad. de Elena del Amo; ilust. de Ximena Maier; ISBN: 978-84-941013-9-7.

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miércoles, 25 de septiembre de 2013

El libro de la selva de Londres,
con ilustraciones de Bhaiju Shyam y texto suyo también, aunque con la colaboración de sus editores, es un excelente libro ilustrado que vale la pena conocer.

En la introducción, titulada «De cómo Londres se convirtió en una selva», los editores explican el origen y la confección del libro, junto con algunos rasgos propios del artista, un pintor indio de la comunidad tribal gond. Cuando fue invitado a pasar en Londres dos meses para pintar un lujoso restaurante indio, su primer viaje al extranjero y a Londres, decidió recurrir a los símbolos del bosque, propios de su pueblo, para pintar lo que veía: el autobús urbano como un perro fiel y cordial, el metro de Londres como una gran serpiente subterránea, el Big Ben como un gallo, el símbolo del tiempo en el arte gond: «los símbolos son el rasgo más importante del arte gond; cada uno tiene su historia y su significado. Esta pintura [la del Big Ben] fue la que menos me costó ya que fusiona dos símbolos perfectos».

En el libro se cuentan incidentes de su viaje y estancia en Londres, cronológicamente. Cada tramo de texto se acompaña de una imagen-estampa —que normalmente ocupa una página pero, a veces, ocupa las dos—, que lleva otro título y un breve comentario del pintor, como el que puse arriba. Por ejemplo, cuando narra el viaje desde su ciudad, y pinta un tren, junto con él mismo y unos pájaros, dice: «En esta pintura reflejo el viaje en tren pero como el tren en sí no me interesaba para nada, lo he hecho pequeñito. Así pensamos y pintamos los gonds: a lo importante hay que darle más espacio. No nos interesa la realidad, únicamente cómo se piensan las cosas y nuestras pinturas tratan de mostrar lo que se ve gracias al poder de la imaginación. Por eso soy mucho mayor que el tren y he dibujado mis pensamientos como pájaros que me hacen volar y tiran de mí en muchas direcciones desconocidas».

Bhaiju Shyam. El libro de la selva de Londres (The London Jungle Book, 2004). Texto también de Sirish Rao y Gita Wolf. Madrid: Sexto Piso, 2013; 56 pp.; trad. de Carlos Mayor; ISBN: 978-84-15601-29-6.

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martes, 24 de septiembre de 2013

Cartas de todos para todos, de Toon Tellegen, es otra edición, con ilustraciones renovadas, de un libro que se había publicado años atrás con el título Cartas de la ardilla, de la hormiga, del elefante, del oso. Es un librito amable y divertido con escenas de humor que podríamos llamar posmoderno, algunas muy conseguidas.

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lunes, 23 de septiembre de 2013

Hay un cocodrilo debajo de mi cama, de Mercer Mayer, es un relato parecido, gráficamente y en contenidos, a Una pesadilla en mi armario, pero con un desenlace mucho más chispeante.

El niño narrador recuerda que antes no podía dormir tranquilo porque había un cocodrilo debajo de su cama, por lo que tenía que tomar muchas precauciones para subir y bajar de su cama, y que, además, ni su padre ni su madre lo sabían e, incluso, no le creían cuando se lo decía. Pero ahora ya no es así: y cuenta cómo tuvo y puso en práctica una idea brillante para expulsar al cocodrilo.

Álbum bedtime gracioso aunque no sea «práctico», pues para quienes tengan un problema parecido al del héroe no será fácil imitarle. Es un buen recurso que la historia la cuente su protagonista como algo que ocurrió antes. Las ilustraciones van o no recuadradas sin un criterio reconocible: todo se apoya en la simpatía del relato y de las imágenes.

Mercer Mayer. Hay un cocodrilo debajo de mi cama (There’s an Alligator under my bed, 1987). Barcelona: Corimbo, 2013; 30 pp.; trad. de Macarena Salas; ISBN: 978-84-8470-476-8.

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domingo, 22 de septiembre de 2013

Las personas que se suelen llamar «simples», por ser «mentalmente incompletos en algunos aspectos», tienen una cualidad mental que los caracteriza y que comparten con los niños. Dice Oliver Sacks que si la tuviéramos que describir con una sola palabra hablaríamos de «concreción»: «su mundo es vívido, intenso, detallado, pero simple, precisamente porque es concreto: no lo complica, diluye ni unifica la abstracción». Esa concreción, sigue, «se ve como algo negativo, incoherente, pero esto es una “inversión”», pues «lo concreto es elemental, es lo que hace la realidad “real”, viva, personal y significativa». Eso hace que esas personas puedan experimentar la realidad con intensidad elemental y, a veces, abrumadora. «Lo concreto puede abrir puertas, y puede también cerrarlas. Puede constituir una puerta de acceso a la sensibilidad, la imaginación, la profundidad. O puede limitar al posesor (o al poseído) a pormenores intrascendentes. En los "simples" vemos, amplificadas en cierto modo, estas dos posibilidades potenciales». Es decir, continúa, «lo concreto puede llegar a ser también un vehículo de misterio, belleza y profundidad, una vía de acceso a las emociones, a la imaginación, al espíritu…».

