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Nota: 'Futuro azul 2' :: bienvenidosalafiesta ::    
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jueves, 4 de mayo de 2006

Futuro azul 2


Más sobre Futuro azul y las cualidades de su autor.

¿Capacidad de atrapar al lector joven? Mucha. Véase la presentación que al comienzo hace Colfer de Ciudad Satélite, la ciudad del futuro, una superciudad de veinticinco millones de habitantes: «una ciudad entera hecha a medida para el tercer milenio: todo lo que quiera el cuerpo y nada de lo que necesite el alma».

¿Escribe y narra bien? En su estilo, muy bien. A un chaval bocazas, de los que no pueden dejar de hablar, se nos dice que «las palabras se le escaparon de la boca como abejas furiosas de una colmena». Sobre todo, tiene mucha gracia para el que no pestañee ante descripciones como: «el dolor lo azotó con tanta fuerza como si lo hubiese aplastado un glaciar gigante»; o, mejor todavía, «la mirada de Stefan podría haber hecho agujeros en un bloque de titanio».

¿Dibuja bien los personajes? A unos no pero a otros sí. En particular, es un gran caricaturista de los malvados desde que aparecen en escena: del supervisor Redwood se nos comenta que «parecía un gorila engominado, salvo por el tupé de color rojo con el que jugueteaba constantemente»; de otro tipo se indica que, «a su lado, los peces de colores parecían seres inteligentes».

¿Sabe hacer creíble lo que cuenta? Sí, para quien se deje llevar con facilidad y cuando, por ejemplo, se pregunte por qué los chicos del internado donde vive Cosmo Hill estaban siempre controlados, le baste saber que, cada vez que se duchan, «una lluvia de gotas microscópicas de una solución halógena electronegativa recubría su cuerpo, y la sustancia aparecía en el escáner» de su colegio. Es obvio, con esos microlocalizadores en los poros no hay problema ninguno.

¿Es Futuro azul mejor o peor que otras historias semejantes? Mejor en el sentido de que su autor evita toda solemnidad pues sabe perfectamente qué terreno pisa y no se toma muy en serio a sí mismo. Obsérvese cómo guiña el ojo al lector: «Estoy metido dentro de las páginas de un cómic —se dijo Cosmo para sus adentros—. Todo esto es como una novela gráfica, ahora mismo alguien estará pasando las páginas y diciendo: “Todo esto es demasiado raro, ¿quién podría creerse algo así?”».

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