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Notas de septiembre de 2015 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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miércoles, 30 de septiembre de 2015

Otros dos álbumes de Luke Pearson: Hilda y la cabalgata del pájaro, Hilda y el perro negro.

En el primero vemos a Hilda y a su madre recién trasladadas a la ciudad de Trolberg. No muy convencida, su madre deja que Hilda salga con sus nuevos compañeros de clase, un tanto gamberros. Cuando tiran piedras a los pájaros de un árbol y derriban a uno, Hilda lo atiende, pero el pájaro no sabe volar y ha perdido la memoria. Así que, aunque intentan volver a casa, Hilda no encuentra el camino; entretanto, su madre, preocupada, le pide a Brizna que vaya en su busca.

En el segundo, Hilda descubre a los Nisse, unos seres que viven ocultos en las casas —uno por casa y nada más: no se llevan bien entre ellos—. También hay una amenaza sobre la ciudad: un enorme perro negro aparece en distintos lugares pero nadie logra verlo del todo ni averiguar qué pretende.

Si en los dos cómics anteriores los escenarios eran campestres, en estos dos son urbanos, no menos singulares que lo eran aquellos. Los nuevos personajes que aparecen tampoco tienen nada que envidiar a los de los primeros cómics: el pájaro que no se acuerda de cómo volar y el Nisse —una especie de incursor extraño— son formidables. Las tramas tienen tensión pero como el tono de los relatos es amable, y la pequeña Hilda es toda una heroína, siempre serena y de lo más audaz, el lector no se siente inquieto por más que la madre de Hilda sí se preocupe por ella.

Luke Pearson. Hilda y la cabalgata del pájaro (Hilda and the Bird Parade, 2012). Granada: Barbara Fiore, 2014; 35 pp.; trad. de Antøn Antøn; ISBN: 978-84-15208-53-2. [Vista del libro en amazon.es]
Luke Pearson. Hilda y el perro negro (Hilda and the Black Hound, 2014). Granada: Barbara Fiore, 2015; 38 pp.; trad. de trad. de Antøn Antøn; ISBN: 978-84-15208-63-1. [
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BougaevaG2.jpg
martes, 29 de septiembre de 2015

Como los demás álbumes de Sonja Bougaeva, Por qué la señora G. se volvió tan gruñona… y por qué ahora vuelve a ser tan encantadora, es una historia muy bien resuelta. El argumento viene contado del todo en el título y en el texto de la contracubierta: que la señora G. lo pasó mal de pequeña porque los otros niños se portaban muy mal con ella y, ahora, deja de ser gruñona cuando ve a una niña pequeña en una situación similar a la que fue la suya.

Las guardas ponen de manifiesto la evolución: la señora G. en la calle con cara terrible y todos mirándola (o no mirándola) desde las ventanas, y la señora G. en la misma calle, sonriente y amable con todos. La portadilla presenta a un niño mirando a través de la cerradura de su casa a la señora G. entrando en su piso, y en la siguiente ilustración vemos lo que el niño ve, una buena forma de transmitir el temor que le inspira la señora G. Los recuerdos de la señora G. se presentan, gráficamente, sin solución de continuidad pero la historia es clara.

Sonja Bougaeva. Por qué la señora G. se volvió tan gruñona… y por qué ahora vuelve a ser tan encantadora (Wie Frau B. so böse wurde, und warum sie jetzt wieder nett ist, 2014). Barcelona: Takatuka, 2015; 26 pp.; trad. de Marisa Delgado; ISBN: 978-84-16003-28-0. [Vista del libro en amazon.es]

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NakanoPaseoElef.JPG
lunes, 28 de septiembre de 2015

El paseo del elefante,
de Hirotaka Nakano, es un álbum de 1968 publicado ahora en España. En él se cuenta que, un día maravilloso, Elefante sale a dar un paseo. Cuando le ve, Hipopótamo se apunta pero le pide que lo lleve a su espalda. Luego encuentran a Cocodrilo, que pide subirse a la espalda de Hipopótamo. Y lo mismo hace Tortuga…

Relato acumulativo sencillo. Su atractivo se basa en que las figuras son graciosas, el hilo conductor está claro, y el tono es amable. También, en la claridad compositiva: el miniargumento es un paseo en el que la continuidad gráfica se asegura porque siempre vemos a las figuras sobre la misma línea del camino, algo que sólo se rompe al llegar al momento crítico en el que, sobre fondo blanco, en dos dobles páginas sucesivas, los personajes caen, primero en el aire y luego en el estanque. Supongo que la versión original tendrá la sonoridad propia de los relatos compuestos para ser leídos en alto y compartidos.

Hirotaka Nakano. El paseo del elefante (Zoukun no sanpo, 1968). Madrid: Lata de Sal, 2015; 28 pp.; col. Vintage; trad. de Suevia Sobral Santiago; ISBN: 978-84-943696-2-9. [Vista del libro en amazon.es]

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VercorsSilencioMar.JPG
domingo, 27 de septiembre de 2015

En un libro citado pocas semanas atrás, Somerset Maugham decía que «la historia de la moral humana está muy bien expuesta a la luz en el transcurso de la literatura. El escritor, cualquiera que sea el tema de que se trata, expone el código moral de su época. Éste es el grave defecto de las novelas históricas. Los personajes, mientras realizan actos que son históricos, se comportan de acuerdo con las normas morales del tiempo del escritor. La inconsecuencia es obvia».

Se me ocurrió poner esa cita con relación a dos libros a los que tal juicio no se les puede aplicar por estar completamente pegados a lo que narran, y de los cuales he puesto recientemente datos de nuevas ediciones: el gran reportaje periodístico Hiroshima de John Hersey, y el relato breve de Vercors titulado El silencio del mar. Por cierto, al leer el prólogo a este último libro me he dado cuenta de que debía añadir y modificar datos, cosa que he hecho, en Reventones y alambretes, de Andre Maurois.

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StevensonTrafiNauf.JPG
sábado, 26 de septiembre de 2015

Los traficantes de naufragios fue la segunda novela que Lloyd Osbourne y Stevenson firmaron juntos pero, a diferencia de Aventuras de un cadáver, fue planeada y realizada por los dos. Primero discutieron cada capítulo antes de ponerlo por escrito, luego Lloyd Osbourne hizo una primera redacción, y Stevenson la corrigió a continuación. Pero, aunque Stevenson controló más el proceso constructivo, no fue un libro conseguido: Chesterton decía que se trata de «un libro que muchos llamarían un fracaso y que nadie llamaría un impecable acierto artístico, y menos que nadie el artista», pues tiene algo de un «álbum de recortes».

El mismo Stevenson confesó que, a lo largo de los dos años que duró la confección de la historia, había perdido un poco su hilo. El epílogo de la obra —en el interior de la misma novela—, en el que se dan informaciones sobre su construcción, indica cómo los autores se plantearon un relato detectivesco —pues esas eran las inclinaciones de Osbourne pero no las de Stevenson—, pero añadiéndole una presentación larga de personajes y ambientes, con la intención de obviar el carácter artificioso habitual del género, como de partida de ajedrez, algo que había hecho ya Dickens según el narrador reconoce.

La historia va saltando de lugar en lugar: París, San Francisco, Hawai y las islas del Pacífico, Edimburgo, París. Los primeros capítulos son más bien burlescos y luego cambia el tono. El narrador es Loudon Dodd, estudiante de arte. Él y su emprendedor compañero Jim Pinkerton, deseosos de hacer dinero, compran en una extraña subasta el Nube Volante, un bergantín naufragado en las islas Midway, pensando en cobrar luego el seguro correspondiente. Dodd parte de san Francisco a las islas Midway en un barco mandado por el concienzudo capitán Nares pero las cosas se complican más de la cuenta y todo parece indicar que algo extraño sucedió con la tripulación del Nube Volante. Al regresar Dodd encuentra que su amigo Pinkerton ha hecho unos negocios ruinosos, pero todo podrá resolverse porque recibe una herencia de su abuelo, en Edimburgo, con lo que vuelve a Europa, primero a Inglaterra y luego a París, en busca de las claves del naufragio que tiene un joven inglés llamado Norris Carthew.