Oliver Sacks. «El mundo de los simples», El hombre que confundió a su mujer con un sombrero (The Man Who Mistook His Wife for a Hat, 1985). Barcelona: Anagrama, 2010, 5ª ed.; 319 pp.; col. Compactos; trad. de José Manuel Álvarez Flórez; ISBN: 978-84-339-7338-2.

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sábado, 21 de septiembre de 2013

Para cualquier lector español que desee conocer la vida de Chesterton la primera recomendación es Chesterton: un escritor para todos los tiempos, de Luis Ignacio Seco. Aunque a la edición que menciono le vendrían bien unas notas donde se indicasen la procedencia de las citas, así como una bibliografía final y un índice de nombres, es un trabajo bien documentado y un relato con ritmo que capta bien la evolución del autor, su carácter, su modo de enfocar los asuntos, la importancia de su esposa siempre, y la de su secretaria Dorothy Collins en los años últimos de su vida.

Se recogen muchas anécdotas y citas famosas y quedan claras las enormes dotes para la amistad de Chesterton. Como ejemplo, esta tarjeta de Navidad que H. G. Wells envió a Chesterton en 1933: «Si después de todo mi Ateología se equivoca y acierta su Teología, creo que siempre podré entrar en el cielo (si lo deseo) como buen amigo de GKC». A la que Chesterton respondió así: «Si resulta que soy yo quien tiene razón, triunfará usted no como amigo mío, sino como amigo del Hombre, por haber hecho miles de cosas para personas como yo con la imaginación y con la crítica».

Luis Ignacio Seco. Chesterton, un escritor para todos los tiempos (1988). Madrid: Palabra, 2005, 2ª ed.; 368 pp.; col. Ayer y hoy de la historia; ISBN: 84-8239-963-2.

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viernes, 20 de septiembre de 2013

A Town Like Alice, de Nevil Shute, es una extraordinaria novela, la mejor de su autor según muchos pero, aún así, no traducida que yo sepa. Sus protagonistas y sucesos principales están inspirados en personas y hechos que vivieron y ocurrieron por separado. No es fácil categorizarla: es una novela de guerra y es una novela de amor pero, en ambos terrenos, es muy diferente de las habituales; es también una especie de novela de transformaciones sociales realmente singular.

Tiene un paso tranquilo, como corresponde al narrador, Noel Strachan, un abogado a punto de jubilarse. Comienza por explicar cómo llegó a ser el albacea de una herencia y cómo, justo después de la segunda Guerra Mundial, entró en contacto con la heredera, Jean Paget, una joven secretaria en una empresa que fabrica y vende calzado. A partir de ahí, la narración tiene tres partes, consecutivas pero muy distintas entre sí. La primera es la vida de Jean como prisionera de los japoneses en Malasia desde 1942 hasta 1945: como por motivos familiares sabía malayo con fluidez, se convirtió en la cabecilla de un grupo de unas 30 mujeres y niños ingleses que, debido a que el ejército japonés no encontraba ubicación para ellas, vagaron por distintos lugares hasta que se acomodaron en un pueblo donde las supervivientes pudieron vivir los últimos años de la guerra. La segunda trata sobre lo que Jean decide hacer con una parte del dinero de su herencia: poner un pozo en aquel pueblo malayo para mejorar la vida de sus habitantes, en especial de las mujeres. Pero, una vez allí, averigua cosas que desconocía y decide viajar a un lugar remoto de Australia, llamado Willstown, donde se desarrolla la tercera parte: Jean impulsa una serie de proyectos con vistas a que deje de ser un lugar del que todo el mundo huye y se convierta en «una ciudad como Alice Springs».

El relato es fluido y va cambiando de tono y colorido según pasan las páginas. La figura de la protagonista va creciendo de modo natural: primero porque la elección del narrador es perfecta para ir avanzando de modo muy prudente; luego, porque Jean es una persona sensata y práctica que va dando pasos adelante según la vida le va pidiendo cada vez más; también porque la primera parte de la novela tiene momentos de grandísima intensidad. Los giros y sorpresas argumentales de la historia encajan bien y las numerosas explicaciones —sobre todo de algunos oficios en la parte final— se leen con interés, porque todas están vinculadas con el destino de la heroína y, a esas alturas, el lector desea conocerlo todo. Las expresiones singulares y el modo de hablar de los hombres de campo australianos resultan curiosas y, para ciertos lectores (como yo), difíciles al principio.

Los planteamientos y comportamientos son los propios de la época. Así, Jean Paget no puede recibir toda su herencia porque las condiciones estipulaban que debería tener, como mínimo, 35 años; algunas formas de denominar a los aborígenes australianos hoy suenan ofensivas aunque fueran habituales entonces; la separación de sexos y de razas estaba vigente a la hora de poner en marcha algunos comercios... Por otro lado, la misma narración pone de manifiesto lo absurdo de algunas actitudes que se describen mientras la protagonista va rompiendo una barrera tras otra con amabilidad y pies de plomo. Así,  el pozo en el pueblo malayo lo plantea como una forma de que las mujeres no tengan que acarrear agua caminando largas distancias, pero antes de construirlo ha de conseguir la imprescindible aprobación de los varones del pueblo, cosa que hace con gran habilidad.

