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jueves, 13 de abril de 2006

La fe y el absurdo


Chesterton: «Durante siglos la religión ha tratado de hacer que la gente se regocijara ante las “maravillas” de la creación, pero ha olvidado que nada puede ser completamente maravilloso mientras siga siendo sensato. Mientras veamos un árbol como un objeto obvio, creado natural y razonablemente para servir de alimento a las jirafas, no podemos nunca maravillarnos ante él. Sólo cuando lo consideramos una prodigiosa ola viviente que se eleva desde el suelo hasta el cielo sin ninguna razón particular, nos quitaremos el sombrero para perplejidad del guarda del parque. En realidad, todo tiene un lado oculto, como la luna, la protectora del absurdo. Visto desde el otro lado, un pájaro es como una flor que ha logrado romper la cadena del tallo, un hombre un cuadrúpedo que pide algo sobre las patas traseras, una casa un sombrero gigantesco para proteger al hombre del sol, una silla un utensilio de cuatro patas de madera para un lisiado que sólo tiene dos.

Ése es el lado de las cosas que tiende más sinceramente a la maravilla espiritual. Resulta muy significativo que en el mayor poema religioso existente, el Libro de Job, el argumento que convence al infiel no sea (...) una imagen de la ordenada beneficencia de la creación; sino, por el contrario, una imagen de su inmensa e indescifrable sinrazón. (...) La persona que, tras estudiar sólo el lado lógico de las cosas, decide que “la fe es absurda”, no sabe cuánta verdad encierran sus palabras; más tarde podría reencontrarla en la forma de que el absurdo es la fe».

G. K. Chesterton. «Defensa del absurdo», en Correr tras el propio sombrero (On Lying in Bed and Other Essays). Barcelona: El Acantilado, 2005; 628 pp.; selección y prólogo de Alberto Manguel; trad. de Miguel Temprano García; ISBN: 84-96489-27-2. El artículo original está en The Defendant.

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