El relato tiene un punto de comedia y otro de investigación detectivesca. Es también episódico y su estructura un poco circular lo hace algo confuso o, cuando menos, le da un argumento un tanto alambicado. La trama tarda en ocuparse del misterio del naufragio pero, cuando el problema se plantea, se aviva el paso: son notables los diálogos por medio de los cuales progresa la investigación. Como suele ocurrir con Stevenson, la conversación tiene toques que van más allá de lo habitual. Así, en una conversación con el capitán Nares, el narrador dice: «Le interrumpí: —¿Es esa la manera adecuada de plantear el problema? La verdadera pregunta es otra: ¿Dónde está el bien? ¿Dónde el mal?».

Chesterton observa que las novelas de Stevenson cuentan crímenes pero no matanzas con una excepción que se da en esta novela, una escena concentrada en dos páginas que se da cuando estalla una discusión entre dos tripulaciones. También indica que lo mejor que tiene son dos cosas: los retratos que se hacen en ella de distintos tipos sociales con pocas y clarificadoras pinceladas; y la fluidez narrativa y el tono de fría y sostenida ironía con que Loudon Dodd cuenta su historia. En cuanto al primer punto, los numerosos aciertos en esta cuestión señalan la diferencia entre Stevenson y otros escritores: «un hombre que hace esto no sólo es un artista que hace lo que muchos hombres no saben hacer, sino que hace lo que muchos novelistas no hacen. Muy buenos novelistas hay que no tienen este don especial de pintar toda una figura humana con unas pocas palabras inolvidables». En cuanto al segundo, dice cómo «el autor posee la facultad, enteramente excepcional, de expresar lo que quiere expresar en palabras que realmente lo expresan», y cómo Stevenson variaba su estilo para adaptarse al tema y al orador: las abruptas y secas brevedades de narradores como David Balfour o Efraim Mackellar no las encontraremos en las reflexiones distantes de Loudon Dodd.

Robert Louis Stevenson. Los traficantes de naufragios (The Wreckler, 1892). Madrid: Valdemar, 1994; 223 pp.; col. El Club Diógenes; trad. de Rafael González; ISBN: 8477021074. [Vista del libro en amazon.es]

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CercasImpostor.JPG
viernes, 25 de septiembre de 2015

El impostor,
de Javier Cercas, es un relato con dos protagonistas: el propio autor y su biografiado, Enric Marco, un hombre de ochenta y tantos años del que se descubrió que, habiendo sido presidente durante varios años de una asociación de supervivientes de los campos nazis, en realidad no había estado allí nunca.

En relación al primero, a lo largo del libro asistimos a las dudas del autor sobre si escribir o no sobre Marco; a sus conversaciones con unos y otros sobre él; y a muchas reflexiones de tipo político-histórico y a otras más o menos literarias, entre las que ocupan más espacio las relativas a la novela A sangre fría, de Truman Capote, y las que hace acerca de los parecidos entre Marco y don Quijote. Todo este aparato tan posmoderno tiene (para mí al menos) un doble inconveniente: la presencia del autor es algo cargante y, aunque sin duda no faltan comentarios de interés, todo podría haberse condensado en muchas menos páginas y formulado de modo mucho menos enfático. Tiene, también, una ventaja: todo este material cumple la función de introducir otro hilo narrativo y de darle variedad al relato.

En relación al segundo, Enric Marco resulta todo un personaje —un pícaro de nuestro tiempo, un embaucador nato, un genuino «mediópata»— y, siguiendo el hilo de su vida, se tocan algunos aspectos de la historia de España de las últimas décadas. Son valiosas las referencias a las discusiones habidas en España sobre la «memoria histórica» y la que llama «la industria de la memoria». Lo son también muchas reflexiones acerca de la importancia del pasado, para las que el autor se apoya una y otra vez en una frase de Faulkner: «el pasado no pasa nunca, ni siquiera es pasado, es una dimensión del presente». Aquí hay una reseña más extensa.

Javier Cercas. El impostor (2014). Barcelona: Random House, 2014; 428 pp.; col. Literatura Random House; ISBN: 978-8439729723. [
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StifterBrigitta.JPG
jueves, 24 de septiembre de 2015

Un relato antiguo leído hace poco: Brigitta, considerado uno de los mejores de Adalbert Stifter. El narrador es un joven que termina por aceptar la invitación de un militar, a quien había conocido tiempo atrás, para que pase un tiempo en su mansión, en Uwar, en las estepas húngaras. Una vez allí averigua, por fin, su pasado y el de una misteriosa vecina, Brigitta, con quien su anfitrión tiene una relación de gran admiración y amistad.

Como en otras novelas del autor, en esta las descripciones de paisajes y ambientes son calmosas y excepcionales, y se habla de hombres y mujeres de comportamiento noble, pero también orgulloso, a los que, sin embargo, las desgracias de la vida les hacen cambiar hacia comportamientos más comprensivos. El narrador tensa el argumento y conduce su relato a un final inesperado con el sencillo procedimiento de interrumpir el hilo de su discurso, en el que ha ido contando sus actividades en la hacienda del comandante, para detenerse a explicarle al lector el pasado de Brigitta. El prólogo, que hace notar la valía de Stifter resaltando que fue muy elogiado y admirado por los mayores literatos posteriores a él, facilita comprenderle algo mejor pero también deja la impresión de que se sobreinterpreta su vida.

Adalbert Stifter. Brigitta (1847). Madrid: Bartleby, 2008; 93 pp.; trad. y prólogo de Ibon Zubiaur; ISBN: 978-84-95408-74-7. [
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BarmanBestiario2.jpg
miércoles, 23 de septiembre de 2015

Bestiario,
de la ilustradora suiza Adrienne Barman, es una especie de intrigante catálogo de animales que se presentan agrupados en familias inusuales, a cada una de las cuales se le dedican unas cuantas páginas. Así, nos encontramos grupos, en los que no faltan animales mitológicos, como «Los hogareños», «Los amarillo limón», «Los punzantes», «Los rosa chicle», «Los moteados», etc.

Los dibujos son eficaces y alegres. Es un libro divertido y estimulante, fácil para compartir y para jugar, de los que ayudan a fijarse en los animales, y de los que pueden avivar el interés por la materia y resultar un buen puente hacia otros libros. Viene bien pensar que, a veces, la broma y el buen humor son el camino para llegar al mundo serio de la ciencia y la investigación.

Vale la pena comparar los dibujos del libro con los de El Gabinete de Curiosidades naturales, de Albertus Seba, una gran obra de historia natural del siglo XVIII...

Adrienne Barman. Bestiario (Drôle d’encyclopedie, 2013). Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2014; 216 pp.; col. Aprender y descubrir; trad. y asesoría científica de Carlos Prada; ISBN: 978-84-942473-3-0. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 22 de septiembre de 2015

Felicio, Rey del rebaño, de Olivier Tallec, es un álbum de tipo «político», de los que hablan del uso del poder, como La reina de las ranas o El rey de los animales.