Nevil Shute. A Town Like Alice (1950). Random House, 2009; 350 pp.; ISBN: 978-0099530268. Edición en Kindle, 2010, ASIN: B0034JUOBE.

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jueves, 19 de septiembre de 2013

Sueños de diseño, de Carlos Goñi, es una novela juvenil bien escrita y pensada para revelar, a quienes no lo sepan, cómo un chico joven puede llegar a consumir drogas sin que se den cuenta las personas de su entorno. El relato comienza cuando Alfredo Morales, sorprendentemente, porque siempre había sacado bien los cursos, suspende la selectividad. El apoyo de sus padres y de sus amigos no es suficiente para levantarle el ánimo y, a partir del casual encuentro con un antiguo conocido, su vida cambia. Rompe con su novia, comienza a trabajar en el despacho de su padre de lunes a viernes, y los fines de semana se va siempre de fiesta.

El argumento es sencillo. Está bien dibujada la forma en que se desarrollan los pensamientos del protagonista para dejarse llevar y terminar enganchándose. Los diálogos que tiene, al final, con una chica que conoce bien a dónde lleva ese camino, le hacen entender que la felicidad que busca son «sueños de diseño» que otras personas preparan para él. Aunque cabría discutir si sería conveniente o no una mayor crudeza descriptiva, o si el desenlace actual tiene más o menos lógica que otros, o si haría falta más información sobre quienes son los responsables últimos de la cuestión, de relatos así lo que al final importa es el eco que tengan en los lectores, no sólo los jóvenes. Y, en esa dirección, aunque son otros los que tienen la última palabra, me parece que es eficaz.

Carlos Goñi. Sueños de diseño (2013). Barcelona: Planeta, 2013; 162 pp.; col. Cuatrovientos; ISBN: 978-84-08-11437-6.

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miércoles, 18 de septiembre de 2013

El árbol de la mujer dragón y otros cuentos es una recopilación de veintitrés relatos populares tomados de distintas tradiciones y que tienen en común un personaje principal femenino que, a diferencia de muchos otros cuentos populares, es activo e intenta ser protagonista de su propio destino. Están recontados por Ana María Shua, lo que significa una garantía de calidad, y organizados en tres bloques: «El coraje», «La inteligencia», «La magia».

Todos tienen, al final, un breve y certero comentario sobre alguna particularidad: la rareza de una protagonista así, la diferencia entre la forma de pensar oriental y la occidental, etc. Por ejemplo, en «La zarina que tocaba el Gusli», de origen ruso, se indica que «aunque las mujeres disfrazadas de hombre no fueran algo que pasaba tanto en la realidad, seguramente resultaba una exigencia para que el relato sonara más verdadero»; o en «El espejo», japonés, se señala que «las nuevas familias que se constituyen hoy, con tantos divorcios y gente que vuelve a formar pareja, nos muestran que, en la realidad de todos los días, la relación de los hijos con la esposa del padre (y también, para el caso, con el marido de la madre) es de verdad muy difícil para las dos partes en juego»; o en «Shim Chong, la buena hija», se apunta cómo, en la tradición coreana u oriental, se aplauden los sacrificios de unos esposos a favor de los padres y en contra de sus propios hijos con el razonamiento de que «podemos tener otro hijo pero no podemos tener otro padre».

Al leer que, en «Las bodas de Lady Ragnell», inglés, la recopiladora dice que «este cuento asombroso parece tan moderno que nos cuesta aceptar que sea en realidad una antigua leyenda medieval», pensé que una historiadora como Regine Pernoud —autora de libros como Leonor de Aquitania o La mujer en el tiempo de las catedrales— no aceptaría de buen grado un elogio así y, seguramente, replicaría con mordacidad que tal afirmación se apoya un poco en el desconocimiento de la época medieval y otro poco en la sobrevaloración de los méritos de nuestra propia época.

Ana María Shua. El árbol de la mujer dragón y otros cuentos (2013). Madrid: Anaya, 2013; 148 pp.; ilust. de María Hergueta; ISBN: 978-84-678-4045-2.

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martes, 17 de septiembre de 2013

Los museos de arte acumulan muchas obras de distinto valor. En el caso de los museos de arte contemporáneo esto es más evidente todavía: una parte importante de lo que contienen tuvo interés o fama en su momento por algo muy circunstancial: alguna transgresión, alguna novedad, algún rasgo de ingenio, el talento de un vendedor, la codicia o la corrupción de un comprador... Como es lógico, el museo mismo no dirá que algunas obras que tienen allí son una basura (del mismo modo que un vendedor de libros sonreirá incluso aunque sepa que el comprador se lleva una bazofia).

