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Nota: 'Narrar con prisa' :: bienvenidosalafiesta ::    
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miércoles, 19 de octubre de 2005

Narrar con prisa


Si pensamos en que Rastros de tinta es la novela con la que debuta Paul Bajoria, podemos elogiarla. Sigue habiendo demanda para relatos ambientados en el Londres victoriano y narrados por otro joven y entrometido huérfano más, en este caso un ayudante de un impresor que acaba en el centro de un misterioso misterio en el que también se involucra otro huérfano que se parece muchísimo al primero y que también conoce como la palma de su mano los bajos fondos. En este caso los inevitables toques propios de una novela infantil-juvenil escrita hoy –protagonismo femenino, amor a los animales, etc.—, aunque podamos discutir si corresponden a la época, no lastran la historia. Sí lo hace sin embargo la prisa con la que se narra todo. Y es que los autores que deciden volver a la época victoriana, y que podrían escribir buenas historias, deberían darse cuenta de que va contra sus intereses hacer avanzar todo demasiado rápido. Si se fijaran más en los maestros Charles Dickens y Wilkie Collins verían que si contaban las cosas con calma era porque, aunque sabían muy bien que cualquier lector está deseando que lleguen unas coincidencias formidables, sabían igual de bien que no se puede apurar el paso para que se produzcan. En fin, difícil parece que se arregle la cuestión en las secuelas que vienen.

Paul Bajoria. Rastros de tinta (The Printer’s Devil, 2004). Barcelona: Destino, 2005; 318 pp.; col. La isla del tiempo; trad. de Marc Rosich; ISBN 84-08-05931-9.

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