Estando en el prado, con las demás ovejas, Felicio ve una corona. Se la pone en la cabeza, se yergue para ponerse a dos patas, toma una rama como cetro, y se transforma en Rey del rebaño. Su imaginación le hace vivir toda clase de momentos y posibilidades, y si sus ensoñaciones primeras tienen lugar en el prado, luego pasan a ser en palacios dieciochescos y versallescos… (como es fácil suponer si uno mira el título del original francés).

El álbum está bien construido y tiene todo el aire de una fábula clásica. Cada doble página presenta, normalmente, una escena con dos versos. En muchos momentos las imágenes resultan cómicas y transmiten bien el ridículo de los comportamientos altivos. Tiene un buen y doble final: por un lado, el de la historia que se ha contado; por otro, el de las posibilidades tan distintas que abre la última ilustración.

Olivier Tallec. Felicio, Rey del rebaño (Louis 1er roi des moutons, 2014). Valencia: Algar, 2015; 32 pp.; trad. de Teresa Broseta Fandos; ISBN: 978-84-9845-702-5. [Vista del libro en amazon.es]

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HutchinsBacon2.jpg
lunes, 21 de septiembre de 2015

Hay álbumes antiguos cuyo encanto no está en las ilustraciones, que incluso nos pueden parecer pobres, sino en la sencillez del argumento, en el ritmo con el que van ocurriendo las cosas, en la sonoridad de las palabras y las frases, y en la perfecta secuenciación de los pasos del relato.

Así ocurre con un álbum de Pat Hutchins como Don’t forget the bacon. Al niño protagonista su madre le manda ir al supermercado con un encargo de varias compras («six farm eggs, a cake for tea, a pound of pears, and don't forget the bacon»). El niño va repitiendo para sí mismo el encargo pero, según se cruza con distintos viandantes u objetos, en cada repetición va confundiendo alguna palabra (hasta llegar a «six fat legs, a cape for me, a flight of stairs, and don't forget the bacon»). Así que, cuando llega, su compra no es la que debía. Sin embargo, al regresar va dándose cuenta de sus errores y recuperando las palabras que había trastocado, del mismo modo que le había ocurrido a la ida, e intenta cambiar las compras que ha hecho…

Pat Hutchins. Don’t forget the bacon! (1976). Greenwillow Books, 1989; 32 pp.; ISBN: 978-0688087432. [Vista del libro en amazon.es]

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BoltAMan.JPG
domingo, 20 de septiembre de 2015

En Libros para la rebelión me referí, brevemente, a la obra de Robert Bolt titulada Un hombre para la eternidad, que tuvo una primera versión radiofónica, en 1954, que luego se llevó a la escena, en 1960, y que por último fue una famosa película, en 1966. En el prólogo que le puso su autor, Robert Bolt, explica el telón de fondo histórico de su obra; indica las razones por las que a él, que no era católico y ni siquiera se consideraba cristiano, le atraía el personaje; y habla de algunas opciones técnicas teatrales que tomó.

El argumento, como es sabido, se centra en el momento en el que Tomás Moro, canciller de Inglaterra y hombre de la máxima confianza del rey Enrique VIII, no apoya su deseo y sus gestiones para conseguir el divorcio de Catalina de Aragón y casarse con Ana Bolena. Moro abandona su puesto como Canciller antes que aceptar la exigencia del rey de que todos los miembros del gobierno y del Parlamento le obedezcan a él como cabeza de la Iglesia en Inglaterra. Más adelante, esa exigencia toma forma de un obligatorio Juramento público y, como Moro no encuentra ningún subterfugio jurídico que le permita jurar sin ir contra su conciencia, es encerrado en la Torre de Londres. No cede ante la presión del primer ministro entonces, Thomas Cromwell, y en el juicio al que es sometido calla para no ser incriminado, pero es condenado a muerte debido al perjurio de alguien que había trabajado con él y que, como premio, es ascendido a Fiscal general de Gales. No teniendo ya nada que perder Moro denuncia públicamente la ilegalidad de las acciones del Rey.

En su presentación, Bolt habla de Enrique VIII como uno de los campeones de la naturaleza humana más baja y, en cambio, habla de Moro como de un hombre de gran personalidad, unas dotes humanas extraordinarias, y un gran sentido de que, de ninguna manera podía ir contra su conciencia: el «no debo hacerlo» para él era igual que un «no puedo hacerlo». Cuando su acomodaticio amigo Norfolk le pregunta si no puede jurar, como él mismo ha hecho, aunque sea por amistad, Moro le responde: «Y cuando estemos ante Dios y tu hayas sido enviado al Paraíso por actuar de acuerdo con tu conciencia y yo condenado por no haberlo hecho de acuerdo con la mía, ¿vendrás conmigo, por amistad?».

Otro de los puntos que la obra subraya es la confianza de Moro en las leyes. Ese máximo respeto por la ley de Moro se ve, al principio, cuando su futuro cuñado William Roper le pregunta si le concedería el beneficio de la ley al Diablo y Moro le dice que por supuesto. En cambio, Roper responde diciendo que, si por él fuera, rompería cualquier ley para cazarlo. A lo cual Moro responde: «Y cuando te hubieses saltado todas las leyes, y el Diablo se volviera hacia ti, ¿dónde te esconderías, Roper, después de haber anulado todas las leyes? Este país está sembrado de leyes de costa a costa, leyes humanas, no divinas, y si fueras a saltártelas todas —y eres muy capaz de hacerlo–, ¿crees de veras que podrías resistir los vientos que se levantarían? Sí, yo concedería al mismo Diablo el beneficio de la ley, ¡por mi propia seguridad!». Así que, al final, la obra pone de manifiesto la insuficiencia de la justicia humana y cómo los poderosos pueden acabar acomodando las leyes que dictan a sus propios intereses.

Al margen, en relación con otras visiones del personaje, vale la pena leer esta entrevista con un historiador inglés en la que comenta la inexactitud histórica, y el acomodo a la mentalidad imperante hoy, que hace Hilary Mantel en su premiada versión novelesca y televisiva de los mismos hechos: «El Moro de Bolt era un héroe liberal para la guerra fría, al igual que el Cromwell de Mantel es un héroe liberal para las guerras culturales. Pero la creación de Bolt debe bastante más al Moro histórico que el Cromwell de Mantel al Cromwell histórico. De hecho, la creación de Mantel debe mucho a Bolt». En el Cromwell de Mantel, «hay una cierta complejidad moral, aunque su notable parecido con un lector de The Guardian le da un aspecto risiblemente anacrónico». Y en su novela, y en la miniserie de la BBC que se ha basado en ella, «todos los demás personajes son simplemente anticuados “buenos” o “malos”, con prácticamente todos los protestantes clasificados como buenos, mientras que los católicos lo son como malos».

Robert Bolt. Un hombre para la eternidad (A Man for All Seasons, 1954-1960). Madrid: Ediciones Iberoamericanas, 1967; 181 pp.; col. Universal Eisa; trad. de Luis Escobar. Versión original en London: Methuen Drama, 1995; 105 pp.; ISBN: 0 413 70380 0. [
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sábado, 19 de septiembre de 2015

El Señor de Ballantrae fue el libro que más tardó Stevenson en concebir del todo y en escribir: desde 1881 hasta 1889. Es un relato intenso, de un romanticismo un tanto trágico, con varios tramos bien diferenciados y algunos giros un tanto forzados.

La narración corre a cargo de Ephraim Mackellar, administrador de los Durrisdeer, que de vez en cuando recurrirá a cartas o a narraciones de otros para completar su historia. Su núcleo es el prolongado conflicto entre dos hermanos, James Durie (el Master de Ballantrae) y Henry Durie, el menor. Todo comienza con motivo de la revolución jacobita de 1745: los hermanos echan a suertes quien se unirá a los rebeldes y quién permanecerá fiel al rey Jorge, de modo que las propiedades permanezcan en poder de la familia sea cual sea el resultado. Deciden que James será rebelde y Henry será realista. Cuando la revolución fracasa y se piensa que James ha muerto, su prometida se casa con Henry y pronto tienen un hijo.