He vuelto a pensar esto al leer ¡Arte contemporáneo? Guía para niños MOMA, del famoso museo de Nueva York, firmado por Jacky y Suzy Klein. Como corresponde a un libro informativo, sí, pero propagandístico, las explicaciones, que son buenas y están bien dadas, son todas entusiastas. Esto quiere decir que pone al mismo nivel la obra de autores serios (Richard Serra o Donald Judd, entre los que yo conozco algo) que las (que a mí me parecen) estupideces de otros. Con esta salvedad, en manos de un adulto experto el libro puede ser útil para explicar qué tiene valor y qué no, y por qué; cuáles son las obras interesantes en las que vale la pena fijarse y cuáles responden (o parecen responder, que hay sorpresas) al papanatismo cultural del que saben aprovecharse algunos avispados.

Algunas frases del texto también pueden ser útiles como puntos de partida para dejar algunas cosas claras. En la introducción se dice que «hoy, más que nunca, el arte consiste en hacer preguntas y en establecer tus propias normas». Pues eso no está ni medio claro: en la fabricación de lavadoras el «más que nunca» puede ser correcto pero en el arte no; el arte no es sólo, ni principalmente siquiera, hacer preguntas, aunque haga preguntas; nadie tiene sus propias normas ni de lejos, y menos en el arte, pues las normas que uno tiene vienen siempre de algún sitio aunque sea por rechazo; ni con las propias normas sólo se hace arte, pues cada arte impone las suyas propias… Y podríamos seguir.

Jacky Klein y Suzy Klein. ¡Arte contemporáneo? Guía para niños Moma (2012). Donostia-San Sebastián: Nerea, 2012; 64 pp.; trad. de Maddi Egea; ISBN: 978-84-15042-31-0.

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lunes, 16 de septiembre de 2013

Si hay una imagen que reaparece una y otra vez en álbumes y cómics es La Gran Ola de Hokusai. Con ese motivo, Bruno Pilorget y Véronique Massenot componen La gran ola, un álbum donde se cuenta un relato sobre un matrimonio de pescadores, Aki y Taro, que no tenían hijos hasta que, un día, durante un temporal, una gran ola deja en la barca de Taro a Naoki, un recién nacido; pero pasan los años y Naoki no crece sin que ni sus padres ni nadie sepa qué hacer. La historia está inspirada en otros del folclore japonés y las imágenes vistosas a doble página lo están en las estampas de Hokusai. Al final hay algunas explicaciones sobre Hokusai y las pinturas que le hicieron tan famoso, aunque no hubiera venido mal incuir más información al respecto. En cualquier caso, buen álbum.

Bruno Pilorget. La gran ola Hokusai (La Grande Vague, 2010). Texto de Véronique Massenot. Barcelona: Juventud, 2013; 26 pp.; col. La Puerta del Arte; trad. de Teresa Farran y Raquel Solà; ISBN: 978-84-261-3983-2.

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domingo, 15 de septiembre de 2013

Oliver Sacks: «Si queremos saber de un hombre, preguntamos “¿cuál es su historia, su historia real interior?”, porque cada uno de nosotros es una biografía, una historia. Cada uno de nosotros es una narración singular, que se construye, continua, inconscientemente, por, a través de y en nosotros, a través de nuestras percepciones, nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, nuestras acciones, y, en el mismo grado, nuestro discurso, nuestras narraciones habladas. Biológica, fisiológicamente, no somos distintos unos de otros; históricamente, como narraciones, somos todos únicos.

Para ser nosotros mismos hemos de tenernos a nosotros mismos, hemos de poseer, de reposeer, si es preciso, nuestras historias biográficas. Hemos de “recolectar” el drama interior, la narración, la nuestra, la de nosotros mismos. El individuo necesita esa narración, una narración interior continua, para mantener su identidad, su yo».

Oliver Sacks. «Una cuestión de identidad», El hombre que confundió a su mujer con un sombrero (The Man Who Mistook His Wife for a Hat, 1985). Barcelona: Anagrama, 2010, 5ª ed.; 319 pp.; col. Compactos; trad. de José Manuel Álvarez Flórez; ISBN: 978-84-339-7338-2.

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sábado, 14 de septiembre de 2013

De las biografías de Chesterton en castellano la de Joseph Pearce, G. K. Chesterton: Sabiduría e Inocencia, es la más completa y, además, tiene un rasgo que le da mucho valor: el de que, como menciona muchos testimonios de personas que trataron y admiraron a Chesterton, coloca su figura en un marco amplio. Unos fueron sus amigos, como H. G. Wells. Otros comenzaron su vida profesional en el G. K.’s Weekly, como George Orwell. Otros cambiaron gracias a sus libros, como C. S. Lewis. Otros fueron muy deudores de sus ideas literarias, como Tolkien. Otros, sus colegas novelistas de casos policiacos, como Dorothy Sayers, le admiraron. Además, historiadores como Christopher Dawson o economistas como E. F. Schumacher también reconocieron el peso que tuvo en su pensamiento y en sus obras.

