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sábado, 1 de abril de 2006

La paradoja del crítico


Chesterton:
 «De acuerdo con la frase genial de un místico escocés, un buen crítico debería ser como Dios. George Macdonald dijo que Dios era fácil de agradar y difícil de satisfacer. En esa paradoja radica el equilibrio de toda buena crítica artística. Sin la primera parte de la paradoja la crítica perece, porque pierde el poder de criticar. La buena crítica, repito, combina el sutil placer de las cosas bien hechas con el placer sencillo de hacerlas. Combina la satisfacción del ingeniero científico al ver funcionar el engranaje con un fin determinado y el placer del bebé al ver girar las ruedas. Combina la satisfacción del dibujante ante el hecho de que las líneas del carboncillo, aunque trazadas con aparente despreocupación, mantengan una relación perfecta y exacta entre sí, con el placer que experimenta el niño porque el carboncillo trace marcas de cualquier tipo en el papel. Y del mismo modo combina el placer que siente el crítico al leer un poema con el placer que siente el niño al oír la rima».

G. K. Chesterton. «El romance de la rima», Correr tras el propio sombrero (On Lying in Bed and Other Essays). Barcelona: El Acantilado, 2005; 628 pp.; selección y prólogo de Alberto Manguel; trad. de Miguel Temprano García; ISBN: 84-96489-27-2. El artículo original está en Fancies versus fads.

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