Pero en 1749, a través del misterioso coronel Burke, tienen noticias de James: el coronel les cuenta las aventuras que tuvo con él entre piratas y recuerda que James considera responsable a su hermano Henry de sus problemas. Más adelante, James vuelve y hace la vida imposible a su hermano; luego los deja de nuevo para irse a la India y regresar más tarde junto con otro extraño compañero llamado Secundra Dass. La última parte tiene lugar en los Estados Unidos: Henry y su familia se van a ese país esperando dejar atrás a James pero no lo consiguen, ni en Nueva York ni durante una expedición a las montañas.

El relato contiene una especie de pacto con el diablo a lo Fausto —varias veces James parece haber muerto pero no es así— y una especie de desdoblamiento de personalidad en dos hermanos, que al principio son totalmente opuestos pero, según avanza la historia, va quedando claro que no es así. Son muchas las resonancias bíblicas que van puntuando la novela —una y otra vez hay referencias a Esaú y Jacob y a la parábola del hijo pródigo— y, por supuesto, es decisiva la importancia que todos dan al honor familiar —el narrador dirá que para el viejo lord Durrisdeer, «al igual que para nosotros, el honor de su casa estaba por encima de todo»—.

La narración, por un lado, es sofisticada: se mezclan distintas fuentes para componer el relato, como son las memorias de dos personas, algunas cartas, irrupciones del autor, historias embutidas en la narración principal. Por otro lado, el principal narrador es un poco afectado al construir su discurso pero, sin embargo, ajusta bien sus frases y es sentencioso con frecuencia —«nunca he temido los ceños fruncidos, sólo las espadas desnudas»—. Además, Chesterton señala cómo en él se aprecian rasgos característicos de la forma económica de relatar las cosas que tiene Stevenson: por ejemplo, Mackellar hace una descripción primera, completa y única, del Master y ya nunca vuelve al tema: los viejos novelistas victorianos acumularían detalles y detalles en distintos momentos y aludirían al asunto una y otra vez pues, a sus ojos, la repetición hacía que la narración fuera más convincente y más «reconfortante» para el lector.

Además de que pensaba que los rasgos y las aventuras de un personaje como el Master impedían considerar este relato como una novela juvenil, Chesterton consideraba un error constructivo el hecho de que se mezclasen en la novela episodios de muy distinto tipo. Así, los de piratas, con las apariciones de Burke, están un poco fuera de lugar: en un relato centrado en una especie de demonio familiar no pintan nada los demonios de otras familias. Del mismo modo, el tramo final en los bosques de los Estados Unidos tampoco encaja bien con todo lo precedente. Sin embargo, la parte mayor de la novela, la escocesa, todas las escenas en el interior de la casa de los padres, tiene una grandeza que recuerda la de las tragedias griegas.

Robert Louis Stevenson. El señor de Ballantrae: un relato de invierno (The Master of Ballantrae: a winter’s tale, 1889). Madrid: Anaya, 1998; 277 pp.; col. Tus libros; ilust. de H.M. Brock; trad. de Ana Isabel Conejo e Hilario Franco; apéndice de Luis Martínez de Míngo; ISBN: 84-207-8447-8. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 19 de septiembre de 2015

Esta es la primera nota de una sección titulada Relecturas que contendrá comentarios a libros de toda clase, normalmente cortitos, que, como me dejaron tiempo atrás una impresión excepcional, he releído en los últimos meses.

Algunos de esos libros los he mencionado ya en esta página, bien con una breve reseña o bien poniendo alguna o algunas citas. Otros son libros que leí mucho antes de mi actual costumbre de tomar notas de todo lo que leo.

En las próximas semanas iré poniendo reseñas extensas de todos ellos que colocaré dentro de esta sección. A veces no serán exactamente reseñas, pues sobre determinados libros deben opinar otras personas, sino un subrayado de algunas ideas.

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viernes, 18 de septiembre de 2015

Sincronización en Birkenwald: una conferencia metafísica, es una obra teatral que Viktor Frankl escribió de un tirón, pocos meses después de abandonar los campos de exterminio. En ella se apuntan las ideas que desarrolló unos años después en su libro El hombre en busca de sentido. El título anuncia el contenido: por un lado habla de esperanza, pues Birkenwald, un nombre que resulta de la combinación de los nombres Buchenwald y Birkenau, significa también bosque de abedules, unos árboles con la capacidad de arraigarse y colonizar terrenos devastados; por otro alude a la sincronización entre la eternidad y las cosas que ocurren en la vida presente y parecen no tener sentido.

Hay dos planos. En uno dialogan Kant, Spinoza, Sócrates, un Ángel Negro, y familiares ya fallecidos de quienes viven en el otro plano, que son varios prisioneros y guardias en una barraca de un campo de concentración. Al principio sólo aparecen un Sócrates bienhumorado y sereno, un Kant algo altivo, y un Spinoza dubitativo. Es Sócrates quien propone «mostrar a la gente algo de su propia realidad para que descubra así su propia realidad», «presentar a la gente una imagen del infierno y demostrarles que el ser humano, aún estando en el infierno, puede seguir siendo un ser humano. Igual que aquí en el cielo, o lo que llaman de ese modo ahí abajo, nosotros también seguimos siendo de alguna manera humanos, ¿no?».

Kant señala cómo todos «somos figuras, tanto aquí como allá. Unas veces con un fondo teatral y otras con un fondo trascendental. En todo caso es una interpretación». Y Sócrates le replica: «Aunque apenas sabemos qué interpretamos. Ni siquiera qué interpretamos nosotros. No entendemos bien nuestro papel. Nos contentamos con intuir el texto que debemos decir». A la madre de uno de los prisioneros, que lo ve sufrir sin poder hacer nada, Kant le habla de cómo, en un escenario, los actores sólo ven delante suyo como un gran agujero negro, y nosotros tampoco conocemos ni vemos a los espectadores de nuestras vidas, sentados en la oscuridad, en algún palco (una idea que Frankl glosará en más obras suyas, como figura en la nota Entiende ante quien estás). Al final de la obra Sócrates dirá cómo la comprensión llegará más adelante, «cuando caiga el telón».

Viktor Frankl. Sincronización en Birkenwald: una conferencia metafísica (Synchronisation in Birkenwald, 1946). Barcelona: Herder, 2013; 96 pp.; trad. de Ana Schulz.; ISBN: 978-84-254-3058-9. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 17 de septiembre de 2015

La protagonista y narradora de La vida secreta de Rebecca Paradise, de Pedro Mañas Romero, es Ursula Jenkins, una niña cuya madre ha muerto aunque, como se deduce de lo que cuenta ella misma nada más comenzar, se ha inventado una historia para no reconocerlo. Enseguida vemos que Ursula es algo especial pues, por ejemplo, uno de sus tesoros es una caja con cinco lombrices. El hilo argumental comienza cuando cambia de colegio y, aunque su maestra la recibe bien, la chica brillante y dominante de la clase la ignora y sólo un chico llamado Álex, algo rarito y experto en ordenadores, que además es su vecino, le hace caso. Es él quien le propone y le facilita que abra un blog, en el que Ursula, que es una cuentista imaginativa de primer nivel, firma como Rebecca Paradise y dice ser una agente secreto infiltrada en un colegio.