Pero también un autor como Terry Pratchett afirma: «En El hombre que fue jueves y El Napoléon de Notting Hill nos dio dos de los argumentos con más fuerza emocional del siglo XX. El primero trata de que da igual de qué lado estemos hablando, porque los dos lados son iguales, ambos son en realidad el mismo lado. Éste ha sido el motor de la mitad de las novelas de espionaje de este siglo. El otro argumento no se puede resumir de modo tan sucinto; pero consiste básicamente en que alguien se toma en serio una idea que no estaba concebida para ello y le confiere así una cierta nobleza». También indica Pearce cómo Pratchett y Gaiman homenajearon a Chesterton al dedicarle su novela Buenos presagios  y al hacer decir a Crowley, uno de sus personajes, que Chesterton es «el único poeta del siglo veinte que además se acercó a la Verdad».

Y André Maurois: «Chesterton, paradoja a paradoja, construye una imagen de la realidad porque la realidad es una suma de paradojas. Pero hay veces que tanto malabarismo con las fórmulas agota al lector y le deja con una sensación de desasosiego intelectual. El lector ve con tanta claridad la brillantez de Chesterton, que no percibe su profundidad. En el ballet de sus frases no siempre reconocemos la sencillez de vida que deseaba que tuviéramos... Sin las paradojas, los chistes y los toboganes retóricos, Chesterton habría sido quizá un filósofo más claro, pero no sería Chesterton. Con frecuencia se supone que no es serio porque es gracioso y, en realidad, es gracioso porque es serio. Seguro como está de su verdad, se puede permitir bromear... La certeza produce serenidad».

Joseph Pearce. G. K. Chesterton (Wisdom and Innocence - A Life of G. K. Chesterton, 1996). Madrid: Encuentro, 1998; 601 pp.; trad. de Carmen González del Yerro Valdés; ISBN: 84-7490-462-5.

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viernes, 13 de septiembre de 2013

He leído este verano Mil soles espléndidos, de Khaled Hosseini, una novela que tenía en mis listas desde que se publicó. Igual que Cometas en el cielo, su argumento repasa la historia reciente de Afganistán pero, en vez de ser un relato de padre e hijo, es de madres e hijas. Su título se debe a unos versos de un poema sobre Kabul escrito en el siglo diecisiete: «Eran incontables las lunas que brillaban sobre sus azoteas, o los mil soles espléndidos que se ocultaban tras sus muros».

El arco temporal va de comienzos de los años sesenta hasta el año 2003. Empieza con la historia de Mariam, una harami, una hija ilegítima de un hombre de negocios con una de sus criadas, a quien, con quince años, la casan con Rashid, viudo, treinta años mayor que ella, un hombre cuya brusquedad se acentúa cuando Mariam pierde a su hijo. La segunda parte se centra en Leila, una niña vecina de Mariam y Rashid, culta y con unos padres amables a los que pierde durante la guerra civil que vive Afganistán cuando ella tiene poco más de quince años: Rashid le salva la vida y le pide que se case con él, cosa que acepta pues está embarazada. La tercera parte es la vida de ambas ya con Rashid: al principio su relación entre ellas es muy difícil pero, poco a poco, va siendo de amistad y ayuda frente al comportamiento cada vez más cerril y violento de Rashid.

Al autor le interesa esta vez no tanto repasar los dolorosos acontecimientos de las últimas décadas como poner de manifiesto las duras condiciones de vida de muchas mujeres en su país y, en esas condiciones, hacer notar cómo es su abnegación como madres, dispuestas a cualquier cosa por sus hijos, la que al final sostiene a su pueblo: ellas son los mil soles espléndidos de los que hablaba el poeta. En esta dirección la novela consigue de lleno su objetivo: las peripecias de las protagonistas conmueven al lector y le hacen comprender algo más el mundo, mentalmente tan lejano, de muchos de sus personajes. El autor hace hábiles alusiones o referencias al mundo norteamericano, unas ocasionales y otras explícitas: por ejemplo, el padre de Laila tiene un libro favorito: «la historia de un viejo pescador llamado Santiago que atrapaba un enorme pez. Pero cuando volvía a la orilla con su bote, no quedaba nada del pez capturado, pues se lo habían comido los tiburones» (tal vez otra metáfora de un país desgarrado).

Khaled Hosseini. Mil soles espléndidos (A Thousand Splendid Suns, 2007). Barcelona: Salamandra, 2007; 378 pp.; trad. de Gema Moral Bartolomé; ISBN: 978-8467230093.

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jueves, 12 de septiembre de 2013

Una excelente lectura de hace pocas semanas: Inteligencia musical, de Íñigo Pírfano, filósofo y director de orquesta. En la introducción explica que se propone «hacer menos desconocida, y más cercana y amable, la gran música». Consigue su objetivo, pues es ameno en la exposición e incluye anécdotas jugosas y testimonios valiosos de conocidos compositores e intérpretes. Además propone, al final de cada capítulo, la audición de una pieza no muy larga.

Explica para qué sirve la música clásica, de su valor y necesidad en tiempos como los nuestros, de su poder de convocar las emociones y de transformar nuestras vidas. Menciona su importancia en la educación y de algunos errores que con frecuencia se cometen al intentar acercar a los niños a ella. También trata de cuestiones relativas al trabajo propio de una orquesta y al modo de gestionar las aportaciones de cada uno de sus componentes.

Me han interesado, en especial, los momentos en los que se habla de la forma en que la música levanta las emociones como, por ejemplo, en este párrafo: «La música no convence, sino que conmueve; no sirve para conocer, sino para saber. Como decía Mendelssohn, en cuestión de afectos la música es mucho más precisa que el lenguaje. (…) De igual manera, la música no provoca sentimientos, sino recuerdos de sentimientos. Por eso Ilsa le pide a Sam que vuelva a tocar aquella desgarrada canción, que le recuerda lo que un día sintió por Rick».

Íñigo Pírfano. Inteligencia musical (2013). Barcelona: Plataforma Editorial, 2013; 184 pp.; col. Plataforma actual; ISBN: 978-84-15750-38-3.

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miércoles, 11 de septiembre de 2013

Una novela pacifista sobre la guerra: The Silver Sword, de Ian Serrailler. Es una historia intensa y emotiva sobre un largo viaje de tres hermanos en busca de sus padres, justo al final de la segunda Guerra Mundial. No está publicada en castellano, que yo sepa.

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martes, 10 de septiembre de 2013

La casa del ciempiés, de Ignacio Sanz, es un relato más de imitación y rivalidad entre dos hermanos: Martín y Martina, mellizos, que se pelean continuamente pero que, afirma el narrador, «en el fondo, no podrían vivir el uno sin el otro». Tienen un abuelo divertido y unos padres que actúan con paciencia y acierto cuando Martín coge un ciempiés —un miriópodo, según averigua luego— e intenta llevarlo con él a todas partes. Las ilustraciones, en rojo y negro, con trazos gruesos y como desmañados, consiguen dar personalidad a los dos niños, a los padres… y al ciempiés.

Ignacio Sanz. La casa del ciempiés (2013). Madrid: Narval, 2013; 103 pp.; ilust. de Daniela Martagón; ISBN: 978-84-939984-6-2.

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lunes, 9 de septiembre de 2013

Gracias a esta entrevista busqué los álbumes The Santa Trap y La princesa y la cerdita, de Jonathan Emmett y Poly Bernatene, ambos magníficos y divertidos como pocos.
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domingo, 8 de septiembre de 2013

Samuel Johnson:
«Tal vez no sea del todo inútil, para quien se adentra por vez primera en el mundo de las letras, saber que es preferible fiarse más bien poco de las propias habilidades y ser capaz de imaginar que posiblemente no le valgan más que desprecio; que es posible que la naturaleza no lo haya escogido para aumentar o embellecer significativamente el conocimiento, ni lo haya señalado, por su indiscutible superioridad, para legislar la conducta del resto de la humanidad; que si bien es cierto que el mundo se encuentra aún sumido en la ignorancia, nadie lo ha destinado a despejar los nubarrones o brillar con luz propia como una de las luminarias de esta vida. Si duda de estas verdades, no hay catálogo de biblioteca que no se las confirme al punto y meridianamente: allí podrá consultar multitudes de nombres de autores que, hoy ya olvidados, un día fueron no menos laboriosos y confiados, y que, al igual que hoy le sucede a él, se sintieron satisfechos de sus obras, queridos por sus protectores y ensalzados por sus amigos».

Samuel Johnson. «El futuro», artículo del 24 de marzo de 1750, The Rambler, en El patriota y otros ensayos (The Patriot y artículos escogidos). Madrid: El Buey Mudo, 2010; 238 pp.; trad. de Ana María Nuño y Mariano José Vázquez Alonso; selección de Carlos Segade; ISBN: 978-84-937417-7-8.

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sábado, 7 de septiembre de 2013

De Return to Chesterton, Maisie Ward decía que le llevó más tiempo que la extensa biografía previa. La podemos creer porque contiene multitud de datos de personas que conocieron a Chesterton que, por lo que se ve, la autora fue visitando para preguntarles por sus recuerdos y para pedirles acceso a las cartas que intercambiaron con él. También consultó artículos y libros nuevos que habían salido entre tanto, como Those Days (1940), recuerdos de E. C. Bentley (1875-1956), amigo de toda la vida de Chesterton. Incluyó además poemas rápidos y dibujos humorísticos que Chesterton escribió o hizo para sus amigos y conocidos. Todo este trabajo, al que hay que unir las cartas que recibió con puntualizaciones a lo que decía en la primera biografía, le hace también rectificar algunas de sus afirmaciones anteriores.

Su libro sigue ordenadamente la vida de Chesterton: como niño, como joven, como recién casado, etc. En particular, son muy interesantes tanto el capítulo que dedica a las secretarias que tuvo Chesterton, como el que narra las relaciones que Frances y él tuvieron con niños, familiares e hijos de amigos, a lo largo de su vida, con especial atención a la familia Nicholls, vecinos de los últimos años. Aquí hay muchas consideraciones de interés acerca del mundo de los niños y de la literatura infantil, que con tanta brillantez expondrá en sus libros y artículos. Por ejemplo, Ward recoge un poema que escribió en un libro que regaló a un niño donde afirma:

«Leerás las críticas y los panfletos
de los pedantes: no creas nada
que no se cuente bien con dibujos».