La narración atrapa pues, aparte de que pronto deseamos saber cómo se resolverán los líos en los que se mete la fantasiosa Ursula, tiene mucho buen humor con un punto de seriedad: tanto en el caso de la heroína como en el de su rival, detrás de las fachadas de chicas seguras de sí mismas se ve que ambas lo pasan mal. Son acertadas, al nivel propio del relato, las disquisiciones que van surgiendo sobre la verdad y la ficción. Abundan las frases logradas —por ejemplo, la de que «cuesta mucho poner cara de rincón» si quieres pasar inadvertido—, y los diálogos graciosos —como este: «¿Qué haces?», pregunta Alex. «Nada», responde Ursula. «No se puede no hacer nada. Al menos estarás respirando, o te morirías», replica Alex—. Las ilustraciones están bien integradas con el texto y refuerzan sus acentos bromistas.

Pedro Mañas Romero. La vida secreta de Rebecca Paradise (2015). Madrid: SM, 2015; 207 pp.; col. El Barco de Vapor; ilust. de Bea Tormo; ISBN: 978-84-675-7927-7. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 16 de septiembre de 2015

Nunca sonrías a un mono es un libro de conocimientos construido con la maestría para componer las escenas y las figuras que acostumbra Steve Jenkins. Tiene, como subtítulo, «y otras 17 cosas importantes a recordar», entre las que, por ejemplo, se nos dice que «nunca te enfrentes a un canguro», pues te puede hundir el pecho de un golpe, o que «nunca acoses a un hipopótamo», que es un animal agresivo cuando se enfada… Algo menos lejos, sin embargo, puede pillar a otros lectores el consejo a doble página —tan contrario a los buenismos habituales en las historias infantiles—, de que «nunca acaricies a un osezno» («los oseznos son suaves y graciosos y dan ganas de acercarse a ellos, incluso, insensatamente, tratar de acariciarlos. No es una buena idea, porque la madre siempre está cerca»).

Steve Jenkins. Nunca sonrías a un mono (Never Smile a Monkey, 2009). Barcelona: Juventud, 2015; 32 pp.; col. Conocer y comprender; trad. de Christiane Scheurer y Teresa Farran; ISBN: 978-84-261-4217-7. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 15 de septiembre de 2015

Un libro más de Maurice Sendak que sale ahora en castellano: Chancho-Pancho. El autor lo publicó al final de su vida y, como ya dije al comentar su versión de Osos, con una libertad compositiva que otros autores no se permitirían, o que a otros autores los editores no les permitiríanbasta pensar en el rótulo que figura en la página introductoria y que dice «leemos libros prohibidos».

El relato cuenta una fiesta de disfraces caótica que da Chancho-Pancho, al cumplir nueve años, en casa de su tía Asunción. Todo se desordena y ensucia mucho por lo que la tía se pone de mal humor cuando regresa, pero no será esa su última palabra. La narración tiene ritmo y se cuenta con sucesivas escenas coloristas y abigarradas, llenas de personajes disfrazados —también de unos políticamente incorrectos cowboys e indios...—. Parcialmente la historia maneja iguales emociones que Donde viven los monstruos: niño que entra en un mundo caótico, fin de la fiesta y regreso a la vida cotidiana, reconciliación final.

Maurice Sendak. Chancho-Pancho (Bumble-Ardy, 2011). Pontevedra: Kalandraka, 2015; 36 pp.; col. Libros para soñar; trad. de Miguel Azaola; ISBN: 978-84-8464-920-5. [Vista del libro en amazon.es]

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lunes, 14 de septiembre de 2015

¡Que viene el lobo!, de Vincent Bourgeau y Cédric Ramadier, es un álbum divertido e inteligente para prelectores. Es de los que, bajo una sencillez aparente, propone un juego metafictivo posmoderno al modo de, por ejemplo, Un libro, de Hervé Tullet. Al principio, mientras vemos a lo lejos un lobo, las palabras dicen «Ahí viene el lobo… - ¡Rápido! ¡Pasa la página y te librarás de él!». Y en sucesivas dobles páginas el lobo se acerca más y más, mientras se van proponiendo acciones al lector para que huya o lo evite, como la de inclinar el libro para que el lobo se caiga… Un detalle constructivo infrecuente: que la narración comienza en la portada y termina en la contraportada (como, de los álbumes citados aquí en las últimas semanas, And the train goes...).

Vincent Bourgeau. ¡Que viene el lobo! (Au secours, Voila le loup!, 2013). Texto de Cédric Ramadier. Salamanca: Lóguez, 2015; 10 hojas en cartoné; ISBN: 978-84-942305-8-5. [Vista del álbum en amazon.es]

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domingo, 13 de septiembre de 2015

En el prólogo que puse al álbum Juana de Arco me limité, por lógica y por motivos de espacio, a cuestiones técnicas del mismo álbum. Luego, a quienes me han preguntado acerca del personaje les he recomendado, aparte de la biografía que le dedicó Mark Twain y de la extraordinaria película El proceso de Juana de Arco que filmó Robert Bresson, dos biografías escritas por Régine Pernoud: una, Cristina de Pizán, un personaje que merece ser mucho más conocido; otra, su biografía sintética, no traducida al castellano, Petite vie de Jeanne d’Arc.

Cristina de Pizán (1364-1430) fue una pensadora, poeta y escritora. Se la considera la primera feminista por ser la primera que escribe para reivindicar que las mujeres pueden desempeñar las mismas funciones que los hombres y mandar capazmente sobre ellos. Cuando, al final de su vida, surgió Juana de Arco y se puso al frente de los ejércitos franceses, vio en ella una demostración palpable de sus tesis. Juana de Arco, dice Regine Pernoud, «era una mujer que respondía plenamente a los deseos de Cristina, pues tenía “valor de hombre” y también, además de “tener corazón de hombre”, (…) “conocía los derechos de armas y todas las cosas que a ello convienen, a fin de poder dar órdenes a sus hombres, y, si hubiere necesidad, sabe lo que hay que hacer para atacar o defender”». Juana era un tipo de mujer que, por supuesto, «ni la misma Cristina podía prever» pero, fuera como fuese, tenía «todas las marcas que Cristina deseaba para aquellas mujeres que debían actuar».

En cuanto a Juana de Arco (1412-1431), dice Pernoud en la introducción a su Petite vie de Jeanne d’Arc, que fue un personaje que asombró a sus contemporáneos tanto como nos asombra a nosotros. Pero, para poner en su sitio a los ignorantes pretenciosos, señala que es la figura del siglo XIV acerca de la cual tenemos más y mejor documentación: por un lado, la correspondiente al proceso de su condena (1431), donde figuran las preguntas que se le formularon y las respuestas que dio; y, por otro, la de otro proceso, de rehabilitación, que tuvo lugar dieciocho años más tarde, en el que se interrogó a todos los que la habían conocido y se reunieron ciento quince testimonios. Dando la palabra a esos textos, la historiadora francesa cuenta brevemente la vida de Juana de Arco y, de vez en cuando, hace alusiones a las inexactitudes y tonterías que se contienen en algunas versiones acerca de su vida.

Régine Pernoud. Cristina de Pizán (Christine de Pisan, 1995). Palma de Mallorca: José J. de Olañeta, 2000; 183 pp.; trad. de María Tabuyo y Agustín López; ISBN: 84-7651-857-9. [Vista del libro en amazon.es]
Régine Pernoud. Petite vie de Jeanne d’Arc (1990). Paris: Desclée de Brouwer, 1990; 143 pp.; ISBN: 978-2-220-05879-5. [Vista del libro en amazon.es]


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sábado, 12 de septiembre de 2015

Las aventuras de un cadáver fue la primera novela que firmaron juntos Stevenson y su hijastro Lloyd Osbourne: este hizo un borrador y, para su alegría, Stevenson se ofreció a revisarlo. Es un relato no muy afortunado de desventuras cómicas aunque no faltan en él momentos conseguidos.