Una de las cosas más interesantes de los libros de Ward es que no teme señalar aquellos momentos o puntos en los que piensa que Chesterton se confunde. En su primer libro decía que su afición por las bromas en ocasiones le hacía consentirse comentarios por debajo de su ingenio; y también apuntaba que, a veces, su falta de puntualidad o el hecho de dar una conferencia sin hablar para nada del tema anunciado, podía exasperar a los organizadores e irritar a una parte de sus oyentes.

Pero, sobre todo, donde Maisie Ward acierta de lleno es en cómo algunas distinciones que hacía Chesterton entre lo masculino y lo femenino, tan agudas y certeras, no todas las mujeres las pueden aceptar sin discusión e incluso sin protesta. La misma Maisie Ward —cuyo testimonio es especialmente valioso porque ve a su biografiado con simpatía y admiración, y eso la predispone a reconocer la justicia de lo que dice, y porque es una mujer que habla desde la propia época del mismo Chesterton, y eso significa que no tiene la actitud de quien se siente autorizado a dar lecciones a sus antepasados—, señala que Chesterton generalizaba en exceso al hablar de la forma de ser real y de la forma de ser ideal de las mujeres…, pues opinaba pensando en su propia esposa. Así, entre otros ejemplos, indica que veía las charlas sobre cuestiones políticas, y el oficio propio de la política, como algo característico de hombres y algo profundamente aburrido para las mujeres, porque así era para Frances.

Maisie Ward. Return to Chesterton (1952). London and New York: Sheed & Ward, 1952; 276 pp.

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viernes, 6 de septiembre de 2013

Wenguang Huang, un escritor y periodista chino que vive desde hace años en Estados Unidos, recuerda su infancia y juventud en la ciudad china de Xi’an, en El pequeño guardia rojo: unas memorias familiares. Habla de sus padres, comunistas convencidos, y de su abuela, una mujer analfabeta obsesionada con su enterramiento: no quiere ser incinerada, como manda el Partido, sino un entierro tradicional. El relato se centra en cómo puede organizar las cosas el padre de Huang para que actuar como quiere su madre no les cause problemas, y en cómo la obligación moral del respeto a los padres se acaba imponiendo a cualquier otra consideración, incluidas algunas que a otros les parecerán de sentido común.

Contra el telón de fondo de los acontecimientos históricos, el autor señala que creció en medio de una confusa fusión de ideologías y creencias; deja constancia del sistema de castigos feroz que se consideraba normal en la educación de los hijos; menciona historias populares que le contaban para ilustrar algún punto de conducta o para transmitir alguna enseñanza sabia; explica la vida de sus padres diciendo que «para ellos el matrimonio era una unión laboral para cuidar de los mayores y criar a los hijos»; hace notar cómo sus padres le aconsejaban prudencia en su época universitaria —«no destaques. El cazador siempre mata al líder de la manada»—… Su historia termina cuando vive ya en Estados Unidos y, tal como hace notar, ha llegado a tener una comprensión más serena de lo que vivió entonces.

Wenguang Huang. El pequeño guardia rojo: unas memorias familiares (The Little Red Guard. A Family Memoir, 2013). Barcelona: Libros del Asteroide, 2013; 304 pp.; trad. de Juan Castilla Plaza; ISBN: 978-84-15625-28-5.

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jueves, 5 de septiembre de 2013

Los héroes son mentira, de Rosa Huertas, tal vez debería titularse Los héroes no son mentira, pues esa es la idea que transmite, además de ser el encabezamiento de uno de los capítulos. El padre de Rosa —la narradora—, enfermo de gravedad, rememora la dura experiencia de la guerra de Ifni (1957-58), en la que fue teniente de infantería, y la relación que tuvo con Pelargón, su asistente, que murió en una acción heroica sin ningún reconocimiento oficial. Tras fallecer, la narradora se reúne con Rafita Jiménez, el mejor amigo de Pelargón, y completa su conocimiento de la historia.

Relato con un argumento que tiene interés en sí mismo y también porque pone delante de los lectores actuales una época y unos acontecimientos olvidados. Se combinan bien la mezcla de situaciones —la inquietud por el padre enfermo y su atención, los acontecimientos de aquella guerra, las gestiones de la narradora para completar la información que le falta—. Se usan dos registros: el sobrio y directo del padre cuando habla del pasado, y el más rebuscado y cálido de la hija cuando reflexiona sobre su padre y concluye que «nada es como nos contaron, empiezo a verlo ahora, a la vuelta del camino. Ni siquiera mi padre es como yo creía».

Rosa Huertas. Los héroes son mentira (2013). Zaragoza: Edelvives, 2013; 229 pp.; col. Alandar; ISBN: 978-84-263-8682-3.