Dos hermanos, Morris y John, son los beneficiarios de una tontina (una clase de fondo de inversión que había en el pasado, que se había de repartir entre los beneficiarios en una fecha fijada de antemano). Cuando tienen la noticia de que su tío Joseph Finsbury, propietario de un negocio arruinado, ha fallecido en un accidente ferroviario, ven que sólo podrán cobrar aquel fondo si ocultan su muerte a otras personas de la familia. Así que deciden facturar a su casa de Londres el ataúd de su tío y fingir que sigue vivo. Pero el ataúd llega donde no esperan y se multiplican las confusiones.

El relato tiene, por un lado, los problemas propios de muchas farsas costumbristas del pasado: sólo puede disfrutarlas de verdad quien está familiarizado con los ambientes que se describen. Tiene también el inconveniente de que los personajes y los incidentes no son tan graciosos en sí mismos como para que nos olvidemos de su total improbabilidad: el mismo autor se da cuenta cuando, al comienzo, advierte que «a menudo constituye una animada tarea del historiador la de dirigir la atención hacia los designios y (dicho sea con toda reverencia) los artificios de la Providencia».

En cualquier caso vale la pena observar la viveza de las observaciones del narrador y su soltura para enhebrar los distintos episodios. Por ejemplo, al comienzo del capítulo XIII, indica que los pensamientos e ideas de Morris «las he puesto (para comodidad del lector) en un cierto orden, pero en la mente de un pobre ser humano daban vueltas todas juntas en un torbellino como el polvo de los huracanes. Con esta misma preocupación de servicio he dado nombre a cada una de sus angustias, y se observará con pena que cada caso habría adornado y recomendado la cubierta de una novela de los quioscos de las estaciones del ferrocarril».

También en este caso, igual que hizo para resaltar los méritos de Príncipe Otto, Chesterton señalaba la importancia del estilo y del espíritu con el que está contada la historia. De modo que, cuando hemos olvidado la trama por completo, permanecen en la memoria ciertas descripciones o escenas como, por ejemplo, el párrafo en el que se dice que «su traje tenía aquella mercantil brillantez que describimos como elegante; y no se podía decir nada contra él, excepto que parecía demasiado un invitado a una boda para ser un caballero».

En el prólogo de la edición que pongo abajo se informa de que hay muchas versiones en castellano de este relato que han sido mutiladas o deformadas por lo que, si la novela puede resultar algo confusa, más todavía lo es en esas ediciones.

Robert Louis Stevenson. Las aventuras de un cadáver (The Wrong Box, 1889). Madrid: Valdemar, 2005; 201 pp.; col. Avatares; trad. de Rafael Santervás; ISBN: 84-7702-521-5. [Vista del libro en amazon.es]


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viernes, 11 de septiembre de 2015

Otro libro que tenía pendiente leer: ¡Más banderas!, de Evelyn Waugh. En este excelente prólogo del traductor de una edición más reciente, titulada Izad más banderas, se comentan las circunstancias en las que Waugh la escribió —volviendo en barco a Inglaterra después de una operación militar fallida en la que participó—, su publicación y éxito en 1942 —también por ser la primera novela que salía sobre la Guerra Mundial—, y su carácter de giro en la carrera del autor, que luego escribiría sus mejores obras, Retorno a Brideshead y la trilogía Espada de honor.

El relato se centra en las peripecias de un aristócrata pícaro llamado Basil Seal —que afirma que «sólo me divierte la lucha por la obtención del dinero…, no su posesión»—, en los primeros meses de la segunda Guerra Mundial. Tanto él como los demás personajes que van apareciendo en la historia prefiguran los que más adelante recreará Waugh en Espada de honor. Es un libro difícil de etiquetar, dice su prologuista: «¿Comedia de errores, comedia social, acaso comedia juvenil? En todo caso, una notable comedia waughiana —más notable aún si se considera su rápida composición—, construida a partir de materiales tragicómicos, una aguda crónica social del primer año de la Segunda Guerra Mundial, un punto de inflexión en la narrativa del autor, la clave indispensable para entender la evolución de sus personajes habituales» hasta entonces.

Una escena típica del humor punzante del autor ocurre cuando el intelectual Ambrose Silk habla con su amiga Poppet, una pintora, mientras va viendo con ella los cuadros de su exposición recién inaugurada. Al pasar, ven uno de Afrodita al cual Basil le había pintado un bigote, cosa que Poppet no sabía, mientras que Ambrose piensa que así había sido compuesto, y entonces le dice: «Este bigote… demuestra que has atravesado uno de los tantos Rubicones artísticos y que te sientes lo suficientemente segura como para bromear. (…) Estás creciendo, mi querida Poppet».

Evelyn Waugh. Más banderas (Put Out More Flags, 1942). Madrid: Alianza, 1974; 243 pp.; col. El libro de bolsillo; trad. de Horacio Laurora; ISBN: 84-206-1156-0. Edición más reciente, titulada Izad más banderas, en Barcelona: RBA, 2012; 288 pp.; col. Narrativas; edición y trad. de Carlos José Villar Flor; ISBN: 978-8490064405. [Vista de esta última edición en amazon.es]

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jueves, 10 de septiembre de 2015

La tumba de Aurora K, de Pedro Riera, es una novela que, a pesar de ser toda ella ficción, cabría llamar periodística: su telón de fondo, el imaginario conflicto de Turenia entre távaros y urenos, está basado en los enfrentamientos entre distintos pueblos durante la guerra de Yugoslavia.

El escenario es una pequeña ciudad de la costa Oeste de los Estados Unidos, Lower Hill, en la que hay una cohesionada comunidad de távaros fundada, entre otros, por el abuelo de la protagonista y narradora, Anna, una chica de dieciséis años. La historia comienza cuando a su padre, Stefan Malnik, un hombre que se ha dedicado a la persecución de criminales de guerra, le llegan noticias de la que puede ser la tumba de su madre. Anna le acompañará en sus investigaciones y, en ese periplo, descubrirá muchas cosas sobre el pasado de su familia.

La narración es buena, la trama es tensa, la descripción del vaivén emocional que va llevando a la heroína de un lado a otro es convincente, y tanto ella como su padre son dos personajes sólidos, porque están bien construidos y también porque son muy firmes en todo momento. Al hilo principal de la investigación se suman las historias del abuelo y el padre de Anna en los Estados Unidos, de las relaciones de Anna con amigos y primos, en especial con uno muy audaz llamado Danylo.

Hay varias lecciones de fondo que llegan, bien de lo que Anna piensa y dice, bien de lo que su padre le indica, o bien de relatos de la guerra que Anna lee. Son las de reafirmar que no existen los pueblos predestinados a odiarse, que no todo en la vida debe girar en torno a ser o no de una nacionalidad determinada, que la propia identidad no está necesariamente condicionada por los antepasados, y que no hay que ceder a las presiones del grupo y adoptar como propia la opinión de otros.

Pedro Riera. La tumba de Aurora K (2014). Barcelona: Edebé, 2014; 318 pp.; ISBN: 978-84-683-1250-7. [
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miércoles, 9 de septiembre de 2015

Y esto, ¿qué es? es un álbum con imágenes de Wolf Erlbruch para unos textos de Jürg Schubiger que bien podrían venir firmados por Edward Lear. El esquema es el mismo en todas las dobles páginas: en la página izquierda, en blanco, van unas breves palabras que siempre comienzan con «Y esto, ¿qué es?», y en la izquierda va una representación del ser en cuestión: Un hada, un enanito, una musaraña, un animal indeterminado, una liebre, un ser que podría ser pero no es un mosquito…, y otros.