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miércoles, 4 de septiembre de 2013

The House Baba Built. An Artist’s Childhood in China, es un álbum ilustrado autobiográfico sobre la infancia de Ed Young en Shanghai, durante la segunda Guerra Mundial. Su padre, un ingeniero, construyó una casa grande, con una piscina, que se convirtió en un lugar de juegos para sus hijos y en refugio para cuatro familias más, de parientes y amigos, durante esos años.

En la primera doble página se afirma que «la guerra estaba llegando a Shanghai, dijo mi padre, como los cuervos que vienen en verano y oscurecen el cielo. El deseaba que nos trasladáramos a un lugar donde Mamá y nosotros cuatro pudiéramos estar seguros». En ella se ven los dibujos sólo contorneados de la familia y, de fondo, cuervos negros. La narración avanza, de doble página en doble página, con los cuervos muchas veces al fondo, mientras el autor rememora su vida con sus cuatro hermanos, primos y amigos de las cuatro familias que pasaron temporadas con ellos.

Todo se cuenta con unas imágenes extraordinariamente bien compuestas, con collages, recortes, dibujos y fotos. En seis momentos la página derecha se despliega para mostrar una gran ilustración y la última doble página se despliega en las dos direcciones. Los colores y el tono de conjunto de cada ilustración reflejan el tono emocional del momento, unas veces la preocupación causada por el conflicto y otras sus momentos de satisfacción, de juego con sus hermanos y amigos o de momentos tranquilos de vida familiar. Así, cuenta sus primeros intentos fallidos de dibujar un cowboy y cómo un primo suyo mayor lo hace y, «como magia, dibujó lo que yo había visto»; indica cómo, en clase, se dedicaba a dibujar y no atendía mucho; que las ilustraciones de los libros de aventuras le fascinaban —y la doble página correspondiente, con un velero, es luminosa—, etc.

Como se deduce del título, el libro está concebido en agradecimiento a su padre, del que reproduce una carta que mandó a sus hijos: «Queridos hijos: Podéis poner como regla número 1 que la vida no es rica ni verdadera a menos que la compartáis con los demás. El éxito y la felicidad de la vida se miden por las cosas que has hecho por los demás y no por las que has hecho por ti mismo».

Ed Young. The House Baba Built. An Artist’s Childhood in China (2011). New York: Little, Brown Books for Young Readers, 2011; 48 pp.; texto de Libby Koponen; ISBN: 978-0316076289.

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martes, 3 de septiembre de 2013

Los relatos de fantasía de Pierre Gripari, tanto los Cuentos de la calle Broca como Historia del príncipe Pipo, de Pipo el caballo y de la princesa Popi, ejemplifican que la calidad permanece pero que también se resiente del tono algo condescendiente hacia los lectores pequeños y, más todavía, del lastre que acaban suponiendo algunos tics ideológicos.

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lunes, 2 de septiembre de 2013

Edición en Flipboard de todas las notas de agosto: bienvenidosalafiesta 1308.

He comenzado también en Flipboard una revista, titulada hablando de lij (y cuestiones anejas), con artículos o noticias que me han interesado en los últimos meses. Espero añadirle algunos más. 

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domingo, 1 de septiembre de 2013

Samuel Johnson:
«Los deseos desordenados, sean de la clase que sean, deben estudiarse con sumo cuidado, porque muy bien pueden no solamente ser enemigos de la felicidad sino también de la virtud. Hay hombres, a los que generalmente se les admira por su erudición y sabiduría, que no se pararían en barras a la hora de eliminar a un competidor en la subasta de cualquier obra de arte, y a los que no sería muy recomendable dejar solos en una biblioteca o ante una vitrina de objetos artísticos. A este tipo de faltas no suele concedérseles importancia en aras de una supuesta fraternidad, excusándolas como simples bromas. Pero yo siempre he creído que quien se habitúa a cometer fraudes en las pequeñas cosas sólo espera la oportunidad para poder cometerlas en otras más importantes. Decía Pitágoras que “quien se acostumbra a matar corderos, no tendrá muchos escrúpulos a la hora de derramar la sangre de un hombre”.

Conceder a las cosas su auténtico valor, según el uso que de ellas se haga, debiera ser el justo propósito de todo ser racional. Pocas cosas son las que pueden llevarnos a la felicidad y que, por tanto, merecen ser deseadas ardientemente. El que observa el ajetreo generado por las tentaciones de los negocios mundanos con la mirada filosófica con la que Sócrates observaba las mercancías expuestas en el mercado de Atenas, repetirá sus mismas sabias palabras: “Cuántas cosas hay aquí que yo no necesito”».

Samuel Johnson. «Sobre la virtud, la felicidad y la templanza», artículo del 25 de diciembre de 1753, The Adventurer, en El patriota y otros ensayos (The Patriot y artículos escogidos). Madrid: El Buey Mudo, 2010; 238 pp.; trad. de Ana María Nuño y Mariano José Vázquez Alonso; selección de Carlos Segade; ISBN: 978-84-937417-7-8.

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