Es un álbum de los que animan al descubrimiento del mundo de la fantasía, de los que ayudan al lector a colocarse frente a la realidad con un espíritu inquisitivo e imaginativo. Una vez más, la originalidad del ilustrador enriquece la propuesta del texto a partir de sus excelentes composiciones y de la variedad de técnicas que usa para componer sus imágenes, todas ellas distintas.

Wolf Erlbruch. Y esto, ¿qué es? (Schon wieder was!, 2014). Texto de Jürg Schubiger. Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2015; 32 pp.; col. Aprender y descubrir; trad. de Ana Garralón; ISBN: 978-84-943284-3-5. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 8 de septiembre de 2015

Hamamelis, Miosotis y el señor Sorpresa, es un álbum de Ivar Da Coll protagonizado por dos seres difíciles de categorizar, Hamamelis y Miosotis, que son grandes amigos. En esta historia se cuenta cómo se visitan el uno al otro, se obsequian comidas que les gustan, etc. Como el anterior álbum de los mismos personajes —Hamamelis y el secreto— la historia se centra en narrar con buen humor algunos episodios de trato amistoso entre los dos, podríamos decir que al modo de las clásicas historias de Sapo y Sepo. Son relatos que algunos considerarán algo dulzones y demasiado sencillos, pero que, aparte de, y gracias también al encanto de las ilustraciones, son fáciles de leer, transmiten una visión cordial de la vida y se terminan sonriendo.

Ivar da Coll. Hamamelis y el secreto (2014). Barcelona: Ekaré, 2014; 28 pp.; col. Ponte Poronte; ISBN: 978-8494171666. [Vista del libro en amazon.es]
Ivar da Coll. Hamamelis Miosotis y el señor Sorpresa (2015). Barcelona: Ekaré, 2015; 28 pp.; col. Ponte Poronte; ISBN: 978-8494208102. [
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lunes, 7 de septiembre de 2015

Nuevas ediciones en castellano de tres libros del Dr. Seuss: El Gato Garabato, Huevos verdes con jamón, Un pez dos peces pez rojo pez azul. Con ese motivo he modificado y ampliado los comentarios.

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domingo, 6 de septiembre de 2015

De Cuadernos de un escritor, de Somerset Maugham, libro al que llegué a partir de este comentario, tomé nota de sus observaciones sobre Chéjov:  «un escritor de verdadera personalidad, no una fuerza salvaje, como en Dostoievski, que sorprende, inspira, aterra y deja perplejo, sino una potencia con la cual se puede llegar a intimar. (…) Su radio de acción es grande y su conocimiento de la vida directo. (…) Con Chéjov uno no parece estar leyendo historias. En ellas no hay agudeza evidente, y cabría pensar que cualquiera hubiese podido escribirlas; pero la realidad es que nadie puede. El autor ha sufrido una emoción y tiene la facultad de traducirla en palabras para hacérnosla sufrir a nosotros también. Nos convertimos en sus colaboradores. Es imposible usar en las narraciones de Chéjov la manoseada expresión “pedazo de vida”, porque un pedazo es un fragmento de algo y esto es precisamente lo que no se tiene la impresión de leer; es una escena vista a través de los dedos, que uno sabe continua de una u otra forma, pero de la cual no vemos más que un fragmento».

W. Somerset Maugham. Cuadernos de un escritor (A Writer’s Notebook, 1949). Barcelona: Versal, 1991; 334 pp.; col. Versal Singular; trad. de Rosa Martínez; ISBN: 84-7876-079-2.

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sábado, 5 de septiembre de 2015

Los dos últimos relatos de Stevenson contenidos en Los juerguistas y otros cuentos y fábulas son Olalla y El tesoro de Franchard. Se podría decir que ambos ponen de manifiesto las barreras que tenemos para comprender de verdad a los demás.

El narrador de Olalla es un soldado inglés sin nombre que se recobra de sus enfermedades en España y reside un tiempo de su convalecencia con una familia de orígenes nobles compuesta por la madre, un hijo llamado Felipe, y una hija de nombre Olalla. El narrador considera un tanto estúpidos a la madre y al hijo, aunque se siente a gusto en su compañía y, al principio, que no ve a Olalla, los días transcurren, dice, como «un desierto de horas vacías». Pero todo cambia cuando conoce a la chica y ambos se enamoran. El comportamiento enfermizo y agresivo de la madre le obliga a dejar la casa e irse a vivir al pueblo. Le insiste a Olalla en que huya con él pero ella no accede.

Esta historia tuvo su origen en un sueño y en un relato previo de Edward Bulwer-Lytton titulado Strange Story. Tiene aires un tanto góticos y en ella se aprecia el desconocimiento del mundo católico español de Stevenson. En un breve comentario, Chesterton ironiza cuando señala cómo el joven protagonista escocés de la historia desaprueba con aires graves el crucifijo español por su arte torturado y su expresión violenta, seguramente pensando en dejar aquella tierra lóbrega para volver a su tierra y allí gozar del encanto y alegría de… Janet la contrahecha. Pero hasta Stevenson reconoce que Olalla sacaba más consuelo del crucifijo que Janet del ministro o, sigue diciendo Chesterton, que el ministro del ministerio.

Ese momento, al final de la historia, sucede cuando el narrador se encuentra con Olalla y esta le dice que mire con sus ojos, contemple el rostro del Crucificado, y que se dé cuenta de que ella será más feliz si acepta de buen grado su dolor y su carga familiar. El narrador entonces dice: «Miré el rostro del Cristo, y, aunque no soy amigo de imágenes y desprecio ese arte imitativo y exagerado, del cual era un tosco ejemplo, comprendí en parte su sentido. Aquel rostro me miraba contraído de dolor y pesar, pero los rayos de gloria que lo rodeaban me recordaron que su sacrificio había sido voluntario. Estaba allí en lo alto de la roca igual que sigue estándolo en el cruce de muchos caminos, predicando en vano a los viajeros, como un símbolo de muchas verdades nobles y tristes: que el placer no es un fin, sino un accidente; que el dolor es la elección de los magnánimos, y que la virtud está en sufrir y hacer el bien».

En El tesoro de Franchard el protagonista es el doctor Desprez, un hombre ilustrado y sin hijos. A su mujer le parece bien que, después de atender a un saltimbanqui moribundo, adopten al bondadoso chico que iba con él, Jean-Marie. El doctor dedica sus mejores esfuerzos a educarle y transmitirle sus ideas acerca del mundo. El narrador indica cómo «el médico poseía enteramente el corazón del chico, pero tal vez exagerase su influencia sobre su pensamiento. Desde luego, Jean-Marie adoptó algunas de las opiniones de su maestro, pero todavía está por demostrar que al hacerlo renunciara a alguna de las suyas. Sus convicciones estaban ahí por derecho divino, eran virginales, sin elaborar, como un metal en bruto». Cuando, un día, ambos van a Franchard, que son unas viejas ruinas de una ermita y una capilla, y allí encuentran un gran tesoro, el médico decide que deben irse a vivir a París. Pero, más adelante, el tesoro desaparece.

El narrador dibuja la personalidad del doctor dejando clara su fatuidad, subrayando qué satisfecho de sí mismo está, pero a la vez también acentúa su bondad. Al principio, cuando le dice a su mujer que «un par de egoístas profesos como tú y como yo debería evitar la progenie como una infidelidad», recibe esta respuesta: «¡Desde luego! —dijo ella, echándose a reír—. Eso sí que es típico de ti: apuntarte el mérito de algo que no has podido evitar». En el proceso de formación de Jean-Marie también se indica cómo «jamás se cansaba de oír su propia voz, que dicho sea de paso era muy agradable». Las enseñanzas de Desprez calan en Jean-Marie y avivan más aún su rectitud y desprendimiento naturales con unas consecuencias inesperadas.

Robert Louis Stevenson. Olalla (1885), El tesoro de Franchard (The Treasure of Franchard, 1883), Los juerguistas y otros cuentos y fábulas, Cuentos completos, Barcelona: Mondadori, 2009; 955 pp.; trad. de Miguel Temprano García; ilust. de Alexander Jansson; ISBN: 978-84-397-2212-0. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 4 de septiembre de 2015

La señorita Pym dispone, de la escocesa Josephine Tey, es una novela que cabría llamar de intriga pero, a diferencia del caso de investigación histórica que planteaba en La hija del tiempo, en este caso no hay detective ni, casi, investigación.

La trama se desarrolla en un internado inglés que forma futuras profesoras de materias como educación física, danza, deportes. Lucy Pym, autora de un libro de psicología de gran éxito, es invitada por la directora del colegio, una antigua compañera, para que dé unas charlas a las alumnas. Acepta y, por distintos motivos, su estancia se prolonga unas semanas, hasta el final de curso. En ese tiempo se hace amiga de las profesoras y de algunas chicas, y acaba en medio de un conflicto que, además, termina con una extraña muerte, un misterio que, como tal, ocupa pocas páginas en el conjunto.

Lo más interesante de la narración es el cuidado con el que la narradora va poniendo de manifiesto los modos de ser y comportarse de las personas con las que convive. Sus descripciones son cautelosas y agudas, sin que falten ramalazos de buen humor. Así, una amiga que le habla a Lucy Pym de dos alumnas, le dice que sus modos de ser dependen de haberse criado «bajo el influjo de vientos distintos, algo que en Escocia depende de si procedes de la costa este o de la costa oeste», por eso, continúa, la que procede de «un viento estilo aaah» «es perezosa y dice constantemente mentiras, irradia encanto y es bastante artificial», mientras que la que es «más del tipo sssh» es honesta, trabajadora y sensata.

El problema moral que, al final, se le plantea a la señorita Pym no es nada fácil. Una de las coordenadas se la da una señora que le apunta que «cuando una buena mujer comete un error suele ser mucho peor que cuando lo hace una mala mujer». La otra se la proporciona un amigo cuando le advierte que «a no ser que juegue usted a ser Dios ha de saber conformarse con lo simple», es decir, «a menos que sea usted clarividente y consiga prever las consecuencias de sus actos es mejor seguir las normas, ¿verdad?». Aún así...

Josephine Tey. La señorita Pym dispone (Miss Pym disposes, 1946). Xixón: Hoja de Lata, 2015; 319 pp.; col. Sensibles a las letras; trad. de Pablo González-Nuevo; ISBN: 978-84-942805-6-6. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 3 de septiembre de 2015

La primera parte de Mentira, de Care Santos, la narra Xenia, una chica de unos quince años: entra en contacto, en la red, con un chico entusiasta de El guardián entre el centeno; se enamora de él pero, cuando intenta verle personalmente, descubre que no es quien decía ser. La segunda parte es una larga carta del chico a Xenia: está ingresado en un centro de menores desde los 14 años acusado de haber matado a una chica. La novela está bien escrita, bien construida, es tensa, y consigue sus objetivos de hacer pensar en los peligros de los contactos por internet por un lado; en las dificultades a las que algunos chicos han de hacer frente desde muy pequeños y, por tanto, en las desventajas de partida que tienen; en cómo es la vida en un centro de menores... El final es satisfactorio pero no tramposo pues la narración no se prolonga más de lo que debe.

Una posible pega, que algunos podrían poner, es la excesiva presencia de El guardián entre el centeno: tal vez, pero esto se ha hecho muchas veces antes y, como es sabido, es un libro que provoca fijación en algunos lectores. Otra, que la narración en primera persona de Ric, aunque se culpe a sí mismo a veces, lo acaba presentando de modo muy favorable: es cierto que puede ser demasiado, pero también lo es que las cosas bien pueden ser así algunas veces. Y otra más, que la novela tal vez sea más «suave» de lo que debería o podría ser: también es verdad, pero muchas novelas juveniles lo son, y, siendo precisamente así, cumplen su función de apuntar los temas fundamentales, y  de remitir a otras narraciones y a la misma vida.

Care Santos. Mentira (2015). Barcelona: Edebé, 2015; 249 pp.; col. Periscopio; ISBN: 978-84-683-1577-5. [
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miércoles, 2 de septiembre de 2015

Quiere a ese perro, de Sharon Creech, es un libro interesante, pues es técnicamente muy difícil lo que ha intentado la escritora, y atrayente para los lectores adultos que valoren la poesía, sobre todo para quienes conozcan los poemas que están en la base de la historia.

El narrador es Jack, un chico de ocho o nueve años. En entradas de un diario va escribiendo pequeñas frases, colocadas en columnas como si fueran versos, que se refieren a lo que le manda la profesora y a los poemas que leen con ella en clase. Empieza diciendo, un 13 de septiembre, «No quiero / porque los niños / no escriben poesía. / Las niñas, sí». Va comentando lo que no entiende y lo que sí de los poemas que van leyendo (no muy sencillos, hay que decirlo todo). Y, poco a poco, va descubriendo cosas y mejorando. Termina sus notas el 6 de junio después de una visita a su escuela del escritor Walter Dean Myers. Al final se ponen los poemas que leyó en clase Jack (yo los hubiera puesto no sólo en castellano sino en el original inglés), nada menos que de William Blake, Walt Whitman, Robert Frost y otros.

El tono de Jack es verosímil: va diciendo cosas sencillas y no señala cosas raras o falsamente poéticas. Se ponen de manifiesto sus temores al escribir o al opinar y, también, su progresiva seguridad en sí mismo. Aunque se nota el artificio y la idea de que Jack corte las frases como si fueran versos no encaje bien, la lectura sí deja el poso pretendido, no en cualquier lector niño pero sí en algunos, y sí en el caso de más lectores adultos.

Sharon Creech. Quiere a ese perro (Love that Dog, 2001). México: Fondo de Cultura Económica, 2004; 96 pp.; col. A la Orilla del Viento; ilust. de Alejandro Magallanes; trad. de Cecilia Aura; ISBN: 968-16-7275-5. [Vista del libro en amazon.es]


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martes, 1 de septiembre de 2015

Anancy and Mr Dry-Bone, de Fiona French, es un álbum que se basa en un cuento tradicional de origen africano y jamaicano (Anancy es un pícaro típico). La guapa Miss Louise, que se casará con quien la haga reír, tiene dos pretendientes: Mr Dry-Bone, un hombre rico y esquelético, y Anancy, un pícaro pobre. Así que ambos se disfrazan para conseguir que Miss Louise sonría.

La historia es simpática pero en sí misma no tiene gran emoción: enseguida se ve cuál será el desenlace. Sin embargo, las coloristas ilustraciones tienen fuerza: el marco superior y el suelo plano, en casi todas, sugieren que las escenas se desarrollan delante de nosotros como en un escenario; las figuras, de personas, animales, plantas, edificios, etc., son elaboradas siluetas contra el fondo de unos paisajes pintados con acuarelas. Los marcos de las imágenes y los ambientes son deudores de las decoraciones en madera propias de muchas construcciones caribeñas.

Fiona French. Anancy and Mr Dry-Bone (1991). London : Frances Lincoln, 1991; 32 pp.; ISBN: 0-7112-0787-9. [Vista del libro en amazon.es]


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